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El regalo de la luna

Angela suspira mientras camina sola en la oscuridad y dice las noches frias me enamoran. En el parque,
poco luminoso observa las estrellas y se consuela en su brillo. De pronto gira su cabeza y se encuentra de
cara con la Luna y una mariposa. Es la luna más grande y brillante y dije “hoy descubri que las
mariposas son magicas” es lo mas lindo que haya visto jamás. Entorpecida por su belleza, se queda
perpleja observándola.
Angela: ¡Qué Hermosa luna! suspira.

A lo cual alguien responde:

Viento: Es la más bella que haya visto.

Angela se despertó de su perplejidad y movió su cabeza de lado a lado para ver quién era la persona que le
hablaba. Se llevó una gran sorpresa al notar que seguía sola. Algo aturdida y con un poco de temor, pues se
encontraba sola en el parque en medio de tanta oscuridad, emprendió camino a paso rápido hacia su casa. Pero la
voz le dijo nuevamente:

Viento: ¡Espera!.

Cuando Angela escuchó nuevamente la voz, quedó inmóvil.

Voz: Llevas contigo un alma preciosa. Perdona, mi intención no es asustarte, pero al fin te encontré. la luna me conto
un secreto y me rogó que te pidiera un favor.

Angela: ¿Quién eres?, ¿Qué eres?.

Voz: Soy el viento. La luna me pidió decirte que lo cuides. Yo sólo me encontre unos ojos azules en mi camino. Ella
te eligió.

Ángela no entendía nada. Se restregó los ojos y se pellizcó para comprobar que estaba despierta.

Ángela: ¡No entiendo de qué hablas!, ¿por qué debo atenderte si ni siquiera te veo?

Viento: Lo siento mucho alma bella, pero tengo que seguir mi vuelo.

Ángela: ¡Espera!. No me dames así, necesito explicaciones.

Viento: Muy pronto lo entenderás.

El viento siguió su camino como lo dijo y Ángela se quedó inquieta, pensando que se estaba volviendo loca.

Después de haberse repetido mil veces que lo que había pasado había sido producto de su imaginación, decidió irse
a casa a descansar.

Estaba saliendo del parque cuando escuchó de nuevo un grito. Esta vez era el grito de un bebé. Ángela corrió
siguiendo el grito y se encontró con un hermoso bebé. Solo lo acompañaban la oscuridad, el viento y por
supuesto la luna. Ángela giró a ver a la luna y ella le respondió con un rayo intenso dirigido al bebé.

Ángela tomó al bebé entre sus brazos y lo arropó con su chaqueta. Inmediatamente el niño dejó de llorar y
sonrió viendo a Ángela con sus ojitos azules llenos de amor. En ese mismo instante ángela se dio cuenta de que lo
que había sucedido no lo había imaginado y que en realidad, la luna le había encomendado una gran labor.
Ángela giro a ver a la luna y le dijo:

Ángela: Querida luna, acepto. Tú, que tantas veces me has acompañado en mi soledad, me has de seguir
acompañando con este hermoso bebé que hace parte de ti. Infinitas gracias por elegirme.

Fin