Está en la página 1de 10

LA TEORIA SOCIOLOGICA NORTEAMERICANA.

En los años ’60 la sociedad estadounidense estaba atravesada en lo interno por


intensos conflictos raciales, generacionales, de clase, urbanos, “subculturales”,
estudiantiles, derivados del macartismo, relacionados con los “derechos civiles”, y
varios etcéteras más. En un plano internacional, la política exterior de los EE.UU.
estaba dominada por las tensiones con los países “detrás de la Cortina de Hierro”,
bien propias de la Guerra Fría; la Guerra de Vietnam estaba a punto de alcanzar
sus momentos más álgidos; se sucedían tumultuosos procesos de
descolonización en Asia y África; en América Latina estallaban por doquier
movimientos de liberación nacional inspirados en la experiencia de la Revolución
Cubana, etc. Ante un panorama semejante, las ciencias sociales se sintieron
convocadas a tomar posición, tal como siempre lo han hecho, en todo tiempo y en
todo lugar. Desde luego, siempre existen muy variadas maneras de encarar ese
tipo de faenas. Los dos textos que ofrecemos para la sección “Documentos” de
esta revista son buenos exponentes de aquella plétora de discursos. Forman parte
de un denso entramado de posicionamientos propio de una época que, a los ojos
de aquellos actores, exigía tanto una fina comprensión teórica como decididas
políticas públicas. Presentamos aquí dos trabajos que hasta ahora no habían sido
traducidos al castellano. Uno es de Talcott Parsons, figura fundamental de la
sociología del siglo XX en todo el mundo. El otro es de Everett Hughes, autor muy
importante dentro de la tradición abierta por la Chicago School of Sociology, pero
apenas conocido fuera del estrecho círculo de sus seguidores. Más allá de las
evidentes diferencias que en muchos sentidos existen entre ellos (desde sus
orientaciones teóricas hasta sus estilos retóricos), los dos toman como foco
principal de sus elaboraciones la situación de las poblaciones negras en EE.UU.
En el caso de Hughes, el análisis se amplía para ofrecer un contraste entre la
situación de estas poblaciones y los sectores francófonos en Canadá. Parsons,
por su parte, realiza un análisis histórico de largo plazo, que se remonta a la
fundación de la “nación americana”. En su caso, la estrategia comparativa avanza
hacia otros grupos étnicos y religiosos además de los negros, siempre en EE.UU.,
pero además enfoca su atención a los efectos mundiales que podría tener la lucha
por la inclusión que estaban llevando a cabo las poblaciones negras
estadounidenses.

Es fácilmente palpable en ambos autores la fuerte vocación pública de sus


intervenciones sociológicas, la forma apasionada (más allá de la obvia parquedad
del vocabulario parsoniano) en la que buscan “soluciones” a los “problemas
sociales”.
MILLS NISY LA IMAGINACION SOCIOLOGICA.

La Imaginación Sociológica es un libro de 1959 del sociólogo norteamericano C.


Wright Mills, publicado por Oxford University Press.

Mills sentía que la tarea central de la sociología era encontrar (y articular) las
conexiones entre los entornos sociales de los individuos (también conocido como
"medio"), con el contexto social más amplio y las fuerzas históricas en el que están
inmersos. Este enfoque cuestiona un abordaje estructural-funcionalista de la
sociología, ya que abre nuevas posiciones para el individuo con respecto a una
estructura social mayor. La función individual que reproduce las estructuras
sociales es sólo una de muchas funciones posibles, y no necesariamente la más
importante. Mills también escribió sobre el peligro de malestar que veía como
inextricablemente incrustado en la creación y el mantenimiento de las sociedades
modernas. Esto le llevó a la pregunta de si los individuos existen en las
sociedades modernas, en el sentido en que "lo individual" es comúnmente
entendido (Mills, 1959, 7-12).

En la escritura de La Imaginación Sociológica, Mills trató de conciliar dos


conceptos fundamentales de la realidad social: individuo y sociedad. Desafió al
discurso sociológico dominante a definir sus términos más básicos y ser honesto
acerca de las premisas detrás de estas definiciones. Comenzó un proyecto de
reconciliación y desafío con críticas hacia "la gran teoría" y "el empirismo
abstracto", señalando y criticando su uso en la sociología de su tiempo.
En 1998, la Asociación Internacional de sociología listó esta obra como el segundo
libro sociológico más influyente del siglo 20.

La gran teoría

En el capítulo dos, Mills critica la sociología parsoniana de los años '50. Aborda
directamente el libro El Sistema Social de Talcott Parsons.

En El Sistema Social, Parsons describe la naturaleza de la estructura de la


sociedad, y la creación y mantenimiento de una cultura a través de la socialización
de sus individuos. Mills critica esta tendencia en sociología por varios motivos.
Sostiene que la sociedad es más heterogénea e impugna el grado en que tal
visión homogeneizadora sea realmente posible (Mills, 1959, 26-30).
Mills critica la formulación parsoniana de orden social, en particular la idea de que
el orden social puede ser realmente visto como un todo. Sostiene que cada
individuo no se integra a la sociedad simplemente, ni asimila la totalidad de sus
formas culturales. Además, la dominación puede ser vista como una extensión del
poder y la estratificación social. Brewer (2004) ve a La Imaginación Sociológica
como una extensión de otros trabajos de MIlls como La Élite del Poder y Cuello
Blanco. Según Mills, lo que los teóricos llaman orientación de valores podría en
realidad ser una forma de dominación, y por lo tanto puede ser simplemente una
forma de legitimación (Mills, 1959, 33-36).

Además, critica la sociología parsoniana por su capacidad para teorizar en una


forma de abstracción pura, en la que la sociedad puede ser entendida
independientemente de su naturaleza histórica y contextual.

Argumenta que la sociedad y sus símbolos culturales no pueden ser vistos como
auto-determinados y no pueden ser obtenidos sin referencia a los individuos y su
conciencia. Todo poder, de acuerdo con Parsons, se basa en un sistema de
creencias impuestas por la sociedad, escribe Mills. Critica a Parsons por su punto
de vista en términos de la diversidad del cambio histórico y social (Mills, 1959, 40-
46). Por lo tanto, critica los medios por los cuales un orden social puede derivarse
sin observación (Mills, 1959, 46-48).

Empirismo abstracto

En el tercer capítulo, Mills critica los métodos empíricos de investigación social, tal
como se ponen de manifiesto en el momento de la concepción de datos y el
manejo de herramientas metodológicas.

Esto puede ser visto como una reacción a la gran cantidad de investigación social
que estaba siendo desarrollada desde la época de la segunda Guerra Mundial.
Como tal, Mills critica la inhibición metodológica como característica de lo que
denomina empirismo abstracto. Dentro de éste, realiza una crítica a la obra de
Paul F. Lazarsfeld, quien concibe la sociología no como una disciplina sino como
una herramienta metodológica (Mills, 1959, 55-59).

Argumenta que el problema de esa investigación social es que puede haber una
tendencia hacia el psicologismo, que explica el comportamiento humano en el
nivel individual, sin referencia al contexto social. Esto, argumenta, puede conducir
a la separación de la investigación de la teoría. Propone que, en la construcción
de la investigación social, teoría e investigación deben estar imbricadas (Mills,
1959, 65-68).
La variedad humana

En el capítulo siete, Mills establece su visión de la Sociología. Escribe sobre la


necesidad de integrar las visiones sociales, biográficas e históricas de la realidad
en la que los individuos construyen sus ambientes con referencia al conjunto de la
sociedad (Mills, 1959, 132-134).

Mills argumenta que la naturaleza de la sociedad es continua con la realidad


histórica. Sostiene la importancia de la adecuación empírica de los marcos
teóricos. También se pronuncia sobre la noción de un sistema unificado de
ciencias sociales. Esto lo entiende no como un esfuerzo consciente, sino como el
resultado de discursos históricos basados en problemas, de los cuales se
desarrollaron disciplinas, y en las que sus divisiones se vuelven cada vez más
fluidas (Mills, 1959, 136-140). Así, Mills establece lo que él cree que es un
problema de un enfoque basado en su concepción de las ciencias sociales (140-
142).

Artesanía intelectual

En el Apéndice de la obra, titulado Sobre artesanía intelectual, Mills insta a los


investigadores sociales a desarrollar su producción intelectual como un oficio:

Sé un buen artesano: evita cualquier conjunto rígido de procedimientos. Sobre


todo, haz por desarrollar y utilizar la imaginación sociológica. Evita el fetichismo
del método y la técnica. Busca la rehabilitación del artesano intelectual no
pretencioso, e intenta convertirte en un artesano así tú mismo. Que cada hombre
sea su propio metodólogo: que cada hombre sea su propio teórico; que la teoría y
el método vuelvan a formar parte de la práctica del oficio. Defiende la primacía del
erudito individual; oponte a que predominen los equipos técnicos de investigación.
Sé una mente que confronte los problemas del hombre y la sociedad por sí sola.

Reacción a La Imaginación Sociológica

La Imaginación Sociológica es uno de los tratados de sociología más leídos y un


insumo básico de los cursos de licenciatura en sociología. El trabajo no fue bien
recibido en su tiempo, lo que puede ser visto como resultado de la reputación
profesional y personal de MIlls. Esto es en algún sentido apropiado dada la
naturaleza del trabajo de MIlls, modelada en torno a la biografía de los individuos,
sus acciones históricas y la relación con el resto de la sociedad en términos de
estructura, en cuanto a que la propia vida de Mills ha sido vista por los demás
como ilustrativa de su concepción de la sociología. Él tenía la esperanza de
conciliar los problemas de las personas con los problemas que enfrenta la
sociedad, enmarcando los problemas individuales con la realidad social, política e
histórica.3

Así, puede ser visto como un intento de crear una perspectiva tridimensional de la
sociedad, orientada a romper la brecha entre el ámbito público y el privado de la
sociedad, algo característico de la sociología de aquel tiempo. En esto, observa la
sociedad simultáneamente en términos macro y micro, a a la vez que intenta
combinar tanto las realidades sociales históricas como contemporáneas.3

Su trabajo fue ampliamente criticado en su tiempo por lo que se consideraron


ataques hacia la disciplina. Esto puede observarse en sus escritos donde critica
tanto la "inhibición metodológica" de lo que refiere como empirismo abstracto (es
decir, el trabajo de Paul F. Lazarsfield), así como lo que entiende como una
"fetichización de conceptos" de aquellos que Mills criticaba de "gran teoría", como
el positivismo del estructural funcionalismo de Parsons.3 Como tal, su trabajo no
fue bien recibido ni en Gran Bretaña ni en los Estados Unidos.

El concepto de imaginación sociológica ha sido utilizado en diversos ámbitos


dentro de la teoría social. David Harvey se inspira en la idea de Wright Mills, en su
libro Urbanismo y desigualdad social (1973), y propone hacer uso de la
imaginación espacial para poner en relación procesos espaciales y procesos
sociales en los análisis urbanos. Jock Young propone, en su libro La imaginación
Criminológica (2011), una inspiración similar para analizar las teorías sobre la
criminalidad.
TENDENCIAS CONTEMPORANEAS.

Augusto Comte fue el primero en utilizar la palabra Sociología, pero casi un siglo
después todavía no existía la disciplina como tal y como la conocemos ahora.
Weber utilizó la palabra en contadas ocasiones, mientras que Durkheim dedicó
una parte de sus esfuerzos a su institucionalización académica.

A pesar de todo, fue en Estados Unidos donde primero se consiguió esta


institucionalización. En las universidades norteamericanas el control de la
universidad no estaba tan centralizado como en las europeas, hecho que facilitó la
introducción académica de una disciplina todavía joven como la Sociología.
También influyó en ello la idiosincrasia del medio oeste americano, que,
caracterizado por una especial predilección por las preocupaciones de la vida
cotidiana, lucha por imponerse al tradicionalismo y al aristocratismo cultural del
este y a su orientación –igual que en el continente europeo- hacia el humanismo
clásico.

La llamada escuela de Chicago contó, desde buen principio, con presencia


organizada en revistas, asociaciones, etc. Durante las tres primeras décadas del
siglo XX, con el impulso de la escuela de Chicago, se publicaron textos, se
prepararon cursos, se impartieron conferencias y se escribieron tesis doctorales
bien dirigidas. El interés público por la Sociología aumentó y se crearon puestos
de trabajo para sociólogos como profesores universitarios, así como una
asociación profesional. La Sociología de Chicago se extendió por todo el país (y,
especialmente, por el medio oeste).

Estados Unidos: funcionalismo y empirismo

Durante los años treinta hubo una gran cantidad de científicos e intelectuales
europeos que, huyendo del nazismo, se instalaron en Estados Unidos. Durante el
transcurso de la mencionada década de los treinta la Escuela de Chicago continuó
siendo el centro de los estudios sociológicos en Norteamérica, aunque también fue
la década de su declive. Tanto sus técnicas de investigación como su perspectiva
teórica perdieron la preponderancia de la que habían disfrutado, y otros centros
pasaron a polarizar la sociología norteamericana. Este declive no fue sólo el
producto de la desaparición de sus grandes figuras, sino también del
apaciguamiento del tipo de problemas que habían centrado su atención
(inmigración, desorden urbano o marginalidad, entre otros).
El funcionalismo de Parsons y el empirismo de Lazarsfeld

Desde la Universidad de Harvard, Talcott Parsons (1902-1979) se erigió en el gran


focalizador de la Sociología del país. A partir de la publicación en el año 1937, de
La estructura de la acción social, su perspectiva teórica, el funcionalismo, se
convirtió en la perspectiva hegemónica en Estados Unidos y, por extensión, en el
mundo entero. Con este libro Parsons pretendía revisar las nociones de
autonomía y racionalidad individuales que fundamentan la teoría liberal utilitarista
y, todo esto en el marco del gran desconcierto que se produjo después del crac de
1929.

Parsons realizó una síntesis de los clásicos e intentó elaborar una teoría general,
abstracta hasta la exageración, que se convirtió en lo que se conoce como
funcionalismo o estructural funcionalismo. El sociólogo norteamericano
combinaba, en un difícil equilibrio, voluntarismo y explicación funcional.

El funcionalismo es, en el fondo, una adaptación a la Sociología del mecanismo de


explicación de la teoría de la selección natural darwiniana […] La Sociología
funcionalista, en una explicación análoga, analizaba cualquier institución social en
relación con su función para el mantenimiento del sistema social, es decir: la
sociedad.

Los discípulos de Parsons se repartieron por todo el país y durante treinta años el
sociólogo de Harvard fue la principal figura de la Sociología, y no sólo de Estados
Unidos, sino del mundo entero. El funcionalismo estructural fue el paradigma
hegemónico y, en este periodo, por primera vez se constituyó una sociedad
sociológica internacional.

El tipo de investigación empírica que había caracterizado la Escuela de Chicago


dejó de ser el modelo de referencia en el que se basaba todo el mundo. En la
época durante la cual tanto los mercados como los medios de comunicación
pasaron de ser locales a ser nacionales, apareció otro tipo de investigación
aplicada. Desde los años treinta la investigación se decantó hacia el análisis de la
comunicación de masas y los estudios de mercado. La etnografía y la entrevista,
característica de la Escuela de Chicago, fueron sustituidas por el sondeo, y los
destinatarios de la Sociología pasaron a ser las grandes corporaciones privadas
(medios de comunicación, empresas, etc.).

La institución de Harvard designada para impulsar la investigación aplicada, el


Laboratory of Social Relations, nunca cumplió las expectativas que se habían
depositado en ella. Fue la Universidad de Columbia (Nueva York) la que, gracias a
Paul Lazarsfeld (1901-1979) y al Bureau of Applied Social Research, se convirtió
en el auténtico epicentro de la investigación social norteamericana. Lazarsfeld
desarrollo aquella investigación basada en los sondeos y en las encuestas que
todavía hoy muchas personas identifican como sinónimo de Sociología. El Bureau
of Applied Social Research abrió sucursales en todo el país.

La Universidad de Columbia también fue sede de un ex alumno de Parsons,


Robert K. Merton (Filadelfia, 4 de julio de 1910-Nueva York, 23 de febrero de
2003). Padre del Premio Nobel de Economía 1997, Robert C. Merton), que acabó
convirtiéndose en la otra figura del funcionalismo. Merton desarrollo un
funcionalismo un poco menos abstracto, más preocupado por la relación entre la
gran teoría y la investigación empírica, demasiado a menudo muy alejadas la una
de la otra. Por este motivo reivindicó la importancia de lo que él llamaba teoría de
alcance medio, que se caracterizan porque unificaban hipótesis y uniformidades
empíricas que, de otra manera, aparecen disgregadas.

Merton también introdujo la distinción entre funciones y disfunciones, por una


parte, y funciones manifiestas y latentes, por otra. Un rasgo disfuncional es aquel
que, en lugar de colaborar en el mantenimiento del todo, lo entorpece. Una función
manifiesta es la que tiene consecuencias para una unidad específica (el individuo,
el grupo, la sociedad, etc.) y que es el motivo consciente de los individuos y, por lo
tanto, posee un carácter objetivo (función) y subjetivo (motivación). La función
latente, en cambio, sólo presenta el carácter objetivo (función), pero no forma
parte de la motivación consciente de lo individuos.

Al mismo tiempo, algunos alemanes de la llamada Escuela de Frankfurt que


emigraron a Estados Unidos aportaban un contrapunto a esta Sociología
norteamericana dominante. Representaban la herencia europea de Marx y Freud
y, en el marco de su crítica al capitalismo, cargaban contra la especulación técnica
y la falta de espíritu de la ciencia social norteamericana.

Para la Escuela de Frankfurt se entiende el grupo de estudiosos del Institut für


Sozialforschung. Su producción intelectual se acostumbra a denominar teoría
crítica, y tiene sus raíces en una revista crítica del marxismo. El Institut fue
fundado en 1923, pero con el nazismo se obligado a cerrar, y a la mayor parte de
sus figuras emigraron. Su destino final, después de pasar por París y diferentes
universidades norteamericanas, fue el Institut of Social Research de Nueva York.
En 1950 el Institut für Sozialforschung reformó sus actividades de Frankfurt.

Los nombres más conocidos son Max Horkheimer (1895-1973), Theodor Adorno
(1903-1969) y Herbert Marcuse (1898-1073), Erich Fromm (1900-1980) y Walter
Benjamín (1892-1940), que se suicidó en Portbou cuando huía de los nazis en el
año 1940, también formaron parte del Institut, aunque sólo temporal o
indirectamente. Jürgen Habermas (1929), en activo actualmente, es heredero del
Institut, aunque con una orientación que rodeaba a Adorno y Horkheimer
consideraba la orientación del Habermas consideraba no sólo ajena, sino incluso
hostil a la institución).

La derrota del funcionalismo

Ya desde el principio el funcionalismo ha tenido tres críticos, aunque su


hegemonía había sido notable. Su declive no empezó hacia los años sesenta,
cuando el estado de bienestar aumentó fuertemente la demanda de investigación
social. El Estado necesitaba información sobre el resultado de sus políticas, y una
Sociología que le respondía que todo era “funcionalmente interdependiente” no le
servía de nada. La misma evolución teórica de Parsons también espoleó las
críticas. De esta manera se llegó al final de la convergencia teórica que, de algún
modo, había sido proporcionada, por una parte, por el clima de unidad interna
creado durante la Segunda Guerra Mundial y la guerra fría y, por la otra, por la
profesionalización en la que estaba entrando al Sociología.

En el año 1959 el sociólogo norteamericano Charle Wright Mills (1916-1962)


publicó La Imaginación sociológica, libro en el que atacó la sociología de su país
porque era o bien una “gran teoría”, como la producción extremadamente
abstracta y conceptual de Talcott Parsons, o bien un “empirismo abstracto”,
referente a las investigaciones meramente estadísticas de la mayor parte de la
sociología norteamericana liderada por el modelo de Columbia. Wright Mills, que
murió en 1962, se considera un sociólogo radical que dirigió sus ataques a las
elites y a los grandes intereses que manipulan al “hombre común”. Aunque no
estuvo vinculado con ningún grupo político, su pensamiento influyó sobre la nueva
izquierda norteamericana.

Con la aparición de los nuevos departamentos de Sociología en universidades del


oeste como UCLA (Los Ángeles) o Berkeley (San Francisco), tanto Harvard como
Columbia perdieron su hegemonía y empezaron a aparecer perspectivas críticas
con el funcionalismo. A la vez que el consenso social de la guerra fría dejaba paso
a las protestas por la guerra de Vietnam y a la emergencia de nuevos movimientos
sociales (feminismo, pacifismo, derechos civiles, etc.), en Sociología se creó un
nuevo consenso, no sobre la validez de una nueva perspectiva, sino sobre la
inviabilidad del paradigma funcionalista.
La explicación funcional del funcionalismo estructural cayó por su propio peso, ya
que, si bien en Biología el mecanismo de la selección natural hace viable este tipo
de explicación. En Sociología nunca se había explicitado un mecanismo análogo
que la justificase.

Paralelamente a la pérdida de importancia de la teoría funcionalista, tuvo lugar una


transformación en la investigación empírica. De la investigación con
responsabilidad privada y local propia de los estudios de mercado y de
comunicación de masas que habían caracterizado a Columbia se pasó –como
consecuencia de las demandas del estado de bienestar- a una investigación con
responsabilidad pública nacional. La investigación en políticas públicas (social
policy research) aumentó de una manera espectacular y, a diferencia de las dos
etapas anteriores de la investigación social (predominio de Chicago primero y de
Columbia después), esta nueva fase se caracterizó por la dispersión y la ausencia
de un centro focalizador.

Los grandes temas de la Sociología actual: cultura, educación e identidad

Hemos visto que desde el periodo funcional de la Sociología, en el que los


clásicos sentaron las bases de la disciplina, el panorama se ha ido haciendo cada
vez más complejo. La multiplicación de especializaciones y perspectivas teóricas
ha desintegrado cualquier unidad posible en más fragmentos de los que es posible
controlar.

Por eso este apartado presenta como punto de partida la renuncia a ofrecer una
visión comprensiva o representativa de lo que ha sido la Sociología desde los
clásicos hasta ahora. En lugar de ofrecer al lector un inventario, nos limitaremos a
ilustrar mediante ejemplos el tipo de aportaciones con las que puede contribuir la
Sociología.

Como ya advertíamos en la introducción, para enfatizar la conexión entre


Sociología y modernidad, organizaremos este ejercicio a partir de los tres
elementos del lema de la Revolución Francesa: la libertad, la igualdad y la
fraternidad.