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ÉTICA SITUACIONAL Y EL MUNDO DE LA ÉTICA

EN LA TERAPIA GESTALT
Dan Bloom

La ética situada como la arquitectura ética que subraya el mundo de la psicoterapia


experiencial es el concepto organizador de este capítulo. Esta ética representa
nuestro estar preocupados por toda ella. Voy a describir la ética situada y, más am-
pliamente, mostraré cómo la ética de nuestra práctica clínica se encuentra dentro
de su marco. Al hacer esto, voy a introducir la ética intrínseca, extrínseca y funda-
mental como importantes categorías éticas prácticas que nos guían en nuestro tra-
bajo diario como psicoterapeutas.
El siguiente ejemplo ilustra el equilibrio ético conseguido en un momento de
contacto pleno de una sesión de psicoterapia gestáltica.

Una persona se inclina hacia adelante, con los ojos bajos, y dice:
«Sabes, no quería venir aquí hoy. La terapia no está funcionando. Nada va y nada
irá. Me siento como un trozo de plomo».
El terapeuta ahora se encuentra inclinado hacia adelante. «Jim, me siento atraído
hacia ti mientras hablas. Estás aquí y parece que te estás acercando hacia mí. ¿Quie-
res levantar la cabeza?»
Levanta la cabeza. Sus ojos se encuentran con los del terapeuta. Sonríe.
El terapeuta sonríe... se escuchan a sí mismos exhalar como I una única respira-
ción.

Lo anterior parece muy simple, sin embargo, nosotros, los terapeutas gestálti-
cos, sabemos que no es fácil. ¿Cómo podemos describir lo que ha ocurrido en esos
momentos? Es la naturaleza del hacer contacto lo que elude la descripción verbal.
Observa el suave ir y venir del paciente y del terapeuta, la apertura y la disponibi-
lidad del terapeuta como una presencia que surge al mismo tiempo que el paciente
en la frontera de contacto. El terapeuta, quizás corriendo un riesgo con la modestia
del paciente, está apoyado por el seguro del terapeuta como una parte del común
de la sesión. El ground del terapeuta incluye las experiencias clínicas, la habilidad,
la formación profesional, la comprensión de las normas de la práctica profesional
y los códigos de ética asimilados. Estos son el apoyo en el segundo plano no cons-
ciente para el trabajo. Por supuesto, sí es necesario que el terapeuta sea consciente
o incluso, que deliberadamente dependa de este apoyo. Me voy a referir a este
apoyo en el segundo plano para la terapia como la ética fundamental e intrínseca
de la psicoterapia.
Sin embargo, hay algo más aquí. El ritmo ordenado de la coexperiencia del pa-
ciente y el terapeuta en la frontera de contacto está formado por algo más básico.
Está formado por la cualidad humana de verse unos a otro «éticamente», es decir,
como humanos que se reconocen entre sí como seres humanos y se ven el uno al
otro con una cierta expectativa, con una cierta sensibilidad ética. Esto no es algo
aprendido. Esto es fundamental para la estructura del ser humano. Voy a llamar a
este «algo más», la ética situada, la ética de la situación humana, una estructura del
mundo de la vida fenoménica en la que todos nosotros podemos ser seres humanos.
Este capítulo tiene la siguiente organización: la primera parte define la ética si-
tuada en la Terapia Gestalt, la segunda parte describe la confusión potencial de la
Terapia Gestalt entre ética extrínseca e intrínseca, y las consecuencias prácticas de
esta confusión sobre el método fenomenológico de nuestra práctica de la psicote-
rapia. Me voy a referir a lo fácil que es, especialmente para los terapeutas gestálti-
cos, confundir estas éticas. Al hacer esto, hablaré de los problemas que en la prác-
tica clínica esta confusión presenta en nuestras; prácticas clínicas. Y voy a tratar de
ayudar a los clínicos en los difíciles dilemas éticos que se presentan en nuestro tra-
bajo.
En definitiva, se trata de una guía práctica, fenomenológicamente enraizada de
una ética de la Terapia Gestalt.

1. Parte primera: la ética situada

¿Cómo deberíamos ser con otro? Ha habido un sinnúmero de respuestas a esta pre-
gunta y nunca ha habido ningún acuerdo general sobre las respuestas a lo largo del
tiempo y del espacio. Para los propósitos de este capítulo, las respuestas, tan im-
portantes como r siempre lo son, son menos importantes que el hecho de que siem-
pre estamos impulsados a hacer estas preguntas. La pregunta universal de pregun-
tas así es la marca de agua de la ética situada sobre los seres humanos. Estar abierto
a la ética está en el corazón de nuestra humanidad y, por lo tanto, está implícito en
la práctica de la psicoterapia. Preguntar y responder a estas preguntas es especial-
mente significativo en la orientación de la Terapia Gestalt sobre el mundo.
Los terapeutas gestálticos siempre han hecho hincapié en hacer una llamada
para que seamos organizadores comunitarios, críticos (sociales y activistas políti-
cos comprometidos en reformar la sociedad de acuerdo a nuestra visión de la na-
turaleza humana y de la sociedad (Perls, Hefferline y Goodman, 1951,2002). Al
mismo tiempo de esta llamada reformista, también estamos llamados a ser psico-
terapeutas motivados por nuestros propios valores humanistas, igualitarios y no
autoritarios, de la Terapia Gestalt. Los terapeutas gestálticos contemporáneos han
abordado explícitamente la ética de la Terapia Gestalt (Joyce y Sills, 2006; Wheeler,
1992; Lee, 2004b). Han estado dedicados a proporcionar un enfoque bien recibido
a la ética de la psicoterapia. Han estado pidiendo un cambio de una modernista
«ética del individualismo» a una ética postmodemista «relacional», «de campo»,
«comunitaria» o «del entorno» (Wheeler, 2000a; Lee, 2004b; Staemmler, 2009) y a
una «ética del cuidar» intersubjetiva (Jacobs, 2011). Han estado pidiendo que nos
centremos en la relación terapéutica. Nos han pedido que prestemos una especial
atención al impacto del terapeuta gestáltico sobre el paciente, ya que tanto el tera-
peuta como el paciente son coparticipantes en la terapia en sí misma (Hycner y Ja-
cobs, 1995).
Pero no se trata de esta ética la que más me interesa aquí. Me interesa la ética
que sustenta el proceso de terapia en sí mismo; de hecho, es una condición para
ello, y también está implícita en nuestro existir como «seres humanos con el otro»
(Heidegger, 1962). Esta ética es una ética de nuestro ground fenoménico común, el
mundo de la vida. Orienta nuestra conciencia inmediata (awareness) de que hay
asuntos éticos en la relación terapéutica en todo momento, por ejemplo, en la forma
en que manejamos los honorarios y nos comportamos con nuestros colegas y su-
pervisores. También está detrás de nuestros códigos de ética y de nuestros criterios
sobre la práctica, y en momentos de aislamiento profesional, ancla nuestra fe de
que nunca estamos solos en nuestro trabajo. No es una ética que nos dice qué hacer,
lo que está bien o mal, sino una ética que nos abre a las- ideas que podrían ser ade-
cuadas, o equivocadas, o una controversia sobre la existencia de algo bueno o malo
por completo. Esta es la «ética situada», una ética de un orden diferente.
Mi uso de la «ética» en la «ética situada» está influida por la filosofía continental.
En la compleja filosofía de Emmanuel Lévinas, entre otras cosas, «la ética» o lo
«ético» es nuestra relación concreta práctica fundamental con otro (Critchley,
2002). La ética; es una forma de «estar en relación con el otro, como un acto o una
práctica», que Levinas describe como lo «ético» (Lévinas, 1969, pág. 12). Lo «ético»
es una estructura «irreductible interpersonal» en la que todas las demás estructu-
ras «descansan». La ética de Levinas no proporciona ninguna de las reglas de la
ética habitual, sino que es la «condición de mi existencia» y «define el verdadero
dominio que habito» (Davis, 1996).
«La ética es una óptica» (Lévinas, 1969). Al igual que la estructura de nuestros
ojos nos permite ver y elegir los colores, la ética situada nos sensibiliza y nos abre
a la situación ética dentro de la cual somos capaces de tener una ética de contenido
y de elección.
La ética situada se puede importar al paradigma de la Terapia Gestalt del campo
organismo/entorno, que se complementa con diferentes explicaciones de la «situa-
ción», como explico a continuación También me refiero a esta ética como situada
para subrayar que se trata de un aspecto encamado y social del campo orga-
nismo/entorno. Hacer contacto y la frontera de contacto, el núcleo de la Terapia
Gestalt, están situados en un mundo éticamente organizado. La implicación clínica
de la ética situada como una plataforma para la práctica de la Terapia Gestalt es un
tema constante de este capítulo.
Mi análisis incluye una dimensión fenomenológica. Analizo la ética situada como
una estructura del mundo de la vida y no sólo del campo organismo/entorno con
el fin de subrayar las características experienciales o fenoménicas de esta ética. Hay
diferentes significados del mundo de la vida en la fenomenología como la filosofía
desarrollada a lo largo de su historia. Sin embargo, existe un acuerdo general en
que el mundo de la vida es el mundo de la experiencia. El siguiente aspecto del
mundo de la vida está en los últimos escritos de Edmund Husserl: «el mundo de la
vida siempre está ahí, está para nosotros de antemano, “ground” para todos... El
mundo nos está dado previamente» (en Steinbock, 1995, pág. 103). El mundo de la
vida precede a la experiencia. Y esto se amplía con un concepto similar de «mundo»
según Martin Heidegger (Heidegger, 1962), que incluye el mundo histórico, cultu-
ral, social en el que estamos «arrojados», como su arquitectura que es entonces el
fundamento de nuestro mundo de la experiencia. La arquitectura del mundo de la
vida que propongo incluye nuestra perspectiva ética esencial. La ética situada es
parte de esta arquitectura en la estructura del mundo.
1.1. La situación y la Terapia Gestalt

Los terapeutas gestálticos contemporáneos han estado incluyendo «la situación»


en la Terapia Gestalt, aunque con diferentes énfasis (Staemmler, 2006a; Robine,
2011; Staemmler, 2011; Wollants, 2012). Es una idea cuyo tiempo ha llegado.
Desde mi punto de vista, la situación pone de relieve la dimensión existencial con-
creta de la Terapia.
Como Jean-Marie Robine observa, el término «situación» aparece muchas más
veces en el libro Terapia Gestalt (Perls, Hefferline y Goodman, 1951, 2002) que
«campo». La frontera de contacto se produce en totalidades fenoménicas de la «si-
tuación», como el ground o la figura/fondo y la emergencia del (Robine, 2011). La
situación es «trozos en el tiempo» como una totalidad experiencial (Staemmler,
2011) y la secuencia de contacto en el corazón de nuestro método es un proceso
temporal. La «situación» específicamente coloca el hacer contacto como un proceso
temporal dentro del concepto más amplio de campo.
Fenomenológica y existencialmente, la situación es «en donde la existencia hu-
mana se encuentra principalmente a sí misma. [...] Se encuentre lo que se encuen-
tre, se encuentra en una situación. Se haga lo que se haga, surge de una situación y
con respecto a otras situaciones. La existencia humana es su situación» (Rombach,
1987, pág. 138). Por lo tanto, la situación tiene la cualidad de la existencialidad hu-
mana, es un marcador de la existencia humana. La situación es un subconjunto ex-
periencial y existencial del campo. La ética situada, entonces, es la ética de la situa-
ción de la Terapia Gestalt, un fenómeno experiencial y existencial. Esta situación,
por lo tanto, surge del hacer contacto y al mismo tiempo es la base del hacer con-
tacto. Forma parte de la estructura predeterminada del mundo de la vida que siem-
pre está ya allí para nosotros, una estructura presente para nosotros, a nuestra dis-
posición cuando practicamos la Terapia Gestalt. «Estoy hecho por la situación y
tomo parte en la creación de la situación también. Incluso antes de cualquier cons-
trucción de una Gestalt» escribe Robine, «una situación ya ha comenzado a ser
construida y va a ser el ground para las siguientes figuras» (Robine, 2011, pág. 110).
Para Robine es «el ello de la situación» (ibid, pág. 103); para mí, es también la si-
tuación como el mundo de la vida.

1.2. La ética situada y la ética del contenido

La ética situada no es una «ética del contenido». La ética del contenido incluye los
valores morales, personales o sociales que nos permiten elegir esto o lo otro, «co-
rrecto» o «incorrecto». A su vez, la ética situada es nuestra orientación ética inelu-
dible hacia una ética del contenido. Es un aspecto de la estructura predeterminada
del mundo de la vida lo que hace posible que tengamos una ética del contenido.
Somos seres éticos preocupados por la ética del contenido porque la sensibilidad
ética está integrada en la estructura de nuestra situación como ética situada.
2. Segunda parte: ética intrínseca, extrínseca y fundamental

Cualquier teoría psicoterapéutica


está basada en alguna concepción concreta
como el factor dinámico clave en la vida y en la sociedad.
(Perls, Hefferline y Goodman, 1951,2002, pág. 70)

Un ejemplo clínico.

Empieza una sesión.


El despacho para la psicoterapia; se abre la puerta.

Una persona entra.


El terapeuta y la persona se dan la mano y los dos se sientan.
«¿Qué te trae por aquí?», pregunta el terapeuta.
La persona dice: «Estoy deprimido, triste, preocupado...».
Después llora.

El psicoterapeuta inmediatamente va a preguntar sobre las circunstancias de esta


persona —y esto es necesario para que cualquier psicoterapia avance—. ¿Qué es
urgente en la vida de esta persona, por ejemplo? ¿E inmediatamente después? ¿Cuál
va a ser el enfoque del «trabajo»: El campo social, la vida familiar, la relación(es), la
familia, el consumo de drogas, etc., de la persona? ¿El «campo del entorno»? ¿El
«campo relacional»? ¿El «campo espiritual»? ¿Los temas generales o políticos? ¿O
la frontera de contacto de este psicoterapeuta y de esta persona en el que el sufri-
miento de esta persona puede ser experimentado directamente? ¿Cómo pueden
practicar los psicoterapeutas, fenomenológicamente, cuando las creencias o las
preocupaciones personales del «mundo exterior» son figura?
Todos los psicoterapeutas tienen sus propias creencias: personales, clínicas, éti-
cas, culturales, etc. Los terapeutas no pueden. dejar sus personalidades en la puerta
del despacho. No es una buena práctica ni es posible. ¿Qué hacemos con nuestras
creencias personales muy arraigadas? Los psicoterapeutas devotos católicos escu-
chan a los pacientes planes de abortos. Los psicoterapeutas socialmente Conserva-
dores escuchan a las parejas hablar sobre múltiples parejas sexuales. A veces las
creencias personales del terapeuta y del paciente coinciden, a veces chocan. Nues-
tras creencias personales guían nuestras vidas personales. Se trata de la ética del
contenido.
Por supuesto, algunas de las creencias personales de un terapeuta son necesa-
rias para que se pueda hacer psicoterapia. Estas incluyen el conocimiento que los
terapeutas han adquirido en la formación clínica y en la experiencia clínica perso-
nal. Los terapeutas siguen siendo personas en su papel y en la práctica clínica con
sus estilos personales modelados por sus experiencias de vida (Perls L., 1992). En
este sentido, ¿cómo pueden los psicoterapeutas tratar los conflictos potenciales de
la gente con la clínica cuando la pregunta, «¿qué te trae por aquí?», se ha pregun-
tado y se ha Respondido?
Las distinciones entre la ética extrínseca e intrínseca y la ética fundamental de
la psicoterapia pueden ayudar a responder esta pregunta. Cuando el psicotera-
peuta permite que sus propias creencias éticas personales sean figura dentro de la
sesión, una ética extrínseca se entromete en la psicoterapia. Perls, Hefferline y
Goodman (195, 2002) dicen, claramente, que la Terapia Gestalt implica «...el análi-
sis! de la estructura interna de la experiencia real... Conseguir una Gestalt fuerte es
en sí mismo curativo ya que la figura de contacto es simplemente una señal, sino
que, por sí misma, es la integración creativa de la experiencia» (ibid, pág. 12). Y esta
figura de contactó que surge de la frontera de contacto debería, por lo tanto, estar
libre de preocupaciones personales irrelevantes del psicoterapeuta. Es el paciente
el que es el paciente. O, más específicamente, la frontera del contacto del tera-
peuta/paciente es el lugar de la psicoterapia, en el que la experiencia del paciente
es la figura contra la presencia del segundo plano activo del terapeuta que se
orienta por la ética situada.
Un hipotético ejemplo clínico.

Una persona que. se deja caer en la silla y mira hacia abajo í al suelo.
«He tenido un aborto involuntario». Está sin aliento. Agitada.
La terapeuta se inclina hacia ella.
«Mary, ¿puedes mirarme? Yo he tenido uno también hace unos años. Estoy segura
de que hoy te sientes mal. Esto pasará Todo esto significa que tienes que tratar de
volver a quedarte embarazada de nuevo lo antes que puedas».

Los puntos de vista personales del terapeuta son la ética extrínseca del conte-
nido y van a dar forma al curso del trabajo. Por lo menos, es una oportunidad de
explorar la estructura que surge de la sensación de pérdida del paciente, de lo que
ha perdido. Este es un ejemplo extremo. ¿Imposible? Tal vez no.
Por supuesto, todo lo presente para el paciente, incluso aunque aparentemente
extrínseco a las cuestiones que nos ocupan, es fundamental para nuestro trabajo
como terapeutas gestálticos. No hay resumen del «aquí-y-ahora» (Staemmler,
2011). Es fenomenológica- mente imposible (Zahavi, 2003). La ética del contenido
del paciente es parte de la «estructura de la situación actual», la atención a lo, que
es nuestro mandato clínico. Siempre estamos interesados en lo que significa cual-
quier experiencia para una persona.
Vuelvo a Mary y a un enfoque clínico diferente.

«He tenido un aborto involuntario». Está sin aliento. Agitada.


«Mary, cuando escucho tus palabras, noto que me hundo en este sillón con una
sensación de pérdida. Mientras estoy sentado así, me pregunto cuánto de esto es tuyo.
¿Me querrías decir algo más sobre lo que estás sintiendo?».
«Me siento cargada, John, y flotando al mismo tiempo. Extraña».
«¿Querrías apoyar los pies en el suelo y ver lo que ocurre?».
Mary lo hace, respire y permanece en silencio...

Una vez más, el terapeuta y el paciente empiezan a prestar atención a lo que está
cosurgiendo de la frontera de contacto. Están apoyados por una sensación común
no expresada, corporizada, un «estar viendo», o «estar sabiendo» que existe una
relación humana que sustenta el que se desarrolle la secuencia de contacto. Mary
puede estar en silencio ahora, «sostenida» por el apoyo fundamental de la relación
terapéutica a lo no hablado, diferente de lo todavía no experimentado. Tal vez va a
surgir una nueva experiencia de Mary sobre el aborto involuntario, o Mary va a lle-
gar a una nueva comprensión, y la figura/fondos familiares se van a reconfigurar
en formas nuevas y sorprendentes dentro del proceso que continúa. La arquitec-
tura del apoyo para este proceso es la ética situada del mundo de la vida.
La ética situada establece y mantiene las condiciones de la psicoterapia y pro-
porciona la orientación de la ética fundamental de la psicoterapia, que es una ética
del contenido. La ética fundamental es la condición ética que hace que la psicotera-
pia sea posible. Por ejemplo, la ética fundamental comprende el «saber cómo» clí-
nico, la experiencia, el conocimiento, e incluso los códigos pertinentes del terapeuta
sobre la ética profesional. Incluye la preocupación por el bienestar del paciente, el
daño potencial a, o de los demás, la idoneidad del paciente para la terapia y la ido-
neidad del terapeuta para este paciente en particular. Como componentes de la ex-
periencia experta profesional del psicoterapeuta, estas preocupaciones son funda-
mentales e intrínsecas a la relación en sí misma: las condiciones necesarias para la
terapia y las directrices para el trabajo en curso. Están «en» la terapia en sí misma
y no surgen de «fuera», de los intereses irrelevantes extrínsecos del psicoterapeuta.
Esto podría sonar más simple de lo que es. Pero puede ser especialmente difícil
para los terapeutas Gestalt debido a nuestra historia.

2.1. La Terapia Gestalt: Una visión del mundo con las mejores intenciones: los tera-
peutas gestálticos son vulnerables para confundir la ética intrínseca y la extrínseca

Todo el mundo va a estar, fácilmente, de acuerdo


en que es de suma importancia saber
si no estamos engañados por la moral.
(Lévinas, 1969)

Terapia Gestalt (Perls, Hefferline y Goodman, 1951, 2002) es el libro que lanzó a
miles de terapeutas gestálticos —psicoterapeutas, activistas comunitarios, y refor-
madores sociales— a comprometerse en crear un mundo más justo. Todos tenía
una ética de las mejores intenciones. La introducción a la sección teórica de Terapia
Gestalt acaba con estos párrafos que motivan la teoría psicoterapéutica de la Tera-
pia Gestalt y una filosofía reformista social: «existimos en un estado de urgencia
crónica y... la mayor parte de nuestras fuerzas de amor y humor, de rabia y de in-
dignación están reprimidas o disminuidas... A menos que consideremos la vida
como llena de “posibilidades creativas”, es francamente intolerable [la cursiva es
mía] [...] Nuestra norma de felicidad es demasiado baja. Los que ven esto con más
claridad, sienten más intensamente y actúan con más coraje, se pierden y sufren
porque le es imposible a nadie ser verdaderamente feliz si la felicidad no está ge-
neralizada» (Perls, Hefferline y Goodman, 1951, 2002, pág. 36).
Al mismo tiempo, el libro Terapia Gestalt nos llama a ser psicoterapeutas que
tratan la realidad de las «interrupciones de hacer contacto» y las «pérdidas de la
función del yo» de esta persona. También deberíamos prestar atención al contexto
del paciente, que estamos viviendo en una «sociedad [...] que se opone a la vida y al
cambio (y al amor)» (Perls, Hefferline y Goodman, 1951, 2002, pág. 35). Asistimos
al proceso de hacer contacto de esta persona en esta sesión. El libro Terapia Gestalt
también nos pide que seamos activistas sociales. Después de todo, una Gestalt es
una totalidad de sus partes, ninguna persona es una isla separada del mundo. El
mundo de la vida es, de hecho, un mundo, como he descrito antes, aunque sea un
mundo fenoménico. Sin duda, la Terapia Gestalt no era la única con una visión del
mundo clínico-social así; compartía un compromiso de activismo social con el psi-
coanálisis radical, por ejemplo (Lichtenberg, 1969).
Nuestros pacientes, entonces, no son sólo personas que sufren, son partes del
campo social más amplio cuyas instituciones se han vuelto contra los buenos y ver-
daderos impulsos animales en ellos como organismos (Perls, Hefferline y Good-
man, 1951,2002, pág. 65). Estos impulsos poseen la «sabiduría del organismo» una
«sabiduría» que es una ética «inmediata», aunque falible (ibid, pág. 66). La Terapia
Gestalt liberaría esta «sabiduría» no sólo en una psicoterapia que deshace el daño
al individuo causado por esta sociedad, sino mediante la acción política para lograr
cambios sociales (F. Perls, 1992; Stóhr, 1994; Perls y Stevens, 1969; Aylward, 2006;
Bocian, 2010). En esto radica la vulnerabilidad de la Terapia Gestalt para confundir
la ética intrínseca y extrínseca. ¿Puede la Terapia Gestalt ser una práctica clínica y
un instrumento para el cambio social, de forma simultánea, en una sesión de psico-
terapia?
Cuando los terapeutas gestálticos escriben sobre Terapia Gestalt, a veces escri-
ben sobre su práctica clínica. A veces escriben sobre programas sociales, políticos
o religioso-espirituales en los que la práctica clínica parece subsumida (Levin,
2010). «Nuestro arte es tanto político como terapéutico» (Aylward, 2006), escribe
uno de los terapeutas gestálticos contemporáneos. No está claro si se practican al
mismo tiempo.
Y va aún más lejos otro terapeuta que escribe:

La Terapia Gestalt ofrece algo más que una simple curación. Está preocupada por
la salud ...Aun sanador de nuestro tiempo se le exige cuidar del entorno y de la
comunidad, abordando una serie de temas socio-económicos como la globaliza-
ción, así como la interioridad transpersonal y espiritual de las almas de la gente
(Levin, 2010, pág. 147, la cursiva está añadida).

¿Sería diferente una llamada clerical?


Sean cuales sean los credos personales que surjan de los ideales, espirituales y
sociopolíticos humanistas de la Terapia Gestalt, son| una ética extrínseca del con-
tenido, que podría ser beneficiosa para el mundo en general, aunque estos credos
sean extrínsecos en la; práctica clínica de la psicoterapia —y potencialmente intru-
sivos para; ella—. El programa ético personal del psicoterapeuta utilizado en la se-
sión de terapia puede convertirse en la norma contra la cual se; evalúan las figuras
que surgen. Perls, Hefferline y Goodman (1951, 2002) advirtieron que «el paciente
va a tratar, en gran medida y verdaderamente, crearse a sí mismo de acuerdo a la
concepción de la naturaleza humana que tiene el terapeuta» y, además, «es
deseable tener una terapia que establezca una norma lo más pequeña posible, pero
que intente sacar el mayor partido posible de la estructura de la situación real, aquí
y ahora» (pág. 73). Sin embargo, el paciente y el terapeuta son del campo social más
grande. ¿Puede la terapia aislarse de todo esto? ¿Existe un término medio?
En Terapia Gestalt, la psicopatología se entiende como las perturbaciones en la
frontera de contacto (Spagnuolo Lobb, 2007d; Francesetti y Gecele, 2009). Estas
perturbaciones son experimentadas directamente por el paciente y el terapeuta
como aspectos estéticos (percibidos) del hacer contacto (Bloom, 2003). Nuestro
método fenomenológico en sí mismo requiere apartamos (poner entre paréntesis)
de las hipótesis irrelevantes extrínsecas para que podamos atender a lo que surge
en la sesión (Bloom, 2009; Crocker, 2009; Philippson, 2009; Yontef, 2009).
Por supuesto, el conocimiento clínico del «saber cómo» del psicoterapeuta, la
sabiduría clínica, y las normas no están entre paréntesis. Permanecen como fondo
disponible, ya que son parte de la ética fundamental de la psicoterapia. ¿Cómo
puede haber terapia sin ellos? El conocimiento del mundo exterior también se man-
tiene como fondo. Después de todo, una sesión no puede ser sellada hermética-
mente. El «que pone entre paréntesis» es alguien «no puesto entre paréntesis»
(Stolorow y Jacobs, 2006).
¿El poner entre paréntesis la ética extrínseca del contenido permite una irres-
ponsabilidad ética libre-para-todo, supuestamente característica del paradigma del
individualismo (Wheeler, 2000a)?; Quienes critican a los terapeutas gestálticos que
practican según ese paradigma indican que los terapeutas alientan a los pacientes
a resistirse a cualquier autoridad y a ser valientemente autónomos sin tener en
cuenta su impacto sobre los demás (Yontef, 2002). Era cierto que Fritz Perls vito-
reaba la contracultura antisistema (F. Perls, 1992), pero es absurdo decir que fue
el responsable del ethos extremo de la contracultura.
«Estamos entrando en la fase de los charlatanes y los estafadores, que piensan
que, si consigues algunos avances, estás sin duda curado... sin tener en cuenta nin-
gún requisito de crecimiento. Estoy muy preocupado con lo que está pasando en
este momento» (Perls, 1-992, pág. 1).
Los valores éticos de haz-tu-propio-pensamiento autónomo fueron seguidos
por algunos terapeutas que, a veces, se comportaban imprudentemente con los pa-
cientes bajo la suposición de la libertad creativa. Algunos terapeutas gestálticos
pensaron que esto ¡estaba amparado por la Oración de la Gestalt (F. Perls, 1992).
Estos «accesos no se limitaron a los terapeutas gestálticos, por supuesto. La Psico-
terapia gestáltica en su paradigma individualista de los primeaos tiempos ha sido
criticada con tanta frecuencia que, a menudo, avergüenza a los pacientes. Los tera-
peutas confrontativos engatusan lados pacientes para que «rompan» sus «resisten-
cias» (Yontef, 2002). Se afirma que en ocasiones los terapeutas se han comportado
fuera |de lo que muchos consideran ahora normas adecuadas de la práctica, nía Te-
rapia Gestalt, aparentemente, tiene una mala reputación debido a la práctica bajo
este paradigma. Pero, ¿la Terapia Gestalt tiene que hacer penitencia por supuestas
transgresiones pasadas?
Al examinar la cuestión de un «código ético» de la Terapia Gestalt, en Gestalt
Counselling Phil Joyce y Charlotte Sills reflexionan que «la Terapia Gestalt se desa-
rrolló en la década de 1950 y promovió una actitud anárquica que consideró los
códigos morales como gestalts fijas obsoletas que debían ser desafiadas. La ética y
los códigos de conducta debían ser decididos P negociados individualmente».
Continúan: «Hubo poco interés en el potencial del daño terapéutico o de cual-
quier discusión sobre valores morales o comunitarios. Creemos que esto ha llevado
a muchos ejemplos de relaciones terapéuticas abusivas, y sigue siendo un problema
importante para un código gestáltico de ética y conducta» (Joyce y Sills, 2006, cur-
siva añadida).
No obstante, ¿esos terapeutas gestálticos no estaban comprometidos con los
«valores comunitarios y morales» específicos de su tiempo y lugar? ¿Puede alguien
cuestionar seriamente la bona fides clínica de Fritz Perls, a pesar de su talento para
el espectáculo en entornos no clínicos? Los terapeutas gestálticos de la primera ge-
neración tenían normas para la práctica, listaban preocupados por el bienestar de
sus pacientes. Por supuesto, no todos ellos lo estuvieren siempre. No todos lo esta-
mos ahora. Ha habido, hay y habrá problemas éticos en todas las profesiones. Todas
las profesiones necesitan códigos de ética al igual que todas las sociedades necesi-
tan leyes Seguramente los terapeutas gestálticos no son los únicos «delincuentes
éticos» de la profesión.
Además, es un aspecto central de la teoría y de la práctica ciútica de la Terapia
Gestalt desafiar los códigos morales fijos cuando el introyectar no consciente se
vuelve consciente y figura. Algunos códigos morales están, realmente, desfasados y
surgen en las sesiones como limitaciones del hacer contacto en la frontera de con-
tacta Esto es familiar a todos los terapeutas gestálticos. Las normas de la práctica
contemporánea ya no nos instan a provocar a nuestros pacientes, sino a estar con-
cretamente presentes con ellos en la frontera de contacto y, con ellos, a ser sensi-
bles a lo que está surgiendo.
Robert Lee ha hecho una contribución significativa a la ética de la Terapia Ges-
talt, En su ensayo: Ethics Gestalt of Values/The Valúes of Gestalt. A Next Step (Lee,
2004a), ha escrito sobre nuestros «esfuerzos relaciónales implícitos». Estos esfuer-
zos y gran parte de su teoría intersubjetiva dialógica (pág. 26) parecen similares a
la ética situada aquí descritas. La ética situada, sin embargo, se refiera a la arqui-
tectura más fundamental del predeterminado mundo de la vida, a partir de la cual
los esfuerzos relaciónales implícitos son posibles. Describe una ética relacional en
la que las implicaciones y las decisiones éticas surgen de un «ground compasivo»
que valor las conexiones y las relaciones. La ética situada, sin embargo, es nuestra
perspectiva ética con la que podemos ver, conocer el valor de las conexiones y re-
laciones. La ética situada puede ser la base para la compasión. La ética relacional
de Lee se convierte en unja ética del contenido cuando la amplía más allá de la psi-
coterapia; la Terapia Gestalt, de la frontera de contacto, en una crítica social del
«campo más grande».
«La salud individual depende de la salud del campo más amplio» (pág. 27). La
Terapia Gestalt, entonces, «concede un gran valor no sólo al apoyo del individuo,
sino también al apoyo al campo del f entorno» (pág. 25). Y continúa: «deberíamos
encontrar soluciones globales que apoyen tanto al self como al entorno» (pág. 26).
Esto es legítimo como una instrucción para los reformadores sociopolíticos. Sin em-
bargo, ¿cómo es de grande el campo de nuestra preocupación clínica inmediata
para este paciente que sufre en este momento en este despacho?
La atención al campo social de una persona informa que nuestro trabajo desde
el self incluye su ground más amplio el campo social, el campo fenoménico, o el
campo organismo/entorno. Pero ampliar esta atención a un valor vago de «respon-
sabilidad del campo» o a una opinión personal sobre la «salud» del campo más
grande, la sitúa en una ética indeterminada del contenido con implicaciones para
nuestro método vivencial. Los comentarios sobre el campo del entorno son una
honrosa ética del contenido para una reforma social o política, pero su relevancia
clínica específica de que la ética fundamental apoya la psicoterapia es cuestionable.
Los diferentes partidos políticos tienen diferentes programas políticos, cada uno
con su propia ética del contenido. Es arrogante asumir que cualquier subgrupo es-
pecífico de psicoterapeutas bienintencionados tiene la llave de la verdad.
Los valores comunitarios, la moral, las opiniones sobre el «campo», el entorno,
la responsabilidad relacional, incluso la espiritualidad, cambian a través del
tiempo. Pero la estructura de la situación real y de nuestro trabajo en la frontera de
contacto se mantienen constantes. Son la estrella polar de nuestra práctica, mien-
tras que la naturaleza del sufrimiento de nuestros pacientes y nuestra base de co-
nocimiento clínico cambian a lo largo del tiempo.
El sujeto descentrado de nuestro mundo postmoderno se esfuerza por encon-
trar un curso ético. La ética postmoderna a duras penas es una cuestión simple. En
su libro La ética postmoderna, Zygmunt Bauman escribe: «Si no actúo sobre mi in-
terpretación del bienestar del Otro, ¿no soy culpable de una indiferencia pecami-
nosa? Y si lo hago, ¿qué parte de su autonomía podría estarle quitando? ... Solo hay
una delgada línea entre la atención y la opresión...» (Bauman, 1993, págs. 91-92).
El filo de la navaja de la línea delgada de Bauman no puede» ser ignorado. Nunca
deberíamos olvidar que, en algún momento la norma bienintencionada de la prác-
tica era curar homosexuales convertir a las mujeres agresivas en amas de casa pa-
sivas. Somola más sabios ahora. Pero, ¿qué se dirá de nuestra sabiduría dentro de
cien años?

2.2. Un asunto práctico: la ética situada y una brújula ética

Un colega me pidió que viera a una mujer, una sesión, con el fin de ayudarla a res-
taurar su confianza en los terapeutas, si era» posible. Vería a otros terapeutas des-
pués de verme a mí. Esta era su elección. No sentía que era seguro ver a alguien más
de una vez
Pidió terapeutas masculinos.

Mantiene la mirada baja. Cuando habla, es casi un susurro.


«Lo amaba. Era un terapeuta maravilloso. Era mi profesor y supervisor. Dijo que
esto estaba bien. Que era bueno los dos. Confiábamos en qué nuestros cuerpos nos
hablaran. El sexo era parte de la terapia. Hicimos el amor. En el despacho. Necesitaba
sentirme a salvo en una relación amorosa, erótica. Tuve avances en la terapia. Era la
primera vez que tenía orgasmos.
Entonces me enteré de que estaba teniendo relaciones con todas ellas».
Sus ojos están llenos de lágrimas.
Estoy agitado al escuchar esto y siento un deseo de defender a los terapeutas ante
ella (debería haberle seducido, pienso, viendo cómo se muestra...). Me reviso a mí
mismo y me doy cuenta de que me siento a mí mismo alejándome, relajo mis músculos,
y entonces me siento triste, conmovido por su dolor. Y digo:
«Alíce, me siento triste cuando veo tus ojos llenos de
Mira hacia arriba, lentamente. «¿Por qué?...», y después... repentinamente...: «estoy
asustada de que quieras tocarme».
«No», digo. Me doy cuenta de que me había inclinado hacia ella sin ser consciente.
Tomo una respiración, dándome cuenta ahora de que siento la silla sólida debajo de
mí, más sólida de lo que hubiera pensado, me siento a mí mismo asentándome en la
silla.
«No», digo, sin pensar, y amablemente. «No lo quiero».
«Te creo». Nuestros ojos se encuentran.
«Quiero oír más sobre cómo era para ti estar con él».
Sus hombros se agitan mientras llora. Levanta la vista y habla...

El ritmo en el que Alice y yo nos movemos hacia atrás y hacia delante en la sesión
—con nuestros cuerpos, con nuestras voces— emerge de nuestro vemos uno al
otro a través del lente de la ética situada. Nuestros «ojos éticos» estaban abiertos a
la sensación de que «algo estaba mal»: una sensación de un ground ético alterado
que era para mí más fundamental que una simple cuestión de moral «correcta» o
«incorrecta», o de la trasgresión profesional. Era un «error» que vi en sus ojos, sen-
tido en su comportamiento, y experimentado en mí mismo. Experimenté algo más
que empatía, más que mi sensación de sentimientos generales hacia el otro. Más
complejo que la compasión. Y este es mi punto.
Estaba alterado por la historia de Alice, no sólo porque era empático con ella.
Estaba alterado porque yo también podía identificarme con el impulso de su tera-
peuta, y conmovido por lo que me imaginaba de cómo las tensiones de un impulso
así se podían colocar en las normas de la práctica y el código de ética que sé que
son fundamentales para la psicoterapia. Tuve una sensación sentida de las tensio-
nes en un «campo ético».
Mi empatía con esta paciente y su terapeuta era también un conflicto al que es-
taba abierto, porque podía «ver» que había elecciones éticas que había que hacer.
Por un momento, yo estaba en el «espacio» en el que podía «ver» las sensibilidades,
las vulnerabilidades, las posibilidades éticas y la necesidad de hacer elecciones. Su
terapeuta y Alice tenían opciones —y yo también cuando la escuché a ella—. Repito
el tema de este capítulo: la ética situada es la estructura del mundo de la vida que
es la óptica (en el sentido de Lévinas) de nuestro ser capaces de ocupamos de la
ética por completo. Esto nos abre a las vulnerabilidades del otro para elegir ética-
mente y a las consecuencias de nuestras elecciones. Nos abre a la compasión.
Mientras que la ética situada es nuestra «visión» de un dilema ético, no instruye
para una elección «correcta». No es una ética extrínseca del contenido en la que
podemos hacer una elección. Todos los psicoterapeutas se enfrentan, habitual-
mente, con dilemas éticos que requieren elecciones éticas que afectan a la terapia.
Por ejemplo, el comportamiento criminal de un paciente o un posible abuso en el
hogar requieren de nosotros que decidamos un curso de acción. ¿Qué hacemos
cuando sabemos que un colega incumple la ética profesional, o nos sentimos tenta-
dos nosotros mismo a violar los, códigos de ética y las normas de la práctica? ¿Aña-
dir otra sesión a una factura de una compañía de seguros? ¿O codificar un diagnós-
tico diferente para obtener más sesiones autorizadas? Por supuesto, tenemos códi-
gos de ética, pero ¿son todas las reglas autoritarias las que tenemos que tragar?
Tenemos normas de la práctica, pero ¿podemos hacerlas nuestras y utilizarlas
como mejor nos parezca? ¿Hay alguna diferencia entre las normas autoritarias y
sólo reglas?
El pensamiento de Emmanuel Lévinas sobre la ética y la justicia podrían ser úti-
les. Su ética está en el ámbito de lo intersubjetivo y no trata de la reciprocidad o la
igualdad (Lévinas, 1969). Lévinas se refiere a los asuntos de la justicia, la moralidad
y la igualdad como cuestiones «políticas» en el ámbito de la tercera parte que «abre
perspectivas más amplias e instiga a una preocupación por la justicia social» (Davis,
1996, pág. 82). Esta «tercera parte», escribe Bauman en su discusión de Lévinas,
«se puede encontrar [...] en el1 ámbito del orden social regido por la justicia... [L]a
relación entre \ yo y el otro debería... dejar espacio para el tercero, un juez sobe-
rano que decide entre dos iguales» (Bauman, 1993). No hay ética de uno mismo y
del otro sin esta tercera parte que administra la justicia, a pesar de que en la filoso-
fía de Lévinas la tercera parte «pone distancia entre yo y el otro» (Davis, 1996, pág.
82). De esto se desprende que no se puede ya mantener la ética de Lévinas en un
mundo sin la tercera parte, ni la psicoterapia puede ser practicada de manera res-
ponsable si el psicoterapeuta es ajeno a la tercera parte por sus normas de la prác-
tica, los códigos de ética, la experiencia profesional y la sabiduría clínica.
La ética situada como nuestra visión ética nos anima a mirar a esta tercera parte
para una ética del contenido. Los códigos de ética profesional, la experiencia profe-
sional y el juicio clínico se incluyen dentro de esta ética del contenido como una
condición fundamental, para la terapia en sí. Los códigos, la experiencia profesio-
nal, el aprendizaje, el juicio, etc., se incluyen en la medida en que el terapeuta los ha
asimilado y se encuentran en lo que el terapeuta lleva a la frontera de contacto en
acción.
Si la elección ética del psicoterapeuta no se «ve» a. través de la óptica de la ética
situada, el terapeuta no va a saber que hay una elección ética real que se ha hecho,
pero sólo, por pura fórmula, va a ser seguida por las reglas establecidas de compor-
tamiento o práctica. Debido a la ética situada es como vemos que hay una preocu-
pación ética en el tema —y por lo tanto hay una necesidad de una ética del conte-
nido, un código ético en calidad de tercera parte— ya sea un código real de la prác-
tica, una comunidad de colegas, supervisión, o cualquier otra base para una ética
del contenido, que podría ser un apoyo intrínseco y fundamental para la terapia.
Ahora podemos estar abiertos a las normas de comportamiento y a los códigos
de conducta profesional, la tercera parte extrínseca relevante contextualizada den-
tro de la ética fundamental de la psico-terapia, y no se aplica como una irrelevante
ética extrínseca intrusiva en la práctica clínica. Como tal, la tercera parte promueve
la terapia como apoyo tanto para el terapeuta como para el paciente. Este tercero
no es simplemente un código escrito abstracto o incluso concreto, sino que puede
ser una comunidad viva de colegas, las asociaciones profesionales, los institutos y
los supervisores.
Los terapeutas aislados que están desconectados de esta tercera parte real po-
drían perderse en una confusión ética cuando se enfrentan a un dilema ético. La
formación profesional adecuada, aunque no suponga ninguna garantía, propor-
ciona orientación, ya que sería la tercera parte ética en el segundo plano asimilado
del aprendizaje profesional. Y puesto que ninguno de nosotros ha sido formado de
manera aislada, todos hemos integrado nuestras experiencias sociales de forma-
ción como el segundo plano de apoyo social. Nuestra comunidad profesional está
presente en la estructura del mundo de la vida en el que se encuentra la ética como
una estructura significativa. Pero ¿son estas experiencias asimiladas suficientes
para asegurar una salida de la confusión ética? Esta es otra manera de preguntar si
un terapeuta puede practicar sin supervisión profesional. Es difícil imaginar cual-
quier código de ética que no lo exija.
La ética situada nos da, a nosotros terapeutas, nuestra capacidad para una mi-
rada ética. Nos orienta a una elección ética. Podemos ver y con nuestro mejor cri-
terio posible, hacer elecciones éticas fundadas en nuestra experiencia, en nuestra
experiencia profesional, en la formación, en el conocimiento de los criterios de la
práctica profesional y de la ética en nuestra comunidad de colegas. Todo esto son
elementos de la ética fundamental sobre los que la psicoterapia se apoya. La ética
situada es parte de la estructura del campo social más amplio, el mundo de la vida
en el que incluso el terapeuta aislado habita.

3. Conclusión

La Terapia Gestalt merece estar orgullosa de su ética. Nosotros, terapeutas gestál-


ticos, deberíamos animamos unos a otros para exportar nuestra ética de buenas
intenciones para la reforma social a y el activismo, así como a todas partes a donde
nuestra visión nos pueda llevar. Al mismo tiempo, deberíamos ser conscientes de
nuestro compromiso con nuestro trabajo clínico como psicoterapeutas fenomeno-
lógicos, que se ocupan de la experiencia inmediata que surge de la frontera de con-
tacto. Este es el poder de nuestro método clínico, Nuestra visión clínica única se ve
comprometida cuando una ética extrínseca del contenido se entromete en la ética
intrínseca de la. Terapia Gestalt fundamental de nuestro trabajo. Hasta cierto
punto, nuestra ética de buenas intenciones que nos mueve a ser reformadores so-
ciales y psicoterapeutas humanistas nos hace vulnerables a esta intrusión. Además,
no podemos confiar en la «verdad» sentida de nuestro trabajo en la frontera de
contacto para conocer lo justo de nuestro comportamiento hacia nuestros pacien-
tes; sólo su rectitud clínica.
Estamos en casa en este mundo de la vida y nos vemos unos a otros a través de
la óptica de la ética situada, nuestra sensibilidad ética. La ética situada nos abre a
lo «correcto» y lo «incorrecto» Dentro de esta casa, cada uno de nosotros es capaz
de formular una j ética del contenido y moldear la forma de los mundos personales
de. acuerdo con las normas siempre cambiantes de la naturaleza humana,
«El hombre se esfuerza por ser bueno» (Perls, Hefferline y Goodman, 1951,
2002, pág. 143). La ética situada es la visión con la que cada uno de nosotros puede
ver una bondad que cada uno de nosotros no podemos sino esforzamos en conse-
guir; no podría ser de otra manera.
Comentario
Richard E. Lompa

Este capítulo en el libro que tiene en cuenta los aspectos éticos en la práctica de la
Terapia Gestalt es una contribución muy importante e interesante a la esencia com-
pleta de esta publicación, que ofrece una amplia gama de las aplicaciones prácticas
de esta terapia. Las consideraciones éticas a menudo han recibido una mínima aten-
ción en la literatura teórica gestáltica en el pasado. Los programas de formación para
terapeutas gestálticos sólo en los últimos diez años, más o menos, incluyen estos te-
mas de una manera significativa en sus programas educativos. Cualquier intento de
llevar este tema a una atención plena en la práctica de la Terapia Gestalt, y ofrecer
pautas que ayuden al terapeuta gestáltico en las complejas situaciones con las que se
enfrenta son sin duda bienvenidos. Yo y muchos de mis colegas a menudo tenemos que
vérnoslas con la aparición de problemas éticos y dilemas que tienen lugar en el campo
relacional que plantean un concepto tan necesario en nuestra práctica. La lectura de
este capítulo ha aumentado mi conciencia inmediata (awareness) de mi posición per-
sonal en mi contribución al campo relacional que surge en la frontera de contacto.
Dan Bloom merece respeto y aprecio por el examen enérgico y exhaustivo de gran
parte de la literatura reciente, que ha contribuido a una consideración más cuidadosa
de los efectos que los conceptos éticos tienen en nuestro ser como terapeutas, y el de
las personas que consultan a los terapeutas gestálticos en demanda de ayuda. El con-
cepto de la ética situada como una ética del ground fenoménico, el mundo de la vida,
es un concepto que resuena en la esencia misma de nuestra humanidad en la interac-
ción con nuestros semejantes. Este concepto refleja las más recientes consideraciones
del campo que enfatiza la Terapia Gestalt como una psicoterapia de la situación.
De acuerdo con los teóricos de la Gestalt, Goodman (Perls, Hefferline y Goodman,
1994, 2002, pág. 19) señala que, para comprender el propio comportamiento, se tiene
que determinar cada tipo. de pensamiento, emoción y acción en la situación total mo-
mentánea, es decir, la estructura de la situación actual de una persona y su entorno
fenoménico, lo que implica que el comportamiento es una función de la situación psi-
cológica. La importancia de la de campo se convierte, cada vez, en algo más relevante.
De acuerdo con este enfoque, Wollants (2007, pág. 43) hace hincapié en que «una
situación apoyadora es una situación en que un ser humano puede ser autoapoyado,
mientras es dependiente del apoyo de los demás. El autoapoyo es imposible sin el
apoyo entorno». Esto es consistente con el movimiento actual de la práctica de la Te-
rapia Gestalt que, más que un enfoque mono personal de la terapia, reconoce la rela-
ción que se desarrolla en el campo terapéutico del terapeuta y el cliente. Esta relación
contribuye a la evolución de un enfoque multipersonal, con una focalización diferente.
Mi experiencia en el campo terapéutico me apoya en la conclusión de que, a me-
dida que se dirige una mayor atención al campó relacional del terapeuta y el cliente,
la intimidad y las vulnerabilidades resultantes de las dos partes surgen al primer
plano. Exactamente estas vulnerabilidades hacen que el comportamiento ético de las
dos partes sea tan crucial. Se vuelve muy importante que t el terapeuta gestáltico
tome conciencia de estas vulnerabilidades y desarrolle estrategias para abordar estas
cuestiones en su práctica de la psicoterapia con los clientes.
Al mismo tiempo que valoro este capítulo, también necesito expresar una nota crí-
tica. Dan Bloom presenta ejemplos clínicos de encuentros entre el terapeuta y el
cliente para demostrar su de vista. Sin embargo, a menudo me ha dejado con una de
confusión en cuanto al mensaje que se trata de presentar y su relación con las consi-
deraciones éticas que se están sobre todo al principio del capítulo. Como lector, me
enfrento con la idea de que tengo que consultar con mi propia práctica de la Terapia
Gestalt para encontrar ejemplos sobre la importancia las consideraciones éticas. Yo
puedo hacer esto por mi cuenta, pero echo de menos el apoyo por parte del autor.
Para los gestálticos que estén empezando leer este capítulo les podría aún más con-
fuso, ya que tienen menos experiencia en las que surgen en el campo terapéutico.
La introducción de Dan Bloom sobre los conceptos de ética: intrínseca y extrínseca
y sus diferencias distintivas es un ofrecimiento al terapeuta gestáltico para deshacer
la confusión que experimenta en su práctica clínica. Aquí los dos ejemplos clínicos han
sido más demostrativos de la sutil intromisión de estos dos conceptos éticos en la fron-
tera de contacto y el impacto que esta confusión tiene sobre la metodología fenome-
nológica de las prácticas psicoterapéuticas.
Uno de los ejemplos proporcionadas es con la cliente que se siente muy avergon-
zada por su terapeuta anterior y la petición de una sesión para volver a establecer su
confianza en un terapeuta en su papel terapéutico. Este es un ejemplo doloroso del
resultado del comportamiento del terapeuta. Sostengo que en cualquier momento en
el que la vergüenza surge en la relación terapéutica, esto es una llamada a tomar en
consideración, el tema de la ética. No me estoy refiriendo a la posible experiencia de
vergüenza del cliente que tiene que pedir ayuda, sino a la que aparece en el campo
terapéutico. La vergüenza es un sentimiento que bloquea el proceso de la auto- reali-
zación de la persona. Lee (1996, prólogo, pág. XII) afirma que, si la psicoterapia es
relacional y si la vergüenza es relacional, entonces la dimensión de la vergüenza en el
campo terapéutico debería ser dirigida y se deberían desarrollar nuevas herramien-
tas teóricas con las que hacerle frente.
Nuestro trabajo como psicoterapeutas es apoyar y fomentar el proceso de una ma-
yor autorealización que va a permitir que la persona se adapte creativamente a la
situación actual y futura de su vida. Todas las experiencias que tienen lugar en la
frontera de contacto en el campo terapéutico deben ser asimiladas y se les debe dar
un significado que apoye este ajuste. Este es un proceso creativo, y cualquier obstruc-
ción que se desarrolle a través de la relación entre el terapeuta y el cliente en este
proceso necesita ser evaluada como una posible explotación de una o de ambas par-
tes. Por lo tanto, para mí cualquier obstrucción implica que se trata de una práctica
no ética de la Terapia Gestalt. Mi opinión es que la vergüenza que se experimenta en
el campo relacional de la terapia puede, por lo tanto, convertirse en un indicador de
una práctica no ética. La posibilidad de esta conexión relacional necesita una inves-
tigación adicional y una reflexión continuada.
En conclusión, la excitación y la gratitud vienen al primer plano al leer la cuida-
dosa y exhaustiva consideración de Dan Bloom sobre las consideraciones éticas en la
práctica de la Terapia Gestalt.
Muchas ideas y reflexiones que se han planteado van a contribuir una mayor dis-
cusión y aun intercambio de experiencias e ideas em una zona que es muy relevante
para la práctica terapéutica que va a mantener este aspecto de la práctica de la psi-
coterapia relevante, significativo y acentuado en la totalidad de la práctica psicote-
rapéutica.

Bloom, D. (2013). Ética situacional y el mundo de la ética en la terapia gestalt. En G. Francesetti, M.


Gecele, & J. Roubal, Terapia Gestalt en la práctica clínica; de la psicopatológica a la estética de contacto.
(págs. 167-190). Madrid: Asociación cultural Los Libros del CTP.