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Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

Licenciatura en Psicología

Tesis de Licenciatura en Psicología

Relevamiento y observación sobre dispositivos y servicios para el


tratamiento de la psicosis. Alcances y beneficios.

Estudiante

Centurión Magdalena

LU 365476080

Tutor de Tesis

Prof. Lic. Mena, Jorge.

2015

1
INDICE.

Introducción. ............................................................................................................ 3
Planteo del problema. ............................................................................................. 4
Estado del arte. ....................................................................................................... 5
Fundamentación teórica. ......................................................................................... 7
Metodología de Trabajo. ......................................................................................... 8
Hipótesis.................................................................................................................. 8
Objetivos. ................................................................................................................ 9
Objetivo General .................................................................................................. 9
Objetivos específicos ........................................................................................... 9
Breve reseña acerca de la Psicosis. ....................................................................... 9
¿Qué sucede en el tratamiento? ........................................................................... 11
Espacios disponibles para el tratamiento de la psicosis. ....................................... 14
Lugar del analista. ................................................................................................. 19
Acerca de la contratransferencia. .......................................................................... 24
Conclusión............................................................................................................. 26
Bibliografía. ........................................................................................................... 26

2
Introducción.

En la antigüedad se pensaba que los problemas mentales eran un asunto


que no tenía cura posible. Los locos eran considerados poseídos, dominados por
brujas y demonios y, por lo tanto, no había tratamiento posible para este tipo de
personas.

Luego de la Revolución Francesa surge la cuestión moderna de la locura, a


causa del nuevo sistema social-contractual burgués. Dichas transformaciones
provocan la necesidad de una reorganización del poder. El poder del médico toma
lugar y, en necesidad de una nueva legitimación, dice abandonar las anteriores
prácticas coercitivas. En realidad, el objetivo no es el abandono de dichas
prácticas sino, más bien, esquivar la sospecha de arbitrariedad que sustentan.

La figura del loco es cercana a la de la animalidad. Por un lado, es peligroso


porque puede violar todas las leyes, pero por el otro, da lástima, debido a que ha
perdido la razón. Entre estos dos polos opuestos aparece la medicina mental, que
va a representar a la benevolencia, a través del humanismo y/o la filantropía. La
piedad va a aparecer allí, donde la ley no puede expresarse por sí misma.

Se puede observar como la locura empieza a formar parte de las prácticas


de la medicina. Se produce una organización acerca de quiénes deben ser
internados (o encerrados) y quienes no, limitando dicha internación a quienes no
pueden adaptarse a la “sociedad normal”. A esto se le suma la adaptación de los
hospitales para convertirlos en espacios especiales para alienados.

De todas formas, aún el único tratamiento posible que había para estos
pacientes era el aislamiento, el encierro, imposibilitarlos de actividades y
dejándolos sin expectativas de poder tener una salida a dicha enfermedad.

Pinel, en Francia, realizará diferentes aportaciones a este espacio especial


para la locura. Se buscará entonces, un progresivo afinamiento de clasificación del
cuadro, habrá innovaciones prácticas (como por ejemplo duchas frías) y por
último, y como vía más lenta, se considerará la administración de medicamentos.
Aparece con Pinel, el tratamiento moral, con la clasificación del espacio, de las

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enfermedades mentales y la imposición de una relación entre médico-enfermo. Se
logra así un ordenamiento del espacio hospitalario.

Se puede observar entonces, como con el correr de los años, se empieza a


concebir a los locos como enfermos, dejando atrás aquellas viejas concepciones.
Esto abre la posibilidad de que los profesionales puedan pensar algún tipo de
tratamiento, desde la medicalización, suprimiendo síntomas, e investigando las
causas de los mismos, tratando de adjudicarles alguna clasificación posible a la
enfermedad.

Hubo movimientos de desmanicomialización que se expandieron por todo el


mundo, acompañado de la creación de diferentes espacios para tratar a las
personas con enfermedades mentales.

De todas formas, aún en la actualidad, el imaginario social está atravesado


por las viejas concepciones. Sin ir más lejos, en el 2010 la OMS afirma que las
personas con problemas de salud mental, a pesar de su vulnerabilidad, fueron
ignoradas por los programas de desarrollo. Se podría considerar que es el
encuentro en la clínica con estos tipos de tratamientos lo que permite conocer lo
que realmente se hace y es posible hacer con estos pacientes.

El presente escrito se basará en la hipótesis de que el tratamiento de la


psicosis en los hospitales es llevado a cabo de manera integral, con un equipo
interdisciplinario y con la concepción de un sujeto activo, capaz de asumir
responsabilidades y teniendo en cuenta la subjetividad de cada uno.

Planteo del problema.

El presente escrito hará hincapié en los espacios disponibles en los


hospitales para el tratamiento de la psicosis, especialmente el hospital de día y las
asambleas de convivencia del Hospital José T. Borda y las posibles intervenciones
y funciones que el analista cumple dentro de los mismos.

Considerando que el tratamiento de la psicosis se trata de una temática


amplia, con años de investigación y de estudio, el presente trabajo se centrará en
la clínica psicológica actual desde una perspectiva psicoanalítica, buscando

4
realizar un relevamiento acerca de los dispositivos observados en la cursada de la
Práctica Profesional del Área Clínica: Clínica en Salud Mental en el Hospital Borda
y destacando los alcances y los beneficios que los mismos tienen para los
pacientes allí tratados.

A su vez, el recorrido por el hospital permitió articular tres ejes


fundamentales: la clínica, la teoría y la enseñanza en torno a un marco teórico de
corte psicoanalítico, así como también permitió demostrar la existencia de un
tratamiento interdisciplinario e individual para los pacientes con dicha estructura,
con la importancia de concebir un sujeto activo.

Estado del arte.

-En el año 1923 Sigmund Freud en su escrito “Neurosis y Psicosis” se


refiere a la psicosis como la pérdida de realidad del yo con el mundo exterior.

Dicha concepción es mejor desarrollada en 1924 en “La pérdida de la


realidad en la neurosis y en la psicosis”, donde profundiza la teoría acerca de la
pérdida de la realidad en psicosis y neurosis y estableciendo que la pérdida de la
realidad estaría dada de antemano en la psicosis, mientras que la neurosis se
creería que la evita.

-Lacan en “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la


psicosis” de 1957-1958 nos introduce en la concepción de un tratamiento posible
para la psicosis haciendo de la maniobra de la transferencia la cuestión preliminar
a tener en cuenta. Plantea el lugar del analista como secretario del alienado, aquel
que orienta al intérprete.

-En el año 1989, Colette Soler escribe su libro “Estudios sobre la psicosis”
en el que teoriza acerca de dicha estructura, la posibilidad o no de un tratamiento
y el lugar que debe ocupar el analista dentro del mismo.

Dicho libro resulta extenso y rico en teoría. Una de las cosas que resulta
importante destacar es lo que el autor sostiene acerca del tratamiento con
pacientes psicóticos. Lo que encontramos en estos pacientes es un exceso de
goce en lo Real, exceso que se impone, irrumpe, por lo que Colette Soler afirma

5
que el análisis debe estar dirigido a negativizar el exceso de goce, acotar ese goce
que resulta insoportable para el paciente.

También resultan interesantes los lugares que el autor describe para el


analista, cómo debe éste posicionarse ante estos pacientes, entre los cuales se
encuentra lo que él llama el lugar de testigo.

-En el año 2002, Osvaldo Delgado escribe su libro “Clínica y


contemporaneidad”, como resultado de las jornadas internas que realiza su
cátedra en una Práctica Profesional. En el mismo aparecen apartados de
diferentes autores, desarrollando e investigando el trabajo realizado con los
alumnos durante la cursada de la práctica y el tratamiento de diversos pacientes
en un hospital. Se aprecia el desarrollo de las funciones que tiene el hospital de
día, qué objetivos se persiguen, el lugar del analista en el mismo, el lugar del
paciente, todo junto a una rica articulación teórica.

En dicho escrito se aprecia una breve lectura acerca de los orígenes del
Hospital de día en la que resulta importante destacar los siguientes aspectos:

 Surge en el año 1935 en la URSS, como respuesta a la


necesidad de ahorrar costos en materia de salud, así como también en
respuesta a nuevas corrientes en el campo psiquiátrico.
 Se expande su surgimiento en varios países a causa del
desarrollo de psicología social y de la corriente anti-psiquiátrica y la
desmanicomialización.
 En 1967, García Badaraco, crea en Argentina el primer
Hospital de día, en el hospital Borda. Con el correr de los años se va
incorporando dicho espacio en otros hospitales argentinos.

-En el año 2005, Juan Tausk, en “Clínica en las psicosis” en “Nada es para
siempre” desarrolla su explicación acerca de dicha estructura, explicando la
necesidad de la construcción delirante como el esfuerzo de reconstruir una
realidad acotada.

6
-En el año 2005, Silvia Vázquez en “Clase de concurso”, apartado del libro
de Juan Tausk: “Nada es para siempre”, hará alusión a la concepción que de la
psicosis tiene Sigmund Freud por un lado, y Jaques Lacan por el otro. A su vez
profundizará acerca del lugar del analista en la psicosis, diferenciándolo del lugar
que tiene en la neurosis.

- En la XIV Jornadas de Investigación y Tercer Encuentro de Investigadores


en Psicología del Mercosur, se da a conocer un artículo académico de Moretto,
Marisa Viviana y Nocera, Cristina Mónica, llamado “El tratamiento de la psicosis.
Su eficacia”. En el mismo investigan acerca de la posibilidad de un tratamiento
posible para las psicosis, sus alcances y limitaciones. Dicha investigación la
realizan teniendo en cuenta la teoría de Freud y de Lacan. Llegan a la conclusión
de que el psicoanálisis no es una corriente que quede excluida para el campo de
la psicosis, sino que se esfuerza por encontrar una vía posible que deje al sujeto
psicótico la posibilidad de restaurar sus lazos sociales o hacerlos existir

Fundamentación teórica.

El marco teórico comprenderá diferentes desarrollos realizados por una


serie de autores de orientación psicoanalítica, acerca de lo que sostienen como
fundamental para el tratamiento de la psicosis, en especial en el ámbito
hospitalario.

Psicosis: Desde Freud se entiende como la pérdida de la realidad del yo


con el mundo exterior. Lacan se refiere a la psicosis como una estructura definida
por la forclusión del nombre del Padre.

Servicio: desde el ámbito hospitalario se lo puede pensar como el espacio


físico asignado a determinados equipos para que desarrollen un tratamiento.

Dispositivo: Es el encuadre instrumental que tiene lugar dentro del servicio.


Son elementos preparados para realizar una función determinada y que
generalmente forman parte de un conjunto más complejo.

Lazo social: Jacques-Alain Miller sostiene que lazo social quiere decir que
el sujeto no está solo con su ello, su yo y su superyó, que está siempre el campo

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del Otro, e incluso, que el campo del Otro precede al sujeto, el sujeto nace en el
campo del Otro. Desde esta perspectiva, lazo social no equivale a sociedad.
Lacan llama lazo social a la articulación de dos lugares y hará referencia al lazo
como función del lenguaje que ordena la temporalidad.

Efecto terapéutico-efecto analítico: Delgado refiere al primero como el alivio


y/o desaparición de un padecimiento del cuerpo y/o del pensamiento y al segundo
como una modificación en la relación de un sujeto con sus dichos

Lugar del analista: Silvia Vázquez dirá que el analista se ubica de distinta
manera tanto en psicosis como en neurosis. Mientras que en la neurosis el saber
lo tiene el paciente, aunque éste lo suponga en el analista, en la psicosis se
invierte la suposición de saber, ya que no le interroga al analista ningún saber.
Algunos lugares posibles para el analista, ante un paciente que se hace reconocer
como portador de una verdad, de una certeza son: lugar de testigo, compañero de
ruta y secretario del alienado.

Contratransferencia: se la concibe como las respuestas del analista a la


transferencia del analizado. Es la activación de vínculos y fantasías primarias,
suscitada en el analista a partir de lo manifiesto por el analizando en un proceso
analítico constituido o en vías de gestión.

Metodología de Trabajo.

Se trata de un trabajo de articulación teórica de diversos textos a partir de


un relevamiento y observación en campo y una investigación bibliográfica sobre
los desarrollo de los autores psicoanalíticos en relación al tratamiento de la
psicosis y los efectos buscados y logrados (o no) en el paciente con dicha
estructura.

Hipótesis.

El tratamiento de la psicosis en los hospitales es llevado a cabo de manera


integral, con un equipo interdisciplinario y con la concepción de un sujeto activo,
capaz de asumir responsabilidades y teniendo en cuenta la subjetividad de cada
uno.

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Objetivos.

Objetivo General: Destacar la variabilidad de tratamientos disponibles e


interdisciplinarios que existen para la psicosis, con sus diversos efectos, dando
lugar a la subjetividad de cada sujeto y dando importancia al tratamiento individual,
teniendo en cuenta el caso por caso.

Objetivos específicos:

- Releer, revisar y repensar la teoría psicoanalítica desde


diversos autores respecto al tratamiento de la psicosis.
- Repensar y desmitificar el tratamiento llevado a cabo dentro
de hospitales psiquiátricos.
- Trabajar la interxtualidad entre los autores sobre los diversos
temas a desarrollar.

Breve reseña acerca de la Psicosis.

Para comenzar, considero pertinente realizar una ampliación acerca de lo


puntualizado anteriormente en el estado del arte, para poder después articular con
la temática que en el presente escrito interesa.

En el año 1923, Sigmund Freud establece una diferencia entre la neurosis y


la psicosis, considerando que la primera se refiere a un conflicto entre el yo y el
ello, en tanto que la segunda es una similar perturbación en los vínculos entre el
yo y el mundo exterior. El tipo de enfermedad dependerá de lo que el yo haga en
la tensión conflictiva: si se somete hacia el mundo exterior y procura sujetar al ello,
o si es dominado por el ello y así se deja arrancar de la realidad.

Un año más tarde, Freud continúa su desarrollo sobre el tema,


estableciendo que la pérdida de la realidad estaría dada de antemano en la
psicosis, mientras que la neurosis se creería que la evita. Tanto en neurosis como
en psicosis se busca, de diferente modo, compensar la pérdida de la realidad. Lo
que sucede, es que en el caso de la psicosis esta realidad es reconstruida,
sustituida por medio de la creación de una nueva. En la neurosis se evita, al modo
de una huida, un fragmento de la realidad, no la desmiente, se limita a no querer

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saber nada de ella. Mientras que la psicosis la desmiente y procura sustituirla. A la
psicosis se le plantea la tarea de procurarse percepciones tales que correspondan
a la realidad nueva, lo que se logra de la manera más radical por vía de la
alucinación.

Lo que se observa es que, según el autor, en ambas estructuras se


evidencia una pérdida de la realidad, pero la diferencia esencial no está en esa
pérdida sino en lo que a partir de ella se realiza como intento reparatorio.

Lacan avanza aún más, a partir de la lectura que realiza de Freud, y realiza
sus propios desarrollos sobre el tema. Dirá que la condición del Sujeto (neurosis o
psicosis) depende de lo que tiene lugar en el Otro1, lo cual es articulado como un
discurso. Es en la forclusión del Nombre del Padre en el lugar del Otro, y en el
fracaso de la metáfora paterna, donde se designa el defecto que da a la psicosis
su condición esencial, con la estructura que lo separa de la neurosis. En el texto
“De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” agrega:
“Para que la psicosis se desencadene, es necesario que el Nombre del Padre,
verworfen, precluído, es decir, sin haber llegado nunca al lugar del Otro, sea
llamado allí en oposición simbólica al sujeto.”2Es decir, es la falta del Nombre del
Padre en ese lugar la que, por el hueco que abre en el significado, empieza a
retocar el significante de donde resulta el caos creciente en lo imaginario, hasta el
punto en que significante y significado se estabilizan en la metáfora delirante.

El autor entonces, se referirá a que en la psicosis, en lugar de represión hay


más bien forclusión, refiriéndose con esto al rechazo de la representación
intolerable, de la castración del Otro. Esta representación rechazada vuelve desde
el exterior y se transforma en algo alucinado. Se establece así la forclusión como
mecanismo fundante de la psicosis. Proceso de rechazo de la primera marca a
partir de la cual se ordena el psiquismo. Este significante Nombre del Padre le es
esencial a toda articulación del lenguaje humano y su rechazo en lo simbólico,
retorna en lo real. Dicho retorno no se asemeja al retorno de lo reprimido del que

11Lacan, J. “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos 2. Bs.
As., Siglo XXI Argentina, 2003. Pág. 234
2
Op. Cit.: nota 1.

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hablamos en la estructura de la neurosis y se puede representar en los fenómenos
elementales.

Lacan concluirá en su escrito sosteniendo que para el tratamiento de dicha


estructura hay que formarse de la maniobra de la transferencia.

Por su parte, Juan David Nasio, enumera tres formas de defensas del yo
ante la representación intolerable: sustitución de la representación por otra,
localización de la representación en una parte definida del cuerpo y por último, el
rechazo de la representación intolerable. Este tercer tipo, que es el que
corresponde para la estructura de la psicosis, se trata de una operación más
violenta que las anteriores, no hay intercambios ni equivalencias. El yo se arranca
de la representación intolerable, pero ésta se entrama de manera inseparable con
un fragmento de la realidad. La representación se desase y, prendido a ella, un
fragmento del yo cae. La representación por rechazar es intolerable porque la
realidad que le está asociada, la realidad psíquica, de la castración, es ella misma
sexualmente intolerable. Dicha representación rechazada, se transforma en
percepción alucinada, vuelve al yo y es acogida sin drama, ni horror, ni sorpresa.
El yo no alucina ni la representación, que rechazada ha dejado de ser
representación, ni tampoco un trozo de realidad, sino todo eso en bloque que,
excluidas del yo, no son más que una masa indiferenciada. Lo rechazado es
profundamente heterogéneo a lo que reaparece.

¿Qué sucede en el tratamiento?

Gabriel Belucci, en su libro “Psicosis: de la estructura al tratamiento”,


sostiene que si bien no es válido hablar para el caso de la psicosis de cura, sí es
posible, y necesario, preguntarse por la dirección de los tratamientos. Esto quiere
decir que, a pesar de que no haya cura para la psicosis, no significa que no haya
tratamiento posible. Agrega además que si tenemos situado lo imposible, que en
este caso sería la cura, dejarla de lado nos permite avanzar en lo que sí es posible
en el tratamiento de la psicosis, en los variados movimientos y maniobras que se
pueden realizar.

11
Osvaldo Delgado, en su libro “Clínica y contemporaneidad” realiza una
diferencia entre efectos terapéuticos y efectos analíticos, considerando que el
primero se refiere al alivio y/o desaparición de un padecimiento del cuerpo y/o del
pensamiento. Se mide en una escala de éxito o fracaso del mismo. Es lo que se le
exige al agente de salud. En tanto que los efectos analíticos se refieren a una
modificación en la relación de un sujeto con sus dichos. En otras palabras, se
podría suponer que el efecto terapéutico se refiere de manera directa a la
desaparición de los síntomas, exigencia que se puede observar muchas veces en
los hospitales ya sea por parte de quien demanda o por parte de los familiares del
paciente. Demanda que se podría resolver con éxito mediante la medicalización
del paciente pero que a los efectos de lograr una mejora más completa, dicho
tratamiento no resulta suficiente. Para que el tratamiento resulte más efectivo
hacen falta efectos analíticos, un cambio de posición del sujeto con su
padecimiento, cuyo resultado conlleva también efectos terapéuticos.

En la cursada de la Práctica Profesional Clínica en Salud Mental en el


Hospital Borda, al ingresar al servicio de Guardia, se podía observar que se
buscan lograr en los pacientes ambos efectos, tanto terapéuticos como analíticos.
Esto se alcanza mediante un trabajo interdisciplinario entre psicólogos, psiquiatras
y otros profesionales de la salud. El trabajo del psiquiatra, según lo observado, se
dirigiría más a la obtención de los efectos terapéuticos, de reducir los síntomas del
paciente mediante la medicación y el control de la misma, en tanto que el trabajo
del psicólogo estaría más estrechamente relacionado con producir efectos
analíticos, desde una actitud del mismo que dé cuenta que se comprende la
situación por la que atraviesa el sujeto y que se puede concebir otra manera de
pensarla junto con él.

En los pacientes psicóticos, se podría pensar que el encuentro con una


experiencia alucinatoria es impactante para quien lo padece, es la prueba de que
los limites pueden ser traspasados, que no hay reglas ni diferencias. Al no existir
una sucesión de significantes, el Sujeto cae en la trama como objeto y se extravía
en la masa significante. Ante esto, se considera necesaria una intervención
temprana y, en lo posible, eficaz, para no permitir el avance del trabajo de ruptura

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progresiva de la trama en la que se soporta el Sujeto, en las cuales el retroceso se
va tornando imposible.

El significante Nombre del Padre es el que permite el movimiento de los


demás significantes, movimiento que se designa como función paterna, siendo
ésta la que produce la significación y que marca el lugar, la trayectoria del Sujeto
del inconciente. Si dicho movimiento no se efectúa, no hay deseo y por
consiguiente no se determina un lugar del Sujeto en su discurso. En el neurótico,
el deseo se da contra un límite, dado que no es posible encontrar un objeto que lo
satisfaga totalmente. Pero en el campo de la psicosis ese límite se pierde y el todo
se hace posible. En este contexto, las construcciones delirantes son el enorme
esfuerzo de reconstruir una realidad acotada, con límites. Sin eficacia de la
referencia paterna, el todo es posible.

Se trata en el tratamiento de esta estructura, de una clínica de lo real


pensada como el abordaje de la posición del sujeto respecto del goce. La clínica
en la psicosis intenta acotar el goce, lograr un espacio en el que se encuentre un
límite. Una intervención con dicha función se pudo observar en el espacio de
admisión del Hospital Borda: en una de las entrevistas presenciadas, se observó
que la psicóloga cumplía la función principal de poner un límite al goce del sujeto,
por ejemplo, diciéndole con un tono firme y algo autoritario “Acá las reglas las
pongo yo”, “Se hace lo que yo digo”, acotando el discurso del paciente, a partir del
corte en una situación concreta, en este caso, el límite dentro del espacio
transferencial sobre lo que se puede y lo que no se puede hacer. Ante este tipo de
observaciones se puede observar cómo el paciente logra encausar de algún modo
su goce, haciendo caso a quien le pone el límite necesario. Al obedecer a las
reglas del analista, se podría pensar que el paciente se encuentra con que existe
un límite posible, una ley posible y podría tener un efecto tranquilizador al verificar
que se puede hacer algo con ese Otro arrasador.

Por otra parte, en este mismo espacio, también se lograban los dos tipos
de efectos antes mencionados. Los pacientes ingresan al mismo con un nivel de
desborde muy alto, por lo que el efecto terapéutico resulta lo más urgente en este

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primer momento. Pero al ir progresando la estabilización de los mismos, se
evidenciaba el efecto analítico logrado, un cambio de posición subjetiva que se
mostraba respecto de la enfermedad, ya que cuando recién ingresaban, muchos
de ellos manifestaban las ganas de querer salir del lugar rápidamente, y a medida
que se comenzaba un trabajo conjunto entre profesionales y el paciente,
expresaban querer seguir el tratamiento adecuado y disminuían sus niveles de
ansiedad.

Espacios disponibles para el tratamiento de la psicosis.

Gabriel Belucci describe dos estrategias de intervención que, aunque no


son excluyentes, son distintas entre sí. La primera se centraría en la
instrumentación de ciertos imaginarios, y particularmente en la restitución de
alguna dimensión del semejante, acompañado de lo que el autor llama ficción
escénica. La segunda estrategia apunta a la “constitución de algún objeto,
operación que no pocas veces produce, en acto, aquello que el Padre garantiza en
la estructura: la extracción de una parte de goce que se sustrae al goce del Otro,
con sus efectos de localización y condensación del lado del sujeto”. 3 Esta segunda
estrategia sería, según el autor, el resorte puesto en funciones en el dispositivo de
taller.

Son muchos los analistas que toman en cuesta esta operación, entre ellos
se encuentra Isidoro Vegh, quien subraya que el analista será quien, siguiendo a
su paciente, encuentre ese objeto de goce más allá. Esto implica “estar abierto
absolutamente al campo de creación que el psicótico insinúa o nos propone para
hacer lazo social”.4

Uno de los espacios a destacar en este escrito es el hospital de día. El


mismo, como tratamiento posible para la psicosis, surge como una alternativa a
los tratamientos psiquiátricos dispensados en las instituciones manicomiales y
expresados bajo la forma de la internación y el encierro. Se podría pensar que,

3
Belucci, Gabriel: “Intervenciones en la clínica de la psicosis: el arrasamiento subjetivo”. En Psicosis: de la
estructura al tratamiento. Ed.: Letra Viva. Pág. 184.
4
Vegh, Isidoro: “Estructura y transferencia en la psicosis”. En: Las psicosis, Homo Sapiens, Rosario, 1993,
pág.: 83.

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aún en la actualidad, la concepción que se tiene acerca de los hospitales
psiquiátricos está atravesado por el imaginario social, considerando que el
tratamiento de los pacientes en los mismos se basa en el encierro y la
medicalización y tratando a los pacientes como objetos, sin tener en cuenta su
individualidad e imposibilitados de todo tipo de actividad.

Hoy en día, a partir del paso por el Hospital, es posible poder replantearse
la concepción que predomina. Se puede dar cuenta de las diferentes formas de
tratamiento de la psicosis, es decir, ampliar la concepción respecto del trabajo que
se puede realizar junto a sujetos con enfermedades mentales graves, ya que
existen diversas intervenciones que se pueden realizar en los distintos dispositivos
que son variados y apuntan a un tratamiento integral e interdisciplinario de la
psicosis. A su vez, se puede repensar el lugar del paciente, ya no como alguien
pasivo, sino como un sujeto activo en relación a su padecer, debido a que los
diferentes dispositivos y servicios pueden dar las condiciones de posibilidad para
que surja la propia voz del sujeto y que se den ciertas mejoras, aunque en realidad
la capacidad de transformación reside en el sujeto mismo, la brújula de todo
tratamiento para esta enfermedad siempre debe ser el discurso del propio
paciente.

En este contexto, se encuentra el Hospital de día, como alternativa, con


condiciones de tratamiento ambulatorio y con la necesidad de contar con el
consentimiento del paciente para ingresar al dispositivo, lo que da cuenta de la
puesta en juego de la responsabilidad del sujeto desde el inicio mismo del
tratamiento. Es un dispositivo que motoriza la voluntad y la decisión del paciente
de asistir al lugar cada día de la semana.

El dispositivo permite algún tipo de lazo social, a partir de la interacción con


otros pacientes, a la vez que funciona como un entramado simbólico distribuidor
del goce que invade al sujeto psicótico. Esto es posible por la existencia de
diversos espacios que permite una división del gran Otro en pequeños otros. Esos
“otros” pueden ubicarse en todos los analistas que conducen espacios tanto

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individuales como grupales, lo que permite determinar una modalidad de
distribución de goce.

Si la división de ese gran Otro es necesaria, entonces ¿es fundamental que


el paciente asista a diversos espacios para que esa división se produzca? La
pregunta quedará abierta, aunque es interesante señalar que, debido a que el
sujeto psicótico se mueve en una realidad poco delimitada, la existencia de
diferentes espacios podría ser positiva para crear una delimitación allí donde no la
hay. Esto, sumado a la ya mencionada distribución de goce que se produce por
los distintos espacios.

Todas las actividades en este dispositivo cuentan con una secuencia


temporo-espacial con comienzo, desarrollo y finalización. En este tipo de espacios
(como en la mayoría de los espacios disponibles para los pacientes dentro del
hospital) existe algún tipo de legalidad que se pone en juego, ya sea en términos
de legalidad institucional o de las reglas de funcionamiento que todo taller
presupone. El tener un horario que se debe respetar, un tiempo definido, pautas
acerca de cómo se ordena cada actividad, cómo se desarrolla, les permite
ubicarse en función de normas y reglas, funcionando como un recurso para la
instauración de la ley, perdida en estos pacientes, y asemejándose a situaciones
similares de la sociedad. Esto permite pensar a la institución como dadora de un
orden al goce desenfrenado que invade y arrasa al sujeto. Además, la mayoría de
los espacios son grupales, lo que permite que haya un espacio y un tiempo
compartido y también de que haya en él alguna especie de intercambio.

Las asambleas de convivencia que se llevan a cabo dentro del hospital con
los internados, tanto a largo como a corto plazo, tienen efectos similares a los
buscados dentro del Hospital de día.

Jorge García Badaracco teoriza acerca del psicoanálisis multifamiliar, el


cual tiene características similares a las asambleas presenciadas en el hospital. Él
sostiene que es un tratamiento para pacientes mentales graves, que incluye al
paciente y a su familia dentro de un contexto social de grupos grandes,

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multifamiliares, resultando adecuado para la comprensión y la resolución de los
conflictos de los pacientes.

En las asambleas presenciadas en el hospital, participan pacientes,


psicólogos, psiquiatras, enfermeros, y demás profesionales de la salud; todos
desde un lugar de horizontalidad, siendo significativas todas las opiniones. Esto da
cuenta de que los profesionales no son ubicados en el lugar del Sujeto Supuesto
Saber. Se pudo observar que uno de los objetivos de las asambleas es poder
establecer cierta historicidad para el paciente, ya que no sólo cuentan los
problemas o hechos que les sucedieron durante la semana, sino que también
planifican a futuro, organizan eventos internos en el hospital, como festejar algún
cumpleaños, deciden asistir a algún taller nuevo o bien planifican actividades para
los próximos días. Esto les permite ubicarse en cierto orden simbólico.

El dispositivo genera las condiciones de posibilidad para que pueda circular


la palabra del paciente o no, ya que es decisión del paciente utilizarla o desistir de
ella. Se trabaja en conjunto con el paciente a partir de lo que él trae al encuentro,
residiendo en él mismo la capacidad de transformación.

En este contexto es importante que el analista pueda ubicarse en lo que


Piera Aulagnier llama posición de oído del que habla, para mostrarle al sujeto que
su discurso es oíble e investible por otro.

Podría decirse que, entre los efectos analíticos que este espacio apunta a
generar en los pacientes, se observó que atravesar por este dispositivo, les
permite a los sujetos comenzar a tomar ciertas responsabilidades de algunas
cuestiones que van surgiendo, las cuales, al formar parte de la asamblea,
permiten la ulterior reflexión del sujeto sobre lo que realizó. Al discutir temas
relacionados a la convivencia y otros de interés general, el paciente puede, si así
lo desea, utilizar su propia voz, expresar su propio punto de vista, decidiendo y
haciéndose cargo de ciertas cuestiones que son de interés para el grupo.

Al igual que en el Hospital de día, el tratamiento de la psicosis en este


espacio apunta a mantener lazos sociales con otros, lazos que son perdidos
durante la enfermedad, así como también a que los pacientes se sientan

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escuchados en sus preocupaciones, otorgándoles un lugar como personas que
merecen nuestra atención. Al incluirse en actividades grupales, el paciente se
encuentra con otros testigos de su decir. Esto puede actuar también como modo
de regulación del goce ya que, al encontrarse en grupo, muchas veces se
encuentra con momentos en que hay que callar o que es callado. Además estos
encuentros grupales le permiten al paciente diferenciarse por oposición de los
demás.

Por último, un espacio interesante para destacar es el dispositivo de


Psicología Social. Pichon Riviere define la psicología social como la “disciplina que
aborda la relación entre estructura social y configuración del mundo interno del
sujeto, y su indagación se centra en la interacción." 5

El tratamiento brindado en este dispositivo apunta a lograr la


reinserción social de los pacientes, otorgándoles herramientas para ello. Se trata
tanto el polo laboral, buscando establecer una relación del paciente con el trabajo,
así como también el polo habitacional, centrando la atención en las necesidades
singulares que cada uno tiene respecto de la vivienda.

El tratamiento, al ser destinado a pacientes que se encuentran


principalmente en situación de pre alta, busca aliviar las dificultades con las que se
encuentran fuera del hospital, ayudando a retomar actividades laborales y, al igual
que los espacios antes mencionados, ayuda a que puedan respetar horarios,
normas sociales, o tomar responsabilidades. Todo esto resulta importante para
que el paciente pueda mantener un vínculo con los demás, que ya no estará
mediado por la institución y además, el poder tener actividades laborales, podría
aumentar su autoestima.

En este espacio también se debe destacar lo trascendental que es que el


paciente sienta ganas de realizar actividades, ya que no producirán efecto alguno
sin esa motivación y decisión propia

5Schverstein, Leonardo: “La psicología social de las organizaciones”. Ed.: Paidós Ibérica. 2002.

18
No caben dudas de que la estrategia más adecuada para los pacientes
dependen del caso por caso, y con cada uno se intentará la búsqueda de un
objeto (particular) que funcione a modo de separación de ese Otro absoluto y
arrasador; o, en todo caso, se busca construir con aquellos signos que son
presentados como deshecho, algo del orden del síntoma, construyendo una
suplencia como lo es la metáfora delirante. Según Lacan, esto podría funcionar
anudando los tres registros, produciendo una suplencia allí donde se encuentra la
falla estructural. Fabián Schetjman postula que: “el sinthome no es real […] ni
imaginario, ni simbólico. No se confunde con los tres registros, sino que es, muy
precisamente, aquello que permite que lo simbólico, lo imaginario y lo real se
enlacen […]” 6

Lugar del analista.

Jacques Alain Miller en su escrito “Psicoanálisis y sociedad” sostiene que


en una sesión uno no le habla al analista sino que le habla al suyo propio, a uno
que se extrae de la masa. El analista es Uno que está para dar su conformidad,
para acoger. No juzga ni acusa.

Para la psicosis, el gran Otro existe, es real, voraz, con un saber total, una
presencia sin límite, intrusiva.

Marcela Errecondo afirma que el sujeto psicótico puede inventar como tratar
su goce para no encontrarse con Otro que se ponga en el lugar del Sujeto
Supuesto Saber. Por lo tanto, esto que el sujeto se inventa, la manera en que el
sujeto se las ingenia en contra del Otro o sin el Otro, vale como tratamiento del
goce y según la autora el analista debe asociarse ahí. Esto no significa que el
analista deba ponerse en el lugar de ese gran Otro al que el paciente intenta
escapar, sino que todo lo contrario, el analista no debe encarnar nunca ese lugar.
El psicótico es objeto de un goce sin límites de otro sin barrar. El analista no
puede estar en el lugar del Sujeto Supuesto Saber ni en el lugar de objeto, por lo
que resulta un desafío establecer el lazo entre paciente y analista.

6
Schejtman, Fabián: “Elaboraciones lacanianas sobre la psicosis“

19
Las consecuencias de que el analista se ponga en ese lugar pueden ser
devastadoras para el paciente. Norberto Rabinovich advierte que las mismas
consecuencias pueden producirse en caso de que el analista se ponga en la
posición de intérprete, posición que es totalmente aceptable en el caso de la
neurosis. El autor explica que “en la psicosis, la instancia de la letra ha sido
alterada, y la interpretación analítica queda reducida exclusivamente a dar sentido,
alimentando la consistencia del lado del analista”7. De este modo, el analista
podría convertirse en el dueño absoluto del saber. Por esto, al analista le conviene
mostrar ignorancia y ofrecer su credulidad. Agrega además que “es preciso que el
analista soporte los fragmentos del dialogo donde pierde el hilo significativo del
discurso, sin precipitarse en soldarlo en los carriles del discurso compartido.
Suponer el saber no es comprender. Esta frágil frontera debe ser mantenida”.8

Los signos de presencia del analista pueden resultar amenazantes para el


paciente por lo que se debe ser sumamente cuidadoso, regular la voz, la mirada.
Hay relación con el analista, es una relación directa, inmediata, masiva.

La posición del analista será distinta según se trate de psicosis o de


neurosis. Silvia Vázquez dirá que en la psicosis se invierte la suposición de saber,
el saber no lo tiene el analista, a él no se lo interroga acerca de ningún saber. Esto
sí se puede observar en la neurosis, donde el sujeto acude el analista porque
supone que él sabe acerca de su padecimiento. Contrariamente, en la psicosis, el
paciente se hace reconocer como portador de una verdad, la cual, constituye su
certeza, y es él quien pretende hacerla saber al Otro.

El lugar del analista en la psicosis y en la neurosis también se puede pensar


como dos caminos inversos. Mientras en la primera estructura lo que predomina
es la desorganización y se intenta ir hacia una posible organización, en la
segunda, se trata de desorganizar una estructura represiva como paso previo a la
reorganización del aparato psíquico en un nuevo nivel de integración. Desde este

7
Rabinovich, N., “Producción simbólica, amalgama y nombre propio”. En: Rodríguez, S. (Comp.),
Lacan…Efectos en la clínica de las psicosis, Lugar, Buenos Aires, 1993, p. 74.
8
Op. Cit.: nota 7.

20
punto la problemática es planteada en términos de organización y
desorganización, a lo que se le agregan los esfuerzos de reorganización.

Uno de los lugares que Colette Soler ofrece para el analista es el de testigo,
especificando que éste es un sujeto al que se supone no saber, no gozar, y
presentar por lo tanto un vacío en el que el sujeto podrá colocar su testimonio. 9

Otra posible función que el autor ofrece es la de poner un límite al goce del
Otro, función que se logra a partir de un lugar ya inscripto en la estructura. Es un
decir en el que el analista se hace guardián de los límites del goce. Se trata de
encontrar, en el relato del paciente, aquellos términos que han funcionado o
podrían funcionar en el lugar del Ideal, para ponerlos en juego como elementos
disponibles para el paciente. Hacer de límite al goce, es decir, la de significante
ideal, que constituye una barrera al goce ya que, a falta de la ley paterna es el
único elemento simbólico. El analista no hace otra cosa que reforzar la posición
del propio sujeto.

Estos dos lugares establecidos no son excluyentes uno del otro sino que es
posible la alternancia entre ambos. Colette Soler la llama vacilación de la
implicación forzosa del analista que se produce entre ese testigo, que oye y no
puede más y el significante ideal que viene a suplir.

Como se mencionó anteriormente, Piera Aulagnier se referirá a que el


analista ocupa la posición del oído del que habla. La misma iría en la misma línea
de la posición de testigo antes mencionada. La autora dirá al respecto que el
analista puede transformar un pensamiento sin destinatario en un discurso que
uno puede y que él puede oír. El discurso, que está legítimamente destinado a un
perseguidor, progenitor, dios o el diablo, al ser escuchado por una presencia
distinta pasa a garantizar al sujeto que eso que dice forma de nuevo parte de lo
oíble, investible por otro. Se trataría entonces, de alojar la palabra del paciente,
palabra que él sabe está prometida al fracaso. En la psicosis, esta relación de
investimento que el analista ofrece es necesaria para que la relación se preserve.

Colette, Soler: “Estudios sobre la psicosis”. Cap.: ¿Qué lugar para el analista?
9

21
Esto se pudo observar en los espacios transitados por el hospital, donde el
discurso del paciente es escuchado de manera activa por el analista. En las
asambleas de convivencia, los pacientes tenían la libertad para hablar de tema
que ellos eligieran en ese momento, sin ser el analista quien puntúe o especifique
los temas a tratar. Su discurso no sólo se dirigía hacia los profesionales que se
encontraban en la asamblea, sino también a los demás pacientes, quienes podían
opinar y comentar acerca de lo que se escuchaba. Se podría pensar que esto
posibilitaba la creación de algún tipo de lazo entre ellos y, a su vez, los inserta en
una serie de normas en cuanto al momento de escuchar y ser escuchado.

Gabriel Belucci hace referencia, en su libro, a estas posiciones bien


conocidas del analista agregando que, muchas veces los pacientes ubican al
analista en un lugar de alteridad que no tiene que ver con su delirio persecutorio,
ni tampoco se corresponde con el lugar de “testigo” o “escuchante”. Se refiere a
otro que lo califica de “amable” por el hecho de ofrecerse en un intercambio verbal
que válido de llamarse “charla”. Sostiene que la palabra, en dicha posición, se
ubica en lo que Roman Jakobson denomina “función fáctica”, es decir, verificación
de la presencia del otro. Dicho lugar tiene, muchas veces, efectos restitutivos en
los sujetos psicóticos. Sucede que hay veces que los pacientes asisten a hablar
cosas de la vida, pero que en realidad se trata de verificar que el otro sigue allí. El
problema que se podría plantear desde este punto de vista es ¿cómo ubicarse en
este lugar sin que el paciente pase a depender de la presencia de un analista?

Por otra parte, en un apartado del libro de Osvaldo Delgado, haciendo


alusión al Hospital de día, se sostiene que el trabajo del analista dentro de dicho
dispositivo está enmarcado dentro del funcionamiento del Hospital General y éste
a su vez es una parte integrante del sistema de atención de la salud pública. Por
esto, el analista será destinatario de diversas demandas, entre las cuales se
encuentra la demanda social de curación y rehabilitación a la que el hospital debe
responder y se la reenvía al analista como miembro de la institución. Agrega
además que en tanto la ética del psicoanálisis es la del deseo del analista se
abstendrá de responder a la demanda y se dedicará a seguir sus transformaciones
en el curso del tratamiento. Es necesario que el analista se interrogue, no sólo

22
acerca de la demanda del paciente o su familia, sino también que se interrogue
sobre la demanda de la institución.

Por último, Victor Korman sostiene, refiriéndose a la posición del analista en


general, tanto en neurosis como en psicosis, que la función del analista y la
persona que la lleva a cabo se disocian completamente. La persona quedaría
fuera de las paredes de la consulta para devenir pura función analítica. El analista
no es una persona que escucha y observa neutralmente, sino que forma parte de
la situación analítica. Es importante que el paciente sea escuchado.

Volviendo al tema principal de este escrito, se podría pensar que los


profesionales que trabajan con este tipo de pacientes en los dispositivos del
hospital, se juegan con su presencia, hay un trabajo en lo imaginario con relación
al lugar que ofrecen los mismos, como soporte imaginario de la tarea y a la vez se
sostiene una matriz simbólica que constituye cada disciplina.

Muchas veces se plantea la necesaria tarea de intervenir sobre el delirio,


debido a las consecuencias que pueden tener en caso de que amenacen la vida
del paciente o la de terceros, o en caso de que lleve al paciente a confrontarse con
la ley o, aún más simple, en una situación de tensión permanente e irreductible
con los otros. Por lo tanto se observa que la conformación de la metáfora delirante
no siempre tiene que ver con la posible estabilización del paciente.

Concluyendo acerca del modo de intervención del analista en la psicosis,


resulta interesante volver a referirse a Colette Soler, quien afirma: “Se trata de
saber dónde puede colocarse el psicoanalista en la estructura para un sujeto
psicótico”10. Para Freud no había posibilidad de intervenir debido a que el psicótico
no tiene otro objeto que él mismo, colocación narcisista de la libido, o, en todo
caso, cuando hay restauración de la relación con otros, la misma se instala bajo la
forma de la persecución.

El trabajo del delirio, que se encuentra a cargo del sujeto, es lo que se


intenta tramitar simbólicamente hasta poder llegar a constituir una metáfora
delirante, como uno de los posibles modos de estabilización de la psicosis.

10 Colette Soler: “Estudios sobre la psicosis”. 1ª Edición. 5° reimp. Buenos Aires: Manantial 2008.

23
Contrariamente al trabajo en la neurosis, donde el analista es quien interpreta, en
la psicosis el sujeto es el que interpreta en el trabajo del delirio elaborando, no el
retorno de lo reprimido sino, los retornos en lo real que lo abruman. Por lo tanto las
intervenciones del analista alternarán entre un silencio testigo y un apuntalamiento
del límite del goce en tanto el analista se sirve del significante ideal del universo
simbólico del sujeto.

Acerca de la contratransferencia.

En relación a lo anterior, resulta interesante mencionar la importancia de la


contratransferencia, la cual difiere notablemente entre neurosis y psicosis. Se
entiende a la contratransferencia como las respuestas del analista a la
transferencia del analizado. Es la activación de vínculos y fantasías primarias,
suscitada en el analista a partir de lo manifiesto por el analizando en un proceso
analítico constituido o en vías de gestión.

Winnicott en su escrito “El odio en la contratransferencia” dirá que, como el


titulo lo indica, la tarea del analista que emprende el análisis de un psicótico es
seriamente influida por el odio en la contratransferencia y agrega que el análisis de
los psicóticos no es posible, excepto que el odio del propio analista sea consciente
y bien delimitado.

Desde la teoría de Freud se impone la necesidad y la importancia que tiene


que el analista tenga su análisis propio y que se haga objeto de análisis
periódicamente. Esto es necesario para poder conocer los propios puntos ciegos,
los propios conflictos internos, asumir los propios temores.

Lo que sucede es que son muy diferentes los grados y tipos de tensión que
debe soportar el analista en el trabajo con neuróticos y con psicóticos. El odio se
halla incluido entre las reacciones objetivas ante el paciente psicótico que el
analista debe conocer de sí mismo. Winnicott afirma que el analista no debe negar
un odio que existe en él mismo, y sostiene que éste debe ser separado y
mantenido en reserva.

Si bien, generalmente dicho odio es latente, esto no quita que a veces el


paciente llegue a buscar el odio del analista, y lo que entonces debe aparecer es
24
un odio objetivo, ya que si el paciente no lo encuentra tampoco se creerá capaz de
encontrar amor objetivo.

Winnicott sostiene que el analista debe estar preparado para soportar la


tensión, desplegar toda la paciencia, tolerancia y confianza hacia su paciente,
reconociendo como necesidades sus deseos y debe apartar de sí otros intereses
para poder ser objetivo y estar disponible puntualmente.

Los pacientes psicóticos no demandan nada del analista, se trata de una


demanda masiva, sin matices. En este contexto, como sostiene Juan Tausk, el
analista se siente poco acompañado y no llega a constituirse en alguien para el
otro.

Paz Rafael, leyendo a Freud, dirá que es necesario dominar la


contratransferencia, mantenerla a raya, y si el autoanálisis no resulta suficiente,
volver a empezar.

En los espacios recorridos en el Hospital J. T. Borda, la tensión en algunos


profesionales se podía observar con claridad. En el espacio de admisión, donde
los pacientes aún no están lo suficientemente estabilizados, se podía ver como los
profesionales debían poner ciertos límites, con un tono que daba cuenta de que
era la única forma que tenían de tratar con esos pacientes y que demostraba en
ellos cierto enojo y cansancio. Lo mismo se puede observar en los testimonios de
algunos profesores de la carrera quienes, a modo de ejemplo, nos han expresado
el enojo que les causan algunos pacientes.

A su vez, también se podía dar cuenta de la manera en que los psicólogos


o psiquiatras dominaban la contratransferencia, no involucrándose en los asuntos
de los pacientes o siendo cuidadosos de que sus propios asuntos personales no
se entrometan en sus intervenciones.

Los profesionales que trabajan con este tipo de pacientes demuestran hacia
ellos toda la paciencia y tolerancia que les es necesaria. Aun sabiendo que sus
intervenciones pueden no tener efecto alguno, eligen continuar con el tratamiento
del paciente con la misma actitud que se tuvo desde que se comenzó, aun sin
saber cuándo se producirá el efecto buscado.
25
Conclusión.

A modo de conclusión se puede pensar que los diferentes espacios


ofrecidos dentro de un hospital para el tratamiento de la psicosis pueden ser
pensados en términos de una clínica de la suplencia, en el sentido de poder
acompañar a cada paciente en un recorrido centrado en la búsqueda de ciertas
soluciones posibles frente a lo real como pueden ser la construcción de un delirio,
la fabricación de un yo, la escritura, etc. Se apuesta al trabajo del paciente,
teniéndolo en cuenta como un sujeto activo, capaz de hacerse responsable de sus
actos, responsables de continuar con el tratamiento, de tomar decisiones y
emprender actividades. Ciertamente, se podría pensar que es el hecho de que los
pacientes asistan por voluntad propia al tratamiento lo que permite que cada uno
pueda encontrar su propio interés y desarrollarlo. Es notable cómo los pacientes
asisten a los diferentes espacios por cuenta propia, demostrando el bienestar que
encuentran allí, desarrollando actividades y compartiéndolas con otros
compañeros. Son los mismos pacientes quienes han manifestado, en momentos
de crisis, la necesidad de realizar la actividad para poder distraerse de aquello que
lo atormenta. Por lo tanto se observa que, no alcanza con poder brindarle al
paciente, desde el hospital, las condiciones materiales para obtener el máximo
beneficio del tratamiento, sino que hay que apuntar a producir modificaciones
subjetivas junto con él.

Contrariamente al imaginario social que predomina, el tratamiento se


diferencia mucho de la manicomialización, ya que se puede observar que no se
trata de encerrar a los pacientes y acallarlos sino de hacerlos surgir, de permitirle
emerger algo de su subjetividad. Además resulta muy importante tener en cuenta
el caso por caso para poder establecer cuál será la dirección del tratamiento. La
misma va a tener en cuenta la especificidad de la posición a la que el analista
haya llegado así como también las consecuencias singulares que cada psicótico
tenga con el consecuente modo que haya encontrado para arréglaselas con ellas.

Se podría concluir que los muros de una institución muchas veces pueden
funcionar como una primera barrera frente al goce insoportable del Otro. Son los

26
pacientes mismos los que suelen manifestar que dentro del hospital se sienten
mejor y más tranquilos. Esto no significa una postura a favor de los manicomios, la
cual causa el exceso de medicamentos, el silenciamiento y la exclusión social de
los pacientes. Por el contrario, la institución a la que se hace referencia es una que
busca el mantenimiento de lazos familiares o de amistad o el recobro de los
mismos que, a causa de la enfermedad, hayan sido perdidos; la recuperación de
hábitos de cuidados de sí; la reinserción a una vida laboral, activa, entre otras
funciones que se logran gracias al trabajo interdisciplinario llevado a cabo. Todo
esto fue observado en el recorrido realizado por el hospital, donde se percibe el
continuo interés en lograr que los pacientes puedan mantener una vida cotidiana
en la que no dependieran totalmente del hospital o del cuidado de terceros. Se
observó la preocupación y dedicación constante de los profesionales hacia el
hecho de que los pacientes contaran con una vivienda, con una vida social, con la
realización de diversas actividades y en caso de ser posible con un trabajo.

Es de suma importancia el trabajo en equipo de los profesionales de las


distintas áreas de salud que se observa en el hospital, que tienden a buscar la
estrategia más adecuada para que cada paciente pueda encontrar una posible
estabilización y construir cierta subjetividad. Es significativo el trabajo permanente
de discusión clínica y supervisión para que los equipos tratantes encuentren las
articulaciones entre los espacios.

En conclusión, el tratamiento es llevado a cabo de manera conjunta entre


profesionales y pacientes, buscando la mejor solución para que éste último pueda
mantener una vida cotidiana fuera del hospital y capaz de hacerse responsable y
asistir por voluntad propia al tratamiento ambulatorio que sea necesario para el
mantenimiento de su estabilización.

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