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Nombre

ALEJANDRO PAULINO DE JESUS

Matricula:
201904900@p.uapa.edu.do

Materia: ESPAÑOL 1

Tarea No. XI Trabajo Final

Facilitadora: Ruth D. Contras


1-Título del texto
‘’ La mujer de Honorio López’’

2- Identifica en el texto su planteamiento, nudo y desenlace.


La mujer de Honorio López Honorio López era tímida pero valiente.

Planteamiento:

Las tropas del general Cabral lo vieron realizar numerosas hazañas. Negro y curtido por el sol, Honorio López se había
ganado a sangre y fuego el rango de sargento mayor en las luchas contra el imperio español. La noche del 28 de
diciembre de 1863, Valentín Lezcano, también sargento de la guerra de restauración, se acercó a él y le dijo: —Honorio,
tengo que contarte algo que a lo mejor no te va a gustar mucho. —A ver, a ver- contestó Honorio mientras chupaba un
improvisado cigarro hecho con hojas de yagrumo y de naranja. —Me han dicho que tu mujer te la está pegando. Honorio
arrojó el cigarro y arrugó el ceño. —¿Quién te lo dijo? —Yo mismo lo he comprobado hace unos días, cuando venía de
Managüey. Honorio se puso morado de la rabia. —Dos años de peleas y de vainas y esa maldita mujer ni siquiera me ha
sabido ser fiel. Se retiró del lugar y durante la noche, tendido en su hamaca de cabuya, no pudo conciliar el sueño. Al día
siguiente, cuando Valentín Lezcano fue en busca de Honorio para decirle que lo de la noche anterior fue una broma por
Por momentos se oían los cañones españoles disparar contra las guerrillas montunas. El eco de las descargas se metía
entre las lomas, rebotando de un lugar a otro como una bola de caucho. Honorio cruzo cientos de sembrados
misteriosos, y aceleró el paso en las tierras donde podía ser avistado por el enemigo. Por fin, después de más de día y
medio de camino, alcanzó a ver el bohío de su mujer. Honorio pensaba que en la noche vendría el maldito con quien ella
le engañaba y que entonces podría matarlos a los dos. Decidió esperar y esperó. A sólo unos cuantos metros de su vieja
vivienda, Honorio observaba los movimientos de la mujer que salía al pequeño conuco, que lavaba algunos trapos
sucios y que en dos ocasiones salió de la casa a realizar alguna pequeña diligencia. Al fin llegó la noche y Honorio se
acercó un poco más a la casa. Quería ver de cerca la llegada del intruso. A eso de las nueve, cuando la luz del bohío se
había apagado, Honorio vio la figura de un hombre introducirse en la casucha por la parte delantera. —¡Ahí está ese
cabrón! –se dijo, e impulsado por una marejada de rabia y celos empuñó el machete y saltó sobre los yerbajos. Sus ojos
estaban rojos como brasas. Empujó la puerta y, derribándola, pasó machete en mano a la habitación de la mujer que
dormía. Todo fue tan violento que ella no sintió cuando el filo del arma sobre la nuca hizo rodar su cabeza por debajo del
catre. Entre las sombras Honorio distinguió la silueta del hombre que se había levantado al ruido sospechoso de los
pasos del marido. Honorio López le asestó el primer golpe sin saber dónde, luego siguió lanzando machetazos con una
furia incontenible, hasta que la sangre le tornó calma. Había vengado su honra. Salió de la casa con gran sigilo, y
montando su caballo partió nuevamente hacia el campamento, seguro de que había cumplido con un deber casi
sagrado. —¡Fue un crimen terrible, Santo Dios! —También murió el hermano de Anselma, el que venía a cuidarla por las
noches, porque como Honorio anda alzao. —Al hijo de yegua que hizo eso el diablo habrá de cobrarle. —¡Mira que
matar a dos infelices así! —Sabe Dios a quién se le metió el espíritu malo entre las costillas. —Dicen que ni cuenta se
dieron Anselma y el hermano. —El pobre Honorio por allá y viene un hijo de puta y le mata la mujer y el cuñado.

—Que a lo mejor al Honorio también lo han matao. —Así mismo, así mismo, a lo mejor lo cogió un tiro de los blancos.
Honorio López llegó al campamento pasado el medio día. Cuando entró y ató su bestia junto a una javilla todos le
miraron con desprecio. —El general te anda buscando, buen pendejo –le voceó uno que estaba trizando astillas de
cuaba con un largo cuchillo. —Y… ¿qué quiere el general? —Hace dos días que pelamos contra las tropas de Zúñiga y
tú ni te apareciste por los alrededores. —Yo andaba en otra pelea. —Cuando el general te agarre se te acabarán las
marrullas. No bien habían salido estas últimas palabras de los labios finos y resecos de un recluta, cuando hizo su
aparición la cuadrilla del general. La encabeza Valentín Lezcano, que tirándose del caballo se apresuró a saludar a
Honorio. —Maté a mi mujer anoche, te agradezco tu informe. Lezcano no supo qué responder. Hubiera querido decirle
que aquello había sido una broma de esas que se juegan el día de los Santos Inocentes. Lezcano tragó en seco, y
cuando se disponía a explicarle a Honorio las cosas tales y como eran, oyó una voz que dijo: — ¡Arresten a Honorio
López! Dos capitanes de puesto le tomaron por ambos brazos, y sin forcejeos lo llevaron donde el general. Lezcano se
quedó con los labios entreabiertos. La orden de prisión evitaba por el momento las explicaciones, pero en lo profundo de
su pecho sentía una angustia amarga, inevitable. Cuando Honorio caminaba escoltado hacia la tierra del general,
pensaba que alguien lo había visto cometer el crimen y que la denuncia había llegado hasta los oídos del jefe de la
tropa. —General, éste es el desertor –dijo el más joven de los oficiales. — ¿Usted se llama Honorio López? —Sí, señor.

— ¿Sabe lo que significa deserción? —No deserté, señor; salí a resolver un problema personal. —La guerra de
independencia no acepta problemas personales; los problemas de la patria son el problema de todos. Ha violado usted
las leyes de la revolución y

Nudo:

Queda condenado a la pena de muerte. ¡Fusílenlo inmediatamente! Capitán, escoja ocho hombres y ejecútelo. —Bien,
mi general –respondió el oficial joven. El general dio media vuelta y quedó de espaldas al reo. Honorio López no dijo una
sola palabra. Valentín Lezcano vio como la ataban y le vendaban los ojos a Honorio. Cuando la fusilería estuvo
perfectamente alineada, el oficial joven dio la orden: —
Desenlace:

¡Listos, apunten, fuego! Por lo menos seis de los ocho disparos del pelotón de fusilamiento hicieron blanco en la cabeza
de Honorio López. — ¡Sargento Lezcano –se oyó la voz del capitán-, déle usted el tiro de gracia! El sargento Lezcano
levantó sorprendido el rostro. ¿Por qué yo?, hubiera querido preguntarle al capitán. Desenfundó su revólver y se acercó
al cadáver del amigo. Ya los fusileros regresaban hacia sus puestos de campaña cuando se oyó el disparo producido
por el arma del sargento Valentín Lezcano. Todos volvieron el rostro al escuchar el ruido sordo que produjo al caer el
cuerpo del sargento. No salían de su asombro: —¡Lezcano se ha pegado un tiro! —¡Estaría loco el pobre Lezcano! —
Eran muy amigos, muy amigos, Honorio y Lezcano. — ¡Pero si ya estaba muerto, un tiro más o un tiro menos ni
importaba! Un viejo clarín ronco y cansado tocó a combate. De inmediato los soldados corrieron a sus puestos y la
caballería enfiló hacia campo raso, dispuesta a arrollar con sus cascos las huestes españolas.

El sol de la frontera y los perros de la sabana tardaron sólo cuatro días en hacer desaparecer los cuerpos de Honorio
López y Valentín Lezcano, “muertos en combate”, según el impecable y verídico diario del general.

3- Describe el escenario en el cual se narra la historia.


Lomas, Montes, sembrados misteriosos, bohío, pequeños conuco, campamento de guerra.

4- ¿Cuáles son los personajes y su rol en el texto?


 Honorio López: Negro y curtido por el sol, se había ganado a sangre y fuego el rango de sargento mayor en las
luchas contra el imperio español.
 La mujer de Honorio López (Anselma ): Era tímida pero valiente
 Valentín Lezcano: Sargento de la guerra de restauración y amigo de Honorio López
 El Hermano de Anselma: Cuñado de Honorio López
 El General: Quien dio la orden del fusilamiento de Honorio López
 Oficial Joven: Dio la orden: — ¡Listos, apunten, fuego!

5- ¿Cuál es tema planteado? Exponer con claridad y brevedad la idea central del texto.
El asesinato de anselma la mujer de Honorio López, y el hermano de Anselma cuñado de Honorio López.

Según el cuento trata del asesinato de Anselma la mujer de Honorio López, y el hermano de Anselma cuñado de
Honorio López. Al amigo de Honorio López se le ocurrió hacerle la broma del día de los santos inocente y le dijo a
Honorio que su mujer se la estaba pegando, que el mismo lo había visto, esto enfureció a Honorio y decidió por su
propia cuenta asesinar a su mujer Anselma y a su supuesto amante, para defender su honra, en ese mismo entonces
ellos estaban en guerra con tropas enemiga a los que Honorio se descuida y no v a la lucha sino que decide resolver su
problema, esto llega al oído del general y manda a fusilar a Honorio López dándole 6 disparo en la cabeza y el tiro de
gracia a cargo de su amigo que le jugo la broma (Valentín Lezcano), lo que la consciencia de este lo traiciono y prefirió
también quitarse la vida, hay quedaron los cuerpo de Honorio y su amigo según el diario del general, hombres muertos
en combate.
6 -Resumen de la historia.
Honorio López se había ganado a sangre y fuego el rango de sargento mayor en las luchas contra el imperio español.

Valentín Lezcano, también sargento Se acercó a él y le dijo: —Honorio, tengo que contarte algo que a lo mejor no te va
a gustar mucho. —A ver, Me han dicho que tu mujer te la está pegando. Honorio cruzo cientos de sembrados
misteriosos, Decidió esperar y esperó. A sólo unos cuantos metros de su vieja vivienda, Al fin llegó la noche y Honorio
se acercó un poco más a la casa. Quería ver de cerca la llegada del intruso. Honorio vio la figura de un hombre
introducirse en la casucha por la parte delantera. —¡Ahí está ese cabrón! –se dijo, e impulsado por una marejada de
rabia y celos empuñó el machete y saltó sobre los yerbajos. Sus ojos estaban rojos como brasas. Empujó la puerta y,
derribándola, pasó machete en mano a la habitación de la mujer que dormía. Todo fue tan violento que ella no sintió
cuando el filo del arma sobre la nuca hizo rodar su cabeza por debajo del catre. Entre las sombras Honorio distinguió la
silueta del hombre que se había levantado al ruido sospechoso de los pasos del marido. Honorio López le asestó el
primer golpe sin saber dónde, luego siguió lanzando machetazos con una furia incontenible, hasta que la sangre le tornó
calma. Había vengado su honra. Partió nuevamente hacia el campamento, Santo Dios! —También murió el hermano de
Anselma, el que venía a cuidarla por las noches, porque como Honorio anda alzao. —

—El general te anda buscando, —Hace dos días que pelamos contra las tropas de Zúñiga y tú ni te apareciste por los
alrededores. —Yo andaba en otra pelea. —Cuando el general te agarre se te acabarán las marrulla, cuando hizo su
aparición la cuadrilla del general. La encabeza Valentín Lezcano, que tirándose del caballo se apresuró a saludar a
Honorio. —Maté a mi mujer anoche, te agradezco tu informe. Lezcano tragó en seco, y cuando se disponía a explicarle a
Honorio las cosas tales y como eran, oyó una voz que dijo: — ¡Arresten a Honorio López! Dos capitanes de puesto le
tomaron por ambos brazos, y sin forcejeos lo llevaron donde el general. General, éste es el desertor –dijo el más joven
de los oficiales. — ¿Usted se llama Honorio López? —Sí, señor.

—La guerra de independencia no acepta problemas personales; los problemas de la patria son el problema de todos. Ha
violado usted las leyes de la revolución y queda condenado a la pena de muerte. ¡Fusílenlo inmediatamente! Capitán,
escoja ocho hombres y ejecútelo. —Bien, mi general –respondió el oficial joven. el oficial joven dio la orden: —¡Listos,
apunten, fuego! Por lo menos seis de los ocho disparos del pelotón de fusilamiento hicieron blanco en la cabeza de
Honorio López. — ¡Sargento Lezcano –se oyó la voz del capitán-, déle usted el tiro de gracia! El sargento Lezcano
levantó sorprendido el rostro. ¿Por qué yo?, Desenfundó su revólver y se acercó al cadáver del amigo. Cuando se oyó el
disparo producido por el arma del sargento Valentín Lezcano. — ¡Lezcano se ha pegado un tiro! — ¡Estaría loco el
pobre Lezcano! —Eran muy amigos, muy amigos, Honorio y Lezcano. — ¡El sol de la frontera y los perros de la sabana
tardaron sólo cuatro días en hacer desaparecer los cuerpos de Honorio López y Valentín Lezcano, “muertos en
combate”, verídico diario del general.

7- Determina la relación del texto con el autor y la época.


De acuerdo al cuento la relación, es que el autor vivió en su juventud la dictadura, este busca explicar las distintas
prácticas del poder absoluto y como el poder tiránico de forma de los sujetos, este se hable a hablar abiertamente en
sus cuentos, además de ir a grupo subalternos. Este se expresa narrando el cuento ya que el vivió esa época.

Además se relaciona que al igual que en el tiempo pasado, la guerra no acepta problemas personales; los problemas de
la patria son el problema de todos. Y cuando la patria llama hay que salir a su encuentro y si, más bien nos sentimos
comprometidos con ella.
8- Comenta brevemente el valor (social, histórico, moral o político) del texto y el propósito del autor al
escribir el texto según tu punto de vista.

Atreves del cuento el autor muestra el ayer como hoy y como el poder ha actuado de la misma manera, suprimiendo la
libertad de lo más vulnerable y lleva a una situación de servil del sujeto. Además es un cuento que nos insta a luchar por
nuestra patria dejando a tras nuestros problemas porque estos pueden esperar.

En el cuento podemos notar o mejor dicho el autor no expresa, la distracción y el ánimo de acotejar al que mas posee
posiciones o al que tiene el poder, siempre el subalterno debe mostrar obediencia, como se manifiestan táctica
serviciales para no molestar al poder a su caprichos, el autor centra su vista como el sujeto está alineado por la fuerza
militar y la brutalidad en la que se manejan y se obedecen las ordenes que sin importar a quien perjudique deben
cumplirse así eso a uno de ellos mismo. Estas órdenes y acciones que se hallan fuera de todo marco del deber y solo el
arbitrario de la violencia aparece como una situación sin término es la postura como podemos encontrar en el cuento de
la mujer de Honorio López.
ANEXO LA MUJER DE HONORIO LÓPEZ
La mujer de Honorio López Honorio López era tímida pero valiente. Las tropas del general Cabral lo vieron realizar
numerosas hazañas. Negro y curtido por el sol, Honorio López se había ganado a sangre y fuego el rango de sargento
mayor en las luchas contra el imperio español. La noche del 28 de diciembre de 1863, Valentín Lezcano, también
sargento de la guerra de restauración, se acercó a él y le dijo: —Honorio, tengo que contarte algo que a lo mejor no te va
a gustar mucho. —A ver, a ver- contestó Honorio mientras chupaba un improvisado cigarro hecho con hojas de yagrumo
y de naranja. —Me han dicho que tu mujer te la está pegando. Honorio arrojó el cigarro y arrugó el ceño. —¿Quién te lo
dijo? —Yo mismo lo he comprobado hace unos días, cuando venía de Managüey. Honorio se puso morado de la rabia.
—Dos años de peleas y de vainas y esa maldita mujer ni siquiera me ha sabido ser fiel. Se retiró del lugar y durante la
noche, tendido en su hamaca de cabuya, no pudo conciliar el sueño. Al día siguiente, cuando Valentín Lezcano fue en
busca de Honorio para decirle que lo de la noche anterior fue una broma por Por momentos se oían los cañones
españoles disparar contra las guerrillas montunas. El eco de las descargas se metía entre las lomas, rebotando de un
lugar a otro como una bola de caucho. Honorio cruzo cientos de sembrados misteriosos, y aceleró el paso en las tierras
donde podía ser avistado por el enemigo. Por fin, después de más de día y medio de camino, alcanzó a ver el bohío de
su mujer. Honorio pensaba que en la noche vendría el maldito con quien ella le engañaba y que entonces podría
matarlos a los dos. Decidió esperar y esperó. A sólo unos cuantos metros de su vieja vivienda, Honorio observaba los
movimientos de la mujer que salía al pequeño conuco, que lavaba algunos trapos sucios y que en dos ocasiones salió
de la casa a realizar alguna pequeña diligencia. Al fin llegó la noche y Honorio se acercó un poco más a la casa. Quería
ver de cerca la llegada del intruso. A eso de las nueve, cuando la luz del bohío se había apagado, Honorio vio la figura
de un hombre introducirse en la casucha por la parte delantera. —¡Ahí está ese cabrón! –se dijo, e impulsado por una
marejada de rabia y celos empuñó el machete y saltó sobre los yerbajos. Sus ojos estaban rojos como brasas. Empujó
la puerta y, derribándola, pasó machete en mano a la habitación de la mujer que dormía. Todo fue tan violento que ella
no sintió cuando el filo del arma sobre la nuca hizo rodar su cabeza por debajo del catre. Entre las sombras Honorio
distinguió la silueta del hombre que se había levantado al ruido sospechoso de los pasos del marido. Honorio López le
asestó el primer golpe sin saber dónde, luego siguió lanzando machetazos con una furia incontenible, hasta que la
sangre le tornó calma. Había vengado su honra. Salió de la casa con gran sigilo, y montando su caballo partió
nuevamente hacia el campamento, seguro de que había cumplido con un deber casi sagrado. —¡Fue un crimen terrible,
Santo Dios! —También murió el hermano de Anselma, el que venía a cuidarla por las noches, porque como Honorio
anda alzao. —Al hijo de yegua que hizo eso el diablo habrá de cobrarle. —¡Mira que matar a dos infelices así! —Sabe
Dios a quién se le metió el espíritu malo entre las costillas. —Dicen que ni cuenta se dieron Anselma y el hermano. —El
pobre Honorio por allá y viene un hijo de puta y le mata la mujer y el cuñao.

—Que a lo mejor al Honorio también lo han matao. —Así mismo, así mismo, a lo mejor lo cogió un tiro de los blancos.
Honorio López llegó al campamento pasado el medio día. Cuando entró y ató su bestia junto a una javilla todos le
miraron con desprecio. —El general te anda buscando, buen pendejo –le voceó uno que estaba trizando astillas de
cuaba con un largo cuchillo. —Y… ¿qué quiere el general? —Hace dos días que pelamos contra las tropas de Zúñiga y
tú ni te apareciste por los alrededores. —Yo andaba en otra pelea. —Cuando el general te agarre se te acabarán las
marrullas. No bien habían salido estas últimas palabras de los labios finos y resecos de un recluta, cuando hizo su
aparición la cuadrilla del general. La encabeza Valentín Lezcano, que tirándose del caballo se apresuró a saludar a
Honorio. —Maté a mi mujer anoche, te agradezco tu informe. Lezcano no supo qué responder. Hubiera querido decirle
que aquello había sido una broma de esas que se juegan el día de los Santos Inocentes. Lezcano tragó en seco, y
cuando se disponía a explicarle a Honorio las cosas tales y como eran, oyó una voz que dijo: —¡Arresten a Honorio
López! Dos capitanes de puesto le tomaron por ambos brazos, y sin forcejeos lo llevaron donde el general. Lezcano se
quedó con los labios entreabiertos. La orden de prisión evitaba por el momento las explicaciones, pero en lo profundo de
su pecho sentía una angustia amarga, inevitable. Cuando Honorio caminaba escoltado hacia la tierra del general,
pensaba que alguien lo había visto cometer el crimen y que la denuncia había llegado hasta los oídos del jefe de la
tropa. —General, éste es el desertor –dijo el más joven de los oficiales. —¿Usted se llama Honorio López? —Sí, señor.

—¿Sabe lo que significa deserción? —No deserté, señor; salí a resolver un problema personal. —La guerra de
independencia no acepta problemas personales; los problemas de la patria son el problema de todos. Ha violado usted
las leyes de la revolución y queda condenado a la pena de muerte. ¡Fusílenlo inmediatamente! Capitán, escoja ocho
hombres y ejecútelo. —Bien, mi general –respondió el oficial joven. El general dio media vuelta y quedó de espaldas al
reo. Honorio López no dijo una sola palabra. Valentín Lezcano vio como la ataban y le vendaban los ojos a Honorio.
Cuando la fusilería estuvo perfectamente alineada, el oficial joven dio la orden: —¡Listos, apunten, fuego! Por lo menos
seis de los ocho disparos del pelotón de fusilamiento hicieron blanco en la cabeza de Honorio López. —¡Sargento
Lezcano –se oyó la voz del capitán-, déle usted el tiro de gracia! El sargento Lezcano levantó sorprendido el rostro. ¿Por
qué yo?, hubiera querido preguntarle al capitán. Desenfundó su revólver y se acercó al cadáver del amigo. Ya los
fusileros regresaban hacia sus puestos de campaña cuando se oyó el disparo producido por el arma del sargento
Valentín Lezcano. Todos volvieron el rostro al escuchar el ruido sordo que produjo al caer el cuerpo del sargento. No
salían de su asombro: —¡Lezcano se ha pegado un tiro! —¡Estaría loco el pobre Lezcano! —Eran muy amigos, muy
amigos, Honorio y Lezcano. —¡Pero si ya estaba muerto, un tiro más o un tiro menos ni importaba! Un viejo clarín ronco
y cansado tocó a combate. De inmediato los soldados corrieron a sus puestos y la caballería enfiló hacia campo raso,
dispuesta a arrollar con sus cascos las huestes españolas.
El sol de la frontera y los perros de la sabana tardaron sólo cuatro días en hacer desaparecer los cuerpos de Honorio
López y Valentín Lezcano, “muertos en combate”, según el impecable y verídico diario del general.