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Skate holístico; un breve análisis de Soundboarding de Panayiotis Kokoras Maximiliano Larraín Flores

Siguiendo su filosofía de componer música basado exclusivamente en el sonido y en su

timbre con la finalidad de que cada sonido individual pase a ser parte de un todo (holofonía)

y en consecuencia, ignorando parámetros tradicionales de la música tonal como son la

melodía o la harmonía, el compositor griego Panayiotis Kokoras nos presenta su obra

titulada “Soundboarding”, inspirada en los sonidos y los gestos propios de deportes como

el skateboarding o el snowboarding (de los cuales deriva el título de la pieza).

Si bien este concepto deportivo no resulta tan evidente sólo con un proceso de escucha, si podemos apreciar la intención holística de los sonidos, principalmente en las interacciones que se producen entre estos. Para entender a mayor detalle dicho fenómeno es preciso aclarar que la pieza está pensada para dos intérpretes más un track de electrónica. Un interprete toca tanto la flauta de émbolo como la flauta dulce, mientras que el otro toca la guitarra acústica. En ambos casos se privilegia la técnica extendida por sobre el uso tradicional de los instrumentos, dotando a la pieza de un universo sonoro que, si bien resulta ajeno a lo que oímos habitualmente, no es precisamente amplio, lo cual probablemente fue algo premeditado por Kokoras para generar una homogeneidad en el sonido final.

Esta idea de la homogeneidad sonora se evidencia en la conjunción de los instrumentos con la electrónica, la cual aparentemente busca imitar a sus pares acústicos, aunque en versiones procesadas. Mientras la guitarra hace constantes slides, la electrónica tiende a generar sonidos similares a los que podría dar una uñeta rasgando las cuerdas entorchadas

de dicho instrumento. A su vez, se emiten muchos sonidos similares a los soplidos o a lo que se suele relacionar con el viento o el aire, los cuales tienen su paralelo en la ejecución de las flautas. En este sentido podría entenderse que, de cierta forma, los sonidos se mezclan hasta generar la ilusión de que existe una sola fuente sonora que está ejecutando

la pieza.

Un claro ejemplo de lo anterior se encuentra entre los compases 28 y 30, donde un slide rasguñado desciende por la guitarra hasta el cuarto tiempo del compás 29, donde cambia hacia un slide “normal” para ser gradualmente sustituido por un sonido electrónico de características similares al primer slide, generando la ilusión de que en verdad se trató de un mismo sonido continuo. Este gesto es sucedido por dos compases donde los instrumentistas guardan silencio para dar protagonismo a la electrónica, que persiste en este tipo de sonidos, aunque con leves variaciones. A continuación, regresan la flauta y la guitarra mientras que la electrónica baja considerablemente su intensidad y su presencia para hacer resaltar los sonidos de los instrumentistas que constantemente suben y bajan en la escala, haciendo quizás un paralelismo con las rampas y las pistas de un deporte como el skateboard. Sin duda se advierte una sensación constante de movimiento, algo que está presente en toda la pieza.

Cabe mencionar, a modo de acotación, que el segmento anterior se mantiene en una inmutable métrica de 4/4, lo que contrasta enormemente con el resto de la pieza, que constantemente va cambiando entre 3/4, 4/4, 5/4 y 6/4, lo cual principalmente puede ser de utilidad para el intérprete, más no es algo que se evidencie mucho por el proceso de escucha, ya que la pieza no sigue patrones rítmicos mayormente notorios al oído.

En general “Soundboarding” se trata de una pieza que, dentro de su abstracción, está marcada por la imperante idea de generar un todo con los sonidos que los instrumentos proveen, valiéndose para esto de la técnica extendida, que permite una menor identificación de los timbres por parte del oyente y por consecuencia facilita la escucha reducida. Con algo de imaginación es factible adaptarse a esta fusión sonora y empezar a advertir en ella distintos tipos de narrativas que se generan por la interacción de las partes, incluso permitiéndonos llegar a entender mejor cómo una pieza de arte sonoro, a primera vista incomprensible, puede estar influenciada por algo que nos resulte tan familiar como una patineta.