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Testimonios del Purgatorio – Fieles y Laicos

Angélico (Frailes Menores de Paris)

A propósito de esta excesiva facilidad en juzgar santos a algunos difuntos, referiré aquí
un ejemplo sacado de las Crónicas de los Frailes Menores.

Habiendo muerto en un convento de estos religiosos, en París, un santo hermano, que


por su eminente piedad era llamado el Angélico, uno de sus hermanos, doctor en
Teología y varón de mucha virtud, pareciéndole que injuriase a la misericordia y justicia
de Dios rogando por la salvación de un hombre tan santo, y que, según él creía, debía
hallarse encumbrado en el más alto grado de la gloria, omitió la celebración de las tres
misas que, según costumbre, todos los Padres celebraban por el alma de cada
hermano que moría. Mas he aquí que, al cabo de algunos días, mientras se hallaba
paseando en meditación por un sendero del jardín, se le apareció el difunto religioso,
circundado todo de llamas, y con voz lamentable le dijo: "¡Querido maestro, os conjuro
a que tengáis piedad de mi y me socorráis!" "¿Y qué necesidad tenéis de mi ayuda,
alma santa?", le respondió el religioso. "¡Ay de mí, ay de mí! Yo estoy detenido todavía
en el fuego del Purgatorio en espera de las tres misas que vos debíais haber celebrado
en sufragio de mi alma: si hubierais satisfecho exactamente la obligación que nuestras
Constituciones nos imponen, a esta hora me hallaría ya en la celestial Jerusalén."
Y como el religioso alegase como excusa la vida santa que él había llevado, sus
oraciones y penitencias, la santa escrupulosidad con que había observado las reglas, y
muchas otras sublimes virtudes, el difunto exclamó: "¡Ay de mí, ay de mí! Nadie es
capaz de creer ni de comprender con cuánto rigor juzga y castiga Dios a sus criaturas.
Su pureza infinita descubre defectos aun en nuestras más santas acciones. Si los
mismos cielos no se hallan exentos de imperfección ante sus ojos purísimos, ¿cómo es
posible que el hombre, criatura tan miserable, pueda aparecer limpio delante de Él? ¡Es
necesario rendirle cuentas hasta del último céntimo! ¡Si con toda la ciencia que vos
poseéis, hubierais comprendido un poco mejor la santidad infinita de Dios, no me
habríais tratado con tanto rigor!" Dicho lo cual desapareció. Apresuróse el buen
religioso a celebrar las tres misas pedidas, y al tercer día se le apareció de nuevo
aquella alma bendita para darle las gracias y anunciarle que, terminada la prueba, iba a
recibir la recompensa por sus virtudes.

Benedicto VIII (X-1024)

También ay exemplos de lo que es verdad católica, que las oraciones de los vivos
aprovechan a los ya difuntos. El Papa Benedicto Octavo, después de su muerte, se
apareció a Juan, obispo portuense, y le dixo que le aprovechavan mucho las oraciones
de Adilón, abad cluniacense, y que estava en penas de Purgatorio todavía.

Lo cual sabido por el abad, hizo con mayor cuidado oración por él, y mandó a sus
monges que hiziessen lo mismo, y no passó mucho tiempo que el mismo Benedicto,
rodeado de un grande resplandor, fue visto, primero, de Edelberto Monge, y después,
del propio Adilón, a quien dio las gracias, afirmando que por sus oraciones y las de sus
monges era trasladado del Purgatorio a la Gloria de los Bienaventurados. Y dízelo
Pedro Damián Cardenal, y refiérelo Laurencio Surio en el primer tomo. San Antonio de
Florencia, en la Segunda Parte, afirma que este mismo Abad Adilón, por revelación que
tuvo del Cielo, començó a celebrar aniversario por los difuntos el día siguiente al de
Todos Santos, y que, pareciendo bien, fue de unos en otros celebrado, hasta que toda
la Universal Iglesia Católica lo recibió, y mandó celebrarse generalmente. Refiérelo
Marulo, libro | segundo.

Benito y Bertrán (dominicos)

Gran discusión se suscitó un día entre dos frailes dominicos, Bertrán y Benito, sobre
qué fuese más perfecto y obra de más excelente caridad, a saber: el invertir todas las
obras en sufragio de las almas del Purgatorio o en la conversión de los pecadores.

Sostenía Bertrán la parte de los pecadores, diciendo que el Verbo divino vino
expresamente a la tierra para redimirlos; que están en continuo peligro de perderse
eternamente, y que, por lo tanto, el cooperar a su salvación es cooperar a la obra de la
redención divina; mientras que las almas del Purgatorio hállanse ya en estado de
seguridad, y si sufren tormentos, éstos son temporales, y en breve irán a gozar de la
gloria eterna del Paraíso. De otra parte, a favor de las almas purgantes, respondía
Benito, que después de su muerte el Redentor descendió a la cárcel del Purgatorio
para librarlas de las cadenas que las aprisionaban, y que si los pecadores se hallan
ligados por sus culpas, sus ataduras son voluntarias, y, con la gracia de Dios, pueden
romperlas cuando quieran, mientras que las almas del Purgatorio son retenidas en
medio de atrocísimos tormentos, sin poder en manera alguna valerse por sí mismas.
¿Quién necesita más ser socorrido, un enfermo que no puede valerse de sus
miembros, o un mendigo sano y robusto, el cual por su haraganería yace en la más
repugnante miseria? No cabe duda que el primero. Pues igualmente las almas del
Purgatorio, en su desolación, merecen que se las socorra con preferencia a los
pecadores, si bien obra más perfecta sería extender su caridad a los unos y a los otros.
Pero Bertrán no cedía al peso de tan convincentes razones, por lo cual permitió el
Señor que un alma del Purgatorio se le apareciese una noche llevando un grandísimo
peso, que cargó con sumo esfuerzo sobre el religioso para que por experiencia
reconociese aquella verdad que razonando negaba. Después de lo cual consagróse
con todo fervor a socorrer a las almas del Purgatorio con toda suerte de sufragios, y
llegó a ser tan devoto del Purgatorio cuanto al principio parecía contrario. No siempre
Dios permite lo mismo, pero el hecho de Bertrán sírvanos de instrucción útil y nos
enfervorice en la devoción y alivio de aquellas infelices prisioneras.

Cardenal Baronio Caesar (1538-1607)


El Cardenal Baronio recuerda un evento similar: Fue llamado a asistir a un moribundo.
De repente, un ejército de espíritus benditos aparecieron en el lecho de muerte,
consolaron al moribundo, y disiparon a los demonios que gemían, en un desesperado
intento por lograr su ruina.

Cuando el cardenal les preguntó quiénes eran, le respondieron que eran ocho mil
almas que este hombre había liberado del Purgatorio gracias a sus oraciones y buenas
obras. Fueron enviadas por Dios, según explicaron, para llevarlo al Cielo sin pasar un
solo momento en el Purgatorio.

Comadrona Luxemburgo

No de otro modo se expresaba el alma de una piadosa matrona muerta en


Luxemburgo, que comenzó a aparecérsele a una devota jovencita, suplicándola
ofreciese sufragios por ella. Cuantas veces la joven acudía al templo y se acercaba a la
mesa eucarística, la seguía aquella alma, a la cual, a la elevación de la Hostia santa, se
le encendía el rostro de manera que parecía un serafín del Cielo. Fuera del templo
jamás se le aparecía.

Como le preguntase un día la piadosa doncella qué significaba o qué quisiera con
aquel su proceder, lanzando la difunta un profundo suspiro, exclamó; "¡Ah, tú no sabes
cuan gran pena sea el verse alejada de Dios! No hay comparación que pueda
expresarlo. Ardentísimo es el deseo, intolerable la ansiedad, inmenso el impulso que a
Dios me lleva, y el verme privada de Él por castigo me sume en tan profunda
desolación, que no es nada en su comparación el fuego intensísimo que me rodea.
Para mitigar su aspereza el Señor me ha concedido que venga al templo a adorarle en
su propia casa, en la tierra, hasta que llegue el momento de unirme con Él en las
mansiones del cielo. Y aunque envuelto en las sombras del misterio, su presencia
conforta tanto mi espíritu que sólo vive para Él. Pues ¿qué será cuando me sea
concedido poderlo contemplar sin velos en el Paraíso?". Y diciendo esto suplicaba a la
piadosa doncella le acelerase tan feliz momento con sus sufragios, y a procurarle los
cuales se dedicó con tan grande empeño la piadosa joven, que el día 10 de diciembre
la vio volar al seno de Dios, más resplandeciente que un sol. ¡Oh, dichosa de ella! Dios
es el centro, es el fin, es el todo de la criatura racional. Fijemos bien tal máxima en
nuestro entendimiento, que de esta suerte no buscaremos ningún otro bien en este
mundo fuera de Dios, y en la otra vida tendremos a Dios como eterna recompensa.

Devota de las ánimas (Paris, 1827)

París, 1827. Una pobre sirvienta, que se había hecho una buena cristiana en su villa
natal, había adoptado la piadosa práctica de mandar decir una misa cada mes por las
almas sufrientes. Sus empleadores la llevaron con ellos a la capital, pero aún con el
cambio ella nunca fue negligente en su compromiso, y continuó su obra de caridad
hacia las benditas almas. E incluso incorporó como regla de vida el asistir al Divino
Sacrificio, y unir sus oraciones a las del sacerdote, especialmente por las almas que
estaban más cerca de completar su expiación.

Esta era su intención ordinaria. Dios pronto la probó con una larga enfermedad, que no
sólo le ocasionaba un cruel sufrimiento, sino también le causó la pérdida de su empleo
y el gasto de sus últimos recursos, y el día en que estuvo lista para dejar el hospital, se
encontró con que apenas le alcanzaba el dinero para terminar de pagar. Después de
rezar una ferviente oración al Cielo, llena de confianza, fue a buscar alguna solución a
su problema. Se le dijo que tal vez encontraría empleo en la casa de cierta familia, al
final de la ciudad. Ella fue, y como tenía que pasar frente a la Iglesia de San Eustaquio,
entró. La vista del sacerdote en el altar le recordó que ese mes había olvidado su usual
Misa por los muertos, y que éste era el mismo día en que durante años ella había
acostumbrado hacer su buena obra. Si ella disponía en esto su última moneda, no le
quedaría nada, ni siquiera para satisfacer su hambre. Tuvo entonces una lucha interior
entre la devoción y la prudencia humana. Y la devoción ganó. "Después de todo", se
dijo a sí misma, "el buen Dios sabe que es por Él, y ¡no me desamparará!". Entrando
en la sacristía, hizo su ofrecimiento por la Misa, a la cual asistió con su usual fervor.
Nota: en esa época siempre se pagaba por las intenciones particulares en las Misas,
como una forma de retribuir el servicio especial al Sacerdote, que merece su sustento.

Unos pocos momentos después, continuó su camino, llena de ansiedad como se podrá
comprender. Absolutamente destituida de bienes, ¿qué iba a hacer si no obtenía el
empleo? Estaba todavía ocupada en estos pensamientos cuando un pálido joven de
delgada figura y distinguido aspecto se le acercó y le dijo: "¿Estás buscando un
trabajo?". "Sí, señor". "Bien, ve a tal calle y número, a la casa de madame L. Pienso
que la satisfarás y que tu también estarás satisfecha allí". Habiendo dicho estas
palabras, desapareció en medio de la multitud que por allí pasaba, sin esperar recibir el
agradecimiento de la pobre muchacha. Ella encontró la calle, reconoció el número, y
ascendió a los apartamentos. Una sirvienta salió cargando un equipaje bajo su brazo y
pronunciando quejas. "¿Está la madame aquí?", preguntó la recién llegada. "Puede
estar y puede no estar", replicó la otra. "A mí qué me importa? La madame abrirá la
puerta ella misma si le place; yo no me preocuparé más por eso. Adieu!". Y dicho esto
descendió la escalera. La pobre muchacha tocó la campana con mano temblorosa, y
una dulce voz la invitó a entrar. Se encontró entonces en la presencia de una anciana
de apariencia venerable, que quiso saber qué la había traído hasta aquí. "Madame",
dijo la chica, "he sabido esta mañana que usted necesita una sirvienta, y vine a ofrecer
mis servicios. Se me ha asegurado que me recibiría amablemente". "Oh, mi querida
niña, lo que me dice es muy extraordinario. Esta mañana yo no tenía necesidad de una;
fue sólo en la última media hora que tuve que echar a una insolente doméstica, y no
hay otra alma en el mundo además de mí que supiera esto. ¿Quién te envió, pues?".
"Fue un caballero, madame; un joven caballero que encontré en la calle, que me paró
con este propósito, y yo agradecí a Dios por esto, porque me es absolutamente
necesario encontrar un lugar hoy, ya que no tengo ni un centavo en mi bolsillo". La
anciana no podía entender quién era la persona, y se había perdido en conjeturas,
cuando la sirvienta, elevando sus ojos sobre el mueble del pequeño salón de entrada,
percibió un portarretratos. "Espere, madame", dijo inmediatamente, "no se preocupe
usted más; esa es la imagen exacta del joven hombre que me habló. Es por él que he
venido". A estas palabras la dama profirió un sonoro gemido y pareció perder la
conciencia. Le hizo repetir a la joven la historia de su devoción a las almas del
Purgatorio, de la Misa matinal, y de su encuentro con el extraño, y luego se arrojó al
cuello de la muchacha, la abrazó y llena de lágrimas le dijo: "Tú no serás mi sirvienta
desde este momento; tú eres mi hija. Es mi hijo, mi único hijo al que viste. Murió hace
dos años, y te debe su liberación, por lo que Dios lo envió para traerte aquí. No puedo
dudarlo. Seas, entonces, bendita, y rezaremos continuamente a partir de ahora por
todos los que sufren antes de entrar en la bienaventuranza eterna".

Moraleja 2: Recemos por las almas del Purgatorio, ellas pueden obtener Gracias
especiales para nosotros, pidiéndolas directo a Dios en el Cielo. San Agustín
acostumbra decir “Oro por los difuntos, para que cuando lleguen a la eterna gloria, oren
ellos también por mí.” Santa Brígida afirma en sus revelaciones que oyó, proveniente
de las llamas del Purgatorio una voz que decía: “Dios mío y Señor mío, haz uso de tu
poder inefable, recompensa al ciento por uno a todos los que en la tierra nos auxilian
con sus sufragios y nos elevan hasta la luz de tu divinidad”. Santo Tomás dice que es
más misericordioso rezar por las almas del purgatorio que por los que aún viven, ya
que éstos pueden valerse por sí mismos, mientras que las primeras nada pueden hacer
para mitigar su sufrimiento. “Llegará a saberse como cada uno trabajó. El día del juicio
lo dará a conocer, porque en el fuego, todo se descubrirá. El fuego probará la obra de
cada cual. Si tu obra resiste el fuego, será premiado; pero si es obra que se convierte
en cenizas; él mismo tendrá que pagar. El se salvará pero como quien pasa por el
fuego” 1Cor 3, 13-15. En el Purgatorio se sufre indeciblemente, mucho más que todos
los tormentos de esta vida. El sufrimiento es similar al del infierno, con la diferencia de
que existe la esperanza de salir. La justicia divina no es más que la medición
automática de la distancia entre lo que odiamos y lo que dejamos de amar, con lo que
pudimos haber amado, siguiendo el consejo de Jesús: “sed perfectos como el Padre es
perfecto”. Dios no es vengativo. El infierno no es una prisión de tormentos creada por
Dios. Es algo así como un estado espiritual, donde las almas, creadas para ser
infinitamente felices en presencia de Dios, no pueden siquiera ver a Dios. Dios no las
envió allí. Las almas mismas eligieron libremente no estar con Dios al rechazarlo con
su pecado. Es cierto que cada uno se crea su propio infierno... así en la tierra como en
el Cielo. El infierno es un no-lugar, así como la oscuridad es la no-luz. Así como a uno
no le gusta que la gente conozca lo que hizo mal, quienes rechazan a Dios no pueden
tolerar la Luz de la Verdad y por sus acciones en esta vida, eligieron la oscuridad. De la
misma manera que los ángeles (demonios) cayeron por negarse a servir a Dios, así
también nosotros podemos ir al infierno y la gran mayoría al Purgatorio, por negarnos a
servir a Dios, ya que estamos en la tierra EXCLUSIVAMENTE para servirle. En la
medida que no servimos a Dios, nos dañamos a nosotros mismos. Sólo en la medida
que cumplimos el plan de Dios, podremos obtener mayores premios en el Cielo. Dios
nos pide una vida sacrificada al amor pero también recompensa en proporción al
sacrificio. Al servirnos a nosotros mismos, repetimos el error de soberbia de los
ángeles. Cada vez que buscamos disfrutar de la vida, cada vez que estamos
mundanamente satisfechos, repetimos el ‘grito’ de los demonios: “¡no serviremos a
Dios!”. Seremos juzgados por cómo hicimos la voluntad de Dios en cada momento.
“Dime a quién estás amando con esta acción (u omisión) en este momento y te diré a
quién sirves. Dime cuánto más podrías amar y te diré qué tan lejos estás de Dios.”

Devota de las Once mil vírgenes

Una donzella, devota grandemente de las Onze Mil Vírgines, de las cuales cada día
hazía mención en sus oraciones, vino a morir, y estuvo /(428r)/ muerta desde hora de
tercia hasta vísperas, que tornó a la vida; levantóse y habló con muchas personas que
estavan presentes, y díxoles:

-Por la devoción y memoria que he tenido en mis oraciones con las Onze Mil Vírgines,
por sus ruegos he sido libre de penas de Purgatorio, y he sido mandada que buelva a
la vida sólo para dar noticia de lo mucho que las santas vírgines aprovechan a los que
dellas tuvieron memoria y se las encomendaron en vida, cuando llega la muerte, y para
salir más presto de penas de Purgatorio, con presupuesto que mueran en estado que
les puedan aprovechar sus ruegos. Y en testimonio de que es verdad lo que digo, luego
tornaré aquí a morir.
Y assí sucedió. Es del mismo libro.

Dionisio el Cartujano (1402 -1471)

Teodorico Loer de Estrada, Vicario de la Cartuxa en Colonia, en la Vida que escrivió de


Dionisio Cartuxano, doctor extático, dize dél que se le apareció de noche, estando en
oración, un donado de su convento, rodeado de llamas de fuego, y se le quexó de los
monges, que no sólo se olvidavan de hazer bien por él, mas lo que estavan obligados
por el orden de rezar el salterio y dezir Missas lo dilatavan; que permitiría Dios fuesse
dellos /(426v)/ lo que era dél. Dionisio dio noticia desto al convento, y huvo grande
enmienda en general y en particular.

Fatigávase Dionisio por saber dónde estava la alma de su padre, que avía días que era
difunto, y como tuviesse por esta causa larga oración, un día oyó que le dezían:
-¿Qué curiosidad es la que te fatiga de saber de la alma de tu padre? ¿No sabes que
es obra santa y saludable orar por los muertos? Haz por él oración, que si murió en
gracia de Dios y está en penas, mucho le aprovechará, y si no, bolverse ha a ti.
De allí adelante hazía oración por su remedio, si lo avía menester, y sucedió que una
noche se le apareció en sueños, entre dos negros como de Etiopía, y díxole en alta
boz:
-Hijo mío amantíssimo, favorece con tus oraciones a tu padre, porque padece fuego y
açotes con varas de hierro.
Y aunque esto le parecía sueño, no fue perezoso en hazer oración por su padre con
mayor cuidado y diligencia que antes. También es digno de memoria lo que le passó
con el maestro Juan de Lovaina, el cual fue varón de vida santa, muy templado y muy
honesto, amigo de religión. Edificó un monasterio de canónigos reglares en Ruremunda
y, en Colonia, un colegio de San Hierónimo, y hazía grandes limosnas. Tenía muchos
beneficios eclesiásticos; murió y mandóse enterrar en la cartuxa de Ruremunda, donde
estava Dionisio, y como por averlo él dotado le dixessen cada año un aniversario, la
primera vez, al tiempo que acabavan el oficio, vido Dionisio sobre su sepulcro grandes
llamas de fuego, que despedían de sí un humo negro y un malíssimo olor. Quedó
Dionisio turbado, acordándose de la buena vida de aquel difunto, y dudando si era |
fuego de Purgatorio o de Infierno. El siguiente año, a la misma sazón, apareció también
la llama, aunque no tan escura, y al tercero año fue arrebatado en éxtasi Dionisio, y
vido secretos maravillosos ocultos y muy justos sobre aquel caso, aunque no declaró
cosa más de escrivir una carta al que tenía a cargo el testamento de aquel difunto,
pidiéndole que pusiesse diligencia en cumplirle, y en hazer dezir Missas y otros
sufragios con brevedad por su alma.

Durrano, arzobispo de Tolosa (1050-1100)

En la Vida de Hugón, abad cluniacense , referida por Surio en el tomo segundo, se


haze mención de Duranno, arçobispo de Tolosa, el cual era amigo de oír y dezir
donaires y palabras | ociosas, y por aver sido monge de su convento, reprehendióle
Hugón diversas vezes, y díxole que si no se enmendava tendría por esto particular
Purgatorio.

Murió desde a pocos días, y aparecióse a un santo monge llamado Siguino, y mostróle
la boca muy hinchada, y los labios llenos de llagas. Pidióle con lágrimas que rogasse a
Hugón hiziesse oración por él, porque padecía cruel tormento en Purgatorio en pena de
sus palabras ociosas y donaires, de que no se avía enmendado. Refirió esto Siguino al
santo abad Hugón, el cual mandó a siete monges que siete días guardassen silencio
por satisfación de aquella culpa. Déstos, el uno quebrantó el silencio. Apareciósele a
Siguino el arçobispo y quexóse de aquel monge, que por su inobediencia se le avía
dilatado su remedio. Siguino fue con ello a Hugón. Él halló que era assí verdad.
Encargó a otro el silencio por siete días, y passados, aparecióse el arçobispo tercera
vez, y dio gracias al abad y a los monges, mostrándose vestido de pontifical, y su
rostro, sano y muy alegre; desapareció luego. Muchos milagros hizo Dios por su siervo
Hugón, y assí, entre ellos puede contarse este caso del arçobispo Duranno, y el ser
libre de Purgatorio por su ocasión.

Eduvigis Carboni

La estigmatizada de Cerdeña, muerta en Roma en 1952 con fama de santidad, cuenta


en su Diario que un día, mientras rezaba delante de un crucifijo, se le presentó una
persona rodeada de llamas de fuego y oyó una voz triste que le decía: “Soy N.N. El
Señor me ha permitido venir a ti para que me ayudes y me consueles en las penas que
debo padecer en el purgatorio. Ofrece por mí todas tus oraciones durante dos años
para salir de aquí y entrar en la gloria “.
Otro día, en octubre de 1943, se le presentó un hombre vestido de oficial. Le dijo: “He
muerto en la guerra y quisiera que celebren por mí unas misas, y que tú y tu hermana
ofrezcan por mí las comuniones”. Después de varios días, se presentó de nuevo
resplandeciente, diciéndole: “Soy ruso y me llamo Pablo Vischin. Ahora voy al paraíso y
rezaré por vosotras. Gracias “.

El joven y la matrona

El que deja la devoción a María se sale del camino del cielo. A tan grande peligro se
expuso un joven (Auriem. t. 1. PAG 23), que habiendo sido en sus primeros años
devoto de la Virgen, se dio después a una vida licenciosa.

Una noche, después de haber tenido unos sueños muy tristes se despertó, y no
pudiendo echar de si aquella representaciones melancólicas se levantó de la cama, y
por distraerse se puso a leer un libro profano A penas se había sentando dan un fuerte
golpe el la puerta, se abre de par en par, y se ve entrar una mujer como un jugante,
horrible, espantosa, echando fuego por los ojos, y en pies y manos unas uñas como de
fiera. Horrorizado el joven, y temblando de pies a cabeza, corrió a un rincón llamando
en su socorro a la Santísima Virgen. “En vano, dijo el demonio transformado en aquella
figura, en vano invocas a la que abandonaste, pues ella también te ha abandonado a ti.
Mío eres, y ya estas bajo mi dominio por haber cometido tales y tales pecados ( y los
especificó); ahora vendrás conmigo”. Al afligido joven le corría un sudor frío por todo el
cuerpo, y como pudo hizo allí la oferta que se acostumbra a la congregación de la
Virgen, prometiendo mudar de vida; apenas había acabado vió que se habría la
ventana de su cuarto, y que entraba por ela una matrona con el rostro cubierto, a cuya
vista desapareció el enemigo. Entonces aquella matrona habló así al joven “En gran
peligro has estado, pero cobra aliento; vete a confesar, emprende de nuevo tus
devociones, ama a tus hermanos y empieza una nueva vida”. Por la mañana bien
temprano salió de su casa y fue a buscar a todo prisa al sacerdote que dirigía la
Congregación. Iba tan desfigurado que parecía salido de la sepultura; pero su relación,
las magulladuras y quemaduras de su pie, asi como el hedor intolerable que el demonio
había dejado en el cuarto, fueron testimonio de la verdad del hecho; y el joven conoció
entonces bien, cuán dañoso es el que una vez puso su mano en el arado vuelva la cara
atrás.

Estudiantes de Flandes 1714

En el año 1714 estudiaban en Flandes (Aurient t. 1, pág. 47) dos jóvenes entregados a
la disolución. Habían gastado un día entero en diversiones y comilonas, y por remate
fueron a pasar la noche en una casa de prostitución. El uno de ellos, a la deshora ya,
se volvió a descansar a la suya; pero el otro se quedó saciando su apetito, y bebiendo
hasta las heces el veneno del cáliz Babilonia.

Vuelto el primero a su casa se acordó que no había rezado una Ave María que tenía de
costumbre, quiso hacerlo, y aunque sintió gran repugnancia, al fin la rezó de muy mala
gana y casi dormido. Se acostó, y como estaba tan cansado se durmió al instante; pero
no se había pasado mucho tiempo cuando oye unos golpes muy fuertes en la puerta de
su dormitorio: se despierta, y sin abrirla ve delante de si a su infeliz compañero
horroroso y desfigurado. Lleno de terror, y admirado de que hubiese podido entrar
estando la puerta cerrada, dio una voz diciendo “¿Qué es esto”. Y el desdichado
contestó: “Has de saber que por justo juicio de Dios, debíamos tu y yo caer esta noche
en el infierno; pero la Virgen, a quien rezase aquella Ave María, te ha librado a tí de la
muerte y a mi de la condena eterna. Gracias a ese “ruega por nos”, en el que te
acordaste también de mi, Logró ella en mi un acto de contrición, purgando mis penas
en el Purgatorio. En tal calle (nombrándola) esta mi cuerpo herido por el demonio”. Y el
prueba de la verdad le descubrió el seno, que arrojaba llamas y le despedazaban
horribles serpientes. Acabó de hablar, y desapareció. Se levantaba el otro al punto y
empieza a llorar amargamente. En esto oye tocar a Maitines en el convento de San
Francisco, y no dudando que esta fuese la voz de Dios que le llamaba corre sin
tardanza, se hecha a los pies de los Padres, y les pide el santo hábito con las mayores
instancias, contando lo que le había pasado. No le dieron crédito al principio, pensando
que eran los frutos de aquella noche de excesos. Pero se cercioraron de la verdad
yendo algunos a la calle que les decía, donde encontraron el cadáver de su compañero
desfigurado. Entonces le admitieron, y él empezó en la religión una vida penitente y del
todo nueva, mostrándose toda su vida, muy agradecido a la piadosísima Virgen María,
por cuya intercesión habían recibido aquel especialísimo beneficio.

Eusebio (347-420)

Poco después que murió el bienaventurado San Hierónimo, levantáronse algunos


hereges, que publicavan heregías acerca del estado de las almas después de salidas
de los cuerpos, y pervertían a muchos, que se creían de ligero.

Aparecióse el santo doctor Hierónimo a Eusebio, discípulo suyo, y mandóle que


tomasse el saco con que cubría su cuerpo en vida y le pusiesse sobre los cuerpos de
tres varones que avían muerto aquella noche y estavan cerca de la iglesia esperando
que otro día les diessen sepultura, que resuscitarían y darían cuenta de lo que sucede
a las almas salidas de sus cuerpos, contra aquellos pérfidos hereges. Hízolo assí
Eusebio, y en presencia de mucha gente puso el saco sobre los cuerpos muertos, y re-
suscitaron. | Los cuales, estando dentro de la iglesia, hablando uno dellos y aprovando
los otros dos, dixo y declaró cómo, en apartándose la alma del cuerpo, si está en gracia
de Dios y no tiene qué purgar, buela al Cielo, y si muere en pecado mortal, descienden
al Infierno. Y si acave en gracia, mas quédale por purgar algunas penas de los pecados
perdonados, es llevada a Purgatorio. Y por dar noticia desto a los vivos, por medio de
San Hierónimo avían buelto a la vida, y que al día vigésimo tornarían a morir en
compañía de Eusebio, que estava allí presente, lo cual davan por testimonio de la
verdad que dezían. Y si en aquel espacio breve se diessen prissa en exercitarse en
obras penales, que sería possible ir luego a gozar de Dios en muriendo. Con este
evidente milagro, los hereges fueron confundidos, y los que avían delinquido en sus
errores se reduxeron y abraçaron la Fe Católica; especialmente viendo a los tres
resuscitados, que en los veinte días fue cosa espantosa la vida que hizieron, porque,
acordándose de las penas del otro mundo, lloravan sin cessar, açotávanse, y eran
verdugos de sí mismos. Hasta que, passados los viente días, murió Eusebio, y
murieron todos tres, para que más se confirmasse la verdad de cuanto dixeron. Lo
dicho escrivió San Cirilo, obispo de Jerusalem, a San Augustín, y el santo doctor lo
refiere en la Epístola dozientas y seis, capítulo 2.

Fr. Antonio Corso (Capuchino)

No solamente por el continuo ejercicio de las más hermosas virtudes religiosas sino
mucho más por las rigurosísimas penitencias con que maceraba su carne, subió a tan
elevado grado de perfección Fr. Antonio Corso, capuchino, que comúnmente era tenido
en grandísimo concepto de santidad.

Llegada la hora de su muerte, no pudo volar derechamente al cielo, sino que debió
pasar por el Purgatorio, de donde, por permiso de Dios, salió y se apareció en el estado
más desolador al enfermero del convento, el cual, vuelto en sí de la primera sorpresa:
"¿Cómo?, dijo. ¡Oh Fr. Antonio vos condenado al Purgatorio, cuando todos creíamos
que os hallaríais en medio de la gloria! Y ¿cuál es la pena que padecéis?" "Doble es la
pena que sufro, respondió el difunto. La de sentido, que es grave y atroz, como no es
posible explicar; pero la que no tiene comparación y excede a cuanto pueda
imaginarse, es la pena de daño, que me priva de la visión beatífica del Sumo Bien.
Faltándome Él, me falta todo, y seré la más infeliz criatura mientras haya de verme
alejado de Él. Pero recomendadme a todos los demás religiosos, mis hermanos, para
que eficazmente me ayuden con sus sufragios, ¡pues no puedo soportar el verme
privado de mi Dios!"

De los anales de la Padres Capuchinos la siguiente historia. Fray Antonio Corso,


famoso por su celo en la penitencia, continuamente mortificaba su cuerpo más de lo
que la regla prescribía. Durante muchos años sobre su carne ponía un apretadisimo
cilicio por el día y la noche; su alimento alimento era solamente un poco de pan y
agua para beber. En los últimos años de su vida limitada a tres veces por semana esta
comida miserable y se duplicó sus oraciones y su penitencia. La Semana Santa se rige
por un período de cinco horas en una fila, dando numerosos golpes de cilicio.
Seguramente quería mortificarse para no pasar por el purgatorio. Pero fue muy
diferente el destino que tubo. Después de la muerte se apareció un día al enfermero del
convento, al que reveló su estado con estas palabras: Gracias a la misericordia Divina
yo estoy salvado, porque por los pecados que cometí contra la santa pobreza y
caridad, que tanto recomendaba nuestro seráfico Padre, merecía las penas del infierno.
La Virgen Santa me ha otorgado la liberación, ahora estoy condenado a espirar mi
pecado en el Purgatorio, porque Dios, no tolera mancha alguna a las almas que van
con El.

Fray Daniele (x - 1994)


Las almas que están en el Purgatorio siempre desean ir lo más pronto a Dios, se siente
amadas por nuestro Padre Dios, desean la presencia de Jesucristo, algo que les haría
olvidar los sufrimientos que padecen. Pero han de esperar todo el tiempo que Dios
haya determinado hasta quedar totalmente purificadas todas las almas que están el
Purgatorio.

Hay personas que dicen que pasarán al Purgatorio antes de ir al cielo. Pues nada
manchado puede entrar el Reino de Dios. Se le podría preguntar, ¿Quieres pasar de
aquí al Purgatorio cuando no puedes soportar los sufrimientos que Dios te permite
tener con las enfermedades, adversidades ahora que puedes? ¿Y te quejas mucho? Ya
quisieran las almas del purgatorio sufrir tus enfermedades, lo llevarían mucho mejor,
pues existe una gran diferencia.

Pero seria mejor que el Purgatorio lo debemos pasar en la tierra. A Fray Daniele
también pensaba que después de morir pasaría un tiempo en el Purgatorio, pero el
Señor le llevó allí en vida para hacerle reflexionar.
Una cosa es pensar, pero otra es vivirla, sentir en su propio ser los padecimientos, las
penas del Purgatorio. Después de que en su cuerpo sintió el gran rigor de las penas del
Purgatorio, y cuando volvió en sí, determinó servir de un modo más perfecto a Dios y
pasar su purgatorio en vida. Y esto es lo que debemos hacer todo. Porque la
experiencia de Fray Daniele, nos hace saber que un momento en el Purgatorio es
mucho tiempo; una hora en el Purgatorio parece una eternidad.

Vivamos en gracia de Dios, pidamos a Dios ahora que podemos que nos de fortaleza
para no sucumbir en nuestros dolores. Por muy terrible que nos parezca todo tipo de
dolores, de persecuciones, de adversidades, de incomprensiones, todo eso es nada
ante la eternidad feliz que Dios tiene preparado para sus fieles, para sus hijos.
Soportémoslo todo como lo hizo con infinita perfección nuestro Santísimo Señor
Jesucristo y la Santísima Virgen María.

TESTIMONIO DE FRAY DANIELE, CAPUCHINO


TRES HORAS EN EL PURGATORIO

Traducción del italiano del libro Omagio a Fra'Daniele, capuchino. Autor, Padre Remigio
Fiore, capuchino y sobrino de Fray Daniele. Aprobación eclesiástica de Monseñor
Serafino Spreafico, Obispo Capuchino, 29 de julio de 1998. Convento de Santa María
de las Gracias, San Giovanni Rotondo Foggia.

Relato de fray Daniele

Soy un simple hermano lego capuchino. He desenvuelto mi vida haciendo el trabajo


que me correspondía; de portero, sacristán, pedir limosnas y cocinero. Con frecuencia
me iba con la mochila en la espalda a pedir limosnas de puerta en puerta. Hacía la
compra todos los días para el convento. Todos me conocían y me querían bien.
Siempre que compraba alguna cosa me hacían descuentos, y aquellas pocas liras que
recogía, en vez de entregárselas al superior, las conservaba para la correspondencia,
para mis pequeñas necesidades y también para ayudar a los militares que llamaban a
la puerta del convento.
Inmediatamente después de la guerra, me encontraba en San Giovanni Rotondo, mi
pueblo nativo, en el mismo convento del P. Pío. Un poco tiempo después comencé con
algunos dolores en el aparato digestivo y me fui a una consulta médica, y el médico me
diagnosticó un mal incurable: un tumor.
Pensando ya en la muerte, fui a referírselo todo al Padre Pío, el que -después de
haberme escuchado- bruscamente me dijo: “Opérate!!!”. Permanecí confuso y
reaccionando le dije: “Padre, no me vale la pena. El médico no me ha dado ninguna
esperanza. Ahora sé que debo morir”.
-“No importa lo que te ha dicho el médico: opérate, pero en Roma en tal clínica y con tal
profesor”
El P. me dijo esto con tal fuerza y con tanta seguridad que le contesté:
Si Padre, lo haré. Entonces él me miró con dulzura y, conmovido, añadió:
- “No temas, yo estaré siempre contigo”.
A la mañana siguiente salí ya en viaje para Roma, y estando sentado en el tren. Advertí
al lado mío una presencia misteriosa: era el Padre Pío que mantenía la promesa de
estar conmigo.
Cuando llegué a Roma supe que la clínica era Regina Elena, y que el profesor se
llamaba Ricardo Moretti. Hacia el atardecer ingresé en la clínica. Parecía que todos me
esperaban, como si alguno hubiera anunciado mi llegada, y me acogieron
inmediatamente.
A las 7 de la mañana estaba ya en la sala de operaciones. Me prepararon la
intervención. A pesar de la anestesia, permanecí despierto y me encomendé al Señor
con las mismas palabras que Él dirigía al Padre antes de morir: “Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu”.
Comenzaron los médicos la intervención y yo sentía todo lo que decían. Sufría dolores
atroces, pero no me lamentaba, al contrario, estaba contento de soportar tanto dolor
que ofrecía a Jesús, ya que aquellos todos sufrimientos purificaban mi alma de mis
pecados. Un rato después me adormecí.
Cuando recobré la conciencia me dijeron que había estado tres días en coma antes de
morir. Me presenté delante del Trono de Dios. Veía a Dios pero no como Juez severo,
sino como Padre afectuoso y lleno de amor. Entonces comprendí que el Señor había
hecho todo por amor hacia mí desde el primero al último instante de mi vida,
amándome como si fuera la única criatura existente sobre la tierra.
No obstante me di cuenta también de que no solamente no había cambiado este
inmenso amor divino, sino que lo había descuidado totalmente.
Fui condenado a dos / tres oras de Purgatorio. Pero ¿cómo? -me pregunté-
¿Solamente dos / tres horas? Y después podré quedarme siempre próximo a Dios
eterno amor? Di un salto de alegría y me sentía como hijo predilecto. La visión
desapareció y me volví a encontrar en el Purgatorio.
Las dos / tres horas de Purgatorio fueron dadas sobre todo por haber faltado al voto de
pobreza, es decir, por haber conservado para mí unas pocas liras -como dije antes.
Eran unos dolores terribles que no sabia de donde venia, pero se sentía intensamente.
En los sentidos con los cuales se había ofendido más a Dios en este mundo: los ojos,
la lengua... experimentaba mayor dolor y era una cosa increíble porque allí abajo, en el
Purgatorio, uno se siente como si tuviese cuerpo y conoce / reconoce a los demás
como sucede en el mundo.
Mientras tanto, que no había pasado más que unos instantes con aquellas penas, me
parecía ya que fuera una eternidad. Lo que más hace sufrir en el Purgatorio no es tanto
el fuego -también muy intenso- sino aquel sentirse lejos de Dios -y lo que más aflige es
haber tenido todos los medios a disposición para la salvación y no haber sabido
aprovecharse de ellos.
Fue entonces cuando pensé ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara
por mí que estaba en el Purgatorio. Aquel hermano quedó maravillado porque sentía mi
voz pero no me veía y me preguntó:
¿Dónde estás, porque no te veo?
Yo insistían y, viendo que no tenía otro medio para llegar a él, pero mis brazos se
cruzaban pero no llegaba. Sólo entonces me di cuenta que estaba
sin cuerpo. Me contenté con insistirle para que rezase mucho por mí y me fuera del
Purgatorio.
¿Pero cómo? -me decía a mí mismo- ¿no debería estar solo dos / tres horas en el
Purgatorio? Y han transcurrido ya trescientos años? Por lo menos así me parecía. De
repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le pedí insistentemente, le
supliqué, diciéndole:
“¡¡¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios, consígueme del Señor la gracia de
volver a la tierra para vivir y trabajar solamente por amor de Dios!!!”.
Acudí también ante el P. Pío e igualmente le supliqué: “¡¡¡Por tus atroces dolores, por
tus benditas llagas, padre Pío, ruega por mí a Dios para que me libere de estas llamas
y me conceda continuar el Purgatorio en la tierra!!!”.
Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre hablaba a la Virgen. Unos
instantes después se me apareció nuevamente la Bienaventurada Virgen María: era
Santa María de las gracias, pero venía sin el Niño Jesús, inclinó la cabeza y me sonrió.
En aquel mismo momento volví a tomar posesión de mi cuerpo, abrí los ojos y extendí
los brazos. Después, con un movimiento brusco, me liberó de la sabana que me cubría.
Estaba contento, había recibido la gracia. La Santísima Virgen me había escuchado.
Inmediatamente después los que me velaban y rezaban, asustadísimos, se precipitaron
fuera de la sala a buscar enfermeros y doctores. En pocos minutos la clínica estaba
abarrotada de gente. Todos creían que yo era un fantasma y decidieron cerrar bien las
puertas y desaparecer, por cierto temor a los espíritus.
A la mañana siguiente me levanté muy pronto y me senté en una butaca. A pesar de
que la puerta estaba cuidadosamente vigilada, algunos lograron entrar y me pidieron
les explicara lo que me había sucedido. Para tranquilizarles, les dije que estaba
llegando el médico de guardia, al cual tenía que decir lo que me había pasado.
Corrientemente los médicos no llegaba antes de las diez, pero aquella mañana todavía
no eran las siete y dije a los presentes:
“Mirad; el médico está llegando; ahora está aparcando el coche en tal puesto”.
Pero nadie me creía. Y yo continuaba diciéndole:
“Ahora está atravesando la carretera, lleva la chaqueta sobre el brazo y se pasa la
mano por la cabeza como si estuviera preocupado, no sé que tendrá”...
Pero nadie daba crédito a mis palabras. Entonces dije: “Para que me creáis que no os
miento, os confirmo que ahora el médico está subiendo en el ascensor y está para
llamar a la puerta”. Apenas había terminado de hablar, se abre la puerta y entró el
médico quedando maravillados todos los presentes. Con lagrimas en los ojos, el doctor
dijo:
“Sí, ahora creo en Dios, creo en la Iglesia y creo en el Padre Pío...”.
Aquel médico que primero no creía o cuya fe era como agua de rosas, confesó que
aquella noche no había logrado cerrar los ojos pensando en mi muerte, que él había
comprobado, sin dar más explicaciones. Dijo que a pesar del certificado de muerte que
había escrito, había vuelto para cerciorarse qué era lo que había sucedido aquella
noche que tantas pesadillas le había ocasionado, porque aquel muerto (que era yo) no
era un muerto como los demás y que, efectivamente, no se había equivocado.
Conclusión Después de esta experiencia, Fray Daniele vivió verdaderamente el
Purgatorio en esta tierra, purificándose a través de enfermedades, sufrimientos y
dolores, conformándose siempre y en todo con la voluntad de Dios. Solamente
recuerdo algunas intervenciones que sufrió: de próstata, coliscititis, aneurisma de la
vena abdominal con relativa prótesis; otra intervención después de un accidente
callejero cerca de Bolonia, prescindiendo ya de otros dolores no sólo físicos, sino
también morales.
A la hermana Felicetta, que le preguntó cómo se sentía de salud, Fray Daniele le
confió: “Hermana mía, hace más de 40 años que no recuerdo qué significa estar bien”.
Para terminar podría decir que este relato de Fray Daniele es un episodio más que
prueba el amor de Fray Daniele por la Virgen. Fray Daniele falleció el 6 de julio de
1994. Mientras colocaban convenientemente sus restos mortales en la capilla de la
Enfermería del Convento de los Hermanos Capuchinos, en San Giovanni Rotondo, y se
recitaba el Rosario en sufragio de su alma, a algunos de los presentes les parecía que
Fray Daniele movía los labios como para contestar al Ave María del Rosario. La voz se
difundió tan rápidamente, que el superior, Padre Livio de Matteo, para quedar tranquilo,
quiso cerciorarse de que no se trataba de una muerte aparente. Por este motivo hizo
venir de la Casa Alivio del sufrimiento próxima, al doctor Nicolás Silvestri, ayudante de
Medicina Legal y doctor José Pasanella, asistente también de medicina Legal, los
cuales hicieron un electrocardiograma a Fray Daniele y le tomaron la temperatura, por
lo cual confirmaron definitivamente su muerte.
Ahora Fray Daniele goza ciertamente de la visión beatifica de Dios y, desde el cielo,
sonríe, bendice y protege.
(SOL DE FATIMA, número 188, pagina 26-27. noviembre-diciembre, 1999),
“A algunos de los presentes les parecía que Fray Daniele moviera los labios, como para
contestar al Ave María del rosario”. Después de que el alma ya no estaba en el cuerpo
de Fray Daniele, aún así, para aquellos, algunos de los presentes, veían como seguía
orando al Señor. Y lo vieron más de uno. El cuerpo acostumbrado a tanta oración,
todavía permanecía como si estuviera bien vivo, aunque en ese mismo momento su
alma ya gozaba de la presencia de Dios. Se había convertido en instrumento de
oración, aun cuando su alma había quedado libre de aquel cuerpo bendecido por Dios.
Se cuenta también en la historia que ha habido personas que poco antes de morir,
tuvieron deseos de pecar, y acabaron en ruina perpetua. Unos cuerpos se convierten
en bendición y otros en maldición.
Hombre sanguinario...

A un hombre sanguinario y lleno de enormes delitos, porque tuviese alguna esperanza


de remedio pudo persuadirle su mujer, después de repetidas instancias, que a lo
menos ayunase los sábados y rezase un Ave María a todas las imágenes que viese de
la Virgen, ya que no quería reducirse a penitencia. Y a pesar de que empezó esta
devoción solo por condescender con su esposa, de aquí provino su felicidad.

Un día, pues, viniendo de camino entró en una iglesia fatigado, y mientras descansaba
se puso a rezar una Ave María sin atención ni afecto delante de una imagen de esta
Señora con el niño Jesús en los brazos; mas al quererse retirar para proseguir su
camino advirtió que el niño estaba lleno de llagas frescas y bañado de sangre. La
novedad del caso le llenó de asombro, y pregunto a la Virgen: “Señora, ¿quién ha
maltratado así a vuestro Hijo?.” “Tú, respondió la Virgen, has herido con tus pecados a
mi Hijo, e Hijo de Dios”. Al oír estas palabras prorrumpió el hombre en un llanto
amargo, pidiendo con tristes sollozos al Refugio de los pecadores que le alcanzase
perdón de sus culpas. Empezó a pedir a la soberana Reina, pero el divino infante
mostraba no querer escuchar los ruegos de su Madre. Redoblaba mas y mas sus
instancias la compasiva Señora, hasta que al fin (¿quién le podrá negar el que habitó
en sus purísimas entrañas?) se hablandó el amantísimo Jesús y se lo concedió. “Ven,
dijo entonces la Madre al arrepentido pecador, ven, y besa las sagradas llagas de mi
querido Hijo. El todo temblando, y vertiendo un arrollo de lágrimas, llegó y se las besó,
pereciéndole que al mismo tiempo se iban cicatrizando como por efecto de su
contrición. Mas el veía que si bien las heridas cerraban quedaba aun la cicatriz.
Comprendió entonces que ese era el bendito purgatorio que debería padecer. Hecho
esto salió de la Iglesia y juntamente del mundo, porque el y su mujer de común
acuerdo, por gracia y llamamiento especial de la bondad divina, abrazaron de allí a
poco el estado religioso.

Hugo de San Victor (1097-1141)

Estando Hugo de Santo Víctor cercano a la muerte, pidióle un canónigo, monge de su


mismo Orden y muy su amigo, que, si le fuesse concedido de Dios, le diesse noticia de
su estado después de muerto. Él se lo prometió.

Murió Hugo, y no mucho después aparecióse al amigo, y preguntado cómo le iva,


respondió:
-Aora bien, mas dígote que por aver sido negligente en las disciplinas de nuestro Orden
después de Cumpletas, he recebido en Purgatorio innumerables açotes.
Con esto, desa- pareció. | Y afírmalo el autor del Promptuario de exemplos.
Hugo, marques de Toscana 950-1050

Hugo, marques de Toscana, vivía licenciosamente, sin querer enmendarse por mas
avisos que recibía en su corazón, de parte de la Virgen María, a quien el conservaba
alguna devoción, no obstante de sus vicios.

Yendo un día cazando por el monte Senario embebecido en perseguir una fiera, de
repente se armó una tempestad con espantosos truenos y relámpagos y copiosa lluvia.
Entra huyendo en una cueva, y vio dentro a dos hechiceros martillando restos
humanos. Al momento que le vieron dijeron: “¿Le echamos mano y traemos a ese
también?”. Al mismo tiempo se oyó una voz espantosa que salía de aquella oscuridad y
decía: “A su tiempo, porque todavía no lo permite aquella que tiene tanto poder sobre
nosotros. Ya le tocará su Purgatorio”. El marqués, al oir estas palabras, quedó como
fuera de sí, y volviendo su corazón a la Madre del temor santo le pidió socorro, hizo la
señal de la cruz y desaparecieron los enemigos. Salió de la cueva, y dirigiéndose a la
casilla de un solitario llamado Eugenio, que vivía en aquel desierto, pasó allí la noche
pensando seriamente en mudar de vida. La mañana siguiente salió para Florencia y dio
parte al obispo Eustaquio de cuanto le había pasado, y del favor que debía a la
Santísima Virgen: se confesó de todos sus pecados con penitencia pública y una
mudanza completa de su mala vida, diciendo a voces y bañado de lágrimas: “Hugo ya
no será Hugo”. Fundó y dotó con gran magnificencia siete monasterios vició de allí en
adelante como verdadero hijo de María.

Isabel Kindelmann (1913-1985)

Por esto, la Llama de Amor debe estar encendida para salvar a todos los cristianos ;
para salvar las familias, salvando a los padres y madres de cada familia cristiana; para
ayudar a la santificación de los sacerdotes, que mientras más se asemejen a Cristo
más eficaz ministerio ejercitarán con todos sus hermanos; ésta Llama de Amor debe
iluminar todos los momentos de la vida del cristiano, todos los momentos de
enfermedad, de agonía, de muerte. Aún después de la muerte ésta Llama de Amor
debe seguir iluminando la esperanza de quienes se encuentran en el purgatorio.
Mons. Bernardino Echeverría Ruiz,
Arzobispado de Guayaquil.

3 de agosto de 1962
La primera hora de oración la pasé tratando de ordenar mis pensamientos; apenas
lograba tranquiliazarme. Mi disipación me desanimó tanto que estaba incapaz de hacer
aun oración vocal. He pensado en las almas sacerdotales muy olvidadas en el
purgatorio y por ello quería ofrecer el vía crucis también. Pero el Redentor tristemente
me habló así :
J.C.-«Yo tampoco abandoné ni interrumpí el camino de
los dolores.

28 de septiembre de 1962 Ayunos por las almas sacerdotales del Purgatorio


Hoy, día de ayuno, lo ofrezco por las almas del purgatorio, epecialmente por las almas
sacerdotales. El Señor Jesús, se refería a que no puede resistir a ruego de la
Santísima Virgen. Me dijo, infundiéndolo en la conciencia de mi mente :
J.C.-«Ya que estás mitigando, hijita mía, este anhelo tan grande que tengo por las
almas, sabes, ¿con qué te voy a premiar? El alma del sacerdote fallecido, gracias a
que han guardado el ayuno pedido por Mí, de hoy en adelante, a los ocho días de
haber muerto, se librará del fuego del purgatorio. Y cualquiera que guarde este ayuno,
alcanzará esta gracia a favor de un alma que esté penando. (Observación : si ésta
había fallecido en estado de gracia).
Con lágrimas escuchaba sus palabras llenas de majestad y misericordia, que podemos
ayudar tan eficazmente a las almas que sufren en el purgatorio. Mi alma se estremeció
cuando me comunicó esta nueva y grande gracia y, al salir de la santa misa para ir a
casa, dijo en voz baja en mi alma :
J.C.-«Yo también me voy contigo y permaneceré contigo todo el dîa : que nuestros
labios supliquen juntos al Eterno Padre para alcanzar misericordia. »
Con profunda adoración le dije : Mi adorado Jesús, ¡vivir en el alma esta gracia Contigo
y con tus labios suplicar juntos al Eterno Padre! Al ir así a mi casa, sumida mi alma en
su adoración, mi corazón bajo el efecto de la gracia comenzó a latir tanto que casi me
desplomé... Entonces le supliqué: Deseo tanto, mi adorado Jesús, que tu gracia tan
grande llegue a conocerse cuanto antes públicamente y cuánto más personas lleguen a
sentir profundamente tu intimo anhelo.
El Señor Jesús me pidio que pusiera por escrito especialmente aquello de cómo
podemos ayudar a las ánimas. :
J.C.-« Por observar el ayuno pedido por Mí, las almas de los sacerdotes, al octavo día
después de haber muerto, se librarán del purgatorio. »
(El ayuno estricto: durante un día se debe tomar sólo pan y agua).

4 de octubre de 1962
J.C.-«¡Qué felicidad es ésta para Mí! ¡Sumérgete en Mí, en el mar de mis gracias! Te
concedo ésta gracia, porque tú misma me pediste que te dejara sumergirte. ¡Pide
siempre, mi pequeña hija carmelita! Yo reparto feliz mis tesoros que podrás cambiar en
la hora de tu muerte. ¿Crees, acaso, que cuánto era tu sufrimiento, tanto será tu
premio? ¡De ninguna manera! No se puede expresar con palabras humanas lo que he
preparado para ustedes. Espero el momento de que tu llegues. Y te espero con un rico
regalo. Me dará un vuelco el Corazón a tu llegada y muchas almas, a las cuales has
ayudado a liberarse del purgatorio por medio de tus sacrificios, te saludarán rebosantes
de gozo. Como buenos amigos tuyos, esperan el encuentro contigo. Compenétrate en
este gozo sin límites y no resulte para ti nada fatigante lo que tengas que hacer por mi
obra salvadora. ¡Qué nuestras miradas se compenetren!. En mis ojos bañados de
lágrimas y de sangre verás el anhelo de mi Corazón por las almas. ¡Recoge Conmigo,
hijita mía! Fui Yo quien injertó en tu corazón el deseo de las almas y lo aumentaré sin
cesar. Pero, ¡aprovecha tú también toda oportunidad! »
13 de octubre de 1962 Las ánimas sufrientes también deben sentir el efecto de gracias
de la llama de amor de mi corazón maternal
Desde hace meses me habla el Señor Jesús. No lo escribí, no siempre tengo modo de
hacerlo. Hoy también me encontraba en la soledad silenciosa del templo. Oraba por los
sacerdotes moribundos. El Señor Jesús conmovido me susurró al oído :
JC.- ¡Qué nuestras manos recojan juntas!
Pedí también la efusión de gracias de la Llama de Amor de la Santísima Virgen para las
almas en pena, cuando el Señor Jesús me permitió sentir que en ese momento un
alma acababa de liberarse del purgatorio. Sentí en mi alma un alivio indescriptible. En
ese momento, por pura gracia de Dios, mi alma se sumergió en la felicidad
inconmensurable del alma que llega a la presencia de Dios. Luego recé, con todo el
recogimiento de mi alma, por los sacerdotes moribundos. Entre tanto un sentimiento
muy angustioso inundaba todo mi interior. Son sufrimientos que da el Señor para que
pueda recoger con Él. Durante mi profundo recogimiento un suspiro, fino como un
hálito de la Santísima Virgen, sorprendió mi alma:
S.V.- "Tu compasión por las pobres ánimas, hijita mía, ha conmovido tanto mi Corazón
maternal, te concedo la gracia que pediste. Si en cualquier momento, haciendo
referencia a mi Llama de Amor, rezaran ustedes en mi honor Tres Aves Marías, cada
vez un alma se librará del purgatorio. En el mes de los difuntos (en noviembre), al rezo
de cada Ave María, 10 almas se librarán del purgatorio. Las ánimas sufrientes deben
sentir ellas también el efecto de gracia de la Llama de Amor de mi Corazón maternal".

NOTA DEL EDITOR:


Que Dios tiene derecho a expresar también en números las condiciones en que quiere
dar su gracia, nos lo prueba la sagrada escritura. El caso de Naamán, el Sirio (2 Reyes
5, 1- 1 4) donde, de forma inequivoca, la condición de su sanación está expresada en
números, aunque su realización no dependió del número. ¿Porqué precisamente el
sumergirse 7 veces en las aguas turbias del Jordán fue la condición dada por el profeta
Eliseo para que el Naamán alcanzara la curación? ¿No hubiera sido suficiente 5 o
acaso 3 veces? ¡O quizá hubiera sido suficiente una sola inmersión! No fue el
sumergirse 7 veces lo que le consiguió la curación sino la obediencia de su fe humilde
con que, a pedido de sus siervos, venció su Resistencia y se sometió al deseo del
profeta.
Es muy cierto que los números tienen frecuentemente otra significación en el plano
sobrenatural que la que les atribuimos aquí en la tierra. La razón es que nosotros
caemos frecuentemente en el error de trasladar nuestro modo de pensar tan
mercantilista al orden de la vida sobrenatural, cuando el Cielo tiene otro propósito muy
distinto con los números. La esencia y el sentido más profundo de ésta "matemática
celestial" no es el número ni el rendimiento, sino el Amor. Significa que debe arder en
nosotros continuamente el deseo de salvar las ánimas que están penado. ¡Cuántos
pensamientos inutiles, cuántas preocupaciones superflues que giran alrededor de
nuestro propio Yo, nos llenan durante un solo día! ¡Cuántas idas y venidas hacemos
mecánicamente en un único día! ¡Qué medio tan eficiente podría ser para educarnos a
nosotros mismos si con un pensamiento de amor acudiéramos en ayuda de un alma
que está sufriendo! Ellas nos lo van a agradecer mucho y en su estado de
bienaventurados nos ayudarán en nuestro trabajo para salvar las almas. De nuestra
parte, ésta compasión nos sirve de mérito y la Santísima Virgen la vierte en bien de las
ánimas. Si la Santísima Virgen se expresa en número, lo hace únicamente para de éste
modo acomodarse a nuestra débil manera de comprender las ideas, a fin de
estimularnos, en fervorizarnos, como si dijeran: Miren, aunque la contribución de
ustedes sea tan insignificante, alcanza que un alma en pena ¡pueda ver a Dios cara a
cara!
(La anotación correspondiente al 17 de julio de 1964 de éste Diario confirma esta
interpretación.- EL EDITOR.)

31 de agosto de 1963 Premio tu gran compasión por las ánimas del Purgatorio
Asistí a la santa misa vespertina. Luego, me quedé todavía por largo tiempo con Él. Le
supliqué largamente. La hermana sacristana no se dio cuenta de ello y se marchó
echando llave a la puerta. Estábamos los dos: Dios y yo con mi oración de súplica.
Absorta intercedí a favor de las almas del purgatorio. Ardía en mi alma gran deseo de
que cuántas más se liberen de lugar del sufrimiento. Estando con mi gran anhelo, la
Santísima Virgen así habló:
S.V.-"Premio, hijita mía, el gran anhelo y compasiónque sientes de las almas del
purgatorio. Hasta ahora rezaste tres Avemarías en mi honor por la liberación de un
alma. Ahora, para calmar tu anhelo, en adelante diez almas se liberarán del lugar de
sufrimientos".
Casi no podía comprender tan grande bondad. En lugar de deshacerme en
agradecimientos, sólo un suspiro vino a mis labios: Santa Madre de misericordia,
¡gracias por tantas gracias!

1 de septiembre de 1963 Yo, ¡voy a buscar corazones!


Hoy es día de ayuno por las ánimas sacerdotales. Como el Salvador me lo había
pedido, ayunando a pan y agua puedo liberar un alma sacerdotal del purgatorio. -El
ayuno me debilita un tanto ya que hago también mis tareas de casa del modo
acostumbrado y ayudo a mis hijos. Hacia el atardecer una vez terminado mi trabajo, fui
a donde el Señor Jesús. El recogimiento en Él quedó inesperadamente perturbado por
una molestia que sentí.

24 de septiembre de 1963 Privilegio donde hacen la hora santa en familia


S.V.- "Mi Llama de Amor, que deseo derramar de mi corazón sobre ustedes en una
medida cada vez mayor, se extiende también sobre las ánimas del purgatorio. Fijate
bien en mis palabras, escribe lo que digo y entrégalas a las personas a quienes
corresponden: "Aquellas familias que guardan los días jueves o viernes la hora santa
de reparación en familia, si en la familia muere alguien, después de un único día de
ayuno estricto, observado por un miembro de la familia, el difunto de la familia se libra
del purgatorio".
(Se entiende: si falleció en gracia de Dios). (Nota: Guardar "ayuno estricto" significa: no
es menester pasar hambre. Hay que comer pan y beber agua).

18 de mayo de 1964. Lunes de Pentecostés El premio de guardar ayuno el lunes


Asistí a la santa misa y antes de la sagrada comunión el Señor Jesús me dijo:
JC.- "Como veo tu firme determinación, a la que eres fiel aún en los días de fiesta, te he
preparado una alegría: de entre las almas sacerdotales que sufren en el purgatorio, en
este día, a partir de medianoche, a cada hora se libera un alma".
Esto me dijo el Señor Jesús porque a petición suya, los lunes continuamente ayuno a
pan y agua y no lo omito ni aun cuando caiga una fiesta en ese día. Estoy feliz de
poder guardar en este día el ayuno estricto ya que Él prometió que después de ayunar
un día lunes, un alma sacerdotal llega a su divina Presencia. Y ahora, al decirme que
en cada hora se libera un alma sacerdotal, inundó mi alma con aquel sufrimiento que
estas almas padecen todavía, que luego de unas horas ya estarán en Su presencia.
Este dolor ha durado apenas uno o dos minutos pero aún así, -estando de rodillas-,
casi me desplomé a causa de los dolores. Después de comulgar, el Señor Jesús me
permitió sentir la liberación de un alma. Hizo que mis sentimientos cambiaran de un
extremo a otro : después de las profundidades del sufrimiento, me inundó con la alegría
sublime del alma que ha llegado a la Presencia de Dios. El estado de mi alma,
temblorosa de la embriaguez de las gracias, hizo que me sintiera libre durante horas de
la fuerza de gravitación de la tierra.

5 - 7 de octubre de 1964 Reza el rosario por las almas sacerdotales


Llevo ya más de tres años que guardo, a petición del Señor Jesús, este ayuno estricto
por la liberación de las ánimas sacerdotales.
-Al regresar hoy, lunes, de la santa misa, mi cuerpo se debilitó tanto con los dolores
que después de unas horas me sobrevino una hambre grande. No la aguanté y tomé
alimentos. En mi gran pena de no poder llevar ahora a las ánimas sacerdotales a la
Presencia de Dios y porque esta compasión se acrecentaba más y más en mi alma,
pregunté al Señor Jesús qué debia hacer. En mi alma reinaba gran oscuridad y silencio.
El Señor Jesús no dio respuesta. Aun al tercer día me desperté sintiendo compasión
por las ánimas sacerdotales en pena. Y mientras pensaba en estos, la Santísima
Virgen hizo oír sus palabras bondadosas en mi alma:
S.V.- "Mi hijita carmelita, reza el rosario completo y asiste a una santa misa que sea
ofrecida por él. Así puedes recuperar el atraso causado por tu debilidad. El ánima del
sacerdote llegará del purgatorio a la Presencia de Dios".
Me quedé muy conmovida por esta propuesta bondadosa. Con lágrimas agradecí a
nuestra Madre Celestial que en mi debilidad ayudo a liberar a las ánimas. Regresó a mi
alma la fuerza y la tranquilidad. Esto también ocurrió la misma mañana: Al ir a la santa
misa mis pensamientos se divagaron un poco, aunque esto duró sólo unos pocos
minutos. Entonces el Señor Jesús se dirigió a mí:
JC.- "Eres querida para Mí pero ¡no distraigas tus pensamientos! Piensa sólo en Mí,
porque si no lo haces así, me aflijo. No me aflijas y no tomes a mal si te corrijo. Sabes,
me gusta si mis divinas palabras te encuentran estando siempre alerta. Aun un minuto
es mucho para Mí que pases ocupada en otras cosas. Yo te ayudo para que sólo Yo y
nadie más llene tus pensamientos.

1 - 2 de noviembre de 1965 Mes de Noviembre, mes de las almas sufrientes


El Señor Jesús me inundó con sufrimientos extraordinarios que de noche se
intensificaban más todavía, tanto que sólo podía andar encorvada. Y lo que nunca
existió en mí toda mi vida, me agarró también el temor a la muerte. Antes de ir a
descansar, con todas mis fuerzas me preparé a la muerte como si ahora, en cualquier
momento hubiera tenido que presentarme ante la santa faz de Dios. Estos grandes
sufrimientos los ofrecí al Señor Jesús. Entre tanto, Él se contentó con decir:
JC.- "¡No estés harta de ellos!"
Al día siguiente me desperté aliviada y a lo largo del día este alivio iba en mí en
aumento. Cuando de repente, de nuevo habló el Señor Jesús:
JC.- "¿Verdad, alma mía, me crees lo mucho que te quiero? Este violento sufrimiento
que has soportado, lo destiné a favor de las almas sufrientes. Y ahora, sonrio sobre ti".
En este instante, sentí como si hubiera separado mi alma de mi cuerpo, mientras el
Señor Jesús habló de nuevo:
JC.- "Dios sonríe sobre ti. Con mi divina Sonrisa, ves, soportas más fácilmente los
grandes y violentes sufrimientos de los cuales las almas sufrientes tenían gran
necesidad, porque ahora has tomado parte en la labor a favor de la Iglesia sufriente.
¡Sufre sonriendo! ¡Nadie sepa, nadie vea, quede esto el secreto de nosotros dos! Esto
sólo Dios puede conceder y lo doy sólo a aquellas almas que saben soportar sonriendo
los incesantes sacrificios".

15 de agosto de 1980 Ayuno de los días lunes


El Señor Jesús y la Santísima Virgen me hablaron alternando entre sí. La palabra de la
Santísima Virgen con firme pero amorosa energia resonó en mi alma. Pidió al clero, a
las personas consagradas a Dios (religiosos, religiosas) y a los fieles cristianos en todo
el mundo que, teniendo modo de hacerlo, guardaran los días lunes, ayuno a pan y
agua.
El Señor Jesús: "La Iglesia y el mundo entero está en grave peligro y ustedes con sus
fuerzas no pueden cambiar la situación. Sólo la Santísima Trinidad puede ayudarles a
ustedes, a la intercesión concertada de la Santísima Virgen, de todos los ángeles y
santos y de las almas liberadas con la ayuda de ustedes".
Según la comunicación de la Virgen Santísima :
S.V.-Los sacerdotes, si observan el ayuno del lunes, en todos las santas misas que
celebren esa semana, en el momento de la Consagración, liberarán
multitudinariamente a las almas del purgatorio. Las personas consagradas a Dios y los
seglares que guarden el ayuno del lunes, en esa semana cada vez que comulguen, en
el momento de recibir el Sagrado Cuerpo del Señor, liberarán multitud de almas del
purgatorio.

12 de septiembre de 1963 La Llama de Amor de la Santisima y los Moribundos


S.V.-"Si se enciende la Llama de Amor de mi Corazón en la tierra, su efecto de gracia
se derramará también sobre los moribundos. Satanás se quedará ciego y con la ayuda
de la oración de ustedes, durante su velada nocturna, terminará la terrible lucha de los
moribundos con Satanás y bajo la suave luz de mi Llama de Amor hasta el pecador
más empedernido se convertirá". Es mi peticion que la santa velada nocturna, por la
cual quiero salvar a las almas de los moribundos, la organicen de tal manera en cada
parroquia, que por ningún minuto se quede sin que alguien haga oración de vela. »

RECOPILACION: La Llama de Amor de la Virgen y las almas del purgatorio:


S.V.-«Mi Llama de amor que deseo derramar sobre ustedes en una medida cada vez
mayor, va a tener efecto sobre las almas del purgatorio también :
a) Aquellas familias que guardan los días jueves y viernes la hora santa de reparación
en familia regularmente, si en la familia muere alguien, después de un único día de
ayuno estricto (observado por un membro de la familia), el difunto de la familia se libra
del purgatorio.» 24 de septiembre de 1963
(Se entiende : si falleció en gracia de Dios)
b) «Quien ayuna a pan y agua el lunes, librará cada vez un alma sacerdotal del lugar
del sufrimiento. Quien practica esto, él también recibirá la gracia de ser liberado del
lugar de las penas antes de que transcurran ocho días de su muerte. » Orden de día
LUNES
Nuevos privilegios para los que guardan ayuno estricto las lunes. 15 de agosto de 1980
c) «Si en cualquier momento, haciendo referencia a mi Llama de Amor, rezaran ustedes
en mi honor tres Avemarías, cada vez un alma se librará del purgatorio. -Las ánimas
sufrientes deben sentir ellas también el efecto de gracia de la Llama de Amor de mi
Corazón maternal. » 13 de octubre de 1962.

Jeanne Marie

En Francia, una pobre niña sirvienta llamada Jeanne Marie escuchó una vez un sermón
sobre las Santas Almas, que dejó una impresión indeleble en su mente. Profundamente
movida por el pensamiento del intenso e incesante sufrimiento que soportaban las
pobres Almas, se horrorizaba al ver cuán cruelmente eran olvidadas y dejadas de lado
por sus amigos de la Tierra.

Otra cosa que la impresionó profundamente es oír que hay muchas almas que están
tan cerca de su liberación, que una sola Misa sería suficiente para ellas; pero que son
retenidas largo tiempo, hasta años, sólo porque este último y necesario sufragio fue
olvidado o negado.

Con una fe simple, Jeanne Marie resolvió que, costara lo que costara, ella ofrecería
una Misa por las Pobres Almas cada mes, especialmente por las más cercanas al
Cielo. Ella ahorraba un poquito, a veces con dificultad, pero nunca falló en su promesa.

En una ocasión fue a París con su patrona, y cayó enferma. por viéndose obligada a ir
al Hospital. Desafortunadamente, la enfermedad resultó ser de largo tratamiento, y su
patrona tuvo que regresar a casa, deseando que su mucama pronto se reuniera con
ella. Cuando al final la pobre sirvienta pudo dejar el hospital, allí había dejado todos sus
ahorros, de manera que sólo le quedaba en la mano un franco.

¿Qué hizo? ¿A dónde ir? De repente, un pensamiento cruzó su mente y se acordó que
no había ofrecido ese mes una Misa en favor de las Pobres Almas.
¡Pero tenía sólo un franco! Apenas le alcanzaría para comer. Como confiaba en la
ayuda de las Almas del Purgatorio, fue hasta una Iglesia y pidió hablar con un
sacerdote, para que ofreciera una Misa en sufragio de las Almas del Purgatorio. El
sacerdote aceptó, sin imaginarse que la modesta suma que la niña ofreció era el único
dinero que ella poseía. Al terminar el Santo Sacrificio, nuestra heroína dejó la Iglesia.
Una cierta tristeza nubló su rostro, y se sintió totalmente perpleja.

Un joven caballero, tocado por su evidente decepción, le preguntó si tenía algún


problema y si podía ayudarla. Ella le contó su historia brevemente, y finalizó diciendo
cuánto deseaba trabajar. De alguna manera se sintió consolada por la forma en que el
joven la escuchaba, y recobró la confianza. "Será un placer ayudarte" dijo."Conozco
una dama que en este momento está buscando una sirvienta. Ven conmigo". Y dicho
esto le guió hasta una casa no muy lejos de allí y le pidió que ella tocara el timbre,
asegurándole que encontraría trabajo.

En respuesta al toque de timbre, la dama de la casa abrió ella misma la puerta y


preguntó a Jeanne Marie que quería. "señora" dijo ella, "Me dijeron que usted está
buscando una mucama. No tengo trabajo y me agradaría tener el puesto". La dama
estaba perpleja y replicó: "¿Quién pudo haberte dicho que necesitaba una mucama?
Hace sólo un par de minutos que acabo de despedir a la que tenía, ¿acaso te has
encontrado con ella?" "No señora. La persona que me informó que usted necesitaba
una mucama fue un joven caballero". "¡Imposible!, exclamó la señora, "Ningún joven,
de hecho nadie, pudo haberse enterado que necesitaba una mucama". "Pero señora",
dijo la niña, apuntando un cuadro en la pared" ése es el hombre que me lo dijo". "¡No,
mi niña, ese es mi único hijo, que ha muerto hace ya más de un año! "Muerto o no"
aseguró la niña,"él fue el que me trajo hasta aquí, y aún me guió hasta la puerta. Vea la
cicatriz en la frente. Lo reconocería donde fuera". Luego, le contó toda la historia, con
su último franco, y de cómo ella obtenía Misas por las Santas Almas, especialmente por
las más cercanas al Cielo.

Convencida al final de la veracidad de la historia de Jeanne Marie, la dama la recibió


con los brazos abiertos. "Ven, pero no como mi sirvienta, sino como mi querida hija. Tu
has enviado a mi queridísimo hijo al Cielo. No tengo duda que él fue el que te trajo a
mí".

Joven de Esclavona

Entre todos los respetos humanos, el mas perjudicial es el que nos detiene para no
descubrir a los médicos espirituales las llagas de nuestra alma. Bien lo experimentó un
hombre en Alemania (Auriem. T. 2, pág. 101), pues habiendo caído en un pecado
gravísimo, era tanta después la vergüenza que tenía de confesarse, que no se atrevía
de ninguna manera.

Eran entre tanto crudelísimos los remordimientos de su conciencia, sin poder sufrir la
angustia que le causaba, estando ya desesperado y resuelto a echarse a un río.
Efectivamente iba ya a ejecutarlo, pero al llegar a la orilla se detuvo por divina
misericordia. Se volvió a su casa llorando tristemente, y pidiendo a Dios que le
perdonase sus pecados “de plenitudine potestatis”, como él decía, y sin necesidad de
confesarlos. De allí fue a visitar varios santuarios, mas todo en balde, porque en parte
ningún hallaba paz ni consuelo. Dios quería que fuese por intercesión de su Santísima
Madre. Una noche en que agobiado de la tristeza se había quedado dormido, sienten
que le tocan en la espalda, diciéndole: “Anda a confesarte”. Sin detención salta de la
cana y se dirige al colegio que tenía la Compañía de Jesús en la ciudad de Warasdin
(Esclavonia), resuelto a efectuarlo luego que llegase; pero hallándose ya en la puerta le
asaltó de nuevo la vergüenza y volvió atrás. Dejó pasar algunos meses, hasta que
recibiendo una noche otro aviso sale segunda vez aun mas determinado, y segunda
vez le vence la vergüenza. En esta situación se decide morir primero que decir sus
pecados al confesor; pero la gracia le solicitaba fuertemente, de manera que todo el dia
estuvo luchado consigo mismo.

Por último, habiendo ya oscurecido, y yendo hacia su casa, entró de paso en una
iglesia donde se veneraba una devota imagen de nuestra Señora. Vio allí un pequeño
grabado donde se veía a la Virgen ayudaba a las almas del Purgatorio. Y por dentro le
pareció escuchar: “¿Porque has de esperar a tu Madre luego, cuando ahora puedo
amarte y perdonarte?”. Se arrodilló delante de la imagen de nuestra Señora, a quien de
rodillas le pidió el remedio de su necesidad; y la piadosísima Madre, que es refugio de
pecadores y consoladora de los afligidos, no quiso abandonar al infeliz en aquel
peligro, ni dejar sin premio el corto obsequio que le hacía, pues le alcanzó por fin de su
santísimo Hijo completa victoria. Al punto sintió su corazón enteramente trocado; se
levanta, busca un confesor, y con abundantes lágrimas le descubre su conciencia,
refiriéndola todos los pecados de su vida. Recibió la absolución, y con ella, ¡cosa
maravillosa!, tanta paz en su alma y tan extraordinaria alegría, que aseguraba no la
tendría mayor si hubiera ganado todo el oro del mundo.

Ludovico, conde leodiense en Alemania

Ludovico, conde leodiense en Alemania, hombre de grande ingenio y valiente en


armas, cayó enfermo y, viéndose cercano a la muerte, hizo venir a su aposento una
santa monja llamada Cristiana, a la cual avía tenido casto y santo amor, y ella no
menos le amava a él. Descubrióle algunas culpas suyas, por las cuales temía que,
aunque Dios se las perdonasse, avía de padecer graves penas en Purgatorio; que
confiava en la magestad de Dios, pues ya las avía confessado al sacerdote y satisfecho
por ellas cuanto le era possible, que se las tenía perdonadas cuanto a la culpa, y
remitido parte de la pena, mas temía que le quedava mucho que padecer en
Purgatorio, que le fuesse buena amiga en aquel trance.

La santa monja le dixo palabras de mucho consuelo, y que no obstante que las buenas
obras que él mandava en su testamento que se hiziesse por su alma, como sacrificios y
limosnas, serán parte para abreviar aquella pena y hazerla menor, con todo esso, que
ella pedía a Dios, que la mitad de la pena que él devía en Purgatorio la pagasse ella en
esta vida. El conde murió, y si oyó Dios a la monja, Él lo save, mas de muchos fue visto
que, en muriendo el conde, ella cayó enferma, y de enfermedad no tanto de peligro
como de tormento, porque era terrible el que padecía. Ya parecía que | salían llamas de
su cuerpo, ya quedava tan elada que el yelo no le hazía ventaja. Y en esto passó
mucho tiempo, no sólo padeciendo, sino haziendo continua oración y derramando
lágrimas, pidiendo a Dios perdonasse al conde, y a ella le diesse paciencia para lo que
padecía. Apareciósele el conde poco antes que ella muriesse y diole gracias por lo que
avía hecho por él. Lo dicho se refiere en el libro segundo De Apibus, capítulo cincuenta
y tres.

Malaquías Cenerot, obispo de Hibernia

Malaquías Cenerot, obispo de Hibernia, cuya Vida escrivió San Bernardo, siendo
muerta su hermana, dezía Missa cada día por ella, y como dexasse de hazer esto
treinta días por tener algunas graves ocupaciones, apareciósele una noche
quexándose de su olvido, que la avía dexado ayuna treinta días; rogóle que
favoreciesse su necessidad.

Por esta visión, con mayor cuidado tornó a celebrar cada día por ella, y vídola,
primero, que estava a la puerta de la iglesia, después, que entrava en ella, y al cabo,
junto al altar, en compañía de un ilustre coro de gente, todos vestidos de blanco. Y tuvo
indicio de aquí, que por sus continuos sacrificios y ruegos más presto avía salido de las
penas de Purgatorio y ido a la compañía de los santos. Y assí, la oración hecha por los
difuntos, como las demás obras buenas, es su comida, con /(371r)/ que, refocilados,
más presto salen de penas de Purgatorio. Lo dicho es de San Bernardo, y refiérelo
Surio, tomo sexto.

María Simma

María Simma era una anciana mujer que vivió hasta el día de San José del año 2004
en las montañas austriacas. Desde temprana edad ella recibió de Dios el don de recibir
la presencia sobrenatural de las almas del Purgatorio, que acuden a ella en busca de
oración y ayuda para acortar su tiempo de expiación. Sor Emanuel, muy reconocida por
aquellos que conocen la aparición de María en Medjugorje, tuvo la oportunidad de
realizarle un reportaje en su humilde casa en la montaña, el cual fue documentado en
un hermoso libro. Extractamos aquí algunas partes importantes de este libro titulado "El
maravilloso secreto de las Almas del Purgatorio - Sor Emanuel y María Simma"
(prácticamente la totalidad del libro está reflejada en nuestro artículo).

María Simma tuvo desde niña un especial interés por las almas del Purgatorio, y fue
esa la misión que Dios le dio para esta vida cuando tuvo la edad de 25 años.
Adecuadamente asistida por su confesor y director espiritual, y bajo el cercano
seguimiento del Obispo del lugar, María vive una vida donde la Presencia sobrenatural
se vuelve cotidiana. Las almas se presentan a ella buscando ayuda, y también dando
testimonio de sus sufrimientos, su vida en la tierra y su deseo profundo de llegar cuanto
antes a estar en la Presencia de Dios en forma definitiva.

Los conocimientos que las almas del Purgatorio le refieren son una hermosa y fuerte
confirmación de toda la Doctrina sobre la que se funda la Iglesia Católica, y una
invitación a todos nosotros a vivir una activa y sincera práctica de los sacramentos.
Pero, por sobre todo, María Simma nos invita a una práctica cotidiana del amor como la
puerta más importante para la salvación de nuestra alma. El amor cura y cubre muchos
de nuestros pecados, a la hora de nuestro juicio particular.

Descubra en este testimonio muchas de las confirmaciones que su corazón estaba


buscando, ya que Jesús y María se expresan a través de las palabras de María Simma,
invitándonos a una conversión sincera y profunda, basada en el amor por Dios y por
todos nuestros semejantes. Nuestra Santa Iglesia florece en las palabras de esta
humilde mujer, cuyo amor por Dios la ha llevado a grandes y constantes sacrificios. Un
alma humilde puede obrar muchos milagros, ya que agrada a los ojos del Creador, que
la toca con la gracia y la convierte en un instrumento de evangelización. Eso es, en
breves palabras, María Simma.

(Los comentarios y las preguntas son realizadas por Sor Emanuel)


Sor Emanuel: Henos aquí, María, ¿puedes contarnos ahora cómo fuiste visitada, la
primera vez, por un alma del Purgatorio?
María Simma: Sí, fue en el año 1940, de noche, a las 3 o 4 de la madrugada. Oí a
alguno que iba y venía en mi cuarto. Esto me despertó. Miré para ver quien pudiese
haber entrado en mi cuarto.
-¿ Tuviste miedo?
- No, yo no soy nada miedosa. Cuando yo era pequeña, mi madre me decía que era
una niña del todo especial, porque nunca tenía miedo.
-¿ Y entonces, esa noche? ¡Cuéntanos!
- Oh, vi que era un extraño. Iba y venía lentamente. Le pregunté con tono severo:
"¿Cómo has entrado aquí?, ¿qué has perdido?". Pero él continuaba a caminar en mi
cuarto, de aquí para allá, como si nada fuese. Entonces le volví a preguntar: "¿Qué
haces?". Y puesto que continuaba a no querer responderme, me levanté de un salto
para aferrarlo, pero no toqué mas que el aire, y el hombre había desaparecido...
Entonces regresé a la cama, y de nuevo comencé a sentir que iba y venía. Me
preguntaba por qué veía allí a ese hombre, y por qué no podía aferrarlo. Me levanté de
nuevo para asirlo y para hacer que desistiese de caminar. Nuevamente me topé con la
nada. Quedé perpleja. Volví a acostarme. No volvió otra vez, pero aquella noche no
conseguí adormecerme. Al día siguiente, después de misa, fui a ver a mi director
espiritual y le conté lo sucedido. El me dijo "Si todo eso recomienza, no preguntes:
"¿Quien eres?, sino, ¿“Qué quieres de mí?".
La noche siguiente el hombre regresó. Era el mismo, y yo le pregunté: "¿Qué quieres
de mí?". Me respondió: "Haz celebrar tres misas por mí y yo seré liberado". Entonces
comprendí que era un alma del Purgatorio. Mi padre espiritual me lo confirmó. Me
aconsejó de no rechazar jamás a las almas del Purgatorio, y de acoger con
generosidad sus pedidos.
- Y después, ¿continuaron las visitas?
- Sí, durante algunos años venían tres o cuatro almas solamente, sobre todo en el mes
de noviembre. Luego no vinieron más.
- ¿Y qué te piden estas almas?
- Muchas veces piden de hacer celebrar misas y de asistir a esas misas; piden de
recitar Rosarios, y también de hacer el Vía Crucis.
- A este punto se nos plantea una pregunta, que es fundamental: ¿Qué es exactamente
el Purgatorio?
- Diría que es una invención genial por parte de Dios. Y aquí quisiera proponerles una
imagen toda mía. Supongan que un día se abre una puerta y aparece un ser
extraordinariamente bello, de una belleza tal, nunca vista sobre la tierra. Aquí quedan
fascinados, trastornados por este SER de luz y de belleza, tanto más que él demuestra
estar locamente enamorado de ustedes (lo que nunca se hubiesen imaginado); se dan
cuenta que también él tiene un gran deseo de atraerlos a sí, de abrazarlos; y el fuego
del amor que quema ya en sus corazones los empuja seguramente a precipitarse entre
sus brazos. Pero ustedes, se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses
que no se lavan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; tienen la nariz que
chorrea, los cabellos grasosos y pegoteados, horribles manchas de suciedad sobre la
ropa, etc., etc.Entonces se dicen a sí mismos: "¡No, no es posible que yo me presente
en este estado!. Es preciso que antes me lave, me duche, y luego, rápidamente,
regrese a verlo…". Pero he aquí que el amor nacido en sus corazones es tan intenso,
tan fuerte, tan abrasador, que este atraso debido a la ducha es absolutamente
insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque dure sólo pocos minutos, causa
un ardor atroz en el corazón. Y, ciertamente, este ardor es proporcional a la intensidad
de la revelación del amor: es una Llama de amor...
Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es un atraso impuesto por nuestra
impureza, un atraso antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que hace sufrir
terriblemente; una espera, o si quieren, una nostalgia, del Amor. Es precisamente esta
Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo que aún es impuro en
nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, del deseo loco
de Dios, de Dios que ya ha sido reconocido y visto, pero al cual el alma todavía no se
ha unido.
Las almas del Purgatorio hablan con frecuencia con María sobre ese gran deseo, de
esa sed que tienen de Dios, y cómo ese deseo es para ellas profundamente doloroso;
es, sin duda, una verdadera agonía. En la práctica el Purgatorio es una gran crisis, una
crisis que nace de la falta de Dios.
Sobre esto he querido que María nos precisara un punto fundamental:
- María, ¿las almas del Purgatorio prueban alegría y esperanza en medio de sus
sufrimientos?
- Sí, ningún alma quisiera volver del Purgatorio a la tierra, porque ellas ya tienen un
conocimiento de Dios infinitamente superior al nuestro, y no podrían nunca más
decidirse a regresar a las tinieblas de este mundo. He aquí, entonces, la gran diferencia
entre los sufrimientos del Purgatorio y los de la tierra: en el Purgatorio, aunque sea
terrible el dolor del alma, la certeza que se tiene de vivir con Dios es tan fuerte e
indestructible que el gozo de esta certeza supera aun el dolor; y por nada del mundo
esas almas quisieran volver a vivir sobre la tierra donde, al fin de cuentas, nunca se
tiene seguridad de nada.
- María, ¿ahora podrías decirnos si es Dios quien envía un alma al Purgatorio, o si, en
cambio, es el alma misma quien decide de ir allí?
- Es el alma misma quien quiere ir al Purgatorio para purificarse, antes de entrar en el
Paraíso. Pero aquí es preciso decir también que el alma, cuando está en el Purgatorio,
adhiere perfectamente a la voluntad de Dios; por ejemplo, se complace del bien y
desea nuestro bien; experimenta tanto amor por Dios, y también por quienes aún
estamos en la tierra. Estas almas están perfectamente unidas al Espíritu de Dios o, si
quieren, a la Luz de Dios.
- María, ¿en el momento de la muerte, se ve a Dios en plena luz, o en manera
confusa?.
- En manera aún confusa; con todo, hay una claridad tal, que basta, ciertamente, para
tener nostalgia.
¡Es verdad!. Es una luz resplandeciente, en relación a las tinieblas de la tierra; pero
todavía es nada con respecto a la Luz que el alma conocerá en el Cielo. Del resto, a tal
propósito, podemos hacer una confrontación con las experiencias de las que se habla
en el libro "La vida más allá de la vida": muchísimas de esas personas que, de un
estado de pre-muerte (por coma, paro cardíaco, etc.), han entrevisto algo del más allá,
quedaron tan fascinadas de esa luz, que para ellas ha sido una verdadera agonía
retornar a la común existencia sobre la tierra, después de aquella experiencia.
- María, ¿puedes decirme cuál es el papel de la Virgen con respecto a las almas del
Purgatorio?
- Sí, viene frecuentemente para consolarlas y decirles que han hecho bien tantas
cosas, y les da coraje.
- ¿Hay días especiales en los cuales ella las libera?
- Si, sobre todo el día de Navidad, el día de Todos los Santos, el Viernes Santo; las
libera también el día de su Asunción y en el de la Ascensión de Jesús.
- Pero, María, ¿por qué se va al Purgatorio? ¿Cuáles son los pecados que conducen
con frecuencia a las almas al Purgatorio?
- Son los pecados contra la caridad, contra el amor hacia el prójimo, la dureza del
corazón, la hostilidad, la calumnia; sí, todas estas cosas. Sé que la maldición y la
calumnia se cuentan entre las culpas más graves que necesitan una larga purificación.
María, al respecto, nos ofrece un ejemplo que la ha impactado mucho, y es un
testimonio que quiero contarles. Se trata de un hombre y de una mujer; de ellos se le
pidió se informase si estaban en el Purgatorio. Con gran asombro de quienes se lo
habían pedido, la mujer ya estaba en el Paraíso y el hombre en el Purgatorio. Pero en
realidad esa mujer había muerto después de un aborto, mientras que el hombre iba con
frecuencia a la iglesia y llevaba una vida, aparentemente, bastante digna y piadosa.
Entonces María se informa nuevamente, pensando que podría haberse equivocado.
Pero no, era tal cual: en realidad los dos murieron contemporáneamente, pero la mujer
se había arrepentido sinceramente de lo que había hecho, y había sido muy humilde;
en cambio el hombre, aunque religioso, juzgaba todo y a todos, siempre se lamentaba,
hablaba mal de la gente, y criticaba. Por eso su purgatorio era muy largo. Y María
concluyó: "Nunca se debe juzgar según las apariencias".
Otros pecados contra la caridad son, por cierto, todos nuestros repudios hacia algunas
personas que no amamos, nuestro rechazo en hacer las paces, en perdonar, y todos
los rencores que encerramos en el corazón. Al respecto María nos reveló un testimonio
que nos hace reflexionar. Es la historia de una persona que ella conocía muy bien. Esta
persona había muerto. Era una mujer y se encontraba en el Purgatorio, padeciendo
sufrimientos atroces. Y cuando esa alma visitó a María, ella le preguntó el porqué; y el
porqué era que ella tenía una amiga, sí, una amiga con la cual surgió una enemistad
muy grande; y esa enemistad había sido causada por ella misma y, a pesar de todo,
había conservado su rencor por años y años; y cuando su amiga, en varias
circunstancias, había venido a pedirle de hacer las paces, de reconciliarse, ella la
rechazaba; y cuando cayó gravemente enferma, había continuado a tener cerrado su
corazón, a rechazar la paz que se le proponía; y hasta en el lecho de muerte, aquella
amiga había venido a suplicarle de hacer las paces; pero aún en su lecho de muerte
ella había rechazado reconciliarse. Por ese motivo se encontraba aún en un purgatorio
muy doloroso, y por eso había venido a pedir ayuda a María.
Este testimonio sobre la gravedad de conservar el rencor es muy significativo. Por lo
que se refiere a las palabras, nunca se dirá bastante acerca de cómo una palabra de
crítica, una palabra malévola pueda realmente matar, y también cómo una buena
palabra pueda curar.
- Entonces, María, ¿puedes decirnos quienes son los que tienen mayores posibilidades
de ir directamente al Paraíso?
- Son aquellos que tienen un corazón bueno, un corazón bueno hacia todos. La caridad
cubre una multitud de pecados.
Sí, es San Pablo quien nos lo dice.
- Y ¿cuáles son los medios que podemos emplear sobre la tierra para evitar el
Purgatorio e ir derecho al Paraíso?
- Debemos hacer mucho por las almas del Purgatorio, porque son ellas quienes, a su
vez, nos ayudan. Hay que tener mucha humildad: ésta es el arma más grande contra el
Maligno. La humildad elimina el mal.
A este punto no resisto al deseo de referir un bellísimo testimonio del Padre Berlioux
(que ha escrito un hermoso libro sobre las almas del Purgatorio), con relación a la
ayuda ofrecida por estas almas a aquellos que las ayudan con oraciones y sufragios:
"Se cuenta que una persona muy amiga de las almas del Purgatorio había consagrado
toda su vida a sufragar por ellas. Habiendo llegado la hora de su muerte, fue asaltada
con furor por el demonio que la veía a punto de escapársele. Parecía que el abismo
entero, confederado contra ella, la rodease con sus cohortes infernales. La moribunda
luchaba desde hacía tiempo entre los esfuerzos más penosos, cuando todo de un
golpe vio entrar en su casa una multitud de personajes desconocidos, pero
resplandecientes de belleza, que pusieron en fuga al demonio y, acercándose a su
lecho, le dirigieron palabras de aliento y de consolación totalmente celestiales.
Emitiendo entonces un profundo suspiro, y llena de alegría, gritó: ¿quiénes son
ustedes? ¿quiénes son los que me hacen tanto bien?. Aquellos buenos visitantes
respondieron: "Nosotros somos habitantes del Cielo, que tu ayuda ha encaminado a la
felicidad, y, como reconocimiento, venimos a ayudarte para que cruces el umbral de la
eternidad y te libres de este lugar de angustia y te introduzcas en las alegrías de la
Ciudad Santa".
Con estas palabras una sonrisa iluminó el rostro de la moribunda. Sus ojos se cerraron
y ella se durmió en la paz del Señor. Su alma, pura como una paloma, presentándose
al Señor de los Señores, encontró tantos protectores y abogados entre las almas que
ella había liberado; y reconocida digna de la gloria, entró allí triunfalmente, en medio de
los aplausos y las bendiciones de quienes había liberado del Purgatorio".
¡Ojalá que también nosotros, un día, podamos tener la misma suerte!. Entonces hay
que decir que las almas, sí, las almas liberadas por nuestra plegaria, son sumamente
agradecidas. Les aconsejo, pues, que hagan la experiencia; las almas nos ayudan,
conocen nuestras necesidades y nos obtienen muchas gracias.
- Entonces María, ahora pienso en el buen ladrón, en aquel que estaba crucificado
junto a Jesús, y me gustaría saber que hizo para que Jesús le prometiese que, ese
mismo día, estaría con él en el Paraíso.
- El aceptó humildemente su sufrimiento diciendo que era algo justo. Alentó al otro
ladrón a aceptar también él su condición. El tenía el temor de Dios, es decir, era
humilde.
Otro hermoso ejemplo, que nos contara María Simma, demuestra cómo un gesto de
bondad puede rescatar, en poquísimo tiempo, una vida de pecado. Escuchémoslo
narrado con sus mismas palabras:
"Conocía a un joven de unos veinte años. Vivía en un pueblo vecino al mío. Este
pueblo había sido duramente golpeado y destruido por una serie de aludes que
mataron un gran número de habitantes. Era en el ano 1954. Una noche ese joven se
hallaba en la casa de sus padres. Imprevistamente un terrible alud se abate
precipitando cerca de su casa. El oye gritos desgarradores, gritos lastimeros que
invocan: "¡Ayúdennos! ¡Sálvennos! ¡Vengan a socorrernos!... ¡Somos arrollados por los
aludes!... ". De inmediato el joven se levantó y se precipitó para socorrer a esas
personas. Pero su madre, que había oído los gritos, le impidió pasar, cerró la puerta y
dijo: "¡No, otros deben socorrerlos, nosotros no!. Afuera es demasiado peligroso. No
quiero que haya un muerto más": Pero él, puesto que había sido impactado por esos
gritos y quería verdaderamente socorrer a esa gente, empuja a su madre y dice: "¡Sí,
yo voy! ¡No quiero dejarlos morir así!': y salió. Pero también él, a lo largo del trayecto,
fue embestido por un alud y murió...
Dos días después de su muerte, él vino a visitarme de noche y me dijo: "Haz celebrar
tres misas por mí, así seré liberado del Purgatorio". Yo fui a dar cuenta de ello a su
familia y a sus amigos. Ellos quedaron muy sorprendidos al oír que, solamente con tres
misas, se libraría del Purgatorio. Alguno de sus amigos agregó "Yo no hubiera querido
estar en su lugar en la hora de la muerte. ¡Si hubiesen visto todas las fechorías que
cometió!... ". Pero ese joven, con posterioridad, me declaró: "Yo he cumplido un acto de
amor puro poniendo a riesgo mi vida y donándola por aquellas personas; y es gracias a
esto que el Señor me ha acogido tan rápidamente en Su Cielo. Es verdad, la caridad
cubre una multitud de pecados".
En este episodio se ve cómo un solo acto de amor desinteresado ha sido suficiente
para purificar a ese joven de una vida de fechorías; y el Señor ha aprovechado de ese
instante de amor para llamarlo a sí. María, en efecto, ha dicho que este joven quizás
nunca hubiese tenido en su vida la ocasión de realizar un acto de amor tan fuerte, y
quizás se hubiese convertido en un hombre malvado. El Señor, en Su Misericordia, lo
ha llamado a sí justo en el mejor momento, en el momento más puro a causa de ese
acto de amor.
Ahora he aquí otro episodio que demuestra cómo el Señor acepta y valoriza también un
simple acto de bondad:
- El alma de una mujer se presentó, un día, con un balde en mano. "¿Qué haces con
ese balde?", le pregunté. Es la llave de mi Paraíso, respondió radiante. No he orado
mucho durante mi vida; raramente iba a la iglesia pero una vez, antes de Navidad, he
limpiado gratuitamente toda la casa de una pobre anciana. Ha sido mi salvación ". Esta
es la prueba que todo depende de la caridad.
Es también importante, cuando se está a punto de la muerte, abandonarse a la
voluntad del Señor. María me narró el caso muy hermoso de una madre de cuatro hijos
que estaba por morir. En vez de rebelarse y de inquietarse ella dijo al Señor: "Acepto la
muerte, en el momento que tú lo quieras, y pongo mi vida en tus manos. Te confío mis
hijos y sé que tú encargarás de ellos". María me dijo que, a causa de esta inmensa
confianza en Dios, esa mujer fue directamente al Paraíso sin pasar por el Purgatorio.
Verdaderamente se puede decir que el amor; la humildad y el abandono a Dios son tres
llaves de oro que nos hacen entrar directamente en el Paraíso.
- María, ¿podrías decirnos cuáles son los medios más eficaces para facilitar la
liberación de las almas del Purgatorio?
- EI medio más eficaz es la Misa.
- ¿Por qué la Misa?
- Porque es Cristo quien se ofrece por amor nuestro. Es la ofrenda del mismo Cristo a
Dios, la más bella de las ofrendas. EI sacerdote es el representante de Dios y es el
mismo Dios que se ofrece y se sacrifica por nosotros. La eficacia de la Misa por los
difuntos es tanto mayor cuanto más grande ha sido la estima que ellos tuvieron por la
Misa cuando eran todavía en vida. Si en esas Misas han orado con todo el corazón y si
han asistido también durante la semana, según el tiempo disponible, ellos sacarán
grande provecho de las misas celebradas por ellos. También en esto se recogerá lo
que se ha sembrado. Además de ir nosotros, no nos olvidaremos de invitar a nuestros
hijos a que asistan a estas Misas, y, si posible, invitemos a los muchachos de las
escuelas. Ningún padre, ninguna madre, ningún catequista puede poner en el corazón
del niño lo que Nuestro Señor personalmente le da, en gracias, durante la Misa y la
Comunión.
Agregaré que un alma del Purgatorio ve muy bien el día de sus funerales: si se reza
verdaderamente por él o si, simplemente, se hace acto de presencia para mostrar que
está allí. Ellas dicen que las Lágrimas no sirven para nada para ayudarlas. En cambio
sirve mucho la oración. Con frecuencia esas almas lamentan el hecho de que las
personas asisten a su sepultura, pero no elevan una sola plegaria a Dios; derraman
muchas lágrimas, pero eso es inútil.
Con relación a la Misa, quisiera citarles un hermoso ejemplo narrado por el santo Cura
de Ars a sus parroquianos: "Hijos míos, un buen sacerdote había tenido la desgracia de
perder un amigo muy querido. Por eso rezó mucho por la paz de su alma. Un día Dios
le hizo saber que su amigo estaba en el Purgatorio y sufría terriblemente. Este santo
sacerdote pensó que no podía hacer algo mejor que ofrecer el Santo Sacrificio de la
Misa por su querido difunto. En el momento de la Consagración, tomó la Hostia entre
sus manos y dijo: "Padre Santo y Eterno, en tus manos divinas está el alma de mi
amigo en el Purgatorio y en mis pobres manos de ministro tuyo está el Cuerpo de Tu
Hijo Jesús. Pues bien, Padre Bueno y Misericordioso, libra a mi amigo y yo te ofrezco a
Tu Hijo junto con todos los méritos de Su Gloriosa Pasión y Muerte". Este pedido fue
escuchado. De hecho, en el momento de la elevación, él vio que el alma de su amigo
subía al Cielo resplandeciente de gloria. Dios había aceptado la ofrenda”.
"Por eso hijos míos, concluyó el santo Cura de Ars, cuando querramos liberar a
nuestros seres queridos que están en el Purgatorio, hagamos lo mismo. Ofrezcamos al
Padre, por medio del Santo Sacrificio, a Su Hijo Dilecto, junto con todos los méritos de
Su Pasión y Muerte, así no podrá rechazarnos nada".
Otros medios muy eficaces para ayudar a las almas del Purgatorio son el ofrecimiento
de nuestros sufrimientos, nuestras mortificaciones y el sufrimiento voluntario, como por
ejemplo el ayuno, las privaciones, etc. Y, naturalmente, también los sufrimientos
involuntarios como las enfermedades, los lutos, los abandonos...
- María, tú fuiste invitada, muchas veces, a sufrir por las almas del Purgatorio para
liberarlas. ¡Puedes decirnos qué has vivido y probado en esos momentos!
- La primera vez un alma (era una mujer) me preguntó si quería sufrir tres horas, en mi
cuerpo, por ella; y agregó que luego yo podría retomar mi trabajo. Yo me dije: "Si es
sólo por tres horas, quiero aceptar". Esas tres horas me parecieron que durasen como
tres días, tan terribles eran los sufrimientos. Pero, al fìnal, miré el reloj y vi que habían
pasado sólo tres horas. EI alma luego me dijo que, habiendo aceptado sufrir con amor
esas tres horas, le había ahorrado veinte años de Purgatorio.
- María, ¿por qué, una vez llegados al Purgatorio, no se pueden adquirir méritos y, en
cambio, mientras se está en la tierra siempre se los pueden adquirir?
- Porque en el momento de la muerte los méritos se terminan. Mientras uno vive en la
tierra puede reparar el mal que ha cometido antes. Las almas del Purgatorio tienen una
santa envidia por esta posibilidad nuestra. Hasta los Angeles son celosos de nosotros,
porque tenemos la posibilidad de "crecer" mientras estamos sobre la tierra. Pero
muchas veces la aparición del sufrimiento en nuestra vida nos hace rebelar y tenemos
dificultad en aceptarlo y vivirlo bien.
- Entonces, ¿cómo vivir el sufrimiento para que pueda dar frutos?
- Los sufrimientos son la prueba más grande del amor de Dios, y si se ofrecen bien,
pueden ganar muchas almas.
- Pero ¿qué hacer para recibir los sufrimientos como un don, y no (como se hace con
frecuencia) como una punición o un castigo?
- Hay que ofrecerlo todo a la Virgen Santa, pues ella sabe mejor que nadie quién
necesita esta o aquella ofrenda para ser salvado.
Quisiera referir aquí un testimonio que María me ha contado a propósito del
sufrimiento. El hecho ocurrió en el año 1954. Una serie de avalanchas muy desastrosas
se abatieron sobre un pueblito cercano al de Mana, causando gravísimos daños. Otros
aludes se habían precipitado en dirección al pueblito de María. Pero aquí sucedió que
los aludes se detuvieron ante el pueblito en modo ciertamente milagroso, sin causar
algún daño. Las almas dijeron a María que en ese pueblito había vivido y muerto una
mujer que, durante treinta años, estuvo enferma y había sido cuidada muy mal; había
sufrido terriblemente durante todos esos años, ofreciendo todos sus dolores por el bien
de su pueblito. Las almas revelaron a María que, gracias al ofrecimiento de aquella
mujer, el pueblito se había salvado. Ella había ofrecido sus sufrimientos durante 30
años y los había soportado con paciencia. María nos dice que, si aquella mujer hubiese
gozado de buena salud, no hubiese podido proteger a su pueblito; agrega que con el
sufrimiento, pacientemente soportado, se pueden salvar más almas que con las
oraciones. No tenemos que ver siempre el sufrimiento como una punición. Puede ser
aceptado como expiación, no sólo para nosotros mismos, sino sobre todo para los
demás. Jesucristo era inocente, y fue El quien sufrió más que todos para expiar por
nuestros pecados.
Sólo en el Cielo sabremos totalmente lo que hemos obtenido por medio del sufrimiento
soportado pacientemente, en unión con los sufrimientos de Cristo.
- María, ¿se da una cierta rebeldía por parte de las almas del Purgatorio a causa de
sus sufrimientos?
- No, ellas quieren purificarse y comprenden que los sufrimientos son necesarios.
- ¿Cuál es el valor de la contrición y del arrepentimiento en el momento de la muerte?
- La contrición es importantísima. Los pecados como sea, son perdonados, pero queda
la consecuencia del pecado. Si se quiere obtener la indulgencia plenaria en el momento
de la muerte, esto es, ir derecho al Cielo, el alma tiene que estar libre de toda atadura.
Ahora quisiera referir un testimonio muy significativo que nos ha contado María. Le
habían pedido que se informara sobre una mujer cuyos parientes la creían perdida,
pues había vivido una vida muy mala y estaba totalmente inmersa en el pecado. Fue
víctima de un accidente: se había caído del tren que, en su marcha, la había arrollado y
matado. Un alma dijo a María que esa mujer se había salvado del Infierno porque, en el
momento de la muerte, había dicho a Dios: "Tú haces bien en retomar mi vida, porque
así ya no podré ofenderte", y eso ha cancelado todos sus pecados. Y esto es muy
significativo, porque un solo acto de humildad, de arrepentimiento en la hora de la
muerte, nos salva. Eso no significa que esa mujer no haya pasado por el Purgatorio;
pero se salvó del infierno merecido a causa de su conducta.
- María, quisiera preguntarte en el momento de la muerte ¿se da un tiempo en el que el
alma tiene la posibilidad de dirigirse a Dios antes de entrar en la eternidad, un tiempo,
si se quiere, entre lo muerte aparente y la muerte real?
- Sí, el Señor da a cada alma algún instante para que se arrepienta de sus pecados y
se decida si acepta o no acepta llegar a Dios. En ese breve tiempo se ve como en un
fìlme la propia vida. Yo conocía a un hombre que creía en los preceptos de la Iglesia,
pero no en la vida eterna; un día se enfermó gravemente y entró en coma. Entonces él
se vio en una sala con una pizarra en la que estaban escritas todas sus acciones: tanto
las buenas como las malas; luego la pizarra desapareció, también las paredes de
aquella sala, y todo era infinitamente bello. Luego se despertó del coma y decidió
cambiar de vida.
Este episodio es semejante a tantos otros refrendos en el libro "La vida más allá de la
vida": la experiencia momentánea de la luz sobrenatural es tal que esas personas no
pueden vivir más como vivían antes.
- Entonces, María, ¿en la hora de la muerte, Dios se revela con la misma intensidad a
todas las almas?
- A cada alma se le da el conocimiento de su propia vida, y también del sufrimiento
futuro, pero esto no es igual para todos. La intensidad de la revelación del Señor
depende de la vida de cada alma.
- María, ¿el diablo tiene el poder de atacarnos en el instante de nuestra muerte?
- Si, pero el hombre tiene también la gracia de resistirlo y de rechazarlo, porque, si el
hombre no quiere, el demonio no puede hacer nada.
- María, ¿qué consejos darás a quien quisiera hacerse santo ya en esta tierra?
- Ser humildísimo. No debe ocuparse de sí mismo. Debe huir del orgullo, que es la
trampa más peligrosa que tiende el Maligno.
- María, ¿podrías decirnos si se puede pedir al Señor de hacer su propio Purgatorio en
la tierra para no hacerlo después de la muerte?
- Oh, sí. He conocido un sacerdote y una muchacha, los dos estaban enfermos en el
hospital. La muchacha decía al sacerdote que ella pedía al Señor de poder sufrir en la
tierra tanto cuanto fuera necesario pare ir directamente al Cielo, y el sacerdote
respondió que él no se atrevía a pedir eso. Junto a ellos había una religiosa que
escuchaba toda la conversación. Luego la muchacha murió antes, y poco después
murió también el sacerdote; él se apareció a la religiosa diciéndole: "Si hubiese tenido
igual confianza que esa muchacha, también yo hubiese ido directamente al Paraíso '´.
- Gracias por este hermoso testimonio, María.
(Después de un rato)
- Sí, por cierto que es difícil describirlos. Pero, dime, ¿Jesús no va al Purgatorio?.
- Ningún alma me lo ha dicho. Es la Madre de Dios quien va. Una vez pregunté a un
alma del Purgatorio si debía ir ella misma a buscar a las almas de las que pedían
noticias. Me respondió que no: es la Madre de Misericordia quien da noticias. Ni
siquiera los santos van al Purgatorio; en cambio los Ángeles están allí: San Miguel... y
cada alma tiene cerca a su Ángel Custodio.
- ¡Qué estupendo, los Ángeles están con nosotros! Pero, ¿qué hacen los Ángeles en el
Purgatorio?
- Alivian y consuelan. Las almas pueden verlos.
- ¡Oh, qué bello! .María, si continuas a hablarnos de los Ángeles casi me haces venir el
deseo de ir al Purgatorio. Otra pregunta: tú sabes que, hoy, mucha gente cree en la
reencarnación, ¿Qué dicen las almas sobre este tema?
- Las almas dicen que Dios nos da una sola vida.
- Pero algunos sostienen que una sola vida no es suficiente para conocer a Dios y para
tener el tiempo de convertirse verdaderamente, y piensan que eso no sea justo. ¿Que
le respondes a tales personas?
- Todas las almas tienen una fe interior; aun si no son practicantes, ellas reconocen a
Dios. No existe nadie que no crea totalmente. Cada hombre tiene una conciencia para
reconocer el bien y el mal, una conciencia dada por Dios y un conocimiento interior,
ciertamente de grados diversos, como sea, sabe distinguir el bien del mal. Con tal
conciencia cada ser humano puede llegar a la bienaventuranza .
- ¿Qué pasa con las personas que se suicidan?. ¿alguna vez te visitó una de esas
almas?
- Las almas que vienen a mí son sólo almas del Purgatorio. Por lo tanto, hasta hoy,
nunca encontré el caso de un suicida que se haya perdido; eso no significa que no las
haya. Pero algunas almas me dicen que con frecuencia son más culpables aquellos
que han estado alrededor de ellas, porque han sido negligentes o han difundido
calumnias.
A este punto pregunté a María si las almas se arrepienten de haberse suicidado, y
María me respondió que si, pero me dijo que, con frecuencia, el suicida es una persona
enferma. Con todo, las almas se arrepienten porque, apenas ven las cosas a la luz de
Dios, comprenden, en un solo instante, todas las gracias que les estarían reservadas a
ellas durante el tiempo que aún les quedaba por vivir, y ven todo el tiempo restante
(meses o años), y todas las almas que hubiesen podido ayudar ofreciendo el resto de
su vida a Dios; y lo que a ellas les causa mayor dolor por su pasado es ver el bien que
hubiesen podido hacer y que, en cambio, no hicieron porque abreviaron su vida. Pero,
si la causa del suicidio fue una enfermedad, el Señor, sin duda, no lo tiene en cuenta.
- María, quisiera preguntarte si almas de personas de otras religiones, por ejemplo
judíos, han venido a visitarte
- Sí, y están en la felicidad. Quien vive bien su fe está en la paz; pero es a través de la
fe católica que se gana mucho más para el Cielo.
- ¿Existen religiones que son malas para las almas?
- No, pero ¡hay tantas religiones en la tierra!. Los más cercanos a la fe Católica son los
ortodoxos y los protestantes. Hay muchos protestantes que recitan el Rosario; pero las
sectas son muy, muy malas. ¡Hay que hacer de todo para salir de ellas!.
- María, ¿hay sacerdotes en el Purgatorio?. (Aquí veo que María alza los ojos al Cielo
como para decir: "¡Ay de mí!...").
- Sí, hay muchos. Esos no han colaborado para tener respeto por la Eucaristía, y
entonces toda la fe sufre. Con frecuencia están en el Purgatorio por haber descuidado
la oración, y su fe ha disminuido; pero es también cierto que muchos de ellos han ido
directamente al Paraíso. Un encuentro inolvidable para mí fue aquel con un sacerdote
cuya mano derecha era negra. Le pregunté la causa: "Hubiera tenido que bendecir
más", me dijo. "Di a todos los sacerdotes que encuentres que deben bendecir mucho
más: ellos pueden dar numerosas bendiciones y conjurarían las fuerzas del mal ".
- Bien, ¿y qué le dirías a un sacerdote que quisiera vivir verdaderamente según el
corazón de Dios?
- Le aconsejaría de rezar mucho al Espíritu Santo y de recitar cada día el Rosario.
- María, ¿hay niños en el Purgatorio?
- Sí, pero para ellos el Purgatorio no es muy largo ni muy penoso, porque a ellos les
falta el pleno discernimiento.
- Pienso que algunos de ellos han venido a encontrarte. Tu nos contabas la historia de
aquella niñita… el alma más pequeña que has visto; era una niñita de 4 años. Pero
¿por qué estaba en el Purgatorio?
- ¿Por qué?. Esta niñita había recibido de sus padres, como regalo de Navidad, una
muñeca. Tenía una hermana melliza, que también había recibido una muñeca. Y he
aquí que esa niñita de 4 años había roto su muñeca y entonces, a escondidas,
sabiendo que nadie la veía, fue a poner esa muñeca rota en el lugar de la de su
hermana, y a hacer así el cambio, sabiendo muy bien, en su corazoncito, que habría
ocasionado muchísimo dolor a su hermana; se daba cuenta que eso era un engaño y
una injusticia. Por esta causa pasó por el Purgatorio.
Sí, los niños con frecuencia tienen una conciencia más viva que la de los adultos, y es
preciso sobre todo luchar contra la mentira; ellos son muy sensibles.
- María, ¿cómo pueden los padres ayudar en la formación de la conciencia de sus
hijos?
- Sobre todo con el buen ejemplo: es lo más importante; y luego con la oración. Los
padres deben bendecir a sus hijos e instruirlos bien en las cosas de Dios.
- Lo dicho es muy importante. ¿Te han visitado almas que, sobre la tierra, practicaban
perversiones?. Pienso, por ejemplo, en el campo de la sexualidad.
- Las almas que he conocido (todas del Purgatorio), no se han perdido, pero deben
sufrir mucho para purifìcarse. En todas las perversiones está presente la obra del
Maligno. En modo particular en la homosexualidad.
- ¿qué consejo darías a todas esas personas que son tentadas por la homosexualidad,
que tienen en ellos esas tendencias?
- Les diría de rezar, rezar mucho, para tener la fuerza de alejarse. Sobre todo hay que
orar al Arcángel san Miguel, pues es él, por excelencia, quien combate contra el
Maligno.
-¡Oh, sí el Arcángel san Miguel! ¿Y cuáles son las tendencias del corazón que pueden
conducir a la pérdida de nuestra alma, a la pérdida definitiva de nuestra alma, es decir
al infierno?
- Es cuando no se quiere ir hacia Dios, es decir cuando se dice decididamente: "¡Yo no
quiero!"
Te agradezco por esta aclaración. Y aquí te quisiera contar que, sobre este argumento,
he interrogado a Vicka, una de las videntes de Medjugorje, que me decía también ella
que al infierno (¡y ella al infierno lo ha visto!), van únicamente aquellos que deciden de
ir allí, y no es Dios quien los manda. Al contrario, El suplica al alma de acoger Su
Misericordia. El pecado contra el Espíritu Santo del que habla Jesús, y que por tanto no
es perdonado, es el rechazo radical de su misericordia, y eso en plena luz y en plena
conciencia. Yo señalo que Juan Pablo II lo explica muy bien en su encíclica sobre la
Misericordia; pero también en esto podemos hacer mucho, por medio de la oración, por
las almas que están en peligro de perderse.
- María, ¿tendrías algún testimonio al respecto?
- Un día me encontraba en el tren. En mi compartimento había un hombre que no
terminaba de criticar a la Iglesia, a los sacerdotes y hasta de ofender a Dios. No cesaba
de maldecir, y yo le dije: "Usted no tiene el derecho de decir todo eso, ¡no está bien!".
Llegada a mi estación, mientras bajaba los dos peldaños de la escalerita, dije
sencillamente a Dios: "¡Señor, que esta alma no se pierda!...". Algunos años después el
alma de este hombre vino a visitarme y me contó de haber estado a la orilla del Infierno
y de haberse salvado sólo por la oración que yo había hecho en aquel momento.
Sí, es extraordinario ver como tan solo un pensamiento, un impulso del corazón, una
sencilla oración por alguien, pueda impedirle de caer en el infierno, porque es el orgullo
que hace ir al infierno. Y el infierno es eso: es el obstinarse a decir NO a Dios; pero
nuestras oraciones pueden suscitar, en quien muere, un acto de humildad; y sólo un
impulso de humildad, por mínimo que sea, tiene tanta fuerza como para hacemos evitar
el infierno.
- Un alma me contó: "No habiendo observado las leyes de tránsito, me maté a causa
del golpe, mientras iba en motocicleta en Viena”. Le pregunté: "¿Estabas preparada
para entrar en la eternidad?". "No lo estaba, agregó, pero Dios da dos o tres minutos
para que se puedan convertir a cuantos pecan contra de él con insolencia y presunción.
Y sólo quien lo rechaza es condenado". El alma continuó con su comentario interesante
e instructivo: "Cuando uno muere en un accidente, las personas dicen que era su hora.
Es falso: eso se puede decir sólo cuando una persona muere no por su culpa. Pero
según los designios de Dios, yo hubiera podido vivir aún treinta años; entonces hubiese
transcurrido todo el tiempo de mi vida". Por eso el hombre no tiene el derecho de
exponer su vida a un peligro de muerte, salvo en caso de necesidad. Un médico vino
un día a lamentarse que debía sufrir por haber acortado la vida de sus pacientes con
inyecciones para que no sufrieran más. Dijo que el sufrimiento, soportado con
paciencia, tiene para el alma un valor infinito; se tiene el deber de aliviar los grandes
sufrimientos, pero no el derecho de acortar la vida con medios químicos. En otra
ocasión vino una mujer. Confesó: "He debido sufrir treinta años de purgatorio porque a
mi hija no la he dejado ir al convento".
- María, ¿no te parece increíble que alguno pueda llegar al punto de decir NO a Dios en
el momento de la muerte, cuando lo ve?
- Bien, por ejemplo un hombre me dijo que no quería ir al Cielo; ¿y saben por qué?.
Porque, según él, Dios permite los injustos y las injusticias... Yo le dije que esto lo
hacen los hombres y no Dios. Me respondió: Espero no encontrar a Dios, después de
la muerte, porque entonces le romperé la cabeza con un hacha". El tenía un odio
profundo contra Dios; pero Dios deja al hombre su voluntad libre; podría impedir esta
voluntad, pero no, quiere dejar a cada uno su libre elección. Dios da a cada uno,
durante la vida terrena y en la hora de la muerte, muchas gracias para convertirse, aun
después de una vida transcurrida en las tinieblas; pero si se pide perdón sin cálculo,
ciertamente podemos salvarnos.
- Jesús dijo que es difícil, para un rico, entrar en el Reino de los cielos. Tú,
personalmente, ¿has visto a veces casos de este género?
- Sí, si hacen buenas obras, pero obras de caridad, si viven el Amor, entonces pueden
llegar a ser como los pobres.
- Y ahora, María, actualmente, ¿te visitan las almas del Purgatorio?
- Sí, dos o tres veces por semana.
- Quisiera saber qué piensas sobre las prácticas de espiritismo; por ejemplo cuando se
llaman a los espíritus de los difuntos, se hacen girar las mesas, etc.
- ¡No es bueno!. Con frecuencia es el diablo quien hace mover las mesas.
¡Oh, si, es importante decirlo!. Hay que hacer saber esto a la gente; pues hoy, por
desgracia, estas absurdas prácticas espiritistas aumentan cada vez más...
- Ahora, te ruego, acláranos, ¿existe una diferencia entre lo que tú vives con las almas
de los difuntos y las prácticas de espiritismo?
- No es lícito llamar a las almas. Yo no busco su venida; vienen por sí solas, con el
permiso de Dios. En el espiritismo, en cambio, se evocan a los espíritus, se los llaman.
Pero es el demonio quien viene, fingiendo ser el alma de ése o de aquél. A veces se
presenta bajo falsas apariencias, sin ser llamado.
- Tú, personalmente, ¿has sido alguna vez engañada por falsas apariciones?. Por
ejemplo, por el diablo que se hace pasar por un alma del Purgatorio para hablarte?
- Sí, una vez un alma vino a verme y me dijo: "No recibas al alma que vendrá después
de mí, porque te pedirá demasiados sufrimientos. Eso no está a tu alcance. Nunca
podrás hacer lo que te ha de pedir “. Entonces quedé turbada. Me acordé de lo que me
había dicho mi párroco que había que acoger a cada alma con generosidad, y yo
estaba, por cierto, habituada a la obediencia. De repente pensé dentro de mí: "¿Acaso
no podría ser el demonio quien esté aquí ante mi, y no un alma del Purgatorio?. ¿No
será el demonio que se ha camuflado?...". Dije entonces a aquel hombre: "Si eres el
diablo, ¡vete de aquí”. En seguida pegó un fuerte grito y huyó. Y efectivamente, el alma
que vino luego de él era un alma que tenía mucha necesidad de mi ayuda y era en
verdad importante que viniese a verme y que yo la escuchase.
- Cuando el diablo aparece, ¿el agua bendita lo hace huir siempre?
- Lo molesta mucho y con frecuencia huye.
- En la actualidad, María, eres muy conocida, sobre todo en Alemania, en Austria y aun
por toda Europa, gracias también a tus conferencias y a tu libro. Pero en los comienzos
vivías del todo escondida. ¿Cómo es que, de la noche a la mañana, la gente ha
reconocido que tu experiencia sobrenatural era auténtica?
- ¡Oh! Fue cuando las almas comenzaron a pedirme que suplicara a sus familias para
que restituyeran un bien mal adquirido.
A este propósito, María me contó varias testimonios. Sería demasiado largo referirlos.
Pero, muchas veces, diversas almas han venido a verla para decirle: "Ve a mi familia,
en tal pueblo (y ese pueblo ella no lo conocía), para decir a mi padre, a mi hijo, a mi
hermano que restituyan tal propiedad, tal suma de dinero, tal objeto que, en tal lugar y
en lo de fulano, me he procurado de mal modo, y así yo seré liberada del Purgatorio
cuando ese bien sea restituido". Entonces María refería todos los detalles de ese
campo, de aquella suma de dinero, de tal objeto, de aquel vestido así y así, y las
personas quedaban sorprendidas viendo que ella conocía todos esos particulares,
porque algunas veces las mismas familias no estaban al corriente de que aquel bien
hubiese sido mal adquirido por sus parientes. Fue por tales hechos que María comenzó
a ser muy conocida.
- María, ¿existe un reconocimiento oficial de la Iglesia con respecto al carisma que
ejerces hacia las almas del Purgatorio, y también hacia aquellos que son alcanzados
con tu apostolado?
- Mi Obispo me ha dicho que, hasta que no haya errores teológicos, yo debo continuar:
Mi párroco, que es al mismo tiempo mi guía espiritual, confirma también él estas cosas.
- Te quiero hacer una pregunta, que puede parecer indiscreta. Tú has hecho tanto por
las almas del Purgatorio que, sin duda alguna, cuando te toque morir, miles de almas te
escoltarán hasta el cielo. Imagino que tú ciertamente no habrás de pasar por el
Purgatorio, ¿No es así?
- ¡Oh!. No creo que iré al Cielo sin Purgatorio, porque yo he tenido más luz, más
conocimiento, y por tanto mis culpas son más graves. Pero espero igualmente que las
almas me ayudarán a subir al Cielo.
- Si, por cierto. Y tú, María, ¿estás contenta de tener este carisma, o bien es para ti una
cosa pesada y fatigosa todos esos continuos pedidos por parte de las almas?
- No, no me lamento de las dificultades, porque sé que puedo ser de mucha ayuda para
ellas; puedo ayudar a tantas almas, y soy feliz de poder hacerlo.
- María, te agradezco, también en nombre de los lectores, por esos hermosos
testimonios. Pero consiénteme de hacerte una última pregunta, Para que podamos
conocerte mejor, ¿podrías contarnos, en pocas palabras, algo de tu vida?
- Cuando era niña, quería entrar en un convento. Mi madre me decía de esperara a que
tuviese 20 años. No quería casarme. Mi madre me hablaba mucho de las almas del
Purgatorio y, ya, desde cuando frecuentaba la escuela, esas almas me han ayudado
mucho. Entonces yo me decía que debía hacerlo todo por ellas. Terminada la escuela,
pensé ir al convento. Entré en las Hermanas del Corazón de Jesús, pero, luego me
dijeron que era demasiado débil de salud para poder permanecer con ellas. En verdad,
cuando era pequeña, había tenido una pulmonía y una pleuritis. La Superiora confirmó
que yo tenía vocación religiosa, pero me aconsejó que entrara en una orden más fácil y
esperara algún año más. Yo, en cambio quería ingresar en una orden claustral y en
seguida. Después de otros dos intentos, la conclusión fue la misma: era demasiado
débil de salud. Entonces me dije que para mí entrar en el convento no era la voluntad
del Señor. He sufrido mucho, moralmente, y me decía: "El Señor no me ha mostrado lo
que quiere de mí".

Esta espera duró para mí hasta la edad de 25 años, es decir hasta el momento en que
Dios me ha confiado esta tarea de orar por las almas del Purgatorio. ¡Me había hecho
esperar 8 años!. En mi familia éramos 8 hijos. Yo trabajaba en casa, en nuestra
estancia, desde los 15 años. Luego fui a Alemania, como doméstica en la familia de un
campesino, y después he trabajado aquí, en la estancia de Sonntag. A partir de los 25
años, cuando comenzaron las visitas de las almas, he tenido que sufrir mucho por
ellas. Ahora estoy mejor físicamente.

Habla su confesor y director espiritual.

Habiendo leído, recientemente, un informe sobre María Simma enviado por el Padre
Alfonso Matt (director espiritual de la vidente) al Obispo de su Diócesis, considero útil
agregar, para los lectores, estas otras breves noticias.
María Simma (la segunda de ocho hijos), ha nacido el 5 de febrero de 1915 en Sonntag
(Vorarlberg), en Austria, de una familia pobrísima. El padre, José Antonio (18 años
mayor que su esposa, Luisa Rinderer), por varios años se ganó la vida como cuidador y
campesino de su hermano. Durante la primera guerra mundial fue cartero, luego obrero
vial y bracero, luego jubilado. Con su mujer y sus ocho hijos fue a vivir en una vieja
casa que había recibido en herencia de un buen anciano, maestro carpintero. A causa
de la gran pobreza de la familia, los hijos, desde muy jóvenes, trabajaron y se ganaron
el pan: los varones como obreros y las muchachas como niñeras. María Simma desde
su juventud fue muy piadosa y frecuentó asiduamente los cursos de instrucción
religiosa organizados por su párroco. Luego debió alejarse de su pueblo para trabajar
en varios lugares.

Quería hacerse religiosa pero, como ya sabemos, el Señor ha tenido otros proyectos
sobre ella. En el informe del párroco se lee que ella "consagró su virginidad a la Virgen
e hizo esta consagración a María en favor sobre todo de los difuntos"; se ofreció a Dios,
haciéndolo con voto "como alma víctima, víctima de amor y de expiación". El párroco
refiere que en varias ocasiones, y por diferentes modos, ella se ofreció como víctima
para ayudar a los difuntos, con sufrimientos voluntarios a veces terribles, gracias a los
cuales abrevió las penas de innumerables almas. Además de los sufrimientos ofreció a
Dios continuas oraciones, misas y penitencias.

Desde la muerte de su padre, acaecida en 1947, vive sola en la casita paterna y, para
proveer a las necesidades de la vida, continúa, a pesar de la edad a cultivar su huertita.
Vive así en pobreza, ayudada por la gente caritativa. No pide nada, todo lo hace
gratuitamente; y si alguno le deja ofrendas, las envía íntegramente a la Curia, para la
celebración de misas, para obras caritativas y, sobre todo, para las Misiones.

Formas de ayudar a las almas del Purgatorio.


El párroco, en su informe, hace resaltar que la acción desarrollada por María Simma no
es sólo ayudar, ella misma, a los difuntos, como siempre lo hizo, sino también hacerse
celosa promotora de la ayuda de los vivos a las almas del Purgatorio y a los
moribundos. En todos sus encuentros con la gente, y también en las páginas de su
diario, siempre indicó, con insistencia, los medios de ayuda, pedidos también por las
mismas almas: misas, Rosarios, ofrecimiento de los sufrimientos, Vía Crucis, obras
caritativas; entre estas, sobre todo, ayuda a las Misiones que, a decir de las almas, son
de grandísima eficacia para los difuntos.
Se indican luego medios menores de ayuda que s suscitan nuestra sorpresa y
curiosidad, y por eso quiero referirlos, en parte, textualmente: "EI encender velas
ayuda a las almas: ante todo porque esa atención de amor les da una ayuda moral:
luego porque las velas son benditas y disipan las tinieblas en las que se hallan las
almas. Un niño de 11 años, de Kaiser, pidió a María Simma que orase por él. Estaba en
el Purgatorio porque, el día de los fieles difuntos, apagó en el cementerio las velas
encendidas en las tumbas y robó la cera para diversión. Las velas benditas son de
mucho valor para las almas. El día de la Candelaria, María Simma debió encender dos
velas por un alma, mientras soportaba por ellas sufrimientos expiatorios ". "Echar agua
bendita mitiga los sufrimientos de los difuntos. Un día María Simma pasando echó agua
bendita por las almas. Una voz le dijo: "¡Mucho más aún! ".

"Todos los medios no ayudan a las almas de la misma manera. Si durante su vida
alguno tiene poca estima por la Misa, no le aprovechará mucho cuando estará en el
Purgatorio. Si alguno no tuvo corazón durante su vida, recibe poca ayuda. quienes
pecaron difamando a los demás deben expiar duramente su pecado. Pero quien en
vida haya tenido un buen corazón, recibe mucha ayuda ". "Un alma que había
descuidado de asistir a Misa, pudo pedir ocho Misas para su alivio, porque durante su
vida mortal había hecho celebrar ocho Misas por un alma del Purgatorio".

El párroco refiere que María Simma insiste mucho en que se rece para ayudar a los
moribundos. "Según lo que dicen las almas del Purgatorio", escribe el párroco, "muchas
van al Infierno porque se ora demasiado poco por ellos... María Simma un día vio
muchas almas suspendidas en vilo entre el Infierno y el Purgatorio".

He aquí algunas instrucciones:

''Las almas del Purgatorio se preocupan mucho de nosotros y del Reino de Dios (es
siempre el párroco que escribe). Tenemos la prueba por ciertas advertencias que ellas
dieron a María Simma”.

Las instrucciones que siguen (continúa el párroco) han sido tomadas de sus
anotaciones: "De nada sirve lamentarse de los tiempos que vivimos. Es necesario decir
a los padres que ellos son los principales responsables. Los padres no pueden ofrecer
un peor servicio a sus hijos que consentir a todos sus deseos, dándoles todo lo que
quieren, simplemente para que estén contentos y no griten. El orgullo puede así echar
raíz en el corazón de un niño. Más tarde cuando el niño comienza a ir a la escuela, no
sabe recitar un Padrenuestro ni hacer la señal de la Cruz. de Dios, a veces, no sabe
absolutamente nada. Los padres se disculpan diciendo que esto es tarea del catequista
y de los maestros de religión”.

Donde la enseñanza religiosa no comienza desde la más tierna edad, la religión no


perdura después. "Eduquen a los niños a la renuncia. ¿Por qué hoy se da esta
indiferencia religiosa, esta decadencia moral?. ¡Porque los niños no han aprendido a
renunciar!. Ellos con el tiempo se volverán descontentos y hombres sin discreción que
toman parte en todo, quieren tener todo a profusión. Esto provoca tantas desviaciones
sexuales, las prácticas antinatalistas y el crimen del aborto. Todos estos hechos claman
al Cielo venganza. Quien desde niño no ha aprendido a renunciar se vuelve egoísta,
sin amor, tirano. Por este motive hoy existe tanto odio y falta de caridad. ¿queremos ver
tiempos mejores? Se comience por la educación de los niños”.

"Se peca en manera espantosa en contra del amor hacia el prójimo, sobre todo con la
murmuración, el engaño y la calumnia. ¿Por dónde comienzan? En el pensamiento.
Hay que aprender esas cosas desde la infancia y tratar de ahuyentar inmediatamente
los pensamientos contrarios a la caridad. Se combatan rápidamente los pensamientos
contra la caridad; y no se llegará a juzgar a los demás sin caridad”.

'"Para todo católico el apostolado es un deber. Algunos lo ejercen con la profesión,


otros con el buen ejemplo. No pocos se lamentan que muchos se corrompen por las
conversaciones contra la moral y contra la religión. ¿Por qué entonces se calla?. Los
buenos deben también defender sus convicciones y declararse cristianos... Todo
cristiano debería ponerse a buscar el Reino de Dios y esforzarse en hacerlo crecer;
pues de lo contrario los hombres no estarán en condiciones de reconocer el gobierno
de la Providencia. La preocupación del alma no tiene que ser sofocada por aquella
exagerada del cuerpo..."

Me gusta terminar aquí esta pincelada. Hojeando el informe del párroco (a quien
quisiera decirle gracias de corazón), pudimos también husmear entre las páginas del
diario de María: hay en ellas una sabiduría que no viene del mundo, sino de las almas
que la instruyen... Pues bien, les digo que para mí ha sido un gran placer conocer a
María Simma, una mujer cuya vida ha sido donada totalmente. Cada segundo, cada
hora de su vida tiene por cierto un peso de eternidad, no solo para ella misma, sino
para tantas, tantas almas, conocidas o no, que ella, en varios modos, y con tanto amor,
ayudó a liberarse del Purgatorio y a alcanzar la felicidad eterna en el Cielo.

Maria Simma II

María Simma es una mujer extraordinaria, nacida en Sonntag (Vorarlberg), Austria, el 5


de febrero de 1915. Es un alma mística, favorecida de grandes carismas,
especialmente el de recibir mensajes de las almas del purgatorio, que se le aparecen y
a quienes ha consagrado su vida desde joven. Su obispo está de acuerdo con su
apostolado en favor de esta almas y lo mismo lo estaba su director espiritual, el P.
Alfonso Matt, quien la dirigió en los primeros años de sus experiencias místicas. En
1968 escribió un libro titulado “Meine Erlebnisse mit Armen Seelen” (Mi relación con las
pobres almas) traducido a varias lenguas y que tiene ya más de 20 ediciones. Otros
más se han escrito, basados en entrevistas con ella. También, de vez en cuando, da
conferencias en diferentes lugares de Europa, especialmente de Austria y Alemania,
pues sólo habla alemán.

Todo lo que ella ha sabido por medio de las almas del purgatorio, sobre sus
necesidades, ha sido exacto y ha estado siempre conforme con las enseñanzas de la
Iglesia. Su director, el P. Alfonso Matt, enviaba los mensajes que ella recibía a los
familiares de los difuntos y ellos quedaban asombrados de cosas que nadie podía
saber. Por eso, desde el principio, fue apoyada por su párroco.
Por otra parte, el hecho de que los muertos puedan aparecerse a los vivos no debe
parecer imposible, porque el mismo Evangelio nos habla de que el Viernes santo
“muchos sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron y
saliendo de sus sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a la ciudad y se
aparecieron a muchos” (Mt 27,52-53).

a) Informe del P. Alfonso Matt


El P. Alfonso Matt, según el vicario general de su diócesis era “un sacerdote íntegro y
ejemplar que no tenía nada de exaltado. Era un venerado sacerdote” El día de su
entierro (26- 12-1978), su obispo, Bruno Wechner, en presencia de 1.000 fieles y40
sacerdotes dijo: “Lo más hermoso que se puede decir de un sacerdote es que es un
sacerdote según el corazón de Dios. Así era el R Alfonso Matt”. Pues bien, él escribió
un informe sobre la vida de María Simma. Veamos un resumen de este informe: “María
Simma nació en Sonntag. Quiso hacerse religiosa, pero las tres veces que lo intentó,
tuvo que salir por falta de salud. Su vida espiritual se caracteriza por un gran amor a la
Virgen María y un gran deseo de socorrer a las almas del purgatorio, devoción que le
inculcó su madre desde niña. Ella ha consagrado su virginidad a la Virgen y ha hecho
voto de ánimas, como alma víctima en favor de las almas del purgatorio. En la
parroquia se dedica a dar catecismo a los niños y prepararlos para la primera
comunión.

A partir de 1940, se le aparecieron algunas almas para pedirle ayuda. El día de “Todos
los santos” de 1953, comenzó también a ofrecer sufrimientos expiatorios por ellas.
Tuvo, por ejemplo, que sufrir mucho por un oficial muerto en Kürnten en 1660. Un
sacerdote de Colonia, muerto el año 555, le pidió también sufrimientos expiatorios,
pues de otro modo, debía sufrir hasta el fin del mundo por sus misas sacrílegas,
adulterios, falta de fe y haber participado en martirizar a las compañeras de Santa
Úrsula.

También tuvo que sufrir mucho por las prácticas anticoncepcionistas y la impureza de
las almas que se le aparecían. Algunas almas le pedían que libremente aceptara sus
sufrimientos para su liberación y purificación. Por ejemplo, una tal Berta, francesa,
muerta en 1740 dos señoritas de Innsbruck, muertas en un bombardeo; un sacerdote
italiano, etc. María siempre ha aceptado generosamente estos sufrimientos que le
pedían y nunca los ha rechazado.

En 1954 comenzó un modo nuevo de ayudar a las almas. Un cierto Paul Gisinger de
Koblach le pidió que les dijera a sus 7 hijos que dieran en su nombre 100 chelines para
las misiones e hicieran celebrar dos misas, porque sólo así podía ser liberado. Después
siguieron otras demandas análogas en favor de las misiones y de celebrar misas.
En octubre y noviembre hasta el 8 de diciembre (fiesta de la Inmaculada) de ese año
1954, venían cada noche a pedir oraciones o sufrimientos. Ella, poco a poco, pidió la
ayuda de otras personas para poder atender sus peticiones. Cuando se trataba de
sacerdotes, las oraciones debían ser hechas por sacerdotes.

Las almas del purgatorio se le aparecen de diversas formas y en diversas maneras.


Algunas tocan la puerta, otras aparecen de improviso. Unas se muestran con
apariencia humana, como eran cuando vivían su vida mortal, normalmente vestidas
como en días de trabajo, no de fiesta. Otras se aparecen bajo formas de animales que
dan miedo o en formas difusas. A veces, están envueltas entre llamas, dando un
aspecto terrible. Cuanto más purificadas están, más luminosas y afables se presentan.
Con frecuencia, cuentan cómo han pecado y cómo se han librado del infierno gracias a
la misericordia de Dios. Durante la Cuaresma, se presentan día y noche para pedirle
que sufra y ore por ellas. Las que son extranjeras hablan en alemán con acento
extranjero. Las almas le dicen que ella es de los nuestros. Cuando ella preguntó qué
significaba ser de los “nuestros “, le dijeron que con su voto de ánimas se había
entregado a la Madre de la misericordia en favor de ellas. Ella te ha dado a nosotras, le
dijeron.

Las noticias, que las almas le dan sobre sus familiares vivos, son siempre exactas. En
la avalancha que, en 1954, sepultó mucha gente aquí cerca, las almas le dijeron que
había algunos vivos bajo la nieve. Por eso, intensificaron la búsqueda y pudieron
encontrar algunos vivos más.
El demonio también se le ha presentado en ocasiones, para desanimarla de su misión.
Una vez se le presentó como un ángel de luz; otra, como el sacerdote de la parroquia,
Algunas personas se han escandalizado, porque pide a algunos de los familiares
limosnas para las misiones o que se hagan celebrar misas por las almas. Pero ella
nunca ha aceptado dinero, el dinero debe ser entregado directamente en la parroquia o
en la curia episcopal.

Dice que las almas de los católicos sufren más que las de los protestantes, porque
tuvieron más gracias, pero la fe católica es la mejor para ganar el cielo. Además, los
católicos tienen la posibilidad de recibir más ayuda de otros y ser liberados más
rápidamente, ya que los protestantes no creen en el purgatorio y no rezan por sus
difuntos.
A ella se le ha revelado la maravillosa armonía que existe entre el amor y la justicia
divina. Cada alma es purificada de acuerdo a la naturaleza de sus culpas. La duración
es muy variada. El tiempo medio es de 40 años, pero hay quienes deben sufrir hasta el
juicio final. Otros sólo sufren media hora, como si atravesaran el purgatorio en un vuelo.
Lo que sí es cierto es que las almas sufren con una paciencia admirable y alaban la
misericordia divina y suplican a María, madre de misericordia, agradeciéndole por
haberse salvado.

La Virgen María va al purgatorio, con frecuencia, a consolar a las almas. También va


San Miguel arcángel. Y allí están también los ángeles custodios de las almas,
acompañándolas hasta su liberación final. La ayuda que necesitan es, sobre todo,
misas, rosarios y sufrimientos por ellas. También es bueno el víacrucis y dar limosnas
para las misiones. Las indulgencias tienen un valor inmenso. Es una crueldad no
aprovechar este tesoro, que la Iglesia nos propone para las almas. Supongamos que
estuviésemos delante de una montaña llena de monedas de oro y tuviésemos la
posibilidad de cogerlas ¿no sería cruel rechazarlas y no poder ayudar a tantos
necesitados?.

En resumen, María Simma tiene una vocación especial. Se trata de un apostolado y de


una ayuda en favor de las almas del purgatorio”. Firmado P. Alfonso Matt, parroquia de
Sonntag, 20 de febrero de 1955.

b) Mi relación con las almas del purgatorio


En este escrito personal, María Simma, entre otras cosas, dice: “Desde mi infancia tuve
gran amor por las almas del purgatorio. Mi madre me lo enseñó y me repetía muchas
veces: Cuando tengas alguna cosa importante que hacer, dirígete a las almas del
purgatorio, porque son de gran ayuda.

En 1940 se me presentó, por primera vez, una alma del purgatorio. Sintiendo que
alguien estaba en habitación me desperté y vi un extranjero que iba y venía por mi
habitación. Le dije: ¿Cómo has entrado? ¿Qué has perdido? Él continuaba, yendo y
viniendo, como si no me oyera. Entonces, salté de la cama para agarrarlo, pero no
agarraba nada. No había nada. Lo intenté de nuevo y ocurrió lo mismo. Podía verlo y
no podía tocarlo. Al poco tiempo, desapareció. Al día siguiente, después de la misa, fui
a mi director espiritual y le conté lo ocurrido. Él me dijo: Si sucede otra vez, no le
preguntes ¿quién eres? Dile. ¿Qué quieres de mí? A la noche siguiente, retornó la
misma persona. Le dije: ¿Qué quieres de mí? Él respondió: Haz celebrar tres misas por
mí y seré liberado. Entonces, pensé que debía ser un alma del purgatorio. Mi confesor
me lo confirmó. Desde 1940 hasta 1953, cada año vinieron sólo dos o tres almas,
normalmente en noviembre (mes de los difuntos). Mi director el P Alfonso Matt, me
aconsejó que nunca rechazara ninguna petición de ayuda de esas almas.

Cuando un alma viene, me despierta tocando la puerta o llamándome o sacudiéndome


o de otras maneras. Le digo de inmediato: ¿Qué quieres? ¿qué debo hacer por ti? Y
normalmente me lo dicen. Un alma me dijo un día: Una de las cosas que más eficacia
tiene para nosotras es el sufrimiento soportado con paciencia, sobre todo, cuando se
ofrece por manos de la Madre de Dios, para que ella lo utilice para quien quiera. Y me
pidió que sufriera por ella. Me pareció bastante extraño, porque hasta ese día ninguna
me había pedido sufrir por ella. Le dije. ¿Qué debo hacer? Me respondió: Durante tres
horas tendrás grandes dolores en todo el cuerpo. Después de las tres horas, podrás
levantarte y continuar tus trabajos, como si no hubiera sucedido nada. Así me quitarás
veinte años de purgatorio. Acepté y me vinieron tales dolores, que apenas me daba
cuenta de dónde estaba, y parecía que pasaban días y semanas. Cuando todo terminó,
me di cuenta de que habían pasado exactamente tres horas. A veces, me pedían sufrir
sólo cinco minutos, pero ¡qué largos me parecen esos minutos! .

En 1954 (año mariano) cada noche empezaron a venir En ocasiones me decían


quiénes eran y me encargaban algunas misiones para sus parientes. De esta manera,
mi caso fue conocido públicamente. Esto era para mí muy desagradable; porque, por
mi cuenta, sólo le habría hablado a mi padre espiritual. Algunas veces, se trataba de
que devolvieran bienes mal adquiridos; en algunos casos, ni siquiera los parientes
conocían ciertos detalles que yo les daba, por medio de mi párroco y director espiritual,
que era quien transmitía los mensajes a gente de otros pueblos, cercanos o lejanos.
También en ese año 1954 venían a visitarme las almas durante el día. Al terminar este
año mariano, venían dos o tres veces por semana. Normalmente, aparecen el primer
viernes de mes o en un día de fiesta de la Virgen o durante la Cuaresma. Durante
Semana Santa vienen muchas y también en Adviento y en el mes de noviembre.

Aquellas almas, que yo he conocido bien en vida, las reconozco de inmediato. Otras
son desconocidas, a no ser que me digan quiénes son. Normalmente se presentan en
vestido de trabajo. Si eran personas inválidas o con graves deficiencias físicas o
mentales, aparecen sanos. Los que estaban en silla de ruedas, caminan
perfectamente, los mudos hablan, los sordos oyen, los ciegos ven. En el más allá
quedan atrás todas las deficiencias humanas. Ellas saben de nosotros más de lo que
suponemos. Ellas saben, por ejemplo, quiénes han asistido a su velorio y sepultura,
quiénes han ido solamente por hacer acto de presencia y quiénes han ido a rezar por
amor Ellas saben también lo que se dice sobre ellas en el velorio, porque están mucho
más vecinas a nosotros de lo que suponemos y se dan cuenta de quiénes asisten a las
misas ofrecidas por ellas. Ellas están presentes a sus funerales y a las misas ofrecidas
por ellas. No les gustan los pomposos funerales, prefieren que sean sencillos, pero
fervorosos. No quieren que su cuerpo sea cremado; porque, al no tener lugar de
referencia, se pueden olvidar más fácilmente de ellas. La cremación está permitida por
la Iglesia, con tal que no se niegue la resurrección, pero ellas quieren todo lo que lleve
a su familia a rezar y, el no tener una tumba que visitar, les hace olvidarse de ellas.

También quieren que se respete su cuerpo y que se evite cualquier profanación. Les
gusta que en la tumba echen agua bendita y tengan un cirio bendito. Las visitas de
amor al cementerio les agradan y ayudan más de lo que imaginamos. Incluso, les
ayuda el simple hecho de limpiar su tumba, por el amor que ponemos en ello.

Personalmente, cuando voy al cementerio, que está junto a mi casa, enciendo una vela
por las almas y les echo agua bendita, y ellas me lo agradecen. Un día vino a yerme
una niña de unos seis años y me dijo que había apagado una vela en el cementerio
para coger la cera y jugar Por eso, se encontraba en el purgatorio, aunque por poco
tiempo. Me pidió que encendiera por ella dos velas benditas.

Otro día vino un niño de 11 años, de Kaiser para pedirme que rezara por él. Me dijo que
estaba en el purgatorio, porque el día de los difuntos había apagado, por divertirse,
varias velas, que estaban encendidas en el cementerio en favor de los difuntos.

Como vemos, también hay niños en el purgatorio; porque, antes de lo que pensamos,
se dan cuenta del bien y del mal. Un día vino una niña de unos cuatro o cinco años y
me dijo que estaba en el purgatorio, porque había recibido de su madre, junto con su
hermana gemela, una muñeca. Ella lo había roto y, teniendo ser descubierta, la cambió
por la de su hermana, sabiendo que esta haciendo algo malo y que iba a hacer sufrir a
su hermana.

También hay sacerdotes. En una oportunidad, se me presentó un sacerdote para


pedirme ayuda y vi que su mano derecha estaba negra y sucia. Me dijo: “Dijes a todos
los sacerdotes que bendigan sin cesar a las personas, casas y objetos sagrados. Yo
me descuidé de hacerlo, porque no le daba importancia y, por eso, sufro en esta
mano”. Los sacerdotes pueden dar numerosas bendiciones y conjurar las fuerzas del
mal. Sobretodo, los sacerdotes pueden celebrar misas por las almas, que es lo que
más les ayuda. ¡Si se supiese cuál es el precio de una sola misa para la eternidad, las
iglesias estarían llenas, incluso entre semana! En la hora de la muerte, las misas a las
que hemos asistido con devoción serán nuestro mayor tesoro. Tienen más valor que las
misas encargadas para nosotros después de muertos. También son importantes las
indulgencias. Un alma me habló de su importancia y que para ganar una indulgencia
plenaria era necesario una limpieza total del alma, despegada de todo lo terreno.

Cuando un alma se me aparece y, después de haber hecho sus peticiones, permanece


más tiempo, sé que puedo hablar con ella y hacerle preguntas. Normalmente es otra
alma la que viene, después de un tiempo, a darme la respuesta con el permiso de Dios.
En mi cuaderno tengo anotadas las respuestas sobre si otras almas se han salvado o
están todavía en el purgatorio. Puede suceder que pasen dos o tres semanas o años
antes de recibir la respuesta. Nunca me han hablado de alguien que esté en el infierno.

Uno de los pecados más severamente castigados es el pecado contra la caridad:


maledicencia, calumnia, rencor peleas por envidia, codicia... ¡ Cuántas veces se peca
contra la caridad, diciendo palabras o haciendo juicios desprovistos de caridad! Y una
palabra puede “matar” un alma o sanarla. Por eso, es muy importante perdonar y no
guardar rencor, ni siquiera a los difuntos. Recuerdo el caso ocurrido en Innsbruck. Una
mujer no podía perdonar a su padre. Cuando estaba vivo, no le había dado cariño de
padre y ni siquiera le dio la oportunidad de estudiar para ser profesional. Por eso, no
podía perdonarlo.

Después de muerto, el padre se apareció a su hija; no una, sino tres veces,


suplicándole que lo perdonara, pero ella no quería. Después de un tiempo, esta mujer
se enfermó y, entonces, entendió que debía perdonarlo, porque no podría vivir en paz.
Tomada esta resolución, lo perdonó de todo corazón y la enfermedad comenzó a
desaparecer. El odio envenena el alma y hasta produce enfermedades físicas y
mentales. En cambio, el amor siempre da salud, paz y alegría.

Un campesino vino a visitarme y me dijo:


- Estoy construyendo un establo y, cada vez que el muro llega a cierta altura, se cae.
Hay algo de extraño y sobrenatural en esto. ¿Qué puedo hacer?
- ¿Hay algún difunto que tiene algo contra ti, a quien guardas rencor?
- Oh sí, pensaba que no podía ser sino él. Me hizo mucho daño y no lo puedo perdonar.
- Él quiere que lo perdones, nada más.
- ¿Perdonarle yo? ¿A él que tanto daño me ha hecho de vivo? ¿Para que vaya al cielo?
NO, NO.
- Pues no te dará reposo hasta que no lo hayas perdonado de corazón. ¿Cómo puedes
decir en el Padrenuestro:
Perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden? Es como si dijeras a
Dios: No me perdones, como yo tampoco perdono.

El hombre se quedó pensativo y dijo: Tienes razón. En nombre de Dios lo perdono para
que Dios me perdone también a mí. Desde ese día, no tuvo más problemas con el
establo y pudo tener paz y amor en su corazón.
Un día vino a visitarme un hombre, cuya mujer Izabía muerto hacía un año y, desde
entonces, todas las noches sentía tocar a la puerta de su dormitorio. Fui a su casa y,
por la noche se me apareció un animal grande que parecía un hipopótamo. Después
vino el demonio bajo la forma de una serpiente gigantesca que quería estrangular al
hipopótamo... Y desaparecieron. Al poco tiempo, vino un alma con apariencia humana y
me dijo: No ternas, ella izo está condenada, pero está en el purgatorio más terrible que
exista. Me dijo que había vivido diez años en enemistad con otra mujer y ella era la
causa de todo. La otra mujer había querido reconciliarse, pero ella siempre se había
negado. Incluso, durante su última enfermedad, se había negado a hacer las

Un día vino a visitar un hombre que quería informarse sobre la suerte eterna de dos
difuntos del mismo pueblo. Era el año mariano de 1954 y la respuesta llegó pronto. Un
mes más tarde yo le comuniqué: La Sra. X está en el cielo y el Sr. X está en lo más
profundo del purgatorio. Él me dijo: Es imposible. La Sra. X murió en el hospital por una
práctica abortiva, mientras que el Sr. X estaba siempre el primero en la Iglesia y era el
último en salir.

Pero, pocos días después, vino a yerme una señora que los conocía bien a los dos y
me dijo: La Sra. X era como mi hermana. Ella era débil desde el punto de vista moral,
pero ha sufrido mucho, porque este defecto era debido en gran parte a taras
hereditarias. Murió como consecuencia de una práctica abortiva, pero murió con
sentimientos de arrepentimiento hasta el punto que el sacerdote que la asistió en los
últimos momentos pudo decir: Quisiera que todos murieran con los sentimientos de
arrepentimiento de esta mujer. Ella murió con los últimos sacramentos y firme enterrada
religiosamente.
El Sr X era el primero y el último en salir de la Iglesia, pero siempre estaba criticando a
todo el mundo. Lo que más me indignó fue que, durante el sepelio de la Sra. X, él la
estaba criticando y diciendo a algunas personas que la Sra. Xno debía ser enterrada en
un cementerio católico. Entonces, le dije: Ahora está claro para mí que el Señor no
quiere que Juzguemos a los demás. El Sr X criticaba a la Sra. X, aún en el cementerio,
pero el Señor tuvo compasión de ella. No podemos juzgar a los demás, dejemos el
juicio a Dios. Ahora el Sr. X está en lo profundo del purgatorio.

En una ocasión, vino un alma y me dijo: Cometí un crimen contra Dios. Un día, por
soberbia, tomé una cruz y la destrocé, pensando que, si Dios existía no me lo permitiría
hacer. Casi al instante, me vino una parálisis que fue mi salvación. Después me pidió
decirle a su mujer que hiciera algunas cosas para ayudarlo y liberarlo del purgatorio.
Ella se había salido de la Iglesia católica y se había hecho protestante. Cuando le conté
el mensaje de su esposo, me dijo:
Creo en lo que me dice, porque el hecho de que destrozó la cruz, solamente lo
sabíamos él y yo. Y entró de nuevo en la Iglesia católica.

Un médico vino un día, lamentándose de que debía sufrir mucho por haber acortado la
vida de sus pacientes con inyecciones, para que no sufrieran más (eutanasia). Y nadie
tiene derecho a quitar la vida, porque mientras están vivos, aunque estén en coma,
pueden recibir las bendiciones de Dios a través de nuestras oraciones y buenas obras.

Una mujer me dijo: He debido estar 30 años de purgatorio por no haber dejado ir al
convento a mi hija. Por eso, debemos pensar en la grave responsabilidad de los padres
que no consienten la vocación sacerdotal o religiosa de sus hijos. Nadie tiene derecho
a rectificar los planes que Dios ha trazado para cada uno desde toda la eternidad.
Otro día se me presentó un alma y me dijo: ¿Me conoces?. Yo le dije que no. Él
respondió: Pero tú me has visto. En 1932 hiciste un viaje en tren y yo era tu compañero
de viaje.

Entonces, me acordé muy bien de ese hombre, orgulloso, que había criticado en voz
alta a la Iglesia y a la religión. Yo tenía 17 años y le respondí como pude. Él me dijo: Tú
eres demasiado joven para darme lecciones. Cuando bajé del tren, le dije al Señor:
Señor, no permitas que este hombre se pierda. Y esta oración lo había salvado.
¡Cuánto puede hacer la oración, aunque sea pequeña, pero hecha con fe! ¡Cuánto
valen las obras de caridad para los demás!

Un día, un alma se me apareció con un balde vacío. Le pregunté por qué lo llevaba y
me dijo. Es mi llave del paraíso. No he rezado mucho durante la vida, iba raramente a
la Iglesia, pero una vez por Navidad limpié gratuitamente la casa de una pobre anciana
y eso fue mi salvación.

El año 1954 ocurrió una avalancha, que sepultó varias personas en un pequeño pueblo
de la montaña. Un joven de 20 años oyó que pedían auxilio y salió en su ayuda, pero
su madre se lo quiso impedí, porque había mucho peligro para él. El joven, sin
embargo, salió a rescatar a los que pedían auxilio, pero una avalancha lo sepultó
también a él. La segunda noche después de su muerte, vino a pedirme que hiciera
celebrar tres misas por él. Sus familiares se maravillaron de que tan pronto pudiera ser
liberado, cuando no había sido muy fervoroso, sino todo lo contrario. Pero el joven me
confió que Dios había sido muy misericordioso con él por haber querido ayudar a su
prójimo y hacer una acción tan bella. Si hubiera vivido más tiempo, no habría podido
conseguir una muerte tan bella a los ojos de Dios. ¡Una muerte en acto de caridad con
el prójimo!

Ese mismo año, 1954, en otro pueblo hubo otra avalancha, que ocasionó muchos
destrozos. Se contaba que hacía 100 años otra avalancha había destruido el pueblo y
ésta había sido mucho peor pero sin mayores consecuencias. ¿Por qué? Las almas me
dijeron que una mujer de nombre Stark, había ofrecido sus oraciones y sufrimientos por
su pueblo. De otro modo, medio pueblo habría sido destruido. ¡Cuánto valen los
sufrimientos soportados con paciencia! ¡Salvan más almas que la oración! Por eso, no
hay que ver el sufrimiento como un castigo, pues puede ser un tesoro, silo ofrecemos
con amor por la salvación de los demás. Solamente en el cielo, podremos saber todo lo
que hemos obtenido con nuestros sufrimientos, soportados con paciencia en unión con
los sufrimientos de Cristo. El sufrimiento es un gran don que nos acerca a Dios y a los
demás.

Un día de 1954, hacia las 2,30 de la tarde, paseando por el bosque, me encontré con
una mujer muy anciana que parecía centenaria. Yo la saludé amablemente y ella me
dijo: ¿Por qué me saludas? Nadie me saluda. Nadie me da de comer y debo dormir por
la calle. Yo la invité a comer y a dormir en mi casa. Ella me dijo: Pero yo no puedo
pagar. No importa, le insistí. No tengo una bella casa, pero será mejor que dormir en la
calle. Ella entonces me lo agradeció y me dijo: Dios te lo pague. Ahora soy liberada. Y
desapareció. Hasta aquel momento no había entendido que se trataba de un alma del
purgatorio. Seguramente, durante su vida, no quiso ayudar a alguien que tenía
necesidad de comida y alojamiento, y debía esperar que alguien le ofreciese lo que ella
había rechazado a otros.

Otro día se me apareció el alma de un joven y me dijo:


Por no haber observado las leyes de tráfico, tuve un accidente de motocicleta y morí en
Viena. Yo le pregunté: ¿Estabas listo para entrar en la eternidad? No estaba listo,
respondió, pero Dios da dos o tres minutos para poder arrepentirse y sólo el que lo
rechaza se condena. Cuando uno muere en un accidente, las personas dicen que era
su hora. Eso es cierto, cuando uno no tiene la culpa. Pero yo tuve la culpa; porque,
según los designios de Dios, yo debería haber vivido todavía treinta años. Por eso, el
hombre no tiene derecho a exponer su vida a un peligro de muerte sin necesidad.

También es muy importante, a la hora de la muerte, abandonarse y aceptar la voluntad


de Dios. Una madre de cuatro hijos iba a morir y le dijo a Dios: Señor, si es tu voluntad,
acepto mi muerte, pero te confió a mi esposo y a mis cuatro hijos. Por este acto de
confianza y abandono total, fue directamente al cielo. Vale la pena abandonarse sin
condiciones en las manos de nuestro Padre Dios y confiar en Él hasta el fin.
c) Hacednos salir de aquí
Éste es el título del libro escrito por Nicky Eltz de sus entrevistas con María Simma.
Veamos un resumen de lo que dice María Simma: “Hay mucha diferencia entre evocar
a los muertos, como hacen los espiritistas, e invocar a los muertos para pedirles ayuda
y orar por ellos. El espiritismo es pecado y en él es Satanás quien contesta a las
preguntas. Nosotros pedimos ayuda a los difuntos y oramos por ellos. En mi caso, yo
nunca los llamo para que vengan. Ellos vienen, porque Dios se lo permite.

El purgatorio es un tiempo de espera en que las almas tienen el gran sufrimiento de la


nostalgia de Dios y el enorme deseo de amarlo con todo su corazón. En el purgatorio
existen muchos niveles, que son tan diferentes como las enfermedades de la tierra.
Cada alma es “castigada” o sufre en aquello o por aquello que la ha hecho pecar o
alejarse de Dios. Sucede esto también, en cierta medida, en la tierra. Si uno come en
exceso, sufre las consecuencias de mal de estómago. Si uno fuera demasiado, se
intoxica y tiene problemas en los pulmones, etc. Podemos decir que hay tantos niveles
cuantas almas distintas, porque no existen dos personas ni dos almas iguales. Cada
alma lleva el purgatorio consigo. Cuando un alma viene a visitarme, no viene “fuera” del
purgatorio, sino “con” el purgatorio. Las almas que vienen a visitarme son las que están
más cerca de ser liberadas. En los niveles más bajos, Satanás puede hacer sufrir a las
almas, pero no puede vencerlas. Estas almas de los niveles más bajos, a veces, se
presentan bajo la forma de animales horribles. Pero el alma puede pasar del nivel más
bajo e ir directamente al cielo sin pasar por niveles intermedios, si le ayudan con una
indulgencia plenaria o con muchos sufrimientos, misas y oraciones. Lo que sí es cierto
es que ninguna de ellas quiere volver a las tinieblas de la tierra, ahora que han
conocido el amor de Dios.

Debemos tener bien claro que no es Dios quien las coloca en tal o cual nivel, son ellas
mismas, pues quieren purificarse totalmente antes de presentarse ante Dios. Ellas
quieren purificarse como el oro en el crisol. ¿Imaginamos una chica que quiere ir a su
primer baile en público toda sucia y despeinada? Pues bien, las almas tienen una idea
de Dios tan grande, son tan conscientes de su pureza maravillosa y resplandeciente
que ni todas las fuerzas del universo serían suficientes para hacerles presentarse
delante de Él, mientras subsistan esas manchas que afean su alma. Sólo un alma pura
y luminosa puede atreverse a acercarse a la belleza y santidad divina para poder
contemplar a Dios sin temor y amarlo en plenitud por toda la eternidad.

El purgatorio es un estado de cada alma; pero, en cierto sentido, también es un lugar


ya que algunas almas se reúnen para estar juntas en determinado lugar por ejemplo,
junto a los altares de las iglesias o en el lugar donde han muerto. Pero no es un solo
lugar sino muchos lugares diferentes y muchas condiciones diferentes de cada alma. El
fuego sólo existe propiamente en los niveles más bajos, aunque sólo afecte al alma,
pues no es un fuego físico como el que nosotros conocemos. Por eso, algunas almas
vienen rodeadas de fuego.
Yo nunca las he visto reír tienen más bien un aspecto sufrido y paciente. Normalmente,
se me aparece una alma sola; pero, en algunas ocasiones, se me han aparecido
varias, porque tenían necesidad de la misma cosa para ser liberadas. He sido visitada
por almas de todos los continentes, que me hablaban en un alemán con acento
extranjero.

En algunas oportunidades he sido visitada por suicidas, que no necesariamente se


condenan. La mayor parte de ellos son llevados al suicidio por circunstancias que
limitan mucho su libertad o por enfermedades síquicas. Pero todos lamentan mucho el
haber acortado su vida y todo lo que pudieron haber hecho y no hicieron. Todos ven
que no fue una solución y que cometieron un gravísimo error .

Por supuesto, me han visitado personas de todas las religiones, pues también ellas van
al cielo, aunque la fe católica sea la mejor para ganar el cielo. También , me han
visitado homosexuales. No necesariamente están condenados, pero tiene que sufrir
mucho para ser purificados; porque, aunque la inclinación homosexual no es pecado,
toda actividad homosexual sí es pecado, como dice la Iglesia. Ellos deben orar mucho
y pedir fortaleza para vivir su castidad y rezar a San Miguel arcángel, que es un gran
defensor contra el maligno.

Algo muy importante es aceptar antes de morir todos los sufrimientos que Dios nos
envíe. Conocí a una mujer y a un sacerdote, que estaban en el mismo hospital con
tuberculosis. La mujer le dijo al sacerdote: Yo le he pedido al Señor que me dé la
oportunidad de pasar aquí mi purgatorio. El sacerdote le dijo: Yo no me atrevo a tanto.
Una religiosa escuchó esta conversación. Cuando murieron los dos, el sacerdote se le
apareció a la religiosa y le dijo que la mujer había ido directamente al cielo y él debía
pasar todavía mucho tiempo en el purgatorio por no haber aceptado sus sufrimientos.
De ahí lo importante que son nuestros sufrimientos, ofrecidos con amor Los
sufrimientos de la tierra valen muchísimo más como reparación de nuestros pecados
que los del purgatorio. Por eso, una larga enfermedad, antes de morir puede ser una
gran bendición y gracia de Dios“.

Monje benedictino (1190-1267)

Vicente de Beauvais, en el libro séptimo de Specchio storico, refiere que a un monje


benedictino, hallándose moribundo, le fue mostrado el Purgatorio de los religiosos, en
el cual vio a algunos de ellos rodeados de llamas devoradoras, que penetraban en sus
carnes como afilados dientes; a otros, tendidos sobre parrillas ardientes que causaba
horror sólo el verlas; y a otros, atormentados de otros diversos modos. Como
preguntase a su Ángel custodio, le respondió: “Aquellos que ves presa de tan grandes
martirios son religiosos pertenecientes a todas las órdenes, los cuales, aunque jamás
habían cometido pecados mortales, no obstante, se hicieron culpables de muchas
negligencias leves, que ahora están expiando severísimamente antes de ser admitidos
a la presencia de Dios”.
Oton emperador (950-1000)

Conrado Hildesemese Obispo afirma del emperador Otón que hizo grandes limosnas;
especialmente en tiempo de carestía dava de comer a pobres innumerables. Sin esto,
llamava de ordinario sacerdotes que le diessen ásperas disciplinas.

Era obediente al Papa, procurava governar bien sus estados, y con todo esto, luego
que murió, apareció a una abadessa de cierto monasterio de monjas muy siervas de
Dios, y le dixo que padecía penas de Purgatorio, que hiziesse dezir por él Missas y
rezar oraciones, y salterios con disciplinas. Lo cual hecho, se le tornó a aparecer muy
hermoso y resplandeciente, y le dio las gracias por lo que por /(428v)/ él avía hecho. Lo
dicho sirva para dos cosas: la una, que en la otra vida hilan delgado, como dizen,
porque pecados que se estiman en el mundo en poco, allí son de mucho momento; y la
otra, que en los estados altos y de govierno, por mucho que se miren y remiren los que
están en ellos, no dexan de estropeçar y caer en culpas que pagan en Purgatorio. Lo
dicho es del libro segundo De Apibus, capítulo cincuenta y tres.

P. Conrado de Offida

Al P. Conrado de Offida, franciscano, orando una noche al pie de un altar privilegiado,


apareciósele un hermano lego, muerto hacía poco, suplicándole rogase para que se
viese pronto libre del Purgatorio.

El buen Padre rezó en seguida un Padrenuestro y el Réquiem, y al punto oyó que el


difunto le decía: “Padre mío, si supierais el gran alivio que me habéis proporcionado
con vuestra oración, vuestra bondad la repetiría de nuevo”. El buen Padre no se hizo
repetir la súplica: “¡Ah!, insistió aquella pobre alma, continuad, Padre mío, continuad en
nombre de Jesucristo, que mis penas se cambian en consolación”. Y el P. Conrado
continuó repitiendo muchas veces aquella oración, viendo al mismo tiempo cómo la faz
del difunto expresaba primeramente un gran sentimiento de alivio, luego un principio de
alegría, y finalmente un júbilo extraordinario; sus vestiduras se tornaron blancas y
luminosas, y después de manifestar inmenso agradecimiento al Padre, el alma del
hermano lego se elevó toda resplandeciente hacia la patria bienaventurada.

P. Domingo de Jesús y María

En los documentos del proceso de beatificación del P. Domingo de Jesús y María,


carmelita, muerto en 1630, se cuenta que, cuando lo mandaron sus superiores a Roma,
en la habitación del convento encontró una calavera, que según la costumbre de
entonces le ayudaría a pensar en la muerte.
Una noche oyó una voz que salía de la calavera: “Nadie se acuerda de mí”. Se puso a
orar, echó agua bendita y escuchó: “Agua, agua, misericordia, misericordia”.
Y de nuevo la voz del difunto le dijo que era un alemán, que había muerto al llegar a
Roma a visitar los santos lugares, que estaba enterrado en el cementerio, pero estaba
en el purgatorio y nadie se acordaba de él. El P. Domingo rezó mucho por él y a los
pocos días se le apareció lleno de belleza esplendorosa para agradecerle por su
liberación.

P. Estanislao Choscos (Dominico)

Tomado de la vida del P. Estanislao Choscos, dominico polonés. Un día, mientras este
santo religioso rogaba por los difuntos, vio a un alma rodeada por completo de llamas,
a la cual preguntó si aquel fuego era más penetrante que el de la tierra. "¡Ay de mí,
respondió lanzando un clamor la desdichada, todo el fuego de la tierra comparado con
el del Purgatorio es como un soplo de aire fresquísimo!" "¿Y cómo es eso posible?,
añadió el Padre. Desearía hacer una prueba a condición de que eso sirviera para
descontarme una parte de las penas que habré de padecer un día en el Purgatorio”.

"No hay mortal, replicó el alma, capaz de soportar la más mínima parte de ellas sin
morir al instante; no obstante, si tú quieres convencerte de ello, extiende la mano."
Estanislao, sin amedrentarse, presentó la mano, sobre la cual el difunto dejó caer una
gota de su sudor, o al menos de un líquido que tenía las apariencias de sudor, y al
instante el religioso comenzó a lanzar gritos agudísimos y cayó en tierra como muerto;
¡tan intenso era el dolor que experimentaba! Acudieron los demás religiosos y le
prodigaron toda suerte de cuidados hasta que lograron hacerle volver en sí. Entonces
él, lleno de terror, les refirió el espantoso acaecimiento de que había sido testigo y
víctima, concluyendo con estas palabras: "¡Ah, hermanos míos! Si conociésemos el
rigor de los divinos castigos no pecaríamos jamás. Hagamos penitencia en esta vida,
para no tener que hacerla en la otra, porque son terribles aquellas penas; combatamos
nuestros defectos y corrijámoslos, y especialmente guardémonos de las faltas
pequeñas, porque el eterno Juez lleva estrecha cuenta de ellas. La Majestad divina es
tan santa que no puede sufrir en sus elegidos la mancha más pequeña." Después de lo
cual se metió en el lecho y vivió todavía durante un año, en medio de increíbles
sufrimientos, efecto del ardor de la llaga que se le había formado en la mano.

Padre Berlioux

El siguiente relato muestra la ayuda que reciben las almas de aquellas personas que
con sus oraciones y sacrificios piden por las almas del Purgatorio, ayuda que se
obtiene principalmente en el momento de la muerte en la que todos seremos tentados
fuertemente por el Demonio. Por eso en el Ave María decimos “…ruega por nosotros,
pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.”

Relata el Padre Berlioux:


“Se cuenta de una persona muy amiga de las almas del Purgatorio había consagrado
toda su vida a sufragar por ellas.

Habiendo llegado la hora de su muerte, fue asaltada con furor por el demonio que la
veía a punto de escapársele. Parecía que el abismo entero, confederado contra ella, la
rodease con sus cohortes infernales.

La moribunda luchaba desde hacía tiempo entre los esfuerzos mas penosos, cuando
todo de un golpe vio entrar en su casa una multitud de personajes desconocidos, pero
resplandecientes de belleza, que pusieron en fuga al demonio y acercándose a su
lecho, le dirigieron palabras de aliento y de consolación totalmente celestiales.
Emitiendo entonces un profundo suspiro y llena de alegría gritó: ¿Quiénes son
ustedes? ¿Quiénes son los que me hacen tanto bien?

Aquellos buenos visitantes respondieron:

- “Nosotros somos los habitantes del Cielo que tu ayuda ha encaminado a la felicidad y
como reconocimiento, venimos a ayudarte para que cruces el umbral de la eternidad y
te libres de este lugar de angustia y te introduzcas en la alegría de la Ciudad Santa”.

Con estas palabras una sonrisa iluminó el rostro de la moribunda. Sus ojos se cerraron
y ella se durmió en al paz del señor. Su alma, pura como una paloma, presentándose al
Señor de los Señores, encontró tantos protectores y abogados entre las almas que ella
había liberado y reconocida digna de la gloria, entró allí triunfalmente, en medio de
aplausos y las bendiciones de quienes había liberado del Purgatorio.

¡Ojalá también nosotros, un día, podamos tener la misma dicha! Entonces hay que
decir que las almas, sí, las almas liberadas por nuestra plegaria, son sumamente
agradecidas. Les aconsejo pues que hagan la experiencia, las almas nos ayudan,
conocen nuestras necesidades y nos obtienen muchas gracias”.

Padre Luis Manaci

El Padre Luis Manaci, un celoso misionero, tenía gran devoción a las Almas del
Purgatorio. Se encontró una vez realizando un viaje peligroso, pero con mucha
confianza pidió a las Animas Benditas que lo protegieran de los peligros que se iría
encontrando.

Su camino bordeaba una zona desértica, que se sabía infestada de peligrosas gavillas.
Cuando se encontraba rezando el Santo Rosario por las Almas, cuál no fue su
sorpresa, ale verse rodeado de una custodia de espíritus benditos. Pronto descubrió la
razón. Había pasado por una emboscada, pero las Santas Almas lo rodearon y lo
taparon, tornándolo invisible para los miserables que buscaban su vida. Lo
acompañaron hasta que estuvo seguro y fuera de peligro.
Parrini-De Witt (x-1882)

El periódico L'Unitá Cattolica, a continuación de algunas informaciones dignas de toda


fe, narraba algunos años el hecho siguiente: El profesor Parrini, hombre de grande
mérito, desde hacía largo tiempo estaba afiliado a la francmasonería, y había
empeñado su palabra, lo cual hizo constar en su testamento, de no recibir a ningún
sacerdote si caía enfermo, expresando además su voluntad de que sus exequias
fueran puramente civiles.

Ahora bien, habiendo recibido muchas heridas en un duelo, advertido de la


gravedad de su estado, Parrini hizo llamar al vicario de su parroquia y, en presencia de
los testigos requeridos por el sacerdote, retractó su adhesión a la secta masónica y
todos sus escritos contra la Iglesia y la fe católica. Después de lo cual recibió los
últimos Sacramentos con un fervor y compostura que edificó a todos los presentes, y
murió besando el Crucifijo y declarando que reconocía a Jesucristo por su única
esperanza y consuelo.
Muchos hacíanse cruces y preguntábanse a qué sería debida esta conversión en el
momento de la muerte. He ahí la explicación: César Parrini había sido educado
cristianamente, y no había descuidado el rezar cada día el De profundis por las almas
del Purgatorio; además, amaba tiernamente a la Santísima Virgen, y tenía sobre su
mesa de trabajo una imagen de tan buena Madre. María, refugio de los pecadores, se
acordó de él en aquella hora de su muerte, y las almas pacientes le mostraron su
agradecimiento por el bien que les había hecho. ¡Tanta verdad es que es santo y
saludable el orar por los difuntos!

Pascual Attardi (x-1893)

Modelo de verdadera, profunda y constante piedad para con las almas del Purgatorio,
y, por lo tanto, digno de ser propuesto a la imitación de los fieles, fue este sacerdote
napolitano, muerto en olor de santidad el año 1893. Puede decirse que desde sus
primeros años fue ésta su devoción favorita, a la cual consagró toda su vida.

Él era pobre, pero ¡cuánta abundancia de sufragios aplicó en favor de las benditas
almas! Hallábase enfermo, y ni aun en medio del decaimiento y postración de la
enfermedad se olvidaba de aquellas almas abandonadas; atormentado en el cuerpo y
en el espíritu, no cesaba de interponerse con el Señor para que pasaran pronto desde
aquella cárcel de fuego al eterno reposo. Oraciones, indulgencias, Misas,
maceraciones de la carne, todo lo ofrecía en beneficio de ellas. Cuando se trataba de
sufragar por las almas de los difuntos, ofrecíase gustosísimo y reduplicaba en aquellos
ejercicios su ordinaria piedad. Conmovíase profundamente en los funerales que celebra
la Iglesia, y hasta el simple tañido fúnebre de una campana hacíale con frecuencia
verter abundantes lágrimas.
No ignorando que entre las almas más abandonadas se cuentan las de muchos pobres
sacerdotes, habíase impuesto la obligación de celebrar la santa Misa por ellos varias
veces al mes gratuitamente, y hacíalo con tanto fervor, que, en el acto de la elevación
de la sagrada Hostia, con frecuencia parecía que sus pies no tocasen la tarima del
altar.

En el confesionario, en el púlpito, en público y en privado, y hasta durante su última


enfermedad, no cesaba de defender la causa de aquellas almas, y con ejemplos, con
promesas, con palabras tiernísimas excitaba en los demás el celo y caridad en favor de
las almas, especialmente de aquellos que en vida fueron devotos del Sagrado Corazón
de Jesús y de las de los niños muertos en pleno uso de razón, pero probablemente con
alguna deuda para con la divina Justicia. “Éstos, decía él, están abandonados
penando, porque en general se tiene por seguro que están en el cielo a causa de su
poca edad”. Estos actos de una caridad ilimitada para con las almas del Purgatorio no
podían por menos de ser aceptos al Señor, el cual, como para mostrarle su
agradecimiento y animarle a perseverar, permitió que más de una vez las almas por él
favorecidas se le apareciesen y le manifestasen su gratitud, y entre ellas la de su
misma madre, por la cual había orado de un modo especial y celebrado la santa Misa.

Pedro, Gonzalo de Berceo (1195-1246)

El hombre a quien la Virgen Santa mandó que todos los días cantase en su honor el
salmo Bienaventurados los que andan por el camino.

1 En la ciudad de Roma había dos hermanos, uno de los cuales se llamaba Pedro,
arcediano de la Iglesia de San Pedro, sabio y diligente, pero avaro. El otro se llamaba
Esteban, el cual, siendo juez en dicha ciudad, actuaba injustamente en multitud de
ocasiones, porque aceptaba regalos, falseaba los procesos, no daba a unos lo que
debía ya otros les quitaba lo que era suyo. Hasta había quitado contra justicia tres
casas a la iglesia de San Lorenzo y un huerto a la iglesia de Santa Inés.
Sucedió que su hermano Pedro murió y por sus culpas fue condenado a las penas del
purgatorio. Unos días más tarde murió también Esteban y fue conducido al tribunal de
Dios. Al verlo San Lorenzo, a quien había quitado las tres casas, se acercó a él como
con indignación y le oprimió con fuerza por tres veces en un brazo, causándole un dolor
no pequeño. Santa Inés y las vírgenes santas también le volvieron el rostro por
haberles robado su huerto. Y luego el Señor del cielo, juez justo, pronunciando
sentencia contra él, dijo: Por haber quitado muchas veces lo ajeno y por haber vendido
la verdad, aceptando regalos y dando sentencias injustas, es justo que sea llevado al
lugar de Judas, el traidor.
10¿Qué más? Sin pérdida de tiempo se ejecuta la sentencia del Señor. Pero Esteban,
en vida, tenía mucha devoción a San Proyecto*, obispo y mártir, y todos los años
celebraba solemnemente su fiesta, dando una comida a los clérigos y muchas limosnas
a los pobres. Por eso dijeron a San Proyecto: San Proyecto, ¿por qué no ayudas a
Esteban que fue tan diligente para prestarte su servicio ? Acude con confianza a Dios
misericordioso y benigno, para que en su inmensa piedad le conceda un poco de su
misericordia. Entonces San Proyecto acudió, en primer lugar, a San Lorenzo y Santa
Inés, contra quienes Esteban había cometido el robo y les rogó que lo perdonaran.
Ellos, en atención a él, le perdonaron inmediatamente su culpa. Después, San Proyecto
fue a interceder por él ante el Señor y con la ayuda de Santa María, Madre de Dios,
consiguió pronto que su alma volviera al cuerpo para que devolviera lo que había
robado e hiciera penitencia de sus pecados, dándole para ello un plazo de treinta días
de vida *.
Mientras tanto, cuando Esteban era llevado al lugar de Judas el traidor, según lo había
dispuesto el Señor en su sentencia, oyó a lo lejos unas voces como de almas que se
lamentaban en medio de las penas, entre las cuales reconoció a su hermano Pedro.
20Y aproximándose allá, le dijo: ¿Cómo es, hermano, que te han traído a estas penas,
si pensábamos que eras un hombre justo? El contestó: Me han traído acá porque fuí
algo avaro. Esteban añadió: ¿ nenes esperanza de salvarte al fin? A lo que él dijo: Esa
esperanza tengo, porque, aunque avaro, me esforcé en hacer muchas obras buenas en
pro de la iglesia. y si el papa y los cardenales cantaran una misa por mí conseguiría el
perdón por la gracia de Dios y me vería libre de las penas que estoy padeciendo.
Más tarde, cuando Esteban, según juicio de Dios, como antes dijimos, había sido
arrojado al lugar donde es atormentado Judas, que es como un pozo erizado de
pinchos agudos en derredor, llegó la orden del Dios Altísimo de que su alma fuera
devuelta al cuerpo. 30Sacado de allí se presentó ante Santa María, Madre de Dios, y la
piadosísima Virgen le mandó que todos los días de su vida rezara el salmo
Bienaventurados los que andan por el camino inmaculado *. Luego Esteban contó al
Papa ya los que con él estaban lo que le había sucedido y lo que había oído a su
hermano Pedro y les mostró también su brazo seco, el que le había oprimido San
Lorenzo, que de un modo extraño estaba tan amoratado como si le hubiera ocurrido
eso cuando vivía en el cuerpo; y añadió además: Conoceréis que es verdad lo que os
cuento, cuando dentro de treinta días me veáis salir de esta vida. Dejando a todos
convencidos de lo que decía, devolvió lo que había quitado injustamente y, tras hacer
penitencia de sus pecados, a los treinta días emigró felizmente de este mundo.

NOTAS:
10,Tit. La transmisión de este milagro muestra cierta diversidad, según las devociones
preferidas de cada lugar. La Legenda Aurea, que dice haberlo tomado del libro Los
milagros de la Santa Virgen, menciona sólo a uno de los hermanos, Esteban, y entre
los santos protectores no aparece San Pedro. A principios del s. XI, en los Dicta
Anselmi (San Anselmo de Canterbury, 1 033-1109), los hermanos son dos, Esteban y
Pedro, y los mediadores, tres, San Lorenzo, Santa Inés y San Proyecto. En el Ms. de
Copenhague los hermanos son dos y los intercesores cuatro, San Lorenzo, Santa Inés,
San Proyecto y Santa María. Finalmente, en Berceo aparecen los dos hermanos y
cinco protectores: San Lorenzo, Santa Inés, San Proyecto, San Pedro y Santa María.
10,11. 'Proyecto' (Preiectus en latín) podría tratarse de Proyecto, obispo de Imola
(Italia central), muerto en el 460 ( cf. Dutton).
10,18. El tema de la segunda oportunidad, vuelta a la vida para enmendar los
yerros, es recurrente en esta colección de milagros. Además de en este milagro se
encuentra en cuatro de los anteriores; 2, el sacristán impúdico; 6, el ladrón ahorcado; 7,
el monje librado por San Pedro y 8, el peregrino de Santiago. En las leyendas de la
Antigüedad, en los temas del romancero y en los cuentos populares hay algunos
elementos que se trasvasan de unos a otros, como es este caso.
10,31. Ps. 118,1: Beati inmaculati in vía, qui ambulant in lege Domini. El salmo canta
las excelencias de la Ley de Dios. Está dividido en 22 tramos (según las 22 letras del
abecedario hebreo) y cada tramo tiene 8 versos; en total, 176 versos. Es el más largo
del salterio.

MILAGRO X
Los dos hermanos
236.Enna villa de Roma essa noble çibdat Maestra e sennora de toda christiandat A viei
dos ermanos de grant auctoridat, El uno era clerigo, el otro podestat.
237.Piedrol diçien el clerigo, avie nomne atal, Varon sabio e noble, del papa cardenal,
Entre las otras mannas avie una sin sal, Avie gran avariçia, un peccado mortal.
238. Estevan avie nomne el secundo ermano, Entre los senadores non avie mas
lozano, Era muy poderoso en el pueblo romano, Avie en prendo prendis bien usada la
mano.
239. Era muy cobdiçioso, querie mucho prender, Falssaba los iudiçios por gana de
aver, Tollielis a los omnes lo que lis podie toller, Mas preçiaba dineros que iustiçia
tener .
24O. Con sus iudiçios falsos de los sus paladares A Sant Laurent el martir tomoli tres
casares: Perdió Sancta Agnes por él bonos logares, Un huerto que valie de sueldos
muchos pares.
24l. Murió el cardenal don Peidro el onrrado, Fo a los purgatorios do mereçie seer
levado, Ante de poccos dias fo Estevan finado, atendie tal iudiçio qual lo avie dado.
242. Violo Sant Laurençio, católo fea-mientre, Premiol en el brazo tres veçes dura-
mientre, Quessosse don Estevan bien entro en el vientre, Nol primirien tenazas defierro
tan fuert-mientre.
243. Violo Sancta Agnes a qui tollió el huerto, Tornóli las espaldas, catol con rostro
tuerto, Estonz dijo Estevan: esto es mal confuerto: Toda nuestra ganançia ixionos a mal
puerto.
244. Dios el nuestro sennor alcalde derechero, Al que non se encubre bodega nin
çellero, Dijo que esti omne fuera mal ballestero: Cegó a muchos omnes, non a uno
sennero.
245. Deseredó a muchos por mala voçeria, Siempre por sus peccados asmó alevosia,
Non mereçe entrar en nuestra compannia, Vaia yaçer con Iudas en essa fermeria.
246. Prisieronlo por tienllas los guerreros antigos, Los que siempre nos fueron mortales
enemigos, Dabanli por pitanza non mazanas nip figos, Mas fumo e vinagre, feridas e
pelçígos.
247. Vió a su ermano con otros peccadores Do sedie el mesquino en muy malos
sudores: Methie voçes e gritos, lagrimas e plangores, a vie grant abundançia de malos
servidores.
248. Dixol: deçit, hermano, preguntarvoslo quiero, Por qual culpa iaçedes en laçerio tan
fiero? Qua si Dios lo quisiere, e yo ferlo podiero, Buscarvos e acorro en quanto que
sopiero.
249. Avienla ya levada çerca de la posada, Do nunqua verie cosa de que fuesse
pagada: Nin verie sol nin luna, nin buena ruçiada, e serie en tiniebra commo
emparedada.
250. Dixo Peidro: en vida trásqui grant avariçia, Ovila por amiga a vueltas con cobdiçia,
Por esso so agora puesto en tan mala tritiçia; Qui tal façe tal prenda, fuero es e iustiçia.
251. Mas si el apostoligo con la su clerecía Cantasse por mi missa sola-mientre un dia,
Fio en la Gloriosa Madre Sancta Maria, Que me daria Dios luego alguna meioria.
252. Dest varon don Estevan de qui fablamos tanto, Porque muchas maldades traie so
el manto, a vie una bondat, amaba a un sancto tanto que non podriemos demostrarvos
nos quanto.
253. Amaba a Proiecto martir de grant valor, Guardabal bien la festa Como al buen
sennor, façiel rico offiçio e muy grant onor, de pobres e de clerigos quanto podie meior.
254. Laurençio e Agnes maguer que despechados, Por que los ovo elli ante
deseredados, Moviolos piadat e fueron amanssados, Cataron mas a Dios que a los sos
peccados.
255. Fueron pora Proiecto fuera cuyo rendido, dissieronli: Proiecto, non seas adormido,
Piensa del tu Estevan que anda escarnido, rendili gualardon, ca ovote servido.
256. Fue pora la Gloriosa que luz mas que estrella, moviola con grant ruego, fue ante
Dios con ella rogó por esta alma que traien a pella, que non fuesse iudgada secundo la
querella.
257 Disso a esti ruego Dios nuestro sennor: faré tanta de graçia por el vuestro amor:
Torne aun al cuerpo la alma peccador, desend qual mereçiere reçibrá tal onor.
258. Aya tanto de plazo hasta los XXX dias que pueda meiorar todas sus malfetrias;
Mas bien gelo afirmo por las palabras mias, y serán rematadas todas sus maestrias.
259. Rendieron graçias multas a Dios los rogadores, porque empiadaba a los sos
peccadores, que libró esta alma de mano de traydores, que son de los fideles siempre
engannadores.
260. Quando lo entendió la gent adiablada, quitosse de la alma que tenie legada;
Prísola Sant Proiecto que la avie ganada, guióla poral cuerpo a essa su posada.
261. Dissoli la Gloriosa Madre del Criador: Estevan, rendi graçias a Dios el buen
sennor: Grant graçia te a fecha, que non podrie maior: Del mal si non te guardas,
caerás en peor.
262. Estevan, un conseio te quiero aun dar: Estevan, es conseio que debes tu tomar:
Mandote cada dia un salmo reçitar: Beati immaculati, bien bueno de rezar.
263. Si tu cada mannana esti salmo rezares, E tu a las eglesias los tuertos
enmendares, ganará la tu alma gloria quando finares, escusarás las penas e los graves
logares.
264. Resusçitó Estevan, grado a Ihu Xpo, regunzóli al papa quanto que avie visto:
Lo que li disso Peidro su hermano bien quisto, que iaçie en grant pena lazrado e muy
tristo.
265. Demostraba el brazo que tení livorado, el que en Sant Laurent lo ovo apretado,
Pidie merçet al papa con el cuerpo postrado, que cantasse la missa por Peidro el
lazrado.
266. Por ferlis bien creençia, por seer bien creido, disso que a los XXX dias serie
transido: Dissieron todos: este signo es connoçido: Si diz verdat o non, será bien
entendido.
267. Entregó rica-mientre a los deseredados: A los que tuerto tovo fizolos bien
pagados, Confessosse al preste de todos sos peccados, de quantos avie fechos e
dichos e asmados.
268. Ya andaba en cabo de las quatro semanas, hasta los XXX dias avie poccas
mannanas Despidiose Estevan de las ientes romanas, Sabie que las palabras de Dios
non serien vannas.
269. En el día trenteno fízo su confession, reçibió corpus Domini con grant devoçion,
Echose en su lecho, fízo su oraçion, rendíó a Dios la alma, finó con bendicion.

Prior de Cirfontaines

El Prior de Cirfontaines nos cuenta su historia:" Un joven de mi parroquia cayó enfermo


de fiebre tifoidea. Sus padres vencidos por la pena, me pidieron que lo encomendara a
las oraciones de los miembros de la Asociación de Santas Almas. Era un sábado. El
chico estaba a las puertas de la muerte. Los doctores probaron todos los recursos,
todos los remedios. Fue en vano. No podían hallar nada para mejorarlo.

Yo era el único que tenía esperanzas. Sabía del poder de las Santas Almas pues había
visto lo que podían hacer. El domingo rogué a los Asociados de las Santas Almas para
que rogaran fervientemente por nuestro amigo enfermo. El lunes el peligro había
pasado. El muchacho estaba curado".

Recull de eximplis e miracles (1881)

ORACIONIBUS juuantur anime in purgatorio


DXIX - Miracle con a santa Maria Origenes aparegueren moltes animes humiliantse a
ella, segons que recompte Jacme de Vitriaco.
UN die la dessus dita santa Maria Origenes staua en la sua cambra, e vee passar
denant si moltes animes, e quescuna de les dites animes humiliantse a ella: e la santa
beneyta feu oracio molt deuotament a Jhesuchrist que li demostras que significaua
aquell humiliar que les dites animes li feyen. E tentost per veu celestial li fon respost
que aquelles animes qui a ella se humiliauen stauen en purgatori, e demanauen ajuda
a ella de les sues oracions, que con staua en contemplacio que pregas a Deu per elles.

PURGATORII pene sunt diuerse


DLXXXIII - Miracle e eximpli con sent .P. apostol aparech a santa Maria Dorigen, e les
paraules que li dix, segons que recompte Jacme de Vitriach.
SANTA Maria de Origenes, de la qual aquest libre ha ja parlat, un die que era la festa
de sent .P. lapostol la dita santa feya oracio per una anima, e tentost lo dit apostol
reuelali les penes que la dita anima sofferia en purgatori, e la raho delles; e veya que
sofferia molt gran ardor perque amaua molt los delits del mon; e encara veya con
sofferia molt gran fret perque en aquest mon fon pererosa en fer be, e en pregar sos
fills e sa companya; e veyali hauer molt gran fet perque en aquest mon begue
desordenadament; e veyala anar tota nua perque en aquest mon hauie aportat
vestedures superflues.

PURGATORII pena modico tempore videtur durasse


DLXXXIV - Miracle e eximpli con un angel mena en purgatori la anima de un hom, e
apres con lo dit angel torna la dita anima al cors del hom, segons que recompte Jacme
de Vitriaco.
UN peccador hauia una malaltia molt greu e ab gran dolor, per la qual cosa
continuament pregaua a Deu quel leuas de aquest mon; e faent continuament la dita
oracio aparechli un angel, e dixli: Tria de dues coses la una, o que esties ab la malaltia
que tens dos ayns en aquest mon, o que stigues dos dies en purgatori. E ell tria que
mes amaua estar dos dies en purgatori. E tentost ell mori, e la sua anima fon mesa en
purgatori, e a pocha de hora aparechli lo dit angel, -192- e la dita anima dixli: Qui es
tu? E langel li dix: Jo son langel quet aparegui quant eres viu. No placia a Deu, dix la
anima, que tu sies angel, car los angels no minten, e tu has mentit, car tum diguist que
no staria en purgatori sino dos dies, e son hi stat tants ayns que ja nom recorden.
Sapies per cert, dix langel, que encara noy has stat una hora acabada. Prech te,
senyor, dix la anima, quem torns al mon, que mes am sofferir aquella malaltia, e encara
pus cruel, tant con a Deu placia. E tentost langel torna la dita anima al cors, e sofferi ab
gran pleer e paciencia la dita malaltia abans que no estar en purgatori.

PURGANTUR aliqui inter viuos


DLXXXV - Eximpli de gran marauella de una anima qui penaua en lo troç de un glaç o
gel, segons ques recompte en la Ligenda lombardica.
UNS pescadors en autumne anauen pescant, e en los filats tragueren un gran troç de
gel; e los dits pescadors hagueren major pleer que si fos pex, per tal con lo bisbe de
aquella ciutat era gotos, e hauia molt gran remey con li posauen gel als peus. E quant
hagueren mes als peus del dit bisbe lo dit tros de gel, lo bisbe oy una veu qui isque del
gel, la qual ell conjura que li digues qui era. E la veu li dix que era una anima qui
penaua en lo dit gel, e poria esser liurada de aquesta pena si tu deyes per mi trenta
-193- misses continues. E lo dit bisbe mogut de pietat deya les dites misses; e con ne
ach dites les quinze moch se en la ciutat gran bregua per consell e obra del diable, axi
quel dit bisbe ach a lexar un die de dir missa, e pertal altra veguada ach a començar de
dir les dites trenta misses. E con ach dites les .xxix. que staua ja reuestit per dir la
trentena missa, diguerenli que en la ciutat sera ences molt gran foch, e que la ciutat se
cremaua. Verament, dix lo bisbe, con la ciutat se sabes tota cremar jo si acabare
aquesta missa. E acabada la missa lo gel desparech, e james aquella veu no fon oyda;
e lo foch de la ciutat soptosament se apaga, car lo diable loy hauia mes.

TIMERE debent boni viri purgatorium


DCLXXVI - Eximpli de uns religiosos qu stauen disputant de les penes del purgatori,
segons ques recompte en lo libre del Don de Paor.
UNS religiosos e creents homens parlauen entre ells de les penes de purgatori, e
donauen entendre en lurs paraules que hauien gran paor e dubte delles; e un hom lech
qui staua denant ells dixlos: Molt son marauellat de vosaltres qui sots religiosos e de
gran sciencia perque dubtats lo purgatori, que siu sabessen los seglars qui tant de mal
fan e no fan neguna penitencia, e si la fan es molt poca, desesperar sien. E la un dels
dits religiosos respos li: Si un gran estayn fos tot foch cremant, jo volria star de dins tro
al die del juy per escusar la pena del purgatori.

Romarico (740-820)

En tiempo del emperador Carlomagno, un soldado llamado Romarico, estando para


morir, dexó sus armas y cavallo a un otro soldado amigo suyo para que lo vendiesse y
hiziesse bien por su alma. El otro lo vendió y gastó el dinero en juegos, en comer y
borrachear.

A los treinta días apareciósele el muerto, estando durmiendo, y reprehendióle, diziendo


que avía estado más en Purgatorio de lo que estuviera, por no aver hecho lo que le
encomendó de su hazienda, y que por ello tenía a Dios enojado, y le castigaría con
rigor si no hazía penitencia. Despertó el otro, y no lo hizo, antes, riendo, como cosa
soñada la contava a otros amigos suyos, y estándolo diziendo, arrebatáronle demonios
de entre ellos, y fue después hallado el cuerpo en un monte todo despedaçado. Su
alma, bien se presume que se la llevarían al Infierno. Dízelo San Antonino en su
Segunda Parte Historial.

Sacerdote de Lovaina 1621

La Santísima Virgen tiene especial cuidado de que sus devotos no mueran sin
Sacramentos. Vivía en Lovaina en el año 1621 (Aurient. 2, pág. 262) un sacerdote muy
amante de la Virgen que cayó enfermo.

Los médicos no creían que el mal fuese de gravedad; pero él llamó a una hermana
que tenía, y le dijo que le trajesen el Viático. Se opusieron los de casa diciendo que no
había peligro. “No os detengáis, dijo el enfermo, pues la muerte que vosotros pensáis
que esta muy lejos está muy cerca; apenan me quedan dos horas de vida. ¿Tan mal
me queréis que deseáis para mi una eternidad en el infierno, o un tiempo en el
purgatorio?”. Los domésticos, aunque admirados de lo que oían no jugaban que se
hayase tan a lo último, y rehusaban el avisar tan pronto a la parroquia. Al ver esto el
buen sacerdote se manifestó mas claramente diciendo: “No os detengáis, que dentro
de un rato voy a morir: se me ha aparecido la Santísima Virgen avisándome que me
disponga para ir al cielo, y que antes comulgue. Si no lo hacéis por caridad, al menos
por el salario que durante años os di”. Al instante fue la hermana a llamar al párroco,
recibió el enfermo los Sacramentos con gran devoción, y murió en su cabal juicio de allí
a dos horas según el aviso de la Santísima Virgen.

Sacerdote italiano (1889)


“Nos habíamos conocido en N, en cuya parroquia yo era vicario. Pronto se estableció
estrecha intimidad entre nosotros, y con frecuencia nos visitábamos. Si yo no podía ir a
su casa, venía él a la mía, y, sin hacerse anunciar siquiera, entraba en mi gabinete de
trabajo, dando tres golpes en la puerta con la mano, los dos primeros rápidos y secos,
y el otro más distanciado y prolongado, y sin más preámbulos abría y entraba; esta
circunstancia de los tres golpes convenía hacerla notar para comprender lo que sigue.

Poco duró nuestra amistad, pues el día 26 de mayo de 1888 murió, y fue sepultado,
con gran acompañamiento de gentes, tres días después, dejando en todos la impresión
de que, por su mucha piedad y excelentes virtudes, se habría ido directamente al cielo.
Por la tarde del día en que fue sepultado, yo debía partir con otro amigo mío al
pueblecito de X, en cuya rectoría debíamos hospedarnos, para tomar temprano el tren
a la mañana siguiente y trasladarnos a la cabeza de partido, adonde debía ir para
resolver algunos asuntos urgentes. Al retirarnos a descansar díjele a mi compañero
que, muy a pesar mío, por lo cansado que me sentía y por lo temprano de la hora en
que salía el tren, me sería imposible celebrar la santa Misa al día siguiente. Hallábame
sumido en un sueño profundísimo, cuando de pronto un fuerte golpe dado a la puerta
de mi cuarto me despertó sobresaltado. Instintivamente grité: ¡Adelante!, esperando
que alguien entrase; encendí entretanto la luz y miré el reloj, cuyas saetas señalaban la
medianoche. Transcurrieron diez minutos sin que nada diera señales de vida, y estaba
ya para conciliar nuevamente el sueño, cuando me pareció oír como roce de paño en la
parte externa de mi puerta, y luego dar tres golpes en ella con los nudillos, dos rápidos
y secos, y el tercero más distanciado y prolongado. Confieso con toda ingenuidad que
en aquel momento no respondí, como al principio, que abriesen, pues muy otra fue mi
preocupación; sencillamente, ¡sentía miedo! Aquel modo de llamar a la puerta me era
familiar. ¡Ay de mí!, pensé por fin, es el alma de mi pobre amigo, que sin duda se halla
en el Purgatorio... ¡debe sufrir horriblemente!... sin duda implora de mi amistad
oraciones... Pasaron algunos minutos, y se volvió a oír aquel como roce de ropa y los
tres golpes. Mi reloj señalaba las 12:20 minutos de la noche. Desde aquel momento
una paz relativa comenzó a reemplazar en mi alma el espanto que sentí al principio. El
pensamiento de que los muertos jamás han causado daño a los vivos y que mi amigo
— o tal vez otro — era indudable de que iba al cielo, y que yo debía justificar su
confianza en mí apresurándome, por cuantos medios me fuese posible, a procurar su
eterna felicidad, me tranquilizó no poco”.

“Tomado el breviario, recé el Oficio de difuntos, los siete salmos penitenciales, algunas
oraciones enriquecidas con indulgencias, y luego recurrí al dulce y consolador rezo del
santo Rosario. Entretanto, tiempo que a mí me pareció larguísimo, continué oyendo
cada diez minutos el roce de la tela y los tres golpes; continuando así hasta las 3:20
minutos, después de lo cual todo quedó en el más profundo silencio. Yo no dudé de
que el querido difunto se hubiese marchado. En todo caso los golpes ya no debían
volverse a oír más. A las 3:45 minutos me levanté, abrí la puerta de mi cuarto sin miedo
ninguno, y con dos de mis colegas — que nada insólito habían advertido — me fui a
ofrecer el santo Sacrificio por aquella alma querida que de tal modo había querido
acordarse de la mía. Después ya no oí nada más, por donde concebí en mi corazón la
dulce esperanza de que mi amigo era ya finalmente feliz en el seno de Dios”.
Soldado anónimo (742-814)

En tiempos del emperador Carlomagno, según refieren las antiguas crónicas, un


valiente soldado, que había guerreado en todos los campos de batalla de Europa,
viéndose cercano a la muerte mandó llamar a un sobrino suyo, único heredero que
tenía, y le habló de esta manera: “Hijo mío, todos mis bienes consisten únicamente en
las armas y en el caballo que poseo. Es inútil, pues, que para disponer de tan poca
cosa hagamos testamento. Dígote, pues, que las primeras serán para ti, y el caballo
deberás venderlo, para distribuir su importe entre los pobres y los sacerdotes, a fin de
que los unos me socorran con oraciones, los otros ofreciendo por mi alma el divino
Sacrificio”.

El sobrino, compungido, prometió al tío que cumpliría fielmente hasta su última


voluntad; mas, muerto éste, tomó el caballo y trató de venderlo; pero, viendo por la
hermosura y vigor de aquella bestia le ofrecían un precio muy superior al que le daban
por las armas, comenzó a pensar que, no siéndole muy urgente el deshacerse de él,
podría conservarlo para sí, y que, esperando una ocasión más propicia, podríalo
vender en condiciones más ventajosas y en mayor provecho del difunto. Comenzó en
tanto a servirse de él para pequeños viajes, y transcurriendo de esta suerte días y
semanas sin que el sobrino pensase ya en la promesa, de la que, no obstante, Dios sí
que se acordaba, se cumplió el sexto mes después de la muerte del tío, cuando he ahí
que una mañana se le apareció y le dijo: “¡Desgraciado, desgraciado, que no has
tenido compasión del alma de tu tío! ¿Así es como has cumplido la promesa que me
hiciste en el lecho de muerte? ¡Hombre sin entrañas y de corazón más duro que el
pedernal, has de saber que a causa de tu infidelidad he sufrido hasta ahora suplicios
inenarrables en el Purgatorio; pero, habiéndose compadecido el Señor de mi, hoy
mismo entraré en la gloria de los Santos! Muy presto vendrá también para ti la muerte,
y por justo juicio de Dios deberás padecer en el Purgatorio todas las penas que me
restaba expiar a mí, más las debidas por tus pecados”. En efecto, pocos días después
el joven cayó enfermo e hizo venir a un sacerdote, al cual, habiéndose confesado con
mucho arrepentimiento, le refirió la visión que había tenido y expiró, yendo sin duda a
expiar en la otra vida aquellas penas que le habían sido anunciadas en castigo de su
injusticia.

Sor Ángela Tolomei, dominica (1300)

La venerable jovencita Sor Ángela Tolomei, dominica, se había ejercitado desde sus
más tiernos años en el amor y práctica de la virtud, atesorando de este modo gran
caudal de merecimientos para el cielo.

Habiendo caído gravemente enferma — y estando para exhalar el último suspiro,


muchos creían que ya había expirado —, tuvo una visión. Se vio transportada a una
inmensa llanura, en donde vio representadas muy al vivo las penas del Purgatorio, y
reconoció el lugar que le estaba reservado y los tormentos que la esperaban si
hubiera muerto entonces, y no le dieran tiempo para expiar sus faltas e esta vida. Abrió
los ojos, dejando maravillados a los presentes, que la daban ya por muerta, y,
temblando toda de pies a cabeza por el espanto, refirió la visión que había tenido. ¿Y
cuáles eran las culpas por las que tan atroces tormentos esperaban a aquella santita?
Levísimos pecados veniales que, a causa de ciertas inclinaciones no combatidas, había
cometido. Desde aquel momento su única preocupación fue hacer constantemente
penitencia para desquitarse de su deuda con la divina Justicia, mientras tenía tiempo
para ello. Cilicios, disciplinas, vigilias prolongadas, ayunos rigurosos, maceraciones
hasta derramar sangre parecíanle nada en comparación de lo que había visto. Si la
reprendían de ser demasiado cruel consigo misma, y le aconsejaban moderase su
rigor, respondía: “Y ¿qué es esto en comparación de los suplicios reservados en la otra
vida a las infidelidades que con tanta ligereza se cometen? ¡Ojalá pudiera hacer cien
veces más!”. Y continuaba con sus rigores. Finalmente, semejante al oro purificado por
medio del fuego en el crisol, llamóla el Señor a la otra vida para que gozase en seguida
de las eternas delicias en el cielo. A la vista de tales ejemplos, ¿cómo justificaremos
nosotros nuestra ruindad y nuestro amor propio mal entendido?

Sor Catalina de San Agustín

Se lee en la vida de Sor Catalina de San Agustín, con qué amorosa y maternal
diligencia la Santísima Virgen se interesa por la suerte de las pobres almas del
Purgatorio, tenemos una prueba en un ejemplo tomado de su vida, el cual nos lo refiere
San Alfonso María de Ligorio.

En la localidad en que habitaba esta sierva de Dios vivía una mujer llamada María, la
cual, indignísima de llevar este virginal nombre, había sido en su juventud gran
pecadora, y llegada ya a la vejez, no obstante continuaba siendo obstinadamente
perversa: de tal manera que los habitantes del lugar arrojáronla de él, viéndose
obligada a cobijarse en una gruta que había en las afueras. Allí murió, medio podrida y
abandonada de todos, y sin haber recibido los Sacramentos, por lo cual fue sepultada
como una bestia en medio del campo. Y Sor Catalina, que solía recomendar al Señor
con grande afecto todas las almas que pasaban a la otra vida, después de haber
sabido la muerte desgraciada de aquella infeliz no pensó, en efecto, en rogar por el
descanso de su alma, dándola, como todo el mundo, por condenada. Pasados cuatro
años, he aquí que se le presenta delante un alma del Purgatorio y le dice: “Sor
Catalina, ¡qué mala suerte es la mía! Tú encomiendas a Dios todas las almas de las
personas que mueren cada día, ¡y solamente de mi alma no has tenido compasión!”.
“¿Y quién eres tú?”, le preguntó la sierva de Dios. “Yo soy, respondió la otra, aquella
pobre María que murió en la gruta”. “Pero, ¡cómo! ¿Tú te has salvado?”, replicó con
estupor Catalina. “Sí, me he salvado, dice, gracias a la misericordia de la Santísima
Virgen. Cuando me vi próxima a la muerte, tan cargada de pecados y de todos
abandonada, me dirigí a la Madre de Dios y le dije: ¡Señora, Vos sois el refugio de los
abandonados! Vedme, pues, a mí, que soy abandonada de todos. Vos sois mi única
esperanza, sólo Vos podéis ayudarme, ¡tened piedad de mí! No supliqué en vano. La
Santísima Virgen me alcanzó hiciera un verdadero acto de contrición, morí y me salvé.
Ella también, mi Reina, me ha obtenido la gracia de que mis penas se abreviasen,
haciéndome sufrir con intensidad lo que debía haber padecido durante años y años.
Sólo me faltan algunas Misas para librarme del Purgatorio; ruégote me las mandes
celebrar, que yo te prometo rogaré después siempre por ti al Señor y a María
Santísima”. Dicho lo cual desapareció, y Sor Catalina mandó celebrar rápidamente las
Misas prometidas; y he aquí que a los pocos días se le apareció de nuevo aquella
alma, resplandeciente como el sol, y le dijo con palabras del más vivo agradecimiento:
“Te doy las gracias, Catalina; el Paraíso me ha sido ya abierto, y a él me voy a cantar
las misericordias de Dios y de la Virgen Santísima, y a rogar por ti”.

Sor María Magdalena Lorravaquio (1576-1636)

Una función muy importante de las visiones era la de servir de medio para pedir por las
almas del purgatorio. La monja visionaria vivió una doble vida: la suya —con su básico
deseo de salvación— y la de otros, para quienes simbolizaban una intermediaria con
habilidades y capacidades especiales para conversar con Dios y otros seres.

La madre Lorravaquio tuvo un papel reconocido en su entorno como intercesora de las


almas sufrientes ante Jesucristo, María y algunos santos. No sólo rogaba por estas
almas de motu propio, sino también por sí misma, por otras monjas, algunos religiosos
y personas seculares que se le acercaban para pedirle por la salvación propia o la de
sus parientes. El dolor de tener una visión de otra monjaen pena la llevó a una
suspensión de varios días.56 Pudo asegurarse de la suerte de algunas57 ya por
revelación de Cristo o de algún santo favorito, como San Felipe de Neri.58 Esta
mediación se hace más frecuente hacia el final de su escritura, sugiriendo un creciente
interés en este papel. La empatía que experimenta por esas almas, denota la
intensidad de los sentimientos que provocaban en las monjas ese papel de
intercesoras, que tomaban muy en serio y por medio del cual adquirían un innegable
protagonismo social y espiritual.

Teresa Musco (1943-1976)

La estigmatizada de Caserta (Italia), cuenta que el 2 de noviembre de 1962, no


pudiendo ir al cementerio, como hubiera deseado por ser el día de los difuntos, oró
desde su casa con todo fervor por las almas del purgatorio. En las primeras horas de la
tarde, mientras seguía orando, vio en su habitación muchas personas. Les preguntó:
“Qué queréis?”. Ellas la saludaron con mucha alegría y le dijeron: “Nos has liberado del
purgatorio con tus oraciones y venimos a darte las gracias “. Después, desaparecieron,
resplandecientes de alegría y amor.

Teresa Neumann (1898-1962)


La "estigmatizada alemana", se cuenta que, muchas veces, se le aparecían las almas
del purgatorio para pedirle ayuda.

Un día se le apareció el párroco de su infancia, que la había bautizado y dado la


primera comunión. El 23 de noviembre de 1928 ayudó a salir al último párroco católico
de Arzberg antes de que se introdujera allí el protestantismo. La noche del Corpus
Christi de 1931, se le apareció su madrina Forster, muerta recientemente, Teresa rezó
por ella y la vio brillante subiendo al cielo.

Un grupo de sacerdotes en los Apeninos

Un grupo de sacerdotes fueron convocados a Roma para tratar un asunto de gravedad.


Eran portadores de importantes documentos, y una gran suma de dinero les fue
confiada para el santo Padre. Atentos al hecho que los Apeninos, los cuales habían de
cruzar, estaban infestados de forajidos, eligieron un guía de confianza. No había por
aquel entonces túneles ni trenes para cruzar las montañas. Se encomendaron a la
protección de las Animas Benditas del Purgatorio, y decidieron recitar el De Profundis
cada hora por ellas.

Cuando llegaron al corazón de las montañas, el que iba adelante de todos dio la voz de
alarma a la vez que espoleaba a los caballos a todo galope. Mirando alrededor, los
sacerdotes vieron a ambos lados del sendero fieras bandas de forajidos fuertemente
armados y apuntándoles. Se encontraban en una emboscada a merced de los
delincuentes.

Después de una hora de temerario avance, el guía paró y mirando a los sacerdotes,
dijo:" No puedo entender cómo escaparon. Esta gente nunca perdona a nadie". Los
padres estaban convencidos que debían su seguridad a las Santas Almas, como luego
se confirmaría con un hecho que disiparía toda duda.

Cuando concluyeron su misión en Roma, uno de ellos fue destinado a la Ciudad


Eterna, como capellán de una prisión. No mucho después, uno de los más feroces
bandidos en Italia fue capturado, y condenado a muerte por una larga serie de
asesinatos y esperaba la ejecución en su celda.

Ansioso de ganar su confianza, el capellán le contó sus aventuras, entre ellas las de los
Apeninos. El criminal manifestó gran interés en la historia. Cuando terminó el curita su
relato, el asesino exclamó: "¡YO FUI el líder de esa banda! Estábamos seguros de que
ustedes portaban dinero y habíamos decidido matarlos y saquearlos. Pero una fuerza
invisible nos impidió disparar, queríamos hacerlo, pero no podíamos".

El capellán luego le contó al delincuente cómo se habían encomendado a la protección


de las Almas del Purgatorio, y que ellos atribuían su liberación a su protección.
El bandido no tuvo dificultad en creer. De hecho, hizo su conversión mucho más fácil.
Murió con arrepentimiento.

Un príncipe polonés

El célebre P. Lacordaire, al principio de sus conferencias sobre la inmortalidad del


alma, refería a los alumnos del colegio de Soreze el ejemplo siguiente: Un príncipe
polonés, incrédulo y conocido materialista, había escrito un libro contra la inmortalidad
del alma.

Estaba ya para darlo al imprenta, cuando un día, paseándose por su jardín, le salió al
paso una mujer bañado el rostro en lágrimas y, arrojándose a sus pies, le dijo: "¡Al mi
buen señor! Mi marido ha muerto...: su alma debe estar ahora en el Purgatorio,
sufriendo lo indecible, y yo soy tan pobre que no me es posible reunir la limosna
suficiente para mandar celebrar por ella una sencilla Misa. Tened la bondad de
ayudarme para alivio de mi pobre marido." El príncipe, si bien pensó para sus adentros
que aquella mujer era víctima de la credulidad, no obstante no tuvo ánimos para
rechazarla. Saca una moneda de oro de su bolsa y la entrega a la buena mujer, la cual,
llena de júbilo, corre a la iglesia y ruega a un sacerdote le haga la caridad de celebrar la
Misa en sufragio del alma de su marido. Pasados cinco días, y estando repasando el
príncipe en su gabinete el mencionado manuscrito, alzó la vista y vio en pie, delante de
sí a un hombre vestido como los campesinos de aquel pais. "Príncipe, oyó que le decía
el desconocido, vengo a daros las gracias; soy el marido de aquella pobre mujer que
pocos días ha os pedía una limosna para mandar celebrar la santa Misa en sufragio de
mi alma. Vuestra caridad ha sido muy grata al Señor; y Él me ha permitido venir a daros
1as gracias." Esto dicho, el campesino desapareció como una sombra. Poco después
aquel príncipe entregó a las llamas su trabajo, y, cediendo a la verdad y a la gracia de
Dios, se convirtió y vivió como buen cristiano hasta la muerte.

Vble. Ana Catalina Emmerick (1774-1824)

Cuenta como siendo niña, fue conducida por su ángel al purgatorio. “½ allí muchas
almas que sufrían vivos dolores y que me suplicaban orara por ellas. Parecía un
profundo abismo... Allí vi hombres silenciosos y tristes en cuyo rostro se conocía, sin
embargo, que en su corazón se alegraban como si pensaran en la misericordia de
Dios.
Conocí que aquellas pobres almas padecían interiormente grandes penas. Cuando
oraba con fervor por las benditas ánimas oía muchas veces al oído voces que me
decían: Gracias, gracias... Siendo mayor iba a misa a Koesfeld. Para orar mejor por las
ánimas benditas tomaba un camino solitario. Si todavía no había amanecido, las veía
de dos en dos oscilar delante de mí como brillantes perlas. El camino se me hacía claro
y yo me alegraba de que las ánimas estuvieran en torno mío, porque las conocía y las
amaba mucho, pues también por la noche venían a mí y me pedían auxilio... Dios me
ha dado la gracia, muchas veces, de ver subir al cielo con infinita alegría a muchas
almas del purgatorio.
¡Cuántas gracias he recibido de las benditas almas! ¡Cuánto se las olvida, mientras que
ellas suspiran ardientemente por ayuda!

Todo lo que hacemos por ellas les causa una inmensa alegría... Allí en el purgatorio he
visto a protestantes que han vivido piadosamente en su ignorancia. Están
abandonados, porque carecen de oraciones... También me he dado cuenta de que el
poder aparecerse para pedir auxilio y sufragios es una gracia señalada que Dios da a
algunas almas... Triste cosa es que las almas benditas sean ahora tan pocas veces
socorridas. Es tan grande su desdicha que no pueden hacer nada por sí mismas. Pero,
cuando uno ruega por ellas o sufre por ellas o da una limosna por ellas, en ese mismo
momento se ponen tan contentas como aquel a quien dan de beber agua fresca,
cuando está a punto de desfallecer de sed... Los santos del cielo no pueden hacer
nada por ellas. Todo lo tienen que esperar de nosotros... El sacerdote que rece
devotamente las horas, con intención de satisfacer portas negligencias de estas almas,
puede procurarles un indecible consuelo. Además, la bendición sacerdotal penetra
hasta el purgatorio y consuela como rocío del cielo a las almas a quienes con fe firme
bendice el sacerdote “.

“He visto a un sacerdote muy piadoso y caritativo que murió anoche a las nueve. Ha
pasado tres horas en el purgatorio por haber perdido el tiempo en hacer bromas. Este
sacerdote tenía que haber permanecido varios años en el purgatorio, pero ha sido
socorrido con muchas misas y oraciones. A este sacerdote lo he conocido mucho” (3 1-
12-1820).

“Hoy he visto un jabalí muy grande y espantoso que salía asomando de un lugar
profundo y maloliente. Yo temblaba y me estremecía. Era el alma de una dama de
París. Me dijo que yo no podía rogar por ella, puesto que no había posibilidad de
ayudarla, ya que debía permanecer en el purgatorio hasta el fin del mundo, pero que
debía rogar por su hija para que se convirtiese y no cometiera pecados como ella” (13-
7-1821).

“No puedo explicar la compasión que me causa ver a las almas del purgatorio. Pero
nada hay más consolador que contemplar su paciencia y ver cómo se alegran las unas
de la salvación de las otras. He visto niños también en ese lugar” (2-11-1822).

La Beata Isabel Canon Mora (1774-1825) escribe en su Diario: “El 17 de junio de 1814
se me presentó el Papa Pío VI (muerto en 1799) y me pidió que rogara por él, porque
todavía estaba en el purgatorio... Me dijo: Vete a tu padre espiritual y él te manifestará
lo que debes hacer para obtenerme esta gracia. Te prometo no abandonarte nunca y
ser tu protector desde el cielo... Mi padre espiritual me pidió ir cinco veces a la iglesia
de Santa María la Mayor a visitar el altar de San Pío V y rezarle por la libe ración de su
sucesor... Al día siguiente, a la hora de vísperas, me fue asegurado que entraba en el
paraíso... El 19 de junio, en la comunión, vi a este santo pontífice delante del trono de
Dios “.
“El 8 de noviembre de 1819, después de la comunión, se me apareció el alma del
cardenal Scotti y me dijo: La divina justicia me había condenado al purgatorio por
espacio de 30 años y el Señor me ¡ibera ahora... Tus penitencias, ayunos y oraciones,
han dado compensación a la justicia divina, por los méritos infinitos del divino Redentor,
a cuyos méritos uniste tu penitencia, ayunos y oraciones a favor mío. Ahora me voy al
cielo a gozar del inmenso bien por toda una interminable eternidad”.

“El 2 de noviembre de 1822 recordé que comenzaba el octavario por los fieles difuntos
y oré al Señor con fervor por ellos. Le dije: Dame la llave de esta horrible cárcel, como
otras veces te has dignado darme, porque siento un gran deseo de sacar del purgatorio
a aquellas almas santas. Os suplico esta gracia por los méritos infinitos de vuestra
pasión y muerte.., el Señor me dijo: Preséntate a aquella cárcel y dales la consoladora
noticia de que pronto estarán conmigo en el paraíso. En aquel momento, aparecieron
tres ángeles, que me acompañaron a la cárcel del purgatorio... No me es posible decir
la alegría y consolación de aquellas almas y cuánto fue su agradecimiento y alabanza a
la infinita misericordia de Dios. Al día siguiente, fu a la iglesia y estuve más de tres
horas orando por las almas del purgatorio y el Señor se dignó mostrarme el triunfo de
su misericordia y vi a aquellas almas que en filas, acompañadas de sus ángeles
custodios, entraban gloriosas y triunfantes en el cielo. Todos los días del octavario
ocurrió lo mismo y así por nueve días... Se puede decir que en nueve enormes hileras
(una cada día) se despobló el purgatorio. No puede haber vista más bella que ésta y
que demuestra la infinita misericordia de Dios y el gran triunfo de los infinitos méritos de
la preciosísima sangre de Jesucristo “.

La Venerable Sor Catalina Emmerich y su Ángel Custodio

Devotísima de las almas del Purgatorio era la Venerable Ana Catalina Emmerich,
religiosa agustina, cuyas revelaciones sobre la Pasión de Jesucristo son tan conocidas
y apreciadas. La devoción hacia las pobres almas databa en ella desde su infancia, y
habíala adquirido a consecuencia de una visión que tuvo en sus primeros años.
“Siendo yo todavía niña, refiere ella misma, fui llevada por una persona desconocida a
un lugar que me pareció el Purgatorio. Allí vi a muchas almas que padecían
horriblemente, las cuales con gran insistencia me pidieron oraciones. Parecíame como
si me hallase en un profundo abismo. Vi un lugar vastísimo, cuyo aspecto era terrible y
conmovedor, pues en él se veían personas silenciosas, afligidas, cuyos rostros
parecían indicar, no obstante, que en sus corazones moraban la paz y la alegría, y que
pensaban en la misericordia de Dios”. Pero lo más notable en la devoción de esta
Santa era el ser ayudada y guiada en la devoción a las almas del Purgatorio por su
Ángel Custodio, el cual la conducía a la amplia cárcel del Purgatorio, a fin de que
refrescase, por así decirlo, con los frutos de sus buenas obras los ardores de aquellas
llamas purificadoras. “Hallábame yo, dice ella, con mi guía, próxima a aquellas pobres
almas del Purgatorio, veía su desolación inmensa y comprendía que no podían
prestarse mutua ayuda, y ¡cuán poco piensan los vivos de nuestros días en socorrerlas!
¡Oh! Su miseria es inenarrable. Con tal tristeza ante la vista, me vi de repente separada
de mi guía detrás de una montaña, por lo cual me sentí tan acongojada y deseosa de
él, que como desvanecida caí en tierra. Lo veía a través de la montaña, pero no me era
posible ir hacia él; entonces él me dijo: “Piensa cuán grande es tu deseo; pues bien, lo
que tú sientes, las santas almas lo sienten también en su deseo de ser ayudadas”.
Conducíame con frecuencia a la boca de algunas cavernas y antros para que allí
hiciera oración. Yo me postraba ante tales peñascos, y oraba y clamaba a Dios con los
brazos extendidos para que Él se dejara rogar. El Ángel me exhortaba a que ofreciera
por las pobres almas abandonadas y olvidadas toda suerte de privaciones y sacrificios.
Con frecuencia enviaba yo mi Ángel Custodio al de ciertas personas que veía sufrir, a
fin de que las aguijase y animase a ofrecer lo que padecían en sufragio de las pobres
almas. ¡Oh, si se supiera cuán alegres, felices y agradecidas se muestran por lo que
se hace por ellas! Cuando yo sufro alguna pena por ellas, ruegan por mí. Yo estoy
pasmada de ver hasta qué punto se malogran y disipan las gracias que la Iglesia ofrece
con tanta largueza a los hombres, de las cuales ellos se cuidan tan poco, al paso que
las pobres alma suspiran con tanto ardor por tales gracias y deséanlas con tanto
anhelo”.

Vble. María de Jesús Agreda

Fue varias veces al purgatorio a visitar a las almas. En una ocasión oyó que le decían:
“María de Jesús, acuérdate de mí” y conoció a una mujer de la villa de Agreda, que se
llamaba María Lapiedra y que había muerto en Murcia.

Cuando murió la reina Isabel de Borbón, el 6 de octubre de 1644, se le apareció varias


veces para pedirle oraciones. Dice en sus escritos: “El día de las ánimas, dos de
noviembre de este año de mil seiscientos y cuarenta y cinco, estando en los maitines y
oficio que hace la iglesia por los difuntos, se me manifestó el purgatorio con grande
multitud de almas, que estaban padeciendo y me pedían las socorriese. Conocí
muchas, incluida la de la reina y otra de una persona que yo había tratado y conocido
antes. Yo me admiré de que el alma de la reina, después de tantos sufragios y misas
como se habían ofrecido por ella, estaba todavía en el purgatorio, aunque sólo había
pasado un año y veintiséis días de su muerte... Llegada la noche vi algunos ángeles en
la celda con grande hermosura y me dijeron que iban al purgatorio a sacar el alma de la
reina por quien yo había pedido... Y los ángeles la llevaron al eterno descanso, que
gozará mientras Dios fuere Dios”.

También se le apareció el príncipe heredero Don Baltasar Carlos, que murió el nueve
de octubre de 1646. Dice ella: “Para consolarme, el Altísimo me manifestó que el
príncipe se había salvado, aunque era menester ayudarle mucho, porque tenía grandes
penas en el purgatorio. A los siete u ocho días después de su muerte, estando en el
coro, se me apareció su alma y me dijo: Sor María, el ángel santo de mi guarda, que es
el que me ha consolado desde que se apartó mi alma del cuerpo, me ha declarado
cómo ayudaste a mi madre la reina en el purgatorio y me ha encaminado por voluntad
divina y traído a tu presencia para que te pida oraciones... Estos aparecimientos del
alma de su Alteza se me fueron continuando otras veces... El alma del príncipe estuvo
en el purgatorio ochenta y tres días, que hay desde el nueve de octubre de 1646 hasta
el primero de enero de 1647, pero he conocido que, por particulares socorros y por la
especialísima misericordia del todopoderoso, se le aliviaron mucho las penas “.

Del proceso apostólico sobre su beatificación tomamos el siguiente suceso


extraordinario, de un muerto que resucita para confesarse Veamos lo que dice al
respecto el testigo Padre Arriola en su declaración jurada: “Llevaron al convento de la
sierva de Dios un arca grande sin noticia del convento ni de la Madre ni de ninguna otra
religiosa. Pidieron al sacristán menor que les abriese la puerta de la iglesia para poner
en custodia aquella arca... que era de mercadería... Estando en oración, la sierva oyó
unos gemidos tristes y profundos lamentos. Atenta hacia el lugar de donde salían, le
pareció que los despedía la boca de algún sepulcro... Y le fue revelado que aquellos
lamentables suspiros eran de un alma que acabó impenitente la mortal vida y que su
cuerpo estaba en un arca que habían puesto en la iglesia... Y le dijo el mismo Dios a su
sierva que, con toda prudencia y brevedad, dispusiese llamar a un confesor para que
oyese en confesión al miserable infeliz en quien resplandeció la mayor misericordia...
Mandó llamar al Padre Francisco Coronel... En llegando él, le dijo todo el suceso
referido. Y éste se llegó adonde estaba el arca, de la cual se levantó el difunto. Y
después de haber hecho humildísima post ración y adoración al Santísimo sacramento
del altar y haber estado un breve rato en cruz, vino a los pies del confesor e hizo una
confesión dolorosa y verdadera. Dióle la absolución y muy inmediatamente el difunto
volvió al arca con imponderables demostraciones de rendimiento y agradecimiento... Y
los mismos que habían llevado el cadáver se lo llevaron”.

Venerable Consolata Betrone (1903-1946)

La venerable Consolata Betrone escribió en su Diario: El 20 de marzo de 1935 Franca


me escribió una carta en la que me anunciaba la enfermedad de mi padre y su
angustia. La Madre Priora me repetía, a veces, que debía rezar por mi papá.
En la mañana del 17 de abril, en la comunión, yo le ofrecí mi papá a Jesús para que, si
era su voluntad, lo llevara con Él antes de que terminara el año. Ese mismo día moría
mi padre. Yo estaba haciendo turno para confesarme y rezaba el rosario, ignorante de
su muerte. La Priora no quiso darme la noticia hasta la tarde. ¿Por qué Jesús no me
había dicho nada de la muerte de mi padre? Yo le pregunté:
- Jesús, ¿dónde está mi papá?
- Está en el purgatorio, Consolata.
- Líbralo, te lo suplico.
- Lo libraré el sábado por la mañana.
- ¿Hasta el sábado?

En la tarde del Jueves Santo, oí la voz angustiada de mi padre que me decía en


dialecto: ¡Sufro tanto! Y Jesús estaba inexorable: No, No, hasta el sábado no lo puedo
liberar. Entonces, me confié a san José, eligiéndolo como mi padre. Y se me apareció
con la Virgen María.

San José me dijo:


- Consolata, ¿qué tienes? ¿Estás triste?
- San José, mi padre está en el purgatorio y Jesús no quiere liberarlo hasta el sábado
por la mañana.
- No te preocupes, lo liberará mañana, Viernes Santo.
- Pero Jesús no quiere, se lo he pedido tanto…
- Oh, a Jesús le mando yo y mañana liberará a tu padre.

El Viernes Santo, cuando estábamos en la función litúrgica, se me aparece mi papá,


apenas salido del purgatorio. La vista de mi papá no se borrará jamás de mi mente. Su
rostro tenía señales de haber sufrido, pero tenía una paz profunda. Me habló en
dialecto y me dijo que iba al paraíso y que allí rogaría por mí y por toda la familia .

El 9 de noviembre de ese mismo año 1935, san José, a quien había nombrado padre,
en lugar de su papá muerto, le dice: Te ayudaré en tu misión y te asistiré en el último
momento. Soy el protector de los moribundos y el terror de los demonios. En los
últimos momentos de tu vida, yo estaré a tu lado espiritualmente, sensiblemente.
¿Estás contenta? El 26 de noviembre de 1938, Jesús le dijo: Te doy a san José por
protector hasta el último respiro, para que te ayude y te prepare una santa muerte.

Y ella decía: ¡Es tan bello vivir con mis tres: Jesús, la Virgen y san José! . Con Jesús,
María y san José, se disfruta de un cielo anticipado.

Venerable Juan Claudio Colin (1790-1872)

Uno de los mayores servidores de Dios que ilustraron la Iglesia en el pasado siglo fue
el Venerable Claudio Colin, fundador de la Sociedad de María. Este santo varón era
devotísimo de las almas del Purgatorio, y tan grande la confianza que tenía en su
intercesión para con Dios, que a ellas recurría no sólo en las cotidianas y ligeras
dificultades de la vida, sino también en aquellas más graves e importantes que
concernían a la fundación de aquella religiosa familia, cuyo padre había sido llamado a
ser por el Cielo, recibiendo siempre de aquellas almas preciosos y señalados favores.

Recomendaba a todos su devoción, inculcando, no obstante, que, al hacer alguna


buena obra en sufragio de ellas, no se atuvieran solamente a aquellos sufragios que,
aunque meritorios y gratísimos a Dios, no cuestan nada a la naturaleza, como son: el
oír y mandar celebrar la santa Misa, recibir la sagrada Comunión, ejercitarse en alguna
obra de piedad, etc., sino que se aplicasen también a practicar aquellas otras que
exigen algún sufrimiento, añadiendo que, aun en estas obras santas, es preciso imitar
al divino Maestro, el cual en el desierto no sólo oraba, sino también ayunaba. Y
acompañaba las palabras con el ejemplo. Sabemos por sus biógrafos que, cuando
quería sufragar por alguna alma, además de prolongadas oraciones y la celebración de
gran número de Misas, solía infligirse cierto número de golpes de disciplina, y observar
durante algunos días rigurosos ayunos a pan y agua. ¡Ayuno! Bajo este nombre
comprendo todos los actos de mortificación interiores y exteriores, todo lo que contraría
a la naturaleza, y, haciéndola sufrir, doma sus instintos depravados; y éste es otro
medio eficaz de ofrecer sufragios por las almas del Purgatorio, al cual también no
menos que a los otros, debemos recurrir, si queremos demostrar verdaderamente que
nuestra devoción hacia los difuntos no es superficial y de palabra, sino sentida y
sincera. Diremos brevemente en esta plática el modo de practicarla de manera eficaz y
meritoria, diciendo también algo acerca de la limosna, medio no menos poderoso para
aliviar a aquellas santas almas.

Venerable Pinzeni (1530-1580)

Que las almas del Purgatorio, permitiéndolo el Señor, pueden aparecérsenos, lo


podemos ver por el siguiente ejemplo que se refiere en la vida del Venerable Pinzeni,
amigo íntimo de San Carlos Borromeo y arcipreste de Arona.

Durante la famosa peste que segó tantas almas en la ciudad de Milán, el santo Obispo,
no contento con las inmensas fatigas sostenidas para socorrer a los infelices atacados
de la fiera enfermedad, llegó a cavar por sí mismo las sepulturas para enterrar los
cadáveres que el temor y espanto general dejaba insepultos. Terminada aquella
calamidad, mientras una tarde pasaba por junto al cementerio en compañía del
gobernador de Arona, de pronto fue sorprendido por una extraordinaria visión en la que
se veía una larga fila de muertos que, saliendo de sus tumbas se encaminaban hacia la
iglesia. No creyendo a sus propios ojos, se volvió a su compañero, el cual, estupefacto,
estaba también contemplando el mismo espectáculo, y obtenida de él la seguridad de
cuanto acaecía, y asesorado de que aquéllas eran las víctimas de la peste que de
aquella manera querían hacerles comprender la necesidad que tenían de sufragios,
dirigiéndose sin pérdida de tiempo a la parroquia hicieron sonar las campanas y,
convocados los feligreses, durante toda la noche elevaron fervientes plegarias al cielo
por aquellas almas, haciendo a la mañana siguiera celebrar en sufragio de ellas una
misa solemne. Este hecho, del cual fueron testigos dos personajes cuya elevación de
espíritu excluye todo peligro de ilusión y que, afectados al mismo tiempo por dicho
fenómeno dando fe cada cual por separado a lo que veía, se cercioró el uno otro,
paréceme que es más que suficiente para comprobar la verdad nuestra afirmación.

Venerable Sor Paula de Santa Teresa

Imperaba en el monasterio de Santa Catalina, en Nápoles, la laudable costumbre de


poner fin a la jornada con el rezo de las Vísperas de difuntos en el dormitorio, para
impetrar del Señor paz y reposo para las almas de los difuntos, antes de entregar su
cuerpo al descanso de la noche. Era sumamente grata tan piadosa costumbre no
menos al Cielo que al Purgatorio.
Pero una noche, a causa del excesivo trabajo que hubo en el monasterio, el cual se
prolongó hasta muy tarde, fueron las religiosas a descansar sin haber practicado la
acostumbrada devoción por los difuntos. Mas, hallándose las monjas en lo más
profundo de su sueño, he aquí que baja del cielo un escogido número de ángeles, los
cuales, colocados en orden donde las religiosas solían orar, cantaban con melodía
verdaderamente celestial las Vísperas, abandonadas aquel día, por los difuntos. La
única que velaba en aquella hora en oración era la Venerable Sor Paula de Santa
Teresa, la cual, sorprendida por aquel canto, salió presurosa de su celda para unirse a
los salmodiantes, creyendo fuesen sus hermanas. Mas, ¡cuan maravillada no quedó
cuando reconoció en los cantores a tantos ángeles cuantas eran las religiosas del
monasterio, haciendo sus veces a fin de que las almas del Purgatorio no quedaran
defraudadas de tanto bien! Inflamado entonces más que nunca el corazón de la
venerable sierva de Dios en la devoción para con las infelices almas, a quienes se
precian de prestar ayuda no sólo los habitantes de la tierra, sino también los del cielo, y
referido el hecho a sus compañeras, resolvieron no omitir nunca más, por ningún
motivo, el piadoso ejercicio en sufragio de las almas del Purgatorio.

No fue ésta la única vez que la Venerable Sor Paula fue favorecida con visiones
semejantes. En otra ocasión, mientras oraba con todo el fervor posible por el alivio de
las pobres almas, vio a Nuestro Señor acercarse a aquel lugar de tormentos, escoltado
de gran número de ángeles, a los cuales ordenaba sacasen ya una, ya otra de aquellas
almas de la cárcel de fuego en que yacían, para conducirlas al cielo. Los sábados Sor
Paula se dirigía especialmente a la Santísima Virgen para obtener por medio de ella la
libertad de las almas de aquellas horribles penas. Arrebatada en espíritu y trasladada
en medio del Purgatorio, viólo como transformado en lugar de delicias resplandeciendo
con una luz deslumbradora. Atónita por este prodigio, divisó a María rodeada de una
legión de ángeles, como antes había visto a su divino Hijo, y como Él, ordenaba Ella
quebrasen las cadenas de ciertas almas y las introdujeran en su compañía en la
celestial patria.

William Freyssen

William Freyssen, da su testimonio de cómo su hijo y esposa recobraron la salud


gracias a las Almas del Purgatorio. Un día le encargaron imprimir un librito sobre el
Purgatorio. Cuando realizaba las tareas de corrección del texto, su atención fue
captada por los hechos narrados en el libro. Por primera vez se enteró de las maravillas
que las Santas Almas pueden obrar por sus amigos.

Por aquel tiempo su hijo cayó gravemente enfermo, y pronto su estado se volvió
desesperante. Recordando lo que había leído acerca del poder de las Santas Almas,
Freyssen hizo la promesa solemne de imprimir mil libritos a su propia expensa, con su
firma impresa. Fue a la iglesia y, una vez dentro, hizo un voto solemne. En ese
momento una sensación de paz y confianza inundaron su alma. A su retorno a casa, su
hijo, que no podía tragar ni una gota de agua, pidió algo de comer. Al día siguiente
estaba fuera de peligro y pronto, completamente curado.

Al mismo tiempo, Freyssen ordenó imprimir los libros del Purgatorio para ser
distribuidos, sabiendo que la mejor forma de obtener ayuda para las almas sufrientes,
era interesando a mucha gente sobre el tema. Nadie que sepa del sufrimiento de estas
pobres almas, niega una oración a ellas.

El tiempo pasó, y una nueva tristeza se cernía sobre este imprentero. Esta vez su
amada esposa cayó enferma y a pesar de todos los cuidados iba cada vez peor. Perdió
el uso de razón y quedó casi completamente paralizada, de modo que los doctores no
le daban muchas esperanzas. El marido, recordando todo lo que las Almas del
Purgatorio habían hecho por su pequeño hijo, corrió otra vez a la Iglesia y prometió
solemnemente, como otrora, imprimir 200 de los libros del Purgatorio, en principio,
como urgente socorro de las Animas benditas. Imposible de relatar. La aberración
mental de su esposa cesó, y comenzó a mover su lengua y extremidades. En un corto
período estaba perfectamente sana.