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Pbro Dr. JORGE A.

PALMA BIEN COMÚN 1

INTRODUCCIÓN

Los principios de reflexión de la Doctrina Social de la Iglesia, en cuanto leyes que


regulan la vida social, no son independientes del reconocimiento de los bienes fundamentales
inherentes a la dignidad de la persona humana. Estos bienes o valores1 son principalmente: la
verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad, la paz y la caridad. Vivir estos valores es el
camino seguro no sólo para el perfeccionamiento personal sino también para lograr un
auténtico humanismo y una nueva convivencia social. A ellos, pues, es preciso referirse para
realizar las reformas substanciales de las estructuras económicas, políticas, culturales y
tecnológicas, y los cambios necesarios en las instituciones.
Estos principios constituyen los verdaderos fundamentos de una nueva sociedad más
digna del hombre. Aun reconociendo la autonomía de las realidades temporales2, las leyes
descubiertas y aplicadas por el hombre en la vida social no garantizan por sí mismas,
mecánicamente, el bien de todos. Se deben aplicar bajo la dirección de los valores que se
derivan del concepto de la dignidad de la persona humana3. Todos estos valores manifiestan la
prioridad de la ética sobre la técnica, la primacía de la persona sobre las cosas y la
superioridad del espíritu sobre la materia4.
Los valores, sin embargo, entran frecuentemente en conflicto con situaciones en las
que son negados directa o indirectamente. En tales casos, el hombre se encuentra en la
dificultad de acatarlos de modo coherente y simultáneo. Por esta razón es todavía más
necesario el discernimiento en las decisiones que han de tomarse en las diversas
circunstancias a la luz de los valores fundamentales. Este es el modo de practicar la auténtica
“sabiduría” que la Iglesia pide a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad en el
compromiso social5.

1 La palabra bien tiene un sentido objetivo y universal, en tanto que el término valor posee un carácter más
subjetivo.
2 Cfr. GS, n. 36.
3 Cfr. PT: AAS 55 (1963) 259.
4 Cfr. RH, n. 16.
5 Cfr. PT: AAS 55 (1963) 265 ss; JUAN PABLO II, Enc. Dives in misericordia (30-XI-1980)12: AAS 72 (1980) 1215; LC, n. 3, 4, 26, 57:
AAS 79 (1987) 556 ss. 564 ss. 578.
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BIEN COMÚN

Para muchos autores6 el principio del Bien Común es la clave de la doctrina social de
la Iglesia; subordinado a dos realidades: una trascendente y mediata, Dios; otra inmanente e
inmediata, la persona humana. Si la dignidad de la persona humana es el centro de las
enseñanzas, este principio es el gozne sobre el que gira la concepción de la vida social del
hombre.

A. Naturaleza7
“Por Bien Común se ha de entender el conjunto de aquellas condiciones
de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros
conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. […] afecta a la
vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aun por la de
aquellos que ejercen la autoridad”8.
- conjunto de condiciones de la vida social: estructuras, libertad, orden, seguridad,
educación, empleo, salud (perfeccionamiento físico y espiritual), justicia, familia,
vivienda, religión (el hombre tiene una dimensión sobrenatural que es preciso
desarrollar);
- asociaciones y cada uno de sus miembros: integrantes de la sociedad agrupados o
individualmente;
- logro de su propia perfección: plenitud de las potencias.

Comporta tres elementos esenciales:


1 “Respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del Bien Común, las autoridades
están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La
sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el
Bien Común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son
indispensables para el desarrollo de la vocación humana: “derecho a actuar de acuerdo con la

6 Cfr. J.L.GUTIERREZ GARCIA, Conceptos fundamentales en la Doctrina Social de la Iglesia, Cent. Est. Soc. Valle de los Caídos (Madrid
1971); J.M.AUBERT, Moral social para nuestro tiempo, Herder (Barcelona 1973).
7 Lectura: GS Parte 1ª, cap. 2, parr. 26; PT, n. 53-39; Documento de Puebla, parr. 317; CIC, n. 1905-1912.
8 CIC, n. 1906; cfr. GS, n. 26,1; 74, 1; cfr. MM, n.65; cf. PIO XII, Radiomensaje Navidad 1942 Con sempre nuova (24-XII-1942): AAS 35
(1943) 13.
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recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también


en materia religiosa” (GS 26, 2)”9;
2 “Bienestar social y desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos
los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del Bien
Común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita
para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y
cultura, información adecuada, derecho a fundar una familia, etc. (Cfr. GS 26, 1)”10;
3 Implica “paz”, es decir, estabilidad y seguridad de un orden justo. Supone, por
tanto, que la autoridad garantiza por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus
miembros. El Bien Común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y
colectiva”11.
En definitiva son cuatro los elementos que constituyen el Bien Común: 1.- Las
condiciones sociales de paz, justicia y libertad; 2.- Un conjunto de bienes materiales,
educativos, religiosos; 3.- Equidad en el reparto de esos bienes; y 4.- Una adecuada
organización social.

B. Características del Bien Común

1. Es objetivo
Es uno de los principios que rigen la vida social que es preciso tener siempre presente.
Es también uno de los conceptos más desgastados y ambiguos, pues se lo confunde con
bienestar, o calidad de vida -visión ampliada del bienestar-. Pero estos conceptos centran el
fin de la sociedad en el individuo autónomo y nada tienen que ver con el concepto de Bien
Común.

2. Deriva de la naturaleza humana


El concepto de Bien Común “está íntimamente ligado a la naturaleza humana. Por ello
no se puede mantener su total integridad más que en el supuesto de que, atendiendo a la
íntima naturaleza y efectividad del mismo, se tenga siempre en cuenta el concepto de la
persona humana”12.
No es la suma de los bienes individuales, tampoco la sociedad es la mera suma de los
individuos. La sociedad es necesaria para que la persona se realice como tal, y debe presentar
una serie de condiciones que hagan posible el desarrollo simultáneo de la persona y de ella
misma, hacia la perfección que se dará histórica y culturalmente. No hablamos aquí de unas
condiciones mínimas de desarrollo, ni de algo necesariamente material (aunque lo material
forma parte de la “integridad” del desarrollo humano). Hablamos de condiciones de
posibilidad.

3. Redunda en provecho de todos


“El Bien Común está siempre orientado hacia el progreso de las personas: ‘el orden
social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas y no al contrario’ [...]. Este
orden tiene por base la verdad, se edifica en la justicia, es vivificado por el amor”13.

9 CIC, n. 1907.
10 CIC, n. 1908.
11 CIC, n. 1909.
12 PT, n. 55.
13 CIC, n. 1906-9 y 1912.
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En cuanto a la subordinación a las exigencias del Bien Común, las personas “deben
proceder necesariamente sin quebranto alguno del orden moral y del derecho establecido,
procurando armonizar sus derechos y sus intereses con los derechos y los intereses de las
demás categorías económicas profesionales, y subordinar los unos y los otros a las exigencias
del Bien Común”14, “aunque en grados diversos, según las categorías, méritos y condiciones
de cada ciudadano. Por este motivo, los gobernantes han de orientar sus esfuerzos a que el
Bien Común redunde en provecho de todos, sin preferencia alguna por persona o grupo social
determinado [...]. No se puede permitir en modo alguno que la autoridad civil sirva al interés
de unos pocos, porque está constituida para el Bien Común de todos. Sin embargo, razones de
justicia y de equidad pueden exigir, a veces, que los hombres de gobierno tengan especial
cuidado de los ciudadanos más débiles, que pueden hallarse en condiciones de inferioridad,
para defender sus propios derechos y asegurar sus legítimos intereses”15. “Todo grupo social
debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos”16.
“La persona [...] se ordena al Bien Común, porque la sociedad, a su vez, está ordenada
a la persona y a su bien, estando ambas subordinadas al bien supremo, que es Dios”17.
La sociedad se ordena a la persona, “en consecuencia, el bien de la persona está por
encima (es la razón de ser) del Bien Común. Pero el hombre, como individuo, se ordena al
Bien Común: el Bien Común está por encima del bien individual. El bien de la persona no se
alcanza sino en su trascenderse en la búsqueda del Bien Común”18.
Sencillamente, no pueden oponerse Bien Común y bien de la persona: la persona que
se cierra en su individualidad frustra su propio bien, a la par que frustra la posibilidad de la
consecución del bien de los demás.
“El Bien Común de un grupo social es pues el fin común por el cual los integrantes de
una sociedad se han constituido y relacionado en ella. Ese Bien Común tiene como
característica distintiva el hecho de que por su propia naturaleza es esencialmente participable
y comunicable a los integrantes del grupo social”19.

4. Abarca a todo el hombre


“Abarca a todo el hombre, es decir, tanto a las exigencias del cuerpo como a las del
espíritu. De lo cual se sigue que los gobernantes deben procurar dicho bien por las vías
adecuadas y escalonadamente, de tal forma que, respetando el recto orden de los valores,
ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu”20.
“Abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo
expedito y pleno de su propia perfección”21.
El hombre, por tener un cuerpo y un alma inmortal, no puede satisfacer sus
necesidades de un modo absoluto ni conseguir en esta vida mortal su perfecta felicidad. Esta
es la razón por la cual el Bien Común debe procurarse por tales vías y con tales medios, que
no sólo no pongan obstáculos a la salvación eterna del hombre, sino que, por el contrario, le
ayuden a conseguirla22.

14 MM, n. 147.
15 PT, n. 56.
16 GS, n. 26.
17 IBÁÑEZ LANGLOIS, JOSÉ MIGUEL, o.c., p. 86.
18 Ibídem.
19 ZANOTTI GABRIEL, Economía de Mercado y Doctrina Social de la Iglesia, Edit El Belgrano, p. 22.
20 PT, n. 57.
21 MM, n. 19.
22 Cfr. PT, n. 59.
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5. Obliga al Estado
“La razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el Bien Común. De
donde se deduce claramente que todo gobernante debe buscarlo, respetando la naturaleza del
propio Bien Común y ajustando al mismo tiempo sus normas jurídicas a la situación real de
las circunstancias”23.
Siendo superior al interés privado, es inseparable del bien de la persona humana,
comprometiendo a los poderes públicos a reconocer, respetar, acomodar, tutelar y promover
los derechos humanos y a hacer más fácil el cumplimiento de las respectivas obligaciones. Por
consiguiente, la realización del Bien Común puede considerarse la razón misma de ser de los
poderes públicos, los que están obligados a llevarlo a cabo en provecho de todos los
ciudadanos y de todo hombre -considerado en su dimensión terrena-temporal y trascendente-
respetando una justa jerarquía de valores, y los postulados de las circunstancias históricas24.
“Si toda comunidad humana posee un Bien Común que la configura en cuanto tal, la
realización más completa de este Bien Común se verifica en la comunidad política.
Corresponde al Estado defender y promover el Bien Común de la sociedad civil, de los
ciudadanos y de las instituciones intermedias”25.
Ha de ser considerado como un valor de servicio y de organización de la vida social,
del nuevo orden de la convivencia humana. Pero no sólo el Estado debe aportar las
condiciones, es tarea de todos.
Caben dos extremos:
-el Estado “providencia” que se encarga de todo, peca por exceso. Se busca el
perfeccionamiento del hombre, pero éste ha de poner de su parte. Si el Estado impone las
condiciones coarta la libertad individual.
-el Estado liberal en el que cada uno se ocupa de sí mismo, peca por defecto.

6. Obliga al ciudadano
“Todos los individuos y grupos intermedios tienen el deber de prestar su colaboración
personal al Bien Común. De donde se sigue la conclusión fundamental de que todos ellos han
de acomodar sus intereses a las necesidades de los demás, y deben enderezar sus prestaciones
en bienes o servicios al fin que los gobernantes han establecido, según normas de justicia y
respetando los procedimientos y límites fijados por el gobierno”26.
Actualmente al no afrontarse con frecuencia los problemas sociales “según criterios de
justicia y moralidad”, sino de acuerdo con criterios económicos e ideológicos, “se está
perdiendo en la sociedad la capacidad de decidir según el Bien Común; y esto está
provocando, en el individuo, una creciente incapacidad para encuadrar los intereses
particulares en una visión coherente del Bien Común”27.

C. Principios morales del Bien Común

1. Bien particular y Bien Común no se contraponen


No puede haber contraposición entre el bien particular y el Bien Común. Este es un
principio básico de la antropología que explica el ser del hombre en la singularidad del
individuo y en la dimensión social de la persona.

23 PT, n. 54.
24 Cfr. PT: AAS 55 (1963) 272.
25 CIC, n. 1910.
26 PT, n. 53.
27 CA, n. 47.
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El conflicto se presenta en la vida práctica cuando se trata de armonizar la esfera


privada y la esfera pública o en los casos en los que entran en colisión los derechos personales
con las exigencias de la sociedad. Cuando se presentan esos dos conflictos la solución no
viene por la simplificación de anular una dimensión del hombre, sino por el esfuerzo de salvar
las dos. Contraponer bien particular - bien público es optar por una antropología insuficiente
y es poner los cimientos de un desorden social. Esta afirmación no va en contra de la disputa
acerca de la primacía del Bien Común, puesto que es una discusión en el terreno teórico. Aún
en esos casos no debe haber contraposición, puesto que incluso el Bien Común debe respetar
la ley natural que rige la conducta singular del individuo.
Aunque es importante que se reconozcan los derechos individuales, no debemos hacerlo a
expensas del equilibrio que se debe alcanzar entre los derechos individuales y los derechos de
todos a vivir juntos en comunidad. Si pensamos en el equilibrio como en una balanza,
debemos sopesar igualmente los derechos individuales y los derechos de toda la comunidad.
Tenemos leyes de tráfico no porque un individuo tenga derecho a conducir lo más
rápidamente posible sino porque, si no se reglamentan los derechos de los individuos, las
carreteras serían un caos, por no decir una catástrofe. Por consenso común, hemos convenido
parar cuando el semáforo está en rojo y permitir que el tráfico se mueva cuando está en verde.
Renunciamos en cierto sentido al ejercicio de un derecho individual para que se puedan
ejercitar los derechos de todos en armonía y paz.

2. Igualdad de los particulares ante el Bien Común


Los ciudadanos situados en el mismo plano, no pueden ser privilegiados frente a otros,
ante el Bien Común y en la misma escala de valores. Este principio condena el tráfico de
influencias y mantiene la igualdad de todos los ciudadanos ante a ley. "Los partidos políticos
deben promover todo lo que crean que es necesario para el Bien Común; pero nunca es lícito
anteponer el propio interés al Bien Común"28.

3. Limitaciones de los derechos de los ciudadanos ante las demandas del


Bien Común
No confundir el Bien Común con un bien colectivo, puesto que el primero mira por
igual al individuo que a la colectividad, pero en ocasiones el Bien Común demanda que el
bien particular, ceda ante las exigencias de la colectividad. "Quedando siempre a salvo los
derechos primarios y fundamentales, como el de la propiedad, algunas veces el Bien Común
impone restricciones a estos derechos"29. En este último caso el propietario debe ser
recompensado convenientemente.
El trazado de una carretera puede exigir la expropiación de terrenos particulares.

4. Gradualidad en la aplicación del Bien Común


Debe redundar en beneficio del conjunto de los ciudadanos, pero no del mismo modo
ni en el mismo grado. Han de ser beneficiados los más débiles y los más necesitados. Un trato
por igual puede comportar una grave injusticia. Cierto igualitarismo social puede comportar
una injusticia social generalizada.

28 GS, n. 75
29 Pío XI, Firmissimam constantiam, n. 22.
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5. El Bien Común abarca a todo el hombre


No se concreta sólo en los bienes económicos, sino en la riqueza de la persona, las
necesidades de la familia y en el bien de las sociedades intermedias.
Ante el Bien Común se distinguen:
• Necesidades más urgentes: bienes de subsistencia física (Vivienda)
• Necesidades más importantes: educación, valores éticos o religiosos, protección de la
familia. Aunque las necesidades urgentes deben ser atendidas pronto, no deben hacer
olvidar las verdaderamente importantes. Se debe hacer esto sin omitir aquello.

6. Valores concretos que integran el Bien Común


Cada autor cataloga estos bienes según la propia ideología, además, cada época
demanda nuevas concreciones conforme a las necesidades que se suscitan. Se citan los
siguientes:
Defensa y protección del territorio propio, uso de la lengua, justa regulación jurídica,
la independencia de la justicia del poder legislativo, la enseñanza, los servicios públicos
(transporte, vivienda, asistencia sanitaria, comercio, agua potable, energía eléctrica, etc.); la
atención garantizada en la enfermedad, viudez, vejez, desempleo; regulación justa en el
campo laboral (deberes y derechos de empresarios y trabajadores), defensa de los derechos
ciudadanos, exigencia jurídica respecto al cumplimiento de los respectivos deberes, defensa
de la libertad personal y de las libertades sociales, protección de la moralidad pública,
protección del medio ambiente, previsión de los bienes de consumo y regulación del
intercambio comercial, garantías jurídicas de protección a la libertad de las conciencias, de
religión y de culto, armonía y conjunción entre las diversas clases sociales y profesionales,
vigilancia sobre el recto funcionamiento de los poderes del Estado, etc.
Por último, una función genérica que no es menor, es la educación cívica a todos los
niveles: cultura, preparación técnica laboral de los trabajadores, atención al arte, oferta para el
ocio y descanso, etc.

7. El Bien Común debe respetar la ley natural


Nunca puede pasarse la frontera que fija la ley natural. Si el Bien Común está
íntimamente ligado a la naturaleza humana es lógico que en su obtención se sigan los
dictámenes de la ley que rige esa naturaleza.
La tolerancia en el gobierno de un pueblo tiene sus límites. El gobernante en ocasiones
no puede legislar mejor, pero tampoco puede hacerlo permitiendo que se quebrante la ley
natural. "El Bien Común no se mantiene en su verdadera naturaleza si no respeta aquello que
es superior a él, si no está subordinado […] al orden de los bienes eternos y a los valores
supratemporales de los que depende la vida humana. [...]. Me refiero a la ley natural y a las
reglas de la justicia y a las exigencias del amor fraterno… a la vida del espíritu… a la
dignidad inmaterial de la verdad… y a la dignidad inmaterial de la belleza… Si la sociedad
humana intenta desconocer esta subordinación y, en consecuencia, erigirse ella en bien
supremo, pervierte automáticamente su naturaleza y la naturaleza del Bien Común, y destruye
ese mismo bien"30.

8. El Bien Común y el bien posible


Salvados los principios de la ley natural, los documentos del Magisterio recuerdan que
"la prudencia es la virtud del príncipe". El legislador también puede encontrarse en la

30 J. Maritain, La persona y el Bien Común, Club de Lectores (Buenos Aires 1968), p.69-70
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obligación de buscar el bien posible al legislar. "Un político cristiano no puede - hoy menos
que nunca - aumentar las tensiones sociales internas, dramatizándolas, descuidando lo
positivo y dejando perderse la recta visión de lo racionalmente posible"31.
El relativismo ético que caracteriza muchos aspectos de la cultura contemporánea
pone con frecuencia a los políticos ante difíciles problemas de conciencia. “Un problema
concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase
determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de
abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de
votación. […]. En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente
una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición al aborto sea clara y notoria a
todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa
ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad
pública”32.

D. El Bien Común internacional


Durante mucho tiempo, al hablar de Bien Común se pensaba sobre todo en una
sociedad concreta, acotada a los límites de una nacionalidad, de un territorio, de una
comunidad política particular o en una comunidad de cualquier otro tipo. Poco a poco, debido
al incremento de la interdependencia internacional se lo considera, no sólo en el plano
económico, sino también cultural, educativo, de comunicaciones, etc. La Doctrina Social de la
Iglesia habla con insistencia del “Bien Común de la humanidad”, dando lugar así a una moral
social internacional. Pero no se trata de una absoluta novedad, sino de la aplicación de los
mismos principios de siempre.
“La paz y la prosperidad son bienes que pertenecen a todo el género humano, de
manera que no es posible gozar de ellos correcta y duraderamente si son obtenidos y
mantenidos en perjuicio de otros pueblos y naciones, violando sus derechos o excluyéndolos
de las fuentes del bienestar”33.
“Así como no se puede juzgar del Bien Común de una nación sin tener en cuenta la
persona humana, lo mismo debe decirse del Bien Común general; por lo que la autoridad
pública mundial ha de tender principalmente a que los derechos de la persona humana se
reconozcan, se tengan en el debido honor, se conserven incólumes y se aumenten en realidad.
Esta protección de los derechos del hombre puede realizarla la propia autoridad mundial por
sí misma, si la realidad lo permite, o bien creando en todo el mundo un ambiente dentro del
cual los gobernantes de los distintos países puedan cumplir sus funciones con mayor
facilidad”34.
“Son exigencias del Bien Común internacional: evitar toda forma de competencia
desleal entre los diversos países en materia de expansión económica; favorecer la concordia y
la colaboración amistosa y eficaz entre las distintas economías nacionales y, por último,
cooperar eficazmente al desarrollo económico de las comunidades políticas más pobres”35.

E. Dignidad de la persona y participación en el Bien Común de la humanidad


“Por encima de la lógica de los intercambios [...] existe algo que es debido al hombre
porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad. Este algo debido conlleva

31 Pío XII, Il popolo, 21


32 Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 73
33 CA, n. 27.
34 PT, n. 139.
35 MM, n. 79-80.
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inseparablemente la posibilidad de sobrevivir y participar activamente en el Bien Común de la


humanidad”36.
“Las interdependencias humanas se intensifican. Se extienden poco a poco a toda la
tierra. La unidad de la familia humana que agrupa a seres que poseen una misma dignidad
natural, implica un Bien Común universal. Este requiere una organización de la comunidad de
naciones capaz de “proveer a las diferentes necesidades de los hombres, tanto en los campos
de la vida social a los que pertenecen, la alimentación, la salud, la educación, como en no
pocas situaciones particulares que pueden surgir en algunas partes, como son socorrer en sus
sufrimientos a los refugiados dispersos por todo el mundo o de ayudar a los emigrantes y a
sus familias” (GS 84, 2)”37.

F. Interpretación del Bien Común según las ideologías modernas


Según las ideologías el Bien Común tiene interpretaciones diferentes. Al ser cada
persona una realidad única e irrepetible pero naturalmente abierta y en comunicación con los
demás, los modelos de organización social que exaltan desaforadamente al individuo aislado o
a la colectividad son contrarios a la concepción cristiana de la vida social. El individualismo
considera la sociedad como un conjunto de sujetos asociados por pura conveniencia
pragmática o por mera necesidad: cada uno trata de conseguir su propio interés sin
preocuparse del bien de los demás. En el colectivismo, la persona queda absorbida por la
sociedad; lo importante es el cuerpo social -a menudo identificado con el Estado -, mientras
que los individuos singulares quedan reducidos a la categoría de medios para alcanzar ese fin:
son una "pieza" en el engranaje de la máquina estatal38. Tanto las concepciones colectivistas
como individualistas manejan el concepto de Bien Común, pero para unas sólo será una mera
suma de los bienes individuales, mientras que para otras será el bien de una sociedad
hipostasiada, personalizada, entendida como una sustancia autónoma.
Los sistemas políticos y económicos colectivistas consideran el Bien Común como la
suma de los valores sociales para el servicio de la comunidad. El individuo queda supeditado
al fin de la sociedad, se identifica el Bien Común con el bien social. El error de los
socialismos históricos es entender el Bien Común como la suma de los bienes particulares. No
se trata de hacer el Bien Común eliminando los bienes individuales para alcanzar una suma
acumulativa que luego se reparta entre todos los ciudadanos. La concepción colectivista del
Bien Común es injusta, dado que tal igualitarismo es contrario a la justicia que demanda que
se dé a cada uno lo que le pertenece.
La ideología liberal profesa rectamente la prioridad del individuo sobre la sociedad y
el Estado, pero descuida la atención a las condiciones sociales. En una sociedad en la que
impera el interés del individuo, se imponen los intereses egoístas del más fuerte y se descuida
el bien social. Contra el liberalismo es preciso afirmar que el Bien Común tiene carácter
supraindividual, es un bien social en sí mismo. El Bien Común no es lo que resta en el reparto
general. Es el bien de toda la sociedad: el conjunto social se orienta a un bien general, que ha
de ser compartido por todos y cada uno de los individuos. La sociedad humana es una
sociedad de personas. El Bien Común es pues el bien del todo, al cual contribuye cada uno de
los individuos y en consecuencia de él participan todos. Se requiere que la participación en el
Bien Común sea justa. El dinamismo del Bien Común de un pueblo viene regido por la
Cooperación común y el Reparto proporcional.

36 CA, n. 34.
37 CIC, n. 1911
38 CA, n. 15.
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El Magisterio de la Iglesia ha puesto de manifiesto que la raíz de estos dos errores es


de carácter antropológico, pues ambos nacen de una concepción errónea de la naturaleza del
hombre.
El llamado "socialismo real" considera a todo hombre como un simple elemento y una
molécula del organismo social, de manera que el bien del individuo se subordina al
funcionamiento del mecanismo económico-social. Por otra parte, considera que este mismo
bien puede ser alcanzado al margen de su opción autónoma, de su responsabilidad asumida,
única y exclusiva, ante el bien y el mal. El hombre queda reducido así a una serie de
relaciones sociales, desapareciendo el concepto de persona como sujeto autónomo de decisión
moral, que es quien edifica el orden social, mediante tal decisión39.
Esta concepción del hombre y la sociedad se deriva del ateísmo que subyace en esta
doctrina, pues la negación de Dios priva de su fundamento a la persona y, consiguientemente,
la induce a organizar el orden social prescindiendo de la dignidad y responsabilidad de la
persona.
También en la raíz del individualismo egoísta hay una negación de Dios no menos
radical, que aunque muchas veces no se sustente con argumentos teóricos, se afirma siempre
en la práctica. Algunos por despreocupación frente a la realidad o por pura inercia, se
conforman con una ética meramente individualista [...]. La aceptación de las relaciones
sociales y su observancia deben ser consideradas por todos como uno de los principales
deberes del hombre contemporáneo. Porque cuanto más se unifica el mundo, tanto más los
deberes del hombre rebasan los límites de los grupos particulares y se extienden poco a poco
al universo entero. Esto es imposible si los individuos y los grupos sociales no cultivan en sí
mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de forma que se conviertan
verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio
necesario de la divina gracia40.
La preocupación de un cristiano “empieza por lo que tiene a su alcance, por el
quehacer ordinario de cada día, y poco a poco extiende en círculos concéntricos su afán de
mies: en el seno de la familia, en el lugar de trabajo; en la sociedad civil, en la cátedra de
cultura, en la asamblea política, entre todos sus conciudadanos de cualquier condición social
que sean; llega hasta las relaciones entre los pueblos, abarca en su amor razas, continentes,
civilizaciones diversísimas”41.
La Doctrina Social de la Iglesia sostiene que en las exigencias del Bien Común el
Estado encuentra su fundamento y, a la vez, sus límites42. En resumen, cualquier Estado debe
crear las condiciones sociales, económicas, culturales, políticas y religiosas que permitan a
todos y a cada uno de los ciudadanos alcanzar la perfección que les corresponde en su calidad
de personas y en el caso de los creyentes les permita vivir como verdaderos cristianos.

39 CA, n. 13
40 GS, n. 30
41 San Josemaría Escrivá, Carta, 16-VII-1933, n. 15.
42 Cfr. GS, n. 74; CA, n. 44.