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SÍNTESIS – EL PODER DE LAS HISTORIAS

JUAN JOSÉ HOYOS

DREYK ESTEBAN RIOS RUIZ

CULTURA ESCRITA Y PENSAMIENTO DISCIPLINARIO

UNIVERSIDAD DEL VALLE

PSICOLOGÍA – 3461

PALMIRA VALLE

FEBRERO/2018
Síntesis - El poder de las historias.
Juan José Hoyos.

El texto empieza por Juan José Hoyos, que quiere contar una historia pero presenta problemas al
ser en primera persona, pues al trabajar tanto tiempo de periodista, mantiene el estilo frío y
objetivo que le pide su trabajo.
La historia trata sobre una tribu de indios katíos que casi fue totalmente aniquilada de no ser por
aquellos hombres y mujeres que huyeron y vivieron obligados en las copas de los árboles para no
dar señal alguna de su presencia; al volver a sus tierras nada era igual, todo había cambiado de
dueño, pero uno de esos nuevos dueños tomó la decisión de devolverles las tierras para que así,
volvieran al sitio donde ellos pertenecían.
Si bien los indios se adaptaron y todo resultó salir de manera positiva, después de que el Sr. Juan
José Hoyos subiera una crónica de dicho suceso las cosas empezaron a empeorar cuando un grupo
de antropólogos que fue al sitio a estudiar el cambio de comportamiento de la tribu, durante una
borrachera, robó el tambor del Jaibaná Salvador, lo que provocó que el Jaibaná dejara de hablar.
Al enterarse de la situación, Hoyos decidió que si una historia había causado todo esto, una
historia podría solucionar dicho problema, escribió de nuevo una crónica en el periódico El
Mundo, que poco después de ser publicada, explicando lo del tambor y lo desolado que se
encontraba el Jaibaná, provocó que el tambor fuese devuelto y ocho días después ya se
encontraba de vuelta con la tribu.
Las palabras del Jaibaná al recibir el tambor fueron: “Ese hombre tiene más ‘poder’ que yo…”

El hombre ya contaba historias desde el neanderthal, pasando por la cuna de las civilizaciones en
India, como por Persia y la Antigua Grecia, donde a a los poémas épicos se le sumaron los trágicos.
En la edad media trovadores, juglares y romanceros contaban historias y cantaban y en Grecia la
poesía trágica dio lugar al teatro y la novela.
El descubrimiento de unas tablas de arcilla en la región de Sumer contaban la historia de una
guerra entre ciudades 2400 años antes de nuestra era, contada por el primer cronista haciendo de
corresponsal de guerra.
Tiempo después en Gracia surgió un grupo de hombres que se hacían llamar cronistas y así esta se
convirtió en la primera forma de hacer historia.
De oriente se sabe que en las cortes chinas y persas había cronistas dedicados a relatar los
acontecimientos más importantes.
En occidente, el descubrimiento de América dio pie a nuevos cronistas. En 1571 creó el cargo de
Cronista Mayor de Indias el cual relataba los hechos históricos y era un puesto muy importante
pues se trataba de una “responsabilidad alta y noble”, pues sin conocer estos hechos los reyes no
podían gobernar adecuadamente.
La crónica ayudó a los viajeros que llegaron a América, y a los llamados Cronistas de Indias, los
cuales han ayudado a reconstruir la historia de gran parte del continente.

Al implementarse la imprenta en América, la crónica se ajustó y pasó a formar parte de los


periódicos. En Inglaterra, en época de revolución industrial ya era de los géneros más importantes.
En 1704, Daniel Defoe, bajo la idea de que los hechos son sagrados y la opinión libre, separo el
campo de noticias del de opiniones.
La revolución se afianzó a finales del siglo XIX con la industrialización, que permitió que se
vendieran periódicos a 1 dólar, lo que lo haría llegar a todos los públicos.
La aparición del periódico de gran circulación creó una forma de narrar noticias más organizadas.
Quién mejor encarna la transición entre ambos periodos de la prensa es Joseph Pulitzer, quien
inventó la ‘Primera Página’ e inició la nueva revolución de las noticias; obligó a los escritores a salir
a la calle a buscar noticias.
A este nuevo estilo, se le sumaron Adolph Ochs y Arnold Bennet, de The New York Times,
apoyados en el nuevo estilo y eliminando eufemismos verbales y la vieja prosa.
Así el New York Times, con los periódicos de Joseph Pulitzer, pusieron la noticia como punta de
lanza y la editorial pasó asegundo plano.
La crónica quedó flotando en medio de los campos del periódico, y se mantuvo al margen pero
preservando su estructura narrativa y abordando temas que nadie trataba.
La crónica desde la sombra, atacaba y se convirtió en la infantería usada por los redactores,
también se apoderó del deporte y los periódicos se empezaron a llenar de historias, la crónica
ayudó a lo largo de la historia y ahora ayudaba a crear el Género mayor en el periodismo.
El nuevo género nació en el punto ideal, entre la franja de redacción y la judicial, donde los
periodistas están más tocados por la vida y la muerte. Pasadas las dos guerras mundiales la prensa
ayudó a sepultar lo ocurrido.
Pero en Estados Unidos se necesitaron más años y otra guerra para que comprendieras la
importancia de las historias en los periódicos. Así la crónica volvió a ser parte esencial y
resucitaron los géneros narrativos, de escritura dramática, uno de los escritores de estos era
Jimmy Breslin. Era un columnista empedernido que a diferencia de los demás que buscaban
historias en cosas simples de su día, él se pasaba el día entero fuera buscando las noticias y
recopilando información de interés, sin importar la hora a la que llegase redactaba lo que tenía
para el día; un texto fresco, completo con su simbolismo, algo que la gente compraba para
finalizar su día con información de el mismo.
Con los premios Pulitzer nacieron los “Nuevos periodistas”, que reemplazaron las voces antiguas
por una voz más personal.

Por desgracia en Colombia no ocurre igual, los periodistas están limitados por el silencio, por la
cantidad de criminalidad; se han acoplado a una fórmula casi matemática para crear noticias
mientras que las historias reales siguen ahí, sin ser contadas. Los periódicos siguen sumidos en el
‘nuevo lenguaje’ que ahora es obsoleto, olvidando las noticias.
Pero los lectores no olvidan las historias, las necesitan, saben que ahí está la verdad, que las
historias cambian vidas, causan estragos o milagros, las historias pueden cambiar consciencias, o
convencer a un ladrón de devolver un tambor. Las historias son muy poderosas. Jaibaná Salvador,
como sucede a menudo con los brujos, tenía razón.