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Discapacidad: una mirada

psicoanalítica
Psicología Clínica con Niños y Adolescentes
TP N° 2
Lo sensorio-motor en escena

El autor explica el desarrollo de un niño desde la perspectiva neurológica de las funciones


sensorio-motrices y su evolución a lo largo del tiempo, estas se subdividen en tres sistemas:
El piramidal (efector del movimiento voluntario)

El sistema extra-piramidal (se ocupa de la motricidad automática y asigna la adaptación motriz de base a diversas
situaciones),
El sistema cerebeloso (sistema regulador del equilibrio y la armonía que concierne tanto a los movimientos voluntarios
como involuntarios).
Estos sistemas se integran en lo que determinan actividades musculares que a su vez tienen dos funciones:
La función cinética o clonica. (movimiento propiamente dicho)
La funciones posturales o tónicas (estados de tensión y distensión)
El autor toma los aportes de Henry Wallon, que introdujo el papel relacional y social
de la motricidad del niño, para el autor las funciones tónico-posturales se
transforman en funciones de relación gestual y corporal, donde se orientan las bases
del futuro relacional y emocional del infante
Piaget y la teoría evolutiva madurativa del niño, y el estudio de lo sensorio-motor que va desde el
momento de nacimiento del niño hasta los dos años de vida esencial para el desarrollo de la asimilacion y
acomodacion del niño, como modo de adaptación y adquisición de la inteligencia práctica del niño.
Para Piaget el determinante biológico es central en toda su concepción de lo sensorio motor es y lo cita
“en resumen, no hay ni exageración ni simple metáfora en decir que la reactividad nerviosa asegura la
transmisión, de manera continua, entre la asimilación fisiológica, de manera continua, entre la asimilación
cognoscitiva en su forma sensorio-motriz”.
El funcionamiento motor como el mental tienen un modo de organizarse y ordenarse en relación con el
medio ambiente. Esta modalidad de ordenamiento responde a una lógica uniforme, donde el niño se
asimila y acomoda al medio progresivamente y se va adaptando a esté, y además agrega que como a
partir de concesión se podría establecer un paralelismo para ligar lo motor y lo cognitivo, en la tentativa
de lograr una adecuación entre lo motor y mental.
La praxia-motriz es fundamental para el desarrollo de las funciones cognitivas del niño a
partir del equilibrio tónico-emocional-cognitivo de lo sensorio-motriz, y que a partir de esto
desarrollo de estos aspectos madurativos el niño podrá acomodarse y adaptarse al medio a
partir de la creación de esquemas ya conocidos.
Lo sensorio-motor en escena
Lo sensorio-motor como escenas estructurantes de la motricidad, gestualidad y el cuerpo de un sujeto
durante la primera infancia. Cuando nace un niño una de sus características es ser inmaduro en la escala
evolutiva neuromotriz. Esta inmadurez responde a una escala madurativa, por lo cual las vías nerviosas
aferentes pueden captar y recibir estímulos.
El estado de “prematurez neuromotriz” lleva a que el recién nacido esté tónicamente maduro esto quiere
decir que el infante está maduro en el tono (vía sensitiva) e inmaduro en lo motor (vía motriz) .
La característica fundamental del aparato sensorio-motor, es que al nacer y durante un tiempo, el cuerpo del
bebé se encuentra fragmentado y escindido debido al estado de prematurez.
¿Quien unifica el aparato sensorio-motor que en su origen nace escindido y fragmentado?
La unificación proviene del Otro que unifica y humaniza los diferentes fragmentos, funciones fisiológicas y
corporales del bebé, dándole un sentido posible en la escena que él ocupa de crear.
El funcionamiento escénico de ese Otro que corresponde a lo que se denomina función materna y paterna,
le permite al pequeño comenzar a ordenar y diferenciar sus desplazamiento, sus funciones corporales, sus
necesidades, su praxis, sus sentidos y organización tónico-postural, de donde depende la motricidad y su
naciente gestualidad ejerciendo, desde el inicio. Se unifican las funciones del niño a través del campo del
Otro, este le otorga unidad (rasgo unario), lo ubica en una posición simbólica de uno indivisible (rasgo único)
y hace de puente relacional entre lo sensitivo y lo motor.
En esta escena que ese Otro monta, el niño anticipa su unidad y diferencia. Pero para hacerlo, el Otro tendrá
que anticipar un sujeto cuando todavía no lo hay, pues está disociado o fragmentado.
En esta escena que ese Otro monta, el niño anticipa su unidad y diferencia. Pero para hacerlo, el Otro
tendrá que anticipar un sujeto cuando todavía no lo hay, pues está disociado o fragmentado.
¿Qué hace el Otro (materno) con esos movimientos? Los decodifica, les otorga un sentido, los
comprende, los interpreta como si fueran gestos que conllevan un decir, pero siempre interrogará al
acerca de lo que ha interpretado. Esta cualidad implica que es saber materno que no lo sabe todo, por lo
contrario, necesita de la respuesta, o sea, del funcionamiento de su hijo para inventar un saber.
¿Cómo se inventa un saber acerca de un hijo-bebé si éste no habla? La madre, o quien cumpla su función,
tendrá que sostener por lo menos, dos saberes; un saber histórico, que le ha dado su experiencia como madre o
como mujer que desea ser madre, y un segundo saber, que remite directamente al lugar de esa mujer como hija y
al propio recorrido infantil, que ella jugó durante el tiempo primordial de la infancia. Estos dos saberes
fundamentales para el “ejercicio” de la función y el funcionamiento materno, tendrán que acoplarse,
diferenciarse y anudarse a las a las producciones, reflejos y movimientos que el bebé realiza, significa que en ese
encuentro inventara un saber no sabido entre esa madre que comienza a serlo y ese bebé que encarna el
funcionamiento filiatorio.
Si la madre interroga a su bebé es porque ella le supone un saber hacer y un saber decir acerca de lo que a él le
pasa. Esto es fundamental para el bebé supuesto fundamental para el bebé y para el Otro, se estructura en el
diálogo escénico ficcional simbólico. El bebé será siempre portador de un supuesto saber objetivado, lo que
posibilitará a la madre jugar con el.
Una de los modos en que la madre arma y construye este saber es a partir de las escenas cuando el niño juega,
esto significa colocarse en el lugar del bebé para poder construir un diálogo, esto quiere decir que ella se ubica
en lugar del bebé y en lugar materno supone lugar del bebé y en lugar materno para sostener y estructurar un
diálogo posible. Al jugar, la madre se encuentra con su propio espejo (de forma invertida) en el bebé, en estos
primeros espejos la madre inventa un bebé y el bebé inventa una madre.
Este juego consiste en cómo el bebé (anticipando al sujeto) y como la función materna (suponiendo que su bebé
comprende lo que allí le quiere preguntar).
Una de las diferencias fundamentales entre un reflejo y un gesto es que este último supone una respuesta
motriz con sentido frente a un estímulo. Justamente definimos al gesto como un movimiento dado a ver a un
otro (siempre y cuando lo mire).
Si el gesto del bebé es un movimiento que se produce frente a la demanda del otro, esto implica para el niño
una diferencia entre lo sensitivo (estímulo) y los motor (respuesta).
Esta diferencia y discriminación se efectiviza vía el campo del Otro (pues el bebé no puede realizarlo solo, le
es imposible diferenciar lo sensitivo de lo motor) e implica una construcción, tanto para el niño como para el
Otro materno.
El origen del tiempo en la infancia
El tiempo cronológico, unidireccional de la maduración, el crecimiento y el desarrollo, tendrá que anudarse
encontrándose con el tiempo “loco” del Otro. Punto de encuentro y desencuentro donde aparece un sujeto
deseante.
Nos encontramos con un tiempo objetivo; consiste en nacer, crecer, desarrollarse y muerte

Y por otro antes de la gestación siempre ahi un tiempo otro: ese tiempo de la anticipación simbólica que
ejercen los padres. En ese tiempo lógico subjetivo y singular, se estructura antes del nacimiento del bebe. Se
ubica en escena el deseo de los padres de tener un bebé-hijo. El deseo de tener un hijo soporta siempre la
decisión de sus padres, que se estructura como un acontecimiento fundante antes del nacimiento.
En la temporalidad lógica anterior, el niño imaginado, simbolizado y anticipado, ya cumple la función del hijo. En
esos momentos, el hijo que todavía no ha nacido, soporta el ideal de sus padres. Siendo así explica la autor que
los padres crían al niño en relación al ideal del yo y que a su vez este niño soporta el “ideal” cultural de su época.
¿Cómo inventan los padres un hijo que todavía no ha nacido? Los padres lo hacen a partir de la propia infancia,
desde su historia como hijos, desde el niño-hijo que hay que en todo adulto
¿Qué es un hijo antes de nacer? Es aquello que los padres imaginan, novela, crean y escenifican a partir del
ideal de cada uno. Asi, en un contraespejo paradójico y por supuesto sin saberlo. Es una hipótesis, pues soporta
la incógnita de lo que será, la novedad que el hijo no nacido ni conocido representa. Esta hipótesis se va
construyendo en el devenir de la temporalidad, siempre anterior y remite directamente a la historia simbólica
que acontece y se resignifica en cada padre.
Es un proyecto, ya que los padres no solo se anticipan proyectándose en él, sino que generan sus proyectos y
planes en función del nacimiento.
Estas hipótesis, promesas y proyectos de hijo-niño antes de su nacimiento, genera una existencia de un supuesto
sujeto hijo “ideal”. Es un modo de existir en el imaginario parental que adquiere consistencia simbólica y real ya que
será, sin saberlo, parte esencial de la “prehistoria del niño.
La existencia ficcional y simbólica del hijo antes del nacimiento es sostenida por los padres a través del ideal donde
ellos reflejan, refractan y proyectan sus propios espejos. Así se instituye un cuerpo simbólico, real e imaginario del
hijo por nacer.
Al nacer, el niño no deja nunca de ser un descubrimiento a inventar y crear en el lazo mismo que se va
constituyendo.
Este lazo se produce en el encuentro y descubrimiento a entre el niño y el Otro. Concluyendo por un lado ubicamos
el tiempo cronológico y por el otro dos tiempos lógicos simbólica y el de la resignificación.
Entre la demanda y la reacción reflejadas del bebé siempre se introduce una diferencia, un desacople,
desencuentro que implica que nunca coincida del todo el niño que nace con el hijo ideal. A partir de esto se inscribe
el sujeto dentro de una genealogia historica singular creara y descubrir.
Será en los reflejos donde la locura escénica vivificante y unificante del Otro provocará los puntos de encuentro
entre el desarrollo neuromotor y el campo del lenguaje, dando así espacio para que advenga un sujeto deseante,
que se estructura como tal en un nuevo tiempo.
Esta nueva temporalidad inaugura para el niño horizonte simbólico del cual se nutrirá cada vez, en la avidez de los
encuentros con el Otro. Este nuevo tiempo subjetivo es el de la resignificación, que implica necesariamente el de
la apropiación simbólica de su historia.
El tiempo subjetivo siempre se estructura en retroacción, al decir freudiano, “con un efecto de retardo”, ya que es
en el donde la historia subjetiva acontece en la memoria que lo involucra inconscientemente.
Cuando el nacimiento cuestiona el ideal:
¿Que aconteciera si el recién venido cuestionara o pusiere en juego el ideal del yo parental? problemas cuando
se detectan niños con discapacidad neurológica, genética u orgánica, es resignificar esta problemática, ya que
estos padres no dejarán de enfrentarse una y otra vez a ese hijo ideal que no ha llegado.
Hijo esperado e ideal anticipado por sus padres, cuestionando de este modo su ideal del yo u su propio
narcisismo.
La gran dificultad que se presenta al armado de lazo social con ese niño que no termina de ocupar la posición
de hijo, pues hijo deseado y no nacido se transforman en un doble ideal: el ideal anticipado y “perfecto” frente
al imperfecto que ha nacido.
Quién es el verdadero hijo?¿Es el del nombre? Y si fuera así, ¿el niño discapacitado sería hijo de lo que porta en
su cuerpo, o sea, del nombre de su sindrome de la discapacidad? Será discapacitado lo nombraran de ese modo,
en un contrapunto traumatico con su verdadero nombre, que solo tuvo cuando no se sabía de él. Al nacer la
quedó develada, el enigma se dilucidar en su discapacidad y, lo que se proyecto, quedó cancelado en un siniestro
diagnóstico-pronóstico.
La pérdida del hijo ideal su propia pérdida, lo que permitirá a los padres reencontrarse con su hijo, más allá de la
discapacidad que portaba situandolo en la genealogía, en la alizan simbólica, pudiendo situar la imagen corporal
más allá de su realidad discapacitante.
El hijo-niño inaugura una nueva genealogía
En su funcionamiento escénico, el hijo abre las puertas del orden de lo familiar causando la genealogía que a su
vez lo ha causado. La genealogía implica cambios y resignificación de lugares, permutaciones significantes, que
aconteceran inaugurando diferentes destinos en los cuales el niño habilitará el cuerpo.
En un hombre y una mujer que deciden tener un niño-hijo esta decisión inaugurará un acontecimiento que, a su
vez enunciada desde el comienzo una permutación escénica.
Un hombre y una mujer solo serán padres si renuncian a su propio estatuto de hijos. El hijo se incorporará, de
este modo, al nuevo linaje genealógico que precede y antecede en la alteridad de la diferencia generacional.
El deseo y la demanda de los padres se diferencian y separan del deseo del hombre y de la mujer, que sitúa el
origen del hijo en una dimensión imposible de recuperar, de representar para él.
Nos encontramos con dos herencias simbólicas, por un lado la herencia de los padres, que en su transmisión y
función escénica atraviesan y visten todo el desarrollo de su hijo y por otro lado con la herencia de los hijos a los
padres, dándoles, en su funcionamiento escénico, esta nueva posibilidad e investidura de transformarse en
padres
Los hijos DE la discapacidad

¿Cuáles son los efectos del nacimiento de un hijo con discapacidad en el


círculo familiar?...:

● Cuestionamiento de la función parental.


● Conflictos en el lazo de amor para con el hijo y en la pareja conyugal.
● Hijo soldado a la discapacidad → “hijodiscapacitado”.
● Fijeza en las funciones parentales.
● Hijo con riesgo de tornarse anónimo, siendo hijo del síndrome.
Caminos para el “hijodiscapacitado”

Puede tomar tres caminos:

1. Aquel que soporta el amor incondicional de sus padres.

2. Aquel que genera rechazo y exclusión. No es identificado como hijo


más allá de su deficiencia.

3. Lograr la separación entre “hijo” y “discapacidad”, recuperando la


función del hijo más allá de su deficiencia discapacitante.
El niño y el Otro
INTERROGANTES
Saber si un hijo nacio bien o con problemas: despeja el temor y el miedo de que algo de ese nuevo ser no
funcione

La identidad sexual del bebe: necesidad de confirmar la identidad sexual del recién nacido.

¿A quien se parece?: Primer espejo identificatorio de los rasgos corporales del bebe.
¿Qué ocurre cuando el recién nacido no esta
bien?
La dificultad que responde a la primera pregunta imposibilita a realizarse las otras dos.

Si el niño posee una discapacidad, esa dificultad adquiere tanta fuerza que el síndrome adquiere
identidad propia, anulando los interrogantes subjetivantes.

El cuerpo discapacitado se dividirá y diferenciara por el síndrome o problemática que el niño aporta y
porta

EL PELIGRO: Es que ya no se suponga sujeto a un saber subjetivo, sino a un saber del síndrome o la
discapacidad
¿Qué ocurre cuando el recién nacido no esta
bien?
Su cuerpo, su imagen, se transforma asi en representante de una discapacidad. La pregunta sobre
identidad sexual quedan anuladas por las nuevas preguntas de la discapacidad y su déficit funcional, la
discapacidad en si misma es anónimamente asexuada.
EL NIÑO EXISTE EN LA POETICA DEL CUERPO
Desde el nacimiento el cuerpo es habitado por la palabra, la fortaleza del Otro esta en el sutil tónico
dialogo de la madre y su bebe.

El bebe existe en la poesía de su cuerpo que se conforma como un espejo interior a partir del cual el uno
contempla lo exterior y a su vez se representa en uno.

El cuerpo del recién nacido discapacitado esta habitado por un lenguaje entre “científico” “técnico” etc.
Un lenguaje ya estructurado y nada poético ni metafórico.

El lenguaje científico-técnico: no da lugar al dolor de existir y la sexualidad como representante de la


subjetividad naciente. El dolor duele sin sujeto, como un estimulo que hay que eliminar, desterrarlo del
cuerpo y la sexualidad como mucho es una mera genitalidad.
EL NIÑO EXISTE EN LA POETICA DEL CUERPO
La vivencia de dolor produce un afecto que se constituye en un umbral de subjetivación y diferenciación:
es a la madre a quien le duele el dolor de su hijo y es desde allí en donde el existirá en ese dolor.

La inscripción del deseo de la madre delimitara una marca dolorosa que se situa como diferencia e
identidad corporal, operando como umbral transformándose en una huella que el necesario dolor de
existir causara en el bebe. El otro materno buscara la forma de poetizar el dolor del recién nacido para
que el pueda existir como un cuerpo mediado por representaciones que le posibilitan ubicar el dolor
como una sensación subjetiva, como un umbral corporal que representa la singular vivencia de dolor.
EL NIÑO EXISTE EN LA POETICA DEL CUERPO
La discapacidad con el afecto-efecto del dolor que ella conlleva, aliena y esteriliza en el discurso
científico-técnico la poesía del Otro eliminando el dolor y la sexualidad como nudo fundante y originario
de la constitución subjetiva.

El desmoronamiento del cuerpo discapacitado se puede convertir en una amenaza para el niño y para el
Otro, osea para el orden simbolico instituido.

El seria el eterno huésped y mensajero del dolor que existe en el cuerpo. El cuerpo discapacitante y
discapacitado mutila y cuestiona la imagen corporal, colocando en escena el descarnado cuerpo sin
imagen.
El niño como discapacitado
Las estereotipias motrices
El autor Levin define a las Estereotipias Motrices como la reproducción de un movimiento “sensoriomotor”
inerte, que no tiene variación puesto que se encuentran fuera de la escena simbólica, que no evocan a un
objeto o cosa.
El niño al estereotipar se des-habita del Otro, no soporta la ausencia por lo que se crea un espejo constante y
permanente. El niño encuentra alguna cosa, una luz, un movimiento, un objeto, una postura, y se cosifica
identificándose a ella, reproduciéndose compulsivamente de forma ilimitada. Por lo que su imagen corporal se
organiza alrededor de la sensación tónico-motriz que el niño reproduce anónimamente.
Levin distingue tres tipos de realizaciones estereotipadas:

-Estereotipias de lo sensoriomotor.
-Estereotipias de la imagen.
-Estereotipias de la representación.

Estereotipias de lo sensoriomotor: Son las que, al fusionarse lo sensitivo y lo motor, quedan cristalizadas, fijas
en lo real, sin transformarse en gesto. El niño se sostiene en la percepción sensorio motriz, sin imagen del
cuerpo, puede ser mediante objetos que tienen movimiento o que ellos se muevan, dicha acción pueden durar
horas, quedando alienados a ellos. El niño ocupa todo el tiempo en crear y re-crear esta imagen perceptivo
motriz cristalizada, alienándose y gozando del propio movimiento que él produce, por éso, el niño que
Estereotipias de la imagen: Son niños que logran conquistar una imagen, pero que dicha imagen los
completa de tal modo que no pueden desprenderse de ella, que le confirman la certeza de su lugar,
por ende no pueden hacer uso de la imagen corporal porque no pueden desprenderse de ella. La
fijeza certera de la imagen produce rituales estereotipados instituyéndose una imagen ritual que
los vuelve a completar, desligándolos, donde el niño se instala. Son niños que pueden estar mucho
tiempo viendo una luz, una cosa que los atrae, reproduciendo un gesto que los desliga de otros.

Estereotipias de la representación: Son niños que han logrado constituirse en la imagen del cuerpo,
y partiendo de ella, generan una serie de representaciones que se reiteran del mismo modo, en la
misma secuencia y siempre igual. Son niños que tienen el mismo modo de responder e interrogar, no
pueden crear nuevas asociaciones, dichas representaciones se conectan en una estrechez
simbólica, restringiéndolo a lo real de las cosas, y por consiguiente, cualquier diferencia es vivida en
forma aterradora, desconcertante o atemorizadora.
El hijo niño inaugura una nueva genealogía

● En su funcionamiento escénico, el hijo abre las puertas del orden de lo familiar causando la
genealogía que a su vez lo ha causado. La genealogía implica cambios y resignificación de
lugares, permutaciones significantes, que aconteceran inaugurando diferentes destinos en
los cuales el niño habilitará el cuerpo.
● En un hombre y una mujer que deciden tener un niño-hijo esta decisión inaugurará un
acontecimiento que, a su vez enunciada desde el comienzo una permutación escénica.
● Para que la misma se realiza, el hombre y la mujer deberán perder su lugar con el fin de
recuperarlo como otro, llamado padre y madre por un hijo, que lo nominara y necesitará en
la diferencia.
Un hombre y una mujer solo serán padres si:

● renuncian a su propio estatuto de hijos (El hijo se incorporará, de este modo, al nuevo
linaje genealógico que precede y antecede en la alteridad de la diferencia
generacional).
● El deseo y la demanda de los padres se diferencian y separan del deseo del hombre y
de la mujer, que sitúa el origen del hijo en una dimensión imposible de recuperar, de
representar para él.
● Del deseo materno, paterno y del hijo surge lo familiar como un orden necesario y
contingente para cada funcionamiento. Lo familiar es efecto del intercambio
simbólico y genealógico.
● A su vez la posición materna y paterna tendrá efectos resignificación en ella como
mujer y en él como hombre. Del mismo modo la función escénica del hijo
estructuración dentro de lo familiar.
Dos herencias simbólicas

● Por un lado la herencia de los padres, que en su transmisión y función escénica atraviesan y
visten todo el desarrollo de su hijo.
● Por otro lado con la herencia de los hijos a los padres, dándoles, en su funcionamiento
escénico, esta nueva posibilidad e investidura de transformarse en padres
Clínica del niño deficiente y sus padres
Caso Jony: Beatriz Janin