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DEL APRENDIZAJE DE LA CONDUCTA VERBAL A LA TEORÍA INNATISTA

José Néstor Mevorás Lencinas

Tradicionalmente el aprendizaje lingüístico ha sido considerado como un aspecto más del


comportamiento humano: por ello examinaremos primero en cada caso la hipótesis formulada en
relación al aprendizaje en general, para pasar a examinar posteriormente lo que de ella resulta de
cara a la conducta verbal. Estas hipótesis pueden clasificarse en dos grandes grupos
epistemológicos, las teorías conductistas, y las teorías cognitivistas.
El conductismo considera el aprendizaje como una serie de esquemas de conducta del
tipo «estímulo-respuesta» que son accesibles a la observación, están ordenados y resultan
predecibles —hábitos—.
Habría dos tipos de condicionamiento, el condicionamiento clásico y
el condicionamiento operativo. El condicionamiento clásico parte de las
ideas de Pavlov. Un estimulo incondicionado es aquel que provoca una
respuesta incondicionada sin entrenamiento alguno por ejemplo la comida,
en el experimento clásico, da lugar a la salivación del perro de Pavlov. Si
ahora asociamos a la comida un segundo estímulo que por sí mismo no
provocaría tal reacción, por ejemplo una campana, tendremos un estimulo
condicionado que, en tanto en cuanto se de un entrenamiento suficiente,
puede llegar a producir por sí solo la salivación, la cual en este caso sería una
respuesta condicionada.

El estímulo condicionado de nuestro ejemplo era un estímulo reforzado, pues


originariamente acompañaba al estímulo no condicionado (la comida) si ahora nos sirviésemos
de un segundo estímulo no reforzado —de una campana
con un tono diferente—, puede suceder que el perro
reaccione también salivando, siempre y cuando los
estímulos condicionados 1º y 2.° sean suficientemente
parecidos: es lo que se llama generalización. La
discriminación es la noción contraria: cuando el nuevo
estímulo sea bastante diferente del estímulo condicionado
habitual, la respuesta no se producirá y se llegará a una
diferenciación de los estímulos.
El condicionamiento instrumental u operativo fue
desarrollado por Skinner (1937) y parte de la idea de que
existen dos tipos de respuestas: los respondents son las
respuestas clásicas que siguen a estímulos conocidos como
en el ejemplo de Pavlov; los operants son respuestas
emitidas sin referencia directa al estimulo y que sólo son
reforzadas a posteriori- Los operants están en la base del
entrenamiento de los animales: cuando un hámster salta casualmente por un aro —respuesta
operant— reforzamos su comportamiento a posteriori ofreciéndole comida y asociándolo a un
sonido especial del instructor (un silbato, una palmada, etc.).

El punto de partida de Skinner (1957) es que la conducta verbal del hombre no difiere
en sus leyes de otros tipos de conducta —perceptual, manipuladora, etc.—, ni estos tipos de la
conducta de otras especies animales. Aplicando el principio de economía epistemológica Skinner
explicará toda la conducta a base de unas mismas leyes de asociación de estímulos y respuestas
del tipo operants arriba descrito. La unidad básica (el operant) es la respuesta verbal (desde una
oración hasta una palabra); esta respuesta verbal debe ser reforzada por el instructor del niño al
objeto de fijarla: en la práctica lo que sucedería es que las respuestas verbales incondicionadas
del niño son reforzadas por los padres en la medida en que se aproximan a formas adultas, y en
cambio las que no se parecen a ellas carecen de refuerzo. Los operants verbales se clasifican
según Skinner en cuatro grandes grupos:
1) Los mands son operants verbales que
suponen un estado de privación en el emisor y a
cuya emisión sigue típicamente una conse-
cuencia práctica en la comunidad de habla —p.
ej. ¡mira! (el receptor dirige la mirada a donde
se desea), ¡pan!- (el receptor le da pan)—; a su
vez según la situación en que se encuentra el
receptor se subdividen en ruegos, órdenes,
peticiones, y lo que se llama mands «mágicos»
(del tipo ¡mi reino por un caballo!).

2) Las respuestas-eco, y más en general la


conducta verbal del tipo 2 + 2 = 4, etc., son
aquellas situaciones en las que la respuesta genera un patrón fónico similar al del
estímulo, como es obvio sus efectos educativos en el aprendizaje lingüístico son muy
grandes.

3) Los tacts son operants verbales en los que la respuesta es provocada o reforzada por la
presencia de cierto objeto o acontecimiento exterior (lo que se suele llamar el referente):
los tacts son complementarios e inversos de los mands, pues mientras estos permiten
conocer el estado del hablante con independencia de las circunstancias, en los tacts se
conocen, las circunstancias con independencia del hablante.

4) Los autoclitics son fragmentos verbales que describen la propia actividad verbal o la
ajena —no puedo creer que X. siento informarte de que Y, etc.

(La tipología de Skinner lejos de representar un conjunto de ideas diferentes de las de los
lingüistas, viene a coincidir con las clasificaciones habituales de los tipos de enunciación o de los
actos de habla.)
Sin embargo fue duramente atacada en la célebre reseña que de Verbal Behavior hizo N.
Chomsky (1959). Uno de los aspectos que más objeciones suscitó fue la extensión injustificada
de los conceptos generales de teoría del aprendizaje al aprendizaje lingüístico, es decir el propio
fundamento metodológico del libro de Skinner: así ante un determinado estímulo no
condicionado la hipótesis E(stímulo) - R(espuesta) supone que las respuestas condicionadas son
estrictamente predecibles; en cambio en el lenguaje humano no sucede esto: a “hoy hace buen
tiempo” pueden seguir en realidad infinitas respuestas (¿tienes hora?, desde luego, vamos al
parque, etc.).
La razón es bien simple: contra lo que pretende Skinner, dice Chomsky, el lenguaje
humano se caracteriza por su naturaleza creativa, por el hecho de poder emitir secuencias que no
han sido reforzadas nunca y que sin embargo responden perfectamente a la situación; por eso,
continua Chomsky, “las cuatro categorías de operants, aparte de estar mal fundamentadas,
dejan fuera la mayor parte de la conducta verbal”. Hoy en día, con todo, ya no estaríamos tan
seguros de que las opiniones de Skinner andan tan descaminadas y de que la reseña chomskiana
representa un punto de inflexión positivo en el desarrollo de la psicolingüística: la creciente
importancia adquirida por la teoría pragmática de los actos de habla en lingüística ha puesto de
manifiesto que se trata de comportamientos regidos por reglas y que su impredecibilidad es muy
relativa (Searle, 1969).

Chomsky y la teoría innatista


Chomsky plantea que la teoría conductista es pura mitología y nada tiene que ver con la
ciencia. Chomsky pretende encontrar una respuesta al problema de cómo una persona es capaz
de adquirir el conocimiento de una lengua. Describe las reglas que le permiten al hablante crear
y usar oraciones. Dado que estas reglas son muy complejas, Chomsky sostiene que los seres
humanos poseen una “facultad lingüística” innata, responsable de que todos los niños (cualquiera
sea la lengua a la que estén expuestos) aprendan a hablar una idioma con facilidad.

El científico marciano se percataría de que un niño asimila con gran rapidez el lenguaje.
En cambio, comprobaría que la adquisición de la física es un trabajo muy arduo, al cual acceden
muy pocas personas, y muy especializadas, tras un riguroso proceso de aprendizaje.
Según Chomsky, la respuesta es simple: el
organismo asimila tan rápidamente el sistema gramatical de
una lengua porque "ya lo conoce".

Así como el organismo no necesita de ningún aprendizaje especial para poder alimentarse
o andar, también posee una capacidad innata que se desarrolla en interacción con el medio. El
conocimiento de la física no opera de igual modo. No poseemos un conocimiento ya constituido
de la física en nuestro cerebro, por eso debemos esforzarnos en adquirirlo.

El razonamiento de Chomsky parte de un hecho que es posible observar en la vida


cotidiana: los estímulos lingüísticos que rodean al niño son pobres, simplificados, y suelen
presentar errores. Sin embargo, el niño puede gobernar la gramática de su lengua y diferenciar la
frase "la casa de tío Francisco" de la frase "Francisco de tío casa la".
El conocimiento gramatical innato que posee el niño le permite adquirir su lengua a pesar
de los estímulos insuficientes que recibe.
En su búsqueda de principios explicativos, Chomsky se centró más en
las similitudes entre las lenguas que en sus diferencias.
Utilizó como modelo de su visión de la lingüística a la física. Las
características relevantes de su modelo son:
1. Es importante buscar explicaciones, y no meramente descripciones y
clasificaciones.
2. La limitación del campo de estudio puede dar origen a teorías más sólidas,
aunque se sacrifiquen respuestas más amplias.
3. Mediante la abstracción y la idealización es posible construir modelos que
posean un mayor grado de
realidad que los datos de los sentidos.
Según Chomsky, el sistema nervioso
central y la corteza cerebral están biológicamente
programados no sólo para los aspectos
fisiológicos del habla sino también para la
organización del lenguaje mismo. La capacidad
de organizar las palabras según sus relaciones
mutuas les es inherente.
El uso corriente del lenguaje, afirma, es
creativo, innovador, es algo más que la mera
respuesta ante un estímulo, como sugería el
modelo conductista.

Gramática Generativa Universal


Chomsky determinó que existe una gramática universal que forma parte del patrimonio
genético de los seres humanos, que nacemos con un patrón lingüístico básico al cual se amoldan
todas las lenguas concretas. Esta capacidad singular es, por lo que se sabe, propia de la especie
humana y el uso corriente del lenguaje evidencia el tremendo potencial creativo del ser humano.
La notable habilidad con que los niños aprenden rápidamente la lengua cuando aún tienen
una escasa experiencia externa y no cuentan con un marco de referencia en el cual basar su
comprensión lo llevó a Chomsky a suponer que no sólo la capacidad para el lenguaje, sino
también una gramática fundamental, son innatos. Es casi seguro, dice, que las personas no vengan
genéticamente programadas para un lenguaje específico, de modo tal que un bebé chino que es
criado en Estados Unidos hablará inglés, en tanto que un
bebé norteamericano rodeado de gente que hable chino
aprenderá a hablar chino. De esto se sigue, por lógica, que
existe una gramática universal subyacente en la
estructura de todas las lenguas.

Pruebas de que la gramática universal es innata


Chomsky afirma que ciertas reglas gramaticales
son demasiado complejas y ocultas como para que los
niños, que cuentan con tan pocos datos, las puedan
inventar. Estas habilidades son innatas, no pueden ser
aprendidas. Los niños no tienen suficientes datos como
para armar un sistema tan complicado como la gramática
de su lengua y aprender velozmente a improvisar sin
titubeos dentro de ese sistema, sin que se les diga casi nunca cuáles son las reglas subyacentes o
se les den ejemplos de errores gramaticales.
Los lingüistas diferencian la «adquisición» del lenguaje de su
«aprendizaje». El aprendizaje del lenguaje en un momento posterior de la vida,
cuando ya ha pasado la etapa evolutiva de la adquisición, se asemeja a cualquier
otro tipo de aprendizaje. Los estudiantes de una lengua toman clases, se
consiguen libros de gramática y vocabularios, hacen ejercicios que les dan sus
profesores. Los niños pequeños, que nunca hablaron, absorben la lengua con
gran rapidez y con mínimos indicios del mundo externo. El proceso de
adquisición es parecido a la «impronta1», un proceso innato que sigue una línea
determinada cuando lo desencadena un estímulo externo.
La polémica entre la «naturaleza» y la «crianza», entre lo que se hereda
genéticamente y los que se adquiere por la experiencia y las influencias del
medio, es muy antigua. No es posible separar con claridad estas categorías; al
desplegarse en el mundo real parecen fundirse una con otra, de modo que probablemente la
controversia nunca se resolverá. La doctrina conductista afirma que toda conducta es aprendida y
que los seres humanos son al nacer como pizarras en blanco que pueden ser moldeadas y
manipuladas para adquirir casi cualquier tipo de conducta.
Según Chomsky, esto es harto simplista, en un grado casi criminal y que no condice con
los hechos. El lenguaje es sumamente complejo, pese a lo cual los niños los dominan en poco
tiempo sin recibir casi ninguna instrucción formal. Los únicos datos con que cuentan son el habla
de las personas. Muy pocas veces se les dice por qué una oración es correcta o se les dan ejemplos
de oraciones incorrectas. Sin embargo, se lanzan a usar con fluidez un sistema que incluye gran
número de complicados principios gramaticales, principios que no pudieron aprender, ya que no
sería posible hacerlo con los datos de que disponen.

¿Puede aprenderse la gramática?


Analizando sutiles reglas gramaticales que están muy lejos de la conciencia del hablante
medio del inglés (o de cualquier lengua), Chomsky muestra que tales reglas, que manejamos con
fluidez, son harto difíciles para que las hubiéramos aprendido con los datos que teníamos en la
infancia. Por ejemplo, un hablante corriente rara vez se
equivoca en el uso de las anáforas (término que designa
unos conectores de estructuras gramaticales que son muy
comunes, pero cuya comprensión es muy difícil explicar).
Incluso a un lingüista profesional le resulta arduo
enumerar todas las sutilezas gramaticales que intervienen
en la creación de una oración aceptable o correcta, sobre
todo porque la cantidad de combinaciones posibles parece
ilimitada: algunas oraciones son ambiguas, otras no;
algunas están conectadas con otras por paráfrasis,
relaciones de implicación, etc. El estudio de un solo párrafo
ofrece un rico sistema de interrelaciones y de
entrecruzamientos que son coherentes con un sistema
gramatical muy sutil.
La mayoría de las oraciones matemáticamente posibles son sin lugar a dudas
antigramaticales, y sin embargo es sumamente difícil, en muchos casos, señalar la razón por la
cual una cierta forma resulta inaceptable.

El estudio del aprendizaje


A fin de estudiar el lenguaje, dice Chomsky, debemos ver qué pasa en el organismo (niño)
con lo que entra (datos) y lo que sale (gramática) de él. Un niño que no sabe de entrada ninguna
lengua llega a tener un conocimiento operativo de una basándose en ciertos datos. A partir de la
relación entre los datos de entrada y la gramática de salida, podemos empezar a formarnos una
idea sobre las operaciones mentales del organismo, la transición entre lo que entra y lo que sale.
Para dar cuenta del tipo de reglas gramaticales que se emplean en oraciones simples, tenemos que
postular estructuras abstractas que no tienen ninguna conexión directa con los hechos físicos
(datos) y sólo pueden derivarse de ellos mediante largas series de operaciones mentales muy
abstractas.
¿Cómo sabemos que está bien decir (por ejemplo), «¿En qué caja guardó Margarita su
collar?», pero no «¿Qué caja guardó Margarita su collar en?». Una propiedad común probable-
mente a todas las lenguas es que ciertas frases nominales complejas, como «la caja en la que
guardó el collar», no se pueden mantener intactas cuando se troca la afirmación en una pregunta.
Chomsky sostiene que éste es un universal lingüístico, pero que no se lo aprende de los
datos. Al aprender la lengua, ni siquiera contamos con datos suficientes de los cuales pudiera
extraerse dicha conclusión.
Si analizamos estos procesos con cuidado, agrega, nos encontramos con que el cuadro no
se amolda al modelo de estímulo-respuesta sobre la forma en que se produce el aprendizaje, el
modelo del organismo como una pizarra en blanco, según lo describen los conductistas. La teoría
del estímulo-respuesta sólo puede dar lugar a un sistema de hábitos, una red de asociaciones; pero
dicho sistema no dará cuenta de la relación entre el sonido y el significado que todos conocemos
de modo intuitivo cuando ya hemos dominado nuestra lengua.
Las gramáticas que usamos son creativas, por cuanto generan, especifican o caracterizan
un número virtualmente infinito de oraciones. Un hablante es capaz de utilizar y comprender
oraciones que no guardan ninguna similitud física (ninguna relación unívoca) con todas las demás
oraciones que oyó hasta entonces.

La variedad infinita de la lengua


En este sentido, Richard Ohmann, un profesor de la Wesleyan University, llevó a cabo
un interesante experimento. Mostró a 25 personas una historieta sencilla y les pidió que descri-
bieran en una sola oración lo que se veía en las figuras. Las 25 respuestas fueron diferentes. A
continuación Ohmann introdujo sus resultados en un programa de computación diseñado para
determinar cuántas oraciones gramaticalmente correctas podían generarse empleando sólo las
palabras usadas en esas 25 oraciones. El resultado fue: 19.800 millones de posibilidades.
Otros cálculos realizados con computadoras indican que llevaría diez billones de años
(2.000 veces la edad estimada de la Tierra) decir en inglés todas las oraciones posibles compuestas
exactamente por veinte palabras. De esto se infiere que es muy improbable que hayamos oído
antes cualquier oración de veinte palabras que alguien nos dice, y cálculos semejantes podrían
hacerse para oraciones de la extensión que se desee. Por lo tanto, el número de posibilidades
creativas de la gramática es prácticamente infinito. Pese a lo cual, cuando se transgrede un
principio gramatical básico, el hablante no necesita realizar una complicada serie de análisis para
darse cuenta. Lo sabe al instante.
A partir del análisis de la relación entrada-salida de un hablante, no le sería posible a un
ser humano deducir las reglas complejas y sutiles de la gramática que usa con tanta autoridad.
La gramática universal, ese conjunto de propiedades comunes a cualquier lenguaje natural
por necesidad biológica, es una estructura rica y muy bien articulada, con restricciones explícitas
sobre la clase de operaciones que pueden darse — aunque es fácil imaginar la forma de
transgredirlas—. Aplicando a las oraciones operaciones puramente matemáticas, podríamos
obtener varias posibilidades (como invertir el orden de las palabras de toda la oración o cambiar
la última palabra y la primera) que nos darían oraciones antigramaticales. Sin embargo, en las
lenguas naturales esto no sucede. Ninguna de ellas formula una pregunta simplemente invirtiendo
el orden de la oración afirmativa, pero... ¿por qué no? Sería una solución obvia y mucho más
simple que la de los sistemas en uso.
La teoría de Chomsky plantea un gran desafío para la psicología. Según él, si se desea
averiguar la naturaleza de la inteligencia humana, se deben estudiar productos intelectuales
complejos como el lenguaje.

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