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Si la filosofía es el amor a la sabiduría, ¿Que tan buenos filósofos somos?

¿Qué tan preocupados estamos, por el


buen conocimiento propio y del otro? ¿Cuál es nuestro rol como futuras maestras? Son un sin fin de preguntas
y cuestionamientos que nos inquieta cada día frente a la incesante ola de problemáticas presentes en nuestra
sociedad, por falta de conocimiento, afecto y humanidad unos con otros, pero pese a todo esto, es necesario
comenzar a creer en que el cambio si es posible y está a la luz de la razón y la realidad vivida, desde nuestra
cotidianidad en donde podemos aprender a ser buenos filósofos valorando y apoyando a nuestros padres,
hermanos, vecinos, amigos, hijos, pareja desde ejemplo y la orientación de conductas propias que afiancen la
armonía y el bienestar unos con otros.

Haber decidido ser maestro

Cuando una persona decide

dedicarse a la enseñanza,

sabe que para dar hay que

tener; por lo que el Maestro

trata de tener mayores

conocimientos y así poderlos

impartir. El Maestro busca y

sigue las enseñanzas de los

grandes Maestros, tratando de

seguir sus pasos. Los grandes

Maestros siempre tuvieron

una filosofía sobre la

educación. ¿Y cuál es el

objetivo que se persigue al

educar?

Lo que el Maestro trata es de

dar a sus alumnos todos los

conocimientos posibles, para


que vivan una vida mejor. Un

hombre racional y razonable

se conducirá con mucho

mayor dignidad y respeto, que

un individuo que se deja llevar

irreflexivamente por sus

emociones o sus impulsos.

Un hombre que se conoce a sí

mismo y al mundo que lo

rodea hará buen uso de sus

capacidades físicas, mentales

y ambientales. La meta del

Maestro es el mejorar la

conducta humana por medio

de la razón, la lógica y la

acción. El Maestro puede

inclinarse por alguna filosofía

educacional específica,

siempre y cuando ésta

prometa traer consecuencias

y resultados favorables para

las nuevas generaciones.

Todo Maestro debe buscar y

adoptar la filosofía que a su


criterio beneficie más al

mayor número de individuos, y

desde luego; aplicará el

sistema o filosofía

educacional más adecuado

para apoyar sus enseñanzas.

Cada Maestro puede también

adoptar lo mejor de cada

teoría filosófica, y de este

modo puede impartir sus

conocimientos, para que éstos

sean comprendidos y

aplicados en la vida, y según

las circunstancias

prevalecientes en cada

situación.

La meta, la finalidad, es

siempre la de lograr la

superación individual y

colectiva, para que el hombre

cada día viva mejor y

aproveche su potencial, así

como la cultura que ha

heredado de sus antepasados.


Según Lipman1 “Si la filosofía tiene un talón de Aquiles, parece que sería el área de la preparación del
profesorado… La enseñanza de la filosofía exige profesores que estén dispuestos a examinar ideas, a
investigar a través del diálogo y a respetar el espíritu de los niños que están aprendiendo.”

https://www.youtube.com/watch?v=xHmO_wuv278

1
Lipman, M., Sharp, M & Oscayan, F. (1992). Filosofía en el aula. Madrid: Ediciones de la Torre