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CENTRO DE ESTUDIOS UNIVERSITARIOS VIZCAYA DE LAS AMERICAS.

CRIMINALISTICA.
SEPTIMO CUATRIMESTRE
PRIMERA UNIDAD.
Antecedentes Históricos y Conceptos Básicos de la Criminalistica.

1.1 Edmon Locard, Alphonse Bertillon, Hans Gros, Francis Gal Ton, Juan Vucetich, Cesar Lombroso, Alejandro
Lacasagne.

Fue el Doctor Hans Gross, el fundador de la criminalística a través de su invaluable obra Manual del Juez, todos los sistemas de
criminalística, publicado en Graz, Austria, en 1892.

El Doctor Hans Gross nació en Graz, Austria, en el año 1847. Se desempeñó como profesor en Derecho Penal en la Universidad
de Graz y como Juez de Instrucción en Stejermark. El profesor Gross, fue quién por primera vez se refirió a los métodos de
investigación criminal como criminalística.

La elaboración de su obra el Manual del Juez, le tomó 20 años de experiencia e intensos trabajos, en dónde realizó una serie de
orientaciones que debe reconocer la instrucción de una averiguación para la aplicación del interrogatorio, el levantamiento de
planos y diagramas, utilización de los peritos, la interpretación de escrituras, conocimiento de los medios de comunicación entre
los participantes de un mismo delito para el conocimiento de la lesiones, etc., siendo en general un manual útil para los jueces en
el esclarecimiento de cualquier caso penal.

En su libro Manual del Juez, el Doctor Gross estructuró la criminalística de la siguiente forma:

-Antropometría.
-Argot criminal.
-Contabilidad.
-Criptografía.
-Dibujo Forense.
-Documentoscopia.
-Explosivos.
-Grafología.
-Fotografia.
-Hechos de tránsito ferroviario.
-Hematología.
-Incendios.
-Medicina legal.
-Química legal.
-Interrogatorio.

En síntesis, Hans Gross, joven Juez de Instrucción, al darse cuenta de la falta de conocimientos de orden técnico que privaba en
la mayoría de los jueces, requisito indispensable para desempeñar con eficacia el cargo de instructor, decidió escribir un libro que
sistematizado contuviera todos los conocimientos científicos y técnicos que en su época se aplicaban en la investigación criminal

Alphonse Bertillon (París - Francia 1853, Münsterlingen - Suiza1914), policía francés, hijo de Louis-Adolphe Bertillon (médico,
antropólogo y estadístico al igual que el hermano de Alphonse, Jacques Bertillon, que también fue médico y estadístico); trabajó
como preceptor en Escocia y, a su regreso a Francia, trabajó para la policía de París. Investigador e impulsor de métodos de
individualización antropológica.
Oficial de la policía francesa no conforme con los usos empleados en la fuerza para identificar a los criminales reincidentes,
siendo hijo y hermano de expertos en estadística y demografía, en 1882 expuso una nueva disciplina: la antropometría. Se
trataba de una técnica de identificación de criminales basada en la medición de varias partes del cuerpo y la cabeza, marcas
individuales, tatuajes, cicatrices y características personales del sospechoso. Elaboró la metodología necesaria para el registro y
comparación de todos los datos de los procesados. En 1884 aplicó este procedimiento para identificar a 241 delincuentes
múltiples, por lo que su procedimiento ganó enorme prestigio y fue rápidamente adoptado en Europa y EE. UU.
Su método tuvo un Su método tuvo un estrepitoso fracaso cuando se encontraron dos personas diferentes que tenían el mismo
conjunto de medidas. Desde entonces se considera que la antropometría es una seudociencia(como la frenología).
En 1892 apareció el método de identificación mediante huellas digitales, vislumbrado por el británico sir Francis Galton y
mejorado ese mismo año (1892) por el policía argentino Juan Vucetich (quien resolvió un infanticidio mediante este método).
Cuando Vucetich visitó París en 1913, Bertillón —que nunca le había perdonado las críticas a su imperfecto sistema, creado en
1883— lo despreció públicamente.
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Bertillón también estandarizó las fotografías de identificación y las imágenes usadas como evidencia. Desarrolló la “fotografía
métrica” que busca reconstruir las dimensiones de un lugar y la ubicación de los objetos allí encontrados. Indicó que las
fotografías de la escena del crimen debían hacerse antes de que se produjese cualquier tipo de alteración y que dentro de la
imagen debiera colocarse huinchas con medidas impresas (testigo métrico) para facilitar la identificación del tamaño del elemento
o lugar. El fotógrafo debía hacer sus fotografías frontal y lateralmente a los objetos. Sus instrucciones en la actualidad se siguen
respetando.
La idea de Bertillon era sin embargo sencilla y genial. Consistía simplemente en dar una aplicación práctica a los trabajos
antropológicos de su padre. Partiendo del principio del que no existen dos individuos absolutamente idénticos, pensó que
tomando cierta cantidad de medidas susceptibles de no variar en el curso de una vida se conseguiría identificar a un individuo de
un modo prácticamente infalible, cualesquiera que fuesen su edad y el medio que empleara para modificar su apariencia física.
Para trece medidas tomadas, los riesgos de confusión son estadísticamente del 1 por 4.194.304, y del 1 por 268.435.456 para
catorce medidas. Teóricamente, semejante método no dejaba subsistir la menor posibilidad de error.
Bertillon creo por tanto una ficha de filiación, en la cual hizo figurar cierta cantidad de medidas invariables para un individuo que
ha concluido su desarrollo: la dimensión de la cabeza, la de la mano, etc. Añadió naturalmente un apartado para las señales
particulares. Redactó un informe complicado y lo presentó al prefecto de policía Andrieux, que no entendió ni una palabra y lo tiró
a la papelera. Bertillon no se desanimó por eso. Continuó con sus investigaciones y escribió un nuevo informe, todavía más
incomprensible que el primero, y, a fuerza de insistir, obtuvo el privilegio de exponer oralmente su contenido ante sus superiores.
Bertillon tenía una oratoria barroca que durmió a su auditorio. El resultado fue absolutamente desastroso y el infeliz seguramente
habría sido definitivamente relegado a sus tareas administrativas si un nuevo prefecto, llamado Camescasse, no hubiera venido
muy a propósito a reemplazar a Andrieux a la cabeza de la policía. Conmovido por la perseverancia del joven escribano, le
concedió un nuevo plazo de tres meses para demostrar la eficacia de su invento.
En el mes de febrero de 1883, Alphonse identificó gracias a su método a su primer criminal. Un hombre que pretendía llamarse
Dupont había sido detenido y juraba no haber tenido nunca nada que ver con la justicia. Gracias a las medidas tomadas algunos
años antes, el escribano consiguió confundirle. El individuo se llamaba en realidad Martín, y era efectivamente un prisionero "en
fuga". Desde aquel momento, el método antropométrico del joven escribano, bautizado "Bertillonaje", fue tomado en serio por la
jerarquía, que puso a su posposición los medios necesarios para su aplicación sintomática. Los resultados fueron
espectaculares. En un año, Bertillon permitió arrestar a unos 50 malhechores y, ayudado por su mujer, construyó un fichero de
7.300 fichas, que se reveló como un útil temible en la lucha contra la delincuencia.
El 1 de febrero de 1888 fue para Bertillon el día de su consagración oficial. Se creó, en el seno de la Comisaria General de
Policía, un nuevo servicio cuya dirección naturalmente le fue confiada: la "identidad judicial". Su fama se hizo inmensa.
Prosiguiendo sus investigaciones en diferentes campos, imaginó muchas otras técnicas de investigación científica,
especialmente la "fotografía métrica", que facilitó mucho el estudio de las huellas sobre el lugar del crimen. En poco años,
Bertillon se convirtió en el criminólogo más escuchado de su época.
Sin embargo, no todas sus iniciativas estuvieron coronadas por el éxito. Por haber luchado demasiado para imponer sus ideas, a
menudo le faltaba criterio. El sistema descriptivo que creo para permitir a cualquier policía dar las características físicas de un
malhechor resultó ser de difícil empleo y fue abandonado.
Demasiado apegado a los resultados de sus propias investigaciones, Bertillon no supo reconocer el interés de un nuevo método
de identificación que iba a reemplazar el sistema que él había inventado: la dactiloscopia.

Edmond Locard Criminalista francés conocido por ser pionero en la ciencia forense y la criminología, conocida informalmente
como la "Sherlock Holmes de Francia". Mientras estudiaba medicina, desarrolló un interés en la aplicación de la ciencia a los
asuntos legales, escribiendo su tesis sobre “Mecicine jurídica en virtud de la Gran Rey” (La Medicina legale sous-le-Grand Roy).

Es considerado como uno de los primeros en realizar teorizaciones y postulados acerca de la relación entre el delincuente y la
escena del hecho. Afirmó que:

“Los restos microscópicos que cubren nuestras ropas y cuerpos son testigos mudos, seguros y fieles de nuestros movimientos y
encuentros.”

Teoría que habría puesto en práctica durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), trabajando para el Servicio Secreto
Francés, identificando los sitios por donde habían pasado los soldados tomados como prisioneros, para localizar la ubicación de
los enemigos, tratando de identificar la causa y el lugar de la muerte mediante el examen de las manchas y daños de soldados y
prisioneros uniformes.
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En 1907 fue a estudiar junto al antropólogo Alfonso Bertillon, famoso por su sistema antropométrico de identificación de los
delincuentes. En 1910, el departamento de policía de Lyon finalmente ofreció a Locard la oportunidad de formar el laboratorio de
la policía por primera vez en la habitación del ático, donde pondría pruebas recogidas de la escena del crimen científicamente
examinados. No fue sino hasta 1912 que el Departamento de Policía reconoció oficialmente el laboratorio.

Locard tenía su criterio sobre personajes del imaginario literario como Sherlock Holmes o Dupin: “Lo admirable en Sherlock
Holmes es ese perfecto conocimiento de todo lo que se necesita haber estudiado para descubrir criminales; en lo cual es
considerablemente superior a los policías de Edgar Allan Poe y de Émile Gaboriau. Sherlock no es más inteligente que Dupin,
pero conoce mejor su oficio. En una época en que ningún especialista había escrito ningún tratado, su cerebro contiene la
primera síntesis de la técnica policiaca.”

Locard es también reconocido por su contribución a la mejora de dactilografía, un área de estudio que se ocupa de las huellas
dactilares. Después de que el laboratorio en Lyon se estableció, desarrolló la ciencia de la Poroscopy, el estudio de los poros de
huellas dactilares y las impresiones producidas por estos poros.

Llegó a escribir que, si 12 puntos específicos fueron idénticos entre dos huellas dactilares, sería suficiente para una identificación
positiva. Este trabajo llevó a la utilización de las huellas dactilares para identificar a criminales, adoptando la técnica anterior de
Bertillon de la Antropometría. En 1929, Locard y muchos otros criminalistas fundó la “Academia Internacional de Criminología” en
Suiza. Sin embargo, este edificio no sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial.

Edmond Locard es más conocido por su formulación del “Principio de Intercambio” de Locard, una teoría sobre el traslado de las
pruebas de seguimiento entre los objetos, afirmando que "cada contacto deja un rastro". La teoría indica que cuando dos objetos
entran en contacto uno con el otro, cada uno tendrá algo del otro objeto o dejar algo atrás.

El principio de intercambio de Locard ha permitido obtener indicios relevantes desde huellas en el barro o sus restos en
neumáticos y calzado, hasta la huellas dactilares o restos en las uñas.

En el ámbito electrónico, el principio se aplica respecto a la convicción de que cualquier interacción con un ordenador afecta a su
funcionamiento, su uso de la memoria e incluso lo que se escribe en el disco duro, de forma que un experto pueda encontrar
trazas de la interacción, e inclusive detalles que permiten reconstruir los hechos e identificar a sus autores.

Otro pionero, Alfonso Bertillon, nació en Paris en 1853. Fue médico y antropólogo. Creó en 1880 el “Sistema Antropométrico”. Se
basaba en la medición de los huesos del cuerpo humano y sus relieves, y, en particular las medidas de brazos, piernas, cuerpo y
varias partes de la cabeza como sistema de identificación. En 1907 lo complementa con el Portrait Parlé, o Retrato Hablado.

Son los mismos principios que han llevado a certeza de la identificación de personas por la huella dactilar o la huella plantar.
Falleció en 1914.

Locard dejó a las futuras generaciones de forenses la Poroscopía, con la cual afirmaba se podía identificar a los sujetos. En “Les
pores et l’identification des criminels” (1912) Locard concluía, según Ashbaugh (1999) que:

 Los poros (terminaciones de las glándulas sudoríparas) presentan la triple característica de perennidad,
inmutabilidad y variedad que permiten la identificación.
 La identificación por comparación de los poros es una manera de confirmar la evidencia que deriva de las huellas
digitales, añadiendo a la determinación de las líneas papilares, los detalles de los poros, que en una impresión típica se ven por
cientos.

 En la mayoría de los casos en donde la impresión digital ó palmar está demasiado fragmentada para la identificación
por el método dactiloscópico, que requiere un número mínimo de puntos característicos (minutae points en inglés), la
comparación de poros que se pueden distinguir en el recorrido de las crestas, permite lograr una identificación positiva mucho
más convincente para los magistrados.

Wentworth y Wilder en “Personal Identification” (1918) traen a colación algunos de los aspectos fundamentales de la
identificación por Poroscopía según Locard:

1. El tamaño de los poros: que oscila entre los 88 y 220 μm de diámetro.


2. La forma individual de cada poro: redondos, elípticos, ovales, romboides, triangulares, etc.
3. La posición del poro en la cresta: sin duda, es la característica más útil y llamativa. Sin embargo, también es la que
plantea más dificultades y, al igual que las anteriores, mucho tiene que ver con la calidad de la impresión. La posición de los
poros puede variar con respecto a las otras adyacentes en la misma fila.

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4. El número o frecuencia de los poros: este puede ser calculado en función del número de poros en una línea
determinada ó la cantidad de poros en un área específica. Locard observó que el número de poros en un centímetro de línea
papilar varía entre 9 y 18.

Francis Galton, n ació en Sparkbrook, Birmingham el 16 de febrero de 1822 y murió en Londres el 17 de enero de 1911.

Estudió en el Hospital General de Birmingham en el King’s College de Londres y en el Trynity College de Cambridge.

Era primo de Charles Darwin y basó todos sus estudios en la teoría de su tío.

Fue un gran investigador y científico inglés en diferentes áreas de la ciencia: psicología, biología, estadística, meteorología, ...

Su gran interés era el estudio del ser humano y las diferencias individuales. Por este motivo es considerado el padre de la
Psicología Diferencial. Sus ideas se opusieron a las preponderantes de la época que eran las de Wundt.
Todos sus estudios los realizó por su cuenta sin ayuda de ninguna Universidad. Pero al final de su carrera recibió el título de Sir o
Caballero del Reino.

Galton hizo numerosas aportaciones para constituir una nueva área de estudio como es la estadística: explicó el fenómeno de la
regresión a la media, usó por primera vez la distribución normal, describió las propiedades de la distribución normal bivariada y
su relación con el análisis de regresión y también introdujo el concepto de correlación. Fue el primer autor que introdujo estos
métodos en la psicología.

En 1884 fundó su famoso laboratorio antropométrico en Londres. Gracias a este laboratorio Galton consiguió numerosos datos
sobre diferentes características de las personas. Al tener gran cantidad de datos empezó a utilizar los primeros análisis
estadísticos.

Después de estos estudios sobre características humanas quiso aplicar la selección artificial a las personas para mejorar la raza.
A esta nueva teoría se la llamó Eugenesia. Estas ideas afectaron en gran medida a la sociedad del momento ya que sirvieron de
base para el nazismo y también para la limpieza de personas con discapacidad intelectual, delincuentes, pobres o enfermos
mentales de la sociedad. Él comprobó que los hijos de padres muy inteligentes o con características físicas muy notables tendían
a tener las mismas características que los padres; por esto pensó que la herencia tenía un papel más importante que el propio
aprendizaje. Para analizar los datos de este estudio contrató al estadístico Pearson que había desarrollado un nuevo método de
análisis estadístico: el Coeficiente de Correlación.

Otro aspecto por el que Galton tenía mucho interés era el de medir la inteligencia. Lo hizo con el Método biométrico que sirve
para analizar diferentes características físicas: fuerza, tamaño del cráneo, tiempo de reacción. Realizó una numerosa muestra de
sujetos. Con los datos aplicó la Campana de Gauss, en ella la mayoría de sujetos se encontraban en el centro, pero un pequeño
grupo estaba por las colas (o por debajo o por encima de la media). Con este estudio consideró que el factor más importante de
la inteligencia era el genético.

Juan Vucetich, nacido el 20 de julio de 1858 en la isla de Hvar (en italiano, Lesina) en el archipiélago de Dalmacia (entonces
parte del Imperio de Austria, actual Croacia) el tal vez antropólogo Iván Vučetić (se desconocen sus estudios) se estableció en
Argentina, en 1882, a la edad de 23 años. Ya nacionalizado argentino con el nombre de Juan Vucetich, ingresó en 1888 al
departamento central de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (en la ciudad de La Plata). Inicialmente empleado en la
contaduría con el grado de meritorio, un año y medio después fue designado jefe de la Oficina de Estadísticas. Después creó la
Oficina de Identificación Antropométrica y posteriormente el Centro de Dactiloscopía del que fue director.

El 1 de septiembre de 1891 Vucetich hizo las primeras fichas dactilares del mundo con las huellas de 23 procesados, y se
estableció como Día Mundial de la Criminalística. Luego de verificar el método con 645 reclusos de la cárcel de La Plata, en 1894
la Policía de la Provincia de Buenos Aires adoptó oficialmente su sistema. En 1905, su sistema dactiloscópico (inicialmente
denominado “icnofalangometría”) fue incorporado por la Policía de la Capital (por la ciudad de Buenos Aires), la futura Policía
Federal Argentina. En 1907 la Academia de Ciencias de París informó públicamente que el método de identificación de personas
desarrollado por Vucetich era el más exacto conocido en ese momento. En 1911, cuando se sancionó la Ley 8129 de
enrolamiento militar y régimen electoral, se adoptó este sistema para la identificación de los varones argentinos mayores de 18
años.

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Cuando Vucetich visitó París en 1913, Bertillon, que nunca le había perdonado las críticas a su imperfecto sistema, creado en
1883, lo despreció públicamente.
Vucetich enviudó de sus dos primeros casamientos. Se casó por tercera vez con una estanciera. Luego de protestas públicas
realizadas en Argentina en 1917 contra de la obligación de identificación general de las personas, que se asociaba con su
nombre, se radicó en la población de Dolores donde enfermo de cáncer y tuberculosis, falleció el 25 de enero de 1925. Honrando
sus méritos, se bautizó con su nombre a la Escuela de Policía de la Provincia de Buenos Aires y al centro policial de estudios
forenses de Zagreb (capital de Croacia, su país natal).

En las antiguas Babilonia y Persia se usaban las impresiones dactilares para autenticar registros en arcilla, pues ya se conocía
su carácter único.
En 1883, el francés Alphonse Bertillon propuso un método de identificación de personas basado en el registro de las medidas de
diversas partes del cuerpo. Su método, adoptado por las policías de Francia y otras partes del mundo, tuvo un estrepitoso
fracaso cuando se encontraron dos personas diferentes que tenían el mismo conjunto de medidas.
El uso de los relieves dactilares fue por primera vez objeto de un estudio científico por el antropólogo inglés Francis Galton
(1822-1911), quien publicó sus resultados en el libro Huellas dactilares (1892). Los mismos verificaron tanto la invariabilidad de
las huellas digitales a lo largo de toda la vida de un individuo, como su carácter distintivo aun para gemelos idénticos. Los
estudios de Galton estuvieron orientados a la determinación de las características raciales hereditarias de las personas (sobre las
que las huellas digitales no podían dar información) y determinó algunas características de las huellas que todavía se usan hoy
en día para su clasificación. Basándose en ellas, Galton propuso su utilización para la identificación personal en reemplazo del
inexacto sistema Bertillon, entonces en uso.
Los 40 rasgos propuestos por Galton para la clasificación de las impresiones digitales fueron analizados y mejorados por el
investigador de la Policía de la provincia de Buenos Aires Juan Vucetich, a quien el Jefe de Policía de la Provincia de Buenos
Aires Guillermo Núñez, le había encomendado sentar las bases de una identificación personal confiable.
Vucetich usó inicialmente 101 rasgos de las huellas para clasificarlas en cuatro grandes grupos. Logró luego simplificar el método
basándolo en cuatro rasgos principales: arcos, presillas internas, presillas externas y verticilos. Con base a sus métodos, la
policía bonaerense inició en 1891, por primera vez en el mundo, el registro dactiloscópico de las personas. En el año 1892 hizo
por primera vez la identificación de una asesina, con base a las huellas dejadas por sus dedos ensangrentados (en particular por
su pulgar derecho) en la escena del crimen de sus dos hijos, en la ciudad de Necochea (provincia de Buenos Aires). La misma,
de nombre Francisca Rojas, había acusado de los asesinatos a su marido. El 9 de noviembre de 1903 el jefe de la policía de
Buenos Aires Francisco Julián Beazley adoptó oficialmente el método de Vucetich.

El método fue detalladamente presentado en sus escritos Instrucciones Generales para el sistema antropométrico e impresiones
digitales, Idea de la identificación antropométrica (1894) y Dactiloscopía comparada presentado en el Segundo Congreso Médico
de Buenos Aires (1904). El último trabajo recibió premios y distinciones en todo el mundo y fue traducida a los principales
idiomas. Luego de más de un siglo de su implantación, aunque han variado sustancialmente los métodos de relevamiento,
archivo y comparación la identificación de huellas dactilares todavía se basa en los cuatro rasgos finalmente elegidos por
Vucetich.

Cesare Lombroso, Hijo de Aarón Lombroso, en 1852 se inscribió en la facultad de medicina de la Universidad de Pavía, donde se
graduó en 1858. Al poco tiempo participó en campañas contra la pelagra en Lombardía, contribuyendo con la educación de los
campesinos pobres. En 1866 fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad de Pavía y en 1871 asumió la dirección del
manicomio de Pésaro. En 1871 fue nombrado profesor de medicina legal en la Universidad de Turín.
Casado en 1870 con Nina De Benedetti, tuvo cinco hijos; la segunda de ellos, Gina Lombroso Ferrero, escribió su biografía.

Lombroso dijo que las causas de la criminalidad están relacionadas con la forma, causas físicas y biológicas.
Un aspecto particularmente difundido de la obra de Lombroso es la concepción del delito como resultado de tendencias innatas,
de orden genético, observables en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes habituales (asimetrías craneales,
determinadas formas de mandíbula, orejas, arcos superciliares, etc.). Sin embargo, en sus obras se mencionan también como
factores criminógenos el clima, la orografía, el grado de civilización, la densidad de población, la alimentación, el alcoholismo, la
instrucción, la posición económica y hasta la religión.

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Un rasgo llamativo en su obra es la crudeza con que expone algunas de sus conclusiones, que resulta aún más chocante a la luz
de las ideas que predominan en la criminología tras el ocaso de la escuela positivista. Esta crudeza puede deberse a la
tendencia positivista a despojar al discurso científico de toda otra consideración aparte de la mera descripción de la realidad,
eludiendo juicios morales o sentimentales.

Por ejemplo, refiriéndose a lo que él llama la terapia del delito, dice:

"En realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los
casos de los incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos"
Otro rasgo característico de la obra de Lombroso es la precariedad de su método científico, frecuentemente de la observación
empírica, a veces sobre la población, y de relaciones de causalidad escasamente fundadas. Por ejemplo, de la comparación
entre la temperatura anual media en las distintas provincias de Italia y el índice de homicidios en cada una de ellas concluye
Lombroso que el calor favorece este tipo de delitos.
La posición según la cual los delitos son producto de estos diversos factores determinantes, lleva lógicamente a bregar por un
código penal que los prevea y ajuste las condenas a la existencia de esos mismos factores, dejando de lado las preocupaciones
de la llamada dogmática penal. La pena tiene como objetivo según Lombroso la defensa social, entendida como neutralización
del peligro que para la sociedad representan ciertos individuos que no pueden dominar sus tendencias criminales. Al mismo
tiempo, tiene el fin de intentar una readaptación en los casos en que fuera posible.
La concepción de Lombroso torna irrelevante el estudio de la imputabilidad del sujeto, puesto que según se deriva lógicamente
de sus postulados todos los criminales son inimputables, y cuanto menor sea su responsabilidad, mayor es su peligrosidad. Esta
idea se opone agudamente a las concepciones más frecuentes entre abogados y juristas, a quienes Lombroso criticó,
sosteniendo que pretendían aminorar la pena precisamente para los individuos más peligrosos

Alexandre Lacassagne nació en la región de mediodía-pirineos (os juro que se llama así, no es broma) llamada Cahors, en el año
1843. Se convirtió en médico gracias a la Escuela Militar de Estrasburgo y se especializó más tarde en toxicología.

Al parecer siempre albergó interés por explicar el crimen, y una de las primeras cosas que hizo tras ser nombrado catedrático de
medicina legal de la Universidad de Lyon, fue fundar una revista llamada “Archivos de antropología criminal”. Dicen que uno de
sus asistentes por aquella época era Locard (de éste hablaremos otro día, que fue quien dijo aquello de “todo contacto deja un
rastro”). La lista de aportaciones que hizo Lacassagne al mundo de la Criminología y la Criminalística es inmensa; por ejemplo,
para este último campo, él fué uno de los primeros en estudiar los patrones de las manchas de sangre y las estrías en las balas.
En 1885 se fundó la ‘Escuela criminológica de Lacassagne’, que era, por decirlo de alguna forma, la principal competidora de la
‘Escuela criminológica de Lombroso’. Aunque Lacassagne también se interesó por las teorías biológicas que explicaban la
predisposición para delinquir, también le interesaba la sociología y la psicología, por lo que no se contentó con las explicaciones
lombrosianas del fenómeno criminal y fue un paso más allá: para Lacassagne, el criminal podía tener una predisposición
biológica, pero su entorno y relaciones sociales eran factores indispensables. Es por eso que elaboró su teoría microbiológica del
crimen, en la que viene a decir que el criminal es un microbio que germina sólo cuando su entorno social es un caldo de cultivo
favorable para ello.

También dijo cosas que debieron levantar ampollas en la época (y creo que las pueden seguir levantando todavía), como que “la
justicia encoge, la prisión corrompe y cada sociedad tiene la delincuencia que se merece“. Lacassagne intentó cambiar la política
criminal de la época y fue uno de los primeros que se alzaron en contra de la pena de muerte, en 1906. También divulgaba otras
ideas constructivas, como por ejemplo que al delincuente hay que sacarlo del ambiente nocivo que le insta a delinquir y ofrecerle
una nueva educación.

En cuanto a la prevención del delito, Lacassagne proponía cosas como luchar contra la pobreza (especialmente la infantil) y las
desigualdades sociales, rehabilitar a los presos y prevenir el alcoholismo y la drogadicción.
A lo largo de su vida publicó más de diez libros dedicados íntegramente a desarrollar sus teorías criminológicas y desarrolló
mucho el concepto de predisposición a la delincuencia al tener en cuenta los factores sociales y ambientales, así como la
pobreza o la educación.
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1.2 Definición de Criminalistica.

Criminalística es la disciplina que aplica fundamentalmente los conocimientos, métodos y técnicas de investigación, de las
ciencias naturales en el examen del material sensible significativo relacionado con un presunto hecho delictuoso con el fin de
determinar en auxilio de los órganos encargados de administrar justicia, su existencia o bien reconstruirlo o bien señalar y
precisar la intervención de uno o varios sujetos en el mismo.

Criminalística es la ciencia auxiliar del derecho penal que utiliza o emplea los recursos técnico-científicos en la búsqueda y
análisis de los elementos materiales de prueba, a fin de establecer si hubo un delito, otorgando a los investigadores y al
criminalista bases científicas sobre el análisis del lugar de los hechos y determinar las posibles causas o móviles de lo sucedido

Criminalística es la ciencia auxiliar del Derecho Penal, que tiene como objetivo primordial el descubrimiento y verificación
científica de un delito, la identificación del imputado y de la posible víctima

Criminalística es el conjunto de conocimientos aplicables a la búsqueda, descubrimiento y verificación científica de un delito en


particular y del presunto responsable de éste

1.3 Evolución de la Criminalistica.

Se ha considerado a la dactiloscopia como una de las primeras disciplinas precursoras de la criminalística, destacándose en éste
campo el ilustre experto en identificación B.C Bridces.

En el año 1665, el Profesor en Anatomía de la Universidad de Bolonia, Italia, Marcelo Malpighi, estudió y observó los relieves
papilares de las yemas de los dedos y de las palmas de las manos. Posteriormente el profesor Malpighi haría aportaciones
valiosas al estudio de las impresiones dactilares. Debido a su gran aporte, una de las partes de la piel humana lleva el nombre de
capa de Malpighi.

En 1753, el Doctor Boucher realizó estudios valiosísimos sobre balística, que posteriormente recibiría el nombre de balística
forense.

Adán Pinkerton, en el año 1866, puso en práctica la fotografía criminal, que actualmente se le denomina fotografía forense.

Alfonso Bertillón publicó en 1882 una tesis sobre el retrato hablado. Consistió en una minuciosa descripción de ciertos caracteres
morfológicos y cromáticos del individuo.

La toxicología fue creada en Italia por el ilustre y célebre profesor Orfila.

En los años de creación de la criminalística, varios estudiosos de la investigación criminal optaron por denominar al conjunto de
métodos para la investigación de delitos como Policía Judicial Científica o Policía Científica entre los cuales destacaban Ferri,
Lombroso, Reiss, Roumagnac, De Benito, Nicéforo, entre otros.

Pero para Hans Gross, la criminalística era una disciplina auxiliar jurídico penal y su obra se tradujo a varios idiomas, provocando
con ello el interés de varios especialistas, que empezaron a realizar una serie de observaciones y contribuciones a la naciente
disciplina.

A continuación se expondrán una serie de acontecimientos de gran relevancia en la evolución histórica de la criminalística.

En 1896, Juan Vucetich logra que la Policía de Rio de la Plata, Argentina, deje de utilizar el método antropométrico de Bertillón,
reduce a cuatro los tipos fundamentales dactiloscopia, determinados por la presencia o ausencia de deltas.
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En el año 1897, Salvatore Ottolenghi, presentó un problema para el curso de Policía Científica, en el cual se desarrollaba sus
sistemas de enseñanza aplicados en la Facultad de Medicina en Siena, Italia, desde ese año hasta después de 1915.

En 1899, Alongi junto con Ottolenghi, fundaron una revista llamada Polizia Scientifica.

Alfredo Nicéforo, en la Escuela Positiva en Roma, en 1903 con su monografía de estudio y enseñanza de la criminología
colocaban por primera vez a la Policía Judicial Científica, en el cuadro general de la criminología.

Por otro lado, en los países latinoamericanos iniciados por Juan Vucetich se integraban al uso de métodos científicos en la
investigación criminal, escribían obras y creaban sus Institutos de Policía y Laboratorios de Criminalística, ya que en el año 1904,
el sistema dactiloscópico de Vucetich había sido aceptado casi universalmente como el más práctico y operable.

En México, en 1904, Carlos Roumagnac escribía los primeros fundamentos de Antropología criminal con base en estudios
realizados en la cárcel de Belén, México, D.F.

En 1905, en Inglaterra, Sir Francis Galton modificó su sistema citado en Fingerprint Directories con otro manual publicado con el
nombre de Clasification and uses of fingerprints.

En España, por el año 1908, Constancio Bernaldo de Quiroz, reducía a tres las fases de formación y evolución de la Policía
Científica: a) Una primera fase equívoca, cuando el personal policiaco incluso el jefe como Vidocq, eran reclutados entre los
mismos delincuentes con conocedores insustituibles de las personas y artes de los malhechores; b) Una segunda fase empírica
en la cual el personal, ya no tomado entre los delincuentes, lucha contra ellos empíricamente sólo con las facultades naturales,
vulgares o excepcionales; c) y un tercera fase científica fundados en la observación razonada y en el experimento químico,
fotográfico, etc.

En 1911, en Suiza, el alemán Rodolph Archihald Reiss se dedicaba íntegramente a los estudios de la Policía Científica y escribía
una tesis al respecto.

Hans Gross, después de una apasionante vida científica muere en su ciudad natural, en 1915; hubo consternación mundial por la
pérdida de tan distinguido criminalista.

1.4 Diferencias entre Criminalistica, Criminología, Policía Científica y Policía Técnica.

Noción de Criminalística.

Al decir del profesor Pablo, Rodríguez Regalado, “Criminalística es la ciencia mediante la cual se procede al examen de indicios
o evidencias de diverso origen y naturaleza, por parte de experto forense, con el objeto de plasmar la información obtenida en un
pronunciamiento pericial que sirva de ilustración para un proceso judicial, administrativo o de índole particular”.

La Criminalística es una ciencia auxiliar del Derecho Penal y llega a él por medio del Derecho Procesal Penal, ajustándose a sus
normas, para exponer científicamente la cadena de pruebas necesarias en el campo material fáctico, concentrado, probando
científicamente, las exigencias del conocimiento formalístico causal, sean tiempo espaciales, modales o personales, pruebas
cuya valoración tendrá definitivo influjo en la determinación del culpable y en la aplicación de la sentencia. La Criminalística se
ocupa del descubrimiento del delito y del delincuente suministrando colaboración a la justicia a través de la emisión de peritajes
judiciales en las diversas disciplinas y ciencias que abarca, pues su contenido está conformado por la Física, la Química, la
Documentoscopía, la Antropometría, la Fotografía, la Dactiloscopía, la Balística, etc., todas estas ciencias aplicadas a un
determinado fin, que es la comprobación del proceso fáctico del delito y la identificación de las personas responsables.

Delimitando así, su campo a la determinación científica del proceso fáctico del delito, al estudio del cómo, dónde, cuándo y quién
cometió el hecho delictuoso.
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Noción de Criminología.

Felipe Villavicencio, señala que el objeto de la criminología “incluye el estudio de la definición y selección que realiza el sistema
penal (control social formal del delito) y otros controles sociales existentes (v.gr. mecanismos alternativos o paralelos de
resolución de conflictos)”.

Así también Zaffaroni, mencionado por Felipe Villavicencio, acota[2], “la criminología debería incluir como objeto de estudio
cuestiones de sociología, sicopatología y antropología social que tienen que ver con la dinámica de los comportamientos
definidos como delictivos y de las características de los sujetos de las infracciones referidas”.

Es decir, la Criminología se dedica al estudio de los móviles que conducen o provocan el delito, se ocupa de determinar los
factores que informan la conducta del sujeto criminal o como más comúnmente se dice la” Etiología del delito”.

Noción de Policiologia o Policía Técnica.

La Policiologia o Policía Técnica, mal llamada policía científica. en este caso no se trata tanto de una ciencia cuando de una
técnica o arte, ya que mas que de principios abstractos y generales, consta de reglas practicas encaminadas a adecuada
realización de las funciones propias de la policía, tales como la persecución y la aprehensión.

Criminalística y Criminología

De manera fácil y con un criterio de practicidad se puede captar la gran diferencia existente entre la criminalística y la
criminología, así la primera se ocupa fundamentalmente del “como” y “quien” del delito; mientras que en la segunda profundiza
más en su estudio y se plantea la interrogante del “por qué” del delito.

En Criminalística siempre se estudiarán hechos concretos; se verificará científicamente el delito y el delincuente, se identificará
alguna persona, objeto o materia, pero nunca se estudiará ni opinará sobre móviles o conductas del sujeto activo, que es campo
estrictamente de la Criminología.

Criminalística y Policiologia.

La diferencia radica en que mientras la Criminalística se dedica a investigaciones de carácter eminentemente científico con el fin
de determinar cómo y por quien fue cometido un delito, la policía técnica o Policiología establece solo reglas prácticas
encaminadas a la persecución y aprehensión del delincuente.

Policía Nacional y Ministerio Público.

Ahora bien, es precisamente la Policía Nacional, en su carácter de auxiliar del órgano persecutorio (Ministerio Publico) la que
mediante la aplicación de las reglas establecidas por la Policiología o Policía Técnica y la ciencia de la Criminalística se encargan
de dos fases distintas de una misma operación: la pesquisa, la cual consta a) de una primera etapa o fase que podríamos llamar
“determinativa” , en la que se trata de establecer o determinar si se ha cometido o no un delito, como se cometió y quien lo
cometió, fase de la que se encarga la Criminalística y b) una segunda etapa o fase que podría denominarse “ejecutiva” en la
que, con base en los datos concretos proporcionados por los expertos en criminalística, se trata de aprehender al delincuente,
correspondiendo esta fase a la Policiología o Policía Técnica.

1.5 Ciencias y disciplinas precursoras de la criminalistica.

La criminalística desde su nacimiento hasta sus cultores a través de los años han aportado técnicas y procedimientos para
formar la disciplinas que se han ordenado y que las constituyen en forma científica, dándole la importancia intelectual y
enriqueciéndola con nuevos conocimientos y técnicas para realizar su práctica, primero en el lugar de los hechos (criminalística
de campo) y posteriormente en el laboratorio. Al hablar de criminalística, es hacer referencia a las siguientes disciplinas:
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1. Criminalística de campo.

2. Balística forense.

3. Documentología.

4. Explosivos e incendios.

5. Fotografía forense.

6. Investigación de accidentes de tránsito.

7. Sistemas de identificación de personas.

8. Técnicas forenses de laboratorio (química, física y biología).

Para efectos de determinar la función y fin que cumplen la química, la física y biología, se tienen las siguientes consideraciones:

La química emplea todas las ramas de la química analítica, bioquímica, química orgánica e inorgánica, micro química. De las dos
ciencias anteriores, se emplea la físico-química con la cromatografía en papel y gases; asimismo se realizan técnicas
electroquímicas como la electrólisis, la electroforesis, la polarografía y la conductometría.

La física se apoya en las leyes de la materia y las que atienden a modificar su estado o su movimiento sin alterar su naturaleza.

Finalmente la biología, emplea la antropología, citología, enzimología, hematología forense, medicina forense, microbiología,
sicología, serología, histología, etc.

Otra clasificación es la siguiente:

Fue la criminalística desde su nacimiento, con sus cultores a través de los años, los que aportaron técnicas y procedimientos
para formar las disciplinas que se han ordenado y que la constituyen de forma científica, dándole su importancia, enriqueciéndola
con nuevos conocimientos y técnicas para realizar su práctica, primero en el lugar de los hechos y después en el laboratorio. Por
ello, hablar de criminalística es hablar de todas las disciplinas que han venido a constituirla en forma general, como se aprecia en
el cuadro siguiente:

Criminalística general 1. Criminalística de campo. 2. Balística forense. 3. Documentoscopia. 4. Explosivos e incendios. 5.


Fotografía forense. 6. Hechos de tránsito terrestre. 7. Sistema de identificación. 8. Técnicas forenses de laboratorio (química,
física y biología).

Es importante tener conocimiento de los objetivos particulares y específicos de cada una de las disciplinas científicas de la
criminalística en general, con la finalidad de precisar las funciones de cada una de ellas.

1. Criminalística de campo: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas con el objeto de proteger, observar y fijar el lugar de los
hechos, así como para coleccionar y suministrar las evidencias materiales asociadas al hecho al laboratorio de criminalística.

2. Balística forense: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas con el objeto de investigar con sus ramas: interior, exterior y de
efectos los fenómenos, formas y mecanismos de hechos originados con armas de fuego cortas y largas portátiles.
3. Documentoscopia: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas con el objeto de estudiar y establecer la autenticidad o
falsedad de todo tipo de documentos como escritura cursiva, de molde, mecanografiadas o de imprenta, haciendo probable la
identificación de los falsarios.

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4. Explosivos e incendios: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas en la investigación de siniestros producidos por xplosivos
o incendios, a fin de localizar cráteres, focos y además evidencias y determinar sus orígenes, formas y manifestaciones. 5.
Fotografía forense: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas a fin de imprimir y revelar las gráficas necesarias en auxilio de
las investigaciones que aplican a todas las disciplinas de la criminalística.

6. Hechos de tránsito terrestre: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas a fin de investigar los fenómenos, formas, orígenes
y manifestaciones en atropellamientos, colisiones entre dos o más vehículos, volcaduras, proyecciones sobre objetos fijos y
caídas de personas producidas por vehículos automotores.

7. Sistemas de identificación: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas a fin de identificar inequívocamente a personas vivas
o muertas, putrefactas, descarnadas o quemadas.

8. Técnicas forenses de laboratorio: Aplica los conocimientos, métodos y técnicas de las ciencias naturales química, física y
biología a fin de realizar los análisis y manejo propio del instrumental científico, para identificar y comparar las evidencias
materiales asociadas a hechos presuntamente delictuosos.

1.6 Metodos de la Ciecia Criminalistica.

Empecemos, pues, con la voz método: etimológicamente, método significa más allá del camino. Por otra parte, el Diccionario de
la lengua española señala que es el “procedimiento que se sigue en las ciencias para hallar la verdad y enseñarla”. “La verdad es
la realidad de las cosas”, dejó escrito Balmes. Así, pues, se conoce algo en la medida en que el concepto que se tiene de ello
corresponde a la realidad. Por ende, un conocimiento es verdadero absoluto, con valor objetivo en la medida en que se ajusta,
coincide, se adecúa a la cosa, a la realidad; en la medida en que la reproduce tal cual es, sin quitar ni añadir. Los órganos de los
sentidos constituyen el eslabón que une inteligencia y realidad. Ahora bien, cuando no dan más de sí para ponernos en contacto
con la realidad, se auxilian con aparatos “elementales”, con instrumentos que puedan llegar hasta donde ellos no llegan. Es
importante, pues, el empleo adecuado de los “instrumentos” para la obtención de datos, de notas inteligibles captadas en la
realidad, en las cosas; si se utilizan mal, los datos serán probablemente erróneos y el discurso, o mejor dicho, el rigor del
discurso para enlazarlos mediante relaciones que ellos mismos indican será discutible y no confiable. De la calidad de las
observaciones sensibles, del material obtenido y del rigor con que el experto trabaje depende la exactitud de su investigación
científica. Precisamente, lo que busca la ciencia es el conocimiento de la realidad, puesto que, como lo señala Pieper: “el mundo
del conocimiento está preformado en el mundo objetivo”, y esto de tal manera, que un conocimiento es verdadero por cuanto se
ajusta y en la medida en que se adapta a la realidad. Apunta Julián Marías que,

aunque la realidad, en cierto sentido, nos sea dada, esté ahí y nos encontremos desde luego con ella, necesitamos, sin embargo,
paradójicamente, llegar a ella, porque su modo propio de ser es el estar oculta. Y como está oculta y escondida, y nosotros, por
lo visto, necesitamos algo latente en ella y que no tenemos, de ahí la forzosidad en que nos encontramos de tener una vía de
acceso a la realidad; y esa vía o camino es lo que llaman los griegos método.

Descartes define con claridad y precisión lo que es el método de la siguiente manera: “por método entiendo aquellas reglas
ciertas y fáciles cuya rigurosa observación impide que se suponga verdadero lo falso, y hace que sin consumirse en esfuerzos
inútiles y aumentando gradualmente su ciencia el espíritu llegue al verdadero conocimiento de todas las cosas accesibles a la
inteligencia humana”. Por cuanto se refiere al vocablo criminalística, también se han dado varias definiciones. Richard Saferstein
y Peter R. de Forest coinciden en el sentido de que la criminalística consiste en la aplicación de la ciencia a los problemas que
plantea la ley. Hans Gross, juez de Graz, considerado el padre de la criminalística, define esta disciplina como la ciencia práctica
de la investigación de los delitos. Gaspar Gaspar concibe la criminalística como la “disciplina que tiene por finalidad el
descubrimiento de los delitos”. Continúa el autor: “en la práctica policial y judicial no es suficiente saber que un hecho punible ha
tenido ejecución, sino que se necesita averiguar cómo, dónde, cuándo y quién lo realizó, a efectos de poder imponerle la
adecuada sanción penal”. Luis Sandoval Smart, el distinguido investigador chileno, la define como “la disciplina auxiliar del
derecho penal que se ocupa del descubrimiento y verificación científica del delito y del delincuente.

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Con base en los anteriores conceptos, podemos definir el método criminalístico como el conjunto ordenado de procedimientos
que conducen al descubrimiento de la verdad histórica de los hechos, mediante el examen técnico-científico de los indicios o
huellas materiales producto de la comisión del ilícito penal, en auxilio de los encargados de procurar y administrar justicia. En
virtud de que la criminalística se ocupa del estudio de objetos materiales (indicios), se le considera una disciplina fáctica. El
método de estas disciplinas es la observación y la experimentación, y su criterio de verdad, la verificación. Por otro lado, debido a
que sus proposiciones deben ser confrontadas con los hechos y sólo resultan válidas cuando son verificadas en la experiencia o
mediante la observación, también es considerada una disciplina empírica y, por lo tanto, su método de trabajo es reductivo en sus
dos direcciones, a saber: en la progresiva (verificación) y en la regresiva (explicación). La expresión hipotético-deductivo alude
precisamente a estas dos direcciones. Hipotético, porque con él se construyen hipótesis explicatorias (por medio de la reducción
regresiva), y deductivo, porque de las hipótesis se deducen consecuencias verificables (reducción progresiva). Una vez hechas
estas precisiones, entremos en materia. El método hipotético-deductivo constituye, pues, la estrategia general de la investigación
criminalística; su complemento lo componen las técnicas empíricas de contrastación, que tienen por finalidad realizar
experimentos, mediciones y construcción de instrumentos apropiados para la investigación (termómetros, barómetros,
microscopios, espectrofotómetros, etcétera). Este método consiste, según Mariano Artigas, en formular hipótesis acerca de la
posible solución y comprobar si esas hipótesis están de acuerdo con los datos disponibles. La validez de las hipótesis depende
de que se consiga comprobar la validez de las consecuencias que de ellas se deduzcan.

Demos un ejemplo: Un hombre se encuentra tirado en un jardín público. Presenta en la región temporal derecha una lesión por
disparo de arma de fuego. Su mano derecha empuña un revólver; sus ropas están en orden, sin huellas de lucha. Además, en
una de sus bolsas se encuentra el siguiente recado póstumo: “Yo me quité la vida. No se culpe a nadie”.

a) Planteamiento del problema: homicidio, suicidio o accidente.

b) Formulación de la hipótesis: la observación ordenada y cuidadosa del lugar de los hechos permite suponer que se está ante
un suicidio con arma de fuego.

c) Consecuencias que se derivan de la hipótesis: a) que el sujeto haya muerto debido al disparo; b) que él mismo se haya
producido la lesión; c) que la lesión se encuentre (orificio de entrada) en sitios de elección de los suicidas; d) que el disparo se
haya hecho a contacto, a bocajarro o a corta distancia; e) que el sujeto haya disparado el arma de fuego; f) que las impresiones
digitales del occiso se encuentren en el arma; g) que el arma de fuego haya sido disparada recientemente; h) que el proyectil
extraído del cuerpo haya sido disparado por el arma que empuñaba, e i) que el recado póstumo haya sido escrito por el sujeto. d)
Técnicas empíricas que permiten comprobar las consecuencias derivadas de las hipótesis. a) Para saber si el sujeto murió a
consecuencia de las lesiones producidas por el disparo es necesario efectuar la autopsia, técnica que “no comprende sólo la
obducción, sino que empieza con la diligencia del levantamiento del cadáver y termina con todos los medios auxiliares de
diagnóstico, si bien debe reconocerse que es parte muy importante la propia obducción”. Entre los procedimientos auxiliares de
diagnóstico hay que destacar los exámenes histopatológicos, químico-toxicológicos y todos los demás complementarios de la
serie fisicoquímico biológico. Sólo entonces puede darse por terminada la autopsia. La autopsia médico forense, que debe ser
siempre metódica, completa y descriptiva, comprende los tres siguientes tiempos:

- El levantamiento de cadáver, cuyos objetivos son: comprobar la realidad de la muerte, determinar su fecha y precisar el
mecanismo de la misma.

- El examen externo del cadáver, es decir, la observación detallada y meticulosa del cuerpo antes de iniciar la necrocirugía,
anotando todos aquellos detalles que puedan proporcionar información relativa a alguna cuestión médico forense.
- La obducción o examen interno del cadáver, siguiendo el orden determinado para no omitir ninguna parte del organismo: raquis
(eventualmente) cráneo, cuello, tórax, abdomen, aparato genitourinario y extremidades.

b) Para saber si la lesión pudo habérsela producido él mismo, es necesario comprobar si el lugar donde se ubica está a su
alcance, tomando en cuenta, para ello, la longitud de sus extremidades superiores, así como realizar con ellas algunas
maniobras.

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c) Para determinar si la lesión (orificio de entrada) se encuentra en sitio de elección de los suicidas, el examen externo atento y
cuidadoso del cadáver permiten su ubicación. La experiencia enseña que son sitios de elección en la sien, la región precordial, la
frente, la boca, la región submentoniana. d) Para establecer si el disparo fue hecho a bocajarro o a corta distancia, las
características de la lesión nos lo indican.

En el caso de disparo a bocajarro, encontramos estallidos y arrancamientos cutáneos producidos por los gases, que originan en
conjunto la herida en boca de mina, ennegrecida por la pólvora quemada. El diagnóstico debe completarse con las siguientes
investigaciones complementarias: demostración de carboxihemoglobina en la sangre de la herida, investigación de sulfatos,
nitratos y nitritos, también en la herida y alrededores próximos. Asimismo, el examen histológico del orificio de entrada
proporciona valiosa información, al identificar gránulos de pólvora mediante la microscopía electrónica de barrido. Ahora bien, en
el caso de los disparos a corta distancia, es decir, los realizados a distancias inferiores al alcance de los elementos integrantes
del tatuaje, quedan definidos por la presencia de este alrededor del orificio de entrada. e) Para discernir si el sujeto disparó el
arma de fuego, la presencia de bario, antimonio y plomo en su mano es muy significativa, elementos cuya identificación se
realiza mediante las siguientes técnicas analíticas: la del rodizonato de sodio, que permite identificar bario y plomo; la de
Harrison-Gilroy, que hace posible identificar bario, plomo y antimonio; la espectroscopía de absorción atómica sin flama (FAAS),
que permite descubrir y además cuantificar (PPM) antimonio, bario, plomo y cobre; la microscopía electrónica de barrido (SEM)
con espectrometría de rayos X, que permite detectar partículas de pólvora, bario, plomo y antimonio. Mediante el microscopio
electrónico de barrido, los residuos de referencia son reconocidos por su forma y tamaño, y su composición química puede ser
determinada mediante espectrometría de rayos X. f) Para comprobar si en el arma en cuestión se encuentran las huellas digitales
del hoy occiso, las técnicas de revelado de las impresiones latentes, así como el respectivo cotejo con las del cadáver esclarecen
la incógnita. g) Para saber si el arma de fuego fue disparada recientemente, el olor típico de la pólvora deflagrada es muy
indicativo, así como la presencia de humo gaseoso en el cañón. Igualmente, un amarillo gris brillante, color grafito, en la boca del
arma y en la parte delantera de las celdillas del revólver, permite señalar que el disparo se ha producido no mucho tiempo antes.
En la pólvora negra, el color gris de los gránulos no combustionados que se adhieren a la recámara y a las paredes del ánima va
cambiando por el blanquecino debido a la absorción de la humedad del medio ambiente, conforme pasan las horas. La presencia
de nitratos, nitritos, plomo, bario y antimonio, en su conjunto o por separado, en el ánima del cañón y en la recámara del arma,
solamente indican que ésta fue disparada. Los nitritos se identifican mediante la técnica de Walker, que también se aplica en las
ropas para precisar la distancia del disparo. h) Para determinar si el proyectil fue disparado por el arma en cuestión, se procede
al microcotejo del proyectil testigo con el dubitado, utilizando para ello el microscopio de comparación balística. Ahora bien, la
concordancia evidente de las estrías de ambos proyectiles demuestra que éstos han sido disparados por el arma. i) Para tener la
certeza de que el recado póstumo fue escrito por el sujeto, se recurre a las técnicas grafoscópicas. De esta manera, si las
técnicas empíricas establecen que el sujeto murió a consecuencia del disparo; que el lugar de la lesión está a su alcance; que la
herida se encuentra en un sitio de elección de los suicidas; que el disparo fue a bocajarro; que el sujeto disparó el arma de fuego;
que también la empuñó; que el arma fue disparada recientemente; que el proyectil que produjo las lesiones fue disparado por el
arma que sujetaba el occiso; finalmente, que el autor del recado es el hoy occiso, podemos concluir que estamos ante un
suicidio. Pongamos otro ejemplo. Un sujeto se encuentra en posición sedente, con su cabeza sobre un escritorio, empuñando un
arma de fuego con su mano derecha. En la región frontal una herida producida al parecer por arma de fuego; el resto de su
cuerpo no presenta ninguna lesión. Sus ropas en orden, así como el propio lugar del suceso. La hipótesis que formulamos,
después de la ordenada y cuidadosa observación del lugar, es la de suicidio. Las consecuencias que se derivan de la hipótesis
son iguales a las del caso anterior, con excepción del recado póstumo, ya que en este caso no lo hubo. Ahora bien, el resultado
de las técnicas empíricas aplicadas para comprobar la hipótesis formulada es el siguiente: El sujeto murió a consecuencia de las
lesiones producidas por el disparo del arma de fuego. Sin embargo, durante el examen interno del cadáver se apreció un estado
congestivo visceral generalizado, así como un intenso olor a alcohol en el momento de abrir y examinar el contenido gástrico.
Esto motivó que se aplicaran las técnicas correspondientes para llevar a cabo la identificación y cuantificación de alcohol en el
occiso, a saber: espectrofotométricas y cromatográficas, especialmente cromatografía en fase gaseosa acoplada al espectómetro
de masas, con el siguiente resultado: 400% mg de alcohol en sangre. El sitio de la lesión está a su alcance. La herida se
encuentra en la zona de elección de los suicidas. El disparo fue muy próximo. Las técnicas para identificar bario, plomo y
antimonio en las manos del occiso no registraron estos elementos, indicando, por lo tanto, que es muy poco probable que haya
disparado el arma. Se registraron las impresiones dactilares del occiso en el arma que “empuñaba”.

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El arma fue disparada recientemente. El proyectil que produjo las lesiones fue disparada por el arma que sujetaba el occiso. La
conclusión del presente caso sería la siguiente: homicidio, ya que el grado de alcoholemia le impedía autolesionarse, pues
corresponde al estado de estupor (marcada disminución de las respuestas a los estímulos, incoordinación muscular apuntándose
parálisis). Por otro lado, con este dato, la ausencia en las manos de bario, plomo y antimonio demuestra que el sujeto no disparó
el arma. Además, la presencia de sus impresiones digitales en el arma que “empuñaba” permite pensar que la tuvo en sus manos
o que el victimario la colocó en ellas. O sea, que el homicida trató de simular un suicidio para ocultar su delito. Los ejemplos
anteriores muestran la importancia de proceder metódicamente en las investigaciones criminalísticas, pues el método conduce al
perito por camino seguro hacia el encuentro con la verdad, ya que mejor que buscarla sin método es no pensar nunca en ella,
recordando la expresión de Descartes. En otras palabras, la investigación criminalística debe ser metódica, no errática sino
planeada. Los investigadores no tantean en la oscuridad: saben lo que buscan y cómo encontrarlo. Si método y técnica, en
nuestro caso criminalístico, van casi siempre de la mano, en tanto que las técnicas son complemento del método, no podemos
dar por terminada la presente exposición sin antes hacer algunas breves consideraciones sobre la relación que guardan estas
dos “armas metodológicas”, así como sobre el límite y alcance de las técnicas, todo ello, claro está, en términos generales. “Las
técnicas, según apunta Eli de Gortari, forman parte de los métodos, pero no se confunden con ellos. Una técnica puede figurar en
varios métodos, sin que constituya necesariamente una parte intrínseca de método alguno”. Asentemos que la técnica no es el
camino como el método, sino el arte o manera de recorrer ese camino. Ahora bien, las técnicas criminalísticas están basadas en
logros científicos y el experto las aplica en el examen de los indicios, también denominados evidencia física. En su totalidad, son
valiosos apoyos del método criminalístico, el cual constituye, como ya señalamos, la estrategia de la investigación. Es muy
conveniente puntualizar que no todas las técnicas revisten la misma importancia. Así, tenemos que existen técnicas de
orientación, de probabilidad y de certeza, circunstancia que debe ser conocida por el propio perito, así como por los juzgadores,
quienes, en última instancia, se encargan de la valoración jurídica de las pruebas. Las técnicas de orientación son poco
específicas. Sus resultados, por lo tanto, solamente permiten establecer presunciones, es decir, nos ubican en el terreno de la
posibilidad. Las de probabilidad son más específicas que las de orientación. Sus resultados, en tal virtud, permiten emitir juicios
fundados en razones válidas, pero dejan subsistir cierto riesgo de error. Las técnicas de certeza son rigurosamente específicas, y
permiten manifestar juicios válidos que no dejan lugar a ninguna duda. Demos a continuación algunos ejemplos: en el caso de la
identificación de abuso de drogas, las técnicas con desarrollo de color (Marquis, Dillie-Koppany, Duquenois-Levin, Van Urk y
Scott) son consideradas como de orientación; las técnicas microcristalográficas (cloruro de oro, cloruro de platino, ioduro de
platino, acetato de sodio, ioduro de mercurio y cloruro de mercurio) se catalogan como de probabilidad en un grado elevado; las
cromatográficas (en capa delgada y de gases), las espectrofotométricas (infrarroja) y la espectrometría de masas se califican
como de certeza. Tratándose de la identificación de manchas de sangre, las técnicas con desarrollo de color (benzidina,
leucomalaquita verde y luminol) son valoradas como de orientación; las microcristalográficas (Teichman y Takayama) se
clasifican como de elevada probabilidad; las espectrofotométricas (ultravioleta), electroforéticas y cromatográficas (en papel, en
columna y en capa delgada), como de certeza, al igual que a las microespectroscópicas y microespectrométricas. Para detectar
los elementos (bario, plomo y antimonio) que maculan la mano de quien dispara un arma de fuego, las técnicas del rodizonato de
sodio y de Harrison-Gilroy son consideradas de orientación, ya que la presencia de estos elementos únicamente establece la
posibilidad de que pudieran proceder de un disparo, en tanto que son técnicas exclusivamente cualitativas. La técnica
espectrofotométrica de absorción atómica, mucha más específica que la primera, ya que es cualitativa y, a la vez, cuantitativa,
permite concluir que es muy probable que los elementos identificados procedan del hecho de haber disparado. La técnica
microscópica de barrido con microanalizador de rayos X, técnica que permite el reconocimiento y cuantificación de los elementos
buscados, así como la identificación de los residuos por su forma y tamaño, se cataloga como de certeza, ya que no deja duda
alguna de que elementos y residuos, al ser identificados conjuntamente, procedan del hecho de haber accionado un arma de
fuego.
Por lo que hemos señalado, el químico forense que se enfrenta a un problema analítico dispone con frecuencia de una variedad
asombrosa de técnicas para escoger. El tiempo que debe dedicar al trabajo analítico y la calidad de sus resultados dependen
críticamente de esta elección. Al tomar su decisión, el perito químico debe tener presente la complejidad de los materiales que
debe analizar, la concentración de las especies de interés, el número de muestras y la precisión requerida. Su elección
dependerá entonces de un conocimiento de los principios básicos de las distintas técnicas de que dispone, de sus ventajas y de
sus limitaciones.

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Día a día, las técnicas instrumentales de análisis van ganando terreno a las químicas tradicionales, en virtud de su mayor
precisión y sensibilidad, así como por no destruir, en la mayoría de los casos, el indicio examinado. Independientemente del
eficaz y adecuado aprovechamiento del método criminalístico, así como de sus técnicas en la búsqueda de la verdad, no
debemos olvidar que el investigador siempre debe sujetarse a los hechos, pues constituyen su haber positivo. “Debe ser,
recordando la expresión de Ramón y Cajal, un adepto ferviente de la religión de los hechos, pues éstos quedan y las teorías
pasan”. “Mi preocupación, repetía T. Huxley, es enseñar a mis aspiraciones a conformarse con los hechos, no intentar que los
hechos armonicen con mis aspiraciones”. Valiosas reflexiones de dos insignes maestros. El verdadero experto en criminalística
es un hombre de ciencia y, por lo tanto, debe proceder como tal, a saber: no emitir juicio alguno que no haya sido comprobado
empíricamente, ya sea mediante la observación o la experimentación. Para finalizar, recordemos que la “criminalística, en
ninguna de sus ramas, es arte adivinatorio, magia blanca, ni superchería, sino una disciplina científica nutrida, sostenida y
vigorizada por todas las ramas del saber humano”, según dejó escrito Israel Castellanos.