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ESCENA 3

CECILIA: Cristales… muchos cristales. Cristales de amor para cuando él se acerque y


cristales de pena para cuando se aleje. Cristales que tiemblen cuando me descubra.
Cristales que canten cuando me abracen, y así en ellos me reflejaré. Este cristal me
mostrará como soy, autentica. Y éste, para él cubierto de promesas. Girarán, danzarán,
los cristales. Unidos y sin color. Noche sin estrellas y cristales sin color. Me envolveré
en mi velo… Un cristal para cada momento que nos una. Aquí seré completamente feliz
con el, a su lado. Aquí, hablaremos tanto y de tantas cosas que se atropellarán las
palabras… que faltarán palabras. Y aquí, callaremos… callaremos tanto y tan
intensamente y estaremos tan cerca, que será uno de esos rumorosos silencios que dejan
para siempre un eco, un gran eco, para siempre un perdurable eco. ¡Oh, el eco de
nuestros silencios! Pero el cristal se rompe. Y se vuelve a la realidad, a veces. ¡Cuidado,
los cristales! No, no se romperán. Nadie podrá romperlos. Serán pulidos y duros.
Cristales en mi velo y por sobre mi cuerpo. Cristales monofacéticos: Sólo la imagen de
él, refleja. Un cristal triste y otro vibrante. Éste transparente y metálico el otro. Un
cristal para el primer día en que a él lo vi primero. Y otro, para el día de nuestra muerte.
Así, el velo me contendrá. Cristales para los instantes no vividos y para los ruidos que
nunca llegan. Cristales refulgentes y sonoros, cristales que rasgan y que cantan, cristales
para que él más imágenes de mi única imagen vea…
Entra Dorotea, tía de Roberto y de Cecilia.
DOROTEA: Mira, Cecilia. Mi vestido para la boda.
CECILIA: ¿Eh?... Sí, tía…
Entra Roberto.
ROBERTO: Corta, demasiado corta, ancha, chata.
DOROTEA: ¡Qué pasa, Roberto?
CECILIA: ¿Qué tienes?
ROBERTO: Hermana… Tía Dorotea… La situación es grave. Unas relaciones
amistosas, el día de hoy se han roto.

CECILIA: Sí oimos en el radio que Galgolandia y


Sabuesolandia…
ROBERTO: No, es alho mucho más importante. Señalando a su nariz bruscamente.
¡Corta, y chata!
DOROTOA: ¿Cómo?
ROBERTO: Cecilia, no te casas con Leo.
DOROTEA: ¡Oh, mi vestido nuevo!
CECILIA: Anonadada. ¿Qué dices?
ROBERTO: Y usted, tía, rompe su amistad con doña Ángela.
DOROTEA: Consultare en la iglesia.
ROBERTO: No será necesario. Ricardo dijo que usted… DOROTEA: ¡Como es posible
semejante insulto!
ROBERTO: Y hubo más. Ricardo dijo que… CECILIA: No puede ser, esto no puede ser
verdad.
Acción en casa de Ricardo. Entra él, su suegra doña Ángela y su mujer Ángela.
RICARDO: Y también dijo que usted, doña Ángela, es una bomba y que tú, Ángela,
tienes los dientes torcidos.
DOÑA ÁNGELA: ¿Qué?
ÁNGELA: ¿Los dientes torcidos, yo?
RICARDO: Está decidido. Leo no se casa con Cecilia.
DOÑA ÁNGELA Y ÁNGELA: ¡Oh, mi vestido nuevo!
DOÑA ÁNGELA: ¡Infames! Roberto y su familia son unos infames.
ÁNGELA: ¿Qué se han creído?
RICARDO: Cretinos.
NIÑA 1: Entrando. Papá, Rosita me dijo idiota.
RICARDO, DOÑA ÁNGELA y ÁNGELA: Sopencos.
Casa de Roberto. Descongelan las posiciones en las que habian quedado. Roberto se
acerca a Cecilia y le quita el velo:
ROBERTO: Lo siento, cecilia. ¡No hay boda! Sonido de cristales que se rompen.

CECILIA: Mis cristales… los has roto…


DOROTEA: Tu hermano tiene razón. Ricardo y su familia son unos infames.
ROBERTO: Cretinos.
DOROTEA: Malvados.
ROBERTO Y DOROTEA: Sopencos.
Casa de Ricardo. Descongelan.
RICARDO: ¡Atención todos! ¡Listos! Claribel. Poniéndola en fila.
ROBERTO: ¡Atención todos! ¡Listos! Cecilia. Poniéndola en fila.
RICARDO, ÁNGELA, DOÑA ÁNGELA: ¡Presente todos! ¡Aquí los narices largas!
ROBERTO Y DOROTEA: ¡Presente todos! ¡Aquí los narices cortas!
NIÑA 1: ¡Narices largas!
CECILIA: Como autómata. Narices cortas.
En cada casa gesticulan “armando el plan”. Por fuera de la escena aparece el medico
paseando, disfrutando del día.

OSCURO.
ESCENA 4
CRIADA 1: Los platos…
CRIADA 2: Las tazas…
CRIADA 1: El azúcar…
CRIADA 2: Las cucharitas de plata… ¿No ha salido todavía?
CRIADA 1: No ha salido.
CRIADA 2: ¿Qué hace dentro de la urna?
CRIADA 1: Esta guardada, para que no se ensucie con polvo. Se unta cremas y se llena
de brillitos. Se frota, se pule y se saca brillo. Y se encierra en la urna para no
estropearse. El polvo estropea la cera.
CRIADA 2: Riéndose finito. La señora es de cera.
CRIADA 1: Riéndose finito. Si, el señor director tiene una mujer de cera.
Se empiezan a mover las puertas de la urna. Esto produce una gran impresión. Quedan
paralizadas.
CRIADA 1: La puerta…
CRIADA 2: La urna…
CRIADA 1: La señora…
CRIADAS 1 y 2: Va a salir la señora…
CRIADAS 1 y 2: ¡Señora!

Se genera un ambiente de mucha atención hacia Ágata.


ÁGATA: Anastasia… Federica…
CRIADA 1: Señora…
CRIADA 2: Señora…
AGATA: Me siento despeinada. Creo que el vestido tiene una arruga y que un cabello
de la derecha se me pasó a la izquierda.
CRIADA 1: ¡Oh, el vestido de la señora!
CRIADA 2: ¡El peinado de la señora!
CRIADA 1: Los ojos de la señora…
CRIADA 2: Las cejas…
CRIADA 1: Los labios…
CRIADA 2: Las manos… La señora está servida.
CRIADA 1: La señora ya no está despeinada ni tiene la ropa arrugada.
ÁGATA: ¿Está todo listo para el té?
CRIADAS 1 Y 2: Si señora. Está todo listo.
ÁGATA: Bien, pueden retirarse.
CRIADAS 1 Y 2: Si, señora.

Hacen una reverencia y se van. Entra el director, esposo de Ágata.


DIRECTOR: Ágata, vida mía, ¿cómo te sientes? ¿Qué te dijo el médico?
Ágata ni se inmuta.
DIRECTOR: Te noto pálida, más pálida que de costumbre. Pero yo sabré cuidarte, amor
mío. No creas que no me doy cuenta de la responsabilidad que significa tener una mujer
tan delicada. ¡Ágata, amor mío!
Despertando de golpe y entrando emocionadísimo.

MÉDICO: ¡Qué frágil, qué dúctil, qué bien hecha!


DIRECTOR: ¿Qué es lo que tiene mu mujer, doctor?
MÉDICO: Nada importante, mi buen amigo. Una indisposición pasajera.
DIRECTOR: ÁGATA es una joya, doctor. La más bolita de mi colección Por eso la
compré, sin importarme el precio.
ÁGATA: Gracias Próspero. Cuando gusten. Los invita a tomar el te. Se sientan en la
mesa imaginaria. Da dos aplausos al aire llamando a las sirvientas que servirán el té.
MÉDICO: Qué fascinantes criaturas.
ÁGATA: Anastasia, Federica, saluden al señor doctor.
CRIADAS 1 Y 2: Buenas tardes, Don Remedios. Riéndose finito.
MÉDICO: ¿De que se ríen?
ÁGATA: No lo saben. Son felices.
Beben el té. Ágata habla sin problemas como que si se tratara de un tema simple.
ÁGATA: Querido Próspero, mi indigestión pasajera será un niño o una niña dentro de
siete meses.
DIRECTOR: Se atraganta con el té. ¿Qué? ¿Un niño?
MÉDICO: Claro, claro, Próspero… ¿no es una gran sopresa?
DIRECTOR: Pero si hace dos meses que yo no… en fin, que tú no me abres la puerta de
tu cuarto…
ÁGATA: Precisamente, querido, fuiste a la urna hace dos meses. Me quedan solo 7 de
espera.
DIRECTOR: ¡Querida Ágata!
ÁGATA: Bebe tu té, querido, se esta enfriando.
Entran Ricardo y Roberto interrumpiendo en la habitación.
ROBERTO: Señor directore, vengo a pedir mi traslado.
RICARDO: Vengo a pedir mi traslado, señor director.
DIRECTOR: ¿Cómo?
Entra leo.
LEO: Señor director, yo vengo a pedir un empleo extra. Voy a casarme con Cecilia.
Viviremos juntos y seremos felices.
RICARDO y ROBERTO: No se casarán.
DIRECTOR: ¿Pero que significa esto?
ROBERTO: Señor director, mi asunto es gravísimo.
RICARDO: Mi asunto es gravísimo.
RICARDO Y ROBERTO: Una cuestión de narices.
ÁGATA: Yo me retiro.
DIRECTOR: No, no te retires amor mio…
Se va acompañada de las criadas. Todos quedan expectantes de la escena.
DIRECTOR: Rascándose nervioso. Ágata amor mío, no te vayas.
ÁGATA: Voy a descansar, ahora.
CRIADA 1: La señora va a descansar.
CRIADA 2: La señora necesita descansar.
DIRECTOR: Ágata espera…
Ágata cierra las puertas adelante del director.
CRIADAS 1 Y 2: La señora se ha retirado a su cuarto. Buenas noches, señor director.
Se retiran con el Médico. Queda frente a sus empleados.
RICARDO: Señor director, tengo que hablarle.
ROBERTO: Señor director, tengo que hablarle.
LEO: Tengo que hablarle, señor director.

El director se lleva las manos a la cabeza y desaparece seguido de los tres empleados.
DOÑA ANGELA: A Ángela. El vestido nuevo. ¡Qué ridículas flores amarillas!
DOROTEA: A Cecilia. El vestido nuevo. ¡Vaya ridículas flores rojas!
ÁNGELA: A Cecilia. Ricardo me ha prohibido hablarte.
CECILIA: A Ángela. Roberto me ha prohibido hablarte.
DOÑA ÁNGELA: A Dorotea. Hum.
DOROTEA: A Ángela. Hum.
Desaparecen.

OSCURO.
ESCENA 5:
CECILIA: Me gustaría viajar contigo. ¿Estamos lejos?
LEO: Carreteras y mares quedaron atrás.
CECILIA: ¿Adónde me llevas?
LEO: Elige.
CECILIA: Un restaurante junto al mar. Veremos barcos, con velas blancas.
LEO: ¿Vamos?
CECILIA: Vamos.
Luego de un rato.
CECILIA: Hace mucho que caminamos.
LEO: Hace años.
CECILIA: Teníamos tantas cosas que decirnos.
LEO: Teníamos.
CECILIA: ¿Adónde íbamos?
LEO: Ya no me acuerdo. Siguen caminando. Duele.
CECILIA: ¿Qué?
LEO: El muro de tu silencio..
CECILIA: Todos los muros son altos.
LEO: Éste lo es más.
CECILIA: Porque es el tuyo.
LEO: Porque es el nuestro.
CECILIA: Yo no lo empecé.
LEO: Yo tampoco.
CECILIA: ¿Quién fue, entonces?¿Quién nos hizo esto?
LEO: No lo sabrás nunca. Los muros, nunca se sabe quien los empieza.
CECILIA: Es la gente.
LEO: Las cosas. Uno que pasa.
CECILIA: Otro que te pone la mano encima.
LEO: Y te das vuelta. Y ya no eres.
CECILIA: Ya no eres. Sólo está ahí el muro.
LEO: De tu silencio.

Calla la musica. Dejan de caminar. Reaccionan. Se abrazan.

LEO: No Cecilia, no habrá muros. Nunca nos separará el silencio. Mira, no hace años
que caminamos: ¡somos jóvenes! Y hemos llegado. Contento. Que empiece la fiesta.
Comienza música de fiesta. En cierto momento se disipa hasta que queda la música que
los representa a ellos nuevamente.
CECILIA: ¿Conocías este lugar?
LEO: En sueños, muchas veces. ¿Ves el mar?
CECILIA: Detrás de los cristales.

Quedan contemplando el mar. De pronto a sus espaldas aparecen el resto de los


personajes interrumpiendo el sueño.
TODOS: ¡Como se atreven! ¡Ustedes juntos están prohibidos! ¡No puedes amarla a
Cecilia!
CECILIA: ¿Y el piano? No escucho el piano.
LUISA: ¿Pero que decís, no recordas acaso donde estas?
CECILIA: ¿Qué? ¿Dónde estamos?
TODOS JUNTOS: Jueves por la tarde, café de Blas.

Cada bando separa a Leo y a Cecilia según al grupo que pertenezcan.

LUISA: En este extremo, las narices largas. En este extremo, los narices cortas.
RICARDO: Yo cité a toda esta gente.
ROVERTO: Los cité yo. Todos están conmigo.
RICARDO: Todos están conmigo.
ROBERTO: Vamos a verlo. Venimos preparados. Llevándose las manos a los bolsillos.
TODOS LOS DEL BANDO DE ROBERTO: Venimos preparados.
LEO: ¿Qué hacen? ¡Deténganse! Esta pelea es absurda.
RICARDO: Leo, si estamos aquí todos reunidos, con nuestras familias es porque la
ocasión es solemne. Supongo que no olvidarás que eres mi herman y a qué bando
perteneces.
LEO: Expongan por lo menos sus razon. Hablen, antes de pelear.
VOCES: Sí!
Que hable Roberto.
Que hable Ricardo.
¡Arriba Ricardo!
¡Arriba Roberto!
DIRECTOR: Escucharemos a los dos.

Entra La Pulga y mira muy de cerca lo que va a suceder.

Ricardo: Amigos, yo seré breve. Todos están al corriente de la situación. Pero quisiera
recordarles que siempre, en el curso de la historia, a través de los siglos, los de narices
largas hemos sido más célebres, más fuertes, honrados y poderosos y hemos obtenido
para nuestros países mas gama y mas gloria que los de narices cortas. Sí, señores, es
algo que viene de siglos: Alejandro Magno, Cervantes, Dante, Washington y… Cyrano
d Bergerac, tuvieron las narices largas.

Rumores entre todos. La Pulga se acerca, se ríe y se va de nuevo a su lugar.

ROBERTO: ¡Un momento, todo es falso! Los más Célebres, fuertes, honrados y
poderosos; los que hemos obtenido para nuestros países mayor fama y gloria hemos
sido siempre los de narices cortas. Sócrates, María Teresa de Calcuta, Confucio, Juan
Domingo Perón y no tuvieron la nariz de zanahoria.

Rumores entre todos. La Pulga repite su actitud anterior.

ROBERTO: Mefistófeles tiene las narices largas.


DIRECTOR: Esperen, esto de largo o corto no es sino una medida relativa… Cosa de
apreciación. Además, lo que importa no es que aquellas “persoas” tuvieran las narices
cortas o largas, sino cómo pensaron. A qué bando pertenecieron. Al del bien, o al del
mal.
RICARDO: Sí, lo que deben ustedes decidir es a qué bando pertenecen: al del bien
(señalándose a si mismo) o al del mal (señalando a Roberto).
ROBERTO: Al del mal (señalando a Ricardo) o al del bien (señalándose a si mismo).
DOROTEA: Que opine el señor director.
DIRECTOR: Sin saber que decisión tomar. Querida población, después de meditar este
asunto muy detenidamente, considerando las cualidades morales de nuestros hermanos
Ricardo y Roberto, después de haber rezado por estas dos pobres ovejas desavenidas,
creo que tiene razón Ricardo.

Diversidad de opiniones. La Pulga se acerca se ríe y se va.

DIRECTOR: Un momento, no termine.


VOCES: Dejen terminar al director.
Silencio.
Déjenlo terminar.
DIRECTOR: Después de haber rezado por estas dos ovejas desavenidas, creo también
que la razón la tiene Roberto.

Diversidad de opiniones. Risita de La Pulga.

DOÑA ANGELA: Que todos digan con quién están.


VOCES: Sí, eso es.
Vamos a hablar todos.
Todos.
DOÑA ANGELA: Vamos señores, todos a la cuenta de tres decimos: “yo estoy aquí,
por…”
TODOS: Yo estoy aquí por… Cada uno responde dependiendo a que bando
pertenezcan.
ROBERTO: ¡Aquí los mios!
RICARDO: ¡Los mios aquí!
ALCALDE: Como representante de la autoridad, yo daré la señal.
DIRECTOR: Quizás antes sería conveniente una oración.
DOROTEA: Nada de oraciones.
ROBERTO: ¡Acción!
RICARDO: ¡Acción!

Llevan sus manos a los bolsillos.

ALCALDE: ¡Listos! ¡Ya!

Se dan vuelta al mismo tiempo y sacan las narices largas y cortas y se las ponen. Se
observan entre ellos y se dan ánimo. Luego se paran enfrentados.

ÁGATA: De manera, Federica, que me desobedeces.


SEGUNDA CRIADA: Sí, señora, la desobedezco. Mire usted, señora, ya no camino
sobre ruedas jijiji.
ÁGATA: Enojadísima. ¡Esto es una insurrección!
SEGUNDA CRIADA: Si, señora jijiji.
PRIMERA CRIADA: Señora, yo no desobedezco. Mire usted señora jijiji.
MÉDICO: A mi me gustan lo mismo las de narices cortas que las de narices largas.
DOÑA ÁNGELA: Hija mía, la nariz larga es un símbolo. El único que, por tradición,
podría abrazar nuestra familia. En nuestra familia, siempre hemos sido decentes.
ÁNGELA: Sí, mamá.
DOROTEA: A doña Ángela. ¿No te da vergüenza estar del lado de tu yerno?
NIÑA 1: A la niña 2. Te romperé la nariz, por muy larga que la tengas.
NIÑO 2: A la niña 1. Yo te romperé l tuya.

Todos discuten, se adelantan Leo y Cecilia.

LEO: ¡Basta! ¿Es que no comprenden? Las diferencias de narices no importan.


VOCES: ¡Uh!
¡Como no van a importar!
¡Que se calle!
¡Mejor callate!
LEO: En el mundo hay lugar para todos, ¿comprenden? Narices largas lo mismo que
narices cortas. La vida es hermosa. Están las montañas que crecen, y los campos que
aguardan, y los juncos a orillas de los ríos, y los insectos que no hjay que aplastar. Está
esta nota, ese reflejo, esa hora de la tarde… La vida es hermosa, ¿comprenden? Todos
somos hermanos Todos demos vivir en paz. La paz…
TODOS: Ja ja ja ja ja ja ja ja ja La Paz! jajajajajajaja.

Desesperado se saca la nariz y se va.

CECILIA: Leo, espera.


VOCES: Defenderemos nuestros principios.
Nuestras familias.
Nuestros derechos.
Pelearemos.
Venceremos.
Las narices.
Los países.
Cortas.
Largas.
Los sagrados derechos.
LUISA: Señor, ayuda a los que estamos contigo.
RADIO: Sí, la noticia ha sido confirmada, Boletín especial de última hora, de nuestros
servicios pepepé, popopó, pupepé, jotajotacú. Sí Galgolandia declaró la guerra a
Sabuesolandia. ¡Atención, última hora! Las dificultades entre las dos naciones no
pudieron resolverse y ha estallado la guerra.

La pulga apaga la radio. Se escuchan voces en ambos bandos.

VOCES: ¡Que horror!


¡Qué barbaridad!
Galgolandia en guerra contra Sabuesolandia…

De pronto, se hace un silencio. En seguida, todos a coro:

TODOS: ¡No es cosa que nos concierna!


LOS NARICES CORTAS: ¡Guerra a los narices largas!
LOS NARICES LARGAS: ¡Guerra a los narices cortas!