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a ©. B, Macpherson cero, La Democracie como Equilibrio, abandoné la reivindi- Cacign moral, so pretexto de que la experiencia del fun~ Cionamiento real de los sistemas democraticos habia de- mostrado que el modelo del desarrollo personal. no era Tealista ea absoluto: en su lugar, los tedricos del equilibrio bfrecian una deseripcion (y una justificacién) de la demo- cracia como competencia entre élites que produce un cquilibrio sin mucha participacién popular. Es el modelo imperante actualmente. Su insuficiencia es cada vex mas evidente, y la posibilidad de sustituirlo por algo mas parc Cipativo se ha convertido en una cuestién controvertida y Seria, Por eso este estudio pasa después a cxaminar las perspectivas y los problemas de un cuarto-modelo, el de La Democracia como Participactén. Il. Modelo n® 1: La democ ja como proteccién +B. Macgherdod La ruptura de la tradicién democratica Opinemos lo que opinemos acerca de los versos de Tennyson sobre la libertad que va lentamente ensan chandose de precedente en precedente, es evidente que no fue asi como licgamos a nuestras democracias liberales actuales. Fs cierto que en éstas cl sufragio universal lle en general por etapas, a partir de limicaciones censitarias restrictivas y que fue avanzando a diferente velocidad segiin los distintos paises hasta IIcgar al sufragio universal de los varones, y acabé por incluir el de las mujeres. Pero antes de que se hubiera iniciado en absoluto esta expan- sin del sufragio, las instituciones y la ideologia del indivi- dualismo liberal estaban ya firmemence establecidas. Las tinicas excepciones aparences a esta regla no eran excep- ciones. Algunos paises europeos, entre los que destacaba Francia, tenian el sufragio de los varones ances de que se hubiera establecido plenamente en ellos la sociedad libe- ral de mercado. Pero como las asambleas clegidas por ese método no estaban facultadas para establecer 0 rechazar ©. B. Macphe onsiderar democriticos esos jacion del derecho de sufragio no es un caobierna democratico sino €n la medida en que oO del derecho de sufragio pucde elewar gobier- carlos. Por eso cabe decir que para el mo de un derecho de mente democratico habia adq er parce, el concepto de democrac incorporar ese derecho de sufragio era muy dife- Jas las visiones anteriores de la democracia. "que existe una ruprura clara en la senda que leva nocracia prelibcral a la liberal. En el siglo X1X se ‘czar a partic de una base muy diferente. mo ya hemos visto, los conceptos anteriores de la Jemocracia rechazaban la divisién en clases, por creer 0 esperar que se F ndér, © por suponer incluso @ en algunos sitios —la Ginebra de Rousseau © los Estados Unidos de Jefferson— ya se Jo.En la democracia liberal aceptaba la division en cla- ‘uabaa partir de ella. Quienes primero formularon Ia democracia liberal, legaron a defenderla por una conca- tenacion de ideas que s¢ iniciaba con los supuestos de u Sociedad capitalista de mercado y las leyes de la economia eron un modelo de hombre jes) y un modelo de socic: suma de individuos con intereses conflictivos). esos modelos, y de un principio ético, de lun gobierno, las funciones que era de ra.un gobierno, y a partir de ahi ahle de clegir y autorizar los gobiernos mprender lo mucho que sus modelos de J influyeron en su teoria general, y su modelo de democracia liberal como la a de gobierno, nos conviene estudiar mas de ide lo que se suele hacer las teorias de los dos ros exponentes sistematicos de la democracia libe- remy Bentham y James Mill! Js empezar por Bentham, el sistematizador ini- Sacabé por fecibir el nombre de jucir a James Mill cuando, como ocu puede (como maximizador de u dad » socied oria a La democescia liberal ys époce z reid a veces, defendid la causa utilitaria con més daridad © Bentham, o cuando sus reservas y ambigiedades eran eradiscipulo fiel ademas de ser ua autor mucho mas disciph as veces exponia las ideas de am de forma mas clara que el propio maestro. Y aco en que Bentham se dedicé a reflexionar cuestién de cual era la mejor forma de gobierno, 1 de forma paralela y estaban en eso no es hacerles una injusticia a jos casi como si formaran una uni- echo contact Je ellos teat sé que con Bentham y James Mill lademo- beral tuvo un mal principio. No se trata de que ‘0s incomperentes, Por el contrar una merecida fama de pensador, y a nfluyente del siglo XIX inglés se le dio su I no fue un autor de primeri- aro y vigoroso. Y la ceoria a que ambos dedujeron la critico, parecia al mismo docrri nombr general del necesidad tiempo seria. Fra mbas cosas, y ahi estaba el problema. Sugeriré 2 combinacion de un principio ético de igualdad mbre y de sufragio democratic, pero se lo hizo ao llena de reservas y no de una clara. El Gnico crierio nalmente del bien social era la mayor mayor nimero, en el cual se definia la felici- individual una vez restado ad coral neta de una sociedad, ndividue como unidad. ¢Qué tario que eso como principio ético mene a8 ©. B. Macpl Pero a esto se le afiadian varios postulados facticés Cada individuo, por su propia naturaleza, trata de llevar al maximo su propio placer, sin ningtin limite. Y aunque Bentham establecié una larga lista de tipos de placer, que comprendia muchos de orden no material, estaba ‘cor vencido de que la posesién de bienes materiales era algo tan basico para el logro de todas las demas sarisfacciones que era lo unico que podia tomarse como la medida de todas ellas. «A cada porcién de riqueza corresponde una porcién de felicidad», Y «El dinero es el instrumento con el que se mide la cantidad de dolor o de placer. Quienes no estén satisfechos con la precision de este instrumento deben encontrar otro que sea mas preciso, o decir adiés a la politica y la moral»?. De modo que cada uno trata de maximizar su propia riqueza, sin limites. Una de las formas de lograrlo es obtener poder sobre otros. «La relacion entre la riqueza y el poder es estrechisima e intima; tan intima, de hecho, que separar la una del otro, incluso en Ja imaginacién, es asunto de no escasa dificultad. Cada uno de ellos ‘es, respectivamente, un instrumento de producciéa con rela~ cién al otro~*. ¥, ademas, «los seres humanos son los instrumentos de produccién mas eficaces, y por tanto cada uno desea emplear los servicios de sus congéneres « fin de multiplicar sus propias comodidades. De ahi la sed intensa y universal de poder, y el odio igualmente general al sometimiento»’. James Mill cra todavia mas direceo. En su articulo de 1820, Del Gobierno, decia Eldesco de un ser humano de somecer ala persona y la hacienda de otro a sus placeres, pese al dafio oa la pérdida de placer que ello ocasione al otro individuo, ¢s la base del gobierno. El deseo del objeco implica el deseo dei poder aecesario para obtener el objero, Fl deseo, pues, del poder que es necesario para somecer a Tas personas y las haciendas de seres humanos a auestros placeres es una de las grandes leyes que rigen a la naturaleza humana... El gran instrumento para lograr lo que le agrada aun hombre son los actos de otros hombres. El poder, pues, significa a seguridad para la conformidad entre la voluntad de un hombre y Jos actos de-utros hemes, ae seni objeco de us; . Conforme a esta eran de ta nacuraleza hu mana, la sociedad Cs una coleccién de individuos que buscan incesanremence el poder s. otros, Para impedir que entendia que hacia falta u civil como penal Las diversas estruce rian aportar cl orden necesario, perc segtin el principio euce u leyes, la mejor distribucias serfan los que prc atunero. Bend las leyes podia di dos: «fae vorecer nsas de, po- fario. el mejer co ride de derechos y obligaciones. esen la mayor felicidad para cl mayor le Los objetives de Ja legislacion. segun Bentham Los argumentos de Bentham acerca de Lomo podria lograrse cada uno de estos Objeuves (y como no logearse) son muy reveladores. Juntos, equivale adefensa de un sistema de propiedad privada ilimitada y de empresa capitalista, y todo cllo aparentemence deducido a partir de los postulados facticos relativos ala naturale: ana ya pocas cosas mas. Vea a epigrafe, En primer lugar, la subsistencia, Las leyes nu ticne hacer nada a fin de ascgurar que se para proveer a la subsistencia 2Que pueden adit eyes en pro que puede 6. que propia subsistencia creado esos mo 8 hecho a vse respee neertadas. Li crmado on iperad as necesidades, yas para qu ela naruralcza, € seria supertluo® Lo que si pueden hacer las leyes es » proveer a la subsis- tencia indicectamenre, al proreger a fos hombres en su trabajo y hacer que teagan asegurados los fruros de este. Seguridad para el trabajador, seguridad para los fruros de trabajo; para eso valen las leyes, y son de un valor inest: mable»?. Lo curioso de esto es que Bentham, miedo ai hambre como incentivo natural al trabajo pro- ductivo que proveeria 4 la subsistencia de todos, ha p: sado de pensar en una sociedad priminiva «ances de que existiera la idea de las leyesm!, en hambre cendria ese efecto en todos y cada uno, a una sociedad industrial avanzada del slo XIX, donde av es aplicable ese criterio, salvo que s¢ le afiada ana dispos- ti6n adicional, En una sociedad primitiva con un aivel de técnica productiva tan bajo que hiciera falta cl trabaj incesante de codos para evitar el hambre generalizad en Ja que todos advirtieran que hacia falta ese trabajo), €l temor al hambre seria un incentivo suficiente al trabajo productive que proveeria a la subsistencia de rodos. Pero en una sociedad cuyas técnicas de produccia son su Gientes para proveer a la subsistencia de codos sin nece: dlad del trabajo incesante de rodos, como la Inglaterra de la época de Bentham, el miedo al hambre no es por si mismo un incentivo suficiente. En una sociedad asi, el miedo al hambre no sera un incentivo al trabajo incesance sino cuando las instituciones de propiedad hayan creado hina clase que po renga la propiedad de tierras ai de capital activo ni pueda reclamar ala sociedad que le dé sustento, y por ende haya de vender su fuerza de trabajo o morirse de hambre. ‘Aun pensador tan aude como Bentham dificilmente podria habérsele escapado esto, de no haber sido porque daba por descontada la exisrencia de una clase asi, como algo inevitable en toda sociedad economic ee avan mencionar el La den zada. ¥ sabemos que daba por supuesto lo siguiente: «En el estado mas elevado de prosperidad social, la gran masa de los ciudadanos no cendra mas recurso que su industeia diaria, y por consiguiente estani siempre proxima a la indigencia»'°, Ya empezamos a ver cémo las enschanzas de la economia politica clasica subvierten el principio igualicario, Parecida transformacién ocurre en su razon: acerca de la «abundanci concebir una sociedad de productor pensar en su propia sociedad avan Ultima una generalizacién acerca de los aparentemente se derivan de la primera socie que no hace falta legislacion para alentar a Jos individuos a producir bienes mareriales abundances. Basta con los i centivos naturales, porque los deseos de todos son infin tos, Cada necesidad satisfecha produce una nueva necest~ dad. Por eso existe un incentive caro y permanente producir mas. Bentham no advierte que ese incentive, que cabe postular correctamence para el empresario capi talista y quia para el productor independiente empleado por cuenta propia, no se puede aplicar muy bien a los asalariados, que estan «siempre proximosa laindigenc No lo ve porque ha creado sumo jombre a imagen del empresario 6 del productor indepen podia crear ese modelo porque no tenia sen historia Hasta que Hegamos a sus razonamientos rela igualdad y la seguridad no advertimos plenamente hasta qué punto su aceptacidn del capitalismo socavaba su prin cipio ético igualitario. EL argumento en pro de la «igual- dad», es decir, de que todos cuvieran la misma cantidad de Fiquezas o de ingresos, se expone claramente. Se basa en lo que llegé a conocerse como ley de utilidad decreciente, que sefiala que los incrementos sucesivos de riqueza (o de cualesquicra bienes materiales) aportan sucesivamente menos satisfaccion a su propierario, o sea, que una per- sona con una riqueza 10.6 100 veces superior a la de otra obtiene un placer mucho menor que 10 6 100 veces Como rodes los individuos tienen la misma capacidad de ». En este caso parece pasar de lov de ©. B. Macpherson phicer, y «cada porcién de riqueza comporta una porcién correspondiente de felicidad, se sigue que «quien tiene mis riqueza tiene mas felicidad», pero también que «cl exceso de felicidad del mas rico no sera tan grande como. el exceso de st riqueza»'!. De esto se desprende que el otal de felicidad sera mayor cuando fa distribucién de la queza sc aproxime mas a la igualdad: cl maximo de lad total requicre que todos los individuos tengan weual riquez, Este arzumeénco en pro de la jgualdad requiere, hemos advertido, un supuesto previo de capacidades igua- les de placer. Pucs si se supusiera que algunos tienen mas capacidad para el placer, es decir, mas sensitividad 0 sen- sibilidad, cabria aducir que el total de felicidad se maximi- eran mas riqueza que los demas. Ben- e muy coherente a este respecto. Como prefa- cio al argumento de los «rendimientos decrecientes» en y de la igualdad descarté «la sensibilidad particular de bs individuos y... las circunstancias exteriores en que stén situados». Habja que descartar éstas, dijo, porque no hay en el m os individuos que las compartan de forma que sino se descartan esas diferencias, «sera nposible enunciar ninguna proposicion general»? Pero en otra parte senalaba que, ademas de las diferencias particulares de sensibilidad, existian diferencias entre ca- rias enteras de individuos. Existia una diferencia de dad entre los sexos: «En cuanto a cantidad, la sen- lad del sexo femenino parece ser en general ma- + que la del masculine". Y, lo que tenia mas impor. recta para un razonamiento que depende de una relacioa entre cl placer y la riqueza, Bentham veia una diferencia de seasibilidad entre las personas de diferente «condicion, © posicién en Ia vida»: «Caeteris paribus, pa- rece que la cantidad de sensibilidad es mayor entre los hombres de condicién mas elevada queen los de condi- cién mas baja». Si Bentham hubiese reconocido esa diferencia entre unas clases determinadas por la propie- dad al exponer su argumento en pro de la igualdad de iqueza, Este habria quedado destruido: habria estado la actitud de Edmund Burke. Y quizé era lo que 4 democra lberal hacia. Quizi no advertia ninguna necesidad de mencionar esa diferencia al exponer su argumenco en pro de la igual- dad porque ya habia decidido que el derecho a la igualdad estaba coralmente subordinado al derecho a la seguridad. En todo caso, tras decir esto bajo el epigrafe de la Bentham pasaba a la «seguridad», es decir, a la seguridad de ios propicrarios y a la expectativa de que la utilizacién del trabajo y las propiedades de cada uno le cran un readimiento. Sin la, seguridad de la propiedad trabajo que uno hace, dice Bentham, la Civilizacion es imposible, Nadie formaria un plan de vida realizaria ningun trabajo cuyo producto no pudiera lizar inmediaramente. Ni siquiera se empren- ‘a el simple cultivo de la Gerra si no se pudiera tener la seguridad de quedarse con la cosecha. Por lo tanto, las leyes deben garantizar la propiedad individual. Y como los hombres difieren en cuanto a capacidad y energia, algunos cendrin mas propiedades que otros. Toda renta- tiva juridica de reducirlos a la igualdad destruitia el incen- tivo a la productividad. De ahi que, entre la igualdad y la seguridad, la ley no debe ccubear: «La igualdad ha de quedar en segundo lugar» El argumento es persuasivo, aunque no valido. Es cierto que, si se acepta la premisa de Bentham de que todo individuo, por su misma naturaleza, cara de maximizar su placer y en consecuencia sus bienes materiales, al infinico expensas de otros, e/ectivamente se desprende que hace tener la seguridad de los frucos del trabajo propio a de convertir la btisqueda de ganancias en un incentivo a la produccién. Pero ne se desprende, como aducfa Ben- tham, que no sea posible ninguna sociedad superior a la barbarie si no existe esa seguridad, a menos que se amplie cl concepto de Ia seguridad de los trucos de] propio tra- bajo para incluir la seguridad de subsistencia de que goza- ban los esclavos en las altas civilizaciones antiguas. El trabajo forzoso, tanto en la forma de esclavitud como en otra cualquiera, puede pertectamente sostener un nivel alto de civilizacion, y, conforme a la premisa del propio Bentham de que «los Seres humanos son los instrumentos de produccion mas eficaces», dificilmence podia excluirlo 4 ok como antinatural. De hecho, como vamos a ver en se guida, mas bien que excluirld, lo apoya. Sin embargo, si se hubiera contentade con limitar su aggumento en pro de la seguridad de la propiedad a seguridad de los fruros del trabajo propio. habia dis- puesto de un argumento bastante cticaz. Pero no se con- rents con ese. Medianre otra de sus trunsformaciones inconscientes, pasé a una proposicion muy diferente: ia de que debia garantizarse la seguridad de todo uipo de propiedad existence, incl propiedad de los frucos del trabajo propio. Al consultas el gran p tar el legislador cos Debe mantener su distribucion cal como esti efectiv establecicla.. No hay nada mas dife: propiedad en los Estados U Rusia. Por lo general, en el primero de esos pa 65 propierario, en el seguade es arrendac. siervo de la gléba, ven el cuarto 3 un exclav principio supremo de la distribuciones, peste a le cipio de la seguridad, gque debe dec respecto a la masa de la Una © se apoya Ben. tham demuestra su fala de sentido de la historia. Su argumento es que el derrocar a cualquier sistema existence de propiedad equivale a hacer imposible cualquier our sistema de propiedad. No hace falta ua conocimicnto profundo de la historia para advertir que no es ciemplo, la destruccion del sistema feudal de p v6 al establecimiento de un sistem talista igual de firme, y lo mismo cabria decir de muc derrumbamientos anteriores de un sistema existente De haber sido cierto el antihistorico postulado de Bentham, logicamente habria tenide derecho a concl que han de mantenerse todos los s incluso cuando no «producen la dad», pues el derrocamiento de cualguier entonces peor, conforme al criteria de lat) vex mas, el razonamiento eo q) La deni es valida su ridad absolura sobre posailado no es valde. Por ese cidam de que la seguridad tiene pr jgualdad. ia pensar quc Bencham g haber establec t seguridad de tad sistema iddos Los q sin basarse en su postulade, mente mediante el recurs en el capitulo sobre ta que los fait esto que u fortuna de abyu Pero Bentham advirtié que esto slo no bastiba para jusc tinico que igual equeza, una redistribucién signiticaria u neta de felicidad. Pod jemis que entre dos personas, una de las cuales empczara con riqueza cuatro veces superior # la de la otra, una resis: bucién de una cuarta parce de la riqueza de A a B, que duplhicaria la riqueza de B. scguiria sie una pér- ida neta de felicidad, Pero si A empezara, digamos, con queza de B, una rediser riqueza de A cuadruplicaria | que cabe suponer sie na dad. Bentham lo reconocia. Su manera de expresarlo consistia en decir que en tal caso «el mal hecho por un ataque a la seguri nobien ques mbres, en keneral, son mas sv eaysa e6 la mir oncluys dfue que, entre nder la prioridad abs: ualdad, ¥ el razonamicnte hemos visto, en el posculado histo De toda la forma en que rata Bes a © B. Mawpiuion dos facticos angeriores. sc hasta qué punt . general cstaba penetrada de supuestos burueses. En primer lugar tenemos los posta~ lados generales: Que toda persona actua siempre cn su nterés, para maximizar su propio placer Jad, sin invites; y que es esprende ramente, pues, Su docarts Pentra en conflicro con Los intereses de texdos los demas, Entonces. la busqueda d maximo de placer se reduce a la busqueda del maximo de bienes materiales y/o de poder sobre otros. Despu exponen postalados derivados de Ix sociedad capitalists contemporanea de Benthans como st tuvieran una valide Gniversal: que la gray masa de los hombres no sé elevara jamas por engima del jivel de Ja duda subsistencia; que para ellos el "miedo af farbre, y no’ la. esperanza, dé. re- compensa, es el incentive activo para ¢] trabiajo; que, para los inas afortunados, [a esperanza-de recompensa es un incentivo suficiente para alcanzar el maximo.de producti- vidlad; que. para que esta esperanza actuic como incentivo, a de existir una seguridad absoluta de la propiedad. Por iltimo, se cleva la seguridad de la propiedad al nivel de “principio supremom, que predomina absolutamente so bre el principio de la igualdad La razon primordial por la que Bentham no advirtié contradiccign en esto, In razdn que subyace a su postulado. Storico, es, ami juicio, que en realidad no le mis que explicar la sociedad capitalista de mercad hecho, en esa sociedad, por lo menos conforme a su version dela economia politica dlasica, no parécia existir hinguna contradiccion de ese tipo: la seguridad de la apro- piacion individual ilimitada era precisamente 10 que junto con ua deseo ilimi induciria al maximo de productividad ‘de todo. el sistema. Pero el decir que la Seguridad de la propiedad maximiza la productividad, al mismo tiempo que perpetia la desigualdad, no ¢s decir que maximice cl toral de placer o de udlidad. Bentham ha Vueltoa cambiar de cerreno, y ahora va de la utilidad coral @ la riqueza total. Pero se trata de cosas diferentes. Ese, Cambio de terreno es ilegitimo porque, conforme a su propio principio de la utilidad deereciente, una:riquez hacional menor, diswibuida por igual, podria rendic una ncere- La democracia liberal y su epoca . utilidad total mayor que una riqueza nacional mayor dis- eribuida desigualmente.’ Pero" Bentham “estaba tan“im- buido de la ética del capitalismo, que lleva a la maximiza~ cién de la riqueza y la entiende como equivalente de la maximizacion de la utilidad, que no reconocia Ia diferen- cia entre las dos cosas. El requisico politico Qué tipo de Estado hacia falta para este tipo de socie- dad? El problema politico consistia en encontrar un sis- cema de elegir y autorizar gobiernos, es decir, grupos de legisladores y'de encargados de aplicar las leyes, que formulasen y aplicasén el tipo de leyes que necesitaba‘esa sociedad. Era.un problema doble: el sistema politico debia producir gobiernos que establecieran y protegieran una sociedad de mercado libre, y al mismo tiempo protegieran a los ciudadanos contra la rapacidad de los gobicrno (pues conforme al gran principio rector de la naturaleza humana, todo gobierno seria rapaz si no le conviniera por su propio interés no serlo, © si no le fuera imposible serlo). El punto clave en la solucién de este doble problema resulté ser el de quienes tenian derecho de con algunos mecanismos como el voro secreto, la frecuen- cia de las elecciones y la libertad de prensa, para que ¢l voto fuera una expresiOn libre y efecuva de los deseos de los votantes. El derecho de sufragio y su autenticidad se convirtieron en la cuestin central porque, a principios del siglo XIX.cn Inglatetra, los teéricos podian dar por descontado el resto del marco del gobierno representa- tivo: las disposiciones constitucionales por las que las asambleas legislativas y el poder ejecutivo se clegian pe- riédicamente, y por lo tanto eran periddicamente revoca- bles por los vorantes en las elecciones generales, y por las que la administracién publica (y las fuerzas armadas) ¢s- taba subordinada a un gobierno que de este modo era responsable ante el electorado. De manera que el modelo del que partian los pensadores del siglo XIX era.un sistema de gobierno representativo y responsable de este tipo. Lo voro, junto as ©. B. Macpherson. por resolver era qué disposiciones sobre aurenticidad del derecho de voto harfan 2 doble funcién de producir gobiernos que sen una sociedad de mercado libre y proteger a ios ciudadanos contra el gobierno. Si no se bubiese visto como problema mas que ¢l pri mero de estos requisitos, habria bastado con un sufragio may poco democratico. De hecho, ese tipo de sufragio < im durante dos decenios, hasta que em- sistemas politicos. En una obra escrita y 1802 defendié un sufragio limitado, que s pobres. los analfabetos, las personas depen- sy las mujeres'®. En 1809 defendis el derecho d ietarios de casas, limitado a quienes paga- impuesto directo por bienes raices?®, En 1817 Je un sufragio «précticamente universal», que no mente tambien ala mujer (el dar una opinion esc respecto «seria completamente prematuro pero en la misma obra decia que si bien estaba prudencia del principio del sufragio univer- ign estaba convencide «de la Facilidad y la cohe- rencia con que, en aras de launién y la concordia, podrian lo menos durante algun iendo una experiencia hacerse muchas exclusiones, p mpo y al objero de ir a y gradual»?). Pa s, pero incluso entonces decia qu er esa formula mayoria de bs excluidas, que «quiza constituyeran los varones a De manera que a B cr igado a 1a cuesti6n constitucional. > grupo de hombres [comprendido cualquier po que renga poderes para legislar y gobernar] se rige © por lo que a su juicio le inceresa, en el ict y eRoista de la palabra interés; aun consideracion del interés de los demas»? y su época tinica forma de impedir que cl gobierno desposea al resto de la gente es hacer que la mayoria de toda la gente pueda revocar con frecuencia a los gobernantes. Los poderes del gobierno en manos de cualquier grupo de personas distin tas de las clegidas y revocables por los voros del mayor numero «se encaminarian forzosamente a procurar todo el aumenco posible de su propia felicidad, pasara lo que pasara con la felicidad de los demas. Y en la misma pro. idad fuera cn aumento. Jad cotal de codos los g: es un juego cuya suma final es cero: cuanta mas tengan los ances, menos tienen los goberna amiento en pro de democratico se a proteccién: «con la Unica ex- tes y las escasas pers as con influencia son enemigos de los muchos que estin sometidos... y por la naturaleza misma del hombre... enemigos perperuos © inmuta- bles» 25, La democracia, pues, iene como caracteristica y como efecto ascgurar a sus miembros contra Ia 0) su poder y por el ser los enem: Pero aunque la deduccién légica a partir de la natura- leza de los seres humanos consuituia un angumento irrefu table eo pro de una constitucién democratica, Benth, estaba dispuesto a transigir al respecto en aras de la efica- ‘© ejemplo cs su acticud en relacién con el la mujer. El argumento en pro del sufragio universal requeria que las mujeres tuvieran el voto, igual que los hombres. De hecho, Bentham aducia que, para npensar sus problemas naturales, las mujeres, en (odo 50 CB. Macphersy caso, tenian derecho a mas votos que los hombres, Pero sostenia que en su época existia un prejuicio tan generali~ zado en contra del sufragio de la mujer que no podia recomendarlo: «los enfrentamientos y la confusién cau- sados por la propuesta de esta mejora absorberian toral mente la atencidn del piiblico y alejarian mucho todos los demas tipos de mejoras»?” De forma que conocemos exactamente la actitud de Bentham acerca del sufragio democrat con un sufragio limicado, pero estaba dispuesto a conce- der el sufragio a todos los varones, En principio, incluso defendia el sufragio universal, pero sostenia que no habia Hegado el momento: el proponer ya el voro de la mujer pondria en peligro las posibilidades de la reforma parla- mentaria. Y debemos sefalar que no expuso el principio del sufrazio democratico hasta que se persuadio de que los pobres no utilizarian sus votos para nivelar la propie dad ni destruirla. Los pobres, decia, tienen mas que ganar con el mantenimiento de la insticucién de la propiedad que con su deseruccién, y como prueba senalaba el hecho de que cn los.Estados Unidos quienes «no tiene una propiedad suficiente para mantenerse» habian cenido, desde hacia mas de 50 aos, «la propiedad de los ri icamente» y, cunca habian atacado a la, pro- Las oscilacionés de James Mill Fue James Mill ¢ en 1820, adujoel argumento mas vigoroso cn pro del sufragio universal, pero fue tan caute loso y lo expuso en términos tan hiporéticus, que puede entenderse, y muchas veces se ha entendido, como si fuera un argumento en pro de un sufragio mucho menos que universal?”, No obstante, aunque matiz6 mucho sus conclusiones, su razonamiento lleva irresistiblemente al sufragio universal. El razonamiento principa recto que el de Bentham, pero esencialmente pa Empieza con la afirmacién de Jo que es, sin’ duda, el postulado mas extremo que jamas sc haya hecho, ni antes ni después, acerca del egoismo, esa gran ley recrora de la postularlo ider polince esta- n. El voto era p por lo menos, del voro era falta de poder so todos nccesitaban ei voto, para proce- > 16 que no fuer, por persona» seria para p} 1s ciudadanos a que quiches no te dos por enes si lo tens contra el gobierno. Pero no cabe decir que a James Mili democracia mas que a Bentham. Por: articulo dtulado Del Gobierno en el mento en pro del sufragio universal. ingemo en la mas reducido brindaria la misma seguridad en interés de todos los ciudadanos que el sufragio universal, y adujo que seria prudente excluir a las mujeres, alos hombres de menos de 40 aftas y al cercio mas os hombres de mas de 40. El razonamiento es casi increiblemente burdo. Su pri cipio general era que «se puede excluir sin inconvenie a todos los individuos cuyos interes mente inchutdos en los de otros arece que del principio son brus- cas y. dominantes. En primer lugar, segun M. excluia a las mujeres, a esta incluido en el de sus padres o en el de sus maridos También permitia excluir a codos los varones de menor a la que se decidiera, acerca de la cual «se puede actuar con un amplio margen sin ningtin inconvenieare Supongamos que se prescribiera los 40 anos... dific te podrian promulgarse leyes en beneficio de todos los hombres de 40 anos que no fueran en beneficio de todo cl resto de la comunidad». ¥ «a inmensa mayoria de los viejos tienen hijos, cuyo interés consideran como parte del suyo. Es una ley de la naturaleza humana. Por lo tanto, no hay mucho peligro de que, con una disposicién de este género, los intereses de los jdvenes quedaran muy sacrificados a los de los viejos»*? (Mill tenia 47 afios en 1820) Al tratar de la cuestion de un requisite censitarie o de Se La democeacia liberal y su trate de aplicar su ps Janceaba M e un requisite tan ba razonar volviendo a su que constieuye © universal y dijo que ni ust Snmensa mayoria de la clase b a wente Con pocas por la clase media? pargo ilevara a constitu: Es posible que si Mill dei margen para esas exclusi < fuera idéntico al de se debieraa que, al igual que Bentham, le interesaba sobre cuestion se planteaba como todo una reforma electoral que socavara los siniestros reses, la respuesta cu incereses dominantes de la pequefa clase cerratensente y suescos. La res- adinerada que lo controlaba tode antes de la Ley de Re- lad jo forma de 1832. En esta cuestion fue muc s militance Lac que Bentham: no le parecia desdenable tanya, q) mas de 40 éxito, de asustar a la oligarquia para que ds LerCivs accediese a la Reforma de 1832 cque se quedé muy lejos del sufragio universal de los varones), para lo cual le expuso la probabilidad de una revolucion popular sino se jombre accedia esa reforma, aunque es dudoso que él miss os beneficios del buen creyera en fad de ral accién revoluciona jan para disuad Pero tenia plena conciencia micmbros de ese org tanto él apoyo de la clase traba jade jos del © bierno que les media para esa reforma: estaba conve je. el buen gobierno gozaria tancia de la opi algun puaro a que P a del deres rrespondia a Je James M fe alte ps te. PORqUE irian ol voto, y que bene esperar © todos perei| G pismo ¢ esas dos clases. Por lo tanto, para insist exeluyera amas de la cenfa Que evitar nfrentarsecon cual ificaria que Pero Mill no se enfrentaba con igual al derivado d permitir la exclusion de las mujeres: como cre: ese beneficie seria menos Benth bablemente con toda razon, Ia opi- a garantizada el mal Ko nién publica discaba > de estar preparada para adn tir el sufragio de la mujer. L jc excluir a todos Difcilme hombres menores de 40 afios era tan palpablemente ab- Mil surda que no ofenderiaa s Cabria incluso aducir que at esa exclusion reduciria el nime ntes de clase e el de hombres acomo- s, dado que la proporcién de pobres que Ile; cumplir los 40 atos era menor, pero no parece que criticos de Mi an en cuenta #ste aspecto: Maca mo que fue con mucho su critico mas exhaustivo, I - atencion sobre la incomperencia de la argumentat a exc! ujer'?, pero no menciond el argu obrera en mayor proporcion r | | da Lo mi es que esto da muchos motives para ¢ ca cabal. ;Por ue cabe dec eraua d 5 cB son a jel requisite de la propiedad. La defensa del suf gio de todos los varones, sin ningtin requisico censitario, na gran parce de la pobl de un requisico de propiedad que excluyera a uni parce considerable dela clase obrera significaria perder el poyo de ésta. Asi, Mill se encontraba en una situaci ©, por extrano que parezca, es bastance paralela a la que atribuia él a los portavoces de lo que él calificaba de partide de oposicién de la clase dominance, y tomé la ‘nun articulo publicade en el primer numero de la cal Westminster Review, (enero de 1824), sobre la «Li- teratura Periédica», Mill lanz6 un ataque demoledor con- tra la Edinburgh Review, de la que dijo que hablaba en nombre del ala anigubernamental de la clase dominance, ese grupo, decia, era que, con el fin de atraerse la opinion de la clase no dominant dado que esa opinion influia efectivamente en la clase en parce per contagio, en parte por conven- parte por intimidacion», pero no podii contra de los privilegios actuales de misma para llegar al poder, y , ¢] mism formaba parce de Por es0, en sus discursos y sus escritos vemos tan a menudo que oscilen como el péndulo». Una vez reco- iendan los incereses de laclase dominante y otras los del pueblo. «Tras escribir unas, paginas en pro de un bando, ne que escribir tro. No importa ncipios sea en realidad opuesta no sea muy visible, 0 Ao se probable que la perciba claramente el partido que se desea acepte el senuelo»™, Las oscilaciones de Mill en su articulo Del Gobierno son perfectamence paralelas: la discordancia entre sus dos series de principios, una que requiere el sufragio univer- wccacia liberal you sal, y la otra que permit ly visible» gracias a su recome resrringide potéticar estuvicra defendiendo la exclusion de las mujeres, como rampoco la de los menores de 40 anos; su hijo afirma que, seguin él, no hacia sino preguntar cual ¢ra el limite maximo. permisible de la restriccién en caso de que el sufragio fuera restringido’”; pero la redacci6n del articulo no su- giere que considerase las restricciones como concesiones Jamentablemente necesarias al realismo politico, sino que mas bien las consideraba ctiles para asegurar que los electores vorasen bi Las oscilaciones del articulo Def Gobierno se comple- mentan con las seguridades que Mill da a sus lectores, al final mi jo, de que no cabe temer ningtin peligro d esion del sufragio a la clase baja, porque a inmensa mayoria de esa clase se dejaria siempre guiar por la clase media. Es posible que Mill considerase acon: ble dar esas seguridades a sus lectores, dado que se podria calcular que la exclusion incluso del tercio mas pobre de los varones de jaria a la clase obrera en mayoria Diez afios después det articulo Def Gobierno, y seis después de su anilisis de las oscilaciones, creyé que po- ria a Igo mas su actitud. En un articulo consagrado ala defensa del voro secreto decia: «Por ende, creemos que cl negocio del gobierno es, y debe ser, el negocio de los ricos, los cuales siempre lo obtendraa, por las buenas 0 or las malas. Todo depende de esto. Si lo obtienen as malas, el gobierno. sera malo, Si lo-obtienen por buenas, no cabe duda de que el gobierno sera bue Unie ¢s por sufragio libre de pucblow+!, Estas frases captan muy bien el espiritu del Modelo N° 1, el apogeo de su optimismo: el sufragio democratic cgeria a los ciudadanos, sino que neluso me: acion de los ricos como gober- nantes. No cabe decir que se trate de un espiritu de igualdad, a sufragio Mas adelante newé que o del articu 56 ©. B. Mauphense Lag La democracia como proteccién para el hombre de sy I mercado ey para nad: Tal fue la génesis del primer pere crea democracia. No es muy inspirador ni estuvo muy rado. Las disposiciones sobre el sufr isiones ante ica, Las Resui visiones a le 5 si modelo a hacer que su de: El me de sufragio fuera democritico en principio: si fue que hombre ¢ por la socie incrable. En es re Mill y si je mercado, rreno, sobre seguidores modelo de Be comprendieron que si no se Hegaba a la norma de tendré tanco etecto como una © uno de los otros. Lo saben, y por eso son apaticos. Asi, la desiguald, iia. La apatia no es un di Pero, ademas, el sistem uye directamence a la apatia. Como ya vimos en el Capitulo anterior, las funciones que debe desempenar ua sistema de partidos en una sociedad desigual con sufragio masiv ieren que se difumi a responsabilidad de los inf tes para esforzarse en f ‘ecuente de abstencién en las elecciones es cre quien escoger jo N® 3 han attibuide gran > de la apatia de los vorances, puido a las causas que n embargo, si suelen sefalar que el » del Modelo N° 3 requiere unos » los actuales: una parucipacion sistema!®, La correccién de esta proposicion general no se demuestra nunca, pero hecho de que se formule ¢s re » el realismo del Modelo N° 3 cabe hallar algo en algo tan poco prometedor como lagene- ralizacion de la apatia. Podemos preferir la idea de que un. sistema politico que requiere y fomenta la apatia no esté tidari 1 fer niveles de ap: mayor pondria en peligro la estabilidad de 108 CB. Macpherson realizando muy bien su dado el factor diferencial de clases que exisce en el fer meno de la upatia’?. Para resumir, pues, el primer aspect, vemos que en la medida en que el sistema politico de mercado es 10 bas- © Competitive para realizar la tarea de cquilibrar la oferta y la demanda de mercaderias politicas —en | medida, es decir, en que efectivamente responde a demandas de los consumidores~~, representa y respoade nandas que son muy desigualmence efectivas. Algu nas demandas son mas efectivas que otras porque, cuundo. la demanda se expresa en insumo de encrgia humana, ¢ insumo de enesgia de una persona puede no obtener el mismo readimiento por unidad que el de otra. ¥ la clase de demandas politicas que tiene: ero para resp. iencs obtienen area de optimizar, sobre mis di darlas sucic ser la misma clase que la de qi mejor remuneracion por unidad de insumo de enenzia humana. En ambos casos, s demandas de las clases sonieconomicas mis alias las que soa mas efectivas. Y, las clases inferiores son apaticas. Ea resumen, el brio y la soberania del censumidor, tal como establece cl Modelo NO 3, distan muche de ser democr segundo aspecto en el que fa a scritica del consumidor es simplemente que el Modelo N® 3 no establece ninguna cantidad con: derable de soberania del consumidor. El mercado politico dei Modelo N° 3 dista de ser plenamente competitive macion de la ris que dos par dad de uno © dos ndas de los con © deben hacerlo en un siste ad plenamente c Pueden fijar los precios y cstablecer la gan lexis gue se van a ofrecer. A pueden crear ellos mismos la de nda. Ea un mer- a a * ral y su poe 09 ado oligopélico la demanda noma, no es u dependiente, aeeee so del ougopolio, que es un lugar comin de la cone, eonSmica, es algo que han advertise sorprenden- seo ce pocos tcoricos politicos del Modelo N° 3. In- (ene Semumpeccr que fue de todos Ios Formlalores del a nsisce mucho en la forma en que el econo Ta competencia imperfecta requieren una oo one rondo de Ia teoria econdmica clasica y neocla del equilibrio, ao advierte su importancia en el mo- economicos, y que Silo politico. Menciona el paralelo entre la compet ica y 1a politica’®, pero en li npetencia imperfecta de todos los ma muy imperfecta que es el oligopolio; lugar de enfrentarse con el hecho crucial del oligopolio Ge partidos, describe a los «politicos de partido y de aquinaria cc una contativa de regular la compe- tencia politica de forma exactamence igual a las pricticas dientes de una asociacién de intereses econo- imperfecta econbm correspe micos»= Por unos par n poco caso de Ia capacidad de ‘os para crear las demandas de Nereaderias policicas? Crco que es porque los tedricos eee haa pe jue, aparce del aicance de la com- las demandas de los vorantes no ates ultimos del 1 postulado > partidos es cia entre élites. Como las que formulaa las cues- ¢ «con lo que nos enfren- es ‘os no es en gran nuina, sino manufacturadam, exactamente anilogas a las fomercial »#?; agente «no plantea no que... las cuestiones que Figen 3 se suelen plantear y decidir por ellax*; los tacos del electorado «no son los datos definitivos», la Uceision del electorado «no se desprende de su iniciativa, postulado siempre han pos! ufactura mas de la publici ni de su de i no Ze sino que se le da formada, y esa formacién es parte esencial del proceso democraticon™, Asi, cl Modelo N® 3 afirma que, cualquiera que sea cl grado de oligopolio en la comperencia entre partidos, y debide sencillamente a que la iniciativa se halla siempre en las élites, la unidad bisica irreducible del proceso democritico #0 €s el individuo con una serie indepen. dicate y auténoma de demandas, 0 como dirian los eco- nomistas una lista aurénoma de demanda. El Modelo N° 3 afirma, por el contrario, que ia lista de demandas de mercaderias politicas esti dictada por los propios prove. dores. Esta afirmacion es bastante correcta. Pero lo cu rigs es que no se sostiene que este hecho refure la afirmacién del Modelo N° 3 de que es democratico, sino que lo refuerza. El razonamiento es que como las listas ividuales de demanda no son los datos basicos inde. pendientes del sistema, en consecuencia el proceso de- mocritico no puede aspirar a satistacer las expectativas democraticas ni los ideales de los Modelos N° 1 y 2, no puede aspirar a cumplir las funciones que le atribuian los Modelos N* Ly 2 o cualquier variante del modelo uc sico», todas las cuales dependian de individuos autono- mos; por lo tanto, el Modelo N° 3 es mejor que los Modelos N°1 y 2 Ahora bien, esta percepcién de los constructores del Modelo N° 3 de las relaciones reales prevalecientes en nuestra sociedad refuerza cfectivamente la afirmacion del Modelo N° 3 de que es realista, es decir, realista para una sociedad a la que se considera incapaz de ir mas alla del mercado econémico oligopolico, de la desigualdad de clases y de la vision de si misma de la gente como esen. cialmente consumidora. Pero plancea algunas dificultades a la afirmacién de que el Modelo N° 3 es democratico. Como el Modclo N° 3 permite, o incluso requiere, que los proveedores clitistas de mercaderias politicas partici. pen mucho en la creacion de las;demandas (como hacen, y haa de hacer, en un mercado oligopdlico), el argumento en pro del Modelo N® 3 del equilibrio optimo y la sobe- rania de los consumidores se queda sin base. El argu mento en pro del Modelo N° 3 se queda reducido a La democracia hberal v9 preveion-contrala- pe tirania .y de hecho singin in nia de la prorece simizador, reduciri. Li Bunera la tirana Si cl Me nese ln dn Jura ce un grupo perpetue de gobernantes, pro del Modelo N° su oligop ente. Pero lo quem Helo No 3 sea lat nunca se dice tal cosa ex ahora es sez po dictatorial que ao tuviera cod delo N° 3 El Modelo N° 3 se tambalea | Modelo N® 3 seguir sien modelo descriptive mas correcto, y se seguint aceptando como modelo justi- ficative suficiente, mientras en las sociedades occidenta, Jes sigamos prefiriendo la abundancia a la comunidad (y creyendo que la sociedad de mercado puede aportarnos la indefinidamente) y mientras sigamos acep- abundance! iternativa al Modelo N° 3 es rn nente andliberal. Expresado de forma ligeramente Uisdoeas podslamos decir que el sistema de ites compe doges masimivadorcs . naciones occidentales. La necesidad de tervencion estatal en la economia con criterios keynesianos, son de mantener el orden c: : significaba una ines si ne tanciadas'de toda responsabilidad ance el pueblo: los tni- conaue podian salvarel sistema eran Jos expertos, pues se sScpenia"que aus fazonamicntos cran alge que no Podian Vv. Modelo N° 4: La democ los Modeio N° 3 | Mode FI que cada vex se y s acerca de la idonei ano se puede tomar, por desera- cia, ale cie conciencia di mence consumidores pp Lo maxim s problemas que ¥ examinar las soluc que re podem ver cuales cea pasar a un nuevo model posibles. El nacimiento de la idea ode. asiado por Al considerar a la democracia como partic un auréntico modclo, € incluso como unm mocracia liberal, quiza nos dejemos llevar s atractivos de la simerria. Desde participariva no es un mode! 9s que hemos veni 98 de 1960 y resultado del creciente descontento © obreros y los empleados, y de [a sen zada de alienacién, que se convirt en temas tan de moda para Los gestion, las comisiones ofics periodistas populares. Una m espiria fue el control obrero de la industria. Ea los mismos dece idea de que deberia haber una participacion consid