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Kierkegaard

Diario de un seductor

“Incluso las palabras más insignificantes,


leídas en determinados momentos,
cobran especial importancia.”

La realidad es lo cotidiano, lo que vemos todos los días, pero, hay algo mas que la realidad, una
segunda realidad, que emerge de la naturaleza y de eso que Prometeo dio al hombre, eso que ya
en su tiempo noto Leonardo Da Vinci y Describió en su “tratado de la pintura”, ese juego que
hacen la mano y el ojo, pero agregando un tercer elemento para hacer algo que ya el
romanticismo alemán y shiller habían dicho también, la estética. Kierkegaard habla al inicio de
su texto de esa segunda realidad desde un diario que evoca a la poesía, poesía que lleva a una
segunda realidad, una realidad que esta en nuestra vida cotidiana, pero que tiene un doble
placer un placer egoísta incluso narcisista. El don Giovani de Kierkegaard vive en dos mundos
al mismo tiempo, por un lado, su cuerpo tiene presencia en la realidad, una realidad que vive se
desdobla en en una segunda y mas elevada que lleva al mundo de lo poético, pero que al mismo
tiempo depende de la primera, en primer instante porque se tiene que estar presente, pues el
estar presente la parte subjetiva vive, siente, experimentan las emociones esteticas de ser el
protagonista de lo que el cuerpo y la mente están experimentado, pero en un segundo momento
se desdobla una realidad aumentada diría yo, del gozo narcisista de haber protagonizado y
saber que en la mente se puede vivir y revir el momento, es como una obra de teatro de la que
Don Giovani es protagonista pero ahora, en su mente, en donde el y solo el se sabe y puede ser
participe al tiempo que se es espectador de una obra de teatro que puede repetir y repetir a su
antojo.

Don Jovani no pertenecía a su realidad, constantemente se acercaba a la realidad solo


por estímulos, estímulos que después llevarla a ese segundo plano poético y estético, plano que
después describiría Cordelia:
“ella lo percibe estéticamente […] unas veces era tan espiritual, que yo, como mujer,
me sentía anonadada; otras, tan impetuoso, apasionado y seductor, que casi temblaba
ante el […] de repente desaparecía completamente y yo abrazaba simplemente unas
nubes”

Kierkegaardjuega con dos planos constantemente, por un lado, el plano de lo mundano, lleno
de gozo y pasión erótica (que no necesariamente llega a lo sexual) donde una y otra persona
conviven y participan de este contacto pasional, sensual y erótico, que puede o no llegar al acto
sexual, pasar de lo sublime del cortejo a lo bello del acto sexual. Para finalmente revivirlo por
medio de cartas y el diario al plano de lo poético y regresarlo de nuevo a lo sublime, a lo
sublime de la subjetividad.

Por otro lado, lo aterrador que es saber que eso que sucedió no entre ellos no es ni fue nada,
nada que se pueda dar, es basicamente algo en la clandestinidad, clandestinidad de la que es
participe una tetrcera persona pero que esta atrapado al tiempo que don Juan y Cordelia pues
ninguno de los 3 puede confesar lo que sabe o… no sabe, pues ninguno tiene certeza lo que
pasa en la mente del otro, solo se dan ideas por miradas (en el caso de Don Juan y Cordelia)

“Si no me reconoce ya buscaré yo la ocasión de mirarla de reojo como la primera vez, y estad
seguros de que recordará la situación. Nada de impaciencia, nada de voracidad, todo ha de
gozarse tirando y atrayendo lentamente. […] El que lucha desde lo lejos no tiene, en general,
otras armas que las de sus ojos.”

Y peor aun, en el caso de la persona que encontró e diario y nos transcribe las cartas, pues no
puede decir nada a Don Juan sobre lo que sabe de ambas personas, no, el se encontro con las
cartas a modo, pues fueron confiadas a el… pero el diario, el diario llego a el de forma
incomprensible, el estuvo ahí casi por azar, por un descuido de este Don Juan

El hombre del monólogo se explica a sí mismo: “sabes que me gusta muchísimo hablar
conmigo mismo porque buscando entre todos mis conocidos, encontré que yo era la persona
más interesante”, es el hombre narcisista de la inmediatez, que se busca a sí mismo en todo
detalle existencial, y que llega incluso a la egolatría. “Las gentes, cuando hablan de mí, suelen
decir que estoy enamorado de mí mismo. Y esto yo lo encuentro completamente lógico”. Juan
es el prototípico mentiroso; es simultáneamente un actor y un espectador de sus acciones y de
su vida, pues siempre anda representando papeles y escenificando su vida para sí mismo y para
el mundo, de ahí que la mundaneidad y la superficialidad sean sus características externas y
que en cada situación encarna el personaje que le parece más adecuado; pero sobre todo es el
tipo de la máscara de la mentira y de la ocultación, que hace uso permanente del disfraz en su
vida: “Todo es símbolo y yo mismo me considero como un mito”, escribe en Diario de un
seductor. La inmediatez no permite el reconocimiento del otro: en su proximidad inmediata el
otro es visto como un no-yo, como un medio de llegar a la autosatisfacción.

En definitiva, el seductor que describe Kierkegaard se nos presenta desde la vertiente de la vida
infracreadora que representa la actitud de “jugar” con las personas sin crear con ellas ningún
lazo de compromiso personal. Manipulador de sentimientos nobles, hombre sin escrúpulos, que
no repara en el sufrimiento angustioso y trágico que provoca en los demás. Todo ello nos lleva
a afirmar que la esencia de la manipulación es la auténtica clave del personaje.

Finalmente Don Giovanni representa el poder seductor que encierra la entrega de la seducción
inmediata y e la exaltación vital, y esto no se ve, se oye. Tanto Don Giovanni como Juan el seductor
encarnan pues al tipo de persona que cultiva en exclusiva las formas de la existencia inmediata vacía de
contenido, la vida considerada como un conflicto permanente entre el cuerpo y el espíritu, entre la
inmediatez y la relación escindidas, sin posible integración entre ambas.