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WALTER BRAUTIGAM

LA PSICOTERAPIA EN SU ASPECTO ANTROPOLÓGICO

1. INTRODUCCIÓN

El hombre en la relación “yo-tu” en cuanto objeto de investigación científica

La psicoterapia es un método curativo que apela a las capacidades específicamente humanas de “introvisión” y de la
relación interpersonal. El hombre puede ser considerado y estudiado como mero objeto de la naturaleza o como un Tú
relacionado con un Yo. La relación interpersonal de Yo a Tú se aparte de todo lo científico.

En el método científico, objetivo y analítico el hombre es concebido como un objeto natural y aparece ante el
investigador en tercera persona. El hombre es considerado en cuanto “El” y no llega al conocimiento de sí mismo en
cuanto “Yo”.

El Yo de la relación interpersonal no es el yo empírico, tampoco es un mero individuo; ni el hombre concreto y aislado. El


Yo de la relación interpersonal es un indicio de la existencia. Se trata de un Yo que además de existir está entregado a la
posibilidad de entrar en relación con el Otro. El hombre como persona, el Yo personal.

La reciente antropología se ocupa de esta dimensión yoica del hombre, de su subjetividad, que funda la relación entre el
Yo y el Tú. ¿Pueden armonizar ambas concepciones? Es difícil de resolver.

Ambas concepciones son diversas posibilidades que tiene el hombre para interrogarse sobre sí mismo, una de ellas se
mueve en el plano de la objetividad científica, la otra en el plano de la experiencia “existencial”.

La Psicoterapia se interesa, ante todo, por el mundo personal y yoico del enfermo, apela a la introspección del paciente
y además encuentra realizado uno de sus fines esenciales en la constitución de una relación personal de Yo a Tú, entre el
paciente y el médico.

Ambos métodos de estudio tienen sus dificultades. El método analítico se enfrenta con el problema de comprender la
totalidad del objeto fundándose en el conocimiento de las partes. El método psicoterapéutico choca con la dificultad de
lograr luego distancia y lograr una teoría que sea universalmente valedera y cierta.

La relación interpersonal Yo-Tú, no debe ser concebida como una mera relación aditiva. Ambos miembros constituyen
una nueva unidad, surge una “nostridad” de trato interpersonal. El hombre no agota su ser completo en esta relación
interpersonal, queda siempre un resto de impenetrabilidad. Estas personas no renuncian a su propio mundo.

También en esta “nostridad” el paciente sigue siendo paciente ya que lo importante son sus angustias, su cuerpo y sus
conflictos. La vinculación extática entre un Yo y un Tú queda limitada por el cuerpo.

2. OBJETO Y MÉTODO DE ESTUDIO


a) La práctica psicoterapéutica y el saber teórico de la psicoterapia

¿Cómo actúa la psicoterapia? La actividad psicoterapéutica tiene como base una comprensión previa del sentido de la
existencia humana y tal comprensión sólo se consigue gracias a la formación y a la experiencia antropológica. De ahí que
la psicoterapia se enfrenta con los problemas más universales del hombre.

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Los fundamentos de la acción psicoterapéutica y los procesos que son decisivos en la curación no pueden estudiarse
adecuadamente basándose sólo en el método comprensivo, pues este método se limita a un estudio de los procesos
psicodinámicos y olvida, las leyes de las relaciones interpersonales.

La psicoterapia y la Antropología Médica tienden a una mutua interpenetración.

Entendemos por psicoterapia esa forma especial de relación entre el médico y el enfermo en la que ambos, trabajando
en estrecha colaboración y sinceridad, intentan lograr la introvisión en la situación vital del paciente. De este modo
quedan excluidos otros métodos como la sugestión, entrenamiento autógeno, respiración reglada, etc.

Intenta el encuentro con el enfermo en el plano de la coexistencia humana, aquella región en la que el paciente, aislado
incluso de sí mismo, vive en forma fallida y equívoca. Paciente y médico, cada uno en su función, participan en la
trascendente tarea de iluminar el trasfondo abismático, la profundidad de la situación existencial del enfermo. Por ello,
el paciente no puede ser concebido ni como mero objeto ni como simple receptor pasivo de la acción médica.

La Psicoterapia no es un psicoanálisis. Entendemos por método psicoanalítico aquel procedimiento psicoterapéutico


que prescribe al terapeuta la máxima reserva frente al enfermo y que da un gran valor a la asociación libre del paciente,
a la elaboración de los contenidos psíquicos traídos a la consciencia y a la interpretación de los sueños. El tratamiento se
limita a comunicar al enfermo la interpretación que el propio médico hace de sus sueños y ocurrencias. Freud hablaba
de dos pilares fundamentales: el hecho de la transferencia y el hecho de la resistencia. Toda investigación que reconoce
estos hechos y los utiliza como punto de partida debe ser considerada psicoanálisis.

Para Freud la condición indispensable para ser psicoanalista es: la aceptación de la existencia de procesos psíquicos
inconscientes, la doctrina de la resistencia y la represión y la importancia de la sexualidad y el complejo de Edipo. Por lo
tanto hay dos concepciones del psicoanálisis: el concepto práctico y el teórico.

Es preciso resolver una urgente tarea que también tiene validez para la psicoterapia: construir una teoría de su
actuación terapéutica, una teoría que sea científica, adecuada y adaptada a las nuevas experiencias. En la Psicoterapia
existe una profunda discordancia entre la actuación práctica y la construcción teorética. La primera interpretación
teórica quedó marcada por Sigmund Freud.

La doctrina teórica del tratamiento psicoterapéutico quedó ligada al modelo de la “psique”, que definida como un
aparato tópico, dinámico, y cuantitativo-energético, que sirvió para la interpretación de la enfermedad y de los síntomas
y también el mecanismo de la curación.

También en el caso de C.G. Jung, la práctica psicoterapéutica está influida por la “Psicología Compleja”. Afirma que todo
tratamiento es un proceso individual dialéctico. El médico participa tan activamente como el propio paciente. Es de
suma importancia que el médico posea tanta introvisión en sus propios fenómenos psíquicos como la que espera y
desea posea el enfermo.

La limitación de la persona a la inmanencia psíquica y la aceptación de un fundamento superindividual, impersonal e


hipotético, al que Jung llama “inconsciente colectivo” son dos rasgos esenciales de sus teorías. De aquí se deriva que el
médico y el enfermo jamás se encuentran real y corporalmente, el encuentro se cumple en la esfera del alma.

En la “Psicología Individual” de Adler, la tercera gran escuela de la Psicología Profunda, el método del tratamiento se
deduce de su teoría de la neurosis. Es interpretada como un proceso psíquico determinado, en el fondo, por el instinto o
voluntad de dominio en sus múltiples formas y por su método terapéutico. Es decir, al igual que en las teorías

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precedentes, la acción práctica no se funda en los hechos revelados por los tratamientos de la psicología profunda, con
ello se renuncia a elaborar una concepción fundada en la propia experiencia curativa.

Todo esto se puede resumir diciendo que en las distintas escuelas de la Psicología Profunda el método del tratamiento
se deduce de la interpretación conceptual de las neurosis y de los distintos modelos de la psique.

Nosotros creemos que lo más justo es seguir el camino inverso. El procedimiento psicoterapéutico es una experiencia
previa a cualquier teoría de la psicología profunda y por ello se debe partir inmediatamente de él. Cuando esto no
sucede así, se intercala en la reflexión teórica un elemento extraño a la realidad objetiva y el edificio conceptual no se
basa en la experiencia ni en aquella región espiritual donde se desarrolla el tratamiento y el diálogo entre el médico y el
paciente.

Con ello no pretendemos afirmar que haya proposiciones ateoréticas aplicables a la psicoterapia. Si esto fuese posible,
tales proposiciones carecerían de valor científico. Pero debe desconocerse cualquier sistema conceptual excesivamente
simple. Por otra parte, la tarea de conseguir un concepto adecuado y una estructura teórica y objetiva del método
psicoterapéutico es para la psicoterapia no solo un problema de autoestimación científica. Es también decisiva la forma
en que el médico asume su papel.

Nos parece indicado abordar ahora la Psicoterapia de una manera general y apoyándonos en las concepciones
antropológicas. Creemos que debe ser considerada independientemente de todas aquellas teorías secundarias que no
dimanan directamente de sus experiencias inmediatas y de su práctica, es decir, independientemente la teoría de la
neurosis, del aparato anímico, etc.

b) Método de investigación. La problemática del concepto de teoría en la Psicoterapia

La psicoterapia es una conversación y, sobre todo, un diálogo mudo en el que, a estilo socrático, las pretensiones
prematuras de poseer el saber se funden en el juego del juicio crítico. Pero además, tales pretensiones acaban por
transformarse en introvisiones esenciales. La psicoterapia, al igual que la conversación socrática, es un diálogo que
culmina en la consecución de introvisiones esenciales, introvisiones que el paciente tiene que alcanzar por sí mismo.

La psicoterapia es más indiferente aún que el diálogo socrático en el logro de conocimientos objetivos, su finalidad
última es la formación o cultivo del hombre a partir de la profundidad que subyace en cada uno de nosotros. Se dirige,
ante todo, al cultivo espiritual.

En la psicoterapia, el camino adecuado es el de la revelación fenomenológica y la consiguiente adquisición de


experiencias en el marco de la totalidad de la existencia humana. Puede decirse que en la actualidad ha surgido una
contraposición entre la Antropología fenomenológica y la Psicología Profunda orientada hacia el estudio del
Inconsciente. El inconsciente es el objetivo esencial de la Psicología Profunda y su descubrimiento es uno de sus méritos
principales. El término hace referencia a que el hombre es un ser oculto para sí mismo y además que no se hace a sí
mismo libremente sino que está sometido a una dependencia que no puede explicar. No es solo aquello que olvidamos,
sino también algo que nos acontece o nos pasa que no podemos comprender.

Desde el punto de vista metódico, nuestro esfuerzo se orienta, hacia los fenómenos percibidos y hacia el sentido que
impregna la totalidad de la vida humana. La reflexión teórica sobre la Psicoterapia debe reunir en una concepción
general ordenadora la viviente vinculación entre dos personas, su camino común y las introvisiones que van surgiendo a
medida que se recorre este camino. Ahora bien, ¿no supone tal teorización e intento de descripción verbal una
objetivación en la que se perderá lo más esencial de la relación Yo-Tú?

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La respuesta depende de la importancia y valor que damos al lenguaje. El lenguaje no es una mera semiótica, es más
bien el acto en el que las esencias reciben nombre. En tal acto, las esencias no son reducidas ni fijadas a meros signos,
sino que estas se expresan en él y aparecen en toda su virtud corpórea.

Ahora bien, de ningún modo el psicoterapeuta deberá utilizar el lenguaje de las teorías analíticas si es que quiere
permanecer vinculado al paciente con una relación de auténtica ayuda psicoterapéutica. Es más, el uso del lenguaje
técnico-analítico por parte del enfermo debe ser interpretado como un síntoma de resistencia. Por lo tanto, el lenguaje
adecuado para la técnica psicoterapéutica es el de la relación de coexistencia humana entre el Yo y el Tú.

En resumen, creemos que se traiciona a la Psicoterapia cuando sus teorías son tratadas con el lenguaje y con los
modelos aptos solo para captar las funciones vitales, cuando estas son concebidas, por ejemplo, como meros procesos
neurofisiológicos, e incluso a pesar de que con esta forma se consiga, aparentemente, una aproximación más exacta y
científica a los fenómenos descritos.

Con frecuencia, cada teoría es concebida como un orden conceptual y contrapuesto a la realidad y separado
irremediablemente de la práctica y del empirismo, es decir, desligado de la inmediatez de los fenómenos y de la
verdadera intuición. El acto de intuición no es una recolección, discursiva y empírica de datos, es más bien una
experiencia y una penetración en la naturaleza de los objetos desde dentro, por lo tanto, un acto de contemplación en el
que se logra una introvisión en la esencia misma de los objetos.

En este ideal de lo que debe ser la teoría, ideal que aspira a la intuición y que huye de la reducción puramente
conceptual, hay implícita una cierta tendencia a la pasividad y a la receptividad.

La Psicoterapia no puede ser considerada como simple técnica de tratamiento ni como mera aplicación a una situación
concreta de un determinado saber apriorístico y cerrado en sí mismo. En la región espiritual, en la que se desenvuelve la
Psicoterapia, la técnica solo tiene sentido cuando es concebida como arte de preparar al paciente para que este llegue a
una auténtica realización y actualización de los rasgos más esenciales de la psicoterapia.

En la psicoterapia, más que en cualquier otra disciplina, se precisa de una participación personal en la dinámica de su
proceso si se quiere llegar a una construcción teorética valedera.

Mientras el médico se considere a sí mismo como un simple objeto, tampoco será capaz de captar lo profundo de los
otros hombres, ya que estos también serán contemplados como una cosa más entre otras cosas. Solo cuando uno es
aparece la totalidad y se hace captable.

La elección del método está determinada por el objeto mismo a que se aplica la psicoterapia, es decir, por sus
exigencias, sus dificultades y sus artimañas. La íntima vinculación entre el método y el objeto no nos cierra el acceso, por
el contrario, tal vinculación es perfectamente adecuada al objeto. La intensidad y la forma de participación intervienen
decisivamente en la constitución de la experiencia y tal experiencia se hace simultáneamente teorética e intuitiva.

IV. Esencia de la “introvision” en psicoterapia.

a) el “inconsciente” y las “introvisiones” concienciadoras.

La Psicoterapia está vinculada a dos factores fundamentales; la “introvisión” en la “Profundidad” del alma y el desarrollo
de una autentica relación terapéutica entre el médico y el paciente. Ambos elementos están íntimamente ligados entre
si y sólo por motivos didácticos trataremos por separado de su importancia para el curso de la vida del enfermo.

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Breuer y Freud concibieron la Psicoterapia como un proceso de concienciación. Según Freud, la curación se consigue
cuando se hacen conscientes “el recuerdo patógeno” y el afecto acompañante.

La tarea central de la Psicoterapia es hoy en día la misma que en su época fundacional; traer a luz de la conciencia las
vivencias del pasado. Es decir, la Psicoterapia tiene como rasgo esencial la tendencia al conocimiento y a la
concienciación. Pero, a pesar de lo que algunos afirman, no se trata, de ningún modo, de un conocimiento racional.

Para comprender el poder curativo de la concienciación es preciso integrar este proceso en la biografía existencial del
hombre, y ello quiere decir que la psicoterapia se ha de enfrentar necesariamente con el problema de la totalidad de la
persona humana.

Es preciso tener presente cuán importante fue el concepto de “concienciación” para el desarrollo de la teoría
psicoanalítica de los fenómenos anímicos. En efecto, debido a sus principios básicos, la teoría psicoanalítica se vio
pronto abocada a admitir, junto al proceso de concienciación, la existencia de un estrato inconsciente; incluso la
Psicología profunda pareció identificarse con la Psicología del Inconsciente. Freud, y con él todos los defensores del
“Inconsciente”, admitieron que este estrato personal era un dato empíricamente demostrable y, como tal, accesible a la
esfera de la experiencia; eran hombres de ciencia y, como tales, se apoyaron para ello en la Antropología científico-
natural de su época. Por ello, no fueron capaces de limitar la validez del método científico-natural para el hombre. En
lugar de ello concibieron sus propias experiencias como un complemento importante de aquella imagen e intentaron
describirlas en la forma más exacta posible con el método conocido en aquel entonces. Dicho de otro modo, aunque las
relaciones de coexistencia interpersonal no pueden ser explicadas por el método objetivo materialista, sin embargo
siguieron aferrados a este método y no hicieron ninguna crítica de él.

En el Psicoanálisis, lo inconsciente es el representante más característico de la “profundidad” o “abismo” del alma. El


inconsciente no se identifica con el “Ello” del aparato psíquico; en efecto, el “Super Yo” tiene también aspectos
inconscientes.

Freud encontró que el inconsciente de sus enfermos estaba constituido casi exclusivamente por impulsos sexuales
infantiles reprimidos. Y, en efecto, hay que reconocer que la represión y el desplazamiento de la sexualidad son
actitudes naturales y esenciales del hombre; por ello aparecen, casi sin variación apreciable.

Puede afirmarse que existe una especie de rango axiológico natural dentro de la compleja estructura humana y que hay
desplazamientos o represiones naturales y, simultáneamente, una anulación de ambos fenómenos en ciertos momentos
de la vida. De aquí surgen muchas ambivalencias que caracterizan la vida del hombre. Todo ello quiere decir que ciertos
aspectos personales pertenecen por naturaleza al estrato “abismático” de la persona, a su “profundidad”, y que el
hombre se encuentra en una continua polémica íntima con ellos.

Para Freud, el Inconsciente era una región independiente y completamente cerrada con respecto al sistema científico-
natural de los procesos energéticos. La “Profundidad” del Inconsciente es el Aqueron que Freud quiso poner en
movimiento contra la imagen cosmológica y antropológica de su época.

Para entender el concepto antropológico del “Inconsciente” es decisivo notar que el “Ello”, que constituye la mayor
parte del estrato inconsciente, se continúa sin límites claros con la esfera corporal.

b) crecimiento médico previo y consecución de la “introvision” en la Psicoterapia.

Toda la dinámica de la Psicoterapia comienza con la situación primordial del tratamiento médico; el paciente viene al
médico con motivo de una alteración corporal o psíquica. Busca ayuda y quiere liberarse de este sufrimiento que le

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parece extraño a su persona. Su sufrimiento es explicado reduciéndolo a la enfermedad patógena. El médico es
concebido como una persona entendida en tales problemas.

No olvidemos que el paciente no viene al médico para alcanzar una “introvision”, su más urgente anhelo es encontrar
una rápida liberación, objetiva y adecuada, de su sufrimiento.

Si el terapeuta no sabe despertar en el enfermo la esperanza en una modificación positiva de la enfermedad, y si no


corresponde, en algún modo, a las exigencias de este primer escalón de la terapéutica médica y de la interpretación del
paciente, entonces quedaran cortados desde el principio los accesos a las restantes etapas que hay que recorrer en el
largo camino psicoterapéutico.

En esta primera etapa de la relación “paciente-médico” se plantean ciertos objetivos del tratamiento que son
relativamente fáciles de definir en la esfera de lo corporal, pero mucho más difíciles de formular en lo que respecta el
alma.

El objetivo fundamental en estos primeros momentos es liberar al enfermo de sus síntomas, dicho de otro modo, “el
restablecimiento de su capacidad de rendimiento y de su capacidad de goce”.

El afrontamiento de la propia situación íntima en la atmosfera tensa de la relación personal de “Yo” a “Tú” y, sobre todo,
el mirar cara a cara y aceptar la responsabilidad y el destino personal son actos que implican una gran exigencia y
pretensión para el individuo. Es por esto que el conflicto es discutido en un lenguaje imaginativo o parabólico y, con
ello, elevado al plano de lo supra personal; es decir, al plano de los conflictos humanos universales.; pero de ningún
modo es enfrentado directamente el enfermo con su problema concreto. Partiendo de la “Introvisión” en los aspectos
suprapersonales y universales de su conflicto, el paciente puede alcanzar una decisión íntima, personal y concreta.

El primer escalón de la actividad médica no puede quedar reducido en su objetivo a la tarea de eliminar un mal o
restablecer una capacidad perdida. La acción médica no puede eliminar el aspecto personal de la enfermedad
haciéndolo desaparecer tras la unidad nosológica objetivadora y supraindividual. La “existencia” del hombre está
siempre encerrada en este cuerpo determinado. El existente humano, en un sentido profundo y comprensivo, puede
revelar en la enfermedad los conflictos latentes y las contradicciones igualmente latentes de su vida; por ello, en toda
actividad médica hay una posibilidad de profundización que no puede ser descartada.

c) “introvision” en la contextura biográfica del enfermo.

Esta etapa tiene por objeto el descubrimiento de las conexiones biográficas. Los hechos de la vida del paciente, sobre
todo los de su época infantil, las vivencias olvidadas a las que el enfermo no presto suficiente atención, son traídos a la
conciencia. Este segundo escalón encuentra expresión adecuada en el concepto de la Medicina Biográfica. Su objetivo
esencial es que el paciente adquiera de sí mismo una imagen más amplia, es decir, que se reconozca a sí mismo en su
desarrollo biográfico y en conexiones vitales nuevas para él. Es frecuente que al alcanzar esta etapa desaparezca o se
alivie la alteración que llevo al paciente a la consulta. La “introvisión” en la textura biográfica de la persona incluye
también las manifestaciones somáticas y las enfermedades sufridas por el paciente; la “introvisión” anula así su
aparente aislamiento del resto de la persona concreta; en efecto, tal aislamiento se produjo artificiosamente por el
influjo de la interpretación objetiva y nosológica.

Las “introvisiones” en la estructura biográfica producen en el enfermo un considerable alivio, y por ello, esta etapa del
tratamiento no debe ser infravalorada. El enfermo “ve”.

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El verdadero objetivo de la Psicoterapia no consiste en dar un nuevo cauce a los afectos, a las emociones o a los
impulsos del enfermo. Hay un orden y una patología propios de la orientación en el mundo y de la orientación con
respecto a sí mismo; este orden y esta patología no coinciden primariamente con fenómenos de carácter emocional.

Sólo cuando el hombre se ve afectado y conmocionado en su “existencia”, en sus valoraciones y en sus objetivos es
cuando surgen afectos provocados por impresiones externas y emociones que arrastran consigo a la persona.

Las emociones son “momentos” sustentantes de una vinculación, de un estar soportado por algo y un ser conmovido
por algo; reflejan siempre la participación existencial. El acto de “concienciación” afectiva es testimonio de que un rasgo
esencial de mi pasado se está haciendo presente. El recuerdo no es sólo el eslabón lejano de una cadena histórica ni un
acontecimiento histórico anodino. La conmoción emocional provocada por el recuerdo muestra que este fragmento de
mí mismo se me ha hecho presente.

Ahora bien, la “introvision” en la biografía del enfermo no debe quedar reducida a una simple acumulación curativa de
datos y acontecimientos; de influjos biográficos y de hechos caracterológicos.

d) tránsito de la “introvision” psicológico-discursiva a la existencial.

La introvision psicoterapéutica es un conocimiento de sí mismo. Pero tal conocimiento de sí mismo no tiene como
objetivo final el descubrimiento y la realización de un yo preformado, aislado y desligado del mundo. Se trata más bien
de un “conocimiento existencial”, es decir, de la aceptación y toma de posesión de la propia “existencia” en este mundo
y con los otros hombres.

Tal “introvision” se la denomina “introvision catártica” que se acompaña de una transformación.

Lo nuevo en esta etapa de la conmoción existencial no es el contenido de la “Introvision”, sino más bien su especial
modalidad. La introvision existencial se caracteriza por su cualidad de esencialidad y no contingencia, por su
enraizamiento en la “apertura del existente humano” y lo más importante de todo, por su fuerza transformadora.

Gracias a la introvision esencial en la propia existencia todo lo que acontece está preñado de significación y se
transforma en algo que pertenece esencialmente a mi propia persona. Mi propio destino es vivenciado como algo que
me pertenece por encima de todos los relativismos psicológicos y es afirmado y aceptado como mío. En la asimilación de
la propia “Existencia” se me hacen presentes mi futuro y mi pasado propios.

Kierkegaard afirma: “todo conocimiento esencial se refiere a la existencia, dicho de otro modo, sólo el conocimiento que
se relaciona con la existencia es un conocimiento esencial”. A diferencia de él, nosotros creemos que la existencia nunca
deber ser interpretada como algo individualista y totalmente desligado del resto del mundo. Al contrario, la realización
de la propia existencia se cumple en la atmosfera espiritual creada por la comunicación interhumana.

“en la somatoterapia, el conocimiento y la acción (es decir, el diagnóstico y la correspondiente terapéutica derivada de
él) son posesión exclusiva del terapeuta; el médico tiene el conocimiento y le aplica. En la psicoterapia; el conocimiento
es un acaecer revelador, elaborado por ambas partes, y que, simultáneamente es tratamiento “.

e) “introvision” y visión.

El fenómeno “introvision” nos ofrece nuevos aspectos que debemos ahora considerar; sabemos que esto ocurre con
cualquier palabra o frase que encierra en sí una gran plenitud de sentido, pero que lo ha perdido en el lenguaje
cotidiano. El sueño es una forma muy notable de pensar o hablar que está aún próxima a este sentido primordial de la

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palabra y del lenguaje. El llamado “simbolismo del sueño” saca sus imágenes de aquella comprensión óntica primordial
de la que también se ha desarrollado el lenguaje.

En toda introvision resaltan dos aspectos fundamentales, a saber: en primer lugar se trata de un conocimiento visual
inmediato de nuevas relaciones y conexiones vitales que anulan la interpretación cotidiana del propio ser; en segundo
lugar, la experiencia es acompañada de la exigencia de un tener que ceder y someterse a una necesidad objetiva y
profunda.

El concepto de introvision tiene, por tanto, un doble carácter. En primer lugar, significa doblegarse y someterse a un
conocimiento más profundo, a una necesidad más profunda. La actitud propia de la introvision no es la de un impulso
activo y descubridor, sino más bien de la humildad que acepta la verdad que se ofrece ante uno. También en la relación
de coexistencia interhumana la introvision es un “ceder” y una “renuncia” a la resistencia.

En segundo lugar, introvision significa un conocimiento inmediato alcanzado en un acto visual; una visión más profunda;
un descubrimiento de aquellas conexiones más esenciales que se ocultan, bajo la superficie, en el seno de la
“profundidad”.

f) “introvision” en el pasado.

La tarea de la Psicoterapia es hacer volver a la conciencia las vivencias personales olvidadas tendenciosamente; esto es,
integrar tales vivencias en el presente. El pasado debe reintegrarse al presente y ser incorporado a la persona actuando
como tal presente.

La “dimensión” del pasado es decisiva para alcanzar una justa comprensión del Psicoanálisis. Lo que Freud llamó
“concienciación” de las reminiscencias fue, en realidad, una contribución que abrió nuevos caminos para alcanzar un
conocimiento profundo de la biografía intima de la persona.

La dimensión histórica aparece en las concepciones patogenéticas. El recuerdo patógeno, el trauma psíquico, el
“complejo”, es concebido por el propio enfermo como algo inesencial; por ello, lo revela con resistencia e incluso
algunas veces lo elimina por completo de la conciencia, es decir, lo reprime.

El hecho de que las vivencias y los recuerdos lejanos puedan actuar patógenamente en el presente indica que el hombre
está ligado de algún modo con su pasado. El pasado penetra en el presente; vive en el presente. El hombre está
soportado en su desarrollo vital por lo que ya ha vivido.

La “Existencia” humana en devenir necesita de la libertad de aceptar y retomar en el presente la imagen siempre
cambiante del propio pasado. La disposición del pasado, la capacidad y la voluntad de arrojar sobre él una mirada
retrospectiva, y también la libertad de rechazar este pasado, son signos de la madurez del hombre frente a su
temporalidad.

Para la “Existencia” presente es decisivo el modo de comportarse el hombre con respecto a su pasado; una actitud
abierta o cerrada frente al pasado ha de influir decisivamente sobre ella.

Un punto central del procedimiento psicoterapéutico: la “introvision” es la experiencia personal de hechos elementales
que no se pueden descomponer en otros más simples; es la experiencia de limitaciones y de acontecimientos
irrevocables; es, por tanto vivenciación de mi dependencia con respecto a un “fondo abismático” o “profundidad” que
está fuera de mis propias disponibilidades, fuera de mi propio albedrío; es decir, que dependo de un fondo que “no
puede ser objetivado”. La introvision en el pasado de la niñez no es introvision en mecanismos impulsivos infantiles,

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sino, por encima de ello, reconocimiento de esta dependencia. En la cura psicoterapéutica, el paciente se ve a sí mismo
en su situación infantil, situación que no es pura seguridad; se ve a sí mismo como criatura necesitada de protección y
dependiente de los padres.

g) la “introvision” y la “profundidad” de la Psicología profunda.

En la teoría psicoanalítica, la “profundidad” es el estrato inconsciente del hombre concebido espacialmente; es, por
tanto, la región del “Ello”; la esfera de los impulsos.

En la interpretación de Freud, lo decisivo no es la simple contraposición de los impulsos y de los conflictos que resultan
de tal contraposición; lo importante es el modo de equilibrarse y reconciliarse entre sí tales impulsos y conflictos.

La “profundidad” es un elemento activo en el tratamiento psicoterapéutico así como su valor antropológico.

La Psicología Profunda es una psicología que trasciende todos aquellos datos inmediatos, presentes en la conciencia
actual del hombre, y de los que la persona puede disponer; por ello, su objetivo fundamental es complementar con
nuevos datos y por experiencias el foco consciente de la persona. La “profundidad” no es para la Psicología profunda
una modificación cualitativa o cuantitativo, sino más bien una contraposición, una complementación.

Profundidad:

1. Es aquella región que está en una relación complementaria con respecto a lo superior, a la altura, a lo cefálico.
Por eso, varios autores ven en la profundidad algo irracional, algo sentimental, un fondo vital, un carácter
fundamental, el abismo del fondo endotímico. La persona profunda se contrapone al estrato racional del
hombre y está constituida por el fondo afectivo e impulsivo. Para Freud la “profundidad” es dominadora. Tiene
algo primitivo, apremiante y penoso.
2. Otra significación está ligada al concepto de lo nuclear como contrapuesto a la corteza; de lo interno con
respecto a lo puramente externo. Todas las experiencias y vivencias esenciales del hombre pueden tener el
carácter de “profundidad”; pero de ningún modo queremos decir con esto que concibamos a la profundidad
como el matiz o la gradación de cualquier vivencia. La Psicoterapia se dirige siempre a lo que es esencial para el
hombre y para el desarrollo.
3. La profundidad hace también referencia a lo auténtico y esencial de la persona humana. Esta profundidad de lo
auténtico y esencial del hombre, hacia la que se dirige la Psicoterapia, no es, ciertamente, la “profundidad” de
un sujeto aislado sin relación el mundo. La “mismidad” es siempre convivencia con otros sujetos y contacto con
el mundo. Puede afirmarse que la vida auténtica alcanza su plenitud en la comunidad con los otros hombres y
en la creación de una relación entre Yo y el Tú. La Psicoterapia no se dirige hacia una compenetración e
identificación amorosas, sino hacia la aceptación afirmativa y la iluminación del “Otro” en cuanto persona
enferma; acompañado del máximo respeto y distancia frente al paciente. De la relación “Yo-Tú” surge una
llamada para que alcancemos el ser auténtico, para alcanzar lo esencial a nuestra persona; es decir, una
exigencia de ser y permanecer fiel a sí mismo
4. En la Psicoterapia, la “profundidad”, significa también la latencia de algo que no está presente al hombre.
Entonces la psicoterapia se interesa por la inclusión de tal latencia en la propia persona. Esta profundidad es la
de todo aquello que está ya muy alejado de nosotros, de aquello que hemos dejado muy atrás, es por tanto,
nuestra niñez olvidada y también aquellas circunstancias y condiciones que nos han sido impuestas por nuestro
nacimiento y desarrollo.
5. La “Profundidad” como dependencia del cuerpo y limitación por el cuerpo

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En cuanto hombres estamos siempre ligados a nuestros cuerpos; éste limita infinitamente nuestro ser, pero es también
el cuerpo el que incita continuamente a la vida. La limitación por el cuerpo se pone de manifiesto muy especialmente
con la enfermedad, una conmoción y limitación personal que surge en él.

Merleau-Ponty expresa como las limitaciones del cuerpo son limitaciones también de nuestro proyecto personal en la
“Existencia”, “cada uno de estos factores presupone al otro: el cuerpo puede ser considerado como una “Existencia”
solidificada o universalizada y la “Existencia” como una encarnación continuada.

Pero también puede existir una incongruencia y extrañamiento mutuo de ambos aspectos del hombre; tal sucede
cuando nos distanciamos espiritualmente del cuerpo para arrojar una mirada retrospectiva sobre él. O puede suceder
también cuando nos sentimos derrotados por el cuerpo por una enfermedad o dolor. Es evidente que en el dolor y en la
enfermedad experimentamos una limitación y la dependencia de nuestro proyecto personal de vida existencial por una
fuerza extraña a nosotros mismos.

El fondo último de la naturaleza es impenetrable, el hombre es incapaz de imponer su voluntad a las necesidades
fundamentales del organismo o escapas a sus leyes de desarrollo y a su ritmo natural. Nos vemos frente a la
imposibilidad de imprimir un sello personas a estas leyes naturales. La “Introvisión” significa que nos demos cuenta y
que aceptemos la dependencia en que nos encontramos en cuanto “Existencia” encarnada. De este cuerpo que nunca
“poseo” pero que estoy obligado a ser esta enraizado en la naturaleza y modificado por la cultura, jamás está encerrado
en su mismo y jamás esta sobrepasado.

El único medio que tengo para conocer el cuerpo humano es vivirlo: aceptar con propia responsabilidad el drama que
penetra este cuerpo y mezclarse con él. Sin embargo, hay posibilidades extremas que permiten al hombre no aceptar
este cuerpo que sirve de sustento a la realización de la “Existencia”, hay ciertas actitudes con las que el hombre intenta
anular esta unidad y esta dependencia de su cuerpo.

6. La “Profundidad” como impulso sexual e indigencia infantil

Merleau-Ponty ha mostrado que la sexualidad no es más que una manifestación parcial del ser corporal y encarnado del
existente humano. La situación humana es, ante todo, una situación corporal y encarnada.

El hombre no es espíritu puro, sino siempre un espíritu encarnado: “cuerpo en una situación”. El impulso sexual y los
impulsos en general son indicio claro de que la “Existencia” del hombre se manifiesta siempre en un cuerpo; también
son indicio de que en la persona hay necesidades y fuerzas corporales, es decir, hechos humanos intencionales fundados
en el cuerpo.

Según Freud, el análisis del estrato profundo de la persona solamente será completo y exitoso cuando ponga de
manifiesto las múltiples ramificaciones de la sexualidad infantil. ¿Qué esferas o estrato de la existencia humana está
representado en el fenómeno sexual o en las otras necesidades correspondientes?

Uno de los méritos máximos de Freud consiste, precisamente, en haber destruido la falsa idea de que la sexualidad es
una fuerza que está bajo el dominio de la consciencia y en plena armonía y concordia con la orientación racial y
espiritual de la persona. Las necesidades más elementales no surgen como impulsos aislados y dirigidos al propio
cuerpo. Son un anhelo íntimo de establecer contacto y proximidad con el “Otro”; anhelo de su simpatía; son también
una esencia de sentirse atraído por el semejante y un estar sustentado por él. La “Introvisión” en la “profundidad” es
“Introvisión” en la propia dependencia, dependencia en la satisfacción de los anhelos elementales por los otros
hombres.

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El psicoanálisis se propone precisamente alcanzar la “Introvisión” en tal estrato personal. La vinculación de la sexualidad
y la edad infantil se debe a que la intimidad sexual se caracteriza por la franqueza, la inmediatez, la juguetona falta de
finalidad, la alegría vital sensual y el sentimiento de indigencia, es decir, por rasgos que también son típicos de la vida
infantil. La sexualidad ha sido sometida a influencias culturales y ello indica que no siempre transcurre en armonía con
respecto al resto de la persona; en efecto, la sexualidad es una fuerza creadora y fructífera en todas las esferas
humanas, pero también constituye de por si una región de conflictos humanos primordiales.

El carácter impulsivo de la sexualidad es testimonio de algo que nos impele; de algo que no es totalmente idéntico con el
yo; de algo que acontece involuntariamente en el hombre; pues bien, la persona tiene que aceptar y dar forma a esta
fuerza que la desborda.

3. La ”Profundidad” en cuanto limitación y fijación en la factico

La “Introvisión” no es una intuición intelectual; muy al contrario, la intuición intelectual es más bien un obstáculo y una
resistencia contra la vivencia de la propia “Existencia”. La “Introvisión” tiene, sobre todo, el carácter de una aceptación
humilde, de un inclinarse o ceder; y, sobre todo, de un reconocer; “Introvisión” de los propios límites, “Introvisión” en
los ocultos abismos de nuestra personalidad. El hombre se hace presente a sí mismo, su fijeza esencial cuando se
enfrenta con el pasado, con sus recuerdos. El enfrentamiento con el pasado despierta en nosotros la “Introvisión” en la
fijación esencial producida por las decisiones ya tomadas, el reconocer los propios límites.

La “Profundidad” y la dependencia que hay que vivenciar en este sentido es la de un destino que nos pone límites desde
el propio comienzo de nuestra vida. Si no se acepta tal destino solo queda la huida hacia un futuro imaginario o la
elaboración de una imagen inauténtica y exagerada del propio presente y del pasado.

En la psicoterapia el medico no está más avanzado que el paciente en lo que respecta la “Introvisión”. Y también el
paciente tiene que aceptar que está en el mismo plano que el médico, es decir, que no sabe de sí mismo más que el
médico. Para alcanzar una “Introvisión” esencial el enfermo debe aportar una absoluta franqueza frente a la nueva
imagen de sí mismo que surge bajo el efecto del tratamiento.

Según Freud, tanto el sano como el enfermo están sometidos a impulsos y mecanismos ciegos; a la servidumbre de la
compulsión repetitiva. El hombre está sometido a fuerzas que le han producido, fuerzas que constituyen su fundamento
y que le determinan hasta en sus propias decisiones espirituales. Esta dependencia del hombre con respecto aquellas
fuerzas que están más allá de su propio “Yo” puede estimular al hombre a la actitud humilde de la “Introvisión”; es decir,
adoptar una actitud humilde frente aquellas esferas a las cuales esta entregado.

La “Profundidad” que debe ser intuida e integrada es la de la Naturaleza misteriosa e impenetrable del hombre, la
naturaleza insondablemente oculta y que a su vez se esconde ante la propia mirada del hombre.

¿Qué postura debe adoptar la Introvisión frente esta “profundidad”? una posibilidad es reconocer su importancia y su
fuerza, el hombre puede aceptar esta dependencia que le limita y amenaza. La “Introvisión” en la “Profundidad”
equivale a intuir los limites, la impenetrabilidad y la opacidad propias: la aceptación de “no ser señor en su propia casa”
(Freud), es decir, la aceptación de realidades y realizaciones que yacen fuera del propio centro personal.

La “Introvisión” concreta psicoterapéutica implica un “atrevimiento que supone el conocimiento de sí mismo” tal
imagen del sí mismo hay que descubrirla en un mundo lleno de duda, incierto e inseguro, pleno de posibilidades fallidas,
repleto de tareas opresoras, deberes exigencias y contradicciones. El ser, mi ser, no me aparece como algo simplemente

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dado y presente, sino que se me ofrece como una tarea que hay que realizar. La “Existencia” patica, es decir, la relación
fundamental con lo viviente en cuanto algo oculto, es equivalente a la que en el psicoanálisis de Freud es designado
como relación con la “Profundidad” y con el inconsciente.

El enfermo está en una mayor dependencia e impotencia; se siente afectado por las dudas más profundas ante las
limitaciones y ante las tendencias apasionadas y contradictorias de su propia persona. Y sobre todo, el enfermo no está
en situación e poder afirmarlas y aceptarlas de manera inmediata en su carácter contradictorio y en su existencia fáctica
sin protección, defensa o resistencia frente a la persona que las representa.

Las transformaciones que se producen en el curso de la psicoterapia arraigan en la penetración de las esferas vitales
elementales, inferiores y terrenales. Esta correspondencia entre “Profundidad” y psicoterapia confirma nuevamente el
carácter médico de la psicoterapia. La desnudez del paciente en la exploración médica, presta un carácter especial a la
psicoterapia en particular. Los impulsos profundos son contenidos que se ponen de manifiesto en el procedimiento
psicoterapéutico y a partir de los cuales se cumple con la transformación de la persona. Por lo menos estas esferas
terrenas y naturales, frente a las que el hombre es una criatura dependiente ocupan el punto de interés central en la
sicoterapia.

La acción dimanada de los factores que se ocultan en la “profundidad” no es necesariamente a personal e inespiritual,
son actos espirituales en un sentido amplio de la palabra: pues lo espiritual surge de la relación “Yo” “Tu” de la situación
terapéutica. Cuando en esta relación se iluminan las esferas más elementales, terrenales e impulsivas del hombre,
también se conmociona, en último término, la “Existencia” espiritual.

El espíritu no está excluido de los procesos impulsivos más elementales; como tampoco lo está de la constitución y
selectividad de los actos perceptivos sensoriales.

h) Importancia de la resistencia en la psicoterapia

La resistencia es aquella que se opone a la “introvision2 catártica y transformadora de la persona. La “Introvision2


esencial en la “Profundidad” personal se consigue siempre en lucha con las resistencias. ¿Qué vivencias se ocultan tras
estas resistencias? ¿Qué significación debe darse a la resistencia en el procedimiento psicoterapéutico?

La resistencia es concebida como una fuerza. Para Freud la resistencia equivale exactamente a la energía que fue
utilizada para llevar a cabo la represión. Él considera que el reconocimiento de la resistencia pertenece a los
presupuestos irrevocables del psicoanálisis. La resistencia es por tanto, un factor necesario para el desarrollo
psicoterapéutico. En la resistencia, el paciente se enfrenta al médico con sus actitudes caracterológicas que son, a su
vez, las consecuencias de sus experiencias pasadas.

La regla fundamental del tratamiento es intentar comprender y aceptar la resistencia de este hombre concreto. La
creación y la intensificación del vínculo terapéutico debe incluir la afirmación del “otro” en cuanto persona distinta.

La resistencia es ante todo la manifestación del mundo propio y particular del paciente, es una tendencia a conservar y
defender el equilibrio y la orientación conseguidas frente a lo nuevo desconocido. Por ello, la “Introvisión” vencedora de
la resistencia solamente se puede conseguir por la confianza en el terapeuta. La “Introvisión” a la que se resisten los
enfermos es precisamente aquella que tiende a producir una modificación radical de la situación existencial. El fin último
del tratamiento es lograr una verdadera maduración intima de la persona a partir de la confianza de este en el terapeuta
y su promesa de un nuevo estado más soportable.

i) Los sueños y la conversación en la Psicoterapia

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La psicoterapia es un tratamiento verbal a partir del cual se le pide al paciente que hable. Por ello el médico debe exigir
el esfuerzo y el consentimiento del enfermo. Su objetivo no es simplemente liberarse de recuerdos verbalizándolos; su
finalidad autentica es injertar al sujeto en aquel orden y complejo de obligaciones y deberes de los cuales enraíza. La
psicoterapia busca aquellas vinculaciones en las que transcurre la vida de la persona concreta.

El lenguaje tiene gran trascendencia y significación en la psicoterapia. En el lenguaje el hombre se enfrenta con uno
mismo, en el habla se siente sometido a ña exigencia de un grado superior de objetividad; el lenguaje es “apertura o
revelación del mundo”. La vinculación entre el médico y el paciente en el lenguaje se lleva a cabo en un médium objetivo
que trasciende las meras opiniones personales y actuales. La pronunciación de un nombre, de un objeto o una acción
origina su presencia inmediata. El espacio creado por el lenguaje encierra en su a os miembros de la situación
psicoterapéutica y funda de esta manera una conexión universal humana. El lenguaje es mediador de la presencia; es un
acto que crea un espacio en el que las esencias se conjuran y se manifiestan.

El análisis existencial e enfrenta con el problema del sueño de una manera radicalmente distinta. La hermenéutica de los
contenidos oníricos se lleva a cabo teniendo en cuenta la biografía existencial de cada persona concreta. Partiendo del
lenguaje onírico, y apoyándose en la ampliación del horizonte que experimenta la persona que ensueña, el análisis
existencial injerta al hombre en el contexto de “estar-en-el-mundo” y con ello la biografía de la persona concreta.

Desde un punto de vista empírico, el sueño surge ante el hombre casi siempre como un mundo extraño y sin
vinculación. El trabajo de la Psicoterapia consiste precisamente en procurar que el enfermo asimile este mundo y que se
aproxime a esta forma de su manifestación. En el acto de soñar y en la asimilación y en la aceptación de un sujeto se
pone claramente de manifiesto que el hombre, cuando actúa y cuando percibe, está siempre inmerso en un contexto ya
interpretado.

El sueño, es por tanto, un hablar durmiendo en el que se manifiesta inmediatamente la esfera de la “Profundidad”
personal en un grado de responsabilidad diferente al experimentado en la vida consciente.

Durante el dormir se constituye una imagen de la biografía íntima que a menudo es más completa que la que tenemos
de nosotros mismos en la conciencia vigil. Por él creemos que no se puede sostener esta separación alternativa entre la
función vital y a historia o biografía intima. En el sueño se refleja muy a menudo la transformación del hombre, y esto es
testimonio de que el sueño es, en último término una íntima compenetración de aconteceres naturales e histórico-
biográficos.

La “Introvisión” no puede aislarse empíricamente de la relación terapéutica. La “Introvisión”, según los presupuestos
antropológicos ya discutidos, surge cuando se crea la relación terapéutica.

(Otro capítulo)

h) Resumen retrospectivo sobre la totalidad de la relación terapéutica. La culpa en la psicoterapia.

El papel del médico despierta en el enfermo ciertas esperanzas. La relación médica está especializada en la dirección
terapéutica. Es psicoterapeuta es para el enfermo una persona que le dedica tiempo, atención y su propia presencia
física. La relación entre dos personas no se agota en lo puramente objetivo. En cuanto persona, cada uno actúa sobre el
otro; cada uno impresiona al otro y es impresionado por él. Las posibilidades concretas de influjo de la persona
enfrentada y las propias necesidades determinan la imagen del Otro y sus posibles modificaciones.

La acción estructuradora de la simple presencia de la persona corpórea, previamente a toda proyección, es


experimentada por el psicoterapeuta y también por todo médico. Tiene un efecto de sostén y de soporte y posee

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también un marcado carácter de exigencia frente al que intenta ocultarse o frente al que esta engolfado. Exige la
corrección de una falsa actitud, y por ello, es una sobrecarga psíquica de clase muy especial. Por ello, la reserva analítica
(el ponerse de espaldas al analista al hablar), tiene como finalidad primordial favorecer la producción de imágenes; una
producción lo más libre y adaptada a las necesidades del paciente posible.

El enfrentamiento intensivo y duradero entre dos personas trae consigo el intercambio de aspectos personales más o
menos conscientes. La psicoterapia fuerza en cierto sentido este intercambio estructurador; hace que se manifiesten
aquellas partes profundas de la personalidad, reprimidas y nunca vivenciadas y que el paciente es incapaz de soportar y
contemplar por sí solo. Precisamente tales aspectos personales son transferidos al “Otro” en la vinculación fantasma tica
y se reencuentran en el terapeuta.

Los aspectos personales oprimidos y desplazados de la consciencia están representados en la otra persona enfrentada y
se hacen tema de conversación. Todo lo difícil y extraño para el paciente se personifica en el terapeuta.

“la verdad comienza a dúo” (Jaspers), un aspecto positivo de la relación psicoterapéutica es que el médico y el paciente
entran en una relación intensiva y que esta relación es sólida por encima de todas las discusiones y circunstancias. La
capacidad del médico y del paciente para soportarse mutuamente, es de máxima importancia y trascendencia. Hay que
considerar y valorar negativamente todo comportamiento que amenace separar al médico y al enfermo.

La psicoterapia es más bien una vida vivida en común por el médico y el paciente. El medico psicoterapeuta tiene que
movilizar y flexibilizar fines y valoraciones excesivamente rígidas y firmes. La psicoterapia encierra en sí la posibilidad de
que el paciente reencuentre la propia responsabilidad y nuevas valoraciones éticas. El enfermo se siente apelado por su
propia responsabilidad.

En la psicoterapia no puede haber fallos técnicos, puesto que no existen acciones previamente determinadas y
rectilíneas que sean obligatorias a seguir para el médico. Este, puede ser más o menos útil al paciente. Pertenece como
posible peligro que el terapeuta falle en su comprensión del enfermo, que le obstaculice en su desarrollo o que hiera su
humanidad. Ante todo puede fallar en su fuerza de comprensión y en la capacidad de respetar y aceptar el carácter
propio del “Otro”.

En la psicoterapia hay que conocer al “Otro”, penetrar en él y dejar que se desarrolle totalmente antes de que pueda
uno esperar producir en él una modificación. Whitaker y Malone afirman que el terapeuta precisamente en la relación
terapéutica de mutua franquía, presenta al enfermo, repetidamente. Su propio aspecto de enfermo.

En conjunto puede afirmarse que la psicoterapia no tiene la función y la autoridad para reprender al paciente en los
fallos de su vida y tampoco achacarle una culpa objetiva y obligarle a reconocerla. Ello distanciaría y aislaría al enfermo.
La psicoterapia tiene más bien como fin, basándose en la comunidad entre médico y paciente, abrir una región espiritual
omnicomprensiva en la que cada uno acepte la responsabilidad para sí y para el otro; una región en la cual ambos
miembros son recíprocamente deudores el uno del otro.

Capítulo VII. Resumen y mirada retrospectiva. “Yo-Tú” y “Nosotros”; psicoterapia individual y vinculación del hombre a
la sociedad.

La situación Yo-Tú de la psicoterapia, la vinculación de convivencia interhumana no puede ser tratada en una forma
objetivadora y científica. Desde el punto de vista metódico hemos escogido el camino de la “presenciación” intuitiva
unida luego a la profundización fenomenológica de sus rasgos esenciales, a saber; la “Introvisión” y vinculación

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terapéutica. Hemos partido del siguiente concepto de la psicoterapia: un método curativo en el que el paciente y el
médico, abiertos uno a otro, se colocan en la situación vital del paciente para conseguir una “Introvisión2 en esta
situación.

El encuentro psicoterapéutico se dirige hacia los propio e irrepetible de este hombre concreto; hacia su persona como
centro de acción y de vivenciación. Pero el encuentro no se cumple en un “contacto” probado desprovisto de fines y
objetivos: la relación y la situación se caracterizan precisamente por la intención terapéutica. El enfrentamiento
reciproco, la convivencia y la conversación terapéutica de Yo a Tú conmociona a todo hombre en una forma especial; tal
en la característica esencial de todo encuentro que se cumple en un plano de Yo a Tú.

Esto sucede gracias a la realización de una relación interhumana especial interhumana interpretada intelectualmente,
pero también es vivida como una relación viviente. El logro de “Introvisión” es un acontecimiento transformador y
esencial n el procedimiento psicoterapéutico. La naturaleza propia de la “Introvisión” provoca una profunda
transformación y no es un acto meramente intelectual, sino una actitud de humilde aceptación. Las conexiones o la
historia vital íntima conducen a una primera integración de los síntomas aislados en la total de conexiones históricas. Lo
que se ofrece a la “Introvisión” no es el conocimiento aislado de un “yo” previamente dado y que debe ser desarrollado
sino más bien una polémica con aquellas esferas que constituyen la “Profundidad” de la Psicología profunda.

El tratamiento de psicología profunda apunta hacia lo esencial del hombre; hacia un ser autentico distinto de las meras
apariencias. El enfermo psicoterapéutico vivencia la esfera de la “Profundidad” en su polémica con la facticidad de su
existencia, en la vivenciación de su dependencia con respecto a la Naturaleza “impenetrable” de su propio cuerpo, en la
polémica con la “Profundidad” frente a la toma de posición frente al mundo impulsivo que se pone de manifiesto
especialmente en las necesidades infantiles y sexuales.

El proceso de la “Introvisión”, que culmina en la renovación personal, solo se puede cumplir en el marco de una relación
de confianza y de soporte con el terapeuta.

El objetivo de la psicoterapia es en primer lugar liberar al enfermo de sus dificultades y de sus síntomas; en segundo
lugar una “Introvisión” posterior para eliminar los conflictos fundados en la historia vital del enfermo; finalmente, hay
que procurar que el enfermo acepte la conflictualidad necesaria de su propia existencia.

La “Introvisión” final reintroduce al paciente en un mundo coexistencia simultáneamente fraterno y pleno de


responsabilidad; el paciente, dominado su aislamiento, se siente unido a los otros hombres y los vivencia ahora como
coaportadores de la Existencia y como iguales. La situación terapéutica lleva de la mano a las vinculaciones objetivas del
ser humano en general e inserta al paciente en las comunidades humanas.

La curación que aquí nos interesa significa, por encima de lo individual y personal, integración en una comunidad; ser
aceptado en una comunidad y, recíprocamente, aceptación de sus valores y sus ideales.

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