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5 habilidades de liderazgo esenciales

El liderazgo no deja de ser un rol y, por lo tanto, un conjunto de conductas observables y en


consiguiente entrenables. Podemos definir al líder como el miembro del grupo que consigue dirigir
la conducta del resto de miembros hacia la dirección que él desea. Por lo tanto, para ser líder no
basta con mandar, repartir tareas o estructurar un plan, sino que es necesario conseguir
comprometer a los dirigidos con tu causa (con tu objetivo), y ganarte su confianza. Para ello, son
muy importantes ciertas habilidades sociales.

1. Honestidad
Para empezar, es recomendable una alta transparencia y sinceridad en cuanto a las labores de
los diferentes miembros del grupo. En otras palabras, es importante que todos entiendan para qué
sirve su tarea, y cómo esta se relaciona con el cumplimiento de los objetivos comunes y así con el
beneficio de todos. Para ello, se debe establecer un clima de confianza, y todos deben sentirse
seguros para preguntar dudas o proponer alternativas. Y, ¿cómo transmitimos todo esto?
Pues hablando, claro. Pero no solo mediante palabras.

2. Dominio de la comunicación verbal y no verbal


Tanto la comunicación verbal como la no verbal son de vital importancia a la hora de dirigir
grupos, y es necesario que expresemos todo aquello que queramos que nuestro grupo sepa.
Ahora bien, habrá esos momentos incómodos en los que nos veamos obligados a rechazar una
propuesta o exigir más de alguno de nuestros compañeros. Para ello existen diferentes estrategias
de comunicación. Entre ellas, debemos destacar la asertividad.

3. Asertividad
La asertividad consiste en poder comunicar aquello que deseemos manteniendo las buenas
relaciones. Concretamente, consiste en hablar sobre conductas en lugar de sobre esencias (“haces
X” mejor que “eres X”) ya que las conductas sí son susceptibles de cambio, sobre futuro en vez de
sobre pasado (“haz X” en lugar de “has hecho Y”), ya que el pasado no lo podemos cambiar, o en
positivo en lugar de en negativo (“haz X” en lugar de “no hagas Y”)… Esta capacidad constituye
una de las habilidades de liderazgo básicas para estar en sintonía con los equipos.

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4. Control del feedback


Además, debemos tener muy en cuenta la administración del feedback, es decir, la información que
administramos a nuestro grupos sobre su rendimiento, actitud y conductas relacionadas con su labor
en general. El feedback puede ser positivo o negativo. Cuando es positivo, no hay problema,
podemos administrarlo prácticamente de cualquier forma, pero cuando hay que corregir algún
comportamiento, podemos poner en peligro la autoestima y la autoeficacia de nuestro interlocutor,
características psicológicas que necesitamos que estén a tope en él. Para ello, se recomienda
administrar el feedback negativo en privado, sin testigos ante los cuales tenga nuestro oyente que
defender su orgullo.
Además, se recomienda empezar dando feedback positivo (algo habrá hecho bien), incluir el
negativo de forma asertiva, y terminar con una nota de ánimo. Es lo que se conoce, fuera de
bromas, como el método sándwich.

5. La escucha activa
Además, decir las cosas está muy bien, decirlas correctamente, mucho mejor, pero más adelante, si
nuestras palabras no están respaldadas por nuestro ejemplo y nuestras conductas, perderemos algo
vital para un líder: la credibilidad. Por ello, es importante ejercer una escucha activa cuando el
grupo o sus componentes nos transmitan sus opiniones o dudas. Dejarles terminar sus frases,
responder a la necesidad que estén manifestando, asegurarnos de que han quedado satisfechos y,
sobre todo, tener mucha empatía y saber poneros en su lugar.
Por ello, la gestión de grupos es una tarea muy complicada, y existe gente con una habilidad innata
para llevarla a cabo pero, como todas las habilidades psicológicas, es susceptible de ser
optimizada con un buen entrenamiento mental.
En UPAD Psicología y Coaching trabajamos con todo tipo de personas (deportistas, directivos,
jefes de equipo, etc.) en las habilidades psicológicas que intervienen en el liderazgo de grupos con
el objetivo de potenciar su rendimiento, bienestar y satisfacción. Por eso, sabemos que el liderazgo
no se basa en procesos unidireccionales, sino en un conjunto de habilidades que permiten establecer
un equilibrio entre uno mismo y el resto.