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LOS LIBERALES SEXUALES

Y EL ATAQUE AL FEMINISMO

Primera parte: Feminismo y Liberalismo

 Agradecimientos
 Introducción (por Dorchen Leidholdt)

 El liberalismo y la muerte del


feminismo (Por Catharine A. Mackinnon)

 Sexología y Antifeminismo (Por Sheila


Jeffreys)

 Odiando a las mujeres: la derecha y la


izquierda (Por Andrea Dworkin)

Traducción no oficial por Eugenia Chareun


2019
El liberalismo y la muerte del feminismo
Por Catharine A. MacKinnon

Título original: Liberalism and the Death of Feminism

Alguna vez hubo un movimiento de mujeres. Oí por primera vez de


él en la edición liberada de Rat, en la que Robin Morgan y un colectivo
de mujeres intrépidas tomaron juntas una revista contracultural en la
que habían trabajado7. Lo que aprendí de la Rat liberada fue que lo que
excluye a las mujeres de la participación igualitaria, denigra sus voces,
silencia sus contribuciones, no las toma en serio y las subestima, no
importa qué más haga o deje de hacer, debe ser públicamente
repudiado como mínimo y, en el mejor de los casos tomado y
transformado. En ese entonces no escuché a las feministas que
censuraban Rat, aunque sin duda hubo gente que sí. Para mí, era sólo
discurso.
Después, hubo un movimiento de mujeres que criticó actos con
bases sociales –no naturales, ni dadas por Dios, ni descendidas del
Congreso– como las violaciones entendidas como violencia masculina
hacia las mujeres, como una forma de terrorismo sexual. Criticó la
guerra como eyaculación masculina. Analizó el matrimonio y la familia
como instituciones originarias del privilegio masculino y al orgasmo
vaginal como una respuesta histérica masiva de supervivencia. Criticó
las definiciones de mérito implícitas en los prejuicios sexuales, de clase
y de raza. También criticó los cuentos de hadas.
Cuando este movimiento criticó la violación, significó criticar a los
violadores y a la perspectiva que ve la violación como sexo. Cuando
criticó la prostitución, significó criticar proxenetas y consumidores, y a la

7
NdT: En 1970 trabajadoras de Rat tomaron las oficinas de la revista de nueva izquierda y editaron
una publicación feminista, como protesta ante el sexismo de las publicaciones anteriores.

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opinión de que las mujeres nacen para vender sexo. Cuando criticó el
incesto, significó criticar a aquellos que nos habían abusado, y a la
perspectiva que sexualizó nuestra vulnerabilidad y silencio forzado.
Cuando criticó la violencia y los golpes, significó criticar a los
golpeadores, y al punto de vista de que la violencia expresa la
intensidad del amor. Nadie pensó que al criticar estas prácticas el
movimiento estaba criticando a sus víctimas.
También criticó conceptos sagrados como elección desde la
perspectiva de la existencia material de las mujeres, desde nuestra
realidad. Fue un movimiento que sabía que cuando las condiciones
materiales excluyen el 99% de tus opciones, no es significativo llamar al
restante 1% –lo que estás haciendo– tu elección. Este movimiento no
estaba engañado por conceptos como el consentimiento. Sabía que
cuando la fuerza es una parte normalizada del sexo, cuando ―no‖ se
considera ―sí‖, cuando el miedo y la desesperación producen
conformidad y conformidad se considera consentimiento,
consentimiento no es un concepto significativo.
Este movimiento también criticó conceptos que nosotras tomamos
e hicimos propios, como el de igualdad. Sabía que el camino de la
igualdad había sido definido no sólo sobre una simetría sin sentido, una
equivalencia vacía, sino que había sido definido de acuerdo a la norma
masculina. Conocía las limitaciones de que te dijeran que podrías ser lo
mismo que los varones o diferente a los varones. Si eras igual a los
varones, eras igual a sus estándares, si eras diferente a los varones,
eras diferente desde sus estándares. Este movimiento dijo que si eso es
igualdad, no la queremos.
También criticó el concepto dominante de libertad, especialmente
de libertad sexual: lo expuso como una cubierta para la libertad de
abusar. Cuando la gente con poder defendió la opresión de las mujeres

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como libertad, este movimiento sabía que lo que estaban defendiendo
era la fuente de su poder. Este movimiento fue crítico de la libertad para
oprimir, nadie pensó que las mujeres serían libres teniendo más de eso.

Algunos espíritus intrépidos incluso criticaron el amor, diciendo que


fue un deseo de auto-aniquilamiento lo que ató a las mujeres a su
opresión. Y, eventualmente y con un gran costo, algunas criticaron el
sexo, incluyendo la institución del coito como una estrategia y
entrenamiento en subordinación.
Implícita en todas estas críticas estaba la de la abstracción como
una estrategia en la hegemonía masculina. Este fue un movimiento que
siempre quiso saber dónde estaban las mujeres, sustancialmente.
¿Dónde estaba la “elección” de las mujeres? ¿Dónde estaba el
“consentimiento” de las mujeres? ¿Dónde estaba la equidad definida por
las mujeres? ¿Qué significa libertad para las mujeres? Como en este
movimiento criticábamos la realidad masculina, hilábamos fino.
Encontramos que esas abstracciones eran una cubierta para la realidad
generizada. Con este fundamento el movimiento produjo una crítica
sistemática, implacable, con bases profundamente materiales y rigor
empírico, de la dominación masculina en la vida de las mujeres y las
deslumbrantes abstracciones que hacen parecer que no somos
dominadas por los varones. El movimiento descubrió en este proceso
profundas conexiones entre raza, clase y opresión sexual y las persiguió
no como un pensamiento secundario, no como una nota al pie, no como
una lista, porque eran esenciales. Este fue un movimiento que dijo que
todo asunto era un asunto de mujeres, y cada lugar era el lugar de una
mujer.

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Este también fue un movimiento que se manifestó en contra del
desfile de Miss America y los videos snuff8, estableciendo la conexión
entre ambos. Entendió la cosificación sexual como uso y abuso, dos
facetas de un mismo problema, la lógica de ambas es convertir a una
persona en un objeto sexual. Miss América es el juego previo,
convirtiendo a la mujer en algo con qué jugar. Los videos snuff son la
consumación, convirtiendo a las mujeres en cadáveres.
Este fue un movimiento que pintarrajeó los pósters cosificantes.
Marchó, peticionó, organizó, embrujó Wall Street y levitó el Pentágono,
demandó judicialmente, usó lo que sea que tenía en sus manos. En
palabras de Monique Wittig, fallando estas opciones, inventó otras.
¿Por qué hicimos todo esto? Porque, yo creo, fuimos un
movimiento que valoró a las mujeres. Las mujeres importaban. No
estábamos a la defensiva al respecto. Cuando las mujeres fueron
lastimadas, este movimiento las defendió. Individualmente y en grupos,
organizó y abrió refugios y grupos de y para todas las mujeres: mujeres
golpeadas, sobrevivientes de incesto, mujeres prostituidas. No hicimos
esto porque esas mujeres eran calificadas como ―malas‖ por la sociedad
o consideradas fuera de la ley y marginadas. Nosotras hicimos esto
porque lo que les hicieron fue un acto sistemático de poder contra cada
una de nosotras, aunque ellas se llevaron la peor parte. Esta no era una
identificación sentimental. Nosotras sabíamos que cualquier cosa hecha
a ellas podía ser ―lo estaba siendo― hecha a nosotras mismas.
Nosotras también éramos ellas.
Este fue un movimiento que tomó parte por las mujeres en todo.
Ante todo se hacía esta pregunta: ―¿es bueno para las mujeres?‖ Cada
mujer era todas las mujeres, en cierta forma. Cualquier mujer que haya
sido violada era nuestra prioridad. Fue un movimiento profundamente

8
NdT: grabaciones de crímenes reales extremadamente violentos.

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colectivista. En este movimiento, cuando decíamos ―nosotras, mujeres‖
tenía contenido. No significaba que todas teníamos que ser iguales para
ser parte de esta condición común. Eso, de hecho, fue el genio, una de
las excepcionales contribuciones de este movimiento: supuso unidad en
la diversidad como en comunidad. Esto no es asumir que comunidad
significa igualdad.
Este fue un movimiento en el cual las mujeres entendieron la
necesidad de actuar con coraje todos los días, este feminismo no era un
mejor acuerdo o una garantía menos riesgosa, sino una disciplina en
una realidad hostil. Decir que lo personal es político significaba, entre
otras cosas, que lo que hacemos todos los días es importante. Significa
que te conviertes en lo que no resistes. Lo personal y lo de todos los
días fue entendido como parte del orden político a cambiar a partir de
nuestra organización, parte de nuestra agenda política. Ver lo personal
como lo político no significa convertirte en el fundamento de las políticas
que promueves.
Nosotras también sentimos y entendemos, yo creo, una
responsabilidad hacia todas las mujeres. Nos oponemos a la
invisibilidad de las mujeres, insistimos en su dignidad y cuestionamos
todo lo que avance a costa de las mujeres. Más que nada, este
movimiento creyó en el cambio. Intentó transformar el lenguaje, la
comunidad, la vida, el espíritu, el cuerpo y la mente, la definición de las
cualidades físicas y la inteligencia, el significado de izquierda y derecha,
bien y mal, y la forma y la naturaleza del poder.
No fue todo rosas este movimiento que teníamos. Pero quería
cambiarle la cara a este mundo. Sabía que era necesario. Más que
nada, sabía que todavía no teníamos lo que necesitábamos, y creía que
podíamos obtenerlo.
Aprendí todo lo que sé de este movimiento.

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Luego, algo sucedió. O empezó a suceder, o quizás ya estaba
sucediendo todo el tiempo y algunas de nosotras lo pasamos por alto.
La primera vez que noté este algo fue con la Enmienda de la Igualdad
de Derechos (ERA)9. Nos dijeron que podíamos y deberíamos tener
esta enmienda constitucional porque la igualdad de sexos bajo la ley
realmente no iba a hacer mucho, no cambiaría nada, seguramente nada
fundamental. Lo que el movimiento identificó como la opresión y la
explotación generalizada de las mujeres por los varones se transformó
en una malvadamente llamada ―clasificación legal basada en el sexo‖.
De repente, fue la igualdad de los sexos lo que hubo que cambiar. Bajo
esta noción de igualdad de sexos, se nos daba la opción de ser lo
mismo que un hombre –la opción de la izquierda– o diferente de un
hombre –la opción de la derecha. Se nos dijo que la opción de la
izquierda era claramente mejor y el único camino a la verdadera
igualdad. Entonces, la así llamada neutralidad de géneros –ignorando lo
que distintivamente se hace con las mujeres, e ignorando quienes lo
hacen– fue denominada la posición feminista. No escuché a nadie
desafiar el hecho de que, bajo este enfoque de ERA, de cualquier
manera el camino era el estándar masculino, y de cualquier manera el
camino no era lo que el movimiento tenía en mente por equidad. La
estrategia de la Enmienda de la Igualdad de Derechos se basaba en
este análisis: aparentemente la equidad sexual puede no amenazar el
orden jerárquico imperante y aun así ser real. Este enfoque nunca
identificó la supremacía masculina como lo que tenemos que combatir.
La estrategia presentó el extraordinario espectáculo –el cual,
francamente encuentro humillante– de las feministas negando
ardientemente que la igualdad sexual haga la diferencia, cuando era lo
que buscaban urgentemente.

9
Equal Rights Amendment en el original

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Entonces empecé a conectar esto con lo que estaba pasando con
el aborto. Cuando el movimiento de mujeres había criticado la línea
entre lo público y lo privado y había identificado lo privado como la
esfera primaria de la subordinación de las mujeres, Roe v. Wade había
despenalizado el acceso al aborto como un derecho privado. A un
movimiento que sabía que lo privado era una cubierta para nuestra
condición pública de repente se le estaba diciendo que el derecho al
aborto era nuestro derecho a la misma privacidad. Si olvidas lo que este
movimiento sabe, ser iguales a los hombres parecería algo bueno. Los
varones, especialmente los blancos y heterosexuales, viven en un
universo de género neutral. Esto es mucho mejor que el universo
sexuado específico en que vivimos las mujeres. Los hombres tienen
privacidad, quizás si las mujeres la tuvieran las cosas serían mejores.
Entonces vino Harris v. McRae y negó financiamiento público a todas
las mujeres que no pudieran pagar un aborto, siguiendo la lógica de lo
privado que ya conocemos. Si no puedes pagarlo, no puedes abortar –o
sí puedes abortar de otras maneras, que distan de parecer un derecho:
un aborto con una percha no es un derecho. La lógica era que el
gobierno, lo público, no tenía la responsabilidad de financiar lo que se
supone debe mantenerse fuera del gobierno, lo privado. No es que la
despenalización no fuera una mejora en relación a ir a la cárcel, es que
obtener el acceso al aborto como un derecho privado, sin abordar la
inequidad sexual de la esfera privada, es asumir que la equidad sexual
ya existe.
Estas sospechas acerca de la naturaleza supremacista masculina
del derecho a la privacidad fueron acrecentadas por otra cosa que
algunas de nosotras notamos. Esto era que la libertad del pene para
penetrar analmente en nombre de la privacidad se convirtió en un
asunto prioritario para las mujeres bajo la bandera de los ―derechos de

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gays y lesbianas‖ sin conectar una crítica de la homofobia con una
crítica de la misoginia. Nada en los casos judiciales de sodomía criticó el
género, mucho menos la inequidad de género.
Si estas suposiciones se aplican a la ley de discriminación sexual,
surgen otras dificultades, por ejemplo en Sears vs EEOC, un caso de
discriminación sexual común y corriente. Allí vemos una drástica
disparidad entre mujeres y hombres en algunos de los trabajos mejor
pagados de Sears durante mucho tiempo, una disparidad estadística
masiva, y la Comisión por la Igualdad de Acceso al Empleo (EEOC)10
los demandó. Una mujer –una feminista– declaró que esto
necesariamente era evidencia de la discriminación que hacía Sears,
porque las mujeres quieren las mismas cosas en un empleo que las que
quieren los varones, como el dinero. Otra mujer –una feminista– declaró
que esto no es necesariamente evidencia de discriminación por parte
de Sears porque las mujeres quieren cosas diferentes a las que quieren
los varones en un empleo. La diferencia de género es coherente con
esta disparidad estadística porque las mujeres eligen trabajos en los
que pagan menos, porque son mujeres.

Entonces, hay una gran cantidad de varones en la parte superior y


una gran cantidad de mujeres en la parte inferior, y la pregunta es ¿cuál
de las dos teorías explica mejor esto: la teoría que dice que las mujeres
somos igual que los varones o la teoría que dice que las mujeres somos
diferentes de los varones? Obviamente, la segunda teoría lo hace,
especialmente si crees que las mujeres hacen lo que quieren hacer y
son libres de querer lo que sea. Aún entonces, para el movimiento de
mujeres era bastante claro que la posición de Sears, incluso en boca de
una feminista, justificaba un status quo opresivo que mantiene a algunas

10
Equal Employment Opportunity Commission

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mujeres en la parte inferior, y resulta perverso hacer esto en nombre del
feminismo.
Entonces se volvió un buen día para volver a la cama –si la cama
es un lugar seguro para nosotras– el día en que grupos feministas nos
dijeron que garantizar la licencia por maternidad a las mujeres es una
forma de discriminación sexual, y que decretar esta garantía inflinge el
Título VII de la Ley de Derechos Civiles. Ningún grupo feminista que
presentó un informe en el caso de la Corte Suprema sobre el tema dijo
que era discriminación sexual no dar a las mujeres la licencia por
maternidad. Nadie dijo que si el Título VII requiere negar la licencia por
maternidad a las mujeres eso sería discriminación sexual bajo la
Constitución. Nadie dijo directamente que si todas las personas
perjudicadas por esta privación de derechos son mujeres eso lo hace
discriminación por sexo.
En realidad, la Corte Suprema entendió esto por sí misma, mejor
que cualquier informe presentado por los grupos de mujeres. La Corte
Suprema dijo esencialmente que otorgar licencias por maternidad por
ley no es discriminación sexual, es equidad sexual. Equidad sexual
significa mujeres obteniendo lo que necesitan para trabajar. La decisión,
añadido mío, fue tomada por el Juez Thurgood Marshall, un hombre
negro. Una vez que lo hizo, algunos grupos feministas festejaron y se
atribuyeron el crédito por algo a lo que se habían opuesto.
Luego fue el debate sobre el sadomasoquismo. Por si antes no lo
habías notado, es difícil que pases por alto el rompimiento que esto
significó dentro del movimiento de mujeres. La parte que quiero resaltar
tiene que ver con nuestra capacidad de decir ―nosotras‖ en discusiones
de sexualidad, incluyendo abusos sexuales, para que signifique algo.
Me parece que la defensa del sadomasoquismo como el primer amor de
las mujeres, como nuestro destino final, lo que haríamos todas si

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realmente hiciésemos lo que queremos, está basada en una ausencia
de crítica sobre por qué las mujeres experimentaríamos la sexualidad
exactamente de la misma manera en la que fue empujada en nuestras
gargantas desde el primer día: de arriba hacia abajo. En realidad, las
mujeres han rechazado en gran medida la política del sadomasoquismo.
Sin embargo el residuo de su defensa ha sido extremadamente
destructivo. Discutiendo sobre sexualidad, las mujeres ya no dicen ―las
mujeres‖, dicen ―hablo sólo por mí misma, yo…‖ El debate sobre
sadomasoquismo hizo del ―nosotras las mujeres‖ un tabú del área
sexual. Comenzó como un debate moral, y nos dejó, políticamente, con
un análisis individualista de la sexualidad, socavando una colectividad
que nunca se basó en la conformidad, sino en la resistencia.
Todo lo que algunas de nosotras habíamos empezado a notar
explotó con la discusión sobre pornografía. Como muchas de ustedes
sabrán, Andrea Dworkin y yo concebimos y diseñamos una ley basada
en las políticas del movimiento de mujeres del que nos creíamos parte y
lo llevamos a otras quienes estaban bajo la misma ilusión. Es una ley de
equidad sexual, una ley de derechos civiles, una ley que dice que la
subordinación sexual de las mujeres a través de imágenes y palabras,
este tráfico sexual de mujeres, viola los derechos civiles de las mujeres.
Esto se hizo en términos feministas: como si las mujeres
importaran; porque nosotras valoramos a las mujeres; porque no era
suficiente sólo criticar la opresión y participar en actividades de
resistencia de la guerrilla, aunque ambas acciones son cruciales.
Queríamos cambiar la norma. Para cambiar la norma buscamos un
lugar vulnerable en el sistema. Buscamos algo que pudiera funcionar
para nosotras, algo que pudiéramos usar. Tomamos todo lo que
pudimos y cuando no estaba allí, inventamos. Inventamos una ley de
equidad sexual contra la pornografía en términos de las mujeres.

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Para la sorpresa de nadie, en especial la nuestra, muchas personas
se opusieron. Se opusieron los conservadores, que descubrieron que
les desagrada mucho más la equidad sexual que la pornografía. Se
opusieron los liberales, quienes descubrieron que les gusta el libre
discurso (es decir el sexo, es decir el uso de mujeres) más de lo que les
gusta la equidad sexual. Después vino la oposición de un grupo que se
autodenominó feminista: el FACT (Feminist Anti-Censorship Task Force
o Grupo de Trabajo Feminista Contra la Censura). En este punto, para
mí, el movimiento de mujeres que había conocido llegó a su fin.
En un acto de extraordinaria hostilidad horizontal, FACT presentó
un informe contra la ordenanza en el tribunal como parte de un ataque
legal a los medios de comunicación. Hicieron lo que pudieron para evitar
que viera la luz, para mantener lejos de las manos de las mujeres esta
ley escrita en sangre y lágrimas de mujeres, en su dolor y vivencias,
escrita fuera del silencio de las mujeres, esta ley para hacer
judicializables actos contra las mujeres –como la coerción, la fuerza, el
maltrato, el tráfico de nuestros cuerpos. La pornografía, decían, es
equidad sexual. Las mujeres deberíamos tener un mejor acceso a ella.
Usando el modelo carente de fundamentos de la equidad como
igualdad, ese que el movimiento de mujeres que conocimos criticaba,
FACT afirmó que la pornografía no debe ser procesada judicialmente
por sus víctimas, porque, entre otras razones, ―la gama de la
imaginación y expresión feminista en el plano de la sexualidad apenas
comienza a tomar voz. Las mujeres necesitan la libertad y el espacio
socialmente reconocido para apropiarse de lo que tradicionalmente ha
sido lenguaje masculino‖. Los hombres lo tienen; las mujeres de FACT
lo quieren. Así, ―incluso la pornografía que resulta problemática para las
mujeres puede ser vivida como una afirmación de los deseos y la
equidad de las mujeres.‖ Esta es una cita de Ellen Willis del informe ―La

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pornografía puede ser abuso psicológico‖ (entiéndelo, la violación sólo
ocurrió en tu mente): ―pero para las mujeres, como para los varones,
puede ser una fuente de placer erótico… Una mujer que disfruta la
pornografía, incluso si eso implica disfrutar de una fantasía de violación
es, en cierto sentido, una rebelde‖. ¿Contra qué se está rebelando? Su
respuesta: ―Insistiendo en un aspecto de su sexualidad que fue definido
como exclusivamente masculino.‖ Ahora, ¿quién puede distinguir entre
violación y sexo? La violación ha sido terreno masculino. Pero insistir en
ser definida como lo que nos han forzado a ser definidas es, cuanto
menos, una noción bastante limitada de libertad. Y de elección. Y un
movimiento de mujeres que aspira a habitar terrenos de violadores no
es un movimiento de mujeres del que quiera formar parte.
Equidad en el informe de FACT significa igual acceso a la
pornografía por parte de las mujeres. Es decir, acceso igualitario a la
población de mujeres que debe ser tratada de maneras que la
ordenanza haría procesables, para que la pornografía pueda estar
disponible. El informe de FACT también objeta que la ordenanza "hace
socialmente invisibles a las mujeres que encuentran que imágenes
sexualmente explícitas de mujeres en posiciones de exhibición o
penetradas por objetos sean eróticas, liberadoras o educativas". En
otras palabras, toda una población de mujeres deberá continuar siendo
tratada de maneras que la ordenanza haría procesables, así esta otra
población de mujeres puede experimentar su erotismo, liberación o
educación a costa suya.
El informe de FACT fue crítico de las políticas de la ordenanza por
implicar que, en una sociedad de desigualdad sexual ―donde el sexo
es lo que las mujeres tienen que vender, sexo es lo que somos, donde
el sexo es por lo que somos valoradas, nacemos sexo, morimos sexo―
que si no elegimos todo eso, si no reconocemos que eso es una

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elección, estamos degradando a las prostituidas y oprimiendo a las
mujeres. Dijeron que cuando la ordenanza le decía a los tribunales que
no podían usar todas las excusas que siempre han usado para no
creernos a las mujeres cuando decimos que somos coaccionadas
sexualmente, que nosotras no respetamos el consentimiento de las
mujeres. Este fue un movimiento que entendió que la elección de ser
golpeada por un hombre para la supervivencia económica no es una
elección real, a pesar de la apariencia de consentimiento que pueda
brindar un contrato matrimonial. No consideró degradante u opresivo
para las mujeres golpeadas hacer todo lo posible por ayudarlas a irse.
Ahora mismo se supone que creamos, en nombre del feminismo, que la
elección de ser follada por cientos de hombres para la supervivencia
económica debe ser afirmada como una opción real, y si las mujeres
firman un contrato de modelaje no hay coerción allí.
Es posible que se estén preguntando cuál fue la respuesta de
FACT a todo el conocimiento, los datos, la comprensión y la experiencia
de la victimización sexual de las mujeres presentada en apoyo de la
ordenanza. Cuál fue su respuesta a todas las mujeres que querían usar
la ley, las mujeres que tuvieron el coraje de hablar para hacerla posible,
que pusieron sus vidas, sus reputaciones, y sí, su honor en riesgo por la
ordenanza. Mayormente, FACT no las mencionó, no les importó. Las
mujeres obligadas, agredidas y sometidas se convirtieron en "algunas
mujeres". De hecho, el informe de FACT hizo lo que hace la
pornografía: hizo que el daño a las mujeres sea invisible convirtiéndolo
en sexo. Convierte el daño a las mujeres en ideas acerca del sexo, al
igual que el juez varón de derecha que encontró inconstitucional la
ordenanza. En el fondo, el informe de FACT estaba dirigido
exclusivamente a los penes. Dijeron ―Nos gusta. Lo queremos. Lo único
que queremos es tenerlos dentro. ¿Querés ver?‖

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Y sabes, funcionó. La equidad de las mujeres, en la decisión que
invalidó la ordenanza como una prohibición sobre las ideas, se convirtió
en un ―punto de vista‖ sobre el sexo. Hacer algo ante los actos de
inequidad se convirtió en un punto de vista. FACT no se merece todo el
crédito por esto, porque su poder viene de los líderes de la supremacía
masculina. Ni merecen toda la culpa, eso pertenece a los pornógrafos,
su séquito de medios legítimos y la ACLU. Pero como un evidente
vehículo antifeminista en el nombre del feminismo, FACT hizo posible
que ese juez de derecha escribiera, al anular la ordenanza: ―las
feministas han entrado en este caso como aliadas de ambas partes‖. Sí:
Linda Marchiano, la mujer que fue obligada en la película pornográfica
Garganta Profunda, y Dorothy Stratten, que estaba en Playboy y fue
asesinada por su proxeneta, los centros de ayuda para crisis por
violación, los grupos comunitarios que representan barrios de la clase
trabajadora y comunidades de color― presentaron una demanda por un
lado. FACT, un grupo de élite compuesto en su mayoría por académicos
y abogados, presentó por el otro.
El movimiento negro tiene Tíos Tom y galletas Oreo [traidores a la
raza]. El movimiento de los trabajadores tiene scabs [rompehuelgas]. El
movimiento de mujeres tiene a FACT.
¿Cuál es la diferencia entre el movimiento de mujeres que tuvimos
y el que tenemos ahora, si se le puede llamar movimiento? Creo que la
diferencia es el liberalismo. Donde el feminismo es colectivo, el
liberalismo es individualista. Hemos sido reducidas a eso. Donde el
feminismo tiene bases sociales y críticas, el liberalismo es naturalista,
atribuyendo la opresión de las mujeres a la condición de la sexualidad
natural de las mujeres, haciendo ―nuestra‖ la opresión. Donde el
feminismo critica las maneras en las que las mujeres somos
determinadas socialmente en un intento por cambiar esa determinación,

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el liberalismo es voluntarista, lo que significa que actúa como si
tuviéramos opciones que no tenemos. Donde el feminismo se basa en la
realidad material, el liberalismo se basa en algún ideal instalado en la
mente. Y donde el feminismo es implacablemente político, sobre el
poder y el no-poder, lo mejor que puede conseguir este nuevo
movimiento es una diluida forma de moralismo: esto es bueno, esto es
malo, no hay análisis de poder ni del no-poder en absoluto. En otras
palabras, los miembros de grupos como las mujeres, que no tienen más
remedio que vivir la vida como miembros de grupos, son tomados como
si fueran individuos únicos. Sus características sociales son reducidas a
características naturales. La exclusión de oportunidades se convierte en
expresión de libre albedrío. La realidad material se convierte en ideas
sobre la realidad. Y las posiciones concretas de poder y de no-poder se
transforman en simples juicios de valor relativo sobre los cuales las
personas razonables pueden formar preferencias diferentes pero
igualmente válidas. Las vivencias de abuso de las mujeres se
transforman en un ―punto de vista‖.
Esto se se convierte en ley bajo la forma de neutralidad de género,
consentimiento, privacidad y discurso. La neutralidad de género significa
que no se puede tener en cuenta el género, no se puede reconocer,
como alguna vez lo supimos, que la neutralidad impone un status quo
no neutral. El consentimiento significa que todo lo que te obliguen a
hacer se atribuye a tu libre albedrío. La privacidad protege el ámbito de
la opresión íntima de las mujeres. El discurso protege la violencia sexual
contra las mujeres y el uso sexual de mujeres porque son formas
masculinas de autoexpresión. Bajo la Primera Enmienda, sólo aquellos
que ya tienen habla tienen un discurso protegido. Las mujeres son más
propensas a ser el lenguaje de los varones. Nadie que aún no tenga
estos derechos garantizados socialmente los obtiene legalmente.

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¿Qué se ha logrado para las mujeres a través de estas políticas del
liberalismo? La ERA se ha perdido. La financiación del aborto se ha
perdido. No se ha logrado nada muy significativo con la reforma de la
ley de violación. La Corte Suprema está elaborando una ley progresista
sobre discriminación sexual en gran parte por su cuenta. Ya sabes, es
un insulto increíble cuando el Estado hace la equidad sexual mejor que
el movimiento de mujeres. Habríamos perdido la licencia legal por
maternidad si este feminismo hubiese tenido éxito. Y la pornografía ha
sido salvada.
El liberalismo hace necesarios estos resultados, en parte porque
no puede ver la misoginia sexual. Esto es porque la misoginia es sexual.
Para ser claras, es sexual a la izquierda y a la derecha, sexual para los
liberales y sexual para los conservadores. Como resultado, la
sexualidad como organización social es profundamente misógina. Para
la dominación masculina, de la cual el liberalismo es la ideología
dominante actual, la misoginia sexual que es fundamental para todos
estos problemas no puede verse como un problema de equidad sexual
porque la sexualidad se basa en la inequidad sexual. La ley de equidad
no puede aplicarse a la sexualidad porque la equidad no es sexy y la
inequidad sí lo es. La equidad no puede aplicarse a la sexualidad
porque ocurre en privado y no se supone que nada interfiera en lo
privado, por inequitativo que sea. Y la equidad no puede ser más
importante que el discurso, porque la expresión sexual es sexo e
―inequidad sexual‖ es algo que los varones quieren decir.
Habiendo dicho esto, aquí estamos en esta sala (son más las
personas en esta conferencia que los bolcheviques que derrocaron al
zar). Me hacen comenzar a creer que podemos tener un movimiento de
mujeres al que volver. En sus talleres, tal vez podrían pensar en modos
―la ordenanza es uno, conocemos otros y hay muchos que esperan ser

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descubiertos― para movilizar la inseguridad física y económica basada
en el sexo de las mujeres, la vulnerabilidad y la desesperación de las
mujeres, para no ser derrotadas por la indignidad personal basada en el
sexo de las mujeres, el hartazgo y la desesperación de las mujeres.
Piensen en cómo cambiar el miedo de las mujeres, para que el miedo
ya no sea la emoción más racional que sentimos, cómo transformar la
invisibilidad y el agotamiento de las mujeres, el silencio y el odio hacia sí
mismas. Si perdiéramos todo eso ¿qué podría oponerse? Además,
piensen cómo, contra todo pronóstico, contra la historia, contra toda
evidencia, podemos crear-inventar una esperanza basada en el sexo.

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