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EMPIRISMO Y RACIONALISMO

1.- EL EMPIRISMO

Definición de empirismo: EL EMPIRISMO es la tendencia filosófica que considera la


EXPERIENCIA como criterio o NORMA DE VERDAD EN EL CONOCIMIENTO.
Como tal se refiere a la EXPERIENCIA (del gr. empiria) en su segundo significado:
- no es "participación personal en situaciones repetibles" (con significado personal y
subjetivo) ;
- sino que la experiencia repetida de de ciertas situaciones nos ofrece un criterio
(objetivo e impersonal) para conocer las cosas (o las situaciones).

El empirismo se caracteriza por dos aspectos fundamentales:

a)NIEGA LA ABSOLUTIZACIÓN DE LA VERDAD o, como mínimo niega que la verdad


absoluta sea accesible al hombre.

b)Reconoce que TODA VERDAD DEBE SER PUESTA A PRUEBA y, a partir de la


experiencia, puede eventualmente ser modificada, corregida o abandonada.

NO SE OPONE de ninguna manera A LA RAZÓN, pero niega la pretensión de


establecer VERDADES NECESARIAS, es decir, verdades que valgan de una manera
tan absoluta que se haga innecesaria, absurda o contradictoria su verificación o su
control.

La mayor parte del tiempo actuamos o pensamos de manera empírica. Esperamos


que sucedan las cosas más por hábito o costumbre que por razonamiento científico.
En este sentido, el EMPIRISMO se contrapone al RACIONALISMO.

2.- EL RACIONALISMO

Definición de racionalismo:El RACIONALISMO es la TENDENCIA FILOSÒFICA que


considera LA REALIDAD GOBERNADA POR UN PRINCIPIO INTELIGIBLE al que la
razón puede acceder y que, en definitiva, IDENTIFICA LA RAZÓN CON EL PENSAR.

En sentido general se contrapone al IRRACIONALISMO (no al empirismo), y a lo


largo de la historia ha conocido múltiples variantes:

- racionalismo ético: se denomina así al intelectualismo moral socrático.

- racionalismo metafísico: el racionalismo platónico (que considera la realidad


ordenada según el modelo ideal y final del Bien).

- racionalismo religioso: es el de los deistas (Kant, los Ilustrados, la Revolución


francesa…) que identifican la verdad revelada con los datos últimos de la razón y
creen en un dios racional pero no providente.

- racionalismo ontológico: es el pensamiento hegeliano (para quien el proceso de lo


real coincide con l'autorealización de la Razón o Espíritu).
Los diversos tipos de racionalismo (cartesianos o no, platónicos o no, hegelianos o
no!) defienden todos la tesis de que LA RAZÓN NO ES UNA FACULTAD (psicológica)
sino una concatenación de verdades necesarias.

En cambio, la tesis del racionalismo es, como se ha dicho, que no hay verdad
necesaria, que toda verdad puede ser puesta a prueba, controlada y,
eventualmente, modificada o abandonada.

EL RACIONALISMO ES LA EXPRESIÓN DE UNA RAZÓN FUERTE QUE


ENCUENTRA EN SÍ MISMA EL PRINCIPIO DE su JUSTIFICACIÖN.

3.- OTROS ASPECTOS DEL EMPIRISMO.

- Negación de cualquier conocimiento o principio INNATO (que deba ser reconocido


como válido necesariamente)

- Negación de lo SUPRASENSIBILE (es decir, de cualquier realidad que no se deje


comprobar de algún modo objetivo, constatable)

- Afirmación de la importancia de la REALIDAD ACTUAL o de lo inmediatamente


presente a los órganos sensoriales, es decir, de la realidad de hecho (de facto, y no
de jure).

- Reconocimiento del carácter HUMANO -ES DECIR, LIMITADO, PARCIAL E


IMPERFECTO- de las herramientas que el hombre posee para atestiguar, para
conocer y para controlar la verdad (empirismo crítico).

- La aplicación de tales instrumentos (por limitados que sean) para TODOS LOS
ÁMBITOS de la realidad y para cada (supuesta) VERDAD.

- Llevado a sus consecuencias más extremas el empirismo pude conducir al


ESCEPTICISMO -como fue el caso de Hume De hecho, el primer teórico del
Escepticismo griego: Sexto Empirico [180-220 d.C.] fue un empirista. Una
diferencia básica entre el empirismo antiguo y el de Hume reside en el carácter
moral del primero, en oposición al carácter básicamente gnoseológico del segundo.

Temas discutibles: ¿Hubo empiristas en la Antigüedad? ¿Platón y Aristóteles tienen


elementos empiristas

Platón contrapone explícitamente su método dialéctico a la experiencia. Pero su


teoría de las ideas innatas ofrece un fundamento al racionalismo.
Filosofía y existencialismo
Si bien es cierto que en los albores de su formación filosófica Carlos Llano se
nutrió intelectualmente de una filosofía neo-escolástica que, sin temor a
equivocarme, pecaba de anquilosamiento, también es cierto que Llano no fue
ajeno a las corrientes filosóficas del siglo XX. Las filosofías del siglo XX que
más hicieron mella en el pensamiento de Llano fueron el existencialismo y
la fenomenología. El existencialismo y la fenomenología confluyen en la
filosofía de Llano en los siguientes puntos: la existencia y la esencia: mientras
que para el existencialismo la existencia, el esse o el ser (aquí utilizaré
indiscriminadamente estos términos), es el principio y el fin de toda la realidad,
la fenomenología pretendía acceder o reivindicar el acceso a la esencia de las
cosas; “¡a las cosas mismas!” era el himno de Husserl. La confluencia de
ambos puntos en Llano es clara: esencia y existencia conviven
armoniosamente, pues en los seres finitos ambas se reclaman mutuamente. En
palabras de O. Jiménez: la doctrina de Llano “podría denominarse
una fenomenología existencialista o un existencialismo fenomenológico,
porque en sus obras no se oponen ambas visiones” (Jiménez 2010: 57).

Llano versus Sartre


Un filósofo del siglo XX –quizá ya un tanto pasado de moda– que se asemeja a
Llano en su tufo fenomenológico y existencialista es Sartre, aún cuando ambos
filósofos constituyan sus respectivas antítesis: el primero un católico fervoroso,
mientras que el otro un ateo militante; el primero un empresario exitoso,
mientras que el segundo un marxista irredento. Llano se separa de Sartre en
que su metafísica sí toma en cuenta la noción de “potencia” para explicar
eventos del mundo. En cambio, para la metafísica de Sartre las cosas no tienen
potencia, sino que son pura actualidad. Por mor de la honestidad intelectual,
hay que decir que este ligero desliz de Sartre no le es exclusivo; es un error
recurrente en la metafísica contemporánea (Jiménez 2010: 58).
Como mencioné anteriormente, en la filosofía de Llano la esencia y la
existencia conviven de forma armónica. Es en este otro punto que Llano se
separa nuevamente de Sartre, pues para el segundo solamente hay un ser
que subsiste o, más existencialmente hablando, un ser que existe (si es que
esta expresión no es una trivialidad). El problema que detecta Llano es que el
existencialismo a là Sartre en sentido fuerte nos llevaría a estudiar nada, dado
que es, me parece, impracticable hablar de una existencia sin configuración
alguna.

Llano versus Husserl


Tal parece que la filosofía de Llano sigue un método fenomenológico. Empero,
así como Llano se separa tajantemente del tipo de existencialismo de Sartre,
de igual modo Llano se separa del telón de fondo de la fenomenología
de Husserl. Siguiendo a Jiménez, Llano cree que la fenomenología husserliana
“es un análogo de la matemática de Aquino: un estudio de esencias sin
existencias, una abstracción de la parte con un sujeto mental” (Jiménez 2010:
58). En este orden de ideas, Llano intenta abocar su investigación filosófica a
las cosas del mundo partiendo del supuesto de que si bien la esencia juega un
papel central en la escena filosófica, ésta no se puede entender al margen de
las cosas dadas, de los hechos brutos (pace Husserl). En efecto: “si se
especula sobre algo es porque se supone su existencia, al menos
mentalmente” (Jiménez 2010: 59).
Si estoy entendiendo bien, tal parece que Llano desdeña de Husserl su famosa
“epojé”. Mi razón es la siguiente: el acceso a la esencia de las cosas (si es que
esto es posible) no puede proceder poniendo entre paréntesis las cosas o
eventos que inmediatamente se nos dan en la experiencia, entendiendo
“experiencia” en un sentido más amplio y rico a la vez (al estilo de William
James, en el fondo). Todo lo contrario: primero partimos de lo que nos es
manifiesto y, después, especulamos sobre eso, observando cada arista del
problema; de lo contrario, correríamos el riesgo de inventarnos “esencias
etéreas” sobre las que fundar el quehacer filosófico. En breve, y como bien dijo
Aristóteles en recontadas ocasiones, “vamos de lo más evidente y conocido
para nosotros, a lo menos evidente y conocido para nosotros”; palabras más,
palabras menos. En esto parece consistir la “fenomenología existencialista” o el
“existencialismo fenomenológico” de Llano: esencia y existencia van de la
mano, una tesis que nos recuerda –como es de esperarse– a Santo Tomás de
Aquino.