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ARQUEOLOGIA DE COLOMBIA:

Un texto Introductorio.
Gerardo Reichel-Dolmatoff.

Capítulo VIII
LA ETAPA DE LOS ESTADOS INCIPIENTES

En algunas pocas regiones de Colombia los desarro- lia lingüística Chibcha, en buena parte ocupaba las cu-
llos culturales superaron la etapa de los cacicazgos y encas de los antiguos lagos pleistocénicos, entre Bo-
lograron un nivel algo más complejo. Se trata de los gotá y Tunja, región que entonces como hoy día esta-
Muiscas de las tierras altas alrededor de Bogotá y de ba densamente poblada. Cuando, en 1.537, las prime-
los Taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Ro- ras tropas españolas llegaron al altiplano cundiboya-
deados por tribus o pequeños cacicazgos de un nivel cense, después de haber penetrado por selvas que
cultural más bajo, por grupos hostiles que, según las aún en la actualidad presentan obstáculos formida-
descripciones de los cronistas, se parecían más a bles, los conquistadores encontraron a los Muiscas or-
"bárbaros" intrusos que a vecinos subordinados, estas ganizados en dos federaciones no del todo coheren-
dos sociedades lograron una cohesión política nota- tes. Mientras que un jefe denominado Zipa controlaba
ble. Sería tal vez impropio hablar aquí de toda una e- la parte meridional de las tierras altas centradas en
tapa de estados incipientes y menos aún de reinos o Bacatá (o Bogotá), otro jefe denominado Zaque tenía
de civilizaciones: más bien se trata de ocasionales fe- su dominio en el norte, en la región de Hunza (o Tun-
deraciones de aldeas, en las cuales un crecido núme- ja). Los cronistas españoles escribieron pasajes llenos
ro de aldeas de una misma etnia se reunían bajo el de admiración sobre los Muiscas; hablaron de sus "re-
control de un individuo, un gran cacique que, ocasio- yes" y nobles, sus riquezas de oro y esmeraldas, de
nalmente, incorporaba en su persona las funciones de sus plazas fortificadas con palizadas comparables a
jefe militar, administrador político y sacerdote. En am- alcázares. En efecto, escribían de los Muiscas como si
bas regiones, en los altiplanos andinos y en las faldas hubieran descubierto una nación altamente civilizada,
de la Sierra Nevada, una densa población, fértiles sue- casi a la par con los estados mesoamericanos o cen-
los, una tecnología eficaz y un sistema religioso inte- troandinos2.
grado marcan nuevos rumbos, un nuevo nivel de a- Si evaluamos la cultura Muisca sólo según la canti-
vance cultural que pasó más allá de la etapa de los dad y calidad de sus vestigios materiales que se han
cacicazgos. hallado hasta hoy en los yacimientos arqueológicos,
Aunque los Muiscas y los Taironas tienen mucho en dificilmente les atribuiríamos un nivel tan avanzado co-
común, también varían en detalles significantes de mo aquel que les asigna la literatura histórico-arqueo-
contenido y énfasis cultural. Debido a diferencias en lógica, antigua y aún moderna. Tomando rasgo por
su medio ambiente físico, su equipo tecnológico, sus rasgo: arquitectura, urbanismo, funebría, cerámica,
tradiciones locales y sus contactos con otras zonas metalurgia, etc., queda evidente que varios cacicazgos
culturales, ellos habían desarrollado orientaciones di- del Valle del Cauca, de la Cordillera Central, o de la
vergentes y es necesario entonces tratar de estas dos Costa Caribe habían logrado un desarrollo similar y a-
culturas por aparte. ún superior al muisca. Las fuentes históricas muestran
Sobre los fríos altiplanos de los departamentos de que, en términos de cohesión política, organización
Cundinamarca y Boyacá, distritos montañosos del
sector central de la gran Cordillera Oriental, floreció en sidad de los Andes, Bogotá, 1.973.
2
el siglo XVI una numerosa población de indios llama- La mejor monografía sobre los Muiscas es: Pérez de Barradas, Jo-
dos los Muiscas1. Este pueblo, perteneciente a la fami- sé. Los Muiscas antes de la Conquista. 2 Vol., Consejo Superior de
Investigaciones Científicas. Instituto Bernardino de Sahagún, Ma-
drid. 1.950-1.951. Otras fuentes importantes son: Broadbent, Sylvia
1
Para la delimitación del territorio Muisca, véase Falchetti, Ana Ma- M. Los Chibchas. Organización Sociopolítica. Facultad de Sociolo-
ría & Clemencia Plazas de Nieto. El territorio de los Muiscas en la gía, Universidad Nacional. Bogotá, 1.964; Restrepo, Vicente. Los
llegada de los españoles Cuadernos de Antropología, N° 1, Univer- Chibchas antes de la conquista española. Bogotá, 1.895.

1
social y eficiencia económica, los Muiscas ciertamente meraldas, coca y telas de algodón, que se cambiaban
habían evolucionado más allá del nivel de los grupos por oro, plumas, aves, yopo (un rapé narcótico). En
vecinos, pero los datos arqueológicos no confirman a- varios lugares del territorio Muisca había mercados
quella imagen dada por los cronistas, de una sociedad donde también se comerciaban periódicamente estos
verdaderamente más avanzada que sus contemporá- productos.
neos. Hay que admitir que los datos arqueológicos a- Aunque el Zipa y el Zaque eran nominalmente seño-
ún son escasos; también se debe tener en cuenta que res soberanos de sus respectivos territorios, había
muchos avances de los Muiscas tal vez se lograron en muchas rivalidades entre caciques locales, lo que llevó
dimensiones en las cuales no podrían conservarse a frecuentes alianzas e irrupciones en las cuales un
vestigios materiales para el registro arqueológico; pero jefe local trataba de someter a los súbditos de otro.
no deja de ser extraña esta aparente falta de eviden- Sin embargo, tanto el Zipa como el Zaque tenían el
cia material de rasgos culturales avanzados3. poder de organizar ejércitos, imponer tributos y legisla-
Antes de proceder a discutir las bases prehistóricas dor sobre sus súbditos, rasgos que podrían interpre-
de la sociedad Muisca, debemos resumir a grandes tarse como característicos de un estado; sin embargo,
rasgos los principales aspectos de su cultura, tal como había pequeños señoríos independientes cuyos jefes
la conocemos a través de las crónicas. Los Muiscas no obedecían la autoridad del Zipa o del Zaque. Por
cultivaban intensivamente sus tierras donde habían cierto, en las fuentes históricas se nota a veces cierta
domesticado varias plantas propias de las alturas an- oposición entre los dominios del Zipa y del Zaque, lo
dinas; entre sus cultígenos estaban por lo menos dos que hace pensar en un dualismo subyacente.
clases locales de papa, además del maíz, auyama, La clase gobernante (por lo demás no se puede ha-
quinoa, ulluco, oca, topinambur, cubios, coca, tabaco, blar de clases sociales propiamente dichas), en la cual
etc. En muchas zonas del territorio Muisca se pueden la sucesión era matrilinear, vivía en grandes y bien
observar los vestigios de extensas terrazas de cultivo construidas casas, en "palacios" al decir de los cronis-
(generalmente sin murallas de contención), eras, zan- tas, y se transportaban en literas enchapadas de oro.
jas de desagüe, restos de camellones y otros indicios Tanto los gobernantes como los sacerdotes (jeques)
de una agricultura muy activa. Ya que algunas zonas tenían que pasar por largas épocas de entrenamiento
del territorio Muisca abarcaban también valles de cli- antes de asumir sus respectivos cargos, formación
ma templado, la población del altiplano podía contar que conllevó años de reclusión en un templo donde a-
con muchos productos de las vertientes subtropicales yunaban, se abstenían de relaciones sexuales y a-
tales como maíz, yuca, arracacha, algodón y frutas ar- prendían la historia sagrada y las prácticas esotéricas
bóreas. de su religión. Esta se centraba en un culto solar;
Los Muiscas mantenían relaciones de comercio y grandes templos estaban dedicados al sol y a la luna;
trueque con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los las lagunas, cuevas y cumbres de colinas también te-
principales artículos que se exportaban eran sal4, es- nían un carácter sagrado. En estos lugares se conser-
vaban los ídolos de madera, algodón, piedra, oro, y allí
3
Sobre arqueología muisca véanse, entre otras, las siguientes publi- se hacían ofrendas en forma de esmeraldas y de figu-
caciones: Broadbent, Sylvia M. "Investigaciones arqueológicas en rinas llamadas tunjos; al mismo tiempo se quemaba u-
territorio Chibcha" Antropología 1. Ediciones de la Universidad de na resina (moque) y los sacerdotes consumían drogas
los Andes, Bogotá, 1.965; id. "Stone Roofed Chambers in Chibcha alucinógenas. Parte del culto al sol consistía en sacrifi-
Territory. Colombia" Ñawpa Pacha, Vol. 3. pp. 93-110, Institute of
Andean Studies, Univetsity of California, Berkeley, 1.965; id. "Inves- cios humanos, siendo las víctimas hombres cautivos
tigaciones arqueológicas en territorio Chibcha-I: Hallazgos aislados en las ocasionales guerras con tribus vecinas. En al-
y monumentos de piedra" Antropología N°4, Ediciones de la Univer- gunas zonas fronterizas los Muiscas mantenían tropas
sidad de los Andes, Bogotá, 1.970; id. "Tradiciones cerámicas de las permanentes (guechas). La guerra contra los Panches
Altiplanicies de Cundinamarca y Boyacá" Revista Colombiana de
Antropología, Vol. XVI, pp. 223-248, Bogotá, 1.974; Castillo, Neila (o del valle del Magdalena era prácticamente crónica;
Neyla Castillo Espitia).Arqueología de Tunja. Fundación de Investi- con ella los Muiscas defendían las tierras subtropica-
gaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá, les al tiempo que cautivan víctimas para los sacrificios
1.984; Falchetti, Ana Maria Arqueología de Sutamarchan, Boyacá. religiosos. Un sacrificio especial se hacía de niños que
Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1.975; Haury, Emil W. & Julio Cé-
sar Cubillos. "Investigaciones arqueológicas en la Sabana de Bogo- habían sido traídos de los Llanos del Orinoco y que se
tá, Colombia (Cultura Chibcha) University of Arizona Bulletin, Vol. entrenaban años dentro de un templo, antes de ser
XXIV, N° 2, Tucson, 1.953; Restrepo. Vicente. Atlas Arqueológico, sacrificados. Se extraía el corazón y las vísceras de la
París, 1.895; Silva Celis, Eliécer "Investigaciones arqueológicas en víctima, como alimentos para el sol, y la sangre se ro-
Sogamoso" Boletín de Arqueología, Vol. 1, N° 1, pp. 36- 48; Vol. 1,
N°2, pp. 93-112; Vol. 1, N°4, pp. 283-297; Vol. 1, N°6, pp. 467-490, ciaba sobre los santuarios. En otro sacrificio ritual la
Bogotá, .1945; id. "Contribuciones a la arqueología y prehistoria del víctima se amarraba en lo más alto de un poste y des-
valle de Tenza" Homenaje al Profesor Paul Rivet, pp. 243-270, Aca- de abajo se le disparaban flechas. También se practi-
demia Colombiana de Historia, Bogotá, 1.958; Triana, Miguel. La Ci- caban sacrificios de niños para propiciar las lluvias, o
vilización Chibcha. Escuela Tipográfica Salesiana, Bogotá, 1.922;
Uricoechea, Ezequiel. Memoria sobre las Antigüedades Neograna- para consagrar un templo. El principal héroe cultural,
dinas. Librería de F. Scheneider i Cía. Berlín, 1.854. Acerca de la ar- llamado Bochica, había enseñado a las gentes mu-
queología "premuisca", véanse las notas bibliográficas para el Capí- chas normas morales así como artes y oficios, antes
tulo IV, así como las notas para el formativo en los altiplanos andi- de ascender al cielo. Como es obvio de esta breve
nos; Cf. Capítulo III.
4 descripción, las costumbres de los Muiscas contenían
Cardale de Schrimpff, Marianne. Las Salinas de Zipaquirás Su Ex-
plotación Indígena. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Na- muchos elementos comparables con las sociedades
cionales, Banco de la República, Bogotá, 1.981. mesoamericanas.

2
Examinaremos ahora la evidencia arqueológica. A- ce haber sido más que una casa ceremonial, tal vez la
unque los Muiscas de la época de la Conquista se di- residencia de un jefe o sacerdote local7.
cen haber vivido en grandes "ciudades" y aldeas nu- En las cercanías de Villa de Leyva se encuentra el
cleadas, los arqueólogos han encontrado muy pocos lugar llamado Saquenzipa (o El Infiernito), donde exis-
vestigios de tales concentraciones de viviendas 5. Es te un complejo arquitectónico de mayores dimensio-
posible que muchos yacimientos prehistóricos hayan nes. El rasgo principal consiste en una hilera recta de
sido destruidos en el curso de los últimos siglos, sea una veintena de columnas cilíndricas de piedra orien-
por la intensiva agricultura, por obras de ingeniería tadas en dirección este-oeste, es decir equinoccial.
moderna o por el proceso de urbanización, pero queda Este simple rasgo indica que se trata de un lugar de
dificil explicar la aparente escasez de aldeas prehistó- observación solar, de un calendario que marca los e-
ricas. En algunas colinas y faldas se pueden observar quinoccios y, junto con ellos, los comienzos de las dos
sitios de habitación dispersos, circulares o semicircula- estaciones de lluvia (21 de marzo y 21 de septiembre).
res, marcados por algunas piedras puestas en anillo o Tampoco es casualidad que el día del solsticio (24 de
por fragmentos cerámicos y piedras de moler, pero es- junio), el sol, visto desde la hilera de piedras, se levan-
tos vestigios no son frecuentes y los lugares no dan la ta exactamente sobre la laguna de Iguaque, lugar sa-
impresión de haber sido ocupados por largos perío- grado donde, según la mitología de los Muiscas, sur-
dos. Parece pues que los Muiscas formaban esencial- gió la diosa Bachué, progenitora de los indios de estas
mente una población rural que vivía en pequeños ca- comarcas8. Hay luego un gran número de columnas o
seríos dispersos sobre las faldas y planicies de su há- menhires sueltos en Saquenzipa y otros lugares, mu-
bitat, sin formar grandes aldeas ni centros urbanos. En chos de ellos mostrando una escotadura anular en un
los pocos casos en que se han hallado agrupaciones extremo más o menos puntiagudo 9. El sitio de Saqu-
de casas se trata de lugares rituales donde probable- enzipa indudablemente era un observatorio astronómi-
mente residían los principales sacerdotes y donde la co donde las diversas columnas o sus alineaciones
gente de los alrededores se reunía para celebrar cere- marcaban en el horizonte los puntos de salida o pues-
monias colectivas, como por ejemplo el caso de Soga- ta de ciertos astros o constelaciones. Para las mentes
moso. medievales de los doctrineros constituía pues un lugar
Indicios de una intensa actividad agrícola se obser- diabólico (El Infiernito) y la destrucción del sitio se ini-
van en muchas zonas6, como por ejemplo en la loma ció ya en el siglo XVI y ha continuado hasta hoy en
de Suba, cerca de Bogotá, en Sopó, Suesca, Guasca, día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio y se
Chocontá y, en lo general, a lo largo del eje Bogotá- han incorporado en la construcción de casas campe-
Tunja-Sogamoso. Se trata de terrazas, zanjas, eras, sinas y aún de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy
camellones, que cubren extensiones más o menos en día este importante complejo ritual y científico pre-
grandes en las faldas de las colinas, generalmente a senta un aspecto desolador, punto de vista su puesta
poca altura sobre el fondo del valle. en valor como uno de los testimonios más sobresali-
Cerca de Tunja y en algunos otros lugares del sector entes del pensamiento científico muisca. Se ha dicho
nororiental del territorio Muisca, se conocen, desde el que columnas similares se encuentran cerca de Tunja,
siglo pasado, algunos recintos consistentes de colum- Ramiriquí, Tibaná y otros lugares de Boyacá10.
nas de piedras toscamente labradas y colocadas en Es muy posible que ciertas tallas antropomorfas de
un círculo, óvalo o rectángulo. Huecos donde antigua- piedra pertenezcan a un nivel cronológico anterior al
mente había postes indican que estas columnas origi- de los Muiscas, pero las mencionaremos aquí ya que
nalmente estaban combinadas con construcciones de no se tienen pruebas estratigráficas. En el lodo de las
madera, y a veces un gran hueco marca el punto don- orillas de la Laguna de Fúquene, al norte de Bogotá,
de se encontraba un poste central. La excavación (po- 7
co metódica) de estos recintos no produjo datos pre- Broadbent, Sylvia M. Supra, 1.970; Hemández de Alba, Gregorio
"El Templo del Sol de Goranchacha" Revista de las Indias, VoL II.
cisos de importancia; había algunos fragmentos cerá- pp. 10,18, Bogotá, s.f.; Silva Celis, Eliécer, supra, Nota 3, 1.945.
micos y piedras de moler, y al pie de una columna se 8
Reichel-Dolmatoff, G. "Astronomical Models of Social Behaviour A-
encontraron los huesos de un niño, tal vez un sacrificio mong Some Indians of Colombia"Annals of the New York Academy
hecho al efectuarse la construcción. El llamado "Tem- of Sciences, Vol. 385. pp. 165-181, New York. 1.982.
9
plo del Sol" en Sogamoso era una de estas construc- Algunas personas creen ver falos en estas columnas, ergo un "cul-
ciones y fue incendiado por los españoles; este lugar to fálico" en el valle de Villa de Leyva. No concuerdo con estas inter-
tan citado en las fuentes históricas tempranas no pare- pretaciones y me parece que las escotaduras tuvieron una función
práctica en el transporte y la erección de las columnas.
10
Silva Celis, Eliécer "Monumento solar muisca en Villa de Leyva
"Pensamiento y Acción, N° 1, pp. 1-4, Universidad Pedagógica y
Tecnológica de Colombia, Tunja, 1.978; id. "Investigaciones arqueo-
5 lógicas en Villa de Leyva" Boletín Museo del Oro, Año 4, pp. 1-16.
Sobre el asentamiento del antiguo Bogotá (Bacatá) véase, por e- Banco dala República, Bogotá, 1.981. Silva cita tres fechas de radio-
jemplo, Broadbent, Sylvia M. "The Site of Chibcha Bogotá" Ñawpa carbono: IAN-148 230 años antes de Cristo, IAN-1 19540 años a. de
Pacha, N" 4, pp. 1-13. Institute of Andean Studies. University of Ca- C. IAN-138 930 años a. de C. Si aceptamos estas fechas, la edad
lifornia, Berkeley, 1.966. de la construcción se remonta a la de la cerámica de tipo Formativo,
6
Broadbent, Sylvia M. "Agricultural Terraces in Chibcha Territory" A- lo que desde luego no es sorprendente si tenemos en cuenta la gran
merican Antiquity, Vol. 29, No. 4, pp. 501-504,1.964; id "A Prehisto- antigüedad de construcciones astronómicas en América. Cabe aña-
ric Field System in Chibcha Territory, Colombia" Ñawpa Pacha, No. dir aquí que hay vagas informaciones sobre complejos arquitectóni-
6, pp. 165-147, Institute of Andean Studies, University of California, cos prehistóricos en las tierras altas del Sumapaz, macizo al sur de
Berkeley. 1.968. Bogotá. Se mencionan cimientos circulares y otros más.

3
se han encontrado muchas figurinas cuando, en 1942, ñados por cerámicas, volantes de huso y objetos de o-
bajó el nivel de las aguas. Trozos de piedra blanda, de ro, según la categoría social del muerto. Otro tipo de
forma aproximadamente de un ladrillo, habían sido ta- entierros consiste de sencillos pozos redondos en los
llados toscamente para representar efigies humanas cuales el cadáver fue colocado en posición flexionada.
muy estilizadas, en posición acurrucada 11. Aún más al Sepulturas en forma de pozo con cámara lateral no
Norte, en las cuevas de La Belleza, en el departamen- parecen existir en territorio muisca, pero entierros se-
to de Santander, se hallaron centenares de pequeñas cundarios en sencillas urnas globulares han aparecido
tallas antropomorfas de la misma tipología; muestran en algunas ocasiones, por ejemplo en Soacha.
figuras humanas muy geometrizadas, algunas senta- La cerámica muisca, aunque competente y tecnoló-
das en pequeños bancos de cuatro patas, otras acu- gicamente bien hecha, es mucho menos elaborada
rrucadas o de pie12. En ambos casos, tanto en la La- que la mayoría de las cerámicas de los cacicazgos tro-
guna de Fúquene como en las cuevas, parece tratarse picales15. Como regla general los Muiscas manufactu-
de ofrendas. raban vasijas monocromas, ásperas, de superficie o-
Otra categoría de tallas se descubrió en 1.964 cerca paca, de color oscuro, rojo, gris o anaranjado. Las for-
de Mongua, en el distrito de Sogamoso, a unos 3.000 mas más comunes son las de simples ollas globulares
metros sobre el nivel del mar. Allí se trata de seis o subglobulares de uso culinario, en ocasiones deco-
grandes estatuas antropomorfas de forma más o me- radas alrededor de la boca y muchas veces provistas
nos cilíndrica y con los rasgos faciales y las extremida- de dos o cuatro pequeñas asas anulares. Cuencos y
des talladas en relieve13. Tallas antropomorfas de ma- copas de pedestal también son bastante comunes, lo
dera se han extraído de algunas cuevas secas; un e- mismo que recipientes globulares con alto cuello cilín-
jemplar procedente de Bojacá, Sabana de Bogotá, y drico. Vasijas dobles, vasijas en forma de zueco, vasi-
que está en el Museo Nacional desde el siglo pasado, jas en forma de barril se encuentran en muchas colec-
ilustrado en el Atlas Arqueológico de Vicente Restrepo ciones. Un elevado porcentaje de las cerámicas muis-
(París, 1.895), dio una fecha de radiocarbono de 1.420 cas está sin decorar; cuando llevan alguna decoración
d. de C. se trata generalmente de pintura roja sobre un fondo
Hay varios tipos de entierros en territorio muisca. E- anaranjado, blanco o crema, y a veces se observa pin-
xisten cuevas funerarias donde se depositaron uno o tura bicromada en rojo y blanco sobre un fondo color
varios cadáveres en posición de cuclillas, con las ro- naranja. Los motivos decorativos, sean éstos pintados
dillas tocando la mandíbula inferior y los brazos reco- o incisos, generalmente toman la forma de líneas pa-
gidos sobre el pecho. Frecuentemente los cadáveres ralelas, triángulos, espirales, círculos concéntricos, á-
habían sido destripados y secados en el humo de una reas punteadas o series de elementos en forma de T.
hoguera. En ocasiones se han conservado, las telas, A veces hay decoración modelada y aplicada a la su-
fajas, gorros y mochilas con que los cadáveres esta- perficie: pequeñas ranas, culebras o simplemente
ban revestidos; otros elementos del ajuar consisten en franjas onduladas, pequeñas protuberancias u otros
cerámicas, volantes de huso, propulsores de madera detalles plásticos.
provistos de sus ganchos de piedra, y herramientas de Figuras o vasijas antropomorfas atestiguan un estilo
madera para operar los telares. Objetos de orfebrería muy distintivo. La cara humana se representa como
parecen ser muy escasos en este tipo de entierro. A teniendo forma de un escudo; los ojos y los labios se
veces el cadáver se encontró sentado en un banquillo indican con barras horizontales, y la nariz, modelada y
tallado de madera. Una manta procedente de una cue- prominente, tiene a veces una gran placa ornamental,
va funeraria de la región de Los Santos (departamento de forma rectangular alargada. En algunas de estas fi-
de Santander), dio una fecha de 1.195 d. de C. En una guras cerámicas, la cabeza está cubierta con gorros
cueva cerca de Sibaté, también en la Sabana de Bo- de distintas formas, y algunas figuras tienen largos co-
gotá, se descubrió el cadáver momificado de un niño; llares cruzados sobre el pecho, a manera de dos ban-
llevaba una corona de plumas de loro y de su cuello doleras. En ocasiones, ciertas figuras cerámicas, que
colgaba una cuenta de collar del tipo millefiori, atesti- tal vez podrían ser la representación de la diosa Ba-
guando esto la costumbre del entierro en cuevas hasta chué, tienen en su interior pequeñas figurinas de oro,
la época de la conquista española 14. Entierros en tum- como ofrenda o rito de fertilidad. En términos genera-
bas rectangulares alargadas revestidas de toscas la- les, el arte alfarero muisca es rígido y simétrico, que
jas, contienen esqueletos en posición supina acompa- contrasta con el de las culturas prehistóricas de las
tierras bajas tropicales. El cuerpo humano se repre-
11 senta de forma desproporcionada, la cabeza es dema-
Hernández de Alba, Gregorio "Hallazgo arqueológico de la
Laguna de Fúquene" Revista Cromos, s.f. (1.944?); id.
siado grande, mientras que las extremidades son fili-
"Descubrimientos ar-queológicos en tierras de los Chibchas. Laguna formes y carecen de toda naturalidad de movimiento.
de Fúquene" Boletín del Museo Arqueológico de Colombia, año II,
N° 1, pp. 23-30, Bogo-tá. 1.944.
12
Recasens, José de. "Las esculturas de piedra blanda de ‘La Belle- 15
El trabajo que mejor resume la incipiente cronología cerámica del
za’ ". Revista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. II. N° 1, pp. 117-
152, Bogotá, 1.945. territorio muisca es de Marianne Cardale de Schrimpff "Ocupaciones
13 humanas en el Altiplano Cundiboyacense: La etapa cerámica vista
Silva Celis, Eliécer "Las Estatuas de la Salina de Mongua" Revista desde Zipaquirá" Boletín del Museo del Oro, año 4, pp. 1-20, Banco
Educación, Vol. VI, N° 3, pp. 1-16, 1.966. de la República, 1.981. Cardale (1976, p. 422) cita equivocadamen-
14
Véase también Lunardi, Federico. La Vida en las Tumbas. Rio de te la fechada Falchetti (1975. p. 164) como 1.005 a. de C. La fecha
Janeiro, 1.935 (figs. 114-115). correcta de Falchetti es 1.005 d. de C.

4
Los Muiscas se destacan por un arte lapidario en pe- fías cuya distribución coincide en detalle con el territo-
queña escala pero de formas armónicas y profusa- rio que dichos indios ocupaban en la época de la Con-
mente decoradas. El material sin embargo no consiste quista17. Estos vestigios se encuentran generalmente
en piedras semipreciosas sino en pizarras u otras ro- pintados sobre paredes más o menos verticales, bajo
cas relativamente blandas. Una categoría muy carac- abrigos rocosos o en cavernas de poca profundidad.
terística la constituyen los volantes de huso que se ta- Las pinturas, ejecutadas casi siempre en color rojo y
llaron como discos, conos, cubos, cilindros o lentejas, ocasionalmente en negro, muestran motivos lineares,
todos decorados con motivos finamente incisos. Tam- hileras de puntos, rombos, rectángulos cuartelados,
bién hay pequeñas tallas antropo o zoomorfas que re- círculos con líneas radiales, zonas punteadas, y mu-
presentan aves, peces, reptiles o figuras humanas es- chos otros elementos más. Las figuras biomorfas son
tilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno de un excepcionales18.
pigmento mineral blanco, lo que hace resaltar los Al resumir lo aquí expuesto sobre los Muiscas, se
motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra cate- puede decir que los hallazgos arqueológicos efectua-
goría de objetos consiste de matrices para el trabajo dos hasta la fecha no comprueban una cultura nota-
de orfebrería; son tallas en relieve que representan ra- blemente avanzada. Conste sin embargo que, en vista
nas, aves, mascarillas o elementos geométricos, y o- de la misma naturaleza de los vestigios, sólo podemos
casionalmente se trata de obras bien proporcionadas y reconstruir una imagen muy parcial del pasado pre-
cuidadosamente acabadas. histórico de esta sociedad andina. Muchos de los as-
No hay depósitos auríferos en territorio muisca y así pectos más avanzados de la cultura muisca simple-
los indios tuvieron que adquirir aquella materia prima mente no dejaron huellas fácilmente discernibles en
de sus vecinos. Los artefactos de orfebrería muisca las excavaciones arqueológicas; la cosmología, la as-
muestran la misma calidad tiesa y bidimensional que tronomía, la organización social, el sistema jurídico y
caracteriza a muchos de los objetos de barro o de pie- tributario, éstas y tantas otras características que ape-
dra. Las típicas figurinas humanas de oro, tumbaga o nas vislumbramos a través de los relatos fragmenta-
cobre, o sea los tunjos, consisten de una delgada pla- rios de los cronistas son difíciles, aunque no imposi-
ca en forma triangular muy alargada, casi como una bles de trazar arqueológicamente, y faltan aún déca-
cuña puntiaguda, sobre la cual se aplicaron una serie das de investigaciones intensivas hasta que tengamos
de rasgos fisicos y de objetos en forma de hilos. Tam- una noción más concreta de lo que realmente fueron
bién en calidad de ofrendas manufacturaron figuras la sociedad y la cultura de los antiguos Muiscas.
zoomorfas y un gran número de pequeños objetos ta- En las faldas y altiplanos de la Cordillera Oriental, al
les como coronas, insignias de mando, propulsores, u- norte de los Muiscas, vivían algunas agrupaciones in-
tensilios caseros, todo en miniatura. En lo general, la dígenas que compartían muchos rasgos culturales con
metalurgia muisca tenía ante todo una función religio- los habitantes de la región cundiboyacense, pero que
sa y no tanto la de joyas personales. Por cierto, tecno- formaban pequeños cacicazgos independientes, todos
lógica y estéticamente la metalurgia muisca estaba con agricultura bastante desarrollada y con metalurgia,
mucho menos desarrollada que la de la mayoría de los textiles y tallas líticas. Los Guanes, Laches, Chitarre-
cacicazgos del trópico colombiano. Algunas fechas ros y otros, se extendían sobre los actuales departa-
cronológicas son aquí de interés16. mentos de Santander, pero no mucho sabemos de la
arqueología de estas regiones19. Los pocos complejos
cerámicos que se conocen de esta extensa zona con-
TABLA III: tienen varios tipos pintados, de motivos geométricos,
Fechas radiocarbónicas de que muy probablemente se relacionan con el Segundo
metalurgia muisca Horizonte Pintado del río Ranchería y, a través de és-
te, con los complejos bicromados del occidente de Ve-
SITIO OBJETO FECHA NUMERO nezuela. De todos modos parece que haya habido un
estrecho contacto prehistórico entre los pueblos de
Guatavita Colgante de Tumbaga 645 d. C. I – 1.953
17
Santo Sobre el arte rupestre véanse, entre otros: Pérez de Barradas, Jo-
Nariguera de Tumbaga 960 d. C. I – 2.362 sé. El Arte Rupestre en Colombia. Publicaciones del Consejo Supe-
Domingo
GrN – rior de Investigaciones Científicas, Instituto Bernardino de Sahagún,
Chisacá Caracol de Cobre 1.110 d. C. Madrid, 1.941; Triana, Miguel. El Jeroglífico Chibcha. Biblioteca
4.004
Banco Popular, Bogotá, 1.970.
? Tunjo de Cobre 1.055 d. C. ? 18
A poca distancia, al norte de Guasca, hay un pequeño valle don-
Finalmente caben aquí algunas observaciones sobre de, cerca de una fuente termal. se encuentra uno de los poquísimos
petroglifos que se conocen del territorio muisca. Son signos profun-
el arte rupestre. En la región muisca existen pictogra- damente grabados en la roca, que no parecen relacionarse con los
motivos pictográficos.
16 19
Falchetti de Sáenz, Ana María "Colgantes ‘Darién’: Relaciones en- Morales G., Jorge & Gilberto Cadavid. Investigaciones etnohistóri-
tre áreas orfebres del occidente colombiano y Centroamérica" Bole- cas y arqueológicas en el Area Guane. Fundación de Investigacio-
tín del Museo del Oro, Año 2, pp. 1-55, Banco de la República, Bo- nes Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá,
gotá, 1.979; Mielke, James & Austin Lang "Smithsonian Institution 1.984: Silva Celis, Eliécer "Contribuciones al conocimiento de la civi-
Radiocarbon Measurements V" Radio carbon, Vol. II, N° 1, pp. 163- lización Lache Boletín de Arqueología, Vol. II, N° 5, pp. 371-424, Bo-
182, New Hayan, 1.969. La fecha de C14, de algunos objetos de gotá, 1.945; Sutherland. Donald R.Preliminary Investigations ínto the
metalurgia muisca, pudo obtenerse gracias al carbón pulverizado, Prehistory of Santander, Colombia. Disertación doctoral. Tulane Uni-
que constituye el núcleo sólido de estos artefactos. versity. New Orleans, 1.971.

5
lengua Chibcha (Muisca, Guanes, Laches, Tunebos, rentemente tenía relaciones de trueque con grupos in-
Sierra Nevada de Santa Marta), a lo largo de la Cordi- dígenas hasta el interior del país.
llera Oriental, cuyos detalles cronológicos, tipológicos Al comienzo del siglo algunas aldeas y ciudades se
y socioculturales aún faltan por dilucidar. aliaron bajo el mando de caciques locales. Parece que
La cultura indígena más avanzada de Colombia se en aquel entonces entre los Taironas y sus vecinos in-
desarrolló en la Sierra Nevada de Santa Marta. Los mediatos habían surgido luchas internas por el poder,
Taironas20, que a comienzos del siglo XVI ocupaban en parte entre ciudades, en parte entre la autoridad de
las estribaciones de las montañas, sólo raras veces se los caciques y la de un grupo influyente de sacerdotes,
establecieron a una altura por encima de los 2.000 circunstancia que, desde luego, fue aprovechada por
metros sobre el nivel del mar. La densa población vi- los españoles. Los Taironas eran una sociedad muy a-
vía, en parte, en aldeas nucleadas, algunas de las cu- guerrida; los guerreros distinguidos llevaban insignias
ales eran verdaderas ciudades habitadas por miles de especiales y los cronistas decían que algunas ciuda-
personas; hablando de ciertos valles, los cronistas des estaban defendidas por varios miles de guerreros.
mencionan centenares de pueblos y miles de casas. Las crónicas no dan mayores detalles sobre las
Sobre la forma y disposición de los asentamientos prácticas religiosas de los Taironas. Mencionan que
taironas los cronistas contienen muchos datos de im- todas las aldeas y ciudades tenían templos o casas
portancia21. Las aldeas y ciudades estaban ubicadas ceremoniales donde "la gente adoraba al diablo" y ha-
en las faldas de la Sierra, a veces en las vegas de los cían peregrinajes a los valles remotos de la Sierra,
cursos bajos de los ríos, pero también en ocasiones donde había lugares especialmente sagrados. Tam-
sobre cimas, en posiciones estratégicas de defensa. bién se describen brevemente varias formas de entie-
En la época de la conquista española las ciudades rro: en "bóvedas", en urnas, y por disecación del cadá-
principales eran Bonda, Pocigueica y Taironaca, pero ver.
fuera de ellas había centenares de núcleos poblados, En la conquista de los Taironas y sus vecinos los es-
entre ellos varias ciudades de gran extensión. Al des- pañoles estuvieron empeñados casi todo el siglo XVI.
cubrir la arquitectura lítica los cronistas hablan de los La última gran rebelión ocurrió en 1.599 y fue somet-
cimientos de casas y templos, las calles y plazas "en- ida en 1.600, después de varios meses de batallas en
losadas" con lajas, las escaleras y además unas ex- que finalmente se venció toda resistencia y se des-
tensas redes de caminos empedrados. Las paredes truyó la cohesión social de los indígenas. Las tropas
de las casas no eran hechas de piedras sino tal vez de españolas incendiaron y saquearon aldeas y ciudades,
espartería y los techos estaban cubiertos con paja o devastaron los cultivos y cautivaron la mayoría de los
con hojas de palma. También se mencionan construc- caciques y sacerdotes, excepto aquellos que lograron
ciones ceremoniales edificadas en forma de grandes huir a las fragosidades de la Sierra 22.
escalones a través de los cuales ascendían escaleras Pasemos ahora a examinar la evidencia arqueológi-
por las cuales la gente subía a plataformas elevadas. ca para esta zona23. Vestigios arquitectónicos y obras
La base económica de los Taironas fue el cultivo del
maíz y éste, así como otros cultígenos y frutales, se 22
Sobre la geografía de la Sierra Nevada y sobre la etnografía de
sembraban en campos y terrazas irrigadas. En las tie- las tribus actuales, remanentes de las del siglo XVI, véanse, entre o-
rras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, tros: Krogzemis, James R. A Historical Geography of the Santa Mar-
los españoles quedaron admirados con el perfecto sis- ta Area, Colombia. Disertación doctoral, University of California, Ber-
keley, 1.967; Preuss, Konrad Theodor. Forschungsreise zu den Ká-
tema de irrigación que hallaron en esta zona, hoy tan gaba: Beobachtungen. Textaufnahmen und sprachliche Studien bei
árida. El comercio era muy activo y los Taironas apa- einem Indianerstamne in Kolumbien, Südamerika. Viena, 1.926-
1.927; Reichel-Dolmatoff, G. Los Kogi: Una tribu indígena de la Sie-
rra Nevada de Santa Marta, Colombia. 2 vol.. Bogotá, 1.950-1951;id.
20
El término "Tairona" no es un nombre tribal, sino en el siglo XVI se "Contactos y cambios culturales en la Sierra Nevada de Santa Mar-
refería a un pequeño grupo indígena de la vertiente norte de la Sie- ta" Revista Colombiana de Antropología. Vol. 1, pp. 17-122, Bogotá,
rra Nevada. En el contexto del presente libro se designa como Tai- 1.953; id. "Templos Kogi: Introducción al simbolismo y a la astrono-
rona la cultura arqueológica descrita por J. Alden Mason y G. Rei- mía del espacio sagrado" ibid., Vol. XIX, pp. 199-245, Bogotá, 1975;
chel-Dolmatoff, para el sitio de Pueblito y sus alrededores. Con el id. "Cultural Change and Environmental Awareness: A Case study of
mismo término se designa la cultura histórica de los indios de la the Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia" Mountain Research
región de Santa Marta, descrita por los cronistas del siglo XVI. Los and Development, Vol. 2, N° 3, pp. 289-298, Boulder, 1.982; Wilhel-
principales cronistas que tratan de los Taironas son: Castellanos, my, H. "Die klimamorphologische und pflanzengeographische Ent-
Juan de. Elegías de Varones Ilustres de Indias. Biblioteca de Auto- wieldung des Trockengebietes am Nordrand Südamerikas seit dem
res Españoles, Madrid, 1.847; Oviedo y Valdés, Gonzalo Fernández Pleistozi" Die Erde, 3-4, Berlín, 1.954. Una excelente introducción al
de Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme de la ambiente de la Sierra Nevada son las fotografías del libro La Sierra
Mar Océano. 4 vol., Madrid, 1.85 1-1.855; Simón, Fray Pedro. Noti- Nevada de Santa Marta, de Juan Mayr (Bogotá, 1.984).
cias historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Oc- 23
Sobre Arqueología de la Sierra Nevada, véanse entre otras fuen-
cidentales. 7 vol., Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1.981-1.982.Un tes: Ardila Calderón, Gerardo Ignacio. Alto de Mira; Sierra Nevada
resumen de los datos etnográficos de las crónicas se encuentra en: de Santa Marta - Contribución al conocimiento de la arqueología del
Reichel-Dolmatoff, G. Datas Histórico-Culturales sobre las tribus de Alto Buritaca. Informe al Instituto Colombiano de Antropología, Bo-
la antigua Gobernación de Santa Marta. Banco de la República, gotá, 1.985. Bischof, Henning "Contribuciones a la cronología de la
Bogotá, 1.951. La mejor obra sobre el proceso histórico de la con- Cultura Tairona (Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia)" Verhan-
quista de los Taironas es: Bischof, Henning. Die Spanish-Indianis- dlungen des XXXVIII Internationalen Amerikanistenkongresses, S-
che Auseinandersetzung in der nürdichen Sierra Nevada de Santa tuttgart-München, 1.968, Vol. 1, pp. 259-269, Munich, 1.969; id. "La
Marta (1.501-1.600). Bonner Amerikanistische Studien. Bonn, 1.971. Cultura Tairona en el Area Intermedia" ibid., pp. 27 1-280; Cadavid
21
Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas ciuda- Camargo, Gilberto & Ana María Groot de Mahecha "Buritaca 200:
des tairona se asemeja a la oposición entre ciertas poblaciones Ko- Arqueología y conservación de una población precolombina (Sierra
gi. como por ejemplo, entre San Miguel y San Francisco. Nevadade Santa Marta-Colombia) "Beiträge zur Allgemeinen und

6
de ingeniería son muy numerosas, sobre todo en las ladas o semilunares24. Frecuentemente una casa ocu-
vertientes septentrionales y occidentales. Hay restos pa una pequeña elevación, rodeada por una muralla
de centenares de aldeas y muchas ciudades y hay nu- inclinada de contención, construida de piedras toscas
merosísimas terrazas de cultivo que, a veces, se en- y atravesada por una corta escalera que da acceso a
cuentran hasta los 2.500 metros de altura. Los asenta- la plataforma. Los cimientos de las casas consisten de
mientos varían de tamaño; pueden consistir de media uno o varios anillos concéntricos, de lajas verticales o
docena de casas, hasta de varios centenares de ellas, simplemente de pedrejones puestos el uno al lado del
que forman un núcleo urbano en el cual se observan otro. Los cimientos mejor construidos consisten de
espacios públicos, caminos, calles y arterias principa- grandes lajas talladas en forma de cuña, es decir, a-
les, desagües, y murallas de contención que a veces daptadas al círculo, que luego se colocaron horizontal-
alcanzan varios metros de altura. La extensión de un mente para formar un gran anillo.
tal asentamiento puede ser de 2 a 3 km². Las casas in- Casi todas las casas tienen dos puertas, ubicadas
dividualmente se adaptan al terreno fragoso donde for- en lados opuestos y marcadas por lajas de mayor ta-
man agrupaciones o pequeños barrios interconecta- maño que, frecuentemente, están muy bien labradas;
dos por caminos, puentes y zanjas, muchas veces o- lajas de menor tamaño forman peldaños que llevan
cupando diferentes niveles. hacia el exterior de la vivienda. En algunos asenta-
Parece que los Taironas fueron la única sociedad in- mientos, la pauta es de una sola puerta. A veces va-
dígena capaz de organizar una numerosa mano de o- rias casas ocupan una sola plataforma o elevación, y
bra para la construcción de centros urbanos, caminos en este caso puede ocurrir que dos o más escaleras
y terrazas vecinas para cultivos. Los camellones del atraviesen la muralla de contención. Ocasionalmente
río San Jorge no tienen centros urbanos y, desde un se observan elevaciones con bases triangulares o cir-
punto de vista laboral, presentan un fenómeno muy di- culares, con sus lados cubiertos con lajas, pero que no
ferente. parecen ser plataformas de vivienda.
Las casas ocupan pequeñas plataformas, las cuales, En la mayoría de los asentamientos de mayor, tama-
según las condiciones del terreno, son circulares, ova- ño las casas se agrupan alrededor de una o más con-
strucciones ceremoniales. Estas consisten de cimien-
tos circulares de lajas especialmente bien labradas y
Vergleichenden Archäologie, Band 4, pp. 255-287, 1.982; Castaño, ajustadas; a veces la construcción tiene cuatro puer-
Carlos "Buratica 200: consideraciones en torno a los elementos ar-
quitectónicos y urbanísticos" Revista de Arqueología, año V, N° 39, tas. En los alrededores inmediatos se observan calza-
pp. 3 1-43, Madrid, 1.984; Dussán de Reichel, Alicia "Una escultura das, terraplenes, columnas toscas o grandes bancas
lítica de tipología costarricense de la Sierra Nevada de Santa Marta" de piedra, sostenidas por pequeños zócalos. Varias
Razón y Fábula, Revista de la Universidad de los Andes. N° 2, pp. grandes construcciones de templos, que pude explorar
39-42, Bogotá, 1.967; Groot de Mahecha, Ana María "Buritaca-200:
Una fecha de radiocarbono asociada con objetos de orfebrería tai- en el alto río Córdoba, en la región de Lourdes, tienen
rona" Boletín del Museo del Oro, Año 3, pp. 2 1-34, Banco de la Re- una planta cuadrada, constituyendo el núcleo de la
pública, Bogotá, 1.980; Herrera de Turbay, Luisa Fernanda "Burita- construcción una elevación natural cuyos lados han si-
ca-200: Estudio de polen arqueológico" Boletín del Museo del Oro, do revestidos con paredes verticales. A veces, el fren-
Año 3, pp. 1-20; Banco de la República, Bogotá, 1.980; Mason, J.
Alden. "Archaeology of Santa Marta, Colombia: The Tairona Culture" te es escalonado y tiene cornisas salientes, y varias
Anthropological Series, Vol. XX, Nos. 1, 2, 3, Field Museum of Natu- escaleras conducen a la plataforma en la parte alta de
ral History, Chicago, 1931, 1936, 1939; Murdy, Carson N. "La eco- la edificación.
nomía y densidad de población en los asentamientultura Tairona en Los ríos o riachuelos que cruzan el terreno de al-
la árida zona litoral de la Sierra Nevada de Santa Marta" Primer
Congreso Nacional de Historiadores y Antropólogos, Santa Marta, deas y ciudades corren a trechos entre paredes de pi-
1.975, pp. 122- 143, Editorial Argemiro Salazar y Compañía, Me- edras grandes, o sea de murallas de contención; a ve-
dellín, 1.976; Reichel-Dolmatoff, G. "Investigaciones arqueológicas ces se ven puentes que consisten de una sola laja que
en la Sierra Nevada de Santa Marts: Parte 3a. Revista Colombiana descansa con sus extremos en las dos orillas de una
de Antropología, Vol. III, pp. 141-170, Bogotá, 1955; Reichel-Doln-
satoff, Gerardo y Alicia "Investigaciones arqueológicas en la Sierra pequeña quebrada; ocasionalmente se trata de cons-
Nevada de Santa Marta: Partes 1 y 2" ibid. Vol, U, pp. 145-206, Bo- trucciones más complejas en que se combinan lajas
gotá, 1.954; id. "La Mesa: Un complejo arqueológico de la Sierra largas horizontales, con un relleno de piedras acuña-
Nevada de Santa Marta" ibid. Vol. VIII, pp. 160-2 13, Bogotá; Serge das. Estanques o albercas revestidas de lajas se ob-
de la Ossa, Margarita "Organización urbana en Ciudad Perdida"
Cuadernos de Arquitectura, Escala, N° 9 (páginas sin numerar), Bo- servan en algunas zonas habitadas y también en la
gotá, 1.984; Valderrama Andrade, Bernardo & Guillermo Fonseca vecindad de las playas del mar; zanjas de drenaje re-
Traque "Exploraciones en la vertiente norte de la Sierra Nevada de vestidas y aún cubiertas de pequeñas lajas se ven a
Santa Marta Boletín del Museo del Oro, Año 54, pp. 1-41, Banco de veces en lugares que fueron densamente poblados.
la República, Bogotá, 1981: Wynn, Jack Thomas. Buritaca Ceramic
Chronology: A Seriation from the Tairona Area, Colombia. Diserta- Las excavaciones efectuadas en Pueblito, en un nú-
ción doctoral, University of Missouri, 1.975. Hablando de las investí- mero elevado de sitios de habitación y de las zonas in-
gaciones arqueológicas en la zona litoral entre Santa Marta y Caña- mediatas, han producido un conjunto muy apreciable
veral, al Este (Murdy, 1.976, p. 126 escribe que sólo dos misiones de datos acerca del modo de vida de los antiguos ha-
arqueológicas han trabajado en esta zona: la primera en 1922-1923
de .I. Alden Masan (1.931, 1.936, 1.939) del Field Museum of Natu-
ral History, Chicago. y la segunda de él, Murdy, entre 1.974 y 1.975,
24
en misión del Instituto de Desarrollo de los Recursos Naturales Re- Me refiero aquí principalmente a los resultados obtenidos por J.
novables. Eso no es exacto, puesto que esta área fue explorada en Alden Mason, y por mí personalmente. Los resultados de las exca-
detalle por Gerardo y Alicia Reichel-Dolmatoff, entre 1.946 y 1.950, vaciones en el sitio de Buritaca-200, a partir de 1.976. están prácti-
en misión del Instituto Etnológico Nacional y de la Gobernación del camente inéditos y los pocos datos que se han publicado (Cf. Nota
departamento del Magdalena. 23) aún no constituyen una visión coherente.

7
bitantes25. Parece que cada casa fue ocupada por una calaveras de jaguares adornaban las puertas de esas
sola familia, de aproximadamente 5 personas. El fo- construcciones.
gón, formado por tres o cuatro piedras, estaba ubicado Otros ejemplos serían los siguientes: en las excava-
más bien cerca de la puerta trasera, la puerta principal ciones hallamos pequeñísimas piedras de moler, junto
mirando hacia el valle o una plazuela. Cerca del fogón con cuentas de collar rotas, y con trocitos de otras pie-
encontramos las ollas culinarias y, en un caso, se ha- dras rojas. Entre los Kogi estos objetos están aún en
lló un recipiente con restos de pescado, sobre el fo- uso; ciertos guijarros o cuentas se muelen y pulverizan
gón. Otros artefactos asociados eran pequeñas manos y el polvo simboliza "comida" para los espíritus o seres
o almireces de piedra, para machacar o triturar ciertos divinos. También se encuentran diminutos bancos de
alimentos, y restos de grandes tinajas para agua es- piedra, idénticos a los que usan los actuales sacerdo-
taban cerca, contra la pared de la casa. El centro de la tes y chamanes en sus ritos, imitando los bancos en
casa, que aparentemente no tenía un poste central, que se sientan estas personas durante ciertas ocasio-
estaba generalmente libre de objetos caseros, pero a nes. Otros objetos arqueológicos son placas delgadas,
lo largo de la curvatura de la pared yacía una variedad en forma de alas, hechas de piedra finamente pulida.
de artefactos sueltos que habían pertenecido a los dis- Se pensó que se trataba de un adorno, llevado sus-
tintos miembros de la familia y que se habían dejado pendido del cuello, pero resultó que algunos sacerdo-
en el piso o caído de mochilas o canastos que colga- tes kogi aún poseen estos objetos y que se trata de
ban de las vigas. En un rincón hallamos algunas ha- instrumentos musicales; suspendidas en pares, de los
chas de piedra, un anzuelo de piedra, pesas para las codos de un bailarín, que tiene los brazos levemente
redes, y un par de ocarinas ornitomorfas de barro o un levantados, estas placas sonajeras producen un tinti-
objeto ritual de piedra pulida, mientras que en el lado neo melódico y aún se usan en la actualidad en ciertas
opuesto de la casa había objetos que indicaban activi- ceremonias. Estos pocos ejemplos no sólo muestran
dades femeninas; allí yacían los fragmentos de cerá- la notable continuidad de la tradición cultural, sino
micas utilitarias, el collar de un niño, y las múltiples he- también comprueban que las paralelas etnográficas
rramientas líticas para raspar y moler, propias para la pueden ofrecer muchas llaves para la interpretación
preparación de la comida. de hallazgos arqueológicos.
La etnografía de las tribus indígenas que aún sobre- El arte alfarero de los Taironas es muy complejo y
viven en la Sierra Nevada de Santa Marta nos propor- elaborado. Las vasijas culinarias y muchos otros reci-
ciona muchos datos importantes para la interpretación pientes que se empleaban en la preparación de los ali-
de algunos hallazgos arqueológicos 26. Por ejemplo, en mentos consisten de piezas que, aúnque están bien a-
algunos sitios de habitación, al excavar debajo del pi- cabadas y de formas agradables, no se destacan es-
so o debajo de las lajas de las puertas, encontramos pecialmente. En cambio, muchas otras clases de ce-
vasijas cuidadosamente enterradas. A veces estos re- rámicas muestran un desarrollo extraordinario. Es muy
cipientes estaban encerrados dentro de arquillas o ca- característica una clase de cerámicas negras y puli-
jitas formadas por seis pequeñas lajas, o estaban en- das. Sus formas incluyen platos y cazuelas tetrápo-
terradas y cubierta la boca del recipiente con un pe- des, con soportes mamiformes, copas de base cónica
queño disco de piedra. El descubrimiento de un tal es- truncada o base anular, y una gran variedad de recipi-
condrijo lleva a pensar en algún tesoro, pero los re- entes de silueta compuesta. Algunas formas parecen
cipientes sólo contenían una manotada de guijarros o haber servido exclusivamente a fines rituales, en en-
cuentas de collar, de piedras de distintos colores. El tierros o escondrijos, como por ejemplo los "ofrendata-
significado de estos escondrijos nos fue desconocido rios" (treasure jars, según Mason), que consisten de
hasta que, más tarde, observamos su supervivencia un cuerpo cilíndrico más o menos alto provisto de un
entre los Kogi. Ellos, cada vez que construyen una ca- reborde sublabial sobre el cual descansa la tapa con-
sa entierran ntualmente alguna pequeña olla entre los vexa. Una tercera clase de cerámica es de color haba-
cimientos. Para cada miembro de la familia depositan no o amarillo y muestra formas de botellones, copas,
en esta ollita un guijarro o una cuenta de collar, que vasijas dobles, y otras. La decoración consiste ante to-
varía en tamaño, color y forma, de acuerdo con los a- do en el modejale, en elementos aplicados, así como
tributos tradicionales de cada linaje. Al nacer un niño, en incisiones y excisiones. Muchas vasijas de cerámi-
la ollita se destapa y se le añade un nuevoguijarro; de ca roja llevan en el cuello una cara humana formada
esta manera todos los habitantes están identificados y por elementos modelados y luego aplicados. Hay vasi-
quedan bajo la tutela de los espíritus guardianes de la jas zoomorfas que muestran felinos, marsupiales, mur-
vivienda. ciélagos, culebras, tortugas, ranas y aves tales como
Al reexcavar un templo de dimensiones grandes, paujiles y rapaces. Entre las cerámicas más elabora-
que por lo demás había sido destruido por los guaque- das están los recipientes pequeños, a veces diminu-
ros, encontramos la calavera de un jaguar, cerca de la tos, tales como tetrápodes con motivos de reptiles, re-
entrada principal, hallazgo que no sabíamos interpre- presentaciones humanas con rasgos felinos, figuras
tar entonces. Entre los Kogi, sin embargo, aprendimos de personajes ricamente ataviadas, representaciones
luego que los principales templos estaban dedicados a eróticas y otras. Ciertos platos planos, provistos de u-
una divinidad felina y que, en tiempos antiguos, varias na manija en forma de falo, se encuentran ante todo
en la región de Bonda.
25
Cf. Nota 24. Las ocarinas de barro cocido constituyen una cate-
26
Véase la bibliografía etnológica citada en la Nota 21. goría especial de artefactos, que varía desde simples

8
piezas ornitomorfas hasta figuras muy elaboradas de Córdoba30. Una figura acurrucada y esquelética, de
personajes adornadas con grandes coronas o pena- 24.5 centímetros de altura, fue encontrada en las ribe-
chos de plumas, máscaras, narigueras y bastones de ras de la Quebrada Valencia (río Don Diego), al pie de
mando27. la vertiente septentrional de la Sierra Nevada 31. Tam-
Los objetos líticos muestran la misma variedad y alta bién existen algunas tallas líticas grandes; varias ca-
calidad tecnológica y estilística que la cerámica. Gran- bezas humanas de gran tamaño proceden de la región
des piedras de moler, a veces profundamente ahueca- de Minca, cerca de Santa Marta32, y hay persistentes
das por el prolongado uso, se encuentran en o cerca rumores sobre la existencia de grandes estatuas en
de las casas. Hachas de piedra, de forma más o me- zonas aún poco exploradas.
nos trapezoidal, así como cinceles de distintos tama- Se han hallado algunas tallas de conchas marinas,
ños, están cuidadosamente pulidos y aún artefactos de hueso de grandes mamíferos, así como tal cual ta-
tales como las pesas para las redes de pesca o las lla de madera; una manopla o tensor de arco, decora-
manos para moler o triturar, están manufacturadas con do con motivos excisos de tipo tairona, se encontró en
esmero. una urna, en la zona del río Don Diego33.
En los sitios de habitación, en sitios ceremoniales y Hay muchos vestigios de arte rupestre en la Sierra
en muchos escondrijos se han hallado miles de cuen- Nevada, sobre todo en las faldas orientales y surorien-
tas de collar muy finamente pulidas, de cornalina, ága- tales34. En Donama, cerca de Santa Marta, se encuen-
ta, cuarzo u otras piedras de colores y texturas llamati- tra una gran roca cubierta de petroglifos, y en las cer-
vas. Hay cuentas tubulares o esféricas, botones, dis- canías de muchos asentamientos se han observado
cos, pendientes en forma de Y, en forma de proyectil o petroglifos de menor tamaño.
en las más variadas formas de animales. En la región La metalurgia tairona es altamente desarrollada y
de Cerro Azul, en el alto río Sevilla, en una ciudad de puede medirse con las mejores obras de la Cordillera
gran extensión, excavé un sitio ceremonial cuya área Central. Se destacan las figurinas fundidas que repre-
central contenía un depósito de más de un metro de sentan felinos o murciélagos antropomorfizados, oreje-
espesor, de cuentas de collar en todas las fases de ras, narigueras, bezotes, pectorales, cascabeles y un
manufactura, desde el trozo de materia prima hasta el sinnúmero de pequeños adornos manufacturados de
artefacto perfectamente terminado. Había cuentas de oro o de tumbaga, en la técnica de la mise en coule-
gran tamaño, hasta de 20 centímetros de largo, lo que ur35. Se conocen varios ejemplares de figuras huma-
sugiere el uso simbólico de estos objetos; de todos nas que aparentemente llevan máscaras y un gran to-
modos se trataba de un sitio de ofrendas puesto que cado de espirales y cabezas de aves o culebras muy
el estrato superior del depósito estaba sellado por una estilizadas. Las figuras sostienen en sus manos una
gruesa capa de barro cocido que servía de piso28. barra o vara horizontal que termina en ambos extre-
Otros artefactos rituales, muy finamente tallados de 30
La máscara fue donación del señor Alfonso Munive, de Ciénaga, y
piedra, son las hachas monolíticas en que tanto la ho-
se encuentra en el Museo Nacional. Se halló en un ofrendatario ba-
ja como el cabo están esculpidos de una sola pieza, jo, del tipo descrito para Nahuanje, con un cuello y una tapa ajusta-
de unos 20 a 45 centímetros de largo. También hay da. Es de cerámica gris oscura, pesada. La decoración del ofrenda-
objetos en forma de espátula alargada, tal vez insig- tario es atípica en tanto que consiste de una banda de motivos geo-
métricos incisos, con campos punteados-zonificados. Sea dicho que
nias de mando o de rango, el extremo superior de las
el hallazgo no estaba asociado con la arquitectura lítica del lugar.
cuales muestra a veces una talla zoomorfa. Una cate- 31
La figura acurrucada está descrita en: Dussán de Reichel, Alicia
goría muy especial del arte lapidario son las tallas de "Una escultura lítica de tipología costarricense, de la Sierra Nevada
nefrita translúcida, verdosa o grisosa, muy parecida al de Santa Marta" Razón y Fábula, Revista de la Universidad de los
jade, que representan figuras humanas muy estiliza- Andes, N°2, pp. 39-42, Bogotá, 1.967. Se trata de una figura de tipo
das, murciélagos en vuelo, o adornos en forma de ba- Sukia costarricense, probablemente representando un chamán en
actitud ritual. La pieza formaba parte de la colección del señor Rai-
rra o placa horizontal29. ner Schultze-Kraft, de Heidelberg, Alemania.
Una gran máscara de piedra, representación de una 32
Las grandes caras humanas se encuentran en una colección par-
cara humana con lengua saliente, procede del alto río ticular en Minca; otras en el Colegio Celedón de Santa Marta, y va-
rias en el Museo Arqueológico de la misma ciudad. Véase también:
Hildeberto María; infra (1.954, figs. 81-84).
27 33
Muchas ocarinas taironas que se encuentran en museos o colec- El cronista Pedro de Aguado escribe que los indios de Bonda te-
ciones particulares, dentro y fuera del país, son falsificaciones que nían "cierto artificio para tender la cuerda, que usaban traer en la
han inundado el mercado en las últimas dos décadas. mano derecha". Tensores de arco de forma similar están aún en uso
28 entre los indios Chimilas del río Ariguaní; véase Reichel-Dolmatoff,
Reichel-Dolmatoff, mss, inéditos. La cerámica asociada a esta
construcción era de tipo negro opaco, con decoración aplicada, co- G. "Etnografía Chimila Boletín de Arqueología, Vol. II, pp. 95-155,
mún en la vertiente occidental de la Sierra Nevada. Cuando se efec- Bogotá, 1.946 (Cf. pp. 119-120: figuras 9c. d. e; Láminas XII-XIII).
34
tuó esta excavación (1.948) aún no se había descubierto el método Hilderberto María, Hermano. "Arte rupestre en la Sierra Nevada
del C14. El total de cuentas y cerámicas asociadas fue depositado de Santa Marta (Colombia)" Antropología y Etnología, N° 10.
en el Museo Arqueológico de Santa Marta, excepto una colección ti- Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Bernardino
pológica que fue entregada al Museo Nacional. de Sa-hagún. Madrid. 1.954: Isaacs. Jorge "Estudio sobre las tribus
29 indíge-nas del Estado del Magdalena. antes Provincia de Santa
Obviamente se trata de objetos estrechamente relacionados con
las tallas de jade de Costa Rica; véase, por ejemplo, Easby, Eliza- Marta Ana-les de la Instrucción Pública, Vol. VIII. Bogotá. 1.884.
35
beth Kennedy "Jade" Precolumbian Art of Costa Rica (Elizabeth P. Sobre la metalurgia tairona, véanse: Mason. J. Alden (1.936); Pé-
Benson, editor), pp. 135-151, Abrams inc., NewYork, 1.981. Otro tra- rez de Barradas. José. Orfebrería Prehispánica de Colombia: Estilos
bajo de interés es: Wagner, Erika & Carlos Schubert "Prehispanic Quimbaya y otros. Texto. Madrid. 1.966 (cf. p. 317). Véanse también
Workshops of Serpentine Artifacts, Venezuelan Andes, and Possible la serie de artículos aparecidos en el Boletín del Museo del Oro,
Raw Material Source" Science. Vol. 175, pp. 888-890, 1.971. Banco de la República, Bogotá.

9
mos en dos espirales enroscadas en direcciones opu- blema que se plantea es la esporádica existencia de
estas36. cerámica pintada, en la zona de la Sierra Nevada. Al-
Hay pocos datos sobre las costumbres funerarias de den Mason39 encontró en la Bahía de Nahuanje, a po-
los Taironas. En algunas ciudades, como en Pueblito, ca distancia al oeste de Pueblito, varios entierros que
se han encontrado grandes entierros primarios forma- contenían cerámicas con indudable parentesco tairo-
dos por lajas y cubiertos con una laja de grandes di- na, pero algunas de ellas pintadas con motivos y colo-
mensiones, en el centro de algunas casas muy bien res que se relacionan con la cerámica de El Horno, del
construidas, pero los guaqueros se habían adelantado río Ranchería, para la cual hay una fecha de radiocar-
y no fue posible conocer el ajuar de estas sepulturas. bono de 585 d. C. Los hallazgos de Mason, en Nahu-
En otras aldeas o ciudades, como en Buritaca-200, se anje, consisten además de cerámicas negras y otras,
han encontrado entierros de pozo con cámara lateral, de tipo tairona, de placas sonajeras, objetos de nefrita,
probablemente las "bóvedas" de los cronistas, pero se joyas de oro y gran cantidad de cuentasde collar.
carece de datos más detallados. En varios sitios de la También es de notar en Nahuanje la presencia de tú-
costa septentrional y también en el litoral al sur de mulos funerarios y de entierros primarios en cercados
Santa Marta, se han hallado grandes urnas funerarias, de lajas, así como la casi total ausencia de vestigios
a veces con objetos metálicos dentro o pequeñas ta- arquitectónicos. Las piezas cerámicas que más llaman
llas de concha o de hueso. la atención dentro de este conjunto son los ofrendata-
Sobre este aspecto de la cultura tairona faltan datos rios, con sus tapas ajustables, decorados con motivos
porque las actividades de los guaqueros han sido de- pintados de tipo El Horno 40. A base de los hallazgos de
vastadoras. Mason, Bischof41 estableció el Período Nahuanje, en el
Sobre las creencias religiosas tampoco hay datos nivel cronológico de El Horno.
detallados. La iconografía representada en cerámica,
piedra y objetos metálicos, deja reconocer algunas fi-
guras individualizadas que podrían identificarse con u-
TABLA IV:
na divinidad solar o con chamanes ataviados. Tam- FECHAS RADIOCARBONICAS PARA BURITACA-200
bién hay series de figuras que parecen ser animales
totémicos o espíritus protectores, como los que enu- Fecha Tipo de
meré al hablar de la cerámica zoomorfa. Algunos da- Fecha Asocia-
Nº antes de Sitio Yacimi-
d. de C. ciones
tos históricos y arqueológicos parecen indicar la ob- Presente ento
servación astronómica desde templos u otros puntos GrN- 1.385 Buritaca-
565±50 Tumba Oro
fijos. El complejo ritual de las hachas monolíticas, in- 9247 d. C. 200
signias en forma de espátula o tenedor, placas sona- IAN-86 590±160
1.360 Buritaca-
Vivienda
Cerámi-
d. C. 200 ca
jeras y, no por último, la gran importancia ritual de las
Beta- 1.090 Buritaca-
cuentas de collar, pueden explicarse en parte con la a- 9372
860±110
d. C. 200
-- --
yuda de los datos etnográficos sobre las tribus sobre- Beta- 1.550 La
400±90 Tumba Oro
vivientes de la Sierra Nevada de Santa Marta. 3564 d. C. Estrella
Sobre la cronología de la zona tairona faltan datos Beta- 1.400 Alto de Basu- Cerámi-
550±70
11555 d. C. Mira rero ca
precisos porque muchas de las excavaciones (Mason, Beta- 1.350 Alto de Basu- Cerámi-
Reichel-Dolmatoff) fueron efectuadas antes de que se 600±60
11556 d. C. Mira rero ca
conociera el método del carbono radicativo. Por otro
lado, hasta hoy en día no se han hallado en la Sierra
Nevada grandes basureros, que se hubieran prestado En los años de 1.936-1.937, Gustaf Bolinder excavó
para excavaciones estratigráficas. La siguiente tabla en Pueblo Bello, en la vertiente meridional de la Sie-
muestra algunas fechas para el sitio de Buritaca-200 y rra, donde encontró varias urnas funerarias grandes
sus cercanías37. de entierros primarios, que contenían cuentas de co-
Obviamente se trata de un sitio protohistórico/históri- llar y pequeñas tallas de piedra, de tipología tairona.
co. En Pueblito encontramos personalmente varios Con ocasión de esta investigación, Bolinder adquirió
trozos de hierro en asociación con objetos líticos, den- una cerámica de obvio parentesco con El Horno, que
tro de las casas38. La evidencia para las fases anterio- un habitante de Pueblo Bello había encontrado al ca-
res se basa pues ante todo en apreciaciones compa- var en su jardín42. Otro hallazgo de cerámica pintada lo
rativas, con materiales de otras zonas. El primer pro- hice yo personalmente en la finca Shangri La, entre
Santa Marta y San Pedro Alejandrino, donde hallé
39
36
Anoto la semejanza de esta barra o vara. con la sagrada vara so- Mason, J. Alden, 1.939 (Cf. Fig. 23. Láminas CCXIV-CCXV).
40
najera de los indios del Vaupés (Reichel-Dolmatoff. G.. The Shaman Reichel-Dolmatoff, Gerardo y Alicia "Investigaciones arqueológi-
and the Jaguar. Temple University Press. Philadelphia. 1.975: Cf. In- cas en el departamento del Magdalena, Colombia, 1946-1950: Parte
dice: Musical Instruments. p. 277). Sea dicho aquí que figuras de o- 1-Arqueología del río Ranchería; Parte II-Arqueología del río Cesar"
ro o cobre que sostienen objetos bífidos, se encuentran también en Boletín de Arqueología, Vol. III, N° 1-6, pp. 1-234, Bogotá, 1951.
la metalurgia de la Cordillera Central. 41
Bischof, 1.969; supra. Nota 23.
37
No se menciona nada acerca de las asociaciones culturales tipo- 42
Bolinder, Gustaf. "Urn-burials in fullsize mortuary urns in Sierra
lógicas de estas fechas. Nevada de Santa Maria, Colombia" Ethnos, Vol. 7, N° 1 pp. 10-19,
38
Reichel-Dolmatoff, G. "Investigaciones arqueológicas en la Sierra Etnografiska Museum, Stockholm, 1942. Comunicación personal de
Nevada de Santa Marta: Parte 3: Sitios de contacto español" Revis- los doctores Gustaf Bolinder y Henry S. Wassén, del Museo de Gö-
ta Colombiana de Antropología, Vol. III, pp. 141-170, Bogotá, 1.955. teborg.

10
gran cantidad de fragmentos pintados con motivos gas48, se ven reafirmados los nexos culturales entre el
curvilineares y rectilineares, en color rojo sobre un norte de Colombia y Centroamérica, pero se replantea
fondo blanco43. Por cierto, el período El Horno contie- el problema de orígenes, de focos culturales, así como
ne también una clase de cerámica negra, que bien el de las direcciones en que se difundieron los rasgos
puede haber sido ancestral a la cerámica negra tairo- específicos comparables. En consecuencia, con estos
na44. nuevos enfoques, en lugar de proponer que la cultura
Un problema especial se refiere a las múltiples se- de la Sierra Nevada tuviera un origen costarricense o
mejanzas entre la cultura Tairona y algunos desarro- que las culturas de Costa Rica tuvieran un origen co-
llos culturales en Costa Rica. En el sitio de Guayabo lombiano, me inclino a sugerir que Costa Rica, Pana-
de Turrialba, y en varios otros lugares de la vertiente má y la Costa Caribe de Colombia constituían una so-
atlántica de aquel país, existen complejos arquitectóni- la área cultural coherente, en la cual estos tres com-
cos que se asemejan mucho a sitios tairona, tales co- ponentes formaban núcleos fundamentales, entre los
mo Pueblito. En efecto, en Guayabo se encuentran ci- cuales existían estrechos contactos a través de influ-
mientos circulares de lajas, caminos empedrados, pla- encias mutuas.
zas públicas, escaleras, murallas de contención, mon- Que las tradiciones cerámicas de la Etapa Formativa
tículos, drenajes y otros rasgos, que tienen sus para- Temprana de Colombia hayan penetrado a Centroa-
lelas en el área tairona. Aun las unidades urbanísticas mérica y Mesoamérica ya en épocas muy tempranas,
que se pueden distinguir en Pueblito y otros sitios tai- queda fuera de duda, pero de lo que tratamos aquí es
rona, se asemejan a las de Guayabo de Tunialba. La de desarrollos posteriores, de tipo cacicazgo. En el
posición cronológica de estos desarrollos arquitectóni- Capítulo sobre la Etapa Formativa (Cap. IV) mencioné
cos costarricenses cae dentro del período de aproxi- las relaciones entre Momil y algunas culturas del cen-
madamente 1.000 d. de C. a 1.500 d. de C., es decir, tro y oriente de Costa Rica, a saber: Las Pavas y El
corresponde aproximadamente al desarrollo tairona45. Bosque. Es sobre esta base común como sugiero se
Otras semejanzas se pueden observar en la cerámica, haya desarrollado una tradición que, desde Momil ya
la metalurgia, la talla de jade y de otros objetos del ar- través del Segundo Horizonte Pintado, llevó al floreci-
te lapidario46. En 1.946 se encontró en la parte céntri- miento de la cultura Tairona, de Coclé y de aquellas
ca de la ciudad de Santa Marta, al excavar una alcan- culturas costanicenses, con las cuales existe un pa-
tarilla, una vasija de cerámica gris lisa, en forma de un rentesco cercano. Vale la pena subrayar que fue en u-
caimán enroscado, que lleva sobre su espalda un pe- na región de habla chibcha donde se logró este desa-
queño mamífero modelado, pieza de indudable filia- rrollo.
ción costarricense. Una vasija semejante, aúnque mu- Pero volvamos otra vez al proceso histórico de la
cho más tosca, está ilustrada en Mason (1.939, Lámi- conquista de los Taironas.
na CCXXIII, 2), pero carece de procedencia exacta. La Al comienzo del año de 1.600, cuando se había li-
estatuilla de piedra, del río Don Diego, también de ti- brado la última batalla, el gobernador don Juan Guiral
pología costanicense, ya se mencionó en las páginas Velón condenó a los jefes indígenas a muerte o exilio.
anteriores. El jefe tairona Cuchacique, quien había sido el caudillo
En algunas publicaciones anteriores he formulado la de la rebelión de 1.599, fue condenado "...a que sea a-
hipótesis de que la cultura Tairona fuese de origen rrastrado a la cola de dos potros cerreros, y hecho qu-
costarricense, con un notable componente mesoame- atro quartos, y puestos por los caminos, y la cabeza
ricano, que además se hace presente también en o- puesta en una jaula donde nadie la quite so pena de
tras regiones de Colombia, como por ejemplo en Tu- muerte...".
maco, el Quindío y en la región muisca 47. Al reconsi- Aquí sigue una interminable lista de caciques y prin-
derar estas premisas a la luz de nuevos hallazgos en cipales que así mismo se condenaron a muerte. Ter-
Colombia, Venezuela, Ecuador y Centroamérica, así mina la sentencia así: "Y ten condeno los suso dhos y
como a consecuencia de conversaciones con cole- a cada uno de ellos que les sean derribadas y quema-
das sus casas en que bibian quando cometieron el de-
lito y ninguna persona de cualquier estado y condision
43
La finca Shangri-La pertenecía en 1946 al señor Jack Oberlin, de que sea ossado de las bolver a rrediflcar ni poblar sin
la United Fruit Company. lisencia de su mags. So pena de muerte natural en
44
Cf. Supra, Nota 40. que les doy por condenados lo contrario hzdo"49.
45
Aguilar, Carlos H. Guayabo de Turrialba. Arqueología de un sitio Sería demasiado trágico querer ver en estos acon-
indígena prehispánico. Editorial Costa Rica, San José, 1.972; Fon- tecimientos el final de la cultura Tairona, tal como la
seca Zamora, Oscar "Informe de la primera temporada de reexca-
vación de Guayabo de Turrialba" Vínculos, Vol. 5 N0 1-2, pp. 35-41. 48
Bogotá, 1.978-1.979. Mi cambio de enfoque, en la interpretación
Museo Nacional de Costa Rica. San José. 1.979; id. "Guayabo de de estas relaciones, se debe ante todo a mis conversaciones con el
Turrialba and its significance" Precolumbian Art of Costa Rica (Eli- profesor Donald W. Lathrap, de la Universidad de UrbanaIllinois. La-
zabeth P. Benson, editor), pp. 104-111. Abrams Inc., New York, thrap, en efecto, sugiere que la Cultura Tairona se basa esencial-
1.981. mente en desarrollos locales (Momil, río Ranchería y otros) y opina
46
Stone, Doris, Introducción a la Arqueología de Costa Rica. Museo que la arquitectura tairona se relaciona con complejos arquitectóni-
Nacionalde Costa Rica, San José. cos como Pajatén, en el Perú.
47 49
Reichel-Dolmatoff, O. Colombia: Ancient Peoples and Places. Reichel-Dolmatoff, G. Datos histórico-culturales..., Bogotá, 1.951
Thames & Hudson, London. 1965: id. "Colombia Indígena: Período (Cf. p. 37); Restrepo Tirado. Ernesto "Cómo se sacrificaba a los in-
Prehispánico" Manual de Historia de Colombia (J. G. Cobo Borda & dios" Boletín de Historía y Antigüedades, Vol. XXIV, pp. 739-743, A-
Santiago Mutis Durán. editores), Vol. 1, pp. 31-115. cademia Colombiana de Historia, Bogotá, 1.937.

11
conocemos a través de sus espléndidos vestigios ar- Gerardo Reichel-Dolmatoff
queológicos. Por fortuna, los indígenas que lograron
sobrevivir en la Sierra Nevada de Santa Marta, sobre
ARQUEOLOGIA DE COLOMBIA
todo los Kogi, han sabido mantener viva la tradición de Un texto Introductorio
sus antepasados y constituyen, hoy en día, una de las Presidencia de la república.
sociedades indígenas intelectualmente más avanza- Fundación Segunda Expedición Botánica.
das de América. Sin embargo son poco conocidos pa- Editorial Arco
ra la mayoría de los colombianos, aún despreciados y Bogotá 1.986
perseguidos, estos descendientes de la cultura abori-
gen más elevada de Colombia.50

50
Los principales elementos mesoamericanos que se observan en-
tre los Kogi, son los siguientes: énfasis en "amanecer", en el mito de
creación; múltiple creación del universo y de la humanidad; concep-
to de varios mundos superpuestos, de difícil acceso: asociación de
puntos cardinales con distintos colores, fuerzas vitales y destructo-
ras, y seres monstruosos; concepto de un Más Allá especial para
mujeres que mueren en el parto o para personas que mueren aho-
gadas; dualismo (benévolo/malévolo) de las deidades; monopoli-
morfismo y cuadruplicidad de las deidades; divinidad solar de carác-
ter femenino; bailarines enmascarados que representan la deidad;
carácter ritual del número nueve; enfermedad causada por el peca-
do; simbolismo de la "escoba" y del acto de "barrer" en el perdón del
pecado; confesión: adivinación por contracción súbita muscular y
por juntar rápidamente las uñas de los dedos índice; largo período
de entrenamiento para sacerdotes; sacerdocio altamente organiza-
do: perro como guía hacia el Más Allá; observación minuciosa de
solsticios y equinoccios.

12