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Método de investigación en psicología

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Método de investigación en
psicología

María Teresa Anguera


EDITORIAL SÍNTESIS

Madrid, 1995

Este material se utiliza con fines


exclusivamente didácticos
18. METODOLOGÍA CUALITATIVA

Mª Teresa Anguera Argilaga


18.1. Clarificación conceptual

Hasta hace unos años se trataba de una opción metodológica claramente marginal y con escaso poder
de convocatoria. La situación en la actualidad parece comenzar a cambiar, aunque el paradigma vigente (en
términos kuhnianos, pero sin el sentido excluyente que él le da) siga siendo el empírico positivo.
Szent-Györgyi (1980), en una frase epitáfica, se refería al carácter desconocido de gran número de
episodios de la naturaleza, en donde aparece una extraña mezcla de lo contradictorio, ilógico e incoherente y
en este enclave es donde la metodología cualitativa debería suavizar estas contradicciones y dar una imagen
comprehensiva de dicha realidad (Morse, 1994). El laboratorio de quien se dedique a la investigación
cualitativa es la vida diaria, y las variables, que no se controlan, no se conocen hasta finalizar el estudio.
Benoliel (1984, pág. 3) describió la investigación cualitativa como "modos de cuestionamiento
sistemático enfocados a entender a los seres humanos y a la naturaleza de sus interacciones con ellos mismos
y con su entorno". Con frecuencia, la investigación cualitativa se describe como holística; es decir, que se
preocupa por los seres humanos y su ambiente en toda su complejidad. A menudo se basa en la premisa de
que el obtener conocimiento de los seres humanos es imposible sin describir cómo se vive y cómo se define
la experiencia humana por los propios actores.
Al tratar de conceptualizar la metodología cualitativa, se hace patente la tentación fácil de apoyarnos
en el concepto aparentemente mejor delimitado de metodología cuantitativa, pero deberá obviarse esta vía.
En la actualidad, en efecto, buen número de discusiones se plantean atendiendo a dicotomías diversas:
investigación nomotética/ideográfica, investigación psicométrica/etnometodología, investigación de
laboratorio/de campo, investigación experimental/naturalista (Álvarez, 1986). Con ellas se abordan aspectos
complementarios de los que no podrían negarse, además, sus posibilidades de colisión ni su atributo opuesto
de mutua exclusividad.
Nos hallamos, pues, en una verdadera encrucijada, en la cual retomamos la consideración de la
metodología cualitativa como "una estrategia de investigación fundamentada en una depurada y rigurosa
descripción contextual del evento, conducta o situación que garantice la máxima objetividad en la captación
de la realidad, siempre compleja, y preserve la espontánea continuidad temporal que le es inherente, con el
fin de que la correspondiente recogida sistemática de datos, categóricos por naturaleza, y con independencia
de su orientación preferentemente idiográfica y procesual, posibilite un análisis (exploratorio, de, reducción
de datos. de toma de decisiones, evaluativo, etc.) que dé lugar a la obtención de conocimiento válido con
suficiente potencia explicativa, acorde, en cualquier caso, con el objetivo planteado y los descriptores e
indicadores a los que se tuviera acceso”(Anguera. 1986a. pág. 24).
Se imponen vanas matizaciones a esta conceptualización que pueden estructurarse en torno a
criterios epistemológicos, metodológicos, técnicos y de contenido, los cuales facilitan su justificación:

a) La vía hipotético-deductiva, implantada tradicionalmente en buen número de líneas de investigación,


ofrece graves dificultades en la investigación cualitativa, ya que habitualmente conduce a una
pérdida de flexibilidad en la descripción y a su descontextualización. Por el contrario, y sin asumir
de forma generalizada la vía inductiva, ésta se, revela con mayor viabilidad, lo cual se halla en
consonancia con el carácter previamente no consolidado de los estudios temáticos a los que se dirige
(Miles y Huberman 1984).
b) Metodológicamente, los datos cualitativos deben ofrecer la necesaria consistencia, y emergen de una
descripción y registro cuidadosos, aunque, contenido es variable y su análisis difícil debido a la nula
estandarización de las respuestas y su compleja sistematización. El papel fundamental lo juega el
proceso de categorización 1971), ya que no se puede aspirar a una adecuada captación de la realidad
en sus propios términos si no se logra elaborar les categorías que la hacen explicable y dan
coherencia al flujo de eventos y/o conductas necesariamente contextualizados. En este mismo
sentido, Denzin (1970) y Patton (1930) están de acuerdo en que la tarea de un metodólogo cualitativo
es la de suministrar un marco dentro del cual los sujetos respondan de forma que se representen
fielmente sus puntos de vista respecto al mundo y su experiencia.

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c) A nivel genérico, las descripciones detalladas procedentes de registros directos y datos documentales
(Patton, 1980) constituyen el grueso de los datos cualitativos, requerirán diversos instrumentos de
medida, a pesar del importante papel jugado por lo interpretativo (Smith, 1983). De forma
particularizada, las técnicas que con mayor propiedad abarca la metodología cualitativa son el
registro de conducta en observación y de forma especial observación participante (Becker y Geer,
1970), entrevista, y material documental, entendiendo que la fase definitoria es la de recogida de
datos (Blaxter l979) ya que impide que el análisis al cual se sometan los datos implique el
adentramos en lo cuantitativo (Blanco, 1983).
d) Desde un criterio de contenido, existe una primera gran restricción relativa al nivel de observabilidad
(Norris, 1984), y aunque la posición oficial del cognitivismo rechaza los procedimientos
introspectivos (Nisbett y Wilson, 1977), se progresa en el camino que pretende el acceso a los
fenómenos mentales, reconociéndose que los individuos tienen acceso directo a una gran cantidad de
hechos privados. La necesaria contextualización inherente a la metodología cualitativa y sus
implicaciones a nivel de los términos acuñados ad hoc en el proceso de categorización (Bulmer,
1979), así como la indudable tradición de de interaccionismo simbólico (Schwartz y Jacobs, 1984)
que lo ha propiciado, muestran una inclinación o mejor predisposición temática con dicha
orientación, sin dejar de relacionarse con la teoría de la titulación de Howard Becker, la inducción
analítica de Florian Znaniecki, la teoría fundamentada de Barney Glaser, o la etnografía básica de
John Lofland, por citar algunos de ellos. En la actualidad, y siguiendo a Punch (1986), la
investigación cualitativa se entronca, desarrolla y aplica principalmente en psicología, educación,
sociología, antropología, relaciones humanas, y justicia; hasta en medicina existen estudios
exhaustivos sobre el tema (Donabedian, 1980).

18.2. Configuración histórica de la metodología cualitativa

Las descripciones de situaciones de cualquier variante de la metodología cualitativa son tan antiguas
como la historia escrita (Wax. 1971). Sin embargo, si bien los orígenes del trabajo de campo pueden
rastrearse desde la civilización griega, es a partir de finales del siglo XIX y principios del XX cuando los
métodos que ahora se denominan cualitativos se emplearon conscientemente en la investigación social, y
progresivamente en la psicológica.
En antropología, la investigación de campo fue rápidamente aceptada y asimilada, y en este sentido
Boas (1011) y Malinowski (1932) establecieron el trabajo de campo como un esfuerzo antropológico
legítimo. Los métodos cualitativos tienen una rica historia la sociología norteamericana, aunque hasta el
momento no hayan sido objeto de una amplia aceptación. El empleo de métodos cualitativos se divulgó
primero en los estudios de la Escuela de Chicago, en el periodo que comprende aproximadamente de 1910 a
1940, durante el cual se produjeron detallados estudios de observación participante sobre la vida urbana,
historias de vida de criminales y delincuentes juveniles, y un estudio clásico sobre la vida de los inmigrantes
y sus familias en Polonia y los EEUU basado en documentos personales.
Sin embargo, el interés por la metodología cualitativa declinó hacia el final de la década de 1940 y
principios de la de 1950 con la preeminencia creciente de grandes teorías y de los métodos cuantitativos.
Desde la década de 1960 resurgió el empleo de los métodos cualitativos con enorme profusión. Lo
que alguna vez fue una tradición oral de investigación cualitativa ha quedado registrado en monografías
(Lofland. l97l, l976; Shatzman y Strauss, 1973; Van Maanen, Dabbs y Faulkner, 1982) y complicaciones
(Emerson, 1983;Filstead, 1970; Glazer, 1972; McCall y Simmons, 1964; Shaffir, Stebbins y Turowetz, 1980)
También se publicaron obras que examinan los fundamentos filosóficos de la Investigación cualitativa
(Bruyn. 1966), relacionan los métodos cualitativos con el desarrollo de la teoría (Glaser y Strauss, 1967) y
contienen relatos personales de las experiencias de los investigadores en el campo (Johnson, 1975; Douglas,
1976).
Los de psicólogos sociólogos, pedagogos, antropólogos y otros estudiosos dedicados a la
investigación cualitativa en la actualidad son sorprendentemente similares (Emerson, 1983). Por ello, el
concepto, proceso, técnicas, etc., que siguen, se aplican en general a la investigación cualitativa, con
independencia de la disciplina del investigador; en este sentido son aquí pertinentes las palabras de Blummer
(1979, pág. xxxiii): "(...) Cualquier método de investigación que pueda decimos algo acerca de la orientación
subjetiva de los actores humanos tiene derecho a ser tenido en cuenta por los expertos".

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18.3. Perfil de la metodología cualitativa

La investigación cualitativa ha sido considerada desde el rango de paradigma sentido kuhniano, cuyo
punto básico de partida es el desarrollo de conceptos y teorías derivados de los datos. Precisamente este
interés por los significados sociales y la insistencia en que tales significados sólo pueden ser examinados en
el contexto de la interacción de los individuos es lo que caracteriza a este paradigma (Filstead, 1986).
Erickson (1977, pág. 61) dice textualmente que "lo que la investigación cualitativa hace mejor y más
esencialmente es describir incidentes clave en términos descriptivos funcionalmente relevantes y situarlos en
una cierta relación con el más amplio contexto social, empleando el incidente clave como un ejemplo
concreto del funcionamiento de principios abstractos de organización social".
Son innumerables las discusiones y polémicas que pueden desprenderse estas palabras y de forma
especial la detección y plasmación de incidentes clave en términos descriptivos, así como el situarlos en una
cierta relación con el más amplio contexto social. ¿Cómo se logra sin caer en una mera praxis acientífica y
exenta de rigor? ¿Es que la metodología cualitativa debe quedar proscrita a un mero estudio exploratorio?
¿Se trata de una etiqueta con connotaciones de única verdad para algunos y peyorativas para otros?
La metodología cualitativa parte de unos supuestos y se delimita a partir de unas determinadas
características, que son las que la configuran, por lo que no cabe atribuirle valoraciones en ningún sentido.
Método o metodología significa camino para, y su encuadre en el ámbito de las Ciencias del
Comportamiento lo acota en cuanto al contenido y, por consiguiente, delimita las cuestiones sustantivas a las
que puede y debe aplicarse. En ocasiones cabe una opción en cuanto al reduccionismo inicial que implica la
obtención del dato (por ejemplo, en psicología deportiva, la transcripción de un partido de hockey o de un
combate de judo, en los cuales es posible tanto una descripción minuciosa de las acciones concretas en que
se plasma la estrategia de juego, como un mero listado de longitudes de desplazamientos, tiempos, ángulos,
etc.); por el contrario, en otros casos no cabe otra vía por la propia naturaleza de la situación y el anclaje del
marco teórico (por ejemplo, el proceso de elaboración del duelo por la muerte inesperada de un familiar
cercano a través de una intervención psicoterapéutica).
En el fondo se trata de un problema de operativización, o, lo que es lo mismo, de licitud del
reduccionismo que permitirá seleccionar la información considerada relevante, y como consecuencia recoger
los datos de una u otra forma. Este es el núcleo del problema y la cuestión esencial en tomo a la cual se
conforman las actitudes a favor o en contra, y que, por tanto, dan lugar a la vertebración de una metodología
cualitativa o cuantitativa.
Es un término —cualitativo y cuantitativo— con el que tenemos nuestras reservas precisamente
porque se ha acuñado como epicentro de interpretaciones de todo tipo, siendo sumamente libres, y de ahí que
la expresión metodológica cualitativa —como igual ocurre con la de metodología cuantitativa, que parece
delimitarse por exclusión— requiera de urgente acotación que elimine malos entendidos y permita la
elaboración de una sistemática —pues de lo contrario no sería metodología—, pero en la cual se tomen en
consideración el fuerte influjo del marco teórico y la amplia casuística de situaciones problema
habitualmente de gran complejidad.
Este influjo del marco teórico, a su vez, tiene lugar en un doble sentido. Por una parte, el
investigador intenta averiguar qué esquemas de explicación son empleados por las materias sometidas a
estudio para proporcionar un sentido al ámbito psicológico en que se hallan, y, por tanto, "qué teorías,
conceptos y categorías sugieren los propios datos" (Filstead, 1086.pág, 65); se trata de una vía inductiva, por
lo que no resulta extraño oír que un investigador cualitativo prefiere que la teoría emerja de los propios
datos. En este sentido, es un hecho que la proximidad al mundo cotidiano y el hallarse presente en la
situación —habitualmente va más allá de ser un mero espectador— proporciona un sólido refuerzo respecto
a la complejidad del proceso que se estudia y proporciona una mayor garantía inferencial. Pero también se
halla presente una vía deductiva en tanto en cuanto que los propios conceptos que se toman como punto de
referencia, y los términos utilizados en la descripción se hallan indudablemente modulados e incluso
conformados por un marco de referencia teórico, cualquiera que éste sea (cognitivo, dinámico, conductista,
humanista, etc.).
La estrategia que inspira la metodología cualitativa implica un intercambio dinámico entre la teoría,
los conceptos y los datos con retroinformación e incidencia constante de los datos recogidos. En muchas
ocasiones, además, el marco teórico, si existe, se halla sumamente debilitado (por la falta de comprobación
empírica de sus postulados, sin que por realizar dicha afirmación se nos pueda acusar de reduccionismo), por
lo que actúa de manera puramente referencial a modo de metateoría. De ahí que se afirme que el paradigma
cualitativo se ha caracterizado por una preocupación por el descubrimiento de la teoría más que por el de su
comprobación.

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Las situaciones problema no plantean un necesario cumplimiento de requisitos, a menos que en su
formulación quede explícita la operativización que conlleve a iniciar y proseguir el proceso de investigación
mediante una metodología cuantitativa; si nos planteamos un estudio relativo a tiempos de reacción ante
determinado estímulo es indudable que no resulta pertinente la metodología cualitativa, pero en cambio es
indiscutible en una investigación sobre pautas de crianza de los hijos, o de irrupción de sujetos extraños en
conducta comunicativa, o en el análisis de redes de apoyo social en tercera edad.
La matización que acabamos de realizar tiene y tendrá una enorme trascendencia posteriormente. La
decisión inicial sobre la selección de determinada información entresacada del entramado que constituye el
problema va a conformar una trayectoria correspondiente a la metodología cualitativa o cuantitativa, siendo
éste el rasgo esencial del perfil característico de la metodología cualitativa.
Es posible que en fases posteriores predomine el carácter cualitativo o cuantitativo de las
operaciones a realizar, pero a nuestro juicio es secundario, a pesar de que tenga su importancia. La naturaleza
del dato de partida la vamos a considerar constitutiva para la caracterización de la metodología cualitativa,
aunque no todos los autores están de acuerdo con esta consideración.

18.4. Principios inspiradores de los métodos cualitativos

Se trata de características diferenciales de la perspectiva cuantitativa, y, por tanto, las que


habitualmente se someten a crítica desde las coordenadas a las que estamos acostumbrados —por ser
predominantes— en Ciencias del Comportamiento. Habrá que considerar la existencia de axiomas o
principios inspiradores, que constituyen un marco de referencia y que en mayor o menor medida son tenidos
en cuenta por las diversas modalidades en que se presenta la metodología cualitativa.
Como axiomas comunes podemos señalar los siguientes (Guba y Lincoln, l985; Colás y Buendía.
l992):

a) Concepción múltiple de la realidad. Existen muchas realidades que no pueden ser consideradas de
forma unitaria, por lo que cabe una diversificación en la interpretación de dicha realidad. Son
diversas las facetas que se pueden estar considerando.
b) El principal objetivo científico será la comprensión de los fenómenos, Se pretende llegar a captar las
relaciones internas existentes, indagando en la intencionalidad de las acciones, sin permanecer
únicamente en la capa externa a la que parece propicia la descripción de los fenómenos.
c) El investigador y el objeto de la investigación se interrelacionan, de forma tal que se influyen
mutuamente.
d) Se pretende un conocimiento de carácter idiográfico, de descripción de casos individuales. La
investigación cualitativa no pretende llegar a abstracciones universales, y de ahí que abogue por el
estudio de casos en profundidad, que luego se compararán con otros, con el fin de hallar
regularidades y generar redes, Se pretende averiguar lo que es único y especifico en un contexto
determinado y lo que es generalizable a otras situaciones.
e) La simultaneidad de los fenómenos e interacciones mutuas hace imposible distinguir las causas de
los efectos.
f) Los valores están implícitos en la investigación, reflejándose en las preferencias por un paradigma,
elección de una teoría, etc.

18.5. Características de la metodología cualitativa

Como consecuencia de los principios inspiradores indicados se derivan una serie de características
que concretan los identifican, y que, según sea la técnica concreta de recogida de información, se manifiestan
de forma más o menos acusada.

Las principales características son las siguientes:

a) La fuente principal y directa de los datos son las situaciones naturales. Ningún fenómeno puede ser
entendido fuera de sus referencias espacio-temporales y de su contexto.
b) El investigador se convierte en el principal instrumento de recogida de datos, en el sentido de actor
del proceso que implica la captación de la realidad, y con la capacidad para aportar datos tan fiables

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como los generados por medios más objetivos. Entre las principales ventajas que ello reporta,
destacan:
- Su adaptabilidad para registrar información simultánea sobre múltiples factores y a varios
niveles.
- Visión holística, es decir, capacidad para captar el contexto de forma global.
- Mayor amplitud de conocimientos.
- Posibilidad de explorar respuestas atípicas e idiosincráticas, las cuales son difíciles de captar
por medios ordinarios y tienen una enorme relevancia para lograr una más óptima
comprensión.

c) Incorporación del conocimiento tácito, es decir el correspondiente a intuiciones, aprehensiones o


sentimientos que no se expresan de forma lingüística pero que se refieren a aspectos conocidos de
algún modo. Muchos de los matices de la realidad sólo pueden ser captados por esta vía, a la vez que
muchas de las interacciones entre investigador e investigado ocurren en este nivel.
d) Aplicación de técnicas de recogida de datos abiertas, por adaptarse mejor a las influencias mútuas y
ser más sensibles para detectar patrones de comportamiento.
e) Muestreo intencional. La selección de la muestra no pretende representar a una población con el
objeto de generalizar los resultados, sino que se propone ampliar el abanico y rango de los datos
tanto como sea posible a fin de obtener la máxima información de las múltiples realidades que
pueden ser descubiertas.
f) Análisis inductivo de los datos. Ello implica una primera descripción de las situaciones de cada uno
de los casos o eventos estudiados, con el fin de detectar progresivamente la existencia de unas
regularidades entre ellos que constituyen la base o germen de una futura teoría adecuada a las
condiciones y valores locales.
g) La teoría se genera a partir de los datos de una realidad concreta, no partiendo de generalizaciones a
priori. Autores relevantes como Goetz y LeCompte (1988) definen la teoría como:

- Generativa, por preocuparse por el descubrimiento de constructor y proposiciones.


- Inductiva, pues las teorías se desarrollan desde abajo, a través de la interconexión de
evidencias y datos recogidos.
- Constructiva, dado que las unidades de análisis comienzan a aparecer en el curso de la
observación y descripción.
- Subjetiva, entendido como el propósito de reconstruir categorías específicas que los
participantes utilizan para conceptualizar sus propias experiencias y su visión de la realidad.

h) El diseño de la investigación es emergente y en cascada, ya que se va elaborando a medida que


avanza la investigación. La situación generadora del problema da lugar a un cuestionamiento
continuado y a una reformulación constante, en función de la incorporación de nuevos datos. Esta
filosofía de diseños no estándar flexibiliza el estudio de forma acorde con la propia realidad y los
datos que se obtienen, lo cual le aporta un infinito número de posibilidades. Además, esto tipo de
diseños permite una adecuación a las múltiples realidades, a los contextos específicos y a las
interacciones entre investigador y contexto. Un diseño previo prefijado relegaría la realidad
vivencial.
i) La metodología cualitativa se plantea criterios de validez específicos, utilizando técnicas propias que
garantizan la credibilidad de los resultados.

18.6. Exigencias metodológicas

De acuerdo con los apartados anteriores, puede surgir una seria duda sobre la calidad que se requiere
a la metodología cualitativa y, en consecuencia, a los datos que vana obtenerse mediante diferentes técnicas.
Patton (1980. pág,22) ha señalado que "los datos cualitativos consisten en descripciones detalladas de
situaciones, eventos, sujetos, interacciones y conductas observadas; citas directas de sujetos acerca de sus
experiencias, actitudes, creencias y pensamientos; y fragmentos o pasajes enteros de documentos,
correspondiente, registros e historias de casos". Pero, ¿qué garantía ofrece este tipo de material?
Se pueden señalar diversos marcos de exigencia (Erickson, 1986; Zabalza, 1991) respecto a las
condiciones de legitimidad metodológica:

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a) Representatividad, relevancia y plausibilidad de los datos (validez semántica de la investigación).
Este requisito implica identificar las diversas perspectivas de significación, proceder a una correcta
contextualización, y constatar con objetividad los sucesos, o eventos, o conductas que se presentan.
b) Ello implica —y en este sentido estamos de acuerdo con Zabalza (1991)— el cumplimiento de
determinadas condiciones:
- Ampliar al máximo el contexto de análisis, de manera que puedan incorporarse a la situación
analizada todas las variables, sujetos o elementos que puedan aportar un papel clarificador
respecto al ámbito estudiado. De aquí que se recomiende la triangulación, o uso
complementario de varias —al menos tres—modalidades distintas de recogida de datos, lo
cual minimizará las carencias de alguna de ellas al complementarse con las virtudes de otras.
- Describir el propio proceso seguido en la obtención y análisis de la información. La
investigación cualitativa tiene una naturaleza deliberativa, apenas existe estandarización, no
existe uniformidad en los procesos seguidos, y algunos de los datos obtenidos pueden ser
considerados confusos o parciales; la debilidad que ello comporta exige en contrapartida que
el investigador dé cuenta de cómo planteo y desarrolló cada uno de los pasos de su
investigación, de manera que ésta pueda ser valorada y, en su caso, replicada en otros
contextos.
- Configurar la investigación como un auténtico proceso de búsqueda deliberativa, en el que se
van presentando —y deben resolverse— cadenas de dilemas de muy diversos órdenes, y sobre
los que hay que tomar decisiones (por ejemplo, sobre si anotar un determinado aspecto
observado, si conceder o no relevancia a una determinada dimensión de un texto, etc.).
Además, es frecuente la obtención de una inmensa cantidad de datos (sobre todo a nivel de
descripciones casuísticas), que colocan frecuentemente al investigador ante una perplejidad
decodificadora, y con verdaderos problemas al tratar de simplificar la información sin perder
datos que pudiesen ser relevantes.

c) Fundamentación teórica de la investigación y de los análisis e interpretaciones que incluye (validez


hermenéutica de la investigación). La dialéctica entre inductivismo y deductivismo adquiere un
especial sentido en metodología cualitativa, pues no en vano se basa fundamentalmente en
interpretaciones, o al menos acude frecuentemente a ellas para dar sentido a los datos e
interpretaciones. Consideramos obvio que no se puede comprender sin un bagaje previo de
preconcepciones, ni tampoco al margen del equipamiento interpretativo del que actúa de intérprete.
d) Pero hay que matizar que esta estructura o marco general de significaciones previas (en cuyo seno se
puede entender la nueva situación o la nueva información) no constituye una barrera inflexible, sino
que se trata de un conjunto de componentes cognitivos y experienciales que van alterando sus
contenidos y filtros atendiendo a la interacción con cada nuevo proceso de conocimiento e
interpretación.
e) Dinámica relacional de la investigación (validez pragmática). Se incluyen esencialmente cuestiones
relativas a condiciones metodológicas, optimización de los procesos que se estudian, y salvaguardar
los derechos de las personas que participan en la investigación. Se pueden concretar en los siguientes
puntos:

- Indicación a los participantes de los objetivos del trabajo y, en su caso, información sobre el
proceso de negociación previa. Esto no se cumple en los casos en que se obtiene un registro
de conducta mediante la observación directa.
- Audiencias a las que se debe acudir, y que son los distintos colectivos, o comunidades, o
individuos, relacionados con la cuestión que interesa. Resulta obvio considerar la incidencia
del colectivo, sea cual sea, así como papel de los propios participantes en la investigación
como audiencia preferente.

18.7. Diversificación

Existen unas características comunes entre sí, y que tienen su razón de ser en la forma de obtener
información de la situación estudiada y de su contexto. Todas ellas participan en común de algunas de las
estrategias de investigación que configuran la lógica del método científico en Psicología, Educación,
Sociología, etc.

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Resulta obvio que en estudios empíricos realizados bajo esta cobertura se producen datos al traducir
la realidad a sistemas de flotación escrita. Pero surge una primera y provisional dicotomización (no una
dicotomía real) en función de la manera de llevarlo a cabo, la cual, a su vez, Se halla supeditada en buena
medida a la propia naturaleza del problema.
Si se trata de un estudio de tiempos de reacción en la respuesta a un estímulo visual que se presenta
en un monitor, lógicamente la recogida de datos implicará determinado tipo de datos, seguramente
expresados en unidades convencionales de tiempo (segundos, décimas de segundo, milisegundos, ...). Pero es
muy elevado el número de ámbitos de estudio en que en producen igualmente datos, pero en los cuales no es
posible su operativización, o ésta no resulta factible sin incurrir en un grave reduccionismo; así, en
programas de intervención en familias maltratadoras de niños, ¿sería factible realizar el recuento de algún
tipo de cantidad? No, dadas las múltiples manifestaciones del maltrato, la borrosidad algunas de ellas, la
necesaria contextualización, la inconsistencia materna en la interacción disfuncional madre-hijo, y seguiría
un largo etcétera.
Las diversas modalidades se caracterizan en común por las características de los datos pero cabe
establecer una gradación en función de su naturaleza, que a su vez da lugar a la propuesta taxonómica en el
cuadro 18.1
Existe una gradación que recoge el abanico de posibilidades que se disponen ordenadas entre los
datos procedentes del registro de conductas perceptibles —que serán los más fáciles de codificar y
cuantificar posteriormente— y los propios de informes o dossiers documentales, en los que prácticamente
está muy distante esta posibilidad.

CUADRO 18.l Criterios taxonómicos en metodología cualitativa.

Observación directa • Observación participante


• Auto-observación
Conducta verbal transformable • Entrevistas en profundidad
en material documental • Discusión de grupo
Material documental • Documentos personales
• Registros biográficos

8
19. RECOGIDA DE DATOS CUALITATIVOS
Mª Teresa Anguera Argilaga

19.1 Introducción

La metodología cualitativa tiene una entidad en sí misma que se manifiesta independientemente de


cuál o cuáles sean las técnicas de recogida de datos en cada investigación concreta.
El estudioso de la realidad se halla con dos formas básicas de obtención de datos: o los recoge o los
produce. Se trata de una dicotomización simplista, pero lógica y real. Cuando observa e comportamiento de
los demás o el propio, recoge la información, mientras que cuando se interroga a una o varias personas
mediante entrevista o cuestionario se producen nuevos datos que no existían con anterioridad. Además, los
principios inspiradores de la metodología cuantitativa añadirían el matiz de que los datos se construyen a
partir de un marco teórico, o metateórico existente independientemente de que se recojan o se produzcan.
El tipo de respuestas obtenidas juega asimismo un importante papel, y su naturaleza verbal o no
verbal da lugar al desarrollo de técnicas distintas con el fin de lograr una mejor adecuación.
Debe quedar sumamente claro que ningún método es igualmente adecuado para todos los propósitos,
y su elección debe venir condicionada por los intereses de la investigación, las circunstancias que configuran
el entorno, las personas a estudiar, y las limitaciones prácticas o de viabilidad que puedan superarse.
Estudiamos a continuación las características propias de cada una de dichas técnicas, fijadas en función de la
naturaleza del data.

19.2. Observación directa ∗

Conviene resolver en primer lugar una posible confusión terminológica, ya que la naturaleza del dato
que posibilita el registro de conducta en observación directa en su carácter perceptible por los órganos
sensoriales humanos, por la que queda relegada la observación indirecta al material documental.
Hay que distinguir esencialmente la metodología observacional como proceso basado en el análisis
de la conducta espontánea del sujeto y con el rango de observación científica, por encima del escoramiento
que supone el encasillamiento en metodología cualitativa, de la utilización de técnicas o instrumentos que
permiten una determinada forma de recogida de datos y desde un concreto planteamiento metodológico, en
este caso la metodología cualitativa.
Aquí nos referimos a la metodología observacional en su fase de recogida de datos, la cual es
esencialmente cualitativa por la propia naturaleza de las conductas que conforman la situación objeto de
estudio. Por ejemplo, pautas comunicativas entre iguales entre iguales en un parvulario, conductas de
prosocialidad, habilidades sociales en grupos de natación de tercera edad, interacción de niños
institucionalizados con anticuerpos del SIDA respecto a su monitor, etc.; resulta obvio que se trata, en estos
casos y prácticamente en la totalidad del infinito número de los que podrían llegar a plantearse, de
situaciones que revisten una gran complejidad, y en donde destaca la gran riqueza de los comportamientos
que se desencadenan sin intervención del observador. No negamos que en alguna ocasión se sustraiga la
recogida de datos a la metodología cualitativa, pero tiene un carácter anecdótico por su rareza y atipicidad;
podría tratarse del caso en que sólo interesara la duración en décimas de segundo de una determinada
conducta especifica como el parpadeo.
Precisamente la metodología observacional es una estrategia particular del método científico que se
propone la cuantificación del comportamiento espontáneo que ocurre en situaciones no preparadas,
implicando para su consecución el cumplimiento de una serie ordenada de etapas (Anguera, 1990). Si se
propone la cuantificación es precisamente porque el mero registro de conducta coma forma de recogida de
datos en observación directa es, por naturaleza, cualitativo, y de ahí su estudie preferente en este capítulo.
La razón de ser del registro de conducta en observación directa se materializa en la constatación de
problemas (de descripción covariación, causación, secuencialidad etc.) planteados acerca de la conducta
manifiesta de sujetos que se hallan en un ámbito natural (es decir, no artificial). Para ello es evidente que
deberán cumplirse unos requisitos necesarios (Selltiz, .Jahoda. Deutsch y Cook, 1965, pág. 229) que
garanticen unos mínimos a cubrir y que, por otra parte, son comunes a cualquier metodología.


parte del contenido de este apartado se haya desarrollado en Anguera, M.' T. (1990).
9
a) Servir a un objetivo ya formulado de investigación. Resulta obvio que los tipos de problemas
teóricos que pueden plantearse determinan en gran medida la estrategia científica más adecuada. Así,
por ejemplo, el estudio de modelos de percepción recurre a la metodología experimental para
provocar artificialmente las condiciones bajo las cuales se incremento o disminuye el tiempo de
inspección; sin embargo, para el estudio de la conducta interactiva en díadas madre-hijo es necesario
llevar a cabo un registro sistemático, entre otros aspectos, de la iniciativa, duración y direccionalidad
de la mirada espontánea a lo largo de un período de tiempo suficientemente prolongado y en
situaciones naturales. En general, si el problema se refiere a la conducta compleja que se desarrolla
en el entorno habitual de los sujetos se considera que el registro de conducta es la única técnica de
que disponemos para realizar una investigación sistemática; el procedimiento
en este caso resultará posiblemente más laborioso que si el investigador se limitase aislar y
manipular un aspecto particular de la conducta.
b) Ser planificado sistemáticamente. Implica la adopción y conjunción de una serie de decisiones y
operaciones relativas tanto a las cuestiones que deben ser tenidas en cuenta como al propio acto de
observar. Se refiere, en primer lugar, a la previa selección de comportamientos que interesa estudiar,
delimitación de la situación, o números o sujetos de observar simultáneamente, temporalización del
período de observación, grado de adiestramiento y participación del (de los) observador(es), etc.,
para que, posteriormente, se pueda proceder a la codificación del flujo conductual —tanto si
previamente se ha procedido a la formulación de hipótesis como si no— y correspondiente registro.
c) Optimizar los datos recogidos. Incluye dos cuestiones esenciales: por una parte, el uso de medios
técnicos y automáticos de registro, que permiten garantizar una mayor precisión al ser éste
Independiente de errores perceptivos del observador y de la fugacidad de las conductas emitidas, y,
por otra, una mejora de la calidad de los datos una vez ya registrados, así como una selección de
aquéllos que ofrecen una mayor consistencia por hallarse exentos de las fluctuaciones del azar, de
falta de validez o de bajo grado de acuerdo entre los observadores, y que resultan de la aplicación de
técnicas de muestreo observacionales.
d) Adecuar la estrategia de análisis en función del objetivo. Ante el uso cada vez más, extendido de
técnicas de análisis específicas de la metodología observacional (diseños secuenciales, transversales,
secuenciales/transversales), lo esencial será completar el diseño —a nivel cualitativo y
cuantitativo— de forma que se objetivicen tanto los datos recogidos a lo largo de las diversas
sesiones registradas como su alcance.

Sin embargo, las dificultades para el cumplimiento de estos cuatro requisitos básicos son en buena parte
mayores que en otros métodos. Esto se debe fundamentalmente a la naturaleza de la situación de
observación, que no es previsible, y, en consecuencia, no se ajusto en muchas ocasiones a unos criterios de
constancia, homogeneidad, regularidad en la generación de la conducta, etc., que facilitarían tal
sistematización o logro de control externo; además, no todas las conductas son susceptibles de ser
observadas.
Es necesario, pues, que para perfilar una correcto conceptualización de la metodología observacional
dejemos constancia del atributo de observabilidad y de las coordenadas espacio-temporales en que discurre
la situación de observación además de distinguir entre la observación como método y como técnica
(Anguera„ 1981a; Moreno, l984).y tanto si se trata desde la metodología cualitativa como si no:

a) Como método, tiene entidad suficiente para la obtención de un conocimiento científico que no
pretende otro objetivo que plasmar una conducta presente con su suficiente potencia de de
descubrimiento, para no solo describir aquella conducta y/o situación, sino llegar a explicarla
convenientemente y establecer relaciones diversas, ajustándose a la estructura esquemática del
método general de la ciencia, y más específicamente, en el ámbito de la investigación psicológica.
b) Como técnica, en cambio no significa otra cosa que una estrategia de recogida de determinado tipo
de datos subordinada a las directrices de otra metodología distinta a la observacional (selectiva o
experimental). Aquí la observación tiene por misión únicamente el suministro de información
complementariamente a las otras formas de recogida de datos, aunque la pura mecánica del proceso
es la misma. Incluiría el estudio, en consecuencia, de conductas generadas en situación artificial
(Anguera, 1981b)).

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De aquí se derivan buen número de planteamientos observacionales distintos en estudios cualitativos,
ya que cabe desde la observación como método en situación natural hasta la observación como técnica en
laboratorio, en los casos habituales, pero sin excluir la posibilidad de un cierto trastrueque que de lugar al
seguimiento del método observacional en situación preparada (por ejemplo, estudio de la sincronía entre
conducta vocal y gestual en un sujeto que se halle en el quirófano o en una cámara insonorizada
suministrando respuestas de carácter fisiológico mediante el polígrafo), o al de la técnica observacional en
situación natural (por ejemplo, estudio de la ciclicidad en el análisis espectral de la voz a partir de una
conversación informal entre enfermo y sanitario médico).
La no interferencia del observador es precisamente la principal característica definitoria de la
metodología observacional. Puede manifestarte incluso en una preparación de la situación, en la
denominada observación de contextos semi-naturales, artificiales o de laboratorio, que se encuentra en el
linde entre observación como método como técnica, y en donde el elemento determinante es la existencia de
espontaneidad y naturalidad —que varía a lo largo de un continuum— en la conducta del sujeto observado.
Aunque un aula o despacho esté preparado para un registro automático de la conducta (por ejemplo, con una
cámara fija instalada), o incluso si se trata de una clase atípica (por ejemplo, celebración de una jornada
conmemorativa), no implicaría problema alguno si el sujeto se comporta espontáneamente; el problema está
en garantizar tal espontaneidad.
Precisamente se ha definido la metodología observacional como procedimiento encaminado a
articular una percepción deliberada de la realidad manifiesta con su adecuada interpretación, captando su
significado, de forma que mediante un registro objetivo, sistemático y específico de la conducta generada de
forma espontánea en el contexto indicado, y una vez se ha sometido a una adecuada codificación y análisis,
nos proporcione resultados válidos dentro del marco específico de conocimiento en que se sitúa" (Anguera,
1986b,.1988a. l988b, 1988b, 1989). Fuera del mareo de la metodología cualitativa queda desnaturalizado el
concepto de la metodología observacional, ya que no serían posibles las operacional, ya que no serían
posibles las operaciones que la sustentan; del mismo modo, es de justicia constatar claramente que el control
de la calidad del dato y el análisis posterior de dicho dato requerirá de la contribución de "lo" cuantitativo.
Precisamente la observación directa ofrece una clara evidencia sobre lo absurdo que resulta la
dicotomización entre metodología cualitativa y cuantitativa. Se trata de dos caras de una moneda que se ven
obligadas a complementarse, y en donde la escisión y radicalización implican una mutilación sin sentido en
el momento actual.
Si atendemos brevemente a la importante matización que desde la metodología cualitativa se puede
realizar a algunos de los términos o expresiones contenidos en la definición, o implícitos en ella, destacan
quizá por su relevancia las siguientes:

a) Percepción de la realidad.
b) Carácter manifiesto de la realidad (niveles de respuesta).
c) Interpretación.
d) Captación del significado.
e) Formación del observador.
f) Nivel de participación.

a) Percepción de la realidad

Implica la inicial contextualización de la situación de observación previamente definida, la cual


deberá realizarse a nivel espacial, temporal, de contenido o actividad, y relativo a los sujetos focales (sin
olvidar, en su caso, a los presentes en dicha situación que puedan incidir en la misma).
A este respecto, una primera pregunta giraría en torno a qué conductas comportan una percepción de
la realidad, lo cual permite aunar el proceso representacional y los niveles de respuesta adecuados.
Por lo que se refiere al proceso representacional, se distinguirían tres nivelas, que Fassnacht (1982)
caracterizaba como primario, constituido por segmentos de la realidad; secundario, en el que se ubican
estados físicos y signos no convencionales; y terciario, compuesto por signos convencionales. Podemos aún
reconocer una paulatina eliminación de corporeidad en lo que constituye el objeto de la observación, a la vez
que comprobar la existencia de un paralelismo entre el nivel primario y terciario con la observación directa
(de conductas manifiesta)e indirecta (realizando una inferencia, a través de indicadores, en el caso de
conductas encubiertas).
En efecto, la observación directa, que podemos considerar como la observación en sentido estricto,
y cuyo calificativo habitualmente suprimimos par considerarlo innecesario al suponerlo implícito, reiteramos

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que requiere conductas perceptibles mediante nuestros órganos sensoriales; por otra parte, la observación
indirecta tendría a su cargo diferentes tipos de información que tanto podrían referirse a diversas técnicas
"vivas" de investigación social referidas a la colectividad como a las de carácter documental, centradas en las
diferentes modalidades de análisis de contenido (véanse los apartados 19.3 y 19.4).
En uno y otro caso —directa e indirecta— no hay duda de que existe observación, y en este sentido,
Fraisse (1970, pág. 90) afirma que "la observación es siempre la percepción de un evento, de una conducta,
de un documento". Y, entre ambas, y correspondiendo al nivel secundario, entendemos que nada se opondría
a la posibilidad de ubicar, si así ,se desea, la auto-observación (que daría lugar al correspondiente auto-
registro) y lo que podría denominarse como hetero-observación mediante traductores, es decir, el registro
de ciertas conductas que, aún perceptibles directamente por observador, sin embargo necesitan ser calibradas
a través de un medio técnico con el fin de evitar una subjetividad e inconsistencia en el registro (por ejemplo,
el nivel en la conducta vocal, o la direccionalidad en la mirada) (véase el apartado 19.2.2).
Si se acepta este paralelismo, es obvio que a los tres niveles les otorgamos rango de observabilidad, y
por supuesto operan desde la metodología cualitativa, dado que todos ellos, según Fassnacht (1982), forman
parte de la representación esquemática de una observación, y lo único que hemos introducido es la
posibilidad de considerarlos individualmente en las situaciones indicadas, de la misma forma que al realizar
un análisis de contenido —como veremos mas adelante—, éste no es más que una fase de un proceso que se
inició con la percepción de un evento y/o conducta y/o situación que dio lugar a un registro descriptivo que
ahora es analizado como texto o documento. En consecuencia, se amplia con cautela el concepto de realidad
manifiesta introducido en la conceptualización inicial, y que se refiere al qué puede ser observado
Según Longabaugh (1980), es observable la conducta que, si ocurre en presencia de otro sujeto, tiene
la capacidad de actuar como estimulo para dicho sujeto, el cual a su vez, puede obtener de ella un registro de
conducta. En una primera aproximación, en efecto, y desde una perspectiva científica, "la observación debe
recaer sobre hechos" (Fernandez-Ballesteros, 1980, pág. 135), lo cual significa una limitación importante,
pero también es cierto que en los últimos años, el cambio teórico que ha afectado a la Psicología ha
impulsado una serie de intensos esfuerzos por estudiar objetivamente las conductas encubiertas (Fernández-
Ballesteros, Díaz Veiga, Fernández de Trocóniz, Maciá y Pérez Pareja, 1981), basándose generalmente en
pruebas empíricas sobre correlatos fisiológicos observables y medibles, que podrían situarse en el nivel
secundario indicado.
Según Mucchielli (1974, pág. 6), "observar es en primer lugar percibir", por lo que la percepción se
constituye en elemento básico de la observación al existir verdaderamente un mundo externo y objetivo con
propiedades reales, abstractas, u otras, que pueden ser experimentadas en virtud de la percepción más que
como construcciones ficticias mediante diversos procesos cognitivos (intelectivos, mnemónicos
imaginativos).
Pero ¿qué conductas del ámbito clínico, escolar, etológico, etc., comportan una percepción de la
realidad desde la perspectiva de la metodología cualitativa? En primer lugar, para hacer viable la recogida de
datos, tendrá que desencadenarse el correspondiente proceso representacional, que proporciona un retrato de
la realidad —según Bernard (1976.pág. 41), "el observador debe ser como el fotógrafo de los fenómenos"—,
y para el cual se precisa del mecanismo representacional, que actúa selectivamente e implica tanto aspectos
orgánicos (cada individuo, ya que sus representaciones son puras y totalmente propias, y no pueden ser
experimentadas por otra persona) como inorgánicos (mecanismos autónomos de registro), y se manifiesta
mediante signos de diverso orden (sensaciones, elementos convencionales, etc.) que, en cualquier caso,
estarán insertos en un contexto de representación que fijará las dimensiones básicas espacio-temporales, etc.
El problema y consiguiente pregunta que ello sugiere es: ¿cómo podría obtenerse información sobre
conductas en el aula, hospital, despacho de un terapeuta, etc.:, de las que todavía no se posee ningún
conocimiento? Mediante un mecanismo orgánico deberá desencadenarse adaptativamente la sucesión de
cambios necesarios a lo largo de un proceso de desarrollo que permitirá la representación del correspondiente
segmento de la realidad (Fassnacht. l982),y enlazará con el planteamiento inductivo a deductivo de la
investigación, que implica, respectivamente, la ausencia o presencia de un conocimiento previo, y permitirá
adoptar la decisión acerca de cuándo pueden o deben formularse hipótesis en un estudio observacional.
Por último es interesante recalcar el carácter deliberado de la percepción, que se constituye en la
más genuina y última condición para que se materialice la observación de acuerdo con nuestra
conceptualización. No se observa por casualidad, ni de forma puntual o asistemática. La observación, que
deberá planificarse en su proceso de preparación y de recogida de datos, debe contar con un ineludible
componente intencional, tanto si la representación se realiza directamente mediante los sentidos humanos
como a través de medios técnicos de registro. Esta condición esencial supone el dar testimonio de, dar fe de,
atestiguar— witness según Norris (l98l, l984)— que juega un papel esencial para que exista la observación

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b) Carácter manifiesto de la realidad (niveles de respuesta)

Como se ha indicado anteriormente, la existencia de problemas de delimitación respecto al atributo


de observabilidad nos obliga a precisar más la zona de cobertura en que se pueden efectuar registros de
conducta, pues por una parte "la observación no puede considerar válidamente mis que conductas
exteriorizadas que presentan un soporte verbal o motar" (Fraisse, 1970, pág. 91), mientras que por otra "no
quiere decir —al menos desde un enfoque actual no reduccionista— que por actividades de los sujetos hayan
de ser entendidas sólo las respuestas manifiestas y a ellas reducir el estudio de la conducta humana (...). El
hecho de que una importante parte de las actividades de los individuos sean encubiertas o privadas, no
impide, en principio, su estudio científico" (Fernández-Ballesteros, 1980, pág. 137)
Este segundo bloque de comportamientos a que nos acabamos de referir, que corresponde por tanto a
las manifestaciones perceptibles de un sujeto, puede sistematizar— se o clasificarse de muy diversas formas,
y atendiendo a criterios dispares. En aras a su repetida utilización y al hecho de considerarse como clásica,
aún a sabiendas de sus limitaciones por defecto, indicamos cuál es la clasificación de niveles de respuesta de
Weick (1968), que corresponden al contenido de la conducta a observar, y de la que segregaremos el estudio
de la conducta verbal (véase el apartado 19.3).
La conducta no verbal ha sido definida como "los movimientos del cuerpo,... y… consta de
expresiones motoras que pueden originarse en vanas partes del organismo" (Ekman. 1957, 141). Se trata
quizá del área más activa de las recientes investigaciones en metodología observacional, mostrándose que los
rnovimientos del cuerpo son índices válidos de distintos procesos psicológicos; basta recordar, a modo de
ejemplo, el conocido FACS de Ekman y Friesen (1978). Su registro y estudio es controvertido debido a la
existencia de dos tipos de información (Ekman. 1957).

- La proporcionada de forma parcelada por las distintas unidades de conducta (sonrisa,


parpadeo, intercambio de mirada, gesto), que puede grabarse para después ser analizada, y
que puede referirse a aspectos tanto estáticos (posturales, etc.) coma (movimientos de partes
del cuerpo, rictus, etc.); el estudio de un sujeto hiperactivo implicaría datos de esta naturaleza.
- Información de carácter general, y por tanto molar, que requeriría de inferencia; por ejemplo,
el estudio de la expresión facial como manifestación del estado emocional de un sujeto.

La conducta espacial se refiere, en su aspecto dinámico, al estudio de trayectorias en ámbitos físicos


previamente acotados, facilitando la elaboración de varias de las modalidades de mapas conductuales y, en
su aspecto estático, posibilita el estudio de las ubicaciones, distancias y accesibilidad visual. En el ámbito
escolar, diversas investigaciones recientes permiten un estudio cualitativo de diversos rincones y espacios
concretos del centro educativo a partir de la actividad realizada en su interior y/o trayectorias hacia/desde
ellos.
La conducta verbal corresponde al estudio del habla desde la perspectiva de su mensaje o contenido
y ha dado lugar a un importante volumen de literatura. Su especificidad nos lleva a estudiarla en el apartado
19.2.
La conducta vocal acompaña y se supedita habitualmente a la conducta verbal e igualmente la
mencionaremos en el apartado 19.2. En principio, sería el nivel de respuesta que se sitúa en una posición más
tangencial respecto a la metodología cualitativa. Pero, por el contrario, debería servir de importante elemento
de reflexión la consideración de importantes connotaciones aportadas por este nivel de respuesta y que, en
cambio, pueden estudiarse minuciosamente (en la actualidad, el fonógrafo permite visionar la
descomposición espectral de la voz en un monitor y obtener diversos parámetros que permiten un análisis
cuantitativo).

c) Interpretación

Si en el proceso observacional sólo actuara la percepción (visual, o; auditiva, u otras) se correría el


riesgo de pretender que un medio técnico de registro pudiera sustituir al observador humano, con la cual el
registro estaría compuesto de señales vacías de contenido. Es preciso que los datos resultantes del
mecanismo representacional (informaciones percibidas) sean interpretados adecuadamente, de forma que se
confiera un determinado sentido a lo percibido.
Como ejemplo ilustrativo. Mucchielli (1974, pág. 6) transcribe un párrafo de Zazzo en que pone en
evidencia no sólo la necesidad de dar un significado a las percepciones sino su gran complejidad: "Mientras

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Gessell sometía al bebé a diversas pruebas y las cámaras funcionaban, yo trataba de observar. Tomaba mis
notas. Después, una vez terminada la grabación, comparaba mis observaciones con los hechos registrados
por la cámara. Y descubrí, a la vez decepcionado y rabioso, la pobreza, los errores, la imbecilidad de mi
registro y la inteligencia de la cámara. Aprendí a observar, y aprendí con ello que la observación es engañosa
para quien no es verdaderamente honesto, así como también que la observación presenta unos límites muy
estrechos cuando no está guiada por conocimientos previos y ayudada por técnicas rigurosas. Aprendí el
rigor, no de los esquemas rígidos, sino de los matices. Y descubrí sin ningún discurso la infinita diversidad
de gestos del niño, y que un sujeto, fuera un niño recién nacido, fuera un asno, nunca es idéntico a otro,
incluso en sus relaciones más simples y arcaicas".
La interpretación ha sido ampliamente tenida en cuenta y debatida desde la metodología cualitativa.
Debe advertirse que puede inducir a riesgos de falta de conceptualización al asignar un significado a lo
percibido, así como de proyección de la personalidad del observador respecto a lo observado. Cualquier
radicalismo en la fragmentación del flujo de conducta en unidades moleculares o molares extremas también
dada lugar a problemas de interpretación, e igualmente una persistente tendencia nivelante (cuando ante una
gradación de categorías ordenadas, por ejemplo, niveles de ruido en una oficina, siempre se interpreta la
existencia de un término medio, sin contar, por supuesto, con un valor cuantitativo de la misma en, por
ejemplo, decibelios) o agudizante (en igual situación de categorías ordenadas, asignación siempre de
posiciones extremas —muy bajo o muy alto—).

d) Captación del significado

Implica un adecuado equilibrio entre percepción, interpretación y conocimiento previo, y sin que ello
obvie la ausencia de determinados sesgos. La captación del significado se halla estrechamente vinculada al
cumplimiento de la llamada "ecuación funcional de los observación" (Mucchielli 1974. pág. 11), siendo, [0:
Observación: P: Percepción; I: Interpretación; Cp: Conocimiento previo; S: Sesgas]:

0 = P + I +Cp - S

Ello conlleva que no se trate estrictamente de un proceso u operación idéntica para todos los
observadores, sino que es específica y propia de cada uno, que en cierta medida se identifica en mayor o
menor grado con lo percibido.
Nos hemos referido a dos de los elementos (percepción e interpretación). En cuanto al conocimiento
previo ocasiona problemas por defecto y por exceso. Por defecto, cuando la falta de una necesaria
información que ilustre sobre las características de la(s) conducta(s) o situación dificulta su correcto registro
o categorización (por ejemplo, en niños bordeline en régimen de integración sin una previa preparación
adecuada por parte del maestro de apoyo). Y por exceso, cuando nos basamos en una corriente científica a la
que nos adscribimos ciegamente, lo que conlleva una falta de espíritu critico que distorsiona el registro
(economía de fichas del conductismo, teorías de a acción en el estadio de conducta interactiva).
En la ecuación funcional —y con signo negativo— se incluyen diversos sesgos que amenazan
sistemáticamente la observación:

• La reatividad consiste en la alteración de la naturaleza espontánea de las conductas de


los sujetos observados que se ocasiona precisamente cuando se aperciben de que están
siendo observados. Son muchos los intentos llevados a cabo para evaluar la magnitud
del problema, y podemos afirmar que son diversos los factores que intervienen: grado de
participación del observador, características de los sujetos observados (niños, adultos,
etc.), naturaleza de la respuesta observada (discusión en grupo, conducta agonística en
un primate, etc.), longitud de la sesión y sistema de registro (sistema de signos, registro
mediante magnetofón, etc.), entre los más importantes.
• La reactividad recíproca tiene lugar cuando el sesgo de reactividad afecta también al
observador, que se ve influenciado al saber que el sujeto observado no actúa
espontáneamente por sentirse protagonista de la situación observación. Implica por
supuesto, la no utilización del registro.
• La autorreactividad la influencia que ejerce el autorregistro sobre la ocurrencia de
conducta, y es el único caso en que debe valorarse la reactividad como efecto positivo.
Por ejemplo, cuando un sujeto fumador sabe los cigarrillos que suele fumar al día y,
mediante el autorregistro de su frecuencia, tiende a reducir la frecuencia.

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• La expectativa surge en el observador en forma de previsiones y/o anticipaciones de
conductas aún no observadas, tanto en base a un conocimiento previo excesivo, como
por el deseo de obtención de determinados resultados, y en lo cual influyen las
características personales del observador, motivación, impresiones subjetivas,
conocimiento de los efectos de una modalidad de intervención, aparición de los primeros
resultados, etc. Se trata de un fenómeno muy complejo, por lo que existe un permanente
estado de discusión y controversia sobre su minimización o eliminación.

Además de los sesgos mencionados, que son propios de la metodología observacional, es frecuente
—y de ahí la prevención para evitarlo— que se incurra en fallos de procedimientos, que a su vez pueden ser
de carácter diverso, y que se refieren a distintas fases del proceso de observación ángulo de mira incorrecto,
fallos de omisión (no tener en cuenta la ocurrencia de una conducta) y de comisión (registrar "una conducta
distinta a la ocurrida), no planificar adecuadamente el muestreo observacional, fallos de funcionamiento de
medios técnicos, mala definición de las categorías, falta de sincronización entre los observadores de un
equipo, etc.

e) Formación del observador

Para laborar el registro objetivo, sistemático y específico que se indica en la definición y se pueda realizar a
una adecuada codificación y análisis (véase apartado 20.2), es necesario partir de un determinado nivel de
competencia del observador, con lo cual se pone sobre el tapete el tema de su formación En efecto, existen
unas disposiciones naturales diferentes para cada sujeto, pero está, perfectamente comprobado (Norris,
1984) que la formación y logro de la competencia del investigador especializado en la observación
sistemática se fundamenta en la adquisición de unas habilidades especificas a tal metodología (Boice, 1983)
con las que debemos ser consecuentes.
Efectivamente, ya queda muy lejano el momento del psychologist are born, not made (él psicólogo
nace, no se hace)(Reik. 1948, pág. 14), o incluso el de la dificultad de establecer criterios para distinguir a
los buenos observadores (Taft, 1955). En la actualidad, al margen de una variabilidad en las capacidades
perceptivas o descriptivas de los observadores, se tiende a asumir el logro de unas habilidades muy
semejantes y, en consecuencia, obtener informes también similares, y lo mismo ocurre en la auto-
observación, revistiendo en ambos casos gran importancia para la consecución de equipos sólidos de
observadores. En ello influirá, evidentemente, el grado intrínseco de facilidad o dificultad que presente el
nivel de respuesta estudiado.
Así, según Boice (1983), existen tres áreas consideradas especialmente óptimas en tanto en cuanto
que no suden presentar problemas iniciales de observabilidad; son las de comunicación no verbal,
habilidades sociales y terapia. Se podrían incorporar muchas otras, con la tranquilidad de tener medios para
detectar la aparición de distorsiones de diferente naturaleza, que podrían evitarse, en buena parte de los
casos, con una correcta planificación de la investigación y el necesario adiestramiento; por ejemplo, cuando
aparece una inconsistencia en el registro debido a la fuerte variabilidad que ejercen los diferentes momentos
o situaciones, o bien elementos externos o contextuales.
Ello refuerza nuestro planteamiento en el sentido de que, si bien existen unas ciertas capacidades
individuales, que por supuesto aceptamos, en buena medida conseguirse una mejora en el rendimiento como
observador, capaz de solventar problemas que antes podían achacarse a una supuesta inobservabilidad del
comportamiento.

f) Nivel de participación

La característica más relevante de la observación directa es la preservación de la espontaneidad del


sujeto observado, por lo que la participación del observador en algún sentido corre el riesgo de vulnerarla.
No obstante, han sido tradicionalmente cercanos al interés y características de la metodología cualitativa los
grados de mayor participación, que se presentan a continuación como casos particulares.

19.2.1 Observación participante

Entre los diversos criterios que permiten taxonomizar la observación destaca el grado o nivel de
participación; es decir, la interacción entre observador y observado. En este sentido cabe distinguir entre la
figura del investigador que inspira y planifica el estudio , y el mero observador que efectúa el registro de las

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observaciones, aunque es cierto que en ocasiones una misma persona a una los dos roles. El investigador,
quién planifica las fases y actividades de que consta el estudio, debe partir de la base de que se trata de una
metodología no interventiva, y por consiguiente no reactiva (Webb, Campbell, Schartz, Sechrest y Grove.
1981), lo cual implica un grado de control interno mínimo o nulo. El control interno significa la existencia de
dominio sobre la situación, y, por consiguiente, nivel de intervención o de manipulabilidad. Este criterio es
precisamente el que permite diferenciar entre sí las tres metodologías básicas (observacional, selectiva y
experimental) (Arnau, Anguera y Gomez, 1990c) que se disponen ocupando tres tramos contiguos en un
"continuum" definido por dicho criterio.
En el caso del observador con la única función de recogida de datos se puede establecer un
continuum gradación ya clásico (y no siempre adaptable a las actuales necesidades del evaluador) relativa a
observación no participante, observación participante, participación, observación y auto-observación, En la
observación no participante, que en metodología cualitativa ha interesado menos, aunque sin razón lógica
rara ello, entre observador y observado no existe ningún tipo de relación, e Incluso puede ocurrir que ni
siquiera se conozcan físicamente, como en la evaluación del ritmo en una clase de educación física por parte
de un observador que sólo conoce una características identificadora o que ha de observar (p ej., grabando en
video al alumno que lleva el chandal rojo).
La observación participante consiste en un proceso caracterizado, por parte del investigador, como
una forma consciente y sistemática de compartir, en todo lo que le permitan las circunstancias, las
actividades de la vida, y, en ocasiones, los intereses y afectos de un grupo de personas. Su propósito es la
obtención de datos acerca de la conducta a través de un contacto directo y en términos de situaciones
específicas en las cuales sea mínima la distorsión producida en los resultados a causa del efecto del
investigador como agente exterior" (Kluckholm, 1940, pág. 33)). Es relativamente frecuente que una
observación que inicialmente es no participante, se trasforme en observación participante con el transcurso
del tiempo a medida que se van conociendo observador y observado.
Aunque tradicionalmente se ha favorecido desde diversos ámbitos (Etnografía, Sociología,
Pedagogía, Antropología, ...), resaltando como aspectos positivo el de una mejor comprensión del
comportamiento estudiado y la mejor accesibilidad a los sujetos observados, encierra el grave peligro de la
subjetividad, atribuyendo al(a los) sujeto(s) observado(s) sus propios sentimientos o prejuicios.
La participación-observación resulta de una intensificación de la observación participante, cuando
un miembro de un grupo adquiere la cualidad de observador de otro(s) perteneciente(s) a un grupo natural de
sujetos como díada madre-hijo, o con una relación interactiva continuada, como profesor-alumno, etc., y
aunque implica un posible sesgo de expectativa, disminuye el de reactividad y aumenta la accesibilidad del
sujeto, y por consiguiente la viabilidad del estudio, pues no hay que olvidar que en metodología
observacional es frecuente el grave problema da falta de acceso al sujeto observado durante todo el tiempo
necesario.
Existen notables diferencias entre el papel del observador participante y del participante-observador
(Babchuk, 1962), referidas, especialmente, a la tarea a realizar, donde el participante-observador tiene mayor
libertad de movimientos, pudiéndose relacionar con todas las personas de su grupo en sus propios niveles. El
significado de ciertos comportamientos escapa siempre, al menos en parte, a los que observan desde fuera,
mientras que observación en el propio grupo ofrece, además de la mayor posibilidad de acceso, garantía de
logro de mayor volumen de información.

19.2.2. Auto-observación/auto-informe

En el continuum indicado va reduciéndose la distancia entre observador y observado hasta llegar a la


auto-observación, en que coinciden en una misma persona. La auto-observación implica el grado más
elevado de participación en la observación, donde el observador es a la vez sujeto y objeto.
Tradicionalmente se ha desatado una polémica sobre la auto-observación, en la cual actúa un doble proceso
consistente, por un lado, en atender deliberadamente ala propia conducta, y, por otro, en registrarla mediante
algún procedimiento previamente establecido. La auto-observación se ha revelado especialmente indicada en
el estudio de conductas que pertenecen a la esfera de la privacidad (por ejemplo, desavenencias familiares).la
que resultan poco detectables observadores externos (como sentimientos de timidez, agresividad controlada)
conductas encubiertas (tomar decisiones, reflexionar sobre. determinados argumentos) y aquellas conductas
que se supone que están precedidas por reacciones internas o estados emocionales (como comportarse
asertivamente, fumar, etc ).
Hay que distinguir entre auto-observación de conductas heteroobservables, que se puede contrastar
con el registro de un observador que sea una tercera persona (p. ej., mero de cigarrillos fumados en un

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período de tiempo diario por una persona que está siguiendo un programa de deshabituación al hábito de
fumar), de auto-observación introspectiva, que se refiere a vivencias experimentadas en primera persona
(como terrores) y que presenta importantes riesgos, especialmente el de inferencia desmesurada y el de
distorsión.
Como señala Lieberman (1979), la auto-observación o informe de un sujeto sobre sus sentimientos y
pensamientos no deberían diferir de la observación externa de sus actividades motoras. El problema, en lo
fundamental, en que mientras el primer tipo de comportamiento no siempre puede ser verificado
independientemente, sí puede serlo el segundo. De aquí que un reparo habitual hacia la auto-observación se
deba a las garantías sobre la calidad del registro cuando se trata de eventos privados inobservables para otros
sujetos Ahí se podría argumentar que el mundo privado es igualmente observable aunque sólo para una única
persona; y habría que tener presente que el individuo aprende a dar cuenta de su mundo privado según le
enseña la comunidad a hacerlo (Pérez Álvarez, 1994).
A partir de la auto-observación se obtiene el auto-informe, que es una comunicación mensaje,
prioritariamente oral, que emite una persona refiriéndose a sí misma. En la propia definición de lo que
entraña un auto-informe reside una enorme heterogeneidad conceptual.
Los Informes en primera persona pueden implicar muy distintos eventos: juicios basados en
cualidades sensoriales de concretos estímulos presentes en el campo, descripciones de los componentes
sensoriales del pensamiento, narración de experiencias, hechos externos, etc. Puede solicitarse también
información sobre eventos externos que, por su privacidad, son difícilmente observables, por ejemplo
cuántas horas duerme al día; o también sobre eventos internos que son amplificables y, por tanto,
externamente contrastables, como, por ejemplo, si tiene el corazón acelerado. Pero también los seres
humanos se refieren cotidianamente a muchas otras cuestiones, como qué sienten después de una
determinada discusión, qué desean para el siguiente año, etc.
La cuestión se complica cuando a la consideración del auto-informe como respuesta, verbal se añade
posibilidad de tratarse de una traducción isomórfica de un evento interno, o como un signo o indicador de
una estructura interna (Fernández-Ballesteros, 1991).
La contrastabilidad de la información que suministra un auto-informe es un campo de batalla a la vez
que, según algunos autores, una característica esencial de los mismos. No obstante, mientras que existen
auto-informes perfectamente contrastables tanto referidos a eventos externos y comportamientos públicos
como privados (respuesta encubierta de carácter fisiológico), otros no lo son, como aquéllos que se refieren a
sentimientos, expectativas, emociones, pensamientos, o atribuciones. Son estos últimos los que han sido
criticados desde una perspectiva científica y tildados de introspectivos.
Se han propuesto (Fernández-Ballesteros, 1991) varias dimensiones para el estadio de los auto-
informes:
a) Contrastabilidad: son contrastables los auto-informes motores y fisiológicos, y no lo son los
cognitivos
b) Accesibilidad: se trata del grado en el cual el evento informado es conocido o atendido. La
accesibilidad de lo auto-informado tiene que ver con procesos atencionales, de discriminación sensorial, de
aprendizaje, así como con el recuerdo y el olvido.
c) Tiempo al que se refieren: el momento en que tuvo lugar el evento informado se puede encontrar
en un amplio continuum que va desde las más remotas experiencias del sujeto instante presente, e incluso a
un momento futuro, va que el sujeto puede informar también sobre sus expectativas. La exactitud de un auto-
informe, referido tanto a conocimientos como a conductas motoras u otros eventos externos, va a depender,
en buena medida, del intervalo existente entre la ausencia del evento y su información. Por ello; gran parte
de los errores detectados en las atribuciones auto-informadas se deben a fallos de memoria, además de a las
inferencias requeridas de los sujetos.

Hay dos variantes fundamentales de los auto-informes: los concurrentes y los retrospectivos. Aunque
es más frecuente el retrospectivo, comporta mayor riesgo, debido a la deformación añadida por el lapso de
tiempo transcurrido entre la ocurrencia del evento informado y su producción. Gran parte de cuestionarios,
escalas, inventarios, entrevistas, etc., que contienen autorreferencias son auto-informes retrospectivos, y en la
mayoría de los casos se obtienen con una finalidad determinada, permitiendo situar a los sujetos según su
posición relativa en referencia con un grupo normativo; en estas autorreferencias se involucran
habitualmente eventos internos o externos que ya han ocurrido.

19.3, Conducta verbal transformable en material documental

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En el análisis de la realidad social ocupan un papel relevante las conductas verbales del sujeto. Es
innegable que, como ser social por naturaleza, la comunicación humana se realiza predominantemente
mediante conducta verbal, aunque sea igualmente cierto que en la mayoría de los casos se completa y/o
modula en virtud de que actúan otros niveles de respuesta, especialmente el vocal y el no verbal.
La conducta verbal ofrece la posibilidad de ser analizada desde una doble perspectiva. Por una parte,
es perfectamente susceptible de observación directa, sola o complementada con otros niveles de respuesta;
pero, por otra, se abre lentamente un nuevo horizonte de posibilidades si tenemos en cuenta que además de
ser directamente perceptible puede serlo también indirectamente, dado que la interpretación de lo hablado
puede tener diversos sentidos en función del contexto, del sujeto emisor, del sujeto receptor, de ambos. ... Es
obvio además, que la conducta verbal se puede grabar y transcribir, con lo que adopta la forma de material
documental.
La observación indirecta, muy cuestionada desde diversos ángulos, implica la existencia: de
conductas encubiertas que requerirán una inferencia y, por tanto, una carga interjectiva que puede redundar
en detrimento y menoscabo de la objetividad requerida en toda metodología científica. De ahí los recelos que
inspira y su carácter un tanto ambiguo a la hora de considerar su inclusión (mientras no se especifique lo
contrario, con el término "observación" o "metodología observacional" nos referiremos siempre a la
observación directa). Sin embargo, y como se indicó anteriormente, en los últimos años se ha avanzado
considerablemente en este sentido, y el estudio de los procesos cognitivos superiores ha impulsado su
utilización. En la actualidad, por ejemplo, se está trabajando en indicadores externos de la conducta
intencional de los niños y en auto-informes. Además, es muy posible que la mejora de las técnicas que
permiten su estudio riguroso contribuyo a su progresiva consolidación (véanse los apartados 20.4 y 20.5).
Forman parte de la observación indirecta (Anguera. l988a. 1988).entre otras posibilidades, las
mencionadas a continuación, en todas las cuales la originaria conducta verbal se ha transformado en material
documental, motivo por el que le serán aplicables las mismas técnicas en cuanto al tratamiento cualitativo de
datos:
a) Textos documentales obtenidos por la grabación de la conducta verbal de un sujeto y que pueden ser
sometidos, proceso que corre en paralelo con el de la observación directa (Markoff, Shapiro y
Weitman, 1975), pero con la diferencia fundamental —que constituye un indudable riesgo— de
delimitación de las unidades lingüísticas (sintácticas, estructurales y temáticas) y su codificación
(Krippendorf, 1980).
b) Los datos verbales obtenidos oralmente mediante técnicas diversas (generalmente entrevistas)
implican en parte una vuelta al introspeccionismo (Adair y Spinner, 1981) desde el momento en que
el sujeto puede estar explicando sus vivencias en un momento determinado. Esta información, que
corresponde a los informes verbales o protocolos (Ericsson y Simon, 1984). o análisis de tareas
(Rodrigo, 1982), puede ser igualmente susceptible de análisis de contenido, cada vez más
sofisticados, e incluso contando con el prometedor apoyo de la teoría de grafos (Camps, 1986). La
principal dificultad sigue siendo de garantía de validez.
c) Los auto-informes, procedentes del registro propio de la auto-observación, deben también incluirse
en tanto en cuanto que se refieren a conductas —en su sentido más amplio— no perceptibles por
heteroobservadores (aunque en algunos casos en la auto-observación se registre desde la observación
directa —por ejemplo, cigarrillos fumados en un período de tiempo—,debiendo contemplarse como
tal), y en donde se externaliza el lenguaje interno de diversas formas, algunas muy características
como los diarios (por ejemplo, .el de sujetos anoréxicos) o cartas que dejaron escritas algunos
suicidas, y que igualmente deberán someterse al análisis de contenido.

Con estas premisas, vamos a considerar convencionalmente en este apartado la conducta


originariamente verbal que por transcripción posterior se transforma en material documental, mientras que
analizaremos separadamente las producciones que originariamente adoptan la forma de material documental
(véase el apartado l9.4).
Según que la fuente de producción sea un sujeto o varios, se sitúan en este apartado la entrevista en
profundidad y la discusión de grupo.

19.3.1. Entrevista en profundidad

Las entrevistas consideradas desde la metodología cualitativa son flexibles, dinámicas, no directivas,
no estructuradas, no estandarizadas, y abiertas.

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Por entrevista en profundidad se entiende un encuentro cara a cara entre entrevistador y entrevistado
(o, utilizando términos acuñados desde metodología cualitativa, entre investigador e informante) dirigido al
conocimiento y/o comprensión de hechos, acontecimientos, experiencias, situaciones, etc., y tal como lo
expresan sus propias palabras.
Las entrevistas en profundidad siguen el modelo de una conversación entre iguales y no de un
intercambio formal de preguntas y respuestas.
Mantiene rasgos en común con la observación participante desde la perspectiva de incidencia del
entrevistador/observador. Inicialmente se avanza despacio, con el fin de establecer un rapport con los
entrevistadores, aunque, a diferencia de la observación participante, aquí no puede hablarse de falta de
preparación del escenario.
Algunos autores (Taylor y Bogdan, 1984) han sistematizado las diversas modalidades de historias de
vida. Desde nuestro punto de vista, podrían señalarse esencialmente dos, que, en realidad, responderían a un
planteamiento idiográfico o nomotético:

a) Entrevistas dirigidas al conocimiento de actividades y acontecimientos que no se pueden observar


directamente. El sujeto entrevistado es un informante en el verdadero sentido del término, y en
cuanto tal, su rol no consiste simplemente en revelar sus propios modos de ver, sino que debe
describir lo que sucede y el modo en que otras personas lo perciben. Así, por ejemplo, el estudio de
Erikson (1976) sobre la reacción de una ciudad de Virginia Occidental ante un desastre natural;
investigación que no podía haberse realizado de otro modo a menos que el autor se encontrara
accidentalmente en el mismo lugar en que se desarrolló dicho desastre natural.
b) Entrevistas que permiten estudiar un número relativamente grande de personas en un lapso que
podemos considerar breve si se compara con el tiempo que requeriría una investigación mediante
observación participante. Por ejemplo, probablemente se podrían realizar varias entrevistas en
profundidad con veinte maestros empleando la misma cantidad de tiempo que abarcaría un estudio
de observación participante en un aula única.

En ambos casos, a pesar del respectivo planteamiento idiográfico y nomotético seguido en cada uno
de ellos, los investigadores establecen un rapport con los entrevistados, y a través de contactos a lo largo del
tiempo desarrollan una comprensión detallada de sus experiencias y perspectivas.
La entrevista en profundidad tiene su punto de partida en la observación participante, ya que de ella
surge el patrón que aquí se utiliza para recoger la información.
Es absolutamente cierto que solamente mediante la observación directa se puede obtener el grado
más objetivo de información y de la forma mas rigurosa, Pero es igualmente cierto que en muchas ocasiones
no es viable, ni siquiera la observación participante, como modalidad de la primera que supone una cierta
implicación del observador. Es evidente que el observador no puede retroceder en el tiempo para estudiar
hechos del pasado, o forzar su entrada en todos los escenarios y situaciones privadas. Además, la
observación participante exige una cantidad de tiempo y esfuerzo que no siempre se ve recompensada por la
comprensión adicional que se obtendría en comparación con otros métodos.
La entrevista en profundidad presenta unas características específicas:

a) Sus intereses son claros y están bien definidos. Aunque en investigación cualitativa los intereses de
la investigación son necesariamente amplios y abiertos, la claridad y especificidad de lo que se está
interesado en estudiar varía según los investigadores. Por ejemplo, un investigador puede estar
interesado en términos generales en escuelas y maestros, mientras que otro puede interesarse en el
modo en que los maestros ingresan en la profesión. Las experiencias directas anteriores y la lectura
de otros estudios cualitativos puede ayudar a ceñir los intereses de la investigación. A esto se debe
que las entrevistas en profundidad vayan de la mano con la observación participante.
b) Los marcos o escenarios, o las personas, no son accesibles de otro modo. Por ello, como se indicó
previamente, se recurre a las entrevistas en profundidad cuando se desean estudiar acontecimientos
del pasado no puede tener acceso un determinado tipo de escenario o de personas.
c) El investigador tiene limitaciones de tiempo. La ubicación de los marcos o escenarios, negociar el
acceso, concertar encuentros o visitas, así como llegar a conocer a los informantes, lleva tiempo.
Pero aún así, los estudios basados en entrevistas pueden completarse en un lapso de tiempo más
breve que la observación participante, Mientras que el observador participante puede perder tiempo
esperando que ocurra un determinado evento o que un sujeto se manifieste de determinada forma,
por lo general el entrevistador recoge invariablemente datos durante los periodos que pasa con sus

19
informantes, por lo que se logra un empleo más eficiente del tiempo de que dispone el investigador,
frecuentemente limitado y bajo la presión por obtener los datos deseados.
d) Es prioritario el planteamiento de estudios idiográficos respecto a los nomotéticos, a pesar de que no
se excluyen.

El investigador quiere esclarecer experiencia humana subjetiva a través de la entrevista en


profundidad. Las desventajas de las entrevistas provienen del hecho de que los datos que se recogen en ellas
consisten solamente en enunciados verbales o discurso:
En primer lugar, en tanto es una conversación, las entrevistas son susceptibles de producir las
mismas falsificaciones, engaños, exageraciones y distorsiones que caracterizan el intercambio verbal entre
cualquier persona. Aunque los relatos verbales en la entrevista pueden aportar comprensión sobre su
pensamiento acerca de cómo actúan y del entorno, es posible que exista una gran discrepancia entre lo que
dicen y lo que realmente hacen. Benney y Hughes (1970.pág. 137) dicen que "toda conversación posee su
propio equilibrio revelación y ocultamiento de pensamientos e intenciones: sólo en circunstancias muy
inusuales el discurso es tan completamente expositivo que cada palabra puede ser tomada como auténtica".
En segundo lugar, las personas dicen y hacen cosas diferentes en distintas situaciones. Puesto que la
entrevista es un tipo de situación, no debe darse por sentado que lo que una persona dice en la entrevista es lo
que esa persona cree o dice en otras situaciones.
Además, los entrevistadores, en cuanto tales, al no observar directamente a las personas en su vida
cotidiana, no conocen suficientemente el contexto para comprender muchas de las perspectivas en las que
están interesados.
En su comparación de la observación participante con las entrevistas, Becker y Geer (1957)
enumeran una serie de defectos de éstas: es probable que las entrevistado-res comprendan mal el lenguaje de
los informantes, que éstos no quieren no pueden manifestarse en determinadas cuestiones, o que sólo se
pueden conocer a través de su observación en la vida diaria. A pesar de ello, probablemente ningún
investigador propugnaría el abandono de las entrevistas en profundidad como enfoque básico en la
metodología cualitativa.

a) Selección de informantes

Igual que la observación participante, las entrevistas cualitativas requieren un diseño de la


investigación. No se especifica de antemano ni el número ni el tipo de entrevistados, y es difícil tomar una
decisión como ésta al inicio de la investigación. El número de casos carece realmente de importancia, pues lo
relevante es el potencial de cada caso para ayudar al investigador en el desarrollo de comprensiones teóricas.
Después de completar las entrevistas con varios informantes, se diversifica deliberadamente el tipo de
personas entrevistadas hasta descubrir toda la gama de perspectivas de las personas en las que estamos
interesado: dicho en otras palabras, se llega a ese momento en el que entrevistara más personas no genera
información adicional.
Tiene importancia la decisión del criterio de selección. que habitualmente se especificará teniendo en
cuenta la cuestión central del estudio; así, por ejemplo, si se realiza un estudio sobre delincuentes juveniles,
ésta será una primera cuestión que debe cumplirse, a la cual se podrán haber incorporado otros criterios (de
edad, características previas en sus eventos de vida, etc.).
Son frecuentes los casos en que no se sabe cuantas entrevistas en profundidad habrá que realizar
hasta que se comienza a hablar realmente con los informantes Con cada uno de ellos, habrá que avanzar
lentamente, diciéndoles que no se les hará perder mucho tiempo: generalmente la entrevista halaga a los
entrevistados, con lo que luego no suele resultar difícil discutir el plan para nuevas entrevistas. Es necesario
plantear desde el inicio los motivos de la investigación garantizar el anonimato (mediante seudónimos
códigos) poder de veto posterior al leer los borradores, privacidad, y acuerdo en cuanto a lo económico
nunca es recomendable pagar por las entrevistas, pero, en cambio, sí es frecuente compartir los derechos de
autor de un libro con los informantes, lo cual crea un espíritu de compañerismo en el esfuerzo investigador).

b) Desarrollo de la entrevista

Durante las primeras entrevistas, el investigador establece el tono de la relación con los informantes,
y debe aparecer coma alguien que desea aprender de ellos. El entrevistador cualitativo debe hallar modos de
conseguir que el sujeto comience a hablar sobre sus perspectivas y experiencias.

20
Existen diversos modos de guiar las entrevistas iniciales en este tipo de investigación. Según Taylor
y Bogdan (1986) se puede realizar mediante preguntas descriptivas, relatos solicitados, entrevistas con
cuaderno de bitácora, y documentos personales. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, sólo las primeras se
situarían en la categoría de conducta verbal transformable en material documental, mientras que las demás ya
tienen un carácter documental desde su origen.
En el caso de las preguntas descriptivas, se pide al entrevistado que describa, enumere o bosqueje
acontecimientos, experiencias, lugares o personas relacionados con su vida, sin que se estructuren las
respuestas. Así, en una entrevista a una persona en que la institucionalización tuvo fuerte impacto en su vida,
se sigue esta experiencia con profundidad, pidiéndole que describa lugares tales como las salas en que había
vivido, un día típico en las diferentes salas, sus amigos en la institución, tareas que le asignaban ,etc.
Una de las claves para que la entrevista en profundidad sea fructífera es el conocimiento cuándo y
cómo sondear, explorar escudriñar. A lo largo de las entrevistas, el investigador realiza el seguimiento de
temas que emergieron como consecuencia de preguntas especificas, alienta al informante a describir sus
experiencias en detalle, y presiona constantemente para clarificar sus palabras.
En la entrevista cualitativa hay que sondear los detalles las experiencias de las personas y los
significados que éstas les atribuyen. Este es el punto en que se apartan de las conversaciones cotidianas: a
diferencia de la mayor parte de las personas, el entrevistador está interesado en acontecimientos triviales, los
cuales se hallan bajo fuertes influjos carácter cultural. En este sentido, es muy significativo un fragmento de
Deutscher (1973, pág. 191) que explica cómo palabras aparentemente objetivas pueden tener diferentes
significados culturales: "Cuando un camionero norteamericano se queja a la camarera en el coche comedor
porque la cerveza está caliente y la sopa fría, el líquido caliente puede tener una temperatura de 10°C, y el
frío estar a 25°C ... La norma para los mismos objetos puede variar de cultura a cultura, de país a país, de
región a región, y, para el caso, dentro de cualquier unidad social —entre clases, grupos de edad, sexos, o lo
que se tenga—; una sopa fría para un adulto puede estar demasiado caliente para un niño".
Mientras los entrevistadores cualitativos tratan de desarrollar una relación abierta y honesta con los
informantes, deben estar alerta ante eventuales exageraciones y distorsiones en las historias. En la
investigación cualitativa, el problema de la sinceridad es difícil, a pesar de que el entrevistador no está
interesado en la verdad per ser sino en perspectivas. En contraste con la observación participante, al
entrevistador le falta el conocimiento directo del modo en que actúan las personas que estudia en sus vidas
cotidianas.
Por ello el investigador tiene la responsabilidad de establecer controles cruzados sobré las historias
de los informantes. Para ello debe examinar la coherencia de lo expresado en diferentes relatos del mismo
acontecimiento o experiencia; asimismo, para controlar las afirmaciones de los informantes se deben apelar a
tantas fuentes de datos diferentes como resulte posible. En las primeras obras de la Escuela de Chicago, los
investigadores comparaban regularmente las narraciones de los informantes con los registros oficiales
conservados por la policía y por organismos de asistencia social.
Probablemente el mejor modo de tratar las contradicciones e incoherencias internas consista en
plantear el problema directamente.
Finalmente, queda pendiente la cuestión de la grabación de la entrevista en algún soporte magnético.
Los dispositivos automáticos generan reactividad en el sujeto entrevistado, pero no de igual manera en los
casos en que se produce una e licitación respecto que si no la hay. Así, mientras se produce reactividad con
toda seguridad en observación directa al introducir un medio de grabación, en la entrevista, dado que su
razón de ser es la obtención de una información personalizada, existe como un consenso implícito relativo a
la pertinencia y necesidad de guardar esta información para analizarla con el tiempo necesario.
A diferencia de los observadores participantes, los entrevistadores no pueden quedarse sentados,
observando solamente, durante las lagunas en la conversación, y es posible que muchas de las más
interesantes entrevistas en profundidad —y las historias de vida que se elaboraron a partir de ellas— nunca
hubieran sido posibles sin el empleo de una grabadora.
No obstante, es obvio que no se deben grabar las entrevistas si ello hace que los informantes se
sienten incómodos; por supuesto, han de dar el consentimiento. Incluso así, el micrófono no debe ser
intrusivo; se recomienda que se trate de un aparato pequeño, colocado fuera del campo, visual del sujeto
entrevistad, y con la sensibilidad suficiente para no tener que hablar frente a él.

19.3.2. Discusión de grupo

Es una modalidad de recogida de datos propia de la metodología cualitativa que ha sido poco
empleado en el pasado, pero que posee un gran potencial (Ortí, 1989). Se está dando un proceso de

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progresivo desplazamiento o ampliación de modalidades de recogida de datos en investigación cualitativa —
probablemente por un desencanto de lo que había sido una idealización triunfalista del cuantitativismo a toda
ultranza—, y precisamente la discusión de grupo ha surgido bajo este efecto.
• Los entrevistadores reúnen grupos de personas para que hablen sobre sus vidas y experiencias en el
curso de discusiones abiertas. Como en la entrevista en profundidad, el entrevistador aplica un
enfoque no directivo; no obstante, en las discusiones de grupo probablemente nunca se obtenga la
discusión honda que se adquiere en las entrevistas persona a persona.
Así, por ejemplo, en una investigación realizada por Martínez del Pozo (1993), a lo largo de varios
meses se realizaron entrevistas grupales a familiares directos de personas fallecidas de forma inesperada,
aprovechándose estas sesiones para realizar una psicoterapia de grupo.

19.4. Material documental

En este grupo se incluye un conjunto de materiales de registro que desde su origen adoptan una
forma diversa, sean documentos escritos (entre los que se encuentran libros, publicaciones diarias y
periódicas, series estadísticas, diarios autobiográficos, documentos históricos, etc.) y materiales
audiovisuales (como discos, películas, fotografía. videos, etc.), y en donde ambos pueden ser tanto de
carácter privado como público. No obstante, seguiremos considerando como prototipo el material escrito
textual.
Hay que destacar la existencia de múltiples taxonomías que discrepan tanto en criterios como en
nomenclatura, y que se deben a su sustento en múltiples tradiciones académicas y tradiciones, que además
han generado una gran confusión terminológica y una difícil delimitación conceptual. Consideramos correcta
la propuesta por Pujadas (l992), que diferencia entre documento personales y registros biográficos obtenidos
por encuesta, y que aquí modificamos ligeramente.

19.4.1. Documentos personales

La historia de los documentos personales se enraiza en la conocida Escuela de Chicago como


enfoque humanista diferenciado, en donde la tradición sociológica imperante se basó en un sentimiento de,
marginalidad, y tal vez esto fue lo que favoreció el surgimiento del documento y la historia personal.
Para que el enfoque documental resultase académicamente aceptable fue necesaria la legitimación
institucional e intelectual, y ésta fue la tarea que la escuela de Chicago llevó acabo. Desde mediados de la
década de l930 estos argumentos comenzaron a tambalearse a medida que se imponían los enfoques más
científicos", menos subjetivos. Se instaba al investigador a evitar las abstracciones e ir en búsqueda de lo
detallado, lo particular y lo empírico.
La clásica y capital aportación de Allport, ya desde 1942, es de vital importancia. Reproducimos un
fragmento clarificador acerca de cuál es el concepto de documento personal:

"todo escrito o manifestación verbal del propio sujeto que nos proporciona, intencionadamente o no,
información relativa a la estructura y dinámica de la vida del autor. Se incluyen con toda seguridad en este
grupo: 1) las autobiografías, generales o limitadas a un aspecto; 2) diarios personales y anotaciones diversas; 3)
cartas; 4) cuestionarios libres (no tests estandarizados); 5) manifestaciones verbales obtenidas en entrevistas,
declaraciones 6) ciertas composiciones literarias.
Es importante observar que todos estos documentos proceden del propio sujeto; son documentos en
primera persona. Existen, además, otros documentos en tercera persona, consistentes en manifestaciones de
otros individuos sobre el sujeto: estudio de casos, historias de vida biográficas."
(Allport, 1970, 472)

Se trata de cualquier tipo de registro no motivado o incentivado por el investigador durante el


desarrollo de su trabajo, que posea un valor afectivo y/o simbólico para el sujeto analizado. Para Thomas y
Znaniecki (1958) las historias personales constituyen el tipo perfecto de material sociológico (ambos eran
sociólogos), y mantenían la opinión de que si las Ciencias Sociales han de emplear otros materiales es sólo
por la dificultad práctica de obtener de momento un número de tales documentos suficiente para cubrir la
totalidad de los problemas y por la enorme cantidad de trabajo que requiere un análisis adecuado de todo el
material personal necesario para describir la vida de una persona o un grupo.
La investigación basada en las historias personales puede ser acusada de insuficiencia técnica, no
prestando la debida atención a la representatividad, la validez y la objetividad. Son muchos los problemas
que plantea este tipo de material con fines de investigación.

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En la esencia misma de los documentos personales está su objeto, que es el flujo continuo y vivido,
con toda la ambigüedad, variabilidad maleabilidad e incluso singularidad que normalmente implica la
experiencia. Son esclarecedoras las palabras de Plummer (1989, pág. 15), las cuales transcribimos por ser un
autor relevante en la materia:

"El mundo está abarrotado de documentos personales. La gente lleva diarios, envía cartas, hace fotos,
escribe informes, relata biografías, garabatea pintadas, publica sus memorias, escribe cartas a los periódicos,
deja notas de suicidio, escribe frases en las tumbas, filma películas, dibuja cuadros, hace música, e intenta
consignar sus sueños personales. Todas estas expresiones de la vida personal son lanzadas al mundo a
millones, y pueden ser de interés para cualquiera que se preocupe de buscarlas, Todas son 'documentos
personales' en el más amplio sentido (…)"

Es cierto que el material biográfico es difícil de clasificar, pero, haciendo nuestro el criterio
propuesto por Pujadas (l992).se consideran las siguientes categorías en documentos personales:
autobiografías; diarios personales, memorias y correspondencia; fotografías, películas, vídeos o cualquier
otro tipo de registro, iconográfico; y objetos personales.

a) La autobiografía puede definirse como "el relato retrospectivo en prosa que una persona real hace de
su propia existencia, poniendo el acento sobre su vida individual, y en particular sobro la historia de
su personalidad" (Lejeune, 1975.pág. 15). Siempre son narraciones realizadas por la propia iniciativa
de una persona, a partir de unas motivaciones, y siguiendo un sistema de elaboración que nos es
desconocido y que hay que intentar averiguar para poder evaluar su verdadera significación. La
autobiografía puede adoptar una apariencia multiforme, y los criterios propuestos han resultado
insuficientes A pesar de ello, Lejeune deja sentadas sus cuatro características principales: forma
(relato en prosa), tema (vida de un sujeto), situación de coincidencia entre narrador y autor del relato,
y posición del autor (final de una perspectiva retrospectiva en la que se da la superposición de
narrador y de personaje principal).
b) El diario ha sido muy utilizado, aunque presenta el inconveniente de que no puede esperarse que lo
realicen personas procedentes de determinadas capas sociales. Existe relativo consenso en considerar
que admite menos posibilidades de error que tara tipo de documentos personales, dada su proximidad
a los acontecimientos y, y a que existe una estructuración de la narración menos deliberada, lo cual
se debe probablemente a que la estructura del diario tiene que ajustarse al día como unidad de
tiempo.
La mayoría de autores coinciden en señalar que el diario es altamente revelador de la relación
entre los sucesos escritos en el mismo y las estructuras cognitivas del autor del diario en el tiempo en
que éste es escrito; en este sentido, Zabalza (1991), al utilizar el diario como instrumento de análisis
del pensamiento del profesor, pretende exactamente explorar la expresión que el profesor da de su
propia actuación en clase y de la perspectiva personal desde la que la afronta. El diario es un recurso
ciertamente costoso, por lo que implica de continuidad en el esfuerzo narrativo, y por lo que supone
el tenerse que poner a redactar después de una jornada de intenso trabajo, así como por el propio
esfuerzo lingüístico de reconstruir verbalmente episodios densos de vida; pero una vez que se ha
entrado en dicha dinámica —podríamos afirmar que hábito—, se le encuentra gran sentido y utilidad
por parte de sus actores, y a partir de este momento es frecuente que incluso desborde los objetivos
iniciales del investigador.
La implicación personal en la realización del diario es multidimensional (Zabalza, 1991) y afecta
tanto a la propia semántica del diario (en él apareciendo lo que los actores saben, sienten, hacen, etc.,
así como las razones por las que lo hacen y la forma en que lo hacen, lo cual convierte propiamente
al diario en documento personal) como a su sentido (el diario es ante todo lo que uno cuenta desde sí
mismo y para sí mismo, de manera que lo que se cuenta tiene sentido pleno únicamente para aquél
que es a la vez autor y principal destinatario de la narración).
El diario tiene un carácter longitudinal e histórico que le diferencia de los demás documentos
personales, los cuales, o son puntuales (cartas, documentos sobre momentos específicos, etc.) o bien
constituyen reconstrucciones de períodos vitales desde momentos distantes en el tiempo a los hechos
narrados (biografía, entrevistas, historias de vida, etc.), El diario va estableciendo la secuencia de los
hechos desde la proximidad e inmediatez a los propios hechos, lo cual permite conocer cómo
evolucionan, y, además, el diario presenta la característica de la segmentación del período general
(conjunto del período narrado) en segmentos temporales unitarios.

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c) Las cartas han sido menos utilizadas que los diarios debido a que presentan mayores problemas,
especialmente el que deriva de la relación diádica que plantean y la necesidad de contextualización,
lo que implica el tenerlas que analizar comparativamente con otras del mismo sujeto u otras del
mismo tipo.
d) Las memorias se construyen habitualmente apoyándose en los diarios y las cartas; su propia
naturaleza requiere sobre todo material escrito, documentos de circunstancias y hechos, y su carácter
es mucho más impersonal y, consiguientemente, más técnico.
e) Finalmente, el material gráfico y objetos personales tiene un carácter residual, y la pregunta
recurrente a la que obligan es hasta qué punto ofrecen material válido en alguna medida (Becker,
1986), dadas las innumerables sospechas que los acechan: medida en que fue falseado, criterio de
oportunidad, viabilidad material de acceso, amenaza a la privacidad, etc.

Una circunstancia que queremos resaltar es la dificultad que presenta la localización sobre el terreno
de documentos personales de cualquier índole que puedan ser útiles para el análisis de una determinada
cuestión. Es lo que le ocurrió a Alloort (1965) con la correspondencia de los últimos años de los últimos años
de la señora Jenny Masterson, que llegó a sus manos y sirvió de base a su conocidísima obra Letters from
Jenny, considerada coma un trabajo emblemático tanto por el uso magistral de documentos personales como
por su tratamiento teórico de los estudios de caso; es muy raro encontrar —y poder disponer de ellos—
documentos coma diarios, autobiografías, o correspondencia, aunque sí es más frecuente poseer fotografías e
incluso películas que reflejan aspectos de las vidas de las personas.

19.4.2. Registros biográficos obtenidos por entrevista/encuesta

La existencia de múltiples tradiciones sobre este tipo de material documental ha generado


controversias difíciles de encauzar y sistematizar y que en muchos casos han implicado matices de orden
terminológico.
Así, con el desarrollo de lo que en 1920 se llamaba el método biográfico (Thomas y Znaniecki,
1958) se empezó a usar el término life history, para describir tanto la narrativa vital de una persona recogida
por un investigador como la versión final elaborada a partir de dicha narrativa, más el conjunto de registros
documentales y entrevistas a personas del entorno social del sujeto biografiado que permiten completar y
validar el texto biográfico inicial. Posteriormente, se introdujo el término life history para referirse
exclusivamente a la narración biográfica de un sujeto que, a veces, puede ser publicada sin retocar, con fines
de proporcionar una mayor fuerza testimonial, conservando incluso las propias peculiaridades lingüísticas de
la persona. Hasta fechas recientes se ha tendido a solapar el significado de ambos términos, hasta que
recientemente Denzin, y después Bertaux (1981), han fijado ambos términos.
Así, la life story (en francés récit de vie) corresponde a la historia de una vida tal como la relata la
persona que la ha vivido, mientras que el término life history (en francés histoire de vie) se refiere al estudio
de caso referido a una persona dada, comprendiendo no sólo su life story, sino cualquier otro tipo de
información o documentación adicional que permita la reconstrucción de dicha biografía de la forma más
exhaustiva y objetiva y que permita la reconstrucción de dicha biografía de la forma más exhaustiva y
objetiva posible.
Dado que en castellano aún no están acuñados los correspondientes términos, Pujadas (1992) ha
propuesto relato de vida para referimos al primer concepto, frente al habitual de historia de vida para el
segundo. Desarrollamos brevemente cada uno de ellos:

a) El relato de vida se sitúa en el ojo del huracán de los registros biográficos en función de la
corriente desde la que se contemple. Para la corriente humanista, de filiación idiográfica, se convierte en una
especie de bandera que niega de forma radical los avances del positivismo, mientras que para las corrientes
objetivistas, de filiación positivista, es visto con escepticismo. Pero, sin embargo, existen múltiples ejemplos
que muestran cómo la recopilación de relatos de vida, bien como modalidad básica, o bien como técnica al
servicio de diseños de investigación que utilizan otro tipo de material de encuesta, pueden servir a
planteamientos teóricos y a concepciones científicas de todo tipo, por supuesto, resulta útil para
determinados tipos de survey cuantitativos.
Al margen de lo costoso que es obtener buenos relatos de vida, ofrece importantes ventajas, como su
extraordinaria riqueza de matices, da respuesta a las eventuales preguntas que se pudieran formular debido a
la minuciosidad y detalle con que se recogen las experiencias vitales, permite evaluar el impacto de las
transformaciones realizadas en el individuo y su entorno, etc.

24
No obstante, existen también una serie de inconvenientes, derivados principalmente de las
dificultades de implementación de la entrevista/encuesta y recopilación de la información, así como del uso
posterior que se le dé. Las principales dificultades se concretan en la dificultad de obtener buenos
informantes, de completar los relatos iniciados (par cansancio del informante, por problemas de relación con
el investigador, o por otra circunstancia aleatoria), de control de la información obtenida (por observación
participante, o relatos biográficos cruzados, o mediante cartas, o mediante entrevistas a terceras personas,
con el fin de validar la información obtenida), impaciencia del investigador, elaboración de la gran cantidad
de material recogido, etc.

b) La historia de vida es un relato autobiográfico, obtenido por el investigador mediante entrevistas


sucesivas, en donde el objetivo es mostrar el testimonio subjetivo de una persona en la que se recojan tanto
los acontecimientos como las valoraciones que hace de su propia existencia. En la historia de vida, el
investigador es solamente el inductor de la investigación, su transcriptor y también el encargado de retocar el
texto, tanto para ordenar la información del relato obtenido en las diferentes sesiones de la entrevista, como
el responsable de sugerir al informante la necesidad de cubrir los huecos informativos olvidados por el
sujeto. En la etapa de publicación de la narrativa, el investigador podrá, según las circunstancias, hacer
retoques ulteriores al texto (siempre de común acuerdo con el biografiado), en el sentido de reducirlo, por
ejemplo extrayendo reiteraciones. También será el encargado de establecer las convenciones del texto:
puntuación, representación de los énfasis, silencios, transcripción de las peculiaridades fonéticas y
morfosintácticas del habla del sujeto. Esta modalidad de recogida de datos está a caballo entre material
documental y conducta verbal transformable en material documental (véase el apartado l9,3).
Publicar una historia de vida presupone condiciones de adecuación científica, pero también otras de
carácter predominantemente textual. Además, salvo raras excepciones, los psicólogos no vamos buscando la
realización de historias de vida, como estudios de caso únicos, sino que éstos surgen a menudo de casos
únicas, sino que éstos surgen a menudo de improviso, a posteriori, después de meses o años de estar
trabajando en un determinado tema.

25
20. TRATAMIENTO CUALITATIVO DE DATOS
Mª. Teresa Anguera Argilaga

20.1. Introducción

La finalidad del tratamiento de datos, sin importar el tipo de datos que se tenga, es imponer algún
orden en un gran volumen de información, así como proceder a una reducción de datos, de manera que sea
posible obtener unos resultados y unas conclusiones que se puedan comunicar mediante el informe de
investigación.
Se detecta una cierta contradicción —al menos aparente— entre el hecho de que el investigador
cualitativo prefiere que la teoría emerja de los propios datos, averiguando qué esquemas de explicación son
empleados por las materias sometidas a estudio para proporcionar un sentido a la realidad con las que se
encuentran, y, por otra parte, que para analizar la información se empleen procedimientos estadísticos de
diversa complejidad (Ruiz-Maya, Martín-Pliego, López, Montero y Uriz, 1995). En consecuencia, es preciso
esmerarse para resolver la cuestión sin desviarse de la filosofía de referencia, pero con un máximo de rigor.
Esta tarea es un reto especialmente en metodología cualitativa por tres principales razones:

a) No existen reglas sistemáticas para el análisis y presentación de datos cualitativos, lo cual se debe en
parte al carácter "blando" que se les atribuye. La ausencia de procedimientos analíticos y
sistemáticos hace difícil la tarea en una investigación cualitativa, en donde además no tiene sentido
la replicación.
b) Requiere un gran volumen de trabajo. El analista cualitativo debe analizar y darle sentido a páginas y
páginas de material que primero fue narrativo y después descriptivo. Por ejemplo, un estudio
realizado en un centro hospitalario en donde se realizaran treinta entrevistas a enfermos de cáncer en
fase terminal que eran sabedores de su estado, las transcripciones variaron de 40 a 80 páginas por
entrevista, lo cual dio como resultado gran cantidad de material que había que leer, organizar y
sintetizar, La investigación cualitativa implica una dedicación considerable de tiempo, lo cual,
combinado con el hecho de que las muestras son pequeñas, aumenta la dificultad, además de que es
costoso, y su generalización es limitada.
c) Es precisa una reducción de datos para la elaboración del informe. Con frecuencia, los principales
resultados de una investigación cualitativa se pueden esquematizar en algunos cuadros; no obstante,
si se sintetizan demasiado, se pierde la integridad del material narrativo de los datos originales.
Como consecuencia, es difícil presentar resultados y de investigaciones cualitativas en un formato
que sea compatible con las limitaciones de espacio de las publicaciones científicas profesionales.

Con estas pautas generales, en primer lugar se expone con una cierta extensión el proceso de
codificación, compuesto de operaciones que consideramos emblemáticas en el tratamiento —que no implica
análisis— de datos que son cualitativos, porque ésta era su naturaleza en el momento de su obtención, pero
que nada impide que, una vez se han sometido a una serie de operaciones, adquieran una naturaleza
cuantitativa (sea solamente cuantitativa, o complementándose una vertiente cualitativa y otra cuantitativa del
dato), y entonces sean sometidos a un pertinente análisis, que se deberá llevar a cabo con todo rigor, como
también debe gozar de este atributo el tratamiento del dato cualitativo que desarrollamos en este apartado.

20.2. Codificación ∗

En metodología cualitativa importa el estudio del proceso, no del resultado; por ello cobra especial
relieve la transducción de la corriente o flujo de conducta al registro. En este sentido cabe preguntamos si
siempre podríamos garantizar que, al efectuar una descripción de una ocurrencia de conducta escena, se
extrajera lo esencial acompañado de todos los matices necesarios y no digamos si se hallaría una perfecta
correspondencia entre datos recogidos mediante descripciones situadas a distintos planos entre el uso de
términos estrictamente empíricos y otros con notable carga conceptual. Además, ¿existiría biunivocidad
entre el hecho y su correspondiente descripción?


Parte del texto de este apartado se haya desarrollado en Blanco, A. Anguera, M.ª T. (1991)

26
20.2.1. De la descripción al registro

Habitualmente usamos el término descripción que, según Dorsch (1976, págs. 236-237), es la
"ordenada relación de las características de un objeto o proceso, para dar una idea clara de lo estudiado. Es la
expresión verbal del contenido de la observación y la primera tarea que debe llevar a cabo una ciencia"; pero
es cierto que actuamos desde niveles de descripción diferentes cuando anotamos rigurosamente cada uno de
los movimientos y sonidos emitidos por un recién nacido que cuando describimos globalmente lo ocurrido en
una discusión profesional.
Por otra parte, Por el registro es una "transcripción de la representación de la realidad por parte del
observador mediante la utilización de códigos determinados, y que se materializa en un soporte físico que
garantiza su prevalencia" (Anguera, Behar, Blanco, Carreras, Losada, Quera y Riba, 1993, pág. 613). Pero
resulta evidente que dicha transcripción no es automática, y habrá que tomar diversas decisiones en su
materialización.
Uno de los elementos determinantes en estas decisiones y, en consecuencia, en la forma cómo se
lleva a cabo la captación del significado es la adopción de un criterio-base (o varios) sobre la segmentación
de la conducta y la demarcación de sus unidades, la cual depende a su vez de la naturaleza de los parámetros
del comportamiento que se poseen y de los fines específicos de la investigación (Scherer y Ekman, 1982),
con lo que se establecerá el carácter predominantemente molar, molecular o mixto (Meazzini y Ricci, 1986)
del sistema taxonómico, que está en estrecha relación con un nivel elevado o prácticamente inexistente de
abstracción, el interés por una taxonomía predominantemente natural, estructural, o funcional y, de forma
relativamente más distante, con la superposición de niveles en la estructura de la conducta al puntualizar su
disposición jerárquica (Yela, 1974)
En la base de tal diferenciación se sitúa la delimitación de los diferentes eventos, y la consideración
de la corriente o flujo de conducta como una secuencia de unidades discretas (Dickmann, 1963; Condon y
Ogston, 1967) comportará evidentemente una definición de las unidades de conducta (Zeiler, 1986), previa
descripción, y con el fin de conseguir su operativización, y que, en cualquier caso, dependerá del problema
de estudio, por lo que su elección es de las más importantes y difíciles decisiones de la investigación, dado
que será crucial para su validez (Anguera, 1986c). Altmann (1965) señala, en este sentido, que las unidades
de conducta presentan los problemas básicos de cuándo dividirse y cuándo agruparse, y en esto subyace el
problema del continuum establecido entre moralidad y molecularidad, con sus contrapesos respectivos de
alto nivel de abstracción (con la ventaja de globalidad y no pérdida de vista del contexto) y desmembración
de unidades mínimas vacías de contenido (con la ventaja de objetividad).
El tipo o modalidad de descripción repercute de forma determinante. No existe criterio unánime en
la literatura especializada pero se ha ido imponiendo el de los etólogos. Así, Lehner (1979) distingue entre
descripción funcional, que corresponden, respectivamente, a la descripción por operación y descripción por
consecuencia. Las categorías obtenidas a partir de una descripción topográfica intentan simplemente
catalogar conductas —generalmente motoras— con finalidad normativa, y no es muy habitual en psicología,
aunque sí en psicología. Un ejemplo sería la lista suministrada por McGrew (que aparece en el apéndice de
Hutt y Hutt. 1970) de 111 conductas motoras de niños en una guardería. Por otra parte, las descripciones
funcionales suministran información que puede resultar más valiosa, pero que implica más inferencia por
parte del observador, así como más suposiciones implícitas al elaborar las categorías. Por ejemplo, nadar,
montar a caballo, etc.
Con un ligero matiz diferencial, Martin y Bateson (1992) proponen tres tipos de descripción:

a) Descripción de la estructura, apariencia, forma física o pautas temporales de la conducta. La


conducta se describe en términos de postura y movimientos de los sujetos, pudiendo alcanzar un gran
detalle, y requiriéndose de la capacidad y habilidad del observador para percibir sutiles diferencias.
b) Descripción en función de las consecuencias, o efectos de la conducta en el contexto (en sentido
amplio, abarcando tanto a otros sujetos como a objetos materiales, como a la especial disposición en
que se hallan) en el que se produce su ocurrencia, o en el propio sujeto que la emite, aunque sin
referencia a cómo se producen tales efectos. Así categorías como obtener alimento o esquivar a un
sujeto serían un claro ejemplo. Su diferenciación de la anterior es clara, y en este sentido, no hay
duda de que apagar la luz es una descripción en términos de consecuencias, mientras que apretar
con el dedo la pequeña placa saliente del interruptor es una descripción estructural.
c) Una tercera forma de descripción se efectúa en términos de la relación espacial entre sujetos en un
determinado entorno, por lo que el énfasis se halla no en lo qué hace el sujeto, sino dónde y con

27
quién. Por ejemplo, aproximarse o salir se pueden definir en términos de cambios en la relación
espacial entre dos sujetos.

Desde una consideración cercana al grado de implicación del observador, también se distingue entre
descripción ética (Coll, 1981; Headland, Pike y Harris, 1990), que tiene un indudable carácter externo,
objetivo y exhaustivo, haciendo referencia a categorías previamente explicitadas en donde no actúa una
selección de lo relevante y todos los detalles tienen igual importancia, y una descripción émica, que se sitúa
en un nivel de identificación y precisión de las categorías significantes para el sujeto, y que se lograría
intentando componer y relacionar las informaciones éticas extraídas por el observador.
Finalmente, se matiza también entre unidades simples y complejas y es frecuente que, en estos casos,
como indica Rosenblum (1978), las propias condiciones bajo las cuales los sujetos son observados influyan
directamente de forma que se adopte una taxonomía útil, dada la rigidez de la dicotomía establecida.
Si se dispone de una flexibilidad en los niveles descriptivos adecuados, de forma que exista una
gradación continuada que incluya una gama de niveles descriptivos intermedios no situados en los extremos
de posiciones bipolares, será mayor el ajuste y la articulación entre percepción e interpretación, con lo cual
resulta beneficiada la calidad del registro observacional. Podría argüirse en contra que aumentaría la
complejidad en la codificación y posterior análisis pero ello puede solventarse adecuadamente si se hace uso
adecuado de los parámetros observacionales establecidos y se lleva a cabo un tipo de análisis que se adecue a
los datos recogidos.
En buena parte de los casos, la inclusión en un mismo registro de varios niveles descriptivos daría
lugar a la superposición de diversas unidades y de cubrir el continuum de conducta, lo cual permitirá
establecer una convergencia entre diferentes tipos de análisis (Blanco, 1983).
De acuerdo con el grado de estructuración o control externo, pueden establecerse diversos niveles
de sistematización, cuestión variable en función de la fase de la investigación, así como también de la
complejidad de la conducta y/o situación. En principio, existen el registro no sistematizado y el
sistematizado, pudiendo optarse además por una gradación de registros de diverso grado de semi-
sistematización.
La observación no sistematizada, u ocasional, o fortuita, o pasiva, no obedece a ninguna regla y se
caracteriza esencialmente por:

1) Falta de concreción en el objetivo.


2) Falta de criterios de inclusión y orden en el registro.
3) Ausencia lógica de hipótesis.

En definitiva, se acumulan en forma más o menos marginal unas informaciones que no tienen otra
finalidad ni pretensión que suscitar una idea de investigación.
La observación sistemátizada o activa es la única que interesa en la observación directa y sus
principales aspectos característicos son:

1) El objetivo está perfectamente precisado, tanto en lo que se refiere a comportamientos como a


sujetos y situación(es).
2) En consecuencia, los criterios de selección de información (la considerada relevante en función de
los fines que interesan) están pautados.
3) Uso de una técnica de registro y de medios técnicos que garanticen la precisión de los datos.
4) Permite la obtención de datos cuantificables mediante diversos indicadores y parámetros (frecuencia,
lactancia, ritmo, duración, intensidad, dirección, etc), que en cada caso requerirán, por supuesto, de
su previa operativización,
5) Plausibilidad de la formulación de hipótesis.

20.2.2. Modalidades de registro

Teniendo en cuenta que el nivel de sistematización (o grado de control externo) se extiende a lo largo
de un continuum, adoptamos este criterio para mencionar las diferentes modalidades de registro.
Las técnicas de registro más ampliamente difundidas son: registros narrativos y registros descriptivos
en ausencia de sistematización, registros semi-sistemáticos, listas de control y escalas de estimación cuando
la sistematización es parcial, y registro correspondiente a datos categoriales cuando existe un nivel elevado
de sistematización.

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a) Registros no sistemáticos

En la fase pasiva de la investigación, o en el primer registro de la fase activa, el registro es no


sistemático, dado el, por lo general, escaso conocimiento de la situación y/o sujeto y/o conductas, y puede ser
tanto narrativo como descriptivo; matices que sólo algunos autores han diferenciado (Evertson y Green,
1986)
Definimos el registro narrativo como la "descripción de bajo nivel, realizada mediante leguaje oral o
escrito, que es propia de fases iniciales de la observación, y que se caracteriza por su falta de estructura"
(Auguera. Behar, Blanco, Carreras, Losada, Quera y Riba. l993. pág. 613). Corresponde al registro narrativo
un texto en que se pormenoriza lo ocurrido, de forma parecida a como un reportero da cuenta de un
acontecimientos, ya que pueden existir lagunas o fallos en la ordenación de los hechos. Corresponde
generalmente al período de observación exploratoria, y de ahí su gran importancia, ya que suministra una
información básica. Difiere de los sistemas de categorías (aunque éstos se hayan elaborado a partir de un
lejano registro narrativo) en su dependencia del sistema perceptivo del observador, de la habilidad que este
tiene en cada momento, del filtro intencional realizado sobre lo que conviene o no registrar, o de la
adecuación del propio léxico utilizado en la descripción de les hechos, ya que el observador registra
narrativamente la información en lenguaje ordinario .Anguera, 1990).
A su vez, el registro narrativo puede presentarse bajo diversas modalidades (Fassnacht, 1982;
Evertson y Green, 1978):
- Diarios (no nos referimos únicamente al típico de la auto-observación, sino especialmente al
resultante de la hetero-observación), con problemas generalizados de predominio de la interpretación
sobre la percepción. Actualmente en desuso, su punto álgido se alcanzó hacia 1920, momento el que
era habitual registrar la actividad diaria del niño en las épocas tempranas de su vida para estudiar su
evolución.
- Registros anecdóticos, que consisten en breves descripciones de un evento que ha ocurrido de forma
inesperada, no interesando tanto la ocurrencia en un determinado sujeto, sino la manifestación de
tales tipos de respuestas en general, lo cual constituye el criterio base para u agregación continuada.
No requieren una codificación,/`determinada.
- Registras continuos, que tratan de captar los elementos importantes de una serie de conductas o
sucesos, constituyendo el esqueleto de muchos archivos de estudio de casos.
- Registros de muestras, referidos únicamente a escenas concretas que deben transcribirse y en las que
se pueden precisar el encadenado y/o anidamiento de objetivos. Estos ya pueden someterse a una
detallada codificación.

El registro descriptivo muestra una evolución y avance respecto al narrativo, ya que existe una cierta
estructuración, es frecuenta la utilización de medios automáticos de grabación, la terminología utilizada es
más precisa, e incluso aparecen intentos de categorización.

b) Registros con sistematización parcial

Dado que ya anteriormente se mencionaba que el nivel sistematización varía a lo largo de un


continuum, incluimos en este grupo todos aquellos registros en que esta en marcha el proceso de consecución
de mayor control externo. Tratando de expresar de forma estructurada la información contenida en las
conductas eventos forma que no se produzca pérdida de ella o de matiz expresivo.
El registro semi-sistematizado, como tal, se usa poco, pero destaca especialmente por su interés
didáctico y por facilitar la formación de observadores, dado que es muy útil realizar la transformación de un
registro no sistematizado a uno semi-sistematizado, y de éste al sistematizado, y luego proceder por camino
inverso para comprobar si se preserva sin distorsión la información relevante, es decir, si se mantiene la
coincidencia entre el inicio y el final del proceso.
Como principal característica, se establecen las unidades de observación, o mínima cantidad de
información —y por tanto con cierto contenido—, referidas a la conducta o evento que constituye el núcleo
central de nuestra observación y al entorno que le rodea por estar en interacción constante, actuando como
evento antecedente, evento consecuente o como ambos a la vez, si suceden a una conducta y preceden a la
siguiente. Destaca de forma notoria no sólido el control temporal (inclusión de marcas referidas a las
unidades de tiempo que se tomen como punto de tiempo que se tomen como punto de referencia), que en
ocasiones ya se inicia en el registro descriptivo, sino el del orden, indicándose mediante cifras correlativas la
sucesión global de las acciones del sujeto y de los eventos antecedentes y consecuentes.

29
Las listas de control constituyen un buen recurso siempre que ha de efectuarse un registro
esquemático sobre la presencia o ausencia de conductas o eventos concretos. Se corresponden con las listas
de acción (Anguera, 1985) y basta llevar a cabo una relación de las alternativas conductuales presentadas a
modo de inventario.
Existen dos posibilidades:
- Los sistemas de signos, obtenidos al muestrear numerosas informaciones diversas de un evento
natural sin que exista ninguna suposición previa acerca de su ponderación o importancia relativa.
- las listas de rasgos, que si bien inicialmente coinciden con los sistemas de signos, se transformarán
en categorías, al sustituir las agrupaciones de rasgos homogéneos por categorías provisionales que se
someterán a un proceso de revisión.

Las escalas de estimación, o de apreciación, o de evaluación, constituyen medidas destinadas se


obtienen en el acto de observar mediante un sistema rápido que, sin embargo, presenta gran riesgo de
subjetividad.
Pueden ser de varios tipos. El más conocido es la rating scale, en la que una serie de estimaciones
del observador se asignan a los correspondientes niveles que presenta.

c) Registros sistematizados

Cualquiera de los tipos de registro anteriormente mencionados deberá transformarse en registro


sistematizado para que la información recogida pueda considerarse como datos netos, y por tanto sea capaz
de dar lugar a resultados precisos.
No existe una modalidad de registro específica, aunque se requiere un máximo grado de control
externo.

20.2.3. De registro a la codificación

Hemos visto coma se inicia la fase empírica de la observación desde el momento en que el
observador empieza a acumular y clasificar información sobre eventos o conductas, con lo que posee unos
datos provenientes de una traducción de la realidad, y que deberá sistematizar progresivamente, pudiéndolo
hacer a lo largo de una gradación con muchísimos eslabones intermedios –desde la observación pasiva a la
activa—, los cuales suelen sucederse entre sí, al menos parcialmente, a medida que avanza el conocimiento
del observador acerca de las conductas estudiadas y se acrecienta su rodaje específico.
Si se trabaja con notas de campo, transcripciones provenientes de entrevistas no estructuradas,
documentos históricos o algún otro material cualitativo, una tarea determinante es la preparación cuidadosa
de la codificación (Miles y Huberman. 1484; Strauss y Corbin, 1990) mediante la imposición de alguna
estructura en la mayor parte de la información.
En primer lugar, al igual que en los estudios cuantitativos, es importante revisar que los datos estén
completos, que tengan buena calidad y que estén en un formato que facilite su organización. Se debe
confirmar que las transcripciones textuales en realidad lo sean y que se hallen completas.
La principal tarea en la organización de los datos cualitativos es desarrollar un método para indizar el
material; por ejemplo, listados que relacionan los números de identificación de materia con otros tipos de
información, como fechas y lugares de la recogida de datos.
Todo registro, por ajustarse al objetivo previamente delimitado, implica una selección de las
conductas consideradas relevantes, y en base a sus características, a la técnica de registro elegida ya, los
recursos de que se dispone, deberá escogerse un sistema (escrito. oral, mecánico, automático, icónico, etc.)
que facilite simplificación y almacenamiento.
Ahora bien, el plano en que se sitúa el registro es pobre e insuficiente si pretendemos, como se
indicó anteriormente, una elaboración posterior —y también la cuantificación— de la plasmación de la
conducta espontánea mediante la observación sistemática. Y de ahí la necesidad, mediante la codificación, de
construir y utilizar un sistema de símbolos—que pueden ser de muy diversos órdenes— que permita la
obtención de las medidas requeridas en cada caso.
Entendemos por codificación el "proceso de elaboración conceptual, mediante un mecanismo
representacional, de los comportamientos específicos percibidos. Ello supone una transformación del registro
narrativo propio de las primeras fases le la observación a un sistema de símbolos altamente estructurado y
asorde con el problema de investigación previamente definido" (Anguera, Behar, Blanco. Carreras, Losada
Quera y Riba, 1993, pág. 591). El proceso de categorización, descrito en el apartado 20.3, es precisamente

30
una modalidad de codificación, que por su interés y amplitud de uso requiere que sea tratada con mayor
detalle.

20.2.4. De la codificación al dato cuantitativo

Existe una serie de decisiones, a tomar previamente al registro, que parte del planeamiento del
estudio y que inciden directamente sobre la forma en que se llevará a cabo la codificación. Esencialmente
son las siguientes:
a) Eventos vs. estados. Al fijar Los criterios darán lugar al establecimiento de las unidades de conducta,
surge la alternativa acerca de qué conviene más: codificar eventos o estados (Altmann 1974). Los
eventos corresponden a conductas de relativamente corta duración, como movimientos o
vocalizaciones puntuales, y que pueden considerarse como puntos en el tiempo. Los estados poseen
una duración apreciable, correspondiendo a actividades prolongadas. La unidad de medida del
evento es su frecuencia, y del estado su duración. Por supuesto, la ejecución de cualquier clase de
conducta consume una cierta cantidad de tiempo, por corta que sea; pero si consideramos el
momento en que se inicia una conducta, o cualquier otro instante definido, entonces lo que se
registra es un evento. Por ejemplo, podemos registrar que un sujeto se halla en postura erecta (de
pie), lo cual es un estado, pero por otra parte, el acceso a esta postura es un acto que ocurre en un
acto que ocurre en un instante (levantarse) y, por tanto, se trata de un evento.
a) La elección entre considerar las conductas como estados o como eventos es algo que depende de las
cuestiones que nos planteamos conocer sobre dicha conducta.
b) Eventos momentáneos vs. duración. Los dos criterios dicotómicos que se cruzan para dar lugar a los
tipos de datos posibles en metodología observacional son: registros secuenciales vs. concurrentes y
evento-base vs. tiempo-base. Este segundo criterio marca el paso desde el orden a la duración como
unidades de medida. La decisión a adoptar es clara: el máximo de información se consigue con la
duración de cada conducta (o, lo que es lo mismo, registrando los momentos de inicio y fin de las
ocurrencias de conducta); ahora, si en lugar de la duración sólo tenernos acceso a información sobre
intervalos de tiempo, entonces suele ser preferible considerar eventos, que podrán analizarse
secuencial o transversalmente a partir del flujo de conducta del que forman parte. Cuando el
investigador quiere conocer sólo el orden de los eventos (por ejemplo, el estudio de la negación en el
lenguaje, o la formación de la amistad), entonces no se requiere constatar el tiempo, y por tanto no es
necesario registrar la duración de las ocurrencias.
c) Registro continuo vs. intermitente idealmente, una vez delimitada la situación, el registro continuo
implica la ausencia de resquicios a lo largo del flujo de conducta considerado ,.y si nos interesa el
análisis secuencial de los comportamientos (lógicamente parte de ellos) que conforman el flujo de
conducta, para que éste tenga sentido, el registro de la corriente de conducta que transcurre necesita
ser esencialmente continua. La verdad es que es baja la viabilidad para llevarlo a cabo en muchos
estudios de forma estricta, puesto que implica que los observadores estén completamente alerta y
dispuestos a registrar una conducta en cualquier momento. Para facilitar la obtención de un registro
continuo se plantean sesiones de observación de forma que cada una de ellas sea suficientemente
prolongada para dar lugar en su transcurso a un registro sin resquicio y que, en este caso, la
discontinuidad sólo se refiera a la separación entre sesiones.

Por otra parte, el registro intermitente corresponde al muestreo observacional en el sentido de


seleccionar conductas o intervalos de tiempo a lo largo de las sesiones de observación planteadas a partir del
continuum que constituye el flujo de conducta. Por ejemplo, si se observa a un político que está
pronunciando un discurso y se decide observarlo durante 10 segundos, dejar de registrar los siguientes 10
segundos para anotar mientras la codificación del intervalo anterior, y así sucesivamente.
En la decisión influye el que se trate de evento o de estado. Si es el primero y sólo interesan las
ocurrencias de dicho evento, el registro intermitente no permitiría un posterior análisis secuencial. Sin
embargo, en situación de estado, dada la estabilidad que significan las sucesivas unidades de tiempo, no
implicaría una considerable pérdida de información el disponer de muestras de tiempo —registro
intermitente— que representaran sucesivamente a los distintos estados. Por supuesto, la filosofía es distinta a
la del registro continuo y representaría una cierta degeneración de la codificación de intervalos, según la
cual, una vez transcurrido cada intervalo, se codifica éste en su conjunto, o bien se anota qué eventos
codificables, si los hay, han transcurrido en cada uno de ellos, lo que equivale a decir que sólo se registra en
ciervos momentos predeterminados, que son los del final de cada intervalo, por ello Bakeman y Gottman

31
(1986) los denominan desencadenadores de tiempo, por oposición a los desencadenadores de evento cuando
se registran datos siempre que ocurre un evento codificable); en este caso, por supuesto, será fundamental la
longitud de intervalo que se haya establecido y su relación con la capacidad de los medios técnicos con que
contemos. Por ejemplo, si éstos nos permiten un mínimo discriminativo de 1 segundo, y establecemos
intervalos de 1 segundo, se tratará obviamente de una codificación de intervalos que se asimilará a un
registro continuo, y el valor de la frecuencia modificada se equiparará al de la frecuencia.
La razón de la frecuente utilización de la codificación de intervalos se halla en su precedente
histórico, o propensión humana a imponer unidades de reloj a medida que transcurre el tiempo, la tradicional
disponibilidad de papel rayado, y la inaccesibilidad hasta tiempos recientes de medios electrónicos de
registro. Su principal problema, no obstante, sigue siendo el hecho de que pueda ocurrir mis de una categoría
dentro de un intervalo o cerca de los límites entre intervalos, y, por lo tanto, se mezclen dentro de un
intervalo los inicios y los fines de los eventos que se estudian, ya que con ello no sólo se estimarían de forma
imprecisa las frecuencias y duraciones, sino que se distorsionarían también las secuencias conductuales. Así,
si estamos observando la conducta de contacto en una díada madre-hijo y se fijan intervalos de 10 segundos,
deberíamos poder asumir que si un intervalo marcado como ocurrencia sigue a uno que no lo está, es que
ambos sujetos se aproximaron, y que si se suceden alternativamente una serie de intervalos de ocurrencia y
no ocurrencia, no es que ambos sujetos se separen y después retornen para aproximarse, sino que
permanecían cerca uno del otro; por tanto para discriminar y precisar mejor, está claro que se deberían
proponer intervalos menores, por ejemplo de 1 segundo, para codificar cada uno de ellos adecuadamente y
no dar lugar a inferencias erróneas.
A partir de los tres tipos de decisión pueden esquematizarse los diferentes tipos de datos
observacionales, que, por supuesto, será susceptibles de un análisis que sin problema puede —y a nuestro
juicio debe— ser cuantitativo:

Los datos tipo I. por ser secuenciales y evento-base, corresponden a la que Bakeman y Gottman
(1986) denominan codificación de eventos, o estrategia consistente en registrar sucesivamente los códigos
(pertenecientes a un sistema exhaustivo y mutuamente excluyente) correspondientes a las distintas
ocurrencias de conducta, independientemente de su duración. Por registrar sucesivamente se constata el
orden (unidad de medida que aquí es fundamental), y por los requisitos reseñados del sistema de códigos se
logra el carácter de datos secuenciales, por lo que se garantiza la continuidad entre unidades sucesivas
codificadas, no quedando ningún resquicio en el flujo de conducta.

Los datos tipo II, concurrentes y evento-base, se obtienen cuando el sistema de códigos no es
mútuamente excluyente, y por tanto se van registrando los códigos que corresponden a las distintas
conductas, visualizándose cuáles son coincidentes en cada momento, pero sin que importe la duración de
ninguna de ellas ni de sus concurrencias. Pueden transformarse en datos tipo I haciendo mútuamente
excluyente el sistema de códigos.

Los datos tipo III, secuenciales y tiempo-base, se obtienen en un registro en que se utiliza un sistema
de códigos exhaustivos y mútuamente excluyentes y se anotan los inicios y fines de cada uno de los eventos
codificados. Teóricamente al menos, son las unidades de registro más perfectas, ya que reúnen el máximo de
información y permiten un estudio secuencial del comportamiento con inclusión de las duraciones de las
conductas.
Como caso particular, y siempre que nos interese estudiar simultáneamente diversos niveles o
subniveles de respuesta, se dispone de sistemas de códigos exhaustivos y mútuamente excluyentes para cada
uno de los aspectos que se consideren, los cuales, a nivel de hoja de registro, se disponen siempre en idéntico
orden, obteniéndose grupos de códigos encadenados que en cualquier instante nos dan cuenta de la
ocurrencia presente en cada uno de los niveles o subniveles considerados. Por ejemplo, el Baby Behavior
Code de Landesman-D'wyer (1975) consta de cinco subniveles: Estimulación Externa, Ojos, Rostro, Cabeza
y Cuerpo; los observadores utilizaban, en consecuencia, un código compuesto de cinco cifras,
correspondiendo cada una de ellas a los respectivos subniveles. Así, el registro 18440 significaba que la
estimulación externa consistía en un reflejo (código I), en los ojos se detectaba movimiento REM (código 8),
en el rostro aparecía una sonrisa (código 4), la cabeza estaba levantada (código 4), y el cuerpo se hallaba en
reposo (código 0). Si el registro 18440 tuviera una duración de 2 segundos y se hallara seguido del 18040,
significaría que se mantuvo la misma configuración durante este tiempo, no cambiando nada después
respecto a Estimulación Externa, Ojos, Cabeza y Cuerpo, pero pasando el Rostro de sonrisa a reposo (código

32
0). Esta modalidad de registro se denomina formatos de campo temporales, o bien, según Bakeman y
Gormar (1986), temporalización de patrones de cambio.

Los datos tipo IV, concurrentes y tiempo-base, corresponden a datos tipo II (por tanto el sistema de
códigos no es mútuamente excluyente) a los que se les incorpora la duración de cada una de las conductas
codificadas. Pueden transformarse en datos tipo M si el sistema se hace mútuamente excluyente, o en datos
tipo II si se suprime la información sobre duración de las conductas.

20.3. Categorización ∗

El sistema de categorías constituye el instrumento de medida en la investigación observacional, dado


que no existe ninguna situación que pueda considerarse prototípica, ni conducta estándar, ni replicación de
ocurrencia, sino que, por ser imprevisible el conjunto de la observación —tanto en conjunto como en cada
instante de tiempo—, se requiere la construcción de una especie de andamiaje que proporcione soporte y
cobertura a aquellas conductas que, mediante la correspondiente operación de filtrado, son consideradas
relevantes de acuerdo con los objetivos de la investigación, y todo ello con un máxima de flexibilidad que
posibilite la adaptación al flujo de conducta tal cual transcurre y a la situación y contexto en que se inscriba.
Según Hawkins (1982), a la descripción escrita de los eventos a observar y registrar se le añaden ciertas
reglas referidas a cómo debe llevarse a cabo dicha observación y registro, y la finalidad de las categorías
radicaría en llevar al investigador desde un nivel inicial e impresionístico de observación a otro formal,
sistemático cuantitativo y replicable en la medida que caracteriza a las ciencias desarrolladas.
El término categoría es equívoco, aunque no arbitrario, y a lo largo de su historia ha dado lugar a
numerosas acepciones, habiendo sido utilizado —erróneamente— como equivalente a clasificación, clase y
taxonomía. Una categoría existe siempre que dos o más objetos o eventos distinguibles se tratan de forma
equivalente (Mervis y Pani, 1980; Mervis y Rosch, 1981). Aquí proponemos como categoría el resultado de
una serie de operaciones cognitivas que llevan al establecimiento de clases entre las cuales existen unas
relaciones de complementariedad, establecidas de acuerdo con un criterio fijado al efecto y en donde cada
una de ellas cumple a su vez requisitos internos de equivalencia en atributos esenciales, aunque pueda
mostrar una gama diferencial o heterogeneidad en su forma. Como consecuencia, la categorización es una
"modalidad particular de la codificación, caracterizada por un conjunto de símbolos —categorías—, que
forman un sistema cerrado que se ajusta a las condiciones de exhaustividad en el ámbito considerado Pide
mutua exclusividad. Este sistema implica la presencia de núcleos conceptuales, pertenecientes a uno o más
niveles de respuesta, que pueden corresponder a distintas manifestaciones del comportamiento (grado de
apertura de la categoría)" (Anguera, Behar, Blanco, Carreras, Losada, Quera y Riba, 1993, pág. 591).

20.3.1. Pautas específicas

Existe una cierta diferenciación según la forma en que el proceso de categorización se desarrolle en
una investigación con claro sustrato teórico o bien a partir de una mera evidencia empírica de la que sólo
existe una constancia descriptiva.
En investigaciones de carácter deductivo, las unidades de observación nunca serán ateóricas por
principio, y los términos conceptuales que se sitúan en la estructura formal de la teoría en la que el estudio se
apoya, sea individualmente o agrupados, darán lugar al contenido que deberá hallarse bajo la cobertura del
sistema de categorías, propuesto inicialmente como primer borrador provisional y optimizado en sucesivas
revisiones y comprobaciones.
Otra cuestión distinta es la definición de las categorías, la decisión sobre su número, las relaciones
existentes entre ellas, y el análisis de sus componentes. En este caso, sí podría hablarse de unas bases
apriorísticas que configuran un sistema cerrado que se correspondiera con la estructura conceptual de la que
se parte.
En investigaciones de carácter inductivo, al carecer de marco conceptual de referencia, al menos
directo, es la mera transcripción de los hechos, a través del nivel descriptivo adecuado, la que permitirá
elaborar la lista de rasgos, o relación de unidades de observación (a partir de las de conducta),
preferentemente con un número de orden que actúa de indicador para diferenciar las sucesivas de las
simultáneas (perteneciendo generalmente a diferentes niveles de respuesta). Como indican Evertson y Green


El texto de este apartado se haya desarrollado en Anguera, M.ª T. (1990, 1991).

33
(1986), se trata inicialmente de potencialidades a partir de un sistema abierto, utilizándose los símbolos que
se establezcan para llevar a cabo una codificación correspondiente a las unidades de conducta ejecutadas en
las distintas ocurrencias registradas —tomando siempre corno referencia los elementos conductuales
(Caballo, 1987, pág. 28) o de carácter observable—, y emprender la trabajosa tarea de agruparlas por
afinidades y semejanzas, pudiéndose adoptar en este sentido diferentes criterios (topográfico, funcional, nivel
de respuesta, etc.), y proponiéndose en consecuencia en primer sistema provisional de categorías que, por
supuesto, deberá someterse a comprobación en sesiones dedicadas a este fin para ajustarlo paulatinamente a
la realidad, siendo factible desglosar categorías provisionales con contenido excesivamente amplio, agrupar
otras afines en las que era irrelevante su diferenciación, proponer categorías nuevas, eliminar las que no
tengan una correspondencia con la realidad y, en definitiva, mejorar individual y globalmente todas las
categorías del sistema que lo requieran hasta que se garantice un verdadero ajuste de las conductas de las
sesiones observadas.

20.3.2. Componentes de las categorías

Cada categoría debe estructurarse formalmente en términos de un núcleo concepual (Smith y Media,
1981) y un nivel de plasticidad denominado grado de apertura de la categoría, hallándose consecuentemente
necesitada de un procedimiento de identificación. Toda categoría posee una estructura interna y presenta
propiedades formales que justifican su carácter alternativo en la descripción de las conductas y su entorno,
así como propiedades funcionales, que definen las relaciones contingentes que adquieren entre sí (estructura
inrercategorial, según Lingle, Alton y Medin, 1984).
Por otra parte, ello no es propio de la psicología, sino de ámbitos como los de la filología, lingüística,
antropología y educación; en este sentido hace unos 2000 años que Aristóteles afirmaba que las categorías se
componen de esencia y accidentes, consistiendo la esencia en aquello que es la categoría, mientras que
accidente se define por aquellos atributos poseídos por algunos, pero no todos, los miembros de una
categoría. Podrá verse que, al corresponderse con una combinación de atributos, la idea de esencia es muy
similar a la de núcleo categorial, aunque no tanto la de accidente.
El núcleo categorial es el contenido básico o fundamental que da razón de ser a una categoría y que
la diferencia de otras; en otros términos, se trata de la esencia que caracteriza a cada categoría,
independientemente de cuál(es) sea(n) la(s) manifestación(es) externa(s) del comportamiento o escena
estudiados. En las investigaciones de corte esencialmente deductivo, los términos teóricos o hipotéticos, así
como las conexiones sintácticas, dan lugar a los núcleos categoriales, y los respectivos conjuntos que forman
deben corresponderse, en el sentido de que en el espacio definido por la totalidad de la estructura formal de
la teoría deben poderse —y hacerse posible— ubicar todos los núcleos categoriales que darán lugar al
posterior sistema de categorías. En las investigaciones que siguen prioritariamente la vía inductiva, los
criterios de homogeneidad y semejanza al agrupar los rasgos previamente listados son los que prefijan los
núcleos categoriales, en tanto en cuanto establecen los límites de cada uno de los contenidos que constituyen
el conjunto.
Desde la psicología cognitiva, el núcleo conceptual de una categoría se define como el sistema de
propiedades abstractas primariamente responsables de las relaciones que los conceptos adquieren entre sí y
de las condiciones en que se activan estas propiedades y relaciones (Sáinz. 1985, 1988). Se trata, pues, de
una entidad estructurada en que se hallan organizadas un conjunto de relaciones resultantes de la interacción
entre organismo y medio, y sobre la base de una coordinación de los conceptos entre sí en el conjunto del
sistema. De aquí que el núcleo conceptual posea un carácter relacional y condicional (Sáinz, 1985), dado que
las propiedades se articulan entre sí y, en virtud de sus relaciones, condicionan la asignación del concepto a
una ocurrencia (experiencia); es decir, restringen su uso como procedimiento de descripción de las conductas
y su entorno. Otra cuestión será la estructura última de este sistema de propiedades, que dependerá de cuál
sea el modelo de categorización (Sáinz, 1984).
El nivel de plasticidad o grado de apertura de una categoría viene dado por la heterogeneidad
aparente de características de ocurrencias que, sin embargo, participan del mismo núcleo categorial y
comparten las mismas propiedades abstractas indicadas. Es decir, las diferentes manifestaciones perceptibles
—y, por tanto, externas— de la(s) conducta(s) que conforma(n) un núcleo categorial. Este tiene carácter
conceptual, mientras que el nivel de apertura se halla fuertemente condicionado por lo empírico, ya que se
trata de las características moduladoras o cualidad detectable de los comportamientos.
En el nivel de plasticidad deben fijarse los casos extremos que aún permiten la consideración como
base del núcleo categorial, y entenderse que la diversidad de circunstancias que pueden influir en ocurrencias

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conceptualmente idénticas, pero perceptiblemente distintas, estarán lógicamente condicionando el grado de
apertura de las respectivas categorías.
El uso adecuado de las categorías implicará la asignación de una ocurrencia o aspecto de ella a una
determinada categoría, por lo que se entiende que participa del núcleo categorial y encaja en su grado de
apertura.

20.3.3. Adecuación de un sistema de categorías

No sólo debe estudiarse la individualidad de cada una de las categorías, sino que es fundamental
además la estructura del conjunto que forma el sistema.
El sistema de categorías debe cumplir dos condiciones; exhaustividad y mútua exclusividad. La
exhaustividad se refiere a que cualquier comportamiento del ámbito considerado como objeto de estudio
(que habrá sido seleccionado y muestreado del repertorio conductual del sujeto) puede asignarse a una de las
categorías; en consecuencia, dicho sector de comportamiento se podría descomponer, a nivel conceptual, en
el conjunto de los núcleos categoriales —o esencia, que diría Aristóteles—. La mútua exclusividad significa
el no solapamiento de las categorías que componen un sistema, por lo que a cada comportamiento se le
asignaría una sola categoría. Sin embargo, y desde el punto de vista de los niveles de respuesta que interesen,
puede no ser posible —ni incluso conveniente en ocasiones (Brownell y Caramazza, 1975)—, dado que es
evidente la co-ocurrencia de varias conductas pertenecientes a distintos niveles, por lo que en este caso
podrían crearse categorías múltiples que abarcaran todas las posibles combinaciones entre las iniciales. Por
ejemplo, si <A> corresponde a mirar, <B> a hablar, y <C> a deambular, deberían crearse las nuevas
categorías <AB>, <AC>, <BC> y <ABC>. Además, hay una serie de cuestiones que conviene tener en
cuenta, corno son:
a) Establecimiento de criterios.
b) Definición.
c) Equivalencia entre sistemas.
d) Estabilidad.
e) Categoría nula y ficticia.
f) Categorías residuales.
g) Saliencia y tipicidad
h) Escala base.
i) Entropía.
j) Borrosidad categorial.

a) Establecimiento de criterios

Las categorías deberían situarse en el mismo nivel de descripción, por lo que conviene la previa
fijación de criterios, así como de tamaño de las categorías. Prácticamente todos los comportamientos constan
de niveles, jerárquicamente ordenados, con conceptos más amplios y más inclusivos (más molares) y otros
más moleculares. Entonces surge la pregunta acerca de a qué nivel se deben situar las categorías, aunque en
muchos casos coexistan varios niveles en el sistema, lo cual es útil porque asegura y refleja a la vez un cierto
volumen de análisis conceptual, hace más compatibles las categorías y facilita el análisis. En abstracto, fuera
del contexto de una cuestión concreta, es difícil ofrecer una respuesta satisfactoria a la pregunta anterior,
pero de forma relativa se considera más adecuada la tendencia a la molecularización por tres razones
(Bakeman y Cotiman, 1936): a) Se incrementa la probabilidad de obtener datos fiables. b) Se puede justificar
el posterior agrupamiento si fuera necesario (mientras que difícilmente sería válida la argumentación
inversa). c) Las categorías más moleculares, por su menor grado de inferencia y mayor objetividad, pueden
revelar datos de interés que ayuden a justificar los resultados, lo cual no sería factible con categorías molares,
mucho más difusas y susceptibles de heterogeneidad interpretativa.

b) Definición

Las categorías tienen que definirse de forma que se contemplen todos sus matices, así como
acompañarse de ejemplos y contraejemplos para que su especificación sea mayor. Como ejemplos, se
transcriben tres definiciones de categorías:

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Ejemplo I. Procede de Borgatta y Crowther (1965), y se trata de una de las categorías de su sistema
IPS (Interaction Process Scores) sobre conducta verbal en situación interactiva, en que intentaban reordenar
el conocido sistema de Bales (1951):

CATEGORÍA: DA SUGERENCIAS SOBRE EL PROCEDIMIENTO

Incluye acciones dirigidas a una organización para lograr un fin dado, y generalmente dividiendo la
responsabilidad o la tarea. Enunciados de este tipo son:

Posiblemente deba organizar esto así, pienso que debemos organizarlo de manera que sepamos bien lo
que hay que hacer, supongo que usted actúa como registro, yo puedo cuidar de este tipo de problema si usted
se cuida de los otros, etc.

También corresponden sugerencias de procedimiento de naturaleza normativa cuando se dirigen las


frases a una acción inmediata, como:

¿Por qué no lo hace?, pruébelo, por favor, debería hacerlo, etc.

Hay también que distinguir varios matices: cuando implican orientación se incluirán en la categoría
8, y cuando los enunciados son tan fuertes que no implican autonomía, ..corresponden a la 17. Aquí, en la 6,
sólo corresponden expectativas normales sobre la situación.

Ejemplo 2. Categoría elaborada por Martínez del Pozo (1993) que se halla enmarcada
conceptualmente en un marco teórico de naturaleza dinámica (hipertensos esenciales en proceso de
elaboración del duelo por haber fallecido de forma inesperada un familiar amado y valorado), y en donde, al
margen de la mayor dificultad que implica la elaboración del sistema de categorías, habrá que apoyarse en
una serie de indicadores que le prestan la necesaria apoyatura empírica:

CATEGORÍA: SUFRIMIENTO AGUDO

Núcleo conceptual. Las personas en duelo padecen un sufrimiento físico muy agudo. Suelen también
manifestar una serie de síntomas físicos debido a que se producen modificaciones en los diferentes sistemas
del organismo: nervioso, hormonal, cardiovascular, respiratorio, inmunológico.
Experimentan una serie de sentimientos de naturaleza persecutoria que les resultan muy difíciles de
soportar: pesadumbre intensa, anhelo desesperado, sentirse abandonado por el fallecido y los seres del
entorno, culpa persecutoria, hostilidad intensa en sus diversos matices, vergüenza y humillación.
Se instaura la búsqueda del fallecido en el mundo externo, generándose una hipersensibilidad
perceptiva y un estado de alerta en función de esta búsqueda.
Los sentimientos internos y persecutorios y el sufrimiento agudo descritos en esta categoría
pertenecen a la posición esquizoparanoide.

Indicadores. A través de las verbalizaciones de los sujetos puede observarse:

1. Un sufrimiento intenso y agudo. Este puede ir acompañado de sollozos y llantos.


2. Sentimientos intensos y/o estados psicológicos de pesadumbre, anhelo, culpa, hostilidad, vergüenza y
humillación.

2.1. Pesadumbre insoportable en sus diferentes matices: desesperación, desconsuelo, tristeza


insoportable.
2.2. Sentimientos de anhelo, soledad y abandono en sus diversos matices y en un grado intenso.
2.3. Sentimientos de culpa insoportable o persecutoria que se expresan a través de remordimientos,
reproches, necesidad de expiación y castigo.
2.4. Hostilidad relacionada con el anhelo y la frustración de la ausencia expresada mediante diversos
sentimientos: envidia, amargura, rencor, resentimiento, competencia y críticas dirigidas a equipos
asistenciales y miembros de la familia por considerar que no han evitado la muerte, o hacia la
persona perdida, etc. Todos ellos tienen un cariz persecutorio.

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2.5. Sentimientos de vergüenza y humillación, respecto a la dependencia que experimentan hacia la
persona perdida u otras personas.

3. Dentro de un contexto de tono paranoide, las molestias somáticas que acompañan a las diferentes
emociones y afectos y que suelen denominarse correlatos psicofisiológicos de las emociones. Estas
acostumbran a agruparse en torno a la ansiedad y la angustia por un lado y a la depresión por otro: así,
pueden acompañar al miedo la taquicardia, a la ansiedad la necesidad de suspirar y la sudoración, a la
depresión, la sequedad de boca, el insomnio matutino, la fatiga, etc. En esta categoría, los sujetos
perciben sus sentimientos, aunque a veces les cuesta relacionar su malestar físico con su padecimiento
emocional.
4. Algunos recuerdos resultan dolorosos, incluso en ocasiones traumáticos, por lo que las personas intentan
evitarlos.
5. La tendencia a buscar al fallecido en el mundo externo con la esperanza de reencontrarlo y al mismo
tiempo, ante el fracaso de esta conducta, aceptar su inexistencia. Por este motivo suelen frecuentar
lugares que había habitado el fallecido (su tierra natal, el lugar de trabajo, espacios de ocio), ciertos
pacientes acuden a sesiones de espiritismo y otros se relacionan con personas que tienen características
muy similares a las del fallecido, o con objetos que sienten muy significativos por guardar una relación
con el fallecido. En ocasiones pueden creer que ven a la persona fallecida.
6. Cienos sujetos pueden intentar sustituir rápidamente a la persona fallecida por otras.
7. Sus dificultades con el transcurso temporal. Estos pacientes pueden tener tanto la sensación de una gran
falta de tiempo como, en el caso contrario, no captar adecuadamente el paso del mismo, por lo que no
pueden calcular bien el tiempo de que disponen.

Ejemplo.... me siento muy mal, no puedo, me lo paso muy mal, incluso ahora mismo al recordar, no
lo puedo aguantar. sólo tengo ganas de llorar, se me pone un nudo en la garganta y me ahogo y además me
encuentro muy mal.
Es necesario diferenciar el sufrimiento agudo, que caracteriza esta categoría, del dolor depresivo de
la categoría retraimiento depresivo. El sufrimiento agudo es difícil de soportar y obstaculiza en gran medida
la mentalización. En cambio, el dolor característico de la categoría retraimiento depresivo es más modulado
y puede mentalizarse.
Contraejemplo.... veo que recupero la memoria, ahora sufro pero no es como antes, antes no podía
con mi alma, es más soportable. Ahora, aunque tenga ganas de llorar, prefiero tener mis recuerdos.

Ejemplo 3. Procede de Castañer (1992) y se plantea en una situación de clase de Educación Física en
un centro escolar. La definición se presenta complementada en el núcleo categorial con la expresión gráfica y
la descripción biomecánica correspondiente.

CATEGORÍA: HACER VENIR

Nucleo categorial. Definición: conducta cinésica que se ha de acompañar de la palabra. Indica la


intencionalidad del emisor de hacer acercar a la/s persona/s que lo ven en su campo visual.

Descripción biomecánica: generalmente se utiliza la mano dominante, según la hemidominancia de


las extremidades superiores de cada uno. Se hija la articulación del codo de manera que el brazo queda
flexionado ante el cuerpo y la mano a la altura de la línea visual directa de los ojos de los receptores (en
función de la lejanía de los receptores uno puede levantar y extender más o menos el brazo para hacer visible
el gesto regulador de demanda).
Al mismo tiempo, el movimiento articular de le muñeca se deja libre para que la mano, en un tono
semirrelajado, haga movimientos fuera del cuerpo hacia el propio cuerpo continuamente.

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Grado de apertura:
— El mismo movimiento anterior se puede llevar a cabo con las dos manos simultáneamente.
— Uno puede mostrar cierta irritación y exagerar el trayecto del vaivén del brazo de fuera hacia
adentro, con lo cual la flexión-extensión del/los brazo/s se hace más visible.
— Si el estado de irritación del emisor es todavía más fuerte, es posible que el núcleo categorial
descrito se pueda acompañar con algún golpe de pie en el suelo o con una flexión o
decantación/torsión del cuerpo para hacer más evidente cinésicamente la intencionalidad de
hacer venir.
— Se puede dar el mismo gesto descrito como núcleo categorial, pero invertido
biomecánicamente según el eje horizontal; es decir, la flexión del codo permite hacer caer el
antebrazo hacia abajo y hacer que la mano haga el mismo vaivén de abducción a abducción
pero con los dedos hacia abajo. Este gesto se da normalmente cuando los receptores son
niños pequeños, ya que entonces el campo visual que tienen es más bajo.
— También se pueden utilizar una o varias palmadas, que se apreciarán como reguladoras de la
acción venir, cuando los receptores hagan esta acción a continuación o incluso mientras se
hace la palmada.

c) Equivalencia entre sistemas

Dado que la elección de unas categorías u otras no es única en absoluto, sino que depende de quién
las elabore, los sistemas de categorías relativos a una determinada situación o comportamiento (por ejemplo,
conducta de aseo de una díada madre-hijo de papiones en régimen de semicautividad) serán equivalentes si
durante el proceso de categorización se adoptan los mismos criterios, pero se trata de una equivalencia en su
conjunto, no categoría por categoría, sino el conjunto formado por todos los núcleos categoriales.
En consecuencia, tiene sentido la comparabilidad de dos o más sistemas de categorías, lo cual puede
dar lugar a cuestiones interesantes para ser estudiadas: si el criterio taxonómico es el mismo, se podrían
estudiar diferencias en la tipología de observadores independientes a los que simplemente se les hubiera
pedido que elaboraran un sistema de categorías con determinado criterio; pero si no existe criterio
previamente fijado y se categorías una situación o conducta problema a partir de diversos criterios,
registrándose simultáneamente con los respectivos sistemas de categorías, estamos planteando un diseño
transversal (perspectiva sincrónica), que tendrá un adecuado tratamiento a nivel de análisis de datos. Incluso
puede ocurrir que sistemas de categorías que se diferencian en nivel de análisis sean utilizados en el mismo
estudio ayudándose entre sí; en este sentido, Bakeman y Gottman (1986) se refieren al uso de un sistema de
categorías basado en un criterio social, en el estudio de la conducta interactiva, para describir estados
emocionales en diversos momentos, como enfado, tristeza, etc., pero mientras los observadores anotaban
también la producción de expresiones faciales en cada momento estudiado; en este caso, los movimientos
faciales se codificaron mediante el sistema FACS (Facial Action Coding System) de aman y Friesen (1978).
Dado que también se registraban datos psicofisiológicos durante la interacción y que interesaba conocer la
posible existencia de perfiles fisiológicos específicos para categorías también específicas de expresiones
faciales, resulta que el sistema basado en lo social se utilizó como ayuda en la utilización de un sistema
basado en lo físico y más detallado.

d) Estabilidad

El lento proceso de construcción de un sistema de categorías, que se va optimizando hasta que se


adapta adecuadamente a la situación para la cual fue elaborado, puede dar lugar frecuentemente a la
consideración de una falsa estabilidad, dado que su carácter de instrumento acabado es tan sólo relativo,
puesto que, especialmente en estudios de carácter longitudinal, la propia evolución de las categorías
estudiadas puede obligar a modificar el sistema, sea en el sentido de introducir o eliminar categorías, o bien
adecuando su definición. Desde esta segunda posibilidad, que obligaría a los observadores a una vigilancia
continuada en aras a una adaptabilidad segura, se manifiestan Bakeman y Gottman (1986, pág. 26) al decir
que "un sistema de categorías puede evolucionar en le medida en que es utilizado por codificadores
inteligentes".

e) Categoría nula y ficticia

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Partimos de la base de que el todo es inobservable en el flujo de conducta, y no por falta de
posibilidades o viabilidad técnica, sino por la indefinición conceptual que implicaría. De aquí que las
categorías que conforman un sistema constituyen un subconjunto de la realidad observable en la situación
estudiada, y la exhaustividad del sistema se refiere solamente al sector (o sectores) del comportamiento que
se acotaron previamente. Por este motivo, conviene introducir siempre en el sistema la categoría nula
(también denominada categoría conjunto vacío y categoría Z), que se refiere a la ausencia de ocurrencia de
cualquiera de las conductas que se consideran relevantes según el sistema y que se convierte en
imprescindible cuando interesa un posterior análisis secuencial del comportamiento de forma que, a la vez, el
registro dé cuenta del orden real de conductas relevantes, lo cual implicaría constatar la presencia intercalada
de otras que no se sometieran a estudio.
Asimismo, debería introducirse una categoría dummy o ficticia cuando se presenten dos eventos o
conductas sometidos a categorización, en ocurrencias contiguas, sin que medien entre ellos conductas no
incluidas en el ámbito estudiado (y por tanto una categoría nula), ni interesa un posterior estudio diacrónico
en que se aplique un análisis secuencial de evento base, dado que se requerirá el cumplimiento de que una
determinada categoría no pueda sucederse a si misma en el registro.

f) Categorías residuales

Es habitual una desafortunada consideración de la categoría conocida corno Anotaciones al margen,


a la que se relega cualquier información que no encaja con las categorías de las que se dispone. Debe
distinguirse entre la necesidad de registrar informaciones adicionales que podrán ser de utilidad en la
interpretación de los resultados (y que sí darían lugar a las anotaciones al margen) de lo que se considera
como Varios o Miscelánea en que, tan sólo durante el proceso de elaboración del sistema, tendría el carácter
de una categoría provisional, pero de la que se debería ir vaciando el contenido a medida que se avanzase en
la adecuación del conjunto de las categorías, sea desglosando algunas de ellas, creando otras, o reelaborando
la definición para que tenga un mayor alcance o comprehensividad.

g) Saliencia y tipicidad

Al elaborar el sistema de categorías se ha propuesto por algunos autores, corno Hamerlynck, Handy
y Mash (1973), el cálculo de determinados coeficientes o razones ,le observación, como el alfa, que
simplemente consiste en una razón de conductas registradas en cada categoría en función de la unidad
temporal (intervalo) que se hubiera establecido. Al margen de destacar su carácter estrictamente secundario,
dado que forzosamente debe prevalecer el análisis conceptual de las categorías en cuando a amplitud de éstas
y exhaustividad, debe dejar paso al grado de saliencia de la categoría, es decir, de repetibilidad acusada —y,
por tanto, de elevada frecuencia relativa— respecto a las demás, en función de la situación planteada. Por
ejemplo, en una conversación entre sujetos de los que varios son fumadores, todas las conductas gestuales
que implica el acto de fumar.
Por lo que se refiere a la tipicidad, que se ha de interpretar en función de factores de familiaridad, cada
objeto tendrá un grado diferente de ella según la escena en que se incluya, distribuyéndose en una escala que
va desde valores muy bajos a los de mayor tipicidad, que significan, respectivamente, de escasa a elevada
pertinencia, mientras que los valores más neutros —que ocupan el lugar central en la escala— indican la
presencia de objetos o conductas que pueden formar parte de la escena sin producir distorsión alguna, pero
también sin tener un papel esencial para la estructuración de dicha escena.

h) Escala base

La mayoría de los sistemas de categorías se plantean en base a escalas nominales —según la


clasificación propuesta por Stevens—, dadas las características de las conductas, que son discretas y sólo
admiten una identificación diferencial. Sin embargo, no se excluyen otras escalas cuando sea posible, y así,
las ordinales han sido útiles en diferentes ámbitos; uno de los más conocidos es el propuesto por Bales
(1951), que pretendía estudiar las unidades más pequeñas de interacción en granos también reducidos que se
habían propuesto la resolución de problemas de gestión en empresas. y que, a partir de un buen número de
categorías provisionales de contenido verbal, llegó a simplificarlas a doce, agrupadas en bloques,
dependiendo si el clima socio-emocional presenta un carácter positivo, neutro o negativo, ordenadas en
sentido decreciente de bondad, y con un cierro grado de simetría por pares a partir de los dos extremos, es
(decir, de las categorías 1 y 12; por otra pare, las escalas de apreciación, o de estimación, o de evaluación

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(rating scales) son igualmente ejemplos del uso de escalas ordinales. Asimismo, escalas más evolucionadas
pueden también utilizarse si lo permite el contenido de la categoría; por ejemplo, el estudio de variables de
tono y temporales en parámetros acústicos seleccionados para el estudio de los marcadores emocionales.

i) Entropía
Tiene una gran importancia en cualquier operación clasificatoria y se trata de una medida de
dispersión para escalas nominales que, aunque ha recibido diversos nombres —divergencia por Kullback
(1959), repartición por Maccacaro (1953), medida de información por McGill (1954), información mútua
por Abramson (1963), imprecisión por Nath (1968), incertidumbre conjunta por Garner (1962) y Entwisle y
Knepp (1970)— y se ha tratado de formas diversas, siempre nos remite al primer teorema de Shannon (1948)
que formula la relación existente entre la longitud de un mensaje codificado y la entropía producida, y que, si
lo ejemplificáramos, nos llevaría, en caso de tener dos o más categorías y un sujeto que debe ser
categorizado en una de ellas con la ayuda de una serie de sesiones de observación, a preguntarnos cuántas
sesiones serían necesarias para que pudiéramos categorizarlo de forma correcta.
De aquí el papel fundamental que juega la entropía en problemas de clasificación (Capecchi, 1964;
Capecchi y Möller, 1968; Möller y Capecchi, 1975) y la necesidad de derivar procedimientos de
construcción de clases (class budding), que han tratado de aplicar el concepto de entropía a las Ciencias
Sociales, en las que predominan datos cualitativos. En cualquier caso, y sea cual sea el procedimiento
seguido, habrá que tener presente, como muy bien afirman Rescigno y Maccacaro (1960), que no estamos
clasificando sujetos y conductas sino el conocimiento que tenemos sobre ellos(as).

j) Borrosidad categorial

Se trata de una problemática que está directamente relacionada con el tema de las categorías
naturales (Rosch, 1973). El modelo de Rosch sobre categorías de objetos naturales parte de considerar la
categorización humana como un conjunto de principios psicológicos en los que el estudio de categorías
semánticas de objetos o conductas concretas, naturales, se puede considerar en función de dos ejes: uno
vertical, que estructura las categorías según relaciones de inclusión, y un eje horizontal, que indica las
relaciones de pertenencia de los miembros dentro de cada categoría particular.
Por lo que respecta al eje vertical, las categorías presentan una organización jerárquica que se
traduce en niveles distintos de abstracción o inclusividad. En el eje horizontal, las categorías a un mismo
nivel de inclusividad tienden a ser consideradas como separadas entre sí, siguiendo el principio de economía
comitiva, cuya importancia es tal que por este motivo sentimos la necesidad de categorizar lo que nos rodea
(Belloch y Mira, 1984).
Y aquí radica una cuestión esencial: en los puntos de vista clásicos acerca de la categorización
(Sáinz, 1984, 1985), los límites entre categorías se establecían a partir de criterios formales, necesarios y
suficientes, para los miembros de cada categoría. En este punto del entramado, Rosch (1978) presenta una
postura nítida de centrar su atención en los casos claros o centrales de las categorías, más que en los límites
entre ellas. Y precisamente de ahí surgió el concepto de prototipo, definido por el parecido familiar (Rosch y
Mervis, 1975), según el cual los miembros de las categorías considerados como más prototípicos son
aquéllos que mayor número de atributos comparten con otros miembros de la categoría.
Sin embargo, Cantos y Mischel (1979) consideran que la caracterización de las categorías corno
conjuntos borrosos es un hecho frecuente en varios casos y especialmente en la categorización de personas.
Esta alternativa a la consideración tradicional de las categorías naturales las concibe como vagas o de límites
borrosos (fuzzy sets), argumentando que la membrecía respecto a una categoría es más una cuestión de grado
que de todo o nada (Zadeh, 1976); de este modo, los objetos o conductas que son muy típicos de una
categoría son los que poseerían un alto grado de membrecía respecto a ella, y a la inversa. Una importante
implicación de las categorías borrosas sería la ausencia de límites claros entre miembros y no miembros de
una categoría, por lo que la membrecía varía a lo largo de un continuum (Roth y Mervis, 1983). La teoría de
conjuntos borrosos, corno todos los sistemas matemáticos, es de carácter formal y no tiene contenido
empírico, pero aquí interesa en el sentido de que permite la obtención de un modelo preciso sobre las
relaciones entre categorías naturales, por lo que se convierte en un instrumento útil.
La posibilidad de que las categorías sean borrosas en lugar de bien definidas (McCloskey y
Glucksberg, 1978) abre la puerta a importantes consecuencias, como sería la consideración de una
configuración de signos, que sugieran que un sector de conducta es claramente explicable mediarle la
etiqueta de una categoría particular. No en vano el hecho de que la conducta de un sujeto registre variaciones

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temporales y situacionales hace muy poco probable que la pertenencia a una categoría dependa de la
posesión de un conjunto de características críticas (Belloch y Mira, 1954).
En este caso se plantea la cuestión acerca de cuál debe ser la naturaleza de las categorías en los
diferentes niveles de abstracción. Aquéllas que se sitúen a un mismo nivel se considerarán como
esencialmente continuas, sin límites definidos. Cuanta mayor información se posea sobre unas determinadas
conductas, menos influirán las inconsistencias transituacionales, mientras que la prototipicidad que se juzga
bajo condiciones de información limitada está en función de, al menos, dos factores: por una parte, el grado
de intensidad y consistencia con que se espera que un comportamiento exhiba los atributos centrales de una
categoría, y, por otra, el grado de normatividad de las situaciones en las que se produce la conducta.

20.4. Análisis de contenido

Aunque se ha matizado notablemente desde diversos puntos de vista, existe acuerdo considerable en
reconocer que se trata de una técnica de tratamiento cualitativo de datos que permite realizar inferencias
reproducibles y válidas de dichos datos al contexto de los mismos (Krippendorff, 1980). Los mensajes y
comunicaciones se refieren a fenómenos que no son directamente perceptibles por sus receptores, y es esta
característica lo que obliga al receptor del mensaje a llevar a cabo inferencias.
No obstante, en la actualidad se reconoce que el análisis de contenido puede tener tanto un fin
descriptivo como inferencial, y puede utilizar tanto técnicas de análisis cualitativo como cuantitativo. Estas
dos vertientes se corresponden prácticamente con los desarrollos que ha tenido el análisis de contenido en los
países del Centro de Europa y los norteamericanos, especialmente Canadá: en el primer caso predomina la
posición hermenéutica, y por tanto marcadamente interpretativista, y en el segundo se trata de una corriente
de corte funcionalista.
Se parte obviamente de un marco teórico de referencia, y una vez identificado por el investigador el
fenómeno de interés, es decir la parcela de realidad que va a ser objeto de investigación, el primer elemento a
considerar son los datos. Así, si nos interesa analizar los diarios de una adolescente con anorexia nerviosa a
lo largo de tres meses en que sufrió una crisis aguda, es evidente que se incluirán en el análisis el conjunto de
diarios escritos en este período (Pubill, 1994).
Como muy bien específica Behar (1991), el análisis de contenido posee características específicas y
diferenciadoras respecto a otras modalidades de tratamiento cualitativo de datos. Desde nuestro punto de
vista, se trata de la más clásica y utilizada forma de analizar material documental, sea porque tiene este
carácter en su forma originaria (apartado 19.4), o porque se trata de conducta verbal transformable en
material documental (apartado 19.3.).
Sin embargo, el hecho de que este tratamiento de material documental se realice desde una doble
vertiente cualitativista/cuantitativista que procede de las dos corrientes mencionadas, no obsta para que el
desarrollo o lógica del análisis de contenido se efectúe pretendiendo conocer el contenido simbólico de los
mensajes, aunque variarán los matices si pensamos en que pueda haber uno o más significados, dada su
naturaleza simbólica.
El receptor de un mensaje sobre fenómenos no directamente observables realiza inferencias para
captar su significado, v esto lo hace desde su interpretación del texto, una vez contextualizado en función del
emisor, receptor, temática, y situación más amplia en la cual se enmarca.
El primer problema que se plantea al abordar el análisis de contenido es la decisión acerca del
volumen de material y criterio de selección, que no es mis que la aplicación ce una peculiar técnica de
muestreo no probabilístico intencional. Así, el conjunto de cartas dirigidas de un emisor a un receptor sobre
un tema, carta dejada por un suicida, primer párrafo de todos los diarios de una adolescente, diario de clase
de un profesor de cada viernes a lo largo de un curso, actas de las reuniones de un comité ejecutivo en un
organismo o empresa, etc.
Una segunda cuestión, que probablemente es la más crítica y difícil de adoptar, es la delimitación de
unidades para el análisis posterior. Los criterios que fueron básicamente propuestos por Krippendorf (1980)
son los siguientes:

a) Ortográfico: se basa en signos de puntuación utilizados en la transcripción del texto o por su autor.
En ambos casos es problemático, por el margen de discrecionalidad que implica por parte de quién
transcribe, o por la incidencia de factores culturales, de estilo literario, de fluidez verbal, etc., por
parte del que redacta el texto.
b) Sintáctico: la delimitación en unidades se lleva a cabo en función de las oraciones compuestas
presentes en el texto.

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c) Contextual: el tema o las partes en que puede descomponerse marcan la existencia de distintos
fragmentos en el texto que son considerados como unidades, habitualmente molares.

Cada uno de estos criterios, adoptado de forma solitaria, presenta inconvenientes, los cuales pueden
solventarse en buena medida si se complementan todos o parte de estos criterios.
Una vez se ha logrado la fragmentación del texto, se inicia el proceso de categorización de forma
similar al expuesto en el apartado 20.3., con la diferencia, por supuesto, de que las unidades que se toman
como punto de partida aquí son de carácter textual.
Posteriormente, el sistema de categorías funciona como instrumento ad hoc para el material
documental, y por el proceso inferencial característico que se ha desencadenado, se le impondrán unas
exigencias específicas de control de calidad del dato, que entendemos que rebasan el objetivo de este
capítulo, y será sometido, por supuesto, al posterior análisis de datos pertinente.
En la actualidad, además del análisis de contenido, se empiezan a utilizar algunas alternativas a éste,
que aunque todavía adoptan un papel complementario, es probable que se emancipen progresivamente. Nos
referimos esencialmente a la aplicación de la teoría de grafos, al álgebra de la narrativa, y al análisis del
discurso.
La aplicación de la teoría de grafos ha experimentado un rápido desarrollo en los últimos años y ha
llegado a convertirse en un importante instrumento estadístico-matemático para ámbitos tan diversos como la
Investigación Operativa, la Psicología, la Genética, la Lingüística, la Sociología, etc. En Psicología existe ya
una cierta tradición en la utilización de la teoría de grafos en los análisis de textos, tanto en México (Heredia,
1983; Huerta, 1982; Salazar, 1979; Solano. 1983) como en España (Camps. 1987; Boada, 1992), y se
caracteriza por la posibilidad de visualizar las relaciones entre los distintos elementos de un texto
determinado a partir de las transformaciones operadas en una matriz en la cual se parte de códigos binarios
(0,1) en función de la dicotomización de respuestas a micropreguntas que se extraen de la fragmentación del
texto a analizar.
El álgebra de la narrativa ha tenido un desarrollo notable entre los sociólogos (Abell, 1987), aunque
en España su uso es muy incipiente. Esta modalidad de tratamiento cualitativo de datos pretende la búsqueda
de reglas que permitan extraer la estructura arbórea de un texto, preservando lo esencial y descartando lo no
relevante.
Finalmente. el análisis del discurso se basa en un modelo que estudia el proceso estratégico durante
el cual se construye una representación mental de dicho discurso en la memoria (Van Dijk y Kintsch, 1983),
utilizando simultáneamente información externa e interna con objeto de interpretarlo y comprenderlo, y
haciendo uso en la actualidad de recursos informáticos (Behar, 1993).

20.5. Tratamiento informático en datos cualitativos

No es incurrir en ninguna contradicción pretender un tratamiento informático en metodología


cualitativa (Tesch, 1990). Por el contrario, cada vez son más los sistemas informáticos que se han
desarrollado para dar respuesta a este tipo de material que alcanza una relevancia creciente en Ciencias del
Comportamiento, de la Educación, Ciencias Sociales, etc. Y por supuesto crecen enormemente las
publicaciones en esta cuestión.
Por otra parte, los métodos tradicionales de organización de datos en unos primeros programas de
tres décadas atrás, aunque tienen una larga historia cada vez se vuelven más obsoletos. Algunos sistemas
incluyen la numeración de todos los párrafos de las notas de campo del investigador o de las entrevistas,
codificando cada párrafo con claves por temas, y después se introduce la información a los correspondientes
ficheros.
La creciente complejidad de los diversos programas permite que se introduzcan ficheros completos
en el ordenador, en donde cada unidad de entrevista o registro se codifica y categoriza, y después las
porciones del texto que corresponden a claves específicas se recuperan.
Una corta selección de programas informáticos relevantes para el análisis cualitativo son el
ETHNOGRAPH (Seidel, Kjolseth y Seymour, 1988), AQUAD (Huber, 1991; Sandín y Medina, 1993),
SPAD.T (Lebart y Salem, I988; Cornejo, 1988), SUPERFILE, LEXICLOUD (Behar. 1993), ALCESTE,
TEXTAN y LISPQUAL. Cuando un estudio genera más datos cualitativos de los que es conveniente manejar
en un ordenador, puede ser necesario usar el QUAL (Morse y Morse, 1939).
Estos programas son excelentes herramientas que facilitan en gran medida la codificación y
recuperación de material cualitativo complejo, pero, por supuesto, existan muchos más, y en la actualidad se
está trabajando intensamente en perfiles de análisis de necesidades (Tesch, 1990) para investigadores que

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optan por la metodología cualitativa con el fin de resolver informáticamente sus principales problemas,
incluso de carácter ético (Akeroyd, 1991) respecto a la naturaleza de los datos.

20.6. Entidad de la metodología cualitativa e integración con la metodología cuantitativa

Se impone una honda reflexión a los investigadores y profesionales de las Ciencias del
Comportamiento, de la Educación. Sociología, y, en general, situados en el ámbito de las Ciencias Humanas.
En muchos momentos podemos tener una angustiosa sensación de que el estudio del comportamiento
humano siempre nos aportará resultados contradictorios precisamente porque partimos de procedimientos
encontrados entre sí, y, lo que atan es mas grave, es porque nos situamos habitualmente —de ahí que sean
muy honrosas las pocas excepciones existentes— en una posición o marco de referencia —que muchos han
denominado paradigma— cualitativo o cuantitativo. La radicalización a que se ha llegado está comportando
actitudes de mútuo desprecio, e incluso injuriosas, como si alguna de ambas metodologías fuese capaz de
resolver en su totalidad los problemas que surgen a diario.
Desde el Área de Conocimiento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento, que sustenta la
enseñanza de diversas asignaturas —Análisis de Datos, Psicometría, Metodología Observacional, Diseños
Experimentales, etc.—, la de Metodología Cualitativa plantea una especial sensibilidad por su carácter de
complementariedad, respecto a las demás. Para la resolución de la inmensa mayoría de los trabajos de
investigación, así cono de muchos estudios concretos que se planteen los psicólogos en su actividad
profesional, será necesario acudir a alguna de las formas específicas de recogida de datos que aquí se
ofrecen, o bien basarse en planteamientos que atenúen las restricciones de una metodología cuantitativa.
Tanta la contrastación empírica de los hechos, como la interpretación y análisis de los discursos que
se generan en la interacción social que a todos nos envuelve, constituyen enfoques parciales y vías estrechas
para el acceso a esta realidad humana que pretendemos estudiar. No bastan construcciones metodológicas
como clásicamente se han presentado, incapaces de abarcar y desentrañar por sí mismas toda la intrincada e
insondable densidad real de los procesos psicológicos, análisis de la cotidianeidad, etc.
Podemos pensar, a modo de ilustración, y dentro de una actual concepción preventiva en el marco de
Psicología de la Salud, que se implementa una campaña de prevención del SIDA en adolescentes. Se tratan
corno objetivo una serie de hechos personales y con grandes connotaciones sociales que pueden ser descritos
en términos relativamente objetivos, y mediante su definición operativa (que determina y formaliza, de modo
verbalmente unívoco o denotativo, sus condiciones de registro) pueden ser cuantificados, aplicándoseles así
la metodología estadística (dentro de los límites legítimos de su aplicación a los fenómenos sociales). A esta
función se reduce específicamente la encuesta estadística por muestreo —en cuanto técnica cuantitativa usual
en este tipo de investigaciones—, diseñada para transformar la observación de los hechos en un registro y
tratamiento formalizado y distributivo de los datos.
Pero se hace patente un reduccionismo analítico propio de la encuesta estadística que, para registrar
y cuantificar corno datos las expresiones o enunciados verbales de los entrevistados, tiene que formalizarlos
denotativamente en categorías o enunciados unívocos, de modo estandarizado, lo cual incapacita a la
encuesta estadística, en principio, para captar y analizar en profundidad el discurso hablado (relativamente
espontáneo v libre) de los sujetos encuestados.
No obstante, es cierto que la encuesta estadística que adopta con frecuencia la forma de encuesta de
opiniones y actitudes, se articula mediante intercambios verbales entre entrevistador v entrevistado y a veces
tiende a limitarse prácticamente a registrar y procesar lo que el sujeto entrevistado dice. Produce respuestas
verbales a preguntas verbales (respuestas a datos concretos, como la edad, pero también respuestas a
cuestiones morales, o ideológicas, etc. que debieran ser de otro orden ante preguntas de gran calado). En
algunos casos, las cuestiones tácticas se resuelven mediante preguntas/acciones verificativas del propio
entrevistador que comprueba u observa por sí mismo un determinado hecho o comportamiento, pero en la
mayoría de las ocasiones el control directo de los hechos se sustituye (por razones de economía de esfuerzo,
tiempo, coste, etc.) por las opiniones subjetivas de los entrevistados sobre lo que ellos mismos hacen o les
ocurre, con lo cual empiezan a producirse desviaciones opinativas y malentendidos semánticos.
Las desviaciones opinativas aparecen porque el estereotipo de lo habitual y/o de lo prestigioso suele
interferir en el recuerdo y conciencia de los entrevistados, modificando en mayor o menor medida la
representación de los hechos (cuestión que aflora en estudios que valoran las campañas de prevención del
SIDA en adolescentes), e intercalándose filtros en diversas direcciones, al margen de la buena voluntad en.
las respuestas. Y los malentendidos semánticos se producen por la inevitable polisemia de las palabras —
existencia de distintos significados para un solo significante—, que provoca que éstas sean entendidas de
modo distinto en medios sociales diferenciados.

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Estos problemas motodológicos no anulan la necesidad ni la relativa validez de este tipo de encuestas
(encuestas estadísticas sobre cuestiones fácticas mediante respuestas verbales), pues las desviaciones
opinativas son en parte sistemáticas (reflejan una mayor o menor desviación ideológica general de los
resultados para cada Clase o medio social encuestado, con lo que hay que contar en el momento de
interpretación de los resultados), y la existencia de malentendidos semánticos exile precisamente una mayor
profundización y refinamiento en los ítems de sucesivas encuestas. Pero se trata de problemas que indican la
conveniencia de una apertura cualitativa complementaria, sea mediante observación participante, o mediante
un análisis del discurso en entrevistas en profundidad o discusiones de grupo. etc.
Lo mismo podríamos argumentar respecto a los cuestionarios con respuestas pre-codificadas, que
fuerzan a una estereotipia de las respuestas, si bien hay que reconocer que facilitan enormemente el análisis
cuantitativo a que se las somete.
Y en el caso piel análisis de contenido, que por paste de uno de sus promotores fue definido como
técnica para la descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del contenido manifiesto de las
comunicaciones, resulta que si bien puede contribuir a confirmar algunas interpretaciones previas, vuelve a
desconocer el carácter sistemático del lenguaje, así como la mútua contextualización valorativa de los
diversos elementos del discurso y sus contradicciones internas.
Por todos estos motivos se produce un fortalecimiento progresivo de la metodología cualitativa, que
además ha ido penetrando desde una esfera pretendidamente privada al ámbito público de ideologías y
creencias. Esta revalorización —en este sentirlo es sugerente la cualificación del quinto momento que se
sugiere por Denzin y Lincoln (1994) en una voluminosa abra de más de 600 páginas dedicada a la
metodología cualitativa— representa la superación de la obsesión por la cuantificación absoluta y la
verificación estadística, que por supuesto es criticable. Pero también debemos evitar caer en la obsesión por
lo cualitativo, que es igualmente ingenuo y falsificador de las posibilidades reales de investigación ante las
enormes dificultades que presenta cualquier estudio empírico. En definitiva, la ilusión —esperemos que no
sea utopía— que desde hace ya algunos años se manifiesta repetidamente (Alvira, 1983, 1983; Anguera,
1986a, 1986d; Cook y Reichardt. 1986: lanni y Orr, 1986: Trend, 1986) por una complementación entre
ambas metodologías.
La reflexión anterior nos lleva a sostener que el análisis del proceso requiere procedimientos
cualitativos, mientras que la valoración del resultado exige técnicas cuantitativas.(CooK y Reichardt, 1986).

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