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ANSCOMBRE Y DUCROT Y LA TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN

La siguiente teoría introduce una nueva perspectiva no solo desde el punto de vista del objeto
estudiado, sino también desde la tradición lingüística en que se enmarca; como hemos visto
ya en capítulos anteriores algunas teorías pragmáticas ponían el énfasis en caracterizar las
condiciones de emisión que determinan el tipo de acto ilocutivo realizado por un determinado
enunciado en una situación comunicativa, vimos también cómo otras se centran en el estudio
de contenidos que un enunciado puede transmitir de manera implícita. Todas ellas tienen algo
en común y es que representan puntos diferentes dentro de la línea fundamental del
desarrollo de la pragmática anglosajona; entonces al decir que el presente capítulo nos trae
una perspectiva diferente, nos referimos a que en la pragmática anglosajona es importante el
contexto de situación mientras que en la pragmática francesa que es donde ubicamos a
Anscombre y Ducrot mira directamente al texto, todo lo trae la lengua, la estructura lingüística
nos da todo, entonces para qué ir a un contexto?

La teoría de la argumentación concibe la naturaleza del lenguaje como esencialmente


persuasiva, esto es, orientada a conducir al receptor hacia el punto de vista desde el que el
emisor presenta la información en su discurso; trata de comprender el lenguaje corriente
desde los argumentos que emplean los hablantes cuando arman discursos, se trata pues de
ver la relación entre las oraciones y su forma lingüística en el momento de argumentar.

El punto central de la teoría va a ser mostrar cuales son los elementos, las reglas y principios
que determinan la organización externa y la interpretación de las argumentaciones. Algo
importante a resaltar es que a través de esta teoría intentan mostrar que el lugar idóneo para
tratar tales fenómenos es una semántica ampliada, que abarque también la pragmática.

¿Qué es argumentar?

Argumentar, en un sentido lógico es un razonamiento, es decir, tres premisas que llevan a


una única conclusión, la cual no puede cambiar en ningún punto, pues está establecida por
las premisas.

- a.Todos los hombres son mortales.


b. Sócrates es un hombre.
c. Luego Sócrates es mortal.

De esto partimos con la teoría de ambos autores, quienes se acercan más a la argumentación
discursiva, que, retóricamente hablando es dar razones a favor de una conclusión. Admitiendo
los enunciados para llegar a una o varias conclusiones. No se trata de tomar las conclusiones
como falsas o verdaderas, sino, de admitir que por medio de los enunciados se llega a una
conclusión sin importar su veracidad.

- a.No tengo ganas de seguir estudiando: voy a dar una vuelta.


b. No tengo ganas de seguir estudiando, son las cinco de la tarde y, además, hace
calor: voy a dar una vuelta.
c. No tengo ganas de seguir estudiando, son las cinco de la tarde y, además, hace
calor: me prepararé una copa bien fría.
Marcadores argumentativos

Ya hemos dicho que la teoría de la argumentación se ocupa de los medios lingüísticos


explícitos de que puede valerse un hablante para orientar argumentativamente sus
enunciados, esos mismos medios dan al destinatario las instrucciones que le servirán de guía
a la hora de construir su interpretación. Los elementos lingüísticos que sirven para marcar la
orientación argumentativa de un enunciado reciben el nombre de marcadores
argumentativos. La teoría distingue dos tipos fundamentales de marcadores:

- Operadores argumentativos: los que afectan un único enunciado, es un morfema


que modifica el potencial argumentativo de su contenido, es decir, al utilizar un
determinado enunciado como argumento queda modificado en muchos casos de
forma restringida por la adición del operador argumentativo, ejemplo:

Son las ocho


No son más que las ocho.

En los dos enunciados anteriores, ambos afirman que son las ocho, sin embargo, en
el enunciado b con la adición del operador argumentativo no mas que se restringen
los encadenamientos posibles, mientras que el enunciado a al ser
argumentativamente neutro, admite continuaciones, ejemplo:

a) Son las ocho. Tenemos que darnos prisa.


Son las ocho. No debemos darnos prisa.

b) No son más que las ocho. Tenemos que darnos prisa.


No son más que las ocho. No debemos darnos prisa.

- Conectores argumentativos: es un morfema (adverbio, locución, conjunción


subordinante o coordinante…) que enlaza dos o más enunciados. Estos a su vez se
clasifican en base a ciertos criterios:

a) Función: hay que tener en cuenta que no todos los conectores cumplen la
misma función dentro del contenido de los enunciados, en algunos casos
pueden introducir al argumento o también pueden dar paso a la conclusión.

Ejemplo: Como no me apetece seguir estudiando, me voy a dar una vuelta.


No me apetece seguir estudiando, así que me voy a dar una vuelta.

Vemos en los dos ejemplos anteriores que el contenido de ambos enunciados


es el mismo, sin embargo, la función del conector señalado es diferente en
cada una, en el caso del primer ejemplo el conector “Como” sirve para
introducir el argumento, mientras que en el segundo, el conector “Así que” sirve
para dar paso a la conclusión del enunciado.
b) Valencia: se entiende la necesidad de un núcleo de combinarse con un
determinado número de elementos exigidos por él. Hay conectores que
necesitan dos elementos “Valencia 2”, mientras que otros pueden necesitar
hasta tres elementos “Valencia 3”.

Ejemplo: Me gusta el piso, es amplio y además parece luminoso.

“Conclusión, argumento, conector, argumento” = Valencia 3

c) Orientación: esto es la orientación argumentativa de los elementos que


enlazan, cada conector proporciona instrucciones bastante precisas sobre la
interpretación que debe hacer el destinatario. Dos argumentos están
coorientados cuando van en la misma dirección argumentativa, en cambio, si
los argumentos van en direcciones diferentes, se dicen que van
antiorientados.

Todo enunciado tiene una capacidad argumentativa, es decir, por su significado favorece una
serie de conclusiones y dificulta otras, por ello, los enunciados son analizados como
argumentos que apoyan una determinada conclusión. Por ejemplo: el enunciado "Es
abogada", implica pragmáticamente que una conclusión del tipo -Se pasa todo el día en los
juzgados, y otra en cambio, puede que -No pase todo el día en el juzgado.

Enunciado: Es abogada
Conclusión 1: Se pasa todo el día en los juzgados
Conclusión 2: No pasa todo el día en el juzgado

Viendo las dos conclusiones anteriores nos damos cuenta que la conclusión número 1
mantiene la orientación argumentativa del enunciado, pues es una conclusión inferible del
argumento, mientras que la conclusión número 2 es un tanto extraña; podemos decir
entonces que el enunciado y la conclusión 1 están coorientados argumentativamente, en
cambio la conclusión 2 es antiorientado argumentativamente en relación con el enunciado
pues no es una conclusión que se infiere de él.

Las Escalas argumentativas y los Topoi

Como se dijo previamente, en la argumentación discursiva se pueden utilizar diferentes


enunciados para apoyar una misma conclusión. Pueden estar relacionados entre sí, lo que
genera una clase argumentativa; esto nos permite clasificar los enunciados de mayor a menor
según su fuerza. Al ordenar una clase argumentativa, se le considera una escala
argumentativa.

La relación argumento-conclusión está asegurada por un tópico que es a menudo implícito,


la coherencia del enunciado y la conclusión 1 se apoya en el tópico siguiente: “En general los
abogados trabajan en contacto con los tribunales”; el razonamiento argumentativo utiliza
tópicos “Topos”, lugares comunes que se suponen admitidos por una sociedad y que
establecen ciertos vínculos pragmáticos entre enunciados.
Un tópico es, pues, un instrumento lingüístico que define la adecuación de los enunciados,
es decir, lo que es adecuado como continuación a una determinada frase. Estos vienen de
nuestra cultura, por ejemplo cuando relacionamos el trabajo pesado con un obrero o cuando
relacionamos la inteligencia con la universidad; son topos que la sociedad ha creado, pero
que no siempre son verídicos, por tal motivo, un topoi llega a persuadir al destinatario pues,
estos están tan arraigados en nuestra sociedad que pueden afectar cualquier decisión. En
este punto podemos retroceder un poco y darnos cuenta de la diferencia principal entre la
argumentación lógica y la discursiva, que es la veracidad de los argumentos, ya que en un
argumento lógico no podemos usar un topoi pues, no sería válido el silogismo.

Los elementos lingüísticos que orientan el potencial argumentativo de los enunciados son:
Conectores argumentativos, que operan como:
- introductores de argumentos
Porque, puesto que, además, incluso, pero, sin embargo
- introductores de conclusión
Asi pues, por lo tanto, por consiguiente, entonces, por eso, por lo cual