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TRABAJO DE CRIMINOLOGÍA

Introducción

El crimen es un hecho innato al ser humano. Por más que se retroceda en el tiempo,

desde que Caín asesinó a Abel hasta nuestros días se han producido multitud de

manifestaciones delictivas. Durkheim (1991) lo definió como un fenómeno normal

dentro de una sociedad, incluso aunque la misma estuviera compuesta por santos, el

crimen existiría. Por lo tanto, la Criminología debería ser una ciencia antiquísima en el

tiempo, pues al existir el crimen coexistiría una disciplina encargada de su estudio.

No existe un concepto unitario en torno a la definición de Criminología. La mayor

parte de la doctrina aboga por asumir una serie de características comunes, propias e

inherentes a la misma, independientemente del país de procedencia, a partir de las

cuales comenzar a construir concepciones teóricas.

Desde este punto de vista, la Criminología es una ciencia empírica e

interdisciplinaria que tiene como objeto el estudio del delincuente, el lugar de los

hechos, el delito, las conductas desviadas, el control social, sin dejar de lado a

la víctima. Tiene el objetivo de entender al criminal y las distintas motivaciones que lo

llevaron a cometer sus delitos.


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El conocimiento criminológico se refiere a hechos observables que se analizan en

forma sistemática y ordenada.

Siegel (Estados Unidos, 2002) la define como “aquella disciplina que emplea el

método científico para estudiar la naturaleza, extensión, causas y control de la

conducta criminal”. Entre sus principales características, el autor destaca la naturaleza

interdisciplinar que abarca una gran diversidad de campos tan variados como la

sociología, el derecho penal, las ciencias políticas, la psicología, la economía y las

ciencias naturales.

Por otro lado, en Italia, Mantovani (1984), la identifica con “aquella ciencia

multidisciplinar, interdisciplinar, sintética, centrada en un objeto de estudio realmente

complejo como es el hecho de que ‘el hombre entre en conflicto con la sociedad’, en

todos sus aspectos: desde el proceso criminógeno hasta la definición de criminalidad,

de sus causas a los medios de control social”.

Como se ve, diferentes autores coinciden en la pluridisciplinariedad de la

criminología, por la multiplicidad de competencias y conocimientos requeridos y en

atención a la necesidad de diálogo con otras disciplinas (biología, medicina, psicología,

psiquiatría, psicoanálisis, sociología, antropología, pedagogía y ciencias económicas y

jurídicas).

El nombre de esta ciencia fue utilizado por primera vez por el antropólogo

francés Paul Topinard. Así mismo en 1885, el profesor italiano de derecho Raffaele

Garófalo acuñó este término de manera formal.


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Muy ligado a la criminología se encuentran los logros y teorías de Cesare Lombroso,

a quien se lo considera el padre de la criminología, ya que en sus estudios acerca de la

antropología criminal, cimentó bases y teorías que hasta nuestros días perduran, ya

sea como antecedentes o como directrices mismas de la ciencia.

Los especialistas en criminología buscan obtener respuestas mediante el estudio

de las raíces socio-culturales, económicas y globales de la delincuencia y basan sus

análisis en conocimientos diversos de múltiples disciplinas.

En todas las épocas el crimen ha sido objeto y motivo de preocupación general, y

los poderes públicos y la sociedad han debido tomar medidas, en muchos casos

inhumanas con respecto al criminal. Con el paso del tiempo, dichas sanciones se han

dejado de lado y han sido criticadas porque no son consideradas acordes con el

avance de la civilización.

Sin embargo, hay una opinión compartida y aceptada por todos: siempre ha habido

y habrá personas que delincan y comentan actos deshonestos.

Dentro de la evolución de la criminología surgieron distintas corrientes de estudio,

que según la época dieron lugar a distintas escuelas que se preocuparon por tratar de

resolver los problemas de la criminalidad. Entre ellas se encuentran, en los primeros

tiempos de los estudios criminológicos. la escuela clásica y la positivista, Más tarde, a

principios del siglo XX surgieron otras más modernas como la escuela de Chicago, a

través de la obra de Robert E. Park y Ernest Burgess y, en los últimos tiempos,

apareció la criminología crítica, entendida como un movimiento del pensamiento

criminológico contemporáneo que busca la construcción de una teoría materialista de la


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desviación y toma instrumentos, conceptos e hipótesis elaborados en el ámbito del

marxismo.

Todas estas escuelas, si bien muestran enfoques distintos, en el fondo persiguen

un mismo objetivo: la lucha contra la criminalidad.

Desarrollo

La Escuela Positivista

El ambiente europeo de mediados del siglo XIX constituyó el espacio apto para el

nacimiento del positivismo. Esta corriente filosófica afirma que todo conocimiento

deriva, de alguna manera, de la experiencia.

El término positivismo surgió en Francia a mediados del siglo XIX. El primero en

hacer mención al mismo fue el filósofo francés Saint-Simon, precursor de la filosofía

social. No obstante, fue el sociólogo y filósofo francés Auguste Comte (1798 - 1857)

quien popularizó dicha corriente filosófica junto con, el filósofo y político británico, John

Stuart Mill (1806 – 1873).

El nacimiento del Positivismo Criminológico dio paso a una nueva era en el estudio

del crimen, basada en el método científico. Fue considerado un pensamiento

revolucionario que vino a sustituir a la anterior Escuela Clásica. Esta estaba

conformada por teorías con cierto rigor y conocimientos bien fundados, pero que al final

quedaban en meros conceptos aislados y experiencias derivadas del saber. La Escuela

Clásica concebía el crimen como un hecho individual y aislado, sin dar importancia al

entorno social. Esta concepción iusnaturalista, incapaz de ofrecer soluciones a la hora


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de diseñar políticas de prevención criminal y lucha contra el delito y que optaba por

postulados metafísicos y filosóficos dio paso a una nueva escuela, el Positivismo

Criminológico.

La Escuela Positivista aunaba distintas visiones, desde lo antropológico hasta lo

sociológico, pasando por la Psicología, la Biología o la Psiquiatría. Todos estos

aspectos tenían un único propósito: crear una base rigurosa de conocimientos

basados en el método empírico y conseguir una robustez científica para superar la

anterior etapa carente de todos esos procedimientos.

Al ser el positivismo una postura filosófica que tuvo un impacto y por tanto una

influencia enorme en el campo de lo científico y en la búsqueda del conocimiento

comprobable y válido, también hizo eco en la criminología, el derecho penal y la política

criminal. Así lo indica Elbert (2001):

“El positivismo está estrechamente ligado a la búsqueda metódica sustentada en lo

experimental, rechazando nociones religiosas, morales, apriorísticas o conceptos

abstractos universales o absolutos. Lo que no fuese demostrable materialmente, por

vía de experimentación reproducible, no podía ser científico. El positivismo se

expandió éxitosamente, como un pensamiento progresista, revolucionario, capaz de

sacar al mundo del atraso y del oscurantismo religioso o supersticioso de los siglos

precedentes. El hombre y la ciencia serían artífices de todas las explicaciones y los

descubrimientos, capaces de superar todas las enfermedades, los obstáculos sociales

y hasta la propia naturaleza”.


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La filosofía positiva de Compte y la teoría de la evolución de Darwin fueron

esenciales para el surgimiento del positivismo criminológico. Aunque hay diferencia de

matices entre sus representantes, la escuela positiva fue técnicamente una escuela ya

que el método de estudio utilizado por todos ellos los une en forma inexorable.

El positivismo criminológico está estrechamente ligado a la búsqueda metódica

sustentada en lo experimental, rechazando nociones religiosas, morales, apriorísticas o

conceptos abstractos, universales o absolutos, Lo que no fuese demostrable

materialmente, por vía de experimentación reproducible, no podía ser científico.

Varios aspectos diferenciaban a esta nueva visión de la escuela clásica. En

contraposición con ella que se basaba en el método abstracto-formal-deductivo, la

escuela positiva se basó en un método empírico-inductivo-experimental. Mientras que

para la clásica, el delito era un ente jurídico, un concepto abstracto; para la positivista,

es un hecho real, empírico, histórico y concreto.

Los clásicos tuvieron su principal objeto de interés en el estudio del delito, mientras

los positivistas se orientaron hacia el autor de hechos delictivos, su comportamiento y

trataron de explicar las causas de ese accionar.

Los positivistas se oponen rotundamente al argumento del libre albedrío ya que,

para ellos, el sujeto criminal se encuentra netamente determinado, diferenciándose

criminales de no criminales, fundamentalmente, por factores antropológicos,

sociológicos y psicológicos.

La misión principal de la escuela positivista fue la de darle mayor importancia a la

antropología y a la psiquiatría, lo cual trajo como consecuencia que se resaltara más el


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estudio del delincuente que el del delito, y que se le prestara más atención a la

sociedad que al individuo.

La primera pregunta que se hacen los positivistas es cómo poder controlar el

fenómeno (criminalidad) y prevenirlo; la prevención no es nada diferente de la

preparación y disposición que anticipadamente se haga para evitar que algo acontezca.

Teniendo un previo conocimiento, experiencias que nos vayan suministrando datos,

factores que nos permitan facilitar la acción o decisión oportuna y correcta, podemos

pronosticar las causas de por qué alguien delinque. Con tal conocimiento aplicaremos

el correctivo y como consecuencia lógica podremos controlar el problema.

Con base en las anteriores premisas, la escuela positivista propone la necesidad de

profundizar en el estudio natural del delito y sus causas, lo que permitirá descubrir las

medidas correctivas para combatir el fenómeno, pretendiendo incluso que un día se

podría llegar a predecir quién y en qué forma delinquirá; más aún, el número de delitos

que se darían en cada época o región.

Principales representantes

Tres fueron los personajes más representativos dentro de la escuela positiva:

Cesare Lombroso, Enrico Ferri y Rafael Garófalo, cuyos apuntes biográficos se

incluyen en la unidad correspondiente a la historia de la criminología.

Césare Lombroso, considerado como el fundador del positivismo biológico,

desarrolla, un poco antes de 1876, su teoría del hombre criminal. Lombroso pertenecía

a la llamada escuela de antropología criminal y establece el concepto de criminal


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atávico. Según este criterio, el delincuente representaba una regresión a estados

evolutivos anteriores, caracterizándose la conducta delincuente por ser innata.

Este criminal atávico podía ser reconocido debido a una serie de estigmas físicos o

anomalías, como por ejemplo, el excesivo desarrollo del cerebelo, asimetría del rostro,

dentición anormal, y lo que se considera como la característica más atávica en los

criminales, a saber, el hoyuelo en medio del occipital.

Sin embargo, en sus obras se mencionan también como factores criminógenos el

clima, la orografía, el grado de civilización, la densidad de población, la alimentación, el

alcoholismo, la instrucción, la posición económica y hasta la religión.

Un rasgo llamativo en su obra es la crudeza con que expone algunas de sus

conclusiones, que resulta aún más chocante a la luz de las ideas que predominan en la

criminología luego del ocaso de la escuela positiva. Esta crudeza puede deberse a la

tendencia positivista a despojar el discurso científico de toda otra consideración aparte

de la mera descripción de la realidad, eludiendo juicios morales o sentimentales.

Por ejemplo, refiriéndose a lo que él llama la terapia del delito, dice:

"En realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es

necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los incorregibles, o

suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos" (Lombroso,

1902).

La pena tiene como objetivo, según Lombroso, la defensa social, entendida como

neutralización del peligro que para la sociedad representan ciertos individuos que no
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pueden dominar sus tendencias criminales. Al mismo tiempo, tiene el fin de intentar una

readaptación en los casos en que fuera posible.

La concepción de Lombroso torna irrelevante el estudio de la imputabilidad del

sujeto, puesto que todos los criminales son inimputables, y cuanto menor sea su

responsabilidad, mayor es su peligrosidad. Esta idea se opone agudamente a las

concepciones más frecuentes entre abogados y juristas, a quienes Lombroso criticó,

sosteniendo que pretendían aminorar la pena precisamente para los individuos más

peligrosos.

Enrico Ferri, afamado abogado adherido al fascismo, militante en un principio del

Partido Socialista Popular, desde su época de estudiante se pronunció completamente

en contra de la Escuela Clásica y del pensamiento del derecho penal liberal. Para él, el

hombre es una máquina que no posee autodeterminación con respecto a su conducta,

sino que esta era completamente predeterminada por distintos factores que en cierto

momento invariablemente terminarían en la comisión de un delito. Al respecto y en la

búsqueda de la formulación de los fenómenos determinantes de la conducta, Ferri

elaboró la ley de saturación, de acuerdo con esta, expresa Elbert (2001):

“Así como en un volumen de agua a igual temperatura se disuelve una cantidad

determinada de sustancia química, ni un átomo más, ni un átono menos, en un medio

socialmente determinado con condiciones individuales y psíquicas dadas, se comete un

número determinado de delitos, ni uno más ni uno menos”.

De acuerdo con esta afirmación, cada año el nivel de criminalidad estaría

determinado por diversas condiciones físicas y sociales en combinación con factores


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congénitos y de impulsos del individuo, sin embargo como no aclaraba a qué

condiciones y de qué cantidad de delitos se estaba hablando, esta ley de saturación no

resultaba muy concisa.

Entre algunas de las ideas radicales que manejaba Ferri establecía que las penas

y/o castigos eran ineficaces y proponía una gran cantidad de medidas de reforma

social encaminadas a la prevención.

“A la peligrosidad –otro hallazgo positivista- Ferri la llamó “temibilidad de autor” y

dedujo de ella que era necesario establecer penas indeterminadas, guiadas por el

tratamiento necesario par que el sujeto supere su propensión delictiva, lo que imponía

también un individualización de la pena, aspectos que han llegado hasta nuestros

códigos penales de hoy”. ( Elbert , 2001)

Ferri nos explica:

“La escuela criminal positiva no consiste únicamente, en el estudio antropológico del

criminal, pues constituye una renovación completa, un cambio radical de método

científico en el estudio de la patología sociocriminal, y de los que hay de más eficaz

entre los remedios sociales y jurídico que nos ofrece. La ciencia de los delitos y de las

penas era una exposición doctrinal de silogismos, dados a luz por la fuerza exclusiva

de la fantasía lógica; la escuela ha hecho de ello una ciencia de observación positiva,

que, fundándose en la antropología, la psicología y la estadística criminal, el derecho

penal y los estudios penitenciarios, llega a ser la ciencia sintética, que él mismo, la

llamo sociología criminal, y así esta ciencia, aplicando el método positivo al estudio del

delito, del delincuente y del medio, no hace otra cosa que llevar a la ciencia criminal
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clásica el soplo vivificador de las últimas e irrefragables conquistas hechas por la

ciencia del hombre y de la sociedad, renovada por las doctrinas evolucionistas”.

Ferri modifica la doctrina de Lombroso al estimar que si bien la conducta humana se

encuentra determinada por instintos heredados, también debe tomarse en

consideración el empleo de dichos instintos y ese uso está condicionado por el medio

ambiente.

En 1880, Ferri dio a conocer una clasificación de los delincuentes. Fue así, que para

poder analizarlos los agrupó en cinco categorías:

Criminales locos: considerando tales a aquellos sujetos que se

encuentran en una zona intermedia entre la enajenación y la salud mental.

Criminales natos: en los cuales los caracteres especiales desarrollados

por la antropología criminal, se encuentran de modo sobresaliente en

comparación con los demás sujetos.

Criminales habituales: son aquellos individuos que luego de haber

cometido su primer acto delictivo adquieren el hábito de la delincuencia,

convirtiendo su accionar ilícito en un modo de vida y en una verdadera profesión.

Los rasgos que los caracterizan son de corte netamente sociológico,

especialmente la precocidad y la reincidencia.

Criminales de ocasión: entendiendo por tales a aquellos sujetos que no

nacen predeterminados al delito, sino que caen en él por diversas tentaciones

derivadas de causas personales o del medio físico o social en que habitan. Los

estímulos externos son los principales culpables de su accionar delictivo.


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Criminales por pasión: son sujetos de sensibilidad exagerada en los

cuales la principal causa de su conducta antisocial es de corte psicológico.

Generalmente actúan guiados por impulsos irresistibles que les impiden controlar

sus conductas y los medios para llevarla a cabo. En la mayoría de los casos,

luego de haber cometido el delito, se arrepienten de su accionar.

Finalmente, como uno de los representantes de la criminología positivista, lo

tenemos a Rafael Garófalo juez descendiente de una familia noble y conservadora, que

en cuestión de carácter era muy diferente al temperamental Ferri, pero que al hablar de

ideas acerca de la criminología y posiciones políticas sus creencias eran coincidentes

con las de este, llegando a compartir tanto actividades científicas como políticas. Se

considera a Garófalo como el sistematizador del ideario y del programa positivista. En

1885, publicó Criminología, referente por demás histórico del nacimiento de tal

disciplina.

Derivado de su convicción de que el delito es consecuencia de anormalidades

psicológicas o morales hereditarias del delincuente, haciendo énfasis en que tales

anormalidades eran distintas a la enfermedad mental; estableció que si bien los delitos

cometidos son distintos en las diversas regiones del mundo, existen ciertas conductas

delictivas que se mantienen constantemente presentes (homicidio, violaciones, robo) y

concluyó que el positivismo no podía limitarse a definir al delincuente, sino que también

debía definir al delito mediante la creación de una noción propia y universal del mismo.
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Según Elbert (2001) “Los delitos universales serían, para Garófalo, aquellos que

provocan un reproche universal, lesionando reglas que facilitan la vida social”.

Derivado de la afirmación de la existencia de delitos constantes en el mundo y

delitos propios de cada región, Garófalo propuso crear dos códigos penales, uno para

los delitos universales y otro acorde a cada país y sus necesidades.

Al igual que Lombroso y Ferri, estableció una clasificación para los delincuentes, sin

embargo esta se basaba también en parámetros subjetivos, imprecisos y difíciles de

diferenciar. Cabe destacar que se distanció marcadamente de la antropología de

Lombroso y del sociologismo de Ferri, compartiendo con ellos únicamente la idea de

defensa social como fundamento de la política criminal. Garófalo es el jurista; pretende

dar organización jurídica a las concepciones positivas y produce la definición del delito

natural.

El pensamiento de estos tres autores nombrados conforma los postulados

fundamentales de la escuela criminológica positivista:

La Escuela Positiva se caracteriza por su método científico.

El delito es un hecho de la naturaleza y debe estudiarse como un ente real,

actual y existente.

Su determinismo.

Sustituye la responsabilidad moral por la responsabilidad social, puesto que el

hombre vive en sociedad y será responsablemente social mientras viva en

sociedad.
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El hecho de que si no hay responsabilidad moral, no quiere decir que se pueden

quedar excluido del derecho.

El concepto de Pena se sustituye por el de sanción.

La sanción va de acuerdo a la peligrosidad del criminal.

Estas deben durar mientras dure la peligrosidad del delincuente, y por eso son

de duración indeterminada.

La ley penal no restablece el orden jurídico, sino que tiene por misión la de

combatir la criminalidad considerada como fenómeno social.

El derecho a imponer sanciones pertenece al Estado a título de defensa social.

Más importante que las penas son los substitutivos penales.

Se acepta "tipos" criminales.

La legislación penal debe estar basada en los estudios antropológicos y

sociológicos.

El método es inductivo - experimental.

Postulados de la Escuela Positivista

1.- El punto de mira de la justicia El delito es solo un síntoma revelador de su estado

penal es el delincuente peligroso.

2.- Método experimental Se rechaza lo abstracto para conceder carácter

científico solo a lo que pueda inducirse de la

experiencia y de la observación.

3.- Negación del libre albedrío El hombre carece de libertad de elección. El


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delincuente es un anormal.

4.- Determinismo de la conducta Consecuencia natural de la negación del libre albedrío:

humana la conducta humana está determinada por factores de

carácter físico-biológico, psíquico y social.

5.- El delito como fenómeno Si el delito es resultado necesario de las causas

natural y social apuntadas, tiene que ser forzosamente un fenómeno

natural y social.

6.- Responsabilidad social Se sustituye la imputabilidad moral por la

responsabilidad social. Si el hombre se halla

fatalmente impedido a delinquir, la sociedad se

encuentra también irremediablemente inclinada a

defenderse.

7.- Sanción proporcional al La sanción no debe corresponder a la gravedad objetiva

estado peligroso de la infracción, sino a la peligrosidad del autor.

8.- Importa más la prevención La pena es una medida de defensa cuyo objetivo es la

que la represión de los reforma de los delincuentes readaptables y la

delitos. segregación de los inadaptables por ello interesa más la

prevención que la represión; son más importantes las

medidas de seguridad que las mismas penas.

La criminología positiva en Argentina

Las ideas sobre antropología criminal desarrolladas en Europa serían de gran

utilidad para comprender el fenómeno de la delincuencia tanto en Argentina como en el


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resto de América Latina. Así, los delincuentes serían vistos como seres pertenecientes

a un linaje humano diferente e inferior que constituirían la parte patológica de la

sociedad.

Para las minorías ilustradas, los indios y los negros serían los primeros

delincuentes. Los indios eran delincuentes por razones de atraso e ignorancia

provenientes de caracteres congénitos que les impedían superarse. Los negros lo eran

por practicar religiones especiales, que expresaban brujerías, las cuales se

consideraban que eran fomentadoras de la actividad criminal. (Del Olmo, 1981).

Para las clases ilustradas, la única forma de evitar la delincuencia y lograr el

progreso de la sociedad sería por medio del fomento de la inmigración europea de raza

blanca. Sin embargo, esta política inmigratoria no dio los resultados esperados en

razón de que se comprobó que “...la raza blanca también podía ser delincuente y

perturbadora”. (Del Olmo, 1981)

El positivismo contribuyó a ubicar a cada sujeto en el lugar que le correspondía Se

delimitaron dos ambientes que eran considerados aptos para producir conductas

anormales. Por un lado, en el sector privado, se vio a los conventillos y a las casas de

vecindad como conglomerados de vicios, de malos ejemplos y acciones detestables,

proclives a la formación de individuos delincuentes. Por otro lado, en el ámbito de lo

público, la calle era el lugar perfecto donde se unían delincuentes experimentados con

principiantes de la actividad delictiva, para ir este último incorporándose de a poco al

mundo de la delincuencia.(Ruibal,
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Los postulados del positivismo europeo tuvieron gran arraigo en la Argentina. En

principio, los más interesados en tratar estos temas fueron los médicos y los abogados.

Fue de importancia internacional la creación de la Sociedad de Antropología Jurídica

en 1889, con el fin de anexar a las ideas europeas, datos de la antropología y

sociología argentina.

Fue José Ingenieros (1877-1925) uno de los más destacados positivistas

argentinos. Este autor, al clasificar a los delincuentes, señaló que la antropometría de

estos individuos era similar en todos los casos y las diferencia había que buscarlas en

la psicopatología. A diferencia de Lombroso, el positivista argentino, da primacía al

estudio de la psicología criminal por sobre la morfología criminal.

Ingenieros considera que el campo de estudio de la criminología debe abarcar tres

temas (Ingenieros, 1916):

La etiología criminal, encargada de estudiar las causas determinantes de los

delitos, clasificándolas en factores endógenos (biológicos y propios de la

constitución fisiopsíquica de los delincuentes) y factores exógenos (mesológicos

y propios del medio en que el delincuente actúa).

La clínica criminológica, encargada de analizar las diferentes formas en que se

manifiestan los actos delictuosos y los caracteres de los delincuentes,

determinando su grado de inadaptación social o su temibilidad individual.

La terapéutica criminal, encargada de estudiar las medidas sociales e

individuales de profilaxis o de represión del delito.


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El programa de la criminología de Ingenieros está dirigido a entablar una relación

entre la delincuencia y la locura. Para él, el acto antisocial es el resultado de un

funcionamiento psíquico anormal, pudiendo ser dichas anormalidades de distinto orden,

ya sean morales, intelectivas o volitivas, pero pertenecientes todas ellas al campo de la

psicopatología. El autor afirma “... las diversas formas de temperamento criminal

corresponden a des- órdenes funcionales de la actividad psíquica.” (Ingenieros, 1916).

Conforme a las anomalías que los delincuentes poseen, pueden ser clasificados en

anómalos morales, anómalos intelectuales y anómalos volitivos. A su vez, dentro de

cada una de estas categorías, la anomalía del delincuente puede ser congénita,

adquirida o transitoria.

En los anormales congénitos, el accionar delictivo es producto de causas orgánicas,

ya que son sujetos que nacen predestinados a no adaptar su conducta a las pautas

morales de la sociedad en que viven.

En los casos de anomalías adquiridas ocurre que el individuo ha declinado su

sentido moral debido a circunstancias externas determinando su personalidad criminal,

es decir, que se trata de un sujeto normal en el cual el medio social u otras causas

han influido en su personalidad determinándolo a la comisión de delitos.

Los anormales transitorios u ocasionales son sujetos cuya personalidad está bien

adaptada al medio social en que viven, pero que por razones excepcionales han caído

en el delito.

Ingenieros considera que puede haber delincuentes en los cuales las anomalías

(morales, intelectivas o volitivas) se encuentren combinadas. En aquellos casos en que


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se combinen las tres clases, se estará en presencia de un sujeto con degeneración

completa del carácter, en los cuales “... coexisten la impulsividad, la ausencia de

sentido moral y la perturbación de las funciones intelectuales”.(Ingenieros, 1916)

Más allá de las diferencias que pudiesen existir entre las ideas positivistas

argentinas (desarrolladas por Ingenieros) y las europeas, ambas se caracterizan, por

un lado, por el predominio de factores determinantes del accionar humano, los cuales

son causas directas de la actividad delictiva; y por otro lado, por hacer hincapié en la

peligrosidad del sujeto, cuya consecuencia es el establecimiento de un estado

peligroso sin delito.

Análisis de la película “El Secreto de sus ojos” según los principios de la escuela

positivista

El secreto de sus ojos (2009) es un largometraje argentino de género thriller-

suspenso, ganador del premio Oscar (2010) a mejor película extranjera, así como

ampliamente ovacionado por la crítica mundial. Es un film de Juan José Campanella.

Cuenta con las actuaciones de Ricardo Darín, Soledad Villamil, Pablo Rago y la

participación especial de Guillermo Francella.

La película está ambientada en dos épocas: en los años 70, en donde ocurre la

mayor parte de la trama; y la actualidad, desde donde el protagonista recuerda los

hechos. En la misma se desarrollan dos historias paralelas: la que corresponde al


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asesinato, el femicidio de Liliana Colotto y la historia de amor platónico entre Benjamín

Espósito (oficial primero de un juzgado penal) e Irene Menéndez-Hastings, una

abogada recién graduada, quien llega a ser jefa del departamento de justicia, en el

período del hecho y fiscal en el momento actual de la acción.

Benjamín Espósito se jubila luego de dedicar su vida a trabajar como asistente en

un Juzgado Penal, postergando su sueño de escribir una novela. Se anima a hacerlo a

partir de una impactante historia que a regañadientes le tocó cubrir mientras trabajaba:

el asesinato de Liliana Colotto. Debe investigar el crimen y encontrar al asesino, pero

su compromiso con ese objetivo deja de ser solo profesional para convertirse en el

motor de su propia vida.

Espósito no escribe para sí mismo ni para denunciar los terribles juegos de poder,

corrupción y dictadura, sino para la mujer que compartió con él esa historia, Irene.

Recuerda el momento en el que, a pesar de corresponderle a otra secretaría, tuvo

que acudir a la escena de un crimen años atrás y, concurren a su mente escenas en

las que revive el atroz asesinato de Liliana Colotto, esposa del trabajador de un banco,

Ricardo Morales, quien queda muy afectado por la pérdida de su mujer. La joven

víctima fue tremendamente golpeada, violada y posteriormente asesinada.

El primer hecho que se puede analizar bajo la óptica criminológica positivista es la

aparente resolución del crimen realizado por su colega Romano. Este acusa de ser los

autores del mismo a dos albañiles, Jacinto Cáceres, boliviano, y Juan Robles,

argentino. Ambos acusados son trasladados a la comisaría. Este hecho daría, según

Romano, el caso por resuelto. Según los positivistas, el delincuente era visto como un
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ser influido por un rígido determinismo y no por la libre voluntad del sujeto, o sea por

causas variadas que condicionaban su accionar. En este caso el motivo por el cual los

trabajadores fueron acusados de este crimen está dado por su humilde condición social

y económica. Esta situación los hace, para los positivistas, proclives al delito como una

condición sociológica determinista que respondería, en este caso a su falta de

recursos. Con esto surge el concepto de estado peligroso que se aplica a aquellos

individuos que no pertenecen ni a la categoría de normales ni a la de anormales, pero

que igualmente constituyen una clase peligrosa por el ambiente en el que viven.

No conforme con este desenlace, Espósito va a ver a los detenidos al cuartel de

policía y allí descubre que fueron salvajemente torturados para lograr “su confesión”.

Evidentemente no fueron los principios de la criminología positivista los que

motivaron a Romano para incriminarlos, sino convertirlos en “chivos expiatorios” que

permitirían la rápida y sencilla solución del crimen. Incluso cuando es enfrentado y

acusado por Espósito de su irresponsable proceder, dice “tanto lío por dos negritos de

m….” mostrando su desprecio por la baja condición social y económica de los

trabajadores detenidos.

Tras hacer una denuncia que significa el traslado de Romano, Espósito retoma la

investigación y va a visitar al esposo de la víctima para recopilar más información

acerca de la joven asesinada. Allí logra revisar un álbum de fotos de la juventud de

Colotto. Responde a la forma de trabajo de la escuela positivista en la que se empieza

por estudiar las causas del delito. Se estudia a la víctima y a los que la rodean por

medio de la primera etapa del trabajo científico: la observación.


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A través del examen del álbum de fotos, el agente Espósito se da cuenta de que en

la mayor parte de las mismas, aparece un muchacho que siempre está mirando como

embobado a Liliana. Este se llama Isidoro Gómez, quien resulta ser un amigo de la

infancia de ella, de su pueblo natal, Chivilcoy.

Este detalle observado hace que traten de encontrar al muchacho, más aún cuando

el esposo de la víctima se entera a través de la madre de Gómez de que hace un mes

atrás (cuando se produjo el delito), este se trasladó a Buenos Aires con el propósito de

ver a Liliana. Así, logran dar con su teléfono y dirección.

Se evidencia cómo se sigue el concepto de la escuela positivista que considera que

es necesario hacer un examen profundo del sospechoso de un delito para que de esta

forma poder estudiar mucho mejor el comportamiento delictivo.

Espósito consigue la dirección de Isidoro Gómez en Buenos Aires, pero al concurrir

al lugar con quien pasa a ser su ayudante, su amigo y asistente Pablo Sandoval, el

sospechoso había huido de allí, desconociéndose su paradero.

Comienza otra etapa de la investigación positivista: la búsqueda metódica de pistas

siguiendo el método empírico. Para ello, los dos funcionarios se trasladan a la casa de

la madre de Gómez, en Chivilcoy, y mediante un arriesgado procedimiento logran

conseguir las cartas que el sospechoso le había escrito a su madre.

Viene a continuación, luego de la lectura de las diversas misivas y especialmente

por inspiración de Soriano la aplicación del método positivista criminológico: empírico-

inductivo-experimental.
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A través de la lectura de las cartas no logran dar con el paradero de Isidro Gómez,

pero Sandoval descubre que el criminal es muy fanático de Racing y es entonces

cuando le manifiesta a su compañero:

–“El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión,

de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de

pasión.”

La pasión del asesino era Racing Club. Esa pasión es representada con alegría y

amor. La alegría se produce, sobre todo, cuando el fanático asiste a la cancha para ver

a su equipo. Esta situación se relaciona con el goce y la satisfacción, más aún si

Racing gana.

La teoría de Sandoval se convierte en la hipótesis de la investigación que

emprenden los funcionarios siguiendo los pasos de la criminología positivista. Antes

habían efectuado el paso previo: la observación, a partir del análisis exhaustivo de las

cartas. Llega ahora la etapa de la experimentación para comprobar la hipótesis: van al

próximo partido que juega Racing y logran identificar a Isidro Gómez en la tribuna. Lo

empiezan a perseguir y finalmente logran atraparlo. La hipótesis se comprueba.

Gracias a ello, lo logran llevar al juzgado para interrogarlo. Esposito y Sandoval

buscan hacerlo confesar, pero no lo consiguen.

La escuela positivista cree que el sujeto criminal se encuentra netamente

determinado, diferenciándose criminales de no criminales, fundamentalmente, por

factores antropológicos, sociológicos y psicológicos, es por eso que le dan mayor


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importancia a la Antropología y a la Psicología. Es Irene quien pasa a emplear en este

momento el estudio de la personalidad del detenido y mediante un experimento logra

su confesión: delante del detenido habla de la violación de Colotto y cuestiona la

virilidad de Gómez. Este no logra contenerse y la golpea para luego confesar su crimen

en un intento desesperado de demostrar su hombría. Al confesar su culpabilidad, los

agentes logran enviarlo a prisión.

Sin embargo, al cabo de un año aproximadamente, Romano, el rival de Espósito, lo

saca de la cárcel y le facilita un trabajo en el gobierno de Isabel Perón. Al darse cuenta

de esto, el equipo busca a Romano para tratar de pedir explicaciones acerca de lo que

hizo, pero sus intentos son inútiles ya que este no ve lo justo o injusto en su acto, sino

que, en realidad, usa la liberación de Gómez para vengarse de Esposito por haberlo

perjudicado en el ámbito laboral.

Como consecuencia de este acto irresponsable, Sandoval es asesinado por unos

sicarios supuestamente enviados por Gómez para matar a Espósito. Por esto,

Benjamín, es enviado por Irene a la provincia de Jujuy para mantenerlo a salvo del

psicópata asesino.

Según la Escuela positivista, Isidoro Gómez podría ser clasificado como un criminal

por pasión. La principal causa de su conducta antisocial es de corte psicológico. Actúa

guiado por un impulso irresistible motivado por el rechazo de Liliana Colotto. Su

negativa a acceder a tener una relación con él, lo descontrola y lo lleva a violarla y

asesinarla. Más tarde por la provocación de Irene, se descontrola y la ataca. No puede

entonces controlar su conducta violenta.


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En este personaje puede aplicarse también la idea de Garófalo acerca de la

temibilidad constante y activa del delincuente que permite predecir el mal que de él

puede esperarse. Garófalo decía que se teme a alguien porque ese alguien es

peligroso, por lo tanto la temibilidad es consecuencia de la peligrosidad. Dicha teoría se

puede ver comprobada en el posterior asesinato de Sandoval y en la amenaza que

pende sobre la vida de Espósito y que determina su traslado a Jujuy para escapar de

la peligrosidad de Gómez.

Luego de 25 años de vida en Jujuy, Esposito regresa a encontrarse con Irene y a

escribir un libro acerca del caso de Morales.

Para pulir los datos que va a incluir en su libro, Benjamín decide buscar al marido de

la joven asesinada. Se entera de que se había mudado. Finalmente encuentra a

Morales en una casa muy alejada de la ciudad. Luego de una conversación sobre cómo

él había superado la muerte de su esposa, Morales le dice a Espósito que se olvide del

hecho, que eso ya pasó. Prácticamente lo echa de la casa.

El antiguo funcionario se da cuenta de que su actitud es muy extraña y no condice

con lo que pudo percibir de él años atrás. En ese momento, Morales había expresado

que la cadena perpetua que podría recibir Gómez por lo que le había hecho a su

esposa, era demasiado leve en relación con el dolor que había causado. La reacción

que el viudo demostró en su encuentro con Espósito, no concordaba para nada con su

postura anterior.
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Esta reflexión, motiva a Benjamín a regresar a la casa del banquero para sacarse

las dudas. Allí lo descubre alimentando a un prisionero en una precaria celda. El preso

resulta ser nada menos que Gómez.

Es entonces cuando se da cuenta de que Morales había tomado como prisionero al

asesino de su esposa para satisfacer su sed de venganza. Le había dado el castigo

que él consideraba adecuado para el tremendo mal que había causado.

Espósito luego de mirar la triste escena y recordar lo que Gómez hizo, comprende al

carcelero y se retira del lugar.

Según Lombroso, “en realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos

remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los

incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos”.

Aparece aquí un concepto de la pena por el crimen cometido: la pena tiene como

objetivo según Lombroso la defensa social, entendida como neutralización del peligro

que para la sociedad representan ciertos individuos que no pueden dominar sus

tendencias criminales. También Ferri postulaba que que era necesario establecer

penas indeterminadas, guiadas por el tratamiento necesario para que el sujeto supere

su propensión delictiva, lo que imponía también una individualización de la pena. El

concepto de pena se sustituye por el de sanción.

Estos conceptos podemos relacionarlos con “la pena” que el marido de Liliana le

impone a Gómez. No es usual, pero es la que según el viudo corresponde al crimen de

este asesino. Él piensa que con la cadena perpetua no alcanza y no solo encierra a

Gómez sino que le niega cualquier intercambio de palabras. Gómez le suplica a


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Espósito que le diga que le hable. La magnitud de la pena debía ser proporcional a las

condiciones personales del sujeto tratado.

Más tarde, el agente Espósito concluye que Morales nunca superó la pérdida de su

esposa y, luego, toma conciencia de que él tampoco superó la frustración que sintió a

lo largo de tantos años por no haber expresado sus sentimientos por Irene. No desea

tener el mismo final del triste viudo y decide declarar por fin su amor hacia la abogada.
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Conclusión

En el presente trabajo se comprobó cómo los principios enunciados por la Escuela

criminológica positivista se pudieron aplicar a las diversas etapas de análisis,

investigación y resolución de un crimen. Es esta oportunidad, un crimen ficticio

representado en una película.

Un artículo reciente de doctrina, donde se plantean métodos y respuestas para

abordar el estudio de la cuestión criminal, especialmente con relación a los grados de

peligrosidad de los individuos nos muestra que los postulados de los positivistas siguen

vigentes y aún en la actualidad.

En una parte del artículo, en relación a un análisis de campo realizado en la

Provincia de Buenos Aires, el profesor de Psiquiatría de la Universidad Nacional de La

Plata, José Folino (2004) , expresa “Se obtuvo una más precisa estimación de la

relación entre el abuso de substancias, el trastorno mental y violencia a través del

estudio de una muestra representativa de la comunidad de más de 10.000 personas,

detectándose que el abuso de substancias era el predictor más fuerte de violencia en la

comunidad; que ser joven, tener antecedentes de arrestos, ser varón, la condición

socioeconómica baja y el diagnostico de un trastorno mental mayor, eran también

factores de riesgo de violencia. También se demostró que los síntomas psicóticos se

asocian con violencia en la comunidad y que los factores dinámicos son pasibles de ser
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evaluados en la comunidad y que la recidiva se asocia a factores medioambientales

desestabilizadores y a factores psicopatológicos pasibles de prevención.”

De lo expuesto puede deducirse que, aún en la actualidad, los postulados de

la escuela positivista relativos al estudio de los delincuentes siguen en pie.

Las cuestiones del por qué el hombre delinque, por un lado, y si los

delincuentes son personas iguales al resto de la sociedad o son sujetos que

forman un grupo social especial, por otro lado, son problemas que aún se siguen

debatiendo y quizás sigan siendo tema de debates por mucho tiempo más.
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Referencias

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Durkheim, E.. (1991) Las reglas del método sociológico. Madrid.

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Bernaldo Quirós. Madrid. Ed. Victoriano Suárez.

Folino, Jorge O. (2004) “Nuevos paradigmas en la evaluación de la

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