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Debo hacer algunas precisiones sintéticas respecto al control de

constitucionalidad y luego culmino con el comentario del foro sobre la


intervención de nuestra colega Tania Meneses Mendoza. En el ordenamiento
constitucional peruano se han previsto los dos principales sistemas de control de
la constitucionalidad de las normas: el llamado control difuso y el control
concentrado, se trata de un modelo dual o paralelo. Por el primero los
magistrados del sistema judicial tiene la potestad de inaplicar una norma
incompatible con la constitución, “[e]n todo proceso, de existir incompatibilidad
entre una norma constitucional y una norma legal, los jueces prefieren la primera”
(artículo 138 CP). A diferencia de este sistema de control que es atribuido a todos
los jueces, el encargo de revisar la constitucionalidad de las leyes está fijado en
un solo órgano, en el caso peruano, en el Tribunal Constitucional. La constitución
ha previsto los mecanismos para ejercer el control constitucional, pero como lo
explicamos en el foro, no puede limitarse su aplicación solo a este tipo de control,
sino cómo quedarían las normas de derechos humanos de la convención. En el
caso Almonacid Arellano y otros Vs. Chile, la Corte Interamericana ha
señalado lo siguiente: “la Corte es consciente que los jueces y tribunales
internos están sujetos al imperio de la ley, por ello están obligados a aplicar
las disposiciones vigentes en el ordenamiento jurídico. Pero cuando un
Estado ha ratificado un tratado internacional como la Convención
Americana, sus jueces como parte del aparato del Estado, también están
sometidos a ella, lo que les obliga a velar porque los efectos de las
disposiciones de la Convención no se vean mermadas por la aplicación de
leyes contrarias a su objeto y fin, y que desde un inicio carecen de efectos
jurídicos”. Aun cuando el ordenamiento constitucional ha regulado los
mecanismos de control de constitucionalidad, para los jueces y el tribunal
constitucional, no es suficiente ceñirse a las normas internas mientras está
vigente un tratado de derechos humanos, el control de convencionalidad es
aplicar las normas internas, entre ellas la constitución pero acorde con las
disposiciones de la Convención y la interpretación que de estas ha hecho la
Corte Interamericana, incluso si los casos no corresponden a nuestro Estado1.
En este sentido, la opinión de la colega sobre el supuesto mayor rango que no

1
Así ha dejado establecido las sentencias de la Corte Interamericana en el caso Mendoza y otros Vs.
Argentina, Caso Almonacid Arellano Vs. Chile, caso Trabajadores Cesados del Congreso Vs. Perú, y otros.
tiene la convención es discutible, en mi concepto, implícitamente las
disposiciones sobre derechos humanos son de mayor rango y la convención
forma parte del corpus iuris convencional de los derechos humanos de lo que
es parte el Estado, entonces las normas internas no pueden prevalecer sobre la
convención, el propósito es que los Estados adecúen su norma interna a la
convención, ya sea suprimiéndolas o desaplicarlas, de acuerdo a las
competencias y las regulaciones procesales de los órganos de justicia. Si bien
no existe norma expresa que regule el rango, pero hay suficiente jurisprudencia
de la Corte Interamericana al que debemos ceñirnos.