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ARBOL GENEALOGICO

Un árbol genealógico es una representación gráfica con los datos


de nuestra historia familiar y en el que plasmamos, en una forma
organizada y sistemática, las relaciones parentales que unen a los
miembros de la familia.

Hay muy diversas formas de plasmar la historia de nuestra familia,


pero una de las más frecuentes, por resultar normalmente bastante
claras, es la elaboración de esquemas que, por su forma, reciben
desde antiguo el nombre de 'árboles genealógicos', nombre muy
literal puesto que hasta fechas no muy lejanas estos esquemas se
adornaban de tal manera que simulaban verdaderos árboles.

Árboles genealógicos
La tendencia más moderna procura buscar la mayor simplicidad, en aras de una claridad expositiva,
con el objetivo de poder comprender más fácilmente los parentescos que se le quieren explicar. Para
ello, se puede, por ejemplo, reflejar solo los ascendientes paternos o maternos o también poner en
marcha un 'árbol de costados', es decir, aquel que incluye varias de las ramas de los antepasados. Lo
que se ha dado en llamar la genealogía de costados trata de exponer los antepasados de un sujeto
por todas las líneas ascendentes (paternas y maternas), hasta la generación que se estime
conveniente (o que se pueda alcanzar). Así, se usan, por ejemplo, expresiones como 'ser noble por
los cuatro costados' (tener nobleza en los linajes de los cuatro abuelos) o 'tener un costado judío' (si
aparece esta circunstancia en uno de los linajes ascendentes).

Un árbol genealógico es una representación gráfica que enlista los antepasados y los descendientes
de un individuo en una forma organizada y sistemática, sea en forma de árbol o tabla. Puede ser
ascendente, exponiendo los antepasados o ancestros de una persona, o descendente, exponiendo
todos los descendientes.

Para realizar un árbol genealógico es necesario, primero, haber hecho una investigación genealógica
o genealogía del individuo. De ahí que en un árbol genealógico se muestra la descendencia de los
antepasados hasta una determinada generación o individuo.

Dependiendo de la finalidad o uso que quiera dársele al árbol genealógico, éste puede referirse sólo
a la filiación y sucesión masculina, llamada también línea de sangre o linaje, o a la filiación y sucesión
femenina, llamada también línea de ombligo.

El árbol genealógico no se aplica solamente en seres humanos, sino que también se utiliza para
mostrar el pedigrí o ascendencia de un animal, representar la evolución de una lengua o idioma, seguir
la trayectoria de un partido político, una disciplina artística o un arte marcial.

Existen varios métodos estándares de exponer árboles en formas de tablas:


 El sistema de Sosa-Stradonitz o Ahnentafel
 El sistema de registro
 El sistema de registro modificado
 El sistema de Henry
 El sistema D'Aboville
 El sistema de Villers-Pama
 El sistema Dollarhide
CONTRATO

Un contrato, en términos generales, es definido como un acuerdo


privado, oral o escrito, entre partes que se obligan sobre materia o
cosa determinada, y a cuyo cumplimiento pueden ser exigidas. Es
un acuerdo de voluntades que genera derechos y obligaciones para
las partes.[1] Por ello se señala que habrá contrato cuando varias
partes se ponen de acuerdo sobre una manifestación de voluntad
destinada a reglar sus derechos.

Doctrinariamente, ha sido definido como un negocio jurídico bilateral o multilateral, porque intervienen
dos o más personas (a diferencia de los actos jurídicos unilaterales en que interviene una sola
persona), y que tiene por finalidad crear derechos y obligaciones (a diferencia de otros actos jurídicos
que están destinados a modificar o extinguir derechos y obligaciones, como las convenciones).
También se denomina contrato el documento que recoge las condiciones de dicho acto jurídico.
En el Derecho romano clásico, a su vez, el contrato se refiere a la concreta situación de estar ligadas
las partes por un vínculo jurídico que crea derechos y obligaciones. No se refiere al acto jurídico
mediante el cual las partes contraen dichos derechos, sino a lo contratado (contractus, lo contraído),
la relación jurídica que ha quedado indisolublemente constituida mediante la convención generadora.
Las partes en un contrato son personas físicas o jurídicas. En un contrato hay dos polos o extremos
de la relación jurídica obligacional, cada polo puede estar constituido por más de una persona
revistiendo la calidad de parte.

El contrato, en general, tiene una connotación patrimonial, y forma parte de la categoría más amplia
de los negocios jurídicos. La función del contrato es originar efectos jurídicos.
En cada país puede existir un concepto de contrato diferente, y esa divergencia tiene que ver con la
realidad socio-cultural y jurídica de cada país (existen ordenamientos en que el contrato no se limita al
campo de los derechos patrimoniales únicamente, sino que abarca también derechos de familia como,
por ejemplo, los países en los que el matrimonio es considerado un contrato).

Concepto legal de contrato


La mayoría de los Códigos civiles contienen una definición de “contrato”. Muchos de ellos, siguen los
lineamientos del Código civil francés, cuyo artículo 1101 expresa que “El contrato es la convención por
la cual una o más personas se obligan, con otra u otras, a dar, hacer, o no hacer alguna cosa”.
El Código civil alemán prescribe que “para la formación de un negocio obligacional por actos jurídicos,
como para toda modificación del contenido de un negocio obligacional se exige un contrato celebrado
entre las partes, salvo que la ley disponga de otro modo”. Mientras el Código civil suizo señala que
“hay contrato si las partes manifiestan de una manera concordante su voluntad recíproca; esta
manifestación puede ser expresa o tácita”.
El Código Civil soviético solo expresaba que “Los actos jurídicos, esto es, los actos que tienden a
establecer, modificar o extinguir relaciones de Derecho Civil, pueden ser unilaterales o bilaterales
(contratos)”.-

Antecedentes
Los antecedentes son los siguientes:

El sistema contractual romano


En el Derecho romano el contrato aparece como una forma de acuerdo (conventio). La convención es
el consentimiento de dos a más personas que se avienen sobre una cosa que deben dar o prestar.
La convención se divide en pacto (pactum) y contrato (contractus), siendo el pacto aquel que no tiene
nombre ni causa y el contrato aquel que los tiene. En este contexto se entiende por nombre la palabra
que produce la acción (el pacto se refiere solo a relaciones que solo engendran una excepción). La
causa es alguna cosa presente de la cual se deriva la obligación. El pacto fue paulatinamente
asimilándose al contrato al considerar acciones para exigir su cumplimiento.
El contrato se aplica a todo acuerdo de voluntades dirigido a crear obligaciones civilmente exigibles.
Estaba siempre protegido por una acción que le atribuía plena eficacia jurídica.
Los contratos se dividen en verdaderos y cuasicontratos. Eran verdaderos los que se basaban en
consentimiento expreso de las partes y los cuasicontratos los basados en el consentimiento presunto.
Cuasicontratos. Son aquellos que se basan en el consentimiento presunto de las partes.
A su vez los contratos verdaderos de dividían en nominados e innominados. Eran nominados los que
tenían nombre especifico y particular confirmado por el derecho (ej. compraventa) e innominados los
que aún teniendo causa no tenían nombre. Los contratos innominados eran cuatro: Doy para que des,
Doy para que hagas, Hago para que des y Hago para que hagas. Lo característico de los contratos
innominados es que en ellos no intervenía el dinero contado.
En el derecho romano existían contratos unilaterales y bilaterales. Los contratos unilaterales obligaban
solo a una de las partes (por ejemplo, el mutuo) y los bilaterales obligaban a ambas partes (como en
el caso de la compraventa).

La cosa en los contratos en Roma


La cosa presente de la cual se deriva la obligación puede ser:
.- Entrega de la cosa, que equivale a los contratos reales: mutuo, comodato, depósito y prenda.
.- Palabras solemnes, que equivale a los contratos verbales, por derecho antiguo eran: el señalamiento
de la dote y la promesa jurada de obras; por derecho nuevo únicamente quedó la estipulación.
.- Instrumentos, que equivale al contrato literal, del cual el que se conocía era el vale.
.- Consentimiento, que equivale a los contratos consensuales que son: la compraventa, locación y
conducción, enfiteusis, sociedad y mandato.

Acciones en los contratos en Roma


Las acciones (Actio) son el otro elemento esencial de los contratos. Las acciones relativas a los
contratos son Actiones in personam en las cuales el demandante basa su pretensión en una obligación
contractual o penal. Las acciones que producen pueden ser Directas y Contrarias de las que se
incluyen algunos ejemplos:
.- Actio directa: Son aquellas que tiene el acreedor frente al deudor desde el momento mismo de la
celebración del contrato como:
.- Actio certi: Persigue un objeto especifico, suma de dinero o cosa.
.- Actio ex stipulatio: Acción que tiene el acreedor cuando el objeto no era ni dinero, ni bienes genéricos
sino que implicaba un hacer del deudor.
.- Actio locati: Acción que tiene el arrendador contra el arrendatario.
.- Actio commodati directa: Para lograr la restitución de la cosa dada en comodato.
.- Actio depositi directa: Para exigir al depositario la entrega de la cosa depositada.
.- Actio mandati directa: Para exigir al mandatario cuentas del mandato.
.- Actio pignoraticia directa: Para que el dueño recupere la cosa dada en prenda.
.- Actio negotiorum gestorum directa: Para exigir las cuentas al gestor de un negocio.
.- Actio contraria. Son aquellas por las cuales se pide siempre indemnización, o sea, nacen después
de haberse realizado el contrato.
.- Actio fiduciae: Para la devolución de la propiedad transmitida.
.- Actio redhibitoria: Para rescindir el contrato por encontrase vicios ocultos en la cosa vendida.
.- Actio quanti minoris: El comprador exige una reducción en el precio de la cosa por no corresponder
al precio real. También se llama estimatoria.
.- Actio conducti: Para hacer cumplir las obligaciones al arrendador.
.- Actio auctoritaris: Sirve para responsabilizar al vendedor en caso de pérdida de la cosa.
.- Actio commodati contraria: Para lograr el resarcimiento de los posibles daños o gastos causados por
la cosa dada en comodato le hubiere causado al comodatario.
.- Actio depositi contraria: Para que el depositante pague los gastos del depósito.
CUASICONTRATO

Los cuasicontratos son actos lícitos, no contractuales, productores


de obligaciones. El Código Civil regula como cuasicontratos la
gestión de negocios ajenos y el cobro de lo indebido, subtipos del
enriquecimiento injusto.

Para el artículo 1887 del Código Civil"son cuasi contratos los


hechos lícitos y puramente voluntarios, de los que resulta obligado
su autor para con un tercero y a veces una obligación recíproca
entre los interesados". Así pues, el cuasicontrato es un acto lícito,
no contractual, productor de obligaciones, aunque esta definición,
aparte de su vaguedad, no diferencia la figura del cuasicontrato de
aquellos otros actos que sin poder ser considerados como
cuasicontratos, sin embargo, también producen obligaciones.

El Código Civil regula como cuasicontratos la gestión de negocios ajenos y el cobro de lo indebido,
junto a los mismos se estudia la figura del enriquecimiento injusto, por lo que la doctrina mayoritaria
entiende que los denominados cuasicontratos son expresión o subtipos del enriquecimiento injusto,
por cuanto el que se enriquece a costa de otro sin que haya causa para ello, está obligado a devolver
lo injustamente recibido.

Junto a los cuasicontratos que como tales se regulan en el Código Civil, en la práctica, se admiten
otros que podríamos denominar como innominados, entre éstos podrían considerarse, como señala
Santos Briz, la gestión derivada de la tutela, el pago de legados y las obligaciones resultantes de la
situación de indivisión de la copropiedad.

La jurisprudencia, aún con criterio restrictivo, considera como requisitos indispensables para que
pueda admitirse el cuasicontrato atípico, los siguientes:

a) La existencia de un acto lícito y voluntario.


b) Que no proceda de una convención.
c) Que guarde analogía con alguno de los cuasicontratos típicos, los que, a su vez, la tienen con
determinadas obligaciones contractuales.

La gestión de negocios ajenos


Al respecto, el Código Civil se refiere a tal gestión en el artículo 1888 al disponer "el que se encarga
voluntariamente de la agencia o administración de los negocios de otro, sin mandato de
éste,está obligado a continuar su gestión hasta el término del asunto y sus incidencias, o a requerir al
interesado para que le sustituya en la gestión, si se hallase en estado de poder hacerlo por sí". Aunque,
en realidad, es difícil de determinar cuando es admisible y cuando no la intervención en negocios que
no son propios, sin mandato.
En todo caso, de conformidad al precepto citado, así como a la regulación del Código Civil, se pueden
derivar los siguientes elementos:
 a) Gestión de un asunto de otro y en interés de éste. Lo que conlleva que el asunto pueda ser
de cualquier clase, tanto de un hacer fáctico como jurídico, bien un negocio aislado o un
conjunto de ellos. En todo caso, quien lo realiza ha de efectuarlo en intereses del dueño del
negocio y no en el propio. Por cuanto, como establece el artículo 1888 del Código Civil el gestor
actúa "sin mandato" del titular de los negocios.
 b) Ha de ser lícito, por cuanto se trata de un supuesto típico de cuasicontrato, y como hemos
visto el artículo 1887 del Código Civil exige que se trate de un acto lícito.
 c) El acto o actos de que se trate se han de realizar de manera espontánea, sin excluirse la
gestión de negocios ajenos por el hecho de que el gestor esté ligado con el favorecido, siempre
que los actos de que se trate no vengan determinados por dicha relación.
 d) Intención de asumir de manera consciente la administración del asunto que le es ajeno,
vinculando al dueño mediante uno o varios actos necesarios y útiles.
 e) La gestión que se realiza ha de conllevar una utilidad. A tal efecto, la doctrina entiende, así
(De Castro), que la utilidad de la gestión podrá determinarse al inicio de la misma, aunque al
final resulte que no se obtuvo provecho de la misma, tal y como se deriva del artículo 1893 del
Código Civil.
 f) El negocio ha de encontrarse en estado de abandono por parte del titular del mismo. No es
preciso que este abandono sea debido a una ausencia en sentido propio, por cuanto puede
deberse a negligencia, enfermedad o incapacidad.
 g) Falta de prohibición por parte del dueño, es decir, sin su oposición, en el sentido de que el
dueño del negocio o bien no se entera, o si tiene conocimiento, no se opone a la misma.
 h) No ha de tratarse de un negocio personalísimo, pues en tal caso no cabría la sustitución.

Responsabilidad del gestor


El gestor de negocios responderá por el incumplimiento de sus obligaciones, ya examinadas con
anterioridad.
A su vez, responderá por caso fortuito cuando acometa operaciones arriesgadas que el dueño no
tuviese costumbre de hacer, o cuando hubiese pospuesto el interés de éste al suyo propio (artículo
1891 Código Civil).
El Código Civil admite que el gestor delegue todos o algunos de sus deberes, aunque como
dispone el artículo 1890: "si el gestor delegare en otra persona todos o algunos de los deberes de su
cargo, responderá de los actos del delegado, sin perjuicio de la obligación directa de éste para con el
propietario del negocio. Se admite la posibilidad de existir dos o más gestores, pero en tales casos,
como señala el precepto citado la responsabilidad de los gestores, cuando fueren dos o más, será
solidaria".
De todo ello se deriva que el dueño del negocio tendrá acción directa tanto contra el gestor como
contra el sustituto o delegado, sin perjuicio de la relación interna entre gestor y delegado. En el párrafo
segundo del artículo 1890 del Código Civil se establece un supuesto de solidaridad legal, análoga a la
establecida en el artículo 1723 en relación a la existencia de varios mandatarios, aunque en este caso
es preciso que se haya pactado de manera expresa.

El cobro de lo indebido
Aunque el Código Civil incluye al cobro de lo indebido como un cuasicontrato, tanto la doctrina como
las legislaciones más actuales lo consideran como una modalidad del enriquecimiento sin causa.
El pago o cobro de lo indebido se producirá cuando se entrega y recibe en concepto de pago
alguna cosa que no había derecho a cobrar del que paga y que, por error, ha sido entregada
(Albaladejo).
De conformidad al artículo 1895 del Código Civil: "cuando se recibe alguna cosa que no había derecho
a cobrar, y que por error ha sido indebidamente entregada, surge la obligación de restituirla".
De este precepto se ha de derivar que se establece una relación o vínculo jurídico entre la persona
que recibe lo que no tenía derecho a recibir y la que paga por error, y en virtud de tal vínculo quien
cobra se constituye en la obligación de restituir lo que de manera indebida se le pagó.

Los requisitos para que pueda ejercitarse la acción de repetición, según la doctrina y la jurisprudencia,
son los siguientes:
 a) Pago efectivo, con la intención de extinguir una deuda o, en general, de cumplir con un deber
jurídico.
 b) Inexistencia de una obligación entre el que paga y el que la recibe y, en consecuencia, falta
de causa en el pago, lo que puede ser indebido desde el punto de vista subjetivo ("ex persona").
DELITO

[DP] Conducta típica, antijurídica y culpable constitutiva de


infracción penal. Eugenio Cuello Calón define el delito como una
acción antijurídica, típica, culpable y sancionada con una pena. Luis
RODRÍGUEZ MAN- ZANERA considera que delito es «la acción u
omisión que castigan las leyes penales, es la conducta definida por
la ley».
JSS CP, art. 1.

(Derecho Penal) En sentido amplio, delito es sinónimo de infracción (V. esta palabra).
En sentido estricto, delito es una infracción cuyo autor puede ser castigado con penas correcionales,
esto es, con pena de prisión de más de dos meses, y con una multa superior a 10.000 francos.

Es toda acción u omisión que, por malicia o negligencia culpable, da lugar a un resultado dañoso,
estando prevista o tipificada en la ley penal dicha acción u omisión con el señalamiento de la
correspondiente pena o castigo. Cuando dicha conducta no alcanza la gravedad precisa para ser
calificada como delito, puede encuadrarse en las faltas o delitos menores, cuya tipificación en la ley
penal se hace separadamente de los delitos. Cuando la pena venga determinada por la producción de
un ulterior resultado más grave, sólo se responderá de éste si se hubiere causado, al menos, por culpa.
Se dice que hay delito doloso cuando el autor del mismo ha querido el resultado dañoso; cuando no
se quiere dicho resultado, pero tampoco se evita, se dice que hay delito culposo. Es delito de comisión
el que conlleva una actividad del autor que modifica la realidad circundante; y se habla de delito de
omisión cuando la conducta delictiva del autor ha consistido en un no hacer o abstención de actividad.

Código penal, artículos 1 y 6.

Partiendo tanto del fin perseguido como de la idea inspiradora. Podemos reunir las definiciones en dos
grandes grupos: a) definiciones prejurídicas o condicionantes de las legislaciones; b) definiciones
dogmáticas, referidas a una legislación positiva. Dentro de las primeras, distinguimos las que tienen
una fundamentación filosófico-jurídica, de las que responden a un enfoque puramente sociológico o
naturalista el derecho natural alcanza su nivel más
alto en nuestra ciencia a través de la definición de Carrara, formulada en éstos términos: " infracción
de la ley del estado, promulgada para proteger la seguridad de los ciudadanos, resultantes de un acto
externo del hombre, positivo o negativo,
moralmente imputable y políticamente dañoso".

La definición de Carrara nace de la idea que es el fundamento de toda su doctrina: el delito no es una
conducta, ni una prohibición

legal; es un "ente jurídico", es la lesión de un derecho por obra de una acción u omisión humana:

"la infracción de la ley del estado".

Se propone con ello hacer saber a quienes tienen a su cargo la elaboración y sanción de las leyes,
que no habrá delito mientras no exista la ley cuya violación tenga pena fijada previamente.

El maestro de pisa, según sus propias palabras, aspira a fijar el límite perpetuo de lo ilícito.

Adapta Carrara su noción del "ente jurídico " a la definición del delito: el choque con la ley, su infracción,
es lo que lo constituye. Pero esa colisión ha de producirse con la ley del estado, la ley de los hombres,
la ley civil, distinguiéndose así el delito del pecado y del vicio. Un acto sólo puede considerarse punible
cuando la ley lo prohibe.

La definición de Carrara y toda su doctrina constituyeron en su momento un avance claro para la


ciencia penal, y muchas de sus conclusiones pueden ser hoy adoptadas como actuales.

No obstante lo armonioso de la construcción carrariana y lo claramente que expone sus propósitos, el


fin de garantía no se logra con ella, porque no se trata de fijar el límite perpetuo de lo prohibido, como
Carrara quiere, sino de determinar, con referencia a un orden jurídico establecido, cuales son las
únicas acciones que conducirán a una sanción penal; no se trata de una abstracción jurídica, sino de
identificar una acción vivida con la prevista por la ley. La labor queda cumplida señalando al hecho
punible las características que le fija la ley penal y que lo diferencian de las demás acciones
antijurídicas cumplidas culpablemente.

La definición del delito tiene significación dogmática, puesto que en ella se señalan todas las
características de la acción amenazada con pena, cuyo estudio, en conjunto, constituye el objeto de
la teoría del delito. La tarea que realiza el intérprete consiste en identificar o diferenciar el acto real,
que va a ser juzgado, y el descripto en la síntesis abstracta contenida en los tipos penales de la ley.
En el aspecto negativo, es decir, en la comprobación de ausencia de alguna de las características
fijadas al hecho humano por la definición, es donde yace la limitación impuesta por el jus

poenale al jus puniendi. En el orden de las definiciones que consideran el delito esencialmente como
una acción humana, podemos distinguir dos grandes períodos, separados por la definición de Beling.

Para Beling, el delito es una acción típica antijurídica, culpable, subsumible bajo una sanción penal
adecuada y que satisfaga las condiciones de punibilidad. Resulta de la definición que para que un
acto sea delito son necesarios estos requisitos: a) acción descripta en la ley, es decir, tipicidad, b) que
sea contrario al derecho; c) culpabilidad, sea que el autor haya obrado con dolo o culpa; D) que sea
subsumible bajo una sanción penal adecuada; e) que se en las condiciones de punibilidad, como puede
verse, en esa definición aparece un nuevo elemento del delito: la tipicidad.

En el año 1930, en su trabajo die lehre vom tatbestand, escrito con motivo del homenaje a Frank,
Beling modifica sustancialmente su definición. Dice ahora que el delito es acción típicamente
antijurídica y correspondientemente culpable, siempre que no se de una causa legal de justificación.

Por lógicas y armoniosas que puedan parecer la doctrina que fundamenta una definición, y la definición
que es su síntesis, ello debe decidirnos a adoptarlas si mas. La definición se debe formular conteniendo
las exigencias de un determinado derecho positivo; y del sistema, o modo de estar legislados aspectos
esenciales del delito, puede resultar, y resulta, que algunas exigencias contenidas en la definición son
innecesarias o bien que deba agregarse otras.

En un sentido jurídico, que indique las características de la acción amenazada con pena, podemos
definir el delito como acción típicamente antijurídica y culpable.

El delito es esencialmente acción:


con este aserto se alcanzan lo siguientes resultados: a) máxima igualdad posible ante la ley: a igualdad
de conductas, igualdad de escalas penales; b) no se pena a nadie solo por lo que cree o piensa, sino
por lo que ha hecho: no tiene cabida el delito de opinión, las ideas no son punibles; c) no se pena a
nadie por lo que es, sino por lo que ha hecho: las condiciones personales no pueden fundamentar una
pena; D) solo una acción puede acarrear otras consecuencias del derecho penal distintas de la pena;
e) no tiene cabida la analogía.
CUASIDELITO

Cuasidelito o delito culposo o imprudente1 es un término legal


usado en legislaciones de Derecho continental, referente a una
acción u omisión no intencional que provoca un daño a una
persona; en otras palabras, es un hecho dañoso realizado sin dolo,
es decir, sin tener una intención maliciosa de cometer un perjuicio
a otro. El mismo hecho, de ser cometido con ánimo doloso, sería
calificable de delito.2 Mientras que el término "cuasidelito" es más
usado en el ámbito del Derecho civil, el "delito culposo o imprudente" lo es dentro del Derecho penal.

En los países donde rige el Derecho anglosajón, se utiliza el concepto de "negligencia" (negligence)
para el incumplimiento no intencional de una obligación extracontractual a terceras personas.

(Derecho Civil) Hecho ilícito pero cometido sin intención de perjudicar, que causa a otro un daño y
obliga a su autor a repararlo. V.Delito civil. Responsabilidad.

Acción con que se causa mal a otro por descuido imprudencia o impericia, sin intención de dañar.
También responsabilidad de uno por ciertos actos ajenos.

Primero debemos diferenciar entre los delitos romanos, los públicos, que afectaban a la comunidad en
su conjunto, llamados “crimina” como el parricidio o la traición a la patria, de los privados (furtum,
rapiña, daño injustamente causado e injuria) de los cuales surge el vínculo obligacional entre el
ofendido y el ofensor. Para la reparación del daño causado por estos hechos ilícitos, la ley les ha
asignado una acción particular.

Sin embargo, existen otros hechos contrarios al derecho para los cuales no hay una acción particular,
sino general, de hecho o in factum, que tutelan situaciones no previstas civilmente, sino contempladas
por el pretor, que subsanaba los vacíos legales. Estos son los cuasidelitos.

Justiniano en el Libro IV, Título V de sus Institutas, considera como casos de cuasi delitos, al del Juez
que hizo suyo el proceso, la del habitador por las cosas arrojadas o vertidas desde la casa a la vía
pública, o las cosas peligrosamente colocadas o suspendidas, y la del dueño de una posada o
caballeriza o capitán del barco.

No hay una diferenciación bien definida, como la hay actualmente entre delitos y cuasi delitos, basada
en la existencia de dolo y culpa, respectivamente, ya que en el caso del Juez que hace suya la causa
se trata de un verdadero delito, realizado con intención, y en el daño injustamente causado, es punible
la mera negligencia.

Para que se configurara ese último delito, es preciso que el daño consista en la destrucción o
degradación material de una cosa corporal, corpus laesum; y que sea causado corpore, es decir, por
el cuerpo, el contacto mismo del autor del delito. Así caería bajo la aplicación de la ley el que mata el
esclavo ajeno golpeándole, y no el que le encierra y le deja de morir de hambre.

Es preciso que el daño haya sido causado sin derecho, injuria. Es lo que sucede no solo cuando el
autor del daño ha obrado por dolo, sino también cuando ha simplemente cometido una falta, aunque
fuera ligera; basta que se haya apartado de la línea de conducta que debe seguir un hombre honrado
y prudente. Este delito puede, pues, ser cometido sin intención de dañar. Es acá donde aparece
desdibujado el límite que actualmente establecemos, entre delitos y cuasi delitos. Así lo explica Ulpiano
en el Digesto “entendemos aquí por injuria el daño causado con culpa, aún por aquel que no quiso
causarlo” (D.9.2.5.1). En D.9.2.44 pr. llega incluso a hablarse de la culpa levísima.
Pero tratando de hallar alguna distinción entre delitos y cuasi delitos, otra diferencia es la que denota
Oderigo, aunque no es compartida unánimemente por la doctrina: en los delitos solo puede
responsabilizarse a una persona, por sus propios actos; nunca por actos de un tercero. En los cuasi
delitos, tal responsabilidad puede nacer tanto de los actos propios como la de los ejecutados por
terceros. Siguiendo a Arangio Ruiz podemos decir que los cuasi delitos presentan como nexo común
el tener su origen en el derecho pretoriano. Para ese autor, el pretor da esa denominación a aquellos
hechos que ha tildado de ilícitos y a los que sin criterio particular de selección ha dotado de acciones
penales in factum conceptae. Las acciones pretorianas son anuales, mientras dura la vigencia del
edicto que las ha consagrado, y no se transmiten a los herederos.

Los Cuasidelitos en el código Civil Argentino

Como ya dijimos, el cuasidelito en Roma no estaba determinado por la existencia de culpa,


modernamente sí.

El Código Civil argentino trata del tema “De los actos ilícitos” en el Libro II, sección II, título VIII
(arts.1066-1072). Bajo ese título establece dos categorías: la “De los delitos”, en el Libro Segundo,
Sección Segunda, Trítulo VIII, donde distingue “Los delitos en general” (capítulo I, arts. 1073-1083),
de “Los delitos contra las personas” (capítulo II, arts. 1084-1090) “De los delitos contra la propiedad”
(Capítulo III, arts. 1091-1095) finalizando con el capítulo IV donde trata del ejercicio de las acciones
para la indemnización de los daños causados por los delitos (1096-1106).

La otra categoría, la de los cuasi-delitos , bajo la denominación de “De las obligaciones que nacen de
los hechos ilícitos que no son delitos”, que es el título IX, habla en el capítulo I, de los daños causados
por animales, y en el capítulo II de los daños causados por cosas inanimadas.

Actualmente nuestro Código Civil define así al cuasidelito: Es el acto voluntario ilícito sin la intención
de dañar, pero que causa un daño a otro por haberse incurrido en negligencia, imprudencia, impericia,
etc. (1109).

En la época en que fue sancionado el Código Civil, en 1869, predominaban las ideas liberales. El Art.
1067, estableció que: «no habrá acto ilícito previsible para los efectos de este Código… sin que a sus
agentes se les pueda imputar dolo, culpa o negligencia» y en el art. 1109, 1ª parte, que «todo el que
ejecute un hecho que por su culpa o negligencia ocasiona un daño está obligado a la reparación del
perjuicio», ambos artículos relativos a la responsabilidad extracontractual. O sea, que no existe
responsabilidad sin culpa. Sin embargo, el artículo 1113, establece algunos casos de responsabilidad
objetiva, al hacer responsable al patrón por los actos de sus dependientes, o por las cosas que estén
bajo su cuidado o de las cuales se sirve. La responsabilidad de los padres por los hechos e sus hijos,
establecida por el art. 1114, no sería un caso de responsabilidad objetiva, ya que pueden eximirse de
responsabilidad, según el art. 1116 si prueban que ejercieron su deber de vigilancia.

En el Primer Congreso Nacional de Derecho Civil, reunido en Córdoba, en el año 1927, para la revisión
del Código Civil, se expresó la necesidad de no hacer distinción alguna entre delitos y cuasi delitos,
legislándolos conjuntamente.

Esta opinión es compartida por autores como Borda y Salvat, quienes sostienen que ambas figuras
deben tener el mismo trato legal. Alterini refuta esta posición sosteniendo que sólo toma en cuenta al
damnificado, haciendo con respecto al autor una imputación objetiva del daño.

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