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se trasladó a Berlín, donde trabajó como

el teatro del dramaturgo a las órdenes de Max Reinhardt en


el Deutsches Theater; posteriormente colaboró
distanciamiento también en obras de carácter colectivo junto con
Elisabeth Hauptmann, Erwin Piscator, Kurt Weill,
Hans Eisler y Slatan Dudow, y trabó relaciones
con el pintor Georg Grosz.
En 1926 comenzó su dedicación intensiva al
marxismo, y estableció un estrecho contacto con
Karl Korsch y Walter Benjamin. Su Ópera de
cuatro centavos (1928) obtuvo en 1928 el mayor
éxito conocido en la República de Weimar. En
ese año se casó con la actriz Helene Weigel, con
quien fundó en 1949 el conocido Berliner
Ensemble.
Algunas de sus obras más conocidas
son Baal (1922), Madre Coraje y sus
hijos (1939), El alma buena de Sezuán (1943)
y Vida de Galileo Galilei (que apareció en tres
versiones diferentes), entre otras.
“Si los tiburones fueran
hombres” en Historias de
Almanaque
—Si los tiburones fueran hombres —preguntó al
Bertolt Brecht (1898-1956) es, sin duda, uno de señor K. la hija pequeña de su patrona—, ¿se
los dramaturgos más destacados del siglo XX, portarían mejor con los pececitos?
además de un gran poeta. Sus obras traducen la —Claro que sí —respondió el señor K.—. Si los
doctrina del buen comportamiento. En este tiburones fueran hombres, harían construir en el
sentido, entiende sus textos como intentos mar cajas enormes para los pececitos, con toda
progresivos de provocar asombro, reflexión y clase de alimentos en su interior, tanto plantas
cambios de actitud en el espectador. Para ello como materias animales. Se preocuparían de
utiliza el conocido “efecto de distanciamiento” que las cajas tuvieran siempre agua fresca y
(Verfremdungseffekt) en su teatro épico. adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si,
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El efecto de distanciamiento consiste en por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta,
destacar las ideas y las decisiones en una obra en seguida se la vendarían de modo que el
sin intentar sumergir al público en un mundo pececito no se les muriera prematuramente a los
ilusorio, para así evitar la catarsis. Para Brecht tiburones.
era necesario un distanciamiento emocional del Para que los pececitos no se pusieran tristes
espectador ante la obra, ya que el teatro debía habría, de cuando en cuando, grandes fiestas
“mostrar y explicar ideas de una realidad que acuáticas, pues los pececitos alegres tienen
consideraba cambiante”, y el público debía mejor sabor que los tristes. También habría
reflexionar de una manera crítica y objetiva. Si lo escuelas en el interior de las cajas. En esas
que se produce, por el contrario, es una escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar
identificación con los personajes, el espectador en las fauces de los tiburones. Estos
pierde esa capacidad de reflexionar necesitarían tener nociones de geografía para
objetivamente sobre lo que sucede en el mejor localizar a los grandes tiburones, que
escenario. andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería,
Desde 1920 frecuentó el mundo artístico de naturalmente, la formación moral de los
Munich y trabajó como dramaturgo y director de pececitos. Se les enseñaría que no hay nada
escena. En este entorno conoció a F. Wedekind, más grande ni más hermoso para un pececito
K. Valentin y L. Feuchtwanger, con quienes que sacrificarse con alegría; también se les
mantuvo siempre un estrecho contacto. En 1924 enseñaría a tener fe en los tiburones, y a
creerles cuando les dijesen que ellos ya se
ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les tiburones fueran hombres, no habría más que
daría a entender que ese porvenir que se les cultura oficial.
auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a Teatro vivencial de la vida
obedecer. Los pececillos deberían guardarse
bien de las bajas pasiones, así como de cotidiana
cualquier inclinación materialista, egoísta o El teatro vivencial de la vida cotidiana es la confluencia
del teatro experimental, las vivencias de la vida
marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes cotidiana del actor llevadas a la escena y luego de
tendencias, sus compañeros deberían dramatizadas en el escenario, debatirlas con el público,
comunicarlo inmediatamente a los tiburones. este es el objetivo.
Si los tiburones fueran hombres, se harían El público es el familiar al que se le presenta el conflicto
naturalmente la guerra entre sí para conquistar y la relación vincular.
cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón Metodología: es un grupo operativo dedicado a trabajar
obligaría a sus propios pececillos a combatir en las vivencias y luego representarlas, cuando ya se
estableció el texto ya sea drama, comedia, canto o
esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus cualquier forma artística que ha decidido el grupo es el
pececillos que entre ellos y los pececillos de momento de representarla ante el público.
otros tiburones existe una enorme diferencia. Si Luego de la actuación el público debatirá el contenido
bien todos los pececillos son mudos, de lo expuesto, en este momento es la mirada
proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas multifamiliar cuando se comienza con el debate
muy distintos y por eso jamás logran entenderse.
A cada pececillo que matase en una guerra a un
par de pececillos enemigos, de esos que callan
en otro idioma, se les concedería una medalla al
coraje y se le otorgaría además el título de
héroe. Si los tiburones fueran hombres, tendrían
también su arte. Habría hermosos cuadros en los
que se representarían los dientes de los
tiburones en colores maravillosos, y sus fauces
como puros jardines de recreo en los que da
gusto retozar. Los teatros del fondo del mar
mostrarían a heroicos pececillos entrando
entusiasmados en las fauces de los tiburones, y
la música sería tan bella que, a sus sones,
arrullados por los pensamientos más deliciosos,
como en un ensueño, los pececillos se
precipitarían en tropel, precedidos por la banda,
dentro de esas fauces. Habría asimismo una
religión, si los tiburones fueran hombres. Esa
religión enseñaría que la verdadera vida
comienza para los pececillos en el estómago de
los tiburones. Además, si los tiburones fueran
hombres, los pececillos dejarían de ser todos
iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían
ciertos cargos, lo que los colocaría por encima
de los demás. A aquellos pececillos que fueran
un poco más grandes se les permitiría incluso
tragarse a los más pequeños. Los tiburones
verían esta práctica con agrado, pues les
proporcionaría mayores bocados. Los pececillos
más gordos, que serían los que ocupasen ciertos
puestos, se encargarían de mantener el orden
entre los demás pececillos, y se harían maestros
u oficiales, ingenieros especializados en la
construcción de cajas, etc. En una palabra: si los

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