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Introducción.

Lo que hoy conocemos por América y su conquista, lo es en su mayoría por los


documentos escritos dejados por una sola de las partes que fueron protagonistas
de uno de los sucesos más importantes en la historia de la humanidad

Europeos y americanos entraron en contacto al arribo de Cristóbal Colón a este


lado del hemisferio en el año de 1492, dando pie a una serie de eventos que
fueron dándole forma a nuestro continente.

En su primera etapa, llamado "Estado Premiar", veremos como un cierto


desorden siguió a un primer intento de organización , acompañada de la
expansión propia de los conquistadores venidos desde muy lejos con sed de
gloria y fortuna, este desorden conllevó a una inestabilidad política, acrecentado
por el brutal choque cultural entre dos sociedades muy distintas entre si.

No es difícil de imaginar, que todo lo mencionado y la problemática que de ello


emana, se convirtió en disparador de diversas discusiones y polémicas, que
surgieron para poder entender mejor tan convulsa realidad. El presente trabajo
hablará, precisamente, de el "Gran Debate" que se produjo entre dos posturas
completamente diferentes de entender tan particular momento histórico.

1.- Explicar en el marco del Estado Premial, como se vinculan los textos de cada
práctico con respecto a este proceso: “Gran Debate”.

De entre todas los procesos de conquista, sea de la época estudiada o cualquier


otra, la de América por los españoles, contó con un particular debate acerca de la
legitimidad de la presencia de España en América, su conquista y aún más, el
trato a los nativos.

¿Que era el “indio” para los españoles, un ser humano, un hijo de Dios sumido en
la ignorancia pagana y deseoso de abrirle el corazón a Cristo, o era acaso un
animal de carga, una bestia, un ser incapaz de entender la verdadera religión y
merecedora de ser subyugada?

No es difícil para nosotros, en nuestra época actual, tener una respuesta o


esgrimir una alternativa más justa para el nativo del siglo XV, pero es necesario
tener en cuenta el pensamiento de aquel entonces, llena de viejos nuevos aires, en
donde se valieron de pensadores como San Agustín, Cicerón y Aristóteles para
dar solución al debate propuesto por Fray Bartolomé de las Casas, quien fuera
testigo en primera persona de los abusos cometidos por los conquistadores en
aras de llevar el evangelio a estas latitudes. Fue este Frayle dominico, quien de
muy joven se trasladara a la isla de la Española, el encargado de llevar al Consejo
de Indias y al propio Rey, Carlos I de España, el testimonio de los crímenes de
una nueva élite colonial, hija de la conquista, los “encomenderos”.

La encomienda se instituyó como un sistema organizativo en pro de usufructuar


la presencia del dominio de la corona española en las Indias Occidentales, pero
prontamente los encomenderos pasaron a tener un control pleno de las
actividades político-económicas de la colonia, este poder se tradujo en una
primera instancia en el descontrol de sus medidas para recaudar tributo de los
indígenas en todo el continente, en una segunda instancia, animados por su
creciente poder de facto, propusieron que sus encomiendas, entregadas como
recompensa por la lucha en la conquista, fueran hereditarias; vale hacer hincapié
en este punto, ya que si bien cierto, Las Casas muestra un profundo interés en
salvaguardar la vida de los indígenas y de brindarles un trato más humanitario, es
al “sistema encomendero” que ataca con mayor énfasis, valiéndose de los ya
mencionados abusos y crímenes, sino también la preocupante autonomía de los
encomenderos en América, que pudiere poner en peligro los derechos de la
corona en estas tierras.

Si bien es cierto, antes del debate acontecido en Valladolid, luego del primer
acercamiento de Las Casas al Rey Carlos I y el Consejo de Indias, se
promulgaron unas “Leyes Nuevas” que trataron de poner orden y coto a la
situación cada vez más preocupante en las colonias, estas leyes fueron orientadas
a aminorar el poder del encomendero y a en alguna medida paliar los sufrientos
de los nuevos súbditos del Rey español, sirvieron además para avivar el debate
que se llevaría más adelante.

Es justo mencionar, que en ningún momento, se pone en tela de juicio el dominio


de España en América dentro de “El Gran Debate” por parte de La Casas y
Sepúlveda, lo que se discute fervientemente, es la procedencia de la justificación,
Brading nos da un alcance al respecto la versión más difundida en la península:
“Para la mayoría de españoles, el título de propiedad del nuevo mundo era el
donativo papal de 1493, cuando Alejandro VI cedió a los reyes Católicos el
dominio de las islas y las tierras del mar océano, encargándoles la conversión de
los habitantes de estas tierras recién descubiertas” (Brading, 1991: 98).

Tal justificación, fue prontamente refutada por el ámbito académico, en las


universidades se dudó de la legitimidad de tal donativo, discutiendo acerca del
derecho arrogado por el Obispo de Roma para efectuarlo a sabiendas que se
trataban de tierras habitadas y con sus propios gobernantes, sin antes optar por
enviar misiones cristianas, como las que se llevaron a cabo en el lejano Oriente.
Ahora, si parte del justificativo, era la conversión de los nativos a la fé cristiana,
flaco favor hacia esta empresa realizó la brutal conquista armada y el posterior
régimen del terror, impuesto por los encomenderos, que asesinaban a mansalva,
como lo hicieron en las islas del Caribe y las Antillas, quienes se llevaron la peor
parte de este “Choque Cultual”.

Gonzalo Fernández de Oviedo, acerca de esta discusión que ya se venía tratando


en el ámbito académico, resta importancia al donativo papal, y pone énfasis en
los derechos que brinda el descubrimiento y conquista de un territorio, para
justificar la presencia española, a semejanza de lo acontecido en las tierras
ibéricas reconquistadas y la expulsión de los moros de la península. De la misma
forma: “Dado que Cristo había ordenado a sus Apóstoles que predicaran el
Evangelio a todas las naciones” (Brading, 1991: 52), de esta forma la
justificación deja de tener un tinte terrenal y pasa ser un mandato divino.

Es aquí, en la Evangelización de todo el orbe como justa causa, en donde el


indígena queda en medio de una nebulosa, ya que el jurista español Juan Ginés
Sepúlveda defiende la conquista por las armas y no repara en la catástrofe que
hasta ese momento significaba la masacre de los pueblos originarios, puesto que
Sepúlveda desdeñó la cultura aborigen y sus formas de gobierno que no estaban
lejos de y los señaló como una raza adicta al vicio antinatural. Así también,
Sepulveda menciona la noción de la propiedad privada como esencial para
considerar libres a las comunidades nativas que por el contrario, vivían a
expensas de lo que su gobernante dictara para ellos, dentro de un estado
despótico, el cual consideraba “bárbaro”.

Los “indios” son considerados por Sepúlveda como incapaces de gobernarse,


haciéndose necesario su subyugación.

Las Casas, por el contrario, basándose en el estudio de las comunidades


indígenas, los presenta como un pueblo salvaje y civilizado a la vez, haciendo
referencia al carácter cultural, y afirmó que: “los hombres de todas las naciones
son esencialmente los mismos en naturaleza, y por ende arguyó que los nativos
de las Indias habían pasado por una secuencia muy similar de desarrollo cultural
que la que se observó en el Antiguo Mundo” (Brading, 1991: 109), y puso como
ejemplo la rápida aculturación los indígenas mexicanos, que aprendieron el arte
europeo y el idioma latín.

Así, Las Casas se erigió como un defensor de las libertades de los indígenas
americanos, y velaba si, por la conversión de sus almas, pero a fuerza de espada
ya que: “todos los hombres naturalmente trataban de conocer la verdad y, si no
fuesen obstaculizados por el pecado, seguirían el sendero de la virtud natural,
Dios era sabiduría y Cristo un dios liberador, que nos había redimido de la carga
dl pecado. De ahí se seguía que el reino de los cielos, anunciado por el
Evangelio, debía ser predicado con amor y por medio de la persuasión racional.”
(Brading, 1991: 81).

Conclusión.

La conquista de América por parte de los españoles, fue un hecho trascendental,


hay un antes y un después de ella. El solo hecho de conocer la existencia de otro
mundo, totalmente diferente al conocido, tanto para el europeo como para el
nativo americano, dio lugar a un debate que pone en manifiesto que la historia de
la América que conocemos hoy, no solo se construyó a pulso de mano obra
indígena o empuñando un arcabuz, sino también, desde el debate al otro lado del
hemisferio, en donde convergieron corrientes del pensamiento, nuevas como la
de Las Casas o redibujadas por Sepúlveda, con la misma finalidad, justificar la
presencia y la conquista española en América, ya sea por la razón o por la fuerza.

Bibliografía.

· Brading, David. Orbe Indiano: De la Monarquía Católica a la República Criolla,


México, Fondo de Cultura Económica, 199