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Dolor vesical

Suele localizarse sobre el área de la vejiga urinaria, en la región hipogástrica o en la


profundidad de la pelvis, pero puede reflejarse a distancia, con mucha frecuencia en el glande,
en el hombre y en el meato uretral, en la mujer. Sufre variaciones en relación con la micción y
los movimientos. El dolor que se produce antes de la evacuación vesical se debe a una
distensión de la vejiga urinaria inflamada (cistitis), y el experimento al comienzo de aquélla, a
alguna dificultad en el cuello vesical (hipertrofia prostática). El dolor final es propio de la
cistitis, calculosa o no, y de los tumores vesicales. La evacuación vesical difícil o dolorosa
(disuria), junto con la micción frecuente (polaquiuria) y alteraciones objetivas de la orina por la
presencia de pus (piuria) o de este y sangre (hematopiuria), integran el síndrome clínico de
cistitis.

En la cistitis calculosa, el dolor experimenta grandes variaciones, especialmente con los


cambios de postura y los movimientos, en la posición erguida, los cálculos se colocan sobre el
trígono, cerca de la embocadura uretral, y producen notable irritación, y sobre todo un
agudísimo tenesmo al paso de ultimas gotas de orina. Por irradiarse a lo largo de la uretra, con
acuidad máxima en el meato en el frenillo, los niños buscan su alivio estrujando el pene,
particularmente el glande, o tiran del prepucio, mientras que las niñas se restriegan el meato
uretral externo, constituyendo el llamado signo de la mano (Brun) de los cálculos vesicales en
los niños Otras veces, se colocan en posición horizontal, lo que determina la caída del cálculo
hacia la parte posterior de la vejiga.

El dolor al terminar la micción, no acompañado de la polaquiuria, que persiste bastante


tiempo, corresponde a una pericistitis. En ocasiones, las molestas cistálgicas obedecen a una
lesión distante situada en el riñón o la pelvis renal.

En la retención vesical crónica e incompleta, no existe verdadero dolor, sino una molestia
tensiva en la región hipogástrica, con trastornos en la micción: en la completa, aparece
tenesmo vesical irradiado a la región lumbar, con distensión apreciable de la vejiga.

Dolor Prostatovesical

Se experimenta en la región perineal y rectal. En la prostatitis aguda, el dolor es vivo, con


irradiación al perineo, escroto y pene. Con frecuencia, el enfermo experimenta sensación de
ocupación rectal, con o sin tenesmo. Hay dificultad, y aun imposibilidad, para orinar. Es
frecuente la presencia de febrícula o fiebre, así como de una ligera supuración uretral
matutina en forma de gota, que asoma por los labios del meato uretral, de color blanquecino
amarillento.

La prostatitis crónica se manifiesta por:

1. Crisis recurrentes de cistitis.


2. Dolor perincal o supra púbico persistente, con o sin disuria 3.
3. Prostatismo con polaquiuria y disuria, simulando obstrucción prostática.

En el adenoma prostático, se distingue:

1. Fase congestiva; con polaquiuria nocturna; dificultad para iniciar la micción, horro
delgado y sin fuerza.
2. Fase de residuo vesical; a las molestias ya citadas, se añade polaquiuria diurna y un
leve cuatro de malestar general.
3. Fase de distinción; con micción por rebosamiento y fenómenos generales, en
especial de índole digestiva, como lengua saburral, halitosis, diarrea y nauseas
vómitos, o ambos.

En los tumores malignos, a las molestias citadas se añade un síndrome toxico general, con
astenia, anorexia, palidez, pérdida de peso, etc.

Los dolores continuos y agudos en las regiones perineales y lumbosacra señalan invasión de los
tejidos vecinos o metástasis óseas (carcinomatosis prostatopelviana, de Guyón).

La vesiculitis seminal aguda se manifiesta en forma de cólico vesicular agudo. Este comienza
por dolor en el hipogastrio, región inguinal y fosa iliaca correspondiente, dolor que también se
corre al cordón deferente y testículos; fiebre, en ocasiones con escalofríos; malestar general,
estado nauseoso e incluso síntomas de irritación peritoneal. Las manifestaciones urinarias son
nulas o mínimas. Es posible la confusión con un cólico nefrítico, se asienta en el lado derecho,
con la apendicitis aguda.

En la vesiculitis seminal subaguda recidivante, el cuadro clínico es menos intenso, pero


repetido en relación con la función sexual.

En la vesiculitis seminal crónica, el dolor es poco intenso, pero más frecuente. El enfermo nota
sensación de peso doloroso en el perineo, y dolor discreto en la región sacrolumbar. Tiende a
irradiarse al conducto inguinal y el testículo, y suele guardar relación directa con la
masturbación, excesos sexuales, periodos de abstinencia acompañados de excitaciones
repetidas, etc. Son raros los trastornos miccionales y, por el contrario, frecuentes las
alteraciones de la función sexual, desde la impotencia hasta la eyaculación precoz, ardor
uretral en la eyaculación que hace desagradable el coito, y perdidas seminales espontaneas. En
algunos casos se observa eyaculación espermática rojiza oscura (hemospermia).

Dolor uretral

La uretritis se reconoce por la erección penosa y dolor durante la micción en los casos muy
agudos; ciertas molestias císticas, especialmente po-