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e.1.

  Casa Sakuda, trabajo de voluntarios, talleres de trabajos


Museo de la Arquitectura las casas reproducen manuales, como el tejido
al aire libre Nihon la vida campestre de cestos de bambú, telas,
Minka-en, Tama-ku, en Japón durante los origami, etcétera; en la
Kawasaki, prefectura siglos xvii al xix; se fotografía, un voluntario
de Kanagawa; durante encienden las hogueras apaga la hoguera al
las horas de visita, con y se realizan diversos final de la jornada.
El hábitat japonés contemporáneo

Nadia Vasileva ¿Qué es entonces Japón? ¿En qué consiste su afamado milagro? Eso me
preguntaba antes de preparar la maleta para irme allí; eso me sigo pre-
guntando ahora que he vuelto y han pasado ya unos meses para de-
jarme pensar, rebuscar mis apuntes, poner una línea gorda y recapa-
citar sobre algunas cuestiones. Incluso allí, en tierra japonesa, en mis
conversaciones con algunos de nuestros diplomáticos, ellos me expli-
caban, me sacaban a pasear, pero cada vez que llegaba el momento de
hacer mi pregunta clave, ¿en qué consistía el célebre milagro japonés?,
ellos también –gente educada, erudita, sabia– se encogían de hom-
bros y la respuesta se tornaba vaga y nebulosa, como se torna el mis-
mo Japón cuando se acercan los tifones. Más o menos sonaba así:
—Bueno, cómo decirte, eso es una cuestión… japonesa.

Marko Semov, Япония като за Япония


(‘Japón como sobre Japón’), 1984.

Recuerdo las largas conversaciones con el profesor Nakagawa duran-


te mis dos estancias en su laboratorio de Historia de la Arquitectura.
Mi amiga y compañera de viaje Belén las llamaba «las entrevistas».
En efecto, yo preparaba esos encuentros a conciencia, tras varios días
de trabajo de investigación en bibliotecas, archivos, visitas a museos
y exposiciones sobre la casa tradicional japonesa y sus enseres. An-
tes de que las preguntas empezasen a acumularse sin orden y sin
posibilidad de ser respondidas, intentaba sistematizarlas, ponerlas
por escrito sobre el papel y entregárselas al profesor Nakagawa.
A menudo nos acompañaba Koiwa-san, un profesor joven que en
Nadia Valiseva es arquitecta por aquel momento era el responsable del laboratorio y mi nexo con el
la Escuela Técnica Superior de resto de investigadores y alumnos, dado que mi escaso japonés di-
Arquitectura de Madrid, donde
actualmente realiza el doctorado ficultaba mucho la fluidez de las conversaciones. No obstante, es en
en el Departamento de Proyectos
Arquitectónicos; durante los años
esas situaciones cuando uno aprende a agudizar al máximo los sen-
2012 y 2014 fue investigadora tidos para poder captar el significado de las palabras desconocidas
en el Laboratorio de Historia de
la Arquitectura de la Escuela en una mirada, en un gesto, en un suspiro, en el timbre de la voz…
Superior de la Universidad La voz de mi profesor estaba llena de sentimiento. De entre to-
de Waseda (Tokio), bajo la
dirección del profesor Nakagawa. das nuestras conversaciones, hay una que atesoro de un modo par-
280 la casa japonesa

ticular, pues supuso un valioso descubrimiento no sólo académico,


sino también en el ámbito de lo personal y de lo humano. La ‘en-
trevista’ giraba en torno a la vertiginosa pérdida de valores en la vi-
vienda contemporánea como consecuencia de la rápida moderniza-
ción. Yo no acababa de explicarme cómo pudo ocurrir esto en Japón
en un periodo tan corto de tiempo: los cambios sociales son pro-
cesos naturalmente lentos y hace falta mucho tiempo para que se
produzca una transformación significativa; y sin embargo, en poco
más de medio siglo, «el corazón de Japón» ha sido borrado del ho-
gar japonés, tal como señala el profesor Nakagawa en el prólogo de
este libro. Fue entonces cuando le pregunté acerca del futuro de la
vivienda japonesa, de cómo veía él una posible conciliación de la
contemporaneidad con los valores del hogar, profundamente arrai-
gados en la cultura. ¿Era posible? e.2.  Reproducción de
una escena familiar
«Sí,» –contestó– «es posible. Wakonyousai.» alrededor del hogar
enterrado; elaborado a
Pronunció aquella palabra con una voz quieta y firme, y con una partir de una fotografía
certeza que me hacía entender que no se trataba sólo de un térmi- documental expuesta en
la casa museo Nakano
no que designaba cierto ensueño, sino de algo real y verdaderamen-
Yoshimori, Museo al
te alcanzable. Yo no sabía lo que significaba, pero la forma en la que de Arquitectura al aire
sentenció la palabra no me dejó lugar a dudas de que, efectivamen- libre Gassho-Zukuri
te, ésa era la respuesta que estaba buscando. Wakonyousai. La repe- minkaen, Shirakawa‑gō,
tí varias veces para retenerla en la memoria y le pedí que me la es- prefectura de Gifu.

cribiera en un papel.
De su breve adelanto sobre el significado, me resultó cuanto me-
nos sorprendente darme cuenta de que era posible distinguir en-
tre ‘estilo’ (forma construida) y ‘espiritualidad’ cuando se trata del
modo de habitar una casa. Esa espiritualidad –a la que Edward S.
Morse llamaba el «corazón japonés»– ha sido una de las grandes
pérdidas causadas por el deseo reformista del gobierno Meiji, que
pretendía crear un nuevo y moderno Japón. Por supuesto, el fenó-
meno de la industrialización, con su desarraigo del culto a lo tra-
dicional como consecuencia implícita de la modernización, no es
algo exclusivo de Japón.
Para incidir sobre ello, el profesor Nakagawa quiso remitirse a 1.  Philip Johnson, “The
Philip Johnson y sus “Siete muletillas de la arquitectura moderna”.1 seven crutches of modern
architecture”, Perspecta, vo-
Como decía Johnson, la muletilla de la ‘utilidad’ convierte un edifi-
lumen 3, 1955, páginas 40-45;
cio en un «mero ensamblaje de partes útiles», mientras que la mu- versión española: «Las siete
letilla del ‘confort’ hace que el control ambiental reemplace a la ar- muletillas de la arquitectura
moderna», en Escritos (Bar-
quitectura. En la búsqueda de autenticidad en el espacio habitado celona: Gustavo Gili, 1981),
por parte de Johnson, el profesor Nakagawa reconocía su propia páginas 136-141.
epílogo 281

añoranza del «corazón japonés» en el ámbito doméstico (figuras


e.1. y e.2).

¿Saben lo que quieren decir cuando hablan de entorno


controlado? Se trata del estudio de la ‘microclimatología’, la
ciencia que nos dice cómo recrear un clima de forma que nos
encontremos cómodos. Pero, en realidad, ¿está uno cómodo?
La chimenea, por ejemplo, se halla fuera de lugar en el entorno
controlado de la casa; se calienta y dispara los termostatos.
Con todo, a mí me gusta la belleza de los hogares, así que
mantengo mi termostato al mínimo, a 60 grados Fahrenheit
[unos 16 °C], y entonces enciendo un enorme fuego devorador
para poderme mover de un lado a otro. Pero eso no es entorno
controlado; soy yo quien controla el entorno. Es mucho más
divertido. 2

Al releer estas observaciones de Johnson, me acordé de un co-


mentario del profesor Nakagawa. En una ocasión me preguntó cómo
me sentía en Japón, comparándolo con Europa. Le dije que en Ja-
pón uno tenía la agradable sensación de seguridad, de que no podía
pasarte nada malo, de que nadie podría herirte. Se quedó pensan-
do, absorto por un instante, y su contestación fue muy de Johnson:
«Pero no hay nada divertido en ello, ¿no crees?»
Viéndolo de este modo, aún con cierta reticencia a desprenderse
de la cómoda sensación de estar a salvo, uno tiende a asentir. Pro-
bablemente sea cuestión de saber atenerse a ciertos límites, sin ca-
rencias ni desmesura, o –como decía Marko Semov– «en algún lu-
gar entre lo mínimo imprescindible y el escaso, tan sólo insinuado,
exceso». Allí, en ese límite, parecía hallarse también una nueva rea-
lidad sobre los modos de habitar. Espiritualidad y estilo. ¿Qué que-
ría decir exactamente?

Wakonyousai

El término wakonyousai está compuesto por cuatro ideogramas


( 和 魂 洋 才), agrupados de dos en dos (figura e.3). El primer kanji
[wa], escrito 和, designa todo lo relativo a Japón; significa ‘japonés’
y, también ‘paz, armonía, armonioso’. A su vez, 魂 [kon] tiene ori-
gen pictórico; significa ‘ente’ o ‘espíritu’, y ha llegado a designar el
alma. Como conjunto, wakon podría traducirse cómo ‘espíritu ja-
ponés’, ‘alma japonesa’ o ‘corazón japonés’, con una sutil alusión a
2.  Ibídem, página 139. que estamos hablando de algo que emana armonía, que está equi-
282 la casa japonesa

librado. Yousai es un termino que aparece en la época de restaura-


ción Meiji, en el contexto de las cada vez más firmes relaciones con
Occidente. El primer kanji, 洋, tiene origen combinado, una com-
ponente pictórica (氵= 水 = agua) y otra fonética (羊). El ideogra-
ma completo significa ‘océano’, y de ahí, ‘extranjero, importado, oc-
cidental’, es decir, lo que viene del otro lado del océano. El segundo
kanji, 才, tiene origen pictórico y proviene de la imagen de una se-
milla plantada en la tierra. Su significado original es brotar, germi-
nar, florecer, y de ahí ha llegado a designar la habilidad, el talento, la
forma de hacer las cosas. En su conjunto, yousai, escrito 洋 才 podría
traducirse como ‘habilidad occidental’, ‘a la manera occidental’, o ‘al
estilo occidental’, haciendo referencia no sólo a la procedencia de
Occidente, sino también al conocimiento y la habilidad técnica que
se atribuyen a todo lo importado desde el otro lado del océano.

e.3.  Formación de los


cuatro ideogramas
que componen la
palabra wakonyousai:
importancia de
la iconografía en
la formación del
pensamiento en las
culturas asiáticas y en la
japonesa en particular,
en este caso a través
de la adopción de los
ideogramas chinos; los
conceptos se interiorizan
en forma de imágenes;
idioma y proceso creativo
están estrechamente
vinculados, no sólo en
sentido semántico, sino
también pictórico.
epílogo 283

e.4..  Edificio residencial


en Tokio, cerca de la
estación de Ochanomizu;
abajo, conjetura acerca
de la planta superior del
edificio con el espacio que
ocuparían los dos futones
tendidos y el cubrecamas
con mangas; Bruno
Taut hace referencia a
este tipo de ‘colcha de
guata con mangas’ en
su libro La casa y la
vida japonesas (1937).

‘Espiritualidad japonesa, habilidad occidental’ o, dicho de otro


modo, ‘con corazón japonés, al estilo occidental’. De una manera
muy elegante, el término wakonyousai aúna en una sola palabra lo
que los japoneses consideran lo mejor de cada una de las dos cul-
turas: por un lado, la exquisita y delicada sensibilidad japonesa, un
patrimonio inmaterial que pertenece a lo acaecido, lo irracional, lo
simbólico; por otro, la técnica científica inherente al mundo indus-
trializado de Occidente, que compete a lo intencionado, lo racional y
lo funcional. ¿Dónde cabe el encuentro de tales características, apa-
rentemente contradictorias? ¿De qué manera se materializa un con-
cepto tan sutil en el hábitat y en la cultura material del objeto?
Al igual que Marko Semov, ésta es la pregunta que me sigo ha-
ciendo desde entonces, con el convencimiento de que con su res-
284 la casa japonesa

puesta hallaremos también el modo de conciliar nuestra realidad


construida, dolorosamente desarraigada, con ciertos valores de un
pasado no tan lejano. Incluso en una era tan sumamente tecnifica-
da, si miramos bien, veremos que nuestros hogares siguen resguar-
dando tales valores en algún rincón recóndito, porque son ellos los
que en última instancia dan sentido a nuestras acciones cotidianas
(figura e.4). Ésas son, a mi entender, las manifestaciones de objetua-
lidad que pueden designarse con el término wakonyousai: los obje-
tos que pueden entenderse como manifestaciones físicas de un con-
junto de patrones culturales profundamente arraigados en la cultura
japonesa, pero con una gran capacidad de renovarse y reinventarse,
cambiando de forma para adaptarse a las nuevas circunstancias.

La identidad cultural de los hechos arquitectónicos

«Para obtener algo hay que renunciar a algo, de manera que el modo
de vida residencial japonés se ha modernizado a expensas de mu-
chas cosas amadas», dice el profesor Nakagawa en el prólogo de este
libro. Pero también es cierto que mientras el modelo de casa tra-
dicional va desapareciendo, la casa como objeto construido sigue
siendo un envoltorio para las acciones cotidianas. Entendiendo la
arquitectura como el producto cultural de una determinada socie-
dad, podemos decir que lo que cambia es la forma (o el estilo), pero
persiste el hábito (o la espiritualidad).
Dicho de otro modo, no podemos hablar de una ruptura incondi-
cional con el pasado, que borre de la memoria lo aprendido, lo sen-
tido y lo experimentado. Cada cultura tiene una idiosincrasia parti-
cular que se transmite de generación a generación, algo que la hace
propia, y que une en un vínculo indivisible costumbres, expresiones
artísticas, religión, educación, sistema de gobierno, idioma, etcéte-
ra. La arquitectura forma parte inseparable de esa imagen o identi-
3.  Véase Bennato Aníbal,
dad cultural en su conjunto: la casa se entiende como un ente mul-
“Vinculaciones entre el dise-
tifacético que se inserta, responde y se produce en un determinado ño arquitectónico y la identi-
contexto. Dentro de lo complejo que puede resultar entenderlo en su dad cultural”, IV Jornadas de
Investigación 2006, Secreta-
totalidad, solemos hablar de un contexto natural, un contexto cons- ría de Investigación y Pos-
truido, un contexto social o un contexto cultural propiamente dicho grado, Facultad de Arquitec-
tura y Urbanismo, Universi-
que abarca las tradiciones y las herencias, las innovaciones, los sig-
dad Nacional del Nordeste;
nificados y los valores asignados a los hechos arquitectónicos. 3 disponible en http://arq.un-
¿Cuáles son los valores asignados a los hechos arquitectónicos en ne.edu.ar/publicaciones/co-
municaciones06/ponencias/
la forma de pensar el espacio habitado japonés y occidental?¿Cuáles bennato-taller.pdf (consulta-
son sus supuestos de origen, sus paralelismos y divergencias? do el 09.04.2010.
epílogo 285

En líneas generales, la teoría arquitectónica (occidental) ha gira-


do primordialmente en torno a tres cuestiones, la suma de las cua-
les ha determinado en cierto modo el ‘valor’ de la arquitectura en
cada época determinada. En palabras de Joseph Rykwert, aunque
sea sólo por ser el primer tratado sobre arquitectura que conocemos,
esas tres cuestiones descansan sobre las tres características que la
tríada vitruviana designa como necesarias para toda construcción.
Esto tal vez también se deba al hecho de que –como él mismo apun-
taba y ya había desarrollado Giedion–,4 la arquitectura occidental
ha seguido un curso de desarrollo paralelo a la ciencia. De un modo
u otro, la solidez de la construcción (el valor de lo construido), la
racionalización de lo construido (o la interiorización de lo funcio-
nal, o lo útil) y el problema de lo estético (entendido en estrecha re-
lación con la simetría) han constituido el núcleo de la polémica.
La relevancia de esta cuestión en el contexto actual reside en el
hecho de que las principales diferencias que enumeran los teóricos
japoneses con respecto a la arquitectura occidental son precisamen-
te las posturas adoptadas en cada uno de los supuestos anteriores.
La razón podría ser que la teoría arquitectónica en Japón es mucho
4. Véanse: más tardía 5 y para su desarrollo ha encontrado necesario apoyarse
·  Sigfried Giedion, Space, en otra ya existente (la occidental), y lo ha hecho valiéndose del con-
time and architecture (Cam-
bridge, Massachusetts: Har- traste como recurso para afirmar lo propio y diferenciarse. Dichos
vard University Press, 1941- contrastes podrían resumirse en el siguiente esquema:
1969); versión española defi-
nitiva: Espacio, tiempo y ar- Occidente Japón
quitectura (Barcelona: Rever-
té, 2009); lo perenne · lo efímero
·  Joseph Rykwert, On lo funcional · lo simbólico
Adam’s house in Paradise: the
idea of the primitive hut in
composición · correlación
architectural history (Nue-
va York: Museum of Mod- Profundizando un poco más en el contexto ambiental, antropoló-
ern Art, 1972); versión espa- gico, filosófico y religioso, descubrimos ciertos rasgos contrapuestos
ñola: La casa de Adán en el
Paraíso (Barcelona: Gustavo
que definen el hábitat en cada una de las dos culturas:
Gili, 1974).
5.  En una nota introduc- el hábitat occidental el hábitat japonés
toria del libro de Arata Iso- perenne · efímero
zaki, Japan-ness in architec-
ture (Cambridge, Massachu-
funcional · simbólico
setts: Mit Press, 2006), Sabu racional · irracional
Kosho observa que el térmi- teórico · empírico
no ‘arquitectura’ se ha intro-
ducido en el Japón contem- intencionado · acaecido
poráneo desde fuera, lo que simétrico · irregular
inevitablemente lo relaciona
con el discurso de la moder-
abstracto · empático
nidad. compositivo · correlativo
286 la casa japonesa

e.5. Reconstrucción
de una sala de estar
de comienzos de los
años 1960, Museo
Shitamachi, Tokio.

Por supuesto, no se trata de afrontar el tema del hábitat japonés


desde la premisa de «tratar a Japón como el Otro incondicional»,6
sino de hacer una reflexión sobre el habitar como generador del há-
bitat, examinado dentro del marco concreto de una cultura determi-
nada. Se trata de establecer una base objetiva entre la cultura japo-
nesa y la occidental con cierto distanciamiento, similar al enfoque
adoptado por el académico Hisayasu Nakagawa en su Introducción
a la cultura japonesa (2006):7 una reflexión sobre la pluralidad y la
heterogeneidad de una cultura multifacética, que no puede quedar
reducida al examen aislado de patrones culturales, pero que, no obs-
tante, tiene una fuerte identidad cultural. Tanto es así que el diseño
japonés contemporáneo en el campo del hábitat doméstico consti-
tuye un ejemplo notable de reinvención de este campo desde el re-
6.  C. Douglas Lummis,
torno a la tradición, y representa un ejemplo digno de estudio para “Ruth Benedict’s obtuary for
todo Occidente. Japanese culture» (1980),
Kokuritsu Rekishi Minzoku
Hakubutsukan Kenkyu Hou-
koku Dai 91 hen (Bulletin of
Al estilo occidental the National Museum of Ja-
panese History). número 91,
El proceso de autodefinición de la identidad cultural está estrecha- 2001; disponible en http://
mente relacionado con el constante intercambio entre culturas. La apjjf.org/-C.%20Douglas-
Lummis/2474/article.html
conciencia sobre la propia identidad empieza desde el contacto con 7.  Hisayasu Nakagawa,
los demás, con quienes uno se compara y de quienes se quiere di- Introduction à la culture ja-
ponaise: essai d’anthropolo-
ferenciar. El hecho de construir el modelo de identidad por oposi-
gie réciproque (París: Presses
ción al otro implica la existencia de un deseo de conservar y prote- universitaires de France,
ger dicha identidad frente a una potencial amenaza, como podría 2005); versión española: In-
troducción a la cultura ja-
ser la intrusión de otras culturas que implicarían su debilitación o, ponesa (Barcelona: Melusi-
incluso, su posible pérdida. na, 2006).
epílogo 287

e.6.  Interior de la
residencia Hachirouemon
Mitsui, construida
originalmente en 1952
en el distrito Minato,
Tokio, ahora en el Museo
de la Arquitectura al
aire libre Edo-Tokio.

Durante la segunda mitad del siglo xix, Japón y, muy especial-


mente la configuración del hábitat japonés, se enfrentó a un cam-
bio radical de tales características: la aplicación de estructuras es-
paciales, de doctrinas políticas y sociales de procedencia occidental,
así como de nuevas prácticas en la vida diaria. Iniciada con la re-
forma de estado del periodo Meiji y durante la era siguiente, dicha
política se convirtió en un arma ideológica para los deseos refor-
mistas de crear un nuevo ‘Japón moderno’ (figura e.7). En lo domés-
tico, la clave de la ‘modernización’ reside en cambiar no simplemen-
8.  Wayō setchū: literal- te un conjunto de artefactos, sino un sistema de comportamiento,
mente, una combinación cuyo discurso se designa con el término wayō setchū. 8 Junto con la
adecuada de los mejores
conceptos japoneses y occi-
coexistencia de dos estéticas diferentes, wayō setchū significaba fu-
dentales. sionar dos formas de vida –al estilo occidental, sobre sillas y pavi-
288 la casa japonesa

mento duro, y al estilo japonés, sobre tatami–, hecho que conduce e.7.  Resumen de los
a una multiplicidad de prácticas espaciales y corporales, a una divi- hechos relevantes
acaecidos entre 1850 y
sión conceptual de los espacios, y a un desdoblamiento de la iden- 1880 dentro y fuera de
tidad del hábitat. 9 Japón, y que han tenido
La primera exposición de casas modelo del ‘Japón moderno’ fue influencia directa en
Bunkamura (‘Ciudad cultural’), celebrada en 1922 en el parque Ueno el desarrollo del país e
indirecta en el diseño
de Tokio, y constituye un ejemplo ilustrativo de la creencia del pe- del mobiliario y la
riodo Taishō (1912-1926, «era de la gran rectitud», inmediatamen- transformación del
te posterior al periodo Meiji) en el poder del diseño para dar for- hábitat doméstico.
ma a la identidad cultural, al rehacer los espacios y las prácticas de
la vida diaria (figura e.8). El conjunto de catorce casas construidas
bajo la dialéctica de ‘japonés frente a occidental’, ‘tradicional fren-
te a moderno’, junto al propósito de sugerir un ambiente doméstico
9.  Véase Sarah Teasley,
ideal para la nueva clase media, tenían como objetivo dar forma a “Nation, modernity and inte-
una nueva identidad moderna para aquellos que pudiesen habitar- rior decoration: uncanny de-
las. Según Teasley, el resultado fueron unos «híbridos inquietantes signs in the 1922 Peace Com-
memoration Tōkyō Exposi-
que hicieron lo familiar extrañamente nuevo y lo nuevo vacilante- tion Culture Village Hous-
mente cómodo» (figura5 e.5 y e.6). 10 es”, en: Japanstudien 13 (To-
kio: Harald Conrad & Sven
No es de extrañar que así fuera. Los procesos históricos son len- Saaler, 2001.
tos y el cambio en el comportamiento de una sociedad es el que na- 10.  Ibídem, página 49.
epílogo 289

e.8. Bunkamura
(‘Ciudad cultural’),
parque Ueno, Tokio, 1922.

turalmente determina la forma de la arquitectura y el espacio que


nos rodea. Todo intento de impulsar un cambio en el sentido con-
trario resulta antinatural y despierta una reacción lícita de vuel-
ta intencionada a lo conocido. En el caso de Japón, a este hecho se
suma la particular sensibilidad de arraigo hacia lo propio, la cual, a
su vez, conlleva una capacidad especialmente aguda para procesar
todo lo venido de fuera de modo que adquiera un carácter particu-
larmente japonés. Mientras que este fenómeno se fue desarrollan-
do a lo largo de un extenso lapso cronológico –debido a que Japón
era un país aislado, con contadas y puntuales aperturas al resto del
mundo– fue durante el periodo de reforma Meiji cuando se agudi-
zó de forma determinante.

Con corazón japonés

[…] si Oriente y Occidente hubieran elaborado cada uno por su lado,


e independientemente, civilizaciones científicas bien diferenciadas,
¿cuáles serían las formas de nuestra sociedad y hasta qué punto se-
rían diferentes de lo que son? […] las múltiples máquinas de uso coti-
diano, los productos químicos, los productos industriales, habrían sido
más adecuados a nuestro espíritu nacional. […] ¿Quién sabe? Proba-
blemente nos habríamos encaminado hacia un mundo nuevo com-
pletamente original. […] la forma de un instrumento aparentemente
insignificante puede tener repercusiones infinitas.

Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra, 1933.

La consideración del artefacto cotidiano como manifestación de la


cultura hace alusión al clima sociocultural de su época, que en las
décadas de 1930 y 1940 dio origen al llamado ‘romanticismo japonés’
(nihon romanha). Para Occidente, la reflexión sobre la proyección de
un determinado modo de vida en todas las artes en este momento
290 la casa japonesa

no constituye una novedad; como señala Rykwert, «la doctrina de


la estrecha correlación existente entre el arte y las condiciones cli-
máticas, raciales y morales fue firmemente establecida por los teó-
ricos del romanticismo».11 A pesar del lapso temporal, el romanti-
cismo de Occidente –como reacción revolucionaria en contra del
racionalismo de la Ilustración y del clasicismo de finales del siglo
xviii– está conceptualmente muy cercano a la Escuela Romántica
de Japón. Ésta surgió del impulso de superar la ‘crisis cultural’ de la
pérdida de tradiciones y pretendía imponerse sobre la ‘modernidad’
introducida desde fuera; fue en este momento cuando, en el ámbito
de la arquitectura, apareció por primera vez la preocupación por lo
que Arata Isozaki llamaría ‘japonismo’. Ése fue el momento crucial
de la modernización de Japón, lo que, por un lado, supuso el inicio
de un proceso de asimilación de la modernidad occidental, pero a
la vez constituyó el desencadenante de una reflexión sobre lo pro-
pio como algo distinto; fue el inicio de la preocupación por lo ge-
nuinamente japonés, desde dentro y desde fuera. 12
Al margen del contexto historicista, dicha preocupación dispo-
ne desde entonces un punto de retorno constante, tanto en el pro-
pósito de Japón de afirmar su identidad cultural como en el deseo
de Occidente de conocer y comprender una cultura que hasta me-
diados del siglo xvi había sido completamente desconocida. Den-
tro del discurso arquitectónico, lo primero se remonta a El libro del
té (1906), de Kazuko Okakura, que sentó el precedente de recapa-
citar sobre la estética tradicional japonesa desde un punto de vis-
ta contemporáneo.
La reflexión de Tanizaki sobre «la forma de un instrumento apa-
rentemente insignificante» como precursor y a la vez reflejo de una
idiosincrasia particular –centrada sobre todo en la convivencia de
elementos occidentales y propiamente japoneses en el ámbito de lo
doméstico– se inscribe precisamente en ese deseo de «retorno a los 11. Rykwert, La casa de
Adán en el Paraíso, pági-
orígenes» que Rykwert describe como «una constante del desarro-
na 43.
llo humano» y que «implica siempre un repensar lo que se hace ha- 12.  Véase Arata Isoza-
bitualmente, un intento de renovar la validez de las acciones coti- ki, Japan-ness in architecture
(Cambridge, Massachusetts:
dianas, [...] que permite repetir esas acciones durante una estación». Mit Press, 2006); una ver-
«En esa cuestión» –añade Rykwert– «la arquitectura conforma to- sión inicial del texto se publi-
das las demás actividades humanas.»13 có como “The ruin of styles:
selected writings of Arata
Tomemos como ejemplo un elemento estudiado en este libro. Ha- Isozaki, 1960-1985», Opposi-
blando del nageshi, el profesor Nakagawa hacía mención a la for- tions Books, número 5.
13. Rykwert, La casa de
ma «más concreta» de la ropa occidental en comparación con la Adán en el Paraíso, pági-
japonesa, sobre todo en relación con la «antigua función estructu- na 239.
epílogo 291

ral» del dintel corrido. En este breve comentario se entrevé una re-
flexión muy importante que se ha teorizado con distintos enfoques
y que nos lleva de vuelta a uno de los binomios contrapuestos entre
la arquitectura occidental y la japonesa: la búsqueda de lo funcio-
nal como consecuencia de un proceso de racionalización del pen-
samiento (en Occidente), opuesta a la expresión de lo simbólico, re-
sultado de un proceso del devenir (en Japón). A modo de ejemplo y
sin entrar en detalles, veamos de qué manera puede entenderse un
simple objeto como precursor y a la vez reflejo de la idiosincrasia
particular de la cultura japonesa.
Dentro del discurso arquitectónico de Japón sobre Japón, apar-
te del libro de Okakura hay tres o cuatro referencias que, a pesar de
la diferencia de enfoque, establecen la base del argumento de este
concepto. Una de ellas es el libro de Masao Murayama, Studies in
14.  Masao Maruyama,
Nihon seiji shisô shi kenkyû
the intellectual history of Tokugawa Japan, publicado originalmente
(Tokio: Daigaku Shuppankai, en japonés 1952.14 En él, Murayama extrae dos conceptos opuestos:
1952); versión inglesa: Stu­dies
jinen, ‘devenir / llegar a ser’, propiamente japonés; y sakui, ‘voluntad
in the intellectual history of
Tokugawa Japan (Princeton, de construcción’, modo de pensar típicamente occidental. Mientras
New Jersey: American Uni- que Murayama asigna este concepto de ‘voluntad constructiva’ es-
versity Press, 1974).
15.  Ryūichi Hamaguchi,
trictamente a Occidente, Ryūchi Hamaguchi, en The problem of style
The problem of style in Japan’s in Japan’s national architecture (1944), lo extiende también a la cul-
national architecture [Nihon
tura arquitectónica japonesa. 15 Sin embargo, al igual que Murayama,
Kokumin Kenchiku Yōshiki-
no-Kenkyū] (1944); textos Hamaguchi habla de una voluntad arquitectónica «constructiva» y
publicados originalmente en «objetiva» en lo que se refiere a la occidental, y de «espacial» y «per-
Shin Kenshiku [enero, abril,
julio-agosto y octubre, 1944]
formative» cuando alude a la de Japón. Una postura similar apare-
y recopilados posteriormen- ce por primera vez en el libro Japan-ness in architecture, de Sutemi
te en Criticism by Ryūchi
Horiguchi, en el que gradualmente se traslada el énfasis del edifi-
Hamaguchi: design in civil
society [Hamaguchi Ryūchi cio a su entorno, de lo construido a lo sagrado o simbólico de la at-
Hyōron Shū - Shimin Shakai- mósfera que genera y que lo genera. 16
no Design] (Tokio: Jiritsu
Shōbo, 1998).
Pero como hemos dicho, la arquitectura no es un campo inde-
16.  Sutemi Horigu- pendiente, sino que forma parte de una realidad compleja. Para el
chi, Japan-ness in architec-
antropólogo Testuro Watsuji, la sumisión de la naturaleza está di-
ture: collected works of Sute-
mi Horiguchi (Tokyo: Kajima rectamente relacionada con su racionalidad. Cuanto más dócil y su-
Shuppan Kai, 1978). miso es el mundo que nos rodea, más fácil resulta encontrar en él
17.  Testuro Watsuji, Fudo;
versión española: Antropolo-
una norma: «donde la naturaleza no ejerce su violencia se manifies-
gía del paisaje: climas, cul- ta a sí misma en forma racional».17 Es decir, un clima dócil y cal-
turas y religiones (Salaman-
mado como el occidental ha podido alimentar de manera natural el
ca: Sígueme, 2006), páginas
102-103. deseo de construir casas que perduren en el tiempo o –como lo lla-
18.  Kazuo Shinohara, maría Kazuo Shinohara– el desarrollo de una «arquitectura con ló-
‘Casas / Houses’, 2G, núme-
ro 58-59 (Barcelona: Gusta-
gica duradera».18 Shinohara atribuye dicho fenómeno a la existencia
vo Gili, 2011), página 245. de una corriente filosófica que «[sostiene] la arquitectura occiden-
292 la casa japonesa

tal, y que se [desarrolla] mano a mano con el progreso, en una con-


cepción espacial relacionada con las ciencias».19 Apoyándose en la
tesis enunciada por Giedion, según la cual la misma actitud mental
está detrás del desarrollo de los espacios arquitectónicos occidenta-
les y de la ciencia,20 Shinohara sugiere que resulta imposible inferir
una teoría espacial japonesa como un sistema. Junto con observa-
ciones como las del escritor Mori Ogai sobre la no apropiación de
una «mente cartesiana», o del filósofo Karatani Kojin sobre la au-
sencia de un «aparato metafísico» en el desarrollo de la cultura ja-
ponesa, vemos que todas estas posturas describen el mismo fenó-
meno: la falta de racionalización del pensamiento y la preeminencia
del proceso del devenir (naru).
En este contexto amplio y multifacético debemos entender la rea-
lidad construida del espacio doméstico. También en este contexto
me gustaría examinar la vivienda japonesa contemporánea a par-
tir de las relaciones entre las personas, los objetos, los muebles y las
estancias; para ello nos adentraremos en el hábitat desde los hábi-
tos de lo doméstico, y examinaremos los objetos como manifesta-
ciones físicas de un conjunto de patrones culturales profundamente
arraigados en la cultura japonesa. A la visión sobre la casa tradicio-
nal tal como se ha mantenido hasta el periodo Meiji, querría sumar
una breve introducción a la casa contemporánea, y la descripción
del camino que ha seguido después de la era de la restauración; al
objeto querría sumar el hábito; a lo perdido, lo conservado; y a la
tradición, la recreación.

El hábito como generador del hábitat: sentarse

Todo lo expuesto hasta ahora establece un marco teórico que nos


ayuda a situarnos como espectadores no sólo de una cultura ajena,
sino de la nuestra propia, para examinar los objetos «como si fuese
la primera vez que se ven», que decía Alexander Tzonis con respec-
to a una de las grandes transformaciones emprendidas por Le Cor-
busier en la reevaluación de la mirada en relación con la estancia. 21
A modo de ejemplo, nos centraremos en un sólo hábito domésti-
co, el acto de sentarse, y en el entorno construido que se materiali- 19.  Ibídem, página 244.
20.  Véase Giedion, Es-
za alrededor de él.
pacio, tiempo y arquitectura.
Dentro del nuevo sistema de objetos que empezaron a colonizar 21.  Véase Alexander Tzo-
el espacio doméstico japonés de manera repentina durante el perio- nis, Le Corbusier: the poetics
of machine and metaphor
do de restauración Meiji, la protagonista indiscutible es la silla. Su (Londres: Thames & Hud-
introducción desencadenó, entre otras cosas, un cambio en los hábi- son, 2001).
epílogo 293

e.9.  Origen pictórico tos corporales, en el plano visual del usuario, en la percepción sen-
del kanji 座 [suwaru], rorial y afectiva del sistema de objetos, así como en el protagonismo
que significa ‘sentarse’
en japonés; la palabra,
del mueble en la configuración del espacio. Centrémonos en el pri-
la idea y la imagen mero de ellos, la adaptación de los hábitos corporales (figura e.9).
están íntimamente
relacionadas.
Sentarse

sentar
(Del latín sedentāre, de sedens, -entis).
1. Poner o colocar a alguien en una silla, banco, etcétera, de
manera que quede apoyado y descansando sobre las nalgas.
2. Apoyar (hacer que algo descanse sobre otra cosa).
sentar(se)
1. Acomodar(se) en un lugar, apoyando en él las nalgas.

座 る [suwaru]
Tomar asiento, doblando las rodillas y apoyando la cadera
encima.

Pocas veces nos paramos a pensar por qué los objetos que nos ro-
dean son como son. Casi siempre damos por hecho que cada uno
de ellos cumple un determinado propósito que nunca nos cuestio-
namos, porque así se ha transmitido el conocimiento de generación
en generación. Se aprende a habitar una casa, del mismo modo que
se aprende a hablar y a escribir. Esto forma parte de la tradición en
nuestro proceso de aprendizaje, del vínculo que nos une con nues-
tras raíces y del sentido de pertenencia a un lugar y a una comu-
nidad.
Dada la naturaleza automática de este proceso, mucha informa-
ción resulta irrelevante y, por tanto, prescindible. No es necesario
saber por qué empezamos a sentarnos en sillas para aprender a sen-
tarnos en una. No obstante, a la hora de diseñar una silla, todas las
cuestiones relativas a su propósito, utilidad, origen y trascenden-
cia son relevantes.
294 la casa japonesa

e.10. Alejandro
Aravena, Chairless, la
‘silla sin silla’, 2011.

e.11. Alejandro
Aravena, la idea
convencional de la silla.

e.12.  ‘Silla’ de los indios


ayoreo de Paraguay.

e.13.  Koshō, silla


plegable todavía usada
en Japón, sobre todo
para ceremonias y
celebraciones en templos
y santuarios; santuario
sintoísta Akagi Jinja,
Shinjuku, Tokio.
epílogo 295

e.14.  Shōgi, tapiz de


tatami dispuesto como
asiento delante de una
casa de té en el conjunto
Engakuji, Kamamura.

De las dos definiciones indicadas arriba, lo más importante es


tomar conciencia de que no es lo mismo ‘sentarse’ que ‘sentarse en
una silla’, como comúnmente se suele entender este acto en el con-
texto occidental. Un ejemplo muy ilustrativo sería la ‘silla sin silla’
del arquitecto chileno Alejandro Aravena (figura e.10): una simple
cinta de tela dispuesta alrededor de las rodillas y la espalda, que nos
permite estar sentados con las piernas dobladas, apoyando las nal-
gas y los pies en la misma superficie. 22 Como indica el propio Ara-
22.  Véase Alejandro Ara-
vena, antes de desarrollar este diseño tenía la idea de que una silla
vena, “Chairless: diseño pa-
ra Vitra”, D+A Diseño + Ar- no podía ser menos que un asiento con cuatro apoyos y tres listo-
quitectura (Santiago de Chi- nes formando un marco para el respaldo (figura e.11). Fue entonces
le), año 5, número 23, agos-
to-septiembre 2011, páginas
cuando descubrió la ‘silla’ usada por los indios ayoreo de Paraguay
80-81. (figura e.12), punto de partida para su Chairless. Según él, este sim-
296 la casa japonesa

ple objeto es la mínima expresión de la pregunta sobre el acto de


sentarse, que nos lleva a su origen: «¿Por qué nos sentamos?» La res-
puesta inmediata sería: «Porque nos cansamos»; es decir, nos senta-
mos como consecuencia del cansancio experimentado por soportar
la fuerza de la gravedad sobre nuestro cuerpo.
La cinta utilizada como artilugio de respaldo por los indios ayo-
reo proporciona un apoyo en la parte de la columna que más sufre
el peso de la fuerza de gravedad y que tiende a encorvarse. Como
señala Michitarō Tada, según los estudios de Yoshiomi Yamaguchi,
en esta postura la presión ejercida sobre nuestra columna es de hasta
5,8 kilos por centímetro cuadrado, de modo que las vértebras y los
músculos de la espalda se tensionan de forma extraordinaria para
recomponer el equilibrio. 23 El simple apoyo de la cinta en el punto
preciso de la columna descompone el peso soportado en una com-
ponente horizontal y otra vertical, lo que proporciona la sensación
de alivio. 24 Como artefacto de utilidad, la cinta de los indios ayoreo
es una materialización inmediata del gesto de envolverse las pier-
nas con los brazos cuando nos sentamos en el suelo. Es una cues-
tión de comodidad, que no tiene mayor significado que la necesi-
dad de aliviar la sensación de fatiga.
Sin embargo –como indica Tada–, la comodidad es una cosa
completamente distinta de la autoridad,25 que sería el propósito con
el que habría nacido la silla.

Separarse del suelo

Según la teoría de Bernard Rudofsky,26 el acto de sentarse en una


silla tiene su origen en la intención de imitar a un altar y, por tanto,
nació como un objeto representativo para convertirse mucho más
tarde en un objeto de utilidad. En Occidente, los orígenes de la si-
lla datan de la Antigüedad, pero no llegó a convertirse en un objeto
de uso común hasta el siglo xvi; igualmente, en Japón la silla no se
impuso como mobiliario generalizado hasta la época de transición 23.  Michitarō Tada, Ka-
(1850-1880), pero existen antecedentes del uso de sillas (o asientos rada no Nihon Bunka (2002);
versión española: Karada: el
elevados) ya en el siglo v. cuerpo en la cultura japone-
Pero, el hecho de separarse del suelo, entendido como un acto de sa (Adriana Hidalgo: Buenos
Aires, 2010), página 207.
representación, ¿implica necesariamente una determinada postura
2 4 .   Vé a s e A r a v e n a ,
corporal? Vemos que tanto en Occidente como en Japón, sentarse “Chairless...”.
significa adoptar una postura de descanso, que consiste en apoyar 25. Tada, Karada, pági-
na 194.
el cuerpo sobre las nalgas. ¿Y qué podemos decir de los pies? ¿De 26.  Descrita en Tada, Ka-
qué forma se traslada el hábito corporal al acto representativo? rada, página 190.
epílogo 297

Primera introducción de la silla desde el exterior:


desde finales del periodo Kofun (300-552)
hasta principios del periodo Nara (710-94)

Koshō / 胡 床 (siglo v)


La silla más antigua conocida en Japón data de mediados del siglo v
y se encontró en el valle Tani, cerca de Nara. Su aspecto se asemeja
a un banco o una pequeña tarima, a la manera de los bancos utili-
zados en la parte oeste de China, y considerados como una exten-
sión del propio suelo. 27 El término para referirse a este asiento era
koshō (胡 床), formado por los ideogramas 胡 y 床. El kanji 床 sig-
nifica ‘suelo’ (o, más tarde, ‘cama’) y está formado por los compo-
nentes 木 (‘madera’) y 广 (‘cobertizo’): es decir, madera bajo una
cubierta, lo que da a entender ‘suelo en un espacio interior’. El ideo-
grama precedente, 胡, es un término general para designar a las tri-
bus del norte de China, de modo que koshō podría traducirse lite-
ralmente como ‘suelo del norte [de China]’. Como señala Tada, es
interesante notar que el término koshō (胡 床) comparte origen eti-
mológico con el término agura (胡 座), que significa ‘sentarse con
las piernas cruzadas’.28
La palabra koshō también hace referencia a un tipo de silla ple-
gable utilizada en las instalaciones palaciegas de las tribus del nor-
te de la antigua China. Durante el reinado de la dinastía Han (206
a. C. - 220 d. C.) se extendió rápidamente desde la corte al campo de
batalla; y aunque durante la dinastía Tang (618-907) ya empezó a
ser de uso común la silla normal, la koshō plegable continuó usán-
dose como accesorio portátil, uso con el que se introdujo también
en Japón (figura e.13).

Shōgi / 床 几 (siglo vii)


Desde el siglo vii en adelante, la silla plegable introducida desde
China se conocía en Japón por el término shōgi (床 几): un tipo de
silla portátil que los samurai llevaban consigo al campo de batalla.
Como hemos visto, 床 significa ‘suelo’, y más específicamente, ‘sue-
lo en un interior’. El ideograma 几 tiene origen pictórico y se usa
para designar una pequeña mesa o taburete. Tal vez podríamos en-
tender el término shōgi como un pequeño taburete puesto sobre el
suelo, aunque debemos hacer la advertencia que su uso estaba limi-
tado al exterior. Pero cabe aún una interpretación más.
27. Tada, Karada, pági-
nas 195-196.
La palabra shōgi se usa también para designar un tapiz de tatami
28. Ibídem. dispuesto sobre un bastidor elevado a modo de asiento delante de
298 la casa japonesa

las salas de té (figura e.14). De modo que la otra posible interpreta-


ción sería una pequeña porción del suelo que sirve como taburete.
Este razonamiento se ve reforzado por el hecho de que la palabra
para ‘silla plegable’ en japonés es orutatami (折 り た た み) o, lite-
ralmente, ‘tatami doblado’, hecho que indica que en el fondo lo que
se entendía por ‘asiento’ en Japón (al menos durante el periodo al
que nos referimos) era el tatami.

La silla de la cultura budista (siglo xii)

Avanzando un poco más en el tiempo, la segunda introducción de la


silla desde China se produjo con la llegada de la cultura budista du-
rante el periodo Kamakura (1185-1333). Para compararlas en relación
con el comportamiento corporal, tomemos como ejemplo occiden-
tal la representación de una silla griega, y como ejemplo japonés la
silla del monje Enni Ben’en, en su retrato datado en 1280.29 En la fi-
gura 15 vemos a una persona sentada, reposando los pies sobre un
escabel. Esos mismos elementos (la silla y el escabel) están también
presentes en la figura 16; sin embargo, existe una diferencia funda-
mental en el acto de sentarse y hacer uso de ambos objetos. La silla
de la segunda imagen es más baja y ancha, para permitir que la per-
sona se siente con los pies cruzados en la ‘posición de loto’, común
en las culturas asiáticas; el reposapiés cumple la función de peque-
ño podio para facilitar el acceso al plano de la silla y para dejar los
zapatos, del mismo modo en la que se dejan en el umbral al entrar
en una casa japonesa.
Vemos que en los ejemplos anteriores se ha importado lo repre-
sentativo, pero se ha conservado lo propio. El verdadero asiento es
el tatami; y la silla tal vez llegó a entenderse como un tatami situa-
do en un plano elevado. Una ilustración literal de ese posible con-
cepto podría ser la silla de la figura 17, del Palacio Imperial de To-
29.  No se trata de un
kio. Tal vez podemos hablar de los primeros ejemplos donde cabe
ejemplo aislado; la gran ma-
aplicar el término wakonyousai a la objetualidad en el espacio ha- yoría de los retratos de mon-
bitado, tomándolo desde su sentido semántico, aunque descontex- jes budistas pintados en Ja-
pón a partir del siglo xii re-
tualizado históricamente (figura 18). presentan a la persona sen-
tada de esta misma mane-
ra: con los pies recogidos y
Desde el periodo de la restauración Meiji hasta la actualidad los zapatos posados sobre
el podio.
La convivencia con la silla durante los primeros años posteriores a 30.  Trabajo de investi-
gación descrito en el libro
su tercera y definitiva introducción, esta vez desde Occidente, mues- de Tada, Karada, páginas
tra signos de este mismo comportamiento, como podemos obser- 226-227.
epílogo 299

e.15.  Silla griega,


dibujada a partir de
un bajorrelieve.

var en un vídeo documental realizado por el investigador Hikita


Masahirō.30 Hikita instaló una cámara en el rincón de una habita-
ción wayō setchū (amueblada con elementos japoneses y occiden-
tales) y la dejó grabando varias horas con la intención de observar
el comportamiento de la familia delante del televisor. Desde su po-
sición inicial, sentados sobre el mobiliario occidental, algunos de

e.16.  Retrato del monje


Enni Ben’en, datado
en 1280; pintura sobre
seda, periodo Kamakura,
templo Kofukuji, Kioto.

e.17.  Silla de madera con


incrustaciones de nácar,
Palacio Imperial de Tokio.

e.18.  El acto de sentarse


y el uso de la silla en
Oriente y Occidente.
300 la casa japonesa

los miembros de la familia empezaron a deslizarse hacia abajo para


e.19.  Diseños de sillas
acabar sentados sobre los tatami. Una vez más, no es el mueble el incluidos en el libro
que condiciona la práctica corporal, sino el hábito el que subordi- The book of chair,
na el objeto a la costumbre. de Noboru Inoue.

Shima Shima Bench, A·Football Chair, Kusu, Cloud,


diseño de Michi diseño de Anna diseño de Hiromi Ono; diseño de Makiko Abe;
Kiyomoto; aunque Koshikawa; descripción descripción de la autora: descripción de la autora:
el autor no lo dice de la autora: «Al «Quería hacer una silla «La intención era diseñar
claramente en la igual que un balón que acompañase a la una silla agradable para
descripción que hace del de fútbol, su forma atmósfera japonesa.» La sentarse con las piernas
diseño, la silla dispone no es ni demasiado silla está concebida como dobladas o de cualquier
de un asiento amplio que, redonda, ni picuda; es un asiento a nivel de otra forma, como si se
eventualmente, permite acogedora. Además, suelo que facilita el apoyo estuviese envuelto en una
recoger las piernas. puedes sentarte con de los brazos y la espalda, nube y disfrutando de
las piernas cruzadas o y ofrece una ligera estar juntos» (véanse los
poner una taza de café.» curvatura para relajar dibujos bajo estas líneas).
las piernas estiradas.

Mientras que los ejemplos anteriores ilustran un acto adaptativo


(es decir, se importa el objeto en estado original, pero se adapta a la
costumbre autóctona), la reivindicación de lo propio tomó forma
con el diseño del mobiliario cuando la silla se introdujo de manera
definitiva en la vida cotidiana. En las décadas transcurridas desde
entonces se puede detectar la presencia de una corriente intenciona-
damente enfocada hacia la búsqueda de las raíces en el diseño con-
temporáneo. Algunos ejemplos podrían ser los trabajos de alumnos
recopilados por Noboru Inoue en 2008 (figura e.19).31 En las des-
cripciones de los propios autores podemos leer la voluntad de crear
un objeto que «armonice con el ambiente japonés» o una silla que
permita «sentarse con las piernas cruzadas».
Esa sensibilidad particular hacia lo propio sigue arraigada en la
cultura japonesa del siglo xxi y continúa revelándose tanto en la ges- 31.  Noboru Inoue, Isu:
tualidad habitual en el entorno del hábitat doméstico (figura e.22, ningen kogaku seizu isho to-
roku made (2004); versión
como a través del diseño de mobiliario de piezas contemporáneas inglesa: The book of chairs
(figura e.20). A pesar de la gran influencia ejercida por parte de (Tokio: Sankaidō, 2006).
epílogo 301

e.20.  Diseño realizado


en colaboración entre
Takaokaya y Tendo;
usados juntos, los dos
objetos cumplen la
función de una silla;
usados por separado,
sirven uno como
zabuton (almohadón
para el suelo), y otro
como mesita baja.

Occidente desde la segunda mitad del siglo xix, el acto de sentarse


sigue guardando en Japón una marcada cercanía con el plano del
suelo. A mi entender, la razón de ello reside en el mayor grado de
libertad que ofrece el plano del suelo como asiento. Mientras que la
silla de Occidente es un objeto direccional (tiene un respaldo que
determina la orientación de la persona al sentarse) y dependien-
te (dado que sitúa las manos en un plano elevado sin superficie de
e.21.  A la izquierda:
apoyo para el desarrollo de cualquier actividad), y confiere al cuer-
configuración espacial en
una reunión al aire libre; po un menor número de grados de libertad (obliga a adoptar una
hanami, contemplación determinada postura), un almohadón puesto sobre el suelo es un
de los cerezos en flor. elemento independiente, indiferente con respecto a la orientación,
A la derecha:
y proporciona al cuerpo un punto de apoyo sin condicionarlo a la
configuración espacial en
torno al hogar abierto;
forma que debe adquirir en sentarse.
escenificación de la Abstrayéndonos del entorno y centrándonos en el comportamien-
vida campestre durante to humano, las dos escenas representadas en la figura e.21 atesti-
los siglos xvii-xix; los guan la misma libertad, espontaneidad y falta de coacción. Hay un
almohadones dispersos
por el suelo quedan como
espacio comprendido entre el suelo y el techo que fluye sin lími-
huellas dejadas por las tes verticales: el techo, un conjunto de ramas; y el suelo, tendido en
personas al levantarse. contacto con la tierra, libre de obstáculos para tomar asiento, y sin
302 la casa japonesa

e.22. Fotogramas
estar condicionado por ningún artilugio adicional, como lo es la si-
de un programa de
lla en Occidente. televisión sobre viviendas
Esta configuración espacial –cuyo origen data del periodo Heian contemporáneas.
(el último de la época clásica de la historia japonesa: 794-1185)– si-
gue latente tanto en el ámbito de lo doméstico (figura e.23) como
en proyectos contemporáneos como, por ejemplo, los talleres Kait
(2008), de Junya Ishigami, el Museo de Arte Contemporáneo (1999-
2004), de Sanaa, o la Mediateca de Sendai (1995-2001), de Toyo Ito.
Dentro de un marco flexible que permite fluctuaciones parciales de
ambientes independientes en un conjunto global, así como recon-
figuraciones instantáneas de acuerdo con las necesidades de cada
momento, el sistema de objetos cobra protagonismo como elemen-
to configurador del espacio. Tanto a nivel de proyecto arquitectóni-
co como en el diseño y la disposición del mobiliario, esas tres obras
podrían considerarse un ejemplo claro de la manera de pensar el es-
pacio habitado desde un lenguaje contemporáneo, pero con la pre-
sencia de una latente vocación (consciente o no) en favor de ciertos
valores y herencias del pasado. Lo que permite tal extrapolación es
la carga simbólica que transporta cada objeto y cada espacio, a tra-
epílogo 303

e.22. Casa Isana, Niko


Design Studio, 2011; se
distingue una zona de
suelo bajo y mobiliario
occidental y otra sobre
plataforma elevada y
cubierta de tatami; en
los casos en que no ha
sido posible conciliar
ambas culturas dentro
de la vivienda, se
produce una clara
delimitación de espacio
occidental y espacio
japonés, del mismo
modo que la escritura
japonesa delimita de
modo contundente las
palabras propias de
la importadas, que se
escriben en otro alfabeto.

vés de un sistema de códigos de comportamiento y percepción de


la realidad característicos de la sociedad a la que pertenecen. O lo
que es lo mismo, a través de esa idiosincrasia particular que la hace
distinta de los demás.

¿Qué es entonces Japón?

Una de las expresiones más ‘conservadoras’ de esa idiosincrasia par-


ticular es el espacio habitado y su cultura material, desplegada en el
sistema de objetos (mobiliario y útiles domésticos) que lo coloniza.
A diferencia de otras esferas de la vida cotidiana, el edificio y sus en-
seres tienen una naturaleza más duradera, no sólo por su voluntad
de perdurar en el tiempo (más propia a Occidente, según Shinoha-
ra), sino por estar en estrecha relación con un determinado modo
de habitar, cuya alteración requiere lapsos temporales muy prolon-
gados. Como señala Ivan Hadzhiiski, en una sociedad todos los cam-
32.  Véase Ivan Had­z hi­ bios no transcurren históricamente a la misma velocidad. 32 Tras un
iski, Бит и душевност на
нашия народ [‘Estilo de vi- cambio iniciado por un nuevo modelo económico, seguido por una
da y espiritualidad de nues- reforma política y legal, se establecen las nuevas costumbres mora-
tro pueblo’] (1945; Sofía: Ma­
ria Hadzhiiska, 2002, 3ª edi-
les y espirituales. Ese retraso en el ámbito de lo espiritual impide
ción). que las nuevas formas de la sociedad se manifiesten en su totalidad
304 la casa japonesa

en su modo de vida y, con ello, en la cultura material que dicha so-


ciedad produce. Por tanto, la cultura material es una de las últimas
manifestaciones del pensamiento de su correspondiente tiempo his-
tórico y, a la vez, la más duradera.
Como ya hemos mencionado, en el caso de Japón, a este hecho
se suma su particular predisposición de asimilar todo lo venido de
fuera y mimetizarlo por completo con lo propio; a lo que se añade,
muy especialmente, el impulso de superar la ‘crisis cultural’ provo-
cada por la repentina pérdida de tradiciones durante el periodo de
transición. Ésta es la razón por la cual el hábitat japonés contempo-
ráneo defiende en mayor o menor medida lo que reconoce como
propio, y en él la persona se reconoce como habitante de un espa-
cio y, a la vez, como japonesa. Ante la imposibilidad de reconciliar
del todo el nuevo estilo de vida con cada una de las características
esenciales del espacio domestico japonés, el énfasis se traslada des-
de el espacio habitado hacia los objetos y los procesos de la vida co-
tidiana –desde las costumbres de la comida y la higiene, hasta la
vestimenta– que en conjunto configuran un organismo vivo, un há-
bitat que reúne las condiciones adecuadas para realizar las funcio-
nes básicas de la vida, un contenido habitado para el que el conte-
nedor es secundario.
El objeto, como elemento articulador de la existencia y como
unidad básica de la configuración del espacio, tal vez sea el último
portador y configurador del sentido de identidad en el hábitat ja-
ponés contemporáneo.

Agradecimientos
Para la realización de esta edición es- tectura de la Universidad de Wase-
pañola nos gustaría expresar nuestro da, por toda la ayuda prestada du-
agradecimiento a Belén Ríos Sánchez, rante la elaboración del libro; a Keiko
George Palev, Enrique Bordes, Kota Higashi, por la revisión de la traduc-
Toriumi y Yusuke Nakajima, por su ción del original japonés de la aden-
generosa aportación de fotografías; a da al prefacio; y muy especialmente a
Reiko Nakajima y Masaki Koiwa, del Rie Okada, por todo el apoyo recibi-
Laboratorio de Historia de la Arqui- do por parte de la Fundación Japón.
“LA CASA JAPONESA: ESPACIO, MEMORIA Y LENGUAJE”
TRADUCCIÓN Y APORTACIÓN DE FOTOGRAFÍAS PARA LA EDICIÓN ESPAÑOLA
CON AYUDA ECONÓMICA DE FUNDACIÓN JAPÓN

RESEÑAS PUBLICADAS

1.MEMORIA Y LENGUAJE. ON THE JAPANESE HOUSE


FÉLIX RUIZ DE LA PUERTA
ARQUITECTURA VIVA 190 / 2016

2.LA CASA JAPONESA. ESPACIO, MEMORIA Y LENGUAJE


EL CROQUIS 184 / ABRIL 2016

3. LAS PALABRAS Y LAS COSAS


JOSÉ ANTONIO FLORES SOTO
RITA 6 / OCTUBRE 2016

4. LAS PALABRAS Y LAS COSAS


VIAJE AL INTERIOR DE LA CASA TRADICIONAL JAPONESA
JOSÉ ANTONIO FLORES SOTO
EL GENIO MALIGNO 19 / SEPTIEMBRE 2016

5. NAKAGAWA TAKESHI: “LA CASA JAPONESA”


JAVIER VIVES REGO
BLOG
1.MEMORIA Y LENGUAJE. ON THE JAPANESE HOUSE
FÉLIX RUIZ DE LA PUERTA
ARQUITECTURA VIVA 190 / 2016
2.LA CASA JAPONESA. ESPACIO, MEMORIA Y LENGUAJE
EL CROQUIS 184 / ABRIL 2016
que la sustentó. Para ello se ofrece
un recorrido por dieciocho figuras
indiscutibles del panorama arquitec-
tónico latinoamericano, que además
comparten la estrecha relación que
establecieron entre su obra y su ide-
ario.
Se trata, pues, de una ‘antología
de autores’. Del mexicano Juan
O’Gorman al chileno Alberto Cruz,
la selección abarca a los ‘clásicos
modernos’: Lúcio Costa, Oscar
Niemeyer, Carlos Raúl Villanueva y
Luis Barragán. Pero éstos despun-
taron en un panorama mucho más
extenso, en el que figuras como
ATTUNEMENT PREMIOS PRITZKER LA CASA JAPONESA Antonio Bonet, Emilio Duhart, Eladio
Architectural meaning after the cri- Discursos de aceptación, 1979-2015 Espacio, memoria y lenguaje Dieste, Mario Roberto Álvarez, Félix
sis of modern science Varios autores Takeshi Nakagawa Candela, Héctor Velarde, Pedro
Alberto Pérez-Gómez Fundación Arquia, 2015 Editorial Reverté, 2016 Ramírez Vázquez, Lina Bo Bardi o
The MIT Press, 2016 Texto en español/287 págs. Texto en español/311págs. Clorindo Testa abonaron el campo
Texto en inglés/287 págs. a las últimas generaciones. Y éstas
Este libro compila por primera vez, Este libro presenta ejemplos de la desarrollarían su obra sobre bases
La arquitectura sigue en crisis, su y traducidos al español, los discursos arquitectura doméstica tradicional de modernas, aunque ya en una clave
relevancia social se pierde entre los de aceptación de todos los arquitec- Japón en veinticinco capítulos temá- mucho más personal, con personajes
dos polos de la innovación formal y tos premiados, desde 1979 hasta el ticos que incluyen algunos elementos como Ricardo Porro, Claudio Caveri
la sostenibilidad técnica. En Attu - 2015, precedidos de las comunica- ya muy conocidos —como los pavi- y Rogelio Salmona.
nement, Alberto Pérez-Gómez recla- ciones del jurado. El discurso de mentos de paja (tatami) o los lacados Prologado por Ramón Gutiérrez, el
ma una arquitectura que resalte los agradecimiento puede parecer un (urushi)—, junto con otros menos libro ofrece una visión coral de las
valores humanos y sus capacidades, género menor, pero posee la virtud difundidos fuera del país, como la pie- vicisitudes y los intereses que impul-
una arquitectura que esté conectada del mensaje elemental y comprensi- dra para descalzarse (kutsunugi-ishi) saron a este conjunto de arquitectos.
—attuned o sintonizada— a su ubi- ble a una audiencia diversa. A la vez o el dintel corrido (nageshi).
cación y habitantes. que las obvias y conmovedoras El autor describe el contexto histó-
Según Pérez-Gómez la arquitectura expresiones de gratitud, se deslizan rico de la casa japonesa, al tiempo
opera como un instrumento de comu- muchas otras ideas y explicaciones que examina con detalle los orígenes
nicación en nuestras sociedades, y sobre la arquitectura que otorgan una y las consecuencias de la terminolo-
su belleza y significado recaen en su especial luminosidad a un momento gía tradicional. Centrándose en deta-
conexión con la salud humana y su de gran intensidad emocional. lles concretos, resume los procesos
autocomprensión. que han seguido en Japón la evolu-
Nuestros lugares físicos son de ción de los distintos estilos arquitec-
máxima importancia para nuestro tónicos a lo largo de los siglos.
bienestar. Basándose en recientes Esta edición incluye un prólogo del
investigaciones de cognición corpó- profesor José Manuel García Roig
rea, Pérez-Gómez argumenta que y un epílogo de la investigadora
el medio, incluyendo el construido, Nadia Vasileva sobre el habitar japo-
importa no sólo como material (des- nés contemporáneo.
de la perspectiva ecológica), sino
porque es nada menos que una
parte constituyente de nuestro
estado de autoconciencia. Para EERO SAARINEN. PROJECTS
estar plenamente despiertos, nece- FOR INDUSTRY AN COMMERCE: CUANDO LOS ARQUITECTOS
sitamos de un medio externo repleto General Motors, IBM, Bell, Deere ERAN DIOSES
de significados y emociones. Hort E. and Ingelore K. Ehlers Pedro Azara
antaeuspublishers, 2015 Fundación Arquia, 2015
Texto en inglés/144 págs. Texto en español/109 págs.

Eero Saarinen, de origen finlandés, En este libro están presentes los


llegó a ser uno de los maestros inter- principales héroes y dioses que en
nacionales de la arquitectura de las culturas antiguas de Oriente y
postguerra, aclamado por obras Occidente han desempeñado el
como la terminal de la TWA en el papel de arquitecto. Todos fueron
Kennedy Airport en Nueva York, y inventados para dar cuenta de accio-
el Dulles Airport en Washington. nes colosales, con tal impacto que
Entre 1948 y 1961 fue el responsa- LA ARQUITECTURA MODERNA resultaba difícil responsabilizar a un
ble del diseño de tres grandes cen- EN LATINOAMÉRICA simple mortal de su diseño. Estos
tros de investigación americanos, Analogía de autores, obras y textos mitos reflejan la imagen que los
General Motors, IBM y Bell: compa- Ana Esteban Maluenda (edición) humanos se hacían de quienes, bajo
ñías que personificaron el progreso Editorial Reverté, 2016 las órdenes del cielo o del infierno,
científico, el rápido desarrollo tec- Texto en español/368 págs. repetían la creación del universo
nológico y el intenso trabajo inter- cuando fundaban templos, palacios

LIBROS disciplinar.
En este libro se analizan en detalle
Este libro versa sobre la arquitec-
tura moderna que se construyó en
y ciudades: una imagen que podría
hallarse en el origen de la percepción
estas obras, con planos inéditos y Latinoamérica entre las décadas de contradictoria que el arquitecto y la
BOOKS material fotográfico sobresaliente. 1930 y 1960, y sobre el pensamiento arquitectura suscitan hoy.
3. LAS PALABRAS Y LAS COSAS
JOSÉ ANTONIO FLORES SOTO
RITA 6 / OCTUBRE 2016
4. LAS PALABRAS Y LAS COSAS
VIAJE AL INTERIOR DE LA CASA TRADICIONAL JAPONESA
JOSÉ ANTONIO FLORES SOTO
EL GENIO MALIGNO 19 / SEPTIEMBRE 2016
Septiembre 2016. Num. 19 LECTURAS y RELECTURAS Septiembre 2016. Num. 19 LECTURAS Y RELECTURAS
ISSN: 1 98 8 -3 9 27 I S S N : 1 9 8 8 - 3 9 27

Las palabras y las cosas. Viaje al interior de la casa (iroi) proyecta en el espacio que lo rodea.
Todo ello evoca una arquitectura rica en im-
palabras los elementos arquitectónicos. Esos
elementos se ilustran a su vez con multitud de
presiones para ser experimentadas, de espa- imágenes de casas tradicionales visitadas por
tradicional japonesa cios enriquecidos por las texturas, los colores Nakagawa y sus investigadores a lo largo de
y los efectos lumínicos proporcionados por los años. En esta versión española, las imáge-
las superficies que los delimitan. nes han sido específicamente recopiladas por
Nakagawa, Takeshi. La casa japonesa: espacio, memoria y lenguaje. Reverté, Barcelona, 2016. el equipo editorial, por lo que el relato gráfico
Pero el de Nakagawa no es sólo un análisis a todo color es original de la edición.
sensitivo de la casa japonesa basado en la
experiencia y la memoria, más propio tal La casa japonesa, además de la primera
vez de la literatura de Lafcadio Hearn al na- versión española del original japonés, es el
rrar los pormenores de la cultura nipona. quinto título de la colección que hace cuatro
El profesor Nakagawa aborda el estudio del años comenzó la editorial Reverté con el De-
J o s é An to n i o Flo re s S oto
espacio doméstico tradicional japonés desde partamento de Composición Arquitectónica
múltiples puntos de vista propios del arqui- (DCA) de la Escuela de Arquitectura de Ma-
tecto: composición formal, técnica cons- drid. Como parte de las labores de investi-
tructiva y cometido funcional. Las esteras de gación del DCA, el libro incluye un prólogo
paja (tatami), por ejemplo, son analizados del profesor José Manuel García Roig sobre
Takeshi Nakagawa es profesor de Historia dista (butsudan). Paso a paso, elemento a efectos de la luz sobre las lacas de vivos co- como elementos modulares en la composi- el ‘japonismo’ de los artistas de las vanguar-
de la Arquitectura; por eso sabe que esta elemento, la visión ofrecida en este calmo lores de los muebles y objetos contenidos en ción espacial, a la vez que se trata de escu- dias históricas y su influencia en los prime-
suele contarse a través del repaso de los y riguroso recorrido por capítulos es algo los distintos espacios o la riqueza de matices driñar su propia constitución material para ros arquitectos del Movimiento Moderno.
grandes edificios: aquellos convertidos en nostálgica y llena de matices. Muchas veces en la sombra ofrecidos por aleros, celosías, comprender sus propiedades particulares, También incluye un epílogo de la investiga-
símbolos para la colectividad. Sin embargo, estos matices están ligados a las propias pa- mamparas y persianas; también, la agradable así como también las sensaciones que gene- dora Nadia Vasileva sobre el habitar japonés
lo cotidiano, lo ligado a lo doméstico, pasa labras, cuyo origen desentraña el profesor sensación del fuego que el hogar rehundido ran al usuario por sus cualidades de textura, contemporáneo, donde se rastrean las per-
inadvertido en el silencio de la costumbre y Nakagawa concienzudamente para color y blandura. vivencias de la cultura tradicional de la que
la cercanía; y no se le dedica generalmente expresar con precisión las caracte- habla Nakagawa. Ambos estudios suponen
atención en las escuelas de arquitectura. La rísticas de los elementos o espacios El análisis del profesor Nakagawa del espa- un gran aporte al conocimiento sobre la ar-
casa japonesa es un libro sobre la arquitectu- que nombran; de ahí la importan- cio doméstico tradicional japonés es con- quitectura tradicional japonesa en relación
ra de la vivienda tradicional de Japón. En él, cia del vínculo de las palabras y las cienzudo y muy completo. En él no se olvi- con el mundo occidental destacable en esta
el profesor Nakagawa presenta su visión del cosas tan cuidado por el autor en da tampoco la componente significativa de edición.
espacio doméstico vernáculo nipón —hoy este libro. la arquitectura. Así que la casa tradicional
diluido en la modernidad occidental de la japonesa es desmenuzada en todos sus por- Este libro, pues, habla de la poética de lo co-
arquitectura contemporánea— a una gene- El esmero con que se describen tan- menores como espacio de habitar y como tidiano; establece un vínculo entre el lengua-
ración que no lo ha conocido. to espacios como texturas y colores espacio donde la familia se proyecta en el je, la arquitectura y la experiencia, evocador
de materiales es admirable. Así, las tiempo: arquitectura y función, arquitectu- de valores perdidos o a punto de perderse
Cada capítulo del libro está dedicado a una distintas palabras que van detallan- ra y composición, arquitectura y memoria. y susceptibles de rescatarse en parte para
palabra, que en esta versión se mantiene do los espacios de transición, las Todo, para recordarnos que la arquitectura el habitar actual. Aunque se refiera a una
también en su forma original japonesa para divisiones, los distintos ambientes, es mucho más que mera adaptación a unas cultura tan alejada de la nuestra, el viaje de
evitar perder en la traducción los matices de los componentes, los accesorios, los necesidades primarias de los hombres, aun- Nakagawa por la casa japonesa nos enseña a
la lengua. Así, palabra a palabra, el profesor materiales y los símbolos de la casa que sea una arquitectura doméstica y anóni- mirar lo esencial de los espacios cotidianos;
Nakagawa recorre con lentitud y porme- tradicional japonesa, nos trasladan ma como la tratada en este libro. a aprender del silencio de esa ‘arquitectura
norizadamente los diferentes espacios de la a un mundo cargado de sensacio- sin arquitectos’ a la que generalmente pres-
casa tradicional japonesa de su infancia que nes donde parece que el tiempo se Tal vez en el relato haya una presencia exa- tamos poca atención.
hoy casi sólo existe en los museos. Su cami- ha detenido o discurre mucho más gerada de palabras japonesas, pero Nakagawa
nar pausado comienza en el exterior con la lentamente que en la casa contem- quiere trasmitir con ellas lo que representan
piedra para descalzarse (kutsunugi-ishi) y los poránea. Es fácil imaginar el cami- los espacios, elementos y símbolos domésti-
distintos tipos de pavimento de los espacios nar muelle sobre los gruesos tapices cos a los que nombran. Así, el relato arqui-
de aproximación y acceso, para llegar hasta de paja (tatami) donde los japone- tectónico se enriquece con los matices de la
el mismo corazón del hogar, en el altar bu- ses también encuentran asiento, los memoria. La experiencia lleva a describir con

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5. NAKAGAWA TAKESHI: “LA CASA JAPONESA”
JAVIER VIVES REGO
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Blog de Javier Vives Rego

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domingo, 22 de mayo de 2016

Nakagawa Takeshi: “La casa japonesa”

Un libro excepcional sobre la arquitectura residencial japonesa 

Traigo hoy un libro, recién salido al mercado, que


considero fundamental en la bibliografía sobre arquitectura japonesa publicada en
español. Su título es La casa japonesa y su autor, Nakagawa Takeshi. La editorial Reverté
lo publicó, en febrero de este 2016, dentro de la colección "Documentos de Composición
Arquitectónica"  en colaboración con el Departamento de Composición Arquitectónica de
la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid.

Se trata de un libro fundamental, como he dicho, por varios motivos. En primer lugar,
porque su autor es un verdadero experto en el tema, doctor en historia de la
arquitectura y catedrático, hasta el mes de julio del pasado 2015, de la prestigiosa
Universidad de Waseda en Tokio, en la que sigue manteniendo su laboratorio. Esos
méritos ya serían suficiente garantía de calidad, sin embargo, no pocas veces un buen
original se ha echado a perder por una mediocre edición y una insolvente traducción.

Traducir textos como el que comento, en el que aparecen conceptos y vocablos propios
de la arquitectura que, además, responden a tradiciones y técnicas tan diferentes de las
nuestras como son las japonesas, es francamente difícil. Pues bien, puedo garantizar que
en la versión española del libro de Nakagawa Takeshi La casa japonesa, realizada por
Nadia Vasileva, confluyen todos los factores que han hecho posible esta modélica
edición.

La traducción española y el epílogo del volumen los ha realizado la arquitecta Nadia


Vasileva, quien precisamente bajo la dirección del doctor Nakagawa, fue investigadora en
el Laboratorio de Historia de la Arquitectura en la Universidad de Waseda en Tokio.
Actualmente, Vasileva es doctoranda en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la
Universidad Politécnica de Madrid, donde es docente José Manuel García Roig, autor del
prólogo al libro.

Dicho esto, voy a centrarme en el contenido de La casa


japonesa del profesor Nakagawa, para dar una idea a su hipotético lector o comprador de
qué es lo que encontrará en su interior. El volumen consta de 311 páginas ilustradas con
240 ilustraciones y fotografías, casi todas en color. Este último detalle es importante,
pues el texto trata de aspectos, elementos y técnicas de la arquitectura tradicional
japonesa, inexistentes en la occidental, que en muchos casos resultarían casi imposible
de comprender sin su representación gráfica, ya sea mediante un dibujo o una fotografía.
Prácticamente, cada rasgo o concepto constructivo que se menciona en el libro tiene su
reflejo en alguna ilustración. En este sentido, la labor de Vasileva para completar sus ya
abundantes fotos propias ha sido decisiva.

El cuerpo central del volumen, escrito por Nakagawa, está perfectamente arropado por el
prólogo de García y el epílogo de Vasileva.

En su prólogo, José Manuel García comenta de forma concisa y precisa los primeros
contactos entre el arte japonés y el occidental, para enlazar rápidamente con la
experiencia arquitectónica que vivieron en Japón, primero, Frank Lloyd Wright y, más
tarde, Bruno Taut y Walter Gropius, cuando estos descubrieron la Villa de Katsura en
Kioto, paradigma del estilo residencial japonés.

El epílogo de Nadia Vasileva es el colofón perfecto del libro, pues tras la mirada
retrospectiva de García en su introducción histórica y los constantes y lúcidos flashback
del profesor Nakagawa, Vasileva se adentra en el hábitat nipón contemporáneo para
mostrarnos algunas claves de la que denomina “identidad cultural de los hechos
arquitectónicos” japoneses.

No dude el lector que en el texto de Nakagawa


descubrirá una infinidad de conceptos, técnicas y simbolismos presentes en la casa
japonesa que le sorprenderán por su aplastante lógica constructiva en unos casos y por su
insospechado significado en otros. Uno a uno, el autor va desgranando los diferentes
elementos de la casa japonesa, y en todos ellos siempre va más allá de la simple
descripción o justificación arquitectónica. Ese es otro de sus méritos, el mostrarnos que
hay vida más allá de la arquitectura.

Los capítulos del texto de Nakagawa son estos:

Espacios de transición
Divisiones
Ambientes
Componentes
Accesorios
Materiales
Símbolos

Su trabajo concluye con una breve conclusión y un glosario, muy bien acompañado de
ilustraciones. 

Uno de los aspectos que más me han seducido del texto del profesor Nakagawa es la
humilde franqueza con que aborda la explicación de temas constructivos de los que no
existe constancia del por qué se ejecutaron de una determinada manera. En esos casos,
especialmente cuando la arquitectura japonesa es vista por occidentales, muchos autores
se embarcan en alambicadas y casi siempre crípticas explicaciones. No sucede eso en La
casa japonesa. Permítaseme una anécdota personal.

Estaba yo en la página 61, leyendo pausadamente  la


explicación de Nakagawa sobre el sencillo peldaño de piedra situado justo frente la
entrada al shoin antiguo de Katsura. Las precisas y metódicas descripciones de sus
medidas, forma y textura, perfectamente ilustradas con dos fotografías, me permitían
rememorar mis visitas a la villa de Kioto.
Nakagawa me hablaba de diálogo de formas, de armonía, de exquisitez, de delicadeza.
Pero en el último párrafo (página 63), reconociendo con modestia que quizás todo se
debiera a “una consideración más prosaica” el profesor me despertó de mi ensoñación,
diciéndome, quizás en voz baja, que la sutil curvatura de ese peldaño de piedra, esa
que, gracias a su interpretación, provocaba tan poéticas evocaciones en mi mente, podía
ser solo fruto de la decisión de “permitir que la lluvia y el agua con la que se rocía en
verano para refrescar resbalen de forma natural”.

Disculpe el lector si me he excedido en mi comentario sobre los precisos argumentos del


profesor Nakagawa. Seguramente no sea demasiado adecuado para un libro sobre
arquitectura que metódicamente desgrana uno a uno los rasgos de la casa japonesa
tradicional. Pero, al fin y al cabo, un libro es un libro, y el enseñar deleitando es una
capacidad que poseen muy pocos. Sin duda es otra de las virtudes de Nakagawa‐san.
Muchas gracias, profesor.

                          

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