Está en la página 1de 2

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

ACOGER LA PALABRA PARA CUIDARLA JUNTAS

MOTIVACIÓN:

La originalidad del cristianismo consiste en que la Palabra se hizo pequeña


palabra. Se acomodó al lenguaje humano, a la existencia comunicativa de
hombres y mujeres que se dicen a través de gestos, palabras sencillas,
pequeñas, capaces de dar vida o de quitarla, de dar amor o defenderse en su
egoísmo. Con fe y con humor gozoso tenemos que buscar la Palabra entre las
pequeñas del día, un saludo, una noticia, un trabajo, un compromiso, una
denuncia profética, una caricia verbal. A la humanidad no se le habría ocurrido
nunca ir a buscar a Dios al taller de Nazaret existiendo como existía el templo,
la religión, el culto, y mucho menos a la cruz de Jerusalén. Y, sin embargo, en
las palabras gozosas y dolorosos de la historia pequeña acampó la Palabra
liberadora. La Palabra que redime nuestra existencia cotidiana, la da un
sentido fecundo, y la siembra de esperanza infalible.
DISCO O CANTO.
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO.
SILENCIO CONTEMPLATIVO.

SALMO
Quiero, Señor, hacer de tu Palabra un camino para mi vida;
quiero amar tu voluntad de todo corazón.
Quiero guardar limpio mi camino cumpliendo tu Palabra;
de todo corazón te ando buscando, Señor Dios mío.
¡La Palabra de Dios es vida, la Palabra de Dios es amor!

Quiero ser discípulo tuyo y ponerme a tu escucha cada día;


quiero hacer de tu Palabra la norma que me guíe, paso a paso;
y encontrar en tus mandatos y preceptos mis delicias.
Abre mis ojos, Señor, a la luz y al calor de tu Palabra.
¡La Palabra de Dios es vida, la Palabra de Dios es amor!

Sostenme en pie, fortaléceme con la fuerza de tu Palabra;


aléjame del camino de la mentira y que siga tu ley de amor.
Quiero correr por el camino de tus mandamientos, Señor,
y guardarlos en el corazón y hacerlos vida en mi vida.
¡La Palabra de Dios es vida, la Palabra de Dios es amor!

Tu palabra de verdad alumbra mis pasos por el sendero;


en tu Palabra he puesto mi esperanza día y noche;
con todo corazón quiero empeñarme en cumplir tu voluntad,
y que mis caminos sean siempre tus caminos.
¡La Palabra de Dios es vida, la Palabra de Dios es amor!
Tu Palabra es más rica para mí que la plata y el oro;
tu Palabra es para mi boca más dulce que la miel;
tu Palabra es antorcha para mis pasos por el camino;
tu Palabra es manantial que apaga mi sed.
¡La Palabra de Dios es vida, la Palabra de Dios es amor!

Mantén mi corazón firme en el proyecto de tu Palabra;


que tu Palabra sea siempre la alegría de mi corazón.
Enséñame sabiduría y aprenderé a ser libre y feliz;
enséñame prudencia y aprenderé a situarme en la vida;
enséñame los secretos de tu corazón de Padre,
y aprenderé a vivir desde lo profundo de mi existencia.
¡La Palabra de Dios es vida, la Palabra de Dios es amor!

LECTURA: Hebreos 4:12


“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra
hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las
intenciones del corazón”.

ORACIÓN FINAL
Señor, Padre de Jesús y Padre Nuestro, mira con bondad esta familia reunida en tu nombre, que
desea acercarse a Ti, escuchado tu voz en la Biblia. Enséñanos, Padre, con tu Palabra. Queremos
ser discípulos, caminar junto a Jesús, aprender a vivir como verdaderos hijos tuyos. Danos fuerza,
Señor y anima nuestro caminar. Tu Palabra es la fuente viva, acércanos a ella. Señor, queremos que
esta familia sea un templo donde resuene tu Palabra, y nuestros corazones sean el lugar donde ella
germine, porque la llevemos a la vida y la expresemos en el amor que nos tenemos y que donamos a
todos. Amén.

BENDICIÓN FINAL

Dios, Padre bondadoso, de quien proviene toda paternidad y amor, bendiga nuestra familia, y nos siga
alimentando con la Palabra que sale de su boca. Todos: Alabado seas por siempre, Señor.

Que el Evangelio de Jesús, nuestro Señor, resuene siempre en este hogar, irradiando luz y esperanza. Todos:
Alabando seas por siempre, Señor.

Que el Espíritu Santo, Maestro y Amigo interior, nos enseñe a leer y orar la Palabra que palpita en las Escrituras
Santas. Todos: Alabado sean por siempre, Señor.