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ABELARDO P.

PIOVANO

CULTIVO DEL TOMATE

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CULTIVO DEL TOMATE

ABELARDO P. PIOVANO

SIEMBRA.
Esta puede ser “directa” o en almácigo, para trasplantar después que las plantitas hayan adquirido cierto
desarrollo.
El primer sistema se utiliza con éxito en las provincias andinas, y cuando las cosechas se destinan a la
industria o exportación tardía. El sistema de almácigo es el más común y conocido. Es utilizado por
quienes desean obtener cosechas tempranas de primavera. Puede hacerse en “camas calientes” y
“tibias”. Con el primer procedimiento se consigue acelerar el crecimiento de las plantitas, que tras de
una rápida germinación y favorecidas por el calor de la tierra y del ambiente, en breve tiempo pueden
trasplantarse.
Por lo general, el procedimiento utilizado en la mayor parte del país es de la “cama tibia”, ya que el
descripto sólo sirve a aquellos que hacen horticultura cerca de las ciudades y desean obtener primicias.
La época de siembra es muy variable en el país por sus climas diferentes, y debe hacerse por lo menos
dos meses antes del trasplante, que se inicia una vez pasado el peligro de las heladas tardías.

PREPARACIÓN DEL ALMÁCIGO.


Se busca un lugar cerca de la casa, con exposición al norte y abrigado por el edificio, galpón, árboles,
etc., del lado sur.
Se hace una fose de un metro a un metro y medio de ancho, por el largo necesario, y de una
profundidad de 0,30 metros. La tierra de la fosa servirá para que, una vez desmenuzada y bien asoleada,
se mezcle con estiércol bien descompuesto, a lo que debe agregarse un poco de arena si la tierra fuera
algo arcillosa. Hecha la mezcla, se llena nuevamente la fosa y se riega abundantemente para que se
asiente, dejándola así algunos días.
Se hace el reparo, que tendrá una inclinación de más o menos 45 grados y de un ancho que alcance a
cubrir su proyección un poco más del almácigo. Se construye la armazón con palos y alambre,
cubriéndola con junco, paja o chala.
Cuando la tierra se haya asentado y se encuentre en condiciones de trabajo, cosa que se conoce por no
adherirse a la herramienta de trabajo, puede iniciarse la siembra, la que se hace a “voleo” o en líneas.
Este procedimiento es el que aconsejo, por experiencia, dado que favorece las tareas de limpieza y
arranque de plantitas.
Con una tabla o un punzón se trazan surcos de más o menos dos centímetros de profundidad, en
dirección sur a norte y separados cinco centímetros entre ellos. Se siembra en ellos la semilla, bien rala,
y se la cubre pasando la tabla. La tierra que sale del surco, al hacerlo, cae de nuevo dentro de él y la
tapa. Se apisona suavemente, para que las semillas queden bien juntas a la tierra y luego se riega,
teniendo cuidado de hacerlo con regadera de flor fina y sin mucha fuerza, para evitar que destape las
semillas.
Los riegos se harán todos los días, preferentemente a la entrada del sol. Si la zona de siembra es muy
fría, es conveniente, de noche, tapar la parte delantera del almácigo, y al hacer el reparo, tapar los
costados este y oeste.
Las plantitas aparecerán después de 15 a 20 días de la siembra. Se arrancan los yuyos que salgan para
mantener limpio el terreno.
PREPARACIÓN DEL TERRENO DE CULTIVO.
Se elige un lugar de la chacra de buena tierra, que no haya sido cultivada anteriormente, por lo menos
cuatro años, con tomates, patatas, pimientos, berenjenas u otras solanáceas, y se da en otoño una arada,
para repetirla cruzada dos meses después.
Si la tierra ha sido cultivada anteriormente es conveniente abonar con estiércol bien descompuesto, a
razón de 40.000 kilos por hectárea, y que se enterrará en la primera aradura.
Antes de iniciar la plantación se empareja el terreno desmenuzando los cascotes, y si se trata de zona de
regadío, se abren surcos paralelos separados un metro, tratando de hacerlos en la dirección norte a sur,
siempre que el declive para el riego lo permita. En las zonas de secano, una vez nivelado el terreno y
bien parejo, se inicia la plantación.

PLANTACIÓN.
Puede iniciarse el trasplante cuando han desaparecido los peligros de una helada tardía. Se arrancan las
plantitas del almácigo, el que ha sido regado previamente para facilitar la tarea, y se colocan en una
bolsa húmeda, para llevarlas al lugar de la plantación. Es conveniente arrancarlas a medida que se
necesitan para evitar que se marchiten demasiado. La mejor hora para el trasplante es por la tarde,
cuando se inicia la entrada del sol, y los días nublados.
Para plantar se utiliza un plantador común, y en las zonas de regadío debe regarse uno o dos días antes
de iniciar esta tarea para humedecer la tierra. Se planta en la cara del surco que mira al sol, este o norte,
y separadas las plantitas solamente 0,25 metros, si es en San Juan o Mendoza, pues los fuertes soles son
perjudiciales y queman los frutos. La experiencia local así lo indica: los mejores frutos son los que se
cosechan a la sombra de las hojas.
En otras zonas de climas más templados, las plantitas se plantan a 0,50 metros entre ellas y sobre la
línea.
Aconsejo plantar lo más profundo posible, ya que arraigan mejor las plantitas.
En las zonas de regadío debe regarse cada surco inmediatamente de plantado y repetir la operación
diariamente hasta asegurarse de que hayan prendido todas.
Los cultivos en las zonas de secano se hacen plantando en hileras separadas a un metro, y sobre éstas
las plantas se separan 0,40 a 0,50 metros.
Debe regarse cada planta inmediatamente después de plantada aunque se haya hecho en tierra húmeda.
Se guardan plantas en el almácigo para reponer las fallas, y es prudente hacer siembras y trasplantes
escalonados para que las cosechas se sucedan durante todo el verano hasta el otoño.

CUIDADOS CULTURALES.
En adelante se darán carpidas para mantener la tierra suelta y libre de malezas. En las zonas de regadío
se regará seguido, ya que el tomate exige bastante humedad.

ENCAÑADO.
Cuando las plantitas tienen una altura de 0,25 a 0,30 metros, se inicia el encañado, para lo cual se
colocan postes en el centro de las hileras, los que se unen por un alambre fuerte colocado a 1,50 metros
de altura, bien estirado, el cual servirá de soporte a las cañas. Éstas se clavan en el suelo, inclinadas de
acuerdo al alambre y se atan a éste con junco o totora. Debe colocarse una caña por planta.
Las plantitas son motivo de una primera poda para dejarles solamente el brote terminal, para que
crezcan hacia arriba, atándolas con totora o junco a la caña.
En adelante, y a medida que las plantas crezcan, se van atando a la caña, tratando de hacerlo en forma
que los tallos no se encuentren muy apretados. La poda se hará de manera que quede un solo tallo, ya
que ésta es la más práctica.
APORQUES.
Se arrimará tierra al pie de la planta y se mantendrá suelta y libre de yuyos. Las carpidas no deben faltar,
ya que la limpieza del cultivo es necesaria para asegurar el éxito del mismo.

SIEMBRA DIRECTA.
En las provincias de San Juan y Mendoza se acostumbra a sembrar directamente, operación que da muy
buenos resultados en las zonas que no tienen disponible agua de regadío para el momento del
trasplante.
El terreno se prepara en la misma forma que la descripta, y en la cara del surco que mira al sol se
siembran en casillas separadas 0,30 metros, cuatro o cinco semillas. No debe regarse hasta que las
plantitas han nacido, y cuando éstas están bien desarrolladas se deja solamente una por casillero,
utilizando las otras para reponer fallas. En adelante el cultivo se efectúa en la misma forma que el
anterior.
La siembra directa se hace en agosto.
Se utiliza también esta siembra para hacerla con reparos que se construyen del lado sur y bajos, al igual
que los anteriores, con la misma inclinación, los que son retirados después que las heladas no significan
peligro. Con este sistema se hace la siembra en julio, y los que utilizan este procedimiento obtienen los
primeros frutos en los primeros días de diciembre.

COSECHA.
Cuando los tomates son destinados al mercado local, se cosechan maduros, lo mismo que los que
deben ser llevados a las fábricas. Los que deben viajar se cosechan pintones, para que terminen de
madurar en el viaje. La cosecha se hará con cuidado para no estropearlos. Se recolectarán los tomates
con su pedúnculo, cortándolo bien al ras con tijera, a fin de evitar el peligro de las pinchaduras.

EMPAQUE.
Para el tomate destinado al consumo en los mismos centros de producción, el mejor cajón para
empaque, por el momento, es el utilizado para el transporte de frutas en general y que se llama
“frutero”. La costumbre de empacar el tomate en cajones de los llamados de kerosén debe ser
desechada.
Para el tomate destinado a los mercados de Buenos Aires debe usarse el tipo de cajón perdido, con
capacidad para 15 kilos. Los ensayos efectuados han dado gran resultado, se venden mejor y resulta una
comodidad para el vendedor y el comprador; aparte de que evita el ir y venir con tomates de todas
partes, impide también el transporte de plagas y enfermedades.
El precio del cajón perdido servirá para que en adelante todos los agricultores lo utilicen.
Los tomates que se destinan al exterior deben ir empacados en cajones cerrados, pudiendo colocarse
entre los tomates tierra de turba para que los mantenga frescos. este sistema de empaque ha sido ya
ensayado para los destinados al mercado de Londres. En este mercado tiene mucha aceptación el cajón
“standard” de 5,443 kilogramos (12 libras), cuyas medidas son las siguientes: luz interna, largo 355
milímetros, ancho 228 milímetros y profundidad 139 milímetros (14 x 9 x 5 pulgadas). en este envase es
conveniente acondicionar los tomates con el cajón invertido. El cajón irá forrado con papel de color,
sobre el que se colocará una hoja de papel acanalado, y sobre éste se pone la primera camada de
tomates bien alineada, con la parte lisa hacia el papel acanalado. Se continúa hasta terminar de llenarlo,
se dobla el papel que forra el cajón, se coloca una hoja de papel acanalado y se clava el fondo. Es mejor
que los tomates vayan envueltos en papel adecuado. Se colocará como máximo tres camadas. Las
leyendas e inscripciones de estos cajones deberán hacerse de acuerdo con las mismas disposiciones que
rigen para la exportación de fruta fresca (decreto de 21 de diciembre de 1933). Se aconseja colocar una
etiqueta con el nombre del productor; esto será siempre conveniente para aquellos que trabajen bien y
les resultará beneficioso, pues al acreditar sus productos obtendrán mejores precios.
Los cajones de 15 kilogramos se empacarán invertidos, irán forrados con papel de color y llevarán una
hoja de papel acanalado en la tapa y en el fondo, en la misma forma descripta anteriormente.
El uso de papel de color para forrar interiormente los cajones es recomendable, porque además de dar
una mejor presentación, puede servir, según su color, para indicar la clase y grado de selección.
No hay que olvidarse que la presentación y la vista tienen una gran importancia para la mejor
comercialización de frutas y hortalizas; es por ello que aconsejamos que en los cajones que se destinen a
las grandes plazas de consumo interno, se coloquen también vistosas etiquetas que, a la vez que sirven
de propaganda, hacen identificable el producto con las ventajas que hemos indicado más arriba.

ENFERMEDADES Y PLAGAS.
Existen en el país enfermedades y plagas del tomate, algunas de ellas tan graves, que ocasionan grandes
perjuicios, como el de la pérdida del plantío.
Debe tenerse toda clase de precauciones. No sembrar en zonas infectadas; desinfectar las semillas antes
de la siembra; tratar preventivamente las plantas, tanto en el almácigo como en el cultivo. Consultar a
los técnicos inmediatamente que se notara alguna anormalidad en el cultivo. Las enfermedades
criptogámicas son algunas veces graves. La “septoria” debe prevenirse, ya que curarla es imposible. Esta
enfermedad se conoce por manchas circulares, de color marrón, que se forman en las hojas. La
“bacteriosis o podredumbre apical”, que ataca a los frutos, también es bastante grave.
Los tratamientos preventivos con caldo bordelés al 0,50 % en el almácigo y 1 % en el plantío la
previenen, y deben repetirse cada 20 o 30 días, y más a menudo cuando abundan las lluvias y días
calurosos y húmedos que favorecen el desarrollo de estas enfermedades.
Entre las plagas más conocidas existen los pulgones, que se combaten con soluciones de nicotina y que
son insectos chupadores, de tamaño chico, color verde, y que en gran número se ubican en la parte
inferior de las hojas.
Las orugas de lepidópteros que se alimentan con las hojas, frutos y otras, que se introducen en el tallo,
se combatirán con soluciones arsenicales, arseniato de plomo, por ejemplo.

FÓRMULAS DE SOLUCIONES PARA PULVERIZAR.


CALDO BORDELÉS
Agua 100 litros
Sulfato de cobre 1 kilo
Cal viva. 800 gramos
Para prepararlo se disuelve el sulfato de cobre en 50 litros de agua y la cal se apaga poco a poco, para
formar una pasta que se disuelve en los otros 50 litros; se revuelven bien los dos líquidos y se mezclan
en un tercer recipiente, echando al mismo tiempo.
Se continúa revolviendo, para que se mezclen bien y se puede utilizar inmediatamente.
Cada vez que se cargue el pulverizador debe revolverse el caldo.
SOLUCIÓN DE NICOTINA
Sulfato de nicotina (40 %) 125 gramos
Soda de lavar 300 gramos

AGUA
Se disuelve la soda en el agua y luego se agrega la nicotina. Esta solución debe aplicarse con bastante
presión, tratando de que el líquido llegue al lugar en que se encuentran los insectos.

SOLUCIÓN ARESENICAL
Arseniato de plomo 400 gramos
Agua. 100 litros
Pasta de cal apagada 1 kilo
Con el arseniato se hace una pasta, para lo cual se agrega poco a poco agua; luego la pasta se disuelve en
50 litros de agua. En los 50 litros restantes se disuelve la pasta de cal, y luego se mezclan.
Los aparatos pulverizadores que se utilicen deben poseer agitador para mantener en suspensión el
arseniato, ya que no es soluble.
Esta solución actúa como tóxico para las orugas que, al alimentarse de las hojas, tallos o frutos, se
envenenan y mueren.
No debe utilizarse esta solución cuando los frutos ya tienen tamaño y están por madurar, pues al
consumirlos, si no se tiene la precaución de lavarlos, pueden provocar trastornos intestinales.

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