Está en la página 1de 207

GEORGES MOUNIN

HISTORIA DE LA LINGÜÍSTICA
DESDE LOS ORÍGENES AL SIGLO XX

m
BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA
EDITORIAL GREDOS, S. A.
MADRID
BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA
D i r i g i d a p o r DÁMASO ALONSO

III. M AN U ALES
GEORGES MOUNIN

HISTORIA DE LA LINGÜÍSTICA
DESDE LOS ORÍGENES AL SIGLO XX

VERSIÓN ESPAÑOLA DE

FELISA MARCOS

i
BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA
EDITORIAL GREDOS, S. A .
MADRID
Capítulo primero

L A A N T IG Ü E D A D

I. LA PREHISTORIA Y EL LENGUAJE

i. Un problema no lingüístico. — Desde sus primeros esta­


tutos (1866), la Sociedad de Lingüística de París estipulaba que
no aceptaría “ninguna comunicación referente [...] al origen del
lenguaje” . J. Vendryés, en su historial de la S o cied ad co n sta ta
que esta prohibición no se ha retirado nunca (aun cuando no figu­
ra ya en los estatutos de 1878)?. Su razón originaria era, según
Vendryés,

el deseo de ponerse en guardia contra discusiones apasionadas, in­


compatibles con la objetividad de la ciencia3.

Pero más tarde se añadieron a ésta razones propiamente lin­


güísticas; y Vendryés mismo en Le Langage (pp. 6-7) hace el
inventario de los argumentos que demuestran que no hay que es­
perar nada ni del estudio de las lenguas antiguas ni. del de las

1 Cf. Orbis, p. 13. V. las referencias completas a la bibliografía del


capítulo, p. 105:
2 Cf. J. Perrot, B. S. L., t. 59, f. 2, p. 20.
3 Ibidy p. 13.
¿4 Historia de la lingüística
“lenguas salvajes'*, ni del del lenguaje de los niños para resolver
el problema del origen del lenguaje. Este problema, añade (pá­
gina 6), no es un problema de lingüística. Lo repetirá 28 años des­
pués en su reseña del libro de Révész (p. 7). Y Tovar, en su ar­
tículo Linguistics and Prehistory, adopta la misma postura:
Desde el punto de vista del lingüista, la contemplación de los
milenios de la prehistoria hace que parezca insoluble el problema
del origen del lenguaje (p. 349).

Los dos lingüistas están de acuerdo en atribuir este problema


a la competencia del psicólogo y del sociólogo4, del psicólogo o
del filósofo5. Toda la lingüística actual acepta o profesa este modo
de ver. Cuando Vendryés, a propósito de la prohibición emitida
por la Sociedad de Lingüística, añade que

Hoy se sería probablemente menos severo; aunque los motivos


que justificaban [esta] prohibición no hayan dejado de ser válidos,
las personas inteligentes juzgan hoy posible concebir racionalmente
las condiciones en las que el lenguaje humano ha podido surgir
y desarrollarse,

se ve perfectamente, por su misma restricción, que atribuye a otras


ciencias diferentes de la suya la investigación de estas condiciones.
Una vez planteado esto y admitido sin reserva, se puede pen­
sar que si el origen -del lenguaje no es un problema lingüístico, la
historia de las especulaciones y de las investigaciones sobre este
origen debe tener cabida en una historia de la lingüística. En pri­
mer lugar, porque frecuentemente son lingüistas quienes se han
dedicado a tales especulaciones, entremezcladas con sus preocu­
paciones propiamente lingüísticas. Además, porque la prehistoria
es un período en el que ha existido el lenguaje, y porque es nor­
mal hacer el balance de lo que se cree saber o se puede presumir

4 Vendryés, reseña de Révész, p. 6,


9 TQVAR, p. 348.
La Antigüedad

referente a este período. Por otra parte, hay aquí dos campos his­
tóricos bien delimitados: lo que se ha imaginado en las diversas
épocas sobre el origen del lenguaje tendría cabida más bien en
la historia misma de cada época (sería quizá una especie de psico­
análisis ideológico de la época a través de sus mitologías lingüís­
ticas), en tanto que lo que se puede proponer acerca del lenguaje
en los tiempos prehistóricos, a la luz de los resultados actualmente
adquiridos por las ciencias competentes, sería lo único que debía
figurar aquí; pero estos dos tipos de investigación están demasiado
íntimamente ligados por su objeto para que sea provechoso sepa­
rarlos.

2. Las teorías sobre el origen. — No existe ninguna obra


puesta al día sobre esta cuestión. Uhistoire du langage de M. Pei,
en sus dos primeros capítulos (pp. 7-26), a propósito de esto sólo
evoca generalidades, ya caducadas, de su tiempo. La única obra
digna de mención es la de Révész, Origine et préhistoire du lan-
gage, pero es un catálogo de las teorías sobre el lenguaje, una
especie de bibliografía crítica, aunque útil como tal, más que un
estudio moderno. El libro está elaborado sobre una psicología, una
sociología y una etnología de los años 1900-1930 en lo que éstas
tenían probablemente de más perecedero. En cuanto a su docu­
mentación lingüística, es disparatada, y la interpretación, siempre
anticuada. Trubetzkoy sólo aparece en ella con ocasión de un con­
trasentido (p. 113), y Saussure, a propósito de la onomatopeya
(p. 46). Herder, o Schlegel, o Goethe, Humboldt o Renán pesan
más en el pensamiento del autor que lingüistas más recientes, como
Jespersen, Schuchardt o Gardiner, por otra parte utilizados úni­
camente para cuestiones de detalle. Gracias a Révész, se podrá
siempre entrar en contacto con antiguas hipótesis, desde la remota
Antigüedad hasta fines del siglo xix. Las tesis biológicas plantea­
ban que el lenguaje ha surgido lentamente de la evolución de los
movimientos y de los sonidos espontáneamente expresivos (pooh-
26 Historia de la lingüística

pooh theory) de las emociones que se dan en el animal y en el


hombre; o bien, que es el producto de la imitación de los gritos
o ruidos animales (bow-wow theory). !,as tesis antropológicas eran
más diversas: se atribuía el origen del lenguaje ya a las córrela-
ciones simbólicas entre el valor impresivo de una emisión sonora
y su sentido (ding-dong theory), ya a las emisiones sonoras qué
acompañan al esfuerzo muscular (yo-he-ho theory), ya al desarrollo
del primer balbuceo infantil, ya al del canto o incluso al de los
gestos expresivos. Algunas tesis han tratado de apoyarse en la
adquisición del lenguaje por el niño, o en las formas lingüísticas
observadas en los pueblos primitivos, o en la patología del lengua­
je. Las tesis propiamente filosóficas han sostenido ya que el len­
guaje es innato, ya que es adquirido; ya que resulta de una inven­
ción voluntaria pero fortuita, ya de un descubrimiento no menos
accidental. Las tesis teológicas planteaban que el lenguaje es el
don de un dios. Révész no examina nunca estas hipótesis desde el
punto de vista de su eventual compatibilidad con las conquistas
lingüísticas más seguras en su tiempo, que ignora. Su actitud es
una mezcla de compilación crítica y de disertación escolástica, a
veces infantil, desconcertante con frecuencia. A pesar de lo que
sabe de la extraordinaria deformación lingüística experimentada
por las onomatopeyas, escribe que

si los sonidos de los animales hubieran desempeñado un papel en


la formación del lenguaje, debería esperarse encontrar palabras se­
mejantes a algunos de estos sonidos, sobre todo en las lenguas pri­
mitivas (n. 3, p. 38).

Para él, los animales no están dotados de lenguaje, al parecer,


ya que los sonidos que emiten no pueden transcribirse mediante
nuestros alfabetos:

las consonantes y vocales [dé sus emisiones fónicas|-no : son las


nuestras (p. 39).
La Antigüedad 27

Y en resumidas cuentas, la existencia del lenguaje se explica, a


su modo de ver, por una propiedad parlante, como las propiedades
del opio por su virtud adormecedora:

Los niños son hijos de hombres, escribe, preparados a hablar


por herencia, y dotados de un sentido intimo del lenguaje (pági­
nas 71 y sig.).

La tesis propia de Révész, que se basa en una recomposición


de la teoría de las funciones diferenciadas del lenguaje, expuesta
por Karl Bühler, no es más que la demostración laboriosa de una
evidencia admitida implícitamente por todo el mundo: el lenguaje
procede de
la tendencia fundamental e innata, observada en los seres que viven
en comunidad, a relacionarse, a simpatizar, a trabajar juntos, a com­
prenderse recíprocamente (p. 92).^

Evidencia que, por otra parte — y esto es lo esencial— , no


ayuda en modo alguno a reconstituir los porqué y los cómo de la
evolución de todas las formas específicas de contacto y de comu­
nicación; la misma teoría explica como punto de partida los fro­
tamientos de antenas de las hormigas, el rechinar de los vuelos de
los saltamontes, los bramidos de los rebaños, los gruñidos de los
gorilas y las poesías de Paul Eluard, pero no el punto de llegada
de cada uno de estos tipos tan diferentes de “ contactos". Las re­
señas que Vendryés en el B. S. L . y Táylor en Word han hecho
de Révész son demasiado generosas.
Las insuficiencias de Révész muestran claramente los peli­
gros de toda investigación pluridisciplinar sobre el origen del len­
guaje para justificar la actitud negativa de la lingüística. Sin em­
bargo, no es posible contentarse en este aspecto con las tautologías
repetidas de Goethe a Renán, de Humboldt a Mauthner, de Ven­
dryés a Révész y Tovar, según las cuales el lenguaje y el hombre
aparecen a la vez. Leroi-Gourhan ha captado que se trata sim­
28 Historia de la lingüistica

plemente de laicizar por decreto la antigua teoría teológica; y que,


además, es dar al hombre dos definiciones, una puramente zooló­
gica, que le inserta en su lugar en la clasificación de los mamí­
feros, la otra antropológica, que le define por un carácter no bio­
lógico, exterior a esta clasificación; falta demostrar la coincidencia
de estas dos definiciones. Si se supone por hipótesis que todo ani­
mal que habla es un hombre, y que todo hombre es un animal
que habla, no se ha explicado nada.
Se puede pensar que en el día de hoy ciencias diversas permiten
reflexionar sobre el origen del lenguaje de modo más preciso y,
sin embargo, menos perentorio de lo que lo hada Révész hace
25 años. Aun no habiéndose dejado persuadir por los avances psi-
coanalíticos del autor, L e non et le oui de René A. Spitz ilustra un
estado de investigación al nivel de los conocimientos actuales. En
el campo de la psicología animal, hoy se está también lejos de
banalidades con que todavía se contentaba Révész; los trabajos de
von Frisch sobre las abejas (de los que Révész se desembarazaba
con palabras muy superficiales), los de Philippe Gramet sobre las
funciones de la voz en los cuervos, los de Rémy Chauvin sobre los
comportamientos simbólicos en los animales, por ejemplo, merecen
por sí mismos mayor atención que todo lo escrito sobre este tema
durante dos milenios. No es que la interpretación de los hechos
sea inmediatamente productiva en lo que se refiere al origen del
lenguaje; en las reflexiones de Haldane a propósito de von Frisch
se veía aparecer una sugerencia sobre el rito como etapa inter­
media entre comunicación animal y lenguaje humano; o en la
discusión de Benvéniste, una argumentación que mantiene por
completo la separación entre estos dos mismos términos. Sea como
quiera, el problema está profundamente renovado en su trata­
miento gracias a tales trabajos, aun cuando la solución parezca
aún más lejana o menos accesible que anteriormente.
La Antigüedad 29

3. De la lingüística a la prehistoria. — Paralelamente a estas.


investigaciones, sobre todo filosóficas, la lingüistica no ha renun­
ciado nunca a remontarse lo más posible en la prehistoria gracias a
sus propios métodos 6. La lingüística histórica, mediante procedi­
mientos cada vez más rigurosos de reconstrucción, puede recons­
tituir estados de lengua que se remontan mucho más allá que los
primeros textos conocidos. De este modo, las reconstrucciones del
indo-europeo común (i.-e.) dan el estado hipotético, pero cada vez
más verosímil, de una. lengua desconocida del tercer milenio a. C.,
atestiguada en formas evolucionadas (sánscrito védico, griego ho­
mérico, etc.) sólo alrededor del primer milenio a. C. Como la lin­
güística histórica ha surgido antes que la investigación prehistó­
rica, hacia 1816-1820, en una época en la que una cronología
universal de esencia teológica hacía aparecer la humanidad hacia el
cuarto milenio a. C., este remontarse hasta el tercer milenio daba
a los lingüistas de entonces la impresión de hallarse muy pró­
ximos al origen mismo del lenguaje. Bopp a duras penas ha re­
nunciado formalmente a la idea de que las raíces i.-e. que extraía
del sánscrito eran formas, cercanas al origen, aun cuando no re­
presentaran las del origen. Pero un erudito tan positivo, tan mo­
derno como Whitney difícilmente resiste, aun en 1876, a esta ten­
tación. (No olvidemos que las ideas de Boucher de Perthes sólo
empiezan a conseguir adeptos del mundo científico hacia 1863-
1864.)
Descubrimientos recientes, escribe prudentemente Whitney, nos
muestran que la antigüedad de la raza humana sobre la Tierra debe
ser mucho mayor de lo que generalmente se ha supuesto. Se han
abierto aquí aspectos de gran interés, sobre los cuales sólo pode­
mos echar una ojeada; pero la relativa brevedad del período cu­
bierto por huellas humanas debe hacemos modestos en la preten­
sión de poder comprender alguna vez muchas cosas sobre los pri-
merísimos comienzos, el origen retrotraído, de las razas7.

6 Cf. el artículo de T ovar en Word.


7 L a n g a g e p. 205.
3o Historia de la lingüística

No obstante, escribe un poco más allá:

Si las raíces particulares [i.-e.] a las que nos conduce nuestro


análisis no son en todos los casos los ,productos de las primeras
tentativas de nuestros antepasados en dirección a la articulación,
son de todos modos de la misma especie que ellas y representan
para nosotros la etapa inicial del lenguaje8.

O todavía:

Que mediante estas raíces nos aproximábamos mucho, aunque no


lo alcanzáramos por completo, al comienzo del lenguaje, nos viene
probado por otras consideraciones [sobre las inflexiones]9.

Incluso Tovar en 1954 no parece despreciar por completo es­


tos espejismos cuando concluye su artículo del siguiente modo, al
menos ambiguo:

En resumen, en la medida en que la lingüística nos permite


sondear las profundidades del espíritu humano, nos permite tam­
bién' remontar el curso de la prehistoria hasta alcanzar los orígenes
del hombre mismo 10.

Efectivamente, como instrumento de penetración en la prehis­


toria, la lingüística puede proponerse únicamente explorar sus
dintomos con el fin de

proyectar alguna luz sobre las parces de la prehistoria para las que
los textos son escasos, oscuros o ausentes por completo M.

A menudo, todavía, no puede ilustrarse más que a sí misma.


En efecto, según la observación de Bloomfield, ocurre con frecuen­
cia que las reconstrucciones lingüísticas referentes a un período an­

8 Op. cit., p. 263.


9 Op. cit., p. 265.
10 Op. cit., p. 347.
11 T ovar, op. cit., p. 336.
La Antigüedad

tehistórico no pueden ser puestas en relación ni con vestigios ar­


queológicos ni con vestigios antropológicos. Lo mismo que para
el i.-e., no se sabe verdaderamente ni en dónde ni por quién ha
sido hablada la lengua reconstruida12. Las tentativas de localizar la
cuna de los pueblos que han hablado el i.-e. común (gracias a las
raíces. comunes en las lenguas más antiguas .que de él han salido
para designar realidades vegetales, animales o sociales) siguen sien­
do siempre conjeturas, y frágiles; estamos hoy lejos de la segu­
ridad con que Adolphe Pictet reconstruía hace 100 años la civi­
lización de los arios primitivos (seguridad muy mitigada en la.
reseña que Saussure hacía en 1878 de la 2.a edición de la obra).
En el artículo de Jacqueline Manessy sobre La civilisation védique
d’aprés lé Rig Veda, o en la obra de Stuart Piggott, se ve cuán
débiles pueden ser los puntos de apoyo sólidos para tales investi­
gaciones. Son demasiado infrecuentes los casos análogos al citado
por Emmanuel Laroche para las lenguas hititas en los que puede
poner en segura correlación objetos encontrados en las excavacio­
nes con jeroglíficos con dibujos reconocibles de estos mismos ob­
jetos
Reducida a sus justas proporciones, la lingüística prehistórica no
por eso deja de existir. Para la Europa occidental,, por ejemplo, con­
siste (aparte del perfeccionamiento de las reconstrucciones i.-e., y
de todo lo que de ellas puede deducirse) en considerar la cantidad
actual de topónimos, orónimos, hidrónimos, incluso antropónimos,
y después extraer de ellos todo lo que con seguridad puede atri­
buirse a*etimologías de lenguas históricas atestiguadas: latín, grie­
go, i.^e.j etc. Todo el problema consiste luego en trabajar sobre

el residuo toponímico que escapa a toda explicación por una lengu»


conocida 14.

i?;, B loo m field , Language, p. 319.


E > ,Cf. su artículo, p. 69.
14 R ostain g, Ñoms..., p. 25.
3* Historia de la lingüística

La hipótesis consiste en suponer que los topónimos deben en­


cubrir numerosos “fósiles” lingüísticos15, porque la observación
prueba que los sucesivos ocupantes de un territorio adoptan fre­
cuentemente los nombres de los lugares ya en uso a su llegada.
Sobre esta hipótesis se ha podido establecer16 la investigación de
las huellas lingüísticas llamadas precélticas (iberos, ligures, etc.) q
incluso preindoeuropeas. La validez de este último término es aún
discutida: si Fouché (1938) y Rostaing (1950) lo defienden, Lebel
en su tesis (1949) se mantiene infinitamente prudente, hasta el
punto de juzgar que prégalo incluso es un término arriesgado, al
que prefiere no-ceíta17. Para calibrar el corte completamente super­
ficial, por valioso que sea en sí, que la lingüística puede efectuar
en esta zona de nuestra prehistoria, basta mencionar una de las
conclusiones de Lebel:
Los nombres de los grandes ríos [franceses] permanecen [...] [e]
ignoramos todo acerca de las lenguas que los han producido18

Otras dos tentativas para superar la superficialidad de esta pe­


netración se han abierto camino con diversa fortuna. Una es la de
N. Ja. Marr (1864-1934). Notable especialista de las lenguas cau­
casianas, tardíamente adherido al marxismo, imaginó demasiado
prematuramente, más que probó, que éste proporcionaba el instru­
mento teórico apropiado para justificar las viejas hipótesis de Max
Müller sobre las correlaciones entre las lenguas y los estados so­
ciales; y para realizar, aun prematuramente, el programa de la
lingüística sociológica de su contemporáneo Meillet, que se pro­
ponía mostrar
cómo, en general, los •cambios de estructura social se traducen' en
cambios de estructura lingüística.

15 Ibid., p. 6.
16 Ibíd., P. 112.
17 Principes, p. 359.
13 Ibid., p, 355.
La Antigüedad 33
Se olvida con frecuencia, cuando se abruman de sarcasmos las
aventuradas teorías de Marr, hasta qué punto están ligadas al mun­
do lingüístico de su época. Mediante una llamada teoría de estadios,
Marr había planteado que hay una estricta correspondencia entre
sociedades matriarcales, patriarcales, esclavistas, feudáles, capitalis­
tas, socialistas, por una parte, y por la otra, la tipología de las len­
guas habladas respectivamente por esas sociedades. Provisto de esta
teoría, de las más discutibles, llegaba a plantear que el origen del
lenguaje era el siguiente: en un mundo en el que el hombre no
hablaba todavía más que mediante gestos, cada tribu originaria
poseía una única palabra, grito de contraseña para reconocerse,
nombre, mares étnica y totémica todo a la vez. A medida que las
tribus se amalgamaban, sus hechiceros, únicos que poseían el pri­
vilegio de la articulación de la palabra sagrada, iban desarrollando
poco a poco una lengua hablada, por adición de estas palabras tri­
bales. Esta supuesta teoría paleontológica, más soñadora aún que
la precedente, llevaba a resucitar la lengua primitiva, hecha de cua­
tro palabras: sal, ber, jon, ros: era el jafético; y toda la construc­
ción de Marr era científicamente más irrisoria que las fantasías
comparatistas leibnizianas que habían creado esta palabra de jafé­
tico dos siglos antes.
La segunda tentativa científica seria es la léxico-estadística, o
glotocronología. La hipótesis básica es la siguiente: el léxico de
una lengua se renueva con el tiempo; unas palabras desaparecen, y
aparecen otras. Observando este movimiento en lenguas de historia
conocida, se cree poder poner en evidencia que los términos desapa­
recen — en largos períodos— a velocidad constante: un 20 %
cada 800 años. Es comprensible que sea éste un método seductor
para fechar, por ejemplo (cuando están emparentadas dos lenguas
sin historia), el momento de su separación, cuyo cálculo se funda
en el porcentaje de las raíces de términos que les son comunes. En
abstracto, conocidas las velocidades de separación que se han creído
constatar, el ascenso en el tiempo no excedería en ningún caso de
H. DE LA LINGÜÍSTICA. — 3
34 Historia de la lingüística

algunos milenios. Pero el método es muy discutible. En primer lu­


gar, para eliminar el riesgo de operar con palabras culturalmente
demasiado móviles, que falsearían los cálculos, los teóricos propo­
nen no operar más que con un léxico limitado, sacado, según creen,
de los avatares de la evolución de las culturas: partes del cuerpo,
divisiones del tiempo, fenómenos naturales, números, etc., y esta
lista fundamental de unos 200 términos :— que va a condicionar to­
dos los resultados ulteriores— provoca numerosas reservas. Por
otra parte, aplicada a lenguas cuya historia es. muy conocida, la
glotocronología da resultados aberrantes. Este instrumento de re­
troceso en la prehistoria, si es que es un instrumento, no está aún
a punto.

4. De la prehistoria a la lingüística. — Los lingüistas anterio­


res remontan el curso del tiempo hacia un origen del lenguaje que
saben muy bien que no alcanzarán nunca. Por el contrario, Leroi-
Gourhan, paleontólogo, etnólogo y prehistoriador, se propone des­
cender la corriente del tiempo, llevado por la evolución de los
vertebrados; en su camino debe encontrar forzosamente el momen­
to de la aparición del lenguaje. Antes que él, ya otros, cuyas hipó­
tesis evoca T ovar19, habían tratado de localizar esta fecha capital
fundándose en los datos de antropología prehistórica conocidos en
su época, ya cramología, ya presencia del fuego, etc.: Walkhoff y
Heilborn han escogido la edad de Neanderthal (alrededor del
año 100.000)}. Bóklen, sólo el musteriense (alrededor del
— 50.000); Hauser, el auriñacense (alrededor, del — 30.000).
De hecho, con esto sólo se obtenían desarrollos muy generales, de
medio siglo de antigüedad, cuyo resumen había hecho Henri Berr
en su prólogo a L ’ humanité préhistorique de Jacques de Morgan
— texto al que se limitaba a remitir su prólogo al Lañgage 'de
Vendryés— i Leroi-Gourhan presenta una síntesis basada en el

'■'* Art. cit., p. 350.


La Antigüedad 35
estado actual adquirido de los hechos. La lingüística encuentra en
él una puesta al día de los problemas planteados, si no por el
origen, al menos por la antigüedad del lenguaje. En primer lugar,
se siguen en él, desde los primeros peces, las relaciones de depen­
dencia que se manifiestan entre captura móvil del alimento y sime­
tría bilateral en el mundo animal; entre vida terrestre y liberación
de la cabeza con relación al esqueleto; entre mecanismo de la man­
díbula (condicionado por el régimen alimenticio) y estructura del
cráneo; entre posición vertical, liberación parcial o total de los
miembros anteriores durante la locomoción, rostro breve y volumen
del cráneo — cosas todas ellas que sitúan la aparición de las posi­
bilidades del lenguaje en una larga cadena biológica.
Acerca de la antigüedad del lenguaje, Leroi-Gourhan aporta
nuevos puntos de vista. Los descubrimientos de Africa del Sur
(Australánthropo, Zinjánthropo) retrotraen la aparición de la es­
pecie homo en los tiempos geológicos mucho más allá de lo que
se pensaba hace 30 años: hacia fines del terciario, hace quizá un
millón de años, lo cual prolonga considerablemente los tiempos
de evolución de todos los fenómenos propiamente humanos, parti­
cularmente el lenguaje. En lo referente a éste, Leroi-Gourhan pien­
sa, con mayores precisiones que hace 50 ó 30 años, poder basarse
en dos clases de pruebas indirectas: estructura del cerebro, rela­
ciones entre utensilios técnicos y lenguaje. En el primer punto, lo
esencial es la observación en los animales, y luego en el hombre,
del desarrollo del córtex delante del surco de Rolando. A partir
del australánthropo, el cerebro humano posee, según Leroi-Gourhan,
zonas que le son propias al menos por su extensión, y son aquellas
en las que se localizan hoy los centros del lenguaje — en tanto
que éstas faltan en los grandes monos— . En segundo lugar, a partir
del austraiánthropo hay fabricación de utensilios. Ahora bien, el
utensilio prehistórico, nunca determinado por “ el azar de las frac­
turas” del material, corresponde a un estereotipo funcional atesti­
guado continuamente en millones de ejemplares. Leroi-Gourhan
Historia de la lingüística

constata que las zonas cerebrales de la potencia motriz tecnológica


y las del lenguaje son interdependientes. Constata también que
toda la historia conocida establece que, a partir del momento en
que hay que escoger entre varios comportamientos de fabricación,
esta elección entre cadenas operatorias que constituyen el apren­
dizaje implica siempre una transmisión por medio del lenguaje.
Las ciencias competentes podrán comprobar estos puntos de vista;
pero para el lingüista tienen el mérito de sustituir demasiadas hi­
pótesis filosóficas bastante gratuitas por datos objetivos — configu­
ración del cerebro, utensilios— que se tienen a la mano.
Junto a esta paleontología del lenguaje, Leroi-Gourhan propone
-un análisis casi tan innovador de los orígenes de la escritura (la
cual es la primera prueba arqueológica directa del lenguaje: casi
certeza para el musteriense evolucionado, hacia el — 50.000, a
partir de las primeras incisiones regularmente espaciadas; certeza
para el auriñacense, hacia el — 30.000, que proporciona rasgos
indiscutibles, grabados o pintados). Hasta ahora, la prehistoria de
la escritura se describía como una bella “ serie evolutiva” , una su­
cesión de tres “ estadios” , “ de la historia sin palabras a la letra” :,
tal es el título de la primera parte de la obra de M. Cohén20.
Primero, un estadio de pictogramas (la Bilderschrift de los alema­
nes), especie de dibujos que cuentan una historia, pero sin relación
visible con un único enunciado hablado — historia que se inter­
preta o reconstruye como el tema de un cuadro, o de una sucesión
de cuadros (en este último caso hay ya una primera idea de men­
saje lineal, pero menos análogo a la escritura que al cine)— . Marcel
Cohén advierte que estos dibujos pueden ya bastarse a sí mismos,
ya servir de ayuda para el recuerdo de relatos, es decir, de men­
sajes verbales, más o menos estereotipados. Advierte asimismo, aun­
que haya hablado de estadios, que la escritura propiamente dicha
no ha surgido de un desarrollo o de un perfeccionamiento de la

Grande invention, pp. 27 ss.


La Antigüedad 37
técnica pictográfica21. A continuación, un estadio de ideogramas
o jeroglíficos (Wortschrift), dibujos de formas generalmente reco­
nocibles, cada una de las cuales corresponde a una unidad semán­
tica de un enunciado hablado. Finalmente, un estadio de fonogra­
mas, o signos escritos, cada uno de los cuales corresponde a un
sonido mínimo del lenguaje, vocal o consonante. La tesis de Le­
roi-Gourhan, muy notablemente diferente, plantea que los prime­
ros grafismos auriñacenses susceptibles de interpretación no son
pictogramas, sino rasgos convencionales, abstractos, que posible­
mente sirven de soporte mnemotécnico a “ un contexto oral irreme­
diablemente perdido” 22, como los churingas de los actuales pobla­
dos australianos. Consecuencia importante,

el arte figurativo está ligado en su origen inevitablemente al len­


guaje, y mucho más próximo a la escritura en sentido amplio que
a la obra de arte23.

Estos rasgos primitivos, cuyo inventario y repertorio mecano-


gráfico ha realizado Leroi-Gourhan para las n o grutas adornadas
que se conocen — 63 de las cuales presentan 2.260 figuras “ lo su­
ficientemente bien conservadas para ser legibles”— , no son picto­
gramas, en el sentido de que los dibujos no se leen como la histo­
ria contada por un cuadro: habría que conocer su contexto oral
para interpretarlos; son “ mitogramas” en el sentido propio del
término24. Las únicas pictografías verdaderas que conocemos (es­
quimales, pieles rojas, siberianos) son posteriores, dice, al contacto
de los grupos sin escritura con civilizaciones con escritura; pero
esta afirmación parece discutible. En efecto, Alfred Métraux cita
numerosos casos en América: los descuentos de los inviernos da-
kota en pieles de bisonte, la escritura cuna del Panamá, etc., que

21 Ibid., pp. 27-33.


22 Le geste, I, p. 266.
23 Ibid., p. 266.
24 R e l i g i o n s pp. 81-95; Le geste..., I, 268, 275.
38 Historia de la lingüistica

es difícil de clasificar entre las escrituras surgidas por estímulos.


Por otra parte, hay una relación probable entre el nacimiento de
las primeras escrituras y los procedimientos de inscripción admi­
nistrativa, que aparecen más importantes cada vez en la aurora
de las civilizaciones con escritura (Sumeria. Creta, Egipto), y esta
relación es quizá capital para el paso del mitograma o del picto-
grama a la escritura lineal25, pero este fenómeno es muy posterior
al simbolismo paleolítico de aspecto “ churinguio” . También en
este caso la afirmación debe ser indudablemente matizada: a par­
tir del paleolítico superior, del que surgen estas civilizaciones, se
encuentran símbolos casi con toda seguridad numéricos junto a
“mitogramas” 26. Sin embargo, es todo el esquema clásico (pie-
tograma > ideograma > fonograma) el que se encuentra en cues­
tión, no sin buenas razones. También la historia de la escritura
aparece más compleja de lo que hasta ahora se había creído.

II. LOS EGIPCIOS

i. Falta de trabajos históricos. — Casi todas las publicaciones


referentes a la historia de la lingüística se conducen como si subs­
cribieran las siguientes afirmaciones de Whitney, formuladas hace
casi un siglo:

[La lingüística] es por completo obra de este siglo [...]. Estas


investigaciones antiguas [anteriores al siglo xix]... no han tenido
por resultado nada que merezca el nombre de ciencia...i[de este si­
glo procede] el verdadero comienzo de una ciencia lingüística27.

25 Le geste, I, p. 220.
26 Cf. intervención de Bourdier, en MÉTRAUX, pp. 22-2$,
?7 Langmge, pp. 1-3,
La Antigüedad 39
Como se ha visto, a partir de Whitney, todo lo que se refiere
a la historia de la lingüística anterior a 1816 ocupa con gran fre­
cuencia algunas páginas, rara vez unas treinta, de toda una obra.
Este modo de ver merece ser revisado y matizado. La lingüística
no estaUa en el siglo xix como una tempestad en un cielo sereno.
Ha sido preparada por toda la reflexión anterior sobre el lenguaje,
cuya historia sólo ha pod do esbozarse, al menos a partir de Egip­
to. En lo referente a la reflexión que el Egipto faraónico ha podido
orientar sobre los fenómenos del lenguaje, el primer hecho que
hay que subrayar es la insuficiencia de nuestra documentación
actual, insuficiencia que no debe aceptarse, al menos hoy, como
un dato inmutable, sino constatar como una situación presente
transitoria, modificable. En efecto, la egiptología posee filólogos
eminentes, formados por siglo y medio de trabajos científicos. Han
sabido redactar en sus obras de conjunto capítulos sustanciosos
sobre el derecho, la administración, la astronomía, la medicina, la
economía, la geografía, las matemáticas faraónicas. Pero consul­
temos Le Nil et la civilisation égyptienne de Moret, los primeros
tomos de la colección “ Clío”, o de “ Pueblos y civilizaciones” de
Halphen y Sagnac: ni en el índice ni en el texto se encontrará,
bajo el título escuela o enseñanza, nada o casi nada sobre lo que
los egipcios sabían o enseñaban referente a su lengua. Nada tam­
poco en la Histotre genérale des sciences de Taton, y demasiado
poco todavía en el Dictionnaire de la civilisation égyptienne de
Posener, a pesar del artículo langue (de Serge Sauneron).
Una historia de la lingüística sólo empezará a ser posible cuan­
do los especialistas — egiptólogos, pero también sumeriólogos, asi-
riólogos, hinduistas incluso, etc.— hayan tomado plenamente con­
ciencia de este hecho: la reflexión que una civilización presta,
más o menos explícitamente, a su lenguaje forma parte “ del ins­
trumento mental” de esta civilización — como lo subraya con fuer­
za la colección “Évolution de rHumanité” (t. III, L e langage),
como lo dice expresamente la Encyclopédie jrangaise (t. I)— . La
40 Historia de la lingüistica

civilización en cuestión ¿ha tomado conciencia del análisis de los


sonidos lingüísticos, y cómo, hasta qué punto? ¿Ha orientado ya,
y hasta dónde, un análisis de las unidades significativas de su len­
gua? ¿Qué nociones ha enseñado referentes a “ las partes de la ora­
ción” ? ¿Qué ha conocido de la morfología, de la sintaxis? ¿Ha
experimentado las diferencias dialectales? ¿Se ha interesado por
las lenguas de los demás pueblos? ¿Ha entrevisto hechos de evo­
lución de la lengua? ¿Ha tenido escuelas, una enseñanza, tratados?
¿Qué problemas generales del lenguaje, míticos, filosóficos o lin­
güísticos se ha planteado?

2. Los documentos y los hechos. — En el estado actual de los


conocimientos, ¿qué nos enseña, sin embargo, la egiptología? Sa­
bemos que desde la época tinita (tercer milenio antes de nuestra
Era) existe una administración sólidamente organizada, fundada en
una casta de funcionarios, los escribas. La formación de éstos pos­
tula una enseñanza, escuelas; y tenemos testimonios de ello. Los
nombres mismos de la escuela indican su importancia en el mundo
faraónico: es “ el lugar de la enseñanza de los libros” 28, “ la casa
de vida” 79. A este propósito, Las máximas del escriba Ani evocan
del siguiente modo a la madre de éste:

Ella te ha llevado a la escuela cuando aprendías la escritura,


y allí permanecía cada día, con pan y cerveza de su casa 3°.

Además, sabemos que la actividad diplomática egipcia lleva


consigo la presencia de traductores y de intérpretes: desde el Egip­
to antiguo, altos funcionarios tienen ya el título de jefes intérpre­
tes, que transmiten de padres a hijos como un cargo unido a su
título de príncipes de Elefantina31. En 1278 antes de nuestra Era,

28 M obet, p. 312.
29 “Clio”, p. 180.
30 M oret, p. 536.
5! CARY, p. 132,
La Antigüedad 41
un tratado egipcio-hitita da lugar a dos traducciones egipcias32. En
la época de Sesostris I, en el siglo xn antes de nuestra Era, un
escriba se gloría de saber leer el cretense: “M i cálamo coge los
Haunebu” , escribe33; y le vemos en una oficina de asuntos co­
merciales con Creta, cómo intérprete. El papyrus Anastasi Io nos
transmite también la carta del escriba Hori al escriba Amenemop,
que participa de una especie de estilo literario: la carta llena de
pedantería en la que el remitente rivaliza en sabiduría con su des­
tinatario mediante la búsqueda y ostentación de palabras raras:

Acumulaban a placer los nombres geográficos más bárbaros y


las palabras de ortografía difícil, a gusto trasponían en jeroglíficos
palabras extranjeras que la mayoría del pueblo no comprendía34.

Palabras que hoy nos interesan como un rastro, por débil que
sea, de curiosidad por las lenguas extranjeras.
Finalmente, la larga duración del régimen faraónico, redoblada
por la gran estabilidad de las estructuras administrativas, tuvo como
resultado la existencia de documentos de archivos, frecuentemente
muy antiguos, que plantean a los escribas el problema de la lectura
de una lengua anticuada (pues el egipcio hablado cambió durante
los tres milenios a lo largo de los cuales fue escrito sin interrup­
ción), es decir, el problema de una verdadera filología 35.
Son otros tantos hechos que testimonian una actividad lin­
güística de la que nos gustaría poseer un inventario menos so­
mero. Se han encontrado formularios, tratados, poemas didácticos
— pero muy poca cosa, al parecer, referente al lenguaje— . A duras
penas se resigna uno a la comprobación — quizá provisional— de
Marcel Cohén:

32 “ Clio”, p. 411.
^ “Clio”, p. 254.
M “ Clio”, p. 477.
» Cf. “ Clio” p. 280; M oret, pp. 532-542
42 Historia de la lingüística

La abundante literatura egipcia conservada no ha proporciona­


do obras gramaticales. Hasta ahora, se ha encontrado un solo pa­
radigma 36.

3. La escritura como análisis lingüístico. — Sin embargo, dis­


ponemos de un medio, por muy indirecto que sea, de entrever algo
de las reflexiones — por muy empíricas que sean— que el Egipto
antiguo debió hacer acerca del lenguaje. Meillet es indudablemente
el primero que, en una reseña de 13 líneas, ha sugerido esta vía
de acceso, capital para la “prehistoria” de la lingüística:

Los, hombres que han inventado y perfeccionado la' escritura,


nos dice (en 1913), han sido grandes lingüistas y son ellos quienes
han creado la lingüistica37.

Volvió sobre este punto en 1919, en un artículo ya citado de


Scientia, apenas más largo, pero también decisivo. Su tesis sostie­
ne que

es la estructura de la lengua la que ha condicionado cada inven­


ción decisiva en el desarrollo de la escritura38,

lo cual nos permite conocer hoy de rechazo hasta qué punto con­
cretamente, si no ya explícitamente, cada pueblo inventor de una
escritura ha debido tomar conciencia de la estructura de sú lengua
para escribirla como la ha escrito.
Meillet parte de los primeros datos proporcionados por los tra­
zados más antiguos, ya en las civilizaciones prehistóricas, ya en las
civilizaciones protohistóricas: los pictogramas del capítulo prece­
dente, primera invención de los hombres en este punto. La segun­
da invención, de la que no siempre es fácil saber si es o no dis­
tinta cronológicamente de la primera, se ha hecho con seguridad

36 La grande inuention, t. I, p. 70.


37 Reseña de Baudouin de Courtenay, B. S. L¡, de 1912-1913.
38 Ibid., p. 293.
La Antigüedad 43
de modo independiente en varios puntos del mundo: consiste
(dádó que los dibujos están relacionados de uno u otro modo con
los sonidos de la lengua) en presionar el análisis del enunciado has­
ta el punto en que cada unidad de primera articulación de este
enunciado se ve dotada de un signo distinto que representa el
significado de esta unidad de modo cada vez más esquemático, se­
gún avanza la evolución de la escritura. Es la escritura ideográ­
fica, la de los jeroglíficos egipcios, de los primeros signos sumerios,
chinos o mayas, de silueta reconocible. A partir de aquí muestra
Meillet que ningún dibujo, pictograma o ideograma

puede bastar para traducir gráficamente una lengua, por simple


que sea la estructura de esta lengua;

y esto sobre todo porque


la estructura misma de esta lengua no se puede expresar median­
te dibujos que representan los objetos39.

.¿Cómo dibujar, dice, un significado que se expresa mediante


una alternancia vocálica? En una forma que es la de su época, en
la que el desarrollo histórico es todavía concebido frecuentemente
como un movimiento lineal, que tiene una causalidad interna ab­
soluta, Meillet señala bien los límites de la invención de estas
protoescrituras:
La estructura del lenguaje, escribe, conducía, pues, necesaria­
mente a anotar los sonidos40.

El historiador de hoy no escribiría tan de buena gana ese ne­


cesariamente, pero el análisis subraya bien sobre qué puntos, en la
historia de las escrituras, debe dirigirse la atención del lingüista:
en tanto que ni la historia de los desciframientos ni la historia del

39 Ibid., p. 290.
40 Ibid., p'. 291.
44 Historia de la lingüística

descubrimiento de los documentos, que a menudo ocupan tanto


espacio en las obras, son problemas propiamente lingüísticos, el
estudio del modo según el cual la escritura refleja la estructura de
la lengua, y del modo según el cual esta escritura refleja el aná­
lisis y el conocimiento de esta estructura, son problemas de lin­
güística; y son los verdaderos medios de que disponemos para
hallar la conciencia que ha debido tomar de su lenguaje una civi­
lización determinada. Se puede calibrar la potente originalidad del
pensamiento lingüístico de Meillet en este punto por el hecho de
que varias décadas después de él los lingüistas — excepto Pedersen,
del que es difícil decir si debe algo a Meillet en esto— se limitan
a mencionar de pasada que

la invención de la escritura trajo consigo, como es natural, refle­


xiones sobre la naturaleza de la lengua, porque esta técnica debía
hacer visibles los elementos de la lengua hablada y luego separar,
si no las palabras, al menos las frases41.

4. El análisis lingüístico de los jeroglíficos. — A la luz de esta


notable enseñanza de Meillet ¿qué puede decirse de la lingüística
implícita de los egipcios?
En primer lugar, según Moret, el Egipto antiguo habría cono­
cido el estadio de la protoescritura pictográfica, o “pictorial” , como
él dice42. Es lo que resultaría del examen de la paleta prehistórica
del Louvre, que no presenta “ningún rastro de escritura propia­
mente dicha” 43, sino dibujos simbólicos y estilizados que consti­
tuyen una escena. Moret la compara con la paleta de Narmer, an­
terior a la primera dinastía, que presenta un cuadro análogo a la
precedente, pero en el que se ha utilizado una escritura para
indicar los nombres de los personajes. La misma escena se en­
cuentra en un bajorrelieve de Sahura* hacia el 2600 antes de

41 K ukenheim, p. 10.
42 Uécriture hiéroglyphique.. p. 101.
43 Ibid., p. 123.
La Antigüedad 45
nuestra Era (V dinastía);5 una leyenda escrita acompaña esta vez
al cuadro. Semejantes documentos materializarían el paso del
pictograma puro (probablemente sin relación con un enunciado lin­
güístico) a la escritura propiamente dicha. Marcel Cohén parece
rechazar este análisis de Moret:
Nada permite creer que los egipcios hayan pasado, en época
prehistórica, de un estadio pictográfico a un estadio pictoideográfico
puro con signos-palabras, en el que cada imagen habría represen­
tado lina palabra, y en el que cada palabra habría estado represen­
tada por una única imagen44.

Pero no da las razones de esta repulsa.


Esta escritura egipcia son los jeroglíficos. Desde los más anti­
guos textos, que se fechan en los alrededores del 3500 antes de
nuestra Era, nos encontramos frente a realizaciones que mezclan
ya signos ideográficos (o ideogramas, o signos-palabras) y signos
fonéticos (o fonogramas — el término se encuentra ya en Moret—
o signos-sonidos).
¿Qué representan lingüísticamente los ideogramas? (cuya defi­
nición, propia de los egiptólogos a partir de Champollion que los
llamaba signos figurativos, no hay que olvidar):
signo de escritura [gramma] que recuerda las formas [idea} de los
seres o de las cosas45.

La descripción de su funcionamiento es bastante compleja, y


los resúmenes. simplificados que de ella se dan en todas partes la
oscurecen siempre. En este aspecto, nada reemplaza el recurrir al
citado artículo de Moret, verdaderamente claro y completo; ade­
más, copiosamente provisto de referencias al análisis de Cham­
pollion, que sigue siendo fundamental.

44 La grande invention, p. 65.


45 M oret, ibid., p. 101.
46 Historia de la lingüística

Estos signos-palabras son primero esencialmente dibujos, que


representan los objetos mismos, más o menos reconocibles o estili­
zados, objetos a los que significan en sentido propio: una silueta
de pájaro para pájaro, de mano para mano, de boca para boca, etc.
Pero las necesidades de comunicación — que corrían el riesgo de
desarrollar un sistema antieconómico si hubiera sido preciso un
signo distinto para cada significado específico— hacen que el di­
bujo pase del sentido propio al sentido “ simbólico” (Champollion):
el dibujo de una maza, que primero significa maza, luego significa
golpear. Más adelante, los mismos dibujos adquirieron un sentido
“ trópico” (Champollion), es decir, un valor de tropos: por sinéc­
doque, metonimia, metáforá, un dibujo de una cabeza de buey
significa buey; el creciente de la luna, mes; el cuarto delantero de
un león, preeminencia. El catálogo de los jeroglíficos de la Im­
prenta Nacional de Francia los. clasifica, por categorías de dibujos,
del siguiente modo: partes del mundo (cielo, tierra, etc.), hombre
y partes del cuerpo, animales, vegetales, construcciones, objetos de
mobiliario, formas geométricas, formas no identificadas — catálogo
por el que deberían interesarse los semánticos— . En total, 2.743
caracteres diferentes de impresión; el Instituto Francés de Arqueo­
logía Oriental, en el Cairo, cuenta con 3.500. Este tipo de escri­
tura permite decir que los egipcios han alcanzado muy pronto el
estadio de descomposición en unidades de la primera articulación
— estadio en el que se está seguro de que hay tratamiento de un
enunciado propiamente lingüístico, separado en “palabras” dis­
tintas.
La descripción que acaba de hacerse no es un excursus etí el
campo de la historia de la escritura. Es necesaria al punto de vista
lingüístico, con el fin de tratar de comprender el porqué y el cómo
del paso de los ideogramas a los fonogramas. En efecto, este tipo
de escritura ideográfica producía espontáneamente dos clases de
ambigüedades. Por una parte, un único dibujo podía corresponder
a varias lecturas fónicas, según que fuera leído ideográficamente
La Antigüedad 47
como si tuviera sentido propio (un círculo con un punto en el
centro: sol = [raj), sentido simbólico (el mismo dibujo: día (luz
del día||p|: ,[h.r.wj), diversos sentidos trópicos (el mismo dibujo:
día (del mes) = [s.s.wj; momento = [r.k]). Este signo era enton­
ces polífono. La mayoría de los jeroglíficos, si no todos, eran polí­
fonos, lo cual correspondía a una economía de signos en el código
— pero esta economía en la escritura (la codificación) tenía como
contrapartida un "coste” más elevado de la lectura (descodifica­
ción)—h Por otra parte, cierto número de dibujos totalmente dife­
rentes, por ejemplo los dibujos que representaban el nudo, el al­
mocafre, la balanza, el ojo, el árbol, la herramienta, el cuarto de la
luna, tienen la misma lectura fónica (en este caso [m.r]). Estos
signos son homófonos.
La historia de la escritura enseña cómo lucharon los egipcios,
por medios diversos (y propios de la escritura, no de la lingüística),
contra estas ambigüedades. Ya distinguen el sentido propio del
signo-palabra polífono de todos sus demás sentidos, señalándolo me­
diante un pequeño rasgo distintivo vertical. Ya acompañan al signo-
palabra con otro signo-palabra que precisa en qué categoría semán­
tica debe buscarse la lectura del primero. Champollion los llama
“ determinativos de especie” . No se leían. Funcionaban como las
palabras clave del chino. Hay unos 200; los más corrientes son
unos 80. Ya por el procedimiento similar de los “ determinativos
de género”, en fecha más tardía, se señalaba la pertenencia de un
ideograma a una de las clases siguientes: pueblos, hombres, tér­
minos geográficos, territorios, ciudades, animales salvajes, pájaros,
minerales, plantas, acciones, movimientos, enfermedades. Tampoco
en este caso hay duda alguna de que un estudio moderno de estos
determinativos debe interesar, a los semánticos. Pero se trata de
hechos que difícilmente concernirían a la historia de la lingüística
si, entre estos medios variados de luchar contra las ambigüedades
de su escritura, los egipcios no nos ofrecieran el rastro de los pri­
meros análisis fonéticos (conocidos) del lenguaje.
48 Historia de la lingüistica

El procedimiento, completamente diferente de los precedentes


en su principio mismo, es el que los egiptólogos denominan “com­
plementos fonéticos” ; interesa primordialmente al lingüista.
¿De qué se trata? Para evitar la ambigüedad de un signo-pala-
bra polífono, los escribas egipcios recurren al procedimiento del
jeroglífico: escriben junto a este signo-palabra (ya delante, ya en­
cuadrándole) otro u otros varios signos-palabras de los cuales no
conservan más que los valores fónicos, que determinan la pronun­
ciación del primero en el enunciado en que se encuentra. Por
ejemplo, el dibujo de una oreja puede significar oreja u oir. Pero
oreja se pronuncia [m.s\d.r]; oir, [s.d.m]. Para precisar que el
dibujo significa oreja, y en consecuencia debe ser pronunciado
[m.s’.d.r], se añadirá (sin su trazo vertical, que indica el sentido
propio) los signos-palabras que se leen [m.s*] ( = “nacer”) y [d.r]
(= “gavilla”).
Cualquier, ideograma podía ser transformado en fonograma de
este modo; pero es comprensible que un signo-sonido de tres sí­
labas pudiera ser utilizado únicamente para sus raros homófonos
de tres sílabas. Por el contrario,Qos signos-sonidos de dos sílabas,
y más aún los de una sola, podían ser muy útiles, puesto que per­
mitían anotar la pronunciación de cualquier jeroglífico polisílabo
mediante su simple yuxtaposición.

5. 1Hay análisis de la segunda articulación? — ¿Cómo carac­


terizar lingüísticamente este aspecto fonético de la escritura jero­
glífica? En primer lugar, los fonogramas egipcios parecen manifes­
tar la toma de conciencia de la unidad silábica: el signo que re­
presenta como ideográma el perfil de un pan, y significa pan en
cuanto jeroglífico afectado por su rasgo vertical, se convierte en la
notación escrita del sonido que tenía este jeroglífico: [ta]; pero ex­
presa también, por aproximación, las sílabas [te], [ti], [to], [tu], y la
[t] aislada en final, ¿Se puede ya concluir que la escritura jeroglífica
revela una aprehensión de la sílaba, “realidad siempre pronuncia­
La Antigüedad 49
ble y fácil de aislar”, señala Meillet46 a este propósito? La afirma-
ción demasiado tajante ocultaría lo que puede percibirse, la evo­
lución hacia una toma de conciencia de la sílaba. Ahora bien, la
utilización de complementos fonéticos trilíteros y bilíteros junto a
unilíteros debe hacer reflexionar.
Estos ejemplos muestran, escribe R. Weill, por la Variedad indi­
ferente del número de consonantes, que la noción de sílaba está
completamente ausente47.

(El egipcio no se pregunta en absoluto si el complemento foné­


tico [kh. r. p.] tiene tres, dos o una sílaba, sino si puede calcar
fonéticamente otro homófono [Kh. r. p.]). La advertencia de Weill
permite percibir mejor que ha habido (a la larga) un paso prag­
mático a la noción empírica de sílaba, puesto que este uso de com­
plementos fonéticos variados ha acabado por desembocar en un uso
preferente de los unilíteros (monosílabos) más frecuentes: “lo que
impropiamente se denomina el alfabeto egipcio de 24 letras”, dice
Moret48.
La fórmula de Moret muestra que, por encima del problema
de la sílaba, es legítimo preguntarse si los egipcios han alcanzado,
aunque sea empíricamente, el estadio de la percepción de la se­
gunda articulación del lenguaje. Halphen y Sagnac (y muchos otros)
han desorientado en este aspecto a sus lectores con toda seguridad,
hablando ya de alfabeto, diciendo que los egipcios habían “llevado
muy lejos el análisis de los sonidos” , e incluso afirmando que ano­
taban cada consonante con un signo único49.
¿Han sabido los egipcios analizar esta sílaba, que han acabado
por entrever, en fonemas: consonantes y vocales? En esto, el asom­
bro ante lo que se descubre no debe tampoco falsear las formula-

, 46 Apergu, p. 57.
47 La Phénicie, p. 155. •
48 Art. cit., p. 109.
49 Peuplés, t. I.
H. DE LA LINGÜÍSTICA. — 4
50 Historia de la lingüística

dones: quemar las etapas que pueden distinguirse hacia el aná­


lisis alfabético sería propiamente matar la historia en lo que tiene
de más rico. Algunos fonogramas tienen la forma [C.C] (ej. [w.r],
[m.n], es decir la forma [consonante (.) consonante], señalando los
puntos de la anterior transcripción el lugar de la vocal que nunca
se anota; otros tienen la forma [C.]; la forma [.C] no se encuentra,
pues el egipcio no tiene palabras con inicial vocálica. No se debe,
pues, hablar aquí de alfabeto, so pena de dar este nombre — desde
el momento en que se trata de seguir paso a paso las etapas de la
invención— a realidades muy diferentes, en cuanto al análisis lin­
güístico, que van a encontrarse desde Egipto hasta Grecia. Si se
quiere ver claro, sólo hay que hablar de alfabeto a propósito de las
escrituras alfabéticas propiamente dichas50: las que anotan me­
diante grafemas distintos todas las unidades fónicas mínimas. La
escritura jeroglífica en sus fonogramas no es alfabética;
las vocales no se escriben en absoluto. Desde luego, existen y se
pronuncian en su lugar en las palabras, [pero] en la escritura se
omiten las vocales por principio razonado, hasta el punto de que
se utiliza la misma fonética en las palabras más diversas únicamen­
te para sus consonantes, y sin preocupación por las diferentes vo­
cales que intercalan estas palabras en el marco de estas mismas con­
sonantes M

La escritura tiene, pues, la forma de una especie de taquigrafía:


en una palabra escrita completamente en fonogramas, por ejemplo
[f.d.w] (“cuatro” ), somos nosotros los que tenemos la impresión
de una escritura consonántica (que habría aislado, por tanto, las
consonantes), ya que no tenemos ningún medio de restituir las vo­
cales — pero el egipcio las leía gracias al contexto, del mismo modo
que el taquígrafo actual relee sus notas (en las que tampoco se
transcriben generalmente las vocales): me-re-te se relee en francés,
según la ocasión, mérité, m’arréter, mfirritait3 etc.

50 Cf. M arouzeau, Lexique de terminologie linguistique, p. 15.


si W e i ll, La Phénicie, p. 156.
La Antigüedad 51
Decir que los egipcios no han alcanzado el estadio del análisis
lingüístico de la segunda articulación del lenguaje corre todavía el
riesgo de ser una afirmación excesivamente elíptica. Históricamente
debemos también constatar que Meillet tenía razón al subrayar,
con Gardiner, la influencia ejercida por la estructura de una lengua
sobre la creación de la escritura que la transcribe* En efecto, el
egipcio, por no tener vocales iniciales, ni sílabas-vocales, no se veía
incitado a inventar letras para anotarlas^ Como esta lengua, al igual
que las demás lenguas semíticas, tenía palabras de gran estructura
silábica, con declinaciones y conjugaciones basadas en alternan­
cias vocálicas regulares que afectaban a raíces muy estables, la raíz
de una palabra seguía siendo siempre identificable (cf. árabe
[K.T.B.] = idea de escribir, a través de [KuTuB] = los libros,
[KiTaB] = el libro, [KaTaBa] == él escribe, [KaTaBtu] = él ha es­
crito, etc.) y el contexto llevaba a adivinar con bastante facilidad
las vocales necesarias. La lengua, pues, no era arrastrada a proseguir
el análisis de la sílaba en sus componentes.
La idea precisa aquí es, sin duda, la de que esta estructura de
las lenguas semíticas (que lleva a escrituras que ponían de relieve
lo que Champollion denominaba ya “ el esqueleto” de las palabras,
lo que Moret, Cohén, etc., llaman “ el esqueleto consonántico”) ten­
día con fuerza a hacer tomar cierta conciencia, cada vez más clara,
de la noción de fonema a partir de la consonante. El punto de
vista de J. Février parecía a primera vista más categórico: habla
de la escritura egipcia como de una escritura consonántica:

[El egipcio] procedía, para descomponer una palabra en sus


elementos fonéticos constitutivos, aislando las consonantes y no se­
parando las sílabas, Es cierto, dice, que el egipcio no ha concebido
primero la consonante, lo cual habría exigido un esfuerzo de abs­
tracción extraordinario [...]. Ha puesto en relación con el ideo­
grama un esqueleto consonántico, del cual, si no ya la concepción
explícita, al menos un conocimiento empírico le venía impuesto
por él uso mismo de la lengua [...]. ¿Cómo va a realizarse el paso
52 Historia de la lingüistica

a la consonante aislada? De una manera muy simple, mediante


palabras que no tienen más que una sílaba52.

Se han visto anteriormente las muy poderosas razones que no


nos permiten ser tan categóricos. Y J. Février mismo lo ha notado,
y concluye del siguiente modo:

Conviene además no exagerar. Nada indica que el egipcio se


haya dado cuenta de la importancia del descubrimiento que acababa
de hacer, en cierto modo involuntariamente53.

N o hay aquí, pues, ni análisis silábico, ni análisis consonántico,


ni análisis alfabético verdaderos, pero sí el punto de partida visible
para tales análisis. No se podría afirmar nada más sin ir más allá de
los documentos. Y tan interesante como esta conclusión es obser­
var la detención, en cierto modo, del desarrollo de una escritura
(y de un análisis) que quizá había evolucionado a partir del picto-
grama o del mitograma, o de la lista administrativa, al ideograma,
y de éste al fonograma. Los egipcios, que habían inventado una
notación silábica económica de 24 caracteres, habrían podido es­
cribir fonéticamente a partir de ellos todas las palabras de su len­
gua. Ahora b-en, no han abandonado nunca ni los signos-palabras
(ideogramas) ni las bi o trilíteras fonéticas (fonogramas comple­
jos) 54. La escritura completamente fonética sólo se ha implantado
para las formas gramaticales, pronombres, preposiciones, flexiones
verbales o nominales, y los nombres de países, de pueblos, de
hombres extranjeros.
¿Por qué no ha avanzado este análisis hasta las últimas conse­
cuencias de su lógica? Moret pone de relieve que la escritura com­
pletamente fonética habría sido más económica para la codificación,

52 Cf. L ’álphábet, f. i.° 46-1, i.° 44-14.


53 Ibid.
54 M oret, art. cit., p. n o .
La Antigüedad 53
pero menos clara para la descodificación (lectura), tratándose de
una lengua semítica. No obstante, el árabe ha aceptado este riesgo,
aunque, siguiendo a W. M a r^ s, el erudito árabe
durante toda su vida, ardilla en jaula da vueltas en este círcu­
lo vicioso: que hay que restituir las sílabas para comprender [la
palabra], y que hay que haber comprendido la palabra para restituir
[las sílabas con su vocalismo]55.

Cohén y Février, más plausiblemente, ponen en juego causas


histórica? verificables, con la resistencia de una casta privilegiada
y cerrada, como era la de los escribas. Hacia las épocas más re­
cientes se comprueba incluso una regresión en el uso de los ca­
racteres fonéticos. El ejemplo de los actuales debates referentes a
la reforma de la ortografía nos permite imaginar la complejidad de
las motivaciones prácticas, sociológicas, psicológicas, que han po­
dido entrar en juego en esta regresión. Esto no es ya un problema
lingüístico.

6. La reflexión sobre el lenguaje. — En la tradición de los


egipcios se encuentran pocos rastros de problemas lingüísticos,
cualquiera sea su forma. El origen de la escritura se atribuye al
dios Thot, que es también el de la magia — y si las mitologías del
lenguaje encierran rasgos históricos, no poseemos todavía un buen
método de interpretación ni trabajos de conjunto sobre este pun­
to— . Sólo gracias a Herodoto conocemos la leyenda de Psamético.
¿Es un verdadero mito, o, por el contrario, un cuento popular
bastante satírico (y que ridiculizaría las disputas teológicas en el
pueblo más antiguo del mundo)? En todo caso, es una primera
huella de toma de conciencia histórica la hipotética experiencia de
esos dos niños recién nacidos, educados entre cabras, sin oir nun­
ca la voz humana, y que a la edad de dos años se pusieron a gritar
bekos, que significa pan en frigio.

55 Enseignement pubüc, núra. 12, X II- 1930, p, 403*


54 Historia de la lingüistica

111. SUMERIOS Y ACADIOS

1. Falta de trabajos. — Acerca de las civilizaciones que hoy


se denominan de Sumeria y de Acadia — y que hasta hace poco se
denominaban de los Caldeos y de los Asirios, de Babilonia y de
Nínive— habría que repetir en primer lugar lo que se ha dicho
del Egipto faraónico a propósito de la insuficiencia de nuestra do­
cumentación lingüística actual que sea al menos relativamente ac­
cesible al no especialista. Sin embargo, tampoco en este caso por­
que falten documentos arqueológicos, sino todo lo contrario. De-
laporte, ya ciertamente antiguo, resume la situación del siguiente
modo, quizá sumariamente: “ N i un tratado didáctico para ninguna
disciplina” 56. Sin embargo, Pedersen habla, a este propósito, de
“ tablas de paradigmas”, pero sin referencias57. Quedan sin duda
bastantes hechos para enriquecer un estudio específico. No sé pue­
de pedir otra cosa sino que un especialista, asiriólogo o sumeró-
logo, dé un cuadro de conjunto de lo que se conoce referenté a la
lingüística, por rudimentaria que sea, de esta civilización.

2. Nacimiento de una filología. — -Como en Egipto, estamos


en presencia de una forma de cultura que ha durado mucho tiem­
po : cuatro milenios. El sumerio fue una lengua viva desde el cuar­
to milenio de nuestra era (con huellas escritas a partir del
— 3.400) hasta el segundo. Posteriormente ha sobrevivido como
lengua sagrada de los acadios. De esta situación deriva, mucho más
que en Egipto, una investigación constante de documentos anti­
guos. Los reyes de Asiría, como Asurbanipal, cuya colección fue
importante, hacen

56 La Mésopotamie, p. 262.
57 Discovery, p. 161.
La Antigüedad 55
investigar para su biblioteca los textos antiguos, y más en especial
los referentes a la magia58.
Orden del rey a Shadunu [escribe un rey del siglo vil]. Estoy
bien; ¡que tu corazón sea feliz! El día en que hayas leído mi
tablilla, Shuma, hijo de Shumukín, su hermano Bel-etír, Aplá, hijo
de Arkat-ilámi, y los artesanos que conoces, tómalos a tu disposi­
ción y todas las tablillas que están en sus casas y busca todas las
tablillas que están en el Ezida, y las tablillas de los amuletos (?) del
rey, de los ríos, de los abrazos (?), del mes de nisán, etc.
todas las que hay en el palacio, y las tablillas preciosas de vuestras
habitaciones [personales], que no existen en Asiría, búsca[las], y
envíamelas]59.

Esta situación de bilingüismo, al menos para los letrados, im­


plica el estudio asiduo del sumerio por los escribas acadios, y, en
consecuencia, una instrucción dada en sumerio^ es decir, un ver­
dadero estudio paleográfico y filológico del sumerio. Se ha encon­
trado en Ugarit, cerca de Alejandreta, la biblioteca sumeria del
sirio Rap’anu (entre los siglos xiv y x n antes de nuestra era); y
la práctica del sumerio está atestiguada hasta el siglo i de nues­
tra era.

3. Nacimiento de una lexicografía. — Esta enseñanza de la lec­


tura, de la escritura, de la gramática, de la literatura sumerias pre­
cisaría de silabarios, de léxicos, que se han encontrado. Su examen
permite cierto número de comprobaciones que no carecen de in­
terés.
A partir del — 2.600 se encuentran recopilaciones de signos
que funcionan ya parcialmente como diccionarios unilingües: enu­
meran los signos cuneiformes sumerios de varios sentidos (por ej.,
una especie de cuadrado significa boca, palabra, hablar, grito, nariz),
lo mismo que los signos compuestos (con el signo gal, el signo
ka, etc.). La clasificación de estos signos — antepasada de nuestras

58 Cf. D elaporte, p. 289.


59 Cf. D elaporte, pp. 247-248.
56 Historia de la lingüística

clasificaciones alfabéticas— es la siguiente, semejante a las clasifi­


caciones de los caracteres chinos: signos con i, y luego 2, 3,
n ... trazos horizontales; después, con 1, 2, 3, n trazos oblicuos;
después, con 1, 2, 3, n trazos verticales.
Estas recopilaciones de signos constituyen lo que se denomina
la “ciencia de las listas” sumero-acadia, que se presenta como un
embrión de clasificación semántica de base lingüística formal. Ca­
tálogos de nombres divinos, de nombres de oficios, de ganado ma­
yor, de ganado menor, de objetos determinados por kus (de cuero),
za (de piedra), bur (vasos), etc.60; o bien, todos los animales cuyo
nombre deriva del signo perro (león, chacal, zorro, tejón, nutria,
leopardo), del signo asno (dromedario, camello,. mulo, onagro, ca­
ballo), del signo rata, del signo pez (incluida la tortuga), del signo
pájaro (aquí hay un subgrupo que reúne los insectos y algunos
pájaros), etc. Pero no hay un léxico completo; por otra parte, no
aparecen adjetivos ni verbos61.
Hay también glosarios bilingües (sumerio-acadio). Algunos dan
el ideograma sumerio, su transcripción fonética en acadio, su tra­
ducción acadia. A veces incluso, además de esta traducción, figura
una explicación mediante un sinónimo o una definición. En Uga-
rit, en la biblioteca de Rap’anu, había un léxico cuadrilingüe: su-
merio-acadio-hurrita-ugarítico.
Por otra parte, parece que los sumerios tuvieron conciencia de
la existencia de dos variedades de su lengua. Han formado léxicos
en los que aparecen registradas, una junto a otra, estas dos formas
distintas, que ellos denominaban la eme-sal y la eme-ku. Pero no
se sabe si se trata de dialectos geográficos o, por el contrario, si el
eme-ku es un dialecto “ social”, usado específicamente en el ámbito
religioso.

60 Cf. L ambert, 1960.


61 Cf. T aton, t. I, pp. 88-89.
La Antigüedad 57
4. Análisis de la primera articulación. — Los documentos que
poseemos no muestran en absoluto en los sumerios la etapa picto­
gráfica pura. Los primeros testimonios (último cuarto del IV mi­
lenio antes de nuestra era) manifiestan una escritura ideográfica,
con caracteres de dibujos más o menos reconocibles (un perfil de
cabeza humana significa cabeza, un pez significa pez, etc.). Se cree
que esta escritura es la que, realizada con una caña tallada en
bisel, sobre arcilla tierna, ha hecho evolucionar los caracteres hacia
las formas, inidentificables con relación a los dibujos primitivos, y
se denomina escritura cuneiforme.
Este testimonio permite afirmar que los sumerios en esta fecha,
como los egipcios, habían franqueado ya la etapa decisiva: pasar
del cuadro complejo que representa un momento o varios en una
narración (cuadro que se puede interpretar, pero no leer proba­
blemente) a la escritura de una frase determinada mediante una
sucesión de signos determinados, correspondientes a las palabras
de esta frase, cuya lectura es unívoca a partir de ese momento:
el paso de la Bilderschrift a la Wortschrift. Aún hay que matizar:
hacia el — 2.600, en Shuruppak los escribas no saben anotar
ninguna marca gramatical o sintáctica. Frente a una tablilla que
lleva un nombre de hombre y cierto número de unidades de cobre,
no se sabe si se trata de una deuda, de un recibo, de un depósito.
Tocamos aquí con la mano el nacimiento azaroso de una escritura
a través de procedimientos administrativos. Se ve nacer en Shu­
ruppak un sufijo: el ideograma pronunciado gam 7 (una hoz) acaba
por anotar el sonido kam, que sirve para formar los ordinales sobre
los cardinales (en una tablilla, 3 hoces = 3.0).
Esta lengua disponía de 943 signos (conocidos) en Uruk, 814
en Shuruppak, 200 en Lagash, en donde hacia — 2450 se fijó
la escritura de las marcas gramaticales, caracteres o signos-palabras.
El conjunto era insuficiente para denotar todas las palabras de la
lengua. Ha aumentado, según las necesidades, por diversos proce­
dimientos, muy parecidos a los que se encuentran en Egipto. Ya
58 Historia de la lingüística

la marca de un carácter se transfiere a un significado nuevo me­


diante la adyunción de pequeños rasgos suplementarios (hom­
bre > rey), o por yuxtaposición de un carácter a otro (pája­
ro 4- huevo > dar a luz, mujer + montaña > esclavo): este últi­
mo procedimiento se parece a los “ determinativos de especie” de
Champollion: Ya la presencia de un carácter (que no se lee) de­
lante de otro carácter indica la categoría semántica a la que per­
tenece este último: los caracteres dios, montaña, país, ciudad, río,
árbol, metal, pez, pájaro, utensilio, hombre, etc., desempeñan de
este modo el papel de los “ determinativos de género” de Cham­
pollion. Estos diversos procedimientos de escritura pura no aña­
den nada al análisis lingüístico referente a las unidades significati­
vas (excepto un documento interesante acerca de las clasificaciones
semánticas arcaicas: por la presencia de un “ determinativo de gé­
nero”, el campo semántico es una estructura completamente for­
mal). Debe señalarse, todo lo más, que el dual y el plural se ano­
tan — por tanto, se perciben lingüísticamente— mediante deter­
minativos que significan dualidad y pluralidad.

5. El análisis fónico. — Esta notación ideográfica, como la es­


critura jeroglífica, producía caracteres homófonos (17 dibujos se
leen si) y caracteres polífonos (un mismo dibujo tiene hasta 20 lec­
turas fonéticas diferentes). La lucha contra las ambigüedades li­
gadas a la lectura de estos caracteres es también aquí la que condu­
cirá a la lengua a la notación fonética.
El testimonio de la escritura en los documentos más antiguos
describe el modo según el cual los sumerios han franqueado tam­
bién ellos la nueva etapa capital que va de la notación ideográfica
(semántica) de las unidades significativas — en la que el carácter
perfila el sentido de la unidad—- a la notación fonética — en la que
el carácter registra los sonidos de la unidad— . René Labat dice
que no hay aún fonogramas en los documentos más antiguos, “cada
signo designa un objeto, un estado o una acción”, y que “los ele­
La Antigüedad 59
mentos abstractos del lenguaje (pronombres, preposiciones, etc.)
quedan sobreentendidos” 62, Lambert (1960) habla, sin embargo,
basándose en los hallazgos de Shuruppak, de una tablilla de ejer­
cicio fonético63. Con tales detalles, apenas evocados, se siente la
necesidad de un panorama de conjunto y detallado sobre la refle­
xión lingüística de Sumeria. En el primer caso (ideogramas) no se
puede pronunciar el carácter, es decir, leer el texto, si no -se sabe
la lengua; en el segundo caso (fonogramas) se pueden leer los
signos sin comprenderlos. Este paso se efectúa, como en Egipto, en
China o en las civilizaciones precolombinas, por el procedimiento
del acertijo’64. La invención sé hace cierta cuando una palabra,
cuyo significado se revela como imposible de dibujar, se ve escrita,
como en Egipto, mediante la sucesión de caracteres dibujados exis­
tentes, cuyo sentido no se retiene, pero cuyas pronunciaciones se
yuxtaponen para constituir la de la palabra que hay que transcribir,
mediante un “ acertijo sustitutivo” : el nombre del dios Assur se
escribe así mediante la yuxtaposición de los caracteres [a] 4- [sur]
privados de su sentido ideográfico y precedidos del determinativo
dios. En este caso, la separación se ha hecho completa entre la re­
presentación del sentido y la del sonido, lo cual es condición fun­
damental para una toma de conciencia de las unidades puramente
fónicas.
Junto a los signos-palabras (ideogramas), estos “ acertijos sus-
titutivos” aportan, pues,' al sumerio signos-palabras o fonogramas.
Como las palabras, sumerias son generalmente monosílabas — y a
veces bisílabas— , suministraban en abundancia signos-sonidos que
representaban sílabas enteras. Los asiriólogos señalan unos cien.
Estos fonogramas transcriben, mediante un único carácter cu­
neiforme, ya una sílaba compleja, sílaba cerrada del tipo gal, kus,
kur, etc., ya una sílaba simple, sílaba abierta del tipo ba3 be, bi

62 Art. cit., p. 74.


63 Art. cit., p. 6.
64 Cf. Labat, p. 7 6.
6ó Historia de la lingüística

(pero también una silaba cerrada del tipo ob, ub, etc.), ya una sílaba
vocálica a, e, i, o, etc. Algunas sílabas complejas pueden estar es­
critas con dos caracteres: la sílaba dur mediante los caracteres
du + ury por ejemplo.
Estos signos-sonidos se utilizan de una manera bastante dife­
rente a la que se ha descrito para los complementos fonéticos egip­
cios. IJn primer lugar pueden ser más estrictamente y más real­
mente “ complementos” en la medida en que, situados detrás del
ideograma, ayudan a identificar su pronunciación exacta, y consi­
guientemente su sentido, precisando él valor fonético de la sílaba
final únicamente; más o menos, dice Pedersen, como nuestra grafía
[40o] está formada por un ideograma y por un fonograma65. Pero
su uso real es mucho más complicado, debido a un hecho absolu­
tamente desconocido en Egipto: los caracteres sumerios han sido
tomados desde el segundo milenio de nuestra era para transcribir
la lengua acadia. A ésta, de la familia semítica (en tanto que el su­
merio no), con muchas palabras de tres sílabas, le venían bien los
caracteres monosilábicos sumerios. Pero los acadios han tomado
este material del modo más empírico; el mismo carácter cuneiforme
sumerio ha sido utilizado ya como ideograma, ya como fonograma,
y esto en las dos lenguas. Así, el ideograma que significa “ grande”
en sumerio, pasa en acadio con el valor ideográfico “ grande” (valor
para el cual se pronuncia en acadio rabu); pero pasa también en
acadio con el valor fonético de la sílaba gal, que tenía en sumerio.
Además, el mismo carácter cuneiforme ideográfico puede tener tan­
tos valores fonéticos diferentes •en acadio como lecturas tenía en
sumerio cuando era polífono: así, un carácter puede transcribir
como fonograma las sílabas tar, kud, Sil o has.

6. IHacia una conciencia de la segunda articulación? — ¿Cómo


caracterizar este análisis fónico en cuanto a su lugar en la larga
cadena de tanteos que llevarán un día a la invención del alfabeto?

65 op. cit., p. 151.


La Antigüedad 61

En primer lugar, lo mismo que la egipcia y mucho más indiscu­


tiblemente que ella, es una escritura basada en la aprehensión em­
pírica de la sílaba. Pero tampoco hay aquí toma de conciencia de
la existencia de las unidades de segunda articulación. Recordemos
que la ausencia de sílabas iniciales puramente vocálicas en egipcio
incita a algunos teóricos de la escritura a pensar que esto explica
la ausencia de caracteres gráficos vocálicos; y que este simple
hecho ha debido retrasar la posible toma de conciencia de un aná­
lisis de la sílaba en consonante y vocal. Ahora bien, en sumerio
existen tales sílabas y tales caracteres gráficos vocálicos. Pero esta
existencia de hecho no ha bastado para poner en marcha el aná­
lisis de modo que hoy nos sea perceptible. Quizá hay, según René
Labat, un comienzo de tal toma de conciencia; puesto que los aca­
dios clasifican sistemáticamente sus sílabas en un orden siempre
invariable, mil, ma, mi; ku, ka, ki; ur, ar, ir3 etc., es preciso que
hayan percibido la vocal conceptualmente. Sobre todo, dice Labat,
uno de> sus signos originales representaba vocal + h3 es decir, se
leía ya uh3 ya ah, ya ih;

ahora bien, los gramáticos acadios resolvieron la dificultad escri­


biendo uh con un signo raro qüe no tenía más que este valor; ah,
mediante el signo común; e iH, mediante hi

Pedersen piensa que la situación de bilingüismo sumerio-acadio


constituía un factor importante por sí mismo para una toma de
conciencia más clara de las realidades fonéticas. En efecto, dice,

la falta de. conexión entre valor silábico y valor semántico en asirio


era de hecho un paso hacia adelante con relación a la situación en
sumerio; y debe haber contribuido necesariamente a asegurar la
ventaja al método de escritura ideográfica: la conciencia de la dife­
rencia entre los dos principios se hace necesariamente más clara67.

66 Art. cit., p. 85.


67 Disco'very, p. 152.
62 Historia de la lingüística

Efectivamente, no se constata nada semejante, al menos en el


marco de la civilización sumerio-acadia. Hasta su término, es decir,
hasta el siglo i antes de nuestra era, esta escritura, que podía anotar
todo a partir de un centenar de caracteres fonéticos silábicos, ha
seguido sirviéndose a la vez de éstos, de 500 ó 600 ideogramas, y
del modo muy complicado de combinarlos entre sí que hemos
descrito anteriormente. Los fonogramas anotan siempre (lo mismo
que en egipcio) las flexiones verbales y nominales, los pronombres,
los adverbios, las preposiciones. Pero — aunque en los textos haya
variado según las épocas el reparto estadístico entre ideogramas y
fonogramas-— sólo poseemos muy escasos textos escritos comple­
tamente en fonogramas. Hecho muy digno de meditación es que
se trata de textos especiales de carácter mágico, escritos por es­
cribas extranjeros. Los mercaderes asirios de Capadocia habían pues­
to a punto un silabario simplificado, menos de cien signos, muy
pocos ideogramas, casi sin homófonos ni polífonos: la tentativa,
dice Labat, no tuvo continuadores. Incluso después del triunfo de
la notación fenicia, los asirios siguieron aún fieles durante siglos a
su antigua escritura — probablemente, dice Pedersen, porque se
puede leer un texto en escrituía acádia sin saber la lengua que
transcribe (es decir, sin comprender el texto), en tanto que no se
puede leer- un texto en escritura fenicia si no se pueden restituir
las vocales (es decir, si no se sabe hablar la lengua que transcri­
be)— . Efectivamente, también aquí el conservadurismo espontá­
neo de toda institución ha debido desempeñar un papel impor­
tante.
Por una paradoja histórica que sólo es aparente paradoja, esta
evolución hacia un análisis más fino de la realidad histórica — a
través de una simplificación de la escritura— , que los sumero-aca-
dibs no han conocido, se ha encontrado realizada por Persia en el
siglo vil antes de nuestra era. Sin influencia del alfabeto fenicio
(al parecer), la dinastía que comienza con Ciro ha formado una
notación de su lengua tomando su escritura a los acadios. Pero el
La Antigüedad 63

antiguo persa rechaza entonces todos los signos-palabras, excepto


cuatro; no mantiene más que 36 fonogramas simples, de los cuales
22 anotan sílabas abiertas en a: ba, da, etc. Además, la escritura
evoluciona hacia un uso en el que pi, por ejemplo, se escribe
pa + i, di: da + i, etc. Los valores de los caracteres pa, da, etc.,
evolucionan, pues, hacia p, d, etc., es decir, hacia un análisis de la
sílaba en consonante + vocal, y, por tanto, a un análisis real de la
segunda artic- ilación. Aunque se trate en este caso de un desarrollo
que no ha enido continuación, el ejemplo es interesante por lo
que sugiere: ha habido aquí probablemente evolución de una téc­
nica, ya que ha habido préstamo, es decir, paso de esta técnica
fuera del marco de civilización que detenía su dinamismo: fuera
del mundo de creencias y ritos, de privilegios y de costumbres, de
prejuicios y de rutinas que la bloqueaban.

7. Mitos y reflexión lingüística. — El origen de la escritura se


atribuye, según un mito acadio, al hombre-pez Oés, u Oannés, ve­
nido a la tierra para enseñar a los hombres las artes, las ciencias
y las técnicas. Por el contrario, una carta de Sardanápalo atribuye
su mérito a un hijo del dios Marduk.

IV. LA CHINA ANTIGUA

1. Los orígenes. pp.La China antigua exige, más que Egipto y


Sumeria, en lo referente a la conciencia que los hombres han ido
tomando poco a poco de su lengua, un examen basado sobre todo
en el uso de la escritura. Pero este examen debe tratar, con más
cuidado que para Egipto y Sumeria, de no confundir historia de la
escritura con historia de la reflexión sobre la lengua — porque los
hechos chinos recuerdan a menudo hechos sumerios o egipcios, y
a la vez porque se trata, no obstante, de una dirección en realidad
completamente diferente de la experiencia que el hombre ha reci­
bido de su lenguaje.
64 Historia de la lingüística

También la sinología abunda en estudios, algunos de los cuales


son bastante antiguos. Ya desde el siglo xvm , un tal Joseph de
Guigues (1721-1800), secretario-intérprete de la Biblioteca real,
discípulo de Fourmont (titular del mismo cargo antes que él), estu­
dia tan de cerca el chino, .que su análisis de los determinativos,
de los signos-claves, sirve a Champollion. Posteriormente, Rémusat
(1788-1832), profesor de chino en el Colegio de Francia a partir
de 1814, está en relación con Humboldt y discute con él la estruc­
tura del chino. La inmensa cantidad de las publicaciones sinológi­
cas contienen indudablemente los elementos que permitirían, reu­
nidos y considerados desde un punto de vista lingüístico actual,
describir la reflexión lingüística china; pero los que en nuestros
días describen la cultura china, por ejemplo un M. Granet o los
autores de Studies in Chínese Thought, apenas se detienen en este
aspecto de esta cultura.
Es probable que la escritura haya aparecido en China hacia el
año — 2850 con un sistema llamado pa-kwa, que se inspiraba en
un sistema mnemotécnico anterior de cuerdas con nudos. En la for­
ma de la que ha salido la escritura actual, aparece probablemente
hacia el año — 2500 (M. Cohén). Pero los documentos más anti­
guos conservados datan del período comprendido entre el — 1500
y el — 1000 (— 1400, según Gernet). La invención de la escritura.
pa-kwa se atribuye al emperador fabuloso Fu-hi; la de la escritura
propiamente dicha, a ministros secretarios, transformados posterior­
mente en “ divinidades” menores.

2. Un camino aparte, — No se encuentra ninguna manifesta­


ción de escritura jeroglífica con dibujos realistas de objetos recono­
cibles, pero se trata, no obstante, de escritura ideográfica, de una
Wortschriftj cuyos caracteres más antiguos permiten ver todavía
(escorpión, montaña, tigre, luna, sol) o entrever (trípode adivina­
torio, árbol, dios antropomorfo del cielo, planta de cereal, puer­
La Antigüedad <$5
ta, etc.) a través de su mismo esquematismo una etapa anterior de
aquel tipo.
El rasgo original de esta escritura, con relación a las que ya se
han visto, consiste en que no presenta de hecho ningún análisis
(en sentido propio) de los sonidos mínimos — pues no es ni se hará
nunca propiamente fonética— . Esto está en parte determinado,
como muy bien lo ha visto Meillet, por la estructura de la lengua
misma68. El chino sólo tiene palabras monosílabas; no utiliza afi­
jos; no conoce las alternancias vocálicas; el orden de los signos
tiene por sí solo valor morfológico y sintáctico. Sus caracteres son,
pues, si se quiere, signos fonéticos, porque su dibujo

representa no la idea misma, sino la idea en cuanto expresada por


un conjunto fónico definido; sin embargo, son esencialmente “ideo­
gramas en la medida en que lo que se expresa no es el sonido con­
siderado como tal, sino la palabra, es decir, la asociación de un
sentido y de un sonido” 69.

Estos caracteres transcriben, pues, palabras monosílabas, y no


sílabas; todavía menos manifiestan la conciencia de una posible des­
composición de la sílaba en sus más pequeños elementos constitu­
tivos, o fonemas. Como es sabido, la comprensión de un enunciado
escrito puede separarse de su lectura: los caracteres son una re­
presentación común para emisiones fónicas (de las palabras) dife­
rentes del Norte al Sur de China, lo cual hace que funcionen,
según dice Karlgren, como un “ esperanto gráfico” (del mismo
modo que las cifras árabes para el conjunto de las lenguas de es­
critura alfabética). En «urna, el chino ofrece un carácter fónico por
ser hablado, pero podría prescindir de serlo. Toda la escritura re­
cibe por ello un carácter único, y asombroso: la ausencia casi total
de economía. Cada palabra prácticamente debe disponer de un ca­
rácter distinto, que hay que aprender separadamente. Son corrien­

68 La langue et Vécriture, p. 290.


69 I d., ibid., p. 291; cf. también P edersen , pp. 143-145.
H. DE LA LINGÜÍSTICA. — 5
66 Historia de la lingüística

tes de 6 a 8.000 caracteres. Pero ya un diccionario del siglo 1 an­


tes de nuestra era registra 9.000 signos; otro del siglo vi, 24.000
signos; un tercero del siglo xviii, 50.000 signos; los diccionarios
históricos y eruditos llegan hasta los 80.000 signos; y se cree que
el P. Tsuchihashi (1866-1965) conoció 60.000 caracteres. (En la
actualidad se enseñan en las escuelas menos de 1.000 caracteres, y
en las publicaciones populares se usan unos 2.000 caracteres). A
partir de signos ideográficos, cuando las necesidades hacen aumen­
tar el número de las palabras de una lengua, y, en consecuencia,
los signos de escritura, no hay más que tres caminos posibles:
aumentar el número de los signos escritos; reducirlos mediante
procedimientos ideográficos; o reducirlos mediante la notación
fonética. El chino presenta la primera variante, que se habría podi­
do creer impensable en abstracto. Cuando busca cierta economía
gráfica, se dirige por el segundo camino: como Egipto y Sumeria,
recurre al acertijo, al agregado lógico, a los determinativos de gé­
nero — pero menos económicamente: con relación a los 20 carac­
teres-claves egipcios o sumerios, los ideogramas de categorías o
caracteres-claves chinos no son menos de 214— % Se puede decir
que no ha utilizado prácticamente para la escritura la forma de
economía máxima que consiste en anotar las unidades de la se­
gunda articulación.
¿Estamos, pues, frente a una civilización que no ha tomado
conciencia, del modo que sea, de esta segunda articulación del len­
guaje? Parece que sí. Esto hasta el punto de que ha usado el
mismo carácter para palabras cuya enunciación silábica se hacía
con sonidos próximos, pero cuyas consonantes, así como las vocales
y los tonos, no eran semejantes por necesidad: la palabra-clave
bastaba para evitar la cuasi-homofonía. Pedersen describe del si­
guiente modo esta aproximación o esta proximidad a una toma de
conciencia fonética:
Por ejemplo, en el carácter [que significa “río” = kiang1], el
elemento fonético en combinación con la clave dice: “pensad en
La Antigüedad 67
algo que se pronuncia más o menos como kung, y que tiene cierta
relación con el agua” ; y la solución .de esta adivinanza es kiang1
“río” ™

El único recurso a la fonética no aproximátivo es probablemen­


te el uso del fan-k*ie o “ disminución” , usado desde los primeros
siglos de nuestra era: para enseñar la pronunciación de un carácter
desconocido x (y únicamente para este fin pedagógico), se sirve de
dos caracteres conocidos, de los cuales el primero da la pronun­
ciación del comienzo de x y el segundo la del final de x. También
para la enseñanza, la escritura tiene una notación de los tonos.

3. Especulaciones lingüísticas. — La historia del análisis que


han practicado los chinos sobre su lengua no se ha agotado, por
tanto. El lingüista querría encontrar estudios accesibles sobre las
reformas antiguas de la escritura, y particularmente la del — 219,
que parece haber sido sobre todo un medio de unificar la escritu­
ra, en un estado recientemente centralizado que no podía unificar
su . lengua: se suprimen los caracteres que tienen doble empleo,
se elimina la ambigüedad de los homogramas mediante la inven­
ción de claves. Querría también el lingüista mayor información
sobre esta civilización que hace dos o tres milenios tenía un reclu­
tamiento de los funcionarios por concurso, y, en consecuencia, una
enseñanza, instrumentos de estudio, repertorios de signos, diccio­
narios (en los que la clasificación era parcialmente semántica, pues­
to que se fundaba en las 214 claves; parcialmente gráfica, puesto
que estas claves mismas estaban agrupadas como en Sumeria según
el número de rasgos de pincel necesarios para su trazado). Robins,
en las páginas que consagra a un esbozo de la historia de la lin­
güística, hace una breve alusión a esto71. Cómo no sentir tampoco
interés cuando se encuentra la siguiente reflexión sobre el lengua­

70 P edersen , p. 144.
71 General Lingiristics. An Introductory Survey, Londres, Longmans,
1964, pp. 372-379.
68 Historia de la lingüística

je, atribuida al filósofo confucista Hsün-Tsu (hada 298-238


a. de C.):
Las cosas se nombran por consentimiento. Cuando, después de
darse el consentimiento, se hace habitual, se tiene una designación
apropiada [...]. Los nombres no poseen realidades fónicas necesa­
riamente apropiadas a sí mismas.

Algunos análisis lingüísticos del pensamiento chino han tenido


su momento de influencia tardíamente. Así, la noción de signo-
clave, sobre la egiptología incipiente; más tarde, la distinción muy
aproximada entre “palabras llenas” y “ palabras vacías”, por la que
un lingüista todavía joven tratará de considerar con una termino­
logía impropia lo que constituye la profunda diferencia entre los
inventarios ilimitados del léxico y los inventarios limitados de pa­
labras gramaticales. Pero, en general, aparte de una hipotética re­
lación entre la cultura prehistórica que lleva a Sumeria y la que
desemboca en la China antigua, se puede decir que la reflexión
china sobre el lenguaje ha quedado durante mucho tiempo cerrada
sobre sí misma. Se trata de uno de los caminos más curiosos to­
mados por el desarrollo lingüístico en la humanidad, porque es un
camino solitario durante mucho tiempo, que lleva a una experien­
cia al margen de todas las demás. Quizá por ello sigue interesando
más a los filósofos y a los antropólogos que a los lingüistas.

V. LOS HINDÚES

1. Los primeros lingüistas. — Con la India antigua se encuen­


tra probablemente la primera reflexión manifiesta que han tenido
los hombres sobre el lenguaje; y sobre todo, la primera descripción
de una lengua como tal. No es lo menos asombroso la extraordi­
naria calidad alcanzada desde un principio por esta primera des­
cripción.
La Antigüedad 69

La lengua es el sánscrito, vehículo de la literatura védica. Es


difícil de fechar la antigüedad de sus monumentos más remotos:
algunos la llevarían más allá del primer milenio antes de nuestra
era. Encontramos desde un principio una de las paradojas instruc­
tivas que nos recordarán todavía frecuentemente el desarrollo no
lineal de la historia. La escritura nos ha servido hasta ahora de
documento para entrever en materia de lenguaje aquello de lo que
las civilizaciones habían tomado conciencia; se ha manifestado
como un estimulante hacia esta toma de conciencia, muy lenta e
imperfecta. No hay nada de este tipo en los hindúes, en los que
la escritura es probablemente bastante tardía, si se excluye, como
generalmente se hace, toda filiación entre la preescritura de Mo-
hanjo-Daro (tercer milenio antes de C.) y la escritura brahmi (ha­
cia el — 300). Esta última es silábica; la de Mohanjo-Daro pro­
bablemente lo era ya en parte, pero aún no ha sido verdaderamente
descifrada. Como se ve por este detalle, quedan aún muchos pun­
tos oscuros en estas cuestiones. De todos modos, este silabismo
es muy diferente del de Egipto y Sumeria; 32 caracteres silábicos
anotan una consonante con a; cuatro caracteres sirven para las ini­
ciales ay i, os u. Se distinguen las sílabas que no son en a de las
sílabas en a: el carácter silábico en a se completa o corrige me­
diante un signo especial, situado ya delante (para i)s ya detrás
(para i), ya encima (para e y ü), ya debajo (para u). Se trata, pues,
aquí, y es la nota lingüística esencial, de una escritura que, aun
siendo silábica, analiza la sílaba en sus componentes de un modo
coherente. Esto no ocurría ni en Egipto, que no anota las vocales,
ni en Sumeria, que las anota, pero siempre en el cuerpo de sílabas
indisolubles y dispares.

2. Una fonética mágico-religiosa. — La historia, tal como la


conocemos, nos permite afirmar que el análisis lingüístico en los
hindúes no ha distinguido las vocales de las consonantes, porque
su escritura le llevaba a percibir esta diferencia. En efecto, sabemos
7* Historia de la lingüística

Se apreciará en el interior de cada orden (verticalmente) la opo­


sición claramente percibida entre la sorda ([k], etc.) y la sonora
([g], etc.), y de éstas y la nasal ([n], etc.), y la oposición de la
sorda y la sonora con las aspiradas correspondientes ([k‘] y [g‘], etc.).
Las cincg series de correlación completas (5 primeras líneas del
cuadro) eran percibidas perfectamente y llevaban el nombre de las
cinco vargas. El análisis y la presentación de los hechos son asom­
brosos por su seguridad. Han valido a Panini, por parte del sans­
critista P. Thieme, el título de “ Homero de la lingüística” .
La descripción articulatoria distinguía las articulaciones intra-
bucales y las extrabucales. Entre las primeras, las que se obtenían
por el cierre (oclusivas) y la apertura (vocales); y por la constric­
ción, cuyo primer grado proporcionaba las fricativas, y el segundo
grado, las semivocales. En las extrabucales se separaban las glotales
sordas y sonoras, las pulmonares (aspiración) y las nasales. Los mo­
dos de articulación, tan cuidadosamente clasificados, los puntos
mismos de articulación, se veían caracterizados minuciosamente,
teniendo en cuenta a la vez el lugar de articulación (sthana) y el
órgano móvil articulador (karana). En Patañjali, comentador de
Panini, se encuentra también una teoría erudita. del sphota, que
parece plantear a su modo el problema de la distinción entre el
fonema y sus realizaciones fónicas individuales. El sphota sería el
substrato fónico de la palabra (sonido significante), pero distinto
de todas las realizaciones fónicas individuales de esta palabra: éste
sería, pues, el significante de las palabras como sucesión de uni­
dades fonológicas. He aquí el comentario :
El enunciado de un hablante es rápido, pronuncia los sonidos
rápidamente; otro es lento, y un tercero,1mucho más lento aún.
Del mismo modo, un hombre'recorre el mismo camino rápidamen­
te; un segundo, lentamente, y un tercero, más lentamente aún. Así,
un conductor de carro avanza rápidamente; un jinete, lentamente,
y ün peatón, más lentamente aún. (El- alumno objeta): La compa­
ración es inexacta. En este caso, el camino forma el substrato (in­
variable) de la acción de andar. Pero en el segundo caso no es
La Antigüedad 73
aplicable esto, ya que la longitud y brevedad pertenecen al substrato
mismo. (El maestro responde): Es lo mismo también en el segun­
do caso, pues el sphota (el substrato invariable) es la palabra; el
sonido es meramente un atributo de la palabra74.

Análisis, pues, y presentación notables, aunque la escritura, que


ha quedado bajo el dominio de la sílaba, posee en el tipo nagarí,
por ejemplo — tipo dominante— ja caracteres distintos suplementa­
rios para unos 250 grupos consonánticos variados, del tipo rpi, kta3
ktva, tta, tra, nkra, etc. Puede meditarse sobre este hecho de no
interdependencia: aquí, ni la escritura ha conducido al análisis
lingüístico de las unidades distintivas mínimas, ni este análisis lin­
güístico ha conducido a una verdadera escritura alfabética econó­
mica.
Europa'sólo ha podido alcanzar tal análisis de la segunda arti­
culación dos milenios más tarde, y en gran parte por influencia del
descubrimiento del sánscrito. Es justo hacer observar qtie este no­
table análisis ha quedado sin influencia en la historia de la lin­
güística porque ha sido ignorado por el mundo occidental, pero
es un punto de vista europeocéntrico. Desde el punto de vista de la
antropología general, el hecho importante es que una civilización
de hace más de dos milenios había alcanzado esta altura de cono­
cimiento lingüístico. La ignorancia ulterior del hecho es particu­
larmente significativa. Sin duda, cuando los hindúes estuvieron en
contacto con los griegos, en la época de Alejandro y posteriormen­
te, estos últimos manifestaron su habitual falta de curiosidad para
con los bárbaros; pero los hindúes mismos, por su parte, no trata­
ban de comunicar de ningún modo su saber a los invasores: la
noción de contacto no ha tenido siempre el mismo sentido en his­
toria. Más tarde no ocurrirá lo mismo, y si Europa a partir del
siglo xvi no, se ha interesado por el sánscrito, que se le señalaba,

74 Citado por J. B ro u gh , p. 35.


74 Historia de la lingüística

se debe sin duda a que sus problemas culturales (el hebreo-lengua


madre, por ejemplo) la hacían sorda a todas las ideas de compa­
ración entre sánscrito y lenguas europeas, que empiezan a surgir.

4. El análisis gramatical. — La gramática hindú es apenas me­


nos notable, en su época, por su análisis de las unidades de la
primera articulación del lenguaje. Posiblemente ayudados “por la
gran claridad [morfológica] de su lengua”, como subraya Peder-
sen75, por la famosa “ transparencia” estructural del sánscrito, los
hindúes desarrollaron un análisis de la palabra en monemas que
no tendrá paralelo en Europa hasta el siglo xix. John Brough tiene
razón, sin embargo, en este aspecto al formular la cuestión del
siguiente modo:
Panini fue ayudado naturalmente en su análisis por la extraor­
dinaria claridad de estructura del sánscrito, pero estamos expuestos
a pasar por alto el hecho de que esta estructura podía no haber
parecido tan clara y tan evidente a nuestros ojos si Panini no la
hubiera analizado primero para nosotros76.

La conquista principal en este punto radica en haber delimi­


tado la noción de raíz, y, como consecuencia, las de afijos, flexiones
y desinencias: así se hacía posible una investigación propiamente
lingüística sobre la formación de las palabras, en vez de las diva­
gaciones que se denominarán investigaciones etimológicas en Eu­
ropa durante más de 2.000 años. El descubrimiento de estas no­
ciones mediante el estudio del sánscrito será el punto de partida
de la etimología científica en el marco de la gramática comparada.

5. La lingüística india. — Se estimará que, junto a estas ela­


boraciones decisivas, cualquier otra reflexión de la gramática india
sólo puede ser de menor importancia. Distinguía el verbo del nom­
bre; y a la vez, de las preposiciones y de las partículas; pero*

75 Op. cit., p. 3.
76 Op. cit., p. 27.
La Antigüedad 75
también los griegos sabrán hacer estas distinciones u otras si­
milares. Que el origen de la palabra sea divino, atribuido a Indra
o a Brhspati, por quien “fueron dados nombres a las cosas”, sólo
es una indicación más sobre las etimologías arcaicas del lenguaje.
Es más interesante observar ya en los gramáticos independientes
de la tradición griega un debate que opone los partidarios de las
palabras “ eternas” a los que tienden a explicar la emisión de los
sonidos del lenguaje en términos físicos y fisiológicos; es también
más interesante observar la existencia de un debate entre los que
quieren ver una “ conexión necesaria natural [...] entre la palabra
y su significación” y los que se oponen a este punto de vista: “ El
sentido de una palabra es comprendido por su significación con­
vencional” 17. Así incluso, aun cuando sea un punto de vista rela­
tivamente aislado de budistas tardíos, uno queda sorprendido ante
una tentativa completamente saussureana para definir la función
significativa de la palabra “ por el hecho de excluir, todo lo que no
es ella” ; o también por aquella idea de Prabhakara que enseña
“que la palabra aislada únicamente tiene sentido en la frase” 78. Se
encuentra la misma idea en el tratado de lingüística de Bhartrhari,
Vakyapadiya (siglo vn de nuestra era):

En la unidad de sonido, los componentes no tienen existencia


independiente; ni las palabras tienen existencia alguna separada
fuera de la frase..

Alien llega incluso a escribir que. la gran creación lingüística


de Panini.es la noción fonológica de grado cero: he aquí el texto
que dará una idea de las dificultades insuperables qué ofrece el
pensamiento lingüístico indio a los no sanscritistas:

77 Cf. A llen, Ancient Ideas, pp. 36-39; R enou, Inde classique, t. 2,


pp. 79-81.
78 R enou, ibid., p. 83.
ü Historia de la lingüística

I 57 (El substitutivo) de una vocal (si está determinado por el


elemento) que sigue'!(es tratado como el original = la suso­
dicha vocal es considerada como presente) cuando hay una
prescripción (aplicable a un elemento) que precede.
Se forma patayati como denomin. de patuh, “ vivo”, con el afijo
“ nic” (= aya): en virtud del presente sutra, la vocal cero substitu­
tiva de u es tratada como el original e impide de este modo qué,
según VII. 2, lió , el elemento pat reciba el vrddhi; en efecto, es­
tando u virtualmente presente, la vocal a deja de ser penúltima, y
faltan las condiciones requeridas. El substitutivo “cero” está deter­
minado por el elemento “nic” que sigue, y la prescripción en cues­
tión (VII. 2, 116) se aplica al elemento que precede79.

Se podría sostener incluso que Panini tiene una clara conciencia


de la noción de metalenguaje a través de este problema lógico de
la oposición entre uso y cita de una palabra:
Una palabra [en una regla gramatical], escribe, que no es un
término técnico, denota su propia forma.

Patañjali, su comentador, escribe a este propósito:

Cuando decimos “ traed la vaca, encended el fuego” , hay algo


que traer, que encender; pero cuando decimos “agni (el fuego)
tiene el sufijo -eyd\ es evidente que no añadimos el sufijo a las
brasas.

Y , más tarde, Bhartrhari dirá que en este caso el significante es


también el significado.
Con la condición de no desorbitar históricamente estas refle­
xiones, es útil tenerlas en cuenta. No son “fuentes” del pensa­
miento lingüístico occidental; no son ni siquiera premoniciones;
tales fórmulas, por notables que sean, no son nunca hipótesis bá­
sicas de una investigación sistemática, o partes inseparables de una
teoría sólidamente construida: son observaciones entre todas las

79 Grammaire de Panini, trad. R enou, fase. I, p. mi


La Antigüedad 77
que podían hacerse acerca del lenguaje — y su carácter principal
radica en que son aisladas, no productivas— . No obstante, aun
dejándolas esta dimensión que tuvieron, de todos estos contactos
se saca la impresión de una civilización cuya reflexión sobre el len­
guaje merece en sí misma mucha atención por nuestra parte: se
trata de un momento importante de antropología social.

VI. LOS FENICIOS

i. Los inventores del alfabeto. — Si, según Meillet, “ los hom­


bres que han inventado y perfeccionado la escritura han sido gran­
des lingüistas” , los fenicios, que hasta el momento no han figurado
nunca en una historia de la lingüística, merecerían un lugar im­
portante en ella. En efecto, la tradición griega y latina siempre les
ha atribuido “ la invención del alfabeto” .
Los fenicios figuran ampliamente tratados en cualquier historia
de la escritura; pero probablemente se verá con esto que la historia
de la lingüística y la de la escritura no se confunden. Hay muchos
problemas esenciales en la escritura: ¿qué fechas pueden fijarse
para los documentos arqueológicos que por primera vez manifiestan
esta escritura? ¿Se puede demostrar, ya por la forma de los ca­
racteres, ya por su orden, ya por relaciones históricas atestiguadas,
que esta escritura derivaría de los jeroglíficos egipcios, de los cu­
neiformes acadios, de los silabarios cretenses? ¿O bien que son
estos caracteres invenciones propias de los fenicios mismos? ¿O
bien que los fenicios no son más que sus transmisores, incluso aun
cuando los hayan simplificado o mejorado? ¿Cómo explicar los
nombres alef, beta, dalet, etc., de estos caracteres? Para una his­
toria de la lingüística, los problemas que plantea el alfabeto fenicio
no son los centrales.
L a llamada escritura fenicia se conoce por documentos encon­
trados en Biblos, en Ugarit, en Ras Shamra. Estos documentos
7* Historia de la lingüística

pueden fecharse en la segunda mitad del segundo milenio antes


de nuestra era, entre el — 1500 y e l — 1300. Esta escritura, más
que fenicia en el sentido estricto de la palabra, en nuestros días
se . ve designada frecuentemente como sirio-palestina, o cananea.
Algunos documentos, indudablemente anteriores, manifiestan una
escritura protosinaítica; otros, posteriores, una escritura sudarábi-
ga — 'afín a la primera— . Todas ellas llevan un escaso número de
caracteres, de 22 a 25. Estos caracteres anotan las consonantes de
las lenguas que escriben, no hay caracteres para anotar las vocales.
Este conjunto de caracteres es el que, transmitido en todas las di­
recciones, se ha convertido en el “ alfabeto” .

2. ¿Análisis de la segunda articulación? — El problema lin­


güístico es el siguiente: ¿qué toma de conciencia del funciona­
miento del código lingüístico, por oscura que sea, supone la in­
vención de tal escritura?
Tomando como base el conocimiento que hoy tenemos de este
código, podemos afirmar que hay conciencia, aunque oscura, de la
segunda articulación del lenguaje desde el momento en que una
escritura anota todas las unidades de esta segunda articulación; es
decir, a grandes rasgos, las consonantes y las vocales, cuya alter­
nancia relativamente regular constituye obligadamente toda cadena
hablada. Cuando se habla de alfabeto a partir de los griegos, se
piensa en este tipo de escritura y en ningún otro.
Una vez planteado esto, ¿cómo describir la escritura fenicia?
Sería quizá mejor rechazar de una vez la expresión de escritura al­
fabética, y, por consiguiente, la de alfabeto, puesto que esta escri­
tura nó anota las vocales.
Cierto es que presenta una serie de rasgos lingüísticamente re­
volucionarios con relación a todos los que hemos encontrado hasta
ahora. En primer lugar, es una escritura completamente fonética.
C ulmina la evolución, que llevaba, por razones de economía y co­
modidad, a anotar a veces los sonidos en tanto que sonidos, y des­
La Antigüedad 79
pués a no anotar más que éstos. Eran precisos para alcanzar este
estadio (si se supone que la escritura fenicia deriva de escrituras
anteriores, o que ha tenido conocimiento de estas escrituras — y
ambas hipótesis son igualmente plausibles— ) cuatro perfecciona­
mientos distintos:

— suprimir todo uso de ideograma;


— suprimir los determinativos o claves del tipo egipcio, su­
merio o chino;
— renunciar a los caracteres fonéticos complejos de varias sí­
labas o varios sonidos, para aplicar rigurosamente la regla:
un carácter para un sonido mínimo;
— suprimir los homófonos y los polífonos, aplicando la re­
gla: un carácter denota siempre el mismo sonido, y recí­
procamente.

La escritura fenicia es la única, entre las escrituras actualmente


descifradas, que ha realizado la totalidad de estas cuatro revolu­
ciones. El egipcio jeroglífico, como hemos visto, poseía el medio
técnico; no ha sacado partido de él. (La. escritura silábica cretense,
llamada lineal A, cuando se la conozca bien, probablemente permi­
tirá comprender históricamente cómo el fenicio deriva, mediante
el análisis de los sonidos, del egipcio: ¿quizá a través de los mi-
noicos arrojados del delta del Nilo hacia el — 2000, y después
echados de Creta hacia la costa siria hacia el — 1400?).
¿Qué significan, pues, las expresiones escritura alfabética y al­
fabeto cuando se habla de la escritura fenicia? En 1939, R. Weill
habla a este respecto de “ alfabética casi pura” (p. 171). Los demás
autores recientes que usan tales expresiones no las usan nunca so­
las: hablan siempre de “escritura alfabética consonántica” 80; o de
“escritura consonántica” 81 que es un verdadero “ alfabeto conso-

80 C ohén, p. 122.
81 F évrier, I, 46-1.
8o Historia de la lingüística

nántico” . Aceptables quizá desde el punto de vista de una historia


de la escritura, ¿qué significan estas expresiones desde el punto de
vista del análisis de la segunda articulación del lenguaje?
E l punto de partida correcto aquí es el de que la escritura no
anota más que las consonantes y que ignora las vocales. T od o el pro­
blema consiste en saber si los fenicios escribían realmente conso­
nantes (economizando a sabiendas la notación de las vocales), o
bien si escribían sílabas — es decir, no habían superado aún, desde
el punto de vista lingüístico, el nivel del análisis silábico— . Desde
luego, parece que el modo de ver de M eillet es siempre el correcto.

El mundo egeo, escribe, había logrado constituir notaciones pu­


ramente fonéticas de las lenguas mediante unas cuantas decenas de
signos solamente, frente a las notaciones complejas, de signos nu­
merosos, de Egipto y de Babilonia. Pero se había limitado a ano­
tar la sílaba, es decir, una realidad siempre pronunciable y fácil de
aislar. Gracias al hecho de que en semítico las vocales son elementos
variables, que sirven para formar palabras y para caracterizar las
formas gramaticales, el fenicio sólo ha anotado la consonante de la
sílaba, elemento esencial para indicar el sentido, dejando que el
lector supliera las vocales 82.

Y en su artículo de Scientia:

Una antigua lengua semítica como el fenicio ha podido admitir


una gran simplificación de la escritura silábica a consecuencia de
una circunstancia especial [la transparencia fonética de formas tales
como kataba, kutiba, kitabun, uktub, etc.]. En una escritura de esta
clase, los signos k, t, b, son signos silábicos [...]. Resultaba de ello
el sentimiento de que el signo que servía indiferentemente para ka,
ki, ku y k anotaba la consonante k, no estando indicadas las vo­
cales (p. 292).

82 Apergu, p. 57.
L a A ntigüedad 8l

E l modo de ver de Pedersen es análogo:

A consecuencia de. este hecho de que los caracteres no nos ilus­


tran acerca de las vocales, escribe, el alfabeto semítico únicamente
nos informa sobre las consonantes. Vemos, por ejemplo en las ins­
cripciones fenicias más antiguas, que la palabra que significa rey
contiene las consonantes mlk. En seguida reconocemos en ella el
hebreo melek, el árabe máliku, el asirio 'malku; pero no podemos
saber cómo se pronunciaba la palabra en fenicio. N o obstante, no
se sigue de ello que los caracteres sean consonánticos (p. 181).

M . Cohén añade otros elementos en apoyo de esta tesis: el


hecho de que los alfabetos silábicos etiópico, antiguo persa, hindú,
que derivan del alfabeto fenicio, anoten mediante sus caracteres
simples una consonante + a parece indicar que el carácter fenicio
tenía también este v a lo r83. Tam bién para él “ la letra [fenicia] re­
presenta una sílaba cuya vocal no está especificada” 84.
J. Février, como ya hemos visto para la escritura jeroglífica,
insiste sobre el hecho de que en los fenicios se trata de un “ verda­
dero alfabeto consonántico” , es decir, sobre el hecho de que hay
descomposición de la palabra “ aislando las consonantes y no sepa­
rando las sílabas” 8S. Pero, desde el punto de vista lingüístico, es
difícilmente comprensible que un análisis que habría llegado a
aislar los fonemas puramente consonánticos de una lengua no haya
tomado al propio tiempo conciencia, por sustracción, de sus fone­
mas vocálicos. Probablemente, ateniéndose al terreno estricto de la
historia de la escritura, el problema planteado de saber si el alfa­
beto fenicio es silábico o consonántico carece de sentido; y sola­
mente cobra sentido planteado en términos de análisis lingüístico.
Por otra parte, Février mismo concluye que “ la génesis del alfa­
beto consonántico es diferente de la del verdadero alfabeto” . Ha­
blar de alfabeto consonántico es constatar únicamente el modo se­

83 I, p. 140.
** Ibid.
85 I, 46-1.

H. DE LA LINGÜÍSTIGA. — 6
82 Historia de la lingüística

gún el cual leemos hoy esta escritura. No es resolver el problema


de lo que hacían los fenicios cuando la escribían y la leían. Ningún
hecho, ninguna prueba indirecta obtenida por análisis de los hechos,
permite plantear para el fenicio el “problema esencial” del siguiente
modo:
¿Cómo ha podido tenerse la idea de romper la unidad de la
sñaba para llegar a la consonante, desechando al propio tiempo la
vocal? ip

R. Weill aventura la expresión ambigua de “ alfabética casi pu­


ra” , debido a que se da cuenta perfectamente de que la escritura
fenicia no analiza todavía todos los últimos componentes fónicos
del lenguaje. Pensando en la historia de la escritura, está en su
derecho al escribir:
El alfabeto se inventa antes del — 1500 y alrededor del — 1500,
en cuanto al principio, en todo el orbe sirio-palestino (p. 174).

Pero como la palabra alfabeto evoca dos cosas distintas en las


discusiones, una técnica de transcripción del lenguaje mediante le­
tras, y un análisis lingüístico exhaustivo de las unidades fónicas
mínimas sucesivas, debemos saber que los fenicios no han inven­
tado más que la primera de estas cosas; y que no son más que la
anteúltima y considerable etapa de la invención completa.
Tras estas observaciones, notables aun cuando supervaloren la
parte de análisis consciente y lógico de la invención, Weill, no
obstante, no tiene razón al añadir:
Esta gran invención se hizo en el mundo sirio-fenicio (p. 160).

En efecto, esta invención sólo será completa cuando el alfabeto


— técnica de escritura— transcriba separadamente todas las unida­
des fónicas mínimas: cuando cualquiera pueda leer lo que cual­
quiera ha escrito, porque se anoten todos los sonidos.

86 F é v r ie r , I, 46-4.
La Antigüedad 83
Ciertamente, en ugarítico el sonido <def parece disponer de tres
caracteres vocálicos diferentes. Este alef> que las transcripciones
modernas anotan pa] y que es la primera letra del alfabeto fenicio,
no es una vocal; es una oclusiva glotal, la oclusión glotal que los
fenicios anotan p ]. Los tres caracteres en cuestión parecen anotar
la oclusiva glotal + a, + i, o + u: p a], p i], p u ]. No anotan,
pues, las vocales, sino — como todas las demás consonantes— las
sílabas. El problema que plantean es el de comprender por qué
razón la escritura fenicia, que en todos los demás sitios anota la
sílaba, sin indicación de las diferentes vocales, ha sido llevada aquí
a crear tres caracteres diferentes para tres sílabas semejantes por
la consonante, pero diferentes por la vocal. Posiblemente, según
M. Cohén, al dejar de articularse la oclusión glotal, se ha sentido
la necesidad de representar la sílaba (vocálica) inicial (p. 140). Pero
este hecho, así como la introducción más tardía de signos dia­
críticos facultativos, usados bastante escasamente, para señalar las
vocales, no cambia nada el carácter silábico de la escritura fenicia.
Ni la consecuencia lingüística que de ella se saca: no se podría
afirmar que el alfabeto fenicio ha alcanzado plenamente el análisis
de la segunda articulación del lenguaje. En su último trabajo sobre
este problema (1963) J. Février sigue oponiéndose a la tesis de
Meillet: propone distinguir las escrituras concretas que tienen como
principio la descomposición de las palabras o de la frase en ele­
mentos pronunciables y audibles (las sílabas), y cuya ventaja con­
siste en poder anotar cualquier lengua, teniendo como inconve­
niente su complejidad, y las escrituras abstractas (las semíticas), en
las que se aísla la raíz consonántica — escrituras extremadamente
simples, pero que no son universales (no utilizables por lenguas no
semíticas)— . Pero entonces el problema consiste en comprender
cómo una lengua no semítica, el griego, ha utilizado este tipo de
escritura abstracta, perfeccionándola para hacer de ella una escri­
tura concreta universal. Para Février, los griegos no llegan a ella
más que “ sacrificando parcialmente el principio de la escritura con­
84 Historia de la lingüística

creta” ; en efecto, el griego introduce caracteres no pronunciables


aisladamente, las oclusivas. L a infatigable reflexión de J. Février
sobre estas cuestiones desde hace más de 30 años logra sin duda
hacer tocar con la mano la complejidad del problema histórico, la
dificultad para nosotros de imaginar el porqué de lo que se ha
producido para el paso del alfabeto fenicio al alfabeto griego. Pero
en el plano lingüístico la conclusión sigue firme: los fenicios, in­
dudablemente a causa del tipo mismo de su lengua, no han conse­
guido el análisis explícito de las unidades de segunda articulación.
En el plano de la invención no cabe hablar de un “milagro feni­
cio” ; tampoco en el próximo capítulo cabrá hablar de un “ milagro
griego” : se trata de describir perfectamente cada eslabón de una
larga historia. Lo que hay que subrayar aquí con fuerza es que la
técnica fenicia, ya revolucionaria, hacía a su vez posible y necesa­
ria — desde el momento en que su alfabeto fuera tomado por otra
lengua de diferente estructura (no semítica)— la consideración se­
parada de los signos como signos consonantes.

3. ¿Tiene un sentido el orden de las letras? — Se ha visto


cómo la clasificación de los caracteres en la escritura hindú mani­
fiesta por sí misma un análisis lingüístico. Examinado desde este
punto de vista, el alfabeto fenicio no nos da nada semejante. ¿Se
ha pensado que la sucesión l — m — n posiblemente tenía un va­
lor a este respecto: intuición de una clasificación acústica dé las
“ líquidas” ? (Pero no está incluida la r). L o que inducía a esta
hipótesis era la supuesta etimología de elementum, explicada por
l — m — n. En efecto, algunas formas del alfabeto fenicio — como
el etíope— empiezan'no por a, sino por l— m — n: elementum
sería entonces sinónimo de alfabeto. Pero esta etimología, aunque
muy verosímil, es discutida. Y de todos modos, el orden de las
demás letras no presenta ningún rastro de clasificación que refleje
un cieno análisis, sea el que sea.
La Antigüedad 85

4. Caracteres históricos de la invención fenicia.— El alfabeto


fenicio, que es ía invención capital en la historia de la escritura,
reflejaba suficientemente (como se ha señalado) rasgos lingüísticos
revolucionarios como para ser considerado como la prueba de una
revolución intelectual tan capital en el análisis de la lengua. R.
Weill, probablemente influido por Meillet, al que sin embargo ¡no
cita, formula del siguiente modo esta idea de que el alfabeto sería
la consecuencia de un análisis lingüístico plenamente consciente de
sí mismo:

Hay que comprender, escribe, que esta invención del alfabeto


era en realidad un problema profundo y difícil, muy nuevo para el
espíritu humano, que exigía todos los procedimientos de la obser­
vación y del razonamiento para un análisis del lenguaje que aca­
bara por irealizar y formular claramente que el lenguaje humano
puede descomponerse en un reducido número de articulaciones, a
cada una de las cuales basta un signo para representarla. Esta posi­
ción nos parece a nosotros muy evidente y completamente simple;
no lo era para mundos en los que siempre se había escrito el len­
guaje mediante representaciones complejas, y que por otra parte
— y aquí estamos, sin duda alguna, en el centro de la dificultad—
no disponían todavía, entre sus medios de conocimiento, del meca­
nismo del razonamiento lógico, y no sabían aún plantear un pro*
blema con precisión y resolverlo [...]. La invención y la creación
del alfabeto no era, en suma, un problema gráfico, no era tampoco
un problema de préstamo, o de invención, para las formas de los
signos, como tanto se ha discutido; era una cuestión mucho más
difícil y profunda, era la solución y en primer lugar el plantea­
miento de un problema de análisis fonético científico, completamen­
te inédito y ciertamente muy difícil para los antiguos que consiguie­
ron resolverlo (pp. 159-160).

Las fórmulas de Meillet son mucho más prudentes. Insistiendo


sobre el hecho de que “ él progreso no se ha realizado por com­
pleto de una vez” y “ que no se ha comenzado por un análisis fo­
nético llevado hasta el final”, “ que los primeros alfabetos foné­
86 Historia de la lingüística

ticos son silábicos, no alfabéticos” 87, y que “ la estructura de la


lengua [...] ha condicionado cada invención decisiva” 88, insistía
con razón en los condicionamientos históricos de una adquisición
empírica, más que en improbables análisis científicos explícitos, a
propósito de los cuales Weill llega a hablar de “ creación arti­
ficial” ,
¿Cuáles son estos condicionamientos? En primer lugar, se pue­
de pensar que Pedersen tiene razón cuando recuerda

que en general parece que las grandes simplificaciones en , los mé­


todos de escritura se producen durante su traspaso de un pueblo
a otro 89.

Es el reverso de una opinión que J. Février formula del siguien­


te modo:

¿Por qué este paso decisivo [del alfabeto “consonántico”] no ha


sido franqueado antes [en Egipto, por ejemplo]? Probablemente por
respeto a la tradición, quizá también a causa de la oposición even­
tual de la clase de los escribas90.

M . Cohén, influido por R. Weill, habla de “perfeccionamiento


intelectual”¿ pero añade a la descripción este útil toque histórico:

La invención del alfabeto, que parecía corresponder a un nuevo


estadio de la inteligencia razonadora, puede haber correspondido
también a un estado social que permitía a la vez cierta autonomía
de los individuos [con relación a los sacerdotes y a los reyes, añade
en la p. 417]

“ y un cierto desarrollo del saber” 91, en un pueblo de comerciantes,


en una encrucijada de grandes vías de circulación cultural.

87 Le langage et Vécriture, pp. 291-293.


88 ibid.
89 Discovery, pp. 181-182.
90 Encyclopédie, I, 46-1.
91 Grande invention, p. 114.
La Antigüedad 87

Los condicionamientos inherentes a la estructura de la lengua


han sido evocados ya a propósito del egipcio y anteriormente
(p. 51): son los que han hecho que la escritura haya podido de­
tenerse, sin demasiado perjuicio para la lectura, en la transcripción
silábica, sin notación de las vocales. Exactamente igual que Jos
chinos han seguido fieles a su escritura, tan poco económica, el
árabe ha seguido fiel hasta nuestros días a este tipo de notación de
los alfabetos semíticos, lo cual prueba que esta notación era com­
patible con este tipo de lenguas: los signos diacríticos vocálicos han
quedado facultativos en ellas. Pero no hay que tratar de llevar la
demostración más lejos, hasta decir que esta notación se ha adap­
tado perfectamente a esta familia de lenguas; hay que recordar la
observación, ya mencionada anteriormente, de William Alabais — y
repetida frecuentemente por los arabistas— . (“ Cualquier texto se­
mítico no vocalizado es un enigma” , dice también Jean Sauvaget).
Para el alfabeto fenicio, lo mismo que para sus predecesores, la es­
tructura de la lengua ha estimulado el análisis lingüístico, pero al
propio tiempo lo ha fijado hasta el punto de que satisface grosso
modo las necesidades de esta misma estructura: no ha habido en
los fenicios “ desarrollo intelectual” puro más allá de este punto.

VII. LOS HEBREOS

1. La curiosidad lingüística en los hebreos. — A primera vis­


ta, parece que en la Biblia se trata mucho de lenguaje. Pero a la
vez porque sus mitos lingüísticos nos son muy familiares y porque
no nos servimos de ellos como fuente filosófica (para ello tenemos
el pensamiento griego), no se nos ocurre tratarla, como cualquier
otro texto antiguo, con el fin de hacer objetivamente su inventario
desde el punto de vista de la curiosidad lingüística. ¿Qué daría
este inventario?
88 Historia de la lingüistica

No encontramos nada referente al análisis lingüístico propia­


mente dicho. Como por otra parte ocurre frecuentemente en los
demás pueblos antiguos, no encontramos tampoco casi nada refe­
rente a las lenguas de los demás pueblos. Sin embargo, la Biblia
abunda en menciones etnográficas; y la lista de pueblos que evoca
es muy larga, así como la de los países extranjeros conocidos, de
Egipto a Babilonia, de Saba o de Ophir a Siria. En el Génesis, por
ejemplo, sólo hay una alusión en la que se enumeran los hijos de
Jafet, Cam y Sem, “ según su familia, según su lengua> según su
país” 92. Cuando los hermanos de José le encuentran en Egipto,
“ no sabían que José entendía [lo que decían], pues se servía con
ellos de un intérprete” 93. O bien, en Esdras, se menciona una carta
a Artajerjes “y la carta fue transcrita en caracteres arameos y tra­
ducida al arameo” 94. Así se sabe que Azarías, Tsadok, Elcoraf y
Archiya “eran secretarios” de la época de Salomón, y que “Josafat,
hijo de Aquilud, era archivero” 9S, o bien que en la época de Asuero
la administración persa enviaba “ cartas a todas las provincias del
reino, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según
su lengua” 96. Por otra parte, sabemos que los servidores de Sena-
querib, cuando el asedio de Jerusalén por el rey de Asiría, “ grita­
ron en voz alta en lengua judía con el fin de provocar terror y es­
panto entre el pueblo” 97; o bien que en la época de Nehemías
“ la mitad de sus hijos (de los judíos) hablaban el azoteo y no sa­
bían el judío” 98. Éstas son alusiones que confirman lo que sabemos
por otros lugares, en Egipto, en Sumeria, sobre el bilingüismo y el
plurilingüismo administrativo, diplomático y comercial de estas re­
giones, sin más.

92 10-5, 20, 31.


93 Gen., 42, 24.
** Esd.y 4, 7.
95 Reyes, I, 4, 2-3.
96 Ester, 1, 22; 8, 9.
97 Crón., 11, 32, 18.
98 Neh., 13, 24.
La Antigüedad 89

2. Algunas observaciones lingüísticas. — -Un solo pasaje, muy


conocido, señala un hecho dialectal, que no basta para demostrar la
atención propiamente lingüistica, incluso en el narrador. Es el epi­
sodio de la guerra civil entre efraimitas y galaaditas, en la que Jefté,
vencedor, dio muerte a los supervivientes cerca del vado del Jordán :
Y cuando llegaba alguno de los futigivos de Efraim, diciendo:
Dejadme pasar, le preguntaban: ¿Eres efraimita? Respondía: No.
Entonces ellos le decían: A ver, di: schibboleth, y él decía sibbo-
leth, pues no podían pronunciar así".

El embrión de una verdadera curiosidad por estos problemas del


lenguaje, que se manifiesta en los pueblos antiguos por, una bús­
queda del origen de los nombres o de las palabras (pero desprovista
de todo procedimiento de investigación), se ve ampliamente ates­
tiguado en la Biblia por un gusto muy vivo por las etimologías
forjadas a posteriori. Sólo en el Génesis recogemos más de cuaren­
ta, presentadas con el mismo cliché: “ Se la llamó mujer, porque
había sido sacada del hombre” 100; “ este pozo se llama Beer-Scheba
porque allí juraron uno y otro” 101, etc.

3. Un mito banal, un mito grandioso. — El fragmento más cé­


lebre referente al lenguaje — importante porque durante mucho
tiempo ha marcado la reflexión predentífica— es el que presenta
la creación del léxico ex nihilo, es decir que imagina el origen de
los nombres comunes sobre el mismo patrón que el de los nombres
propios: “Y Yavé Dios trajo ante el hombre todos cuantos ani­
males del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para
que viese cómo los llamaría, etc.” 102. Una explicación mitológica
semejante, como hemos visto, se encuentra en la gramática hindú
arcaica. Y la de Platón en el Cratilo es bastante parecida.

99 Jueces, 12, 5-6.


100 Gén., 2 , 23.
101 Gén., 21, 31.
102 Gén., 2, 19-20.
90 Historia de la lingüística

Sin duda, habría verdaderamente poco que retener de las refle­


xiones lingüísticas de este pequeño pueblo si no nos hubiera le­
gado una de las creaciones poéticas más grandiosas sobre los dra­
mas de la comunicación entre los hombres: el mito de la torre
de B ab el103,

VIII. LOS GRIEGOS

i. Una situación nueva. — Con la entrada de Grecia en la his­


toria de la lingüística se puede afirmar que cambia la situación, y
en primer lugar para nosotros: nos encontramos bruscamente frente
a un número mucho mayor de documentos, más significativos y más
variados, más importantes. X a historia de la reflexión de los griegos
sobre el lenguaje es posible directamente, en textos consagrados al
lenguaje mismo, sin que sea preciso recurrir a la elección de trozos
ni a conjeturas.
La situación cambia también en sí, en la medida en que en­
contramos en los griegos un interés llevado a la lengua en si misma
y por sí misma. En tanto que se ha concebido la lingüística como
el estudio de la evolución de los hechos de lenguaje, se ha lamen­
tado que los griegos en cierto modo no hayan fundado ni la gra­
mática comparada ni la lingüística histórica. Hemos recogido el eco
de estos temores en M . Leroy. Se encuentran también en M . Le-
jeune:
Los griegos, escribe, nos parecen haber sido mucho más cu­
riosos' por la estructura y el origen del lenguaje que por los cam­
bios y la diversidad de las lenguas 104.

Ciertamente, esta frase define con gran objetividad los resulta­


dos de las investigaciones lingüísticas de la Grecia antigua. Pero
la lingüística estructural actual ¿no tendrá aquí la ocasióri de va­

103 Gén., i i , 1-9.


104 op. cit., p. 45.
La Antigüedad 91
lorar más plenamente que la filología esta curiosidad por la estruc­
tura del lenguaje, que han tenido los griegos?
Si se acepta que hay “ verdadero” alfabeto desde el momento en
que una escritura anota las consonantes y las vocales, el estadio
final de la larga invención de este alfabeto debe ser situado en
Grecia. Allí comprobamos, plenamente realizada por primera vez,
la presencia dé una escritura en la que “ las vocales se escriben
desde un principio” los.
¿Hay que decir que es preciso atribuir a los griegos una inven­
ción revolucionaria, de la cual, cosa curiosa, ellos mismos no ha­
brían tenido conciencia, puesto que siempre han atribuido esta in­
vención a los fenicios? ¿Invención de la que nuestra civilización,
heredera de los griegos, no se habría dado cuenta tampoco durante
más de 2.000 años? Efectivamente, también aquí se trata de un
condicionamiento preciso, que parece ser el origen del proceso fi­
nal, y, ante todo, el hecho de que el instrumento alfabético fenicio
pase de una familia de lenguas a otra, paso durante el cual este
instrumento (que ya no tenía razón para evolucionar en semítico)
debe ser adaptado a las necesidades de una lengua no semítica.
Pero legando a esta lengua una elaboración preciosa: la posibilidad
de interpretar los signos silábicos fenicios como signos consonán­
ticos puros. Es lo que dice Meillet en la continuación del frag­
mento ya citado106:

En griego, las vocales no permiten que se las adivine; a duras


penas es inteligible la palabra sin indicación de las vocales; por
otra parte, algunos signos fenicios no tenían utilidad para anotar
las consonantes griegas; estos signos han sido asignados a las vo­
cales. El griego ha llegado de este modo a un tipo de notación
nuevo, el tipo “alfabético” [...]. La innovación, por el carácter “abs­
tracto” que ha dado a la escritura, caracteriza a los helenos: el
análisis del funcionamiento de la lengua ha sido llevado bastante

ios Cohén, Grande invention, p. 147.


106 P. 65, suprá.
9'2 Historia de la lingüistica

adelante para anotar los elementos no pronunciables aisladamente,


tales como x o y , it, J3, o 8. Sin embargo, el griego ha constituido
su sistema a partir de una simplificación debida a los fenicios; pero
del tipo fenicio, aún silábico, los griegos han sacado el tipo alfa­
bético 107.

Repite lo mismo en 1919, más brevemente, y quizá con más


claridad:

Pero cuando se .ha usado el alfabeto semítico para anotar otras


lenguas, el cario, el cretense prehelénico, o el griego, por ejemplo,
en los que los timbres vocálicos eran más variados, y en los que el
conocimiento de la morfología no bastaba para hacerlos prever, ha
sido preciso anotar constantemente las vocales108;

Los griegos han realizado de este modo el perfeccionamiento


final, por así decir, sin saberlo. Y cuando se estudia este problema
como el de una prioridad de privilegio de invención, por ejemplo,
se tiene razón en decir, como R. Weill, que “ esta gran invención
[del alfabeto] se hizo en el mundo sirio-fenicio” 109, o, como M . Co­
hén, que “ la invención del alfabeto, compuesto de letras, cada una
de las cuales no representa más que un sonido del lenguaje o fo­
nema, sólo se ha producido una vez, que sepamos” i10. Pero tanto
en los griegos como en los fenicios no hay que valorar excesivamen­
te la parte de análisis científico del lenguaje que supone esta in­
vención; sería subestimar la importancia del papel de las condi­
ciones, e incluso, podría añadirse, de los avatares históricos, entre
los cuales, repitámoslo, uno de ellos es capital:

Se ve; dice Meillet en conclusión a su artículo, que la estruc­


tura de la lengua es la que ha condicionado cada invención decisiva
en el desarrollo de la escrituram .

107 Apergu, p. 57.


108 Scientia, pp. 292-293.
109 Phéniciens, p. 160.
110 Grande invention, 417.
111 Scientia, p. 293.
La Antigüedad 93
Por otra parte, lo importante lo es quizá menos en una búsque­
da de paternidad — no tiene sentido a lo largo de esta cadena de
mejoras sucesivas— que en el análisis de las consecuencias lin­
güísticas. En el caso de los griegos hay que decir indudablemente
que han contribuido a hacer progresar la toma de conciencia de la
segunda articulación del lenguaje porque la naturaleza de su lengua
les había llevado a perfeccionar el alfabeto fenicio; y no que han
perfeccionado este alfabeto porque habían sabido proceder a este
análisis más fino de la segunda articulación. Uno de los puntos más
propios para hacer reflexionar a este respecto es la teoría de la
acrofonía, a la que Février concede mucha importancia Ujj Se tra­
ta del fenómeno por el que cada letra lleva un nombre (alpha,
beta, gamma, etc.) y por el que también la letra anota el sonido
inicial de su propio nombre: G = gamma. Por el hecho de que
en jónico el sonido H, cuyo nombre era het, se pronunciaba sin
aspiración inicial, el signo H ha podido convertirse automática­
mente en la letra que representa la e larga por acrofonía de trans­
posición. Se comprende cómo el azar de la naturaleza de las cosas
— aquí la fonética jonia— ha podido condicionar la notación de las
vocales. M . Lejeune corre el riesgo de inducir a error al escribir
que la adopción del alfabeto semítico por los griegos “ supone un
análisis muy exacto del sistema fonético de la lengua” m .

2. La descripción de la segunda articulación. — En todo caso,


esta toma de conciencia empírica de la segunda articulación sigue
manifestándose a través de la escritura, por ejemplo a partir de la
reforma jonia (anterior al siglo vn) gracias a la cual se utiliza la
letra H y se crea la letra Q para anotar [e] y [o] abiertas, distintas
de las vocales cerradas correspondientes. Desde Eurípides (480-
406) se conoce la distinción de las vocales y de las consonantes,

112 Gf. UEncyclopédie frangmse, I, i.° 46-2; Histoire de Vécriture,


pp. 180-181, Í90, 195» 197.
113 Art. cit., p. 45.
94 Historia de la lingüística

análisis acústico todavía no encontrado nunca en esta fecha en


Occidente. Platón, en el Cratilo (hacia el 386-385), da el siguiente
análisis acústico de las unidades de segunda articulación:
¿No debemos, pues, también ,nosotros distinguir primero las vo ­
cales; después, en el /esto, clasificar por especies los elementos
[ = unidades indescomponibles] que no connotan ni sonido ni rui­
do (las mudas) [ = las oclusivas] — así dicen los versados en estas
cuestiones— ; después pasar a los elementos que, sin ser vocales,
tampoco son, sin embargo, m udas...? 114.

En el F ilebo (18 be) y en el T eeteto (203 b) se encuentra la


misma doctrina con las vocales , las semivocales, llamadas también
medias [ = las continuas], que participan del ruido, pero no del so­
nido, y las mudas [las momentáneas].
En la Poética de Aristóteles (1456 b, 1457 a) el análisis foné­
tico se presenta del siguiente modo:
L a letra es un sonido indivisible, no uno cualquiera, sino aquel
que por su naturaleza entra en la formación de un sonido compues-
^ to; porque los animales también emiten sonidos indivisibles, pero
no doy a ninguno de ellos el nombre de letra. L a letra comprende
la vocal, la semivocal y la muda. Es vocal la letra que tiene un
sonido audible sin que haya aproximación de la lengua o de los
labios; es semivocal la letra que tiene un sonido audible, pero con
esta aproximación, por ejemplo la s y la r [ulteriormente, los gra­
máticos añadirán 1, m, n, z, ks, ps]; es muda la letra que, teniendo
esta aproximación, no tiene por sí misma ningún sonido, sino que
se hace audible acompañada de las letras que tienen un sonido, por
ejemplo la g y la d. Estas letras difieren según las formas que toma
la boca y según el lugar en que se producen, según que sean fuer­
tes o suaves, largas o breves, agudas, graves o intermedias; a los
especialistas en métrica es a quienes corresponde examinarlas en de­
talle. L a .sílaba es un sonido desprovisto de significación, compues­
to de una muda y una letra que tiene sonido; porque el sonido
gr sin a es una sílaba, como también lo es cuando se añade a ella
a y se forma, por ejemplo, graj pero aun en este caso el examen
de las diferencias corresponde a la métrica.

•*14 Crat., 424 c. d.


La Antigüedad 95

Esta fonética de los griegos no m erece el desprecio con el que


generalmente se la rechaza, oponiéndola a la de los hindúes. L a
idea de que es exclusivam ente acústica (y m uy im perfecta), en
tanto que la de Panini es articulatoria (y perfecta), es una sim pli­
ficación, com o se ve por la form ulación de Aristóteles sobre los
m odos y puntos de articulación. Es cierto que la descripción deja
bastante que desear: Platón, en el Crotilo, clasifica la s entre las
m udas; la división de estas mismas mudas en suaves (nuestras sor-
das)j medias (sonoras), densas (aspiradas), bastante notable, des­
cansa en definiciones acústicas som eras: emisión de aire débil, m o­
derada o intensa. L o que debe subrayarse, a la vista de los textos,
es que tal fonética habría podido constituir un punto de partida
no despreciable para investigaciones ulteriores. L o que tam bién se
ve claramente es que este estudio estaba fuertem ente ligado a una
práctica tanto en los griegos com o en los hindúes: estos conoce­
dores a los que rem ite Platón, estos especialistas evocados por A ris­
tóteles, es decir, los metricistas, los m úsicos, pero tam bién los “ es­
pecialistas” del arte de actor, los “ maestros de dicción” lls.

3. L a primera articulación. — L a gram ática hindú no igno­


raba las clases de palabras (nombres, verbos, partículas), pero se ha
ocupado sobre todo del análisis de la palabra en sus monemas. En
G recia se esboza la clasificación form al o funcional de las palabras
con la investigación y la elaboración de las “ partes de la oración” .
Platón distingue el nom bre y el verbo. Aristóteles 116 escribe que

la elocución entera se reduce a las siguientes partes: la letra, la


sílaba, la conjunción, el artículo, el nombre, el verbo.

Pero conjunción y artículo son aún nociones m uy ambiguas.


Para el nom bre y el verbo las definiciones son semánticas:

115 C f. Poét., 1456 b.


116 Poét,, 1456 b.
96 Historia de la lingüística

El nombre es un compuesto de sonidos significativo, sin idea de


tiempo, y ninguna de cuyas partes es significativa por sí misma;
porque en los nombres dobles no usamos las partes con su sentido
particular; por ejemplo, en TeQtforo, doro no es significativo.

El verbo
es un compuesto de sonidos significativo, con idea de tiempo, y
ninguna de cuyas partes es significativa por sí misma, como en los
nombres; pues “ hombre” y “blanco” no indican el momento, pero
en “camina” y “caminó” se une ai sentido la indicación del tiempo
presente por un lado, y por el otro la del tiempo pasado 117.

Aristóteles define también implícitamente, con caracteres a la


vez semánticos y formales, la noción de caso> en la que engloba la
expresión de las relaciones que llamamos género, número, decli­
nación, marcas verbales118.
Todas estas nociones las volverán a tomar ulteriormente los
estoicos y la escuela de Alejandría. Esta elaboración desembocará
en la primera gramática griega propiamente dicha: la de Dionisio
de Tracia (— 170 a — 90), que distingue ocho partes de la ora­
ción: artículo, nombre, pronombre, verbo, participio, adverbio,
preposición, conjunción; esta gramática se traducirá al armenio y
al siríaco, y pasará de aquí a los judíos y a los árabes.
Igualmente es Aristóteles el que pone las bases de un análisis
sintáctico con una teoría de la estructura de la frase, de dos polos:
sujeto y predicado. Será desarrollada por Apolonio Díscolo (si­
glo 11 d. C.).
La lingüística del siglo xix ha tenido que forjarse lentamente
por una reacción continua contra estas nociones de la antigua gra­
mática griega, transformadas en verdades metafísicas universales.
Esta polémica necesaria no debe sobrepasar su objetivo e impedir

117 Poét., 1457 a.


118 Ibid.
La Antigüedad 97
ver que este esfuerzo de análisis ha sido en su época una notable
invención lingüística.

4. La descripción de las lenguas. — El interés ya científico


dirigido por los griegos a su lenguaje acentúa por contraste su
falta casi total de curiosidad frente a las lenguas extranjeras. La
palabra bárbaros es elocuente: nacida por armonía imitativa para
indicar gritos de pájaros, aplicada luego peyorativamente a los que
no hablan el griego, evoca la actitud frecuente en los pueblos pri­
mitivos, para quienes únicamente su lengua merece el nombre de
tal, siendo comparadas las demás lenguas casi siempre con las
emisiones animales o patológicas119.
Incluso en Herodoto, tan curioso por todo, no hay nada que
recuerde el verdadero interés por la lengua de los países, cuyos
demás usos compara incesantemente con los de los griegos. En los
demás escritores sólo encontramos escasas menciones de términos
extranjeros, de los que Hesiquio (siglo v de nuestra era) ha formado
todo un léxico. La actividad comercial, de los colonos griegos, con
todos sus viajes, la presencia de tantos metecos en todas las ciu­
dades griegas, no aportan aquí sino breves indicaciones: la utili­
zación de un intérprete en el Agamenón de Esquilo, por ejemplo.
Y sin embargo, como subraya ,M. Lejeune, los oráculos respondían
en griego a gentes venidas de toda procedencia; y el nombre mis­
mo del intérprete en griego, ermeneús, invita a situar su origen
en los medios de vida religiosa, con la explicación de sueños y de
oráculos.

5. Problemas históricos, -r- Durante el período helenístico, a


partir del siglo m antes de nuestra era, los alejandrinos continuaron
la obra lingüística de sus predecesores. Steinthal llega a pensar que
antes de ellos no se puede hablar verdaderamente de gramática

119 Cf. el nombre de los alemanes en ruso: nemetz = mudo.


H. .DE LA LINGÜÍSTICA. — 7
98 Historia de la lingüística

griega ni en Platón120 ni incluso en Aristóteles, que mezcla siem­


pre las consideraciones lógicas con las lingüísticas121: en su Historia
de la lingüística entre los griegos, la primera parte se titula “ Los fi­
lósofos” , incluidos los estoicos; la segunda, que comienza con los
alejandrinos, es la única que se denomina “Los gramáticos” . Este
punto de vista no es completamente falso, aunque Sócrates, en el
Füebo, evoca ya el dios o el legislador inspirado que funda la téchne
grammatiké, el artede las letras, es decir, el arte de leer y de escribir,
de aprender la lengua122.
En el plano de la gramática, los alejandrinos (Aristarco de Sa-
motracia entre el — 215 y — 715 aproximadamente; Dionisio de
Tracia entre el 170 y el 90 aproximadamente) no han hecho, sin
embargo, sino desarrollar las indicaciones ya contenidas en Platón,
en Aristóteles, referentes a la clasificación de las letras, las partes
de la oración, el análisis de los casos, la estructura de la frase. La
parte más original de su propia obra es la fundación en Occi­
dente de la noción de filología. La toma de conciencia del en­
vejecimiento de la lengua de los antiguos poetas, en primer lugar
Homero, ha llevado a Zenodoto, Aristarco y sus discípulos al estu­
dio de las formas ilegibles en su época, de los arcaísmos, de las
diferencias dialectales, frente a la lengua griega común, la [koiné].
Han codificado la gramática propiamente dicha para resolver ante
todo problemas filológicos.

6. Problemas teóricosf '^- Los griegos se han apasionado en


dos momentos de su historia por dos problemas técnicos, uno de
los cuales debía continuar durante siglos. El más reciente, que
toma toda su amplitud en el siglo 1 de nuestra era, es el que se
resume en la disputa entre anomalistas y analogistas. Los primeros,
representados sobre todo por la escuela de Pérgamo, sorprendidos

120 S teinthal, I, 147.


121 Id., I, 283.
122 Phil., 18.
La Antigüedad 99
por las excepciones de toda clase que descubrían en todas las partes
dé la lengua, sostenían que ésta no obedece a verdaderas reglas, y
que en ella todo no es más que uso y arbitrariedad. Sus adversarios,
Aristarco y ios alejandrinos, sensibles al aspecto organizado de la
lengua, a la coherencia de sus categorías, no veían, por el contrario,
más que las reglas y tendían a reducir todo a las reglas.
Pero el problema, rico en porvenir, oponía a los que creían que
las palabras significan de modo necesario, por naturaleza (physei),
es decir, reflejan, ya por su origen expresivo, ya por su estructura
etimológica, la realidad que nombran (Platón, en el Cratilo, es su
más brillante representante), y los que sostenían que las palabras
significan por convención (thései), por acuerdo (ornólogia) o por
consenso (syndiké) entre los hombres (Aristóteles es su portavoz).
La historia del debate, la interpretación de las soluciones propues­
tas, son a menudo delicadas: no es seguro, por ejemplo, que Pla­
tón, en el Cratilo, sostenga sin ironía la tesis que expone. Pero el
interés histórico del problema es dudoso en el detalle de las solu­
ciones que proponían tales o cuales autores griegos — sería ocioso
tratar de demostrar que Aristóteles contiene ya íntegro a Saussu-
re. En este caso, el verdadero interés radica en que este tema del
pensamiento griego va a estimular de modo continuo la reflexión
sobre el lenguaje en los filósofos occidentales hasta Saussure, con
quien volverá a los lingüistas, tras haber enriquecido a los esco­
lásticos y Descartes, Leibniz, Locke y Condillac.

IX. LOS ROMANOS

i. Discípulos de los griegos. — Si Roma debe tener su capítulo


en la historia de la lingüística, se debe mucho menos a su produc­
ción que a su transmisión. No obstante, este reducido capítulo,
después del de los griegos, es tratado generalmente con detalle, y
sus hechos son bien conocidos. Por ello nos permitiremos ser aquí
iod Historia de la lingüistica

sucintos — ■como en los capítulos que siguen— ; sin omitir un


nombre propio, ni un hecho, ni una idea en todas las ocasiones en
las que, de Bréal a Leroy, los historiadores de la lingüística hayan
dicho ya lo esencial, se remitirá a ellos para el detalle o la anéc­
dota.

2. La segunda articulación.-— Los romanos aprenden el grie­


go, repiten y transcriben la enseñanza griega. No le añaden nada
en cuanto a la descripción de los sonidos del lenguaje.
En el terreno de la primera articulación, sus gramáticos son el
fundamento de toda nuestra enseñanza tradicional: Varrón (si­
glo i antes de nuestra era) en su De lingua latina, de la que nos
quedan unos seis libros de los 25 que la componían; Quintiliano
(siglo 1 de nuestra era), discípulo de Palemón, cuya D e institutione
oratoria contiene una breve gramática; Aelius Donatus — nuestro
Donato (siglo iv de nuestra era)— , maestro de San Jerónimo,
autor de un D e octo partibus orationis Ars minor, que proveerá
a todas las gramáticas europeas durante siglos, y será la primera
obra impresa en Francia, donde conocerá varios centenares de edi­
ciones; Prisciano (siglo vi de nuestra era), autor de Institutiones
grammaticae, no menos difundidas, en las que sigue a Apolonio
Díscolo.
Estas gramáticas, salidas todas de gramáticas griegas, no sacan
sin embargo ningún partido de las comparaciones que podían su­
gerir los parentescos entre griego y latín123. Macrobio (siglo v de
nuestra era), en su Tratado sobre las diferencias y concordancias de
los verbos griegos y latinos, señala desde la primera línea que
la naturaleza ha establecido la más estricta relación entre la lengua
griega y la lengua latina hasta él punto de que quien haya
aprendido los secretos de una,, casi sabrá ambas;

123 Cf. P edersen, q u e — reflejo en esto de su época— describe por


qué los latinos no han sacado de su frecuente trato con el griego la gra­
mática comparada subyacente a las dos lenguas, Discovery, pp. 3-4.
La Antigüedad 101

pero no saca de ello ninguna conclusión, salvo la observación de.


que los latinos no tienen artículo ni dual. El modo de proceder
latino, que va a dominar durante casi 2.000 años, consiste en la
voluntad de someter los hechos latinos a las reglas griegas. Quinti-
Iiano trata de buscar, y acaba por encontrarlo, un número dual en
latín, lo mismo que en griego; los gramáticos de Roma encuen­
tran un optativo en latín porque lo hay en griego. Como el latín
no tiene artículo, sólo habría 7 partes de la oración, en tanto que
el griego tiene 8; pero la interjección pasará a ser en latín una
parte de la oración, lo cual restablece el equilibrio, etc.

3. Varrón. — Es el gramático latino más original. Ya resuma


a los griegos, ya añada a su enseñanza su reflexión personal, se
observa frecuentemente en este polígrafo, discípulo de Aelius Stilo,
un gramático nato, notablemente sensible a la realidad lingüística.
Es cierto que lo que sobrevive de él, hasta los títulos periodísticos
de los puristas del siglo xx, es la codificación que da (en su obra
perdida D e sermone latino) de las reglas fundamentales de la
latinitas: apoyarse en la natura (de la lengua), en la analogía (es
decir, las reglas gramaticales), en la consuetudo (el uso), y en la
auctoritas (los buenos autores)*

porque pertenece a los poetas, escribe en otro lugar124 [..i], acos­


tumbrar los oídos del pueblo [a las reformas del buen lenguaje].

Pero hay observaciones sorprendentes, por ejemplo cuando plan­


tea — sin seguir siempre él mismo este precepto— que

para conocer el origen de las palabras primitivas, necesitamos co­


nocer la historia, porque este conocimiento no puede llegarnos más
que por la tradición125.

124 De lingual.., lib. IX.


Ibid.', VIII.
102 Historia de la lingüística

Observa muy agudamente, a propósito de lo que llamaríamos


el funcionamiento estructural del sistema de las declinaciones:

¿No se ve, en las casas en las que son muy numerosos los
servidores, a los esclavos recientemente adquiridos hacer pasar los
nombres dé sus compañeros por todos los casos oblicuos tan pron­
to como conocen el caso directo? 126.

Sostiene que estas mismas declinaciones son necesarias “ en


todas las lenguas”, pues “ el número de palabras excedería a la re­
tención de la memoria” 127, lo cual es percibir perfectamente el
papel del principio de economía. Clasifica (según Dión) las pala­
bras en cuatro especies formales: las que tienen casos, las que tie­
nen tiempos, las que tienen casos y tiempos, las que no tienen ni
casos ni tiemposm . Hace observaciones sobre el perfectum y el
infectum (guiadas aquéllas en verdad por el deseo de comprender
y de defender la análogia) que esperarán 2.000 años antes de ser
bien analizadas con el nombre de aspectos del verbo129. He aquí
lo que escribe (§. 96):

La analogía, se dice, no se observa en los tiempos de algunos


verbos, como legi [he leído], lego [leo], y legam [leeré], el primero
de los cuales pertenece al perfecto [perfectum] y los otros dos
al imperfecto [inchoatum]. Para hacer desaparecer este prejuicio,
basta con restablecer el orden en la clasificación de los tiempos de
este verbo, que presentará entonces una división completamente
conforme con la analogía, como discebam, disco, discam para los
tiempos imperfectos, y didiceram, didici, didicero para los tiempos
perfectos. Se ve que no son los verbos los que pecan contra la
analogía y qüe, si hay analogía, se debe al hecho de que confunden
a sabiendas los tres tiempos.

126 Ibid., VIH.


127 ibid., VIII.
128 Ibid., VIII.
129 Ibid., IX, §§ 95, 96, 97,. 98, 99, 100.
La Antigüedad 103

Más adelante, en § 100:

Además, se confunden los tiempos perfectos [perfecti] con los


tiempos imperfectos [infecti], poniendo en el mismo rango fui, sum,
ero. El perfecto fui está de acuerdo con la analogía en toda su
conjugación y en el parentesco que lo une con fueram y fuero. Los
tiempos imperfectos [infecti] ofrecen la misma regularidad: sum
[antiguamente esum], es, est; eram, erasj erat; ero, eris, erit. Clasi­
ficando de este modo los tiempos por su orden, se volverá a en­
contrar la analogía en todas partes.

4. Descripción de las lenguas. — Los romanos apenas tienen


más interés por las lenguas vivas que los griegos. Plauto, en su
Poenulus, incluye algunas líneas de pretendido cartaginés, que vale
lo que vale el turco del Bourgeois gentilhomme. Sabemos que Ovi­
dio ha escrito por casualidad, en honor de Augusto, un poema en
la lengua de los getos, que eran indoeuropeos; este poema, que
prueba que había tenido la idea de aprender el geto en la época
de su exilio al borde del mar Negro, se ha perdido. Aelius Stilo
se interesó por los dialectos itálicos, y es un caso raro. Sin em­
bargo, el mundo romano ha vivido, quizá en mayor medida que el
mundo griego, recurriendo a intérpretes en todas las ocasiones en
las que la administración lo requería. Sabemos que César tiene
constantemente tales intérpretes en la Galia, y que a veces los
aleja cuando se .trata de asuntos muy secretos. Nada de toda
esta experiencia pasa a la ciencia latina, a pesar de aquel dicho,
asombrosamente moderno, de Ennio (■ — 240 a — 170), que habría
encantado a Whorf: este poeta venerado de los romanos, que en­
señaba el griego y el latín, que sabía el oseo, hablando de la tra­
ducción afirmaba que, puesto que sabía tres lenguas, tenía tres al­
mas (tría corda habere).

5. Las lenguas y la historia. — L o que los latinos han pen­


sado acerca de la evolución de las lenguas tendría muy poco inte­
rés si no se viera aparecer en ello una especie de doctrina destinada
304 Historia de la lingüística

al mayor éxito hasta los albores del siglo xix, la de las lenguas puras
y de las lenguas “ mezcladas” .
Cuando, señala Pedersen, daban con un tipo de concordancia
entre griego y latín, que nosotros hemos aprendido a explicar ba­
sándonos en una lengua más antigua, extinguida desde hace tiempo,
y de la que habrían salido estas dos lenguas, no tenían otra solu­
ción que suponer un préstamo, o considerar una de las dos len­
guas como origen de la otra. De este modo, el latín pasó con fre­
cuencia por ser una forma corrompida del griego, y algunas obser­
vaciones superficiales dieron lugar a la suposición de que descendía
de un dialecto griego particular, el eolio, hablado en las zonas cos­
teras próximas a Troya, de donde la leyenda pretendía que Eneas,
el antepasado de los romanos, había salido130.

6. Teorías lingüísticas. — Los romanos nos han legado tam­


bién una de las tradiciones más arraigadas acerca del origen dél
lenguaje. Varrón, en su tratado, se oponía con un espíritu com­
pletamente moderno a este ahinco por investigar este primer ori­
gen, y subrayaba que “ encontrar las derivaciones correctas que re­
lacionan equitatus, equitesy eques con equus ” es ya “haber hecho
mucho por la ciencia” 131. Pero esta advertencia, llena de sabiduría,
pesaba menos — incluso sobre Varrón mismo— que la tradición
griega de las etimologías. No obstante, de Roma nos ha venido
— probablemente no a causa de su originalidad ni de su novedad,
sino a causa de su brillante formulación, de la autoridad filosófica
de su autor— una teoría materialista, naturalista, antiteológica so­
bre el origen del lenguaje: la de Lucrecio132. Y , durante 2.000 años,
cada vez que un espíritu libre ha querido romper lanzas contra la
tesis de la creación divina del lenguaje, y sobre todo contra las
formas dogmáticas de esta tesis, ha ido a apoyarse en la fianza, di­
fícil de desvalorizar, de este gran nombre.

130 Discovery, pp. 2-3.


«1 De lingua..., VII.
132 De natura rerum, v. 1.028-1.090, 1.444-1.448.
La Antigüedad 105

"BIBLIO G RAFÍA

I. LA PREHISTORIA Y EL LENGUAJE

No indicamos aquí más que una bibliografía limitada a las obras ci­
tadas en el texto y verdaderamente utilizadas. Esta bibliografía limitada
contiene siempre las obras esenciales para reconstruir una bibliografía más
completa. Cuando un título aparece en varios capítulos sucesivos, sólo
la primera vez se le describe completamente desde el punto de vista., bi­
bliográfico; luego se cita abreviado: tal título abreviado siempre remite,
pues, a la bibliografía de un capítulo 'anterior, en que se le encontrará
completo.
Emmanuel A n a ti, La civilisation du Val Camonica, Grenoble, Arthaud,
1960, 264 p. —H . A re n s, pp. 3-4. — Jean A r n a l, L es dolmens du dé-
partement de VHérault, París, Presses Universitaires de France, 1963,
col. “Préhistoire”, t. X V , 250 p. — E. B en ven iste, “ Communication aní­
male et langage humain”, Diogéne, 1, 1952, pp. 1-8. — Henri B e rr, Pró­
logo, ‘L a main et Poutil”, e n . VHumaráté préhistorique de Jacques de
M o rga n , col. “Évolution de l’Humanité” , París, Renaissance du Livre,
1921, pp. v-xix. — Rémy Chauvin, en Polarité du Symbole (volumen co­
lectivo), París, Desclée de Brouwer, 1960, 252 p. — G . B. S. H aldan e,
“ Rituel humain et communication anímale” , Diogéne, 4, 1953, pp. 77-93* —
Ph. G ram et, “Recherches acoustiques sur les corbeaux” , La nature, 2,
1959 , PP- 4 9 - 5 5 - — John A. K in g , “ T h e social behavior of prairie dogs” ,
Scientific American, 10, 1959, pp. 128-136. — E. L a ro ch e , “Problémes
de la linguistique asianique” , C .I.L ., n.° I X (1949), pp. 65-78. — Paul
L e b e l, Principes et méthodes d’ hydronymie frangaise, Dijon, Imprimerie
Bernigaud & Privat, 1956, xxxn-391 p. — Robert E. L e e s , “ T h e ba-
sis of glottochronology” , Language, X X I X ; 1953. — John L o t z , Reseña
del libro de von Frisch, en Word, V I I , 1951, pp. 66-67. — Jacqueline
M a n e ss y , “ L a civilisation védique d’aprés le R ig-Véda” , T .I.L ., 3 (1958),
pp. 57-94. — André L e r o i-G o u r h a n , Les religions de la préhistoire, Pa­
rís, Presses Universitaires de France, 1964, 154 p. — André L e r o i-G o u r -
han, L e geste et la parole, i.a parte: Technique et langage, París, A. M i-
chel, 1964, 323 p .; 2.a parte: L a mémoire et les rythmes, 1965, 285 p. —
Alfred M é tr a u x , “L es primitifs”, en Uécriture et la psychologie des peu-
110 Historia de la lingüística

lín, F . Dümmler, 2.a ed., 1890-1891 ( i.a ed., 1863), t. 1, xvi-374 p.;
L 2, xii-368 p. -é- T agliavini , Panorama, pp. 21731. — V. T homsen ,
Historia, caps. II y IV. — W hitney , Vie du langage, pp. 260-261.

IX. LOS ROMANOS

W . S. A llen , Andent Ideas.,, — A rens, pp. 28-29. — K ukenheim ,


pp. 12-13. — M. L ejeune, La curiosité linguistique..., pp. 53, 57-61. -M
L eroy , pp. 6-7. — P edersen , pp. 1-4. — S teinthal , Geschichte..., t. 1,
p. 343 s.j t. 2, pp. 130-159, 327 y s. — T homsen , caps. III y IV. —
V arrón, en la Collection des auteurs latins, bajo la dirección de Nisard,
París, Dubochet, 1850, pp. 477-596; ibid., sobre Macrobio, pp. 117-145. —
V arrón, De lingua latina, trad. de J. C ollart , París, Les Belles-Lettres,
1954, LVi-308 p. Varrón grammairien latín, por Jean C ollart, París,
L es Belles-Lettres, 1954, 375 p.
C a p ítu lo II

LA EDAD M E D IA

( s i g l o s iv - x iv )

i. La segunda articulación. — Durante el milenio medieval po­


dría esperarse comprobar progresos en este punto, debidos al juego
de factores históricos importantes. L a extensión del Cristianismo a
todo un continente determina numerosos hechos de evangelización
de pueblos paganos por misioneros extranjeros a estos pueblos.
Para ellos se traducen los textos fundamentales, partes de la Biblia
o la Biblia entera, en especial el Evangelio. Con bastante frecuencia
estos textos traducidos a lenguas hasta entonces sin escritura inci­
tan a crear alfabetos para estas lenguas. Otro tanto ocurre con ac­
tividades conexas, que concurren a hacer dirigir la atención sobre
problemas fónicos. Sin embargo, en el conjunto no se constata en
lo referente al análisis de los sonidos de las lenguas un verdadero
progreso cualitativo inmediato, que sería el beneficio visible de estas
actividades.
Nacen entonces alfabetos celtas y germánicos, el ogámico y el
rúnico, entre los siglos n y iv. Los problemas que plantean, refe­
rentes a la dirección de la escritura, la forma de los caracteres, sus
nombres, los préstamos probables de la escritura latina, son pro-
112 Historia de la lingüística

blemas específicos de historia de la escritura. Pero el orden de las


letras sugiere, al menos parcialmente, una especie de agrupación
fonética: en efecto, estos caracteres están divididos ordinariamente
por familias de 5 ó 6, cuya disposición no parece se deba total­
mente al azar. Para el alfabeto ogámico: b, l, v, s, n — d, f, c (k),
q — m, g, ng, z, f y - a , o} u} e, i.
La cuarta familia pone en evidencia la agrupación de las voca­
les. Pero Pedersen señala también órdenes notables:
u detrás de o, i detrás de e, t detrás de d, q detrás de c(k)
la labial b al comienzo de la primera división corresponde proba­
blemente a la labial m al comienzo de la tercera; s y n al final de
la primera, probablemente a z y r de la tercera1.

Por frágil que sea la conjetura, llama la atención. Para el alfa­


beto rúnico (que se llamaba el futhark, por el nombre de las seis
primeras letras):
/, «, p} a, r, k, g, w — hy n, i, j, E, p, z, s—
t, b3 e, u, l, ng, os d —

se han intentado conjeturas análogas: la más interesante en este


caso sería, sin duda, la consideración de los caracteres creados para
anotar sonidos propios de la lengua: la [£>], por ejemplo, o [th]
fuerte del inglés; o, como en rúnico, la identificación de ng (33),
que los fonetistas ingleses no perciben perfectamente hasta prin­
cipios del siglo xvn.
El obispo Wulfila (311-384), traductor de los Evangelios al gó­
tico, llega a crear (a partir del griego, y quizá completado por prés­
tamos rúnicos) un alfabeto, llamado gótico, para escribir esta len­
gua. En el siglo v, un mítico Mesrop realiza la misma operación
para el armenio. Entre los eslavos aparece, en el siglo ix, la escritura
llamada glagolítica, atribuida a los obispos Cirilo (827-869) y Me-
todio, tesalonicenses que conocían un dialecto eslavo hablado en las

Discovery, p. 233.
La Edad Media 113
cercanías de Salónica en su época, y que fueron a evangelizar la
Moravia en 864. La llamada escritura cirílica es otro nuevo uso
del alfabeto griego. También en este caso se han añadido caracteres
a los caracteres griegos básicos, para anotar los sonidos propios de
la lengua eslava. Estas adiciones representan en todas partes un
esfuerzo de observación y de reflexión necesaria sobre los sonidos
de las lenguas, reflexión de la cual son el único indicio en esta
época. Lo que es interesante señalar desde el punto de vista histó­
rico es el hecho de que Occidente, que recibe la evangelización a
través de la Iglesia católica romana, utiliza en todas partes los ca­
racteres latinos (incluida Polonia). En la Europa oriental, la evan­
gelización, ligada más estrechamente a las diversas lenguas por la
liturgia misma, suscita, por el contrario, alfabetos diferentes- para
las distintas lenguas.
Lo que acaba de decirse no es aplicable al mundo islámico.
Aquí, la rapidez misma con la que surgen en Bassora tratados com­
pletos de gramática árabe, a partir del siglo 11 de la hégira, ha he­
cho suponer algún- préstamo masivo de civilizaciones cuyos con­
ceptos gramaticales estaban ya muy elaborados: el griego y el hin­
dú. K . Vollers había señalado puntos de contacto entre la fonética
desde la primera generación de los gramáticos árabes (al-Halil, etc.)
y Panini. Aun cuando Brockelman haya abandonado este modo de
ver las cosas, el hecho de que esta fonética existe importa por sí
mismo. También en esta ocasión se percibe la insuficiencia del
punto de vista de la lingüística histórica. Para Fleisch, esencialmen­
te filólogo, “ dar cuenta de un hecho lingüístico” es reconstruir su
evolución2; pero los árabes no han tenido “ni idea de lo que po­
dría ser una gramática comparativa o histórica**d e la misma ma­
nera que “ ha faltado a los hindúes (en lingüística) la noción de
desarrollo histórico” 4. Estas justas observaciones llevan a pasar con

2 Introduction, p. 10.
3 Esquisse, p. 20.
4 Introduction, p. 9.
H. DE LA LINGÜÍSTICA. — 8
H4 Historia de la lingüística

demasiada ligereza por el siguiente hecho histórico, mucho más im­


portante : que desde el siglo vm de nuestra era, los gramáticos de
Bassora pensaban dar una descripción fonética de su lengua. Que
hayan elaborado espontáneamente una fonética digna de evocar ^
Panini, o que la hayan tomado de otros, es un problema; pero hay
que constatar, en primer lugar, que existe, y notable. He aquí el
texto de Abü Halim, que describe las 28 letras del alfabeto árabe:

Estas letras representan áreas y gradas...


El área dél ha, del ayri, del gain, del h'alíf hamzé, es la garganta.
...El área del qáf y del kaf es la úvula.
...El área del gim, del dad y del sin es la parte lateral de la
boca.

La descripción articulatoria continua:

de la punta de la lengua al borde de los dientes anteriores (sad, sin,


zá); del paladar, sobre el que viene a aplicarse la lengua (ta, dal, tá’);
de la encía (zá, dal, tá); de la parte lateral de la boca (rá’, lüm,
nüm); de los labios (fá\ bá’, mim); ’ alif, wáw, ya* son letras produ­
cidas por emisión de aire, cuya pronunciación, no lleva consigo ni
resonancia ni choque, porque salen sin ruido de la cavidad bucal5.

Indudablemente, en Europa no se podría observar un hecho


equivalente en toda la alta Edad Media. En el Edda de Snorri Stur-
luson (1179-1241) se puede encontrar una de sus primeras hue­
llas: uno de los tratados que se añadían a la obra, “ el primero y
más antiguo de éstos, es, bajo la forma de una propuesta de re­
forma de la ortografía, un excelente fragmento de fonética, una des­
cripción de la pronunciación del antiguo normando, que es hoy
sumamente instructivo para nosotros, decía ya Pedersen” 6. En
efecto, se trata de un caso, probablemente único, de precursor con
una antelación de casi mil años a su tiempo; para establecer y jus­

5 V ajda, pp. 115-116.


6 Discovery, p. 5. .
La Edad Media 115

tificar'su reforma de da ortografía, el autor, desconocido, inventa


literalmente los principios de la descripción fonológica: un sonido
sólo tiene realidad distintiva si sirve para oponer pares mínimos,
cuyo contexto fónico es, por otra parte, el mismo; y para verificar-,
esta función distintiva de un sonido es preciso que, al ser reempla­
zado por otro, haya cambio de sentido. Así construye el sistema
de las vocales islandesas de su tiempo oponiendo las orales a las
nasales,, y mostrando luego que todas ellas pueden todavía oponer­
se como breves a una nueva serie homologa de largas, 36 en total,
proporcionando en cada ocasión, para demostrarlo, 5 ó 10 pares
mínimos. Los daneses le conocían desde Rask, se celebraba su ex­
traordinaria siitileza fonética; analiza en especial la fg] como una
variante combinatoria de [n] ante [g]; lo que dice sobre los dip­
tongos eS único en su época. Pero Einar Haugen ha probado que
era aún mejor fonólogo que fonetista en su tratamiento de las ge­
minadas, de la [h], de la [g], en las cuales no comete el error de
tomar los alófonos como fonemas distintos. Su ejemplo es asom­
broso para el historiador, porque hace reflexionar sobre los' pro­
blemas del descubrimiento o de la invención, que únicamente pue­
den producir impacto cuando se integran en las necesidades de la
época, por una parte, y cuando se integran en un cuerpo de doc­
trina con valor operatorio. Un descubrimiento aislado, como éste,
sólo se percibe en su plena significación * dentro del sistema de
pensamiento creado por la lingüística actual.

2. La primera articulación.jjÉ| La descripción gramatical en la


Edad Media, y durante siglos, se limita solamente al latín. Se re­
pite a Dionisio de Tracia, Donato, Prisciano. Los gramáticos son
numerosos y conocidos en toda la cristiandad: Isidoro de Sevilla
(siglo vi) es, como Donato, citado en todas partes. Probablemente,
el más difundido es, después de P. Hélie, que había resumido la
gramática latina en hexámetros (1150), Alexandre de Villed!eu (si-
glo xil), cuya Doctrínale puerorum es un tratado de gramática la­
Historia de la lingüística

tina en verso, reeditada centenares de veces hasta finales del si­


glo xv.
Las gramáticas dedicadas a las lenguas europeas aparecen tar­
díamente, consecuencia de la actitud desdeñosa de los clérigos a
este respecto. Hasta el siglo xvi, e incluso después, sólo se consi­
deraba al latín con derecho a la denominación de lengua (el griego
durante mucho tiempo sólo se conoce de oídas; es ignorado prác­
ticamente hasta principios del siglo xiv, excepto en Irlanda). Étien-
ne Dolet dirá todavía en 1540, a propósito de las lenguas de Eu­
ropa, que son

lenguas no reducidas a arte [...], no reducidas aún a arte seguro y


válido

(arte es aquí el Ars, esto es, exactamente la gramática), por opo­


sición al latín, cuyas reglas estaban elaboradas y fijadas desde hacía
más de un milenio. Por otra parte, durante toda la Edad Media,
grammatica es sinónimo de latín clásico. Es el sentido que tiene,
por ejemplo, en Dante en este pasaje típico del Convivio:
Habiendo oído, además, que Cicerón había escrito igualmente
un libro en el que, al tratar de la amistad, había dicho algo sobre
la consolación de Lelius [...] me puse a leerlo también; y aunque
me. haya sido difícil penetrar su sentido al principio, acabé por
conseguirlo en la medida que me lo permitían las nociones que
había adquirido del arte de la gramática 7.

Todavía en el siglo xvm el abad Gédoyn puede escribir:


Traducir es poner en lengua vulgar un autor antiguo, ya griego,
ya latino.

Las demás lenguas todavía no han adquirido en esta época por


completo la ilustración ni la fuerza suficiente para denotar un arte;

g Ibid., II, 13.


La Edad Media lij

son idiomas más débiles, según la expresión usada a menudo: sólo


son vulgares.
La gramática más antigua dedicada a uno de estos idiomas vul­
gares de Europa proviene de Irlanda, donde entre los siglos v y v n
se había desarrollado una civilización cristiana brillante, original,
bastante independiente. Es el Auraicept na n-Éces, cuyo autor, Cenn
Faelad, murió en 679. El libro debe mucho a Donato y a Prisciano,
a quienes cita, y a Virgilio Marón; y más aún a Isidoro de Sevilla
(muerto en 636), a quien no cita. Cuando no sigue a los gramá­
ticos latinos, el autor añade de su cosecha esas glosas medievales
llenas de interpretaciones etimológicas que se encuentran en esta
época por todas partes, incluso en Dante. He aquí su definición de
las consonantes (en la traducción de Calder):
Consonants, i. e. beautiful sounds, i. e. bright sounds; or con
sonants, from the word consonantes, sounding together, i. e. they
sound along with vowelsj or consonants, i. e. delicate their sounds,
L e . scantily sounding owing to the smallness of its sound itself8.

El autor habla, sin embargo, del fenómeno de atenuación pro­


pio de las lenguas célticas9 y da un cuadro de la declinación ir­
landesa 10.
En Inglaterra, Aelfric (nacido hacia el 955, muerto hacia él
1025), abad de Eynsham, que fue llamado el Gramático, saca de
las Institutiones grammaticae de Prisciano una gramática latina para
la formación de sus monjes. L e añade un glosario latino-sajón, pu­
ramente utilitario, que difícilmente puede testimoniar su interés
por la lengua sajona en sí misma.
E l Edda de Snorri Sturluson (1179-1241 aproximadamente),
escrito hada el 1222, contiene, junto al Primer tratado de gramá­
tica ya citado, otros tres, probablemente posteriores a Snorri mis-

? Ibid.y p. 29.
9 Ibid., p. 99.
10 Ibid., pp. 137-139.
n8 Historia de la lingüística

mo, tratados más o menos gramaticales y estilísticos. Uno de ellos


contiene recopilaciones originales de todos los epítetos, atributos,
metáforas, perífrasis, ligados ya a los doce dioses, ya a las palabras
más usadas de la poesía irlandesa, clasificados por orden alfabético.
Lo citamos aquí menos por ver en él una intención estadística
(que, no es necesario decirlo, está ausente) que por ilustrar cuán
diversos pueden ser históricamente los orígenes prácticos de acti­
vidades que en uno u'otro momento se convertirán en actividades
lingüísticas teóricas. Aquí se trata de un catálogo de fórmulas para
el uso de los aprendices de poetas.
Pierre Hélie había subrayado ya, a mediados del siglo xn, la
utilidad de escribir una gramática del francés. Pero la primera
gramática' francesa no es tampoco Uaprise de la langue frangoise
(siglo xiv) de Walter de Bibbesworth, pues es un Nomínale — una
lista de palabras y frases para extranjeros— y no una gramática.
Igualmente es difícil dar este título a las Leys d'amor (redacciones
sucesivas de 1323 a 1356), porque lo que describen no es la gra­
mática de la lengua francesa, sino la de la lengua d’oc. Como ve­
remos, es fuera de Francia donde surgen las primeras gramáticas
de la lengua francesa, y después de finales del siglo xiv.

3. La descripción de las lenguas. — No había ninguna razón


que impulsara a prestar más atención a los idiomas vulgares extran­
jeros de la que se prestaba al propio idioma vulgar, excepto en si­
tuaciones de bilingüismo, como la que describe Annie Owen en
su introducción a Gautier de Bibbesworth. (La única excepción en
este plano es el estímulo que las Cruzadas, y posteriormente el
deseo de convertir a los infieles, aportan al estudio práctico del
árabe, del siríaco, del hebreo. La vida de Raimundo Lulio es ins­
tructiva a este respecto.)
El único hecho notable aquí es el interés prestado por Dante
a los dialectos itálicos en su tratado inacabado De vulgari eloquen-
tia (i304?-i308?). Se encuentra en él una caracterización de los
La Edad Media 119

14 dialectos itálicos, delimitados como lo están hoy todavía, y dis­


tinguidos someramente. Decir que estas lenguas vulgares “ se con­
vierten aquí en objeto de estudio científico”, como frecuentemente
lo hace la historia de la literatura italiana, es probablemente exa­
gerado. Efectivamente, Dante no estudia estos dialectos más que
para rechazarlos todos, incluido el toscano, como no capaces de dar
la lengua italiana común a la que aspira: aquel “idioma vulgar
ilustre”, “ cardenalicio, áulico, y curial” que como el latín merece­
ría tratar las grandes cuestiones, el amor, las armas y la virtud. La
solución es completamente errónea: aquel idioma vulgar ilustre
(que identificaba precisamente con la lengua de los poetas sicilia­
nos, boloñeses y florentinos de los siglos x ii y xm , incluido él
mismo) se ha formado, según él, no a partir del toscano — lo cual
sería verdad sobre todo para él— , sino, como una especie de
Mischsprache literaria, sobre la báse de formas nobles comunes a
todos los dialectos regionales usados por los mejores poetas. Ya
en el Convivio (1304-1307 aproximadamente) consideraba este idio­
ma “ vulgar ilustre” como organizado ya gramaticalmente quasi
come per esso latino. Solamente hoy el De vulgari eloquentia es
para nosotros una fuente para el estudio científico de los dialectos
italianos del siglo xiv.

4. Las lenguas y la historia.— 'Sería sorprendente que, du­


rante todo este milenio, ningún clérigo hubiera tomado conciencia,
de uno u otro modo, del hecho de que las lenguas evolucionan, y
de que esta evolución plantea problemas. Sin embargo, son escasas
estas tomas de conciencia; y, además, en este caso hay que preca­
verse de querer modernizarlas demasiado: su verdadero interés
consiste en percibir un hecho, cualquiera sea el punto de vista
(frecuentemente muy ajeno al nuestro, e incluso a la observaciórl
científica) desde el que lo perciben y señalan. Ningún hecho des­
crito se ha perdido nunca por completo; cada uno puede tener
su carrera ulterior en la atención de los hombres. En este sentido
120 Historia de la lingüística

es siempre útil subrayar — por ejemplo para Dante— que un hom­


bre ha sabido ver, erf una u otra fecha, un hecho al que así
abría más o menos el porvenir. En este caso, por ejemplo, un abad
francés del siglo ix se da cuenta de las diferencias entre latín cice­
roniano literario y latín de Iglesia (pero, lejos de verse llevado a
algo parecido a un sentimiento filológico, concluía que, en caso de
desacuerdo entre el Donato y la Escritura en cuestión de lengua,
había que referirse a esta última). Así, por ejemplo, el autor del
primer tratado del Edda de Snorri — que es probablemente Hallr
Teitsson (1085-1150)— ha escrito esta simple frase, a propósito del
inglés y del islandés, únicamente para justificar su reforma de la
ortografía mediante el ejemplo de la ortografía en caracteres la­
tinos:
Since wé are of one tongue with them [los ingleses] even thougb
one of our languages has been greatly changed or both of them
somewhat11.

Probablemente hay en el Edda de Snorri un trabajo más pro­


piamente filológico, por rudimentario que sea, puesto que la per­
cepción del envejecimiento de la lengua islandesa lleva a tratados
o fragmentos de tratados dedicados a la explicación de todas las
palabras o formas que se han hecho arcaicas.
Toda la gramática árabe, en cierto sentido, es igualmente un
esfuerzo filológico, puesto que parte de la voluntad de fijar la
lengua exacta del Corán; de donde surgen muy pronto, desde el
siglo 11 de la hégira, los trabajos de las escuelas de Kufah y de
Bassora, las investigaciones para recoger la poesía beduina del de­
sierto, para aclarar todo lo que ya estaba anticuado o alterado. Ac­
titud cuya contrapartida es el escaso interés prestado a las formas
pronto multiplicadas del árabe dialectal: en este aspecto, el árabe
clásico ha quedado hasta el siglo xx más o menos en la situación

11 H aúS en, p. 12.


La Edad Media 12t
de un latín cuyos dialectos vulgares no se hubieran convertido
nunca en lenguas nacionales escritas.
El sentimiento de que las lenguas tienen una historia, senti­
miento que no existe prácticamente en su forma filológica (excepto
para las lenguas muertas), no existe tampoco en forma compara-
lista, aun embrionaria. No se ha comprobado que se perciba ver­
daderamente el parentesco de las lenguas romances. Dante es ex­
cepcional también en esto; atribuye al italiano, al español y al
provenzal un origen común en su De vulgari eloquentia, pero afir­
ma que el provenzal es la lengua madre. Está tan lejos de prefi­
gurar aquí el comparatismo, aun el más intuitivo, que hace del
latín en este aspecto una especie de creación artificial, cuasi de
esperanto literario, creado con toda clase de piezas para luchar
contra la confusión de las lenguas.
Paralela a la concepción judía y cristiana, que desemboca, por
razones teológicas, en la teoría del hebraísmo primitivo (sobre la
que volveremos), se encuentra en los gramáticos árabes la idea de
que su lengua es la lengua madre de todas las demás, puesto que
es la lengua del paraíso terrenal, y la lengua misma de Allah12.
La creación del mundo ha tenido lugar en dos tiempos. En primer
lugar, Allah ha creado el alfabeto letra por letra; y entonces, cada
letra sólo existía en sí misma. Después, Allah ha reunido las letras
en grupos de cuatro o cinco, formando cada vez un nombre cuya
proliferación creaba la cosa correspondiente: “reunidas, las letras
indican por su conjunto algo diferente de sí mismas”, pues “no
reúne ni compone nunca letras a no ser para expresar un senti­
do” 13. Hay también demostraciones fonéticas de esta primacía del
árabe: su alfabeto es perfecto porque “no falta ninguna letra [...],
no tiene ninguna letra superflua” 14.

« Ver H. F leisch, Irttrod., p. n .


2* Abu H álim , citado por V ajd a , p. 12 1.
1* Id., ibid., pp. 1x4-115.
122 Historia de la lingüistica
5. Las teorías lingüísticas. — A pesar de todo lo restrictivo
que acabamos de decir, la Edad Media ha reflexionado mucho sobre
el lenguaje — pero en función de la lógica, que conoce entonces un
notable desarrollo— . La escolástica se preocupa esencialmente de
las relaciones entre lenguaje y pensamiento. El debate que domina
la época a este respecto es el de los realistas y los nominalistas,
que renueva el antiguo conflicto griego entre aquellos para quienes
el lenguaje era physei y aquellos para quienes era ihései. Para los
realistas, que parten de Platón y San Agustín, las palabras son ma­
nifestaciones concretas de las Ideas: hay una relación intrínseca
entre la idea y la palabra. Para los nominalistas, que proceden de
Aristóteles (y más tarde de Santo Tomás), las ideas sólo tienen
realidad en el espíritu humano, las palabras no son las cosas, ni los
gérmenes de las cosas, sino que únicamente son nombres; y los
nombres sólo son tales por convención, tesis que nunca caerá en
desuso entre los lógicos, hasta el día en que Saussure la recoja.
Los realistas están representados por Duns Scoto; los nominalistas,
por Roscelino, Abelardo, Tomás de Aquino, Guillermo de Occam.
Estos conflictos filosóficos entre lógicos dan nacimiento o con­
sistencia a otras tesis que atravesarán los siglos. Aquella, expresada
por Roger Bacon, de que
la gramática es sustancialmente la misma en todas las lenguas, aun­
que experimente variaciones accidentales,

pasará de la Escolástica a Port-Royal en el siglo xvm y sobrevivirá*


incluso mucho tiempo en las tentativas de gramática general, hasta
los albores del siglo xx. La del verbo sustantivo o cópula, presente
en toda frase, porque toda frase sobreentiende un juicio: Petrus
amat — Petrus est amans, tesis que será la piedra angular de las
construcciones de Port-Royal. Es también la época en la que cada
autor escribe su Grammatica speculativa o su D e modis significando
verdaderos tratados de semántica, cuya sorprendente modernidad
(como, por ejemplo, la diferencia entre uso y mención del signo,
La Edad Media 123

es decir entre su función lingüística y su función metalingüística)


se aprecia hoy más de una vez — tras siglos de ironías— . La época
de Raimundo Lulio, inventor de una especie de semántica combi­
natoria (a menos que la saque de la zairja de Ibn Khaldún) que
debía salir a la luz en la Característica universal de Leibniz, y de
la cual son herederos hoy los especialistas de la automática docu­
mental. Queda por hacer tanto el estudio de Raimundo Lulio mis­
mo como el inventario de la Escolástica entre los siglos xi y xiv
desde el punto de vista lingüístico.

B IB L IO G R A F ÍA

A rens , pp. 30-46. — Amaldez y Massignon, en T aton , Histoire ge­


nérale des sdences, t. || pp. 430-470. — A . G . B rodeur, The Prose Edda
by Snorri Sturluson, Londres, Oxford University Press, 3.a ed., 1929.
(i.a ed., 1916), xxn-266 p. — G . C alder , Auraicept na n-Eces, Edim­
burgo, John Grant, 1917, LVi-374 p. — H . F l eisch , Introduction á Vétude
des langues sémitiques, París, A. Maisonneuve, 1947, 147 p. — H . F l eisch ,
“ Esquisse d’un historique de la grammaire arabe” , Arábica, IV, 1 (1957),
pp. 1-22. -j-, vE. G ilso n , La philosophie au Moyen Age, París, Payot,
2.a ed., revisada y aumentada, 1962 (i.a ed., 1922), pp. 401-411 y pas-
sim. — • Einar H augen , First Grammatical Treatise. The Earliest Germanic
Phonology, Language Monograph 25, Supl. a Language, vol. 26, núm. 4
(1950), 64 p., Kukenheim, pp. 14-16. — L . K ukenheim , Contríbution a
Vhistoire de la grammaire grecque, latine et hébrdique á l’époque de la
Renaissance, Leyde, Brill, 1951, x-143 p. — L eroy , pp. 7-8. — Armand
L linarés , Raymond Lulle, philosophe de l’action, París-, Presses Univer­
sitaires de France, 1963, pp. 73-127 y 181-234. — P.-H. M allet , Histoire
de Dannemarc, Ginebra, Barde, Mauget & C .a,’ 1787, t. 2 (3.a ed., revisa­
da, corregida y considerablemente aumentada, 333 p.) [sobre el Edda de
Snorri]. — Annie O wen , Le traite de W. de Bibbesworth sur la langue
jrangaise, París, Presses Universitaires de France, 1929, 200 p. — P edersen ,
pp. 4-5 y passim. — R. H. R obins , Ancient and Medioeval grammatical
Theory in Europe, etc., Londres, 1951. — T agliavini , Panorama (sobre
los árabes), pp. 31-34 y 35-42. — T homsen , cap. V . — G . V ajda, “Les
lettres et les sons de la langue arabe d’aprés Abü Halim al Rázi”, Ará­
bico, V III, 2 C1961), pp. 113-130.
Capítulo III

LOS TIEMPOS MODERNOS

I. EL HUMANISMO Y EL RENACIMIENTO

(siglos X V y XVI)

i. La segunda articulación.— En el siglo xv, en general, em­


pieza a distinguirse mejor de la letra escrita el sonido que la ma­
nifiesta fónicamente. En principio, no habría debido perderse nun­
ca esta distinción, porque griegos y latinos separaban perfectamente
stoicheion y gramma, elementum y litera; después de ellos, los es­
colásticos señalaban siempre los tres atributos de la letra: nomen,
figura y potestas. Pero en la misma época la evolución de estas
nociones parece indicar una confusión creciente entre letra y soni­
do, una obnubilación del sonido por la letra, ya observada por
Prisciano, que señala cómo se dice abusivamente elemento por le­
tra, y letra por elemento. A partir del siglo xv, el progreso parece
que se debe esencialmente a estímulos prácticos. La disposición
de Luis XII en 1510, que hace del francés la lengua de todos los
procedimientos criminales, y la de Villers-Cotterets (1539), que
hace del francés la lengua de toda la administración real, .incluido
él estado civil, eran otras tantas incitaciones para enseñar la gramá­
tica. Por otra parte, el desarrollo de los contactos internacionales
Los Tiempos Modernos 125

llevaba a hacer diccionarios y manuales para las lenguas extran­


jeras. Finalmente, toda la agitación teológica que lleva a la Re­
forma provoca un estudio cada vez mayor del hebreo, del arameo,
del siríaco. Por su parte, la extensión de la imprenta planteaba el
problema de las grafías. Todo ello contribuía a hacer tomar con­
ciencia de los hechos fónicos como tales.
Una obra de Percyvall enseña el español a los ingleses, en tanto
que A. Berkley (o Barclay) les da The introductorie to writte and
pronounce frenche (1521); John Palsgrave, su Esclarcissement de
la langue frangoyse (1530), al parecer la primera gramática francesa,
precedida, sin embargo, por Güe du Wés o Du Guez o Dewes
(1527). Cl. de Sainlien publica en Londres (1580) su De pronun-
tiatione linguae gdlicae; Théodore de Béze, en Ginebra (1584), su
De Francicae linguae rectae pronunciatione tractatus. Las gramá­
ticas abundan: gramáticas francesas en latín, escritas así frecuente­
mente para que los extranjeros puedan servirse de ellas, dice ex*
presamente Jacques Dubois: como la del mismo Dubois (París,
1531), las de Jean Gamier (Marburgo, 1558), de Robert Estienne
(París, 1558), de Jean Pillot (París, 1561), de Antoine Cauchie
(1570), etc.; después en francés, como las de Meygret (1550), Ro­
bert Estienne (1557), Ramus (1562); primera Gramática castella­
na de Antonio de Nebrija (o Lebrixa); primera Gramática da Un-
guagem portuguesa (1536) de Fem. de Oliveira, notable por su
fonética; gramática florentina de Giambullari, Della Lingua che
si parla e si scrive a Firenze (1551), medio siglo posterior a la
primera: L e rególe della lingua florentina (hacia 1495), que es
probablemente de Lorenzo el Magnífico; gramática española (1597)
en francés de César Oudin, secretario intérprete del rey para las
lenguas extranjeras a partir de 1587. Sólo, en Francia las disputas
sobre la ortografía provocan las obras de Meygret de Lyon (1542),
de Guillaume des Aütels, Bourguignon (1548), de Peletier du Mans
(1550), de Ramus (1562), de Jean Antoine de Baif (1574), de
Honorat Rambaud, maestro de escuela en Marsella (1578). Los es-
126 Historia de la lingüistica

pañoles tienen a Nebrija; los italianos, al Trissino. En Inglaterra,j


John Cheke y Th. Smith, que luchan por una reforma de la |
pronunciación del griego antiguo (disputa de los elacistas y los!
itacistas), se interesan también por una reforma estrictamente foné-1
tica de la ortografía inglesa; lo mismo que W. Bullokar, en su i
Book at large for the Amendment of Ortkograpkie for Englishi
Speech (15-80), precedido por John Hart (1551). Entretanto, T i-|
mothy Bright plantea los mismos problemas a partir de la invención!
de la taquigrafía. Es un extraordinario hormigueo de proposiciones.’•]
La preocupación por “fer qadrer lé letres et Técriture ao voes e i
a la prononciation”, por “remettre chaqué letre en sa vraye puis*l
sanee” [potestas], por hacer de la escritura un “assemblement dél
lettres convenantes ao bátiment des voes” (Meygret), lleva a buscar!
no sin numerosas inconsecuencias en un mismo autor, un alfabeto]
figurativo de la palabra: “L ’écriture, dice Meygret, devra estrej
d’autant de lettres que la prononciation requiert de voes” . En ell
alfabeto de Rambaud, todos los símbolos gráficos son nuevos; Ba'iq
crea grafías distintas para [1], [n], [u]; Meygret y Peletier supri­
man las letras etimológicas, que el primero llama “ ociosas” ; RaJ
mus, después de otros, ya propone suprimir q e y, distinguir por la]
grafía i y j (como Meygret), u y v; Meygret, además, introduce la]
tilde para ñ==gn, también la cedilla española (que toma proba-]
blemente de Geofroy Tory, impresor); Meygret, que se preocupa
de clasificar las letras “ según su afinidad” — sigue, en esto la clasij
ficación de los griegos—- siempre da las series siguientes: a, é, eí
i, o, ou, u — b, p3 ph, /, v — cs k, q, gs ch dura — d, t, th — s, f l
z, ch dulce — i, 11, m, n, gn, r — js x, cs, ks, gs. Gile Dewes usaba
ya los acentos (pero suscritos) para distinguir e, é, e, que Palsgrave
Dubois y Ramus distinguen también; además, Ramus propone cá|
racteres simples para los sonidos simples anotados au, eu, oü. En
Italia, a partir de 1524, en una carta al papa Clemente VHj
Trissino proponía grafías distintas para la i y u vocales, i y u con­
sonantes; para o abierta y o cerrada [o y cd], e abierta y e cerrad!
Los Tiempos Modernos 127

[e y e], para g ante i y e (9); para gl [1 mojada] propone Ij; para


ch de chiaro escribe Maro. El problema de los diptongos es exa­
minado detenidamente por todo el mundo. Meygret trata de ano­
tar el acento tónico, en tanto que Baif, con un amigo músico, se
esfuerza por analizar la cantidad en francés. Todo esto deja la im­
presión de una actividad sin duda confusionista, pero muy abun­
dante, en atención a los sonidos, en observaciones concretas, y cuyo
inventario no se ha hecho aún desdé el punto de vista de. la lin­
güística actual. Se trata, sin embargo, solamente de premisas para
una verdadera toma de conciencia de los problemas fonéticos, ex­
cepto en lo que se puede considerar como el primer tratado de su
tipo, el del danés Jacques Matthias (1538-1586), De literis libri
duo} Bále, 1586, a quien Ed. Sievers ha denominado “el primer
fonetista de los tiempos modernos” ; al lado probablemente de
Joan Dafydd Rnys, galés, cuya De Itálica pronunciatione contiene
análisis de sonidos italianos puestos en paralelismo con los de otras
lenguas europeas.

2. La primera articulación. — El desarrollo de las gramáticas


no lleva, ni con mucho, a resultados tan innovadores. Se analizan
las partes de la oración a la vez según Aristóteles y según Varrón,
o bien según los gramáticos latinos medievales, que les hacen eco
a aquéllos. (Se nota muy bien la presión que ejercen los gramá­
ticos latinos por el hecho de que los gramáticos humanísticos, has­
ta H. Estienne, no reconocían el artículo como una parte de la
oración, ya que no existe en latín; pero los prácticos, como
Palsgrave, lo reconocían, así como los que han hecho gramáticas
griegas: Nebrija, H. Estienne, etc.). Meygret, del que precisamen­
te se ha dicho que su Tretté de la grammére jrangoeze (1550) con­
tiene ya toda la gramática francesa tradicional ulterior, define el
verbo de un modo a la vez formal y semántico, por un desarrollo
de la fórmula aristotélica: “ Una parte del lenguaje que significa
acción o pasión, con tiempos y modos” . Ve bien que el sustantivo
128 Historia de la lingüistica

francés de su tiempo no tiene ya flexión casual; pero sitúa du y


¿les entre las preposiciones como casi todos los gramáticos france­
ses, excepto Palsgrave. Su sintaxis, completamente nueva, estudia
las reglas de concordancia y el uso de los auxiliares (algunos otros
empiezan por unir aquí a veces el lugar de los adjetivos y de los
pronombres átonos). Puede decirse, todo lo más, que manifiesta,
con los gramáticos de su siglo, hasta qué punto la gramática de
Port-Royal no ha surgido completamente armada de las mentes
cartesianas de Nicole y Lancelot (éste, por otra parte, rinde ho­
menaje a Ramus en el prólogo a su Méthode grecque).

3. La descripción de las lenguas. — Ciertamente se viajaba


antes del siglo xvi, pero el desarrollo de los viajes pone entonces en
contacto a más gente con mayor número de lenguas nuevas. Bus-
becq y Guillaume Postel estuvieron en Constantinopla. Después
de Francisco Javier, los jesuitas se instalan en China, en el Japón.
El P. Thévet llega hasta el Río de la Plata; Moscovia comienza a ser
conocida por los ingleses y por los holandeses. Boris Godunov en­
vía estudiantes a París, etc. Se describen estos viajes, se aprenden
estas lenguas nuevas, se las escribe (aun cuando no esté publicado
todo, como las cartas de Sassetti, que desde Goa señala ciertas co­
rrespondencias entre italiano y sánscrito, 1583-1588); Guillaume
Postel hace una gramática árabe. E l P . Thévet proporciona infor­
mes sobre las lenguas del Brasil, el charrúa, el waitáka; traduce y
transcribe en lengua tupí el Credo* el Padrenuestro, el Avemaria,
en su Cosmografía universal (París, 1571). E l flamenco Busbecq
registra cuidadosamente restos vivos del gótico en Crimea (1589).
Es el siglo de los diccionarios políglotas. El Dictionaríum de Am-
brogio Calepino (Reggio, 1502), que los Aldos reimprimieron 18
veces entre 1542 y 1592, tiene siete lenguas; la edición de Lyon
(1586) eleva a 10 este número; la de Bale (1590), a u , con el
húngaro y el polaco. Conrad Gessner había dado ya el Mithridafes,
sive de differentis linguarum, etc. (Zürich, 1555), en el que la tra­
Los Tiempos Modernos 129

ducción del Padrenuestro servía también de espécimen lingüístico,


y cuyo título se iba a convertir durante unos tres siglos en un
nombre común para estas compilaciones políglotas. Antes que él,
G. Postel testimoniaba a su modo esta nueva necesidad de explo­
rar las lenguas por su descripción comparada de los doce alfabetos:
Linguarum XII characteribus differentium álphábetum introductio
ac legendi methodus (París, 1538). Por su parte, T . Bright, en su
Characterie, era el primero que publicaba caracteres chinos, busca­
ba clasificaciones semánticas e ideográficas, cuya idea le había sido
sugerida por las claves del chino. Puede decirse que ha surgido
un movimiento de curiosidad lingüística que ya no se detendrá.

4. Puntos de vista históricos. — La idea dominante en este


campo es más que nunca la tesis teológica de la monogénesis del
lenguaje a partir del hebreo lengua madre. El desarrollo, entonces
considerable, de los estudios hebreos (todos los grandes filólogos,
Lefévre, d’Étaples, Bibliander, /ítfebrija, Calepin, Postel, Dubois,
Goropius, Gessner, etc., conocen el hebreo) impulsa a buscar prue­
bas de esta filiación mediante parentescos de vocabulario. La obra
clásica en la materia es el De Originibus seu de Hebraicae linguae
et gentis antiquitate3 atque variarum linguarum ajfinitate, de G.
Postel (París, 1538), seguido por el De ratione communi omnium
linguarum et litterarum commentarius de Bibliander (Zürich, 1548),
en el que son referidas al hebreo doce lenguas.
Pero la agitación filológica humanística lleva a otras hipótesis.
Algunas son aberraciones individuales: la de Giambullari que trata
de demostrar que el florentino proviene del etrusco, del hebreo, y
del caldeo (arameo), sobre todo para rebatir a los que pretenden
que el florentino es latín degenerado (II Gello, 1546). O la de
Goropius (van Gorp) de Amberes, que sostiene que la lengua de
Adán era el teutónico, es decir, el flamenco (Origines Antwerpianae,
1569). El culto asiduo de la antigüedad grecorromana induce a de­
mostrar que el francés, por ejemplo, debe haber salido del griego,
H. DE LA LINGÜÍSTICA. — 9
130 Historia de la lingüística

lengua perfecta. Joachim Périon trata del parentesco (cognatio) de


las dos lenguas í. Pero H. Estienne en su Traité de la conjormité du
frangais avec le grec (1569) manifiesta que a veces se trata menos
de parentesco genético, en el sentido moderno de la lingüística his­
tórica, que de afinidad, de conformidad; es decir, de la promoción
del francés vulgar al nivel de una lengua clásica mediante la de­
mostración de que también él puede ser reducido a reglas grama­
ticales precisas. Frecuentemente se entremezclan investigaciones de
parentesco y de conformidad. Ramus, por ejemplo, trata de esta­
blecer esencialmente que todas las categorías de la gramática la­
tina son estrictamente adaptables a la descripción del francés, pero
afirma al propio tiempo que el alfabeto ha sido dado a los griegos
por los galos cuando la invasión que lleva a éstos a Delfos. Étien-
ne Pasquier, a fines de siglo, combatirá estas hipótesis celtómanas
con buenas razones filológicas.
El embrión de un verdadero comparatismo, aun cuando sea
todavía sumamente informe, aparece mejor en trabajos como el de
Caninius, que difunde en Europa la idea del parentesco de las len­
guas semíticas, ya bien conocida por los árabes y judíos medievales,
en sus Institutiones sobre las lenguas siria, asiría, talmúdica, etíope
y árabe (París, 1554); o en el de A. de Piza, que compara el sirio
y el vasco, en tanto que Buenaventura de Smet (Vulcanius) ex­
plora 22 ejemplos de correspondencias entre lenguas germánicas y
persa2. En 1599 José Justo Escalígero da su Diatriba de Euro-
pearum linguis, que esboza una clasificación tipológica a partir de
las formas de la palabra dios: lenguas con theos (griego), con deus
(latinas), con Gott (germánicas), con bog (eslavas), a las que por otra
parte niega todo parentesco en el sentido genético del término. En
el plano de las lenguas romances vulgares se ve apuntar (con difi­
cultad) la idea de que han salido del latín por una evolución natu­

1 • Diálogorwn de linguae gállicae origine, eiiusque cum graeca co-


gnatione libri quatuor, 1555.
2 De literis et lingua Getarwn sive Gothorum, Leyde, 1597.
Los Tiempos Modernos

ral3 y que no son producto de una corrupción del latín por las
lenguas de las Invasiones bárbaras. Se ven también apuntar las pri­
meras reglas de correspondencia fonética (x latina = ss italiana,
i latina de litera = e cerrada de lettera, etc.); por ejemplo, en
Tolomei o Castelvetro en Italia, que empiezan también a servirse
de la analogía comparativa: si habeo > haggio en italiano, creggio
debe explicarse por la existencia de un credeo. Las investigaciones
sobre la pronunciación probable del latín clásico continúan en la
misma dirección, así como las de Cheke y Smith sobre el griego,
tras el impulso dado por Erasmo.

5. Teorías lingüísticas. — Las más notables son la del canci­


ller Bacon, de J. C. Escalígero y de Francesco Sanzio (Francisco
Sánchez). El primero, en su De dignitate et augmentis scientiarum
(1623), queda en cuanto a lenguaje en el plano filosófico de las re­
laciones entre lenguaje y pensamiento. A Escalígero, con su De
causis linguae latinae (1540), se le considera con frecuencia, equi­
vocadamente, como el padre de la gramática científica, a causa de
su tentativa de áplicar las categorías lógicas de Aristóteles al aná­
lisis gramatical del latín; es mejor decir que es el padre, no reco­
nocido a menudo, de toda la gramática clásica ulterior, que va a
reinar desde Port-Royal a 1900, e incluso después. Sánchez, en su
Minerva, seu de causis linguae latinae (Salamanca, 1587), sigue sus
huellas con un rigor de método y una claridad de exposición que
han creado su inmenso éxito y le han valido los elogios de Lan-
celot, a cuyos ojos “ supera sin comparación a todos los que le han
precedido” .
De este viaje a través de la experiencia lingüística de las gen­
tes del siglo xvi se puede ciertamente sacar la misma impresión que
Pedersen4: que todas estas observaciones sobre las lenguas tienen

3 Cf. Claude Fauchet, en su Recueil de Vorigine de la langue et


pensée frangaise.
* Op. cit., p. 7.
132 Historia de la lingüística

un carácter fortuito, que tantas especulaciones erróneas que las


envuelven tienen esta misma cualidad aventurada5. Sin embargo,
sería un juicio demasiado severo si no se le agregara también que
tantas investigaciones vacilantes han planteado, con frecuencia por
vez primera, cuestiones que uno no se planteaba, y que han formu­
lado problemas de porvenir; muchas veces a partir de ellas van
a trabajar sus sucesores de los siglos xvii y xv iii , hasta el Mitkri-
date de Adelung (1806-1817), que recoge casi siempre sus datos.

II. EL SIGLO XVII

1. La segunda articulación. — El impulso dado por el siglo xvi


al examen de los sonidos del lenguaje sigue haciéndose notar en el
siglo xvii, sin que repercuta posiblemente con tanto eco en la cul­
tura general. Su manifestación más llamativa es la lección de orto­
grafía del Bourgeois gentilhomme (1670), que refleja todo un clima
de discusiones: en 1668, de Cordemoy, lector del Delfín bajo
Bossuet, había publicado su Discours physique de la parole, título
que recuerda el de Matthias. En el mismo año, Louis de L ’Escla-
che había publicado sus Véritables regles de Vorthographe francéze,
y resucita con algunos otros la disputa, apaciguada hacía unos de­
cenios (en España persistía con los sucesores de Nebrija: un Ma­
teo Alemán, un Gonzalo Correas). En Port-Royal, Arnauld y Lan-
celot habían redactado en 1660 su Grammaire genérale et raisonnée,
que elude con prudencia en imas pocas palabras el debate orto­
gráfico (y rechaza especialmente a Ramus), pero consagra toda su
primera parte a las “letras como sonidos”, distinguidas expresa­
mente de las “ letras como caracteres” . Su fonética transmite más
o menos la del siglo xvi, pero empobrecida: eu y ou son sonidos
simples; o y o, é y e, la e del femenino en francés son vocales dis-

s Ibid., p. 8.
Los Tiempos Modernos 133
tintas; la noción de diptongo queda difusa. Esta fonética es gene­
ral en la medida en que reduce a la unidad física, de autoridad,
“ los sonidos simples que están en uso en las principales lenguas” ,
pero eliminando “ algunos otros sonidos simples [porque] son tan
difíciles de pronunciar que se puede perfectamente no tenerlos en
cuenta...” ; Estas lenguas principales son el francés, el latín, el
hebreo 6.
Fuera de Francia tampoco disminuye el interés. El holandés
Petrus Montanus publica su Spreeckonst (Arte de la palabra) en
1635, en el que se encuentra una descripción de las partes de la
boca, de la nariz y de la garganta, con sus movimientos posibles; un
análisis de las posiciones articulatorias según la apertura-cierre, la
posición de la glotis, y la forma de la boca influida por la posición
de la lengua; finalmente, en el estudio de cada sonido en sí mismo,
la distinción de los tres momentos de tensión (voordeefsel), man­
tenimiento (gront) y distensión (naedeefsel). En Inglaterra, los pro­
blemas referentes a la ortografía estimulan siempre a la observación
de los sonidos; el tratado O f the orthographie and congruitie of
the Briton Tongue de A. Hume data de 1617. Pero la fonética
sigue siendo abordada por sí misma (Robert Robinson, The art of
pronunciations 1617). Está también ligada a las primeras tentativas
eficaces y metódicas de educación de los sordomudos: en John
Wallis, que da su Grammatica linguae anglicanae (Oxford, 1652),
precedida por un D e loquela que describe el modo de emisión de
los sonidos articulados; en W. Holder, cuyos Elements of Speech,
an Essay of Inquiry into the natural production of letters (1669)
son publicados con “ apéndice referente a los sordomudos” ; en
Dalgarno, con su Didascálocophus3 or the deaf and dumb man*s
lector (1680). A veces este interés por el análisis de los sonidos va
ligado a investigaciones sobre las lenguas universales, como en

6 Con referencia a Jean Buxtorf, autor de un Thesaurus grammaticus


linguae hebraae, Bále, 1609, reed. 1615, 1663.
134 Historia ele la lingüística

Lodwick (A common wríting..., 1647), 611 Cave Beck (The Uni­


versal Character, 1657), en Dalgamo (Ars signorum, 1661), o en
John Wilkins (Essay towards a real character*, 1668), donde se en­
cuentran probablemente los primeros esquemas para ilustrar los
hechos fónicos articulatorios. Otras veces se trata de investigacio­
nes referentes a la taquigrafía, qüe entonces resurge; en Lodwick,
que hacia 1650 publica un método en dos versiones, inglesa y ho­
landesa. Otras veces incluso, como en Wallis (al que han leído
J.-B. Du Hamel y Duelos), se trata dé la criptografía. Lodwick
se interesa también por los tonos del chino.
Hacia fines de siglo se puede pensar que aparecen los primeros
estudios de fonética científica, quizá menos en las rápidas men­
ciones del Traité de physique de Rohault (1.671) que en el D e
corpóre animato (1673) de J.-B. Du Hamel, primer secretario per­
petuo de la Academia .de las Ciencias, que disecó el aparato fónico
de Un león. Su descripción de las vocales tiene en cuenta las va­
riaciones según los países; la de las consonantes sigue una clasifh
cación por puntos de articulación, y por modos de articulación dis­
tingue y describe bien las nasales, ve el. lugar aparte que-Ocupan la
l y la r. Pero, aunque adoptado para la enseñanza por los jesuítas,
parece no haber tenido influencia real.

2. La. primera articulación. — Las gramáticas siguen multipli­


cándose, tan sometidas siempre — al menos en Francia— a la ca­
tegoría del latín, cada vez más aristotélicas y cada vez más norma­
tivas; aparte de Scioppius, cuya Grammatica philosophica (Milán,
1628) sigue a Escalígero y a Sánchez, está Vaugelas con sus Re­
marques sur la langue frangaise (1647), escoltado por .los que le
critican, Ménage con sus Observations sur la langue frangaise
(1672), el P. Bouhours con sus Entretiens... (1671) y sus Doutes
sur lá langue jrangoise (1674)* ¿1 abate Dangeau con sus Essais de
grammaire (1694), Tallemant con sus Remarques et décisions de
VAcadémie. (1698), que jalonan la segunda mitad del siglo con el
Los Tiempos Modernos 135
mismo éxito, subrayado por reediciones, hasta 10 (Bouhours) y 20
(Vaugelas) en unas decenas de años.
La obra esencial aquí es la Grammaire de Port-Royal en su
segunda parte. Su base es siempre un registro del uso, por muy
“ arbitrario” y “ caprichoso y sin razón” que sea, siempre difícil
de modificar, siempre provisto de excepciones. Pero esta primera
actitud entra en conflicto con el' deseo de “razonar” la gramática,
es decir, de proporcionar explicaciones lógicas de este uso, y, en
consecuencia, válida en la medida de lo posible para cualquier
lengua. Las expresiones “ todas las lenguas” , “las principales len­
guas”, “ todas las lenguas vulgares” , que de un modo expresivo se
repiten en el texto, manifiestan esta ambición. Pero, de hecho, la
generalidad se limita siempre a comparar latín, francés, a veces
griego, hebreo; sólo se alega el alemán 2 ó 3 veces (auxiliares
werden y toollen), el español y el italiano apenas algo más (sinta­
xis del régimen); se encuentra una mención del valón acerca de
un hecho dialectal. Finalmente, es el francés el que sirve siempre
de referencia inconsciente y privilegiada para el análisis razonado.
La sumisión al latín, por ejemplo, lleva a querer que todas las len­
guas tengan casos — por razones lógicas y pedagógicas— “ para no
romper la analogía” ; pero estos casos sólo existen verdaderamente
en latín y griego: por una parte, pues, se tratará de hacer que son
y sa del francés sean el genitivo de il3 pero por otra parte se su­
gerirá que estos casos en el fondo no son lógicos y que si uno se
atiene, como habría que hacerlo filosóficamente, a “ considerar siem­
pre las cosas separadamente” , las únicas declinaciones deberían ser
(como en francés) el género y el número. La ausencia de acusativo
“ verdadero” en francés se explica lógicamente porque “ casi siempre
ponemos las palabras en su orden natural” (se siente el peso filo­
sófico de este natural). J.-C. Escalígero es censurado por haber
dicho que el artículo es una parte inútil de la oración, puesto que.
el latín no lo tenía — “ aunque sea muy útil para hacer más claro el
discurso y evitar muchas ambigüedades” (como en las “ lenguas
136 Historia de la lingüística

nuevas” )— . Una psicología típicamente de época y completamente


francesa atribuye la invención del pronombre je a la cortesía (del
siglo xvn), al sentimiento de que es de “mal tono” nombrarse a sí
mismo.
La parte más importante de la obra, por su influencia ulterior,
es la que se aplica a logicizar el lenguaje. Se demuestra en ella que
sustantivo denota la sustancia, y que el adjetivo sólo puede denotar
el accidente, en el sentido escolástico de ambos términos; esto
aparte de justificar los sustantivos que denotan accidentes (el enro­
jecimiento), y los adjetivos que acaban por denotar sustancias (los
humanos;, los filósofos, la humanidad como conjunto de todos los
hombres, el blanco). L a teoría del verbo lleva a condenar la retó­
rica de Aristóteles en nombre de su lógica: como es sabido, define
el verbo como una palabra que significa con idea de tiempo. Para
Port-Royal, el verbo tiene como principal uso significar la afirma­
ción lógica pura y simple, “ es decir, marcar que el discurso en el
que se, usa esta palabra es el discurso de un hombre que no con­
cibe sólo las cosas, sino que las juzga y las afirma” . Únicamente
por una especie de corrupción de la lógica, del lenguaje el verbo
añade a este uso la evocación de otros atributos, el tiempo, la per-
. sona, el número y, sobre todo, la sustancia de la afirmación,

' como cuando digo Petrus vivit porque la palabra vivit encie-
rta por sí sola la afirmación y, además, el atributo de estar vivo;
y así, es lo mismo decir Pedro vive que decir Pedro está vivo. D e
aquí ha venido la gran diversidad de los verbos en cada lengua;
en cambio, si uno se hubiera limitado a dar al verbo la significa­
ción general de la afirmación sólo se habría tenido necesidad
en cada lengua de un único Verbo, que es el que se llama- sustan­
tivo [ser].

L a proposición gramatical y la proposición lógica, la lengua y


) la razón, habrían coincidido siempre.
Verdad es que en la empresa de Port-Royal no está todo mar-
I «ado por el cuño de semejante antigüedad; en este punto hay una
Los Tiempos Modernos *37
aguda observación sobre la e muda que existe en muchas lenguas
sin estar escrita como en hebreo o en francés; más allá, otra sobre
la función de las preposiciones para suplir las marcas casuales; en
otra parte, otra sobre el pronombre relativo, que puede crear una
proposición incidental que forma parte del sujeto o del atributo del
predicado, lo cual es un punto de vista moderno sobre la natu­
raleza de expansión de la proposición relativa en el grupo sustan­
tivo, o el grupo verbal, etc. Pero en conjunto no se ha recurrido
a las lenguas conocidas ya por el Miihridate, al polaco, húngaro,
turco, árabe, lenguas americanas, para esbozar esta gramática ge­
neral; se puede pensar que durante mucho tiempo ha frenado el
desarrollo de una reflexión más objetiva sobre el lenguaje. Y ello
u pesar del elogio significativo, y justificado en este aspecto, que
de ella hace Saussure:

¿Cómo han procedido los que han estudiado las lenguas antes
de la fundación de los estudios lingüísticos [...]? Es curioso cons­
tatar que su punto de vista [....] es absolutamente irreprochable.
Sus trabajos nos muestran claramente que quieren describir esta­
dos; su programa es estrictamente sincrónico. Así, la gramática de
Port-Royal, etc. [...]. Se ha reprochado a la gramática clásica no ser
científica; sin embargo, su base es menos criticable y su objeto me­
jor definido de lo que lo es en el caso de la lingüística inaugurada
por Bopp7.

Y a pesar también de la tentativa de Chom sky8, que quiere en­


contrar un antepasado de su gramática transformacional en la gra­
mática de Port-Royal:

(Como cuando digo Dios invisible ha creado el mundo visible


se dan tres juicios en mi espíritu, encerrados en esta proposición.
Porque juzgo i.° que Dios es invisible, 2.0 que ha creado él mundo,
3.0 que el mundo es visible. Y de estas tres proposiciones, la 2.a
es la principal y la esencial de la proposición; pero la primera y

7 Cours, p. 118.
8 Cf. Diogéne, núm. 51, 1965, pp. 14-21.
i 38 Historia de la lingüística

la tercera sólo son incidentales y únicamente forman parte de la prin­


cipal, de la cual la primera forma el sujeto, y la última el atributo
Dios, que es invisible, ha creado el mundo, que es visible.)

3. La descripción de las lenguas. — Los Mithridate continúan..


El Thesaurus polyglottus de J. Mésiger9 contiene unas 400 len­
guas; L e trésor de Vhistoire des langues de Vunivers de Claude
D uret10 es más modesto. Mégiser es también autor de un manual
de turco11. Los diccionarios multilingües (como el de Londres,
1677, 11 lenguas), las biblias políglotas (como, después de la de
Alcalá, la de París, 1645; 0 *a de Isaac Walton, Londres, 1657,
8 lenguas) prosiguen su carrera. Randle Cotgrave proporciona el
primer diccionario inglés-francésn ; el hijo de César Oudin, los
diccionarios italiano (1645) y español (1675) de su padre, etc. Job
Ludolf, que sabe 25 lenguas, se apasiona por el etíope, publica una
Grammatica amharicae linguae I3. Su sobrino H. G. Ludolf, que
ha visitado el Asia Menor, Palestina, Egipto, da una Grammatica
russica14, una de las primeras. No se tiene, sin embargo, la impre­
sión de un rápido avance, en especial hacia el Este y Asia. El ruso,
por ejemplo, es ignorado en Francia. Cuando un enviado moscovita
llega a Versalles en 1653, no se encuentra intérprete: el enviado
habla ruso a un flamenco, que traduce en latín, el cual se traduce
al francés. La situación es un poco mejor en Inglaterra, en Ho­
landa. En el otro extremo del Viejo Continente, cuando las nego­
ciaciones ruso-chinas del tratado de Nerchinsk (1688-1689), es un
jesuíta el que sirve de intérprete único para las dos partes: traduce
el chino a los rusos en latín, y el latín de los rusos en chino. Antes
del 1670 algunas cartas diplomáticas entre ambos países han que­

9 Ed. muy aumentada, Francfort, 1603.


10 Colonia, 1613; Yverdun, 1619.
11 Leipzig, 1612.
12 Londres, 1632.
13 Francfort, 1698.
14 Oxford, 1696.
Los Tiempos Modernos 139
dado a veces 26 años, e incluso hasta 56 años, sin ser leídas, por
falta de un traductor en Moscú.

4. La historia de las lenguas. — L a tesis del hebreo lengua


madre sigue siendo dominante. Y Guichard publica su Harmonie
¿tymologique des langues, oü se demontre que toutes les langues
sont descendues de Vhébráique15. Se aprecia hasta qué punto el
progreso de unos (los que reflexionan sobre los sonidos) aprovecha
poco a otros (los que reflexionan sobre la historia) por el hecho de
que Guichard muestra frecuentemente esta procedencia mediante
permutaciones de letras:
En cuanto a la derivación de las palabras por adición, sustrac­
ción e inversión de las letras: es cierto que esto es posible y se
debe hacer así si se quiere encontrar las etimologías. Ló que no
es difícil de creer si consideramos que los hebreos escriben de de­
recha a izquierda, y los griegos y otros, de izquierda a derecha.

Posiblemente obcecados por la importancia de las faltas de co­


pistas para la crítica de los textos, los eruditos que han reflexionado
sobre los sonidos, que han empezado a elaborar las técnicas filo­
lógicas de las correspondencias fonéticas, no parecen reparar en la
aberración de tal modo de proceder, que no tiene en cuenta en ab­
soluto la cadena hablada como dato fundamental. No se trata aquí
de una manifestación retrasada del siglo xvi; sobre este mismo
tema del hebreo lengua madre reimprime Walton en 1657 el Tri~
sagion de Louis Cappel, teólogo y profesor de hebreo en Saumur
(notable, por otra parte, en sus trabajos para fundar la filología real
del hebreo bíblico, contra el hijo de Buxtorf y los teólogos pro­
testantes).
En ámbitos más modestos se ponen efectivamente las bases de
las futuras comparaciones: el P. Kircher estudia cuidadosamente
el copto, con la idea de alcanzar de este modo “ la lengua egipcia

15 París, 1606; reed. 1610, 1618, 1619. t


140 Historia de la lingüística

restituida” . El lituano Michalon señala el parentesco formal entre su


lengua y él latín (pero deduce de ello que su pueblo es de ascen­
dencia italiana). Ménage, en sus Origines de la langue frangaise,
completamente llenos aún de etimologías inverosímiles, toma al me­
nos conciencia de las condiciones de la investigación cuando pre­
coniza como posible un estudio sobre “los diversos idiomas de
nuestras provincias y sobre el lenguaje de los campesinos” . Final­
mente, F.-J. de Jongere publica la traducción que Wulfila (si­
glo iv) había hecho de la Biblia en gótico y la provee dé una
comparación con las formas antiguas del anglosajón, del frisón,
del alto alemán (1665).

5. Los problemas generales. — Un problema lingüístico que


surge al parecer en el siglo xvn, con un largo porvenir ante sí, es
el de las lenguas universales artificiales: se trata generalmente de
inventar una “lengua filosófica” que combine las ventajas de una
clasificación lógica de todas las nociones, con una codificación uni­
versal, realizada ya por un procedimiento cifrado, ya por un alfa­
beto artificial: Descartes, Scioppius, Lodwick, Dalgamo, Cave
Beck, Wilkins, el abate Dangeau, Leibniz y algunos otros se ocu­
paron seriamente de- ello. Se encontrará en Couturat el cuadro
de estas investigaciones, que todavía hoy a los ojos de muchos
parecen una lingüística aplicada de las más utópicas — aunque se
las deba considerar como los antepasados del análisis semántico en
sus formas más abstractas, incluidas las taxinomias y la automática
documental.
En el plano, teórico, el aristotelismo está siempre presente: el
problema central es siempre la relación del lenguaje con el pensa­
miento, porque el lenguaje es concebido por los filósofos — Bacon,
Descartes, Hobbes o Spinoza, Locke y Leibniz— como el medio de
expresión del pensamiento (Port-Royal se da cuenta, sin embargó,
de que, junto al uso principal del verbo, hay otros: significar no
ya la afirmación, el juicio, sino el deseo, la súplica, la orden). Lo
Los Tiempos Modernos 141

más interesante sin duda es poner de relieve la transmisión per­


sistente de una teoría del signo, que, por bien formulada que esté,
nunca resulta productiva en el estudio del lenguaje.
Las voces que se lanzan gritando o riendo son semejantes en
todas las lenguas: Pero cuando veo el cielo y la tierra, ello no me
obliga en absoluto a nombrarlos de una manera más bien que de
otra, dice Descartes 16.

Leibniz ve también que “nuestras letras y los caracteres chinos


sólo son significativos por la voluntad de los hombres” 17, en tanto
que Locke escribe, en una fórmula ya saussureana, que una pala­
bra no es más que un signo, cuyo sentido es “perfectamente arbi­
trario” I8. Jalones éstos que recorrerán más de dos siglos antes de
encontrar su porvenir.

III. j.- b . vico

r. 1668-1744. — Giambattista Vico representa, probablemente


de un modo típico, uno de los problemas más frecuentes de historia
de la lingüística: el de la estimación científica correcta de una he­
rencia intelectual.
Napolitano, hijo de un librero pobre, preceptor y después pro­
fesor de retórica en la universidad de su ciudad natal (soñó durante
toda su vida con ocupar en ella la cátedra de derecho, que era su
vocación)* se ha hecho célebre en Italia únicamente hacia mediados
del siglo xix, con su obra principal: Principi di una scienza nuova
d’intomo alia comune natura delle nazioni, obra que retocó hasta
su muerte1?. •

16 Lettre al P. Mersenne, 20 de noviembre de 1624.


17 Caractéristique universelle.
18 Essai, III, 8.
19 i.a ed. 172^; 2.a, completamente rehecha, 1730; 3.a, revisada y
aumentada, 1744.
142 Historia de la lingüística

Entre sus compatriotas, Vico goza de una reputación muy ele­


vada. Para Niccolini, su más reciente editor y biógrafo, es “ un
espíritu verdaderamente heroico”, “ una inteligencia verdaderamen­
te divina” por su capacidad de “ abarcar todos los hechos humanos
y la extensión eterna del tiempo” ; por sus “ descubrimientos parti­
culares” también, en especial en el campo del lenguaje. Para los
historiadores de la literatura, “ha abierto nuevos caminos a la his­
toria y a la filología” 20, y “las verdades más propiamente filosóficas
que ha descubierto el primero siguen intactas” ; por ejemplo:

el origen espontáneo del lenguaje como creación de imágenes, na­


cido como una especie de canto, de brote apasionado, en los hom­
bres primitivos (de ahí el hecho de que lengua y poesía coinciden);
que historia de la lengua e historia de la poesía, creadoras de los
mitos y de las leyendas heroicas, son en realidad una única y misma
cosa f ií

Verdaderamente, los lingüistas italianos son menos líricos. Ta-


gliavini no le consagra, en su Panorama, más que veinte líneas, en
las cuales, no obstante, declara que Vico

planteaba desde una nueva base, la cual, sin embargo, sólo mucho
más tarde debía producir sus frutos, el problema filosófico del
lenguaje 22.

Bolelli, por su parte, piensa que Vico cuenta en tanto que


“ supera en sus páginas todas las formulaciones anteriores del pro­
blema lingüístico”, y porque “rompe con una tradición que, desde
la Antigüedad, se apoyaba constantemente en la lógica para con­
ducir al estudio del lenguaje” 23. Reprocha incluso a Hans Arens
bastante vivamente el que pretenda escribir una historia de la lin-

M omigliano, p. 352.
21 Sapegno, II, 415.
22 Ibid., p. 47.
25 Per una storia, p. 18.
Lós Tiempos Modernos 143
giiística sin citar ni una vez a Vico (podría hacerse el mismo re­
proche a Pedersen).
Los lingüistas extranjeros son, en efecto, más comedidos. K u­
kenheim dedica una línea a Vico para decir que su obra es “impor­
tante para la concepción histórica de los estudios lingüísticos”
(p. 31). Leroy (pp. 12-13), alg° más liberal, le presenta como “ un
investigador original”, cuya “ visión poética del lenguaje humana
se salía [...] de los caminos trillados” . Pero añade lo siguiente
(p. 125), que enfoca el problema indudablemente bien: hablando
de las ideas de Croce sobre el lenguaje,

se comprenderá, pues, escribe, el partido que ha podido sacar de las


ideas de Vico, y cómo se ha apoyado en su ilustre antecesor para
edificar su filosofía del espíritu y para fundamentar su teoría de la
expresión.

Sería demasiado, sin duda alguna, afirmar que Vico es una


creación de Croce, puesto que ya De Sanctis había celebrado la
Scienza nuova como “la Divina Comedia de la ciencia” ; ni si­
quiera una creación de la escuela napolitana (en la que Croce es el
heredero de De Sanctis), puesto que Michelet ya la había leído;
y quizá Montesquieu, que no dice nada de ella — ¿y Humboldt
quizá?— . Pero hay que estudiar las ideas de Vico sobre el lenguaje
haciendo abstracción de la presentación interesada que de ellas ha
hecho Croce.

2. Vico y el lenguaje. — La Scienza nuova es esencialmente


una teoría del origen del lenguaje, y esto limita ya mucho el mé­
rito que se podrá encontrar en Vico lingüista. Es célebre por la
teoría de las tres etapas lingüísticas. Los hombres tuvieron al prin­
cipio una primera lengua, divina o mitológica, que Vico denomina
también lengua “ jeroglífica o sagrada”, o “ lengua de los dioses” 24,
“ liste lenguaje, dice, fue primero mental, en la época en la que

24 S. C., p. 150.
144 Historia de la lingüística

los hombres no conocían aún el uso de la palabra” (tempi muto- \


li)2S. Y añade que “los hombres, al principio mudos, hablaron pri­
mitivamente, como lo demostraremos, escribiendo” m Esta primera
“ lengua, mental y divina, consistía en un conjunto de actos reli-'
giosos mudos y en ritos consagrados” (p. 368) y “fue necesaria en
una época en la que los hombres no eran todavía capaces de hablar”
(p. 368). Vico se apoya en la observación de los mudos, que “ se
expresan mediante gestos u objetos que tienen relaciones naturales
con las ideas que quieren traducir” (p. 80), y plantea que “ este
axioma sobre los mudos constituye el principio de los jeroglíficos,
de los que se sirven para expresarse todos los pueblos en las épocas
primitivas de su barbarie” (p. 80). Esta “ lengua de la edad de los
dioses” se manifiesta también, dice Vico, mediante “ caracteres”
divinos, es decir, por el valor alegórico o simbólico de los dioses:
Júpiter significaba los auspicios, Juno significaba el matrimonio,
etc. (p. 369).
La segunda lengua fue la de los héroes (p. 150); lengua “ he­
roica o poética” , es también muda; es “ simbólica” , constituida “ por
emblemas heroicos, que debieron consistir en imitaciones mudas”
(p. 154) — “ es el lenguaje de las armas [armerías], que ha seguido
siendo el de la vida militar” (p. 368)— , lengua hecha también “ de
medallas, de monedas, de términos, de hitos” (p. 150). Habla
igualmente mediante alegorías activas: “ Aquiles es la palabra mi­
tológica que quiere decir fuerza; Ulises, prudencia, etc.” (p. 137):]
es una lengua mediante “ caracteres” poéticos. Puede ser escrita
también, dice Vico, partiendo de una interpretación errónea del
término homérico sémata, en la que toma por caracteres simbólicos
lo que indudablemente era una criptografía.
La tercera lengua es la de la plebe, “ la obra de la masa”
(p. 154); se la llama “ epistolar”, porque sirve para las relaciones
prácticas. “ Lo mismo que la lengua heroica o poética fue obra

25, S. C., p. 135.


26 5 . C., p.. 148.
Los Tiempos Modernos 145
de los héroes, las lenguas vulgares han sido creadas por el vulgo,
es decir, según demostraremos, por la plebe de los pueblos he­
roicos” (p. 157). Y Vico añade: “ Lengua y letras denotan una
especie de autoridad que la masa ejerce sobre ellos, y es lo que
explica el apelativo de vulgares que se les aplica” (p. 370). “Esta
lengua, dice también, ha debido u tilizar para la escritura caracteres
igualmente vulgares (los caracteres fenicios)” (p. 155).
Tal es la primera presentación de las tres lenguas, literal, his­
tórica. Vico superpone otra, alegórica, ideal: de hecho, la época
de los dioses es también la de los héroes, es decir, de las oligarquías
nobles que hacen pasar su poder por el de los dioses (p¿ 154).
Después añade todavía esta corrección más radical:

Las tres lenguas y las tres clases de escritura aparecieron simultá­


neamente, distinguiéndose, sin embargo, en que la lengua de los
dioses fue casi muda o ligeramente articulada; la lengua de los
héroes, una mezcla de lenguaje mudo y articulado, o, dicho de otro
modo, de términos vulgares y de caracteres heroicos de los cuales
los héroes se servían para escribir (los sémata, según Homero);
finalmente, la lengua de los hombres, casi toda ella completamente
articulada y apenas muda (p. 160).

3. Vico y las lenguas. — Para explicar por qué hay tantas len­
guas como pueblos, en su diversidad, Vico alega (según ideas aris­
totélicas, tomadas a menudo de Santo Tomás) la diversidad de los
climas, de los tiempos, de las pasiones y de las costumbres (pági­
nas 58-59)* ,;
Consagra a la génesis de las partes de la oración un desarrollo
bastante largo (pp. 160-164). Según él, el hombre ha conocido pri­
mero sólo la onomatopeya; después han aparecido las interjeccio­
nes, pues las pasiones violentas apenas pueden expresarse si no es
mediante monosílabos, como los pronombres, que vienen a conti­
nuación (p.. 162). Después han surgido las partículas, a menudo
monosilábicas también, de las cuales se han formado la mayoría de
las preposiciones; su aparición debe preceder a la de los nombres

H. DE LA LINGÜÍSTICA. — 10
146 Historia de la lingüística

y los verbos, “porque entran en la composición de éstos” (p. 163).


Los nombres aparecen “poco a poco” antes que los verbos, “por­
que la proposición debe tener un sujeto necesariamente” (p. 163):
Los verbos aparecen en último lugar. “ Todo esto nos parece más
razonable que lo que J.-C. Escalígero [...] ha dicho a propósito
de la lengua latina”, añade Vico, del cual se cita siempre otro
fragmento, de aspecto más moderno cuando se le separa de las
consideraciones pueriles (y también aristotélicas) que preceden:
“ Como si, señala irónicamente Vico contra Escalígero y Sanzio, los
pueblos que crearon las lenguas hubieran tenido que ir primero a
la escuela de Aristóteles, con los principios del cual ambos han
razonado las lenguas” .

4. ¿Vico lingüista? — Para apreciar las ideas de Vico en el


plano estrictamente lingüístico es necesario distinguir bien tres
problemas: el valor de sus teorías en el siglo xvm, su influencia,
su valor teórico general.
En el primer punto, los mismos hombres que celebran a Vico
en general, llegan a reservas que le abruman en su detalle: así,
Niccolini conviene en que “ su cultura filológica e histórica [es]
pobre, desordenada, anticuada y fragmentaria” 27. Así también Mo-
migliano, hablando de “su documentación falaz y de su falta de
formación erudita” (p. 352). Apenas podría añadirse nada a la se­
veridad de tales juicios, que perjudican profundamente todo lo que
Vico ha dicho, al menos en cuestión de lenguaje.
Sobre el segundo punto, todo el mundo está de acuerdo: Vico
ha quedado desconocido casi por completo, al menos hasta la época
del Risorgimento, la de Michelet para Francia. Es, pues, difícil
concederle una influencia, y en el campo del lenguaje menos que en
otros; por ejemplo, el comparatismo no le debe (directamente) ab­
solutamente nada, cosa tanto más asombrosa cuanto que en el

* 27 S. C., p. xxxvii.
Los Tiempos Modernos 147
campo del derecho, de la moral, de la mitología, parece poder ser
considerado con razón como un precursor del método comparativo.
Pero de la lengua alemana, por ejemplo, dice que es una lengua
madre, “puesto que el alemán no ha sufrido nunca el influjo de la
ocupación extranjera y todas sus raíces son monosilábicas” (p. 163).
Hn este punto está lejos de un Escalígero, de un Ludolf, de un
Lluyd, de un Gyármathi.
Cierto es que, así como en muchos escritores, incluso en auto­
didactas de temperamento original como el suyo, se pueden en­
contrar muchas cosas sugestivas: por ejemplo, en cuestión de filo­
logía, “ el descubrimiento del verdadero Homero” (ya hecho por
d'Aubignac, que él ignoraba; rehecho después de él por Wolf, que
no le conoce). La idea de un “diccionario de las voces mentales
comunes a todas las naciones”, diccionario de los conceptos uni­
versales, es, aun cuando la reinvente, ya de una antigüedad de un
NÍglo cuando él la formula; basta con pensar en Dalgamo, en
Wilkins, en el P. Kircher, y sobre todo en Leibniz. La gloria lin­
güística de Vico no podría venirle más que de las tesis en las que
plantea el origen inextricablemente común de la lengua y de la
poesía. Pero estas tesis, aun con los desarrollos que les ha dado
Croce, parecen puntos de vista insostenibles, es decir, improbables,
ul menos en lo que se refiere al lenguaje. Al afirmar los deredbtos de
prioridad de la intuición y de la imaginación en la creación poética,
combate, ciertamente con eficacia, el racionalismo versificador de la
época, pero hay que observar que no es preciso en absoluto que
cuto8 puntos de vista queden ligados a una teoría incoherente y ar­
caica del origen del lenguaje — del mismo modo que la estética de
Croce, que se apoya en ellos, tampoco tiene necesidad de quedar
ligada, para afianzar lo que tiene de justificado, a una teoría indi­
vidualista del origen del lenguaje que se ve contradicha por todo
el funcionamiento del lenguaje.
Que Vico haya desempeñado en la cultura italiana, sobre todo
■través de De Sanctis y Croce, un papel histórico estimulante en la
Historia de la lingüística
investigación estética es algo que toca a la historia de la literatura
italiana en sentido amplio. Puede contar mucho en la estilística ita­
liana; hecho significativo, en II linguaggio de Carla Schick, en el
que el pensamiento lingüístico de Vico podía demostrar su riqueza
y su modernidad, todas las veces en las que se le cita28 se debe a
un problema de estilística. Pero no parece que el lugar que se le
ha dado hasta el momento en lás historias internacionales de la
lingüística sea excesivamente mesurado. Quizá, por el contrario, el
prestigio de Croce en muchos medios ha incitado a concederle una
parte demasiado importante. Mediante algunas fórmulas áisladas
de su contexto, a las que se presta el matiz que podrían tener en el
siglo xx, y sobre todo mediante una hermenéutica idealizante, se ha
pod-do sugerir la idea de un gigante desconocido del pensamiento
lingüístico: se podría hacer lo mismo con Rousseau o Diderot. El
retomo al texto, al texto completo — para quien no está marcado
por los valores afectivos de una tradición cultural propia de Ita­
lia—', revela un sistema de pensamiento anticuado, cuyos innega­
bles resplandores no se han convertido nunca en luces para las
épocas ulteriores, salvo en Croce, en una “lingüística” muy mar­
ginal. Querer engrandecer a toda costa la lingüística de Vico sería
más o menos lo mismo que querer basar la gloria de Augusto
Comte únicamente en la ley de los tres estados, o la de Hegel en la
encamación del Espíritu absoluto en la historia. Nada incita a re­
visar eí juicio latente en todo el mundo: Vico es quizá tanto o más
que un precursor un retrasado.

IV. EL SIGLO XVIII

i. La investigación fonética. — Si, hasta el momento, la bi­


bliografía de los trabajos sobre el lenguaje era relativamente mo­
desta, explorable, al menos en un primer momento, por un solo

28 Pp. 77» 78/102, 260, 345, 362.


/,o# Tiempos Modernos 149
investigador, la situación cambia en el siglo xviii ; la complejidad,
o más bien la cantidad de la producción que hay que examinar, cre­
ce bastante bruscamente. Todo el mundo escribe entonces sobre
el lenguaje: todos los escritores, naturalmente, grandes y pequeños,
Rousseau, Diderot, pero también Court de Gébelin, Charles de
lirones o Frain du Tremblay; los filósofos — y todo el mundo es
"lilÓNofo”— escriben gramáticas, como Condillac; los economistas,
como Adam Smith, ensayos sobre el origen de las lenguas; y los
políticos, como Turgot, teorías de la traducción. Sólo mediante
lirgos y pacientes trabajos se puede registrar esta materia. Porque,
ni general, sólo se dispone aquí de juicios formulados desde el pun­
to de vista del siglo xix, época en la que nacían y triunfaban la
actitud y el método históricos. Como lo han mostrado las referen-
clni de Saussure y Chomsky del capítulo precedente, el juicio del
«iglo xx puede y debe ser bastante diferente. Está por hacer.
El único campo en el que no se percibe indudablemente esta
•xplosión repentina es el del análisis de los sonidos. Cierto es que
U época no carece de ellos. Se sigue discutiendo sobre la ortogra­
fía, por ejemplo en Francia, de Giles Vaudelin {1713) a F. de
Wellly (1771) y después: Uortographe ¿les ¿lames de este último,
<|tic lucha por una escritura fonética basada en la buena pronun-
dación, data de 1782; en Inglaterra, con W. Tiffin, que, ocupán­
dole también de la taquigrafía como otros muchos (se cuentan 161
«Internas entre el 1664 y el 1877), se ve llevado al análisis de los
lonidos del inglés por su investigación de signos fonéticos uní­
vocos, en tanto que Steele se ve llevado hacia una fonética — no­
table— del ritmo y de la entonación, en su Essay towards Esta-
blixhing the Melody and Measure of Speech, to be expressed and
porpgtuated by peculiar symbols79} para analizar y fijar la recita­
ción del gran actor sKakesperiano Garrick. El holandés Lambert Ten
Katc se ocupa directamente de los sonidos, protesta contra los ra-

19 Londres, 1775.
150 Historia de la lingüística

zonamientos lingüísticos a partir de las letras (1710). Abraham


Tucker30 se interesa por las letras habladas, busca cómo transmitir
a los futuros gramáticos la pronunciación de su tiempo, sugiere el
uso de una transcripción fonética en los diccionarios (lo cual se
realizará en el de Thomas Spence en 1775). Hellwag31 da una
descripción de las vocales, que materializa mediante el esquema del
triángulo, bien conocido posteriormente. Pero, en el conjunto, toda
actividad queda al margen de las grandes preocupaciones del siglo.
Incluso un gramático tan original como James Harris, en su Her-
mesy se limita en cuestión de voz articulada a resumir a los anti­
guos en unas páginas, aunque entrevé que es a estos “principios en
apariencia tan poco dignos de atención, tales como unos veinte
sonidos elementales”, a los que debemos “esta variedad de sonidos
articulados que han bastado para expresar los pensamientos y los
sentimientos de esa multitud inmensa que compone las generacio­
nes de hombres pasados y presentes”

2. La gramática. — Por el contrario, la corriente gramaticista


del siglo x v iii continúa y se expande; se encontrará en Kukenheim
y Ferdinand Brunot la bibliografía y el análisis de esta enorme pro­
ducción, dominada en su conjunto por el arisíotfelismo y el racio­
nalismo cartesiano de Port-Royal, que el artículo “ Langue” de la
Encyclopédie generaliza: todas las lenguas tienen el mismo obje­
to, que es la enunciación de los pensamientos; las categorías gra­
maticales son universales; la sintaxis está fundada lógicamente so­
bre el orden de las palabras, que expresa “ a la vez. el resultado,
del análisis del pensamiento y del análisis del discurso, 'en cual­
quier lengua que sea enunciado” , y todo ello es seguro “ porque es
inimitable como la naturaleza misma del espíritu humano” . Incluso
en investigadores originales (como el P-. Buffier [1709], que se

3ó The Vocal Sounds, 1776.


& De formatione loquela, 1781.
32 Ibid., pp. 317-318.
Los Tiempos Modernos

rebela contra el calco que se hace de las gramáticas latinas, en


tanto que cada lengua debería tener su descripción particular) nin­
guna de estas gramáticas filosóficas señala al parecer un verdadero
progreso teórico en el plano del análisis ni, sobre todo, del fun­
cionamiento de las unidades de primera articulación, excepto quizá
en James Harris, en su Hermes, or a philosophicál Inquiry concer-
ning universal grammar (1751), en el que, a través de una gramá­
tica conforme en su conjunto con las ideas de su tiempo, se percibe
a veces una clara tendencia al análisis estructural metódico, sobre
todo en los tres primeros capítulos del libro I.

3. La descripción de las lenguas. — Paralelamente a esta co­


rriente gramaticista, pero sin mezclarse casi nunca con ella, el inven­
tario descriptivo de las lenguas habladas sigue en los misioneros y
en los escritores viajeros, en Asia, en América, y un poco menos
en África. Jean Chardin, que visitó dos veces el Oriente — rPersia,
India y Caucasia— , nos da en 1711 su Journal de voyage (sé extien­
de sobre el árabe, que tendría 12.350.042 palabras; 1.000 términos
para camello, 500 para león, un número prodigioso para palmera,
etc.). Leibniz impulsa al mayor número posible de gentes, entre
ellos Pedro el Grande, a la organización de una vasta empresa. La
idea será renovada por el impulso personal de Catalina II, que es­
tablece un cuestionario de unas 200 palabras expedido a todos los
gobernadores del Imperio. Los materiales serán reunidos por el
etnógrafo alemán P. S. Pallas, que pública en 1786-1787 su Lin­
guarum totius orbis vocabularia comparativa (Petersburgo) en la
forma de un diccionario de 285 palabras, dadas en unas 200 len­
guas de Europa y de Asia; la 2.a edición (1790-1791) presenta 280
lenguas, y las adiciones se refieren a África y América. El español
Lorenzo Hervás y Panduro, jesuíta, en el tomo 17 de su Idea
dalVuniverso33 da también un Catálogo delle lingue conosciute e

33 Publicado en italiano, Cesena, 1784; ed. española, 1800-1804.


152. 'Historia de la lingüística

notizie della loro affinita e diversita; vivió en el Nuevo Mundo y


redactó unas cuarenta gramáticas de lenguas americanas (y obras
sobre los sordomudos, Madrid, 1795). Lord Monboddo hace tam­
bién un análisis notable del “hurón” en función de su tesis sobre
el origen del lenguaje34.

4. La actitud histórica. — En un siglo centrado en la “ filoso-,


fía” , es decir, en la omnipotencia de explicación de la razón uni­
versal abstracta, el sentido de la historia no es dominante todavía.
Cierto es que está presente el punto de vista histórico, pero en
investigadores poco conocidos o en aquellos cuya obra tiene poca
influencia. Por el contrario, las reconstrucciones razonadas sobre
el origen de las lenguas tienen un gran auditorio. El artículo “ Lan-í
gu¿” de la Encyclopédie les consagra la tercera parte de su texto, y
considera aún al hebreo como lengua madre. La reconstrucción de
Rousseau en el Discours sur Vorigine de Vinégalité (1755), la de
Adam Smith en su Essai sur la premiére formation des langues et
sur la différence du génie des langues originales et des langues
composées, y otras diez más, son‘ elaboradas a partir de las ideas
corrientes de los filósofos contemporáneos, las de Locke, de Hobbes,
de Condillac: reconstrucciones, en consecuencia, basadas mucho
más en las construcciones apriorísticas de la psicología genética de
entonces que en la investigación histórica.
En el terreno de ésta se ve tomar forma a la actitud, cada día
más firme, que va a desembocar en la gramática comparada del si­
glo xix. Leibniz, con todo el prestigio ligado a su nombre, en su
Brevis designatio meditationum de originibus gentium ductis potis-
simum ex indicio linguarum35 comienza a refutar la tesis del hebreo
lengua madre. Su propia tesis es la de que el origen de las lenguas
se sitúa más acá del punto de aparición de todas las lenguas cono­
cidas, en una hipotética lengua adámica (cuya imagen ideal re­

34 V. en Arens.
35 Berlín, 1710.
I.os Tiempos Modernos 153
construye también él según la filosofía de las luces). Para el Viejo
Continente, ve un grupo semítico y un grupo jafético, subdividido
en escítico (griego, latín, germánico, eslavo) y céltico (uraloaltaico).
Toma a su cuenta las observaciones anteriores que relacionan ger­
mánico, griego y persa. El orientalista Job Ludolf — que mantiene
correspondencia con Leibniz— había ya expuesto el parentesco de
Iuh lenguas semíticas (1702); en tanto que el galés Edw. Lhuyd,
cu su Glossography (1707), hacía atractiva la comparación entre
hit; lenguas célticas de Bretaña, de Gales y de Irlanda. Lambert
Ten Kate — a quien todavía leerá Jakob Grimm— subraya el pa­
rentesco del gótico y del holandés (1710). Sin hablar aquí del im­
pulso dado a la gramática comparada por el “ descubrimiento” del
NÁnscrito — sobre el que volveremos— , hay que hacer notar que
con menos brillantez, a nuestros ojos (porque la cosa nos parece
más fácil y más banal), los antepasados de los romanistas continúan
Iuh investigaciones de los dos siglos anteriores para apreciar mejor
•1 mecanismo según el cual las lenguas románicas han salido del
Inrín. Se encuentran molestos por la creciente tesis nacionalista que
pretende que el francés provenga del galo y sea de este modo
mucho más cercano al hebreo que al latín36< No obstante, hay que
nombrar aquí a Bonamy, que publica en 1.756 su Causes sur la
ÜMtsation du tudesque en France y que estudia la lengua de los
Juramentos de Estrasburgo; en tanto que los lexicógrafos y gra­
máticos provenzales37 siguen disputando acerca del lugar y el pa­
pel exacto del provenzal en el nacimiento de las lenguas vulgares
romances (¿lengua madre o lengua hermana, madre histórica o her­
mana mayor literaria?), lo cual sitúa el medio cultural en el que se
desarrollaron los trabajos de Raynouard. Finalmente, en el cambio
de siglo, después de su compatriota Sajnovics (1733-1785), el hún­

36 Ver también a este respecto el artículo “langue” en la Encyclopé-


ihr, que rechaza las afinidades etimológicas, y quiere basar el parentesco
«Ir las lenguas únicamente en la sintaxis.
*7 Cf. el art. de Jean S téfanini.
15.4 Historia de la lingüística'i

garo Gyármathi (1751-1830) perfecciona la comparación ya cono-J


cida del urálico, porque fundamenta el parentesco del húngaro y
del finés — como Ludolf había hecho para el semítico— sobre co- ]
rrelaciones de formas gramaticales y no sobre coincidencias de vo-J
cabulario: Affinitates linguae hungaricae cum linguae fennicae orí- J
ginis grammatice demonstratae38, obra de la cual Silvestre de
Sacy hará una reseña en el Magasin encyclopédique39.
Semejante cuadro prueba que la idea del comparatismo está en
marcha (se la encuentra también en Hervás, más sensible al paren- ]
tesco de las estructuras gramaticales que al vocabulario, y que re- j
laciona ya griego y sánscrito, malayo y polinesio); se la encuentra
también en Lord Monboddo, que, aparentemente sin depender aquí ■
de W. Jones, percibe las relaciones entre lenguas clásicas y sáns-1
crito. Pero no debe ser forzada ninguna de las líneas de este cuadro!
Aquí más que en otros casos hay que meditar la advertencia de
R. L. Wagner en su artículo ya citado, notable como prólogo meto«|
dológico a la historia de la lingüística:
Unot: se basa, escribe, en una frase, en una media página que
favorecen el sentido de la tesis [que se quiere establecer] y se dejaní
de lado otros muchos pasajes en los que se expresan otros puntoi:
de vista...

E insiste en la necesidad, siempre olvidada, de colocar en su


sitio cada hecho histórico (ya sea este hecho una idea lingüística*!
mi- libro, un hombre), en su “ contexto histórico y psicológico” . La
noción de origen y de parentesco genético, tal como lo presentad
tiene dificultades en los siglos xvi y xvn para liberarse de las no*
ciones de convenientia40, de afinidad, de conformidad, que son con
frecuencia nociones no genéticas, a veces pertenecientes más bien
al campo tipológico, normativo, o retórico. También en el si­

38 Gottmgen, 1799.
3¡> Año IV, t. VI, 86.
40 Cf. Dante.
■Of Tiempos Modernos 155

glo x v iii es evidente, en el abate Féraud, por ejemplo, que


atribuye a la lengua provenzal una paternidad más literaria que
lingüistica, porque “ contribuye a depurar el italiano” y ha ayudado
|u lus lenguas romances] a elevarse a la dignidad de lenguas lite­
rarias, les ha proporcionado modelos poéticos41. Este tipo de pun­
to» de vista no genéticos está más extendido en el siglo x v iii que
el tic Ludolf, Lhuyd, Hervás o Gyármathi: la comparación se hace
ft menudo en el sentido marcado por la Grammaire de Port-Royal,
Con vistas a la “perfección” de una lengua por referencia a la gra­
mática de una lengua hipotéticamente más “regulada” o más pura
de toda mezcla. Frain du Tremblay publica en 1703 su Traité des
Wflgues oú Von donne des regles pour juger du mérite et de Vex-
mlltnce de chaqué langue, et en particulier de la langue frangoi-
■ Sobre este mismo punto, el artículo “Langue” de la Ency-
t lnpédie o el Discours sur Vuniversalité de la langue frangaise
(1784) de Rivarol (que no es casi más que su amplificación) ocu­
pan un lugar mucho mayor en el pensamiento de su tiempo que la
Í w í s designatio... de Leibniz. En 1794 escribe Jenisch una Com­
paración y apreciación filosóficas y críticas de 14 lenguas antiguas
y modernas (en alemán) para demostrar que la esencia intelectual
y moral completa del hombre se revelan de un modo determinado
•n la lengua: el griego y el francés son refinados, el alemán es fi­
losófico, ¿te. Se puede decir (fue este tipo de filosofía tendrá al
Bonos tanto peso en el espíritu de un Humboldt, por ejemplo,
Como todo el comparatismo histórico que ve nacer y que él mismo
ayuda a nacer.

5. Las teorías del lenguaje. — El siglo x v iii es teórico. Teorías


hlltóricas y teorías psicológicas sobre el origen son numerosas,
Como hemos visto (Monboddo es aquí también original, con pre-

41 Cf. S téfanini.
** París, en Delespine, vi-280 pp.
156 Historia de la lingüística

sentimientos darwinistas)43. Sin. hablar de las construcciones de


lenguas artificiales, de las cuales la última del siglo es, sin duda,
la de Delormel, Projet d'une langue universelle présenté a la Con-
vention nationale, 1795 — siendo las primeras las de Leibniz; pero
incluso el abate L ’Épée une a su Institution des Sourds-Muets
par la voie des signes méthodiques (1776) un proyecto de lengua
universal; y su sucesor, el abate Sicard, que fue también el
primer profesor de gramática general en la Escuela Normal (1794),
imagina una escritura universal— . La Encyclopédie, en el artículo
“ Langue nouvelle” , ofrece también, si no una lengua artificial uni­
versal, al menos una lengua normalizada o a modo de modelo.
El P. Buffier (1709) propone un avance axiomático, al modo
de la geometría, para exponer la gramática a partir de definiciones
unívocas. El presidente de Brosses (Traité de la formation mécha-
ñique des langues, 1765) y Court de Gébelin (Origine du langage
et de Vécriture, 1775) trataban de explicar la formación de las
lenguas a partir de una fono-estilística general, no lejana a Herder
(Ursprung der Sprache, 1770). Mucho de todo esto procede de los
filósofos, el más representativo de los cuales es probablemente Con-
dillac (1714-1780), ya en el Traité des sensations (1754), ya en el
Essai sur Vorigine des connaissances humaines (1746) y en el Traité
des systémes (1749). Lo más interesante en él no es su teoría de
época sobre el origen del lenguaje (de la mímica al gesto .afectivo,
al grito, al canto, y después a la palabra). No son incluso intui-í
ciones aisladas, que sólo hoy nos sorprenden: que “ los hombres
sólo pueden hacerse signos en tanto que viven juntos” ; o bien
que Locke se ha equivocado al suponer que “el espíritu hace pro­
posiciones mentales en las que une o separa las ideas sin inter?
vención de las palabras” ; o incluso su interés por los tonos del
chino. En sentido inverso, se pueden encontrar otros fragmentos,
sobre la influencia que los genios literarios tienen sobre las lenguas

^ Cf. su Origin and Progress of Language, 1773-1792.


Los Tiempos Modernos *57
(Varrón puro); sobre el sentimiento que tiene de la decadencia de
las lenguas (humanismo clásico puro); sobre la música, la poesía
(Vico puro). £ 1 verdadero interés de CondiUac consiste aquí en la
claridad de su formulación de una teoría de la arbitrariedad del
signo:
— que los signos de las ienguas son signos “ de institución”
(el término viene siempre de Aristóteles) “ que hemos esco­
gido nosotros mismos y que únicamente tienen una rela­
ción arbitraria con nuestras ideas” ;
— que “el lenguaje es el ejemplo más sensible de las uniones
que formamos voluntariamente” ;
— que “esta operación [“por la que damos signos a nuestras
ideas”] resulta de la imaginación, que presenta al espíritu
signos de los que todavía no tenía idea en absoluto, y de la
atención, que les liga con las ideas” ;
— que “gestos, sonidos, cifras, letras, tales son los instrumen­
tos, tan extraños a nuestras ideas, con los que las ponemos
en obra” , etc. (Essai sur Vorigine...).

No hay que subestimar la importancia de estas teorías de fines


del siglo x v iii sobre la lingüística que resurge con Saussure. Bréal,
a quien Saussure ha prestado atención, se había inspirado en Con-
dillac, a quien se refiere explícitamente, deplorando que se haya
rechazado su enseñanza sobre el signo.
Aparte de Condillac, todo es pálido, pero no todo es insípido.
Habría que hacer un estudio sobre las ideas lingüísticas de Diderot,
que se burla de todo, del hebreo lengua madre, del interés apasio­
nado por los sordomudos, de la arbitrariedad del signo saussureano,
del recato clásico ante las palabras bajas, de la teoría muy curiosa
de los “jeroglíficos” expresivos, y de la misma lingüística socioló­
gica de Meillet. Las ideas de un Turgot no son menos interesantes.
Y para darse cuenta de hasta qué punto este siglo, ebrio de razón,
«upo tocar todo sin perder nunca la razón, reléase el Amusement
158 Historia de la lingüística

philosophique sur le langage des bétes, del P. Bougeant44, en el


que se aprende mucho más (sobre la relación entre lenguaje y si­
tuación, por ejemplo) que en la frase un tanto sucinta de Buffon:
“ C ’est parce que le langage suppose une suite de pensées que les
animaux n’en ont pas” .

BIBLIO G RAFÍA

I. HUMANISMO Y RENACIMIENTO

D. Lingua, I, i (1949),
Abercrom bie, “ Q u ’est-ce qu’une ‘lettre’ ?” ,
pp. 54-63, reproducido en Studies in phonetics and linguistics, Londres,
Oxford University Press, 1965, 151 p. — A re n s, pp. 47-65. — E . J. D o b -
son, English pronunciation 1500-1700, Oxford, Clarendon Press, 1957,
vol. I, xxiv-444 p. — L . Kukenheim , E s q u is s e ..., pp. 17-23. — L. Ku­
kenheim, Contributions á Vhistoire de la grammaire italienne, espagnole et
frangaise á Vépoque de la Rencassanee, Amsterdam, 1932, xn-232 p. —
L . Kukenheim , Contribution a l’histoire de la grammaire grecque, latine,
hébráique, Leyde, Brill, 1951, x-144 p. — M.. L e r o y , Grands courants,
pp, 8-10. — C h .-L . L iv e t , La grammaire frangaise et les grammairiens
du X V Ie siécle, París,- Didier & Durand, 1859, vm -5 36 p. — Suzan-
ne L u s s a g n e t, fragmentos de Singularitez de la France antarctique del
P. T h é v e t, en Pays d’outremer; 2.a serie, Les Frangcás en Amérique...,
L e Brésil et les Brésiliens, París, Presses Universitaires de France, 1953,
PP- 6, 53, 287. — S er a fim d a S il v a N e t o , Historia da lingua portu­
guesa, Río de Janeiro, 1952, pp. 489-493 (sobre Oliveira). — T a g l ia v in i ,
Panorama, pp. 42-43. — V . Thom sen, Historia..., cap. V.

11. e l s ig l o x v ii

A r en s , pp. 65-88. — K u ke n h eim , pp. 23-30. — L eroy, pp. 8 -11. —


P ed er sen , pp. 7-8. — T a g l ia v in i , pp. 43-50. — T h o m se n , pp. 52-55. —
D . A bercro m bie , “Forgotten phoneticians” , en Transactions Philol. Soc.,
1948, pp. 1-34. — F . B runot , Hist. de la langue fr., III y IV. — L . Cou-

44 Pekín-; y se encuentra en París en Gogué, etc., 1739; reed. 1750,


1757, 1783.
L o s T iem pos M odernos 159
•rURAT y L . L eau , Histoire de la langue universelle, París, Hachette, 1903.
— E. J. D o b so n , English Pronunciation 1500-1700 (Oxford Univers. Press,
*9573 2 vols.). — E. J. D ob so n , “ Robert Robinson and his phonetic
iranscripts of early I7th century english' pronunciation”, Trahsactions
Philol. Soc., 1947, pp. 25-63. — J. R. F irth , “ The English School of
l’honetics”, Transactions Philol. Soc., 1946, pp. 92-132. — F. GÉfiOU,
André Furétiere..., París, Nizet, 1962. — ■P. M o n tan u s , D e Spreekonst
(cd. Carón, Trivium, núm. V, 1964). — Abbé T olm er , “L a le^on de
plionétique de J.-B. D u Hamel” , Frángais moderne, 1938, pp. 242-251. —
C. V o il e , “ La lefon d’orthographe du Bourgeois gentilhomme” , Frangcás
moderne, 1935, pp. 54-64.

III. j. B. VICO

B o l e lli , pp. 18-19. — K u kenh eim , p. 31. — L eroy , pp. 12-13 y


125-126. — M om igliano , Storia della letteratura italiana, Milán, Princi­
p io , 8.a ed. revisada, pp. 351-353. — S apegno , Compendio di storia della
lutteratura italiana, Florencia, L a Nuova Editrice, 7.a ed., 1952, t. 2,
pp. 404-422. — C. S ch ick , II Linguaggio, Turín, Einaudi, 1960. — T a -
(im avini, Panorama, pp. 47-48. — Vico, La science nouvelle (La Scienza
nuova), con una Introducción j í e Fausto N ic co l in i , París, Nagel, 1953,
xi.vn-558 p.

IV. EL SIGLO XVIII

A ren s, pp. 88-132. — B lo o m fie ld , pp. 7-13. — B o l e l l i , Per una


storia.. pp. 24-29. — Jespersen, pp. 26-31. — Kukenheim , pp. 31-
19. — L e r o y , pp. 8-14. — Ped ersen, pp. 9-11. — T a g lia v in i, pp. 75-77
(nobre Gyármathi). — Thom sen, pp. 57-62. — Abercrom bie, Studies in
Phonetics & Linguistics, Oxford University Press, 1965, 151 p. — H . J.
IIUNT, “Logics and linguistics. Diderot as grammairien-philosophe”, en
The Modern Language Review, yol. 33 (2), 1938, p. 215 s. — G . M o u n in ,
"Poeudolangues, interlangues et métalangues”, Babel, IV, 2 (1958). —
<;. M ounin , “ U n e illusion d'optique en histoire de la lingúistique”, T.I.L.,
A (1959). — J. S té fa n in i, “L e Proveníal, langue mere ou langue soeur”,
Actas et mémoires du I er Congrés intem. de Langue et de Littérature du
midi de la France, pp. 208-211. — Fran?ois T h u r o t, traducción del Her-
tnes de Jacques H a r r is , París, Imprimerie de la .République, Messidor
•ii 10 IV, cxx + 415 p. (con ün Discours préliminaire, que es una tentativa
«Ir historia d& la gramática). '
C apítulo IV

EL SIGLO XIX

I. EL GIRO DEL SÁNSCRITO

i. Fonética y sánscrito. — La toma de consideración del sáns­


crito es sin discusión posible el hecho principal de los años 1786 ;
a 1816. Hay que señalar, sin embargo, que el contacto de los pri- j
meros lingüistas de Europa con la excelente descripción articulato­
ria de los gramáticos hindúes no tiene influencia inmediata sobre
la observación fonética. Los fundadores de la lingüística no heredan 1
tampoco directamente de las largas y fructuosas investigaciones lle­
vadas a cabo desde hacía tres siglos por los reformadores de la
ortografía y los profesores de lenguas extranjeras. El comparatismo j
naciente va a razonar casi siempre sobre las letras, y no sobre los j
'sonidos, como se ha hecho desde Aristóteles demasiado ciegamente,1]
seguido al pie de la letra, cuyo sentido se ha perdido por com­
pleto. Así, F. Schlegel (1808), que repudia con razón la afinidad !
basada en las “ sutilezas etimológicas” de los siglos anteriores, re­
chaza toda regla de alteración o de trasposición, y no acepta más
que las concordancias visibles de letras, excepto en el caso en él
que los eslabones intermedios (sobre los cuales no se explica foné­
El siglo XIX 161

ticamente) son evidentes: sánsc. findoti¡ schrityotí* mió, monus*


chyoy etc., > al. findet, schreitet, Ende, Mensch, etc. Jakob Grimm
escribirá todavía en 1822, por ejemplo, que “en el al. Schrift se
pronuncian ocho sonidos, puesto que la / ocupa el lugar de ph”
— frase en la que se manifiesta la atonía fonética más asombrosa,
indudablemente no por la restitución de ph, sino por la ignorancia
exacta de la naturaleza fónica de sch, que los reformadores de la
ortografía y otros han identificado desde el siglo xvi— . Aunque
Bopp, f sobre todo Grimm, hayan corregido lentamente su pri­
mera falta de atención a la fonética, ésta no se abrirá camino sino
muy lentamente en los trabajos de los lingüistas. En las Investi­
gaciones etimológicas de Pott (1833-36) aparecerá, sin duda, una
loma de conciencia de la necesidad de estudios basados en la foné­
tica. No obstante, siempre habla, significativamente, de la letra
cuando afirma que “la letra es un guia más seguro, en el laberinto
de la etimología, que la significación, sujeta con frecuencia a los
(mitos más audaces” ; o cuando su defensa de la fonética toma la
forma de una refutación del dicho según el cual “la letra mata y
el espíritu vivifica” .

2. Gramática y sánscrito. — El contacto de la joven lingüís­


tica europea con lo que a menudo se ha llamado la morfología
“ transparente” del sánscrito, y con el análisis morfológico notable
de los gramáticos hindúes, no revoluciona tampoco inmediatamente
la reflexión gramatical. Ciertamente se toma a los hindúes su no­
ción de rc&z. Pero esta noción, lejos de llevar a describir mejor la
estructura presente de las unidades de primera articulación, se ve
explotada de modo metafórico y metafísico para partir a la bús­
queda de la Ursprache, la lengua original. F. Schlegel, por ejem­
plo, indudablemente el primero en poner ampliamente en evidencia
cita noción de raíz, saca partido de ella sobre todo para justificar
la primacía que otorga a las lenguas flexivas:

H. DB LA LINGÜÍSTICA. — I I
162 Historia de la lingüistica
En la lengua india, escribe, o en la lengua griega, cada raíz
es visiblemente, como el nombre mismo expresa, una especie de
germen vivo *.

Su hermano A. W. Schlegel volverá sobre esta imagen de raíces


“fértiles” o “fecundas” . Para él, las lenguas de la primera clase
(las no flexivas) sólo tienen una única especie de palabras, incapa­
ces de recibir ningún desarrollo ni ninguna modificación. Se podrá
decir que todas las palabras son en ellas raíces, “pero raíces esté­
riles, que no producen ni plantas ni árboles” . En cuanto a las fie-
xivas,
se podría llamarlas lenguas orgánicas, porque encierran un princi­
pio vivo de desarrollo y crecimiento y porque son las únicas, si
puedo expresarme de este modo, que tienen una vegetación ablan­
dante y fecunda2.

Lejos de favorecer el análisis descriptivo, este manejo de la


noción de raíz lo desvía radicalmente: puesto que las raíces carac­
terizan a las lenguas perfectas (indoeuropeas), no es preciso que
esta noción sea aplicable al árabe — en el que, sin embargo, es
deslumbrante— . Y F. Schlegel demostrará que las lenguas semí­
ticas ¡no tienen verdaderas raíces ni verdaderas flexiones! (Lo me­
nos curioso de esta demostración no es que se pueda pensar que
probablemente Schlegel debe mucho, en lo que se refiere a su em­
brionario método comparativo, a la Escuela Holandesa del si­
glo x v iii — Hemsterhuys, Valcknaer, Lennep, etc.— , que había
tratado de aplicar al griego el sistema semítico de las raíces bi, tri
y tetralíteras). Se puede medir igualmente hasta qué punto es toda­
vía extraña esta noción de raíz al pensamiento de analizar la es­
tructura de las unidades de la primera articulación por el hedió
de que el traductor francés de Schlegel, en 1809, explica en una

1 Über die Sprache und Weisheit der Indier, 1808, I, IV.


2 Observations..., pp. 14-15.
ni siglo xix 163

nota, excusándose casi de utilizarlos, los términos técnicos de afijo,


prefijo y sufijo.

3. La descripción de las lenguas. — En el cambio de siglo, la


descripción de las lenguas ignora también el descubrimiento del
•Ansi'ito, que podría proporcionar una nueva base de clasificación
genética. El Mithridate de J. Chr. Adelung3 es simplemente el
corpus en el que están reunidos, sin mucha discriminación, todos
Ion documentos recogidos desde hace siglos sobre las lengüas del
mundo: unas 500 lenguas, ilustradas, cuando es posible por una
traducción del Padrenuestro, acompañadas de las antiguas compa­
raciones que a veces se habían intentado hacer al menos desde el
Diglo xvi, y de tentativas arcaicas para constituir grupos o familias
ilo lenguas. Corpus valioso en resumen, que puede ser aún muy
Útil durante algunos decenios para buscar en él hechos de lengua.
Y W. von Humboldt no desdeñará contribuir a ello mediante un
•rtículo extenso sobre el vasco, aparecido en las Corrections et
Additions (1817). Después de Adelung aparecerá aún un Atlas
fllmographique du globe ou classification des peuples anciens et
tnodumes d'apres leur langue (que vulgariza el Mithridate con la
adición de algunos complementos), de A. Balbi4, y, sobre todo,
flcopilaciones cada vez más científicas, por ejemplo el Asia Poly-
glotta de Klaproth5, o las del mayor William Powell para las len-
|Ua« indio-americanas, cuyos resultados desembocarán en el Grun-
¿rtti de F. Müller (1876-1888) y en las Langues du monde de
Meillet y Cohén (1924) — recopilaciones sobre las que volveremos
nuevamente a lo largo del presente esbozo histórico.

4. ¿uDescubrimiento” del sánscrito? — A decir verdad, el he­


dió importante de la época no es el descubrimiento del sánscrito.

* Berlín, 1806-1817, 4 vols.


« París, 1826.
1 París, 1823.
t¿4 Historia de la lingüistica
Hacía ya tiempo que se había hecho, en 1816, cuando Bopp llamó
la atención sobre esta lengua por el uso que de ella hizo en sus in­
vestigaciones; y Bopp mismo lo dice en el prólogo de su Grammai«
re comparée6.
Verdad es que a estas alturas no hay que tratar de dar excesi­
vas pruebas sobre este punto. Vulcanius (a propósito de sus com­
paraciones con el cíngaro) y otros habían hablado mucho sobre el
sánscrito. Sassetti había hecho comparaciones con el italiano
(sos J seif sapta J sette, deva J dio, serpa j serpe, etc.), pero sus
cartas no se redescubrirán y publicarán hasta 1855. En 1763, el
abate Barthélemy pedía al F. Coeurdoux una gramática y un
diccionario sánscritos, y el padre respondía a esta petición me­
diante una especie de memoria:
De donde se deriva que en la lengua sánscrita se encuentra un
gran número de palabras que le son comunes con el griego y sobre
todo con el latín

(memoria que contiene cuatro listas de palabras y de formas gra­


maticales); y después, con otra carta en la que se ponen en evi­
dencia las identidades entre sánscrito, alemán y esclavonio; estas
cartas serán leídas en sesión de la Academia de Inscripciones, pero
no llamarán la atención porque no responden a las cuestiones his­
tóricas por las que se interesa Anquetil-Duperron, y no serán pu­
blicadas por la Academia hasta 1808, cuando el sánscrito haya
conseguido llamar la atención desde otros puntos. William Jones
— es decir, la colonización inglesa: W. Jones es juez en Calcuta—»
es quien va a dar el sánscrito a Europa. En una comunicación a la
Sociedad Asiática de Bengala, que había fundado, escribe lo si­
guiente (en 1786), que plantea el problema de golpe:
La lengua sánscrita, cualquiera sea su antigüedad, es de una
estructura maravillosa; más perfecta que la lengua griega, más
abundante que la latina, de una cultura más refinada que ambas,

6 Trad. B réal, p. 2.
lil siglo X IX 165

tierje, sin embargo, con ellas un parentesco- tan estrecho, tanto en


lo referente a las raíces verbales como a las formas gramaticales,
que este parentesco no podría ser atribuido al azar. Ningún filólogo,
después de haber examinado estos tres idiomas, podrá dejar de re­
conocer que se han derivado de alguna fuente común, que quizá
no existe ya. Hay una razón del mismo tipo, aunque quizá menos
evidente, para suponer que el celta y el gótico, aunque mezclados
con un idioma completamente diferente, han tenido el mismo ori­
gen que el sánscrito; y podría añadirse a esta familia el antiguo
persa...7.

Hacia la misma época, el P. Paulin de Saint-Barthélemy, car­


melita austríaco misionero en Malabar entre 1774 y .1790, publi­
ca una Grammatica sanscridana (Roma, 1790), un De antiquitate
vi affiniiate linguae zendicae, sanscridanae et germanicae (Padua,
1799), un De latini sermonis origine et cum orientalibus linguis
connexione (Roma, 1802) y un Vicarana seu grammatica indica
nova (Roma, 1804). Su Viaggio alie Indie. orientdi (1796) es tra­
ducido al francés, con observaciones de Forster, Anquetil-Duperron
y Sylvestre de Sacy (París, 1808). F. Schlegel dedica toda la
primera parte de su obra Über die.Sprache und Weisheit der
Indier (Heidelberg, 1808) a ilustrar esta tesis. Pero en esta fecha
ai en Inglaterra donde se acumulan constantemente los materiales:
Cinco gramáticas sánscritas antes de 1815, a saber, las de Carey, Fors-
tor, Colebrooke, la dé Wilkins (1808), el diccionario de Wilson. Y
• París vendrán los creadores alemanes de la gramática comparada
A estudiar el sánscrito, porque el orientalista Sylvestre de Sacy
anima el estudio dé las lenguas orientales en París desde 1796, y
desde 1806 en el Colegio de Francia, verdadero centro de investiga­
ción. En él introduce en 1803 a Alexander Hamilton, inmovilizado en
Francia por el bloqueo continental; hace una reseña de la gramá­
tica de Wilkins en el Moniteur (1810) y forma en ella a Chézy,

7 Asiatic Researches, t. I, p. 422.


i68 Historia de la lingüística

Pero, como hemos visto, esta voluntad de asegurar las compa­


raciones genéticas ante todo, o incluso con exclusividad, sobre las
formas gramaticales existía ya en Ludolf, en Lhuyd, y — planteada
formalmente desde el título— en Gyármathi, así como también en
W. Jones. Lo que hará de Bopp el fundador de la lingüística no
será ni el descubrimiento del sánscrito ni el del comparatismo, sino
su utilización para plantear-y resolver problemas nuevos referentes
a las lenguas.

ó. La clasificación de las lenguas. — Los falsos problemas so­


bre el hébreo lengua madre, accesoriamente sobre el galo lengua
madre, van a perder con mayor o menor rapidez su importancia
en escena. Sin embargo, los celtómanos tendrán larga vida en
Francia: la Academia céltica de Francia se funda en 1805, y
aún se propone “estudiar y publicar la etimología de todas las
lenguas con ayuda del bretón, del galés y del erso” ; y Granier de
Cassagnac, en 1782, seguirá sosteniendo, con bastante auditorio, el
origen galo del francés. Por otra parte, muy lentamente también,
la gramática general, al modo de Port-Royal, después de Volney,
Destutt de Tracy, va a entrar en declive.
Aparecen o pasan a primer plano nuevos problemas. El más
notorio es el de la clasificación de las lenguas. La que propone
Adelung es aún precientífica, y refleja a la vez los trabajos de los
siglos anteriores y la ideología de época: clasificación geográfica por
continentes, de una parte: reparto de las lenguas de Asia en
monosilábicas y disilábicas; y de otra parte, agrupaciones europeas
inconsistentes: vasco, ramas céltica, celto-germánica, germánica,
tracio-pelagio-grecolatina, eslava, lituano o germano-eslava, húnga-
ro-albanesa, etc. Clasificación en la que se refleja la antigua tesis
de las lenguas puras y de las lenguas mezcladas. La clasificación
de Schlegel, apoyada por completo en el sánscrito, distingue “ dos
clases, principales de lenguas según su estructura interna” 14; y,
M Weisheit, I, IV.
El siglo XIX 169

nfiade, “esta distinción comprende y agota por completo todo el


campo del lenguaje” : las lenguas flexivas (indoeuropeas) y las otras,
que no tienen ninguna relación con las primeras, que son “lenguas
nobles”, es decir, “nacidas y formadas de una manera orgánica” 15.
(Excluye las lenguas semíticas, porque, afirma, la estructura ílexiva
a partir de las raíces no es antigua en estas lenguas, y porque en
ellas es, según pretende, un préstamo.) Las lenguas no fiexivas
— aun cuando Schlegel proteste de que no hay ninguna intención
peyorativa en su clasificación— son descritas como muy imper­
fectas con respecto a las otras: falta de letras esenciales, predi­
lección por grupos consonánticos extraños, como ti, falta de género,
de número, de caso, a veces carencia del verbo ser, de adjetivo, de
infinitivo en las lenguas indio-americanas, a las que él sitúa “en
el grado más bajo de las lenguas” (pero en otro lugar es el chino
el que se ve situado “en el grado más bajo de la escala” ); lenguas
que muestran la inutilidad de las esperanzas de los que sueñan
con “reducir todas las lenguas a ün tipo común” . El sánscrito, por
el contrario, es “ una lengua sistemática y perfecta desde su primer
origen” , es “la lengua de un pueblo no compuesto de brutos, sino
de clara inteligencia” . A esta visión, ya muy europeocéntrica — e
incluso germanocéntrica, porque el alemán es visto como el más
próximo al sánscrito— , Schlegel agrega una serie de tesis de muy
diversos valores: que es absolutamente superfluo buscar causas
no naturales en el origen del lenguaje; que el sánscrito es la
lengua más antigua dentro de las lenguas indoeuropeas (que abre­
viaremos en adelante mediante la abreviatura i.-e.) y que las demás
derivan de ella (Weisheit, I, III); que el sánscrito se habría derivado
probablemente de una lengua más antigua; que las diferencias
entre sánscrito y lenguas “intermediarias” se explican por mezclas
experimentadas por estas últimas; que las raíces turcas que se
encuentran en alemán, las raíces alemanas que se encuentran en

i* Ibid.
I7tí Historia de la lingüística

zendo, en manchú, en japonés, en filipino, pa. quechua, prueban la


extraordinaria extensión de las migraciones arias; que las lenguas
no flexivas se han perfeccionado por su mezcla con las flexivas;
que las lenguas flexivas declinan a partir de un punto' de perfec­
ción, situado desde el origen mismo de estas lenguas. Son todas
ellas tesis que se explican a la vez por el estado que había aleará
zado en 1808 la descripción de las. lenguas del mundo y por el
juego de factores históricos propios de Europa y sobre todo de la
Alemania de comienzos del siglo xix, sobre los que tendremos
ocasión de volver más detenidamente a propósito de Bopp y de
Humboldt.

II. RASMUS RASK

1. El problema Rask. — Antes, de estudiar la obra de Bopp es


instructivo detenerse sobre la significación de la de Rask (1787-
1832). Su obra y su papel han sido ilustrados tardíamente. Bréal,
en su panorama sobre los orígenes de la gramática comparada (in­
cluso en la 2.a edición, 1875), cita a Rask únicamente por sus
trabajos sobre el zendo. Raumer, en 1870, había señalado, sin em­
bargo, lo que Grimm debía al lingüista danés. Pero son sobre todo
sus compatriotas los que le han sacado a luz. Thomsen, en 1902,
pone ya de relieve algunos rasgos singulares de esta figura; y
Meillet, a continuación, los tiene en cuenta (1903). Después, Jes-
persen (1922), Pedersen (1924) y, finalmente y con más profun­
didad, Hjelmslev (1951) añaden datos a la imagen. El caso es
apasionante porque ilustra cómo las orientaciones de una época
dada condicionan a menudo la asimilación o la no asimilación de
un trabajo notable y cómo la historia misma de estos malentendidos
históricos es a su vez condicionada. Pedersen, por ejemplo, que
ha leído á Thomsen y a Rask, es insensible a todo lo que en éste es
algo diferente de gramática comparada; y la actitud de Meillet
(1922, 1923) es la misma. Juzgan a Rask únicamente a la luz de la
El siglo XIX 171

lingüistica'histórica de su época. Es preciso esperar a Hjelmslev


— en el marco de una lingüística no histórica, descriptiva, estruc­
tural— para que por fin aparezca Rask leído, estudiado, juzgado por
lo que él había querido hacer, y no por lo que su época o la
siguiente habrían querido que hiciese.

2. ¿Un pionero desconocido? — En 1811, Rask es un filólogo


que ha publicado ya una gramática del antiguo islandés. Piensa,
sin duda, en una gramática del antiguo inglés, que publicará en
1817. Igualmente publicará, en 1818, la primera gramática cono­
cida de una lengua germánica, obra de un islandés anónimo del
siglo xii, de la cual hemos hablado anteriormente.
Pero en 1811 la Academia danesa de las Ciencias saca a con­
curso el siguiente tema:
Buscar e ilustrar con ejemplos apropiados, mediante la critica
histórica, de qué fuente ha podido derivar con más seguridad la
antigua lengua escandinava; establecer el carácter de esta lengua
y sus relaciones, desde los tiempos antiguos y hasta fines de la
Edad Media, con el escandinavo y el germánico; y determinar exac­
tamente los principios fundamentales sobre los que deben basarse
todas las derivaciones y comparaciones de estas lenguas.

Tema en cuya formulación se deja sentir aún probablemente


todo el peso de las viejas ideas sobre las lenguas madres; en la
que, sin embargo, se percibe también todo el peso del compara-
tismo difuso, pero consciente, de fines del siglo x v i i i y de comien­
zos del xix. Rask responde, en 1814, mediante una memoria ma­
nuscrita, Investigation sur Vorigine du vieux norrois ou islandais
(Undersógelse om det gamle nordiske elle Islandske Sprogs Aprínd-
else). Este manuscrito no se publicará hasta 1818, dos años después
de que Bopp haya dado su Konjugationssystem, que fundaba la gra­
mática comparada para el público europeo versado en estas mate­
rias. Aparte estas desventajas y la de escribir en una lengua europea
poco leída, Rask tendrá la desdicha de verse traducido al alemán,
172 Historia de la lingüistica

pero mal y parcialmente, por Vater, con el título, demasiado inspi­


rado en el pensamiento de Adelung, Über die thrakische Sprackklas-
se (1822). La obra de Rask obtuvo el premio danés. Éste fue, según
Hjelmslev, el comienzo de sus desdichas. En efecto, las autorida­
des, preocupadas por empujarle en la dirección de las investiga­
ciones de entonces, le ofrecen, y prácticamente le imponen, un
largo viaje al Oriente, hasta la India (1816-1823), que realiza con
repugnancia, después de una larga detención de más de un año
en Estocolmo y en Petersburgo, cargado de una verdadera biblio­
teca en sus bagages y poco preocupado por su misión. Frustra, na­
turalmente,. las esperanzas que se habían fundado en él como orien­
talista; no hace nunca exactamente lo que se espera, se siente per­
seguido en su carrera, profundiza en investigaciones que podían
parecer entonces anticuadas: sobre una pasilalia o lengua univer­
sal, una pasigrafía, una reforma de la ortografía. Y muchos puntos
de su enseñanza podían dar la impresión de que se detenía más en
la investigación de una gramática general que en la de una gra­
mática comparada. Muere joven, a los 45 años.

3. La gramática comparada. — Es, sin embargo, de su época


en su Investigación. Establece relaciones entre islandés, lenguas es­
candinavas y germánicas, griego, latín, lituano, eslavo, armenio. Úni­
camente admite la posibilidad de relaciones con el sánscrito y el
iranio, rechaza las lenguas célticas (pero corregirá este doble error
a partir de 1818) y el albanés (también sobre este punto se corre­
girá más tarde). Sü aportación es decisiva para el lituano, contra
Adelung, que presenta todavía esta lengua, al modo de los siglos
pasados, como una mezcla de eslavo y de germánico. Para el
iranio da en 1826 una comparación decisiva con el sánscrito.
Es verdad que sus trabajos contienen numerosos errores, como
los de sus contemporáneos. Pero su valor obedece fundamental­
mente a sus principios y a su método. Si ha hecho una reseña de
Adelung en 1809, también ha leído a Sajnovics y a Gyármathi, a
El siglo X IX 173
quienes cita. Abandona en su Investigación, y a pesar de la formu­
lación de la Academia, el mito de la investigación de una lengua
madre:
Tras haber demostrado con detalle, escribe Pedersen, que el
griego es la más antigua y primitiva de las lenguas emparentadas
con el noruego antiguo, nos pone en guardia expresamente, en su
conclusión, contra la creencia de que éste se haya derivado directa­
mente del griego. El griego es simplemente la más antigua super­
vivencia [...] de la lengua desaparecida de la que desciende [tam­
bién] el noruego antiguolé.

Sobre todo, plantea con fuerza que la comparación de las len­


guas debe basarse en criterios, gramaticales,
porque, escribe, la experiencia demuestra que la correspondencia en­
tre las palabras es algo sumamente incierto. A través de los cam­
bios entre pueblos, un número increíble de palabras pueden pasar
de una lengua a otra, por diferentes que puedan ser ambas por su
origen y por su tipo [...]. La correspondencia gramatical es una
indicación mucho más segura de parentesco o de identidad origina­
ria, porque una lengua que se ha mezclado con otra sólo rara vez
toma prestados de la otra o no toma prestados nunca los cambios
morfológicos o inflexiones de esta última [...]. Esta especie de co­
rrespondencia, que es la más importante y la más segura, ha sido
silenciada casi por completo hasta el momento en la derivación
de las lenguas, y esta negligencia es el principal error de la mayoría
de las discusiones tenidas a este respecto; por dio los trabajos an­
teriores son tan inseguros y de tan escaso valor científico17.

Sin embargo, secundariamente puede uno basarse también en el


vocabulario; y sobre este punto, la formulación de Rask es valiosa
por la precisión de los procedimientos que propone :
Una lengua, por mezclada que pueda estar, pertenece a la mis­
ma rama que otra cuando tiene en común con esta última las pa­
labras más esenciales, más concretas, más comunes [...]. Cuando
se encuentra una correspondencia entre esta clase de palabras en

16 Discovery, p. 249.
17 Discovery, pp. 250-251.
174 Historia de la lingüistica
dos lenguas, y con tanta frecuencia que de ello se pueden deducir
reglas para el paso de una letra determinada a otra de una lengua
a otra, se debe a que hay una relación fundamental entre estas dos
lenguas1S.

Aunque habla siempre de letras, y no de sonidos, desde 1814


es notable la atención que otorga Rask a los hechos de correspon­
dencia fonética. Formula antes que Grimm las leyes de la muta­
ción consonántica en germánico: paso de p a / (pater > fakir, etc.),
de t a p (treis > prir, etc.), de g a fe (genos > kyn, etc.). Grimm,
señala Pedersen, no ha dejado de ser influido por Rask; y de la
primera (1819) a la segunda edición (1822) de su Deutsche Gram-
matik, la consecuencia es visible: ni una palabra de fonética en la
primera, 595 páginas en la segunda.

4. ¿Quién es Rask? — Entre 1870 y 1920, en la medida en


que los lingüistas daneses le descubrían y le hacían descubrir, el
juicio sobre Rask es casi siempre idéntico. Para Pedersen, ha es­
crito “ el embrión”, “el primer esbozo” de una gramática compa­
rada, pero con faltas; habría podido, sin duda alguna, eliminar mu­
chas de ellas más adelante, pero “ el resto de su vida, breve y sin
descanso, estuvo llena de otras empresas” , añade Pedersen con un
sensible matiz de pena19.
Para Meillet (y los historiadores posteriores de la lingüística,,
que le han seguido generalmente en este punto), Rask es “más cien­
tífico”, “más riguroso”, “más moderno” que Bopp pero “las cir­
cunstancias no han permitido a Rask ni desarrollar ni proseguir su
idea” 21. Rask es visto siempre como un pionero de la gramática
comparada. Se le sitúa como un jalón en el desarrollo de ésta:
porque escribe en danés, porque no ha conocido por completo el

18 Discovery, p. 251.
191 Discovery, pp. 248-254.
20 Introduction, p. 418.
21 Linguistique, II, p. 153.
El siglo XIX 175
sánscrito, porque su publicación ha sido retrasada, porque su vida
breve y agitada no le ha permitido alcanzar su propia altura, por
todo ello, desgraciadamente, no ha podido llegar a ser el fundador
de la gramática comparada, tal como debía y merecía ser.
Esta construcción es un buen ejemplo de reducción lineal en
historia. En realidad, la trayectoria de Rask es muy diferente. Para
apreciarla en toda su complejidad, hay que ver que, primero ro­
mántico a la alemana, y sumergido en las antigüedades nacionales
escandinavas, sin duda por las mismas razones que sus contempo­
ráneos, cambia rápidamente de óptica, para interesarse no por la
filología y por la historia, sino por la descripción del sistema de las
lenguas a la que le llevan su educación siglo x v i i i y su modo de ser.
Aquella biblioteca aparentemente inútil que lleva a las Indias con
grandes gastos, en los baúles de su berlina construida expresamente
para ello, le resulta indispensable para el gigantesco trabajo que
«ueñá emprender a pesar de su viaje y durante su viaje: una gra­
mática general, basada, no sobre los a priori de la filosofía, sino
"sacada de las lenguas verdaderas”, según sus propias palabras. D e
nhí sus 150 manuscritos que describen las estructuras de las lenguas
del mundo; de ahí las gramáticas descriptivas que publica después
de 1823, española, islandesa, frisona, italiana, acra (Costa de Oro,
etc.), que desconciertan a todos los que esperan de él la gramática
comparada. Espíritu gramático, racionalista, según había visto ya
Thomsen (quien con razón había dicho: “ Ante todo, Rask es un
■istemático” ), señalaba aquél que se aparta de la historia y se
interesa por lo que en el siglo xx se denomina lingüística descrip­
tiva y tipología. Pertenece, sin duda, mucho más al siglo x v i i i
que al xix, a pesar de sus apariencias. Y su caso subraya perfecta­
mente todo lo que del siglo x v i i i hay en la joven lingüística
del xix, aun comparatista; en tanto que nosotros señalamos hoy
demasiado el corte entre los dos siglos y las dos lingüísticas, por
lu preocupación excesivamente somera de periodizar y de diferen­
ciar. La ambición de Rask sería la de construir una sistemática
176 Historia de la lingüistica

lingüística, y se refiere expresamente a Linneo en este punto, lo


cual es revelador. Por otra parte, y en esto todavía muestra lo que
la lingüística del siglo xix toma, y muy conscientemente, al si­
glo x v i i i , plantea que “ la lengua es un objeto de la naturaleza, y
el conocimiento de la lengua se toca con la historia natural. La
lengua nos presenta dos objetos de consideración filosófica: i.°, las
relaciones entre los objetos, es decir, el sistema; 2.°, la estructura
de estos objetos, es decir, la fisiología. Esto no es mecánico; por el
contrario, es el triunfo supremo de la aplicación de la filosofía sobre
la naturaleza si permite encontrar el verdadero sistema de la natu­
raleza y mostrar su verdad” (citado por Hjelmslev, pp. 148-149).
Esta investigación del sistema de las lenguas explica a su vez to­
dos los desprecios de la lingüística histórica a propósito de Rask.
Hjelmslev, a quien debemos esta aclaración histórica y psicológica,
tiene razón, sin duda, al escribir que “parentesco de lenguas y fa­
milia de lenguas significan para Rask una cosa diferente que para
sus sucesores” ; y que “ la distinción entre punto de vista tipológico
y punto de vista genético [...] no ha sido hecha por Rask” (pp. 153-
154). Lo que estudia esencialmente son los parentescos de estruc­
tura, parentescos tipológicos — y esto es lo que explica más de una
vez las faltas que le reprocharán los comparatistas: por ejemplo,
su primera negativa a poner el celta entre las lenguas indoeuro­
peas.
Rask es indudablemente el ejemplo más notable para ilustrar
esta afirmación tan justa de Pedersen, que no vio, sin embargo,
hasta qué punto se aplicaba a Rask mismo: “A pesar de su apa­
riencia muy diferente, la ciencia lingüística del siglo xix continúa
lógicamente los desarrollos que la habían precedido” (Discovery,
página 12).
El siglo XIX 177

IH. FRANZ BOPP (1791-1867)

1. El clima de la época. — El clima en el que han surgido los


trabajos de Bopp queda descrito incompletamente si uno se lim ita
a evocar el descubrimiento del sánscrito y el progreso del compara-
tismo aplicado a todos los campos posibles. Hay que tener en cuen­
ta al menos otros dos aspectos del pensamiento de la época. Es
preciso tener en cuenta, en primer lugar, una corriente muy fuer­
te de curiosidad en dirección a los orígenes del pensamiento, de la
religión — corriente compleja, en la que se mezclan un comienzo de
actitud histórica verdadera y gustos polémicos de la época— . Se
vuelve hacia el Oriente, se escudriñan las filosofías más arcaicas
con la esperanza de encontrar en ellas revelaciones más satisfacto­
rias sobre los orígenes del espíritu humano. Para la mayoría de los
orientalistas que se forman entonces, según la palabra muy justa
de Bréal, el estudio de la lengua es una servidumbre inevitable
para acceder al pensamiento religioso. (El título de Schlegel es
típico: escribe sobre la lengua y la sabiduría de los hindúes.) Tal
es el sentido de la declaración de W. Jones:

Yo no he considerado nunca las lenguas más que como un sim­


ple instrumento del saber real.

De este modo, se está todavía en el clima de la filosofía de las


luces; y Bopp es producto de una de las escuelas representativas
de esta corriente: discípulo de Windischmann, y por ello muy
imbuido de las doctrinas que profesaba la escuela simbolista de
Heidelberg, con Creuzer. El prólogo de su maestro a la Konju-
gationssystem es aquí elocuente; alaba el gusto de Bopp por una
ciencia seria, y dice:

[se] consagra ante todo a la investigación de las lenguas porque es­


pera llegar por este camino a un conocimiento más íntimo de la
naturaleza y de las leyes del espíritu humano.
H. DE LA LINGÜÍSTICA. — 12
Historia de la lingüística

El otro carácter de la época es el del naciente romanticismo


alemán — carácter que no es enteramente independiente del ante­
rior— . La voluntad de promover los valores nacionales con el fin
de dar al traste con el clasicismo francés, invasor y anquilosado, lleva
a investigaciones históricas sobre el pasado germánico. A la anti­
güedad greco-romana se oponen las antigüedades nacionales; a
las epopeyas greco-romanas, las epopeyas nacionales, Edda, Nibe-
lungen, Ossian; después, una vez conocidos, el Ramayaná, el Ma-
habarata. Las obras-programa de Schlegel y Bopp, tras una intro­
ducción lingüística, dan traducciones de textos hindúes, que los
lingüistas mencionan de pasada; pero históricamente estas traduc­
ciones pesan en el ánimo de los lectores probablemente tanto como
los cientos de páginas que les preceden sobre la lengua. A partir
de Jean-Jacques y de Herder, finalmente se distingue con cuidado
entre Kunstpoesie y Naturpoesie; para oponer antepasados nacio­
nales a los antepasados clásicos — que justifican el clasicismo fran­
cés— se erige la tesis de la creación popular espontánea, de la
pujante intuición creadora de los pueblos primitivos, cara a Greu-
zer. Incluso cuando las repudia, Bopp está también imbuido de
estas doctrinas, sin la iluminación de las cuales .no se le verá tal
como es.

2. El fundador de la gramática comparada. — Natural de Ma­


guncia, el alumno de Windischmann va a París de 1812 a 1816.
Sigue los cursos de Sylvestre de Sacy, estudia el persa, el árabe,
el hebreo; y el sánscrito con Chézy, que ocupa una cátedra en el
Colegio de Francia desde 1814. En París surge la memoria Ueber
das Konjugationssystem der Sanskritsprache in Vergleichung mit
jenem der griechischen, lateinischen, persischen Und germanischen
Sprache (Francfort, 1816), que hace de Bopp el fundador de la
gramática comparada. Windischmann obtiene entonces del rey de
Baviera una beca para Bopp, que se dirige a Londres (1816-1820).
Enseña allí a Humboldt el sánscrito y se encuentra con Cólebrooke
n i siglo x i x 179

y Wilkins. Una vez vuelto a Alemania, no obtiene el puesto de


profesor de sánscrito que había solicitado de la Universidad de
Würzburg, porque el estudio de esta lengua les parece aún “poco
úi il a los filólogos clásicos” . Humboldt reparará este error, en
1821, nombrando a Bopp para la cátedra de sánscrito de la Uni­
versidad de Berlín. El extraordinario desarrollo que va a conocer
la gramática comparada en Alemania aparece condicionado desde
chic momento por el inteligente esfuerzo de un hombre influyente,
Humboldt, y sobre todo por una situación que no existe en Fran­
cia, el romanticismo alemán (filosófico, político, cultural), .que se
ha vuelto por completo hacia el descubrimiento y la exaltación del
panado nacional, en el que queda incluida la lengua alemana con
mu historia, historia a la que a su vez va unido el sánscrito; desde
1823, Klaproth inventará el término de lenguas indogermánicas
pora las lenguas i.-e., terminología que valora con bastante im­
propiedad los orígenes alemanes, pero que será adoptada en Ale­
mania por todo el mundo, excepto por Bopp (y Schopenhauer).
Bopp va a continuar su obra de comparatista durante medio siglo.
Jfirá sucesivamente cinco memorias para la Academia de Berlín:
Vargloichende Zergliederung des Sanskrits und der mit ihm ver-
wandten Sprachen (1824-1831); después, su Vergleichende Gram-
matik (1833-1852)22.
Si se ponen unas junto a otras las obras de Rask y de Bopp,
en el plano de los resultados se ve que, por una parte, en el pri-
mcro la comparación no se refiere al sánscrito, y que, por otra
parle, en el segundo no se refiere ni al lituano ni al eslavo (que
Klliulirá en 1833 y 1835), ni al armenio (que añadirá en 1857).
( lomprende en Bopp el persa, acerca del cual no hay, en 1816, más
«|itc ideas caducas referentes a los parentescos irano-germánicos
ubticrvados en el siglo xvi. No ve el parentesco con el celta, que

2.* ed. 1857-1861; 3.a ed. 1866-1870; trad. inglesa, 1845-1853;'


mui. francesa, 1865-1872; 2.a ed. 1875.
i8o Historia de la lingüistica

incluirá en 1838, pero sobre el que no trabajará hasta 1854; ni con


el albanés, que incluirá en 1854.
En el plano de los principios y de los métodos, la comparación
con Rask revela en Bopp un campo más reducido en el punto de
partida: su trabajo sólo se refiere a las flexiones verbales, pero
ensanchará su campo de acción a partir de la refundición que hace
para la traducción inglesa del Konjugationssystem 23, ya que tiene
en cuenta el sistema de las declinaciones. En este punto es, por
otra parte junto con Schlegel, el inventor de la noción de flexión.
Bopp critica a Schlegel y a Grimm, y se niega a confundir con el
nombre de flexión las alternancias vocálicas dentro de las raíces y
los afijos añadidos a las raíces: para él, únicamente estos últimos
son flexiones. Acepta, por otra parte, los puntos de vista de los dos
Schlegel en la cuestión: clasificación de las lenguas “ que recuerda
los reinos de la naturaleza” (?), clasificación que encuentra “llena
de sentido”, y superioridad de las lenguas i.-e.

3. La teoría de Bopp. — La parte más caduca de la obra de


Bopp no es, indudablemente, aquella por la que asimila continua­
mente la lengua, como toda su época, a un organismo vivo, dando
a este término ya el sentido que damos al de estructura (“Me pro­
pongo dar en esta obra una descripción del organismo de las dife­
rentes lenguas que se señalan en el título” ), ya el sentido que tiene
en las ciencias naturales. Su teoría fundamental está muerta. Si ha
dudado probablemente en el punto de partida en ver en el sáns­
crito la lengua madre original, ha renunciado claramente a esta
utopía:
No creo que haga: falta considerar como salidas del sánscrito
el griego, el latín y las demás lenguas de Europa [...]. Me veo más
bien llevado a considerar todos estos idiomas sin excepción como
modificaciones graduales de una única y misma lengua primitiva,

23 Ariálytical Comparison of the Sanskrit, Greek, Latin and Tettío-


nic Languagesy Showing the Original Identity of their Grammatical Struc-
ture, 1820; reimp. 1889.
m siglo xix 181

cttcribe en los Anales de literatura orientalM. Pero lo que busca


Incesantemente a través deí sánscrito és el origen mismo del len­
guaje : “ Trataremos de observar el lenguaje en su eclosión y en su
desarrollo”, precisa desde el prólogo (p. 2) de su Gramática com-r
parada. Porque el sánscrito es más antiguo que el griego y el latín
y porque su morfología es transparente, piensa que puede remon-
tur mediante él hasta el primer estado de la lengua, alcanzar de
este modo las primeras palabras, las raíces monosilábicas aisladas,
en las que se percibía siempre anteriormente a él — como lo creían
Schlegel, Adam Smith, Court de Gébelin, presidente de.Brosses—
lu relación significante que va del sonido puro al sentido, antes de
Mr significantes por sí mismos los primeros sonidos, y no en virtud
(te la arbitrariedad del signo (este último punto, el “misterio de las
raíces”, “ la causa por la que determinada, concepción primitiva está
marcada por un sonido determinado y no por otro”, es el único
que “ se abstendrá de penetrar”) 25. Esta hipótesis es la que le lleva,
todavía en 1840, a tratar de relacionar las lenguas caucásicas, indo­
nesias, melanesias y polinesias con las lenguas i.-e. Es también la
hipótesis que le lleva — herencia de Port-Royal— a querer encon-
imr en todas partes desinencias salidas de la raíz es, “ ser” , el verbo
“ abstracto”, el verbo “ sustantivo” originario. Y finalmente, es la
que le lleva a justificaciones renovadas de la teoría de la decadencia
de las lenguas. La lingüística francesa ha sido siempre muy hostil
• este misticismo de la Ursprache, lo cual explica la severidad de
Hrénl con Schlegel y su Weisheit, “ que se pierde tras los primeros
i upítulos en una espesa niebla de hipótesis” (p. X), o con Hum­
boldt; y los juicios de Meillet, que al describir cuidadosamente la
magnitud de la aportación de Bopp, no deja de señalar en qué
puntos decepcionan, todavía en 192326, la parte “romántica” de
iu obra y su interpretación “ quimérica” de las formas lingüísticas.

24 Londres, 1820.
M Gram. comp., prólogo, p. I.
36 Lingwstique, II, p. 153; cf. también p. 185.
182 Historia de la lingüística

A diferencia de Arens, que todavía en 1955 admira todo lo de


Bopp, y parece más bien escribir la piadosa crónica familiar en la
que todos los antepasados son siempre geniales (admira incluso el
gran descubrimiento del verbo abstracto incorporado a la raíz ver­
bal), es preciso repetir que Meillet y Bréal han sido notables en
general, analizando al detalle y con una extrema finura histórica el
desarrollo de la lingüística. Hasta el punto de que, en este aspecto,
cada una de sus frases es, incluso hoy, sugestiva, y lleva a la inves­
tigación histórica, que está por hacer. Meillet, por ejemplo, en la
Introduction á la grammaire comparée des langues i.-e. (en la que
celebra a Bopp), no duda en escribir “ que ha encontrado la gra­
mática comparada al tratar de explicar las lenguas i.-e., como Cris­
tóbal Colón descubrió América al buscar la ruta de las Indias” 27.
Juicio de historiador que hay que tener en cuenta, como los que hace
otras dos veces sobre este fenómeno: que las especulaciones más
arriesgadas de Bopp “han hecho más, indudablemente, por el éxito
de la gramática comparada en sus comienzos que la parte sólida de
su obra” 28. Habrá que esperar a Verburg, en 1950, para encontrar
un análisis detallado de los condicionamientos históricos a la luz
de los cuales se percibe finalmente el porqué de los principios rea­
listas (que Verburg hace remontar, sin duda fundadamente, hasta
Leibniz) y de los puntos de vista unilaterales, los defectos de mé­
todo, que constituyen a Bopp completo. Gracias a él se ve clara­
mente el sentido todavía utópico de su noción de raíz, que opone
a Schlegel, pero también a Grimm29.
Esta colocación en su punto, lo más exacta posible histórica­
mente, de los méritos de Bopp en nada disminuye la importancia de
su obra. Por el contrario, si se le ve tal como es en su época, se
aprecian mejor ciertos elementos que pasaban desapercibidos en la
hagiografía simplista. Y en primer lugar se percibe más claramente

27 ibid., p. 458, 3 ed., 1934.


28 Linguistique, II, p. 185; cf. también p. 154.
29 Ver su Grammaire comparée, t. I, pp. 221 y ss., §§ 105 a 108.
PA siglo XIX 183

hasta qué punto es Bopp en el fondo, lo mismo que Rask, el me­


nos romántico de los lingüistas de su época. Por ejemplo, sostiene
en el prólogo de su Vergleichende Grammatik su uso del término
indo-europeo:
No puedo aprobar, escribe, la expresión indo-germánico, ya que
no veo por qué razón se va a tomar a los germanos como repre­
sentantes de todos los pueblos de nuestro continente30.

En 1833 hay una buena dosis de honradez, de antirromantids-


mo, y también de sangre fría científica. Bopp, escribe asimismo
Meillet para poner de relieve este no romanticismo, “no ha sido
más que el técnico de la investigación” 31; su mérito ha consistido
en “dar una forma precisa a ideas que, en su forma general,
habrían quedado estériles” 32. Y Meillet, cuando habla del “carácter
místico” que había tenido en un principio entre los alemanes la
gramática comparada, excluye siempre a Bopp, que “era por natu­
raleza un espíritu positivo” 33; en 1829, en una reseña sobre Win­
dischmann, su maestro (al que decepcionó), señala bien la línea
de conducta que se traza: para los demás, según R. Gérard, “el
sánscrito no era sino la llave del mundo primitivo”, en tanto que
Bopp plantea: “ Lo que importa, sobre todo, es la lengua...” 34.
Mejor que Pedersen, cuyo juicio sobre Bopp constituye una página
notable35, es Meillet, con toda seguridad, quien nos ayuda a ver
con precisión al sabio, más gramático que “filósofo” , más apa­
sionado por el Kleinarbeit que por la amplia Geisteswissenschaft;
porque el antiguo discípulo de Windischmann se definió conscien­
temente en una frase por la que se separaba formalmente de toda
la metafísica de su formación, tanto de W. Jones como de Herder,

30 P. 21, trad. francesa.


31 Linguistique, II, p. 153.
32 Ibid., p. 153..
33 Ibid., p. 216.
34 G érard, L ’O r i e n t p. 157.
35 Discovery, pp. 256-257.
Historia de la lingüistica

Schlegel y Humboldt, verdadera frase-proclama de la lingüística


naciente, que opone a toda la filología tradicional: “ Las lenguas
de que trata esta obra son estudiadas por sí mismas, es decir, como
objeto y como medio de conocimiento” 36. Frase en la que es im­
posible no ver, manteniendo igual todo lo demás, la prefiguración de
la última frase del Cours de linguistique genérale de Saussure,
que deriva de él probablemente.

IV. LA LINGÜÍSTICA DESPUÉS DE FRANZ BOPP

i. Lingüística histórica o gramática comparada. — Opuesta­


mente a Leroy, quien piensa que “ a partir de los años 1870 [es
cuando] la gramática comparada toma una orientación nueva” 37,
Kukenheim, atraído por el método de presentación llamado de las
generaciones38, opone un primer tercio del siglo xix, comparatista,
al segundo tercio, que sería el de la lingüística histórica. Pero para
Pedersen, el siglo se divide en dos períodos: el primero se ex­
tiende desde Rask y Bopp hasta Schleicher, en la culminación de
su obra (1862); el segundo comienza hada 187o39, siendo el año
1876 “ el más decisivo para la transformadón de la lingüística
i.-e.” 40. Meillet situaba el mismo cambio en los mismos años, pero
percibía sus primeros síntomas a partir de la Deutsche Grammatik
de Jakob Grimm 41 y de la Grammatik der romanischen Sprachen
de Friedrich Diez 41,

36 Vergleichende Grammatik, pró!. ed. francesa, p. 8.


37 Grands courants, p. 40.
38 Esquisse, p. 4.
39 Discovery, pp. 242-243.
40 Ibid., p. 273; también p. 277.
41 .T. I, 1819 j 2.a ed. 1822; tomos siguientes, 1826, 1831, 1837.
42 1836-1844.
Iil siglo XIX

Al mismo tiempo [que Bopp elaboraba la gramática comparada]»


dice, Jakob Grimm constituía la gramática histórica del alemán,
[...]. Pronto era imitado el modelo y Diez constituía a su vez
la gramática, comparada e histórica a la vez, de las lenguas ro­
mances [...]. Por lo demás, a partir de 1870, la investigación ha
tomado un nuevo carácter43.

En lo que se refiere a la fecha, sigue a Saussure, para quien “ la


lingüística propiamente dicha, que dio a la comparación el lugar
que exactamente le corresponde, nació con el estudio de las len­
guas romances y de las lenguas germánicas” y para quien “hasta
1870 no se pregunta uno cuáles son las condiciones de la vida de
lis lenguas” 45, con Whitney (1875), y después los Jimggrammatiker
(x876).
Este problema de periodización, que parece no ser más que una
cuestión de comodidad en la exposición, supone en realidad que
le haya dado ya la solución de este otro problema: ¿qué es la
|ramática comparada (que se denominaba a veces [como lo hace
todavía Saussure] a la inglesa la filología comparativa)? Probable­
mente se podrán delimitar períodos si se sabe lo que la distingue,
o debería distinguirla, de la lingüística histórica que la sucede.

2. ¿Una época comparatista pura? — Meillet parece vacilar. Ya,


como cuando opone la gramática comparada de Bopp a la lin­
güística histórica de Grimm, hace de ellas dos conceptos comple­
tamente distintos, ya, por el contrario, parece hacerlos sinónimos:
Si existe, escribe, una gramática comparada, es decir, una lin­
güística histórica...46.

43 Lingtástique historiqué..., II, pp. 155-156.


44 Cours, p. 18.
45 Ibid., p. 18.
44 Lingtástique historique..., t II, p. 153.
i86 Historia de la lingüística

A l menos puede decirse que tiende a reducir lo que las separa


o las opone, no siendo la una más que la expansión de la otra,
como en la “ gramática comparada e histórica a la vez” en Diez,
Su última palabra en este punto se encuentra, sin duda, en el
Traité de grammaire comparée des langues classiques:
Aunque se enseña la gramática comparada en Francia desde
hace cincuenta años, dice, hay que confesar que no existe una
ciencia de este nombre; no hay más que un método comparativo.
Lo que impropiamente se denomina gramática comparada no es
más que una forma particular de la lingüística histórica. Hacer la
gramática comparada de una lengua es hacer la historia de esta
lengua ayudándose con las luces que proporciona el método compa­
rativo. A decir verdad, la gramática histórica progresa de tal modo
con el uso de este método, que no podría prescindir de é l47.

Por eso, J. Perrot, por ejemplo, que le sigue fielmente, describe


el método comparativo, y habla de concordancias históricas} de ex­
plicación histórica, desde la primera frase: engloba en su “ balance
actual de la lingüística histórica” todo lo que se ha hecho desde
Rask y Bopp a Sapir y Benveniste48.
El punto que produce confusión es el de que la gramática com­
parada, en tanto que momento de la historia, ha creído tener, y ha
tenido, en efecto, preocupaciones históricas en el sentido amplio de
la palabra. La cuestión planteada por la Academia de Dinamarca
incitaba a investigar el origen de la antigua lengua escandinava
'“mediante la crítica histórica” . Oponía así esta investigación a las
especulaciones teológicas, metafísicas o filosóficas de los siglos an­
teriores sobre el origen deí lenguaje y de la lengua madre. Grimm
mismo hablaba en términos propios de un tratamiento histórico (y
no comparativo) de las lenguas germánicas, lo que ha podido con­
ducir, aceptando su manera de hablar, a hacer de él el fundador
de la lingüistica histórica. Además, el método comparativo seguía

47 Op. cit., p. i.
48 La lingttistique, pp. 72, 75, 76, 91;
siendo sólidamente histórico por su preocupación, completamente
nueva, por encontrar no el origen del mundo, sino el estado in­
mediatamente anterior al de las lenguas conocidas en su forma más
antigua. Este estado mismo — la lengua hipotética que se denomi­
nará el indoeuropeo común (i.-e.)— era postulado a partir de ma­
teriales estrictamente históricos, de estados de lengua bien atesti­
guados, sánscrito védico, griego homérico, iranio del Avesta, latín
arcaico, gótico, eslavón, etc. Al término de este esfuerzo por situar
la evolución de las lenguas dentro de un marco estricto se encuentra
el árbol genealógico de las lenguas i.-e., tal como lo dibujará Schlei-
cher: la cronología sin fechas, mas, sin embargo, presuntamente
histórica, de las bifurcaciones sucesivas por las que se pasa del i.-e.
a todas sus lenguas hijas, nietas, bisnietas, del siglo xix.
No obstante, en el plano de la historia de la lingüística es útil
distinguir perfectamente un período de la gramática comparada
distinto del de la lingüística histórica. Y Bréal, en su lección inau­
gural de reapertura en el Colegio de Francia, el 7 de diciembre de
1868, tenía ya plena conciencia del paso de una a otra:

De este modo, escribe, nuestra ciencia va desarrollándose cons­


tantemente, y tendiendo cada vez más a cambiar su denominación
de gramática comparada, que puede prestarse a equívocos, por su
nombre verdadero, el de gramática histórica49.

El objetivo de la primera es esencialmente el de establecer el


parentesco de las lenguas, y no la historia, paso a paso, de su
evolución. Su método es la comparación estricta. Su obra está
acabada, sus posibilidades agotadas, cuando ha demostrado que el
haz de semejanzas morfológicas que encuentra entre dos lenguas
no puede ser consecuencia del azar, y que, por tanto, las dos len­
guas en cuestión deben estar emparentadas genéticamente, descen­
diendo una de la otra, o bien descendiendo ambas de una fuente
común. El método comparativo en sí mismo no implica que se re-

“W Idées latentes, p. 5.
x88 Historia de la lingüística

curra en absoluto a la historia de la evolución de las lenguas. Para


establecer su parentesco, no importa directamente la consideración
de los momentos históricos comparados: para escribir Das Kon-
jugationssystem, Bopp ha podido operar sobre el sánscrito védico
anterior al primer milenio antes de nuestra era, sobre el griego ho­
mérico de los siglos ix u vm antes de nuestra era, sobre el latín
de los siglos v o iv, después sobre el gótico del siglo iv de nuestra
era, el eslavo del ix, el persa moderno. Hay, pues, una época de la
gramática comparada en la que el método comparativo no está
ligado orgánicamente al método histórico.
Otra fuente de confusión nace del hecho de que desde la época
de la gramática comparada se manifiestan los gérmenes del método
y de la teoría que constituirán la lingüística histórica. Grimm, al
hacer la gramática comparada de las lenguas germánicas, disponía
de textos escalonados en 14 siglos, y podía de este modo empezar
a estudiar la evolución continuada de las formas que comparaba.
Más aún Diez, que disponía de documentos de una antigüedad
superior a dos milenios, y que, además, poseía bien atestiguada la
lengua madre de todas las lenguas romances. Son hechos que dan
cuenta de la oscilación de los lingüistas a propósito de la periodi-
zación evocada anteriormente. Por una parte, se puede pensar que
la lingüística histórica existe ya desde 1830 — e incluso desde 1822
ó 1819: basta con pensar en Grimm y Diez— . Y por otra parte,
se puede retrotraer hasta después de Schleicher, en los alrededores
de 1870, el nacimiento de la lingüística histórica; se piensa en­
tonces en la puesta a punto de los métodos propiamente científicos
que permiten dar cuenta plenamente no ya del parentesco de las
lenguas, sino de todas las evoluciones de las formas lingüísticas de
una lengua a través de la totalidad de su historia.

3. De Bopp a Zeuss. — La historia de la gramática comparar


da posterior a 1816 es la de un desarrollo continuado, que proba­
blemente no forma parte, para hablar con propiedad, de una his-
El siglo XIX 189

loria de la lingüística general; y que, por otra parte, ha sido ex­


puesta mucho mejor por todos los historiadores, desde Bréal hasta
Leroy. Junto a Grimm, Eugéne Bumouf (1801-1852) publicaba su
Commentcáre sur le Yasna (1833-1834), que permitía integrar por
completo el .iranio en la gramática comparada del i.-e. L a de las
lenguas fino-úgricas, ya sólidamente planteada por Gyármathi
(1799), fue proseguida por Rask. La de las lenguas eslavas fue
obra, después del checo Dobrovsky (1.753-1829), del esloveno F.
Miklosisch (1813-1891), cuya Gramática comparada de las lenguas
eslavas apareció en 5 volúmenes de 1852 a 1875. En 1844, Theodor
Benfey (1809-1881) había hecho la del egipcio antiguo, por una
parte en relación con el copto, y por otra con las lenguas semí­
ticas. Los filólogos dedicados al estudio tradicional del griego y
del latín se resistieron durante mucho tiempo a la corriente de
pensamiento surgida de Bopp. Por una parte, estaban irritados por
esta irrupción de una tercera lengua clásica, cuyos méritos, mayor
untigüedad, máxima perfección y belleza celebraban sus descubri­
dores a medida de sus deseos; por otra parte, ponían de relieve
iiin satisfacción los puntos flacos de un Bopp, por ejemplo en filo­
logía latina, con el fin de rechazar el conjunto de sus trabajos. Fue­
ron, pues, los últimos en hacer la gramática comparada de su propio
campo. Georg Curtius es quien publica en 1852, no sin provocar
algunas polémicas con sus propios compañeros, la primera gramá­
tica griega que tiene en cuenta los resultados del método compa­
rativo, en tanto que el danés Madvig (1804-1886) emprende la
misma obra en lo que se refiere al latín.
En este marco de la actividad comparatista, que nos lleva á los
alrededores de 1870, quedan por situar las lenguas célticas. Sus
morfologías sorprendentes ponían en apuros a los primeros inves­
tigadores, y Rask las había rechazado en 1814 para incluirlas en
1817. Bopp había situado algunos jalones en 1838 en un libro
Sobre las lenguas célticas desele el punto de vista de la investigación
lingüística comparada, pero sin llegar a poder dar cuenta de toda
190 Historia de la lingüística

la morfología céltica. La solución fue encontrada por J. K . Zeuss


(1806-1856) y publicada por él en Leipzig en 1853 en su Gram­
matica céltica. Lo más asombroso es que en este campo, en el que
debía esperarse todo con la mayor apertura de espíritu, ya que
casi todo estaba por encontrar, Zeuss, simple profesor de colegio,
tuvo las mayores dificultades para hacerse oir, no obtuvo ninguna
ayuda, ningún puesto, ninguna atención universitaria. Cuando Bréal
observa que a Bopp (que acababa de concluir el año anterior la
edición de su Vergleichende Grammatik) no parece “habérsele pa­
sado por la imaginación” leer a Zeuss, se trata de una litote, que
disimula una aventura que hay que meditar siempre en la historia
de las ciencias. El gran patrón volvió sobre el celta en 1854, para
su segunda edición de 1857-1861.

4. El silencio de los franceses. — Algunos otros puntos de la


historia de la gramática comparada merecen una atención particu­
lar por la reflexión propiamente histórica que sugieren. El primero,
muy instructivo, es el paradójico silencio de la ciencia francesa en
cuestión de gramática comparada durante más de cincuenta años.
La paradoja consiste aquí en que los fundadores de la disciplina
hayan ido todos ellos a París a recibir la iniciación del sánscrito. Sil­
vestre de Sacy, que ha leído a Gyármathi, y Wilkins, que hace
crear la cátedra de sánscrito de Chézy y que apoya los trabajos de
Burnouf y de Champollion, representan por sí solos la explicación
del fenómeno: Francia en aquella época está literalmente bloquea­
da frente a la nueva ciencia, a causa de su tradición cultural, im­
buida de Port-Royal. Silvestre de Sacy ilustra bien la separación
total entre lingüística y, fonética: este profesor de árabe en el
Colegio de Francia no supo nunca hablar la lengua que aprendió
completamente solo:
No puedo, escribe, hablar en árabe, ni siquiera entender lo que
se dice en esta lengua, no habiendo tenido en mi juventud ninguna
ocasión de hablar, ni siquiera de oir esta lengua [...]. No he tenido
otros maestros que los libros.
m siglo xix m
Se resistirá toda su vida explícitamente a la gramática compa­
rada, en nombre de la gramática general:

Los principios generales y las definiciones comunes a todas las


lenguas se basan en la naturaleza misma de las cosas y en la de las
operaciones de nuestro espíritu,

dice; predicando con el ejemplo, escribe en 1799 sus Principes de


grammaire genérale mis a la portée des enfants et propres a servir
d*introduction á Vétude de toutes les .langues. Está completamente
imbuido de Beauzée, de Court de Gébelin, de Port-Royal; y su
gramática árabe remite, página tras página, a sus Principes. No
ignora la gramática comparada: la rechaza; y no es poco paradó­
jico ver al defensor de Port-Royal escribir contra la nueva escuela
alemana: “ Sigo creyendo que es preciso ser sobrio en una gramá­
tica en cuanto a puntos de vista filosóficos” . También en esto
había visto Meillet perfectamente y relatado los hechos con una
«ola palabra: Condillac ha cortado el camino a B opp50. Esta des­
confianza, a la vez justa, en cuanto que rechazaba las grandes
construcciones atrevidas, y desastrosa, en cuanto que rechazaba al
propio tiempo el método comparativo, se transmitirá de los alum­
nos de Sacy a Bréal e incluso a Meillet, enteramente comprensivo,
pero siempre crítico.

5. Raynouard. — El caso de Raynouard es diferente. Su Choix


</<'! poésies des troubadours contenant la grammaire comparée des
langues de VEurope latine dans leurs rapports avec la langue des
troubadours51 parecía muy próxima al Konjugationssystem de
Bopp, al que parece no deber nada, lo cual prueba la extensión de
este comparatismo difundido en el que está inmersa toda la época.
No es indiferente subrayar de dónde proviene su problema: es
heredero de una tradición de disputas sobre la precedencia de los

50 U n gu tstiqu e, II, pp. 152-153 y 213.


91 París,. F. Didot, 18x6-1821.
192 Historia de la lingüística

trovadores y de los troveros, que había ya influido en los puntos


de vista de Achard, autor de un Dictionnaire provéngala y en los
trabajos del abate Féraud, el primero en hacer una compara­
ción francés-provenzal basada en paradigmas, la cual no carece
de interés en sí misma en la medida en que, como Rask, se interesa
menos por las “ etimologías” que por la comparación de “la mecá­
nica de estas lenguas” 52. El testimonio de la obra de Raynouard
es tanto más interesante respecto al método en cuanto que está
al servicio de una tesis errónea, la de Dante, según la cual el
provenzal sería la lengua madre de todas las lenguas neolatinas. El
trabajo de Raynouard es notable por la extensión de las compara­
ciones, que se refieren al francés, al español, al italiano, al portu­
gués, al ferrarás, al boloñés, al milanés, al bergamasco, al piamon-
tés, al mantuano, al friulano, a los dialectos de la Engadina, y epi­
sódicamente al válaco. El método comparativo se basa en 23
caracteres: los “ elementos principales” del léxico, representados
por largas listas de palabras; los hechos morfológicos, represen­
tados por “las formas esenciales” o “principales” (artículos, -s del
nominativo singular, sufijos en -eur, desinencias de los nombres,
de los adjetivos, comparativo, afijos, en, relativos, conjugaciones,
adverbios en -ment, negación, “futuros divididos”, etc.); y los he­
chos de sintaxis, representados por “las construcciones ordinarias” .
Se puede pensar que Raynouard no ha ocupado por completo,
hasta el momento, el lugar que merece en una historia de la gra­
mática comparada; y no sólo porque, contrariamente a lo que
cree Kukenheim53, habría creado o proporcionado a Schlegel (en
1808) el término de “gramática comparada” del que se sirve en
1816: éste se encuentra ya en el Discours préliminaire (1799) de
Thurot a .su traducción del Hermes54.

52 Cf. J. Stéfan in i, Le Proven$al...


53 Esquisse, p. 4..
54 J. H arris, ibid., “ Grammaire générale et comparée”, p. i.xxix;
“ Dictionnaire comparatif des langues” , p. xcv.
til siglo XIX 193
Les óbservations sur la langue et la littérature provéngales55
«lo A. W. Schlegel, que son presentadas generalmente como una
crítica a Raynouard (lo cual es justo, pues rechaza en imas líneas
el provenzal como lengua madre), merecen también nuestra aten­
ción; pero sobre todo porque, al remitir a la Weisheit de su her­
mano, elabora una tipología lingüística destinada a reinar al menos
durante cincuenta años:
las lenguas que se hablan todavía hoy, escribe, y que han sido ha­
bladas hace tiempo en los diferentes pueblos de nuestro globo, se
dividen en tres clases: las lenguas sin ninguna estructura grama­
tical, las lenguas que usan afijos, y las lenguas con inflexión56.

En lo demás parece adherirse a la muy antigua concepción de


Iuh lenguas “mezcladas”, si bien la matiza; habla de “ lenguas la­
tinas mixtas” y se convence de que en Europa “ el fondo [de las
lenguas] es latino, y la forma, germánica” 57. La preocupación que
muestra por combatir a Raynouard, culpable, mucho más que de
creer en el provenzal lengua madre, de “ exaltar con cierto exceso
las lenguas analíticas” 58, hace sentir hasta qué punto los sentimien­
tos nacionales — y nacionalistas— • siguen vigentes en las ciencias
humanas, es decir, en un plano en el que es más grave el perjuicio
que en los ensayos del siglo x v iii, en los que se razonaba polémica­
mente sobre la riqueza o la belleza literaria de los idiomas.
Entre las figuras de la época, más que los sabios destacados
que desarrollan la gramática comparada, un investigador original,
J. H. Bredsdorff, discípulo de Rask, que había elaborado antes que
Grimm la ley de las mutaciones consonánticas en germánico, espera
aún un buen estudio moderno. En 1821 hizo un esbozo detallado
de lo que hoy se denomina lá teoría del mínimo esfuerzo (que él

55 París, Librairie grecque, latine, allemande, 1818.


w Ibid., p. 14.
57 Ibid., p. 20.
58 Ibid., p. 25.
II. DE LA LINGÜÍSTICA. — 13
194 Historia de la lingüistica

denominaba “indolencia” de los órganos), para explicar las causas


del cambio lingüístico.

V. GUILLERMO DE HUMBOLDT

1. 1767-1835. — Por su fecha de nacimiento y su primera


formación, Humboldt es por completo un hombre del siglo x v iii ,
cosa que se olvida con frecuencia porque a esta formación vendrá
a superponerse, sin borrarla, la impronta del romanticismo nacional
alemán (ya en acción al menos desde Herder), que nos parece una
corriente opuesta a la del siglo de las luces en mucho mayor me­
dida de lo que lo es de hecho.
Humboldt va a París a los treinta años (1797) y allí pasa estu­
diando casi dos años. En 1800 y 1801 va dos veces al país vasco
para aprender su lengua. Después comienza su carrera de diplo­
mático: embajador de Prusia en Roma, en Viena, plenipotenciario
en los congresos de Viena, embajador en Londres. Mientras tanto
(1808-1810), es director de Instrucción Pública en el Ministerio del
Interior y. fundador de la Universidad de Berlín (1810). En 1818
es ministro; pero, liberal decepcionado, se le obliga a dimitir en
1819. Además de las lenguas clásicas, estudia las lenguas indio-
americanas, el sánscrito, el chino, el húngaro, el tártaro, las lenguas
semíticas, el japonés, el birmano, el kawi de Java.

2. Su obra. — El joven Humboldt está entregado por completo


a los problemas de su tiempo, los del siglo x v iii , la naturaleza* los
orígenes y el progreso del espíritu humano, el origen de las reli­
giones, el origen de las epopeyas arcaicas como testimonios del pen­
samiento y de la religión primitiva: Condillac, Court de Gébelin,
Condorcet, Wolf, Creuzer, etc. Los títulos de sus trabajos hablan
por sí solos: Sokrates, Über Religión, Helias und Rom, traduc­
ciones del Agamenón de Esquilo y de Píndaro, Über der verglei-
chende Sprachstudium in Bezug auf d. verschiedenen Epochen d.
El siglo X IX 195
Sprachentvoicklung, Über d. Entstehen d. grammatischen Formen
und íhren Einfluss auf d. Ideen, Lettre a M . Abel Remusat sur la
nature des formes grammaticales en générál et le génie de la langue
chinoise en particulier, Über die Verschiedenheit des menschlichen
Sprachbaues. El articuló del Mithridate sobre la lengua vasca y el
tratado- Über den Dualis son, indudablemente, sus dos únicos tra­
bajos puramente técnicos, y no filosóficos, sobre el lenguaje. En el
fondo, el gran sueño de su vida ha sido, no escribir una gramática
comparada, sino una antropología comparada (la expresión es suya);
sólo para esto ha estudiado las lenguas.

3. Su influencia. — El análisis del pensamiento de Humboldt


ha parecido siempre difícil a todo el mundo. Marx Muller decía
que las formulaciones de Humboldt le “daban la impresión de
avanzar sobre un mar inestable de nubes” . Bréal, tratando de él,
habla de “ esa amplia y poderosa inteligencia que llegaba a. veces
n la. oscuridad” 59. Jespersen evoca su filosofía del lenguaje, “ de la
cual no es fácil dar una idea sucinta, porque está expresada gene­
ralmente en el estilo más abstruso” 60; en tanto que Meillet en­
cuentra, a su vez, que “la lectura de Humboldt es, con frecuencia,
descorazonadora” 61. Arens mismo, tan generoso normalmente, ad­
mite que más de un concepto de Humboldt queda impreciso, no
ya porque sea vago, sino porque el autor no logra expresarlo; y
que Humboldt es el “hombre de las introducciones” , en el sentido
de que apenas desarrolla los esbozos de lo que él denomina una
"grosse Konception” .
A pesar de esta característica, ha gozado de una influencia
enorme durante su vida. Ha sido debida a sus funciones oficiales,
• sus relaciones en el mundo de la cultura europea, a los esfuerzos
que ha hecho como hombre político para introducir a los creadores

59 I n tr o d u c tio n XXXI.
60 Language, p. 56.
61 Liriguistique historique...i II, p. 153,
196 Historia de la lingüística

de la nueva lingüística en el mundo universitario alemán; pero


también a su extendida fama de hacer promocionar ideas generales
fuera del pequeño universo, excesivamente cerrado, de la filología.
Saint René Taillandier, buen germanista literario, que escribe su
reseña biográfica en 1858, le subordina a Bopp, y le presenta, no
obstante, como “el verdadero creador de la filología comparada”,
“ él primero que ha constituido [esta] ciencia” . “Hamann, Herder,
Schlegel, Adelung, escribe en una curiosa enumeración, habían pre­
parado el camino.” Este prestigio personal de Humboldt es nota­
ble en Arens, que, comparando a Bopp con Humboldt, no puede
dejar de pensar que el primero “no tenía ni la profundidad inte­
lectual ni las posibilidades de formación del segundo”, el cual
queda de este modo situado sentimentalmente en la cumbre de la
jerarquía de la gramática comparada.
Esta enorme influencia de Humboldt, como ocurre a menudo
en casos análogos, desaparece con él. Su único o casi único dis­
cípulo, H. von Steinthal, luchará inútilmente durante toda su vida
por aclarar, defender y propagar la doctrina de su maestro, y no lo
conseguirá nunca. Si Humboldt ha ejercido una profunda acción
en la filología alemana ulterior (en compañía dé muchos otros), la
lingüística propiamente dicha se ha alejado de él, y sus puntos de
vista le han aislado totalmente. Es un gran precursor a quien siem­
pre se nombra, pero a quien apenas se cita. Más aún que por los
juicios explícitos de Jespersen o de Meillet, la actitud de un siglo
de lingüistas respecto a Humboldt es resumida por Pedersen, que
le dedica dos líneas a propósito del vasco, y cuatro líneas a propó­
sito del kawi, sobre dos cuestiones estrictamente técnicas, sin una
palabra sobre sus teorías62.
Éstas, sin embargo, merecen un análisis en sí mismas y en la
medida en que ilustran la historia de una época que ante todo hay
que evitar simplificar; además, porque a comienzos del siglo xx,.

62 Discovery, pp. 130, 144.


m siglo xix m
de Croce a Cassirer> y de Weisgerber a Whorf, se ha podido definir
toda una gran corriente, por referencia a Humboldt, como una lin­
güística neohumboldtiana.

4. Los temas humboldtianos. — La exégesis del pensamiento


de Humboldt desde el punto de vista de nuestros conocimientos
históricos y lingüísticos actuales está por hacer. Pero se puede pro­
poner el siguiente planteamiento:
i.® Humboldt se interesa en primer lugar, lo mismo que Rask
y más que Bopp, por la descripción del organismo de las lenguas,
que denomina en alemán Organismus, y también Sprachbau, y en
francés organisme y structure. Parece preconizar una clasificación
de las lenguas según su estructura; por tanto, una clasificación ti­
pológica (cf. en francés su Lettre a Remusat, completa, cuyos aná­
lisis justifica por el hecho de que
el fenómeno que presenta la lengua china es demasiado notable; es
demasiado importante para el estudio de la gramática comparativa
de las lenguas el examinarlo con cuidado, para que yo no haya
debido desear dar a mis ideas todos los desarrollos de que las he
creído susceptibles63;

frase en la que gramática comparativa tiene un sentido completa­


mente diferente del de gramática comparada habitual). De acuerdo
con este análisis de los organismos de las diferentes lenguas es
como se puede estudiar su evolución.
2.0 Pero esta primera etapa no interesa esencialmente a Hum­
boldt más que en la medida en que prepara el análisis de la forma­
ción de las lenguas: su evolución sólo retiene su atención porqué
permite, según cree, remontar hasta el origen. En este punto, sus
tesis no son muy diferentes de las de sus contemporáneos. Está se­
guro de que puede remontar hasta este origen menos por pruebas
lingüísticas que por una hipótesis metafísica: afirma que el len­

63 Werke, 5, p. 307.
19^ Historia de la lingüística

guaje es un don, una especie de propiedad innata, inherente al es­


píritu humano, algo interior, eine innere Kraft, una causa origi­
naria reconocida insondable. És el sentido de su fórmula, según
la cual el hombre y el lenguaje han nacido a la vez. Así, piensa,
como Schlegel y Bopp, que el maravilloso poder creador del espí­
ritu del hombre primitivo es el que ha hecho nacer de una sola vez
el lenguaje (completamente armado) de su propio cerebro, más
perfecto en el origen de lo que. lo será después: el sánscrito es para
él la lengua más próxima a la perfección, porqué es la más antigua,
porque sus raíces son monosilábicas, y es natural, en un principio,
expresar cada concepto por una sola sílaba. Tras este período de
la génesis, la fuerza creadora de la lengua disminuye en intensidad
(eco de la tesis corriente de la corrupción, de la decadencia de las
lenguas).
3.0 Pero, al mismo tiempo, Humboldt lleva a sus últimas con­
secuencias la ideología romántica alemana, que pretende que toda
riqueza cultural proviene del pueblo. Para él, la lengua es el ór­
gano que forma el pensamiento (Die Sprache ist das bildende Or-
gan des Gedanken), expresa y moldea el alma nacional en lo que
tiene de más específico, manifiesta la visión del mundo propia de
la comunidad nacional. La diversidad de las lenguas prueba la di­
versidad de las mentalidades; de ahí la importancia de un examen
detallado del organismo de cada lengua, con el fin de comparar la
cualidad de su estructura con la de otras lenguas — porque la su­
perioridad de la estructüta de una lengua prueba la superioridad
de una mentalidad, de una raza— . Es la antropología comparada
de Humboldt, en cuya elaboración se ha desgarrado, como muy
bien ha visto René Gérard, entre su nostalgia de la unidad del
espíritu y la diversidad de las lenguas.
4.0 Junto a estos grandes temas se encuentra también en
Humboldt cierto número de puntos de vista que, aislados de su
doctrina central, tomados y glosados á la luz de teorías ulteriores,
han sido presentados a menudo como profundos presentimientos,
El siglo X IX 199

y que a veces lo son. Algunos autores, hasta Tesniére, por ejem­


plo, se han referido a la tesis huniboldtiana de la Innerte Sprachfonn
(según la cual hay una forma interior de la lengua, anterior a toda
articulación) para apoyar con el nombre de una gran autoridad el
r recurso a la introspección semántica, y para justificar procedimien­
tos mentales. Otros, como, por ejemplo, Croce, se han apoyado en la
fórmula humboldtiana según la cual el lenguaje no es un ergon (un
{ producto), sino una energeia (una fuerza activa),- con el fin de resu-
I citar la teoría de Vico, para quien la lengua es siempre una creación
individual, y la lingüística una estilística, una parte de la estética;
lo cual permitiría orillar los problemas planteados por una explica­
ción sociológica del lenguaje, a la que Croce era ideológicamente
| hostil. Se habría podido encontrar que todo Saussure está ya en
Humboldt, puesto que éste escribe que “la palabra es un sonido
articulado que significa un concepto” (pero es una antigua fórmula
de la Escolástica). Los humboldtianos han sacado a luz, por el con­
trario,- las fórmulas sugestivas con las que Humboldt expresa su
tesis de que cada lengua refleja una visión del mundo que le es
propia:
La naturaleza de la lengua consiste en hacer pasar la materia
del mundo sensible por la muela de los pensamientos; o bien:
Las lenguas no son el medio de representar una realidad ya cono­
cida [o percibida], sino, mucho más, el de descubrir una realidad
desconocida antes. Su diversidad no es una diversidad de sonidos
y de signos, sino una diversidad de las ópticas del mundo; o bien:
.Las expresiones [de las diferentes lenguas] recortan [schneiden...
ein und ab] el campo situado en su centro de maneras diferentes...

Se puede también encontrar en Humboldt, por el método de la


exégesis de las citas aisladas, notas que subrayan las polaridades
del lenguaje, producto a la vez individual y social, forma y con­
tenido, objeto e instrumento, sistema estable y proceso evolutivo,
hecho objetivo y realidad subjetiva. Parecerá preferible — quizá aún
durante mucho tiempo— esperar un verdadero análisis histórico de
200 Historia de la lingüistica

la obra lingüística de W. von Humboldt, con lo que debe al si­


glo x v iii y aquello en lo que le continúa, lo que debe al roman­
ticismo alemán, lo que aportaba a la lingüística de su época y lo
que algunos de sus fascinantes análisis pueden todavía significar
para la nuestra.

VI., SCHLEICHER (i 821-1867)

i. Su puesto en la lingüística del siglo XIX. — Para todos los


que se han ocupado de historia de la lingüística, Schleicher es uno
de los grandes maestros; su obra es apreciada siempre como con­
siderable. Es definida generalmente como la etapa final y el coro­
namiento del período que comienza con Bopp y como su expre­
sión más completa. Se celebra el rigor de su método; se saluda
en él la aparición de una fonética real que por fin se refiere a la
articulación y los cambios de articulación de los sonidos, y no ya
a las letras y las correspondencias de las letras64. Se subraya el
hecho de que, en su obra fundamental de comparatista, la fonética
ocupa la tercera parte del tratado65; y que por primera vez, gracias
a él, la lingüística proporciona el estudio descriptivo e histórico
de una lengua popular no literaria — el lituano— observada sobre
el terreno, en sus formas habladas66.
Sin embargo, al mismo tiempo abundan los juicios negativos
acerca de una obra de la que hoy no queda gran cosa; a propósito
de una empresa sugestiva, pero con frecuencia errónea; a propó­
sito de un esfuerzo de sistematización rígido, que va demasiado
lejos en su atrevimiento, y cuya temeridad y caducidad había in­
dicado y anunciado Bréal67 desde 1867 — el año mismo de la
muefte de Schleicher— (v. el texto de Bréal mismo, en el que es

64 M e ille t, Introduction, p. 419..


65 Id., ibid.
66 Id., ibid.
67 M e ille t, Lingtástique historiqne, II, p. 218,
El siglo XIX 201

descrito él sistema de Schleicher como “ un monumento imponen­


te, aunque construido un tanto apresuradamente”) ¿8. Situar a
Schleicher es comprender este doble aspecto de su obra.

2. Su obra. — En esta corta vida de botánico convertido en


lingüista tienen lugar, en 17 años, siete obras importantes. Aparte
una gramática histórica del alemán, Die deutsche Sprache (1860),
conviene señalar el Handbuch der litauische Sprache (1856-1857),
al que se dirigen los elogios de Meillet, así como Laut- und For-
menlehre der poldbische Sprache, publicación postuma (San Pe-
tersburgo, 1871); a continuación, los trabajos del comparatista,
Linguistiche Untersuchungen. Die Sprache Europas in systema-
tischer Übersicht (Bonn, 1850); y sobre todo la obra capital, el
Compendium der Vergleichenden Grammatik der indogermanischen
Sprachen (Weimar, 1861-1862); finalmente, las exposiciones del
teórico del lenguaje: Die darwinische Theorie und die Sprachms-
senschaft (Weimar, 1865), así como Über die Bedeutung der Spra­
che für die Naturgeschichte des Menschen (Weimar, 1865).

3. Schleicher, comparatista. — En este campo, el nombre de


Schleicher está asociado a la noción de reconstrucción del i.-e. Es
un procedimiento o una técnica que había sido recomendada ya
por Benfey; Schleicher fue el primero en utilizarla sistemáticamen­
te. “ Reconstituir” una forma i.-e. es reunir todas las formas de una
palabra supervivientes en las lenguas i.-e.: sánsc. aZvas, griego
hipposs lat. equus, iranio aspa, ant. irlandés ech, tocario A yákwe,
toe. B yuk, etc. Y luego aplicar las leyes de correlación establecidas
de una lengua a otra: sánsc. tv =: lat. qw, etc.; después determinar
las formas que manifiestan los estados más arcaicos: por ejemplo,
aquí demostrar que el lat. qw es más antiguo que el sánsc. $v, ba­

í8 Mémoires de la Société de Linguistique, I, 83.


202 Historia de la lingüística

sándose en leyes bien establecidas de la evolución fonética en ge­


neral. Tomando el resultado de cada uno de estos análisis, se reú­
nen las formas más arcaicas a las que es posible remontarse para
explicar las primeras formas atestiguadas, con lo cual se recons­
truye sonido por sonido una forma hipotética llamada i.-e., que
desde Schleicher se señala con un asterisco para distinguirla de las
formas atestiguadas: aquí, por ejemplo, se escribirá i.-e. *akwa-s >
lat. equus, etc.
Al modo de ver de Schleicher, este procedimiento tenía la ven­
taja de “poner ante la vista concretamente los últimos resultados de
la investigación” referentes a una forma dada, y, además, “hacer
perfectamente claro que el sánscrito no es idéntico al i.-e.” 69. Obli­
gaba así al comparatista a “prestar toda su atención de igual modo
a cada uno de los detalles de la evolución de los sonidos” 70.
No obstante, Schleicher iba más lejos, puesto que pasaba de la
hipótesis sugerida por la forma reconstruida a la certeza de que
esta forma había existido concretamente en un momento dado de
la evolución: con este modo de ver las cosas había reconstruido
una fábula entera, La oveja y los caballos, en i.-e. común. Ahora
bien, estas reconstrucciones son una especie de fórmulas algebrai­
cas, abstractas; nada permite afirmar para la forma *akwa-s, por
ejemplo, que los cinco fonemas, a cada uno de los cuales se re-
jtnonta por una última hipótesis separada, han coexistido en un de­
terminado momento: cada uno no es sino el resumen de lo que
sabemos de la evolución que le concierne. “ Si se nos pregunta, es­
cribe Pedersen, si *ákwa-s es idéntico a la pronunciación del nom­
bre que los antepasados lingüísticos de nuestra raza usaban hace
miles de años en su país de origen, tenemos que responder sola­
mente que no estamos seguros de ello” 71.

69 P edersen, Discovery, p. 267.


7° Id., ibid.
71 Discovery, p. 268.
El siglo XIX 203

4. Su lingüística general. — Schleicher es probablemente el


primer lingüista del siglo x ix del que se puede decir — mucho más
que de Humboldt-*- que propone, junto al comparatismo, una lin­
güística general coherente y completa, comparable á las lingüísti­
cas generales de los siglos x v ií y x v iii , que la nueva lingüística
había hecho caducas. Esta lingüística general está profundamente
impregnada de las ideas filosóficas y de las conquistas científicas
de la época.
En primer lugar, con el triunfo de las ciencias naturales a par­
tir de Linneo, admirado sobre todo como clásificador (y cuya in­
fluencia directa es sensible en Rask, por ejemplo), y a partir de
Cuvier, el botánico Schleicher da la formulación más categórica de
la tesis de la lengua organismo; la lengua no es un hecho social,
es una obra de la naturaleza, un organismo natural — y en conse­
cuencia, la lingüística no es una ciencia humana, es una ciencia
natural1— . Las ciencias del hombre, según la doctrina de Hegel
— que señala también a Schleicher— , son el campo de la libertad;
las de la naturaleza son el campo de la necesidad, y la lingüística
está sometida a las leyes necesarias gracias a las cuales la fonética
alcanza la reconstrucción. De este modo, Schleicher tiene la clara
impresión de la separación que hay que hacer entre la antigua dis­
ciplina humana, que es la filología, y la nueva disciplina lingüística,
que él querría se denominase la Glottik.
La lengua evoluciona por ser un organismo, y en este plano la
aportación de Darwin con el Origen de las especies (1859) es asi­
milada inmediatamente por Schleicher; sólo seis años separan el
libro de Darwin de las dos obras del propio Schleicher que quieren
sacar del darwinismo todas las conclusiones que le, parecen auto­
rizadas en el plano de la lingüística;- Es la confirmación de que el
lenguaje es un organismo, y de que, en el plano de la historia, este
organismo nace, se desarrolla, evoluciona, declina y muere; la teo­
ría, muy antigua, de la corrupción de las lenguas toma de aquí lo
que cree que es una demostración científica completa de sus anti­
204 Historia de la lingüística

guas afirmaciones puramente culturales, basadas en la admiración


filológica y literaria de lás lenguas muertas. Desde antes de su
pleno período darwiniano, Schleicher planteaba que la evolución de
las lenguas pasa por dos estadios: un estadio prehistórico, ascen­
dente, cuyo término es el momento flexional puro; después, un es­
tadio histórico, descendente, decadente, el de la desagregación del
sistema flexional. En todo esto se reconoce la herencia de pensa­
miento de toda la filología clásica, coloreada por la interpretación
del romanticismo alemán y de Hegel..

La formación del lenguaje y la historia son, en consecuencia,


estadios sucesivos de la actividad humana [...]. El desarrollo del
lenguaje alcanza su término tan pronto como hace su aparición la
literatura; es una crisis, después de la cual el lenguaje queda fija­
do [...]. En los tiempos históricos, todas las lenguas declinan, cosa
que no puede ponerse en duda; la historia de las lenguas significa
declive de las lenguas, sometidas (como lo están a través de la
evolución gradual del espíritu) a una libertad siempre mayor72.

En 1865 escribe:

El origen y el desarrollo del lenguaje son anteriores a la histo­


ria, si hablamos con propiedad y estrictamente [...]. La historia no
nos muestra nada, sino el lenguaje evolucionando según leyes fijas.
Los idiomas que hablamos, igual que los de todas las naciones
históricamente importantes, son reliquias seniles73.

Este deseo de hacer coincidir la historia conocida del lenguaje


con un punto de vista evolucionista de tipo biológico le había ya
llevado a plantear un esquema de la historia de las lenguas i.-e.
(Stammbaumtheorie) en la forma de un árbol genealógico, en el
que cada rama entre dos nudos representaba en su espíritu un es­
tado de lengua bien definido.

72 Untersuchungen, t. I, pp. x6 y 20.


73 Bedeutung, pp. 8-9.
El siglo X IX 205

Este esquema — que se ha hecho muy popular en las obras de


vulgarización— no ha sobrevivido a las críticas; menos de diez
años después de Schleicher, la idea de los períodos comunes (o de
las fuentes comunes, representadas por las ramas intercalares entre
el tronco y las ramas terminales), simbolizada por biparticiones ri­
gurosamente separadas, parecía inaceptable si se tenían en cuenta
hechos bien atestiguados. Y Johannes Schmidt (1872) proponía su
teoría de la propagación por ondas (Wellentheorie), que a su vez
fue el punto de partida de un estudio del problema, basado en la
geografía lingüística, y desembocó en la dialectología indoeuropea,
por la que generalmente se da cuenta hoy de lo que se cree saber
con más seguridad en cuestión de evolución de las lenguas i.-e.
En cuestión de tipología lingüística, Schleicher era heredero
de una teoría ya caduca, expresada desde Schlegel, aceptada más
o menos por Bopp, y matizada más bien que combatida por Hum­
boldt: la de las tres clases de lenguas, aislantes, como el chino,
aglutinantes, como el húngaro o el turco, y flexivas, como el sáns­
crito. Pero el evolucionismo de Schleicher también en este caso
daba una forma rígida a las tentativas anteriores de transformar esta
tipología descriptiva en tipología evolutiva: para él, las lenguas
pasan sucesivamente, durante su período prehistórico, por estos tres
estadios, y en este orden; un cuarto estadio es el estadio histórico
del declive.

5. La lección de Schleicher^r Tal es la fisonomía de conjunto


de esta poderosa construcción sistemática que ha querido ser la
lingüística de Schleicher, que se puede definir como el último de
los grandes sistemas a la manera del siglo x v iii en el sentido de
que está edificado sobre a priori filosóficos; y la primera de las
grandes síntesis modernas, en la medida en que trata de presentar
un punto de vista integrado por el conjunto del saber lingüístico
de su tiempo. La tentativa era prematura, lo cual explica el emba­
razo de un historiador como Maurice Leroy. Después de haber de­
206 Historia de la lingüística

dicado diez páginas a Schleicher74, las mejores después de las de


Pedersen75, concluye:
Es cierto, sin embargo, que sabios como Schleicher [...] tenían
fe en su disciplina y han' logrado imprimir a la gramática com­
parada un impulso que, una vez disipados algunos errores de pers­
pectiva, permitirían a sus discípulos llegar a resultados positivos.

Verdaderamente, la lección que podría darnos la historia de


Schleicher es la que se desprende (más aún con respecto a él que
con respecto a sus contemporáneos) de las implicaciones entre ideo­
logía e investigación científica, entre adopción de un partido filo­
sófico y metodología científica, entre condicionamientos de época y
creación; en esta lección, Schleicher sería un vencido, pero su de­
rrota podría enseñarnos mucho.

VII. LINGÜÍSTICA Y FONÉTICA

i. Nacimiento o encuentro.— Lá mayor parte de las veces, los


historiadores de la lingüística sitúan lo que denominan el adveni­
miento de la fonética en la segunda mitad del siglo xix, entre 1850
y 1875. En efecto, se trata de la fonética considerada desde el pun­
to de vista de la lingüística; e incluso, con mayor precisión, desde
el punto de vista de la lingüística histórica del momento. L o que
se constata entonces es el encuentro entre esta lingüística y la fo­
nética, mucho más que un nacimiento o un advenimiento, aun cali­
ficados propiamente como científicos, de la segunda. Verdadera­
mente carecemos todavía por completo de una historia de la fo­
nética.
Ésta debería considerar en sí mismos y por sí mismos los tra­
bajos que, remontándose muy lejos en la historia, testimonian una
atención a los hechos fonéticos, proponen su descripción, análisis,

74 Grands courants, pp. 22-32.


75 Discovery, pp. 265-272 y 311-318.
El siglo X/tX 207

clasificación. Debería también tener en cuenta la transmisión, sin


interrupción al menos desde los griegos, de los conocimientos ad­
quiridos, y su utilización en los campos más diversos, su progre­
so. Con este modo de ver, no sería posible rechazar rápidamente
la elaboración de las nociones que, desde antes de Platón hasta
después de Prisciano (leído y releído por sí mismo hasta fines del
siglo x v iii ), han puesto las bases de una cuidadosa observación fo­
nética; tampoco sería posible hablar de pasada de algunas obser­
vaciones y clasificaciones “ grosso modo”, a las que generalmente
se limita la aportación griega. Sería igualmente imposible ignorar
la fonética árabe sin estudiar primero sus orígenes, su difusión en
los medios de la cultura hebrea hasta más allá del siglo xvi, y la
influencia que ha podido tener sobre el pensamiento fonético occi­
dental. Sería, finalmente, necesario tomar con todo detalle y ex­
plorar a fondo toda esta actividad que, desde el siglo xv hasta fines
del siglo xvm , ha tendido de cien maneras distintas hacia el estudio
objetivo de los sonidos del lenguaje, como hemos visto en los capí­
tulos anteriores. A l parecer, es únicamente en el campo anglosajón
donde se percibe un esfuerzo consciente por elaborar esta historia
específica de la fonética — cuya falta sentimos vivamente— con los
trabajos de un Abercrombie, de un Firth, de un Dobson (Cf. lo
que dice Robins a propósito del “ strong British interest in phone-
tics, that can be traced back for some centuries” 76). Sin siquiera
exigir que la fonética tenga su Pedersen o su Thomsen, se querría
que existiera un simple primer manual (como los que Kukenheim
o Leroy nos han dado para la lingüística) que. nos analice y sitúe
la obra fonética de un Matthias, o de un Oliveira, de un Meygret,
de un Montanus, de un Lambert Ten Kate, en un panorama de
conjunto como aquellos en los que podemos situar hoy con bastante
facilidad a un J. C. Escalígero o un Antoine Arnauld, un presiden­
te de Brosses o un Monboddo, un Humboldt o un Whitney.

76 General Linguistics, p. 378.


208 Historia de la lingüística

2. La fonética y él sánscrito. — Si ha habido, pues, adveni­


miento de la fonética, ha sido en el reino de la gramática compa­
rada, que la ignora casi por completo en el primer momento. Se ha
visto lo que Pedersen77 llama las atrocidades de Grimm en su fo­
nética. En cuanto a la de Bopp, se resume toda ella en tres especies
de leyes que formula del siguiente modo: leyes mecánicas, como
“ las de la gravedad, dice, [...], la influencia que el peso de las
desinencias personales ejerce sobre la vocal precedente” ; leyes fí­
sicas (son las de la fohética combinatoria, descubiertas por los gra­
máticos sánscritos, quienes las revelan a Bopp: el hecho de que a
partir de la raíz ad-, con el sufijo -ti, se obtiene at-ti y no ad-ti);
las leyes dinámicas, que modifican la vocal interior de una raíz,
como, por ejemplo, en la conjugación de los verbos fuertes: binden,
band, etc.78. Rask, por el contrario, era un buen fonetista para su
época; y dos de sus discípulos atestiguan la calidad de su ense­
ñanza en este punto: Bredsdorff, quien desde 1821 intenta una
explicación de los cambios de los sonidos del lenguaje basándose
especialmente en lo que llama la indolencia de los órganos, y su
imperfección, así como en los errores de las percepciones auditivas;
y Rapp, que emprende su Versuch einer Physiologie der Sprache
nebst historischér Entwicklung der abendlandischen Idiome nach
physiologischen Gründsatze (1836-1841). Pero la historia detallada
del aprendizaje de la fonética, realizado por los comparatistas gra­
cias a la iniciación que les proporcionaba el sánscrito, está por ha­
cerse en detalle a través de la aplicación que de ella hicieron los
investigadores, desde Pott (Etymologische Forschungen, 1833-1836)
hasta W. Scherer (Zur Geschichte der deutschen Sprache, 1868)
y K. Verner (Eine Ausnahme der ersten Lautverschiebung, 1875).

3. La fonética y las ciencias del siglo X IX .— El estudio del


sánscrito no es el único factor que desempeña un papel, de un

77 Discovery, p. 303.
78 Traité, p. 1.
El siglo XIX 209

modo por otra parte relativamente lento, en esta conjunción que


va a producirse entre lingüística y fonética en los años 1880. Las
ciencias físicas y naturales, que progresan por su parte, proporcio­
nan cada vez en mayor medida trabajos elaborados. El cantante Ma­
nuel V. García, hermano de la Malibran y de Delphine Viardot,
publica en 1840 su Mémoire sur la voix humaine; inventa en 1855
el laringoscopio, ya buscado por Jéróme Cardan. Helmholtz estudia
las vocales en su calidad de versado en acústica. Brücke publica
en 1856 sus Fondements de la physiologie des sons du langage,
que va a servir de manual de fonética a toda una generación. El
médico checo Czermak estudia, mediante el laringoscopio, el fun­
cionamiento de las cuerdas vocálicas, y el del velo del paladar en la
emisión de las nasales (1860). El egiptólogo alemán Richard Lepsius
registra y estimula a la vez las preocupaciones fonéticas de los lin­
güistas proponiendo su Standard alphabet (1863), en tanto que
Alexander Bell, profesor de dicción, padre' del inventor del telé­
fono, propone, con el nombre de Visible Speech, una transcripción
fonética que materializa gráficamente los componentes articulatorios
que realizan cada sonido del lenguaje. En 1876, Eduard Sievers
publica sus Grundzüge der Lautphysiologie, que va a ser el ma­
nual de fonética de los neogramáticos, lingüistas de los que trata­
remos en el siguiente apartado.

4. Hacia la fonología. — A partir de esta fecha se puede decir


que la fonética se integra totalmente como ciencia auxiliar de toda
la investigación lingüística. Por otra parte, su desarrollo, ya en
Alemania (con un Viétor), ya en Francia (con Paul Passy, Rous-
selot), ya en Gran Bretaña (con Sweet, Jones), ya en los países es­
candinavos (con Jespersen), es el de una ciencia autónoma, cada
vez más floreciente con el desarrollo de técnicas experimentales
cada vez más refinadas. Si falta algo por decir de las relaciones en­
tre fonética y lingüística en el plano de. una historia de la lingüís­
tica general, es para subrayar que la renovación de ésta después de
H. DE XA LINGÜÍSTICA. — 14
210 Historia de la lingüistica

1920 resultará en gran parte de una especie de malestar provocado


por aquélla: el desarrollo impetuoso de la fonética, sobre todo ex­
perimental — ciencia física y fisiológica— , proporcionaba a la lin­
güística — ciencia humana, histórica y social— una definición cada
vez más perturbadora, por ser inextricablemente compleja, de los
sonidos del lenguaje. La lingüística, hasta los años de 1920, no
sabía tampoco responder de un modo satisfactorio a preguntas
como la siguiente: ¿Hay una r o tres r en el sistema consonántico
del francés?; o bien a esta otra: ¿Por qué la t de un hombre, la
de un niño, la de una mujer, que son unidades físicamente, o sea
fonéticamente diferentes, se perciben como la misma unidad lingüís­
tica? Y si las definiciones físicas de los sonidos del lenguaje no son
aprovechables inmediatamente en lingüística, ¿cuál debe ser el esta­
tuto de ambas ciencias, una con relación a la otra? Del deseo y de la
necesidad de responder a tales preguntas surgirá la fonología.

VIII. LOS NEOGRAMÁTICOS

1. La anécdota. — Se puede narrar de dos modos el naci­


miento del movimiento que lleva este nombre: ya en el plano de la
anécdota (que no está desprovista de significación), ya en el plano
de la historia.
Es la anécdota la responsable del nombre, con todos los malen­
tendidos anejos. Alrededor de Curtius, en Leipzgi, jóvenes inves­
tigadores formados por él se interesan en 1876, como es normal,
por el examen de los puntos de gramática comparada que aún
producen- dificultades. Uno de ellos, Brugmann (1849-1919; en­
tonces tenía 27 años), se hace en aquel año el coeditor, con su
maestro, de la revista que editaba éste, Studien zur griechischert
und lateinischen Grammatik. En el mismo año, por estar Curtius
de viaje, Brugmann asume la responsabilidad de la confección del
número IX de la revista, en la que inserta un artículo de él mismo
El siglo X IX 211

sobre una de las cuestiones todavía pendientes, Nasalis sonans in


der indogermanischen Grundsprache. De vuelta a Leipzig, Curtius
desautoriza a su colaborador mediante una nota en la que le deja
la completa responsabilidad de las audaces conclusiones a las que
llega. Brugmann deja de colaborar en la revista, y funda otra,
Morphologischen Uníersuchungen auf dem Gebiete der i.-e. Spra-
chen, con Osthoff (1847-1909; tenía entonces 30 años), que aca­
baba de trabajar también sobre la r silábica. El primer tomo (1878)
comienza con un prólogo, firmado por los dos editores a modo de
manifiesto, con las cualidades y defectos clásicos de este tipo de
escritos. Tomaban para sí mismos el término irónico de funggram-
matiker (los Jóvenes Gramáticos, un poco en el sentido en que se
hablaba por entonces de los Jóvenes Turcos), que designaba en el
argot estudiantil a los oyentes reacios a las enseñanzas de Curtius.
Én 1885, Ascoli (1829-1907) agrava y endurece el contrasentido
latente que no podía por menos de hacerse sobre el término fuera
de Alemania, traduciéndolo por el de Neo-grammaticii calcado por
las otras lenguas. La polémica, como siempre, se recrudece a base
de las fórmulas poco diplomáticas de Brugmann, que opone con
insistencia a los “jóvenes” la “investigación lingüística que [les]
había precedido”, y una. nueva lingüística a una vieja lingüística.
Durante unos diez años hay apasionamiento por demostrar que las
ideas de los neogramáticos no tenían, nada de original, que se en­
contraban ya en Grimm y en muchos otros, que los nuevos gramá­
ticos no tenían nada de nuevo, y que no había ninguna razón para
oponer los jóvenes a los viejos lingüistas.

2. La historia. — El plano de la historia no es nunca el pri­


mer plano de manera suficiente cuando se habla de los neogramá­
ticos (excepto en Pedersen, excelente aquí por la presentación, el
detalle, el análisis y el encadenamiento de los hechos). En este
plano, el conflicto entre dos caracteres, que sin duda ha acelerado
solamente una crisis latente en él dándole un acento apasionado;
212 Historia de la lingüística

el enfrentamiento de dos generaciones, que es casi siempre normal


en el trabajo científico; las imprudencias provocativas de un in­
vestigador joven79, todo ello se convierte en elementos secunda­
rios que dan su color particular a un momento que no tiene nada
de anecdótico en. el desarrollo de la lingüística. En efecto, las cau­
sas y los caracteres de la crisis están eti germen en las Contradicr
ciones de la lingüística anterior a 1870; en la medida en que,
desde Rask y Bopp,5se basaba en la correspondencia entre los so­
nidos, de un estado de lengua a otro, como en “leyes fonéticas”
(el término está en Bopp, en Humboldt; es la idea constante en
Schleicher), pero al propio tiempo en la medida en que, cada vez
que faltaban, tales correspondencias, las anomalías se veían redu­
cidas ya mediante hipótesis indemostrables (un sonido es el más
antiguo porque existe en sánscrito, y porque el sánscrito es la len­
gua i.-e. más arcaica y más perfecta); ya mediante generalidades
sin consistencia por el hecho de que “ las tendencias de los sonidos
(las leyes de correspondencia fonética) no podrían casi nunca pre­
valecer en todas partes” 80; ya mediante un tratamiento de los so­
nidos que viola todas sus posibilidades de evolución 81. Con el
tiempo, el deseo de sobrepasar estas afirmaciones, poco satisfacto­
rias para los espíritus formados en los resultados cada vez más
rigurosos de los análisis de correspondencias, era fatal. En el ar­
tículo ya citado82 de Bréal encontraremos bien formulados desde
1867 todos estos motivos de queja contra las “ comparaciones pre­
maturas” , las “ comparaciones externas” , las “reglas fónicas dema­
siado libres”, “ la parte excesiva concedida al sánscrito” , y contra
los excesos schleicherianos. Como escribe Vemer en 1875, los in-

79 Pero Pedersen ve también perfectamente el deplorable lack of un-


derstanding del viejo investigador, p. 203.
80 Esta frase es de Brugmann mismo, lleno' aún de los errores que
combate, cf. P ede]rsen, p. 293.
81 Cf. Pedersen, p. 243, sobre el parentesco del gót. atn-Uf y lit.
vienuo-liko, “once”, con el gr. eina + deka y el lat. unus + decem.
, 82 Mémoires de la Soc. de Ling.r I, pp. 72-89.
El siglo X IX 213

vestigadores tenían cada vez más la convicción de “ que debe exis­


tir una ley para explicar la irregularidad, y que el problema con­
siste en encontrarla” . Por ello, W. Scherer (1841-1886), antischlei-
cheriano en este punto, luchaba desde 1868 por que no se separara
ya arbitrariamente el período prehistórico del lenguaje, período de
creación y de perfección, por así decir sustraído al juego de las
leyes fonéticas, dé un periodo histórico de decadencia en el que
desempeñarían su papel; y escribe en 1875:

Los cambios fonéticos que podemos observar en la historia lin­


güística basada en los documentos proceden de acuerdo con leyes
determinadas que no sufren ninguna derogación, excepto de acuer­
do con otras leyes.

Por eso también, G. I. Ascoli, en 1870, intentaba aclarar, de­


jando de lado el postulado del arcaísmo del sánscrito, el problema
de las k indoeuropeas, insoluble partiendo de palabras sánscritas
que contuvieran k y s, palabras latinas que contuvieran c y qu,
palabras griegas que contuvieran k y p3 sin leyes visibles de corres­
pondencia. Igualmente, en 1875, K . Verner (1846-1893; entonces
con 29 años) escribía su famoso artículo Eine Ausndhme der ersten
Lautverschiebung, que resolvía el siguiente problema: en tanto que
en posición intervocálica se observa la correspondencia sánscrito
t > gót. 6 > al. d (por ejemplo bhráta > broOar > Bruder), ¿cómo
se explica la serie siguiente: pitá > fadar > Vater (t > d > ()?
Verner demostró que t > 0 en posición postónica, y que t > d en
posición pretónica: es el lugar del acento en bhráta y pitá el que
da cuenta de la diferencia de evolución de las dos t intervocálicas.
El efecto de esta clara demostración “fue inmenso” , dice Pedersen
(p. 282). Mostraba que no había ya excepciones a las leyes fonéti­
cas que gobiernan la mutación consonántica en germánico; ahora
bien, estas excepciones habían sido durante cincuenta años la cruz
de los germanistas, el escándalo del comparatismo. Verner concluía
su artículo del siguiente modo:

1
214 Historia de la lingüística
La primera mutación consonántica no admite en oposición nin­
guna excepción notable, abstracción hecha de la ausencia no condi­
cionada de mutación en algunos grupos consonánticos determinados.

También por la misma época, A. Leskien, profesor en Leipzig


desde 1870, de 36 años, entonces, enseñaba las mismas tesis, que
publicaba en sus trabajos sobre la declinación del balto-eslavo
(1876).
Por todas partes se trabajaba en problemas del mismo tipo: el
de la a indoeuropea, por ejemplo83, donde se ve perfectamente
el papel inmovilista desempeñado por la teoría schleicheriana de la
antigüedad del sánscrito. Curtius mismo había propuesto un co­
mienzo de solución que había sido rechazado por Schleicher. Pre­
cisamente en este clima hay que situar los artículos de Brugmann y
de Osthoff sobre las sonantes; el primero, en el prólogo, se re­
fiere, por otra parte, con elogios a Scherer y Leskien. Saussure, por
su parte, todavía estudiante, había llegado a las mismas conclu­
siones sobre la n y la m silábicas; y en 1878 publicaba en Leipzig,
donde terminaba sus estudios, su Mémoire sur le systéme primitif
des voyélles dans les langues i.~e.s que participaba del mismo espí­
ritu. Eí movimiento de los neogramáticos no es un accidente de
tránsito completamente secundario, ocasionado por disputas de per­
sonas, en el desarrollo armonioso de la lingüística del siglo xix;
es una fase esencial en él, y su historia es bastante bien conocida
en detalle para ser leída como un capítulo ejemplar y siempre ins­
tructivo sobre los condicionamientos del trabajo científico.

3. Los hombres y las obras. — Los grandes nombres del mo­


vimiento son Brugmann y Osthoff. Tras los ruidosos comienzos de
1876-1878, el primero, profesor en Leipzig a partir de 1882, pu­
blica una gran serie de trabajos: Zum heutigen Stand der Sprach-
wissenschaft (1885) y sobre todo, en colaboración con B: Del-

83 Cf. Pedersen, pp. 277-278.


El siglo XIX 215
brück (1842-1922), el Grundriss der vergleichenden Grammatik der
indogermanischen Sprachen84.
Delbrück mismo publicó (aparte de sus trabajos sobre la sin­
taxis i.-e., de la que es considerado fundador) una Einleitung in das
Sprachforschung (1878), que conoció seis ediciones hasta 1920, y
Die neueste Sprachforschung (1885).
En Italia, donde el conflicto fue seguido con mucha atención,
Ascoli publicó en 1886 las Lettere glottologiche, en las que recor­
daba que no había esperado a Brugmann para ser un nuevo gra­
mático (título que no reivindicaba, tratando, por el contrario, de
reconciliar jóvenes y viejos, a pesar de los non piacevoli ricordi
— los recuerdos poco agradables— que le dejaba la polémica); en
tanto que Pietro Merlo había publicado en 1881 la traducción del
Einleitung de Delbrück.
Pero el hombre que dio el corpus de las nuevas doctrinas fue
Hermann Paul (1846-1921), también antiguo estudiante en Leip­
zig. En sus Prinzipien der Sprachgeschichte (1.880) trata — por otra
parte, un poco al margen de los neogramáticos, que no se interesan
apenas por las grandes construcciones teóricas— de dar la segun­
da gran lingüística general del siglo xix, después de la de Schlei­
cher. La obra, muy citada, incluso por los neogramáticos, tendrá
cinco ediciones hasta 1920.

4. Las leyes fonéticas. — ¿Cuál es la aportación lingüística


de los neogramáticos, cuya calidad fue reconocida bastante pron­
to, tras diez años de polémicas? La tesis con más frecuencia consi­
derada como central en su doctrina es la que concierne al carácter
absoluto de las leyes fonéticas (las demás tesis son tan poco apre-
ciables todavía para Pedersen, que no nombra ni a Paul ni sus

84 1886-1900; 2.a ed. de Brugmann solo, 1897-1916; edición abre­


viada: Kurze vergleichende Grammatik der indogermanischen Sprachen,
1904; traducción francesa de esta última: Abrégé de grammaire compa­
rée des langues i.-e., bajo la dirección de M e i l l e t y G au th io t, 1905.
216 Historia de la lingüística

Prinzipien en las treinta páginas que dedica a los neogramáticos).


Aparte de las oposiciones escolásticas (sobre el derecho a enun­
ciar leyes de las correspondencias limitadas en el espacio y en el
tiempo; o sobre el derecho a hablar de la infalibilidad de las le<
yes fonéticas), la oposición más viva, y más enriquecedora, fue
hecha a esta tesis por el austríaco Schuchardt (1842-1927), quien
desde 1885 mostraba sobre el terreno la dificultad de explicar todo
por una aplicación completa de las leyes fonéticas ciegas: llamaba
la atención sobre los casos de evolución fonética condicionada por
el hecho de que las lenguas habladas están casi siempre en con­
tacto con otras lenguas, iniciando así toda una corriente de inves­
tigaciones que se extenderá a la dialectología, la geografía lingüís­
tica, el estudio del bilingüismo y de los contactos de lenguas. En
tanto que Ascoli trataba de integrar las mismas categorías de he­
chos en una perspectiva diacrónica (la teoría de los substratos)^
Schuchardt, sin dejar de ser un comparatista, aportaba, con su
noción de Mischsprache, en una perspectiva geográfica, un punto
de vista ya sincrónico al punto de partida puramente descriptivo.

5. El historicismo. fe, Generalmente se subraya con menos


fuerza en las historias recientes la segunda gran tesis de los neor
gramáticos: aquella según la cual la lingüística es uña ciencia his­
tórica. Esta tesis era, por el contrario, perceptible para los con­
temporáneos de Bréal, de Meillet y de Saussure, para quienes, como
hemos visto, los neogramáticos marcaban en la fecha clave de 1876
el paso de la gramática comparada a la lingüística histórica plena.
Este cambio se realiza a la vez por la aplicación rigurosa de las
leyes fonéticas, la investigación infatigable de todos los estados de
lengua intermedios entre un punto de partida y un punto de lle­
gada determinados — y por una reacción vigorosa contra lo que,
en la enseñanza de Schleicher, discípulo de Steinthal, era esencial­
mente antischleicheriano— ; y lo que el prólogo de las Morpholo-
gische Untersuchungen celebraba en su obra de 1868 no eran sus
El siglo X IX 217
imaginaciones humboldtianas sobre lá evolución fonética explicada
por la psicología de los pueblos, sino su crítica de Schleicher, su
condenación violenta del corte entre período prehistórico y período
histórico, su obstinada, reivindicación del derecho de aplicar tam­
bién las enseñanzas de las leyes fonéticas a la misma lengua i.-e.,
lo cual abría úna puerta a muchas aporías. Se proclamaba que in­
cluso el i.-e. no debía ser considerado como un punto de partida,
absoluto, intangible, no sometido a las leyes del lenguaje, sino
como un simple momento de la evolución. Brugmann saca así la
conclusión en el prólogo:

El objeto principal y el centro de interés de la lingüística com­


parada en todas sus manifestaciones han sido hasta el momento la
reconstrucción de la lengua madre i.-e.j de ello derivaba que du­
rante toda la investigación se volvía continuamente la vista hacia
esta lengua originaria. En el marco de cada una de las lenguas que
conocemos por documentos literarios, en el marco de la evolución
lingüística del sánscrito, del iranio, del griego, etc., lo que provo­
caba un interés casi exclusivo eran los períodos más antiguos, lo
más cercanos posible a la lengua originaria, etc. Se dejaban de lado
las evoluciones lingüísticas recientes, tenidas en cierto desprecio,
como períodos de extinción, de agotamiento, seniles [...]. Debemos
imaginamos la representación general del desarrollo de las formas
lingüísticas no a través de hipotéticos símbolos lingüísticos origina­
rios, ni siquiera a través de las formas más antiguas que nos han
sido' transmitidas del sánscrito, del griego, etc., [sino] basándonos
en evoluciones lingüísticas cuyos antecedentes, gracias a los docu­
mentos, pueden ser seguidos en un espacio de tiempo mayor, y cuyo
punto de partida nos sea conocido directamente.

Y exclama, un poco más adelante:

¡S i alguien se decidiera alguna Vez a proscribir expresiones tan


perjudiciales como “juventud” y “vejez” de las lenguas, de las
cuales [...] apenas se han derivado hasta el momento sino perjui­
cios, y muy poco provecho!
2X8 Historia de la lingüística

Tales declaracíónés, a través de las cuales se alude sobre todo a


Schleicher, son verdaderamente, después de las de Scherer, el acta
de nacimiento de una lingüística histórica plenamente consciente
de sí misma. Un poco más tarde — y no debe olvidarse que estamos
entonces en el apogeo del triunfo de la historia como disciplina
piloto en el pensamiento del siglo xix— Hermann Paul transfor­
mará en dogma esta conquista, planteando que
¡
K i , ú n i c o estudio científico del lenguaje es el método histórico; que
todo estudio lingüístico científico que no es histórico en sus finés
. ’ >ni en sus métodos puede explicarse únicamente ya por una defi­
ciencia del investigador, ya por la insuficiencia de las fuentes de
que dispone;

y que, cuando el lingüista se ve llevado a lo que denominaríamos


hoy análisis puramente descriptivos y sincrónicos, sólo tiene valor
e interés a título de documentación preparatoria auxiliar. Contra
este historicismo dominante, la única voz que se ha levantado para
preconizar la necesidad de una lingüística descriptiva y sincrónica,
fue la del suizo Antón Marty (1847-1914), a quien se prestó poco
interés, y sobre el cual uno se pregunta a veces si había llegado
hasta Saussure.

6. El psicologismo. — La tercera tesis de los neogramáticos


es el recurso consciente y sistemático a la psicología — cuya estrella
sube entonces en el cielo de las ciencias humanas, algo así como la
lingüística de hoy— ; todo el mundo empieza a tomar sus resul­
tados, sus síntesis, sus hipótesis, en una palabra, sus modelos teó­
ricos. Hay que señalar, en primer lugar, que esto no constituye;
un fenómeno puramente superficial, una moda intelectual: paira los>
lingüistas, la psicología es un instrumento de investigación que
permite combatir los antiguos recursos a lá antigua lógica para
estudiar las relaciones entre lengua y pensamiento — lo cual es un
progreso— . En el Prólogo de Brugmann, las referencias a la psi-?
El siglo X IX 219

cología ocupan casi más espacio que las leyes fonéticas. Invoca el
nacimiento de una ciencia lingüística “ que efectúa observaciones
generales sobre el comportamiento de los factores psíquicos” ; de­
plora que “la lingüística que ha precedido [a la suya], al tiempo
que acogía y apreciaba la fisiología de los sonidos, no se haya
preocupado, por así decir, de lá parte espiritual del proceso lin­
güístico” ; desea que “la lingüística histórica y la psicología se man­
tengan en un contacto más estrecho” . Este psicologismo de los neo-
gramáticos, y más aún el de Paul, porque era mucho más sistemá­
tico y mucho más exclusivo, fue atacado por el psicólogo Wundt
(1832-1920); a la insistencia de los neogramáticos sobre la psico­
logía del individuo creador aislado (tesis por la que eran los me­
ros continuadores de Humboldt y de Steinthal) oponía — en una
terminología discutible sobre el alma colectiva (también hum-
boldtiaria);— puntos de vista que hoy denominaríamos psicología
social ó sociología, y que tuvieron cierta influencia.

B IB L IO G R A F ÍA

I. EL GIRO DEL SÁNSCRITO

A rens, pp. 139-148. B lo o m fie ld , p. 8. — B o le lli, Per una storia,


PP- 35-43 (sobre Schlegel). — Jespersen, pp. 33734. — Kukenheim,
pp. 43-44. — L e ro y , pp. 17-18. — Pedersen, pp. 240-241. — T a gliav in i,
pp. 52-53. — Thomsen, cap. V I I I . — M . B ré a l, Grammaire comparée
des langues indo-européennes, etc., de F . Bopp, trad. franc., t. oL Intro­
ducción, pp. i-Lvm , París,. Imprimerie Nationale, 2.a ed., 1875. — René
GéRARD, L ’Orient et la pensée romantique állemande, Nancy, impr. G.
Thomas, 1963, 278 p. (sobre F . Schlegel, pp. 84-128; A. W . Schlegel,
pp. 129-148). — A. M e i lle t , Introduction a Vétude comparative des lart-
gues indo-européennes, París, Hachette, 1908, Apéndice I, pp. 407-441. —
F . S c h le g e l, De la langue et de la philosophie des Indiens, trad. de
J. M au get, Ginebra, Mauget & Cherbuliez, 1809, pp. 1 1 1-229.
CapítuloV
HACIA L A LIN G Ü ÍSTIC A D EL SIGLO XX

i. Continuidad y ruptura. — Se ha insistido más de una vez,


en el curso del presente manual, sobre la ausencia frecuente de
desarrollo lineal en la historia, sobre el trazado con frecuencia zig­
zagueante de la línea del progreso, sobre el azar de los individuos,
sobre el acuerdo 0 desacuerdo entre una idea nueva y su primer
auditorio, lo cual explica su éxito o fracaso. No nos veremos, pues,'
tentados a presentar el paso del siglo xix al siglo xx como un
simple hecho de genealogía.intelectual: Bopp genuit Pott, qui ge
nuit Schleicher, qui genuit Brugmann, qui genuit Saussure. N i co­
mo un hecho de expansión espontánea, durante el cual todas las
promesas de fines del siglo xix serían tenidas en cuenta por el co­
mienzo del siglo xx. Ni tampoco, por el contrario, como una rup­
tura total entre los dos momentos.
No hay duda de que también aquí los condicionamientos de la
época, las ideologías científicas en sentido amplio y las ideologías
filosóficas o sociales han hecho progresar o retrasarse el movimien­
to de los hombres y de las obras. Y se ve ciertamente que a una
lingüística marcada por los éxitos de las ciencias naturales y de la
historia va a suceder una lingüística, influida por el advenimiento
Hacia la lingüistica del siglo XX 223

de la psicología y luego por el de la sociología, con el rango de


ciencias-vedettes.
De la coiiCepción marxista de la historia se podían esperar en
teoría las mejores aproximaciones coherentes sobre estos proble­
mas. Efectivamente, hasta 1950, en el mundo soviético — el único
que se preocupa por la historia de la lingüística— la investigación
queda paralizada por un esfuerzo de clasificación de las corrientes,
que por otra parte está lejos de ser siempre sumaria o falseada.
Pero la descripción ideológica de las obras reemplaza aquí la in­
vestigación de la explicación histórica por una rápida rotulación.
No. es equivocado calificar el pensamiento de Humboldt como un
“ idealismo objetivista teológico en su esencia” ; o el de Schleicher
como un “ organicismo vitalista y mecanicista” . No es tampoco com­
pletamente equivocado definir la lingüística general de Meillet como
una “ tentativa Sociológica”, salida del pensamiento de Durkheim
y llena de una “ concepción todavía idealista de la historia” , siempre
amenazada con caer (sobre todo en sus discípulos) en el “ psicolo-
gismo individualista” . Pero hasta cerca de 1950 se unen a estas
descripciones, a menudo incompletas, juicios expeditivos: burguésy
reaccionario, y apreciaciones negativas unilaterales que no dan cuen­
ta ni del nacimiento de estas teorías, ni de la complejidad de las
obras,, ni de su éxito o fracaso (porque el mismo “ pensamiento
burgués reaccionario” durante un cuarto de siglo acepta en Fran­
cia a Meillet y rechaza a Saussure), ni, sobre todo, de su contri­
bución al progreso de la ciencia lingüística *. Desde 1950, y si juz­
gamos por las breves reseñas de la Istorija jazykoznanja de Zve-
gincev, la lingüística soviética ha conservado las clasificaciones (co­
rriente naturalista o psicológica, o sociológica, o etnológica, etc.)
para la comodidad tradicional de una exposición descriptiva, mucho
menos unilateral, aunque a veces desconcertante: por ejemplo, Ben-
veniste es situado en la corriente sociológica más como discípulo

1 V. el a r tíc u lo d e R é z n i k o v .
224 Historia de la lingüística

conocido de Meillet que en base a sus trabajos posteriores a 1945;


y Boas se encuentra en ella junto a Bloomfield en Tina corriente
descriptivista, separado de Sapir, que representa la etnologística (con
Whorf). En resumen, marxista o no, la historia de la lingüística del
paso al siglo xx se encuentra ante la obligación de emprender pri­
mero muchas investigaciones precisas y limitadas, llevadas a cabo
con gran realismo, antes de que suene la hora de las grandes
síntesis explicativas al nivel de los movimientos profundos.

2. Continuidad. — En la realidad, la gran corriente que acaba


por tomar plenamente conciencia de sí con el nombre de lingüís­
tica histórica sigue desarrollándose hasta 1900 y mucho después
— ^primero en el plano de los trabajos, lo cual es natural; pero
también en el plano de los principios y de las concepciones teóricas,
donde va a coexistir todavía durante mucho tiempo con los nue­
vos puntos de vista sobre la lingüística— . En todo un aspecto de
su obra, un Meillet, un Vendryés, en Francia, van a perpetuar
ante el estudio de los hechos lingüísticos la actitud que ha sido
sistematizada por Brugmann; seguirán siendo hasta el final com-
paratistas en el sentido amplio de la palabra, y este comparatismo
coloreará fuertemente la atención que prestan, más o menos cada
uno, a las nuevas corrientes de la lingüística posteriores a 1900.
Este hecho es todavía más claro para un Pedersen (1867-1953),
como hemos visto: formado por completo por los neogramáticos
— pero además con la profunda originalidad de pertenecer a una
•escuela danesa marcada por el conocimiento directo de un Rask, un
Bredsdorff, un Rapp y un Thomsen— , sigue siendo impermeable
cuando menos a todo lo que surge: ignora prácticamente a Her-
mann Paul como teórico y a Whitney, reduce a Saussure, así como
a Humboldt, a sus trabajos técnicos. Es decir que es completa­
mente insensible a todos los indicios que hacen presagiar, más allá
de la lingüística histórica, lá aparición de una lingüística general
en cuyo centro va a situarse una lihgüística descriptiva, puramente
Hacia la lingüística del siglo X X 225

sincrónica. Más de una vez, en eminentes especialistas (un Michel


Lejeune, un Maurice Leroy para el griego, un Fleisch a propósito
del árabe) todavía hacia 1950 se ha podido notar la tendencia a
anteponer, a pesar de todo, el estudio histórico de la evolución del
lenguaje — posición neogramática— a expensas de las relaciones
estructurales y funcionales, en todo caso descriptivas y sincrónicas,
que caracterizan cada vez más la lingüística actual. Echave-Sustaeta,
traductor de la historia de Thomsen, la añade un epílogo, detrás
del capítulo XIII, dedicado, a los neogramáticos, quienes, para el
autor, en 1902 eran el punto final. Titulado “ Renovación”, en
1945 este capítulo es subtitulado “ Scuola sociológica parisiense.
Idealisti” : es decir que Meillet, Vossler y Spitzer son considerados
en él como el último aggiomamento; ni Saussure, ni Trubetzkoy,
ni Bloomfield son vistos todavía como los nombres esenciales de
la lingüística del primer tercio de siglo.
Desde 1876, Michel Bréal había tratado de apaciguar el debate
que oponía la antigua filología a la joven lingüística, debate que
hemos evocado anteriormente2. En 1886, Ascoli y Merlo hicieron
lo mismo para llenar el foso que Brugmann acababa de abrir entré
la ya antigua gramática comparada y la joven lingüística histórica.
Reconciliar, a su vez, la lingüística histórica con las nuevas lin­
güísticas generales, nacidas en los años 1900-1930, no es todavía
una tarea inútil, si juzgamos por el cuidado puesto por Martinet,
en 1955, en convencer a un público de romanistas todavía neogra­
máticos sobre la legitimidad y más que nada sobre la eficacia de los
procedimientos diacrónicos de una lingüística funcional y estruc­
tural3.

3. Saussure. — De este modo, se puede sostener, por una par­


te, que la corriente neogramática no está completamente agotada. Por
otra parte, no se podría caracterizar la lingüística posterior a 1900

* V. p. 189.
3 Cf. Économiet pp. 7 y 11-17.
H. DE LA LINGÜÍSTICA.— 15
226 Historia de la lingüistica

con una sola palabra, como lo intentan a menudo quienes la des­


criben así: Finalmente llegó Saussure...
Saussure no está solo. Por grande que sea su obra, por pro­
funda que haya sido su influencia, aquí inmediata, tardía allí, sería
simplificar la historia el levantarle una gigantesca estatua solitaria
en el centro de una encrucijada desierta en 1916. Si uno de los
caracteres evidentes del siglo xx es la vuelta a la lingüística general
— es decir, a generalizaciones sobre el lenguaje que el siglo xix
se había prohibido cada vez más después de Silvestre de Sacy, a
causa del recuerdo de la Gramática General de Port-Royal— y si
Saussure ha sido indudablemente el primero en atreverse a hacer
un curso de lingüística general, hay que tener en cuenta que de
ese modo continuaba una tradición, sobre todo francesa, que, repu­
diando el apriorísmo de la gramática general (tanto como el de la
“ filosofía” alemana), no había renunciado nunca a rehacerla más
científicamente. Desde 1868, al hacer la apertura de su curso en
el Colegio de Francia, Bréal declara explícitamente:
Hay otra clase de estudios que se distinguen habitualmente de
la gramática comparativa y que a veces se ha llegado hasta a opo­
nerlos a ésta. Es este ensamblaje de principios y de observaciones
del que Port-Royal ha dado el primer modelo, y que se conoce
con el nombre de gramática general o filosófica. Pero, puesto que
la gramática general se propone mostrar la relación existente entre'
las operaciones de nuestro espíritu y las formas del lenguaje, ¿cómo
podría encontrarse en oposición con una ciencia cuyo objeto es
analizar estás ciencias? Es más cierto decir que encontrará en las
observaciones de la lingüística un aumento de interés y solidez. En
efecto, o bien las teorías de la gramática general serán confirmadas
por el examen científico de los diversos idiomas hablados en la su­
perficie del globo, y entonces los trabajos de los filólogos serán la
justificación y la contraprueba de esta filosofía del lenguaje; o bien,
en algunos puntos, habrá desacuerdo entre las operaciones de nues­
tro espíritu, tal como las describen la psicología y la lógica, y los
procedimientos del lenguaje constatados por el análisis filológico, y
será para nosotros una advertencia para remontar hasta el origen de
esta divergencia y encontrar su principio. Una investigación seme­
Hacia la lingüística del siglo X X 227

jante no puede dejar de ser fecunda, y cualquier disentimiento en­


tre la gramática filosófica y la gramática experimental debe llevar
a ideas nuevas sobre la naturaleza del lenguaje o sobre el desarrollo
del espíritu humano. De esta clase de estudio es del que tomo pre­
ferentemente el objeto de una primera conferencia...4.

Se puede pensar que la influencia de Bréal (y, a través de Bréal,


de toda una antigua corriente logicista) sobre Saussure es segura.
Y cuando Meillet, en 1906, es nombrado para esta misma cátedra
de gramática comparada del Colegio de Francia, da su lección de
apertura “ Sobre el estado actual de los estudios de lingüística gene­
ral”, en la que expone su propia concepción de las leyes generales
del lenguaje.

4. Baudouin de Courtenay. — Son otras leyes, las de la lin­


güística descriptiva, las del funcionamiento dél lenguaje, con abs­
tracción de todo movimiento de evolución, las que van a traer la
revolución en los estudios del siglo xx. Pero tampoco en esto está
solo Saussure. Hemos nombrado ya a Antón Marty, que opone al
historicismo dogmático de Hermann Paul un programa de lingüís­
tica puramente sincrónica: por débil que haya sido el éxito de los
escritos de Marty, merece ser bien estudiado. Y no menos el de
Baudouin de Courtenay (1845-1929), y comienza a serlo. Lingüista
polaco, que enseñó en Kazan, en Cracovia, en Petersburgo (de
1900 a 1918), abordaba en su enseñanza los problemas planteados
por los progresos mismos de la fonética experimental, que no lle­
gaba a dar cuenta de en qué sentido las emisiones fónicas articula­
toriamente diferentes (las tres r del francés^ por ejemplo) consti­
tuían una señal lingüística única. Y sugería la distinción entre una
fisiofonética (la fonética propiamente dicha) y una psicofonétkgt
(que será la fonología). Saussure le leía, y deploraba que “fuera ig­
norado por la mayoría de los eruditos occidentales” 5. Jakobson y

4 Idees latentes..., pp. 7-8.


5 Cf. G odel, p. 51.
228 Historia de la lingüistica

Trubetzkoy le deben mucho seguramente, como permiten entre­


verlo las Notes autobiographiques de este último6.

5. Whitney. — No se comprenderían tampoco los cambios apa­


recidos en la lingüística después de 1900 si se redujera a Europa
una investigación de los orígenes de estos cambios. El lingüista
americano Whitney (1827-1894) exige en esto la mayor atención
por la acción que ejerció en la lingüística americana y porque su
pensamiento fue conocido inmediatamente en Europa. Su obra The
Ufe and growth of language (1875) fue traducida inmediatamente y
tuvo varias ediciones en francés; era una especie de compendio
de una obra más extensa, Language and its study (1876), que, edi­
tada y reeditada varias veces en Londres, fue igualmente accesible
en Europa. Aunque no hubiera tenido influencia más que en Saus­
sure, habría que estudiarle con calma:
El americano Whitney, a quien respeto, escribe éste en notas
manuscritas, no ha dicho nunca una sola palabra sobre las mismas
cuestiones [“un punto de vista teórico de la lengua... sin salir de las
consideraciones lingüísticas puras”] que no sea justa7.

Saussure, que hace tan pocas citas en el Cours, cita en él a


Whitney, con elogio en muchos aspectos, para atribuirle “el primer
impulso del movimiento antischleicheriano, y para hacerle home­
naje de la tesis sobre la arbitrariedad del signo8. Hoy sabemos in­
cluso que Saussure había emprendido en 1894 una lectura de la
gran obra de Whitney para escribir sobre ella un artículo que no
vio nunca la luz, lectura de la que quedan setenta páginas de notas
manuscritas9. Sobre la noción de signo y sobre la función lingüís­
tica del signo, sobre la distinción entre el lenguaje articulado y to­
das las demás formas de comunicación, sobre la especificidad del

6 V. Principes de Phonol, pp. xxvH-xxvm.


7 V. Godel, p. 51.
8 Cours, pp. 12, 19, 112.
9 V. G odel, p. 32.
Hacia la lingüística del siglo X X 229

análisis lingüístico, sobre el aprendizaje de la comunicación lin­


güística, sobre el análisis de las estructuras lingüísticas, la obra de
Whitney contenía ya el anuncio de mucho de lo que iba a cons­
tituir el pensamiento de los lingüistas del-siglo xx.
Es probable que los años 1876-1916 hayan constituido en la
historia de nuestra disciplina uno de esos tuming-points , como los
llama Whitney, probablemente tan considerable como el del “ des­
cubrimiento del sánscrito” entre 1786 y 1816. También obras como
las de Whitney, Baudouin de Courtenay y Antón Marty forman
parte, a pesar de la cronología, de un panorama de los comienzos
del siglo xx, más bien que de finales del siglo xix. Habrá que si­
tuarlos en otro volumen, junto a Saussure y Bloomfield, Sapir y
Trubetzkoy, a la luz que reciben de estos grandes nombres, pero
también a la que sobre ellos arrojan.

BIBLIOGRAFÍA

B ré a l, Les idees latentes du langage. — R. G od el, Les sources ma-


nuscrites du Cours de linguistique genérale de F. de Saussure, Ginebra,
Droz, y París, Minardi, 1957. — G rau r, Scurtá istorie, pp. 73-80 (un capí­
tulo sobre Baudouin de Courtenay). A. M artin et, Économie des chan-
gements phonétiques, Berna, A. Francke, 1955. — A. M e ille t , Linguis­
tique historique et linguistique générale, t. 1,. París, Champion, 1926. —
L . O. Reznikov, “Langage et Société” , en Cahiers internationaux de So-
ciologie, vol. VI, 1949, pp. 150-164 [el artículo original en ruso en
Questions de phtlosophie, Moscú, 1947]. — Saussure, Cours...y 5.a ed.,
1960. — H. SchOgt, “ Baudouin de Courtenay and Phonological Analysis” ,
en La linguistique, 1966, núm. 2. — W . D. W hitney, La vie du langage,
París, Librairie Germer Bailüére, 3.a ed., 1880, Vli-265 p. — W. D. W h it­
ney, Language and its Study, with Special Reference to the I.-E. Family
of Languages, Seven lectures, etc., editado por R. M o rris, Londres,
Trübner, 1876, xxn-317 p. — W. D. W hitn ey, Language and the Study
of Language, 12 Lectures on the Principies of the Linguistic Science,
Londres, Triibner, 3.a ed. aumentada, 516 p. — V. A . Zvegincev, Istoñja
Jazykoznarája XIX-XX vekov, Moscú, ed. Prosvechtchenje, 1960, 2 vols.
[citado por la 3.a' ed., revisada y corregida, 1964].
mm
ÍNDICE GENERAL

Págs.

Introducción.............................. | ..................... ••• ............... 7


C apítulo primero . — La Antigüedad.................................. 23

I. La prehistoria y el lenguaje..................................... 23

1. Un problema no lingüístico, 23; 2. Las teorías


sobre el origen, 25; 3. De la lingüística a la prehis­
toria, 29; 4. De la prehistoria a la lingüística, 34.

II. Los egipcios.............................................................. 38

H Falta de trabajos históricos, 385 2. Los docu­


mentos y los hechos, 40; 3. La escritura como análisis
lingüístico, 42; 4. El análisis lingüístico de los jeroglí­
ficos, 44; 5. ¿Hay análisis de la segunda articula­
ción?, 48; 6. La reflexión sobre el lenguaje, 53. .

III. Sumerios y acadios ..................... .......................... 54

1. Falta de trabajos, 54; 2. Nacimiento de una filo­


logía, 54; 3. Nacimiento de una lexicografía, 55; 4. Aná­
lisis de la primera articulación, 57; 5. El análisis fóni­
co, 58; 6. ¿Hacia una conciencia de la segunda articu­
lación?, 60 j 7. Mitos y reflexión lingüística, 63.
232 Historia de la lingüística

Págs.

IV. La China antigua.......................... ............................ 63


I. Los orígenes, 63; 2. Un camino aparte, 64; 3. Es­
peculaciones lingüísticas, 67.

V. Los h indú es................................................................ 68


i. Los primeros lingüistas, 68*; 2. Una fonética má­
gico-religiosa, 69; 3. Conciencia de la segunda articu­
lación, 71; 4. El análisis gramatical, 74; 5. La lin­
güística india, 74.

VI. Los fen icio s........................ ...................................... 77


1. Los inventores del alfabeto, 77; 2. ¿Análisis de
la segunda articulación?, 78; 3. ¿Tiene un sentido el
orden de las letras?, 84; 4. Caracteres históricos de la
invención fenicia, 85.

VII. Los h ebreos...................................... ........................ . 87


1. La curiosidad lingüística en los hebreos, 87;
2. Algunas observaciones lingüísticas, 89; 3. Un mito
banal, un mito grandioso, 89.

VIII. Los ¡griegos................................................................. 90


1. Una situación nueva, 90; 2. La descripción de la
segunda articulación, 93; 3. La primera articulación, 95;
4. La descripción de las lenguas, 97; 5. Problemas
históricos, 97; 6. Problemas teóricos, 98.

IX. Los rom anos............................................................... 99


I. Discípulos de los griegos, 99; 2. L a segunda ar­
ticulación, 100; 3. Varrón, i o i ; 4. Descripción de las
lenguas, 103; 5. Las lenguas y la historia, 103; 6. Teo­
rías lingüísticas, 104.

Bibliografía.................................................................. 105
índice general 233
Págs.

C a p ítu lo segundo. — La Edad Media ( siglos I V - X I V . ) . ... m

i. La segunda articulación, 11 ij 2. L a primera ar­


ticulación, 115; 3. L a descripción de las lenguas, 118;
4. Las lenguas y la historia, 119; 5. Las teorías lin­
güísticas, 122.

Bibliografía.................................................................. 123

C a pítu lo tercero . — L o s Tiem pos M o d e r n o s .................... 124

I. El Humanismo y el Renacimiento (siglos xv y


x v i) 124
1. La segunda articulación, 124; 2. La primera ar­
ticulación, 127; 3. La descripción de las lenguas, 128;
4. Puntos de vista históricos, 129; 5. Teorías lingüís­
ticas, 131.

II. El siglo X V I I ............................................................... 132


1. La segunda articulación, 132; 2. L a primera ar­
ticulación, 134; 3. La descripción de las lenguas, 138;
4. La historia de las lenguas, 139; 5. Los problemas
generales, 140.

III. J.-B. V i c o ................................................................... 141


1. 1668-1744, 1415 2 . Vico y el lenguaje, 143;
3. Vico y las lenguas, 145; 4. ¿Vico lingüista?, 146.

IV. El siglo x v i i i ............................................................. 148


1. L a investigación fonética, 148; 2. La gramática,
150; 3. L a descripción de las lenguas, 151; 4. La actitud
histórica, 152; 5. Las teorías del lenguaje, 155.

Bibliografía..................... .............................. ......... 158


234 Historia de la lingüistica

Págs.

C a p ítu lo cuarto. — El siglo XIX ... .................. ......... 160


160del sán
I.......................................................................................El giro
i; Fonética y sánscrito, 160; 2. Gramática y sáns­
crito, 161; 3. La descripción de las lenguas, 163;
4. ¿“ Descubrimiento” del sánscrito?, 163; 5. ¿“ Des­
cubrimiento” del comparatismo?, 166; 6. La clasifica­
ción de las lenguas, 168.

II. Rasmus R a s k ............................................................ 170


1. El problema Rask, 170; 2. ¿Un pionero desco­
nocido?, 171; 3. La gramática comparada, 172;
4. ¿Quién es Rask?, 174.

III. Franz Bopp ... ................................................. ... 177


1. El clima de la época, 177; 2. El fundador de la
gramática comparada, 178; 3. La teoría de Bopp, 180.

IV. La lingüística después de Franz B o p p ................... 184


1. Lingüística histórica o gramática comparada, 184;
2. ¿Una época comparatista pura?, 185; 3. De Bopp a
Zeuss, 188; 4. El silencio de los franceses, 190; 5. Ray­
nouard, 191.

V. Guillermo de Humboldt.......................................... 194


1. 1767-1835, 194; 2. Su obra, 194; 3.' Su influen­
cia, 195; 4. Los temas humboldtianos, 197.

VI. Schleicher ... ... ... ......... ... ... ... ... ... ... 200
1. Su puesto en la lingüística del siglo xix, 200;
2. Su obra, 201; 3. Schleicher, comparatista, 201; 4. Su
lingüística general,-203j, ,5. La lección de Schleicher, 205.
Índice general 235
Págs.

VII. Lingüística y fonética............................................... 206


1. ¿Nacimiento o encuentro?, 206; 2. La fonética
y el sánscrito, 208; 3. La fonética y las ciencias del
siglo xix, 208; 4. Hacia la fonología, 209.

VIII. Los neogramáticos...................... ....................... ... 210


1. La anécdota, 210; 2. La historia, 211; 3. Los
hombres y las obras, 214; 4. Las leyes fonéticas, 215;
5. El historicismo, 216; 6. El psicologismo, 218.

Bibliografía................................................................ 219

C apítulo quinto * — Hacia la lingüística del siglo X X ... 222

1. Continuidad y ruptura, 222; 2. Continuidad, 224;


3. Saussure, 225; 4. Baudouin de Courtenay, 227;
5. Whitney, 228.

Bibliografía................................................................ 229