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TEMA 2.

CONCEPTO Y CLASES DE PERSONAS: FÍSICAS Y


JURÍDICAS

1. CONCEPTO Y CLASES DE PERSONAS.

En sentido jurídico, la persona se define como «todo ente con aptitud


para ser titular de derechos y obligaciones».

Hay que diferenciar entre el concepto de persona y el de


personalidad: mientras que persona es el ente con aptitud para ser sujeto
de derechos y obligaciones, la personalidad es esa aptitud que hace a un ente
acreedor de la titularidad de dichas obligaciones o derechos. Así pues, la
personalidad es una cualidad, condición o atributo, y la persona es el sujeto
que ostenta tal cualidad. Suele resumirse diciendo que «se es persona y se
tiene personalidad».

Existen diversas clases de personas que podemos clasificar como:

1) Por su regulación, podemos distinguir entre personas de derecho


público y personas de derecho privado, según se integren
respectivamente en el ámbito de uno u otro derecho. En base a este
criterio también cabe dividirlas en personas nacionales o extranjeras.

2) Por su capacidad, que distinguimos entre personas capaces e


incapaces.

3) Por su composición, se distingue entre personas naturales, físicas o


individuales y personas jurídicas o colectivas.

2. PERSONA FÍSICA: NACIMIENTO Y EXTINCIÓN DE LA


PERSONALIDAD JURÍDICA.

1. Nacimiento

Los seres humanos desde el momento en el que existen como tales


seres son personas y por ello, el comienzo de la personalidad en las personas
naturales se inicia con el nacimiento. El artículo 29 del Código Civil,
establece: «El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se
tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que
nazca con las condiciones que expresa el artículo 30».

El artículo 30 del Código Civil determina los requisitos para el


nacimiento de la persona y por tanto para adquisición de la personalidad: «La
personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez
producido el entero desprendimiento del seno materno». Así pues, el
momento del nacimiento es, más concretamente, el del corte del cordón
umbilical.

El momento del nacimiento determina su edad, su capacidad de obrar,


de heredar, su estado civil, etc. En este sentido el art. 31 del Código Civil
pone de manifiesto la importancia del nacimiento al establecer: «La prioridad

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del nacimiento, en el caso de partos dobles, da al primer nacido los derechos
que la ley reconozca al primogénito».

La prueba oficial del nacimiento es la inscripción en el Registro Civil,


que hace fe del hecho del nacimiento, de la fecha, hora y lugar del mismo,
identidad, sexo del nacido, y en su caso, de la filiación del inscrito.

2. Extinción

En el caso de personas naturales la extinción de la personalidad se


produce con el hecho físico y natural de la extinción del ser humano, que es
la muerte. Así lo expone el art. 32 del Código Civil: «La personalidad civil
se extingue por la muerte de las personas».

El medio de prueba oficial de la muerte es la inscripción en el Registro


Civil, que hace fe de la muerte de una persona y de la fecha, hora y lugar
que acontece.

Respecto a la transmisión de derechos hereditarios puede existir el


supuesto de dos o más personas, relacionadas entre sí por vínculos jurídicos,
fallezcan en el mismo momento, sin poder establecer quien falleció primero,
para ello el art. 33 del Código Civil establece: «Si se duda, entre dos o más
personas llamadas a sucederse, quién de ellas ha muerto primero, el que
sostenga la muerte anterior de una o de otra, debe probarla; a falta de
prueba, se presumen muertas al mismo tiempo y no tiene lugar la transmisión
de derechos de uno a otro».

3. CAPACIDAD JURÍDICA Y CAPACIDAD DE OBRAR.

La capacidad jurídica o de derecho puede ser definida como la


aptitud para la simple tenencia o titularidad de derechos y obligaciones. Es
una cualidad esencial de la persona y tiene eficacia unificadora, en cuanto
centraliza las relaciones jurídicas en torno a la persona que es titular de las
mismas.

La capacidad de obrar o de ejercicio, en cambio, es la aptitud para


el ejercicio de dichos derechos y obligaciones y para concluir actos jurídicos.
Es la aptitud de la persona para producir por sí misma efectos jurídicos para
sí misma y para su patrimonio.

La capacidad de obrar se clasifica: en plena o limitada según este


afectada o no por las circunstancias que la modifiquen o restinjan. Es una
cualidad propia e inseparable de cada persona, es decir, cada una tiene una
capacidad de obrar específica, más o menos amplia, a diferencia de la
capacidad jurídica que es total para toda persona.

En el caso de personas jurídicas, no cabe hablar de capacidad de obrar,


ya que esta se manifiesta a través de sus órganos de representación, que son
los que expresan la voluntad de la persona jurídica, formándola y
exteriorizándola.

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En cuanto a las diferencias entre ambas podemos destacar:

1) La capacidad jurídica es un concepto estático y la capacidad de obrar


es un concepto dinámico.

2) La capacidad jurídica es necesaria en el hombre, mientras que la


capacidad de obrar es contingente.

3) La capacidad jurídica es única, no graduables, mientras que la


capacidad de obrar es esencialmente variable.

3. Incapacidades

Las incapacidades son restricciones de la capacidad de obrar o


capacidad de ejercicio. Se fundan en circunstancias subjetivas de ciertas
personas, que obligan a la ley a retardar o suspender, por un cierto tiempo,
la aptitud para realizar actos jurídicos. Son caso típico de incapaces de obrar
los que no han alcanzado cierta edad (menores) y los que padecen ciertas
enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que
impidan a la persona gobernarse por sí misma (art 200 del Código Civil).

También se consideran incapacidades las que afectan a la capacidad


de derecho, en aquellos casos en que se priva al incapaz de ciertos derechos,
a causa de no ser actuados por representación.

4. PERSONAS JURÍDICAS: CLASES Y RÉGIMEN JURÍDICO.

La persona jurídica presenta estos dos requisitos esenciales:

1) Que aparezca una entidad independiente de sus elementos


componentes, incluso de los individuos que la constituyen.

2) Que a tal entidad se le reconozcan derechos u obligaciones que no


correspondan a alguno de los miembros componentes.

Según el art. 35 del Código Civil son personas jurídicas:

1) Las corporaciones, asociaciones y fundaciones de interés público


reconocidas por la ley.

2) Las asociaciones de interés particular, sean civiles, mercantiles o


industriales, a las que la ley conceda personalidad propia,
independiente de la de cada uno de los asociados.

El artículo 38 del Código Civil añade que «Las personas jurídicas


pueden adquirir y poseer bienes de todas clases, así como contraer
obligaciones y ejercitar acciones civiles o criminales, conforme a las leyes y
reglas de su constitución».

Las personas jurídicas, como realidades jurídicas que son y no entes


físicos, nacen de actos jurídicos, denominándose acto de constitución a
aquél que da vida jurídica a las mismas.

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En nuestro derecho se sigue, por lo general, el sistema normativo de
constitución, según se desprende del art. 35.1 del Código Civil: «Su
personalidad empieza desde el instante mismo en que, con arreglo a derecho,
hubiesen quedado válidamente constituidas». También se establece en las
disposiciones del Código Civil y del Código de Comercio que regulan las
compañías civiles y mercantiles, que establecen la necesidad de las
sociedades mercantiles de inscribirse en el Registro correspondiente.

El artículo 37 del Código Civil destaca que «La capacidad civil de las
corporaciones se regulará por las leyes que las hayan creado o reconocido;
la de las asociaciones por sus estatutos, y las de las fundaciones por las reglas
de su institución, debidamente aprobadas por disposición administrativa,
cuando este requisito fuere necesario».

El régimen vigente para las asociaciones se encuentra contenido en


el la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del derecho de
asociación. La Constitución de 1978 en su artículo 22 dice: «Se reconoce el
derecho a asociación». Y según el artículo 10.2: «Las normas relativas a los
derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce de
interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos
Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias
ratificados por España». La Declaración Universal de los Derechos Humanos,
de 10 de diciembre de 1948, en su artículo 20.1 establece: «Toda persona
tiene derecho a la libertad de reunión y asociaciones pacíficas».

Dentro del ámbito de aplicación se incluyen todas las asociaciones que


no tengan fin de lucro y que no estén sometidas a un régimen asociativo
específico, partiendo la ley del principio de que el derecho de asociación
comprende la libertad de asociarse o crear asociaciones, de que nadie puede
ser obligado a constituir una asociación o permanecer en ella y que su
organización y funcionamiento deberán ser democráticos dentro del marco
de la Constitución, de la ley y del resto del ordenamiento jurídico.

Respecto a las fundaciones, reguladas por la Ley 50/2002, de 26 de


diciembre, de Fundaciones, tendrán personalidad jurídica desde la inscripción
de la escritura pública de su constitución en el correspondiente Registro de
Fundaciones. Las fundaciones del sector público estatal deberán ser autorizas
por el Consejo de Ministros.

La extinción de la personalidad de las personas jurídicas tiene lugar


por alguna de estas dos causas: por disolución o desaparición del sustrato
que le sirve de base o por revocación efectuada por el Órgano que le concedió
el reconocimiento jurídico.

Nuestro Código Civil en el artículo 39 establece: «Si por haber


expirado el plazo durante el cual funcionaban legalmente o por haber
realizado el fin para el cual se constituyeron, o por ser ya imposible aplicar a
éste la actividad y los medios de que disponían, dejasen de funcionar las
corporaciones, asociaciones y fundaciones, se dará a sus bienes la aplicación
que las leyes, o los estatutos, o las cláusulas fundacionales, les hubiesen en
esta previsión asignado. Si nada se hubiere establecido previamente, se
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aplicarán esos bienes a la realización de fines análogos, en interés de la
región, provincia o municipio que principalmente debieran recoger los
beneficios de las instituciones extinguidas».

En el caso de las personas jurídicas de interés público, además de


las causas de extinción del artículo 39 del Código Civil, pueden existir otras
como el acuerdo mayoritario de los miembros o cuando dichos miembros
queden reducidos a uno solo, por faltar entonces la colectividad esencial de
la persona jurídica.

Respecto a las sociedades, las causas de disolución serán las que


prevén al respecto los artículos 1.700 y 1.701 de Código Civil o 221 y 222 del
Código de Comercio, según la naturaleza civil o mercantil de las mismas, y el
Real Decreto Legislativo 1/2010, por el que se aprueba el Texto Refundido de
la Ley de Sociedades de Capital, que recoge las causas de extinción de estas
sociedades.