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“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y

súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la


muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7).

Mi tema esta noche es “Las Lágrimas de Jesús”. El


profeta Isaías nos dijo que Él sería “varón de dolores,
experimentado en quebranto” (Isaías 53:3). Esta descripción
muestra que Jesús lloró muchas veces durante Su ministerio
terrenal.

De dolores el varón,
Oh, que nombre al que murió
¡Para darnos salvación!
¡Aleluya! ¡Jesús salva!
(Traducción libre de “Hallelujah, What a Saviour!”
por Philip P. Bliss, 1838-1876).

Jesús, Varón de Dolores, de seguro lloró muchas veces.


La Biblia registra tres de esas ocasiones, mostrándonos la
compasión de Su corazón lleno de amor.

I. Primero, Jesús lloró en la tumba de Lázaro.

Cuando Jesús llegó a Betania Su amigo Lázaro ya estaba


muerto. Lo habían enterrado cuatro días antes. La hermana del
difunto salió al encuentro de Jesús. “Jesús entonces, al verla
llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando,
se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le
pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron
entonces los judíos: Mirad cómo le amaba” (Juan 11:33-36).
Jesús sabía que levantaría a Lázaro de entre los muertos,
sin embargo Él lloró, junto con María y los demás. El Dr. John
R. Rice dijo:

¿Por qué Jesús lloró? Él sabe que en


pocos minutos va a llamar a Lázaro de
la tumba...Oh, pero llora por las
lágrimas de Marta y María y los otros.
Llora con todos los corazones rotos en
el mundo. Él llora con cada madre que
ama a su [muerto] bebé, cada esposo
que se encuentra frente el ataúd de su
esposa. Él llora con cada madre o
padre que llora en la noche por su hijo
pródigo o su hija rebelde...Pero esas
lágrimas son por mí, también, y por ti,
y por todos los que tienen problemas y
dolor en este mundo...Él se preocupa
por nuestros problemas...Él entra en
todo el dolor (traducción de John R.
Rice, D.D., The Son of God, Sword
of the Lord, 1976, p. 233).

La Biblia nos dice que: “Gozaos con los que se gozan; llorad con
los que lloran” (Romanos 12:15). El Dr. Rice dijo: “No podemos
pensar que Jesús podía hacer menos de lo que nos manda hacer.
¡Qué maravillosa verdad de que Jesús llora con nosotros en todos
nuestros dolores...Él debe haber llorado muchas otras veces por
los pecadores, y puesto que la Escritura menciona un número de
veces que Jesús se ‘conmovió’, podemos imaginar también una
lágrima en sus ojos puros que representaba dolor y compasión en
su corazón” (Rice, ibíd.).
Cuando yo tenía quince años mi querida abuela murió.
¡Cómo la amaba! Cuando ella murió me fui a la cocina y tomé
una planta que ella tenía. He mantenido la planta conmigo desde
hace 56 años. Dondequiera que me movía, yo siempre la llevé
conmigo. Ahora está en el escritorio de mi estudio, en mi casa.
La estoy viendo mientras escribo este sermón. Le prometí a
“Mamá” que siempre estará conmigo, mientras yo viva, para
recordármela a ella. ¡Yo la amaba tanto!
Muchas noches, cuando niño yo no podía dormir, me iba a
su cama, ponía mi cabeza en su pecho, y escuchaba el latido de
su corazón, mientras esperaba que el sueño llegara. ¡Yo la amaba
tanto!
Estaba de pie en su tumba y empecé a llorar. Yo no podía
aguantar más. Corrí hacia el cerro. Yo corrí y corrí y corrí por el
cementerio. Me caí en el suelo llorando y gimiendo. Y Dios vino
a mí, como vino a Jacob en el desierto, y yo podría haber dicho
con él: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”
(Génesis 28:16).
Oh, joven, ¡Jesús lloró ante la tumba de Lázaro! ¡Y Él
llora por ti esta noche! ¡Jesús conoce tus dolores y tus miedos!
Te pido – te ruego – ¡ven a Él que te ama con un amor eterno!

Él te ama a ti, Él te ama aún,


Y más de lo que piensas tú;
Murió para salvarte del Infierno,
Al cual hoy te vas tú.
(Traducción libre de “He Loves You Still” por Dr. John R.
Rice, 1895-1980).

“Jesús lloró” (Juan 11:35).

El Dr. Henry M. Morris dijo:

La Biblia no menciona a Jesús riendo,


pero a menudo se le observa llorando.
En este caso, estaba compartiendo el
dolor de Marta y María, porque Él
también amaba a Lázaro, pero
también “se estremeció en espíritu y
se conmovió” (Juan 11:33) en la
existencia misma de la muerte y el
pecado...por el cual reinó la muerte
(traducción de Henry M. Morris,
Ph.D., The Defender’s Study
Bible, World Publishers, 1995
edición, p. 1154; nota sobre Juan
11:35).

Él te ama a ti, Él te ama aún,


Y más de lo que piensas tú;
Murió para salvarte del Infierno,
Al cual hoy te vas tú.

II. Segundo, Jesús lloró sobre la ciudad.

El Dr. J. Vernon McGee dijo: “En otra ocasión ÉL lloró


sobre la ciudad de Jerusalén. Puesto que Él lloró por Jerusalén en
ese momento, estoy seguro de que ha llorado muchas veces por
las ciudades en que vivimos tú y yo” (traducción de J. Vernon
McGee, Th.D., Thru the Bible, Thomas Nelson Publishers,
1983, volumen V, p. 540, nota sobre Hebreos 5:7).

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al


verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh,
si también tú conocieses, a lo menos
en este tu día, lo que es para tu paz!
Mas ahora está encubierto de tus ojos.
Porque vendrán días sobre ti, cuando
tus enemigos te rodearán con vallado,
y te sitiarán, y por todas partes te
estrecharán, y te derribarán a tierra, y
a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en
ti piedra sobre piedra, por cuanto no
conociste el tiempo de tu visitación”
(Lucas 19:41-44).

Lloró al pensar en la terrible destrucción que caería sobre


Jerusalén en el año 70 después de Cristo, cuando el general
Romano Tito arrasaba la ciudad y sin piedad hacia masacre con
sus habitantes. Jesús lloró porque sabía que el hermoso templo
de Dios sería destruido en Jerusalén. No quedaría nada más que
un muro que corría por el costado del templo. Yo estuve en ese
muro y lo toqué. Lloré como lo hizo Jesús mientras estaba de pie
en el Muro de los Lamentos.
¡Oh, cómo Jesús llora esta noche sobre las ciudades del
mundo, llenas de millones de almas no salvas! Cómo llora por
Washington, Londres, París, Berlín, Calcuta, Beijing, Glasgow y
Sydney, la Ciudad de México, Saigón, Vientián, Rangún,
Yakarta y Moscú – ¡y todas las ciudades del mundo, grandes y
pequeñas!
Y las lágrimas de Jesús nos mueven, como nada más
puede hacerlo, a predicar el Evangelio a toda criatura. Sus
lágrimas nos mueven a añadir idioma tras idioma a nuestro sitio
de Internet – para alcanzar a tantos como sea posible con el
Evangelio. ¡No venimos como “colonos” para imponer nuestra
cultura sobre ellos! ¡No! Venimos como los seguidores de Jesús
de corazón roto – para compartir Su amor con ellos, ¡Su amor
que nos salvó del pecado, de la muerte y el Infierno! Y le
decimos a todos los que escuchan este sermón, o lo leen, en
nuestro sitio de Internet,

Él te ama a ti, Él te ama aún,


Y más de lo que piensas tú;
Murió para salvarte del Infierno,
Al cual hoy te vas tú.

¡Y las lágrimas de Jesús nos mueven a evangelizar Los Ángeles


también! Porque Él nos dijo:

“Ve por los caminos y por los


vallados, y fuérzalos a entrar, para que
se llene mi casa” (Lucas 14:23).

III. Tercero, Jesús lloró en el Huerto de Getsemaní.


Ese es el tercer registro de Él llorando. ¡Oh, las lágrimas
que derramó allí en la oscuridad del huerto! Nuestro texto nos
dice de Jesús,

“Y Cristo, en los días de su carne,


ofreciendo ruegos y súplicas con gran
clamor y lágrimas al que le podía
librar de la muerte, fue oído a causa
de su temor reverente” (Hebreos 5:7).

En el Huerto de Getsemaní, la noche antes de ser clavado


en la Cruz, Jesús oró solo. Allí en la oscuridad de Getsemaní, el
Salvador derramó Su alma en oración a Dios. Él oró “con gran
clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a
causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). ¿Qué temía? Yo
creo que Jesús temía que iba a morir allí en el Huerto, antes de
poder ir a la Cruz para expiar nuestros pecados. El Dr. John R.
Rice dijo: “Jesús oró para que la copa de la muerte pasara de Él
aquella noche para que pudiera vivir para morir en la cruz el día
siguiente” (Rice, ibíd., p. 441). El Dr. J. Oliver Buswell, un
famoso teólogo, dijo la misma cosa. Él dijo que “[Jesús] oró por
la liberación de la muerte en el huerto, con el fin de que pudiese
cumplir Su propósito en la cruz. Esta interpretación estaría de
acuerdo con Hebreos 5:7, y me parece que es la única
interpretación que armoniza” (traducción de J. Oliver Buswell,
Ph.D., A Systematic Theology of the Christian
Religion, Zondervan Publishing House, 1971, parte III, p. 62).
El Dr. Buswell y el Dr. Rice estuvieron de acuerdo con el
Dr. McGee, quien dijo: “Mi amigo, Él fue escuchado; Él no
murió en el Huerto de Getsemaní” (ibíd.).
Los pecados del mundo fueron colocados en Jesús en el
Huerto de Getsemaní.

“Y él se apartó de ellos a distancia


como de un tiro de piedra; y puesto de
rodillas oró, diciendo: Padre, si
quieres, pasa de mí esta copa; pero no
se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se
le apareció un ángel del cielo para
fortalecerle. Y estando en agonía,
oraba más intensamente; y era su
sudor como grandes gotas de sangre
que caían hasta la tierra” (Lucas
22:41-44).
Jesús estaba en gran agonía mientras Dios ponía sobre Él
nuestros pecados. “Y estando en agonía, oraba más
intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que
caían hasta la tierra” (Lucas 22:44). El Dr. McGee dijo: “Nuestro
Señor estaba cerca de la muerte cuando Él se acercaba a la cruz,
y oró para ser librado de la muerte para poder llegar a la cruz. Y
se nos dice que Él ‘fue oído a causa de su temor’” (ibíd.). Dios
escuchó la oración de Jesús “con gran clamor y lágrimas” allí en
la oscuridad del Getsemaní. Dios envió un ángel para fortalecerle
para que pudiera ir a la Cruz para pagar el castigo por nuestros
pecados. Joseph Hart dijo:

A Jesús, mirad, sufrir,


¡Sudando sangre en dolor!
¡Tan profundo ese amor!
¡Oh, qué amor el del Señor!
(Traducción libre de “Thine Unknown Sufferings”
por Joseph Hart, 1712-1768).

¡Mira como te ama Jesús! ¡Míralo con lágrimas sobre tu


dolor! ¡Míralo llorar por los pecadores en la ciudad! Míralo
“llorar con lágrimas” en Getsemaní, rogando a Dios que le
permitiera vivir, para que pudiera ir a ser crucificado, clavado en
una cruz, ¡al día siguiente para pagar el castigo por nuestros
pecados! ¿Acaso esto no te mueve? Si las lágrimas de Jesús no te
mueven, ¿qué te moverá? ¿Estás tan endurecido por el pecado
que no puedes sentir Su amor por ti?

La cruz excelsa al contemplar,


Do por mi Jesús murió,
De todo cuanto estimo aquí,
Lo más precioso es su amor.