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La Microsociologia y

las Teorias sobre la


Socializacion

Capitulo # 7
TEORÍAS SOBRE LA SOCIALIZACIÓN.

La socialización es un proceso del individuo y un proceso de la sociedad. Por tanto son


dos procesos complementarios en su meta final, pero distintos en su origen, intereses, y
mecanismos de actuación. Uno es el interés de la sociedad y otro el del individuo. Por
eso el fenómeno de la socialización es estudiado tanto desde la Sociología como desde
la Psicología, aunque de hecho no estudian los mismos contenidos.

Así, se puede definir este fenómeno como: “El Proceso por el cual los individuos, en su
interacción con otros, desarrollan las maneras de pensar, sentir y actuar que son
esenciales para su participación eficaz en la sociedad" (Vander Zanden, 1986).

En esta definición se hace referencia a la interacción, porque se trata de un proceso


bidireccional: el sujeto recibe influencias del medio y a su vez él también influye sobre
este.

Otra de las definiciones más citada por la literatura Hace referencia a la socialización
como: "El proceso por cuyo medio la persona humana aprende e interioriza, en el
trascurso de su vida, los elementos socioculturales de su medio ambiente, los integra a
la estructura de su personalidad, bajo la influencia de experiencias y de agentes sociales
significativos, y se adapta así al entorno social en cuyo seno debe vivir" (Rocher, 1990).

La socialización da como resultado una biografía personal, la historia irrepetible de


una persona: sus pensamientos, sentimientos y actuaciones. Construimos una
biografía a través de la interacción con los demás durante toda nuestra vida .A medida
que se desarrolla nuestra biografía, participamos en una cultura al mismo tiempo que
vamos construyendo nuestra propia personalidad.

La experiencia social es vital para la sociedad exactamente de la misma manera que lo


es para los individuos. Las sociedades existen más allá de la duración de la vida de una
persona, y por tanto cada generación debe transmitir valores y comportamientos a la
siguiente. Hablando en general, la socialización tiene que ver con el proceso continuo
de la transmisión de la cultura. La socialización es un proceso complejo, que dura toda
la vida.
Sigmund Freud: la importancia de la estructuración emocional e inconsciente.

Con una formación académica de médico, Freud poco a poco se fue interesando por el
estudio de la personalidad y con el tiempo desarrolló la famosa “ Teoría del
psicoanálisis”. Freud consideraba la socialización como una batalla que duraba toda la
vida en la mente de una persona, creía que las experiencias de la niñez que yacen en el
inconsciente forman la personalidad del adulto. La socialización se convertía en la
batalla entre ese niño fuente de impulsos sexuales, agresivos e innatos y los padres que
quieren imponer al niño una serie de normas de comportamiento; una batalla entre la
biología y la sociedad.

Freud estableció cinco etapas en el desarrollo psicosexual: a) etapa oral (primer año de
vida) los niños descubren el placer en sus bocas y todo lo querrán chupar; b) etapa anal
(segundo año de vida), encuentran placer soltando o reteniendo sus evacuaciones
intestinales; c) etapa fálica (tres a seis años), descubren sus genitales y se dan cuenta de
la diferencia de sexos. Aparece el conflicto de Edipo al querer poseer el niño
(mentalmente) al padre del sexo opuesto, rivalizando con el padre del mismo sexo;
etapa de latencia (seis o siete años), los impulsos sexuales son inactivos y el niño
desarrolla habilidades para dominar el ambiente; d) etapa genital (adolescencia) en la
que el deseo sexual vuelve y se buscan las relaciones sexuales y el amor maduro.

En cada etapa los deseos del niño se frustran por las normas sociales, y su desarrollo
psicológico y la configuración de su personalidad dependerán de cómo resuelva los
conflictos entre los impulsos interiores y las demandas exteriores. (Gelles-Levine, 2000:
135)

La piedra angular de esta teoría es el funcionamiento del inconsciente reprimido: las


vidas de las personas están determinadas parcialmente por experiencias emocionales,
traumas y «relaciones afectivas familiares», que pueden hacerse muy difíciles de
afrontar en la etapa adulta, de modo que tienden a permanecer ocultas, aunque sigan
motivando nuestras acciones. El inconsciente se encuentra en lo más profundo: está
reprimido y no se puede recuperar fácilmente. (El psicoanálisis y el «análisis de los
sueños» son dos técnicas que sirven para sacar a la luz el inconsciente). Según la teoría
de Freud, en muchas ocasiones es el inconsciente el que motiva nuestras acciones,
aunque nosotros no podamos saberlo.

Muchos aspectos del trabajo de Freud tienen como objetivo comprender cómo las
personas se hacen seres sociales.

Vida y muerte.

Freud afirmaba que la biología puede jugar un papel importante en el desarrollo social.
Al hablar de biología, Freud no estaba pensando en los instintos o la herencia genética,
que pueden explicar la conducta de otras especies.
Según Freud, los seres humanos responden a dos necesidades o impulsos generales.
Tenemos una necesidad básica de placer y vinculación afectiva, que Freud llamó los
instintos vitales, o eros (del dios griego del amor). En segundo lugar, opuesta a esta
necesidad, están los impulsos agresivos, que Freud llamó los instintos de la muerte, o
thánatos (del término griego para «muerte»). Freud postuló que estas fuerzas opuestas,
operando principalmente al nivel inconsciente, producen fuertes tensiones internas.

Id, ego, superego.


Estos impulsos básicos necesitan ser controlados, y para explicar cómo sucedía este
control Freud planteó un modelo o “Teoría de la personalidad” de tres
componentes: id, ego y superego. El id (término latino para «eso») representa los
impulsos básicos del ser humano, los cuales son inconscientes y exigen una
satisfacción inmediata. Con raíces profundas en nuestra biología, el id se manifiesta
desde el momento de nacer, haciendo del recién nacido un manojo de necesidades de
atención y contacto físico, además de experiencias nerviosas y sexuales.

El id representa una «caldera en ebullición». Dado que la sociedad no tolera esta


orientación básica de las personas, los deseos del id inevitablemente encuentran
resistencia. Así, una de las primeras palabras que entienden los niños es «no».

Para evitar la frustración, el niño aprende a acercarse al mundo de manera realista. Esta
capacidad forma el segundo componente de la personalidad, el ego (término latino para
«yo»), el cual consiste en los esfuerzos conscientes de una persona para equilibrar los
impulsos innatos de búsqueda del placer, por un lado, y las exigencias de la sociedad,
por otro. El ego está dominado por el que Freud llama el principio de realidad. El ego
surge cuando nos hacemos conscientes de nuestra existencia como individuos; y alcanza
su realización cuando comprendemos que no podemos tener todo lo que queremos.
Comenzamos a adaptarnos y ajustarnos a los caprichos de la vida cotidiana.

Finalmente, la personalidad humana desarrolla el superego (término latino que significa


«por encima de» o «más allá» del ego), con el cual se expresa la fuerza de la cultura y
la sociedad en el interior del individuo. Con la aparición del superego, podemos ver
por qué no podemos tener todo lo que queremos. El superego consiste en los valores y
las normas culturales (interiorizados en forma de consciencia) que definen los límites
morales. El superego empieza a desarrollarse cuando los niños reconocen el control
paterno, y madura cuando aprenden que su propia conducta y la de sus padres (de
hecho, la conducta de todos) reflejan un sistema más amplio de demandas culturales.
Con el desarrollo del superego aparecen nuevas tensiones, pues los individuos ya se
exponen a los sentimientos de culpa.
EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD.

El niño centrado en el id se enfrenta al mundo como un desconcertante conjunto de


sensaciones físicas y oportunidades para satisfacer sus necesidades. Sin embargo, con el
desarrollo gradual del superego la comprensión del niño se extiende más allá del placer
y el dolor para incluir los conceptos morales de lo correcto y lo incorrecto. En otras
palabras, inicialmente los niños sólo se pueden sentir bien en el sentido físico; pero,
después de tres o cuatro años, se sienten bien o mal en la medida en que evalúan su
propia conducta de acuerdo con los estándares culturales.

El conflicto entre el id y el superego es continuo, pero en una persona equilibrada estas


fuerzas opuestas están dirigidas por el ego. Los conflictos no resueltos, especialmente
durante la infancia, por lo general producen trastornos en la personalidad.

Como fuente del superego, la cultura tiene como función controlar los impulsos
básicos, un proceso que Freud llamó represión. Algún tipo de represión es inevitable,
dado que cualquier sociedad debe obligar a las personas a ver más allá de sí mismas. A
menudo el conflicto entre esos impulsos básicos y egoístas y las demandas de la
sociedad se resuelven mediante el compromiso. Este proceso, que Freud llamó
sublimación, transforma los impulsos básicamente egoístas en actividades socialmente
aceptables.

Por ejemplo, los deseos sexuales pueden conducir al matrimonio, del mismo modo que
la agresividad puede manifestarse de una forma socialmente aceptable en los deportes
competitivos.

FREUD Y EL COMPLEJO DE EDIPO

Un concepto que ocupa un lugar central en el pensamiento de Freud, y en su “Teoría


de la socialización”, es el complejo de Edipo: una metáfora de los conflictos que un
joven experimenta con su madre y con su padre. El término tiene su origen en la
tragedia griega en la cual Edipo se casa con su madre y asesina a su padre, y analiza las
apasionadas «pequeñas aventuras amorosas» que viven los niños con sus familias en los
primeros años de su vida.

En términos generales, Freud sugiere que los niños recién nacidos inicialmente sienten
una proximidad y una unión muy fuerte hacia la madre, y que el padre se considera
como una amenaza para esta unión. El niño comienza entonces a albergar sentimientos
de hostilidad hacia el padre, lo que, por otro lado, alimenta un sentimiento de culpa.

Esta ambivalencia contra el padre puede experimentarse de un modo muy intenso, pero
se resuelve finalmente cuando el niño termina identificándose con el padre, que es el
superego.

Para Freud, entonces, la socialización no es un proceso sencillo. Es un proceso largo,


lleno de dificultades y conflictos internos entre la satisfacción de unos deseos y su
control. Nos convertimos en seres sociales cuando interiorizamos ese control y somos
capaces de frenar nuestros deseos e impulsos inmediatos.

COMENTARIO CRÍTICO.

El trabajo de Freud creó una enorme polémica en su época, todavía presente hoy en día.
En la sociedad que él conoció la sexualidad era un tema tabú, de modo que pocos de sus
contemporáneos estaban preparados para admitir que la sexualidad era una necesidad
humana básica.

Más recientemente, algunos han criticado a Freud por androcentrismo, pues en su obra
la mujer queda reflejada de modo muy negativo en comparación con el hombre
(Donovan y Littenberg, 1982). Pero Freud también ha proporcionado algunas ideas
importantes que han influido en casi todos los autores que han estudiado la personalidad
humana. De especial importancia para la sociología es su idea de que las personas
empiezan desde la infancia a interiorizar las normas sociales, y que las experiencias en
esta época de la vida son claves para el desarrollo posterior de la personalidad. También
ha sido importante para la sociología el paralelismo que desarrolla en su libro El
malestar de la cultura (edición original de 1930) entre el desarrollo individual y social.
Del mismo modo que los seres humanos se desarrollan mediante la represión de sus
instintos, así la civilización en su conjunto también avanza controlándolos. Según esta
teoría, la civilización depende de la represión, lo que da lugar a muchos conflictos y
problemas sociales de todo tipo.

GEORGE HERBERT MEAD Y EL SELF SOCIAL

Mead llamó a su teoría conductismo social, recordando el conductismo del psicólogo


John B. Watson que describimos anteriormente. Ambos reconocieron el poder del
entorno social a la hora de explicar la conducta humana. Pero mientras Watson se centró
en la conducta hacia el exterior, Mead destacó el pensamiento interior, que él afirmaba
era el rasgo que definía a las personas.

EL SELF

El concepto central de Mead es el Self, la capacidad humana para la reflexión y ponerse


en el lugar de los demás. La genialidad de Mead está en ver que el Self es inseparable
de la sociedad, y está estrechamente ligado con la comunicación. Esta relación se
explica en una serie de pasos:

En primer lugar, afirmaba Mead, el self surge de experiencia social. El self no forma
parte del cuerpo, y no nacemos con él. Esto es lo que nos diferencia como seres
humanos. Mead rechazaba las ideas simples acerca de los instintos o impulsos
biológicos, y argumentaba que el self se desarrolla únicamente mediante la experiencia
social. En ausencia de interacción social, como vimos en los casos de los niños aislados,
el cuerpo puede desarrollarse, pero no el self.

En segundo lugar, explicaba Mead, al experiencia social implica comunicación e


intercambio de símbolos. Al utilizar las palabras, al hacer un gesto con la mano o al
esbozar una sonrisa, las personas crean significados, algo que solo los humanos pueden
hacer. Podemos emplear un sistema de premios y castigos para entrenar a un perro, pero
este no atribuirá significados a estas acciones. Los seres humanos, por el contrario,
toman conciencia de las acciones deduciendo las intenciones subyacentes de las
personas. En resumen, un perro responde a lo que haces; un ser humano responde a lo
que tienes en mente cuando lo haces.

En tercer lugar, afirma Mead, para comprender la intención, debes imaginar la situación
desde el punto de vista de la otra persona. Nuestra capacidad simbólica nos permite
imaginarnos y ponernos en los zapatos de otras personas. Esta capacidad nos permite
anticiparnos a la manera en que los otros nos responderán incluso antes de que
actuemos. La interacción social implica, entonces, venos a nosotros mismos como los
otros nos ve (un proceso que Mead llamó tomar el rol del otro). El self, de esta manera,
es siempre reflexivo: implica una reflexión sobre nuestros actos a partir de la idea que
nos hacemos acerca de cómo nos ven los demás.

El “YO” y el “MI”

Nuestra capacidad para vernos a nosotros mismos a través de los demás implica que el
self tiene dos componentes. En primer lugar, el self, es sujeto cuando iniciamos la
acción social. Los seres humanos son activos, tiene capacidad de actuar
espontáneamente y por iniciativa propia. No son seres reactivos, que se limitan a
responder automáticamente a estímulos externos. A este elemento del self Mead llamo
“YO”. Pero, por otra parte, el self es también objeto porque, mirándonos a través de los
otros, nos formamos una imagen de nosotros mismos. Mead llamó a estos elementos
objetivo del self el “MI”. La interacción social es un dialogo continuo entre el “YO” y
el “MI”: el “YO” emprende la acción, pero no lo hace de cualquier manera, sino
tomando en cuenta o anticipándose a la reacción de las otras personas, lo que es tarea
del “MI”. Nuestras acciones son espontaneas, pero siempre están guiadas por la manera
en que pensamos como los demás van a responder.

Mead subrayo que el pensamiento sobre si mismo constituye una experiencia social.
Nuestros pensamientos son en parte creativos (lo que corresponde al “YO”), pero en el
pensamiento también nos convertimos en objetos de nosotros mismos (que
corresponden al “MI”) cuando nos imaginamos cómo reaccionarían los otros de
nuestras ideas.

Según Mead, adquirir un self significa aprender a ponerse en la situación del otro. Como
Freud, Mead consideró que la infancia era una etapa crucial para esta tarea, pero como
ya hemos dicho, no pensaba que el desarrollo del self estuviera supeditado a factores
estrictamente biológicos. Para Mead lo que explica y permite la evolución de la
personalidad o self es la experiencia social.

Los bebés responden a los otros únicamente en términos de imitación. Imitan el


comportamiento sin comprender las intenciones que hay detrás. Según Mead los bebés
no tienes self.

COMENTARIO CRÍTICO

El trabajo de Mead es importante porque es un excelente punto de partida para


reflexionar sobre la naturaleza de la experiencia social. Mead logró demostrar que la
interacciones simbólica es una pieza fundamental tanto para el desarrollo del self, como
para el funcionamiento de la sociedad.
Algunos autores han criticado a Mead porque en su obra parece que desatiende
completamente los aspectos biológicos de la conducta a favor de los puramente sociales,
al contrario que Freud, que tomaba en cuenta las pulsiones o instintos sexuales o de otro
tipo. Esta crítica es injusta, ya que Mead también consideró los procesos corporales y
los «impulsos». Los conceptos de Mead del «yo» y del «mi» a menudo se confunden
con los conceptos de Freud del id y el superego. Pero para Freud la raíz del id estaba en
el organismo biológico, mientras que Mead veía el «yo» como un elemento impulsivo y
el «mi» como reglamentario. Tanto el concepto de Freud del superego como el concepto
de Mead del «mi» reflejan el poder de la sociedad para dar forma a la personalidad.
Pero mientras que en Freud, el superego y el id están enredados en un combate
continuo, Mead sostenía que el «yo» y el «mi» trabajan estrecha y cooperativamente en
el desarrollo de la personalidad

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS.

 Macionis John, Plummer Ken. (2011). Sociología. Madrid, España. Pearson


Educación, S.A.
 Posas M. y Navarro J. (2013). Introducción a la Sociología. Tegucigalpa, Honduras.
 Els Autors, (12 de diciembre de 2008), La socialización, Blog para periodistas.
http://sociologistas.blogspot.com/2008/12/agentes-de-socializacin.html