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Rafael Serrano

Un nuevo libro de Peter Gay

Publicado en México, en 1992, por el England Institute for Psychoanalysis),


Fondo de Cultura Económica, el año pasa­ cuya impronta resulta muy notable en sus
do se comercializó en España un volumi­ últimos trabajos.
noso texto del historiador norteamericano Peter Gay se ha decantado principal­
Peter Gay -La experiencia burguesa. De mente por el estudio de épocas o de
Victoria a Freud-, que por su interés y ori­ momentos en la vida cultural (también de
ginalidad, así como por su afinidad con los figuras individuales) particularmente vivos
temas que aborda esta revista, nos propo­ y agitados, y por consiguiente, de gran
nemos comentar. Convendrá, sin embargo, riqueza intelectual. Si hubiera que estable­
previamente, efectuar un bosquejo de la cer el marco cronológico en el que el autor
personalidad intelectual de su autor y un se ha movido fundamentalmente, éste se
comentario de su producción bibliográfica, situaría entre mediados del siglo XVIII y el
en especial de aquella que se ha vertido al primer tercio del siglo XX. El fenómeno de
castellano. la Ilustración, por una parte, y la profunda
Peter Gay nació en Alemania en 1923, mutación cultural ocurrida en Europa en
en los agitados, pero muy fecundos años de los primeros decenios de nuestro siglo -y
la República de Weimar, un experimento en la que la invención del psicoanálisis ha
de modernización política de la realidad sido un elemento esencial- han constitui­
germana que por desgracia no llegó a cua­ do, en buena medida, los dos polos de su
jar, y abandonó su patria, huyendo del trabajo como investigador de la cultura.
nazismo, en 1939. Se estableció en los Sus primeros ensayos se centraron en la
Estados Unidos en 1941 siendo allí donde Ilustración, pudiendo citarse Voltaire's
realizó sus estudios superiores (en las Politics: The Poet as Realist (1959), así
Universidades de Denver y Columbia) y como The Party of Humanity: Essays in the
donde ha desarrollado toda su vida intelec­ French Enlightenment (1964), o The
tual: es ciudadano norteamericano desde Enlightenment: An lnterpretation, por el
1946. Profesor universitario en prestigio­ que le fue concedido en 1967 el National
sas universidades (desde 1969 imparte Book Award (Premio nacional de ensayo).
docencia en la de Yale, en la especialidad Que nosotros sepamos. ninguno de estos
de Humanismo contemporáneo), se ha trabajos, que le sitúan como uno de los
dedicado fundamentalmente a la historia estudiosos principales del fenómeno ilus­
de la cultura, habiendo escrito importantes trado, ha sido traducido al español. Sí 10 ha
ensayos en este campo, a los que luego nos sido. en cambio -aunque pasó enteramente
referiremos, y siendo coeditor de una nota­ desapercibido en su momento-, un ensayo
ble colección, The Columbia History of the que aborda el otro polo cronológico que ha
World. Otro dato que debe conocer el lec­ centrado sus preocupaciones intelectuales,
tor, puesto que permite aclarar algunas de los primeros decenios de nuestro siglo: nos
sus preferencias temáticas y de sus enfo­ referimos a La cultura de Weimar. La
ques históricos es su formación psicoana­ inclusión de lo excluido (Barcelona.
lítica (es graduado por el Western New Argos-Vergara. 1984, traducción de Nora
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Catelli), un breve y enjundioso texto publi­ logros culturales, tan coherentes con el
cado originalmente en inglés en 1968, en el espíritu de la República de Weimar y tan en
que P. Gay trata de rescatar para el lector la línea de la modernidad, se desarrollarían
una etapa de gran condensación histórico­ otras tendencias en el pensamiento alemán
cultural en la que, entre los restos de un (se ocupa en especial de la historiografía,
mundo que se había desvanecido con la de la filosofía) que iban a posibilitar inte­
primera Guerra Europea (lo que resultaba lectualmente el posterior nacimiento del
muy patente en el caso de la Alemania ven­ nazismo. Sagazmente el autor interpreta
cida y humillada en los tratados de estas tendencias, así como una serie de
Versalles) y en que la perspectiva de una movimientos juveniles que surgieron en
revolución comunista constituía algo muy estos años, como una especie de reacción
tangible y próximo, la proclamación de la contra la modernidad, como un deseo
República a finales de ]9] 8 en una locali­ vehemente e irracional de unidad frente a
dad tan llena de connotaciones culturales la característica fragmentación propia de la
como era Weimar, permitió un coherente cultura de esa época.
despliegue de los muchos talentos que resi­
Aunque esta obra conecta en escasa
dían entonces en Alemania -como se pon­
medida con las temáticas y el método his­
dría de manifiesto más tarde, con el fenó­
toriográfico que el autor ha tratado en sus
meno del exilio, del que el propio Gay
últimos libros, merecía esa breve rendición
sería una precoz muestra-, abarcando de
de cuentas por cuanto permite apreciar la
manera muy brillante toda una serie de
amplísima cultura de Peter Gay (basta con
campos como la arquitectura y las artes
echar un vistazo a la extensa bibliografía
aplicadas -la Bauhaus-, las artes plásticas
que maneja y comenta) así como su capaci­
-el expresionismo-, la cinematografía, la
dad de emitir lúcidos análisis tanto de figu­
literatura, la sociología, el psicoanálisis, la
ras individuales como de corrientes más
ciencia política, etc.
generales, que le permiten enunciar un
Se advierte con claridad que el autor
diagnóstico original de la etapa cultural
simpatiza con este proyecto de moderniza­
estudiada. Un diagnóstico positivo, que no
ción política y social que supuso la
oculta su militancia antinazi y a favor de
República de Weimar, sin duda alguna una
opciones política y socialmente progresis­
experiencia de neto carácter progresista en
tas.
el contexto europeo occidental (no en vano
su constitución, aprobada en 1919, influyó Otra de sus obras traducidas a nuestra
mucho sobre la española de 1931) que, lengua ha sido su monumental Freud. Una
pese a suscitar pocas adhesiones fervorosas vida de nuestro tiempo (Barcelona, Paidós,
en un país desgarrado entre la añoranza de 1989; versión de Jorge Piatigorsky; prime­
un destino imperial frustrado y esa pers­ ra edición en inglés: Nueva York, 1988). Es
pectiva revolucionaria antes comentada fue un texto que merece que nos demoremos
una alternativa interesante de política un poco en él tanto porque a nuestro juicio
racional que, en el caso de haber arraigado, se vincula muy estrechamente con la obra
habría ahorrado múltiples sinsabores al que motiva esta nota bibliográfica como
pueblo alemán y a otros países europeos. porque ha sido saludado como una contri­
Pero al tiempo que se abrían paso esos bución capital dentro del muy vasto con­
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junto de trabajos consagrados al fundador nas y de su considerable formato, el texto


del psicoanálisis. de P. Gay se nos aparece como una biogra­
A juzgar por lo que sabemos de sus últi­ fía muy penetrante y concentrada en aque­
mas obras publicadas, resulta evidente que llos pasajes de la vida de Freud que poseen
P. Gay ha desplazado su foco de atención un significado en relación con su trayecto­
(desde aproximadamente 1970) hacia la ria intelectual y afectiva y con la dolorosa
propia figura de Freud, sobre la que ha gestación de su teoría, así como -yen esto
escrito otro texto además de esta biografía: se nota claramente su formación de histo­
A Godless Jew: Freud, Atheism and the riador-, en las concretas circunstancias
Making of Psychoanalysis ( 1987) en históricas en las que transcurrió su existen­
donde el autor hace énfasis en su calidad cia. Esa concentración y, en definitiva, esa
de descendiente de la Ilustración ~ y por economía en la práctica del género biográ­
otra a la utilidad del método psicoanalítico fico se nos muestra como una diferencia
en el campo de la historia, ya sea en forma con el texto de Jones, más disperso, más
de una exposición de las ventajas y límites anecdótico aunque evidentemente mucho
del mismo (Freud for Historians, 1985) o más rico en información de toda índole
bien como aplicación empírica a una deter­ acerca de Freud. Pero, insistimos, los epi­
minada época. la victoriana. que es lo que sodios esenciales de su vida, las relaciones
ha comenzado a hacer en La experiencia afectivas más determinantes, u otros deta­
burguesa. De cualquier modo, la presencia lles que resultaron decisivos así como los
del psicoanálisis como temática histórica o componentes del escenario sociocultural
como enfoque eficaz para abordar el estu­ vienés o europeo que verdaderamente
dio del pasado parece que se han converti­ tuvieron influencia sobre él. aparecen pre­
do en elementos predominantes en su acti­ sentados e interpretados con nitidez y pre­
vidad última. cisión, todo en orden a presentar una visión
No somos nosotros los más preparados novedosa de la dimensión humana y cien­
para establecer qué aporta esta biografía de tífica de uno de los padres fundadores de la
Freud a la inagotable parcela de estudios modernidad.
sobre su figura, pero intentaremos señalar Esa novedad proviene probablemente
algunos de los méritos que se nos han no sólo de la aplicación del método psico­
hecho presentes a partir de su lectura así analftico al estudio del propio personaje
como algunas diferencias a su favor que como se señala en el prefacio. sino a la
creemos advertir comparándola con la bio­ renuncia a cualquier tipo de actitud hagio­
grafía canónica del creador del psicoanáli­ gráfica al encarar su figura. sacando a la
sis. la de su discípulo y miembro del luz determinados aspectos de sus pasiones,
«Comité» formado en vida de Freud para de su inconsciente que el propio Freud
preservar el núcleo de su aportación cientí­ púdicamente no llegó a desvelar -pese a
fica contra posibles desviaciones o mixtifi­ reconocerle Peter Gay su coraje moral al
caciones, Ernest Jones (Vida y obra de poder poner por escrito una buena parte de
Sigmund Freud. Barcelona. Anagrama. su vida más íntima y tomarse a sí mismo
1970~ edic. abreviada de L. Trilling y S. como materia principal para dar los pasos
Marcus. 3 vols.). decisivos en la formulación de su teoría
A pesar de sus más de novecientas pági­ acerca del papel de la sexualidad-; o rein­
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terpretando pasajes de sus obras (en los naje hacia el que, por otra parte, es claro
que él aparecía personalmente involucra­ que siente una admiración profunda y sere­
do) o de su correspondencia, que en su opi­ na y del que reconoce sin paliativos su ex­
nión encerraban una mixtificación o un jui­ cepcional calidad intelectual y moral. Es
cio erróneo por parte del maestro. El dis­ una obra, por tanto, muy equilibrada, en
tanciamiento respecto de su objeto de estu­ que el distanciamiento respecto del biogra­
dio, característico del historiador profesio­ fiado se combina con una adhesión esen­
nal, facilita a Gay adoptar esa visión no cial al mismo, cualidades que subrayan el
hagiográfica. Es interesante en ese sentido acierto de P. Gay al encarar a Freud con un
la atención particular otorgada al «sueño método que intenta fundir psicoanálisis e
de la inyección de lrma», considerado fun­ historia, aliándose ambas disciplinas en el
damental de cara al dominio de la interpre­ común objetivo de levantar el velo sobre
tación de los sueños pero en el que Freud facetas insuficientemente exploradas de su
dejó en la penumbra una serie de aspectos existencia.
que encubrían un reproche a la actuación El texto, además, satisface con creces
profesional de su amigo Fliess, su interlo­ los requisitos de un trabajo académico,
cutor privilegiado y casi único en esa etapa particularmente puntillosos en un terreno
de «espléndido aislamiento» en que Freud como el de la historia del psicoanálisis en
puso las bases del psicoanálisis. que, al igual que ocurre con otras doctrinas
Gay tampoco incurre, no obstante, en portadoras de visiones radicalmente nove­
ese otro defecto bastante común entre dosas del hombre o de la sociedad y cuya
quienes han encarado a nuestro biografiado aceptación ha tropezado y tropieza aún con
en clave crítica: el de tratar de rebajar su resistencias y susceptibilidades muy enco­
figura, haciendo hincapié en determinados nadas, el sopesamiento del más mínimo
defectos de su personalidad o negándose a gesto del fundador, la labor de exégesis de
reconocerle (cuestionando, por ejemplo, su cada uno de sus escritos y el rigor que se
supuesto carácter científico o presentándo­ pide a la hora de editar sus obras hacen que
lo como excesivamente determinado por todo estudio serio sobre Freud haya de
ciertos componentes del ambiente históri­ rodearse de todo un cúmulo de garantías
co, familiar del propio Freud, como el anti­ (concretadas en un inmenso aparato críti­
semitismo que desgraciadamente era una co, en una fundamentación escrupulosa de
realidad en la Viena de fin de siglo. como la más mínima fuente sobre la que se apoya
las características peculiares de la propia la argumentación), probablemente muy
sociedad vienesa, etc.) la magnitud incom­ superiores a las que aseguran la solvencia
parable de su aportación al campo de la en estudios de otra naturaleza. Las casi
psicología y, más en general, de la cultura cien páginas de notas y el exhaustivo ensa­
contemporánea. Gay no elude sin embargo yo bibliográfico que el autor ha situado a
sopesar todas esas consideraciones críticas, continuación imagino que han de tranquili­
buscando la parte de verdad que pueda zar al exégeta más riguroso de los escritos
haber en ellas -y no encerrándose por tanto de Sigmund Freud.
en su negación enfática-, utilizándolas La experiencia burguesa. De Victoria a
para proporcionar una versión más rica y Freud (1. La educación de los sentidos y /1.
fundamentalmente compleja de su perso- Tiernas pasiones; traducción de Evange­
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lina Niño de la Selva, 2 vols.) es la última Gay de abordar el mundo de la clase media
obra del historiador publicada en nuestra del pasado siglo desde el punto de vista de
lengua y la que motiva esta nota bibliográ­ sus pasiones y conflictos.
fica. En realidad el original inglés apareció Subrayamos 10 de conflictos porque el
antes que su Freud, pero por los avatares proyecto original de P. Gay es más amplio
del mundo editorial, éste se tradujo casi que la materia tratada en esta obra: es
inmediatamente, en tanto La experiencia decir, mientras aquí se ocupa del amor,
ha tenido que esperar prácticamente diez esto debería completarse con un nuevo
años (la edición original de Oxford Uni­ texto acerca de la agresión, para así abarcar
versity Press se publicó entre 1984 y las dos fuentes más poderosas y elementa­
1986), para que se difundiera en nuestro les de acción humana, refiriéndolas siem­
país. Se trata de una obra en cierto modo pre a esa época, la victoriana y a ese
complementaria de su trabajo biográfico ya medio, el burgués, en que Freud se formó.
que en ella se ocupa extensamente de todo Se trata, pues, de un proyecto sumamente
el conjunto de disposiciones mentales, de ambicioso; en cierta manera una especie de
sentimientos, de modos de actuación de la «Historia total» de esa realidad subyacente
burguesía europea y estadounidense del donde circulan deseos e impulsos difícil­
siglo XIX ante el amor; es decir, del medio mente aceptables, en cuanto tales, en el
sociocultural e histórico al que pertenecía plano consciente. No nos consta, sin
el propio Sigmund Freud visto desde esa embargo, que esa segunda parte proyecta­
perspectiva más primaria y secreta que le da por Gay, haya sido efectivamente publi­
permitió construir su teoría y terapia psico­ cada.
analíticas. Mas la elección de la época victoriana
De hecho, el mayor estímulo que el (cuyas pautas cronológicas él sitúa entre
autor reconoce para ponerse a hacer este 1820 y 1914) Y del medio sociocultural
libro ha sido un episodio dotado de gran burgués no se justifica sola ni principal­
significación de la vida de Freud en que, mente desde una posición subordinada y
cuando estaba procediendo a su doloroso auxiliar respecto de la explicación de la
autoanálisis, recuperó una escena de su teoría freudiana, sino que cobra un sentido
niñez enterrada en su inconsciente debido pleno teniendo en cuenta las fuertes impu­
a su vergonzosa carga erótica: la contem­ taciones formuladas contra los modos
plación de su madre nudam (ni siquiera se amatorios de la clase media (la supuesta
atrevió a escribirlo en alemán) cuando separación entre amor y sexualidad dentro
hacían un viaje nocturno en tren de Viena a del matrimonio; la fundamental hipocresía
Leipzig. La importancia de evocaciones y tortuosidad en esos terrenos del burgués)
como ésta en la elaboración del discurso y la imagen de gazmoñería o de ocultación
freudiano (precisamente por el carácter de los deseos sexuales que también se
generalizable de este tipo de conflictos) así acostumbra asociar con ese grupo social y
como la manera púdica y en parte mentiro­ esa etapa. Una imagen negativa cuya pater­
sa con que Freud la presentó (y que dice nidad habría que buscar en las fobias hacia
mucho acerca de cómo experimentaba la la burguesía misma expresadas con acidez
burguesía victoriana su sexualidad) han por escritores o artistas como Flaubert,
sido determinantes en la decisión de Peter Stendhal y otros destacados miembros de
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la vanguardia, coincidentes todos ellos en ción, a la que ha contribuido quizá el pro­


que las clases medias eran incapaces de pio Freud, a través de la exposición y aná­
sentir auténtico y sincero amor. En esta lisis de historias clínicas donde se eviden­
misma línea, la exaltación del amor román­ ciaban del modo más palmario esos fraca­
tico sería un reproche directo al matrimo­ sos.
nio burgués. Curiosamente, sin embargo, este pudor
El hecho, además, de que la burguesía fundamental no impide que el Siglo XIX
mantuviera una actitud muy reservada res­ sea una época muy documentada, incluso
pecto de la vertiente amatoria -y muy en sobre estos asuntos, aunque el autor reco­
particular, erótica- de su existencia ha noce que la constancia expresa de estas
venido a confirmar en cierta medida la jus­ experiencias es muy exigua, y no da una
teza de esas críticas pareciendo que, efecti­ idea cabal de los comportamientos amato­
vamente, la forma de vida y la mentalidad rios de la clase media; a cambio está
burguesas en la época victoriana estuvieran magníficamente abastecida con diarios,
reñidas, o disociadas al menos, de la pasión memorias, autobiografías, confesiones, co­
sexual. Es decir, el grupo que de acuerdo rrespondencias y otra suerte de testimonios
con las tesis idealizantes de la ascensión de en que aflora de forma bastante neta el yo
la burguesía habría dominado y transfor­ del escritor lo que, con la ayuda del psico­
mado el mundo, unificándolo bajo las pau­ análisis permite al historiador, si no topar
tas del capitalismo industrial (el autor cita con testimonios explícitos de la conducta
pertinentemente una obra que tuvo bastan­ amatoria burguesa, sí orientarse por ese
te impacto hace treinta años: Les bourgeois campo semioculto y tratar así de contrastar
conquérants, de Charles Morazé), se ha­ la veracidad de ese clisé tan extendido. Y
bría revelado incapaz de desarrollar una esto es lo que ha hecho con verdadera inte­
vida amorosa normal, que combinara sen­ ligencia el autor, rastreando un conjunto de
sualidad y ternura, teniendo que buscar en fuentes diversas, de lo más variado, para
el amor mercenario, en la prostitución, los recrear la sensualidad y los modos amato­
goces que no podía lograr dentro del matri­ rios de la burguesía.
monio. El recurso a correspondencias y diarios
Esta imagen, referida evidentemente al privados, no publicados, es quizás la apor­
esposo de clase media se completaría con tación más original y novedosa en ese sen­
otra no menos extendida como la de la tido y la que confiere al relato una mayor
esposa frígida o del todo ignorante en veracidad. Cabe precisar que una parte
materia erótica e incapaz de obtener y de muy interesante de ese material inédito se
dar satisfacción sexual, y con otras que localiza en Estados Unidos, expresando las
ilustran bien las deformaciones, angustias, experiencias y sentimientos más íntimos
etc. que experimentaban otros sujetos en de ciudadanos de ese país, lo que tiene su
un ambiente en que el sexo era formalmen­ signicado ya que en ésta, como en otras
te negado, sistemáticamente ocultado bajo muchas cuestiones que importaban a la
el velo de un falso pudor y de represión. En clase media. la civilización norteamericana
resumidas cuentas: la idea de que la clase habría mostrado un claro sentido anticipa­
media victoriana era un desastre en materia torio. Pero, junto a esa documentación, el
amorosa ha tenido una duradera acepta- autor ha recurrido extensamente a todo un
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muestrario de textos impresos que van también de una vertiente tópica, sobre el
desde la novelística (que conoce especial­ papel de la mujer en aquella sociedad, por
mente bien y a la que saca un gran partido, lo que P. Gay dedica gran atención al aná­
no limitándose a la publicada en lengua lisis de esta temática complementándola, al
francesa, inglesa o alemana, sino demos­ estar íntimamente relacionada, con la
trando un excelente conocimiento de la visión que el hombre victoriano tenía del
literatura en lengua portuguesa y, en menor género femenino. El autor alude, por ejem­
medida, de la española), a los textos sobre plo, al controvertido tema de la sexualidad
higiene o demografía y por supuesto acer­ de la mujer que, aunque reconocida por
ca de la sexualidad que es un concepto que algunos tratadistas, fue muy a menudo
se formula precisamente en la época victo­ negada por los estudiosos varones, como si
riana, los tratados de medicina o psiquia­ las mujeres padecieran naturalmente una
tría, los estudios sobre la prostitución, las especie de anestesia a ese respecto (así, la
encuestas, etc. El siglo XIX fue notable­ opinión, muy autorizada, del doctor Krafft­
mente fecundo en publicaciones de ese Ebing); se refiere también al doloroso,
tipo, en las que cabe encontrar, como P. lento, pero innegable progreso de la causa
Gay demuestra sobradamente, amplia femenina cuya clave, más que en el sufra­
información acerca del tema estudiado así gio, él sitúa en el acceso a la Universidad,
como pistas muy interesantes para rehacer enfrentando considerables temores y acu­
los deseos y angustias de sus autores y de saciones (plenos de significado desde una
amplios estratos de la clase media en lo perspectiva psicoanalítica al igual que las
tocante a la sexualidad. negaciones de su sexualidad) en el sentido
Pues bien, uno de los hallazgos del de que dichos estudios debilitaban a la
libro, quizá el que condensa mejor la inves­ mujer y deterioraban su función reproduc­
tigación del autor, es que el siglo XIX fue tora.
mucho menos victoriano de lo que se acos­ Se refiere asimismo a otras realidades
tumbra a afirmar por lo que respecta a la directamente conectadas con las activida­
experiencia burguesa del amor. Peter Gay des amatorias, tales como las tensiones del
aporta a este respecto diversos testimonios embarazo o los riesgos del parto, que gene­
que desmienten que la satisfacción sexual raban en la mujer ambivalencias respecto
recíproca estuviera ausente en los ma­ de su esposo y angustias muy fundadas,
trimonios de clase media: lo que él califica dados los elevados niveles de mortalidad
como «dulces comuniones burguesas» o infantil y maternal y percibe, a través de
«sociedad en la sensualidad» se dio con testimonios de carácter fragmentario, que
más frecuencia de lo que habitualmente se también aquí fue cesando gradualmente la
piensa, haciendo justicia a la conocida afir­ sumisión de la mujer a su papel de madre,
mación de G. B. Shaw de que el matrimo­ obligada a aceptar resignadamente los ries­
nio es la más licenciosa de las instituciones gos y dolores del parto, abriéndose paso,
humanas. en medio de una gran polémica, prácticas
En buena medida, gran parte de los tópi­ sistemáticas de control de natalidad y de
cos que han circulado sobre la clase media planificación familiar, en ocasiones respal­
victoriana se fundamentan en una idea, en dadas por campañas propagandísticas (los
lo esencial verdadera aunque revestida llamamientos, por ejemplo, a la «greve des
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ventres»). Todo lo cual implicaba conceder dera obsesión para muchos individuos de
un espacio mayor al placer sexual y, más clase media a pesar de las cortapisas que
aún, que el control de la natalidad se aca­ imponía la religión), del amor romántico,
bara convirtiendo en un ingrediente indis­ considerado como el destino de la mujer, y
pensable del estilo sensual burgués en el hace un recorrido muy interesante de una
final de la época victoriana. serie de escritores que, a partir del prece­
Este recorrido por la vida sensual de la dente fijado por la Ilustración, se esforza­
clase media se completa con otros análisis ron por formular teorías sobre la pasión
acerca del fomento interesado de la igno­ amorosa (Stendhal sobre todo), o que
rancia en los jóvenes, especialmente en las escribieron fisiologías del matrimonio
chicas, precisamente sobre cuestiones (Balzac) o metafísicas del amor sexual
sexuales (el autor refiere, entre otros, el (Schopenhauer), anticipando en buena
caso de Effie Ruskin), si bien aquí se rela­ medida algunos de los hallazgos analíticos
tiviza el mito de la violación en la noche de Freud.
nupcial, contraponiéndole la bastante Ese recorrido por la literatura se com­
extendida incompetencia del joven esposo; pleta con un detallado análisis de la nove­
acerca del frente organizado por médicos, lística del siglo XIX en la que el amor era
sacerdotes y educadores para combatir la sin duda el ingrediente principal, debiendo
masturbación, una campaña que, a juicio por tanto el novelista mantener una verda­
de Gay, condensa muy bien los temores y dera «intimidad con las pasiones del cora­
angustias de la clase media del siglo pasa­ zón» que si bien eran presentadas púdica­
do en torno a su sexualidad (campaña con­ mente, velando su vertiente erótica, invita­
trarrestada no obstante, a finales de siglo ban a la clase media -ya que la novela era
por otras en favor de una adecuada educa­ su lectura predilecta- a familiarizarse con
ción sexual); y acerca, en fin, de las muy un amplio repertorio de conductas amoro­
variadas informaciones e insinuaciones sas o, simplemente, les ofrecían una droga
que, pese al fundamental pudor burgués en para la angustia (de donde la presión de los
estas materias, estaban presentes por todas lectores para obtener finales felices). Los
partes en la sociedad del siglo XIX. argumentos de las novelas, por otra parte,
En el segundo volumen, que vamos a en los que a menudo sus autores coquetea­
comentar brevemente, Peter Gay ejempli­ ban con experiencias ilícitas ofrecen un
fica algunas carreras en el amor de burgue­ gran interés para un enfoque psicoanalítico
ses victorianos (el historiador atto Beneke y para advertir los cambios paulatinos de la
y el ensayista político Walter Bagehot y sensibilidad burguesa acerca del amor car­
sus respectivas parejas, Marietta Banks y nal.
Eliza Wilson) en la idea de que aún tratán­ Los «afectos problemáticos», como los
dose de experiencias individuales cabría denomina el autor, merecen también su
referirlas, con la ayuda del psicoanálisis, al atención, pese a la enorme dificultad que
resto de su clase. También trata en profun­ entraña el encontrar testimonios de perso­
didad la reflexión decimonónica acerca del nas desconocidas (el diario de Albert
amor, concebido idealmente como una Dodd, por ejemplo), más allá de casos muy
combinación perfecta de ternura y sensua­ notorios como el de Oscar Wilde. La época
lidad (el logro de ese ideal sería una verda- victoriana ofrece contrastes paradójicos
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acerca de esos afectos, que van desde la Tan importante, quizá, como esta
negativa burguesa a enterarse de la homo­ inmensa erudición que exhibe el autor al
sexualidad, excluyéndola de su horizonte sistematizar las variadas maneras, senti­
amoroso (lo que concedía a los homose­ mientos, etc., usados por la burguesía vic­
xuales discretos un espacio bastante toriana en su experiencia amorosa, desen­
amplio), a su actitud indulgente respecto terrando todo un universo rico y complejo
de las inclinaciones homoeróticas en la que parecía inexistente, lo es el enfoque
adolescencia o hacia las efusiones cariño­ utilizado que combina las técnicas y el
sas entre amigos pues no en vano el siglo punto de vista del historiador con el psico­
pasado asistió a un verdadero culto a la análisis. Y es que en la investigación reali­
amistad. Por otra parte, la invención misma zada, precisamente por el carácter recóndi­
del término Homosexualidad (por K.M. to de la sexualidad victoriana, por la enor­
Benkert), su consideración patólogica, me reserva sobre los impulsos eróticos, el
pero al propio tiempo el levantamiento escrutamiento psicoanaHtico adquiere una
progresivo de la reticencia victoriana res­ importancia esencial para hacer inteligible
pecto de estos temas, resultan muy ilustra­ gran parte de la documentación estudiada.
tivos. Sin embargo esta mirada, para ser eficaz,
El examen de los sustitutivos empleados necesita anidar en una información muy
para evitar una expresión directa de los precisa -es admirable, en este sentido, la
impulsos amorosos es también de gran erudición que P. Gay ha acumulado respec­
interés, entrando aquí la música, el culto a to de los numerosos individuos que apare­
la naturaleza (hay un interesante examen cen en su obra- y necesita también, y aquí
del lenguaje erotizante empleado en la des­ se justifica la consideración despectiva que
cripción de paisajes), la sacralización de la el autor siente por la psicohistoria, de un
actividad sexual, reconciliando lo sagrado conocimiento de primera mano de la época
con lo profano, etc. También lo reviste el estudiada, que sólo está al alcance del estu­
análisis de estados de ánimo característicos dioso provisto de una formación histórica.
de la modernidad y que afectaban sobre Se podrá estar en desacuerdo con afir­
todo a la mujer de clase media, como el maciones como que el amor y el odio han
nerviosismo que sería, siguiendo a Freud, sido los hacedores enérgicos de la historia;
el precio de la represión sexual burguesa; o se podrá encontrar quizá, un poco metafísi­
la mezcla de fascinación y angustia que ca su definición de la experiencia, un con­
ejercía la prostitución, que se reflejó en cepto clave en la obra; podrán asimismo
estudios con pretensiones de exhaustivi­ albergarse ciertas reservas acerca de algu­
dad, como los de Parent-Duchatelet quien nas inferencias o generalizaciones a partir
acuñó la idea, llamada a tener un gran de determinados análisis individuales, o
éxito, de que esta lacra era la válvula de considerar que el censo de personajes estu­
seguridad de la respetabilidad burguesa; o, diados no corresponde tanto a la clase
en fin, los sentimientos encontrados que media anónima, como pretende el autor,
suscitaba entre las clases acomodadas la sino a un grupo próximo, cuando no inte­
forma de actuar de proletarios y campesi­ grado en la élite cultural de la época victo­
nos en materia amorosa, más desprejuicia­ riana (sería el caso, por ejemplo, de
da y directa, etc. Beatrice Potter, de Walter Bagehot, etc.).
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Podrían hacerse, en fin, otros reparos fun­ ticular, el de la experiencia sexual. El


dados, pero me parece innegable la origi­ hecho, además, de que sus autores no se
nalidad del punto de vista del autor y creo guíen por el método psicoanalítico o de
que no se equivoca al afirmar que la apli­ que cuestionen algunas fuentes que Gay
cación del método psicoanalítico puede privilegia, como los diarios íntimos, las
ayudar, respecto del pasado, «a interpretar autobiografías, etc., permite adquirir una
la partitura orquestal completa». visión más contrastada de esta temática. En
Digamos, para terminar, que esta obra todo caso, se trata de textos complementa­
mantiene algunos puntos de contacto con rios y que es interesante leer de manera
la Historia de la vida privada, a cargo de consecutiva.
Georges Duby y Philippe Aries (nos referi­ No se nos oculta que hay otras muchas
mos al tomo cuarto, centrado principal­ obras y enfoques historiográficos que con­
mente en el siglo XIX) pues, aun cuando fluyen en el texto de Gay y de los que en
esta última se plantea desde unos supues­ parte es tributario, como la historia de las
tos metodólogicos y un objeto distintos, es mujeres, la historia del cuerpo (véase a este
cierto que coincide parcialmente en su respecto: Peter Burke, Formas de hacer
temática con la estudiada por P. Gay, sobre historia, Madrid, Alianza, 1993), la de la
todo el capítulo escrito por Alain Corbin, propia sexualidad, abordada inicialmente,
buen conocedor de la sexualidad decimo­ hace años, por Michel Foucault desde un
nónica (Les filies de noce, París, Aubier punto de vista en cierta medida contradic­
Montaigne, 1978). Uno de sus méritos (y torio con las convenciones de las que parte
una de las diferencias) reside a mi entender nuestro autor (ya que habría sido la profu­
en que pone al servicio del estudio de la sión de los discursos sobre el sexo lo carac­
vida privada todo el caudal inmenso y terístico de los últimos siglos, más que su
riquísimo producido por la historiografía ocultación). Esperamos, con todo, haber
francesa con su énfasis en la cultura mate­ dejado constancia de la originalidad, el
rial, en los métodos cuantitativos, en el interés y la solvencia de un texto que
estudio de las mentalidades proporcionan­ explora un terreno todavía muy mal cono­
do toda una serie de sugestiones que enri­ cido.
quecen el enfoque de la privacy y, en par

** Fecha de recepción: 22-11-1995.