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CUANDO DIOS PARECE DISTANTE

(Isaías 8:17)

Introducción.- Dios es real sin importar como te sientas. El grado de


adoración más profundo es alabar a Dios a pesar del dolor: Agradecer a Dios
durante una prueba, confiar en Él durante la tentación, aceptar el sufrimiento y
amarlo aunque parezca distante.

La prueba de la amistad es la separación y el silencio.

“La oscura noche del alma”, “El ministerio de la ausencia”, “El ministerio de la
noche”, “El invierno del corazón”…

David con frecuencia se quejaba de la aparente ausencia de Dios: Sal. 10:1;


22:1; 43:2; 44:23; 74:11; 88:14.

Dios en realidad no había dejado a David, como tampoco te dejará a ti. Dt.
31:18; Sal. 37:28; Jn. 14:16-18; He. 13:5.

Pero Dios no te promete “siempre sentirás mi presencia”. En efecto, Dios


reconoce que a veces oculta su rostro de nosotros (Is. 45:15).

“Te despiertas una mañana y todos tus sentimientos espirituales han


desaparecido. Oras, pero no pasa nada. Reprendes al diablo, pero nada
cambia, pides que oren por ti, ayunas… pero nada pasa. Comienzas a
preguntarte cuánto tiempo durará esta penumbra espiritual. ¿Días, semanas,
meses? ¿Qué pasa?”.

La verdad es que ¡nada está mal! Es una parte normal de la prueba y la


maduración de nuestra amistad con Dios.

Job no perdió la esperanza cuando no sentía la presencia de Dios en su vida


porque tenía esa certeza, (Job 23:8-10).

Cuando Dios parece distante, puedes sentir que está enojado contigo o que te
está disciplinando por algún pecado. El pecado sí nos puede desvincular de
Dios.

Pero este sentimiento de abandono y distanciamiento de Dios no tiene que ver


nada con el pecado. Es una prueba de fe.

El error más común de los cristianos con respecto a la adoración es que


buscan una experiencia, más que a Dios.

La omnipresencia de Dios y la manifestación de Su presencia son dos cosas


distintas. Una, es un hecho; la otra, es un sentimiento.
Sí, Dios quiere que sientas su Presencia, pero prefiere que confíes en Él
aunque no lo sientas.

A Dios le agrada la fe, no los sentimientos. Las situaciones que más apelarán a
tu fe serán aquellas cuando tu vida se derrumbe y no puedas percibir a Dios.
Fue lo que le sucedió a Job. En un solo día perdió todo: Su familia, su negocio,
su salud, todas sus posesiones. Fue de lo más desalentador: ¡Por 37 capítulos
Dios no dijo nada!

¿Cómo podemos alabar a Dios cuando no entendemos lo que pasa en nuestra


vida y él calla? ¿Cómo mantener la vista en Jesús cuando nuestros ojos están
llenos de lágrimas? Hagamos lo que hizo Job (1:20-21).

A. Cuéntale a Dios exactamente cómo te sientes. Job 7:11 “¡No guardaré


silencio! Estoy enojado y amargado. ¡Tengo que hablar!”; 29:4 “Qué días aquellos, cuando
yo estaba en mi apogeo y Dios bendecía mi casa con su íntima amistad!”.
Es posible confiar en Dios y sentirse afligido al mismo tiempo. Salmo
116:10 “Aunque digo: Me encuentro muy afligido, sigo creyendo en Dios”. La
franqueza de David revela una profunda fe. En primer lugar, creía en
Dios. Segundo, creía que Dios escuchaba su oración. Tercero, creía
que Dios le permitiría decir lo que sentía y lo seguiría amando.

B. Concéntrate en quién es Dios, en su naturaleza inmutable.


A pesar de las circunstancias y de los sentimientos, depende del
carácter inmutable de Dios. Recuerda las verdades eternas de Dios: Él
es bueno, me ama, está contigo, sabe lo que pasa, se interesa en mí,
tiene un plan para mi vida.
Cuando la vida de Job se desmoronó, y Dios mantuvo silencio, Job
todavía encontró motivos para alabar a Dios:
 Él es bueno y amoroso (Job 10.12)
 Él es Todopoderoso (42.2; 37.5, 23)
 Él conoce todos los detalles de mi vida (23.10; 31.4).
 Él tiene el control (34.13).
 Él tiene un plan para mi vida (23.14)
 Él me salvará (19:25).

C. Confía en que Dios cumplirá sus promesas.


Durante las épocas de sequía espiritual debemos depender
pacientemente de las promesas de Dios y no de nuestras emociones.
No te preocupes por tus preocupaciones. El carácter de Dios no cambia
con las circunstancias.
Cuando Job sintió la ausencia de Dios, siguió dependiendo de Su
Palabra: “No me he apartado de los mandamientos de sus labios; en lo más profundo de mi
ser he atesorado las palabras de su boca” (Job 23:12).
Su fe era fuerte en medio del dolor: “Dios podrá matarme, pero todavía confiaré en
Él” (Job 13.15).

D. Recuerda lo que Dios hizo por ti.


¡El Hijo de Dios murió por ti! Ese es el motivo más importante de la
adoración.
Por desgracia, olvidamos la crueldad del sacrificio y la agonía que Dios
sufrió en nuestro lugar.
¿Por qué Dios permitió y toleró ese maltrato de Jesús, tan espantoso y
malvado? ¿Por qué? Para que no tuvieras que pasar la eternidad en el
infierno, y para que pudieras estar en su gloria para siempre. (2
Co.5:21).
Jesús dio todo de sí para que tuvieras todo. Murió para que pudieras
vivir para siempre.

¿Cómo puedo no perder de vista la presencia de Dios, especialmente


cuando lo sienta distante?