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Tradiciones Culturales Afro-Caribeñas

26 de octubre de 2010

Sab: Dicotomía, autoridad e identidad de un esclavo

Es posible que al leer una obra como Sab, los lectores descubran una serie de detalles que

van más allá de la definición de novela romántica, además de histórica, innovadora por la

inclusión de ideas abolicionistas y denuncia social. No obstante por ser una novela de tendencia

romántica, resulta improbable apartar de un lado el fundamento de incluir, en una prosa de

ficción, la exaltación de las pasiones y de los sentimientos entre sus personajes; siendo esto a fin

de cuentas donde radica la impetuosidad y genialidad de la obra.

La trama planteada en la novela de Gertrudis Gómez de Avellaneda, lleva al lector de la

mano, al presentar una historia que se remonta al siglo XIX, cargada de sentimientos encontrados

y acontecimientos que marcan el paso de cada uno de sus personajes, en un escenario donde se

bosqueja la esclavitud. Sin embargo, dentro del marco de dichos sentimientos encontrados existe

una incógnita que merece la pena comentar y someter a análisis; el enigma de la identidad del

personaje principal de esta novela, Sab.

El propósito de este ensayo consiste en demostrar que la identidad del personaje principal

y el carácter dualístico de su personalidad, fungen como elementos que permiten establecer

algunos rasgos de esclavitud interior en el propio personaje, que destacan ampliamente ante la

condición de esclavo, propiamente dicha.

Para llevar a cabo este análisis se pretende en primer lugar, identificar las características

psicosociales en el personaje Sab; posteriormente distinguir algunos elementos que atribuyan


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rasgos de autoridad al personaje; y por ultimo relacionar el carácter dualístico de la personalidad

de Sab para determinar su condición de víctima o héroe según sus actos y las consecuencias de

los mismos.

En primera instancia se hará referencia al marco conceptual que nos atañe; definiendo de

antemano lo que se entiende por características psicosociales. “Las características psicosociales

constituyen un elemento esencial que brinda un acercamiento al concepto de competencia

psicosocial, lo cual permite determinar qué tan competente puede ser un grupo o una persona”

(Amarís 95); de tal manera que las características psicosociales que se identifiquen en el

personaje Sab, de alguna forma determinaran la competencia o capacidad del personaje para

solventar ciertas situaciones. En la investigación de Amarís, también se especifica que los

términos de característica psicosocial y competencia psicosocial se adjudican como sinónimos

uno del otro. Por lo tanto, las características psicosociales permiten comprender “el sentir y la

vivencia de las personas en las circunstancias de vida que les haya correspondido vivir, de

acuerdo también con el contexto cultural del cual hacen parte” (Amarís 96).

Para entrar en materia de análisis, se procederá a desarrollar el primer punto, en el cual se

procura identificar las características psicosociales del personaje en cuestión. Por un lado se

concibe a Sab como un ser orgulloso y altivo, con una fuerte personalidad; esto podría quedar

fácilmente documentado con sus propias palabras, en la introductoria conversación con Enrique,

“jamás he sufrido el trato duro que se da generalmente a los negros, ni he sido condenado a

largos y fatigoso trabajos” (Gómez de Avellaneda 109). Este argumento de Sab, pone de

manifiesto una actitud altiva, ante el acoso verbal de su interlocutor; aunque más allá de las

palabras, lo que causa esta impresión, es la manera y la actitud que utiliza para expresarse, tal
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como lo describe la voz narrativa “El rostro de aquél a quien se dirigían estas palabras no mostró

al oírlas la menor extrañeza, pero fijó en el que hablaba una mirada penetrante” (Gómez de

Avellaneda 107), lo cual ratifica que a pesar de su condición de esclavo y mulato, Sab es

consciente de su posición. Así mismo, la actitud orgullosa de Sab emerge durante el relato sobre

su origen, en el pasaje donde manifiesta “Mi madre vino al mundo en un país donde su color no

era signo de esclavitud: mi madre […] nació libre y princesa” (Gómez de Avellaneda 109). Estas

palabras demuestran el orgullo que siente Sab por su origen, aunque a fin de cuentas sea un

mulato y esclavo.

La fuerte personalidad que se ha mencionado, puede ser apreciada claramente en el

capítulo IV de la segunda parte de la novela, durante el episodio de la muerte de Luis. Sab se

dirige al viejo mayoral para pedirle que se vaya a dormir, pues debe partir muy temprano en la

mañana a llevar una carta a Puerto Príncipe, por lo cual le ordena darle un pedazo de papel y un

tintero; ante esta mandato “El viejo obedeció: había en el acento de aquel mulato un no sé qué

de autoridad y grandeza que siempre le había subyugado” (Gómez de Avellaneda 243), no cabe

dudas que la fuerte personalidad de Sab prevaleció ante la edad y experiencia del anciano

mayoral.

Otro rasgo de altivez y orgullo se distingue en el dialogo entre Sab y Enrique, cuando el

primero habla sobre Carlota y la relación que los une “Con ella aprendí a leer y a escribir, porque

nunca quiso recibir lección alguna sin que estuviese a su lado su pobre mulato Sab. Por ella

cobré afición a la lectura, sus libros y aun los de su padre han estado siempre a mi disposición

(Gómez de Avellaneda 110); es como si Sab quisiera destacar ante el extranjero y ante sí mismo
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el lugar privilegiado, y la importancia que tiene en la vida de sus amos, esto sin duda es un

motivo de orgullo para el fiel mulato.

Ahora bien, Sab se percibe además como un ser humano apasionado, embriagado de un

amor por Carlota, que lo trastorna y lo hace concebir a su amada como una diosa, como un ángel,

lo cual es una característica muy propia del protagonista romántico. Este carácter apasionado de

Sab puede distinguirse en su conversación con Teresa, al momento que le confiesa su inmenso

amor por Carlota, “Así la amaba yo, la adoraba desde el primer momento que la vi recién nacida,

mecida sobre las rodillas de su madre. […] y la hechicera criatura convirtióse en la más hermosa

de las vírgenes. […] Durmiendo aun la veía niña y ángel descansar junto a mí, o elevarse

lentamente hacia los cielos de donde había venido” (Gómez de Avellaneda 205). Claramente se

evidencia en esta confesión aquella pasión desbordante, que quema las entrañas del ser que ama

sin medidas.

Otra característica de este protagonista, es la postura infame que asume ante la realidad

del enamoramiento de Carlota por Enrique. Es esta condición de esclavo fiel la que provoca en

Sab una reacción pérfida al conocer que Enrique está más interesado en la dote de la chica que en

sus particulares virtudes y encantos. Esta verdad le quema el alma y le hace pensar en la

posibilidad de quitarle la vida al joven extranjero, poseedor del amor de su adorada Carlota. Para

confirmar este rasgo en la caracterización de Sab, podría recurrirse al episodio en capítulo IX de

la Primera parte, cuando don Carlos, Carlota, Enrique y Sab llegan a Cubitas tras un largo viaje,

luego de un tiempo todos duermen, todos menos alguien que acechaba la habitación de Enrique.

“El bulto se estremeció profundamente y brilló en la oscuridad la hoja de un ancho machete. Los

pasos parecían cada vez más próximos. El bulto hablo en voz baja, pero temible: - ¡Miserable!
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No lograras tus inicuos deseos” (Gómez de Avellaneda 171-72); pero la presencia y ladridos de

un perro de la casa hicieron desistir de su intención, a quien quiera que haya sido el bulto, que

sin duda era nada menos que el fiel y apasionado Sab, en defensa de su amada doncella. Sab

conocía las verdaderas intenciones de Enrique, por eso no quería que el joven desposara a

Carlota.

En otro orden de ideas, el personaje de Sab supone un carácter noble, fiel, que ama

intensamente aunque no es correspondido. Su espiritualidad va más allá de lo cotidiano,

alcanzado el límite de lo sublime. A través de esta perspectiva de vida, que apreciamos en Sab,

resalta la idea comentada por José Servera en sus comentarios sobre la novela, de que “todos los

hombres pueden ser iguales por su igual capacidad de amar” (Gómez de Avellaneda 51),

especialmente en una sociedad esclavista del siglo XIX. Sin embargo, es bien conocido que esta

premisa, difiere mucho de la realidad cubana del siglo XIX.

Seguidamente, proseguimos con la enumeración de algunos elementos que atribuyen

rasgos de autoridad al personaje. En esta ocasión, se hará referencia a aquellos aspectos

relacionados con Sab, y con la trama de la novela, que confieren a este personaje autoridad o

poder. Autoridad que le permita hacer uso de sus capacidades y destrezas intelectuales para

apoyar la causa de sus semejantes, esclavos como él, que desean la libertad, o que le permita

cambiar el destino de ciertos personajes o el desenlace de la novela. Para comenzar, es necesario

destacar la conciencia del personaje ante el tema de la esclavitud; Sab tiene conocimiento de que

podría desatar una revuelta, instigando al resto de los esclavos a alzarse para conquistar su

libertad, pero a su pesar y en fidelidad a sus amos, se contiene de hacerlo.


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La verdad sobre las intenciones de Enrique al querer casarse con Carlota, es también un

elemento que le da, de una u otra forma, cierto poder al mulato, pues el confesar esta verdad

podría cambiar por completo la opinión que la dulce Carlota tiene con respecto al joven

extranjero. Aunque le causaría un gran dolor a su alma, también provocaría una reacción de

rechazo hacia aquel hombre que no es capaz de apreciar las virtudes y gracia de la joven idealista

y romántica.

Otro elemento que otorga rasgos de autoridad al personaje Sab, se distingue en las

oportunidades que ha tenido Sab para causarle, bien sea daño o la muerte al joven Enrique. El

episodio del accidente en el caballo pudo haber sido el final de los días de Enrique, entretanto

Sab reflexiona “Pero ¿debo yo dejarle la vida? ¿Le permitiré que profane a ese ángel de

inocencia y de amor? ¿Le arrancaré de los brazos de la muerte para ponerle en los suyos?

(Gómez de Avellaneda 137). Definitivamente Sab tuvo en sus manos el poder de cambiar el final

de Enrique al decidir ayudarle y dejarle vivir, para no causar más congoja en el corazón de su

amada Carlota.

La presunción de que Sab sea hijo de don Luis, el difunto hermano de don Carlos, es otro

elemento que le otorga a este personaje rasgos de autoridad; pues de no ser por esta creencia, tal

vez Sab no habría gozado del trato privilegiado que tuvo desde pequeño, no habría tenido la

educación que hoy ostenta, no habría tenido la oportunidad de crecer al lado de Carlota y de

conocerle de tan cerca, y no tendría, tal vez, la posición que hoy tiene. Además, no gozaría del

respeto, confianza, cariño y consideración que tienen sus amos para con él.

Por último, el billete de lotería premiado, otorga a Sab el poder que concede el dinero

para cambiar la vida o el destino de las personas. Por un lado, Sab presenta a Teresa la
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posibilidad de unirse a Enrique y gozar de su amor, le ofrece el billete de lotería premiado que le

pertenece a él, le confiesa las verdaderas intenciones de Enrique y su padre, agregando “y

Enrique sabrá que sois más rica que Carlota. Ya veis que no os he engañado cuando os dije que

había para vuestro amor una esperanza, ya veis que aun podéis ser dichosa” (Gómez de

Avellaneda 217); sin embargo Teresa cuestiona la actitud de Sab, considerando que no deben,

ninguno de los dos, ser egoístas e infieles para con sus amos.

El dinero de la lotería, sirve para adjudicar a Carlota, la dote en dinero contante que tanto

anhelan Enrique y su padre, como consecuencia de esta acción, ya no es un impedimento el

dinero para alcanzar la felicidad de Carlota

Luego de las premisas planteadas, se requiere proceder a contrastar los rasgos en la

personalidad del mulato Sab. Por un lado, el carácter fiel e incondicional de Sab se contrapone a

la actitud que asume al ofrecerle a Teresa el dinero para conquistar a Enrique. Esta oportunidad

se destaca como un momento donde Sab antepone sus sentimientos a los de Carlota, pues lo que

pretende es deshacerse del peligro que acosa a Carlota, o dicho de otra manera, de separar al

hombre que le roba el amor y la atención de su amada doncella.

En el episodio donde Luis le comenta a Sab sobre el brazalete de cabellos (con un

broche) que Carlota le dejó al niño, se destaca una actitud agresiva de Sab, ante la posibilidad de

hacerse de una pertenencia tan privada de su adorada Carlota. “y arrancó de la mano del niño,

que defendía su tesoro con todas sus fuerzas, aquel objeto que excitaba ya su más ardiente

anhelo” (Gómez de Avellaneda 186). En esta ocasión, se destaca una actitud mezquina por parte

de Sab ante la inocencia y el padecimiento del niño casi moribundo, quien le suplica no
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despojarle del objeto que le causa felicidad; no obstante el amor apasionado de Sab prevalece

ante su bondad y consideración.

La identidad de nuestro protagonista, resalta como una víctima de sus propios

sentimientos, pues hizo hasta lo imposible para lograr el bienestar de su amada. Sab, muere al

final de la novela, con un alma heroica consagrada ante los que conocieron su verdad, pero como

un esclavo de sus propios sentimientos. Su entrega a la muerte y la resignación a su fortuna, lo

convierten en una víctima de sí mismo; por consiguiente la identidad de este esclavo y mulato

viene marcada por la consecuencia de sus propias decisiones, mientras su actitud y alma

agradecida para con sus amos le confieren una sumisión voluntaria que lo condenó a su propia

esclavitud interior.
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Obras Citadas

Amarís, M., D. Alvarado, A. Díaz, K. Henríquez y P. Noguera. Características psicosociales

de las mujeres adolescentes abusadas. Psicología desde el Caribe. Universidad del

Norte. No. 23: 1999. 94-115.

Avellaneda, Gertrudis Gómez de. Sab. Madrid: Cátedra, 2007.

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