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Causas de un mal servicio de Salud en Guatemala

La salud está consagrada como un derecho humano fundamental. Pero Guatemala no es un país sano, así lo indican
las estadísticas de desnutrición, mortalidad infantil, diabetes y otras enfermedades. Según una declaración del
director de la OMS: “la discriminación en el contexto de la atención de salud es inaceptable y constituye un obstáculo
importante para el desarrollo”. Y precisamente el problema de la salud en Guatemala se trata de discriminación y
segregación, ya que millones de ciudadanos no tienen acceso a un sistema con servicios de salud eficientes y
humanos.

Al mismo tiempo que la infraestructura de la salud (hospitales) deja mucho que desear, principalmente en el nivel
público que es el mayor y tendría que ser el prioritario. La salud se ha privatizado y se concentran las posibilidades
de recibir tratamientos eficaces y rápidos en las personas que pueden pagar los altos costos o que tienen onerosos
seguros médicos. Por otro lado la situación de los recursos humanos (personal médico y paramédico) se ve afectado
por las malas situaciones laborales en el sector público de salud con los bajos sueldos y las deficientes condiciones
de los centros de trabajo. Una ecuación muy negativa, de pésimas condiciones de infraestructura y personal mal
pagado y sobre utilizado y por otro lado los indicadores que muestran los daños en la salud de los guatemaltecos.

La crisis del sistema tiene largos años y no se le puede endilgar únicamente al actual gobierno, pero es cierto que
no han hecho nada para mejorarla o al menos paliarla y la gestión ha sido catastrófica en todos sentidos, lo que ha
llevado a una profundización de los problemas estructurales de la salud en el país. Comenzaron, recién iniciado el
mandato, con una campaña propagandística de medicinas vencidas o dudosas yhan seguido cometiendo error tras
error en nombramientos y en la nulidad pasmosa de políticas de salud.

El conflicto entre el flamante Ministerio de Salud y los médicos, a causa de las demandas salariales y de mejores
condiciones de parte de los médicos, es un fehaciente ejemplo de lo insostenible del sistema. Al conflicto con los
médicos se viene a sumar la demanda de los salubristas y su sindicato pidiendo también aumentos salariales.

Los conflictos son una muestra más de la irresponsabilidad e ineficiencia del gobierno de Jimmy Morales y la falta de
profesionalismo del ministro de Salud, no basta con ser médico para ser buen administrador y director de las políticas
públicas en el ramo.

Una muestra palmaria de la desorientación y autoritarismo del ministro Soto fue el ataque verbal que hizo aun
odontólogo que apoya la reivindicación salarial de los médicos y al cual dijo: “usted ni doctor es, es dentista”. Esta
frase abusiva del ministro ha causado indignación en el gremio odontológico y en la misma Universidad de San Carlos
hasta nivel de la misma rectoría. Este ministro, valga recordar, llegó al puesto sin el finiquito inicial, confirmando así
la tónica de irresponsabilidad y corrupción institucional a que se ha llegado con Jimmy Morales, el ineficiente
mandatario.

No hace falta investigar demasiado para constatar por testimonios, visitas, informes e información fidedigna a través
de los medios serios, que la situación de los hospitales nacionales ha llegado a un extremo que constituye un riesgo
para la población. Se cierran secciones esenciales por falta de recursos. A pesar de la heroica lucha de la mayoría
de los trabajadores de la salud se pierden vidas y se dan tratamientos deficientes por falta de medicinas y personal.

Los hospitales públicos son para los pobres, para los que no pueden pagar lujosas clínicas privadas Y este hecho de
grandes proporciones sociales constituye una marginalización y discriminación inaceptables desde la óptica civilizada
basada en el valor de los derechos humanos.

Nuevamente se recalca que existe una conexión entre pobreza y mala salud. Este es un hecho universal y no solo
válido en Guatemala. De ahí que la llamada Agenda 2030 aprobada por las naciones del mundo en 2015 para
combatir la pobreza en su objetivo número 3 vislumbra: “garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos
en todas las edades”. La Agenda 2030 desglosa con detalle las metas dentro del objetivo dedicado a la salud entre
las cuales merecen recalcarse el mejoramiento del sistema sanitario y la infraestructura médica, promoverla salud
física, mental y el bienestar.
También “apoyar las actividades de investigación y desarrollo de vacunas y medicamentos para las enfermedades
transmisibles y no transmisibles que afectan primordialmente a los países en desarrollo y facilitar el acceso a
medicamentos y vacunas esenciales asequibles”. Lo anterior reclama la necesidad de un cambio total de mentalidad.

Un giro de 360 grados que urge. La ciudadanía deberá acrecentar la conciencia social de la problemática. La sociedad
civil está obligada a presionar por mejorías urgentes. Por supuesto los políticos deberían asumir su responsabilidad
y asegurar un sistema institucional de la salud eficiente, no corrupto y bien financiado, lo que garantizaría la cobertura
nacional.

Porque en general no hay conciencia del valor de la solidaridad y del valor de las posibilidades de lo público y de la
responsabilidad colectiva e individual. El individualismo neoliberal también ha dañado la salud.La salud en el país
está mal porque se convirtió en un negocio. El negocio de las medicinas y la farmacología.

El negocio de los hospitales y servicios privados para asegurarle a los ciudadanos pudientes el acceso a un sistema
que debería ser generalizado pero se ha convertido en discriminatorio y exclusivo. De hecho una parte fundamental
de cualquier sistema de salud como es la prevención está muy debilitado con instituciones desfinanciadas y corruptas.
Prevenir para no tener que lamentar tiene una honda sabiduría como refrán popular que le calza al problema de la
salud.

Prevenir es educar e informar y ofrecer desde estadios muy tempranos diagnósticos y tratamientos. Un Ministerio de
Salud debería igualmente informar sobre los daños que producen el tabaco, el alcohol y el azúcar pero colosales
intereses de élites oligárquicas se oponen a que haya conciencia sobre esta trilogía maligna que muchas veces se
combina en el consumo desmedido y daña excesivamente la salud de los guatemaltecos produciendo diabetes,
infartos, cánceres, enfermedades mentales y otras parcas que afectan individuos y familias enteras. En definitiva, la
salud como derecho humano debe ser atendida por un sistema que garantice el acceso a la misma. No se trata,
nunca, de medrar con la salud y acumular tesoros y riqueza a costa de la salud de los demás, vendiendo la medicina
sino lo contrario convencerse, individual y socialmente, que la salud debe ser nuestro máximo tesoro.

Para que el derecho humano a la salud sea una realidad habrá que suprimir las barreras económicas d clase y élite
a manera tal que todas las personas pueden tener justo y eficiente acceso a servicios de salud que idealmente, es
mi visión, deberán estar anclados en buena infraestructura médica, alta tecnología y capacitación y óptimas
condiciones laborales para el personal médico y paramédico.

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