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Annabelle MaryLuna Andreani ElyCasdel
Janira Moni Julieyrr Adriana

Jane Mary Haynes Florbarbero


Zafiro Miry GPE Vani
Sandry Mire ElyCasdel
Niki NnancyC Bells767
Majo Villa Issel Fany Stgo.
Janira Jasiel Odair Adriana
SnowQ Jesu Amélie
Mary Andreani Aimetz Volkov
Alex Phai Val_17

Val_17 Niki SammyD Victoria


Esperanza Jasiel Odair Valentine florbarbero
Verito Laurita PI Rose Adriana
AriannysG βelle ❤ Paltonika Mire
Mary Amélie. Yani B Esperanza
Jane Fany Stgo. Eli Mirced Duran
Lizzet Avett’ Sandry Miry GPE
Vane hearts Kora Helena Blake
Michelle♡ Alex Phai

Clara Markov Sahara Majo Villa


Janira Hansel Victoria.

Mae
Índice
Sinopsis Capítulo 17
Capítulo 1 Capítulo 18
Capítulo 2 Capítulo 19
Capítulo 3 Capítulo 20
Capítulo 4 Capítulo 21
Capítulo 5 Capítulo 22
Capítulo 6 Capítulo 23
Capítulo 7 Capítulo 24
Capítulo 8 Capítulo 25
Capítulo 9 Capítulo 26
Capítulo 10 Capítulo 27
Capítulo 11 Capítulo 28
Capítulo 12 Capítulo 29
Capítulo 13 Epílogo
Capítulo 14 Agradecimientos
Capítulo 15 Sobre el autor
Capítulo 16
Sinopsis
Drew y Jenny han pasado años siendo la envidia de sus amigos
con su vida sexual fuera de control, bueno, no realmente. Más que
nada hace que sus amigos quieran vomitar un poco en sus propias
bocas.
Con dos hijos pequeños y dos vidas ocupadas, por primera vez,
Drew y Jenny no están en la misma página en la habitación. Drew no se
detendrá ante nada para tener a su vieja esposa amorosa de regreso
en la cama, y Jenny hará lo que sea por una noche completa de
sueño.
Carter, Claire, Jim y Liz son los mismos (in)útiles habituales y están
llenos de consejos para el dúo desconectado, queriendo nada más que
ayudar a restaurar el orden de la usual vida feliz de la pareja.
En la tercera y última entrega de la serie Chocolate Lovers,
¿Encontrarán Drew y Jenny la chispa que ha estado perdida en su
matrimonio, o el problema que tienen hará la situación más pegajosa
que la vez en que Jenny vertió miel en Drew y se fundió en un árbol?

Chocolate Lovers, #3
¡Arruinaste mis lápices!
Traducido por Jane
Corregido por Val_17

Velas: Listas.
Flores: Listas.
Desodorante: Mierda. ¿Recordé ponerme desodorante?
Levanto el brazo sobre mi cabeza e inhalo una bocanada, todo
parece estar bien. No hay nada que hacer sino esperar a que Jenny
llegue a casa de su noche de fiesta con las chicas. Desde que nuestro
hijo, Billy, nació hace tres meses, Claire y Liz tienen que obligarla a salir
de la casa cada pocas semanas para poder tomar unas copas. Amo a
mi esposa hasta la muerte, pero lograr que deje a nuestros hijos por unas
horas de vez en cuando es como tirar de mi polla.
De acuerdo, no es la mejor analogía que he hecho, dado que
tirar de una polla es una forma de arte. Piensa en algo realmente duro
(¡JÁ! ¡Eso es lo que ella dijo!), tira y ahí lo tienes.
¿Caramelo masticable? ¿Es un caramelo masticable difícil de
estirar? Ese trasero, sacude ese trasero… ¡Qué buena canción!1
Jenny casi había cancelado la salida de esta noche, también, lo
cual absolutamente no podía dejar que sucediera. Tengo una sorpresa
planeada y para que funcione, tiene que estar lejos de la casa durante
unas horas.
Me tomó una hora rogar y suplicar para que estuviera de acuerdo
en ir y disfrutar, seguido de treinta minutos de encerrarse en nuestra
habitación, llorando porque pensó que yo me hallaba harto y sólo
quería deshacerme de ella, lo que me hizo preguntarme, por enésima
vez, ¿Dónde diablos se fue mi esposa divertida, indignante y adicta al
sexo?

1 1
Laffy taffy (caramelo masticable): Es una canción del grupo D4L. En jerga, significa trasero o vagina.
Atrás quedaron los días de detenernos de camino a casa después
de la cena para follar en el asiento trasero del auto. Desvanecidas en el
aire se encuentran las noches de ponerme lubricante anal en los
genitales para ver si todavía podía sentir el orgasmo. No podía, por
cierto. Jenny tampoco podía sentir la lengua o labios durante ocho
horas. No intenten hacer esto en casa, niños.
De hecho, se han ido los días de tener sexo en absoluto. He
recurrido a masturbarme a solas en el baño después de que mi esposa
se queda dormida. Es una triste y solitaria existencia cuando tienes que
sacar tu teléfono en la taza del baño para no despertar a tu mujer
cuando abres la aplicación YouPorn y se reproduce automáticamente.
La peor parte es la cortina de Bob Esponja en la ducha. ¿Sabes lo difícil
que es mantener una erección mientras Bob Esponja te mira con ojos
grandes y saltones y oyes la canción “Pesca de medusas”, “pesca de
medusas”, “pesca de medusas”, en tu cabeza?
De acuerdo, no es tan duro (¡sí, lo es!), pero aun así. Es solo el
principio. Cada noche, durante el último año me he inclinado sobre la
taza del inodoro con el celular en la mano, haciéndome con furia una
paja y esperando no dejar caer el teléfono en el agua. Lo que sólo
sucedió una vez, gracias a Dios. Y te alegrará saber que el porno
todavía sigue reproduciéndose bajo el agua. Es un poco borroso y los
sonidos de “¡Ooooooh, fóllame más duro!” Suenan más como
“Glugluglula, glugluglugorgoteo”.
Cuando nuestra hija, Veronica, nació hace tres años, la ya
notable libido de Jenny se disparó por las nubes. Era como un sueño
hecho realidad. Teníamos sexo en la mañana, en el almuerzo, por la
noche con un bocadillo de medianoche, en la mesa para cambiar los
pañales del bebé, en un baño de Walmart, en las piscinas de tres
vecinos y una bañera de hidromasaje de otro, y una noche realmente
extraña que implicó los juegos del parque, un pollo de corral, y luces de
bengala.
Jenny era insaciable, y en realidad me preguntaba si se me
caería la polla por el uso excesivo.
Sin embargo, te diré, ¡qué manera de hacerlo! “Oh hombre, ¿oíste
acerca de Drew? Su polla se cayó. Sí, sólo se separó de su cuerpo y
cayó al suelo. Acababa de tener sexo salvaje con su esposa en el techo
de su casa, así que está todo bien.
Sinceramente, no sé lo que pasó para que todo cambiara. Billy
fue un bebé planeado, así que no es como si el impacto de quedar
embarazada otra vez le tirara un balde de agua fría en la vagina. Es
como si el día en que el palo se volvió de color rosa, sus partes de
chicas pusieron un cartel gigante de “Fuera de servicio”.
No entre, cerrado por reparaciones, los zombis te comerán el rosto
si intentas tocar esta vagina.
Lo he intentado todo. Le he susurrado palabras dulces al oído
como: “Mi pene extraña a tu vagina”, y, “He oído el rumor de que tu
canal del amor extraña mi esperma”. Y nada. Lo sé, tampoco puedo
creerlo.
Sé que el embarazo de Billy fue mucho más duro que el primero.
Estuvo muy enferma, y Veronica estaba en medio de los asquerosos,
horribles, espantosos, aterradores dos años. No, no bromeo. A la mierda
los Terribles Dos Años. Casi esperaba que nuestra dulce hijita nos cortara
las cabezas mientras dormíamos por la noche y alimentara con nuestros
cuerpos a los perros rabiosos mientras tenía una sobredosis de anillos de
caramelo y cereales. En un momento nos abrazaba y decía que nos
amaba y al siguiente corría en círculos gritando sobre el azúcar y
arrojándonos juguetes a las cabezas. Jenny se encontraba muy
asustada por el comportamiento de Veronica y enferma todo el tiempo
por el embarazo, por lo que el sexo pasó a un segundo plano. Un
segundo plano de treinta y dos kilómetros por la carretera a la casa de
otra persona.
Pero esta noche, voy a arreglarlo todo. ¡Voy a traer el sexo de
vuelta, perras!
No puedo tener una noche más de jugar al tira y afloja con Bob
Esponja. Aparte del hecho de que he visto cada vídeo que YouPorn
jamás ha hecho —dos veces— y también he leído cada historia en
Erotica.com, y cuando empecé a leer las historias sólo para ver cómo
terminaban en vez de por las escenas de sexo, sabía que estaba jodido.
He pasado las últimas semanas tratando de idear el plan
perfecto. Carter sugirió que me sentara y hablara con Jenny acerca de
lo que me preocupaba, pero eso sólo parece algo que una chica haría.
No necesito llorar y hablar de mis sentimientos. Sólo quiero tener sexo
con mi esposa.
Estoy demasiado nervioso para hacer otra cosa que sentarme en
el sofá y mirar la puerta. A las nueve en punto, el auto de Jenny se
detiene y abre la puerta principal.
—¿Dónde se encuentran los niños? —pregunta mientras cierra la
puerta detrás de sí y echa un vistazo alrededor de la sala.
—Ya los puse en la cama —le digo con orgullo.
Siempre la pone nerviosa dejarme solo en casa con los niños a la
hora de acostarse. En serio creo que espera volver a casa y encontrar el
cabello de nuestra hija teñido de verde Kool-Aid y a nuestro hijo
chupando un plumón negro después de pintarse la cara con él. Eso sólo
ha ocurrido una vez, pero uno pensaría que quemé la casa o los vendí
en el mercado negro. Y realmente, el hecho de que un niño de tres
meses de edad pueda dibujarse un perfecto bigote de Hitler en el labio
superior y un rayo de Harry Potter en la frente sin un espejo es
jodidamente increíble.
No me pierdo la sonrisa vacilante en su rostro cuando se da
cuenta que los niños ya se encuentran dormidos y no podrá hacerlo
ella. Rara vez, o nunca, pierde la oportunidad de bañar a los niños y
leerles un cuento antes de dormir.
Recuerdo el tiempo en que nunca se perdía una mamada.
Aaaaah, recuerdos.
—¿Tuviste un buen rato con las chicas?
Se encoge de hombros mientras pone su bolso y abrigo sobre la
mesa del vestíbulo.
—Estuvo bien. No quise beber, así que Claire y Liz probablemente
pensaron que estaba barrida.
—¿Quieres decir que pensaron que estabas aburrida? —
pregunto.
—Estoy demasiado cansada para preocuparme —dice,
dejándose caer en el sofá a mi lado y apoyando la cabeza en las
almohadas del respaldo.
¡Mierda! Claire y Liz tenían solo un único trabajo: emborrachar a
mi esposa. ¡La necesitaba borracha para que esto funcionara! Estarán
despedidas la próxima vez que las vea. Oh, bueno, parece que lo
haremos sobrios.
—Tengo una sorpresa para ti. Sube a nuestra habitación y ponte
cómoda —le digo con un guiño.
Me mira divertida por un minuto y luego se levanta lentamente
del sofá y sube las escaleras.
Me siento en el sofá prácticamente rebotando con entusiasmo.
Soy como un niño en navidad. No puedo esperar para que suba y vea
lo que hice. Incluso sobria, sé que va a apreciar este impresionante
regalo. Esto va a arreglarlo todo. Puedo sentirlo. Con una increíble
compra en la tienda de juguetes sexuales de Liz, voy a curar la sequía
de nuestro matrimonio. Soy tan jodidamente increíble que ni siquiera
puedo soportarlo. Verá la habitación y anunciará que debería ser
nominado para el Marido del Año. Gentilmente aceptaré la nominación
y actuaré como si no tuviera idea de cuán increíble soy.
Probablemente voy a tener un discurso y usar un esmoquin
porque, ya sabes, soy muy genial. “Me gustaría dar las gracias a la
gente pequeña. Y por pequeña, me refiero a la gente por ahí que
todavía no tiene sexo, que no son tan asombrosos como yo”.
Escucho a Billy soltar un grito desde la cuna, y no voy a mentir,
casi corro escaleras arriba para preguntarle qué diablos piensa que
hace. Le he dado órdenes estrictas de no hacer ningún sonido después
de que se quedara dormido. Es como si este chico no entendiera ni una
palabra de lo que dije.
Los gritos de Billy se detienen después de unos segundos, hago
una oración silenciosa de agradecimiento y me doy un recordatorio
para comprarle un juguete nuevo mañana para disculparme por casi
entrar a su habitación y llamarlo idiota bloquea pollas.
Me encuentro un poco preocupado porque no he oído a Jenny
soltar un grito de felicidad todavía, pero imagino que simplemente no
quiere asustar a los niños o algo así. Es perfectamente comprensible.
Contiene el entusiasmo y espera que suba para poder agradecer
correctamente con su boca en mi polla. Apruebo este mensaje.
Después de darle unos minutos más para disfrutar de la sorpresa y
acomodarse, salto del sofá, y subo las escaleras de dos en dos a toda
prisa para llegar a nuestra habitación.
Corro por el pasillo con una sonrisa en el rostro y abro la puerta de
nuestra habitación con una furiosa erección sólo de pensar en la noche
que me espera. Me detengo en seco ante lo que veo y soy incapaz de
formar alguna palabra que pueda describir el espectáculo de horror
sucediendo en este mismo segundo.
—¡Drew, este es el mejor regalo de mi vida! ¡Me encanta! —
susurra Jenny—. ¿Y las velas? ¡Oh, Dios mío, es la iluminación perfecta
para hacer esto!
Me quedo en la puerta de nuestra habitación observando la
imagen delante de mí, quiero caer de rodillas y llorar. No de una
manera “¡Oh, Dios mío estoy tan feliz!”, sino más bien de una manera
“Oh mierda, ¿¿¿qué está pasando???”
Después de tres horas de trabajo duro mientras Jenny se hallaba
fuera, logré instalar un columpio sexual en la esquina de nuestra
habitación. Un columpio sexual para acabar con todos los cambios en
el sexo. Esta cosa es genial, y casi tuve que masturbarme en medio de
la instalación. No podía dejar de imaginarme a Jenny colgando de él,
desnuda y esperando que yo la columpiara. Tuve que ir a la ferretería
en tres ocasiones diferentes por los materiales y terminé eliminando
parte del techo para reforzar las vigas allí. Tuve que adjuntar un tablero
y consultar a cinco chicos diferentes que trabajaban en la ferretería,
todos esperaban ansiosamente mi regreso, así les podía dar detalles de
la noche.
Ahora, en vez de volver allí bailando el vals como un Dios para
contarles sobre el sexo caliente que tuvimos suspendidos de nuestro
techo, voy a tener que volver allí con la cabeza baja por la vergüenza.
No voy a tener una historia increíble que contar acerca de que los
policías fueron llamados por extraños ruidos de la selva saliendo de
nuestra habitación o ventanas rotas a causa de un balanceo
demasiado fuerte. La única historia que voy a contar es que caí de
rodillas y lloré como una niña.
Cuando cierre los ojos para dormir por la noche, voy a tener que
imaginar a Jenny, completamente vestida, sosteniendo a nuestro hijo
de tres meses de edad en brazos, meciéndolo para que se vuelva a
dormir en nuestro COLUMPIO SEXUAL.
—Pero… ese es mi columpio —lloriqueo en voz alta y trato de no
pisotear.
—Shuuuu, recién lo volví a dormir —susurra, dándome una mirada
severa mientras se balancea suavemente de lado a lado y mira
cariñosamente a Billy, ¡EN MI MALDITO COLUMPIO SEXUAL!
—Sexo… yo… el columpio… mal… sexo… vomitar.
Tonterías. Eso es lo que sale de mi boca. Puras tonterías.
El regalo que, se suponía, iba a rejuvenecer nuestra vida sexual se
ha convertido en una nueva mecedora para bebés.
Asqueroso.
—Ven aquí y siéntate conmigo en el columpio, Drew. Hay un
montón de espacio —dice suavemente mientras mira a Billy.
¿Sentarme junto a mi mujer en un columpio sexual y NO tener
sexo? No entiendo lo que pasa en este momento. ¿Hablamos el mismo
idioma?
—¡No hablo SEXO! ¡Billy malo! ¡Yo quiero! —me quejo, pisoteando
esta vez de verdad.
—¡Drew! ¿Qué demonios te pasa esta noche? —susurra Jenny.
¡Mi pene se está muriendo y me sangran los ojos! ¡Eso es lo que me
pasa, mujer!
—Arruinas mi regalo —se queja.
—¡Arruinaste mi pene! —me quejo de vuelta.
—¿Arruiné tus lápices2? ¿Qué significa eso? Nunca toqué tus
lápices.
Oh, créeme, soy muy consciente de lo mucho que NO HAS
tocado mis lápices. Esto obviamente no funciona.
Con resignación, me saco el celular del bolsillo y me dirijo al baño
mientras me desplazo a través de las más recientes actualizaciones de
Erotica.com.
—¿A dónde vas? —pregunta en voz baja mientras me mira hacer
mi caminata de la vergüenza por el suelo de nuestro dormitorio.
—A una barbacoa en el patio trasero donde Misty y su amiga
Buffy arrinconaron a su profesor de ciencias de la secundaria en un

2
Jenny confunde las palabras penis (pene) con pens (lápices) que suenan parecidas en inglés.
cuarto de baño y le pidieron que explicara la teoría de la trío-actividad
—murmuro con tristeza.
Negativo, Ghost Rider
Traducido por Niki
Corregido por AriannysG

Jenny y yo hemos estado casados durante... eh, algo así como


cuatro años. ¿O tres? Nuestra hija, Verónica, tiene tres y Jenny
definitivamente no estuvo embarazada en nuestra boda. Así que, tres,
quita el uno, lleva el dos... eh, tres años y algunos cambios suenan
bastante bien.
¡Nuestra boda fue lo máximo! Fue el día más romántico y perfecto
de todos los tiempos. ¡Nuestros amigos y unos pocos miembros de
familia fueron con nosotros a Las Vegas, Nene! ¿Y la mejor parte? Lo
adivinaste, nos casó Elvis. No el verdadero Elvis. Lo último que supe de él
es que fue visto en algún lugar en el Piamonte, Dakota del Norte. Este
tipo era totalmente falso, pero aun así, fue jodidamente bueno. Jenny
me sorprendió con una camiseta para usar durante la ceremonia. Que
tenía la palabra "Novio" en grandes letras de imprenta con un gigante
"X" atravesándola. Debajo estaba escrito: La perra de la novia.
Supe desde el primer momento en que la conocí que sería su
perra, y estoy perfectamente de acuerdo con eso. Si no estuviera con
Jenny, estoy bastante seguro de que estaría en prisión y siendo la perra
del tipo con más paquetes de cigarrillos. Esto es mucho mejor. El día que
nos conocimos, ella acababa de terminar una fiesta de juguetes
sexuales y de probar la mercancía unos pocos minutos antes. No supe si
fue el resplandor de su reciente orgasmo o no, pero era la chica más
sexy que había visto jamás. Arrojé de inmediato mi tarjeta de mujeriego
y me pegué a su lado como una lapa.
Todos los días desde ese momento, nunca he lamentado un
segundo que he pasado con ella. Eso hace que sea imperativo
solucionar todos los problemas que tenemos, tan pronto como sea
posible.
—Así que, ¿cuánto tiempo ha PASADO desde que Jenny y tú
tuvieron sexo? —pregunta Jim.
Los chicos saben todo sobre el incidente del columpio sexual.
Dolió mucho tener que revivir el horror de esa noche del pasado fin de
semana, ellos sabían lo que planeaba y esperaban un reporte de todos
los acontecimientos. Los chicos de la tienda de herramientas hicieron
una vigilia con velas para mí esta tarde. En realidad, fue un momento
conmovedor, pero simplemente me puso todo emocional y esa mierda.
Cuando caminaba en el trabajo esta noche y comencé a sollozar
incontrolablemente, murmurando palabras
como: "meciéndose" y "pene con sueño" y diciendo: "Mi hijo es el
engendro de satanás", supieron que la noche no salió según lo
planeado.
Después de hablarles de mi niño bloquea pollas y mostrarles la
bolsa de abre fácil llena de arroz en la que tenía el teléfono celular,
supieron que necesitaba una noche de hombres en la casa Parritt.
—Y lo más importante, ¿por qué tu teléfono está en una bolsa de
arroz cocido? —pregunta Carter mientras estira la mano sobre la mesa y
agita el contenido de la bolsa. Le golpeo la mano y tiro de la bolsa más
cerca de mí.
Estamos en nuestra hora de almuerzo en la planta automotriz y
nos sentamos en una mesa de la esquina en la sala de almuerzo. Los tres
todavía trabajamos en el turno nocturno, y no hay nada inusual en el
hecho de que nuestro "almuerzo" tiene lugar a las once y media de la
noche.
—Mi teléfono se cayó al inodoro —murmuro.
—¿Otra vez? —pregunta Jim riéndose.
—Cállate, idiota. Trataba de desplazarme a la siguiente página
de la historia. Los teléfonos de pantalla táctil son una mierda. Y ni
siquiera me masturbaba en ese momento. Me hallaba sentado en el
borde de la bañera. Era una muy buena parte de la historia también.
Buffy acababa de recitar la teoría de la trío-actividad, y Misty iba a
premiarla por ser tan inteligente. Quería ver si Misty llevaba la falda de
mezclilla rosa y camiseta blanca de color al igual que en la historia de
su baile de graduación. Era un traje muy lindo.
Ambos hombres me miran por tanto tiempo que me encuentro
bastante seguro de sus rostros podrían estar congelados.
—Necesitas seriamente echar un polvo. Jodidamente ahora —me
dice Carter—. Y no se supone que uses arroz cocido, genio. ¿Por qué
diablos es marrón?
Pongo los ojos en blanco. El arroz, obviamente, no es la parte
importante de esta historia.
—Es el arroz con sabor a carne del tío Ben. Nos quedamos sin arroz
blanco —explico—. ¿Podemos concentrarnos, por favor? ¿Qué diablos
se supone que debo hacer?
—Deja de tirar de tus ramitas y bayas cerca del agua —dice Jim
inexpresivamente.
—No tiro de ellas. Las acaricio cariñosamente. Me gusta mi pene.
Es un buen tipo. Y las bayas nunca se encuentran involucradas en las
caricias. Esperen, ¿juegan con las suyas? —pregunto.
Jim se encoge de hombros mientras da un mordisco a su
sándwich de mortadela.
—A veces lo hago. Es agradable incorporar a los chicos de vez en
cuando para que no se sientan excluidos.
—Concuerdo. Acariciarte las bolas lo lleva a otro nivel. Solo
depende de dónde estás y si puedes obtener el ángulo adecuado,
bajar allí y traerlos a la fiesta. Me gusta darles una buena tocada
cuando estoy solo. Claire hace esta cosa con los dedos cuando las
levanta para que su boca…
Carter se detiene a media frase cuando me oye gemir.
—Lo siento, hombre —me dice tímidamente.
Esto ocurre mucho últimamente. Carter y Jim empiezan a contar
una historia increíble sobre el sexo que tienen con sus esposas y luego se
detienen cuando se dan cuenta que me encuentro sentado allí,
mirándolos, pendientes de cada palabra y follando en seco la pata de
la mesa.
—Jodidamente no lo entiendo. Claire y tú tienen dos niños, han
estado casados durante casi siete años, y todavía tienen sexo increíble.
¿Qué diablos hago mal? —le pregunto, empujando el almuerzo a un
lado.
—No creo que estés haciendo nada malo. Solo creo que pasan
por un período de sequía. Todo el mundo pasa por eso en algún
momento. —Me tranquiliza Jim.
—¿Así que Liz y tú pasaron por esto? —pregunto, sintiéndome un
poco mejor en cuanto a mi situación.
—Oh, joder, no. Todavía follamos como conejos. Por "todos" me
refería a otras personas —afirma con la boca llena de papitas—. Pero
en serio, ¿cuándo fue la última vez que tuvieron sexo?
Me siento allí durante un minuto fingiendo que hago los cálculos
en la cabeza. No hay necesidad de esa mierda. Sé exactamente
cuánto tiempo ha pasado.
—¿Buen sexo o sexo-sexo? —pregunto.
—Esa es la pregunta más estúpida que he oído en mi vida. Somos
hombres. Todo sexo es bueno —afirma Jim.
—Negativo, Ghost Rider. Imposible. Si Claire no se viene, no es
bueno para mí —dice Carter.
—¿Acabas de citar Top Gun? —le pregunta Jim.
—Mmm, sí. La mejor jodida película de la historia. ¡Siento la
necesidad, la necesidad de acelerar! —grita Carter bombeando el
puño.
—Está bien, Homo McFaggy. Si crees que un grupo de hombres
sudorosos, sin camisa y jugando voleibol de playa es impresionante, voy
a necesitar que entregues tus alas, puma. Tus alas de hombre
heterosexual —dice Jim.
—Jódete.
—Obviamente. Pensé que te atrapé dándole un vistazo
furtivamente a mi jet F-catorce la otra noche cuando orinábamos.
¿Claire y tú hacen juegos de roles en el dormitorio? ¿Te llama Iceman y
tú la llamas Maverick? —le pregunta Jim riéndose.
—¡HOLA! —grito—. Hombre con un problema aquí. ¿Podemos
volver a algo importante, por favor?
—Lo siento, pero sí, creo que discutir la orientación sexual de
Carter es importante —dice Jim al tiempo que Carter se acerca y le da
un puñetazo en el brazo.
—Bueno, volvamos a la pregunta original. ¿Cuánto tiempo ha
pasado? —pregunta Carter—. Y no hablo de la noche "solo la puntita"
después del nacimiento de Billy. Hablo de sexo de contacto completo,
meterla entera y gritos por tu mami toda la noche.
—Si mal no recuerdo, lo del sexo gritando por mami solo lo has
hecho tú, Carter —dice Jim riéndose.
—¡Vete a la mierda! NO grité por mi mamá. Trataba de
proponerle a Claire —argumenta.
—Doce meses, trece días, nueve horas y treinta y siete minutos —
les digo, mirando a través del cuarto al reloj colgado en la pared—. Lo
siento, treinta y cinco minutos.
—Jesucristo —murmura Jim con una mirada de horror en el rostro.
—¿Te sabes eso de memoria? —pregunta Carter.
—Ustedes dos, pendejos, traten de NO tener relaciones sexuales
con sus esposas y avísenme si es que llevan un registro o no —me quejo.
—¿Has intentado hablar con Jenny sobre eso, como te sugerí? —
pregunta Carter con una mirada de suficiencia en el rostro.
—Sí, lo he hecho, así que cállate la boca.
El altavoz irrumpe en nuestra conversación y nos informa que
tenemos cinco minutos para finalizar antes de que la línea de
producción inicie de nuevo. Todos nos ponemos de pie, recogemos los
restos de la comida de la mesa y nos dirigimos al otro lado de la
cafetería, a las puertas que dan acceso a la planta.
—¿Hablaste con Jenny como lo haces normalmente o le hablaste
intentando no ser un imbécil? —pregunta Jim mientras arroja la basura
en el bote.
—Cállate. No soy un imbécil cuando se trata de mi esposa —
sostengo.
—¿En serio? Porque recuerdo que le pediste al imitador de Elvis en
tu boda si podía añadir una línea a los votos de Jenny que decía: “Me
comprometo a darle siempre mamadas con una sonrisa en el rostro y
amor en el corazón” —me recuerda.
—¿Qué? Eso es un legítimo voto de boda que debería ser parte
de la ceremonia de boda de todos —sostengo—. ¿Quieres una esposa
que da mamadas con una cara molesta?
Caminamos a través de la planta a nuestro lugar en la línea de
producción, y Jim nos sigue a pesar de que se supone que esté en el
otro lado de la planta en una reunión de encargados.
—Bueno, tienes algunas opciones. Uno, en realidad puedes
sentarte con Jenny y preguntarle sin rodeos por qué nunca quiere tener
sexo contigo. Y por hablar, me refiero a preguntarle de una manera
amorosa y agradable si algo le molesta. Siempre pregunta por su
bienestar en primer lugar. Si haces esto todo sobre ti y tu descuidado
pene, no llegarás a ninguna parte. Tienes que hacer que se sienta como
si te importara —explica Jim.
—Pero sí me importa. Me preocupo por cómo se encuentra y
cómo se siente.
—Sí, bien. Pero me hallo bastante seguro de que en este punto, te
preocupas más por cómo se siente acerca de tu pene —dice Jim.
—Verdad —concuerdo con tristeza.
—Por lo tanto, no utilices las palabras: follar, anal, mamada, solo la
punta, o lo haces sonreír cuando lo besas —me dice Jim.
—¿Qué diablos se supone que voy a decir entonces? Esas son
todas las palabras las buenas —me quejo.
—Sí, todas las palabras buenas que utilizaste cuando la
engatusaste para tener sexo contigo seis semanas después de que
naciera Billy. Creo que tomó “solo la punta”, literalmente, y le dijiste: “Si
tu vagina está dolorida después de que Billy saliera por ahí, estaría bien
si lo hacemos anal” —añade Carter.
—Todavía no veo lo que estaba mal con eso. Traté de ser
agradable y hacer que se sintiera mejor.
Después de no tener relaciones sexuales todo el embarazo y
luego tener que esperar otras seis semanas para que las cicatrices
sanaran, me hallaba desesperado. Decirle acerca de todas las
pesadillas que tenía por ver la cabeza de Billy salir durante su
nacimiento probablemente no fue mi mejor momento. Pero Jenny me
arrinconó en el medio de la noche cuando me desperté gritando por
otro mal sueño. Había estado medio dormido y no podía ser
considerado responsable de las cosas que dije. Sabía que comparar el
nacimiento de nuestro hijo con la película Alien cuando ese pequeño
monstruo sale del estómago de ese tipo era una mala idea, ¡pero
todavía no estaba completamente despierto! Imagina la sangre
derramada, la baba, y la sustancia viscosa que esta pequeña cosa
extraña tiene mientras desgarra el estómago de alguien al salir. Ahora
imagínate qué ocurre en la vagina de su esposa. La vagina que has
tocado, chupado, lamido y adorado durante años. Tomó un poco de
tiempo para separar esas dos imagines.
Jenny tuvo una cesárea con Verónica, y no vi nada de lo que
pasó por debajo de su cuello. Recordé llorar lágrimas de alegría cuando
nos entregaron a Verónica y la enfermera me ayudó a ponerla en su
primer enterizo que decía: Cuida tu jodido lenguaje, hay un puto bebé
en la habitación. Miré hacia atrás y adelante entre Jenny y nuestra niña
y supe que nunca había sido más feliz.
Con Billy, el médico le dio el visto bueno para tratar de tenerlo de
forma natural ya que la cesárea con Verónica se debió a una caída en
el ritmo cardíaco del bebé y no porque Jenny tuviera algún tipo de
complicaciones que amenazaran su vida. Y así, Jenny decidió que
quería experimentar el parto real. Y fue horrible. Debería haber sido
hermoso y sorprendente, ver a la mujer que amo dar a luz a nuestro hijo,
pero no fue así. Hubo gritos, lloriqueos y blasfemias, y eso fue solo de mi
parte. Ni siquiera quieres saber lo que Jenny gritó cuando vio que vagué
hasta el pie de la mesa de parto y puse el rostro justo en frente de la
acción. Una vez que llegué allí, no me pude mover. Era como un ciervo
encandilado por los faros. O un hombre atrapado en la masacre de la
vagina de su esposa. Esperaba darme la vuelta y ver al obstetra con un
cuchillo de carnicero en la mano debido por desastre allá abajo. Tuvo
tantas cosas deslizándose entre sus piernas que no sabía qué carajos
pasaba o cómo una vagina podría verter tanta suciedad y todavía
estar viva. Su vagina debería haberse ahogado.
Decirle todo esto a las tres de la mañana un par de semanas
después del nacimiento de Billy podría ser una de las razones por las que
estamos teniendo problemas. Hablar con ella de nuevo sobre algo tan
monumental en este momento no parece ser la mejor idea.
—¿Qué más tienes? —le pregunto a Jim cuando la línea empieza
a moverse y tiro del taladro hidráulico desde la percha en el estante
encima de mi cabeza.
—Bueno, siempre puedes pedirle a tu papá que le saque algo de
información. Tal vez te esconde algo —dice con indiferencia antes de
que se marche a su reunión.
Mi papá es un investigador privado que se especializa en esposos
infieles y fraude de compensación al trabajador. Ya que me encuentro
bastante seguro de que no hay manera de que Jenny sea culpable
de uno de esos, deja lo otro como una posibilidad.
Oh, Dios mío, ¿esto realmente podría ser el problema? ¿Por qué
no se me ocurrió pensar en esto antes?
De inmediato me horroriza que mi dulce y cariñosa Jenny pueda
hacer algo como esto y haberme mentido todo este tiempo.
¿Por qué no me dijo? ¿Por qué, Dios, POR QUÉ?
La razón por la que mi esposa no quiere tener sexo conmigo
nunca más es porque tiene una falsa lesión de la que nunca me habló y
ahora trata de exprimir a su jefa, Claire, dinero para pagar por su falsa
recuperación.
Remodearme en la gloria
Traducido por Alex Phai
Corregido por Jane

—Espera, ¿Drew instaló una mecedora para bebés en el techo?


Eso no suena bien —dice Claire mientras firma la pila de facturas que
imprimí para ella.
Hace siete años, cuando perdí mi trabajo en la empresa de
diseño informático en la que trabajé desde la universidad, mi mejor
amiga, Claire, me pidió que la ayudara en la tienda de chocolates que
compartía con mi otra mejor amiga, Liz. Después de unos meses de
manejar toda la comercialización y diseño informático, encontré otro
trabajo, pero todavía ayudaba a Claire cuando podía. Después de que
nació Verónica, sabía que no quería volver a trabajar de nueve a cinco
más. Claire pidió que trabajara a tiempo completo y Liz me rogó
ayudarla, también.
Ya han pasado tres años, y ahora soy la gerente de
mercadotecnia de Seduction and Snacks, que ha crecido a pasos
agigantados. Hace unos años, Claire y Liz decidieron convertir su
negocio en una franquicia. En la actualidad hay diez tiendas Seduction
and Snacks situadas a lo largo del sur.
¿O es el oeste? Nunca lo recuerdo. No soy buena en la geología...
o la genealogía... u otra cosa que comienza con "g" y termina con "a".
Por suerte, ya que Claire y Carter tienen dos hijos, Liz y Jim tres, y
Drew y yo dos, todos somos una familia muy oriental3. Los niños van a la
tienda en algún momento durante la semana, y puedo trabajar desde
casa siempre que necesite, componiendo mi propio horario a medida
que avanzo.
—¡Sí! La cosa más genial que haya visto nunca. Era como esas
correas que casi se parecen a cinturones de seguridad, colgaba del
techo y me podía sentar allí y sostener a Billy. Había estos extraños hoyos

3
En realidad quiere decir orientada, organizada.
hechos con las correas para meter las piernas, supongo, pero no
entendí el punto para lo que fue hecho, por lo que no los usé. Y en
realidad no tiene respaldo, así que solo me apoyé contra la pared
cuando no me mecía. Deberías haber visto lo rápido que conseguí que
Billy volviera a dormirse. Fue impresionante —explico mientras tomo las
facturas firmadas y empiezo a escanearlas en el ordenador.
—¡Buenos días, putas! —dice Liz mientras entra alegremente a
través de la puerta que comunica Seduction and Snacks y toma asiento
en el pequeño sofá de la oficina—. ¿Tuviste oportunidad de imprimir la
orden que vendrá la próxima semana? Tengo que asegurarme de tener
suficiente gel para dolores musculares de fresa. Lo juro por Dios, creo
que la señora Molnar bebe esa mierda como agua. Eso, o solo necesita
cubos de gel anestésico después de tener la Gran Bola de Bob en la
garganta.
Todos nos estremecemos al pensar en el señor Molnar y su pene. Él
entró en la tienda de Liz hace unas semanas para contarnos acerca de
su cirugía a corazón abierto y, de alguna manera, terminó
mostrándonos no solo la cicatriz que corría por el centro de su pecho,
sino también el efecto que la anestesia tuvo en su pene. Una de sus
bolas se hinchó cuatro veces su tamaño normal. Parecía una toronja
abrazando un palillo de dientes con una triste ciruela pegada a un lado.
—¿Podemos, por favor, no hablar sobre la Gran Bola de Bob tan
temprano en la mañana? Tuve una buena noche ayer y quiero
remodearme en la gloria —digo.
—Regodearte. Es regodearte en la gloria —corrige Liz.
—Oh, lo que sea. Sabes lo que quiero decir.
La gente siempre se burla porque me salen mal las palabras.
Realmente no soy una persona tonta. Sé lo que quiero decir en mi
cerebro, pero en el tiempo en el que viaja hasta mi boca, por lo
general, se mezcla.
—Así que, ¿qué pasó anoche después de que tu aburrido culo
nos dejó en el bar? —pregunta Liz—. ¡¡Espera!! Oh, ¡Dios mío! Estoy
totalmente segura de que sé lo que pasó, ¡pequeña zorra! Drew
finalmente te dio su regalo, ¿no?
La miro confundida.
—¿Cómo supiste acerca del presente que Drew me dio? —
pregunto.
—¡Dah! Me lo compró a mí —dice mientras se levanta del sofá
para recoger un pedazo de papel de la impresora y revisarlo.
—Espera, ¿eso era tuyo? ¿Lo utilizaste con las tres chicas? No me
acuerdo que lo mencionaras —pregunto mientras apago el ordenador.
—¿De qué demonios hablas? ¿Qué chicas?
—Eh, ¿tus hijas? ¿De qué otras chicas hablaría?
Y Liz cree que soy una tonta.
Pone el papel sobre el escritorio y se coloca las manos en las
caderas.
—¿Por qué diablos iba a usar algo así con mis hijas? Eso es
asqueroso —afirma.
¿Asqueroso? ¿Por qué demonios sería asqueroso?
—Oh, mi Dios —murmura Claire, cubriéndose la boca con la mano
y mirándome con los ojos muy abiertos.
Y entonces comienza a reír incontrolablemente. Se dobla por la
cintura y se pone los brazos alrededor del estómago.
—¡Oh, Dios! ¡No puedo! ¡Oh, Jesús, me duele! —dice a través de
resoplidos y risitas.
—¿Qué diablos es tan gracioso? —exijo.
—Sí, ilumínanos, Claire —dice Liz seriamente—. Un columpio como
el que Drew le dio a Jenny no es cosa de risa. Esa cosa es lo mejor de la
línea. Desembolsó una gran cantidad de dinero en efectivo para esa
cosa.
—¡Santo cielo! ¡Este es el MEJOR día de mi vida! —se ríe Claire
hasta que finalmente se calma y se limpia las lágrimas de los ojos.
—¿Por qué dijiste que era asqueroso? ¿Qué es lo asqueroso sobre
una mecedora para bebés? ¿Alguien vomitó allí o algo así? —le
pregunto a Liz—. No les diste de comer a las chicas desnudas en él ni
nada, ¿o sí?
Esto solo arroja a Claire en más ataques de risa y causa que Liz me
dirija una mirada de horror.
—Oh, Dios mío. Por favor, dime que no lo hiciste. No... Solo... no —
dice.
¿Qué jodido problema tienen todos? Esta es la cosa más dulce
que Drew hizo por mí en un largo tiempo y se ríen de eso.
—No quiero decirles nada ahora. Solo van a burlarse de Drew por
ser tan considerado —me quejo.
—Oh, no. Tienes que decirle a Liz lo considerado que fue Drew. Por
favor. Por favor, dile a Liz lo estupenda que fue tu velada después de
que nos dejaste. Dilo despacio y no olvides nada —ruega con una
enorme sonrisa en el rostro.
Pongo los ojos en blanco ante lo ridículo que actúan sobre una
mecedora para bebés.
—De acuerdo. Pero ni una palabra de ninguna de las dos.
Ambas fingen cerrar los labios y tirar la llave lejos.
—Ustedes saben lo cansada que estaba cuando salí del bar
anoche. Billy todavía no duerme toda la noche y me toma una
eternidad que vuelva a dormir. Así que, cuando llegué a casa, Drew me
dijo que tenía una sorpresa para mí en el piso de arriba. Pensé que iba a
ser otra de sus excusas para intentar tener sexo.
Claire resopla y luego tose como si estuviera ahogándose cuando
le disparo una mirada asesina.
—Fui al piso de arriba y, por supuesto, Billy eligió ese momento
para despertar llorando. Lo saqué de la cuna y me acerqué a la
habitación y vi que Drew había encendido un montón de velas. Me he
estado quejando de que la luz de la lámpara que tenemos es
demasiado oscura para ver cuando alimento a Billy en el medio de la
noche y las velas eran simplemente perfectas. Me acerqué a la esquina
de la habitación donde tengo la silla para poder dormirlo y en su lugar
había una mecedora para bebés estilo columpio que colgaba del
techo —termino, dándoles a ambas una mirada de suficiencia.
Vamos a ver si se burlan de Drew ahora. Mi marido es un niño
grande, pero a veces hace inesperadas cosas dulces. Ha pasado
bastante tiempo desde que lo ha hecho, pero esto lo compensa.
Me quedo mirando a Liz con expectación, esperando que se
disculpe por ser grosera.
—Espera un segundo. Necesito un minuto —dice mientras agarra
el codo de Claire y se giran por lo que sus rostros se encuentran lejos de
mí.
Ruedo los ojos a sus espaldas.
—No funciona. Puedo ver que sus hombros tiemblan. Sé que ríen.
Las chicas se recomponen y se giran de nuevo, tratando de
mantener el rostro serio.
—Así que, ¿no tuvieron sexo anoche? —preguntas Liz con
confusión.
—¡No! Te lo dije, estaba cansada y entonces Billy despertó
cuando llegué a casa. Pero, ¡oh, Dios mío, la mecedora fue lo mejor!
Billy se durmió de inmediato, y en realidad me quedé dormida, también.
Ahora sé por qué nunca me hablaste de ella cuando las niñas eran
bebés. Tenías miedo de que fuera a probar y robártela. No es de
extrañar que durmieran tan bien.
Liz asiente y cierra los ojos, con una mano en el aire como si dijera
“¡Detente!”
—Lo siento, creo que necesito un minuto más —dice antes de
imitar la anterior pose de Claire y doblarse por la cintura a carcajadas
en el suelo.
—¿Qué demonios? —grito.
—Creo que lo que Liz trata de decir es que meciste a tu bebé
para dormir en un columpio SEXUAL —dice Claire con una risita.
Me quedo mirándola sin comprender.
—UN. COLUMPIO. SEXUAL. De las palabras en latín, “se supone
que folles en él, no que mezas a tu hijo para que duerma" —afirma
Claire.
—¡Lo que ella dijo! —ríe Liz mientras se para de nuevo y luego se
tapa los ojos con las manos—. Oh, Dios, ¡ni siquiera puedo mirarte ahora
mismo!
Oh. Dios. Mío.
—Mecí a mi hijo en algo en lo que la gente folla —susurro con voz
horrorizada.
—Bueno, sí. Es por eso que se llama columpio sexual —dice Claire.
—¿Pusiste los muslos en los estribos? —ríe Liz.
—¿Los estribos? Dios mío. Los utilicé para poner los biberones extra
—me quejo.
—¡Oh, Dios, aquí vamos otra vez! —dice Claire, agachándose y
riendo tan fuerte que comienza a tener arcadas—. ¡VOY A VOMITAR! —
grita entre risas.
—Las odio a las dos. Las dos son idiotas.
Me siento muy mal. No sólo porque mis amigas son idiotas, sino
porque mi marido había intentado hacer algo pervertido y divertido y lo
arruiné.
¿Qué diablos pasa conmigo?
Solía ser alegre, divertida y pervertida como el infierno. Yo, de
todas las personas, debería saber lo que es un columpio sexual. Había
hecho un molde de mi vagina y se lo había dado a Drew en uno de
nuestros aniversarios, por amor de Dios. Incluso hicimos un video de sexo
amateur y lo subimos a YouPorn. Sin nuestros rostros, por supuesto. Hay
ciertas cosas que mi abuela nunca debe ver. Aunque por qué mi
abuela estaría en YouPorn cuando, claramente, pasa la edad legal
para tener sexo. ¿No es a los setenta cuando dicen que tienes que
pasar una prueba para mantener relaciones sexuales? O tal vez eso es
para tu licencia de conducir. No, estoy bastante segura de que es para
sexo. Independientemente, un columpio sexual es algo de lo que
debería tener conocimiento de primera mano.
Cosas como esta suceden más y más últimamente, Drew intenta
provocar algo entre nosotros, y no sé qué hacer o no tengo ningún
interés en ello. Mis amigos tienen matrimonios y vidas sexuales más que
perfectas, y fueron capaces de criar a sus hijos mientras lo hacían. Drew
y yo habíamos logrado hacerlo bastante bien después de que Verónica
nació, hace un poco más de tres años. Nuestro matrimonio se fortaleció
y teníamos sexo todo el tiempo. Tan pronto como quedé embarazada
de Billy, sin embargo, todo se detuvo. De repente, tuve que hacer
malabarismos con una niña pequeña en una bacinica entrenadora con
un embarazo que me mantuvo vomitando casi todo el tiempo y un
trabajo a tiempo completo.
No es que no desee a mi marido o no lo ame, solo que dormir
tomó prioridad. A pesar de que el trabajo es flexible, todavía hay una
gran cantidad de trabajo que tiene que ser hecho. Por no mencionar el
hecho de que Drew trabaja el turno de noche, y estoy atascada
haciendo más cosas sola por la noche.
Nunca solía tener problemas para levantarme a las cuatro de la
mañana cuando llegaba a casa del trabajo para un polvo rápido. Me
encantaba tener relaciones sexuales con él mientras me hallaba medio
dormida y caliente tras haber bajado las sábanas a la mitad de la
noche. La primera vez que lo intentó después de descubrir que me
encontraba embarazada de Billy, le dije que si ponía el pene en algún
lugar cerca de mí, le diría a todos sus amigos acerca de la forma en
que llevaba mis tangas de seda a trabajar porque le gustaba cómo se
deslizaban a través de la grieta de su culo cuando se inclinaba. En
cualquier momento después de eso, si ponía el pene a menos de cinco
metros de mí, corría al baño y vomitaba. Estaba bastante segura de
que se puso a la defensiva por eso. No fue mi culpa que ver su pene me
hiciera enferma del estómago. Tiene un pene muy bonito, en realidad, e
incluso me hizo un dibujo de él una vez. Solo había algo acerca en que
se viera como una medusa con un ojo que me hacía marear. Una vez
que nació Billy, simplemente me encontraba demasiado agotada para
pensar en sexo.
Nuestro hijo TODAVÍA no duerme toda la noche. Ahora mismo,
solo quiero una noche completa de sueño más de lo que quiero sexo.
Bueno, retiro lo dicho. Quiero sexo. Simplemente no hay momentos
apropiados. Cada vez que quiero, Drew está durmiendo o en el trabajo.
Nunca sucede cuando estamos en la misma habitación. Ni siquiera
puedo masturbarme más. La última vez que lo intenté, me quedé
dormida con el vibrador en la mano. Mientras todavía estaba
funcionando.
Drew había llegado a casa del trabajo y me encontró tumbada
en la cama con el brazo extendido hacia un lado, agarrando un gran
vibrador rosa al que se le acaba la pila poco a poco. En lugar de sonar
como wirrrrrrrrrrrrrrrrrr, sonaba más como, wirr-rrr-wirrrr-r... rr. No pude
evitar que las vibraciones me adormecieran. Ahora sabía por qué a los
bebés les encantaban las mecedoras vibrantes. Drew se emocionó
cuando cargué pilas doble A en el supermercado esa semana, y me
aseguré de que la mesita de noche estuviera bien abastecida de ellas.
Estaba bastante segura de que lo oí llorar en el baño cuando se enteró
de que solo las necesitaba para poder meter el vibrador debajo del
colchón para que me ayudara a conciliar el sueño más rápido. Por lo
menos pensé que estaba llorando. Había hecho algunos sonidos
realmente divertidos y cuando había llamado a la puerta del baño, dijo
que estaba ocupado leyendo.
Tengo que hacer algo para re-erectar nuestra vida amorosa.
¿Re-erectar? ¿Es eso una palabra? Esa es la palabra que estoy
buscando, ¿verdad? Lo que sea.
En primer lugar, tengo que hacer algo para ponerme en forma.
Tres meses después del nacimiento del bebé y todavía me siento tan
grande como una casa. He perdido todo el peso del embarazo con
bastante rapidez, pero todavía siento que tengo el culo enorme.
También tengo que hacer algo acerca de mi vagina. No hay manera
de que Drew sienta lo mismo cuando tenemos sexo. Aunque, en
realidad no hemos tenido sexo desde que Billy nació. Dejé que llegara a
medio camino y luego hizo un comentario acerca de que tenía la
vagina descuidada y le dije que se alejara de mí. Un montón de mujeres
tienen parto natural y no tienen vaginas colgantes. Busqué en internet.
He tratado de ver en la mía con un espejo y la pierna sobre el lavabo
del cuarto de baño. Eso fue justo después de llegar a casa desde el
hospital con Billy, y fue un desastre. Probablemente debería haber
esperado un par de semanas más, pero ahora no puedo mirar la carne
molida cruda, sin cruzar las piernas y hacer una mueca.
Básicamente, tengo miedo de tener relaciones sexuales con mi
esposo. Él siempre ha querido a mi vagina. Incluso tiene una camiseta
que dice: Amo la vagina de mi esposa. ¿Qué pasa si tenemos
relaciones sexuales ahora y es como si follara con un tazón de gelatina?
Eso no es del todo caliente, sobre todo si es gelatina verde. No digo que
mi vagina sea verde, pero estoy segura de que es movediza. La sacudí
un poco cuando me miré en el espejo y, sin duda, se sacudía. Una
vagina nunca se debe sacudir.
Voy a dejar el trabajo temprano e iré a una clase de yoga. Tener
el cuerpo en forma podría ayudar a hacer que me sienta mejor y
entonces puedo tratar de conseguir que Drew ayude más en la casa,
así no estaré tan cansada todo el tiempo. Drew no trabaja esta noche
por lo que estará en casa con los niños todo el día. Tal vez un poco de
flexiones y estiramiento ayuden a que las cosas vuelvan a donde se
supone que deben estar, y no voy a tener que preocuparme por que los
labios de mi vagina cuelguen y se tambaleen de aquí para allá.
Debería ser capaz de atarlos en un nudo o un lazo.
Perro lamiendo hacia abajo
Traducido por Issel
Corregido por Niki

—¡Llamó a la mierda, popó!


Me río con muchísimas ganas y levanto la mano para que mi hija
pueda darme los cinco.
No puedo evitar reírme cada vez que Veronica cita la película de
donde viene su nombre y el de su hermano: Billy Madison. Nos
encontramos acurrucados en el sofá, viendo la mejor película de todos
los tiempos, y Billy se halla dormido en su mecedora a unos centímetros
de distancia.
Unos minutos después, Jenny entra por la puerta. En realidad, se
apoya en la pared y cojea por la habitación hasta que llega al sofá y se
sienta al otro lado de Veronica, dándole un beso en la cabeza.
—¿Mami, te hiciste daño? —le pregunta Veronica.
Me quedo mirando fijamente y horrorizado a Jenny mientras
acerca el banquillo y levanta la pierna sobre éste, recostándose en el
sofá y colocándose a Veronica en el regazo.
Oh, Dios mío. Esto es todo. Esta es la lesión falsa. ¿Cómo debo
lidiar con esto? ¿Debo acusarla inmediatamente y decirle que es una
gran y gorda mentirosa? Espera, nunca llames a una mujer gorda.
Especialmente después de un embarazo, incluso si solo bromeas. Se
perderán vidas. A lo mejor simplemente debería seguirle la corriente y
mantener la calma.
—Sí, mami tiene se encuentra herida —responde Jenny con un
suspiro.
—¡ja, ja! ¡TE LASTIMASTE! —grito.
Jenny me lanza una mirada asesina y rápidamente borro la
sonrisa de mi rostro.
¿Qué diablos fue eso? No debería encontrarme feliz si se
encuentra herida ¿verdad? Tranquilízate, hombre. Tranquilízate.
—Quiero decir, apesta que te lastimaras. Que te hicieras daño. Es
simplemente pésimo. Quiero decir, porque sabes, te lastimaste.
Eso es. Mucho mejor. Cálmate, compórtate normal. Nunca sabrá
que sospechas algo.
La mirada asesina de Jenny nunca deja su rostro y comienzo a
estremecerme. —¿No pudiste haber ordenado un poco? Esta casa es
un desastre.
Miro en derredor a todos los juguetes en el suelo y los platos sucios
en la mesita del café.
—Estábamos ocupados viendo películas —explico.
Se gira y mira al televisor, dándose cuenta por primera vez lo que
estamos viendo.
—De verdad tienes que dejar de ver esta estúpida película.
Veronica no para de citarla —se queja con un suspiro.
¡Este fraude de compensación al trabajador ya la ha cambiado!
Solía amar esta película. ¡Noooooo!
—Entonces, ¿cómo te lastimaste? Ya sabes, cuando de verdad te
lastimaste —pregunto, doblando las manos en el regazo y actuando de
forma preocupada.
No puede saber que tú sabes. ¿Qué pasa si es como ese
programa de televisión, Cuando los Animales Atacan? Puede saltar
sobre ti, hermano.
—Bueno, decidí salir del trabajo un poco temprano e ir a intentar
una clase de yoga. Resulta que no soy tan flexible como solía serlo —me
dice.
¿Yoga es su palabra código para algo? ¿Es así como le llama
ahora a "desafiar a la autoridad"? Me pregunto si tiene un grupo de
secuaces trabajando para ella, ayudándola con esta elaborada
mentira. Yoga… ¡sí claro!
—Traté de hacer la posición del perro lamiendo hacia abajo y me
torcí el tobillo —termina, descansando la cabeza en el respaldo del sofá
y cerrando los ojos.
¿Ves? La atrapé completamente en su mentira. El perro lamiendo
hacia abajo no es el nombre de una postura de yoga. Es un proverbio
chino o algo así como: "El que se tira un pedo en la iglesia se sienta en
un banco apestoso". Creo que va de esta forma: "El que hace el perro
lamiendo hacia abajo se hace caca en los pantalones”.
—Entonces, ¿Claire lo sabe?, ¿Le contaste?, ¿Qué dijo? —
pregunto.
—No, ¿por qué lo sabría? Después de la clase solamente quería
llegar a casa y mantener el pie en alto. Todavía no he tenido
oportunidad de hablar con Claire.
Aaah, así que hace tiempo, formula un plan. Lo entiendo.
Levanta a Veronica de su regazo y la coloca de nuevo a su lado,
se levanta del sofá, y comienza a cojear hacia la cocina.
—¿A dónde vas? —pregunto.
—Necesito un poco de hielo para el tobillo —responde mientras
usa la pared para apoyarse mientras continúa caminando.
Vaya, es buena. De verdad pensó bien en esto. Yo nunca habría
pensado en buscar hielo. Ese cojeo también parece algo real. Debió
haber practicado.
Me levanto de un salto y voy a su lado en una muestra de "ayuda"
por la “lesión”, cuando en realidad solo quiero ver si puedo hacerla
tropezar.
Mientras la ayudo a entrar a la cocina, estiro el pie delante de ella
y se tropieza, agarrándose a la mesa en el último minuto antes de caer
al suelo.
—¡Drew! ¿Qué diablos? ¿Acabas de meterme el pie? —grita.
—¿Cómo se encuentra tu tobillo? —pregunto, mirándole el pie
fijamente y con sospecha mientras lo sostiene a unos centímetros por
encima del suelo.
—¿Qué te pasa hoy? Actúas de forma extraña —murmura antes
de usar una de las sillas para ayudarse a recobrar el equilibrio y luego
cojea hacia el congelador para agarrar una bolsa de hielo.
—Te tengo en la mira, Jenny —le digo amenazadoramente.
—¿De qué diablos hablas? —pregunta al tiempo que se sienta en
la mesa de la cocina, levanta el pie en la silla, y se coloca la bolsa con
hielo encima del tobillo con una mueca de dolor.
Hombre, ¿cómo es que es tan buena en esto? Nunca supe que
era tan buena fingiendo. Oh, Jesús, ¿qué pasa si esa no es en la única
cosa que finge? Oh, Dios mío. Es por esto que nunca quiere tener sexo
conmigo. ¡Está cansada de fingir!
—¡Finges cuando tienes sexo con Claire y ahora quieres
arrebatarme el dinero! ¡Puta madre! —grito, antes de salir a trompicones
de la sala.
En retrospectiva, estoy seguro de que puedo determinar con
precisión en donde me equivoqué con Jenny. Le echo toda la culpa al
parto natural. Ningún hombre debería ver a su esposa en esa posición.
Ningún hombre en su vida debería tener que mirar a una vagina viva en
esa posición. Aunque una vagina muerta en esa posición
probablemente sería igual de malo, porque estaría muerta. Una vagina
muerta y viscosa. Es una visión que nunca puedes olvidar.
El día había comenzado bastante bien. Jenny tenía una semana
de retraso así que el doctor le dio una cita a primera hora en la mañana
para que pudiera ser inducida. Llevamos a Veronica con nosotros, ya
que el día consistiría básicamente que esperemos a que algo pasara.
Carter y Claire aceptaron llevarla a casa con ellos para tener una
pijamada una vez que las cosas empezaran a progresar. Hicimos todo lo
que se suponía que hiciéramos para que de esa forma Veronica no
odiara a su hermano a primera vista. La incluimos cuando escogimos el
nombre, dejamos que nos ayudara a decorar la habitación, la llevamos
al hospital, y teníamos un regalo escondido en la bolsa de Jenny que se
le daría a Veronica, "de parte de su hermano", tan pronto como
naciera, todo lo necesario para que no se volviera loca y lo llamara
bolsa de mierda cuando lo viera. Considerando que ese fue el nombre
que escogió, que lo llamara así la primera vez que lo viera, en realidad
no habría sido tan extraño. Esa era su nueva palabra favorita, y fue muy
difícil conseguir que eligiera otro nombre cuando revisábamos el libro
de nombres de bebés.
—¡Pero quiero llamarlo bolsa de mierda! ¡El bebé es una bolsa de
mierda!
Fue un poco difícil enojarse cuando unió su primera oración con
groserías. En realidad fue un día de orgullo para mí.
Alrededor de la hora del almuerzo en el día del parto fue cuando
las cosas se pusieron serias. Y por serio, quiero decir en verdad jodidas.
Las contracciones de Jenny se fueron hasta el techo y la mujer a la que
me gusta referirme como "una bruja completamente loca" hizo su
aparición. Y lo digo de la mejor manera posible.
—¿EN DÓNDE MIERDA ESTÁ EL TIPO CON LAS DROGAS?
Coloqué las manos sobre los oídos de Veronica y miré con horror a
mi esposa. Jenny nunca gritaba o maldecía en frente de Veronica.
Nunca. Levantaba la voz a veces, pero usualmente era simplemente
porque alguien no podía escuchar lo que decía. Este era todo un nuevo
lado suyo al que no estaba acostumbrado.
—La enfermera lo acaba de llamar hace solo hace dos minutos,
cariño. Pronto estará aquí —le aseguré mientras quitaba las manos de
los oídos de Veronica.
—¡VETE A LA MIERDA!
Le eché un vistazo al monitor de las contracciones y vi que las
pequeñas líneas serpenteantes se encontraban tan arriba de la página
que la cosa mostraba una luz roja de alerta.
—Respira cariño. Solo respira. Piensa en otra cosa —le dije.
—¡ESTOY PENSANDO EN METERTE LAS BOLAS JUSTO EN EL TRASERO,
PEDAZO MIERDA!
Por el rabillo del ojo, vi a Carter y a Claire de pie en la puerta con
expresiones de horror iguales en el rostro.
—Mmm, entonces regresaremos más tarde —dijo Claire mientras
rápidamente entraba en la habitación, agarraba a Veronica, y hacía
una carrera loca hacia Carter susurrando—: ¡Vamos, vamos, vamos!
Con Veronica fuera del alcance del oído, me acerqué hacia el
lado de la cama y traté de apartarle el cabello de la frente a Jenny y
decirle que todo estaría bien, pero me mordió la mano.
Y eso no era una exageración. Literalmente se inclinó y me clavó
los dientes alrededor de la palma de la mano.
El doctor se presentó unos minutos después, pero cuando le dijo a
Jenny que no era el que tenía la medicación, de verdad temí por la
vida del pobre tipo. Entonces le dijo que necesitaba romper la fuente
para hacer que las cosas realmente avanzaran.
¿Qué había estado pasando aquí durante las últimas horas? ¿Una
jodida fiesta de té?
De verdad desearía poder borrar esa parte de la historia porque
parezco un gran idiota, y si pudiera retroceder, lo haría. Pero creo que
es necesario que entiendas todo.
El doctor abrió un empaque y sacó algo que solo podría ser
descrito como una aguja de tejer. Era un palito largo con un gancho al
final, e instantáneamente me hizo reír cuando lo vi.
Se dirigió hacia los pies de la cama y le pidió a Jenny que abriera
las piernas. Y antes de que preguntes, sí, también me reí de eso.
—Oye, cariño, parece que el doctor va a tejer algo mientras está
entre tus piernas —bromeé—. Te apuesto a que puede hacer una
sábana para diez personas con todo ese vello púbico largo que tienes.
¿Puedes oír eso? Ese es el sonido de mis testículos siendo
atrapados en un puño.
Después de que el doctor rompiera su fuente, y me disculpara
profusamente por no afeitar su vello púbico ridículamente largo antes
del parto, regresamos al juego de esperar. No, no a esperar a que el
bebé naciera, sino a esperar por las malditas medicinas.
—No creo que debamos llamarlo Billy —dijo Jenny ente
respiraciones mientas hacia "jeeee" y "joooo", "jeeee" y "joooo" para
atravesar el dolor.
—¿De qué hablas? —le pregunté con horror mientras caminaba
de aquí para allá en la puerta. Mis testículos aún no se habían
recobrado por lo del vello púbico, así que no había manera de que me
le fuera acercar a menos de metro y medio en este momento.
—¿Quién le pone el nombre a sus hijos por una estúpida película?
—preguntó al tiempo que daba un gran suspiro de alivio cuando la
contracción terminó.
—Debes estar delirante por el dolor. Esa es la única excusa para
las cosas sin sentido que en este momento salen de tu boca.
Me quedó mirando fijamente e instantáneamente me cubrí los
testículos con las manos. No me extrañaría que tirara del teléfono, lo
arrancara de la pared, y me lo lanzara hacia la polla.
—¿Acabas de llamarme idiota? —preguntó en voz baja.
En verdad debí haber corrido en ese momento... darme la vuelta
y salir de la habitación del hospital y bajar por el pasillo hasta alcanzar la
sala con todos los pacientes comatosos que no me gritarían.
—Si camina como un pato y habla como idiota, entonces sí, si lo
hice —le dije valientemente, colocándome las manos sobre las caderas.
Error número dos.
El teléfono de Jenny golpeó contra mi polla dos segundos
después, lancé un gruñido y me agarré los chicos.
—¡Maldición! ¡Eso dolió! Chica, Billy Madison fue la primera
película que vimos juntos. Y es la mejor película de todos los tiempos. No
hay forma de que llamemos a nuestro hijo de ninguna otra manera que
no sea Billy. Ya tenemos a una Veronica, llamada así por su profesora
sensual, la señorita Veronica Vaughn. No podemos dejar a nuestra hija
colgando de esa manera. Piensa en los niños —rogué—. Hazlo por los
niños.
—Ya no me amas, ¿verdad? —gimió mientras las lágrimas
empezaban a correrle por las mejillas y se colocaba la cabeza entre las
manos.
Dulce Jesús, ¿ahora qué pasó?
Corrí hacia su lado de la cama y envolví los brazos a su alrededor
mientras lloraba.
—Cariño, por supuesto que te amo. Cálmate —le dije.
—¡Maldición, tú cálmate! ¡ESTOY SENTADA SOBRE UN COJIN DEL
AGUA DE MI UTERO! —gritó.
Traté de contenerlo, de verdad lo hice, pero no pude. Empecé a
tener arcadas. Era solo... agua del útero. Agua de su útero. Estaba
sentada sobre eso. Se marinaba con los fluidos del útero.
—¡Oh, Dios mío! ¡¿Acabas de tener arcadas?! —gritó.
Comencé a sacudir furiosamente la cabeza para negarlo. —No —
pero el daño ya estaba hecho.
Entonces entró el anestesiólogo y empujó el carro de medicinas
delante de él y casi le ruego que me diera un poco de lo que sea que
tuviera. De verdad debía estar adormecido del cerebro para abajo por
el resto de este día antes de que jodiera algo más.
El doctor me dejó quedarme en la habitación para la epidural y
déjame decirte, nada te prepara para ver una aguja tan larga como tu
brazo, siendo empujaba en la columna vertebral de tu esposa. Y como
se encontraba en medio de una contracción, todo lo que hizo fue
suspirar cuando se la metieron. Hasta que abrí la boca.
—Maldita sea esa, es una aguja inmensa —murmuré.
Jenny me miró y frunció el ceño. Bueno, tanto como pudo, de
cualquier manera, ya que se encontraba doblada sobre su gran vientre
tanto como podía y una enfermera le empujaba los hombros hacia
abajo.
—¿Qué pasa si se mueve una fracción de centímetro hacia la
izquierda y de repente quedas paralizada? —pregunté con horror.
—Ca-lla-te —murmuró Jenny.
Después de que colocaron la epidural, comprobé dos veces que
tuviéramos una declaración en el archivo que estableciera que el
hospital se haría responsable si mi esposa se quedaba paralítica. Si iba a
tener que alimentarla con puré de guisante y limpiarle el trasero hasta
que muriera, quería ser rico.
—Nunca más vas a querer tener sexo conmigo. Voy a sacar a un
ser humano por el agujero por donde metes tu pene, y nunca vas a
querer meterte ahí de nuevo —gimió.
¿Por qué, Dios, por qué? ¿POR QUÉ tuvo que poner esa imagen
en mi cabeza? Nunca tuve un problema al tener sexo con Jenny
cuando estaba embarazada de Veronica. Nunca pasé por esas
tonterías de "oh no, qué pasa si lastimo al bebe o si ve mi pene". ¿Pero
esto? Oh, dulce Jesús, este es mi final.
—Oh, eso simplemente es estúpido, ¿por qué dirías algo así? —
pregunté nerviosamente.
Quizás porque es verdad. Un ser humano está bajando por ese
canal, ¿y se supone que no enloquezca por eso?
Siete horas después, Billy llegó gritando al mundo, y yo vomité en
la papelera al lado de la cama.
De alguna manera, ahora, necesito convencer a mi esposa de
que no le tengo miedo a su vagina. Ya no, al menos.
¿Podría ser… Satanás?
Traducido por Jesu
Corregido por Laurita PI

Lo voy a matar. Juro por Dios que voy a matar a mi esposo.


La semana antes de que Billy naciera, pensó que sería una gran
idea conseguir un gatito. Algo pequeño para refrescar nuestras
memorias porque ya habían pasado tres años desde que tuvimos que
cuidar algo tan pequeño. Pero cuando dijo nosotros, en realidad se
refería a mí.
Por supuesto, la gatita, la Señorita Lippy, nombrada por la extraña
maestra en Billy Madison, es linda, tierna y le gusta frotar su pequeña
nariz rosa contra la mía cuando nos acurrucamos en la cama por la
noche, pero también hace más popó que un humano promedio.
Nunca había visto tanto caca salir de algo tan pequeño y lindo. Si
hubiera sido un gato callejero, podría haber supuesto que comió algún
animal podrido, o algo así, y se enfermó, pero nunca sale. Es
estrictamente un gato casero. Casi había llamado al veterinario para
preguntarle si era normal o si la Señorita Lippy estaba muriendo por
algún tipo de diarrea. Tenía el teléfono en la mano lista para marcar
cuando Drew finalmente decidió decirme que había hecho popó en la
pequeña caja de arena un par de veces para ver qué se sentía.
¡RECOGÍ LA CACA DE MI ESPOSO! ¿Tienen alguna idea de lo MAL
que se encuentra eso?
Y, sin embargo, ni siquiera es la razón por la que quiero matarlo
ahora mismo, a pesar de que debería hacerlo. Entonces, no sólo tengo
una niña de tres años, un niño de cuatro meses, un esposo y una gatita,
sino que Drew llegó a casa esta noche con un cachorro.
¡Un cachorro!
Porque, ya sabes, ¿por qué no añadir una cosa más a mi lista? En
realidad, encima de toda la porquería que ya hago, debería ser pan
comido limpiar a otra persona. Ya he tenido que enseñarles a controlar
sus esfínteres a Veronica y Drew, puede que tenga que hacerlo con un
perro esta vez. Quizás ahora sea más fácil.
No sólo tuve que detenerlo de hacer caca en la caja de arena
para gatos; poco después de casarnos, tuve que conseguir que dejara
de orinar en los árboles del patio delantero. Y esto fue mucho antes de
que incluso tuviéramos hijos, mucho menos un cachorro. Afirmaba que
el pipí era bueno para los árboles y los ayudaba a crecer más rápido.
Nuestros vecinos tenían los más altos y hermosos árboles, Drew siempre
veía a su labrador negro orinar en ellos, por lo que supuso que su jardín
se veía tan lindo debido al perro. No puedo contar las veces que me
asomé por una de nuestras ventadas y lo vi agarrándose el pene con
una mano y saludando con la otra a los coches que pasaban, como si
“estuviera ayudando a los árboles a crecer”. Llegó el punto en el que
tuve que empezar a vigilarlo en todo momento. Cuando empezaba a
cruzar y descruzar las piernas y a moverse en el asiento, sabía que tenía
que ir al baño. Tenía que agarrarle mano y llevarlo arriba, pararlo frente
a la taza del baño y decirle: “¡Haz pipí aquí! ¡Haz pipí aquí ahora mismo!
NO vas a ir afuera, ¿me entiendes?”. Le tomó tres meses dirigirse hacia
las escaleras en lugar de la puerta principal para orinar.
Ahora Drew está a mi lado profundamente dormido, y he estado
dando vueltas las últimas dos horas, tratando de ponerme cómoda en
una cama en la que no sólo estamos nosotros, sino que también la
Señorita Lippy y nuestra cachorrita Beagle; Rollo, el conserje. Mientras
que la gatita le sisea a la cachorra, y la perrita gime con miedo, me
acuesto aquí silenciosamente pensando en cómo matar a Drew y si mis
amigos me ayudarán a ocultar el cuerpo.
—Oh, Dios mío, deja de lloriquear —murmura adormilado—.
¿Tienes que ir a orinar?
Me apoyo sobre los codos y trato de verlo en la oscuridad. Sólo
puedo distinguir su figura sentada mientras arroja fuera las mantas y se
pone de pie.
—Ella acaba de salir —digo en voz baja, asumiendo que se refiere
a Rollo. La llevé afuera hace una hora, y como no se ha arrastrado
sobre mí y lamido mi rostro, supongo que significa que no necesita
volver a salir. Pero Drew se encuentra medio dormido o no le importa y
murmura algo acerca de que es su turno de sacar al perro. No voy a
discutir, porque si puede traer esta cosa a casa sin hablarlo conmigo
primero, puede malditamente bien sacarla a orinar en medio de la
noche.
Pongo la cabeza en la almohada y me acurruco bajo las mantas,
escuchándolo maldecir en voz baja sobre el frío que hace afuera y que
el perro mejor haga sus necesidades rápido porque en la mañana
tuvimos una tormenta de nieve y actualmente hay alrededor de medio
metro de nieve en nuestro patio trasero, donde dejamos a Rollo hacer
sus negocios, entonces recoge al perro y se dirige fuera de la
habitación.
¿Por qué la gente dice eso sobre los perros cuando van al baño?
Hacer sus negocios. ¿Cómo hacer popó y pipí es parecido a hacer
negocios? Hago negocios todos los días e implica computadoras,
llamadas telefónicas y reuniones. Eso no se parece en lo absoluto a ir al
baño. Cada vez que alguien dice eso, me imagino a un perro
caminando por el patio trasero con un maletín perruno, vestido de traje
y corbata. Es extraño.
¿Otra cosa que es extraña? Animales vistiendo ropa. ¿Sabías que
hay todo un sitio web dedicado a gatos sólo vistiendo suéteres? ¿Ellos
“hacen sus negocios” mientras usan suéteres?
Mientras dejo esos pensamientos de lado, me estiro en la cama
para rascar la cabeza de la Señorita Lippy antes de dormirme. Pero no
se siente como la cabeza de la Señorita Lippy; no es suave y esponjosa.
Cuando me estiro más sobre la cama para sentir el resto de la
Señorita Lippy, preguntándome si tal vez estoy lejos de su cabeza,
escucho a Drew abrir la puerta trasera para dejar salir a Rollo. Tan
pronto escucho la puerta cerrarse, siento un lloriqueo en la cama junto
a mí y una cálida y mojada lengua perruna en mi barbilla.
—¡Oh, no! ¡Oh, MIERDA!
¡Drew acaba de lanzar a la Señorita Lippy a la nieve! ¡Pobre,
pequeña Señorita Lippy nunca ha estado afuera, excepto el día en que
Drew la trajo a casa!
Arrojo a un lado las mantas, recojo a Rollo, salto de la cama y
corro lo más rápido que puedo por las escaleras. Cuando llego al último
escalón, escucho gritos y lamentos de agonía.
¡Oh, gracias a Dios! Drew debe haberse dado cuenta de lo que
hizo y ahora se siente mal. Es tan dulce por molestarse.
Atravieso corriendo la casa y me paro en la puerta de la cocina.
La Señorita Lippy, empapada y cubierta de nieve, se halla
pegada al pecho de Drew. Y cuando digo pegada, lo digo en serio. No
llevaba puesto el pijama, por lo que los cuatro grupos de garras se
encuentran atascadas profundamente en su piel mientras grita y trata
de separarla.
—¡Maldita sea! ¡QUÍTAME ESTE MALDITO GATO! —grita mientras tira
la piel del animal y éste maúlla y le sisea con rabia.
—¡Oh, Dios mío! ¡Drew, lanzaste fuera a la Señorita Lippy en lugar
de a Rollo! —digo mientras abrazo a Rollo y veo a Drew dar vueltas en
círculos, chocar con el mostrador y una silla mientras lucha con el gato.
—¿En serio? No tenía idea, ¡¿Qué hay con el gato asesino mojado
pegado a mi piel?! —grita. El gato usando la distracción a su favor,
escala más arriba en su pecho hasta hundirle los dientes en la barbilla.
Drew chilla mientras continúa tratando de sacarse de encima a la
Señorita Lippy. Ésta gruñe y babea por la comisura de la boca, así que
supongo que, por el momento, no va ir a ninguna parte.
—¡Te dije que lo sentía, señorita Lippy! ¡Vamos, maldita sea, eso
duele! ¡Te juro que no fue mi intención tirarte a la nieve!
—¡Drew, baja la voz! Vas a despertar a Billy y Veronica —susurro
fuerte sobre los llantos y siseos.
—¡TENGO UN GATO ASESINO CON COLMILLOS TRATANDO DE
COMERME EL ROSTRO! ¡Trata de comerme el rostro!
Rollo suspira y resopla en mis brazos por la conmoción y descansa
la cabeza en mí para seguir viendo.
Drew se dobla por la cintura y trata de meter un brazo entre el
cuerpo de la Señorita Lippy y su pecho para alejarla de él, ya que tirarla
del pelaje obviamente la enoja más. La gata toma la oportunidad para
trepar por su rostro hacia su cabeza, hundiéndole las garras en el
cráneo.
Lo siento, pero en este punto, tengo que reír. Drew se pone de pie
cuando el gato llega a su cabeza y ahora trata de sacudirla para que
caiga, gritando todo el tiempo, lo que hace que entierre sus garras aún
más.
En cierto modo, me siento mal por Drew cuando veo las marcas
de garras y la sangre que gotea de la parte delantera de su pecho,
brazos, cuello y cara. Parece que se metió en una pelea con Freddy
Kruger. Pero entonces pienso en el hecho de que trajo a casa no uno,
sino dos nuevos animales al mismo tiempo que nace un bebé, y como
que me hace feliz que esto esté sucediendo ahora.
—¿Esto es porque cagué en tu caja de arena? ¡Te dije que lo
sentía! ¡Sal de mi cabeza, maldita sea!
Camino por la habitación para tratar de ayudarlo a alejar a la
Señorita Lippy, pero se encuentra demasiado ocupado golpeándose la
cabeza y saltando alrededor de la habitación. En su lugar, me siento,
bostezo, y acomodo a Rollo en mi regazo.
—¡ERES UNA PERRA VENGATIVA, SEÑORITA LIPPY! ¡LA PRÓXIMA VEZ
QUE ESCUPAS UNA BOLA DE PELO EN MI ZAPATO, VOY A IR DIRECTO
HACIA TI Y TE METERÉ UN TAPÓN POR EL CULO!
Es casi como si la Señorita Lippy entendiera la amenaza de Drew.
En cuanto toma un descanso y se apoya en el mostrador, la Señorita
Lippy se levanta sobre sus patas traseras y comienza a golpearlo en
ambos lados de la cabeza con las patas. Se parece a esos programas
de videos graciosos, donde el niño molesta mucho al gato y este lo
golpea en la cara. Siempre es divertido porque le sucede al niño de otra
persona. Resulta que esto es aún más divertido.
Estoy demasiado ocupada riéndome al ver cómo lo hace, pero
Drew logra finalmente sacarse a la Señorita Lippy de la cabeza y la
lanza al suelo de la cocina. Ella sisea una vez más y luego huye.
—No puedo creer que no me ayudaras. ¡Podría haber muerto! —
se queja.
Pongo los ojos en blanco y me levanto. —Oh, detente, no te
habría matado.
Sosteniendo a Rollo en mi pecho, doy la vuelta y salgo de la
habitación.
—No tienes idea de lo que ese monstruo es capaz de hacer. No le
viste los ojos. Era como mirar por las ventanas del infierno. Sentí
escalofríos. Esa gata es satanás. Apuesto a que se halla arriba en este
momento tratando de succionar las almas de nuestros hijos. ¿Por qué no
te preocupa esto? —demanda.
—Esa gata es un amor. Tú la tiraste a un montón de nieve. ¿Qué
esperabas que hiciera? —pregunto mientas subo las escaleras con Drew
pisándome los talones, haciéndome callar mientras avanzamos.
—Tenemos que dejar de hablar de ella. Probablemente nos
escucha y planea nuestras muertes. Apuesto a que sabe treinta y cinco
formas de matarnos y hacer que parezca un accidente. Encontrarán
nuestros cadáveres ensangrentados, y la gata simplemente va a estar
sentada ahí, mirándolos con esos grandes y lindos ojos, pero nadie va a
pensar que hace la voluntad del diablo —susurra entrando a nuestra
habitación.
Se da vuelta y mira a ambos lados del pasillo, luego se aleja
corriendo rápidamente de la puerta hacia el armario. Lo observo
mientras revuelve, hasta que finalmente saca lo que buscaba. Un bate
de béisbol. Lo levanta sobre el hombro e infla el pecho.
—Te das cuenta de que la Señorita Lippy pesa menos de tres kilos,
y estás listo para luchar contra ella con un bate de béisbol de metal
¿no? —pregunto subiéndome a la cama y dejando a Rollo junto a mí.
—¡Fríos ojos muertos, Jenny! ¿Cuántas veces te lo tengo que
decir? ¡Es como si ni siquiera tuvieras miedo de satanás! ¡Él quiere comer
tu alma! —susurra fuerte, arrastrándose por la habitación y mirando
nerviosamente detrás de la mesita de noche y bajo la cama.
—Sólo una gatita, Drew —suspiro mientras camina hacia el cuarto
de baño.
Escucho el agua correr seguido de las maldiciones de Drew al
limpiarse los arañazos. Vuelve a la habitación unos minutos más tarde
con el bate aferrado con fuerza al pecho.
—Esa gatita trató de destriparme como un pez esta noche.
¿Quieres que vaya abajo y te consiga un arma? Sin duda haría eso por
ti. Me enfrentaría a la ira del asesino de humanos para asegurarme de
que duermas segura —dice serio—. Probablemente podría llegar al
primer cajón de la cocina y conseguirte un cuchillo carnicero si
permanezco en cubierto hasta llegar al cuartel sin arriesgarme a otro
ataque —susurra para sí mismo.
Cuando empieza a hablar como su padre, sé que ha
enloquecido.
—¡Drew, detente! No necesito un arma y no vas a una maldita
guerra. ¡Santo cielo! Realmente no vas a dormir con el bate de béisbol,
¿verdad? —pregunto mientras se mete bajo las mantas, aun abrazando
el bate.
—Sí. Sí, lo haré. No voy a permitir que aterroricen a nuestra familia.
Me iré a la cama armado y listo para proteger a la gente que amo a
toda costa. Tú no viste la maldad en el rostro de esa cosa cuando me di
cuenta de que la había lanzado a la nieve y volví para dejarla entrar.
¡Voló, Jenny! ¡Se levantó de la nieve y VOLÓ hacia mí! Había muerte en
sus ojos. Estaba cubierta de nieve y echando espuma por la boca. Estoy
bastante seguro de que sus ojos se volvieron rojos también —murmura.
Ni siquiera puedo pensar en una respuesta a la locura que sale de
su boca en este momento. Tan pronto como me doy vuelta y decido
ignorarlo, se levanta de la cama con un grito ahogado.
—¿Escuchaste eso? —susurra en voz tan baja que apenas puedo
oírlo.
—¿Escuchar qué? —pregunto.
—¡Shuuuuu! Escucha —me regaña.
Suspiro con irritación y escucho lo que fuera que piensa haber
escuchado. Abro la boca para decirle que madure, y lo escucho. Estiro
el cuello y trato de averiguar qué demonios es. Casi suena como una
voz femenina distorsionada. Como si hubiéramos dejado la televisión
prendida de la planta baja o algo así.
El sonido se hace más fuerte, como si se acercara. Es,
definitivamente, una voz femenina y habla como una de esas chicas
Valerie: Como, ¡ya sabes! Como, ¡oh, Dios mío! Como, ¡totalmente
genial!
—Oh, Dios mío, ¿es como una cosa del fantasmas de las
navidades pasadas? ¿Esto somos nosotros si hubiéramos nacido en los
ochentas? Pero, ¿sería la navidad pasada o navidad devuelta al
futuro? ¡No quiero ver mi futuro, no estoy listo! —grita Drew suavemente.
Lo codeo en las costillas y le digo que se calle.
¿Qué demonios pasa en nuestro pasillo?
Esperamos con anticipación en la cama, ahora me siento un
poco alegre de que Drew decidiera traer el bate consigo. No creo que
un bate funcionara contra un fantasma, pero al menos no mintió
cuando dijo que haría cualquier cosa para protegernos.
De repente, junto a nuestra puerta vemos dos brillantes ojos rojos.
Drew y yo tenemos reacciones completamente opuestas a los ojos
espeluznantes que brillan y nos observan. Tan pronto, como pongo los
elementos juntos, la voz femenina y los ojos rojos, sé inmediatamente lo
que es.
Drew, por el contrario, hace exactamente lo opuesto a lo que
había prometido unos momentos antes.
—¡OH, SANTÍSIMA MADRE, MALDICIÓN! ¡ES SEÑORITA LIPPY! ¡QUIERE
MÁS SANGRE! —grita mientras lanza el bate al suelo, salta sobre la
cama, y corre, pisándome las piernas en su prisa por huir. Antes de que
siquiera pudiera sentarme en la cama, ya había llegado al otro lado de
la habitación y se había encerrado en el baño.
—¡Caramba, Drew! ¡Qué amable de tu parte hacer lo posible
para protegernos! —grito, mientras me levanto de la cama y camino al
pasillo para recoger un muñeco de Veronica. Siempre se olvida de
apagar esta cosa cuando termina de jugar, y de vez en cuando
consigue mente propia y pasea por la casa.
—¡Jenny, sé fuerte, nena! —grita desde atrás de la puerta del
baño.
Sacudo la cabeza y decido no decirle que descubrí lo qué estaba
en el pasillo, y que no era un fantasma o un gato asesino. Creo que una
noche durmiendo en el piso del baño es un buen castigo por convertir
esta casa en un zoológico.
Rollo se reposiciona hasta que se acurruca en la curva de mis
piernas y la Señorita Lippy, que estuvo en la cama junto a Drew durante
la mayor parte de su locura, y quien ni siquiera se había dado cuenta,
se escabulle hacia abajo junto a Rollo y se acuesta, con la barbilla
apoyada en la espalda del perro.
Me quedo dormida con el sonido de Drew murmurando a través
de la puerta del baño sobre gatitos con colmillos asesinos.
Coraje líquido
Traducido por Jasiel Odair
Corregido por Fany Stgo.

—¿Deberíamos llamar a los chicos y ver cómo se encuentran? —le


pregunto a Claire.
—Es la tercera vez que has hecho esa pregunta en treinta minutos
—se queja Liz—. Si no te callas y disfrutas de la paz y tranquilidad, voy a
perforarte el cuello.
Drew, Carter, y Jim se hallan en nuestra casa con los siete niños, y
nosotras nos encontramos en la casa de Liz y Jim. No puedo hacer nada
si estoy nerviosa. Es la primera vez que han estado solos con los niños sin
nosotras allí para detener los gritos y el llanto. Somos las únicas que
podemos calmar a los hombres cuando ven la cantidad de caca que
sale de todos esos niños a la vez.
—¿Qué pasa si alguno se lastima?
Claire rueda los ojos hacia mí. —No te preocupes. Gavin sabe
cómo llamar al novecientos once si los idiotas con los que nos casamos
se lastiman.
—Hablo de los niños. ¿Qué pasa si uno de ellos se lastima?
—Sé que hablas de los niños. Trato de aligerar el ambiente. ¡Así
que cálmate de una puta vez!
Claire y Liz han empezado el proyecto "fingir hasta que lo logres",
conmigo. Se encuentran en una misión para restaurar mi vida sexual y la
de Drew. Todavía no entiendo toda esta cosa de “fingir”. Nunca he
fingido nada junto a Drew. Ellas decidieron que necesito ver el santo
grial de películas de fingir, así que estamos pasando la tarde viendo
Cuando Harry conoció a Sally.
—Todavía me encuentro confundida por el hecho de que nunca,
jamás has fingido con Drew. ¿Cómo es eso posible? —pregunta Liz
mientras pone el DVD y presiona reproducir.
—Drew es un amante muy generoso. Siempre se asegura de que
me venga primero. Si no lo hago, trae uno de mis juguetes. Y si eso no
funciona, siempre está la lengua.
—Bien, detente. Me vas a hacer vomitar —se queja Liz.
—Bueno, es verdad. Es ambidiestro por lo que su lengua se puede
utilizar en ambos sentidos.
—¡Oh, Dios mío, detén la locura! —se vuelve a quejar.
—Así que, ¿qué haces si te encuentras demasiado cansada para
tener sexo, pero insiste en ello? —pregunta Claire.
—Mmm, le digo que me encuentro demasiado cansada para
tener sexo, doy la vuelta y me voy a dormir.
Ambas mujeres me miran.
»¿Qué? ¿Qué hay de malo en eso? Es la verdad. No le voy a
mentir.
—En ese caso, definitivamente deberías mentirle. Probablemente
piensa que no lo quieres más —dice Claire.
En honor a la verdad, a una parte de mí en realidad no le importa
si Drew piensa, solo por un minuto, que no lo quiero. Se lo merece por lo
que hizo seis semanas después de que nació Billy.

—¡AAAAAAAAY!
Brinqué en la cama cuando escuché gritar a Drew mientras
dormía a mi lado. Él también se sentó en la cama, temblando y
frotándose los ojos.
—¿Te encuentras bien? —pregunté con un bostezo mirando el
reloj. Billy probablemente se levantaría dentro de una hora para
alimentarse, a menos que Drew lo acabara de despertar con su grito.
—Tuve un mal sueño. Oh, Dios mío, era horrible. Eso tenía colmillos
y trataba de comerme, ¡intenté gritar pero me mordió la lengua! ¡Oh,
que horror! —Se lamentó.
—¿Será que soñaste con la señorita Lippy de nuevo? —pregunté,
tumbada en la cama y tirando de las mantas sobre mis hombros.
Me miró nerviosamente y comenzó a morderse las uñas.
—No lo sé. Lo olvidé. Tengamos sexo.
Dejó caer la cabeza sobre la almohada inmediatamente,
envolvió el brazo alrededor de mi cuerpo, y me atrajo hacia sí.
Comenzó a besarme el cuello, y juro que podía oírle decir:
“Puedes hacer esto. Solo no pienses en colmillos”.
—Drew, no lo sé. Todavía podría ser demasiado pronto —dije.
Sabía que no era demasiado pronto. Habían pasado
exactamente seis semanas desde el día del nacimiento de Billy. Este era
el día en que podríamos empezar a tener sexo otra vez. Si bien Drew
estaba ocupado haciendo un camino de besos hasta mis pechos, miré
por encima del hombro al reloj a su lado de la cama.
Si me quedaba dormida en este momento, todavía tenía unos
cincuenta minutos de sueño antes de que Billy despertara.
—Te prometo que seré rápido —dijo, besándome mientras me
bajaba la blusa, dejando al descubierto un pecho, empezó a besar y
chupar todo el montículo.
—Ten cuidado, podría tener fugas —advertí.
Ya que daba el pecho, mis senos tendían a tener fugas en
momentos inadecuados. Ahora sería un momento muy apropiado.
Se detuvo de inmediato, con la boca cerniéndose sobre mi
pezón.
—Este es un gran dilema para mí. Sé que debería retroceder, ya
que es la comida de nuestro hijo, pero el perverso en mí quiere ir a
tomar una bolsa de galletas y hacer tal cosa —admitió.
—Ni siquiera lo pienses —dije, agarrándole el cabello y tirando de
su cabeza hacia la mía.
—¿De verdad vas a dejarme meter mi pene en ti? No te burles de
mí en este momento. Mi corazón no puede soportarlo —dijo Drew.
—Sí, adelante. Pero en serio, sé rápido. Billy se levantará pronto.
Se apartó rápidamente y empujó los bóxers hasta las rodillas,
tumbándose hacia abajo entre mis piernas antes de que siquiera
parpadeara.
—Seré rápido, lo prometo. Tómame el tiempo —dijo mientras
empujaba mi ropa interior por mis caderas y rodillas. Moví las piernas
para hacer que el resto saliera del camino, quitándomelas de una
patada cuando llegaron a los tobillos.
—¿Sobre qué fue tu sueño? —pregunté cuando envolvió la mano
alrededor de su erección y la guió hacia mí, pasando la punta a través
de mí y colocándola en mi entrada.
—Fue horrible. Tu vagina se convirtió en un monstruo y se veía
igual que cuando tuviste a Billy, excepto que tenía dientes, brillantes
ojos rojos, y quería morderme el rostro, era tan blanda y flexible, tenía
toda esta piel adicional colgando. Era tan jodidamente aterrador —
explicó mientras empujaba su pene más dentro de mí y gemía.
Puse la mano sobre sus hombros y lo empujé hacia arriba y un
poco lejos de mí.
—¿Bromeas o hablas en serio?
Hizo una pausa y una mirada de dolor se apoderó de su rostro
cuando se dio cuenta de que lo detenía de empujar.
Drew nunca había sido capaz de mentirme, incluso acerca de
pequeñas cosas. Sabía en ese momento que se preguntaba si
realmente debía decirme la verdad.
—¿Eh, sí?
Lo empujé de los hombros tan fuerte como pude.
—¿Hablas en serio? ¿Tuviste pesadillas sobre mi VAGINA? —grité
mientras se apresuraba a ponerse de rodillas, con el pene afuera,
apuntando hacia mí.
—¡Lo siento! No tengo control sobre mis sueños. ¡No es mi culpa! —
argumentó.
—¡Lo es si piensas que mi vagina es floja y blanda! —grité de
nuevo, buscando la ropa interior debajo de la sábana y arrastrándola
de nuevo por mi cuerpo.
—¡No! ¡Por favor! ¡Necesito eso! —gimió mientras yo rodaba lejos,
furiosa, después de colocarme toda la ropa interior nuevamente.
Sentí el cambio en la cama y el calor de su vientre contra mi
espalda. Apoyó la barbilla en mi hombro, tenía la esperanza de que
viniera con una muy buena disculpa por esta mierda.
—¿Puedo meter la punta de nuevo? —susurró en mi oído—. Si tu
vagina aún se encuentra adolorida, podríamos hacerlo solo anal. Eso
sería increíble, ¿verdad?
Empujé el codo hacia atrás y le di en el estómago tan duro como
pude. Mientras gemía y lloriqueaba como un bebé a mi lado en la
cama, nuestro bebé de verdad comenzó a llorar sobre el monitor.

Ese episodio fue hace seis semanas y Drew ni siquiera ha


intentado tener relaciones sexuales conmigo desde entonces. Bueno,
aparte del medio sexo, supongo. Lo he perdonado por su estupidez,
porque, bueno, es un hombre y los hombres son estúpidos. Pero aún no
me encuentro de humor para el sexo, lo que nos lleva de nuevo a la
lección que Liz y Claire tratan de enseñarme.
—No quieres que Drew piense que no lo deseas. De ahí la frase,
"Finge hasta que lo logres." Si comienzas a fingir que lo deseas, con el
tiempo las cosas fluirán naturalmente y empezarás a desearlo
realmente.
¿En verdad Drew piensa que no lo quiero más? No quiero que
piense eso.
—Drew nunca va a creerlo. Sabrá de inmediato si finjo un
orgasmo.
Claire y Liz se echaron a reír.
—Bromeas ¿no? No hay manera de que lo sepa. —Me informa Liz.
—Oh, créeme, Drew lo sabría. Dice que puede sentir cuando me
vengo. Dice que mi vagina le aprieta si se halla dentro de mí, y sabe
diferente cuando me da sexo oral —digo.
—¿Qué coño ingieres antes de tener sexo que pueda probar,
gasolina? —pregunta Liz.
—¿Por qué Drew me mentiría sobre algo así?
—¿Por qué Drew no te mentiría acerca de algo como eso? Cada
mujer le ha preguntado a su chico si puede decir cuándo se va a venir.
No preguntamos porque queremos saber si puede sentir lo increíble que
es y por lo tanto aumentar su ego, ya que logra sentirlo. Preguntamos
sólo para asegurarnos de que no puede decir cuando fingimos, no
tendrá idea. A pesar de que todos tenemos las mismas partes del
cuerpo funcionando, la respuesta de cada individuo suele ser diferente.
Demostrando que no tienen ni idea, aparte de los sonidos que hacemos
—explica Liz.
—Carter me dijo que se da cuenta cuando me estoy viniendo
porque empiezo a respirar más rápido. Por lo general respiro más rápido
porque me encuentro jodidamente cansada, fuera de forma y creo
que el corazón me va a fallar —dice Claire.
—Jim me dijo que lo sabe porque siempre lo nalgueo justo antes
de venirme. Hago eso para que se apure de una jodida vez, porque
quiero ir a dormir o porque Top Chef va a comenzar —añade Liz.
Me quedo mirando a las mujeres en estado de conmoción y no
puedo creer que eso haya sucedido durante todos estos años, y no
haya sabido nada al respecto. Nunca había conocido mujeres que
hayan fingido orgasmos con sus maridos. No tiene ningún sentido para
mí. ¿Por qué casarse con alguien si no te puede dar un orgasmo? Sin
embargo, los matrimonios de Liz y Claire son sólidos como una roca, y
deben serlo por algo.
—De acuerdo, pon la parte fingida para que pueda ver de lo que
se trata todo esto.
—Será mi fingido placer —dice Liz con una sonrisa mientras la
película avanza rápidamente.
Una hora y media más tarde, nos encontramos sentadas en el bar
a pocas cuadras de la tienda de Liz y Claire, y todavía me encuentro
conmocionada por esa película.
—Quiero decir, fue tan real —les digo con admiración.
—Lo sé, ¿verdad? Pensarías que Billy Crystal le estaba dando a
Meg Ryan debajo de la mesa —dice Liz mientras bebe el último trago
de su cerveza y le hace señas a la camarera por otra ronda.
Decidimos que ya que nos encontrábamos sin hijos o esposos
deberíamos aprovechar al máximo y conseguir algunas bebidas.
Además, las chicas se encuentran convencidas que un poco de coraje
líquido ayudará con la parte fingida que planeo poner a prueba esta
tarde, pero aún tienen que ordenarme algo.
La camarera llega a nuestra mesa unos minutos más tarde, Claire
y Liz piden otra cerveza.
—Voy a tomar cualquier tamaño de Coraje Líquido que tengas
preparado —digo con una sonrisa.
—Lo siento, ¿qué? —pregunta la camarera confundida.
—No lo sé. Mis amigas me dijeron que lo pidiera. ¿No lo tienen? Tal
vez es nuevo.
Liz se inclina y se cubre la boca con la mano. —Sólo tráele una
bebida con el más alto nivel de alcohol que tengas.
Claire se ríe y escribe algo en su teléfono celular.
—¿Qué haces? ¿Vas a poner eso en Facebook? ¡No te atrevas!
¿Cómo iba a saber que no era una marca de cerveza? —me quejo.
—En realidad, no es una mala idea. Me pregunto si pudiera poner
mi propia cerveza en la tienda. Coraje líquido: ayudando a los hombres
a echar un polvo durante siglos —se ríe mientras desliza el teléfono
celular en el bolso.
La camarera vuelve con las cervezas de las chicas y un vaso lleno
de líquido rosado para mí.
—¿Qué es esto? —pregunto.
—Es Everclear con un chorrito de jugo de cereza —explica antes
de salir corriendo a otra mesa.
—Ooooh, Everclear. Suena lindo —digo antes de tomar el trago.
Inmediatamente empiezo a toser y ahogarme, y me abanico la
boca con la mano.
—¡QUEMA! ¡OH, DIOS MÍO. QUEMA! —Trato de gritar con una voz
ronca que se siente en llamas.
—Toma, bebe esto —dice Claire mientras desliza su cerveza sobre
la mesa hacia mí.
Bebo toda la cosa en tres grandes tragos y dejo caer la botella de
vuelta a la mesa.
—Bueno, creo que esto es un montón de coraje líquido por esta
tarde —dice Liz con una risa.
Finge hasta que lo logres
Traducido por ElyCasdel
Corregido por Valentine Rose

—Santa jodidas galletas de trigo, ¿con qué alimentaste a este


niño? —pregunta Jim mientras me trae a Billy, sosteniéndolo a la
distancia de un brazo con una mirada de disgusto en el rostro—. Huele
como si hubiera comido un perro muerto cubierto de vómito y yogurt, y
luego cagado.
Pone a Bily en mi regazo y tan pronto como me llega el olorcillo,
me dan arcadas y tengo que contener el aliento.
—Jenny dejó de darle el pecho la semana pasada y comenzó
con fórmula y cereal. Tal vez sea eso.
Carter niega. —Así no es como huele la fórmula y el cereal. Eso
huele como a una bola de sudor cubierta de queso suizo.
Pongo a Billy en el suelo junto a mis pies y me alejo de él para
poder respirar.
—Jesús, esto es realmente malo. ¿Cómo puede sonreír? ¿No
puede olerse? Si tuviera una descarga que huele así de mal no estaría
sonriendo —digo.
—Bueno, al menos, lo que sea que es ya no se encuentra en su
interior. Imagina la destrucción que se generó en su estómago. Puede
que esté como: “Gracias a Dios, joder, que esa mierda ya no está en
mí”. Literalmente —dice Jim mientras se tapa la nariz y da unos gigantes
pasos hacia atrás.
De pronto, el sonido de cinco niñitas gritando sangriento asesinato
viene de la sala de juegos de atrás de la casa, y Gavin, de diez años,
llega corriendo a la sala con una sonrisa en el rostro.
—¿Qué hiciste? —pregunta Carter mientras yo cavo en la
pañalera por una máscara de gas y guantes de látex.
—Nada —responde éste mientras se deja caer en el sillón—.
¿Quién se pedorreó? Apesta aquí.
Todos señalamos al bebé. Aún hay gritos y lloriqueos viniendo de
la sala de juegos, pero en este momento nos hallamos más
preocupados por el hecho de que el olor que viene de mi hijo tal vez
comience a despegar la pintura de las paredes.
Veronica viene a la sala cargando una Barbie desnuda y sin
cabeza en la mano. Detrás de ella se encuentra la hija de Carter,
Sophia, de seis años y las tres hijas de Jim, Charlotte, quién también
tiene seis, Ava, que tiene cinco, y Molly, de tres. Todas tienen las mejillas
tintadas de lágrimas y una multitud de Barbies desnudas sin cabeza en
las manos.
—¡GAVIN LE QUITÓ LA ROPA A TODAS NUESTRAS MUÑECAS Y LES
SACÓ LAS CABEZAS! —chilla Charlotte.
—¡Mi muñeca no tiene cabeza! —gime Ava.
—¡Dibujó tetas en mi Barbie! —chilla Sophia mientras ondea el
torso de su Barbie pintada en nuestros rostros.
—Oye, esas lucen muy bien. Linda colocación de pezones —digo
a Gavin.
—¿Por qué esa tiene un gran punto negro en medio del pecho y
la cabeza rasurada? —pregunta Jim mientras agarra la única muñeca
con la cabeza aún intacta, que mece Molly.
—Consiguió un tercer pezón porque fue abducida por alienígenas
y experimentaron con ella. Las otras Barbies la rechazaron y le raparon
el cabello cuando se fue a dormir —explica Gavin.
Los gimoteos de las cinco niñas se hacen más fuertes, y hacemos
muecas ante el sonido que producen.
—¡Ay, por Dios, haz que paren! —se queja Carter.
—¡NIÑAS! ¡Cálmense! —grita Jim en un esfuerzo por ser
escuchado. Al vivir en una casa con tres niñas y una esposa, es un poco
experto en los juicios y trifulcas de las féminas. Pero incluso Jim luce
sorprendido ante el motón de ruido que sale de las niñas.
Comienzan a llorar incluso más fuerte porque creen que Jim les
grita, lo que a su vez, se convierte en producir mocos, jadeos, y, juro por
Dios, también pataletas.
—¡No, no, no! ¡Por favor dejen de llorar! —ruega Carter,
agachándose a su nivel.
—¡Quiero a mi mami! —grita Veronica.
Y así comienza un canto de media hora de “¡Quiero a mi mami!”
de las cinco niñitas.
En lugar de llamar a nuestras esposas y admitirles que no tenemos
idea de cómo controlar la situación, Carter llama a su propia madre. Le
dice que las soborne con dulces. Exactamente seis segundos después
de que cuelga el teléfono, cada niña tiene una paleta en la mano y
una sonrisa en el rostro mientras caminan de regreso a la sala de juegos
a jugar “Desfile de Princesa Barbie sin Cabeza”.
La paz y el silencio duran exactamente quince minutos.
Logro cambiar a Billy con solo un poco de vómito saliendo por mi
garganta, pero luego realmente vomito en el fregadero de la cocina
cuando bajo la mirada y me doy cuenta de que tengo algo de caca
en el dedo. Carter se hace cargo en ese momento y le da a Billy un
biberón de leche y lo balancea hasta que se duerme. Gavin se
encuentra sentado al lado de Carter en el sillón jugando con su
Nintendo DS cuando de pronto, más gritos sangrientos vienen de la sala
de juegos.
—¡Tienes estar jodidamente bromeando! —se queja Jim.
Comenzamos a levantarnos para ver cuál es el problema ahora,
cuando las cinco niñas entran en la sala en un grupo gigante. Luego de
una inspección más de cerca, una vez que somos capaces de lograr
que dejen de gritar y les preguntamos por qué caminan por ahí
tocándose el medio de la cabeza y rehusándose a separarse,
descubrimos que dejar a niñas con paletas sin supervisión adulta es
peligroso.
—Ay, Dios mío. ¿Qué pasó? —les pregunta Jim.
Todas comienzan a hablar a la vez, cada una con una versión de
la historia y un culpable diferente. Una dice que tiene algo que ver con
la jirafa y un teléfono, otra dice que es porque había pájaros volando
por ahí y la princesa se cayó de su torre, y aun así otra dice que los
crayones le decían que lo hiciera.
Comienzo a preguntarme si las niñas dejaron caer ácido en la
sala de juegos en lugar de jugar tranquilamente mientras disfrutaban de
las paletas.
Supongo que la jirafa en el teléfono le hablaron a los pájaros
quienes movieron la torre de Cenicienta mientras el crayón rojo
apuñalaba personas, es la razón de que actualmente cinco paletas se
hayan pegadas en cinco largos mechones de cabello, lo que da como
resultado que se hayan enredaron entre sí en una gran bola de cabello
pegajoso. Parecen un grupo de sextillizas unidas por la cabeza. Es
divertido por unos minutos hasta que nos damos cuenta de que la única
manera de quitarles las paletas es cortándoles el cabello. Y no hay
forma de que puedas cortar el cabello de una niña sin que sus madres
lo noten.
Los tres nos quedamos ahí, mirando a las chicas con horror,
preguntándonos qué hacer.
—Claire me va a matar. Ha dejado crecer el cabello de Sophia
desde que nació. Solo le corta las puntas —dice Carter con nervios
mientras entra detrás de nosotros con Billy aún dormido en el hombro—.
Tal vez deba llamar de nuevo a mamá.
—¡NO! No vamos a llamar a tu madre. ¡Somos hombres grandes y
podemos descubrir cómo arreglar esta mierda! —regaña Jim.
—¡Arreglar la mierda! —grita Molly.
—¡Arreglar la mierda, arreglar la mierda, arreglar la mierda! —
cantan las cinco niñas.
—Estamos hundidos, hombre. Nunca vamos a salir vivos de esto —
le grito a Jim sobre los cánticos de las niñas.
—Solo necesitamos un plan. ¿Dónde se encuentra la tienda de
pelucas más cercana? —pregunta Jim.
—¡Esa es la cosa más estúpida que he escuchado! —argumenta
Carter.
Miro a Billy con envidia mientras duerme sonoramente en el
hombro de Carter a través del caos.
—¿Tienes una mejor idea, genio? —pregunta Jim.
Los tres nos miramos en blanco, a nadie se le ocurre ni una sola
idea que asegure que nuestras esposas no nos van a sacar los ojos con
cucharas.
—Tráiganme unas tijeras, una navaja, un tarro de mantequilla de
maní y unos lentes de seguridad —dice Gavin, llegando a nuestro
lado—. Puedo resolver esto.

Jenny entra a nuestra habitación unas horas después para


encontrarme esparcido encima de la cama, mirando al techo.
—¿Por qué las cabezas de las Barbies cuelgan de nuestro techo?
—pregunta mientras sube a la cama a mi lado y gira sobre su espalda.
—Bueno, Gavin decidió que todas las otras Barbies necesitaban
una advertencia. Se imaginó que si veían lo que les pasaba a las Barbies
desobedientes, lo pensarían dos veces antes de ponerle a Ken un tutú
rosa con volantes y tacones púrpuras durante el desfile de Barbie.
Miramos en silencio a las veinte cabecitas plásticas fijadas en el
techo por el cabello con cinta adhesiva.
—¿Dónde se encuentran los niños? —pregunta.
—Ambos en la cama. Fue un día largo.
Antes de que siquiera termine la oración, Jenny se encuentra
encima de mí, a horcajadas en mis caderas y rompiéndome la ropa. Ha
pasado mucho tiempo desde que tomó el control, así que me quedo
momentáneamente anonadado y no me muevo. Me saca los
pantalones, y bóxers antes de que pueda parpadear y ponerme todo
Hulk Hogan, y me desgarra la camisa por la mitad.
—¡Oh, por Dios! ¡Esa era mi camiseta favorita! —grito, mirando
tristemente el letrero rasgado que solía decir: Las perras no son otra
mierda que prostitutas tramposas -Ghandi.
Jenny aleja la boca de mi pecho, se recarga hacia atrás y me
mira.
—¿En serio te quejas por una camiseta?
Ay, Jesús, ¿qué demonios está mal conmigo?, ¿Por qué estoy
hablando siquiera?
—¡No, no, no! Sigue. Por favor, Dios, sigue.
Jenny regresa a lo que hacía, haciendo un camino de besos
hacia arriba por mi pecho y moliendo la pelvis contra mi feroz erección.
Le agarro las caderas y la ayudo a moverse más rápido sobre mi
polla.
—Aún tienes la ropa puesta —murmuro entre gemidos mientras
me lame un lado del cuello y me succiona el lóbulo con la boca—. ¡AY,
DULCE ESTALLIDO DE AZÚCAR!
Levanto las caderas mientras arremolina la lengua alrededor de
mi oreja.
De repente se aleja y gruño ante la pérdida de su boca hasta que
se sienta y se quita la blusa por la cabeza. Sus gloriosas tetas salen del
sostén de encaje negro, y mis manos inmediatamente se levantan a
ellas, palmeándolas y rodándolas. No me ha permitido estar cerca de
las gemelas desde que comenzó a alimentar a Billy, e hice ese chiste
sobre galletas y leche. Me siento como un adicto al crack consumiendo
algo luego de meses de estar limpio. Quiero llorar como un bebé
mientras las sostengo completamente en las manos. Siento sus pezones
endurecerse bajo el encaje, y me pregunto si siquiera voy a durar lo
bastante como para saborear el momento.
Se inclina sobre mí, me succiona el lóbulo de nuevo en la boca y
comienza a mover más duro las caderas. Gime y me respira
pesadamente en la oreja y el calor de su aliento me hace olvidar todo
sobre el hecho de que aún tiene la falda y la ropa interior, y que
todavía no me encuentro en su interior. Muevo las caderas más rápido
entre sus piernas, y dice las palabras que tienen el poder de hacerme
venir en una fracción de segundo.
—Felix quiere ronronear con Buck.
Sí, nombramos nuestras partes. Demándenme.
Jenny comienza a balancear las caderas más rápido, froto la
polla contra el algodón de su ropa interior, y en serio quiero estirarme,
mover la ropa interior a un lado y entrar en ella, pero ya puedo sentir mi
orgasmo creciendo y le agarro fuertemente las caderas para moverlas.
Antes de que pueda detenerlo, me levanto, convulsiono, y
disparo mi carga contra la ropa interior de algodón y el interior de su
falda.
—¡Joder! ¡Santos cangrejos! —grito mientras el orgasmo me hace
enrollar los dedos de los pies.
—¿Ya te viniste? —pregunta.
—¡Lo siento! ¡SÍ! ¡Ay, joder, SÍ!
Se sigue moviendo contra mí y de pronto comienza a gritar su
propia excitación.
—¡Ay, por Dios, también yo! ¡Oh, sí, sí, sí! —grita, sentada en mí
agitando la cabeza—. ¡Ooooooh, Ooooooh!
Yazco perfectamente quieto, preguntándome qué demonios
sucede mientras comienza a golpearme el pecho desnudo con las
manos y sigue meneando la cabeza de un lado a otro, su largo cabello
me golpea en el rostro mientras tiene orgasmo más prolongado en la
historia de los orgasmos.
—¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡Oooooh, sí, sí, sí!
Estoy completamente maravillado de que siga con el orgasmo. Mi
pene ya comenzó a ponerse suave y su vagina ni siquiera lo toca.
Simplemente folla el aire.
—¡SÍ! ¡SÍ! ¡NO PARES! ¡OOOOOOH, SÍ!
¿No parar qué exactamente?, ¿Qué no deje de yacer aquí
preguntándome que sucede?
Finalmente cesa todo movimiento y colapsa sobre mí, respirando
pesado y suspirando contenta.
En cuestión de segundos se levanta de mí y va a un lado de la
cama. Se inclina y me besa en la mejilla. —Eso fue sorprendente. Voy a
ver a los niños.
Sale de la habitación, y soy abandonado en la cama con una
camiseta partida a la mitad, desnudo de la cintura para abajo, con la
polla debilitada descansando contra el muslo, y veinte cabezas de
Barbie juzgándome silenciosamente cuando escucho el grito al otro
lado del pasillo.
—¡¿Qué le pasó al cabello de Veronica?!
El gran maestro
Traducido por Bells767
Corregido por Yani B

Han pasado dos semanas desde que intenté lo de “finge hasta


que lo logres” con Drew y creo que ha sido un éxito total. Sabe que aún
lo deseo y eso me ha librado un rato mientras trato de volver a tener la
libido en forma. Dudé un poco que mi actuación no fuera lo
suficientemente buena y que Drew sospechara que fingí ese día, pero
después de una charla motivacional conmigo misma, supe que fue una
gran corrida.

Hice que Liz pusiera esa escena de Cuando Harry conoció a


Sally siete veces y luego Claire me hizo representar la escena para
asegurarse que la hiciera bien.
—No mantengas los ojos abiertos. Estás arruinándolo totalmente al
quedarte mirando hacia el frente luciendo aburrida —dijo Claire.
Moví la cabeza hacia atrás, cerré los ojos y comencé a gemir
ruidosamente.
—¿Qué tal eso?
—Suenas como un gato muriendo. Un gato muriendo que intenta
atrapar copos de nieve. Saca la lengua y cierra la boca —regañó Liz.
—Entra realmente en el personaje. Imagina a alguien diciéndote
que esta noche dormirás doce horas seguidas sin interrupciones —
instruyó Claire.
Chillé en éxtasis y grité palabras que ni siquiera sabía cómo
pronunciar.
—Guau, realmente le acertaste a ese —dijo Liz con asombro.
—Sí, supongo que encontramos tu punto débil. Sólo imagina que
te encuentras durmiendo cuando follas a Drew —dijo Claire con una
risa.
—Oye, antes de que tuviéramos a Billy, nuestra vida sexual era
muy excitante y nunca tuve que pensar en dormir. Incluso fuimos
finalistas en el concurso de películas porno caseras. El concurso requería
que usáramos cuatro objetos. Dos cosas vivas, una herramienta a gas y
pinzas para autos —dije.
—Realmente necesitas dejar de compartir cosas como esta con
nosotras —se quejó Liz—. Pero, en serio. Hazlo exactamente como lo
acabas de hacer y será perfecto.

Fue perfecto, si me permites decirlo. No entiendo por qué Drew


sigue actuando raro, sin embargo. Pensarías que ya que se corrió estaría
de un mejor humor. Quiero decir, se corrió sin siquiera tener sexo. Eso
tiene que ser algo bueno. Y ya que piensa que hizo que me corriera
también, debería estar sintiéndose bastante bien consigo mismo. Pero
ha estado malhumorado y triste, y ni siquiera ha hecho algún
comentario sobre inclinarme sobre la mesa en días. Algo
definitivamente no se halla bien con él.
Nuestros vecinos llaman para invitarnos a una barbacoa esta
tarde y acepto la oferta. En los pocos años que hemos vivido en esta
casa, nunca hemos hecho nada con nuestros vecinos. Son una pareja
muy religiosa y estricta, y nosotros; obviamente, no lo somos.
Antes de que quedara embarazada de Billy, Liz hizo una fiesta de
juguetes sexuales en la terraza del patio de nuestra casa. La esposa
había estado tendiendo ropa en su patio y vio a treinta mujeres
sacudiendo vibradores e intentando explotar condones agarrando a
una compañera y poniendo el condón entre sí, y abrazándose lo más
fuerte que pudieran hasta lograrlo. Los condones estaban llenos de
crema y todas gritaban y se tiraban vibradores unas a otras.
Me encuentro bastante segura de que esa es la razón por la que
cada vez que la veo en el patio, se da vuelta y corre a su casa.
Recibir una invitación de ella para una barbacoa fue chocante,
pero supuse que no podría hacer daño. En todo caso, tal vez esta
pareja podría enseñarnos a Drew y a mí a comunicarnos mejor. Digo,
son gente religiosa. Tienen que saber cómo hablar entre ellos y cómo
hacer que un matrimonio funcione. Apuesto a que puedo conseguir un
muy buen consejo de ellos.
—¿Los frikis nos invitaron a su casa?
—¿Podrías dejar de llamarlos así? —me quejo mientras pongo una
pinza en el cabello de Veronica.
—¿Qué es un fuiki? —pregunta ésta.
—La gente loca que vive al lado —replica Drew mientras saca un
enterizo del armario de Billy que dice: “Que se jodan los pechos y la
leche. Denme una cerveza.”
—No. Absolutamente no. No le pondrás ese enterizo.
Me acerco, le arrebato el enterizo de las manos y lo guardo de
vuelta en el cajón, buscando entre la ropa de Billy algo apropiado.
»¿Cómo es que no tenemos una sola buena camiseta para que
use nuestro hijo?
—¿De qué hablas? TODAS estas son buenas camisetas —
argumenta Drew mientras saca un enterizo rojo que dice: “Me cago los
pantalones cuando gente fea me carga”.
—Ellos son gente amable que nos invitaron para una cena
agradable. Necesita usar algo lindo —digo mientras sigo buscando en el
cajón.
—Buu. Lo lindo es aburrido —exclama Drew.
—Los fuikis son aburridos —manifiesta Veronica.
—¡Eso es! ¡Choca los cinco, hermana! —exclama Drew mientras
levanta la mano en el aire para que Veronica la golpee.
Al fondo del cajón encuentro una camiseta que dice: “Haciendo
popó” con una línea de porcentaje debajo mostrando el cuarenta y
cinco por ciento.
—Esto tendrá que funcionar. ¿Puedes vestir a Billy para poder
arreglarme el cabello? —pregunto mientras saco la camiseta y un par
de pequeños pantalones apretados para combinarlos—. Además,
necesitas cambiarte la camiseta. No vas a usar la camiseta con una
imagen de Jesús y la Virgen María llorando que dice: “Las mujeres están
locas”.
—Solo para que quede claro, no creo que esta sea una buena
idea —grita mientras salgo de la habitación.
—Anotado —grito de vuelta.

—Muy bien, todos, ¡es hora de jugar!


Siete segundos después de caminar por nuestro patio y entrar en
la terraza de nuestros vecinos, me doy cuenta de que cometí un error.
Esto no es sólo una reunión divertida con nuestros vecinos y una forma
de hacer nuevos amigos y, con suerte, aprender de ellos cómo hacer
que un matrimonio funcione. Esto es un mundo de locos y nunca
lograremos escapar. No hallamos rodeados por mujeres usando faldas
de mezclilla hasta el tobillo con los cabellos trenzados hasta el trasero.
Rezan antes de cenar, en el medio de la cena y luego al final. Rezan
tanto que casi puedo imaginar a Jesús sentado ahí en una nube blanca
y espumosa diciendo—: Oh, por el amor a mi padre, cállense de una
vez. Los escuché las primeras once veces.
Drew sigue empujándome por el costado y resoplando cada vez
que alguien dice—: Inclinemos nuestras cabezas y demos las gracias.
—Si nos piden que bebamos el Kool-Aid4, agarra a los niños y corre
—susurra mientras todos llevan sus sillas a un círculo en el medio de la
terraza.
—Pero me gusta el Kool-Aid. El de uva es mi favorito —susurro
confundida.
—¡Vamos a ir alrededor del círculo y cada uno tiene que contar
una historia embarazosa!
—Oh, esto no puede terminar bien —dice Drew silenciosamente.
Lo codeo en el costado mientras una de las mujeres en falda de
mezclilla empieza a contar una historia sobre su esposo jugándole una
broma. Cuando ésta le pidió que le trajera un vaso de jugo de uva, él le
trajo un vaso de jugo de pasas.
—¡Oh, caraj-caramba! —exclama Drew ruidosamente mientras
todos los demás se ríen.
Ha sido un desafío intentar evitar nuestro lenguaje a lo largo de la
noche. Al menos, Drew se las ha arreglado para modificarlo antes de
que algo feo saliera de su boca.
—Eso no es embarazoso. Es simplemente triste —susurra—. Te das
cuenta de que cada una de nuestras historias embarazosas terminan
con uno de nosotros desnudos, ¿verdad?
Por suerte, a la mitad del círculo la gente se empieza a quedar sin
historias para contar y no tengo que intentar encontrar una forma de
limpiar la historia sobre cómo experimentamos con paletas de helado y
salsa de chocolate y tuvimos que usar un secador de cabello para
descongelar la paleta del muslo interno de Drew.
—Entonces, ¿cómo se conocieron ustedes dos? —pregunta uno
de los hombres mientras todos vuelven su atención a Drew y a mí.
Miro a Drew con pánico y me pregunto cómo voy a explicar a
esta gente “temerosa de Dios” que nos conocimos en una fiesta de
juguetes sexuales.
—Mmm, Bueno… nosotros, mmm tenemos amigos en común. Y
ellos tienen una tienda que vende… mmm, Tupperware —trastabillo—.
Nos conocimos luego de una de sus fiestas de envases de plástico.

4
Hace referencia a lo que Jim Jones (líder de la secta estadounidense el Templo del Pueblo) usaba para que
sus adeptos se suicidaran, Kool-Aid de uva mezclado con cianuro de potasio.
Todos sonríen y asienten; y Drew comienza a reír.
—Sí, ellos tienen Tupperware GENIALES. De todas las formas y
tamaños que puedan imaginar. A Jenny le gustan los envases
realmente grandes —resopla.
—Ooooh, ¡yo también amo esos envases de plástico! —dice
emocionada una de las mujeres—. Los uso todos los días. Realmente te
salvan la vida.
Simplemente sonrío y asiento, tratando de decirle mentalmente a
Drew que necesita callarse.
—¿Te gusta usar el envase gigante o el más pequeño? —
cuestiona seriamente Drew.
—Me gusta usar los dos al mismo tiempo —dice otra mujer.
—Sí, ¡lo haces! —Drew sonríe y asiente, dándole un guiño.
—Mi marido lleva Tupperware al trabajo y todos le preguntan
siempre si son mejores que GladWare. Les digo que los Tupperware
caben en todo tipo de lugares y pueden ser usados para tus mascotas
—dice alguien más.
—Guau, eso es perturbador. Pero bien por ti —dice Drew.
—GladWare es el Tupperware de los pobres, eso es lo que siempre
digo —exclama otro de los hombres.
—¡Amén, hermano! —grita Drew.
Un coro de “Amén” es murmurado alrededor del círculo y tengo
que cubrirme el rostro con las manos, porque no sé si reír o llorar.
—Los Tupperware realmente han salvado nuestro matrimonio —
dice otra mujer con una risa—. Antes de que llenara la despensa con
Tupperware, Steve usaba bolsas abre fácil y sus cosas se derramaban
por todos lados. ¡Hacía tanto desastre!
—Ja, ja. ¡Oh, Steve! Mírate, derramando tus cosas por todas
partes. ¡Eres tan malo! —dice Drew al tipo sentado a su otro lado.
—Una vez fui a una fiesta de Tupperware donde todos se
pasaban los envases de diferentes tamaños y luego los vendieron al final
de la fiesta. Se vio muy poco sanitario para mí. Todos tocando los
Tupperware y poniendo las manos por todo su alrededor, ¿y luego se
suponía que simplemente tenías que llevártelo a casa y usarlo? —dice
otra mujer con una mirada de disgusto en el rostro.
—Oh, ellos hacen una limpieza especial para ello —dice Drew.
—Oye, tengo una idea —dice Steve, el “derramador de cosas”—.
Drew parece un buen deportista. Apuesto a que le gustaría jugar al
juego de El Gran Maestro.
El grupo estalla en risas y asiente en aprobación. Todos comienzan
a mover sus sillas para que queden dos en el medio del círculo,
enfrentándose.
—¿El juego de El Gran Maestro, dices? Nunca lo he escuchado —
dice Drew.
—¡Oh, es muy entretenido! Tienes que intentar hacer todo lo que
El Gran Maestro hace. Hasta ahora, nadie ha sido capaz de vencerlo —
dice Steve emocionado.
Uno de los otros hombres se sienta en una de las sillas en el medio
del círculo y unas pocas personas dirigen a Drew a tomar la otra.
—Trae a El Gran Maestro. ¡Totalmente patearé su traaaa-traje! —
grita Drew, deteniéndose justo a tiempo.
—Bien, entonces Eric será El Gran Maestro —informa Steve—. Todo
lo que tienes que hacer es seguirlo y hacer exactamente las mismas
cosas que haga.
No tengo idea sobre qué va esto, pero parece un juego lo
suficientemente seguro en el que Drew no se meterá en problemas con
su boca y, con suerte, tendrá algo que ver con tener un buen
matrimonio. Eric levanta los dos brazos al aire, haciendo una “V” y Drew
hace lo mismo. Luego Eric se toca la nariz con un dedo, cosa que Drew
copia inmediatamente.
—Hombre, esto es fácil. ¡El Gran Maestro va perdiendo! —exclama
Drew mientras copia cada uno de los movimientos que Eric hace con
los brazos y manos. Me siento aún más confiada de que al menos
terminaremos bien esta tarde, incluso si no obtenemos ningún buen
consejo matrimonial de estas personas.
Como Drew se encuentra de espaldas a mí, no ve a una de las
mujeres acercarse sigilosamente por detrás de su silla con algo en la
mano. No puedo ver qué es, ya que lo esconde delante de ella, pero
todos alrededor del círculo comienzan a reírse cuando la ven.
El Gran Maestro, Eric, hace unos movimientos más que Drew repite
y luego, repentinamente, se para de la silla. Drew inmediatamente sigue
su movimiento, punto en el que la mujer pone, lo que ahora veo es, una
enorme toalla empapada en el asiento de la silla de Drew.
Eric rápidamente se sienta en la silla y Drew lo sigue, golpeando su
trasero en la toalla mojada y el charco que hace en la silla. Se para
rápidamente y se gira para intentar verse el trasero mientras todos a
nuestro alrededor se mueren de la risa.
—¡HIJO DE LA MALDITA PERRA MADRE DE JESÚS! ¡¿Qué mierda
acaba de pasar?!
Casi puedo sentir a Jesús en su acolchada nube sacudiendo la
cabeza con lástima hacia nosotros y diciendo: “Deberían haber
pensado antes de mezclarse con mi gente. Los van a joder todo el
tiempo”.
Rápidamente recogemos a los niños y les agradecemos a todos
por un maravilloso tiempo. Drew les dice que tenemos que irnos porque
Billy tiene diarrea explosiva justo cuando Veronica empieza a cantar a
todo pulmón—: ¡CACA, POPÓ, DIAGUEA! ¡CACA, POPÓ, DIAGUEA!
Drew se queja toda la caminata de vuelta a nuestra casa—:
Maldito estúpido, Maestro pendejo. La próxima vez que seamos
invitados allá, voy a cagar a ese Maestro.
No voy a aguantar la respiración a la espera de otra invitación en
algún momento cercano.
Gran cabeza
Traducido por Amélie.
Corregido por Helena Blake

—No puedo creer que nunca antes hayas jugado a El Gran


Maestro. Estoy decepcionado de que cayeras en el truco más viejo del
libro.
Mi papá, Andrew padre, sacude la cabeza hacia mí con lástima
mientras compartimos una cerveza en el bar y miramos el juego de los
Browns. Invité a papá a este lugar para conocer su opinión sobre Jenny
y ver si estaría dispuesto a observarla y seguirla durante unos cuantos
días. No me hallo cien por ciento seguro de que esté falsificando un
reclamo de compensación al trabajador ya que dejó de cojear el día
después de lastimarse el tobillo, pero todavía tengo mis dudas. Algo
huele mal en los suburbios y no son mis pelotas.
—¿Podemos volver al tema por el que estamos aquí, por favor?
¿Harás eso por mí o no? —pregunto mientras le hago señas al camarero
para otra bebida.
—Hijo, he estado cuidando de ti por veinticuatro…
—Treinta y cuatro —digo.
—Treinta y cuatro años. No voy a abandonarte justo ahora,
soldado. Estaré encima de Jenny como moscas en la mierda. No hará
un movimiento sin que yo lo sepa. ¡Me encanta el olor del engaño por la
mañana!
El entusiasmo de mi padre por intentar atrapar a mi esposa
haciendo algo malo no me hace sentir mejor.
Mi papá solía ser sargento de instrucción en la Marina hasta que
se corrió la voz de cuán aterrador hijo de puta era. El cuerpo de la
Marina tuvo dificultades tratando de encontrar reclutas en su área
porque nadie quería ser el hombre que lloraba como bebé cuando mi
papá le gritaba en el rostro. Tuvo que retirarse muy pronto y abrió su
propio negocio de investigación privada. Desafortunadamente, nunca
ha perdido esa mentalidad de sargento instructor.
—Necesito saber que estás conmigo en cualquier cosa que tenga
que hacer para descubrir la verdad, ¿está claro?
—Sí, señor —murmuro.
—Dilo como si tuvieras un par de pelotas, maricón.
—¡SÍ, SEÑOR! —grito.
Papá me golpea en la espalda y me dice que empezará el
reconocimiento cuando Jenny esté, supuestamente, haciendo recados
después del trabajo.
Terminamos de ver el partido de los Browns mientras papá me
explica a cada pocos minutos qué es lo que hará para atrapar a Jenny
mintiendo. Me siento realmente mal por el hecho de que estaré detrás
de ella, pero necesito averiguar qué se encuentra mal antes de poder
averiguar cómo arreglarlo.
Conforme termina el partido y mi padre y yo nos separamos, me
meto en el auto, enciendo la radio y empieza a sonar la canción "I
Would Walk 500 Miles", e inmediatamente me transporto en el tiempo
seis años atrás cuando Jenny y yo tuvimos nuestra primera cita.

—Puede que haya bebido demasiado —le admití con una gran
sonrisa mientras echaba hacia atrás mi silla en dos patas.
Me devolvió la sonrisa, aquella hermosura hizo que perdiera el
equilibrio y empecé a agitar los brazos en el aire mientras comenzaba a
caer hacia atrás.
Jenny inmediatamente me alcanzó, sujetó el frente de mi
camiseta con su puño y ancló la silla de vuelta en sus cuatro patas. Eso
causó que la silla se deslizara cerca de ella y de repente, por primera,
vez esa noche, me hallaba lo suficientemente cerca como para pasar
la nariz contra su mejilla y olerle el cabello.
—¿Acabas de olerme el cabello? —preguntó.
Me eché hacia atrás y la miré tímidamente. —Eso depende. Si te
digo que sí, ¿me meterás el tacón por el trasero?
Sonrió y negó. —No.
—Entonces sí, olía tu cabello. Huele a mangos.
—Eso es tan excitante —susurró.
Nos quedamos mirándonos a los ojos unos cuantos minutos, y tuve
que golpearme mentalmente para salir del trance que me causó antes
de que decidiera tumbarla en la mesa y follarla ahí mismo, delante de
Dios y todo el mundo.
—Así que, me di cuenta de que no estoy ni siquiera cerca de la
sobriedad cuando, hace unos minutos, orinar me fui... quiero decir,
cuando me fui a orinar y grité en el momento en que el inodoro
automático tiró la cadena. Probablemente, no seré capaz de llevarte a
casa —dije honestamente.
—Oh, Dios mío, ¡odio esos baños automáticos! Algunas veces tiran
de la cadena antes de que haya terminado y me asustan. Como si
supiera y me pudiera ver y solo quisiera molestarme —dijo.
—Demonios, siempre le digo eso a la gente. Realmente creo que
hay una cámara en el agujero del baño con un pequeño hombre
pervertido mirando y riéndose cuando le da al botón antes de tiempo.
Nos miramos el uno al otro por unos cuantos minutos y otra vez, no
había nada que prefiriera hacer que inclinarme y hacer cosas sucias
con su boca. Pero eso no era algo que quisiera hacer en medio de un
bar repleto. Cuando finalmente ocurriera, necesitaríamos estar solos.
Preferentemente en una cama. O en una mesa de día de campo en un
parque al azar.
—Vamos, dame las llaves, te llevaré a casa —dijo sosteniendo la
mano frente a mí. Me saqué las llaves del bolsillo y las dejé caer en su
mano.

Jenny insistió en parar en Denny’s de camino a casa porque tenía


hambre y siempre quería ordenar Moons Over My Hammy5 porque era
divertido de decir. Casi le pedí que se casara conmigo en ese
momento.
—Es curioso que menciones jamón. Tengo problemas con el
jamón cuando estoy muy, muy borracho —dije, metiéndome un
bocado de huevos revueltos en la boca—. Antes, cuando Carter y yo
salíamos, siempre terminábamos en el supermercado al final de la
noche, entonces iba a la barra y ordenaba dos kilos de jamón.
Jenny se rió y se limpió la boca con una servilleta. —¿Por qué
ordenabas dos kilos de jamón? —preguntó.
—Bueno, solo he oído esta historia de Carter así que no me
encuentro absolutamente seguro de que sea cierta, ya que no lo
recuerdo. Pero de acuerdo con él, siempre compro jamón y luego

5
Sándwich de jamón y que en jerga es tirar de los pantalones de un hombre y que se le vea en trasero y los
genitales colgando.
camino por la acera lanzando jamón a las personas, llamándome a mí
mismo el Hada de la Carne.
Continuó riéndose y cuando mi celular sonó en la mesa frente a
mí, lo ignoré. Jenny lo cogió y empezó a desplazarse a través de las
aplicaciones. Normalmente, eso me haría querer golpear a una chica
en los ovarios, pero con Jenny no me importaba en absoluto. Me incliné
y vi que estaba haciendo clic en Facebook.
—Verifica si mi estado aún dice "Chupo pollas grandes". Carter
agarró mi teléfono el otro día y no sé cómo cambiarlo.
Se inclinó ligeramente y escribió algo en el teléfono con una
sonrisa en el rostro. La dejé hacer lo suyo mientras terminaba mi comida.
Mientras esperábamos para pagar la cuenta, continuamos
hablando sobre las estupideces que hicimos cuando estábamos
borrachos. Su historia sobre enviarle un correo a su abuela que decía
"Follé con un dedo a un orangután. ¡Fue una fiesta en el zoológico!",
porque hace cualquier cosa que le reten cuando se encuentra
borracha, supera mi historia del Hada de la Carne por mucho.
Jenny encendió el auto, me incliné sobre la consola y descansé la
cabeza en su hombro, encendí la radio, y pasé las estaciones. La
canción gay "I Would Walk 500 Miles" sonó y solté una risa.
—Solo hay dos cosas por las que me gustaría caminar quinientas
millas: carne seca y tú —admití.
Jenny inmediatamente puso la señal para girar a la derecha,
hacia mi casa, a la izquierda. No dije una palabra mientras salía del
aparcamiento lejos de la dirección en la que vivía. Le oraba al Hada de
la Carne que me llevara a su casa y que yo no dijera nada para
asustarla y que diera la vuelta.
Unos minutos más tarde, nos detuvimos en la entrada de una linda
y pequeña casa azul con un porche y jardineras bajo las ventanas.
—Así que, esta es mi casa. Espero que esté bien que estemos aquí
—dijo en voz baja.
—Está muy bien. Vivo con Carter y probablemente se encuentra
en casa masturbándose con una botella de jarabe de chocolate. Mis
ojos no pueden aguantar más esa mierda.
Salimos del auto y la cogí de la mano mientras rodeamos el capó
y subimos las escaleras. Me soltó la mano para buscar en su bolso las
llaves y abrir la puerta. Mientras entramos, de repente recordé que olía
a cerveza y tequila. Necesitaba una ducha y la necesitaba con
urgencia. Incluso si no pasaba nada entre nosotros esta noche, todavía
quería hacer todo lo que estuviera a mi alcance para acercarme a
Jenny. No podría hacer eso con cerveza saliendo de mis poros.
Complació felizmente mi petición, me mostró el baño, dejándome
una toalla limpia doblada en la parte de atrás del inodoro antes de irse
y cerrar la puerta detrás de sí.
Me desvestí lo más rápido que pude y salté a la ducha, no quería
estar mucho tiempo lejos de Jenny. Como siempre que me bañaba,
empecé a cantar.
—Sujétame más cerca, Tony Daaaaanza. Cuenta los piojos en la
caaaaaaaarretera.
Mientras cantaba y me lavaba el cabello, escuché un ruido
detrás de mí y me giré para encontrar a una Jenny mojada y desnuda,
de pie en la ducha conmigo, con una gran sonrisa en el rostro mientras
me miraba de arriba a abajo.
—Joder, ¿estoy soñando? —pregunté, hablándole directamente
a las tetas—. Lo siento, me resulta imposible mirarte a los ojos ahora
mismo.
Continué contemplando las tetas más perfectas del mundo
mientras daba un paso más cerca hacia mí y levantaba un tubo para
que lo viera. Lamentablemente aparté la vista del paraíso de tetas para
leer lo que decía la botella, 'Gran Cabeza'.
—Cogí esto la otra noche en la fiesta de juguetes sexuales a la
que fui. Se supone que me entumece la parte de atrás de la garganta
para que no me atragante durante una mamada. Nunca he estado
con un hombre cuya polla me llegara cerca del fondo de la garganta,
pero estoy bastante segura de que lo superas. ¿Quieres probar a ver si
funciona?
La miré con la boca abierta y, no voy a mentir, con lágrimas en los
ojos. Gracias a Dios la ducha lanzaba vapor y había gotas de agua por
todas partes, evitando que pudiera ver mis lágrimas de felicidad.
Todo lo que pude hacer fue mirar y asentir, con la boca aún
abierta con admiración. Abrió el tubo de gel y colocó una cantidad
generosa antes de introducírselo en la boca y chuparlo. El Pequeño
Drew se sacudió ahí abajo, y mentalmente le dije que se calmara o iba
a escupir por todos lados antes de que empezara.
Jenny colocó las manos en mi pecho y, gentilmente, me empujó
hasta que mi espalda chocó contra la pared fría. Rápidamente se puso
de rodillas y me envolvió la polla con las manos, pasando la lengua
burlonamente por la cabeza mientras yo gritaba.
Sí, acababa de gritar y ni siquiera me importaba.
Deslicé las manos en su cabello mojado y me alegré de esta vida.
No había manera de que la empujara más al fondo, pero necesitaba
hacer algo con las manos antes de que empezara a dar palmadas
delante de ella como un maricón en un concierto de Barbara Streisand.
Con una mano agarrándome el culo, la otra se deslizó por mi
pene y me acunó las pelotas, deslizó la boca desde la punta hasta la
base.
—¡HIJO DE PUTA MISSISSIPPI! —grité, apoyando la cabeza contra la
pared de la ducha.
Mi emoción motivó a Jenny a dar todo de sí. Me chupó incluso
más hasta que, sí, sentí la cabeza de mi polla tocar el fondo de su
garganta. Era oficial. Estaba en la mejor película porno de la historia
mundial. Ahora me arrepentía de no haber traído el celular a la ducha
conmigo. Esto era algo que debía ser grabado para la eternidad.
Después de ajustar la boca alrededor de mi pene, lo sacó casi todo y
luego comenzó a moverlo más rápido de adentro hacia afuera,
adentro y afuera. Apretó la pequeña mano alrededor de la base de mi
polla y comenzó a bombear al ritmo del movimiento de su boca.
—Santas papas fritas, eres bastante buena en esto —gruñí
mientras miraba hacia abajo.
Gimió en respuesta y el sonido vibró por toda mi polla y bolas.
Empecé a jadear como un perro excitado. Alejó la mano de mi trasero
y ahuecó mis pelotas de nuevo, moviéndolas alrededor de la palma de
su mano.
—¡Cabra de mierda, hija de puta, se siente increíble!
Continué diciendo tonterías mientras Jenny aceleraba el ritmo. En
unos segundos, el esperma de hace meses salió de mi polla y grité
como un borracho, envuelto en placer mientras se tragaba todos mis
nadadores.
—¡WILLIE NELSON, GATOS FANTÁSTICOS!
Mi cuerpo se quedó completamente quieto, cada hueso clavado
en su sitio, mi boca abierta en sorpresa y admiración mientras Jenny me
sacaba de su boca y besaba la cabeza de mi polla como si fuera un
pequeño y lindo perrito.
El agua que salía de la regadera se enfrió hace rato y no me
había dado ni cuenta. Jenny se levantó mientras yo descansaba quieto
contra la pared de la ducha, esperando que las piernas me
aguantaran.
—¡Eso realmente funcionó! ¡No me atraganté para nada! Lo
probé antes con un plátano, pero estaba blando y creo que tragué un
poco de cáscara. Fue asqueroso. Tú no fuiste asqueroso para nada y
hasta sabía a palomitas de maíz.
—Espero que sepas que querré casarme contigo algún día. Así
que mantén tu agenda libre —dije seriamente mientras apagaba el
agua y salíamos de la ducha para secarnos con la toalla.
Rió muy tiernamente y se puso de puntillas para besarme en la
mejilla. Ahora que el exceso de esperma evacuó el pito de carne, todo
el alcohol que consumí esta tarde se removió por mi barriga y empezó a
formarse un dolor de cabeza.
—Cuando empiece a vomitar mañana por la mañana,
simplemente déjame. Seguramente empiece alrededor de las nueve y
treinta y siete. Solo déjame tranquilo y no cocines pescado o tarta de
chocolate mientras eso ocurra. También, si me encuentras
cuchareando tu mesa de café o el taburete en medio de la noche, no
te asustes. Simplemente despiértame y llévame a la cama.
Normalmente solo ocurre una vez.
Mientras nos acurrucábamos en la cama, cogí mi celular de la
mesita de noche y sonreí cuando vi que realmente cambió mi estado
de Facebook. Ahora decía: Esta noche seguro que recibo una
mamada.
Gas pimienta, pistolas eléctrica y
testículos gigantes
Traducido por MaJo Villa
Corregido por Lizzy Avett’

—Liz, lo digo en serio, alguien me sigue —discuto mientras coloco


la luz intermitente en el semáforo en rojo para entrar en Target.
—Creo que solamente eres paranoica —declara la voz de Liz,
viniendo de los altavoces del auto—. No has tenido una buena noche
de sueño en meses y tampoco has tenido sexo. He escuchado que eso
causa alucinaciones.
Pongo los ojos en blanco al tiempo que la luz cambia a verde y
entro en el estacionamiento. Reviso el espejo retrovisor cada pocos
segundos mientras conduzco de un lado a otro del aparcadero
buscando un lugar para estacionar.
—Esta tarde he estado en tres lugares y en cada uno de ellos
había una todoterreno negra con ventanas polarizadas estacionada a
unos cuantos autos de distancia o conduciendo un par de autos detrás
de mí. Cada vez que miro en el espejo veo a ese maldito auto —le digo
cuando finalmente encuentro un lugar—. Tengo un acosador.
Simplemente lo sé. Sé que siempre he dicho que desearía tener uno
porque pensé que sería genial y romántico, pero cambié de opinión.
Escucho reír a Liz a través de los altavoces mientras doy la vuelta
en el asiento y busco la todoterreno en el estacionamiento.
—Si en verdad te encuentras asustada ¿por qué no llamas a
Drew?
—Porque vendría corriendo sin más y haría un testículo de sí mismo
—murmuro mientras continúo buscando en el estacionamiento.
—Ya es un gran testículo. ¿No querrás decir espectáculo?
—No, no usa anteojos6. ¿No te conté lo que les hizo a esos Testigos
de Jehová cuando vinieron hasta mi puerta y pensó que me
amenazaban? No quería ser mala, pero no podía sacarlos del maldito
porche. Drew dio la vuelta en la esquina y escuchó que me encontraba
frustrada, me sacó del camino de un empujón, abrió de golpe la puerta
y empezó a hablar en tangas —expliqué.
—Lenguas. Por el amor de Dios. Empezó a hablar en lenguas.
Resoplé con irritación. —Lo que sea. Comenzó a gritar todas esas
tonterías con ojos salvajes y locos, y se golpeaba la cabeza como si
estuviera en un concierto de rock. Esos pobres ancianos salieron del
porche cojeando y corrieron hacia su auto. Si lo llamo en este
momento, empezará a correr por el estacionamiento, rompiendo las
caderas de las personas mayores y asustando a los niños.
—De acuerdo, te diré qué haremos. Claire y yo nos preparamos
para cerrar. Nos reuniremos contigo en el Starbucks de la ciudad para
tomar un café en unos treinta minutos y veremos si notamos a alguien
luciendo sospechoso. ¿Eso te hará sentir mejor? —pregunta.
—Sí, mucho mejor. Te veo en treinta minutos.
Termino la llamada, salgo del auto y corro lo más rápido que
puedo para entrar en Target solo en caso de que mi acosador quiera
intentar atropellarme.

—Jenny, esto es ridículo. No me voy a poner esta mierda —se


queja Liz mientras me lanza la bolsa de Target de regreso al regazo.
Nos las arreglamos para entrar en el estacionamiento de
Starbucks al mismo tiempo. Estacioné al lado del auto de Liz y le hice
señas a ella y a Clare para que entraran en el mío para que así
pudieran cambiarse de ropa antes de que hiciéramos esta cosa.
—Cállate y solo póntelo. No quieres que este lunático sepa dónde
nos encontramos ¿verdad? —pregunto con irritación al tiempo que le
lanzo la bolsa de regreso a Liz.
Se da la vuelta para mirar al asiento trasero justo cuando Claire se
saca la camiseta y se coloca una negra de mangas largas que le
compré en Target.
—Oh, por Dios. ¿En serio te estás cambiando? —le pregunta Liz
con una mirada atónita en el rostro.

6
La palabra “spectacle” tiene ambos significados: Espectáculo y Anteojos.
Los movimientos de Claire se detienen a mitad de desabrocharse
los pantalones para poder colocarse las mallas negras que también
compré. —¿Qué? El negro adelgaza. Incluso si no hubiera un acosador,
luciré bien mientras bebo café. Además, Carter ha estado rogándome
que realice algunos juegos de roles. Puedo arrastrarme por la ventana
de la habitación pretendiendo ser una ladrona que de repente quiere
follarse al hombre al que le va a robar.
—¿Carter no obtuvo quemaduras de segundo grado en el trasero
la última vez que hicieron juego de roles? —le pregunto.
—Sí. Pretender ser una profesora de cocina y decirle que subiera a
la estufa para así poder “lamer su batidora” no fue una buena idea.
Ambos olvidamos que la estufa se encontraba encendida. Fui hasta la
sala de emergencia usando solamente un delantal como blusa. De
acuerdo, entonces tal vez no me colaré por la ventana de la
habitación. Alguien podría recibir un disparo.
Liz todavía se encuentra mirándome fijamente en completo
silencio al tiempo que Claire saca un gorro negro con una calavera
para cubrirse la parte superior de la cabeza.
—¿Te encuentras segura de que viste la todoterreno conduciendo
detrás de ti después de que te fueras de Target? —pregunta Liz por
tercera vez desde que entró en el auto.
—¡Oh, no! —grité.
—¿Dices no viste la todoterreno? —pregunta confundida.
—¡No! Quiero decir ¡Sí! Dije oh, no porque la camioneta se
encuentra justo ahí, estacionada al otro lado de la calle —explico
frenéticamente mientras señalo hacia la ventana de Liz.
Las cabezas de Liz y Claire se giran rápidamente y las dos miran
hacia la camioneta negra estacionada en la esquina sin nadie adentro.
—Santa mierda. Tal vez sí te siguen —murmura Liz.
—¡Obvio! —grito mientras le golpeo el brazo.
—Jenny, el año pasado me hiciste venir en medio de la noche
cuando Drew se hallaba en el trabajo porque dijiste que una colonia de
arañas salieron de sus huevos y tu habitación se hallaba tan llena de
arañas que ya ni siquiera podías ver el suelo y tenías miedo de que se
comieran a Veronica. Cuando llegué a tu casa, había una sola araña
colgando de su red sobre tu cama —declara Liz—. Perdóname si no me
inclino a creerte.
—No puedes culparme por eso. Esa noche, Veronica me
despertó, y cuando regresé a la habitación, eso simplemente se
encontraba ahí, colgando. Las arañas NO trabajan solas. Y estaba
rondándome, mirándome dormir. Quién sabe qué otros planes tenía
reservados para mí. Apuesto a que sus amigos se hallaban al acecho en
las esquinas, esperando la oportunidad para saltarme encima.
Durante varios minutos Liz y yo discutimos sobre a lo que me gusta
referirme como “la noche en la que casi fui comida viva por arañas
rabiosas” cuando, de repente, Claire agarra nuestros hombros desde el
asiento de atrás.
—Chicas. Creo que acabo de ver a un tipo mirando fijamente el
auto —dice en un susurro—. Por ahí, detrás de ese arbusto.
—¿Por qué mierda susurras? No te puede escuchar —la regaña
Liz.
—¡Cállate de una puta vez, vagina apestosa!
—¡Oh, NO, no me acabas de llamar vagina apestosa. Cara de
coño engullidora de semen!
—¡Oh, por Dios! ¡Podría, ustedes dos, callarse! ¡Hay un hombre
escondido detrás de un arbusto mirándonos! —grito con frustración.
Liz y Claire renuncian a seguir insultándose para mirar hacia el
arbusto en cuestión y, efectivamente, una cabeza sale por un rápido
segundo y luego rápidamente vuelve a esconderse.
—Oh, ¡ahora SÍ! —dice Liz con entusiasmo mientras empieza a
buscar en la bolsa de Target y colocarse el atuendo negro.
—De acuerdo, Jenny, quédate aquí. Claire y yo vamos a salir a
hurtadillas por nuestro lado del auto y volveremos sobre nuestros pasos
alrededor del edificio para así poder acercarnos sigilosamente a este
gilipollas —explica Liz al tiempo que se coloca su propio gorro negro con
calavera sobre la cabeza—. ¿Cómo vamos a comunicarnos lo que
ocurre?
Meto la mano dentro de mi propia bolsa de Target que descansa
sobre mi regazo y saco dos radios.
—También compré estos en la tienda.
Le entrego uno a Liz y presiono el otro fuertemente en mi mano
mientras continúo buscando en la bolsa. —También conseguí gas
pimienta y una pistola eléctrica.
Le entrego la pistola eléctrica a Claire y el gas pimienta a Liz.
—¿Desde cuándo venden pistolas eléctricas en Target? —
pregunta Claire, inclinándose hacia adelante entre del asiento de Liz y
el mío.
—Oh, no lo hacen. En realidad traje esa de casa. A Drew le gusta
cuando lo uso en sus bolas.
—Jenny, mierda. Demasiada información —se queja Liz.
Observo mientras, en silencio y lentamente, abren las puertas y se
escabullen del auto. Cierran las puertas sin hacer ruido y se agachan,
moviéndose por el estacionamiento hacia el edificio. Inmediatamente
me siento nerviosa y vuelvo a revisar el arbusto para asegurarme de que
el tipo todavía se encuentre escondido detrás de éste y no prestándole
atención a mis amigas.
Enciendo la radio y mantengo pulsado el botón para hablar.
—Oigan —susurro—. Soy Jenny.
Suelto el botón y en cuestión de segundos escucho la voz de Liz.
—No me digas, Sherlock. Recién llegamos a la parte de atrás del edificio
—dice lentamente, los sonidos de su respiración pesada entran por la
radio—. No mires hacia dónde vamos. No actúes de forma sospechosa.
Solo mantén un ojo en el acosador y déjanos saber si cambia de
posición. Cambio y fuera, señora Rosa.
Me quedo mirando al dispositivo en mi mano, confundida.
—¿Señora Rosa? —pregunto en la radio.
—Sí, señora Rosa. Yo soy la señora Negro, Claire es la señora
Marrón y tú eres la señora Rosa —explica.
Escucho a Claire arrebatarle la radio de la mano unos segundos
más tarde. —No quiero ser la señora Marrón. Quiero ser la señora Rosa.
—Sí, no entiendo por qué soy la señora Rosa. Ni siquiera me gusta
ese color —me quejo.
—Oooooh, me gusta el rosa. Seré la señora Rosa y tú puedes ser la
señora Marrón —me dice Claire.
—No, el marrón me hace pensar en caca. Quiero ser la señora
Azul. El azul es lindo.
De repente hay un forcejeo y algunos insultos saliendo por la
radio.
—Ustedes, chicas, son tan idiotas. No vamos a cambiar nuestros
nombres secretos. Claire es la señora Marrón por el chocolate y tú eres
la señora Rosa porque el rosa me hacer pensar en las víctimas, y ahora
si alguien se encuentra en este canal van a saber lo que vamos a hacer
—explica Liz con irritación.
—Entonces ¿por qué eres la señora Negro? —pregunto.
—Porque voy a ennegrecerles el rostro si no se callan de una puta
vez. Se supone que estamos requisando a un sospechoso, no teniendo
un concurso de colores.
Suspiro y descanso la mano con la radio en mi regazo, mirando
por la ventana del auto para ver si mi acosador continúa detrás del
arbusto. Puedo ver al arbusto moviéndose y lo que parece ser un par de
botas negras asomándose por abajo. De repente, veo a Liz y a Jenny
corriendo a toda velocidad desde el otro lado del edificio,
directamente hacia el arbusto. Sin pensarlo, lanzo la radio hacia el
asiento del pasajero y me apresuro a salir del auto, corriendo a través
del estacionamiento hacia las chicas.
Mientras corro, veo a Liz lanzándose detrás del arbusto y haciendo
caer a alguien de un golpe. Puedo escuchar a Claire gritando a todo
pulmón, dirigiendo la pistola hacia el entramado de brazos y piernas
que observo desde el borde del arbusto.
Finalmente me acerco lo suficiente para escuchar lo que ocurre y
para ver un rápido destello de luces saliendo repentinamente desde el
extremo de la pistola eléctrica, seguido de un grito en un tono agudo.
—¡Aaaaaaah! Cara de culo. ¡ACABAS DE ATACARME CON LA
PISTOLA ELECTRICA! —le grita Liz a Claire mientras su cuerpo sufre
espasmos y aun así, se las arregla para sentarse a horcajadas sobre la
espalda del acosador. Lo tiene de cara al piso, con el codo envuelto
alrededor de su cuello, al tiempo que la descarga eléctrica la pistola
hace estragos en ella. Es como un Rambo drogado.
—¡Oh, por Dios! ¡Lo siento, lo siento! ¡MIERDA! —grita Claire
mientras le da un tirón a la pistola para sacarla de Liz.
—¡Aaaaaah! ¡Está atascada en mi piel, hija de puta! ¡Saca esa
mierda!
—Oh, Dios. Oh, Dios; oh, Dios —murmura Claire al tiempo que
lanza la pistola eléctrica al piso y se apresura hacia Liz, quien rebota de
arriba abajo en la espalda del tipo y presiona su agarre en el cuello del
individuo.
—¡Quítate, QUÍTATE, de, ENCIMA! —jadea el tipo con cada salto
mientras Liz aterriza sobre él.
—Dinos por qué has estado siguiendo a nuestra amiga o voy a
echarte el gas pimienta, maldito enfermo —grita Liz mientras Claire se
coloca detrás de ella y suavemente le quita los ganchos de la pistola
eléctrica del culo.
El tipo tiene una gorra de béisbol y anteojos oscuros, y no puedo
verle el rostro, pero hay algo familiar en su voz. No sé qué hacer en este
punto, excepto quedarme ahí, de pie, sin hacer nada y tratar de
averiguar cómo es que conozco la voz de este hombre. Sé que debería
entrar allí y ayudar a Liz, pero como que le tengo miedo en estos
momentos. Podría confundirme con el enemigo y romperme la cara.
Mientras me quedo de pie, Claire alcanza la cintura de las mallas
de Liz y saca la lata de gas pimienta, sosteniéndola delante mientras
rodea al par en el suelo que sigue luchando y Liz continúa lanzándole
insultos a él.
—Amiga, solo di la palabra, y ¡liquidaré a este hijo de puta! —dice
Claire entusiasmada—. ¡Siempre he querido decir eso!
—Amigo, última oportunidad. ¿Por qué sigues a nuestra amiga? —
pregunta Liz mientras arquea la espalda y levanta la cabeza del tipo en
un ángulo incómodo ya que su brazo sigue cerrado firmemente
alrededor de su cuello.
—Jamás hablaré. ¡No pueden obligarme! —dice el tipo
entrecortadamente mientras jadea y se esfuerza por quitarse a Liz de
encima.
Ya no puedo simplemente quedarme allí de pie. Necesito hacer
algo. Me acerco a Claire por detrás y le toco el hombro. No debe haber
notado que me uní a ellas porque tan pronto como mi dedo toca su
brazo, su cuerpo se sacude por el miedo y deja escapar un grito, la
acción ocasiona que su dedo se deslice y presione el botón rojo de la
lata del gas pimienta.
En cuestión de segundos, chorros de líquido caliente nos golpean
a todos en el rostro, incluyendo a Claire, al tiempo que grita y entra en
pánico, revolotea los brazos por todos lados. Inmediatamente me lanzo
al piso tosiendo histéricamente, con lágrimas corriendo por mi rostro.
Esto quema peor que la vez que Drew comió alitas picantes y después
fue hacia mi parte inferior. Se siente como si me sangraran los ojos y no
puedo parar de toser.
En el caos de gritos, toses y llanto, alcanzo a ciegas mi bolsillo
trasero y saco mi teléfono, presionando el botón del costado para la
cosita del comando de voz, ya que no puedo ver los números.
—¡LLAMA A DREW! ¡MALDITA SEA, LLAMA A UNA AMBULANCIA!
—¿Usted dijo llama a Claire?
—¡NO! ¡Idiota, Claire se encuentra justo aquí! ¡DIJE LLAMA A DREW!
¡AYUDA!
—¿Usted dijo navegar por la web?
—¡SE SUPONE QUE DEBES SER UN TELÉFONO INTELIGENTE, PEDAZO
DE MIERDA!
—¿Usted dijo enviar un mensaje?
—¡NO, ESTÚPIDA! Espera, ¡SÍ! ¡SÍ, SÍ, SÍ! ¡Envía un mensaje a Drew!
Dile que hemos sido atacadas y que estamos muriendo. ¡Dile que
necesitamos a la policía, un doctor y esposas!
—Enviando mensaje a la Doctora Madison.
Lanzo el teléfono lejos de mí y me quedo hecha un ovillo en
posición fetal en el piso, ni siquiera me importa que acabara de enviar
un mensaje a la nueva consejera matrimonial con la que había
programado una cita para Drew y para mí. La doctora tiene el teléfono
de Drew en sus registros así que tal vez le llegará el mensaje de texto y lo
llame.
Todavía escucho gritos y llanto a mi alrededor, y abro los ojos,
entrecerrándolos lo mejor que puedo. Las lágrimas me caen a raudales
por el rostro y lo que veo es borroso, pero parece que Liz tiene ahora a
Claire en una llave y el acosador se encuentra en cuatro patas
vomitando en el arbusto.
—¡Oh, por Dios. Mis ojos! —grita el tipo.
Y así como así, sé exactamente quién es el acosador. Hace
apenas unos años atrás había gritado lo mismo cuando entró en nuestra
sala de estar y vio a Drew parado de manos contra la pared al lado del
sofá mientras le daba una mamada.
Con los ojos entrecerrados, me levanto con ayuda de las manos y
rodillas, y me arrastro hacia la figura que aún se agita en los arbustos.
—¿Papá? ¿Eres tú? —pregunto.
—¡Soy una absoluta vergüenza! ¿Cuál es tu problema, imbécil?
Dejas que un grupo de niñas ñoñas te derriben. ¡Tendría que cagarme
encima de ti! —murmura para sí mismo entre toses y arcadas.
Sí, ese es mi suegro. Es tan propio de él citar a Full Metal Jacket en
un momento como este. Tan pronto como pueda sentir el rostro de
nuevo y mirarlo, me va a explicar todo este desastre.
—¡Uno, dos, tres, cuatro; AMO AL CUERPO DE MARINES!
Bueno, tal vez después de que el gas pimienta esté fuera de su
sistema. Creo que le afecta peor de lo que nos afecta a nosotras.
—¡Liz, hija de puta! ¿Vas a soltarme el cabello? Fue un accidente
—grita Claire a mis espaldas—. Y puedo escucharte llamándome
maldita zorra tonta. ¡Puede que me encuentre ciega, pero aún puedo
escuchar!
—Entonces escucha esto, ¡maldita zorra tonta! Duerme con un ojo
abierto. Cuando pueda ver de nuevo, iré directamente a apuñalarte
con un tacón aguja. —Amenaza Liz con los ojos fuertemente cerrados
mientras balancea de forma alocada los brazos tratando de alcanzar a
Claire, quien se las arregló para escaparse de sus garras, tirándose al
piso, y alejándose a rastras.
De acuerdo, así que tal vez todo el mundo ha ingerido un poco
demasiado de gas pimienta.
Abrazo de útero y Amor al pene
Traducido por Mary
Corregido por Esperanza

—¡¿Qué hiciste QUÉ?!


Me contraigo ante el sonido del chillido de Jenny mientras se
quita la toalla fría y mojada de los ojos y me mira.
No lo puedo evitar. Me río. Parece que tiene chupetones
alrededor de los ojos. En este momento se encuentran hinchados y rojos,
es realmente difícil mirarla directamente.
—¡Mírame cuando te hablo!
Mierda.
De hecho, me siento muy mal de que le hubieran lanzado gas
pimienta. Se ve horrible y estoy seguro de que eso no se siente tan
genial.
Cuando recibí una llamada de alguna persona llamada Doctora
Madison diciéndome que recibió un mensaje de mi esposa diciendo:
“Me cagué en la policía y maté una ambulancia. Trae esposas”. Me
encontraba un poco confundido, aunque intrigado. ¿Quién era yo para
juzgar la perversidad de mi esposa? Llamé a Jenny justo después, y solo
pude escuchar gritos y llantos en el receptor y algo sobre que sus ojos se
estaban derritiendo. Cuando llegué a la escena, mi padre se
encontraba curvado en posición fetal en el estacionamiento donde se
alejaba a rastras de las chicas tanto como podía. Me hizo prometerle
que mantendría a Liz, al menos, a tres o seis metros de distancia de él
todo el tiempo, porque había amenazado con arrancarle los ojos con la
hebilla del cinturón y de verdad creía que lo haría.
Después de dejar a mi padre, a Liz, y a Claire en casa, le admití a
Jenny en el auto sobre haber contratado a mi padre para seguirla.
Imaginé que era más seguro de esa forma. No me mataría mientras se
encontraba medio ciega y yo conducía. Me ignoró el resto del camino
a casa.
Ahora, aquí estamos, y se encuentra a solo unos cuantos metros
de distancia de una cocina llena de objetos punzantes.
—¿Dices que piensas que FINGÍA UNA LESIÓN DE TRABAJO e
hiciste que tu padre me siguiera? Pensé que tenía algún loco acosador
acechándome durante todo el día e iba a secuestrarme.
Sip, en este momento tengo muchísimas ganas de reírme. No hay
esperanza para mí. Ya he aceptado mi destino de dormir en el sofá por
el resto de la eternidad.
—¿Este acosador iba introducirte en el Salón de la Fama de
Estúpidos Defensores del Crimen?
Jenny agarra la toalla húmeda del sofá y vuelve a cubrirse los
ojos, descansando la cabeza en el respaldo del sofá.
—Ahora mismo ni siquiera puedo mirarte, estoy tan enojada. ¿Por
qué demonios pensarías que fingía una lesión y trataría de engañar a
Claire para quitarle su dinero? ¿Y tu padre? ¿En serio? ¿De verdad
contrataste a tu padre demente para seguirme? ¿Viste lo que usaba?
Camuflado por completo, con un sombrero con ramas pegadas
encima de todo, y hojas pintadas por todo el rostro. Drew, eso no es
normal.
¿Ahora sería un mal momento para señalar que esas tres mujeres
iban vestidas como unas putillas ladronas?
Me encojo de hombros a pesar de que no puede verme. —Qué
puedo decir, de verdad se mete en su trabajo. Y te dijo que lo sentía.
No dice ni una palabra. Simplemente mantiene la cabeza en el
respaldo del sofá y la toalla sobre los ojos. Siento como que me
encontrara en la oficina de la directora, de pie delante de su escritorio
esperando mi castigo como esa vez en secundaria cuando coloqué
una pequeña falda negra sobre la figura en la puerta del baño de
chicos en un intento de conseguir que alguna chica caliente entrara a
los urinarios de los hombres. En lugar de eso, la directora había entrado
con un estudiante de primer año golpeado durante el cuarto periodo.
La directora me ignoró por una hora antes de que finalmente me diera
mi castigo. No quiero quedarme aquí de pie por horas. Los niños se
hallan dormidos y programa de comedia comenzará pronto.
—Mmm, ¿hemos terminado? —pregunto.
—¡¿En serio me acabas de decir eso?! —chilla.
¿Cómo es posible que las mujeres lleguen con sus voces a
decibeles que incluso los perros no pueden escuchar?
—Sí, hemos terminado aquí. Mañana podrás explicarle tu
estupidez a la doctora Madison cuando vayamos a terapia de parejas.
Lo siento, ¿qué?
—Entonces, Drew, dime ¿por qué crees que te encuentras aquí?
Miro fijamente a la mujer sentada delante de nosotros usando una
larga y holgada falda, con sandalias, y unas gafas amarillas oscuras. El
olor de incienso es tan fuerte que creo que voy a enfermarme y el suave
sonido de Simon y Garfunkel saliendo de la radio en la esquina me hace
querer tomar una siesta.
—No tengo idea de qué demonios hago aquí, aparte de tener
una mala retrospectiva de los sesenta —murmuro.
Jenny me golpea el brazo y dejo escapar un gran suspiro.
—Oh, está bien, Jenny. Este es un cuarto de honestidad. Tu esposo
es libre de expresar lo que se encuentre en su corazón y mente cuando
esté en esta habitación sin miedo de ser juzgado. Haré esto un poco
más fácil para ti, ya que es tu primera vez en este lugar. Jenny me ha
explicado por teléfono que tienen problemas de comunicación. ¿Es eso
cierto? —pregunta.
—Mmm, seguro. Supongo —digo con un encogimiento de
hombros.
No conozco a esta mujer, y me hallo más que seguro de que no le
voy a cortar que el único problema de comunicación que tenemos en
este momento mi esposa y yo es que su vagina no quiere hablarle a mi
polla. La chica con piernas largas mirará directamente mi pene y
preguntará que se halla mal conmigo. Esta extraña va a pensar que
tengo un tercer testículo o que mi pene tiene forma de herradura.
—¡Mi pene se encuentra bien! —grito.
Mejor decirlo antes de que se le ocurra alguna idea rara. Ni
siquiera se inmuta ante mi arrebato, simplemente dobla la mano en su
regazo y me sonríe.
—Tienes una conexión real con tu pene, ¿correcto?
¿De verdad me está pasando esto?
—Uh, bueno, se ENCUENTRA conectado a mi cuerpo, así que sí.
Como que sí me encuentro conectado a él.
Solo me sonríe de nuevo y entonces señala a mi camiseta. —Me
refería a tu camiseta.
Bajo la mirada y me doy cuenta de que uso una que dice: Amo
con todo mi corazón a mi pene. Déjame mostrarte porqué.
—Creo que puedo sentir la raíz del problema aquí. Los dos
acaban de tener un bebé no hace mucho. Algunas veces para las
parejas es difícil conectar de nuevo después de que sucede esta
alteración de la vida. Lo que necesitamos hacer es conseguir que
ustedes dos conecten.
De acuerdo, me retracto. La mujer puede que sea un genio. Si
logra que mi esposa conecte conmigo en la pelvis, me compraré un par
de sandalias Birkenstocks y me sentaré debajo de una luz negra con
ella, fumando marihuana.
—Jenny, me gustaría que hicieras algo por mí. Gira tu cuerpo en
el sofá para quedar frente a tu esposo.
Jenny hace lo que le pide, coloca las piernas sobre el sofá y se
sienta al estilo indio.
—Bien, ahora, Jenny, quiero que bajes la mirada al pene de tu
esposo y le digas que lo amas.
Jenny duda y mira a la Doctora Madison de manera inquisitiva.
¡No cuestiones a la buena doctora! ¡Haz lo que dice!
—Está bien, Jenny. Esto será por el bien de ambos. Háblale al
pene.
Jenny lentamente se gira de nuevo hacia mí y mira directamente
mi regazo.
—Mmm, te amo.
—¡Muy bien, Jenny! Ahora quiero que te disculpes con el pene por
no saber valorarlo —explica la doctora Madison amablemente.
Me pregunto si después le dirá a Jenny que me chupe la polla. Y si
es así, ¿debería pedirle a la buena doctora que se vaya o que se
quede?
—Eh. Lamento no saber valorarte —dice Jenny mientras aún mira
a mi regazo.
—¡Excelente! De acuerdo, Drew, ahora es tu turno —dice la
Doctora Madison.
Ni siquiera lo dudo. —¡Te amo pene! ¡Eres el mejor amigo de todos
los tiempos! No, en serio. Nunca me fallas, siempre te levantas cuando lo
necesito, y me disculpo por alguno de esos problemas que tuvimos en la
universidad, esos que requirieron antibióticos —le digo a mi pene.
Levanto la mirada hacia la doctora Madison, muy orgulloso de mí
mismo por participar en toda esta tontería de la terapia.
—Eso fue muy lindo, Drew. Pero lo que realmente quería era que
le hablaras a la vagina de Jenny —explica.
Bueno, muy bien, entonces.
Imaginando que bien podría encontrarme cómodo para esto, me
hago un ovillo en el sofá y descanso la cabeza en el muslo de Jenny. —
También te amo, vagina. Te extraño como una prostituta extraña su
virginidad. Es verdad. ¿Por qué has herido mi corazón, cariño? ¿Por qué
hay tal distancia entre nosotros? ¿Recuerdas cuando solíamos pasar el
rato todo el día? Ahora apenas te veo una vez al mes. Has cambiado,
vagina. Odio decir esto, pero lo has hecho. Ahora eres una persona
diferente, y es como si ya ni siquiera te conociera. Pensé que tal vez
estabas saliendo por ahí con otras personas diferentes y ellos te
influenciaron para que te pusieras en mi contra. Quizás simplemente
hemos madurado por caminos separados. ¡No quiero perderte, vagina!
Te necesito como necesito el aire para respirar y el futbol los domingos.
¡Simplemente no puedo dejarte, vagina!
Me doy cuenta que cuando termino, la habitación se encuentra
en un silencio inquietante. Levanto la cabeza de la pierna de Jenny y
veo a ambas mujeres mirándome fijamente con las bocas abiertas de
par en par. De acuerdo, lloré un poco. Demándenme. Esta mierda es
emocional. Esta doctora está llegando al corazón de nuestros
problemas. Mi pene y la vagina de Jenny.
—Mmm, eso fue… eh, inesperado —declara la doctora Madison.
Me enderezo en el sofá y agarro un pañuelo de papel de la
mesita y me sueno la nariz.
—Vaya, eso de verdad se sintió bien —digo, rodando los hombros
y estirando el cuello de lado a lado—. Se siente como si me hubieran
sacado un peso de encima. Mi mente se ha aclarado y me siento tan
libre. ¿Qué es lo siguiente que deberíamos hacer?
La doctora Madison baja la mirada a la libreta de notas que tiene
en el regazo y pasa un par de páginas. —Bueno, creo que has hecho un
gran progreso, Drew. Solamente necesitamos llevar a Jenny a dónde te
encuentras. Jenny, ¿cuándo fue la última vez que abrazaste tu útero?
—¿Abrazar mi frutero? No lo entiendo —dice ésta, confundida.
—No, tu útero. El lugar en donde les diste la vida a tus dos niños —
explica la doctora.
—Eh, ¿Aquí puedo hacer eso? ¿No debería hacerse en el
consultorio de un verdadero médico con una mesa y unos estribos? No
creo poder llegar a él de otra manera. A menos que tenga un espejo y
tal vez una linterna.
—Si yo puedo llegar a tu punto G en el medio del bosque con un
tubo de labial humectante Bonne Belle con sabor sandia mientras llueve
y un hombre sin hogar en una tienda a un metro de distancia cantando
el tema musical de Plaza Sésamo, entonces puedes abrazar tu útero —
le digo, dándole aliento.
Probablemente no debí haber traído eso al tema porque ahora
me encuentro distraído y solamente puedo pensar en esa vez que
fuimos a acampar y nos perdimos en el bosque.
Y ahora tengo una erección.
—De hecho, no me refiero a que de verdad necesitas… eh,
alcanzar y tocar tu útero literalmente7 —explica la doctora Madison.
—¿Por qué habla de llenar de basura mi vagina? ¿Dice que mi
útero se encuentra sucio? —me susurra Jenny.
—Lo que necesito que hagas, Jenny, es que solo acunes tus
brazos alrededor del área baja de tu estómago. Sostengas tu vientre en
tus brazos y lo confortes. Déjale saber que lo cuidas.
Bien, ahora esta chica dice locuras.
»Y mientras lo haces, trata de calmar a tus ovarios y dales algo de
aliento para que se abran de nuevo y acepten el amor que se les da.
Creo que el problema aquí es que tu condición de mujer se ha cerrado
por sí sola y ya no reconoce el amor.
Se encuentra loca como una cabra. Hablarle a mi pene y a la
vagina de Jenny es normal. Esto se halla a un paso de distancia de
quitarnos todas nuestras ropas; bailar y cantar alrededor de un cerdo
sacrificado.
Sin embargo, mi asombrosa esposa hace lo que le dicen y
envuelve los brazos alrededor de su cintura. Lentamente rueda de lado
a lado y empieza a hablarle a su “condición de mujer” como si fuera
Billy.
—Qué ovarios más buenos y pequeños. ¡Sí que lo son!
Quiero salirme de este tren de locura. ¡En este mismo momento,
maldita sea!
Observar a mí esposa acunar sus ovarios me hace preguntar lo
que inicialmente pensó que conseguiríamos de estas sesiones de
terapia de pareja. Yo creía que estarían llenas de un montón de
discusiones y de señalar con el dedo para decir de quién es la culpa de
que ya no tengamos sexo. Tal vez no cree que ese sea el problema.
Mierda, tal vez ese no sea el problema. Quizás es mi problema
solamente. Jenny no finge una lesión de trabajo, no me engaña… ¿qué
más podría ser? Hace un par de años me dejó sin sexo por una semana
porque una noche me lancé un pedo en la cama e hice que lo oliera
debajo de las sabanas. Aunque fue muy gracioso, nunca es una buena
idea hacerlo cuando tu esposa se encuentra desnuda y lista para
montarte.

7
La doctora usa la palabra literal, Jenny entiende littering (basura)
Hubo otro momento cuando le hice la broma de lamerme el
dedo y metérselo en la oreja cuando empezaba a correrse. No quise
que eso fuera graciosísimo. Leí sobre ello en Cosmo. Cuando me dejó
afuera del cuarto, agarré la revista y me di cuenta que dos de esas
páginas se encontraban pegadas: consejos sexuales y bromas
prácticas. Bien jugado Cosmo. Bien jugado.
Dejamos la oficina de la doctora de locos con la promesa de
seguir comunicándonos con nuestros órganos reproductores. Por
desgracia, todavía no tengo ni puta idea de cómo se supone que eso
me ayudará a tener sexo.
Balas de bebé
Traducido por Zafiro
Corregido por Vane hearts

Dado que acunar a nuestros órganos reproductivos no ha hecho


nada por impulsar nuestra vida sexual, no hay mucho más que hacer
excepto pensar en esos momentos en los que tuvimos sexo. Hombre,
esos eran buenos días. Teníamos UN MONTÓN de sexo. En serio, un
montón. Estoy bastante seguro de que era imposible contar todas las
veces. Y mierda, era buen sexo. Incluso cuando tratábamos de quedar
embarazados de Veronica, era buen sexo. Pensarías que, ya que
prácticamente solíamos tener sexo todos los días, habría sido fácil
embarazarnos. Siempre pensé que meter tanta esperma allí dentro
como pudieras, podría garantizarte un bebé.
Quiero decir, tiene sentido ¿verdad? Si tienes este pequeño óvulo,
y solo le lanzas un puñado de esperma, ¿cuáles son las probabilidades
de que uno lo atraviese? Pero si viertes litros y litros de esperma por
todas partes, eso tiene que elevar tus posibilidades, ¿no?
¡Mentira! Esos pequeños demonios serpenteantes de cola blanca
tienen mala actitud. Es como si pensaran que son demasiado buenos
como para fertilizar un óvulo. Pequeños bastardos. Tienes que
engañarlos para someterlos. Un ataque furtivo cuando menos lo
esperan.
—¿Qué, dices que va a hacernos atravesar el túnel, mientras te
encuentra en movimiento? ¡Imposible!
—Declaro que acaba de dispararnos por su cañón en un carrito
de golf en la carretera. ¡Absurdo!
¿Lo ves? Escucha a esos estirados hijos de puta. Incluso hablan
como imbéciles.
Después de ocho meses sin éxito para quedar embarazados, en
lugar de permitir que eso nos desanimara, nos volvimos creativos.
Tuvimos sexo en un armario de suministros en el piso de maternidad de
un hospital porque Jenny pensó que nos traería suerte. No fue así, pero
conseguimos dos botellas de limpiador de vidrio, tres pares de batas
médicas, y una caja de guantes de goma por la experiencia. ¡Eso fue
casi mejor que un bebé!
En otra ocasión, Jenny hizo una lista de todas las parejas que
conocíamos que, o bien estaban actualmente embarazadas o que ya
habían tenido un bebé. Fuimos en orden descendente por la lista y
tuvimos sexo en sus camas. Jenny imaginaba que debía existir algún
tipo de poder mágico en sus camas que hizo que pudieran tener un
bebé. Al tener sexo en sus camas conseguiríamos que un poco de esa
magia se nos pegara. Sí, eso tampoco funcionó. Y déjame decirte,
Carter y Claire no estuvieron tan conformes con nuestro plan del polvo
mágico. Todavía no entiendo cuál fue el gran problema. No era como si
tuviéramos sexo mientras se encontraban en la casa. Nos
asegurábamos de esperar hasta que se fueran al trabajo. Dios, danos un
poco de crédito. Aún tenía una cicatriz en la frente de cuando Claire
me lanzó una lámpara a la cabeza. No fue nuestra culpa que
decidieran volver a casa temprano. Ellos deberían haber seguido sus
horarios normales simplemente y nada de eso hubiera sucedido.
Lo siguiente fue totalmente genial, e idea de mi cosecha. ¿Qué
tiene tanto esperma que no sabe qué hacer con ella? Sip. Un banco de
esperma. Hice una cita y luego hice mi depósito. En mi esposa. ¡Hurra!
Me imaginaba que este lugar hacía que la gente se embarazara todos
los días, por lo que tenía que haber un poco de suerte en eso, ¿verdad?
Al principio Jenny se puso un poco nerviosa. Dijo que se hallaba segura
de que en ese lugar flotaban en el aire pequeñas partículas de
esperma, y se ponía nerviosa de que una partícula de alguien más
pudiera metérsele, y entonces daría a luz a un bebé que no era mío.
Pero no te preocupes, tomamos precauciones. Mantuvimos sus partes
de dama completamente cubiertas hasta que estuve listo para el
depósito, asegurando que mis partículas fueran las únicas que
consiguieran entrar. La enfermera en ese lugar no se hallaba muy
contenta cuando volvimos a salir y le dije que había hecho el depósito
en el vaso equivocado. Jenny tampoco se alegró de que siguiera
refiriéndome a su vagina como a un vaso varios meses después.
Me puse un poco triste porque mi idea no funcionó, pero estuvo
bien porque se nos ocurrió algo aún mejor.
Es algo bueno y algo malo que el siguiente experimento
realmente funcionara. Digo malo solo porque algún día Veronica se
preguntará en dónde fue concebida y vamos a tener que decirle que
fue en el baño de hombres de un restaurante llamado Red Lobster.
Jenny había leído en alguna parte que las langostas eran un tanto
apáticas, lo que en su mente, significaba que impulsarían nuestro
deseo, asegurando así que consiguiéramos quedar embarazados.
Estaba bastante seguro de que trataba de decir afrodisíacas, pero no
iba a corregirla cuando eso significaba que iba a tener sexo con la
barriga llena de langosta y unos bizcochuelos deliciosos. Antes de que
llegara la factura, nos disculpamos de la mesa y nos colamos en el baño
de mujeres. Tan pronto como vi la máquina de tampones en la pared,
me di la vuelta y volví a salir. No podía concentrarme en follar si
pensaba en la vagina roja del dolor. Agarré la mano de Jenny y nos
conduje hacia el baño de hombres. Sin moros en la costa; no había
nadie en los urinarios y tampoco en las dos cabinas. La arrastré de
espaldas a la caseta de discapacitados y nos pusimos a trabajar.
—Joder, te ves tan caliente en ese vestido, nena —dije en voz
baja mientras desplazaba las manos alrededor de sus caderas y le
agarraba el culo, atrayéndola hacia mí.
—¿Crees que es sucio hacer esto en un baño? ¿Qué pasa si
consigo gérmenes en la vagina? —preguntó nerviosamente mientras
miraba el interior de la cabina.
—Obviamente no tienes ni idea de cuan sucio se halla mi pene si
me preguntas esto —dije honestamente mientras deslizaba las manos
por debajo de su vestido, subiéndolo por sus caderas.
—Jesús, no usas ropa interior —murmuré contra el costado de su
cuello mientras mi mano avanzaba por su culo desnudo.
—Me las quité en la mesa —me dijo, envolviendo los brazos
alrededor de mi cuello mientras yo chupaba y lamía la piel justo debajo
de su oreja.
—Eso es tan caliente. ¿Las pusiste en tu bolso?
Sentí que movía la cabeza para decir que "no", al tiempo que
arrastraba la mano por su parte delantera, y empujaba los dedos por su
piel suave y húmeda.
—¡Oh, Dios; eso se siente bien! No, no en mi bolso. Simplemente las
dejé en el piso debajo de la mesa.
Empujé y torcí los dedos por su centro caliente, deslizándolos
hacia arriba, alrededor de su clítoris con cada pasada.
—¡Mierda! ¡Quítate los pantalones! —murmuró mientras
presionaba los dedos con fuerza en mi cabello.
Saqué los dedos con un gemido, rápidamente me desabotoné y
abrí la cremallera de los pantalones, y los bajé hasta las rodillas. Jenny
levantó una pierna, envolviéndola alrededor de mi cadera para que
pudiera mantenerla sujeta por la rodilla. Con la mano libre, me agarré la
polla y la coloqué en su entrada.
—De verdad vamos a hacer un bebé en este momento —le dije.
—¡Este va a ser el mejor bebé de baño jamás hecho! —dijo con
entusiasmo.
Me empujé en su interior suave y rápidamente, cerrando los ojos
con fuerza, tratando de calmarme por lo bien que se sentía envuelta
alrededor de mi polla. Después de unos segundos de mantenerme bajo
control, dejé de pensar en cualquier otra cosa que no fuera en follar a
mi mujer y en esos pequeños espermatozoides engreídos que pensaban
que eran mejores que los demás. Comencé a entrar y a salir de Jenny a
un ritmo rápido, amando los pequeños sonidos de placer que salían de
su boca.
—Joder, tengo un calambre en la pierna —dijo después de unos
segundos.
Dejé de moverme, aun profundamente enterrado hasta las bolas
en su interior, dándole un segundo para bajar la pierna y tratar de
ponerse más cómoda.
—Mira, envuelve las dos piernas a mí alrededor —le dije mientras
la levantaba, presionando su espalda contra la pared de la cabina.
Con esas piernas largas y suaves enredadas alrededor de mi
cintura, regresé a la tarea en cuestión. Muy pronto, Jenny me arañaba
la espalda y gemía ruidosamente, y sabía que pronto iba a correrse.
Aceleré los movimientos hasta que la cabina se sacudía y golpeaba
contra la pared del cuarto de baño.
—¡Ay! ¡Hijo de puta! Esto me lastima la espalda —se quejó de
repente.
Salí de su interior mientras le soltaba las piernas y la colocaba de
nuevo en el suelo.
Se quedó de pie durante un minuto con las manos en las caderas,
mirando a nuestro alrededor.
—¡Ya lo tengo! Me arrodillaré en la parte superior del inodoro y tú
puedes agarrarme desde atrás —dijo con una sonrisa mientras se movía
y colocaba las rodillas en el asiento del retrete, de frente a la pared.
—Oh, Dios mío, te amo tanto este momento —le dije mientras la
observaba situarse.
Tenía una visión clara de su culo desnudo, y me hallaba bastante
seguro de que si no me daba prisa y me metía en su cuerpo
nuevamente, iba a disparar estas balas de bebé por todo el piso.
Me miró por encima del hombro y sonrió.
—Ensilla, vaquero. Dame tu jugo de bebé.
Cerré el espacio entre nosotros, y Jenny se inclinó hacia adelante
incómodamente, descansando la frente contra la pared detrás del
inodoro, envolviendo las manos alrededor del tanque de agua para
mantener el equilibrio.
Agarrándole las caderas, me deslicé de vuelta a casa, dejando
escapar un fuerte gemido cuando me encontré en su interior otra vez.
—Ooooh, joder —gemí a medida que encontraba el ritmo de
nuevo.
Me pareció oír un ruido en el baño, pero ahora nada iba a
detenerme. Me encontraba en el cielo y todavía no estaba listo para
salirme.
—¡Jesuuuuuuuuus! —exclamé en voz alta, empujando en Jenny
con todas mis fuerzas.
En este punto, los dos nos encontrábamos gruñendo y jadeando,
ajenos a todo lo demás a nuestro alrededor.
—Joder esto es bueno. Tan bueno. Aaaaaaaah —gemí.
—Lo siento, pero ¿te encuentras bien ahí dentro?
El sonido de la voz de otro hombre en la cabina contigua nos
obligó a detener nuestros movimientos inmediatamente. Me aferraba a
las caderas de Jenny, quien giró la cabeza para mirarme con los ojos
muy abiertos.
—Mmm, ja, ja, ¡sí! ¡Estoy súper, gracias por preguntar! —le
contesté al tipo.
Jenny me dio una mirada de "qué carajos" y simplemente me
encogí de hombros. Mientras se daba la vuelta, se movió en mi polla un
poco e hizo esa cosa increíble con la vagina en donde me aprieta.
—¡Oh, leche de cabra, eso es caliente! —grité.
—Ooooh, sí. La leche de cabra también tiene esa reacción en mí.
Siempre consigo esa quemazón en el culo por la leche de cabra —me
dijo el tipo en la cabina de al lado.
¡Este tipo tenía que cerrar la jodida boca! ¡No necesitaba oír
hablar de su culo en llamas mientras trataba de hacer un bebé! Era
como si este tipo no tuviera ninguna clase.
Hice todo lo posible para ignorar al tipo grosero de al lado para
poder terminar esta cosa antes que Jenny decidiera que era una mala
idea. Giró de nuevo la cabeza y me miró a los ojos, diciendo sin
sonidos—: ¡Date prisa de una puta vez!
¡Cómo no!
Sin pensarlo dos veces, empecé a follarla con todas mis fuerza
otra vez.
—¡Joder, sí! ¡Oh mierda, me encuentro tan cerca! —murmuré.
—Lo estás haciendo bien, amigo. ¡Sigue empujando! —me animó
mi amigo del baño.
—¡Oh, infierno, sí! ¡Estoy empujando, joder sí! —grité de nuevo,
impulsado por su entusiasmo.
—Oh, Dios mío, no puedo creer que esto esté sucediendo —
susurró Jenny.
—¡Oh, está sucediendo! ¡Está totalmente sucediendo, nena! —le
dije.
Podía sentir mi orgasmo y se hallaba justo ahí, ¡unas pocas
estocadas más y podría enviar a esos pequeños espermatozoides hijos
de puta a su casa!
En medio de una estocada, Jenny perdió el agarre y su mano se
deslizó, haciendo que la manija del inodoro bajara, causando que el
inodoro evacuara.
—Bueno, eso fue raro —le dije mientras continuaba lo que hacía.
—No, no es extraño en absoluto —gritó en respuesta el hombre
del baño—. Una descarga de cortesía siempre es una buena idea.
Incluso con este tipo sacándome de mis casillas, Jenny se sentía
tan bien que era imposible detener que mi orgasmo se apresurara a salir
de mis bolas.
—¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! —grité con la cabeza echada hacia atrás.
Con una última estocada, que diré hasta el día de mi muerte que
no fue tan fuerte, Jenny perdió el equilibrio en el asiento del inodoro
mientras me corría, y una de sus rodillas cayó dentro del inodoro con un
fuerte chapoteo. El agua salió volando de la taza y se esparció por todo
el piso.
—Ups —dije tímidamente mientras me estremecía con los últimos
segundos del orgasmo. Salí de su interior y me aparté, mientras luchaba
y trataba de sacar la rodilla del inodoro, esparciendo más agua por
todo el lugar.
—Está bien, hombre, nos pasa a los mejores —admitió el tipo de al
lado.
—¡¿No es esa la verdad?! —respondí.

Así que, sí. Esa es la historia de la concepción de Veronica y ahora


Jenny y yo tenemos que encontrar la manera de darle la noticia
cuando sea mayor. Tal vez podamos dejar de lado la parte del
espectador en la cabina de al lado. Y la parte de que nunca
encontramos la ropa interior de mami cuando regresamos a la mesa. Y
la forma en la que mami cayó en el inodoro. ¿Sabes qué? Creo que
simplemente tendremos que inventar algo.
Joder, ahora estoy caliente.
Miro mi reloj y me doy cuenta de que tengo algo de tiempo antes
de que Billy se levante de su siesta y Jenny esté en casa con Veronica.
Normalmente, me gustaría ir a masturbarme, pero Drew Junior se
encuentra un poco indispuesto. ¿Recuerdas cuando eras pequeño y tu
madre te decía que si te masturbabas demasiado tendrías palmas
peludas? Eso no es para nada cierto. Créeme, he tratado de hacerlo
realidad. Pensaba que sería la cosa más genial de todos los tiempos el
tener las manos como en esa película de Lobo Adolescente. ¿Quién
necesita un perro cuando puedes acariciar tus propias manos? Michael
J. Fox no tenía idea de la suerte que tenía. De todos modos, resulta que
masturbarte demasiado no causa que las palmas se te pongan peludas.
Ocasiona que la polla se te irrite y esté en carne viva. Culpo de todo
esto a Head and Shoulders. Estúpido frasco azul y blanco que luce tan
lindo con sus pequeñas burbujas verdes felices en la botella. El otro día,
pensé que frotar mi amada empuñadora en la intimidad de la ducha
con un chorrito de champú con olor limpio sería maravilloso. Quiero
decir, ¿has sentido últimamente el champú? Es suave, jabonoso y huele
como el cielo. Además, si puede darte un cabello liso y sedoso, eso
debería significar naturalmente que te dará un pene suave y sedoso.
Gente, nunca, repito, NUNCA, se masturben con champú. Puede
sonar como una buena idea en ese momento, incluso puede SENTIRSE
como una buena idea en ese momento. Pero solo dale un par de
minutos y luego tu polla se convertirá en los pozos de fuego del infierno.
Arderá como si el mismo satanás respirara su aliento de fuego en tu Willy
Wonka. Ah, y también se sentirá como si alguien te masticara la polla.
Con hojas de afeitar en lugar de dientes.
Así que, mientras mi polla se encuentra en vías de recuperación,
creo que voy a pasar un rato tranquilo pensando en maneras de hacer
que mi esposa tenga sexo sucio en el baño conmigo de nuevo.
Hiney Duck Hiss
Traducido por Adriana Tate
Corregido por Mire

Una vez al mes, los seis intentamos juntarnos para una noche de
juegos. Siempre decimos que uno de estos días todos deberíamos
conseguir niñeras, para que la noche no incluya detener el juego cada
pocos minutos para separar a las niñas por una pelea, y luego cuarenta
y cinco minutos de gritos y llanto al final de la noche cuando es tiempo
de irnos. Por alguna razón, las semanas entre las noches de juego nos
hacen olvidarnos del hecho de que se suponía que conseguiríamos una
niñera. No es hasta que se escucha el primer grito espeluznante en una
habitación o en la sala de juego que nos acordamos.
Esta noche solo tenemos a Veronica con nosotros. El papá de
Drew todavía se siente mal por hacerme pensar que era un acosador,
así que nos ofreció sus servicios de niñero siempre que lo necesitemos.
Me dijo cuándo nos íbamos, que me asegurara que Liz supiera
cuán amable es por ofrecernos su tiempo. También mencionó que
enfatizara el hecho de que hace esto por la bondad de su corazón. La
mamá de Drew me llamó el otro día y me dijo que siempre que se va de
la casa corre tan rápido como puede hacia su auto, entra, y le coloca
seguro a las puertas.
Me encuentro bastante segura que Liz lo ha marcado de por
vida.
Nos detenemos en la entrada de Carter y Claire, y nos
estacionamos detrás de la van de Liz y Jim.
—Cariño, ¿hoy has abrazado tu vagina? —me pregunta Drew con
una sonrisa de suficiencia mientras apaga el motor y guarda las llaves.
—¿Podrías parar con eso? Ya admití que la doctora Madison fue
una mala idea. Deja de recordármelo —me quejo mientras salgo del
auto y le quito el cinturón de seguridad a Veronica en el asiento trasero.
Drew ha estado burlándose de mí sin parar por nuestra fallida
sesión de terapia de pareja. No entiendo cómo pude haber juzgado a
la doctora Madison tan mal.
—¿No la buscaste en Google, o algo así, con antelación?
¿Averiguaste de lo que se trataba?
—Por supuesto que lo hice —le digo con exasperación mientras
agarro la mano de Veronica y nos dirigimos por el camino de entrada—.
Su dirección en el periódico decía que era de la “nueva generación” y
“santística”. No entendí la cuestión de la “nueva era”. Pensé que
simplemente era una mujer mayor que no estaba feliz con envejecer y
en lugar de contarles a las personas de su edad, inventó algo llamado
“nueva era”. Así como cuando los bebés están recién nacidos. O como:
¿cuántos años tienes? Oh, ¡Soy de la nueva generación!
»Y con eso de ser santística, bien podrías pensar que la sesión
terapéutica se centraría más en ser santos y acercarnos a Dios.
Podríamos necesitar algo santístico en nuestro matrimonio. No hemos
estado en una iglesia en años.
Drew cierra los ojos y sacude la cabeza mientras toca el timbre. Sé
que se encuentra totalmente de acuerdo conmigo y se halla
demasiado molesto por toda la cuestión de la terapia como para decir
algo más.
—¡Ya era hora de que llegaran! —dice Carter cuando abre la
puerta—. Charlotte y Shopia ya se han jalado el cabello, rasguñado los
ojos, y una tiró a la otra en la bañera y encendió la ducha. No estoy
seguro de quien lo hizo, ya que las encontramos a ambas llorando y
empapadas.
Carter retrocede y mantiene la puerta abierta para que entremos.
—¡Hola, hombre, bonita camiseta! —dice Jim cuando se acerca
desde la esquina en la sala de estar.
Hoy, en honor a la noche de juego, Drew usa la camiseta que le
regalé en navidad el año pasado. Tiene una imagen de una alfombrita
de Twister y dice: ¿Qué tal un juego de Twister? Mano derecha en mi
pene y mano izquierda en mi trasero.
—Veronica, ¿por qué no vas a la sala de juegos y ves lo que
hacen las niñas? —le digo mientras me agacho para ayudarla a
quitarse el abrigo.
—¡No me digas qué hacer, mujer malvada!
Me incorporo y miro a Drew.
—¿Qué? ¿Qué puedo hacer si se memorizó toda la película Billy
Madison?
Veronica sale corriendo por el pasillo antes de que pueda
regañarla. Técnicamente es Drew quien necesita ser regañado, pero a
estas alturas no sirve de nada.
—Vamos, todo el mundo se encuentra en el comedor —dice Jim,
a la vez que se gira y muestra el camino.
Una hora después, nos encontramos en mitad de un juego de
Mad Gab. Odio este juego. Bueno, odio cuando es mi turno porque
nunca acierto ninguna. Pero es bastante divertido cuando es el turno
de alguien más. Por un lado de la tarjeta hay una frase popular, pero las
palabras se encuentran mezcladas así que no puedes saber de
inmediato qué frase es. Tienes que decir las palabras en voz alta una y
otra vez hasta que comience a sonar como la frase correcta. Por
ejemplo, en la última que jugamos, la tarjeta decía: Abe Odd Hull Luck
Oak. La respuesta, escrita en la parte de atrás de la tarjeta era: A bottle
of Coke8.
—Muy bien, es el turno de Jenny —anuncia Claire mientras saca
una tarjeta de la caja.
Gruño, preparándome para el hecho de que perderé otra vez.
Claire levanta la tarjeta y leo las palabras, murmurándolas para mí
misma.
—No, no, no. Conoces las reglas, Jenny. Léela en voz alta —me
regaña Liz.
Gruño y comienzo a leer las palabras muy lentamente. —Hiney…
duck… hiss. Hiney… duck… hiss.
Liz se inclina cerca de Claire por lo que las dos pueden ver cuál
debería ser la respuesta y se ríen histéricamente.
—Hiney… duck… hiss. Hiney duck hiss. Hiney duck hiss —digo,
tratando de decirlas un poco más rápido con la esperanza de despierte
algo en mi mente.
Nop.
—¡Ay, Dios, no puedo creerlo! —se ríe Liz, agarrándose el
estómago y apoyando la frente en la cima de la mesa—. ¡Hiney duck!
—Inténtalo diciéndolo muy, muy rápido —sugiere Drew, riéndose
también.
—Hineyduckhiss. Hineyduckhiss. Hineyduckhiss. Esto es tonto, no
tiene sentido —me quejo—. Solo dime la respuesta.
Claire continúa riéndose mientras gira la tarjeta para mostrarnos a
todos la respuesta.

8
Una botella de Coca-Cola. El Mad Gab es un juego de equipo que consiste en adivinar mediante la
fonética las frases de unos pequeños rompecabezas.
—¿I need a kiss? ¿Necesito un beso? ¡Tienes que estar
bromeando!
Realmente odio este juego.
—Ah, les conté, chicos, sobre el acto benéfico que voy hacer en
la tienda este fin de semana, ¿cierto? —pregunta Liz cuando comienza
a guardar el Mad Gab para hacerlo a un lado.
—Mencionaste algo sobre eso, pero refréscame la memoria —
dice Drew mientras se recuesta en su silla y apoya el brazo en el
respaldo de la mía.
—Bueno, ¿saben que el año pasado hicimos una subasta
silenciosa y todas las ganancias fueron destinadas a la Sociedad
Americana de Cáncer? Quería hacer algo un poco más extravagante
este año y con un tema que coincidiera más con mi tienda. Así que, voy
hacer una carrera de vibradores —anuncia Liz.
—Vaya, ¿en serio? —pregunta Drew—. ¿Eso es legal?
—¿Por qué no sería legal? La voy hacer en el estacionamiento
detrás de la tienda, el cual se encuentra completamente cercado, y
habrá seguridad en la puerta para asegurar que solamente mayores de
dieciocho tengan permitido entrar. Tendrá apuestas y diferentes rondas,
y muchas bebidas. Así que, asegúrense de que todos tengan un
fantástico vibrador para llevar. O siempre pueden comprar uno nuevo
en la tienda cuando lleguen allí.
Antes de que pueda hacer alguna pregunta sobre la carrera de
vibradores y cómo funciona exactamente, Claire nos manda a callar a
todos.
—Chicos, ¿notaron algo? —pregunta.
Todos hacemos una pausa y escuchamos.
—Hay mucho silencio. ¿Por qué está tan tranquilo? —pregunta
Jim.
Con cinco niñas en la casa y un niño de diez años,
definitivamente debería haber un montón de ruido proviniendo del
pasillo. El hecho de que hemos sido capaces de jugar sin ser
interrumpidos por una hora entera nos debió haber dado una idea de
que algo sucedía.
Todos saltamos de la mesa y corremos por el pasillo. Drew es el
primero en llegar a la puerta de la sala de juego y se detiene en seco
en la entrada, bloqueándonos la vista.
—Oh, Santa Mary Tyler Moore —murmura antes de girarse y
colocar los brazos en el marco de la puerta para que ninguno pueda
entrar—. NO quieren entrar ahí.
Todos nos quedamos parados en el pasillo, dándonos miradas de
miedo y horror ante lo que posiblemente podría estar pasando al otro
lado de Drew.
¿Alguien se encuentra muerto? ¿Finalmente la pelea de gatos se
puso seria y a una de las niñas le falta un ojo? ¿Qué pasa si es Veronica?
¡Oh, Dios mío, mi bebé va a tener que pasar su vida usando un parche
en el ojo como una pirata! En el día nacional del pirata se esperará que
vista y hable con una voz graciosa durante todo el día, debido a que es
una pirata todos los días y todo el mundo asumirá que realmente es
buena en eso. Pero, ¿qué pasa si no es buena siendo una pirata? Será
odiada por todos por no saber lo que significa “caminar por la
plancha”. ¡Yo ni siquiera sé qué demonios significa!
—Drew, ¿qué demonios, hombre? ¿Qué hicieron? —pregunta
Carter al mismo tiempo que me hace a un lado para poder ver por
encima de los brazos de Drew.
—Oh, mierda —suspira—. Deberías bajar los brazos. Ellas lo van a
ver más temprano que tarde. Claire, primero respira profundo.
Drew finalmente se aparta del camino y todos podemos ver lo
que ha sucedido en la sala de juego.
Las cinco niñas se hallan sentadas en un círculo en el centro de la
habitación, y el rostro de cada una se encuentra completamente
cubierto en marcador negro. Y cuando digo completamente cubierto,
me refiero a completamente. Totalmente. Labios, nariz, párpados,
orejas… todas cubiertas. Todos lentamente entramos a la habitación,
con las bocas abiertas por el asombro. No es hasta que encontramos en
la habitación del todo, que notamos la magnitud del daño. Mientras
giro en círculos, me encuentro un poco asombrada ante los detalles de
las escenas dibujadas en la pared. En marcador negro. En realidad,
pintaron un castillo con una princesa en la torre y una fosa. Es una
imagen muy buena.
—Santo infierno, ¿ese es un dragón? ¿Amigo, quien hizo el
dragón? Es bastante bueno —pregunta Drew.
—¡Yo lo hice! —manifiesta Charlotte. Inmediatamente quita la
sonrisa negra de su rostro cuando ve la mirada asesina en el rostro de
Liz.
—Acabo de pintar éstas paredes —murmura Claire, mientras
adopta una mirada catatónica y se queda mirando fijamente el techo.
—¡Gavin! ¡¿Has estado aquí todo este tiempo?! —grita Carter.
Ni siquiera noté a Gavin sentado en una silla en la esquina, con las
piernas colgando de los apoyabrazos, hojeando un libro.
—Síp —responde mientras continúa pasando las páginas sin
levantar la mirada.
—Mmm, ¿y no pensaste que era necesario decirnos que las niñas
estaban pintándose las caras y las paredes con un marcador
permanente? —lo regaña Carter.
Gavin finalmente aparta la mirada del libro y nota a las niñas en el
centro de la habitación, todas sentadas en silencio y todavía con los
marcadores permanentes en las manos.
—Je, je. ¡Buen trabajo, cara de piojos!
—¡Cállate, pedazo de caca! —grita Ava.
—¡AVA! —grita Liz.
—¿Qué? No tengo permitido llamarlo pedazo de mierda, ¿o sí? —
responde a la vez que cruza los brazos y hace un mohín.
—Tiene razón. No tiene permitido decir “mierda” —le susurra Jim a
Liz.
—Acabo de pintar éstas paredes —murmura Claire de nuevo.
—¡Esta es la mejor noche de juego de todos los tiempos! —
exclama Drew mientras saca su teléfono y comienza a tomar fotos—.
Niñas, digan: ¡Una vez que te pones negra, negra te quedas!
Me acerco y le golpeo el brazo, quitándole el teléfono de las
manos de un tirón. —Muy bien, niñas, todo el mundo de pie, quítense la
ropa y entren al baño.
Liz y yo comenzamos a sacar a las niñas de la habitación y las
llevamos hacia el otro lado del pasillo.
—Gavin, ve a buscar jabón y agua y comienza a restregar estas
paredes —dice Carter mientras se acerca a Claire y la envuelve en sus
brazos.
—¿Por qué tengo que limpiar las paredes? Yo no las pinté. ¡Esto es
una mierda!
—¡Gavin Allen! ¡Acabo de pintar estas paredes! ¡¿Me
escuchaste?! ¡Acabo… de… pintar… estas... paredes!
¡ACABODEPINTARESTASPAREDES! ¡ACABODEPINTARESTASPAREDES!
¡ACABODEPINTARESTASPAREDES —grita Claire.
—¿Se está volviendo loca o intenta hacer otro Mad Gab? —me
pregunta Drew—. Porque si es un Mad Gab, voto por: Derrumbé sus
redes.
Corredores, en sus marcas
Traducido por Mary Haynes
Corregido por Elizabeth Duran

El fin de semana por fin llegó y aunque ha sido una semana


agotadora en el trabajo. Ya que me levanto a cada hora de la noche
por Billy y para darle ocho baños a Veronica en los últimos tres días
tratando de quitarle el marcador del rostro, me emociona ir al evento
de caridad que Liz tendrá. Y no mentiré, me siento un poco nerviosa.
Nunca he sido tímida a la hora del sexo. Nunca. Pero desde que tuve a
Billy, no me siento sexy. Lo más probable es que sea por el hecho de
que tengo tal vez unas tres horas de sueño cada noche. Pero de todos
modos, creo que hoy será bueno para Drew y para mí. La terapia de
pareja fracasó y la cena con nuestros vecinos no nos proporcionó
ningún tipo de ayuda, así que espero que quizá esto funcione. Tal vez
me dará la chispa que necesito para sentirme sexy y regresar al tren del
sexo. Lo lamento por Drew. Solíamos tenerlo todos los días, en ocasiones
hasta dos o tres veces. Sé que se halla frustrado. Igual que yo. Quiero
desear tener sexo. Lo echo de menos. Extraño el sexo con él. Estoy
decidida a tener éxito el día de hoy, a pesar de que todo lo que quiero
hacer es ir a dormir.
—Bien, tienes tu conejo tradicional que posee cuentas rotatorias y
orejas de conejo tentadoras. De acuerdo con mi gráfica, tiene una tasa
de éxito del cien por ciento con una finalización de cinco punto tres
minutos —afirma Drew mirando a una página de la carpeta en su
mano.
Nos encontramos en nuestro dormitorio con todos mis vibradores
esparcidos por el suelo. Drew se halla determinado a que gane la
carrera de hoy, por lo que pasó toda la semana analizando los
vibradores, haciendo diagramas de flujo y realizando pruebas de
diagnóstico en ellos.
—Después, tenemos tu bala de plata estándar. Es simple, directa y
podría ser nuestro as bajo la manga. Nunca mejor dicho. A nadie se le
ocurriría utilizar la bala porque es pequeñísima. Pero este bebé golpea
bastante fuerte, destaca en mi informe por una tasa de éxito del cien
por ciento dentro de dos punto siete minutos. Opino que realmente
necesitamos separarla como un competidor.
Recojo la bala de plata y la coloco lejos del resto.
—Me siento nerviosa por esta carrera. ¿De verdad crees que
tengo la oportunidad de ganar?
Drew cierra la carpeta y se agacha junto a mí, en donde me hallo
sentada en el suelo. —Bebé, tienes esta cosa en la bolsa. Podrías
ganarlo con los ojos cerrados y los brazos cortados. Solo tienes que
creerlo.
Asiento y lo aliento a que continúe con la carpeta de estadísticas.
Treinta minutos más tarde, hemos reducido nuestra selección a los
mejores dos, que es bastante sorprendente, teniendo en cuenta que
tengo treinta y siete vibradores, ni más ni menos. A medida que
empacamos el arcoíris de objetos coloridos y los colocamos de nuevo
en nuestra maleta de diversión para volverla a deslizar debajo de la
cama, escucho la puerta abrirse y cerrarse.
—¿Se encuentran los dos soldados listos para la acción de hoy? —
declara Andrew padre desde nuestra puerta del dormitorio.
Nuevamente, se ofreció para hacer de niñera. No puedo
permanecer enojada con él, ya que parece que esta oferta de ser
niñera estará sobre la mesa durante un largo tiempo.
—Afirmativo, señor. Estamos completamente listos —manifiesta
Drew mientras me levanta del piso y recoge la bolsita de terciopelo
negro que alberga la bala de plata.
—¿Limpiaste tu arma y la cargaste con baterías nuevas? Un arma
limpia y que funcione adecuadamente es un arma feliz —nos informa mi
suegro.
—Las cámaras fueron limpiadas, las baterías fueron reemplazadas
y este soldado se encuentra listo para la batalla —dice Drew
envolviéndome un brazo alrededor del hombro y jalándome a su
costado.
—Sé lista, mantén la cabeza baja y, por el amor de Dios, no seas
una mariquita —me aconseja Andrew—. La cosa más mortal en este
mundo es un soldado y su arma. Respétala y te respetará, ¿está claro?
Asiento y murmuro—: Sí.
—Sí, ¡¿qué?!
—¡Sí, SEÑOR! —grito, llevándome la mano a la cabeza y
saludándolo.
—En descanso, soldado.
Sorprendentemente, su charla me motivó y quitó los nervios.
Entraré en la carrera y lo ganaré todo. Les mostraré a esos tontos cómo
se hace. No he sido una persona aventurera sexualmente toda mi vida
adulta para nada. ¡Esta carrera es mía!
Drew se cambió a una camiseta motivacional que consiguió solo
para mí. Tiene la imagen de un vibrador y las palabras: ¡Mi esposa es la
número uno masturbándose!
Dejamos a su papá con un Billy dormido y una Veronica
hiperactiva, ya que Drew le permitió comer tostadas con azúcar para el
desayuno. Me sorprende la cantidad de autos estacionados alrededor
de la tienda de Liz y Claire. Finalmente encontramos un lugar y
caminamos por el costado de la tienda, que se encuentra llena de
personas mirando la selección de vibradores.
—Observa a todos estos perdedores intentando escoger un
vibrador ganador a último minuto —susurra Drew cuando caminamos
entre todos, para así poder llegar a la puerta trasera y salir al
aparcamiento en donde se celebra el evento—. Con mis reportes de los
análisis, esta carrera es toda tuya. No se puede entrar a algo como esto
sin un juguete con el que ya estés familiarizado. ¿Estas personas no
saben nada? ¿Cómo esperan ganar una carrera con un juguete que
nunca han usado? ¿Cómo es que saben siquiera que encajarán con
ese juguete? Te digo, completos aficionados.
Me pongo más y más emocionada al oír lo que Drew me dice.
Tiene razón. Conozco bastante a mi bala. Tenemos historia. Es el primer
juguete que compré a los dieciocho años. Hemos recorrido un largo
camino desde entonces. Este pequeño individuo en mi bolsillo ha
estado conmigo en las buenas y las malas. Hoy no me decepcionará.
—¡Hola, chicos! —nos saluda Liz apresurándose hacia un lado de
la carpa de comida en donde nos hallamos ahora. Sostiene un
sujetapapeles en la mano y revisa una hoja de papel que tiene
pegada—. De acuerdo, Jenny, te toca la primera prueba clasificatoria
de la ronda número uno. Se hará en la carpa junto al puesto de
cerveza.
Echo un vistazo a la dirección a la que apunta y frunzo el ceño.
—Mmm, esa tienda está completamente abierta. Como que
pensé que sería un poco más privado —digo, mirando nerviosamente a
Drew.
—Está bien, podemos trabajar con eso —me tranquiliza.
—¿Por qué tendría que ser privado? Es solo una carrera. Y todos
aquí saben lo que pasa. No habrían venido si tuvieran un problema —
explica Liz.
Tiene razón. Todos recibieron una invitación explicando lo que
pasaría hoy, así que me imagino que saben lo que verán. Supongo que
simplemente no pensé en el hecho de que me verían. Oh, bueno,
quiero volver a tener chispa, por lo que creo que es una forma tan
buena como cualquier otra.
Liz nos desea buena suerte y se va corriendo para saludar a más
personas y decirles en qué carpa de carreras se encuentran. Drew y yo
caminamos al puesto de cerveza que se halla al lado de donde
competiré. Se forma en la fila y pide una cerveza para cada uno.
—Bébetela. Luces como si la necesitaras —me informa al
entregarme un vaso de plástico rebosante de cerveza.
Me la tomo tan rápido como puedo y le entrego el vaso vacío. Lo
deja y se mueve detrás de mí para frotarme los hombros.
—Observé la competencia en nuestra carpa. Hay algunas
personas mayores que parecen asustadas. Una chica en camiseta
púrpura que luce fuerte, pero ¿ves cómo golpetea su pie? Se encuentra
nerviosa. Tú te encuentras fresca como un pepino. Así es cómo ganarás.
No muestres miedo, nena. Tal vez deberías estírate —me aconseja.
En lo que sigue masajeándome los hombros, ruedo la cabeza de
lado a lado y agito las manos. Me agarro el codo y estiro el brazo por
delante de mi cuerpo, repitiendo la acción con el otro. Liz anuncia por
el micrófono que las primeras eliminatorias empezarán en diez minutos.
Drew me da la vuelta para mirarlo de frente y me sostiene el rostro entre
las manos.
—Repite después de mí. Soy una ganadora.
—Soy una ganadora —digo.
—Soy más impresionante que todas estas personas —afirma.
—Soy más impresionante que todas estas personas.
—Si gano esto, llevaré a mi marido a casa y lo follaré hasta que se
desmaye.
Lo miro por un minuto, alzando una ceja ante su declaración.
—¡Dilo!
Suspiro y ruedo los ojos. —Si gano esto, llevaré a mi marido a casa
y lo follaré hasta que se desmaye.
Drew sorbe. —Creo que lloraré.
—¿Qué pasa, idiotas? —pregunta Jim cuando se acerca a
nosotros con Carter y Claire.
—Le doy a Jenny una charla motivacional de último minuto antes
de la competencia —informa Drew.
—No es necesario —dice Carter—. Claire pateará el culo de todo
el mundo.
Drew se ríe y niega. —Oh, eso es hilarante, ¡pito flojo! De hecho, sé
que Jenny se llevará la victoria.
—¿Victoria? ¿Quién es Victoria? ¿Es alguna clase de vibrador
ganador o algo? ¿La carrera se llama así por esta chica, Victoria?
Claire me da una palmada en el hombro y me sonríe. Supongo
que ya sabe sobre Victoria. Siempre soy la última en enterarme de todo.
—¿Qué juguete escogió? —le pregunta Carter a Drew.
—¡La bala de plata, nene!
Carter se ríe y niega. —¿En serio? La bala es como el abuelo de
los vibradores. ¿Seguro de que puede durar el tiempo suficiente sin
necesidad de tomar una siesta? No hay manera de esa cosa vaya a
ganar.
Drew se cruza de brazos y lo mira. —¿En serio? Entonces, ¿qué
vibrador asombroso usará Claire?
Carter sonríe, envuelve los brazos en la cintura de Claire desde
atrás y apoya la barbilla en la parte superior de su cabeza. —La nueva y
recién salida de la fábrica: La Mariposa FX Dos mil.
Ahora es el turno de reír de Drew, lanza la cabeza hacia atrás y
deja escapar una carcajada. —¿La Mariposa FX Dos mil? ¡Tiene que ser
broma! ¡Es un juego de niños! ¿Incluso leíste las reseñas de esa cosa?
¿Hiciste pruebas de velocidad de viento y probaste la calidad
sumergiéndolo en agua? No se puede entrar en esta cosa a medias,
amigo, en serio deberían dejarles esta carrera a los profesionales.
—¿Qué tal si hacemos una apuestita por la carrera? —pregunta
Jim, sacándose la cartera del bolsillo trasero—. Apuesto diez dólares por
Jenny.
Claire le da una mirada sucia. —¡Oye!
—Lo siento —dice encogiéndose de hombros—. Jenny es una
experta en estas cosas. Tú solo lo has hecho por un tiempo. Te lleva
muchos años.
Todos los hombres hacen sus apuestas y Jim se aferra al dinero, ya
que no tiene una esposa en la carrera. Liz anuncia por el micrófono que
todos deben entrar en sus carpas asignadas debido a que las carreras
ya empiezan. Claire y yo iremos a la misma carpa para la primera
eliminatoria y eso me calma un poco los nervios. A pesar de que a Drew
se hallará cerca, tener una amiga conmigo me pone aún más cómoda.
Caminamos juntos a la carpa y saludamos a los demás
participantes. Hay otras seis mujeres y dos hombres. Realmente no
entiendo por qué los hombres se encuentran aquí y los dejan participar.
¿Cómo funciona exactamente eso? En realidad, no parece justo, ya
que podrían realizar esta competencia con bastante facilidad y sin un
vibrador, pero ni modo. Yo no hago las reglas. Sé con seguridad que Liz
sabe lo que hace.
Según el juez en nuestra carpa, todos en la carrera irán al mismo
tiempo. Me gusta esa idea mucho más que el hacerlo individualmente
ya que no todos me mirarán. Sin embargo, no da ninguna otra
explicación, y miro fijamente a la mesa delante de nosotros con
confusión.
—¿Se supone que debo levantarme en esa cosa? —le pregunto
en voz baja a Drew.
Ve que nadie a nuestro alrededor se mueve para subirse a la
mesa. Tienen sus vibradores elegidos y prueban las velocidades.
—No sé para qué es la mesa. No es como si todos pudieran subirse
a la vez. Quizá como apoyo. Para aferrarte si lo necesitas. Hubiera sido
mejor si dieran catres o algo así, pero tienes que trabajar con lo que
tienes.
Me encojo de hombros, saco del bolsillo la bolsa de terciopelo,
deslizo la bala y jugueteo con el control de velocidad.
—Sé que por lo normal empiezas lento e incrementas la
velocidad, pero ahora no es el momento de ir lento. ¡Maneja a ese
cachorro a toda velocidad y acaba con estos hijos de puta! —dice con
entusiasmo.
—¡Corredores, en sus marcas! —grita el juez.
Todo el mundo empieza a aplaudir, silbar y animar. Agarro la bala
en mi mano, revisando dos veces que el control se ajuste a la velocidad
más alta. Le echo un vistazo a Claire, quien tiene su mariposa
descansando en la parte superior de la mesa. Noto que todos los demás
en la competencia hicieron lo mismo.
¿Se supone que también tengo que poner la bala en la mesa?
¿Esa es la posición de arranque?
Decido hacer lo que hacen los demás y coloco el cilindro de
plata en la superficie de la mesa en medio de un conejo rosa y un delfín
amarillo.
—¡Listos! —grita el juez.
Todos en la mesa se encorvan sobre sus juguetes. Drew y los
chicos retrocedieron unos metros para darnos espacio. Como que
quiero decirle que vuelva a acercarse porque se me facilitaría más si me
tocara de alguna manera al mismo tiempo, pero como comentó, tengo
que trabajar con lo que tengo.
—¡Fuera! —grita el juez, sosteniendo una pequeña bocina sobre su
cabeza, presiona el botón para que un ruido sonoro indique que la
carrera ha comenzado.
Con rapidez retiro la bala de la mesa, cierro los ojos y empujo la
mano que la agarra a la parte delantera de mis pantalones. La
sugerencia de Drew sobre usar pantalones de yoga sin ropa interior es
genial. Tengo un fácil acceso sin tener que desnudarme delante de
toda esta gente.
Oigo gritos y chillidos de—: ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! —a mi
alrededor, pero lo bloqueo todo, presiono el botón de encendido en el
vibrador y me concentro.
Tan pronto como la bala me toca el clítoris, sé que no tomará
mucho. No mentía cuando dije que extrañaba el sexo. No tener tiempo
ni energía para incluso masturbarme últimamente, acumuló mi
necesidad aún más.
Hay algunas exclamaciones de la multitud y me parece que oigo
a alguien decir—: Oh, dulce Jesús —pero no me importa lo que ocurra
con los otros competidores.
Me froto con la bala y ya puedo sentir los pequeños
estremecimientos de placer disparándose por mis piernas. Cierro los ojos
con fuerza y pienso acerca de aquel momento cuando Drew y yo
tuvimos sexo en una pila de viejos peluches de su infancia que estaba
en nuestro sótano. Las cosas que ese hombre podía hacer con un
perrito de peluche...
No puedo detener los gemidos que se me escapan de los labios a
medida que todavía sostengo la bala contra mi clítoris y la dejo hacer
todo el trabajo para llevarme al final. Vuelvo a pensar sobre el sexo en
el sótano, en Drew ladrando, y eso es todo lo que se necesita para
enviarme sobre el borde, hacia el olvido. Grito mi liberación y con la
mano libre golpeo la mesa para mantenerme firme en lo que me
atraviesa el orgasmo. Cuando el hormigueo se detiene y el orgasmo
termina, rápidamente me saco la bala de los pantalones y la coloco en
la mesa, poniendo los brazos al aire por la victoria.
Me centré tanto en el orgasmo y en los recuerdos del sexo en el
sótano que ni siquiera me di cuenta de lo tranquila que se hallaba la
carpa. Abro los ojos y veo que la gente me mira junto a todos los
vibradores rebotando en la mesa.
—Eh, cariño. Creo que pudimos haber confundido un poco las
reglas de la competencia —dice Drew viniendo detrás de mí.
Dios mío. ¿Era la única masturbándose? ¡¿Qué mierda?!
—Uh, no sé bien cómo elegir al ganador de esta carrera —dice el
juez desde el otro lado de la mesa, luciendo claramente un poco
confundido.
—¿Por qué diablos no me detuviste? —le susurro frenéticamente.
—Todo sucedió tan rápido. Y para ser honesto, me sentía
demasiado caliente —dice Drew.
—Creo que obviamente gané la apuesta —dice Jim a mi otro
lado, en donde Carter y Claire se ríen histéricamente—. Juez, creo que
Jenny tiene que ser la ganadora de esta eliminación solo por la
creatividad.
Todos en la carpa dejan escapar un rugido de aprobación, hay
tantos vítores y aplausos que gente de otras carpas se acercaron a ver
lo que pasa. Me siento tan avergonzada que ni siquiera soy capaz de
moverme. Lo único que puedo hacer es mirar a todos los vibradores
rebotando en la mesa frente a mí hasta que la Mariposa FX Dos mil de
Claire alcanza al resto y rebota justo al lado de la orilla de la mesa,
donde ahora veo pintada una línea de meta a cuadros blancos y
negros.
—¡Maldita sea! —grita Claire—. ¡Podría haber ganado totalmente
esa cosa!
—Así que, nena, sobre las palabras de ánimo antes de la
carrera…
Lo interrumpo antes de que pueda decir algo más. —Ni siquiera lo
pienses. ¡No conseguirás ser follado hasta desmayarte esta noche!
Doctor Duque de Earl
Traducido por Adriana Tate
Corregido por Βelle ❤

Al contrario de la creencia popular, quedarse en una carrera de


vibradores y permitirle a tu esposa masturbarse en una carpa llena de
extraños cuando en realidad se suponía que colocara el vibrador en
una mesa para competir, no conseguirá que eches un polvo. Incluso si
te lo promete. Intento hacer que cambie de idea durante dos horas
después de llegar a casa. Mi padre no es de ayuda. Una vez que
descubrió lo que ocurrió, obtuve un regaño de cuarenta y cinco
minutos sobre cómo jamás se debe dejar a un hombre detrás. Cuando
se va, Jenny me dice que duerma en el sofá y consuele a mi pene por
mi cuenta.
Lo intento. Pero cada vez que obtengo un buen tirón y comienzo
una sesión, escucho a Billy llorar por comida en la planta superior. Todo
es diversión y juegos hasta que tus hijos empiezan a llorar justo antes de
que liberes los demonios. Hablando de asesino de erecciones.
Hoy tengo la casa para mí solo y pensarías que me la pasaría
consolando a mi pene, pero no. Tengo otros planes. Jenny se llevó a Billy
a la tienda de Claire mientras hace un poco de contabilidad, y
Veronica estará en la guardería por un par de horas. Usaré este tiempo
sabiamente. Con la ayuda del pequeño paquete que recibí ayer por
correo, arreglaré mi vida sexual con Jenny en noventa minutos. Pedí un
disco de autoayuda llamado: Cómo regresar la chispa a tu matrimonio.
Cerré las persianas, aseguré las puertas, y me coloqué mi camiseta
motivacional favorita: Servicio de grúas Camel; pregúntanos acerca de
nuestros descuentos de Moose Knuckle.9
Agarro el paquete de mi bolso del trabajo, en donde lo escondí
ayer después de recibirlo, lo desenvuelvo y saco el disco de la caja. Lo

9
El original dice: “Camel’s tow service” que suena muy parecido a “camel toe” (pie de camello) la versión
femenina de Moose Knucle que es cuando se marcan los genitales en la ropa.
meto en el estéreo en la sala de estar, subo el volumen y presiono
reproducir.
—¡Bienvenido y gracias por comprar: Cómo Regresar la Chispa a
tu Matrimonio!
—¡No hay nada que agradecer! —le contesto a la voz del hombre
que sale de los altavoces. Es británico y los británicos siempre suenan
inteligentes cuando hablan, así que debe ser bueno—. ¡Hola, buen
hombre!
¿Ves? Ya me hizo más inteligente. Hablo con acento británico.
—¿Qué le parece una taza de té con la reina?
—Póngase cómodo mientras comenzamos nuestra primera
lección.
—Muchas gracias —le digo en tanto me siento en el sofá.
—Primera lección: Cumplidos. Repita después de mí: Hoy te ves
hermosa, inserte el nombre de la esposa aquí.
—Hoy te ves hermosa, inserte el nombre de la esposa aquí.
—¿Has perdido peso?
—¿Has perdido peso? Hombre, esto es demasiado fácil. Seré el
mejor.
—Quítate la ropa y hazme una mamada.
—Quítate la ropa y hazme una mamada.
—Esa fue una trampa. Si repitió esa última línea, nunca conseguirá
echar un polvo otra vez.
—¡Oyeeeee, no es justo! ¡¿Qué tipo de autoayuda es esta
porquería?!
—Segunda lección: Ayudar en las tareas de la casa. Repita
después de mí: ¿Puedo ayudarte con esos platos?
—Esto nunca funcionará. Sabrá que pasa algo si digo esa mierda.
—¡Dígalo o nunca volverá a echar un polvo!
—¡Hijo de la mierda! ¿Puedes oírme? —le pregunto al estéreo con
confusión.
Suspiro y me imagino que es mejor hacer lo que me dice o se
pondrá realmente furioso. No necesito a un tipo de autoayuda
enojándose conmigo o dejará de ayudarme. —¿Puedo ayudarte con
esos platos?
—No te preocupes, cariño, doblaré la ropa.
—¿En serio? ¿Esperas que me crea que doblando la ropa
conseguiré echar un polvo? ¿Siquiera sabes de qué hablas? —le
pregunto al estéreo.
—Sé lo que hago. Dígalo.
El tipo del estéreo comienza a enojarse un poquito. Como que le
temo ahora. Quiero apagarlo pero tengo miedo. Sabe dónde vivo.
—No te preocupes, cariño, doblaré la ropa —digo con
nerviosismo.
—¡Dígalo como si realmente quisiera decirlo, imbécil!
—¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡De acuerdo, cariño, doblaré la ropa! ¡En
serio, lo haré! ¡Me encanta doblar la ropa!
—Tercera lección: Ayudar con los niños. Repita después de mí: Yo
me levantaré con, inserte el nombre del niño aquí. Vuelve a dormir.
—Yo me levantaré con, inserte el nombre del niño aquí. Vuelve a
dormir —digo rápidamente, para poder quedarme con el lado bueno
del tipo del estéreo. Necesito pasar esta mierda o mi pene bateará solo
por siempre.
—¿Por qué no vas un día al spa? Yo cuidaré de los niños.
—En realidad, esa no es una mala idea. ¿Por qué no vas un día al
spa? Yo cuidaré de los niños.
Tal vez juzgué al tipo del estéreo demasiado rápido. Digo, trata de
ayudarme. Quiere lo que es mejor para mí, y lo mejor para mí es la
vagina de Jenny.
—No cambiaré ese pañal. Ni siquiera sé si el niño es mío.
—No cambiaré ese pañal. Ni siquiera sé si el niño es mío.
—¡Cayó de nuevo, idiota! Es como si ni siquiera lo intentara. ¿Por
qué pierdo mi tiempo con usted?
—¡Maldición! ¡Deja de darme oraciones trampas! Quieres que
caiga, ¿no es así? ¡Te odio, tipo del estéreo!
—No se moleste conmigo. Mi esposa todavía me lo hace todos los
días. Es usted el del problema.
—¡No tengo un problema! ¡Tú tienes un problema! ¡Vives dentro
de un jodido estéreo! ¡Eres estúpido y tu voz es estúpida!
—Estoy en su casa ahora. Sé dónde vive y puedo verlo. No me
haga enojar.
—Oh, no, ¡no acabas de decirme eso, pedazo de mierda! —Me
levanto del sofá y me apresuro al estéreo, lo saco del estante y lo dejo
caer al suelo—. ¡Ja! ¡Intenta ayudarme ahora, imbécil!
—Todavía puedo oírlo. No puede deshacerse de mí así de fácil.
—¡¿Qué quieres de mí?! —le grito, al tiempo que giro en círculos
en medio de la sala de estar con los brazos estirados.
Corro hacia la caja de plástico del disco que tiré al suelo y la
recojo, verificando la parte de atrás en busca de información acerca
del tipo que lo grabó. ¡No dejaré que me aterrorice!
—Oh, jo, jo, ¡Doctor Earl Michaelson! ¿Qué tipo de nombre
británico es ese? Espera, ¿El Duque de Earl no era británico? ¿Es este el
Duque de Earl? ¿El Duque de Earl me amenaza? ¡Ahora sé quién eres y
dónde vives! ¡Te metiste con el hombre equivocado, Duque de Earl!
Llamaré a este tipo y lo pondré en su lugar.
—Yo no haría eso si fuera usted.
—¡Mucho alardeo para un pequeño Duque, tipo del estéreo!
Saco el celular y busco la información del hombre en un
buscador. Oh, buscador, cómo te amo. Hay un número telefónico para
que todo el mundo llame. Por supuesto que lo hago. Marco el número y
espero a que alguien atienda.
—¿Se encuentra el Duque de Earl? No sé, cómo la canción
“Duque, Duque, Duque, Duque de Earl, Earl, Earl”. ¡Cállese! ¡Tengo una
voz increíble!
Me alejo el teléfono de la oreja cuando escucho el tono.
—Estúpido Duque de Earl. Necesitas contratar mejor ayuda para
contestar tus teléfonos —murmuro mientras presiono volver a marcar.
—Sí, ¿se encuentra el Doctor Earl? —digo, haciendo una voz más
profunda—. ¡No me importa si se halla con una paciente, póngalo en el
maldito teléfono! ¡No se atreva a colgarme! ¡Mierda!
Vuelvo a marcar, aclarándome la garganta y preparando una
voz diferente.
—¿Se encuentra el doctor Earl? Es su madre —digo en una voz
femenina chillona—. Oh, ¿su madre murió? ¡Probablemente porque la
mató con sus horribles consejos! ¡Póngalo al teléfono!
El tono de nuevo. ¿Qué ocurre con estas personas?
—No hemos terminado con nuestra lección todavía, hijo de puta.
—¡No soy un hijo de puta, TÚ ERES UN HIJO DE PUTA! —le grito al
estéreo roto en el suelo. ¿Cómo demonios me sigue hablando? Es como
la película Chuckie. Ese maldito muñeco no se moría. ¿Cómo rayos
matas a un disco que no se morirá?
Llamo al número otra vez e intento una táctica diferente. —Sí, le
habla Punjab de Checoslovaquia. El doctor Earl nos pidió algo y
necesito hablar con él inmediatamente. ¿A qué se refiere con que
Checoslovaquia ya no existe? ¿Cuándo demonios sucedió? Guau, mil
novecientos noventa y dos, ¿de verdad? Probablemente debería
haberlo aprendido en la escuela. ¿No bromea? Pero todavía se halla
allí, ¿no es así? ¿No es como si lo hubieran volado o algo así?
Interesante. No, ningún mensaje.
Cuelgo el teléfono y me doy cuenta de que me volvieron a
engañar. Como si realmente se deshicieran de algún lugar llamado
Checoslovaquia. ¿Qué harían con todos los checos? No nací ayer, sé
cuándo alguien me toma el pelo.
Ya que llamar al Duque y decirle que se vaya a la mierda no se
podrá, simplemente le envío un correo. Abro mi correo electrónico en el
celular y escribo la dirección de correo que encontré en el buscador.
Querido Doctor Duque de Earl de mierda,
Acabaré contigo, amigo. Te haré pagar por esto…

—Sí, oficial. Lo entiendo. No, prometo que no habrá más


problemas. Dígale al doctor Michaelson y a su familia que lo sentimos
muchísimo por asustarlo. Simplemente envíeme la factura de su estadía
en el hotel.
Jenny cierra nuestra puerta principal y se gira para mirarme sin
decir una palabra.
—¿Puedo expli…?
—Oh, creo que ya has hablado demasiado hoy —me
interrumpe—. ¿En serio, Drew? ¿Amenazar a un psiquiatra y a su familia?
Llevó a su esposa y a sus hijos a un hotel porque temían por sus vidas.
Se aleja de la puerta y empieza a recoger las piezas del estéreo
en el suelo de la sala de estar. Puede que me emocionara bastante en
mi necesidad de destruirlo. Algunos pedazos volaron en dirección de la
cocina cuando lo pisoteé en repetidas ocasiones. De acuerdo con
todas las películas de terror, tienes que desmantelar las piezas y
esparcirlas alejadas para que no puedan juntarse y formar un monstruo
incluso más aterrador que te cazará y te matará. ¡Protegía a mi familia!
—Oh, por favor, como si huir de su casa fuera realmente
necesario —le explico a medida que la ayudo a recoger los pedazos de
plástico.
—Le dijiste que te escabullirías en su casa y lo observarías al
dormir.
Resulta ser que el disco que compré era una falsificación. Algún
empleado insatisfecho que trabajaba en la tienda en línea en donde lo
compré reemplazó un montón de los discos de autoayuda con uno que
hizo en casa. No solo habían reemplazado los discos del doctor Earl.
Había aproximadamente cientos personas de autoayuda allá afuera a
quienes también les pasó. Ups.
—¿Por qué siquiera compraste un disco de autoayuda? —
pregunta mientras se levanta y lleva la pila de pedazos hacia la cocina
para tirarlos en la basura.
Le miro el trasero al alejarse e intento recordar la última vez que
puse las manos encima de él.
—Hoy te ves muy hermosa. No te preocupes por los platos. Me
encargaré de ellos —le digo cuando tiro después de ella mi propia pila
de pedazos en el bote de basura.
—¿De qué hablas? Tenemos lavavajillas —dice, sacudiendo la
cabeza al salir de la cocina.
—¡Muy bien, cariño! Doblaré la ropa —le grito retractándome.
—Doblé la ropa ayer —me grita en una respuesta molesta.
—Vete a la mierda, doctor Earl. Y falso doctor Earl que grabó el
disco falso —murmuro para mí mismo mientras apago las luces de la
cocina y sigo a Jenny arriba para ver si me permitirá dormir en la cama
esta noche. Voto por un no, pero no pierdo nada con preguntar.
Llego a la cima de las escaleras y mi almohada y una sábana ya
se ubican en el pasillo, cerca de la puerta cerrada de nuestro
dormitorio. Con un suspiro, recojo las cosas y me dirijo abajo.
Me acurruco en el sofá y abro la aplicación de porno en mi
celular.
—Al menos todavía te tengo a ti, amiguito.
Unos pocos segundos más tarde, un mensaje aparece en la
pantalla diciendo: La aplicación de porno se encuentra temporalmente
en mantenimiento. Por favor, inténtelo más tarde.
Oh, Dios mío, inclusive el porno no quiere que tenga ningún tipo
de satisfacción.
Obviamente, el universo me odia.
¡Vagina!
Traducido por Mire
Corregido por Sandry

—Los policías se quedaron en la casa durante dos horas


interrogando a Drew. Fue tan vergonzoso. Seguramente todos los
vecinos vieron el auto de policía en nuestra entrada —me quejo con Liz
mientras añado una nueva entrada en el blog de la página de Internet
de su tienda.
—Cierto. Como si eso fuera lo más mortificante que tus vecinos
han visto en tu entrada —contesta al tiempo que utiliza un cuchillo para
cortar la cinta de arriba en una de las cajas de inventario que acaban
de llegar.
—La noche de brujas de hace dos años fue un accidente. No
sabía que la pintura corporal era inflamable, y Drew se encontraba un
poco demasiado cerca de las calabazas que tallamos —explico
dándome la vuelta en la silla del ordenador para ayudarla a sacar
algunos de los elementos de la caja.
—Drew se detuvo, se tiró y rodó desnudo en el jardín de tu vecino.
¿No incendió el árbol de arce de este último?
Saco tres paquetes de lubricantes sabor a piña colada y los
pongo a un lado. —Fue un arbolito de arce. No uno grande. Y el fuego
se apagó rápido. No fue la gran cosa.
Aleja la caja vacía, levanta otra y la abre.
—Creo que es la gran cosa cuando los dos se encuentran
parados en el jardín de su vecino con nada más que pintura corporal
brillante —dice con una sonrisa.
—Aun así, no puedo creer que amenazara a alguien. Y además a
una persona psiquiátrica. ¿Cómo si el hombre no tuviera suficientes
problemas al estar loco? Ahora tiene que preocuparse de mi esposo. ¿Y
si el que le enviara ese correo lo empujó al borde y se mata o algo así?
—Es un psiquiatra, no una persona psiquiátrica. No se halla loco;
ayuda a personas locas. Suena como si Drew debiera ser su paciente —
comenta inexpresiva.
—Oía un disco de autoayuda. ¿Te conté esa parte? Se llamaba:
Cómo regresar la chispa a tu matrimonio. Perdimos nuestra chispa —
sollozo.
—Te amo, pero no llores. Te daré un puñetazo en el rostro si lloras.
No soporto a los llorones. No perdieron la chispa. Solo se fue…
temporalmente de vacaciones —explica, vaciando la caja.
—¿Por qué demonios se fue de vacaciones? ¡Nunca le dije que
podía irse de vacaciones! Necesito mi chispa, Liz. No entiendes.
¡Necesito mi chispa para vivir! —gimo.
—Parece que encontraste bastante chispa en la carrera de
vibradores —se burla—. Tuviste una ovación de pie durante la
ceremonia de premios. La gente me ha preguntado dónde pueden
comprar el video.
—Bueno, ya estamos bajo contrato con la empresa por la que
entramos en el concurso de película casera, así que tendría que
consultarlo con ellos y ver. Podría haber un conflicto de incesto —le
digo.
—Jenny. Por el amor de Dios, piensa antes de hablar. Primero di lo
que quieras decir en tu cabeza antes de abrir la boca —me dice
seriamente.
—¿Qué? Incesto significa estar relacionados, ¿no? Drew y yo lo
estamos.
Liz deja de vaciar la caja y me mira fijamente con horror.
—¿Qué. Mierda?
Le pongo los ojos en blanco y tomo el paquete de vibradores de
conejo de su mano. —Mmm, ¿hola? Somos marido y mujer. Por lo que
estamos relacionados. Y crees que soy tonta. —Liz se pone la cabeza
entre las manos y gime para sí misma. Me inclino y le doy palmaditas en
la espalda con compasión—. No hay problema, las cosas también me
confunden a veces.
»¿Qué debo hacer, Liz? Probé lo de fingir, y pensé que
funcionaría, pero las siguientes dos veces que le propuse hacerlo otra
vez me dijo que no. ¡En serio me rechazó! Dice que echa de menos mi
vagina, pero creo que miente. Solía tener una vagina tan
impresionante. ¿Y si ya no lo es? Necesito una segunda opinión. Liz, mira
mi vagina.
Liz se levanta de la caja y comienza a retroceder.
—Aléjate —declara.
—No, en verdad, creo que esto es lo que necesito. A alguien que
sea sincero conmigo. Mira mi vagina —le digo, empezando a
desabrocharme los pantalones.
Alza las manos y se tropieza con un estante de la pared,
vibradores y lubricantes se caen al suelo. —Aléjate, Jenny. Retrocede y
nadie saldrá herido.
Me desabrocho los pantalones y me los bajo hasta la mitad de los
muslos.
Lo bueno es que hoy traigo buena ropa interior.
—Un vistazo, es todo lo que pido. Solo mira mi vagina y dime si
todavía se ve bien o si es un completo desastre —imploro.
—Oh, Dios mío, mis ojos, ¡mis ojos! —grita, tapándose el rostro con
las manos.
—Liz, ¡MIRA MI VAGINA! —grito a medida que me le acerco
cojeando y mis pantalones se me deslizan hasta las rodillas—. ¡No me iré
de aquí hasta que me mires la vagina!
Escucho un grito ahogado y me doy la vuelta para ver a Jim
parado en la puerta, mirándonos. Me pongo las manos en las caderas y
lo miro. »Circula, Jim. No hay nada que ver aquí.
Sacude la cabeza de un lado a otro, sus ojos nunca parpadean
en tanto nos mira a mí y a Liz, una y otra vez.
—He soñado con este momento —susurra—. He orado, se lo he
pedido a las estrellas, lo he deseado en pozos con monedas de un
centavo… mis oraciones fueron contestadas. Dios es bueno.
Liz resopla y camina detrás de mí, agarra los pantalones y los jala
sobre mi trasero.
—Nooooooo —lloriquea Jim—. Se supone que debe ser diferente.
—Oh, por el amor de Dios, cállate. Gírate, sal de esta habitación
ahora mismo, y nunca vuelvas a hablar de esto —le advierte Liz mientras
yo me abrocho y subo la cremallera.
—Mis sueños… se rompen justo frente a mis ojos —dice Jim con un
triste suspiro, se da la vuelta y se va.
Liz viene frente a mí y me agarra los hombros. —Estás bien, tu
vagina se halla bien, olvidarás todo sobre esta mierda y vendrás
conmigo y Claire a la inauguración del Festival de Música de Blossom
este fin de semana.
Empiezo a negar, y me pone la mano sobre la boca cuando la
abro para protestar. —Vienes con nosotras. Fin de la historia. Vamos a
tener una noche de chicas, beberemos un montón cerveza,
escucharemos versiones diferentes de bandas de los ochenta y
encontrarás tu chispa. Sé con seguridad que va a estar en el fondo del
tercer vaso de cerveza. Y si alguna vez me vuelves a pedir que te mire la
vagina, te golpearé el útero.

—¿Por favorcito? Dilo de nuevo. ¡Solo una vez más! —le dice
Claire a la mujer que acabamos de conocer en la fila de cerveza.
Ella se ríe y dice—: ¡Pon otro camarón en la parrilla!
Liz, Claire, y yo nos reímos histéricamente, saltando de la emoción.
No sé bien de si es la cerveza lo que lo hace divertido o si realmente lo
es. La mujer delante de nosotras es de Australia y hemos pasado
nuestros quince minutos en la fila consiguiendo que dijera cosas
australianas.
—Bien, bien, tengo uno. Di “Fosters es cerveza en australiano” —
dice Claire con un bufido.
La mujer se ríe y hace lo que le pidió sin quejarse.
—¡Oh, Dios mío, te amo! ¡Eres nuestra nueva mejor amiga! —le
dice.
—¡Oooh, mi turno! —digo entusiasmada ya que finalmente pienso
en algo para que diga—. Di “Mamada, mamada, cinco dolas. ¡Te
amaré durante mucho tiempo!”.
Todas me miran raro. —¿Qué?
—Eso no es de Australia, idiota. ¡Ni siquiera sé qué mierda es! —
dice Liz con una sonrisa.
Pedimos nuestras cervezas y nos dirigimos a la sección de
fumadores en las afueras de la valla para volver al concierto. Pasamos
la mayor parte de éste aquí afuera, en lugar de tratar de navegar a
través de la multitud para llegar a nuestros asientos en el interior. Dado
que la música es tan fuerte, de todos modos podemos escucharla
bastante bien desde aquí.
—¡Oigan! —le grito a un grupo de chicos caminando por nuestra
mesa de día de campo—. ¡MIREN MI VAGINA!
Claire me baja la mano de golpe por hacer una “V” con dos
dedos. —¿Qué demonios haces?
Miro a la multitud por más personas que se vean dispuestas y
capaces.
—¡VAGINA! —le grito a una pareja que se dirige tomada de la
mano a la mesa junto a nosotras. Inmediatamente se giran y van en otra
dirección.
—Oh, dulce Jesús, enloqueció —oigo que Liz le dice a Claire—.
Piensa que su vagina tiene algo mal. El otro día intentó que se la viera.
Hay un tipo solo a dos mesas de distancia. Apuesto a que
apreciaría la vagina. Esta cerveza es deliciosa.
—Espera, ¿es por eso que Jim llamó a Carter y le gritó sobre sus
sueños muriendo y sobre cómo nunca consigue lo que quiere? Carter
apenas podía entender una palabra de lo que decía.
Le doy un gran trago a mi bebida y golpeo el vaso en la mesa.
—¡Oye! ¡Vagina! —le grito al tipo que se halla solo en la otra mesa.
Me mira extrañamente durante un minuto y luego responde—: Uh,
¿pene?
—¡Yujuuuuuuuuuuuu! —aclamo, saltando del asiento e intentando
correr hacia el hombre. No va tan bien y me caigo directamente de
culo.
—¡¿Quién puso el suelo tan jodidamente cerca de mi culo?! —
grito.
—Bueno, creo que terminaste —dice Claire levantándose de la
mesa y tirándome en sus brazos.
—Claire, ¿mirarías mi vagina? —le pregunto, poniéndole la
cabeza en el hombro.
—¿Qué ocurre contigo y la vagina? ¿Es tu nueva palabra favorita
o algo así? —pregunta ayudándome a volver a la mesa.
—Idiota, te lo dije. Piensa que su vagina tiene algo malo y que es
por eso que Drew y ella no tienen sexo o alguna mierda así —explica Liz
mientras muevo la cabeza del hombro de Claire y la apoyo sobre la
mesa.
—¿Cuándo fue la última vez que tuvieron sexo? —pregunta Claire.
—Mmm, ¿qué día es hoy?
—Es sábado —contesta.
—El año pasado.
Liz agarra la parte trasera de mi blusa y me jala. —¿Qué mierda
dices?
Tomo la cerveza y le doy otro trago.
—Bueno, si hablamos de un muy bueno e increíble sexo, entonces
sí. Antes de año nuevo, cuando estaba embarazada de Billy.
Liz deja escapar un suspiro de alivio. —Bien, me asustaste. Pensé
que querías decir un año real. Así que hablamos de unos pocos meses.
Eso no es tan preocupante.
La miro fijamente con horror durante algunos minutos.
—¿Estás jodidamente loca? ¿Unos pocos meses? Son como diez
años en años humanos —me quejo.
—En realidad, son como un par de meses en años humanos,
imbécil. Serían diez años en años de perro —me informa Liz.
—¡Cómo mierda sea! Y tenías razón la primera vez. Realmente ha
sido un año completo. Desde antes de embarazarme de Billy. Solíamos
hacerlo como perros. Todo sucio, rodando en el césped, comiendo de
tazones y usando correas. Era sexy —digo, suspirando al recordar el
pasado.
—Esta cerveza hace efecto. Puedo sentirlo —se queja Claire.
—Solo se puso raro esa vez que Drew levantó la pierna en la sala
de estar. Pero aun así fue impresionante. Así que, ¡¿Quién quiere verme
la vagina?!
Un grupo de chicos caminando comienza a animar. Incluso un
tipo grita—: ¡Vagina, que viva y que prospere!
Liz me pone los brazos a los costados y me calla para que no les
grite a los chicos.
—Hablas en serio, ¿verdad? ¿Ha sido todo un jodido año? —
pregunta conmocionada.
Asiento tristemente.
—¿Sabes lo que necesitan Drew y tú? Necesitan una noche a
solas, ustedes dos sin ningún niño. ¿Cuándo fue la última vez que fueron
a una cita? —pregunta Claire.
—¿Qué día es hoy? —pregunto.
—Todavía es sábado, idiota.
Asiento y empiezo a contar en mi cabeza. —¿Sábado?
Entonces... el año pasado.
—¡Oh, mierda! ¿Tampoco han ido a una cita desde antes que Billy
naciera? ¿No tiene como cinco meses? —pregunta Liz.
—¡No! Tiene un mes. Espera, no. Tres meses. Mierda, ¿qué día es
hoy?
—¡SÁBADO! —gritan al mismo tiempo.
El tipo sentado solo en la mesa de al lado grita—: ¡VAGINA!
—¡No hables sobre mi vagina, pervertido! —le grito de regreso. Me
doy la vuelta y enfrento a las chicas—. Bueno, tiene como cuatro meses
o algo así. Es miércoles, ¿verdad?
Creo que la cerveza tiene algo raro dentro. Me siento divertida.
Divertido es una palabra divertida.
—Oh, madre mía —dice Liz con un suspiro—. Entonces, Drew y tú
no han tenido una cita en meses. No han hecho nada, ustedes dos
solos, en meses. ¿Es correcto?
Asiento y levanto el vaso para darme cuenta que mi cerveza se
fue.
—¿Quién mierda se tomó mi cerveza?
Liz agarra el vaso vacío de mi mano y lo tira en el bote de basura
al lado de nuestra mesa.
—Necesito un cigarrillo. ¡¿Quién tiene un cigarrillo?! —grito a todo
pulmón.
No me juzgues. A veces tengo la necesidad de fumar cuando
bebo. Creo que leí en alguna parte que el alcohol hace que quieras
hacer cosas que no deberías, como robar un banco o matar a una
prostituta. Espera, no. Creo que eso está mal.
—Oh, Jesús, no la dejes fumar —le murmura Liz a Claire.
—¡No puedes decirme qué hacer si ni siquiera miras mi vagina! —
me quejo.
—¡Hurra, vagina! —grita algún chico al pasar junto a nuestra
mesa.
—¡Yujuuuuuu, vagina! —grito de vuelta—. ¡Oye, semental! ¡Dame
un cigarrillo!
El muy agradable caballero se detiene, regresa a nuestra mesa y
me entrega un cigarrillo, lo enciende para mí ya que probablemente no
debería encargarme de cualquier cosa que pueda iniciar un incendio
en este momento.
Inhalo e inmediatamente comienzo a toser y a tener arcadas.
—Joder, va a vomitar —se queja Liz—. Quítaselo.
Claire me da una palmadita en la espalda y me quita el cigarrillo
de la mano, arrojándolo sobre el césped a un par de metros de
distancia.
—Bien, este es el trato, Jenny. El próximo fin de semana, tú y Drew
saldrán solos. Carter y yo nos llevaremos a Veronica y Billy para que
ustedes puedan cenar y hacer cualquier cosa. Si pasan un buen rato y
no quieren parar para llamarme, nos ocuparemos de ellos toda la
noche —me dice al tiempo que ella y Liz me ayudan a levantarme de la
mesa.
—Te quiero, Osita Claire. Eres la mejor —digo, envolviendo los
brazos alrededor de su cintura y poniendo la cabeza en su hombro.
—Yo también te quiero, pero aun así, no voy a mirar tu vagina.
Jackson
Traducido por Val_17
Corregido por Paltonika

—No, Veronica, no comerás dulces en el almuerzo —le digo a mi


hija por tercera ocasión en lo que la ayudo a salir del auto y luego me
apresuro hacia el otro lado para desatar a Billy de su asiento para viajes
antes de que empiece a gritar como loco.
—¿Mami?
—¿Sí, cariño?
—¡Quiero darte una paliza ahora mismo! —grita en medio de la
calle mientras pisotea.
Canadá, llévame lejos… espera, ¿Canadá? ¿Es eso correcto?
¿Por qué querría que Canadá me llevara lejos? Realmente necesitan
repensar ese comercial.
Ignoro la rabieta de Veronica por no poder comer dulces en el
almuerzo en lo que intento callar a Billy que acaba de despertarse del
viaje en auto y no es un viajero feliz. Me chilla en el oído y me golpea
con sus puñitos, Veronica grita junto a mi pierna, y trato de fingir que
ninguno de ellos existe a medida que me estiro en el asiento trasero y
agarro mi bolso, la pañalera y las cuatro bolsas de comestibles que
acabo de recoger de camino a casa.
Llevar a dos niños gruñones a la tienda debería hacerme ganar
automáticamente el premio a la madre del maldito año. ¿Por qué la
gente me da miradas tan enojadas cuando ando apurada por los
pasillos mientras los niños gritan? ¿Creen que pellizco a mis hijos para
que lloren y les arruinen los viajes de compras? Que tal vez decidí ir
deliberadamente a la tienda cuando sé que mis hijos se comportarán
peor. Que lo hago solo para molestar a todos los viejos y personas sin
hijos que van a abastecerse de laxantes y pañales para adultos.
Tan pronto como equilibro todas las bolsas en los brazos y subo
más a Billy para que no se caiga, las dos bolsas más pesadas se rompen
de la parte inferior y la leche, el jugo de manzana, un tarro de salsa de
tomate y el frasco de pepinillos se estrellan en la calle, derramándose
por todos lados. Me encuentro a punto de llorar y sentarme en medio
del desastre cuando siento una mano en la espalda y una voz detrás de
mí le habla a Veronica.
—¡Oye, dulzura! Mira la bonita flor que acabo de recoger. ¿Qué
tal si entras y ayudas a mamá a ponerla en un vaso con agua?
Me doy la vuelta y veo a un tipo alrededor de unos veinte años
más o menos, agachado, entregándole a mi hija un enorme y hermoso
girasol. Ella inmediatamente deja de gritar, sonríe, y corre a los
escalones de la entrada.
El chico se levanta y se gira para mirarme, noto por primera vez
que no lleva camiseta.
Santa mierda de los sudorosos paquetes de seis. Estoy tan
agradecida por los pequeños veranos en Ohio. Ayer nevaba y hoy
hace calor.
Billy parece tan conquistado por este chico como lo estuvo
Veronica, detiene su ataque de rabia y ahora lo mira directamente.
Tampoco puedo evitar mirarlo. Es hermoso. Se halla cerca del metro
ochenta de altura, tiene desordenado cabello rubio oscuro, y ojos color
azul pálido. Parece como si pudiera ser surfista. Pero no hay surfistas en
Ohio. ¿O sí? Quiero decir, el lago Erie desemboca en el océano como a
un kilómetro y medio, ¿no? Así es como tenemos olas en la orilla del
lago. Sé con bastante seguridad que lo leí en alguna parte.
—Espero que no te importe lo de la flor. Tengo una sobrina de su
edad y ama las flores. Por cierto, mi nombre es Jackson. Me acabo de
mudar al otro lado de la calle.
Salgo de mi estupor por mirar su pecho desnudo y agarro la mano
que me extiende. Lo vi mudarse hace unas semanas y hemos
compartido un par de saludos vecinales cada vez que salimos al mismo
tiempo, pero nunca lo vi de cerca.
—Soy Jenny. Encantada de conocerte. Gracias por hacer algo
para callarla. Pensaba en simplemente entrar y dejarla aquí afuera
hasta que se calmara —bromeo con una risa nerviosa.
Mierda, no conozco a este tipo para nada. ¿Y si no entiende la
broma y llama a la policía? ¿Puedo ser arrestada por decir que dejaré a
mi hija de tres años fuera de la casa?
Por suerte, se ríe conmigo y me da una sonrisa de infarto. No
bromeo. Mi corazón se para durante un minuto antes de agarrar ritmo.
Empiezo a agacharme a recoger algo del desastre en la calle
cuando Jackson me pone la mano en el brazo para detenerme.
—Oye, no te preocupes por esto. Lo limpiaré. Dame todas las
bolsas y entra con los niños.
Me sonríe de nuevo y tengo ganas fundirme en un charco de
baba en la calzada junto con el jugo de pepinillos y la salsa de tomate.
¿Cuándo fue la última vez que Drew me sonrió de esa manera?
Como si quisiera lamerme el rostro. ¿Y cuándo fue la última vez que se
ofreció a ayudarme con algo, aparte de esos comentarios extraños
sobre los platos y la ropa que hizo la otra noche?
Le agradezco a Jackson y lo dejo en el camino de entrada al
tiempo que meto a los niños para ponerlos a tomar una siesta.
Quince minutos más tarde, sigo discutiendo en la sala de estar
con Veronica acerca de tomar una siesta cuando hay un suave golpe
en la puerta principal antes de que se abra un poquito.
—¿Jenny? ¿Algún problema si meto las bolsas? —pregunta
Jackson, asomando la cabeza por la puerta.
—Oh, ¡no! Lo siento, me olvidé de volver a salir y conseguirlas —le
digo mientras Veronica salta del sofá y corre hacia él.
—¿Eres un pedazo de mierda? —le pregunta con voz inocente.
—¡Oh, Dios mío, Veronica! ¡No digas eso! —la regaño, sintiendo
que el rostro se me pone extremadamente rojo por la vergüenza
cuando el dios griego delante de mí se queda parado, aún sin
camiseta, riéndose a carcajadas.
—Lo siento —le digo a Jackson tomando las bolsas de compras
de su mano.
—Está bien. A veces puedo ser un pedazo de mierda así que al
menos fue precisa —dice con una sonrisa—. Oh, barrí el desastre y lo
puse en tu cubo de basura en la cochera y luego lavé con la manguera
el camino de entrada. Espero que esté bien.
Me quedo ahí, con las bolsas en los brazos, simplemente
mirándolo.
Sé que dijo que se encargaría del desastre, pero me imaginé que
sería un típico chico, lo empujaría con el pie y después se iría a casa.
Debería preguntarle si puede enseñarle algunas lecciones a Drew.
De repente aparta la mirada, se saca una camiseta del bolsillo
trasero de los pantalones y se la desliza por la cabeza, disculpándose al
hacerlo como si me ofendiera o algo. Quiero gritarle y decirle que es
más ofensivo ponerse la camiseta, pero luego me doy cuenta que me
encuentro parada aquí sosteniendo una bolsa llena de tampones,
protectores diarios, duchas vaginales, y vinagre, que pueden notarse a
través de la bolsa y él acaba de traérmela.
—El vinagre es para las papas fritas. A mi esposo le gusta el
vinagre en las papas fritas, y le gusta echarle a los pepinos cuando
hago ensalada de pepino, y también le pongo mi aderezo italiano
casero, que totalmente no va con las otras cosas en la bolsa, porque
sabes, ya vienen perfumados con flores frescas. ¡No me gusta que “ahí
abajo” huela como papas fritas o aderezo, ja, ja!
Oh, Dios mío, ¿por qué sale esa mierda de mi boca?
Jackson nada más se ríe y, por una vez, se siente como si alguien
se riera conmigo y no de mí, debería subirme a un autobús e ir directo al
infierno porque me estoy comiendo con los ojos a alguien que no es mi
esposo.
—Lo siento. Me siento muy cansada. No he dormido desde que
nació mi hijo.
Veronica lo toma de la mano y comienza a jalarlo. —Juega
conmigo. ¡Tengo muñecas!
—Veronica, no. Jackson probablemente necesita volver a casa.
—¡Me encantaría jugar a las muñecas contigo, Veronica! —le
dice al mismo tiempo.
Se agacha para ponerse a su nivel y le comenta que vaya a
buscar sus muñecas y las traiga para que pueda ver si tiene las mismas
que su sobrina. Ella sale de la habitación antes de que él incluso se
vuelva a parar.
—No tienes que hacerlo —le digo.
—Está bien, en serio. ¿Por qué no te acurrucas en el sofá y
descansas en lo que jugamos a las muñecas?
Lo miro de nuevo y sé con bastante seguridad que mi boca se
halla abierta en completo asombro.
—Lo siento, ¿estoy siendo demasiado insistente? Soy un tipo
extraño y acabo de preguntarte si puedo jugar con tu hija. ¿Es eso
espeluznante? —pregunta con una sonrisa.
¿Es espeluznante? ¿Soy una madre espantosa por querer aceptar
su oferta? Me siento tan malditamente cansada que podría dormirme
de pie en este momento.
Veronica vuelve corriendo a la habitación con los brazos llenos de
cada muñeca que posee y procede a agarrarle la mano a Jackson y
jalarlo al suelo con ella.
—Veronica, ¿sabes sobre los extraños? —le pregunta Jackson en
tanto cruza las piernas al frente, recoge a la Barbie Malibú y comienza a
hacerla caminar en círculos en el suelo.
Ésta asiente y agarra a su muñeco hombre, imitando los mismos
movimientos que Jackson utiliza actualmente con su muñeca.
—Nunca se habla con extraños —responde.
—Cierto, nunca se habla con extraños. Y tampoco nunca se va a
ninguna parte con alguien que no sea tu mami o tu papi. Nos
sentaremos justo aquí a jugar a las muñecas en lo que mami descansa.
No tienes permiso para salir de la casa en absoluto, ¿de acuerdo? Si yo,
o alguien más, trata de sacarte, gritas con toda la fuerza de tus
pulmones. ¿Puedes hacerlo? —le pregunta.
Veronica demuestra que puede hacerlo dejando salir un grito que
hiela la sangre, y ambos nos estremecemos ante el sonido.
—¡Genial! —le dice Jackson. Me mira, sonríe y toma todo mi
esfuerzo no abrazarlo y llorar por ser tan considerado. Sabía
exactamente lo que me preocupaba y se aseguró de calmar mis
temores.
—Mmm, solo me sentaré aquí. No dejes que me quede dormida
—le digo sentándome en el sofá, enrosco las piernas a un lado, y
descanso el codo en el apoyabrazos para verlos jugar.
—De acuerdo. Nos encontraremos aquí mismo arreglando a los
muñecos para su boda —dice con una sonrisa en tanto Veronica le
entrega el vestido de novia de la muñeca.
Me siento ahí, observándolos por unos minutos en completo
asombro. Este tipo que me conoce por unos cinco minutos, me echó un
vistazo y supo lo que necesitaba. ¿Cómo demonios mi esposo, quien me
ha conocido por años, no ha sido capaz de hacer eso?

Tengo el mejor sueño de la vida. Me hallo sola en una isla desierta,


y duermo. Solo duermo. No hay niños llorando, ni esposos rogando por
sexo… nada más que el sonido de las olas del mar y horas de sueño
ininterrumpido. Estiro los brazos sobre la cabeza, girándome para sentir
la arena caliente y el lugar, y agarro un lado del sofá.
Me siento con rapidez y parpadeo un par de veces, viendo
alrededor con miedo y preguntándome por qué duermo en mi sofá y
no puedo oír a Veronica o a Billy. La sala de estar se oscureció y hay
una lámpara prendida en la esquina de la habitación, así que sé que
debo haberme dormido por al menos un par de horas.
Me levanto con pánico y me preparo para gritar con toda la
fuerza que mis hijos desaparecieron cuando oigo la risa de Veronica en
la cocina. Corro alrededor del sofá y cruzo la habitación,
deteniéndome cuando llego a la puerta.
—¡Hola, dormilona! Decidimos trasladar nuestra fiesta de muñecas
a la cocina para no molestarte —dice Jackson con una sonrisa a
medida que levanta la mirada de la mesa de la cocina que ahora se
encuentra llena de la mierda de muñecas que solían estar en el piso de
la sala de estar.
—¡Mami, Jackson me dejó llevar a nadar a mi muñeca! —grita
Veronica con entusiasmo señalando el fregadero que está lleno de
agua.
—Espero que no te importe. Ella quería llenar la bañera, pero
pensé que el fregadero era una idea mejor. Ah, y tu hijo sigue
durmiendo. Lo fui a ver hace unos minutos.
¿De dónde salió este chico? ¿Sigo soñando? No puede ser
posible que sea real.
—¿Cuánto tiempo dormí? —pregunto, acercándome a la mesa y
besando la cima de la cabeza de Veronica.
—Unas tres horas —responde Jackson, levantándose de la mesa y
estirando la mano hacia Veronica—. Mi señora, ha sido un placer jugar
a las muñecas con usted esta tarde.
Veronica se ríe y sacude la mano de Jackson.
Lo acompaño a la puerta y me quedo sosteniéndola en lo que se
gira y se detiene en el pórtico del frente, se mete las manos en los
bolsillos de los pantalones.
—Ni siquiera sé cómo agradecerte. Creo que se suponía que te
diera la bienvenida al barrio horneando galletas o algo así. No se
suponía que cuidaras a mis hijos mientras ronco en el sofá —le digo,
disculpándome.
—En serio, no hay problema. No me importó. Cuido a mi sobrina
un par de veces a la semana, así que fue pan comido. Además, era
demasiado agotador tratar de hacer jardinería con los charcos de
nieve derretida así que me dio una excusa para ser perezoso por una
vez.
Me sonríe de nuevo, y tengo que obligarme a tragar un par de
veces para no empezar a llorar.
—¡Nos vemos, Jenny! Si alguna vez necesitas dormir más, ya sabes
dónde encontrarme. Y me encantan las galletas, así que siéntate libre
de agradecerme con esas en algún momento —dice riendo, salta del
pórtico y silba cruzando la calle hasta su casa.
Me quedo ahí, viendo cómo se aleja y me pregunto si me he
vuelto jodidamente loca por pensar siquiera en volver a aceptar su
oferta. No me he sentido tan bien o tan descansada en años.
Sexo Vainilla
Traducido por Val_17
Corregido por Eli Mirced

¡Noche de cita! ¡Es una maldita noche de cita! Estoy tan


emocionado que casi me oriné. Es broma, en realidad me oriné por
completo. Solo un poco. Todo bien. Bebí un montón de Pepsi esta tarde.
Jenny ha estado de muy buen ánimo esta semana, y sé que es
porque espera esta noche tanto como yo. Acabo de dejar a los niños
con Carter y Claire, con instrucciones estrictas de no llamarnos a menos
que uno de ellos esté sangrando por los ojos. Y solo si se trata de una
gran cantidad de sangre, como: “¡Oh Dios mío, hay tanta sangre!”. Pero
si es algo así como: “Eh, tengo algunas gotas de sangre en los ojos,
nada que no se pueda arreglar poniendo tus bragas encima” no me
llamen. Ya escondí el celular de Jenny en mis pantalones, así no tiene
más opción que darle al pito de carne un pequeño roce si quiere ver
cómo se encuentran los niños.
Dejé a Jenny en casa para que terminara de arreglarse, y
también porque sé que, si me acompañaba a dejar a los niños; duraría,
al menos, una hora besándolos y disculpándose una y otra vez, y luego
los besaría diez veces más antes de que siquiera pudiéramos salir por la
puerta. Al menos no hace una escena cuando salgo de casa con ellos.
Tan pronto como veo que se le comienzan a llenar los ojos de lágrimas,
hago todo el asunto de: “¡Oooh, mira, una mariposa!”. Y luego me doy
la vuelta y corro. También lograría llegar hasta el auto si Veronica no
fuera tan lenta. Necesito practicar algunas carreras con esa niña para
situaciones como esta.
Llego a casa y me estaciono en el camino de entrada, y cuando
salgo del auto, el tipo que recién se mudó al otro lado de la calle saca
su basura y levanta la mano para saludarme. Le regreso el saludo y me
pregunto si siquiera posee una camiseta. Cada vez que lo he visto
desde que se mudó, ha estado medio desnudo. Es una vergüenza para
el barrio. Sobre todo, porque todo el mundo en esta calle sabe que yo
soy el que se ve mejor haciendo trabajo de jardinería sin camiseta.
Algunas personas simplemente no conocen sus lugares.
Camino por la puerta principal, me miro en el espejo del vestíbulo.
Maldita sea, me veo bien. Que se joda el tipo desnudo de afuera.
Soy un bombón.
Me arreglo cabello y aliso el frente de la camiseta para la cita,
que dice: Yo follo en la primera cita. Por el rabillo del ojo, veo a Jenny
en el espejo y me doy la vuelta con los ojos desorbitados. Lleva un corto
vestido rojo sin tirantes, el cabello recogido encima de la cabeza, y un
par de sandalias de tiras rojas que son tan altas que me sorprende que
pueda caminar en ellas. Se ve tan caliente que ya me siento un poco
duro.
—Santa mierda, nena. Luces increíble —le digo mientras camina
hacia mí y sonríe.
—Gracias. No me he puesto esto desde antes que Veronica
naciera.
Agarra su bolso y nos dirigimos a la puerta. Mis ojos nunca dejan
su culo.
Voy a tener tanta suerte esta noche.

—Oh, Dios mío, ¿recuerdas esa vez que me hiciste sexo oral en la
boda de mi primo? —pregunta Jenny mientras termina su cuarta copa
de vino y se inclina más cerca de mí, por lo que nuestros hombros se
tocan.
Después de la segunda copa de vino, comienza a ponerse
parlanchina, como en los viejos tiempos. Siempre que salíamos antes de
que tuviéramos a Billy, terminaríamos hablando de nuestra vida sexual.
Teníamos una vida sexual increíble. Solía pensar que Jenny y yo
haríamos una especie de seminario para parejas casadas perdedoras
que sólo tienen sexo para quedar embarazados. Siempre pensé que
seríamos los mejores para enseñarles a otros acerca de lo divertido que
podías ponerte en el dormitorio. Podríamos usar accesorios y hacer un
diagrama. Escucharla hablar sobre nuestros momentos divertidos hace
que me dé cuenta de cuán NO-divertidos hemos sido últimamente.
Esperemos que no sea por mucho tiempo.
—Oh, Dios mío, ¿recuerdas esa noche que jugamos monopolio y
cada vez que alguien aterrizaba en Park Place uno de nosotros tenía
que tener un orgasmo? —pregunta, mientras pone la mano en la parte
trasera de mi cuello y pasa los dedos por mi cabello.
—Ese fue el mejor juego de monopolio de la historia. ¿No tuvimos
que tirar el tablero porque esparcimos salsa de tomate y cera caliente
por todas partes? —le pregunto, tratando de no jadear como un perro
cuando sus uñas me arañan ligeramente la nuca.
—Sip. Y tuvimos que usar quitaesmalte para despegarte el dinero
falso del culo cuando jugamos “Pegar el dinero sobre Drew” con la
cera. La mejor noche del mundo —me susurra al oído.
La erección que he tenido desde que salió de la habitación con
ese vestido rojo ahora es un completo estado de emergencia. Una
historia más sobre nuestras escapadas sexuales del pasado y voy a
tener que cerrar este restaurante, y los camareros tendrán que ponerse
trajes de seguridad.
—¿Qué hay de esa vez cuando nos mudamos juntos a tu antigua
casa, donde los vecinos solían vender miel a un lado de la carretera? —
me pregunta en voz baja cerca al oído.
Me voy a venirme en los pantalones en tres segundos.
Me aclaro la garganta y me muevo en el asiento, tratando de
mover al Gran Drew un poco para que no esté tan incómodo.
—Ja, formaron una vigilancia vecinal porque pensaban que
existía una enorme conspiración donde las personas robaban la miel
para venderla en el mercado negro —recuerdo con una sonrisa.
—Nunca entendí eso. ¿Por qué pensarían que solo la gente negra
quiere miel? —pregunta con confusión.
Ni siquiera pienso en corregirla porque no quiero que nada arruine
su buen humor.
—Me pregunto cuántas botellas de miel nos robamos realmente
ese mes. Tuvieron que ser como un centenar.
Sonríe y asiente, colocándome un suave beso en la mejilla antes
de apartarse para continuar con el recuerdo.
—Esa última noche fue divertida, hasta que pasamos demasiado
tiempo en los juegos previos y la miel comenzó a secarse y a ponerse
pegajosa. ¡Fue como hacerte una depilación brasileña para conseguir
que esa cosa saliera!
Ambos reímos y nos alejamos un poco cuando el camarero se
acerca a nuestra mesa y pasa entre nosotros, dejando la cuenta.
—Todavía tengo esa cicatriz en el culo de cuando tuviste que
ayudarme a bajar del árbol. Aunque no me importa. Esa fue la mejor
mamada de mi vida. Bueno, además de esa en la ducha, en nuestra
primera cita.
Nos sentamos en silencio durante unos minutos mirándonos a los
ojos, y trato de hacer que todos mis pensamientos entren en su cabeza.
Quieres follarme, quieres follarme, quieres follarme.
—Quiero follarte —declara.
Mi cerebro es una cosa impresionante y poderosa.
Tiro todo el dinero de mi billetera sobre la mesa sin siquiera mirar la
cuenta. Me encuentro bastante seguro de que acabo de darle a
nuestro camarero una propina del setenta por ciento, pero no me
importa una mierda. Agarro la mano de Jenny y corremos hacia la
salida hasta el estacionamiento.

En retrospectiva, tratar de tener sexo en el auto compacto de


cuatro puertas, en nuestro propio camino de entrada, probablemente
no es la mejor idea. Pero después de que Jenny pasa los quince minutos
de viaje desde el restaurante a nuestra casa con la mano en mis
pantalones, llevándome a un segundo del orgasmo, ni siquiera puedo
pensar en abrir las puertas del auto y entrar. Apago el motor, presiono el
botón para reclinar el asiento tanto como sea posible, agarro a Jenny
por la cintura, y la arrastro sobre la consola central, hacia mi regazo.
Con sus piernas a horcajadas, deslizo las manos por sus muslos y
empujo su vestido hasta las caderas, notando que no usa ropa interior.
—Llevas mi par de bragas favorito —le digo mientras deslizo las
manos alrededor de sus caderas y sobre su culo desnudo.
—Las usé sólo para ti —dice con una sonrisa mientras se inclina y
me pasa la lengua a lo largo del labio superior.
Extiendo la mano entre nosotros para desabrocharme los
pantalones, liberando mi polla, me siento muy orgulloso de mí mismo por
tampoco llevar ropa interior.
Mientras mi mano sigue agarrándole el culo, la bajo para poder
frotar la cabeza de mi polla en su contra. Está húmeda y cálida, y ni
siquiera me importa que no se haya afeitado allí desde antes de que
Billy naciera. Me encanta su coño ya sea liso o con una selva porno de
lado a lado. Mientras uso la mano para deslizarme de ida y vuelta entre
ella, comienza a mover las caderas para crear más fricción, y ambos
gemimos en la boca del otro.
—Joder, te sientes tan bien, nena. Quiero follarte como un animal.
Detiene el movimiento de caderas y aleja el rostro del mío.
—No cites a Nine Inch Nails cuando estamos a punto de tener
sexo. Es espeluznante. No quiero pensar en animales teniendo sexo.
¿Recuerdas esa vez que vimos a los perros de mi primo teniendo sexo?
Oh, Dios mío, tuve pesadillas por semanas. Seguía soñando que
tendríamos sexo y tu pene se quedaría atascado dentro de mí hasta
que terminaras, como esos estúpidos perros —se queja.
—Lo siento, no más charla sobre animales follando. Vamos a
hablar de nosotros follando. Ahora mismo. En el auto —le digo mientras
muevo la cabeza de mi pene hacia su apertura y empujo las caderas
ligeramente para entrar un poco.
—Hijo de Al Sharpton —gimo mientras Jenny empuja su cuerpo
hacia abajo un poco más y entro más profundo.
No duda en deslizarse por el resto de mi polla, y tengo que cerrar
los ojos para no venirme en este mismo segundo.
Me agarra el cabello y me jala hacia su boca.
—Eres una puta tan sucia —murmuro contra sus labios.
Se detiene y retrocede para mirarme de nuevo. —Ugh, no digas
eso.
La miro, confundido por un minuto. Jenny siempre pensó que era
caliente. En el pasado, por lo general, me rogaba que la llamara puta
sucia. ¡Quiero a mi puta sucia!
—Es simplemente extraño. Soy mamá ahora —explica.
—Eras mamá la última vez que te llamé puta sucia —me quejo
con un mohín.
Lo sé, lo sé. Mi pene finalmente se halla en casa y me estoy
quejando. ¡Pero no lo entiendes! ¡Esto es lo nuestro! Ella es mi puta sucia
y yo soy su gran puto malo.
—Solo… no lo sé, hazlo normal. Llámame Jenny y te llamaré Drew.
¿Normal? ¡¿Qué demonios es normal?!
—¿Qué? ¡Pero eso ni siquiera tiene sentido! No somos normales.
Somos sucios y asquerosos, ¡y no sé qué pasa ahora!
Creo que mi pene muere. Estoy dentro de la vagina de mi esposa
y empiezo a ablandarme. ¡No, no, no! ¡Esto NO está sucediendo!
—¿No podemos tener sexo vainilla? —pregunta cuando se inclina
hacia atrás tanto como puede mientras sigo en su interior.
—¡La vainilla es blanca! ¡NO SOMOS BLANCOS! Somos… ¡joder!
Somos Napoleón o ese helado de mierda de tres colores. Somos un
jodido helado multicolor o uno de chocolate con mantequilla de maní.
¡Ni siquiera sé lo que significa vainilla! ¿QUÉ SIGNIFICA ESO?
Sé que grito mientras mi esposa se encuentra encima de mí,
desnuda de la cintura para abajo, pero esto es una total y absoluta
mierda.
—Ya no estás duro —me dice mientras baja la vista hacia donde
seguimos, más o menos, unidos.
¡AAAAAH, no escucho! ¡No escucho! ¡Siempre estoy duro! Estoy
duro cuando voy de compras al supermercado en la sección de
congelados. ¡Hijo de una cabra sin madre!
—Rápido, llámame puta. ¡DEPRISA! —grito.
—No te voy a llamar puta. Esta fue una mala idea —dice mientras
se levanta de mi marchitada polla y se arrastra hacia su lado del auto,
bajándose el vestido a medida que se aleja.
¡NOOOOOOOO, tráela de vuelta!
Abre la puerta del auto y sale, y miro mi pene flácido con
repugnancia.
—Eres una desgracia para todos los tipos de pene. Eso es lo que
eres. No podías mantenerte arriba como por cinco minutos más. Oh, no,
tenías que ser un cobarde. ¡LOS COBARDES NUNCA GANAN!
Meto mi polla de vuelta en los pantalones con enojo y cuando
salgo del auto me encuentro cara a cara con el señor Chico Desnudo
del otro lado de la calle.
—¡Hola, amigo! Los vi estacionar y solo quería asegurarme de que
todo estuviera bien. Mi nombre es Jackson —dice con una sonrisa
mientras estira la mano para que la sacuda.
La única cosa buena sobre este momento es saber que la mano
con la que toco a este imbécil es la que acaba de estar sobre mi polla.
—¡Hola, Jackson! ¿Cómo estuvieron esas galletas azucaradas
ayer? —le pregunta Jenny mientras viene a mi lado del auto.
¿Quién, qué? ¿Galletas azucaradas?
—Oh, Dios mío, esas fueron las mejores galletas que he comido. En
serio, Jenny. Puedes hornear una galleta perfecta —le dice Fuckson con
una gran sonrisa.
Sé que su nombre es Jackson. Cállate. La perra se comió mis
galletas azucaradas. Será Fuckson de ahora en adelante.
—Bueno, mi amiga es dueña de una pastelería, así que recibo
todos los consejos —dice con una risita.
UNA JODIDA RISITA.
—Oh, antes de que lo olvide, dile a Veronica que mi sobrina dejó
una casa gigante de Barbie Malibú en mi casa el otro día, así que la
traeré el miércoles a nuestra cita de juegos.
¡Qué mierda dices!
—¡Oh, Dios mío, va a enloquecer por completo! —le dice Jenny.
Maldito McFuckson se despide y trota de vuelta a su casa,
silbando todo el camino.
¿Quién diablos silba mientras camina? Los siete enanitos, solo
ellos. Fuckson es un enano. Es Fuckson Cabeza Enana; el astuto hijo de
puta enano que trata de robar esposas e hijos y hace que ellos
repentinamente quieran vainilla en vez de menta con chispas de
chocolate.
—Llamaré a Claire y le haré saber que irás a buscar a los niños —
dice Jenny mientras se da la vuelta y camina hacia la casa.
Me quedo allí, en el camino de entrada, mucho tiempo después
de que entra, mirando la casa de Fuckson.
—Con Dios como mi testigo, jamás me gustará la vainilla otra vez.
Depilación brasileña y APSG
Traducido por Fany Stgo.
Corregido por Alex Phai

Tengo un gran dolor de cabeza. Quedarse en el preescolar de


Veronica las dos horas que pasa aquí probablemente no es la mejor
idea. Hay un área de observación con un espejo de dos lados donde
los padres podemos ver a los niños, pero ellos no nos pueden ver. Por
desgracia, todavía podemos escucharlos gritar.
—Te ves como la mierda —dice Liz mientras se sienta a mi lado y
me da una taza de café.
Su hija de tres años, Molly, va al mismo preescolar que Veronica y
usualmente solemos alternarnos para ver quién recoge a las niñas. Hoy
es el día de Liz, pero necesito un descanso del trabajo y decidí pasar mi
tiempo libre observando a Veronica aprender y jugar.
—Me siento como la mierda. Tengo un horrible dolor de cabeza y
Jackson tuvo que cancelar nuestra cita de juegos ayer, así que no pude
dormir —le digo.
Liz lo sabe todo sobre Jackson desde que la semana pasada fue
a llevar algo de ropa de sus niñas para Veronica. Caminó por la puerta
principal y me encontró dormida en el sofá, mientras Jackson le daba
biberón a Billy, y Veronica se hallaba sentada a su lado viendo dibujos
animados.
—Todavía no puedo creer que tengas un niñero —dice, riendo
mientras tomo un trago de café.
—Su nombre no es Niñero. Es Jackson. Te lo presenté, ¿recuerdas?
Se ríe y sacude la cabeza. —Un niñero es la versión masculina de
una niñera. Y por lo que sé, son jóvenes, calientes y usualmente gay.
Pero tu niñero definitivamente no emitía esa vibra gay —explica.
—No es un niñero o una niñera, o lo que sea. Solo es un amigo
ayudándome.
—Un amigo sexy y caliente que podría follar por siempre si no
estuviera casada. Ah, ¿a quién engaño? Si Jim fuera un marido
completamente inútil y nunca me ayudara con la casa y las niñas, aún
me lo follaría.
La miro impresionada mientras se ríe y ni siquiera se da cuenta que
ha resumido mi vida últimamente en esa declaración.
—Es algo bueno que tú y Drew volvieran a follar como conejos
retorcidos y dementes, ¿cierto? —pregunta con una sonrisa.
La que desaparece tan pronto ve la expresión en mi rostro.
—Oh, no, ¿qué demonios? Tuvieron una cita hace cuatro días. Se
suponía que eso curaría todo. Asumí que te veías como un cadáver
andante por tener sexo en un castillo inflable o una mierda así. ¿Qué
demonios pasó?
Puedo sentir las lágrimas picando mis ojos y el labio me comienza
a temblar, y sé que me voy a romper en cualquier momento.
—Mierda, no llores. No aquí. Vamos, vamos a dar un paseo.
Liz me sujeta del brazo, me levanta de la silla y me arrastra hacia
el pasillo de la escuela.
Pasamos algunas otras aulas, se detiene y se vuelve hacia mí. —
Habla.
Tomo una respiración profunda y suelto todo en una enorme
explosión de verdad. Todo lo que he estado sintiendo, y por lo que me
he sentido preocupada y estresada durante los últimos meses. Todo va
saliendo de mí.
—Liz, me siento tan cansada. Me encuentro física y mentalmente
cansada, Drew no me ayuda en nada, y no puedo entender cómo NO
puede ver que necesito ayuda, no me pregunta si puede levantarse
con Billy a la mitad de la noche, no cambia un pañal, ni hace el
almuerzo de Veronica, ni la prepara para la escuela, ni me ayuda con
el otro maldito millón de cosas que tengo que hacer —me quejo
mientras comienzo a pasearme frente a Liz. Sujeto un mechón de
cabello y empiezo a retorcerlo con el dedo, algo que hago cuando me
encuentro nerviosa o asustada. ¡Y me encuentro asustada en estos
momentos! Tampoco presto atención a la rapidez con que lo giro y,
antes de darme cuenta, mi dedo se encuentra atascado en un nudo
de cabello justo al lado de mi cabeza.
—Mi dedo se encuentra atascado. MI DEDO SE ENCUENTRA
ATASCADO —grito en estado de pánico.
Liz se acerca a mí, me pone la mano sobre la boca para que deje
de gritar y trata de jalarme el brazo con la otra mano.
—¡Mmmmmmmmmrrrrrr! —grito contra su mano.
Resopla y niega. —Voy a quitarte la mano de la boca. No te
atrevas a gritar.
Asiento para dejarle saber que seré buena, y lentamente
comienza a retirar la mano. Una vez que se encuentra satisfecha de
que no voy a asustar a cada salón en el pasillo, se pone a intentar
liberarme el dedo del cabello, y yo vuelvo a las quejas.
—Todo lo que quiere de mí es sexo y cuando trato de dárselo,
quiere hacerlo de la misma forma que lo hemos hecho siempre, y creo
que hay algo mal conmigo porque simplemente no lo deseo igual que
siempre, y no sé si quiero seguir siendo una puta sucia a pesar de que él
todavía quiere a la puta. Y simplemente no sentí correcto llamarlo puta
el sábado, pero quizás lo haga la próxima vez, pero ni siquiera sé si
HABRÁ una próxima vez, y Jackson es agradable, lindo y servicial e
inmediatamente supo que quería dormir y que necesitaba algo de
ayuda, ¡y no sé qué hacer! ¿Qué mierda se supone que haga si ya no
quiero ser una puta sucia, Liz?
El sonido de alguien tosiendo detuvo mi discurso y ambas nos
giramos para ver a una maestra de preescolar de pie detrás de nosotras
con una fila de niños, todos observándonos con grandes ojos y con las
bocas abiertas. Veinte niños de cinco años me observan como si
estuviera loca, y quién sabe, probablemente lo esté. Creo que estoy
enloqueciendo. Dejaré a mis hijos y me iré a vivir a un manicomio con
un dedo en el cabello y ni siquiera me GUSTAN las nueces10.
—Señorita Dellena, ¿qué es una puta sucia? —le pregunta uno de
los niños a su maestra.
—Lo siento, por favor, discúlpenos —le dice Liz con una sonrisa
amable a la maestra mientras me sujeta por el brazo y me arrastra por el
pasillo a donde no hay salones o niños para aterrorizar, haciendo que el
dedo se desenrolle mágicamente de mi cabello.
—Sí, ¡lo hiciste! —le digo, sosteniendo el dedo frente a su rostro.
Me aleja el dedo y me mira impactada. —¿Qué carajos acaba
de salir de tu boca?
—Pensé que nunca sería capaz de utilizar el dedo de nuevo —le
digo asombrada.
—¡No digas nada más sobre tu dedo! ¿Qué demonios pasa
realmente contigo y Drew? —demanda.
—Lo sé. Es bastante.
—Tienes razón, es jodidamente bastante. ¿Por qué demonios no
mencionaste todo esto antes? Pensé que simplemente pasaban por
una típica temporada de sequía que todo el mundo pasa cuando tiene

10
Juego de palabras: en inglés “Nut” significa loco o nuez.
varios hijos. Esto es mucho más que eso. En este momento quiero
golpearle e trasero más de lo usual —dice enojada.
—No es su culpa —digo con un suspiro.
—¡A la mierda si no lo es! Eres su esposa. Su alma gemela. Debería
cuidarte y asegurarse de que todas tus necesidades sean cubiertas, no
dejárselo al chico de los ojos dulces que vive al otro lado de la calle. Y
Jenny, ese chico todavía es un niño. Necesitas abandonar todos y cada
uno de los pensamientos que albergues sobre él.
—Oye, no lo juzgues solo porque es joven. Es una buena persona.
¿Y cómo demonios se supone que supiera que se halla fuera de los
límites? —pregunto enojada.
—Jenny, ¡tiene como diecinueve años! Es trece años más joven
que tú, y vive con sus padres. ¿En realidad piensas que puedes solo
divorciarte de Drew y que este niño acogerá a una mujer de treinta y
dos años con sus dos hijos? ¿Cómo rayos va a ayudarte con el dinero?
—Espera, ¿qué? ¿De qué diablos hablas? ¡No quiero divorciarme
de Drew! Claro, Jackson es agradable a la vista y es una gran ayuda,
¡pero no quiero casarme con el chico! Amo a Drew. Solo no sé cómo
arreglar esto —le digo, mientras las lágrimas con las que trataba de
luchar comienzan a caer.
—Oh, gracias, maldito Dios —dice Liz, aliviada—. Esto podemos
arreglarlo. Solo necesitamos golpear el trasero de Drew y poner su
maldita cabeza en el juego. ¿Por qué infiernos no le has dicho nada de
esto?
—¡No lo sé! Pensé que simplemente lo entendería, como siempre
lo ha hecho antes. Siempre ha sabido qué quería y necesitaba, y
después de un tiempo empecé a enojarme de que no lo hiciera. Ahora
que todo ha llegado tan lejos, ¡no sé qué demonios hacer! —gimo.
—Por suerte para ti, me encuentro aquí. Vamos a arreglar esta
mierda —me dice.
Me coloca el brazo alrededor del hombro en una inusual muestra
de afecto y caminamos de regreso al salón para recoger a las niñas
mientras planea una estrategia.

—Cuando dijiste que arreglarías las cosas, esto no era


exactamente lo que tenía en mente —me quejo una hora después.
Dejamos a Veronica con el papá de Drew, quién ya se
encontraba cuidando a Billy, y Liz le dice en términos inequívocos que
también tiene que cuidar a Molly. Él la llama dama, levanta a las dos
niñas en la entrada, y corre de vuelta a la casa antes de que le
digamos por cuánto tiempo estaremos fuera.
En estos momentos nos encontramos sentadas en la sala de
espera del salón local esperando mi turno para hacerme una
depilación brasileña.
—Antes de que podamos arreglar tu mierda, necesitamos
arreglar tu mierda —dice Liz, ondeando la mano en dirección a mi
vagina—. Ningún hombre debería tener el pene atrapado en una selva
de vello púbico.
Ruedo los ojos, y me cruzo de brazos.
—No es tan malo —me quejo.
—La última vez que llevaste una rasuradora a esa área fue hace
siete meses. Es ASÍ de malo. El día que querías que viera tu vagina
podía ver esas cosas tratando de salirse de tu ropa interior. Tu coño
parecía unos de esos payasos que son calvos en la mitad de la cabeza
y tienen mechones de cabello descomunales saliendo de las orejas.
Antes de que pudiera quejarme de la comparación de mi vagina
con la cabeza de un payaso, la recepcionista dice mi nombre y ambas
nos ponemos de pie.
—¿De verdad vas a entrar ahí conmigo? —pregunto.
—Infiernos que lo haré. Tu deseo se ha hecho realidad. Veré tu
vagina. Y, de verdad quiero ver el rostro de la mujer cuando le eche un
vistazo a la gran cantidad de vellos púbicos. Tus rizos abundantes, tu
selva abundante, la melena salvaje que si ve una chispa comenzará un
incendio forestal —declara.
—¿Terminaste? —pregunto irritada.
—Eso creo. Pero dame cinco minutos y quizás seré capaz de
pensar algo más.
—Eres una idiota —le digo mientras seguimos a la recepcionista a
una de las salas privadas de depilación.
—Sí, y en unos minutos, una polla será capaz de encontrar tu
vagina sin necesidad de gafas de visión nocturna y de una podadora.
—De acuerdo, Jenny, si quieres simplemente desnúdate y
envuélvete en la toalla que se encuentra en la mesa, la esteticista
llegará en breve —dice la recepcionista con una alegre sonrisa antes
de dejar el cuarto y cerrar la puerta tras sí.
—¿Un anestisista? Rayos, no tenía idea de que pasaran por tales
extremos y el mismo chico que te pone la anestesia durante el parto
ahora hiciera depilaciones. ¿Qué tanto va a doler? —pregunto
mientras me quito los vaqueros y la ropa interior.
—Mierda, ¡Jenny! ¡¿Cómo es que esa mierda siquiera cabe en tu
ropa interior?! —grita Liz mientras ríe y apunta—. Y el chico que pone la
anestesia es un anestesiólogo. ¡Necesitaré un maldito anestesiólogo
para adormecerme los ojos después de ver esto!
Rápidamente le doy la espalda y me envuelvo una toalla
alrededor de la cintura para que deje de burlarse de mí. Alcanzo el
dobladillo de mi blusa y comienzo a levantarlo, cuando me detiene.
—¿Qué demonios haces?
—Eh, me desnudo como la chica me dijo que hiciera —le digo
con las manos aún en el dobladillo de la blusa y el estómago expuesto.
—¿Tienes las tetas peludas o algo así? ¿Por qué demonios
necesitas quitarte la blusa?
Jadeo, enojada de que simplemente espere que sepa qué
demonios hacer en esta situación.
Bajándome la blusa, me subo sobre la mesa cubierta con papel
de oficina, con cuidado de mantener la toalla firmemente en su lugar
para que Liz no salga con uno de sus insultos.
—De acuerdo, así que, ¿cuánto se tarda esto? ¿Simplemente
derramará un poco de cera en la parte superior y entonces la
arrancará?
—Eh, no. Será una depilación brasileña. Va a sacar toda tu mierda
desde tu APSG hasta tu culo —me informa Liz con una mirada
completamente seria en su rostro.
—¿Qué rayos es una “APSG”? y, ¿qué quieres decir con “toda mi
mierda”? —pregunto nerviosamente.
—APSG es igual a áreas púbicas superiores gordas. Y toda tu
mierda, como, ya sabes, te separará las piernas, hará todo y luego te
girará en cuatro patas y te limpiará el culo.
¡¿Por qué es tan sincera sobre esta mierda?! ¡Y NO tengo un área
púbica superior gorda!
—¡¿Me van a abrir los pliegues y untar cera ahí?!
Liz deja escapar un sonido de disgusto y hace una mueca. —Por
favor, Dios, nunca digas la palabra pliegues otra vez.
Esto es más que vergonzoso. En verdad no esperé que depilarme
con cera incluyera que alguien intimara conmigo.
—¿Qué si estoy como, húmeda, allá abajo? ¿La cera se pegará
aun así?
Liz hace un sonido de arcada en este punto y me da una mirada
sucia. —En serio. ¿Pliegues y ahora húmeda? Corta esa mierda o
vomitaré por todo el piso.
La puerta se abre antes de que haga más preguntas y una
pequeña y adorable rubia entra y se presenta.
—¡Hola! Me llamo Stephanie y me encargaré de tus necesidades
de depilación con cera el día de hoy —dice mientras camina a la
estación de cera al lado de la mesa y agita la cera ya fundida en el
crisol de calentamiento y los palos de madera que va a utilizar para
torturarme.
—¿Alguna vez te has hecho una depilación brasileña? —pregunta
mientras se da la vuelta y me ayuda a acostarme sobre la mesa.
—No, por lo general me afeito, pero ha pasado un tiempo —le
digo mientras mueve la estación de cera cerca de la mesa, así puede
alcanzarla mejor.
—Ten cuidado, podrías sacarte un ojo o algo cuando mires allí.
Prepárate —bromea Liz desde la silla contra la pared.
—No te preocupes, estoy segura que no es tan malo como otras
mujeres que han estado aquí —me tranquiliza con una sonrisa, mientras
aparta la toalla para tener una mejor vista de con qué estará
trabajando—. Oh, Dios —dice suavemente y luego rápidamente da
unos pasos atrás—. Bueno, eh. Guau. De acuerdo, creo que necesitaré
más tiras de depilación. Y quizás más cera —dice Stephanie mientras se
aleja de la mesa para tomar suministros adicionales del gabinete en la
pared.
En este punto, Liz está muerta de la risa y resoplando. Levanto la
mano y le muestro el dedo, sin levantar la cabeza de la mesa.
Momentos después, Stephanie regresa y agrega los suministros a
la mesa. Sumerge un palo de madera en la cera y lo sostiene con una
mano debajo de la otra para recoger el exceso de cera, luego la
esparce por toda mi APSF: área púbica superior flaca.
Es cálida y relajante cuando la extiende sobre mí, y como que me
gusta.
¿Quién diría que esto sería en realidad agrada…?
—¡AAAAH, MI VAGINA! —grito de repente a todo pulmón, bajo las
manos para cubrirme y presiono el área que arde como si estuviera
quemándose para tratar de aliviar algo del dolor.
—Oh, Dios mío, ¡¿Me arrancaste el clítoris?! —le grito a Stephanie
horrorizada mientras permanece allí, de pie, con la tira llena de vello y
muy posiblemente con el botón de mi placer.
—Lo siento, probablemente debería haberte advertido que iba a
hacer eso, pero me parece mejor no hacerlo la primera vez porque solo
se tensan y entonces duele más —explica con una sonrisa de
felicidad, se gira y toma otra tira y mete el palo de madera en la cera
caliente.
—La primera siempre es la peor. Aguántalo perra —me dice Liz
desde la silla.
La siguiente media hora no pasa para nada rápido, y varias veces
tuve que detenerme de golpear a Stephanie en el rostro. Liz tuvo que
haber sentido mis deseos de estrangular a la mujer porque vino a la
mesa y me sujetó los brazos. Por suerte, Stephanie se redimió al decirnos
historias sobre las otras mujeres que ha depilado: mujeres teniendo su
periodo justo en medio de la depilación o mujeres teniendo un orgasmo
durante el evento. Esa precisamente inquietó mi mente, pero entonces
recordé cuánto le gustó a Drew que le arrancara los trozos de corteza
de árbol del culo durante “La Gran Aventura de Miel”.
Una cosa que puedo decir de todo esto es que mi culo nunca se
vio mejor. Cuando me tuvo a cuatro patas para poder bajar a esa
zona, me trajo un espejo. Déjame decir, es tan suave que quiero mimar
a mi propio culo. Liz sigue preguntándome si quiero un tiempo a solas
para que pueda follarlo con el dedo, y pienso que bromea así que le
devuelvo el espejo a Stephanie antes de entusiasmarme.
La única parte buena de este día es que ya no me siento tan
consciente de mí misma. Quizás todo este tiempo no he estado
preocupada por la grasa que quedó después del parto, sino de que mi
vagina esté demasiado peluda. Realmente me siento un poco más sexy
ahora que sé lo que se encuentra dentro de mi ropa interior. Una vez
que Stephanie pudo ver mi vagina, me dijo que era linda. Y dado que
había visto un montón de vaginas, creía en su opinión.
Me encuentro un poco más segura ahora para hablar con Drew y
decirle lo que necesito. Es extraño cómo una vagina puede hacer eso
por ti. Estoy muy emocionada por finalmente ser honesta con Drew y
llevar a mi nueva vagina a dar una vuelta. Me gustaría que no fuera mal
visto andar sin pantalones en público.
¿Quién está en el arco, qué está en la
canasta?
Traducido por NnancyC
Corregido por florbarbero

—Así que, ¿cuán atractivo es? ¿Tan caliente como Chace


Crawford o tan caliente como Penn Badgley? —me pregunta Carter
mientras empacamos nuestros bolsos de trabajo y nos alistamos para
fichar nuestra salida por la noche.
Por supuesto que les cuento a los chicos todo sobre el jodido
saboteador de hogares que se mudó al otro lado de la calle. Saben
que intenta avanzar sobre mi territorio y suplantarme como el chico más
sexy de la manzana. ¡Oh, demonios, no! Esa posición ha sido mía por
cuatro años. Además, no me gusta la forma en que miró a Jenny la otra
noche. Y ella le hizo galletas. ¡GALLETAS! Jenny solo hace galletas para
mí. Así como soy el único quién alguna vez la sorprende con caramelitos
de regalo. Bueno, solía hacerlo. Supongo que lo he olvidado
últimamente.
—¿Quién mierda son Chace Penn y Crawford Badgley? —
pregunta Jim, caminando con nosotros hacia las puertas de salida de la
planta automotriz.
—Chace Crawford y Penn Badgley. Los dos actores protagonistas
de Gossip Girl —le digo—. Es como si nunca hubieras visto una revista US
Weekly. Vive un poco, Jim.
Salimos hacia el estacionamiento y avanzamos hacia nuestros
vehículos. No puedo sacarme la imagen de Fuckson de la cabeza y la
forma en que era tan casualmente amistoso con mi esposa.
—¡Oh, Jenny! Muchísimas gracias por las galletas. No puedo
esperar a comer tus riquísimas galletas y luego follarte en la sala de estar
en una pila de galletas mientras tu esposo se encuentra en el trabajo —
digo en una voz aguda.
—¿En verdad suena así? Porque tengo que decir que si lo hace,
no tienes nada de qué preocuparte —dice Carter mientras saludamos a
otros chicos yendo a sus autos.
—Bueno, no exactamente así. Era más como: “Mmmm, mi gustar
galletas. Mi comer todas las galletas” —digo en una voz profunda.
—Tan fácil que un cavernícola puede hacerlo —dice Jim con una
carcajada.
—Esto no es un asunto del cual reírse, Jim. Sé que cometí un gran
error cuando hice que mi papá la persiguiera hace un par de semanas
porque pensé que me ocultaba algo. Y todavía estoy castigado por
ello, pero, ¿qué si ella ha decidido volver a mí porque realmente me
oculta algo?
Con toda honestidad, no creo que la cosa que pasa entre
nosotros recientemente sea tan seria, a pesar de que acudí a la terapia
y a la cena catastrófica con los vecinos. Como que lo hago solo para
seguirle la corriente. Si piensa que algo necesita ser arreglado,
entonces, ¿quién soy yo para decirle que no? Imagino que al final
volverá a ser la Jenny que conozco y amo. La Jenny loca y ninfómana a
quien le gusta probar bolas chinas en una tienda de juguetes sexuales y
que me deja ponerle un vibrador a control remoto durante nuestra
ceremonia de boda.

—Jenny, ¿aceptas a Drew como tu…?


—¡OH, DIOS MÍO! ¡OH, SÍ, SÍ, SÍ! ¡OH, JESÚS, SÍ!
—Bueno, de acuerdo, entonces. Creo que eso significa que ahora
puedo declararlos marido y…
—¡SIGUE! ¡OH, DIOS, NO TE DETENGAS!
—¿Mmm, mujer? Lo siento, eso es todo lo que tengo.

—De repente, después de hacerse amiga del señor Descamisado


Cara de Puta, quiere sexo vainilla. Quiere simplemente… hacerlo. Sin
campanas ni pitos, sin animales vivos, sin conexiones múltiples como
medida de precaución, y sin coderas o cascos. No entiendo —me
quejo con los chicos mientras llegamos primero al auto de Jim, y nos
detenemos—. Me arruinó para el sexo vainilla. Me arruinó y fue la mejor
forma de ser arruinado. ¿Y ahora solo espera que vuelva a la posición
del misionero con las luces apagadas?
Jim abre la puerta de su auto y arroja su bolso en el asiento
trasero.
—¿Coderas y un casco? —pregunta Carter.
—Oh, hombre, el mejor día de mi vida. Fuimos a la pista de
patinetas del parque y lo hicimos deslizándonos por la rampa —le
cuento—. Teníamos que detenernos constantemente, levantarnos y
volver a la cima para poder bajar de nuevo, por lo que tomó un tiempo,
pero incluso así fue mágico.
Hombre, aquellos eran buenos tiempos.
—Antes de que hagamos cualquier suposición, creo que
necesitamos conocer a este tipo, Jackson —explica Jim.
—Es Fuckson. Corrígelo —le digo severamente.
—Bien, Fuckson. Quiero conocerlo y ver por mí mismo si es una
amenaza.
Jenny se ofreció de voluntaria para entrenar el equipo de fútbol
de Veronica y tienen su primer juego mañana en la tarde. Debe estar
muy aburrida con el trabajo y con los niños para apuntarse en algo
como eso. Quizás por eso ha estado tan diferente últimamente. Se
encuentra aburrida y no tiene suficiente que hacer. Es malo que no
sepa nada sobre fútbol, así que no creo que entrenar vaya a ser tan
satisfactorio como podría pensar.
Veronica me dijo que le preguntó a Fuckson si podría ir a ver su
juego, y dijo que sí.
Jodida bolsa de mierda.
Por supuesto, ella no le dice Fuckson. Lo llama mejor amigo.
Bueno, ¿sabes quiénes son mis mejores amigos? Mis dos puños. Y se
encuentran ansiosos de conocer a cara de mierda. ¡Yuju!
Los chicos ya planeaban venir al juego de Veronica, así que les
dejo saber que tendrán la oportunidad de formarse una opinión la
siguiente tarde. Cuando nos despedimos y salimos del estacionamiento,
en verdad estoy animado por esto. Mis chicos conocerán a este imbécil
y se darán cuenta que es un perdedor y luego todos juntos le
advertiremos a Jenny. Como una intervención. Una intervención a Cara
de Mierda. Y Jenny me lo agradecerá desnudándose, y nuestras vidas
volverán a como deberían ser.

—¡No! ¡Dirección equivocada, Alex! ¡El touchdown es en esa


dirección! —grita Jenny, señalando el extremo opuesto de la cancha
donde la pequeña Alex corre con el balón.
—Es un GOL, Jenny. ¡UN GOL! ¡Touchdown es en fútbol
americano! —le digo rápidamente cuando ambos comenzamos a gritar
desde los laterales para que Alex se dé la vuelta.
—Oh, Dios mío, esta cosa del fútbol es difícil. ¿Por qué hay tantas
reglas para niños de tres y cuatro años? —se queja Jenny mientras saca
a uno de los niños del juego para un receso y alista a Veronica para
tomar su lugar.
—Oye, Drew. Necesito decirte algo —dice, y le entrega a
Veronica una botella con agua.
Oh, mierda. Dirá que va a dejarme. ¡Esto no puede suceder!
—Nop, nada de charla. Es un juego serio. Presta atención.
Rueda los ojos y se pone de cuclillas para hablar con Veronica.
—De acuerdo, cariño, recuerda, no le quites el balón a tus
compañeros. Y si lo tienes, remata hasta el final de la pista —explica
Jenny a una Veronica confundida.
—O, podrías patearlo hasta el final de la cancha —le digo a
Veronica.
—El fútbol apesta —se queja, doblando los brazos y rehusándose
a moverse.
—Lo sé, el fútbol apesta a lo grande y probablemente te volverá
gay. Pero no hay mucho más para elegir cuando tienes tres años.
¡Aguanta y ve a hacer un gol para mí! —le digo y agarrándole los
hombros, le doy la vuelta para enfrentar el campo y le doy un pequeño
empujón.
—Bien, en serio. Tú y yo tenemos que hablar. Tengo algo que
necesito…
El árbitro sopla el silbato para el saque justo al lado de Jenny, y
deja de hablar a la mitad de la oración para hacer una mueca de
dolor. Hay un torbellino de niños corriendo a toda velocidad por la
pelota, golpeando, empujando y jalando cabellos para conseguirla. No
les importa para qué equipo estén jugando; solo quieren la pelota. Es la
anarquía del fútbol.
—¡NO, JUSTIN! ¡EN EL FÚTBOL NO SE MUERDE! —grita Jenny a uno
de los niños.
»¡Consigue el balón, Veronica! ¡Agarra ese balón y lánzalo al
receptor!
—Estás cagando enormemente tu charla deportiva. Lanzar, y
receptor, son para el béisbol —le explico y la multitud estalla en
ovaciones cuando alguien hace un gol. No tengo ni idea de quién lo
hizo o qué equipo consiguió el punto porque todos estos pequeños
bastardos lucen iguales.
—Pero conseguimos dos puntos por encestar, ¿cierto? —
pregunta, mientras los chicos vienen a un receso para tomar agua.
—No, consigues un punto por un gol. Encestar es en baloncesto.
—Pero le dijiste a los niños antes que driblaran con el balón por el
campo. SÉ que driblar es para baloncesto —discute.
—Es para baloncesto y para fútbol.
—¿Quién detiene a alguien de driblar en baloncesto? —pregunta.
—La defensa.
—¿Entonces quién los detiene de driblar con el balón en fútbol?
—El defensor —le digo, preguntándome si esto va a convertirse en
uno de los peores momentos de la historia de la comedia “Who’s on
First”.
—Lo que sea, siempre y cuando no se maten, no me importa. De
todos modos, en verdad tenemos que hablar sobre algo importante y…
—¡Shuuuuuuuuuuu! —le digo, poniéndole un dedo en los labios—.
El juego. Jugar. No hablar.
¡Joder! Sueno como un maldito cavernícola pero no puedo
evitarlo. Cual sea la cosa importante que necesita decirme
probablemente sea que ha decidido que quiere un pene más joven
que le guste comer vainilla.
Afortunadamente, algo brillante la distrae. Por desgracia, ese algo
brillante es Fuckson, el mismísimo Señor Vainilla.
Que no sea confundido con Vanilla Ice, obviamente. Si el Señor
Ice caminara por aquí justo ahora, ¡me pondría como loco! El mejor
rapero desde Milli Vanilli. No puedes culpar a la lluvia11 sin primero
detenerte, colaborar y luego escuchar. Genio.
Camina con aire despreocupado —sí, dije con aire
despreocupado, ¡cierra el pico!— hacia nosotros y oye, mira eso. Usa
una jodida camisa por una vez.
—¡Jackson! Lograste venir —dice con una sonrisa mientras le da al
agujero de mierda un rápido abrazo antes de apresurar al equipo de
vuelta a la cancha.
—¡OH, DIOS MÍO, YEY! ¡Estoy tan encantado de que esté aquí! —
chillo en un deleite sarcástico, aplaudiendo y dando saltitos.
Jenny me fulmina con la mirada antes de alejarse para mirar a
Vainilla con Picor Vaginal.

11
Hace referencia a la canción Blame it On the Rain de Milli Vanilli.
—¡No me lo perdería por nada del mundo! Haces un gran trabajo
entrenando. Drew, tú no jugaste fútbol en la universidad, ¿verdad? —
pregunta Pene de mierda.
¿Qué demonios se supone que significa eso? ¿No soy lo
suficientemente bueno para jugar fútbol? ¿No cree que sé cómo jugar
deportes? ¿Este pedazo de mierda me acaba de insultar?
—¿Qué, no crees que patearía traseros en fútbol? —le pregunto,
intentando tomar las riendas de mi ira antes de que sea echado de un
juego de fútbol por ensangrentar el rostro de alguien.
—¡Oh, no! ¡No quise decir eso en absoluto! Solo quise decir que
con tu tamaño apuesto que jugaste rugby o fútbol americano. Algún
deporte de contacto completo donde podrías realmente patear culos y
no solo correr por todas partes en el campo. Pareces como que podrías
jugar un buen juego de fútbol americano.
Tiene razón. PUEDO jugar un buen juego de fútbol americano.
—Yo era un perdedor total y no jugué ningún deporte. Tú debes
haber sido como el chico más genial de la escuela. Puedo decirlo, solo
por mirarte, que les gustas a todos. ¿Fuiste el rey del baile de bienvenida
o algo? —pregunta con curiosidad.
—De hecho, sí. Fui el rey del baile de bienvenida Y del baile de
promoción. Fue la primera vez en la historia de la escuela que sucedió.
Deberías haber visto cuán fuerte me ovacionó todo el mundo cuando
pronunciaron mi nombre. Amigo, fue jodidamente asombroso.
¿Qué carajo estoy haciendo? ¡Acabo de llamarlo “amigo”! y
estoy compartiendo recuerdos. No me gusta este tipo. Odio a este tipo.
NO seas agradable con él.
—Oh, hombre. ¡Desearía poder haberlo visto! Apuesto a que
ganaste todo —dice. Me mira fijamente por un par de minutos, y estoy
comenzando a sentirme incómodo cuando la siguiente cosa sale de su
boca.
»Espera, ¿Drew Parritt? ¡Santa mierda, sabía que ese nombre me
sonaba conocido! Estuviste en el equipo ideal del estado durante
cuatro años completos de la secundaria y conseguiste una beca, pero
te rompiste la rodilla en tu último año. ¡Oh, Dios mío! ¡Eres una jodida
leyenda!
¡Me conoce! ¡Escuchó de mí! ¡Soy una jodida leyenda!
—¡Mierda, hombre! Ese último juego de la temporada apestó a lo
grande. Podría haber trabajado más duro con la terapia física y
posiblemente haber vuelto al campo en el segundo año de universidad,
pero estaba muy ocupado con las damas en ese momento —digo con
una risa, rápidamente me interrumpo y dejo desaparecer la sonrisa
cuando recuerdo con quién diablos hablo: ¡Enemigo Público Número
Uno!
—Hombre, ¿todavía tienes todos tus trofeos, premios y esas cosas?
Me encantaría verlos todos —pronuncia con excesivo entusiasmo.
¡Noooo, la fuerza es poderosa! ¡Resiste! ¡Resiste!
—¡Sí! Los tengo todos en el sótano en un estante. En realidad,
quiero construir alguna clase de vitrina, pero no soy bueno con esas
cosas.
¡Joder! ¿Qué mierda hago? Deja de hablar con él. ¡Es mi
archienemigo!
—Oye, puedo construirlo para ti. Fui a la escuela de carpintería y
mis profesores dicen que tengo un gran talento natural. Construyo cosas
para todos en la familia e intento comenzar mi propio negocio. Podría
pasar más tarde y podrías mostrarme tus trofeos, y así darme una idea
de cuán grande necesitarás que sea la vitrina —dice entusiasmado.
Auch, mierda. Soy hombre muerto.
—¡Sería malditamente asombroso! ¿Cuánto cobras por algo
como eso?
¿Por qué le pregunto esto? NO le permitiré hacerme una vitrina
para trofeos. NO LO HARÉ, sin importar cuál sea el precio.
—Oh, no hay manera de que acepte tu dinero. Va por cuenta de
la casa, amigo. Sería un honor solo ser capaz de verlos, mucho más
construirte algo para ponerlos.
Bueno, mierda, creo que estoy enamorándome de Fuckson. ¡Dios,
maldita sea! Al menos Jim y Carter ya han tenido oportunidad de hablar
con él y pueden regresarme a la realidad diciéndome lo imbécil que es.
El juego de fútbol finalmente termina y Jackson dice adiós y que
pasará más tarde por casa.
Joder, ¡Ya ni siquiera puedo obligarme a llamarlo como una mala
palabra, ya que es demasiado simpático! Ahora SOY YO el que necesita
la intervención.
Jenny se halla ocupada hablando con los padres, así que me
escapo y me acerco a Jim y Carter en las gradas antes de que me
arrincone y quiera “hablar”.
—Bien, suéltenlo. Díganme cada cosa malvada, asquerosa y
horrible que piensan de él. Adelante.
Comparten una mirada antes de volver a enfrentarme.
—De hecho, como que nos gusta —dice Carter tímidamente.
—Sí, va a venir mañana para vigilar a las chicas así Liz y yo
podemos salir a cenar —agrega Jim.
—Viene a nuestra casa el martes porque tiene un limpiador
secreto de paredes que inventó que sacará el marcador permanente
de las paredes —dice Carter.
¡Noooooooo! ¡Se suponían que me ayudarían! ¡Se suponía que
serían mis cómplices para recuperar a Jenny, y ahora me jodieron por el
culo!
—¡¿Le escuchaste hablar sobre esa cosa que hizo en quinto
grado?! —le pregunta Carter a Jim.
—¡Oh, Dios mío, esa fue la historia más graciosa de todos los
tiempos! —responde Jim con una risa.
—En verdad me gustaron sus pantalones. Le pregunté dónde los
consiguió y me dijo que en Target. ¿Quién lo sabría? —dice Carter,
encogiéndose de hombros—. Me pregunto si iría a comprar pantalones
conmigo si se lo pidiera.
Me quedo mirando con horror a mis dos amigos mientras siguen
hablando con excesivo entusiasmo sobre mi enemigo declarado, que
ahora como que me gusta.
—Vamos a comprar zapatos el siguiente viernes porque conoce
una gran tienda a casi una hora de aquí que tiene una enorme venta
de liquidación así que asegúrate de no pedirle ir el viernes —dice Jim.
—Espera, ¿una venta de zapatos? Necesito zapatos nuevos —le
digo a Jim.
Estoy jodido.
Spoop
Traducido por Vani
Corregido por Verito

—¡Lo tengo! —grito desde arriba a Jenny, mientras suena el timbre


y corro a abrir la puerta.
Es el día de las compras de zapatos y Jackson me dijo que iba a
venir por mí cuando se encontrara listo para salir. Todavía no estoy cien
por ciento a bordo del tren Jackson, pero cualquier chico que sabe
dónde se encuentran las mejores ventas de zapatos obtiene un pase
libre para el día en mi agenda.
Abro la puerta y Jackson se halla de pie al lado de una vitrina de
trofeos de cuatro estantes de roble, hecha a mano.
—Tuve un poco de tiempo libre anoche y pude de construir tu
vitrina de trofeos. Espero que no te importe —dice con una sonrisa.
Bueno, hijo de puta. Ahora estoy en el tren Jackson
despidiéndome de mis seres queridos y dirigiéndome hacia el atardecer
con mi nuevo mejor amigo.
—¡Hombre, esto es jodidamente increíble! —le digo mientras salgo
al porche para darle un buen vistazo a mi nueva vitrina. Es la mejor
pieza de mobiliario que he visto en mi vida. Esta cosa fácilmente
mantendrá todos mis trofeos y medallas, y este hombre, que
probablemente podría decir que no me gustaba al principio, lo
construyó para mí, sólo para ser amable.
O todavía quiere robarme a mi esposa y esta es su manera de
distraerme. Mientras me encuentro ocupado colocando los trofeos, va
a estar arriba teniendo sexo con mi mujer.
—Oh, me olvidaba. También tengo esto para ti —dice mientras se
aleja del porche y recoge algo que había dejado cerca de nuestros
arbustos.
Cuando se gira, carga un gnomo de jardín en los brazos. Pero no
cualquier gnomo de jardín. Este pequeño individuo usa un uniforme de
fútbol de la universidad de Ohio, mi antigua escuela. En lugar de un
extraño sombrero de gnomo de jardín, lleva un casco de fútbol
americano plateado con una roja y blanca en el centro. También tiene
una camiseta de fútbol con mi antiguo número pintado en ella, y
sostiene un balón en el brazo.
Normalmente, no soy un defensor de los gnomos de jardín. Son
pequeños bastardos espeluznantes que cobran vida en la noche y te
violan mientras duermes. Se ciernen sobre tu cabeza en la almohada y
solo tienen que esperar hasta que giras sobre tu estómago para quitar
las sábanas y hacer lo suyo contigo. Esto todavía no se ha demostrado
científicamente, pero estoy seguro que es solo cuestión de tiempo. Esa
es también la razón por la que siempre me pongo un cinturón en la
cama. ¡Les dificulto llegar a mi dulce culo!
Jenny siempre ha querido tener un gnomo en nuestro patio
delantero; uno donde el pequeño individuo espeluznante se encuentra
sentado en un muelle sosteniendo una caña de pescar. Cada vez que
estamos cerca de una tienda de jardinería me pide que lo compre. Y
cada vez, tengo que recordarle lo que esas cosas son capaces de
hacer. Especialmente uno con una caña de pescar.
¡Por Dios, mujer! ¿Sabes qué tipo de daño le haría a mi culo un
gnomo de jardín que lleva una caña de pescar? Se llevarían a cabo
actos horribles. ABOMINABLES.
Nunca pensé que vería el día en el que aceptaría a un gnomo de
jardín en mi patio. Pero éste es uno bueno. Puedo ver en sus ojos que
nunca me haría daño. Nunca me atacaría con su poder maligno de
gnomo de jardín.
—Jenny siempre habla de cuánto quiere un gnomo de jardín,
pero que no te gustan. Vi éste el otro día y pensé que podrías aprobarlo,
así que hice que el chico de la tienda le pintara el número de tu
camiseta —dice mientras me entrega al pequeño chico futbolista.
—Lo nombraré Buckeye y será mi amigo por siempre —digo en
voz baja mientras acaricio la cabeza de Buckeye y lo siento en el primer
escalón del porche.
Con una última sonrisa en dirección a Buckeye, ayudo a Jackson
a llevar la vitrina de trofeos al sótano y entonces me ayuda a llenarla
con todos los trofeos antes de ir al piso de arriba.
—¡Hola, Jackson! —dice Jenny con Billy en brazos mientras nos
encuentra en la parte superior de las escaleras—. ¿Cómo estuvo tu cita
de anoche?
Jackson se ríe y miro una y otra vez entre ambos.
¿Cita? ¿Jackson tuvo una cita? ¿Con una mujer que no es mi
esposa? Este día se pone cada vez mejor y mejor.
—Oh, cielos, ¡fue tan impresionante, Jenny! Nos divertimos mucho,
y serás feliz de saber que terminamos durmiendo juntos —dice Jackson
con una sonrisa.
Guau, ¡no sabía que el tipo podía hacer eso! Encontrar a alguien
genial en la primera cita es tan yo. Me siento tan cercano a él en este
momento.
—¡Estoy tan feliz por ti! Así que ustedes obviamente se cayeron
bien. ¿Van a salir de nuevo? —pregunta Jenny mientras desplaza a Billy
al otro brazo.
—Sí, vamos a salir de nuevo esta noche. Aunque, después del
despertar que tuve esta mañana, ¡me sorprende que incluso pueda
funcionar o caminar ahora mismo!
Jenny y Jackson se ríen y quiero envolver a este tipo en un abrazo
y dar muchos saltos de felicidad porque ha encontrado a una chica
genial, y ya puedo dejar de enloquecer.
Me acerco y le palmeo la espalda. —Esa es una increíble noticia,
hombre. Estoy feliz por ti.
Jackson sonríe de nuevo y creo que incluso puedo verlo sonrojarse
un poco.
—Gracias. Ha pasado un tiempo desde que me he sentido tan
bien por alguien. Dave es un gran tipo. No puedo esperar a que lo
conozcan. ¿Está bien si uso el baño? —pregunta.
Jenny le dice que vaya y utilice el baño de la planta baja, lo que
es algo bueno porque en este momento, mi cerebro se halla en algún
lugar en el espacio exterior, y necesito que esté un minuto fuera de la
habitación.
—¿Dave? Dime que es el nombre raro de una chica —le susurro a
Jenny cuando Jackson camina por el pasillo hasta el cuarto de baño.
—Mmm, no. Jackson es gay. Te lo dije —dice mientras camina a la
cocina para tomar unos cuantos biberones de la nevera y meterlos a la
bolsa de pañales.
—No, ¡ciertamente NO me dijiste eso! Me encuentro bastante
seguro de que es algo que recordaría con claridad —me quejo mentiras
echo un vistazo a atrás, hacia el pasillo por donde se fue Jackson.
—¿Cuál es el gran problema? Conocemos un montón de gente
gay. No te estás convirtiendo en un homeopático, ¿verdad? —exige,
enojada.
—No, no me estoy convirtiendo en una persona que utiliza la
medicina alternativa —le contesto con una sonrisa.
—Esto no es gracioso, Drew. Si tienes un problema con los
homosexuales, tenemos un gran problema.
—¡No tengo un problema con los homosexuales! Tengo un
problema pensando que algún tipo quiere estar con mi esposa cuando
todo el tiempo quiso meterlo por el otro orificio. Esto me habría ahorrado
muchos dolores de cabeza, déjame decirte —explico.
—¿Pensaste que Jackson quería tener sexo conmigo? —pregunta
sorprendida.
—Mmm, sí. ¿Por qué diablos no? Es un tipo bien parecido y eres
caliente como el infierno. Por supuesto que pensaría que Jackson quiere
tener sexo contigo —digo—. Y otra cosa... ha estado en ese baño
demasiado tiempo. Si hace spoop en nuestro inodoro, tendremos que
hablar.
Jenny se detiene con un biberón en la mano y me mira con
confusión.
—Si Jackson quiere hacer spoop en el inodoro, puede hacer
spoop en el inodoro. Es nuestro amigo. Jim hace spoop en el inodoro
todo el tiempo —dice.
—Jim lo hace en nuestro baño todo el tiempo porque tiene tres
niñas que constantemente llaman a la puerta y le preguntan si puede
pintarles las uñas o cepillarle el cabello a su Barbie. Su caca tiene miedo
escénico en su casa. Esto es completamente diferente. ¡Jackson está
depositando spoop en nuestra casa! —me quejo.
—¡Baja la voz! ¡Va a oírte! —regaña.
—¡Creo que DEBERÍA oírme! Puede defecar tanto como quiera en
mi baño. ¡Pero no puede ser spoop!
Jenny murmura para sí misma mientras pone a Billy en la
mecedora para bebés sobre el mostrador y lo abrocha.
—¡Deja de decir spoop! Ni siquiera sé lo que es. Sabes que no me
gusta cuando utilizas palabras difíciles que no conozco —se queja
mientras cierra la bolsa de pañales.
—Es muy sencillo de entender. Jackson dijo que tuvo sexo esta
mañana. De esta manera confirma que tiene semen en las regiones de
la puerta trasera. No es solo caca en este punto, Jenny. Es SPOOP12. ¡Lo
ha hecho donde nos cepillamos los dientes! Ahora, cada vez que vaya
allí, voy a verlo. En el inodoro, en el suelo, en las paredes. ¡Donde quiera
que mire lo habrá y todo es su culpa!
Jackson es gay. Jackson no quiere dormir con mi mujer. Eso me
hace muy feliz. El spoop me pone muy triste.
—Ese hombre te hizo una vitrina de trofeos y te llevará a comprar
zapatos. ¡Puede hacerlo en la alfombra de la sala si quiere! —
argumenta Jenny.

12
Mezcla entre sperme (esperma) y poop (caca).
—Oh, ahora estás siendo tonta. ¿Por qué lo haría en la alfombra?
No es un perro —le digo mientras le hago muecas a Billy, quien gorgojea
y me sonríe—. Si resultas ser gay, nunca lo hagas en el baño de papá,
¿si, Billy? ¡No lo harás! Lo mantendrás para ti mismo, porque amas a tu
papi.
Unos minutos más tarde, Jackson entra en la cocina y se para a mi
lado. Todo lo que puedo hacer es mirarle las manos y esperar que les
haya quitado el spoop. Será embarazoso si tengo que recordárselo.
—¡VIÓLAME! ¡MAMI! ¡VIÓLAME!
Jenny suspira y sacude la cabeza cuando oye a Veronica gritar
desde el baño que queda arriba.
—Mmm, ¿te pide que la violes? —pregunta Jackson con una risa.
—Sí, totalmente. En estos momentos tiene dificultades diciendo
“límpiame” después ir al baño por sí misma —le explico.
Me pregunto si cuando Jackson se encuentra en su propia casa,
grita—: ¡SPOOP! ¡SPOOP!
—No es divertido cuando lo dice en el baño de McDonalds lleno
de gente —dice Jenny mientras sale de la cocina y va a ayudar a
Veronica.
Jackson y yo nos quedamos solos en la cocina con Billy, y tengo
dificultades para mirarlo a los ojos.
—Supongo que no sabías que era gay —dice finalmente.
—No, pero está todo bien, hombre. No juzgo.
A menos que estés haciendo spoop en mi baño. Entonces voy a
juzgarte a ti y a tu spoop hasta la muerte.
—Bueno, bien. Porque realmente me gusta este chico, y me
gustan tú y Jenny —dice.
Y realmente te gusta el spoop.
—Ah, se me olvidaba. Tengo algo para ti —dice mientras trota
hacia la puerta delantera y agarra una bolsa que ni siquiera había visto
que se encontraba allí.
Vuelve y me la entrega. Busco dentro y saco una camiseta que
dice: Me gusta el sexo oral, anal, y las compras. No particularmente en
ese orden.
Oh, hombre. Aquí viene. Voy a llorar.
Lanzo la camiseta al mostrador de la cocina, agarro a Jackson y
le doy un abrazo.
—Eres un buen tipo. Espero que este tipo Dave te trate bien, y si no
lo hace, voy a patearle el culo. Y no me importa si quieres hacer spoop
en mi baño todos los días, hombre. Mi inodoro es tu inodoro; tu spoop es
mi spoop. Estoy en este tren, pero para que lo sepas, no quiero ser el
último vagón —digo mientras lo libero del abrazo.
He encontrado un nuevo mejor amigo, y no me importa si es la
carne en un sándwich triple de hombres. Me hace vitrinas de trofeos,
me compra gnomos de jardín no violadores y camisetas.
Cuando me pongo la nueva camiseta encima de la que llevaba,
Jenny y Veronica salen desde el fondo del pasillo.
—¡Mami violó mi spoop! —grita Veronica mientras corre hacia la
sala de estar.
Quiero un polvo fresa
Traducido por Andreani
Corregido por Mary

—Espera un momento, así que ¿aún no has hablado con Drew? —


pregunta Claire mientras caminamos hacia un estante de ropa y
escogemos entre varias prendas.
Mientras los chicos fueron a comprar zapatos, decidimos tener un
día de chicas e ir al centro comercial. Las dos hijas mayores de Liz
juegan en casa de una amiga, así que hoy tan sólo tiene Molly. Después
de muchas protestas, Claire trajo a Gavin, Sophia estaba con los padres
de Carter. Yo traje a Veronica y Billy conmigo, así que los llevo en una
carriola doble.
—No, no he hablado con Drew todavía. Lo intenté como un millón
de veces durante el juego de futbol de Veronica pero me seguía
interrumpiendo. Es como si supiera que quería hablar de algo serio y se
negara a hacerlo. —Explico al tiempo que saco una camiseta del
estante y la sostengo frente a mí.
—Gavin, levántate del piso —lo regaña Claire.
Me doy vuelta hacia donde mira y noto que Gavin ha retirado
toda una pila completa de suéteres doblados de una de las mesas y la
usa como almohada mientras se recuesta sobre su estómago en el piso.
—¡Iuuuuugh esto es una mierda! —se queja Gavin en voz alta.
—¡Mierda! —gritan Veronica y Molly al mismo tiempo antes de
reírse.
—¡Gavin! —grita Claire con rabia mientras éste deja salir otro
gemido y, finalmente, se levanta del suelo.
—Bien, así que no quería hablar en el juego de fútbol, ¿y después?
—pregunta Liz mientras busca en su bolso la taza de Molly y se la da.
—Invitó a Jackson a la casa y los dos se la pasaron en el sótano
viendo los trofeos de fútbol de Drew durante unas cinco horas. Y luego
se fue a trabajar y ya saben cómo va eso.
Como todos nuestros esposos trabajan para la misma planta
automotriz en el mismo turno nocturno, las chicas son muy conscientes
de cuán difícil puede ser tener algún tipo de conversación importante
con ellos durante la semana si no quieres hacerlo por teléfono, lo cual,
definitivamente, no quiero. Esto es algo que debe hacerse en persona.
Por fin sé lo que quiero y necesito de él, y me encuentro segura de que
tengo la confianza para decírselo sin arruinarlo. Pero verlo solo durante
unos diez minutos cuando llego a casa del trabajo y luego se va, lo
hace un poco difícil.
—Me sorprende que se acostumbrara a Jackson tan rápido y que
fuera de compras con ellos hoy. Pensé que querría matarlo cuando se
enteró de lo que pasaba entre ustedes dos. —Sentencia Claire
apuntando a la pila de suéteres que todavía se halla en el suelo sin girar
o decir una palabra cuando Gavin camina hacia nosotros.
—¡Oh, DIOS MÍO! ¡Este es el peor día de mi vida! —se queja Gavin
antes de pisotear dramáticamente hacia los suéteres para recogerlos.
—¡No había nada entre nosotros! No lo digas de esa forma —me
quejo y niego—. No —digo cuando Liz sostiene una blusa naranja y me
da una mirada inquisitiva.
—El tipo va a tu casa casi todos los días a pasar tiempo contigo y
los niños, ayuda con la ropa, los platos y mueve los muebles. Hace todas
las cosas que un marido debe hacer, pero sin los beneficios extras.
La quedo viendo un minuto preguntándome de qué beneficios
habla.
—Sólo me ayudó mover el sofá al otro lado de la sala una vez. Y
tiene un trabajo real, así que ya tiene beneficios médicos. ¿Por qué le
daría algo por ayudarme y ser un buen amigo? Eso es raro —le digo,
sacando otra blusa y revisando la talla.
—¡Sexo, Jenny! Habla de sexo —dice Liz, un poco alto.
—¡SEXO! ¡QUIERO SEXO! —grita Veronica desde la carriola.
—No, no, no. No digas eso, cariño. Es malo —le digo.
—Realmente no lo has hecho en un tiempo si dices que es malo —
se ríe Liz desde el otro lado de los estantes de ropa.
—Cállate. Tuvimos sexo en nuestra cita. Bueno, algo de eso.
Bueno, en realidad no —digo con vergüenza, encogiéndome de
hombros.
—¿A qué te refieres con, “en realidad no”? ¿Cómo “en realidad
no” tienes sexo? —pregunta Claire confundida.
—Bueno, empezó realmente apasionado e impresionante. Nos
encontrábamos en la entrada, en el auto, comenzado. Pero entonces
empezó a hablar sucio, y no sé, se sentía raro. Como ahora somos
mayores y padres de dos hijos, tal vez no deberíamos hacerlo más. Le
dije que sólo lo hiciéramos normalmente, sin las cosas raras, y las cosas
no fueron tan bien.
Liz y Claire me miran fijamente, y me doy cuenta que Gavin toma
un par de tangas encaje de una de las mesas y se las pone en la
cabeza como una máscara.
—¿Le dijiste a Drew que dejara de decir cosas sucias en medio del
sexo? —pregunta Claire conmocionada.
—Por favor, no le preguntes más cosas sobre eso. Palabras como
“prostituta” y “puta” serán lanzadas y mi cerebro no puede soportar ese
recuerdo otra vez —dice Liz con un escalofrío dramático.
—Pero, digo, ustedes son el epítome de lo erótico. Eso es como
decirme que ya no hornee más. Es antinatural.
¿Es cierto? Es decir, no podía imaginar que Claire no volviera a
hornear nunca más. Es su vida y parte de quién es. ¿El sexo es parte de
Drew y de mí? ¿Si no lo tenemos, no somos quienes somos realmente?
—Dime, ¿te sentiste normal tratando de tener sexo regular, llano y
viejo? ¿Te hizo feliz? —pregunta Claire.
—No, en absoluto. Me entristeció. Pero me pareció que era algo
que debía hacer y desde luego, Drew no ha intentado volver a tener
sexo conmigo. Creo que le romí el pene —digo en un susurro.
—Nadie piensa que mis bromas son graciosas —se queja Gavin,
caminando hacia nosotras con la tanga roja todavía en la cabeza, la
parte delantera le cubre los ojos y nariz.
—Uuuuh, ¿Por qué traes eso en la cabeza? —pregunta Claire,
sacando el teléfono celular de su bolso y tratando de sofocar la risa.
—Es una máscara. Es mi chiste de máscara y nadie piensa que soy
gracioso —se queja otra vez.
—¡Oh, yo creo que es muy GRACIOSO! —dice Liz, ni siquiera
molestándose en sofocar la risa—. Dime tu chiste.
Gavin se voltea hacia ella. —Toc, toc.
—¿Quién es? —pregunta Liz, riendo con cada palabra.
Escucho la cámara del teléfono de Claire hacer clic junto a mí
cuando le toma una foto.
—¿Por qué? —dice Gavin.
—¿Por qué quién?
—¡Porque APESTAS! —grita Gavin, riéndose de su propia broma.
—Sí, tú broma no es graciosa. ¿Pero qué el uses ropa interior
femenina en la cabeza? No tiene precio. Asegúrate de enviarme esa
foto. Va para el refrigerador —le dice Liz a Claire.
—Ustedes son un montón de bolsas de caca de burro —se queja
Gavin alejándose de nuestra risa.
—Bueno, de todos modos, volvamos a nuestra discusión. ¿Por qué
crees que rompiste el pene de Drew? ¿Sólo porque le dijiste que no
querías tener sexo salvaje y loco? —pregunta Claire.
—Bueno, estaba dentro de mí cuando lo dije. E hizo que se
ablandara. Rápidamente. Se sintió como si hubiera empujado un balón
dentro de mí y luego algo lo hubiera reventado con un alfiler. Eso
no puede ser bueno.
—Esta analogía de su pene y tu vagina no es algo que realmente
necesite tener en la cabeza ahora —se queja de Liz.
—Iuugh, el pene de Drew y mi vagina NO tienen analogía. Eso es
asqueroso. Nunca he tenido una vagina verde, viscosa, y sinceramente,
¿crees que dejaría que el pene de Drew se acercara a mi vagina si se
viera así? —me quejo.
—¡Por el amor de Dios, concéntrate, Jenny! —dice Claire mientras
nos dirigimos a la caja—. Hacer que un hombre se ablande no le rompe
el pene. Le quitaste la excitación. Lo que, hasta donde sé, es la primera
vez para Drew. Probablemente se encuentra asustado y cree que tú has
cambiado y no sabe cómo lidiar con eso. Es por eso no ha tratado de
iniciar nada desde entonces.
Suspiro, dejando la pila de mercancía en el mostrador.
¿Tiene razón Claire? ¿Drew piensa que he cambiado y ya no sabe
cómo actuar cerca de mí?
—Siento como si nos hubiéramos distanciado mucho y odio eso. Es
como si no nos conociéramos. Es el peor sentimiento del mundo.
Claire me acaricia la espalda mientras termina de colocar sus
artículos en el mostrador junto a los mío.
—Claro que ustedes aún se conocen. Aunque no lo parece, sigue
siendo tu mejor amigo y la única persona que sabe todo sobre ti. Es una
mala racha. Las parejas las tienen y, si son lo suficientemente fuertes,
lograran superarlas. Ustedes son lo suficientemente fuertes. Sólo tienen
que lograr estar en la misma página.
Gavin salta delante de nosotras con un paraguas en la mano, el
que hace pivotar en el aire y golpea los estantes de ropa colgantes,
tirando algunos al piso. Ahora tiene un sujetador azul atado en la cima
de la cabeza como los muchachos en la película “Weird Science”.
—¡Oh, Dios mío, acabo de tener la mejor de las idea! —grita Liz
mientras arranca el paraguas de las manos de Gavin y le quita el sostén
de la cabeza mientras éste deja salir un gemido de protesta.
—En serio, amigo. Te estoy salvando la vida justo ahora. Tu mamá
ya tiene una foto tuya con ropa interior femenina en la cabeza. ¿En
serio quieres intentar echar un polvo en la secundaria cuando también
hay una foto tuya con un sujetador en la cabeza? Acabo de salvar tu
vida social. Dile gracias a tía Liz —le dice lanzando el sujetador sobre
una mesa, recargando el paraguas contra otra.
—Yo sé qué significa echar un polvo. Papá me dijo y es asqueroso.
Nunca lo voy a hacer —se queja Gavin.
—Espera, déjame sacar la cámara de video —declara Claire
buscando el teléfono celular en el bolso de nuevo—. Dilo otra vez,
lentamente.
—¡Mamá, quiero un polvo! —grita Veronica desde la carriola.
—¡Yo también! ¡Quiero un polvo ¡Quiero un polvo fresa! —grita
Molly alegremente.
—Esto es inquietante y aun así divertido al mismo tiempo —afirma
Liz—. De todos modos, ¡De vuelta a mi fantástica idea!
Claire y yo terminamos de pagar nuestras cuentas e intentamos
callar a las niñas, que gritan sobre querer un polvo, mediante el soborno
de dulces como un último recurso.
—Bueno, ¿cuál es tu gran idea? —pregunta Claire mientras
salimos de la tienda.
—Bueno, sientes como si Drew y tú se hubieran separado y no se
conocieran realmente, ¿correcto? —me pregunta.
—Sí —digo tristemente.
—¿Recuerdan ese viejo programa de los sesenta, “El juego de los
recién casados”?
Claire asiente y sonríe ampliamente. —Oh, Dios mío, Liz, ¡Eres un
genio! Esa es la mejor idea.
Las miro inquisitivamente mientras caminamos hacia el área de
comidas.
—No lo entiendo. No estamos recién casados. ¿Cómo va a
ayudarnos? ¿Tenemos que casarnos otra vez o algo así? No sé si seré
capaz de entrar en mi traje de boda otra vez, si es el caso.
—Tu traje de boda era un top blanco, un par de pantalones
cortos blancos de hombre y medias blancas hasta los muslos. Estoy
segura de que cualquiera podría caber en tu traje de boda —declara
Liz al tiempo que intentamos encontrar una mesa y averiguar lo que los
niños quieren almorzar—. No, no hay ninguna necesidad de volverse a
casar. “El juego de los recién casados” trata de responder preguntas
sobre ustedes mismos y ver si tu pareja acierta. Es una gran manera de
ver cuán compatibles son dos personas.
Esto suena aterrador. Drew y yo solíamos conocernos bien pero
últimamente no. ¿Qué pasaría si arruinamos totalmente este juego y sólo
empeora las cosas entre nosotros?
—No sé chicas. ¿Y si respondemos cada pregunta mal? —les
digo—. Créanme, sólo va a deprimirme más.
—Confía en mí, esto va a funcionar. Verás de una vez por todas
que tú y Drew no se han distanciado tanto como piensas —me dice Liz.
—¡Esto va a ser muy divertido! Oficialmente programaré una
noche de juegos en dos semanas a partir de ahora —anuncia Claire.
—Limpien sus agendas y consigan niñeras. Esta es una noche de
“sólo para adultos” —añade Liz.
Compramos nuestra comida, la de los niños y discutimos cómo
funcionará el juego mientras comemos. No sé si me encuentro nerviosa
o emocionada. Esperemos que todo esto no nos vomite en la cara.
Apocalipsis zombi
Traducido por Janira
Corregido por Michelle♡

—No sé si esta es una buena idea —declara nerviosamente Jim.


—No seas marica. Esta es la mejor idea del mundo. Si las chicas
pueden hacerlo y vivir con ello, entonces nosotros también. ¿De verdad
quieres que tu esposa vaya por ahí diciéndole a la gente que hizo esto
antes que tú? Deja de ser marica y actúa como hombre —le digo.
Liz se encuentra en una reunión con un cliente y dejó a Jim a
cargo de la tienda por unas horas antes que tengamos que ir al trabajo.
Una decisión no muy acertada de su parte, considerando que la última
vez que lo dejó solo en la tienda reorganizamos el escaparate del frente
con maniquís femeninos teniendo una orgía. Así que cualquier cosa que
pase esta noche es culpa de Liz por confiar en que Jim se comporte.
Carter mencionó la otra noche que nunca había sido rociado con
gas pimienta y nos dimos cuenta que ninguno de nosotros lo fue. Es
vergonzoso que todas nuestras esposas hayan pasado por algo horrible
como eso y nosotros no. Así que ideé un plan. Un plan malvado y genial.
—Bueno, no hay nadie atrás en la sala porno. ¿Quién va a hacer
los honores? —pregunta Carter mientras emerge del pasillo junto al
mostrador.
Dos años atrás, Liz instaló una sala porno en la tienda. Los estantes
se encuentran llenos de cada película porno conocida por el hombre.
Para impedir que las roben y evitar la vergüenza de alguna pobre y
solitaria bibliotecaria al tener que llevar el estuche de la película en
frente de otras personas y que toda la gente en la tienda sepa que le
gusta el sexo con enanos de pollas grandes, los estuches de los DVDs se
hallan vacíos y a cada uno se le asignó un número de tres dígitos. Si
alguien quiere comprar uno, solo tiene que ir al mostrador y decirle a la
cajera que número quiere. En lugar de decir: “Quiero comprar Dickman
and Throbbinhood” pueden simplemente decir: “¿Puede darme el
cuatrocientos veintitrés, por favor?”
Ya que ni Carter ni Jim quieren ser realmente rociados con gas
pimienta en el rostro, decidimos echar un poco de gas en la sala porno
donde se hallará perfectamente contenido. Entonces, simplemente
podemos entrar y ver cómo nos afecta. En realidad no tenemos que
decirle a nadie cómo fuimos rociados con gas pimienta, simplemente
podemos decirle a la gente que ahora tenemos la “experiencia” de ser
rociados con gas. Es una idea perfecta, modestia aparte.
Es triste que no pudiera conseguir una buena camiseta de gas
pimienta para la ocasión. En cambio, me tuve que conformar con mi
respaldo ante situaciones de emergencia: Estoy lleno de genialidad.
—¿No deberíamos esperar a cerrar la tienda? —pregunta Jim,
mirando nerviosamente hacia la puerta.
—Tu esposa regresará antes que la tienda cierre. Necesitamos
hacer esta mierda ahora —le digo, agarrando una lata de gas tamaño
industrial de debajo del mostrador—. Las chicas estuvieron fuera de
combate ¿por cuánto? ¿Veinte minutos o algo así? Y eso que fueron
rociadas directamente en los ojos. Ya que nosotros sólo vamos a estar
parados en una habitación donde el olor persiste en el aire,
probablemente solo vamos a conseguir un pequeño porcentaje de lo
que consiguieron las chicas. Estaremos bien. Incluso si entra un cliente,
no tendrá idea de lo que pasa.
Jim tamborilea los dedos en el mostrador, mirando a la puerta
otra vez, y luego a su reloj. —De acuerdo, bien. Apurémonos y
hagámoslo, en caso de que Liz regrese temprano.
Carter y yo dejamos salir un grito de victoria y le entrego la lata
para dejar que él la rocíe.
—Adelante hombre, solo tienes que abrir un poco la puerta, echar
lo más que puedas y cerrarla rápidamente —explico.
Carter toma la lata, me da un saludo, se vuelve y corre por el
pasillo.
Tan pronto como se va, la campana sobre la puerta suena y Jim y
yo nos volteamos para ver entrar a tres mujeres.
—Mierda, clientas. ¿Qué mierda hacemos? —susurra
frenéticamente.
—Relájate. Se encuentra contenido en la trastienda. Simplemente
las atendemos como es normal y luego volvemos allí. Si todo el gas se
desvaneció, Carter simplemente puede echarlo de nuevo —le digo.
Las tres mujeres se encuentran en la esquina más lejana, riendo
tontamente sobre alguna cosa en uno de los estantes, así que
deambulo a donde se encuentran para ver si necesitan ayuda.
—Hola, señoras. ¿En qué puedo ayudarles esta noche?
Todas comienzan a reír otra vez y se vuelven de un rojo brillante
cuando tratan de mirarme a los ojos.
—Mmm, bueno, mi amiga Jamie nunca ha estado en una tienda
juguetes sexuales antes. Así que, ¿qué recomendarías para su primer
juguete? —pregunta una de las mujeres.
Normalmente, disfruto ayudar a las clientas en la tienda de Liz. Soy
una especie de genio cuando se trata de todas las cosas de aquí, pero
tan pronto como comienzo a impartirles mi sabiduría, me comienza a
cosquillear la nariz y siento venir un estornudo.
Dejo escapar cuatro estornudos rápidos y consecutivos y me
disculpo con las señoras, pidiéndoles que me sigan a otra vitrina para así
poder mostrarles algunas cosas para principiantes.
Mientras sostengo una bala con un anillo para el pene de
accesorio, siento que me comienzan a picar los ojos y me pregunto si
tengo alergia o algo. Las tres chicas se encuentran tan avergonzadas
que apenas escuchan lo que digo, y siento que mi inteligencia sexual se
desperdicia en ellas. Me encuentro sosteniendo la bala y frotándome los
ojos con furia, ya que no paran de picar.
—Oh, Dios mío, me pican tanto los ojos —se queja una de las
mujeres.
Detrás de mí, escucho una tos seca, y me vuelvo para ver qué
pasa con Jim y Carter pero me lagrimean tanto los ojos que apenas
puedo verlos.
Junto a mí, dos de las mujeres comienzan a toser y a quejarse que
les pica las gargantas.
¿Qué carajos pasa? ¿Es el jodido apocalipsis zombi? ¿Estamos
todos infectados con alguna cosa que nos va hacer salir espuma por la
boca y comerle el rosto a la gente?
—¡Joder! ¿Consumieron sales de baño esta noche? ¿Inhalaron
sales de baño en mi o algo? —les pregunto a las mujeres mientras yo
también empiezo a toser y lágrimas me caen por las mejillas.
Me comienzan a arder y picar los ojos al mismo tiempo, y siento
como si no pudiera toser lo suficientemente fuerte o el tiempo suficiente
para que me deje de picar la garganta.
—¡Drew! —grita Jim entre toses, desde el mostrador.
Dejo caer la bala y el anillo para el pene al piso y les digo a las
mujeres que no se muevan, lo cual es inútil porque dos se encuentran
sentadas en el piso agarrándose los ojos mientras la otra se encuentra
apoyada en una vitrina estornudando una y otra vez.
Me apresuro hacia el mostrador lo mejor que puedo ya que me
lagrimean tanto los ojos que todo se pone borroso. Mi tos empeora
cuanto más me acerco a Jim y a Carter, y veo que tienen el mismo
problema que yo. Carter se halla sentado en el piso detrás del
mostrador moviendo los puños en sus ojos mientras estornuda y Jim
jadea entre toses.
—¿Qué carajos pasa? —grita Jim mientras yo tropiezo detrás del
mostrador y estornudo seis veces seguidas.
—¡Es el jodido virus zombi! ¡Hijo de puta, les dije que este día ese
avecinaba! Ninguno me creyó y se rieron. ¡Bueno, ¿quién carajos se ríe
ahora?! Si voy primero, mátame antes de que coma la cara de
ALGUIEN ¿me oyes? —le grito a Jim.
Una mano me sujeta el tobillo, grito como chica y salto sobre el
mostrador. Bajo la mirada y veo a Carter mirándome con una expresión
de miedo en el rostro.
—¡Yo tampoco quiero comer gente! ¡No me dejes comer gente!
Dicen que saben a pollo pero no les creo. ¡LA GENTE SABE A GENTE, NO
A POLLO!
Asiento, demasiado ocupado tosiendo y secándome las lágrimas
de los ojos para hacer mucho más. Miro detrás de mí para ver a las tres
mujeres y las veo gateando en cuatro patas para llegar a la puerta
principal.
—¡NOOOOOOO! ¡NO SE PUEDEN IR! ¡LOS ZOMBIS! —grito.
Las mujeres gritan fuerte, se encuentran medio gateando, medio
corriendo mientras tratan de levantarse del piso. Se encuentran
tosiendo, llorando, gritando y empujando las vitrinas y todo lo demás de
camino a la puerta. No escuchan mis gritos de advertencia, para nada,
y antes de darme cuenta, se hallan fuera de la puerta y perdiéndose
entre los zombis.
—Es tan triste. Eran muy bonitas. Ahora ni siquiera seremos
capaces de reconocerlas la próxima vez que las veamos —dice Jim
tristemente mientras continuo tosiendo.
—Necesito llamar a Jenny y decirle que la amo —digo entre
estornudos mientras busco el teléfono sobre el mostrador.
Marco el número de nuestra casa y Jenny responde al primer
tono, pero suena rara.
—Mmmmmm, mmmmfffuh.
Oh, Dios mío, ¿ya fue convertida?
—¡NOOOOO! ¡Jenny! ¡Nena! ¿Ya te atraparon?, ¿Ya eres un
zombi? ¡Oh, Dios mío! —grito en el teléfono.
—¿Qué? ¿Jenny es un zombi? —pregunta Jim detrás de mí, antes
de disolverse en otro ataque de tos—. ¡Mierda! Necesito llamar a Liz.
Oigo una tos al otro lado del teléfono y sé que si Jenny todavía no
es un zombi, lo será pronto.
—Combate el virus, nena, COMBATELO —grito.
—¿Drew? ¿De qué diablos hablas? Estaba tomando una siesta,
¿Qué hora es?
—¡ES LA HORA DE LOS ZOMBIS! Tranca las puertas, nena. ¡No dejes
que te coman el rostro! —le digo.
—¡ME QUEMA LA CARA! —grita Carter desde el piso mientras se
rasca las mejillas.
—¡Necesitamos un antídoto! ¿Qué mierda es un antídoto para
zombis? —le grito a Jim.
—¿Qué demonios hace tu tía Dottie13 que tiene que ver con
zombis? —pregunta Jenny por teléfono—. ¿Comiste galletas de
marihuana otra vez? Sabes lo que te hacen.
Un destello de luces azules y rojas llama mi atención, me vuelvo y
miro por la venta del frente.
—Es la policía. Han venido a salvarnos —digo.
—O en realidad son policías zombis y vienen a comerse nuestras
piernas —añade Jim.

—Sí, oficial. Me aseguraré de nunca dejarlos sin supervisión otra


vez —le dice Liz al policía mientras éste se mete en la patrulla y se va.
Jim, Carter y yo nos encontrábamos sentados en la acera, fuera
de la tienda con toallas mojadas presionadas en nuestros ojos y botellas
de agua en las manos.
A pesar de que ahora mismo no podemos ver, podemos decir
que Liz nos mira como si quisiera matarnos.
—¿Qué carajos pensaban, chicos? —pregunta.
Puedo oír sus zapatos golpeteando en el concreto en frente de
nosotros, y cierro las piernas para proteger mis nueces, por si acaso.
—Ustedes tres, idiotas, pensaron que podían rociar gas pimienta
en la sala porno porque era una habitación cerrada. Pero de alguna
manera, durante la planeación de la brillante idea, fallaron en recordar
una pequeña cosa llamada SISTEMA DE VENTILACIÓN. Y ya saben, ya
que es invierno y todo eso, la calefacción está encendida, expulsando

13
Juego de palabras entre “Antidote (antídoto) y Auntie Dottie (tía Dottie) suenan parecido y confunden a
Jenny.
aire y GAS PIMIENTA por el SISTEMA DE VENTILACIÓN a toda la tienda —
explica furiosamente.
Me quito la toalla mojada de los ojos y me arriesgo a mirarla.
—Sí, en realidad no pensamos en esa parte —admito.
—Oh, vaya ¿en serio? Tres mujeres salieron corriendo por la calle,
gritando que unos hombres locos y zombis comiendo piel se habían
apoderado de mi tienda. Y Jenny me llamó en estado de pánico,
enloquecida porque alguien llamó a su puerta, y pensó que los zombis
iban a irrumpir en la casa y comerse a tus hijos. Lanzó una licuadora,
una tostadora y una lámpara hacia la puerta antes de que pudiera
convencerla de que era mi mamá dejando un regalo para Billy —me
dice Liz.
—¿Cuál lámpara? No fue mi preferida de la universidad de Ohio,
¿verdad? —pregunto horrorizado.
—¡Ese no es el maldito punto, Drew!
Miro a Carter y a Jim, y me doy cuenta que son mucho más
inteligentes que yo. Ambos se encuentran sentados con las cabezas
bajas, sin hacer contacto visual.
—¡Ustedes tres están castigados! ¡No jugarán juntos por el resto de
la semana! —grita Liz, antes de pisotear al pasarnos y entrar en la
tienda.
—Sí, señora —murmuramos todos.
Después que oímos que la puerta se cierra, finalmente nos
miramos entre nosotros.
—La próxima vez que tengamos permiso para jugar juntos,
inventaremos un antídoto para los zombis —declara Jim.
Amo la almeja de tu mamá
Traducido por Sandry
Corregido por Jasiel Odair

—¿Dime otra vez por qué vamos a pasar nuestro viernes por la
noche con tus padres? —pregunta Drew por décima vez esta noche.
—Te lo dije, mi mamá quiere mostrarnos alguna concesión que
recibió de un grupo en el que se encuentra.
—¿Concesión o condecoración? —pregunta Drew.
—No me encuentro segura. Cualquiera en donde se obtiene un
trofeo o algo así.
No sé por qué hace un alboroto acerca de ir a cenar a casa de
mis padres. Lo quieren. Creo que tal vez más de lo que me quieren a mí.
—Mamá me dijo que iba a hacer algo que hace un tiempo
mencionaste que te gustaba. Intenté que me dijera que era, pero dijo
que era una sorpresa —digo con un encogimiento de hombros.
Prácticamente puedo ver los ojos de Drew iluminándose con
felicidad. Mi mamá es una cocinera muy buena. Si le preguntas a Drew
las tres cosas que querría tener si se encontrara abandonado en un isla
desierta, diría que la edición de julio de mil novecientos noventa de
Playboy, yo, y el pastel de pollo casero de mi madre. Ha estado de mal
humor desde que fue castigado por salir con los muchachos. Esperemos
que esta cena lo ponga de buen humor.
Cuando entramos en la calzada de mis padres, Drew sale del
auto y corre a través de la puerta antes de que yo siquiera me
desabroche el cinturón. No importa en qué tipo de estado de ánimo se
encuentre, no hay forma de que pueda negarle a su estómago la
comida de mi madre.
Saco a los niños del auto y me dirijo a casa. Por supuesto, tan
pronto como entro, veo a mis padres manoseando a Drew,
abrazándolo y apretándole las mejillas y haciéndole un millón de
preguntas, como si no lo hubieran visto hace una semana.
—Oooh, ¡dame a ese nieto mío! —chilla mi madre, corriendo para
coger a Billy de mis brazos. Le da besos en las mejillas mientras me
agacho para ayudar a Veronica con su abrigo.
—Dale a la abuelita un beso —dice mi madre, inclinándose al
nivel de Veronica.
—Eres una apestosa, tonta y boba —le dice Veronica.
—Aww, ¿no es dulce? ¡Podría comérmela! —dice mi madre con
una sonrisa, nuevamente de pie y cambia a Billy al otro brazo.
Tiene dificultades para comprender a Veronica cuando habla.
Pensaba era de mala educación pedirle que repita algo o decirle que
no la entendía, así que en lugar de eso, sólo en cierto modo, presta
atención y finge como que entiende lo que dice. Es casi como la cosita
del silbato para perros que sólo los perros pueden oír. Excepto que
Veronica es la cosita y mi madre es el perro. Espera, no. ¿La cosita sería
el perro? ¿O mi madre sería el silbato?
Le he dicho que tiene que dejar de hacer eso. Apenas la semana
pasada Veronica le había preguntado si podía pintar en las paredes, y
mamá sólo le sonrió y le dijo que era una buena niña. Mis padres tienen
ahora un dibujo precioso de una burbuja gigante de color rosa en la
pared de la sala de estar.
—Huele increíble aquí, mamá. ¿Qué has hecho para cenar? —le
pregunta Drew mientras papá camina a su lado con la sección de
negocios del periódico. Hace un año, Drew había visto alguna película
de un corredor de bolsa y cuando mis padres pasaron la noche,
comenzó a citar la película al azar durante toda la noche. Mi padre
ahora piensa que es un genio de Wall Street y Drew le da sugerencias
sobre acciones cada semana. Todavía no entiendo por qué Drew le
sigue la corriente.
—¿Recuerdas la conversación que tuvimos hace unas semanas
donde dijiste algo sobre que la almeja barbuda era tu comida favorita?
—le pregunta mamá en respuesta a la pregunta sobre la cena.
Lanzo una mirada enfadada a Drew, pero se halla demasiado
ocupado resoplando y riendo con las manos en el rostro.
—Traté de usar la cosa esta de Ga-Google en el ordenador para
buscar: ¿Cómo hacer una almeja barbuda? Todo lo que salió fueron
algunas fotos realmente inquietantes, así que decidí sólo improvisar y
hacer otra cosa. Espero que sepa tan bien como la almeja barbuda —
le dice mamá, pasando a Billy a papá mientras camina hacia él para
llegar a la cocina.
—Papá, quiero comer una almeja barbuda —dice Veronica.
—Veronica, no digas eso —le digo en voz baja, mientras que Drew
resopla aún más fuerte.
—¡Quiero comer una almeja barbuda, apestosa, tonta, boba! —
grita Veronica.
—¡Oh, eso es todo! ¡Castigada! —digo—. Ni una palabra durante
cinco minutos.
Veronica pisotea con rabia a la cocina con mi madre,
probablemente con la esperanza de algún consuelo cuando le diga
que soy mala. Desafortunadamente para Veronica, mi madre
probablemente piense que dijo: ¡Estoy tan sana!
—Bien, ¡la cena está servida! —grita mamá desde el comedor.
Papá gira hacia la parte delantera y le susurro airadamente a
Drew mientras lo sigue. —¿En serio, Drew? ¿Le dijiste a mi madre que te
gustaba comer almejas barbudas?
Se ríe y lo cubre con una tos. —Asumí que sabía lo que era y que
nos reiríamos por ello. ¿Cómo se supone que iba a saber que iría a
Google y buscaría una receta? —susurra—. Oh, Jesús, ¡tu madre ha
estado sentada en el ordenador, con una bata y zapatillas, con rulos en
el cabello mirando fotos de coños peludos! ¡Este día es genial!
Le doy un golpe en el brazo mientras caminamos hacia el
comedor y tomamos asiento.
Tan pronto como nos sentamos, mi madre lleva la tapa de la
cacerola al centro de la mesa.
—Drew, ¡espero que las almejas rellenas sean tan buenas como
las almejas barbudas! —dice con una sonrisa.
—Eso va a ser difícil porque Jenny tiene la almeja barbuda más
DELICIOSA, pero cruzo los dedos —dice Drew, tratando de contener la
risa con la mano cubriendo su boca, pero no sirvió de nada.
—Jenny, no sabía que hiciste almeja barbuda antes. ¿Le pusiste
mostaza? —pregunta mi madre.
—Sólo si lo hace en el estacionamiento de un partido de béisbol
—dice Drew entre risitas.
—Así que, mamá, ¿qué es este premio del que me hablaste? —
pregunto, cambiando el tema tan lejos de mi almeja como sea posible
a medida que va alrededor de la mesa para servir a todo el mundo.
—¡Oh! ¡Fui votada a la Más Solidaria en el Club KC este año! —
dice con entusiasmo mientras regresa a su asiento.
—¿Por qué Kasey tiene un club? —pregunta Drew con la boca
llena de comida.
—No, Kasey no, Club KC —explica mi madre.
—Lo sé. Pero, ¿quién es esta chica Kasey? ¿Y por qué tiene su
propio club? —pregunta Drew.
—KC, por bondad y cariño14. ¿Lo pillas? Club KC. —Intenta de
nuevo mamá.
—¿Quién decidió que Kasey era amable y cariñosa? En serio,
quiero saber cuál es el trato con esta perra. No lo entiendo.
Mi madre sólo continúa tratando de explicar mientras yo ayudo a
Veronica con su comida, intentando no poner los ojos en blanco o
hacer que se detengan.
—No, no, no. KC. Mayúscula “K”, mayúscula "C" —dice mi madre.
—Esa es la ortografía más tonta de Kasey que he oído —dice
Drew.
Esto se pone cada vez peor.
—Oye, papá, ¿tú y mamá van a terapia de pareja? —suelto.
Drew mueve un dedo por mi muslo y me mira raro.
Probablemente no esté feliz de que toque el tema porque no
quiere que nadie sepa sobre la cosa del consejero matrimonial. No sé
cuál es el gran problema. Cuando llegamos a casa y me preguntó si
podía abrazar mi vagina, yo le dije que no y comenzó a sollozar. No
puede decir que la terapia de pareja no funcionó en él. ¿Ves cómo no
tenía miedo de mostrar sus emociones? Eso es un gran avance total.
Tengo curiosidad de ver si mis padres nunca pasaron por momentos
difíciles el uno con el otro.
—¡Tonterías! Esa mierda es para cobardes y maricas. Si no puedes
arreglar tu propio matrimonio, ¿cómo diablos puede hacerlo alguien
más? Lo que esos charlatanes cobran en una hora podría alimentar a
un pequeño país durante el año —se queja.
—¿En serio? ¿Todo un país? Así como ¿Texas? —pregunta Drew
asombrado.
—¡Drew, qué tonto! ¡Texas no es un país! —dice mi mamá con una
sonrisa—. Es una consonante.
Mi papá se sigue quejándose de cómo la gente joven de hoy en
día ni siquiera puede limpiarse su propio culo sin ayuda y cómo la
institución del matrimonio se va a la mierda. Obviamente esta pregunta
no fue la mejor idea.
—He aquí otra pregunta para ustedes, ¿alguna vez se han
quedado dormidos durante el sexo? —pregunta Drew, mirándome con
una ceja levantada.
Aparto la mirada, porque sé exactamente por qué ha hecho esa
pregunta. Estoy viviendo aún por la regla de finge hasta que lo logres, y

14
Bondad y Cariño en Ingles se escribe: Kindness y Care, de ahí sus iniciales, y al pronunciarlas suenan
como Kayse, por eso la confusión de Drew.
quería probar y hacer algo por Drew, así que cuando llegó a casa
desde el trabajo la otra noche, le pregunté si le podía hacer una paja.
No quiero presumir ni nada, pero soy un poco impresionante en trabajos
manuales. Sólo la cantidad correcta de presión mezclada con la
cantidad adecuada de loción y Drew acaba en quince punto siete
segundos. Realmente no tenía intención de quedarme dormida la otra
noche, ¡pero vamos! Drew llegó a casa del trabajo a las cuatro de la
mañana. Me encontraba agotada. Un minuto lo estoy acariciando y le
encanta, y al siguiente, me sacude despertándome, gritando porque en
mi sueño, mis manos le apretaron el pene y le cortaba la circulación.
—Por favor, no preguntes a mis padres sobre el sexo en la cena.
¡Trato de comer! —le susurro.
—¡Todavía trato de superar el hecho de que mi pene te pone a
dormir! —discute de vuelta en un susurro.
Por suerte, mi papá se distrajo por Billy vomitándole los brazos y la
pregunta es olvidada. No quiero tener que escuchar las palabras de
"mis padres" y "sexo" en la misma frase, pero deseo, un poco, haber
escuchado la respuesta de mi padre. No puedo ser la única mujer que
se ha dormido durante una paja.
—Mamá, ¿con qué tipo de productos del mar rellenaste esta
cosa? Es increíble —le dice Drew
—Un pequeño cangrejo y algunas langostas. Quería ponerle
salmón, pero estoy confundida con el salmón. Quiero decir, ¿de qué
parte del pescado se corta el salmón? Le pregunté al chico en la
pescadería del mercado, pero tampoco lo sabía. Me pregunto si el
salmón es una palabra elegante para el estómago o una aleta. Sólo
deberían llamarlo estómago o aleta. Todas estas palabras diferentes
para cosas son raras —explica.
Terminamos la cena y luego pasamos a la sala de estar para el
café.
Mi papá pone una manta en el suelo para Billy y se sienta a su
lado haciendo caras divertidas.
—Abuelita, siento como si fuera a vomitar. Tu comida apesta —
dice Veronica.
—¡Eso está bien, querida! —contesta mi madre mientras le da una
palmadita en la cabeza.
—¿De verdad no te sientes bien, cariño? —pregunto mientras la
levanto en mi regazo y la miro.
—Nunca, jamás debería comer la almeja de la abuelita —me
dice, apoyando la cabeza en mi hombro.
—Hay tantas cosas mal en esa oración —susurra Drew.
Pasamos unos minutos más charlando con mis padres hasta que
Veronica comienza a llorar porque le duele el estómago. Recogemos a
los niños y volvemos a casa, pero no antes de que Drew le diga a mi
padre que compre barato, venda caro y estudie su línea de fondos
antes del cierre del mercado o el riesgo del capital será superior a la
participación en las ganancias.
Mi padre le da la mano y dice que sin Drew, él y mamá estarían
quebrados.
Drew me pide que los lleve a casa porque de repente se siente
raro. Lo juro, a veces la enfermedad en nuestra familia funciona a través
ósmosis15. Ya sabes, ¿cuándo uno persona está enferma y un ratón pasa
junto a ella y obtiene la enfermedad y luego se la pasa a alguien más
por sentarse en sus cabezas? A mitad de camino a casa, Drew
comienza a gemir y a agarrarse el estómago.
—¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien? —pregunto.
—Oh, Jesús, la almeja de tu mamá me hizo sentir mal —murmura.
Gime durante unos segundos más hasta que se da cuenta de lo
que acaba de decir y se ríe a través del dolor.
—La almeja de tu madre estaba deliciosa, pero ahora, ¡la almeja
de tu madre es cruel! —se ríe antes de agacharse de repente y
abrazarse el estómago.
Ahora es mi turno de gemir mientras giro a nuestra calle.
—En serio, deja de decir eso. Me pone nerviosa —me quejo
mientras estaciono en la calzada.
—La almeja de tu madre me ha entrado bien, pero ahora me
estoy arrepintiendo de tragarla —murmura con una risa.
—¡Cállate! —Le advierto mientras aparco en el camino de
entrada.
—Por lo menos, no era barbuda. Me estaría ahogando en pelos
rizados ahora. ¡La almeja de tu madre estaba tan limpia como el culito
de un bebé!
Tan pronto como apago el auto y abro la puerta, Drew se asoma
por su lado y vomita todo en el camino de entrada.
—¡Dios mío! ¡La almeja tu madre estaba infectada! —grita y se ríe
en medio de arcadas.
Saco a los niños del auto y entro a la casa sin Drew, feliz de dejarlo
vomitar solo en el camino de entrada.

15
Jenny usa la palabra Osmouse aunque la palabra correcta es Osmose. Se confunde y hace referencia a
ratones (mouse) por la pronunciación que tiene la palabra.
Abajo y denme cincuenta
Traducido por Snow Q
Corregido por Amélie.

—Es hora de convertirlos en hombres, chicos. —declara mi padre,


de pie delante de la chimenea con los brazos cruzados sobre el pecho.
Nos obsequia a Carter, Jim y a mí una mirada severa.
—Oye, soy bastante hombre —se queja Carter mientras Jim
asiente, concordando.
—Sí, yo también. Es cara de coño quien necesita trabajar —dice
Jim, señalándome.
—Jódete —me quejo, empujándole el hombro.
—¡ENTRA A LA COCINA Y PREPARAME UNA EMPANADA DE POLLO,
PERRA! —me grita Jim.
—En serio, ¡aléjate!
—Oye, solo me preparo para el reto y te ayudo a recuperar a tu
esposa —explica con un encogimiento de hombros.
Carter me llamó el fin de semana pasado cuando nuestro castigo
terminó y tuvimos permitido hablarnos de nuevo. Claire le dijo todo
acerca de cómo Jenny se ha sentido últimamente y Carter quería
darme un reporte. Por su puesto, Claire le juró a muerte que nunca más
le daría otra mamada si me decía, así que Carter obviamente me
amenazó a muerte si le decía algo a Jenny.
Pasé toda la semana tratando de ser un mejor esposo, pero no
tenía idea de que mierda hacer o como ser mejor, ya que pensaba que
era bastante malditamente genial, para comenzar. Me aseguré de
recordar bajar la tapa del asiento y cerrar la tapa del dentífrico y cómo
Jenny nunca lo notó, lo traje a colación y le pregunté si la hacía feliz. Me
dijo que era un idiota y salió de la habitación.
Eso llevó a que llamara a mi padre y le pidiera ayuda.
Le dije a Jenny que ayudaría a mi padre a construir una estantería
y nos reunimos en la casa de Liz y Jim mientras ésta se hallaba de
compras con los niños en una tienda de dulces. Jim dijo que iba a llevar
a las chicas a almorzar con sus padres después de eso, así que
deberíamos tener suficiente tiempo para hacer esto sin que nadie se
entere de nada.
—Muy bien chicos, presten atención. Hay tres reglas que seguir
cuando estas casado. Número uno, no hagan enojar a su esposa.
Número dos, no enojen a su esposa, y número tres…
Extiende las manos, con las palmas arriba, indicándonos que
terminemos la oración.
—Nunca hagas enojar a tu esposa —decimos todos al unísono.
—Maravilloso, Los Tres Chiflados pueden aprender —dice papá.
—¡Oyeeeeeee! —se queja Jim.
—¡RÁPIDO! Dime que haces cuando tu esposa llega a casa del
trabajo con una caja de tampones en la mano y comienza a quejarse
de que la casa es un desastre. —Le dispara mi padre a Jim.
—Uh, mmm... ¡mierda! Uh, ¿le digo que luce bonita? —
tartamudea éste rápidamente.
—¡MAL! ¡Le dices que vaya a tomar una siesta para que puedas
limpiar la casa! —responde mi padre.
—¡Mierda! —gruñe Jim.
—¡De pie, soldados! —grita papá.
Todos nos levantamos del sofá al instante y él se acerca y empuja
la mesa de centro delante de nosotros.
—¡ABAJO Y DÉNME CINCUENTA, MOCOSOS HIJOS DE PUTA!
Nos dejamos caer al suelo y comenzamos las lagartijas, cada uno
gruñendo y jadeando.
—¡NO LOS ESCUCHO CONTANDO, IMBÉCILES!
—¡Hijo de puta! ¿Cómo va a ayudarnos esto? —susurra Carter
entre los conteos mientras respira con pesadez.
—Va a enseñarles a sus vaginas algo de respeto —dice mi padre
de repente, agachándose y colocando el rostro justo en el de Carter.
—Tu papá me asusta como la mierda —murmura Carter tan
calladamente como puede mientras mi papá se pone de pie y regresa
a la chimenea.
Terminamos las lagartijas y gruñimos ante el dolor de nuestros
brazos y espaldas al levantarnos del piso.
Observamos mientras mi papá gira y se inclina para abrir la
cremallera de un bolso de lona en el piso al lado de chimenea.
Se pone de pie y se vuelve para enfrentarnos, sosteniendo tres
muñecos bebes en los brazos.
—Momento para deberes de bebés, malditos. Vamos a ver de
qué están hechos —nos dice, entregándonos a cada uno un bebé.
Jim sostiene el suyo del cabello, yo sostengo el mío por los pies, y
Carter lo acuna en brazos, meciéndolo suavemente de un lado al otro.
—Jim, Drew, ¡justo ahora sus bebés estarían MUERTOS! Sostienen
una vida en sus brazos y acaban de matarla. Un hombre y su bebé son
una fuerza poderosa que puede devastar países pequeños. —Nos
sermonea.
—¿No quieres decir un hombre y su arma? Un bebé no puede
devastar un país pequeño de verdad —dice Jim.
—¿Has estado alguna vez en una habitación con un bebé que
arroja proyectiles de vómito, que chilla con desesperación, y que
explota tanta diarrea por el culo que pensarías que tiene una
manguera de fuga escondida ahí esparciendo mierda en lugar de
agua? ¡Los bebés son el combustible de la civilización del oeste!
Mi papá saca un cronómetro del bolsillo trasero del pantalón y lo
sostiene delante con el pulgar suspendido sobre el botón de inicio.
—¡EN SUS MARCAS! —grita.
—¡Espera! ¿Qué mierda vamos a hacer? —pregunto
frenéticamente, colocándome al bebé en el hombro mientras le
palmeo la espalda.
—¡Van a cambiarle el pañal, pollas flojas! ¡LISTOS!
Carter se coloca en posición, agachándose en el suelo, tiene al
bebé en la parte posterior de su camisa con la cabeza sobresaliendo
del borde y sus ojos mirándome fijamente.
—¡Hijo de perra! ¿Dónde están los pañales? —grita Jim,
colocándose al bebé debajo del brazo como una pelota de futbol.
—¡Esta es tu casa, imbécil! ¿No deberías saberlo tú? —le pregunto,
posicionando los pies del bebé delante de mis pantalones de modo
que su suave cuerpo cae hacia adelante y la cabeza se halla delante
de mi escroto.
—¡Molly ya no usa pañales! ¡No tenemos ningún maldito pañal! —
me grita en respuesta.
—¡Esta es la vida real, soldados! Algunas veces no sabes dónde se
encuentran los pañales ni las toallas, y tienes que arreglártelas,
¡especialmente si estas a mitad del desierto y tu bebé acaba de cagar!
—¿Cuándo demonios sucedería eso? —pregunto confundido.
—¡FUERA! —grita, activando el cronometro.
Carter despega como alma que lleva el diablo y corre hacia la
puerta principal, abriéndola y apresurándose afuera. Tiene razón, va a
esquivar toda la mierda.
Jim y yo nos mirados confundidos y ambos salimos al mismo
tiempo, golpeándonos mientras avanzamos, provocando que el
muñeco de Jim salga de sus brazos. Aterriza en el piso de cabeza y
ambos nos detenemos y miramos a mi papá.
Solo permanece de pie negando, decepcionado.
Jim recoge el bebé y lo acuna en su pecho, levantando el pulgar
antes de subir las escaleras.
Mi papá gira el cronómetro para que pueda verlo, y me doy
cuenta de que he desperdiciado una tonelada de tiempo mientras Jim,
probablemente ya encontró un pañal y Carter, probablemente, ya se
encuentra a tres kilómetros de la casa y ha arrojado a su bebé en un
cubo en algún lugar.
Me giro y corro hacia la cocina, la cabeza del bebé rebota arriba
abajo golpeándome la polla. Si esta no fuera una situación grave,
estaría partiéndome el culo de la risa.
Oh, a la mierda.
Me detengo cuando llego a la cocina y levanto la cabeza del
bebé por el cabello. —¿Esto estuvo bien para ti, bebé? Necesitas
trabajar en tu técnica. Nunca es ardiente azotar tu rostro en el pene de
un chico —digo con una carcajada.
Escucho una garganta aclararse y me giro para ver a mi papá de
pie en el pasillo de la cocina con las manos en las caderas, negando.
Veinte minutos después, Jim y yo estamos de pie en la sala de
estar delante del sofá, sosteniendo nuestros muñecos. El mío tiene la
mitad del cabello arrancado —no pregunten—, le falta un brazo y tiene
un destornillador en el cuerpo como sustituto —en serio, no pregunten—,
y una corbata atada en el trasero como pañal.
El muñeco de Jim no luce mejor. Sostiene el cuerpo en una mano
y la cabeza en la otra, con una de las piernas debajo del brazo. Solía
tener un par de medias de pijama rosadas, pero ahora solo tiene un par
de calzoncillos blancos de Jim, sostenidos con un par de enormes pinzas
para cabellos de Liz.
Mi papá anota el tiempo en un trozo de papel en la mesa de
café y detiene el contador.
—Esto es simplemente triste, una triste demostración de sus
habilidades, caballeros —se queja.
—Espera, ¿dónde se halla Carter? No puedes detener el tiempo
aún, el imbécil ni siquiera ha regresado de demonios se fue —se queja
Jim.
—Carter regresó hace diez minutos. Se encuentra en el baño
arreglando el cabello de su bebé porque se desordenó un poco con el
viento de afuera.
En ese momento, escuchamos la cadena del inodoro, la puerta
del baño se abre y Carter entra a la sala de estar sosteniendo al bebé
en la cadera. Su bebé tiene dos trenzas francesas, un atuendo diferente
del que originalmente tenía, y un pañal perfectamente pegado al
trasero.
—¿Qué demonios? —le pregunto, mientras se acerca para
pararse entre Jim y yo, mirando a nuestros bebés con horror.
Rápidamente cubre las orejas de su bebé con una mano y
presiona la otra oreja contra su pecho.
—¡Drew! ¡El lenguaje! —regaña con un fuerte susurro.
—Oh, tienes que estar bromeando. ¡Hizo trampa! Llamaste a tu
esposa, ¿no es así? ¿Claire se encontró contigo afuera o algo? —me
quejo.
—Por supuesto que no. Solo que estoy mejor preparado para lidiar
con un bebé, obviamente —responde, balanceándose suavemente y
palmeando la espalda del bebé.
—Muy bien, ya que ustedes dos, obviamente, fallaron la prueba,
necesitan un curso correctivo —nos dice mi padre a Jim y a mí—. Carter,
voy a necesitar tu ayuda.

—No, no, no. Haces todo mal. Necesitas sostener mejor la cabeza.
Dios, es como si nunca hubieses cargado niños antes —regaña Carter,
mientras reposiciona mis manos y cambia el ángulo del biberón.
—Esta no es la clave para arreglar mi matrimonio o mi vida sexual.
Se dan cuenta de eso, ¿cierto?
Mi papá se acerca para comprobar que todo esté bien y me
golpea a un lado de la cabeza.
—¡Mal! Una esposa feliz es una vida feliz. Aprendes como hacer tu
mitad de la casa y tendrás sexo con regularidad. Solo pregúntale a tu
madre.
Gruño y jadeo, el biberón se desliza de mi agarre y la leche se
derrama sobre mí. —Papá, asqueroso. NO hables sobre mamá y tú.
Nunca.
Carter me agarra la mano y coloca el biberón de nuevo donde
estaba.
—Necesitas balancearte un poco. Ayuda a digerir la leche más
fácil, de ese modo no tiene muchos gases. Y asegúrate de que no siga
chupando luego de que la leche se acabe. Solo tomarán aire, y les
dará dolor de estómago —dice Carter, colocándome el brazo
alrededor del hombro y obligándome a balancearme lentamente con
él en el sofá.
—Tu madre no se queja en dormitorio NI la casa. La mantengo
sexualmente muy satisfecha, y siempre me levantaba contigo a mitad
de la noche —dice mientras hago una mueca ante sus palabras.
—Espera, ¿en serio tratas de decirme que si simplemente me
levanto a revisar a Billy a mitad de la noche, todo regresará a su orden
natural? —pregunto.
—Dejaste de balancearte, concéntrate y sigue balanceándote o
el bebé llorará. No quieres que el bebé llore si tienes programado
alimentarlo de noche o toda la casa se despertará —me recuerda
Carter, empujándome de nuevo para que comience a balancearme.
—Digo que si te pones en el lugar de tu esposa de vez en cuando,
será fácil ver lo que necesita. Necesita una noche de sueño, necesita
ayuda en la casa, necesita tu amor y apoyo, y la prueba de que
QUIERES ayudarla con esas cosas. Una esposa que no consigue lo que
necesita nunca va a querer darte lo que TÚ necesitas —me dice papá.
—Necesito sexo sucio —le digo sencillamente.
—Entonces balancea a ese bebé como si quisieras hacerlo —me
grita.
Y así es como Liz nos encontró quince minutos después cuando
llegó temprano de la casa de sus padres. Carter y yo balanceándonos
de un lado a otro en el sofá con Jim extendido en mi regazo, bebiendo
del biberón con el que lo alimentaba.
El juego de los recién casados
Traducido por Miry GPE
Corregido por Adriana Tate

Drew y Jackson se encuentran arriba, en nuestro dormitorio, y


puedo escuchar sus risas desde la sala de estar, donde me paseo
ansiosamente esperando que todo el mundo llegue. Jackson alabó la
camiseta para esa noche de Drew, una imagen de ese tipo del
monopolio sosteniendo un montón de dinero en los brazos que dice:
“Me gusta bastante el dinero y no puedo mentir”. Drew lo llevó al piso
superior para mostrarle el resto de su colección de camisetas.
Cuando le dije sobre la noche de juegos y lo que jugaríamos, se
emocionó mucho, llamó inmediatamente a Jackson y le pidió que fuera
nuestro “anfitrión” para la noche.
Quiero estar tan emocionada como él lo está por esta noche,
pero mi estómago se hace nudos. Todo en lo que puedo pensar, es que
alguien le haga una pregunta realmente importante y la responda mal.
Pensé en cancelar esto en varias ocasiones, pero no quiero arruinar la
noche de todos. Todos están ansiosos por esto. La verdad, también
debería estarlo. Los niños pasarán la noche con los padres de Drew, y
todos los demás también consiguieron niñeras. No tenemos que
preocuparnos por la hora de dormir, niños de mal humor, ni nada que se
encienda en llamas. Somos libres para hacer lo que sea que queramos,
por tanto tiempo como queramos.
El timbre suena justo cuando oigo a Drew y Jackson bajar las
escaleras. Corro hacia la puerta y la abro para ver a nuestros cuatro
amigos ahí, de pie, cada uno con una botella de licor en la mano.
—Venimos exponiendo regalos —dice Carter con una carcajada
mientras mantengo la puerta abierta para ellos.
—Sólo quiero informarles a todos que Liz y yo ganaremos esta
cosa. Tenemos que ganar esta cosa. Es una cuestión de vida o muerte
—dice Jim seriamente a la vez que coloca una botella de whisky sobre
la mesa de café en la sala de estar, donde he puesto algunos aperitivos
y varios vasos.
—No hay manera de que ustedes ganen esto. Claire y yo nos
hemos interrogado mutuamente desde esta mañana. Tenemos esto
ganado —discute Carter, colocando la botella de vodka junto a la de
whisky.
Jim se gira, coloca las manos sobre los hombros de Carter y lo
mira a los ojos.
—Por el amor de Dios, hombre, tienes que dejarnos ganar esto —
implora.
—¿Por qué demonios es tan dramático? —le pregunta Claire a Liz
en voz baja.
Liz deja escapar un gran suspiro y me entrega la botella de vino.
—Cometí el error de decirle que si ganamos, le dejaré hacérmelo
anal. Lo dije un poco en broma en ese momento, porque no quería
participar en el juego, y trataba de conseguir que se pusiera de ánimo
para eso. Pude haberme extralimitado un poco —explica mientras
observamos a Jim corriendo hacia Drew y ponerse de rodillas frente a
éste.
—Drew, por favor, escucha a la razón. Te lo ruego, no dejes que
perdamos. ¡Oh, Dios, no puedo perder! —gime.
—Oye, imbécil, mientras estás ahí abajo... —dice Drew con una
sonrisa.
Jim cierra el puño y lo golpea justo en las nueces, Drew cae de
rodillas, agarrándose la entrepierna.
—Muy bien, damas y caballeros, mi nombre es Jackson y seré su
anfitrión esta noche —dice Jackson con una sonrisa mientras tomo el
brazo de Drew y lo ayudo a ponerse de pie.
—Mmm, Jackson, todo el mundo sabe quién eres. ¿Recuerdas? —
le susurro.
—No presten atención a la mujer detrás de la cortina —dice Claire
riendo mientras toma un sorbo de vino que se sirvió.
—No estoy detrás de una cortina. ¿Esto es parte del juego? —
pregunto confundida.
—De todos modos, empezaré por llevar a las damas a otra
habitación y les haré una serie de preguntas. Ellas escribirán sus
respuestas en estos pedazos de cartulina —explica Jackson, sosteniendo
una pila de tarjetas blancas de cartón de alta resistencia y un par de
marcadores negros—. Luego haré lo mismo con los chicos. Todo el
mundo mantendrá las respuestas en una pila boca abajo sobre su
regazo. Lo haremos con las damas primero, por lo que las mujeres
responderán las preguntas de la primera ronda. Cada pareja recibirá
cinco puntos por cada respuesta correcta. La pareja con más puntos al
final del juego, será coronada la mejor pareja en toda la tierra.
Esto parece complicado y Jim se halla tan emocionado que
rebota en la silla. Quiere tanto ganar esto, al igual que yo. Ni siquiera
puedo sobornar a Drew con sexo anal como lo hizo Liz. Ese barco zarpó
hace mucho tiempo.
—Muy bien, damas. Tomen sus vasos y síganme. Chicos,
comiencen a emborracharse así tendrán una oportunidad de luchar —
dice Jackson mientras se gira y se dirige a la cocina.
—Oye, cariño, ¿quieres un pezón por esa bebida? —le pregunta
Liz a Jim con una sonrisa secreta.
—¡No debías hablar de eso otra vez! —se queja, lanzando las
manos al aire.
—¿De qué habla? —le pregunta Claire a Liz mientras caminan
hacia la cocina.
—Si me hace enojar esta noche, te lo diré —dice Liz, lanzando
una mirada de advertencia a Jim por encima del hombro.
—Joder, incluso si ganamos no lograré hacerlo anal. Esto es una
mierda —se queja Jim, sirviéndose un saludable vaso de whisky.
Suelto el brazo de Drew y empiezo a seguirlos cuando, de
repente, envuelve el brazo alrededor de mi cintura y me jala hacia atrás
contra su pecho. Inclina la cabeza sobre mi hombro desde atrás, y con
la mano libre, me quita el cabello del hombro.
—Vamos a patear algunos traseros, nena —me susurra al costado
del cuello, antes de presionar los labios contra mi clavícula. Los
mantiene ahí durante varios segundos, dejando que su lengua
serpentee para saborearme la piel antes de alejar la boca de mí.
Todo mi cuerpo se estremece de pies a cabeza y una sonrisa
ilumina mi rostro mientras acaricio la parte superior de la mano que se
apoya en mi estómago antes de que me suelte y me dé una nalgada
cuando me alejo.
Drew ha estado diferente esta semana. Me molestó un par de
veces haciendo un gran lío por bajar el asiento del inodoro después de
que lo usaba. Quiero decir, ¡dame un respiro! ¡No necesitas un regalo y
una palmadita en la espalda por hacer mierda como esa! Pero se
merece un regalo por todo lo demás. Desde que ayudó a su padre a
construir esa estantería para libros, ha sido muy servicial con todo. Las
últimas cuatro noches se levantó cada vez que Billy lloró y le dio el
biberón, diciéndome que volviera a dormir. Anoche Billy durmió toda la
noche por primera vez. Drew incluso utilizó el columpio sexual que aún
permanece en la esquina de nuestra habitación y estuvo de acuerdo
con que es un gran columpio para bebés, sobre todo cuando le mostré
donde podía almacenar biberones extra.
El miércoles de esta semana, me sorprendió de nuevo después del
trabajo. Yo llegaba tarde a casa después de realizar algunos recados,
para relevarlo de su deber con los niños y que pudiera irse a trabajar, así
que apenas tuvimos tiempo de saludarnos mientras pasábamos la
puerta. Tan pronto como bajé las bolsas al entrar por la puerta, lo
primero que noté fue lo absolutamente impecable que se encontraba
la casa. Ni un juguete o plato sucio a la vista y había una cesta de ropa
doblada en el sofá. Antes de que pudiera decir algo, me tomó la mano
y colocó una pequeña caja blanca en ella, antes de besarme la punta
de la nariz y luego correr hacia su auto para llegar a tiempo al trabajo.
Cuando empezamos a salir, fuimos al cine una noche y me
compró una bolsa gigante de caramelos. Me senté ahí durante quince
minutos antes de que la película comenzara y tomé todos los rojos y
morados, poniéndolos en una servilleta en el soporte para vasos antes
de entregarle la bolsa. Desde entonces, cada tanto, sin ninguna razón
en absoluto, me daba una pequeña caja blanca llena únicamente de
caramelos morados y rojos. Ni siquiera podría decir cuándo fue la última
vez que hizo eso por mí.
Sabía exactamente lo que estaría dentro de la caja, me
temblaron las manos, los ojos se me llenaron de lágrimas cuando cerré
la puerta principal y abrí la tapa. Efectivamente, la caja se encontraba
llena hasta el borde con caramelos morados y rojos. No sólo se ofrecía a
ayudar en la casa antes de que yo tuviera la oportunidad de sentarme
y hablar con él, estaba comenzando a hacer las pequeñas cosas que
más me gustaban, como obsequiarme mis placeres favoritos.
Y esta noche, me dio otro de mis placeres favoritos: besar mi
clavícula.
No puedo borrar la sonrisa de mi rostro cuando entro en la cocina
y encuentro a Liz y Claire sentadas a la mesa, discutiendo sobre quién
ganará el juego.
—¡Damas, damas! No más discusiones. La ganadora acaba de
entrar en la habitación —les digo con una sonrisa mientras me siento en
la mesa con ellas.
—Bueno, ¡ya era la maldita hora de que recuperaras tu confianza!
—me dice Liz—. ¡Camarero, sírvanos una ronda de tragos!
Jackson se ríe y se gira hacia la encimera, llena los vasos con unos
pocos centímetros de vodka de cereza negra.
—Sabes que no es camarero, ¿verdad? Es carpintero —le susurro
a Liz.
Jackson regresa a la mesa y coloca un vaso delante de cada una
de nosotras.
—¡Cállate y toma tu trago! —me dice Liz.
Tomamos nuestros tragos, dejamos escapar un grito de alegría, y
Jackson comienza con nuestras preguntas.

—Muy bien, por cinco puntos, llevando tu puntaje a un gran total


de cuarenta y cinco, Drew… ¿cuál diría Jenny que es su lugar favorito
para hacer el amor? —pregunta Jackson.
—¡Vagina! ¡En su vagina! —grita Drew emocionado.
Jackson me mira y asiente, le doy vuelta a mi tarjeta para que
todos puedan ver mi respuesta.
Jim y Liz gimen desde sus lugares en el suelo, y Carter y Claire
empiezan a reírse, mientras Drew salta y choca los cinco cuando ve la
palabra “vagina” escrita bien grande en mi tarjeta.
—¡Yuujuuu! ¡Estamos pateando todos sus traseros! —grita mientras
lanzo la tarjeta a la pila de descartadas en el suelo.
No sé por qué me preocupaba tanto este juego. No importa qué,
Drew y yo nos conocemos muy bien. No importa si no estamos en la
misma página o incluso leyendo el mismo libro. Lo cual nunca hacemos,
de todos modos, porque me gustan las novelas y Drew sólo lee las
páginas divertidas, y se me acaba de ocurrir que esa declaración es un
poco tonta. ¿Quién lee el mismo libro al mismo tiempo? Me lleva meses
leer un libro y otras personas podrían leer rápido. Eso es simplemente
raro.
De todos modos, realmente pateábamos el trasero de todo el
mundo y, por desgracia, el pobre Jim no araría el campo trasero esta
noche ya que actualmente él y Liz se encuentran en el último lugar con
sólo diez puntos.
—Jim, ¿quién diría Liz que es el mejor en el manejo del dinero? —
pregunta Jackson.
Jim ríe y termina su bebida, colocando el vaso sobre la mesa a su
lado.
—Hombre, esto es fácil. ¡Yo!
Liz voltea la tarjeta y luego lo golpea en el pecho con ésta.
—¿Bromeas? Fuiste a la tienda hace dos semanas y compraste
setenta y dos botellas de limpiador de vidrios. ¿Quién rayos usa setenta
y dos botellas de limpiador en toda su vida? —se queja, tirando la
tarjeta al suelo.
—¡Fue con descuento! —le grita Jim—. ¡Ahorré dinero a largo
plazo!
—Moriremos antes de que usemos la mitad de eso. ¡Desperdicias
dinero! —le grita Liz.
—Muy bien, continuemos. Carter, por cinco puntos, con los que su
puntaje subiría a treinta y cinco; si le dices a Claire que mañana harías
una de las asignaciones de sus “Cosas por hacer”, ¿qué elegiría? —
pregunta Jackson.
Carter se inclina y besa a Claire en la mejilla y responde con
confianza—: Instalar el nuevo lavabo en el baño de invitados.
Claire se aparta y le da una mirada asesina antes de voltear la
tarjeta.
—Instalé el lavabo yo misma hace tres semanas. ¿Qué te dije que
necesitabas arreglar justo esta mañana antes de que te asfixiara
mientras duermes, y le prendiera fuego a tu colección de DVDs de los
Sopranos?
Carter se inclina hacia delante y mira la tarjeta.
—Oooooh, cierto. Mover el saco de boxeo que colgué en medio
de la cochera, porque ahora no puedes estacionarte ahí. Mi error —
dice en tono de disculpa.
—Está bien, la pregunta final y para ganar. Drew, has corrido a la
tienda de la esquina tarde en la noche para comprar leche. Mientras te
encuentras ahí, decides complacer a Jenny con un antojo. ¿Qué diría
que le compraras? —pregunta Jackson.
Nos miramos y sonreímos.
—¡Caramelos, aros sabor a cebolla y una trampa de dedo china!
—dice sin apartar la mirada de mí.
Doy vuelta a la tarjeta y todo el mundo se queja cuando ven
Caramelos, aros sabor a cebolla y una trampa de dedo china escrito en
mi tarjeta.
—Con cincuenta puntos, ¡los ganadores son Drew y Jenny! —grita
Jackson.
Drew y yo saltamos del sofá, empezamos a abrazarnos y a saltar
arriba y abajo. Antes de darme cuenta, sus labios se encuentran en los
míos y sus manos se presionan contra mi espalda baja, jalando mi
cuerpo contra el suyo. Ni siquiera lo pienso dos veces antes de deslizar la
lengua por sus labios y enredarla con la suya. Sabe a whisky y un toque
de la pasta de dientes de menta que usó antes, y quiero tragarlo
entero. Agarro la parte delantera de su camiseta con los puños y lo
acerco aún más, chupándole la lengua como le gusta. Gime en mi
boca, desliza las manos a mi trasero. Doblo las rodillas ligeramente y me
preparo para saltar y envolver las piernas alrededor de su cintura
cuando el sonido de una garganta aclarándose y Jim gritando:
“¡Consigan una habitación!” irrumpe a través de nuestra bruma de
lujuria.
Nos separamos, enderezamos nuestra ropa y arreglamos nuestro
cabello.
—Ahora que estoy muy disgustado, dime cuál es el asunto con la
trampa de dedo china —dice Carter mientras comienza a recoger
todas las tarjetas de respuesta en una gran pila.
—Oh, es sólo algo que hacemos de vez en cuando —explica
Drew mientras se inclina para tomar su bebida de la mesa y darle un
sorbo—. Me la pongo en el pene y Jenny intenta quitarla sin utilizar las
manos. Se pone un poco incierto ahí después de un tiempo y he
conseguido algunos dolorosos cortes de papel en mi hombría, pero
siempre la excita.
Carter comienza a aullar de risa apuntando a Drew. —Amigo,
¿tienes una polla pequeñita? ¡Esas cosas no son más grande que mi
dedo meñique!
Todo el mundo se une en la risa, y acaricio la espalda de Drew en
simpatía.
—¡Jódanse! ¡Vienen en diferentes tamaños! —les grita Drew.
—¡Sí, polla de aguja y meñique! —dice Jim riendo.
—Jenny, nena, diles que no tengo un pene pequeño —se
lamenta Drew.
—Oh, por supuesto que no lo tiene. Mi mandíbula se rastrilla
cuando le doy una mamada —les digo.
—¿No querrás decir se traba? —pregunta Liz.
—No, la mandíbula se rastrilla cuando das una mamada y tienes
que abrir la boca tan amplia que tu mandíbula se rastrilla —les explico.
—Rastrillas un arma, no la mandíbula —se ríe Claire.
—¡Tampoco trabas tu mandíbula! ¿Quién demonios tiene una
traba16 en la mejilla? Eso es una estupidez. Drew tiene un pene grande.
Eso es un hecho.
Jim sacude la cabeza y golpea a Carter en el brazo. —Tuviste que
preguntar la historia detrás de la trampa de dedo china. Ahora mi
esposa tendrá pesadillas esta noche sobre esas cosas y mandíbulas con
trabas atascados en ellas.
—Y mi pene gigante. No te olvides de mi pene gigante —dice
Drew, mirándome y sonriendo con orgullo.

16
Juego de palabras entre cock (rastrillas) y lock (traba/seguro)
Coches bomba irlandeses
Traducido por Jasiel Odair
Corregido por SammyD

—¿Estoy soñando? ¡Que alguien me pellizque! —exclama Drew


mientras atravesamos las puertas del club de desnudistas local, Bare
Naked Ladies—. Ha sido una semana desde que cocinaste para mí.
Balanceaste tu cabeza hacia un lado y dijiste tengo hambre.
El desafinado canto de Drew hace que todos giman y le digan
que se calle. Ha cantado esa canción todo el trayecto hacia el club.
—Por el amor de todo lo que es santo, ¡deja de cantar esa
maldita canción! Especialmente, si no te sabes la letra —le dice Jim
mientras todos nos hallamos en el umbral.
No recuerdo exactamente de quién fue la idea de ir a un club de
desnudistas. Después del juego, empezamos a tomar tragos y todo se
puso muy divertido. Cuando alguien sugirió un club de desnudistas,
pensamos que sonaba divertido. Así que llamamos un taxi, nos
acomodamos, y le dijimos que nos llevara a la ciudad.
—Oh, Dios mío, ¿por qué el suelo se siente pegajoso? —pregunta
Liz con una mirada de disgusto en el rostro, mientras levanta
suavemente el pie y mira a la parte inferior de su zapato.
—¿De verdad quieres que te responda eso? —le pregunta Jim
mientras lanza un brazo sobre su hombro y lidera el camino hacia el
club.
Drew y yo hemos estado un montón en el club de desnudistas
antes, así que esto no es novedoso para nosotros. Sin embargo, ha
pasado un largo tiempo desde eso. Sólo el ver las intermitentes luces de
colores y escuchar la música a todo volumen, traen muchos buenos
recuerdos, y me da pena que las cosas entre nosotros fuesen tan
extrañas últimamente.
Pero tan pronto como pienso eso, siento la mano de Drew
deslizarse en la mía y entrelazar nuestros dedos, seguimos a Jim y Liz
mientras encuentran una mesa cerca del escenario y todos toman
asiento.
¡Ganamos el juego! Realmente nos conocemos el uno al otro, y
empiezo a olvidar todas las razones por las que no me he encontrado
de humor para el sexo sucio últimamente. A pesar de que puede actuar
como un niño grande la mayoría de las veces, me ama y cuida muy
bien de mí.
—¡Drew, Jenny! ¡Oh, Dios mío! ¡No los he visto en mucho tiempo!
Nos giramos y vemos a Candy, la camarera en cuya sección nos
sentábamos siempre cuando veníamos aquí.
—¡Candy! Esperábamos que estuvieses aquí esta noche —dice
Drew mientras Candy me da un abrazo rápido—. Me puse tu camiseta
preferida, por si acaso.
Drew gira y sostiene la camiseta y muestra la imagen de una
mujer boca abajo en un tubo de desnudistas con las palabras: Apoyo a
madres solteras.
Hizo que el conductor del taxi pasara por nuestra casa de camino
al club sólo para poder cambiarse.
Drew hace las presentaciones y cuando todos ordenan cervezas,
nos miramos el uno al otro y luego a ellos.
—¡Oh, no! No beberán sólo cerveza en un club de desnudistas.
¡Solo tragos, amigos! —les dice antes de darle a Candy un pedido de
seis Little Beers.
—De acuerdo, pueden ver el baile de las chicas en el escenario.
No van a quedar ciegas o algo así —les digo a Liz y Claire con una risa.
Desde que nos sentamos, han mirado a todas partes menos a la
mujer sin ropa girando sobre el tubo a cuatro metros delante de ellas.
Se siente bien, finalmente, saber más sobre algo que mis amigas.
Claire es la primero en girar y mirar. Carter frota la mano en
círculos suaves en su espalda.
—Realmente debería estar mucho más borracha para esto —
murmura.
Tan pronto como dice eso, Candy se encuentra de vuelta con los
tragos que pedimos, junto con otra ronda y seis cervezas negras que
pone en frente de cada uno de nosotros.
—Parece como si pudieran necesitar un poco más de alcohol
para pasar esta noche —les dice a Liz y Claire con una sonrisa—. Los
Little Beers son los de la izquierda y a la derecha se halla todo lo
necesario para un Coche Bomba Irlandés. Viertan el chupito con el
líquido de color ámbar en la cerveza y empiecen a beber
inmediatamente. ¡Disfruten!
Se aleja y todos recogemos nuestros Little Beers.
—¿Qué demonios son estos? —pregunta Jim.
—Se llama Licor Cuarenta y Tres con un toque de crema en la
parte superior para que se vea como espuma —dice Drew.
—Parece esperma —dice Carter, llevándose el chupito a la nariz y
oliéndolo.
—No te preocupes. No sabe a semen. Es más dulce —le digo—.
Bueno, a excepción de aquella vez que fuimos a una tienda de dulces
a granel y Drew comió novecientos gramos de gusanos de goma. Sabía
a limón y cereza luego.
Drew agarra el asiento de mi silla y la acerca más para poder
poner el brazo en el respaldo.
—¿Recuerdas que jugamos ese juego de pesca con los gusanos
de goma? Usamos mi antigua cerda de pescar de cuando era
pequeño que encontramos en el sótano, y até el gusano al extremo y lo
metí…
—¡No! Por favor, Dios, no —dice Claire mientras levanta la mano
para detener a Drew de ir más lejos—. Date prisa y haz un puto brindis
antes de que vomite en esta mesa.
Todos levantamos los brazos en el aire y Drew se aclara la
garganta.
—¡Por las chicas desnudas en los tubos y por poner nuestros tubos
en chicas desnudas!
Claire y Liz dejan escapar sonidos de disgusto antes de que todos
bebamos nuestros chupitos.
Seguimos inmediatamente con los Coches Bomba Irlandeses y
luego pedimos dos rondas más de Coches Bomba, justo después,
porque todo el mundo los ama.
Quince minutos más tarde, nos encontramos más que mareados y
Claire y Liz finalmente disfrutan del ambiente.
—Oooh, es bonita. Me pregunto si sus tetas son reales —dice
Claire, apuntando a una rubia que acaba de salir al escenario—.
Disculpa, ¿puedo tocar tus tetas?
Carter agarra la parte delantera de la camiseta de Drew y mira
mientras Claire llama a la rubia, y ésta inmediatamente acepta que
Claire le toque las tetas.
—Si esto es un sueño; nunca, jamás, me despiertes —murmura
Carter mientras mira con los ojos abiertos mientras Claire ahueca las
tetas de la chica.
—Bienvenido al lado oscuro, amigo mío —dice Drew, dándole
una palmada en la espalda.
De repente, Liz se levanta de la silla, camina alrededor de la
mesa, y se sienta a horcajadas en mi regazo, apoyando los codos sobre
mis hombros y empujando sus tetas en mi rostro.
—Me encuentro muy borracha —me dice.
—Lo sé, cariño —le respondo con una sonrisa mientras envuelvo
los brazos a su alrededor y le palmeo la espalda.
—Creo que debo hacerte un baile en el regazo —dice, como si
hablara sobre pintarse las uñas.
—Sí, sí que debería. ¡Qué estupenda idea! —dice Jim, tirando de
su silla y sentándose junto a nosotras.
—Bueno. Voy a hacerlo. Sin embargo, no me pidas tener sexo
contigo, Jenny. A pesar de que esto va a ser impresionante, me gusta el
pene —me informa.
—Voy a tratar contonearme —le digo mientras se levanta de mi
regazo, me separa las rodillas, y se da la vuelta.
—Es controlarte. Vas a tratar de controlarte a ti misma para no
tener sexo conmigo —dice Liz sobre su hombro.
Le golpeo el culo tan duro como puedo. —¡Cierra la boca y baila
para mí, perra!
Inmediatamente comienza a mover las caderas y baja el culo a
mi regazo, moviéndose con la música. A pesar de que me encuentro
borracha, ella se encuentra realmente borracha e inestable. Cuando
comienza a moverse más rápido, se tropieza hacia un lado.
Rápidamente la alcanzo y le agarro las caderas para sostenerla y
traerla de vuelta a mi regazo para que no se caiga de cara.
—Este es el mejor día de mi vida —dice Jim soñadoramente desde
la silla mientras nos mira con la barbilla en las manos y los codos
apoyados en la mesa.
Liz pone las piernas a cada lado de las mías y se dobla
completamente hacia delante, hasta que su cabeza casi toca el suelo
y continúa moviendo las caderas.
Es un poco extraño, ya que sus piernas se encuentran ligeramente
dobladas y parece una perra tratando de aparearse con un perro. Su
culo sigue chocando con mi estómago, y es muy difícil no reírse.
—Esto empieza a ser torpe y para nada sexy —dice Jim cuando
Liz se sienta y se menea con la música, con los brazos volando en todas
direcciones, lo que obliga a que Drew se eche hacia atrás en su silla
para que no lo golpeara en la cara.
El meneo se convierte en un movimiento de brazos. Y, en este
punto, Liz se ha olvidado de la mitad inferior de su cuerpo y se sienta en
mi regazo apoyada en mi pecho, sin dejar de formar las letras con los
brazos.
—Ese baile es agotador —dice con un suspiro.
—Ya no es excitante, tampoco —murmura Jim.
—¡Guau, esa chica era tan linda! —dice Claire mientras se da la
vuelta para hacer frente a nuestra mesa—. Su nombre es Aubrey y
acaba de graduarse de la universidad con una licenciatura en
periodismo. Compró su primera casa por sí misma la semana pasada y
sus tetas son totalmente reales y me dio una receta para las famosas
galletas de azúcar de su abuela.
Carter niega y suspira. —Acabas de arruinar la magia de los
clubes de desnudistas.
—¿De qué hablas? ¡Le toqué las tetas! —argumenta Claire.
—Déjame explicar cómo funciona esto, Claire —explica Drew—.
Esa chica de ahí que acabas de acariciar, ya imaginábamos que su
nombre era Star y que trabajaba aquí a tiempo parcial para ahorrar
suficiente dinero para ir a otro país a aprender a ser una flexible
contorsionista. Por la noche, va a su apartamento de un dormitorio que
comparte con otras dos chicas igual de calientes, y antes de ir a la
cama cada noche, tienen peleas de almohadas desnudas. Ahora, esa
ilusión fue arruinada. Ya no es caliente. Es una chica inteligente que
sabe leer y escribir. ¿Dónde se encuentra la diversión en eso?
Liz todavía se encuentra en mi regazo, y le toco el hombro para
hacer que se mueva porque se me empiezan a quedar dormidas las
piernas.
—Oye, Liz. Levántate, necesito hacer pis —le digo.
—Mmm, creo que se durmió —dice Carter.
En ese momento, su cabeza cae de nuevo sobre mi hombro, y
puedo oírla roncar ligeramente
—Bueno, supongo que eso es todo para nosotros —dice Jim,
tomándola en brazos—. ¿Vienen? Saldré a la calle a llamar a un taxi.
Carter agarra la mano de Claire y la ayuda a levantarse de la
mesa y todos dan la vuelta y nos miran a mí y a Drew.
—Sí, iremos detrás de ustedes —les dice éste mientras comienza a
levantarse.
Sé que es un hecho que no quiere irse ahora. Nunca hemos
dejado el club tan temprano. Sólo lo hace por mí, porque supone que
voy a querer irme y volver a casa para ir a la cama, algo que habría
hecho absolutamente hace una semana. ¿Pero ahora? Esta semana
me ha recordado todas las razones por las que me enamoré de él. No
sé cómo finalmente descubrió lo que necesitaba, pero lo hizo. Y no
dudó en hacer todas esas cosas. No hay manera de que no pueda
hacer algo por Drew, si sé lo que necesita.
Le agarro la mano y lo jalo de regreso a su asiento junto a mí.
—Está bien, muchachos. Nos quedaremos aquí. Llamaremos a
nuestro propio taxi.
Todo el mundo se va, Drew y yo estamos solos en la mesa, con las
manos todavía agarradas, descansando en la parte superior de su
muslo.
—¿De verdad quieres quedarte? ¿Te encuentras segura? —
pregunta.
Me inclino hacia delante y le paso la lengua por el labio superior,
le suelto la mano y deslizo la mía por el muslo hasta que llego al bulto en
sus pantalones vaqueros. De inmediato me agarra la nuca y profundiza
el beso. Nuestras lenguas se arremolinan alrededor de la otra, y puedo
sentir lo duro que se vuelve bajo mi mano.
He extrañado tanto esto. Extrañaba desearlo así. Extrañaba
besarlo y pensar en sólo besarlo en lugar de doblar la ropa, órdenes en
el trabajo, y si pagué o no la factura de cable. ¿En qué demonios
pensaba cuando le dije que quería sexo normal? De repente, quiero
probar en serio esa cosa que hablamos el año pasado con un plato de
puré de patatas y un paseo en la podadora.
Drew rompe el beso y se echa hacia atrás para mirarme a los ojos.
—Te amo, nena. Sé que no he dicho eso en un tiempo y lo siento.
Voy a hacerlo mejor —me dice.
—¡Oh, Drew! No tienes que hacer nada mejor. También te amo.
Estuve tan cansada, y debería haber dicho algo antes. Lamento tanto
que las cosas fueran tan locas —le digo.
—No, soy yo el que lo siente. No tienes nada de qué disculparte.
Debería haberme dado cuenta antes que necesitabas más ayuda,
pero sabes que soy un idiota cuando se trata de esas cosas. Si no lo
escribes y me lo engrapas a la polla, no voy a tener idea —explica.
—Nunca engraparía tu polla. ¡La amo demasiado! —digo con
una sonrisa.
—Hablando de mi polla…
—¡Sí! Tendremos mucho sexo esta noche —lo interrumpo con
entusiasmo.
—No, eso no es lo que quería decir, pero es bueno saberlo —dice
con una sonrisa—. Lo que quiero decir es que, si lo que deseas es sexo
vainilla, entonces, sexo vainilla es lo que te daré. No me importa si
nunca usamos esas cuerdas elásticas o la caja de galletas saladas de
nuevo. No me importa si nunca vemos al oficial O'Connor otra vez
porque no golpeará a nuestra puerta para decirnos que ha habido una
queja de ruido. Ni siquiera me importa si el collar de perro de tachas de
diamantes y el traje de sirvienta francesa que me encaja como un
guante tiene que ir de nuevo a la tienda. No me importa nada, excepto
estar contigo, haré todo lo que pueda hacer, de cualquier manera me
tendrás.
Con la sonrisa más grande que he tenido en mucho tiempo, me
levanto y llevo a Drew conmigo.
—Vamos a casa. Tengo una sorpresa para ti.
Fantasma mirón
Traducido por florbarbero
Corregido por Miry GPE

Quiero decir cada palabra cuando le digo a mi chica que tendré


el simple y viejo sexo vainilla por el resto de la vida, siempre y cuando
pueda tenerlo con ella. Después de los últimos meses, me doy cuenta
que no me importa nada más que estar con Jenny. Es mi mejor amiga,
mi vida, y haré lo que quiera, siempre y cuando sea feliz. Fui estúpido
cuando me enojé por no tener más sexo sucio y loco. Si bien es cierto,
bordear lo salvaje y, a veces, lo ilegal en el sexo es lo que nos unió en un
principio, no es lo que nos ha mantenido juntos.
El taxi nos trae desde el club de desnudistas, Jenny me lleva de la
mano a la casa y sube las escaleras. Mencionó tener una sorpresa para
mí en el club y he estado duro desde entonces, sabiendo que la
sorpresa probablemente incluirá desnudarse. Y si solo vamos a la cama
a tener sexo misionero con las luces apagadas, estoy bien con eso.
Me lleva a nuestro dormitorio y se detiene frente a la cama,
girándose para mirarme.
—Está bien, mentí. En realidad tengo dos sorpresas para ti —me
dice con una sonrisa—. Cierra los ojos.
Hago lo que pide y la siento colocar una de mis manos en la parte
superior de su vientre, deslizarla hacia abajo de la cintura de sus
pantalones. Pocos segundos después, mis dedos se deslizan sobre la piel
perfectamente lisa, sin vellos. Mis ojos se abren y la miro al rostro, el cual
tiene una enorme sonrisa, mientras sostiene mi mano en su lugar.
—¿Te depilaste con cera? —pregunto con asombro.
Asiente, abriendo la boca para responder, pero, en su lugar, deja
escapar un pequeño suspiro cuando mis dedos rozan la parte superior
de su clítoris.
—¡Este es el mejor regalo que me dieron en la vida! —digo en voz
baja, con los dedos sumergiéndose aún más abajo y deslizándose a
través de su humedad.
Jenny suelta el agarre que tiene de mi mano y me aprieta los
hombros cuando uso dos dedos para extraer algo de la humedad para
realizar círculos en su clítoris.
—Oh Jesús... espera, ¡para! —exclama de repente, poniendo la
mano en la parte superior de mi muñeca para detenerme.
Por mucho que quiero acurrucarme en posición fetal, llorar y
chuparme el pulgar como un bebé en este momento, no lo haré. Si no
quiere hacer esto, seré un chico grande y no haré una rabieta. Voy a
respetar los deseos de mi esposa.
No lloraré, no lloraré, no lloraré.
—Bien, podemos detenernos. ¿Quieres que solo nos abracemos?
—pregunto, tratando de no dejar que me tiemble la voz.
Me mira divertida por un minuto, y luego deja escapar una
pequeña risa.
—¡Oh, diablos, no! Esta noche no habrá abrazos. Sólo tengo que
darte tu segundo presente —me dice.
—¡Oh, madre santa, gracias a Dios! —grito, inclinándome y
apoyando la frente contra la suya.
—Cierra los ojos otra vez —me dice en voz baja.
Una vez más, hago exactamente lo que dice. Puedo oír ropa
moviéndose, y me pongo a hacer un pequeño baile con los brazos,
sabiendo que Jenny se está quitando la ropa. Escucho algún otro ruido,
algo que suena casi como un chirrido, pero no importa. Mi esposa se
desnuda, y no me importa una mierda ninguna otra cosa.
A menos que el chirrido signifique que hay un fantasma en la
casa. He escuchado algunos ruidos extraños de vez en cuando por la
noche y siempre me pregunté si la casa está encantada. Apuesto a que
sí. Apuesto a que el pequeño cabrón quiere vernos teniendo sexo. Me
parece bien, amigo, disfruta del espectáculo. Eso sí, no me toques el
culo durante el evento o llamaré a los hermanos Winchester de
Supernatural. ¡Dean y Sam te joderán! Sentí una mano extraña tocarme
el culo una vez en la universidad durante un trío, y eso es algo que no
quieres que suceda. Los toques fortuitos en el trasero me asustan más
que las arañas.
—De acuerdo, puedes abrirlos —dice Jenny.
Lentamente, abro los ojos y, en serio, debió prepararme un poco
para la vista que actualmente tengo. No sé si debo caer de rodillas y
orar, o tener un ataque al corazón.
—Oh, Willie Nelson. ¿Tú...? ¿Nosotros…? esto es... yo... galletas.
Ni siquiera puedo formar una frase coherente en este momento.
Mi impresionante esposa se encuentra desnuda, tumbada en el
columpio para el bebé, eh, quiero decir, en el columpio sexual. ¡Nuestro
columpio sexual realmente es un columpio sexual! ¡Nuestro columpio
sexual será utilizado para tener sexo y balancearnos! ¡Y balancearnos
durante el sexo!
Espera, no. No intercambiaremos parejas. No somos swingers17.
Nadie más puede entrar en esta habitación mientras nos encontremos
desnudos. Bueno, tacha eso. Si un par de chicas desnudas de repente
entran, sin duda, no las echaría.
—Ven aquí, cosa caliente y sacúdeme con sexo en el columpio —
dice mientras curva un dedo, haciéndome señas.
Me hallo bastante seguro que nunca me he movido tan rápido en
mi vida. Mi camiseta es arrojada al otro lado de la habitación, empujo
mis pantalones y calzoncillos hasta los tobillos, y empiezo a correr hacia
Jenny. Por desgracia, es jodidamente difícil correr con los pantalones en
los tobillos y caigo de cara a la alfombra.
—¡Oh, Dios mío! Drew, ¿Te encuentras bien? —me pregunta con
preocupación.
—¡Muy bien! ¡Completamente bien! ¡No te muevas! —le digo
arrastrándome rápidamente en cuatro patas a la esquina de la
habitación.
Me agarro del columpio, a ambos lados de los muslos de Jenny y
lo uso para levantarme y ubicarme entre sus piernas.
—Eres un hombre cachondo y sucio —me dice con voz sensual.
¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío!
Solté una risita, sí, una risita, y empecé a balancearme con
entusiasmo en la punta de los dedos de los pies.
—Creo que debes empujarme en el columpio con tu polla
descomunal, hombre cachondo —me dice mientras se inclina hacia
adelante, agarrándome las caderas, jalándome más cerca de sí en el
columpio hasta que mi "polla descomunal" empuja contra su entrada.
¡Porno Jenny! ¡Porno Jenny se halla de vuelta! ¡Aleluya, alabada
sea Paula Abdul, Porno Jenny se halla de vuelta!
Envuelve las piernas alrededor de mis caderas y usa los músculos
de sus muslos para acercarme más, deslizándome profundo en su
interior. Ambos gemimos y me detengo a mitad de camino cuando
oigo un crujido.
Giro la cabeza y disparo una mirada sucia sobre mi hombro hacia
toda la habitación en general.

17
Juego de palabras, swing significa balancearse y swingers son personas que intercambian parejas.
¡Deja de moverte, fantasma! Me desconcentras. Si vas a mirar,
hazlo en silencio. ¡Y NO ME TOQUES EL CULO!
Giro la cabeza de nuevo y me concentro en la tarea en cuestión.
Balancear mi polla en mi esposa caliente.
¡Ja, ja! ¡¿Hice un juego de palabras totalmente impresionante o
qué?!
—Fóllame duro, sucio prostituto —susurra Jenny.
¡Oh, infiernos, sí! ¡Es jodidamente caliente!
Me empujo totalmente dentro de su calor, quiero parar y saborear
la sensación de estar de vuelta dentro de mi esposa, pero el columpio
se balancea, haciendo que meza las caderas contra Jenny.
—¡Este balanceo es jodidamente increíble! —digo, aferrándome a
sus muslos, sacando la polla casi completamente de su interior, y luego
regresando a casa de nuevo.
Deja escapar un grito ahogado y lanza los brazos sobre su cabeza
para agarrar las correas del columpio. Empiezo a moverme más rápido
y con más fuerza, mis empujes causan que el columpio comience a
balancearse realmente de adelante hacia atrás. Es un poco torpe y
tengo que concentrarme para no caerme. Cuando el columpio se
mueve hacia adelante, tengo que mover rápidamente los pies y
seguirlo para que mi polla no se salga de Jenny. Entonces, cuando se
balancea hacia atrás, tengo que mover rápidamente los pies hacia
atrás o, de lo contrario, tendré la cuerda entre los muslos, y me caeré de
culo.
En serio, debí quitarme completamente los pantalones. ¡Esta
mierda es dura! ¡Ooooh, otro juego de palabras allí, hijos de puta!
Básicamente me contoneo de ida y vuelta con el movimiento del
columpio, mientras que, al mismo tiempo, empujo las caderas dentro y
fuera de Jenny. Es como tratar de acariciar tu cabeza y frotar tu
estómago al mismo tiempo.
—¡Oh, sí! ¡Más rápido, más rápido! —grita.
¡Oh, Dios mío, la presión! ¡Si voy más rápido con este balanceo,
caeré de rodillas! Tengo que hacer de este columpio mi perra y
mostrarle quién es el jefe.
Planto los pies tan separados como puedo con los pantalones
todavía envueltos alrededor de los tobillos, suelto los muslos de Jenny, y
envuelvo las manos alrededor de las correas que cuelgan del techo
para detener el columpio y que no se balancee tanto. Tarda un minuto
hacer que se detenga, debo arquear la espalda hasta dónde puedo,
levantar una rodilla, y empujarla contra el culo de Jenny bajo el
columpio para, finalmente, lograr que deje de moverse.
—¡Sí! ¡Sigue haciendo eso! ¡Frota mi culo con tu jodida rodilla! —
grita.
No soy nada si no satisfago las necesidades de mi esposa en este
momento, por lo que hago lo que me pide. Me aferro a las correas con
ambas manos, manteniendo la pierna elevada y frotando la rodilla
hacia atrás y adelante contra su culo, moviendo las caderas,
empujando dentro y fuera de su interior.
Jenny mueve las caderas y empuja contra mí mientras la follo
duro e intento mantener el balanceo. Entre sus gemidos de placer,
escucho otro fuerte chirrido y ruedo los ojos.
En serio, fantasma. Corta esa mierda. Sé que te encuentras ahí; no
necesitas hacer publicidad. ¡Mantente en silencio mientras te masturbas
fantasmagóricamente por allá!
—Lo siento por no decir nada acerca de tu flexible vagina. ¡No es
para nada como una jodida paja! ¡Te sientes tan bien, cariño! —digo en
tanto continúo golpeando en su interior, mientras el sudor brota en mi
frente por todas las cosas que tengo que recordar hacer para mantener
el balanceo en su lugar.
—¡Llámame puta! —grita Jenny, soltando el agarre en una de las
correas del columpio, desliza la mano por la parte delantera de su
cuerpo, y comienza a mover sus dedos contra su clítoris.
Joder, ¡el mejor día de mi vida! Incluso con el fantasma pervertido
en la esquina y los músculos de mis brazos y piernas amenazando con
fallar.
—¡¿Quién es mi puta?! ¡¿Quién es mi puta, zorra sucia?! —grito
aumentando el ritmo y follándola más duro mientras mueve los dedos
con furia sobre su clítoris.
—¡Yo! ¡Yo! ¡Soy tu puta, zorra sucia! ¡PÁGAME, PAPI, PÁGAME! —
grita.
—¡Voy a darte una propina del setenta y cinco por ciento, PUTA
SUCIA!
—¡SI! ¡SI! ¡Dame propina, dame propina! —grita Jenny.
Sé que se encuentra a sólo un segundo de correrse, lo que es algo
malditamente bueno, porque no puedo aguantar más. Mis bolas se
encuentran a punto de estallar como un puto géiser.
—¡Voy a darte una propia y dejarte algunas! ¡¿Quieres algunas
jodidas mentas, pequeña puta?! —le grito con emoción mientras
aprieta los muslos alrededor de mi cintura, siento su orgasmo recorrerla y
apretarme la polla como un tornillo.
—¡Oh, Dios mío! ¡DAME LAS MENTAS! ¡Oh, mierda, ME CORRO!
¡Mentas, mentas, mentas! ¡SÍ, SÍ!
Lanza la cabeza hacia atrás y empuja las caderas contra mí, y no
hay nada que pueda hacer para impedir que el columpio se balanceé,
por lo que sólo sujeto las correas y la penetró con fuerza, sintiendo mi
propio orgasmo cosquillear a través de mis bolas. Escucho otro crujido,
éste más fuerte que todos los demás.
—¿TE GUSTA ESO, FANTASMA? ¡¿Eh?! ¿TE GUSTA SER UN
PERVERTIDO Y MASTURBAR TU FANTASMAL PEPINILLO? —grito a la esquina
de la habitación.
Justo cuando el orgasmo empieza a atravesarme y comienzo a
correrme, siento una mano en mi culo y grito tan fuerte como puedo,
totalmente asustado al mismo tiempo que me sumerjo dentro y fuera de
Jenny.
—¡EEEEEEEH! ¡ME CORRO! ¡Santo dulce y amargo pollo, me corro y
hay un fantasma tocándome el culo!
A mitad del orgasmo, muevo la mano hacia atrás para quitarme
de un golpe la mano del fantasma del culo y escucho otro crujido,
seguido de un fuerte sonido de rasgadura, y este orgasmo se siente tan
jodidamente bien en este momento, que realmente no me preocupo
por el hecho de que el fantasma pervertido haga tanto ruido.
Mientras golpeo la mano en mi culo para mantener al fantasma
lejos de ahí, empujo tan duro como puedo por última vez y el orgasmo
finaliza tan bien que casi se siente como si estuviera cayendo.
—¡Ay! ¡Hijo de puta! —grita Jenny.
Abro los ojos y, rápidamente, me doy cuenta que la sensación de
caer es porque en realidad caí. Me encuentro tirado en el suelo sobre
Jenny con el pene todavía enterrado en su interior, hay piezas de
nuestro techo esparcidas a nuestro alrededor. La alcanzo y limpio un
montón de polvo blanco de su rostro y cabello, Jenny pasa la mano por
mi cabello, el polvo y los escombros caen sobre su pecho.
Estiro el cuello y miro hacia el agujero gigante en nuestro techo.
—Guau, supongo que debí asegurar eso un poco mejor, ¿eh?
Jenny sólo se ríe y envuelve los brazos alrededor de mis hombros,
jalándome hacia sus labios.
—Vamos a hacerlo de nuevo. Ve por los paquetes de caramelos
de la cocina, una cuchara de madera y dos contenedores de color
púrpura de Play-Doh.
Caramelos de vagina
Traducido por Alysse Volkov
Corregido por Kora

—Mmm, Whitney Houston, tenemos un problema.


Jenny se coloca sobre los codos y me mira fijamente, acostado
sobre mi estómago entre sus piernas, con el rostro apoyado en su
cadera.
—¿Problema? ¿Qué problema? Casi estaba allí. Sigue adelante —
se queja, dejando caer la cabeza en la almohada.
—Sí, y ese sería el problema. No puedo seguir adelante. Se hallan
atascados.
Vuelve a levantar la cabeza de la almohada y desliza el cuerpo
por la cama hasta que descansa la espalda contra la cabecera de
ésta. Aparto la cabeza de su cadera mientras se mueve.
—¡¿Atascados?! ¡¿Qué diablos quieres decir con atascados?! —
grita.
Me doy impulso para ponerme de rodillas y señalo entre sus
piernas.
—Atascados, muy adentro. Probablemente no van a salir pronto
porque estaba todo demasiado resbaladizo y ellos como que acaban
de entrar disparados profundamente en el corazón de Texas —explico
con un encogimiento de hombros.
—Estoy confundida. ¿Comparas mi vagina con Texas? ¿Es eso
algo bueno o malo? —pregunta, olvidando momentáneamente el
problema en cuestión.
—Bueno, no metes con Texas y todo es más grande en Texas, al
igual que no te metes con tu vagina y...
Levanta la ceja y me mira fijamente.
»Tu vagina NO es grande. O larga. O está excitada. Bueno, se
encuentra totalmente excitada, pero no es grande. No vamos a
cambiar el nombre de tu vagina a Gran Margarina, así que ni siquiera
me mires así. Tu vagina es pequeña, perfecta, cálida y tierna, como
tiene que ser —explico.
Nos miramos fijamente durante unos minutos, y no voy a mentir; en
cierto modo, me olvidé del problema por un minuto mientras la quedé
mirando. Ya había empezado a gatear en la cama hacia Jenny
cuando me lo recordó.
—¡Espera, detente! ¿Qué vamos a hacer con los caramelos
atrapados en Texas?

Dos meses después de la noche de la caída del columpio sexual y


el incidente del sexo oral con los caramelos, Jenny y yo vamos mejor
que nunca. Hicimos un viaje a la sala de emergencias esa noche y la
manguera de una aspiradora sacó los caramelos del gran estado de la
vagina.
De acuerdo, realmente no fue una manguera de aspiradora, pero
pudo haberlo sido. Podría habernos ahorrado un deducible de cien
dólares y nuestra dignidad con solo usar la aspiradora de casa.
Sorprendentemente, la enfermera nos dijo que no era ni siquiera la cosa
más extraña que había visto atrapada en alguien en la sala de
emergencias. Mientras esperábamos, nos contó todo tipo de cosas que
la gente se atascaba en su interior y cómo tenían que caminar como
patos a través de las puertas de la sala de emergencia para hacer que
las saquen.
Juguetes de Happy Meal de McDonalds, toronjas, teléfonos
móviles, botellas de vino, una docena de pelotas de ping pong y una
batidora.
Pero la batidora no fue totalmente mi culpa, y estaba haciendo
algo que no tenía absolutamente nada que ver con el sexo.
Simplemente se resbaló. Estuve agradecido de que la enfermera que
nos ayudó fuera nueva y no estuviera al tanto de todos los viajes
frecuentes que Jenny y yo hacíamos en esa sala de emergencias en
particular.
A pesar de todo, Jenny y yo hemos aprendido algunas lecciones
muy importantes: nunca contrates a tu padre como investigador
privado y Carter hace trampa cuando se encuentra en una carrera de
cambio de pañales.
También hemos aprendido a nunca mantener las cosas para
nosotros mismos si algo nos molesta, y he aprendido a asumir,
simplemente, que mi esposa siempre necesita ayuda en la casa y que
no debería tener que pedirla. Nuestra vida sexual es mejor y más
aventurera que nunca, especialmente tratando de navegar alrededor
del horario de dos niños, pero estamos haciendo que funcione y siendo
muy creativos. Jenny finalmente me confesó que realmente nunca
quiso tener sexo convencional, aunque ahora que éramos viejos y
padres es lo que deberíamos hacer. Sinceramente, habría aceptado
sexo aburrido para el resto de mi vida, pero gracias a los santos
vaqueros que no tengo que preocuparme por eso nunca más.
Mi caliente, cachonda esposa se halla de vuelta, y no podría
encontrarme más feliz.
—¿Te encuentras nerviosa? —le pregunto cuando estamos al
frente de la sala y esperamos que todos los demás lleguen hasta aquí.
—Sabes, no lo estoy. ¿Eso es raro? —pregunta con una sonrisa
mientras saca cosas de su bolso y las coloca sobre la mesa.
—Nah, no me encuentro nervioso, tampoco. Quiero decir, somos
como expertos en esta mierda, así que ¿por qué deberíamos tener
nervios?
Asiente y pone la bolsa en la parte superior de la mesa,
caminando hacia mí mientras organizo mis notas. Me quita la libreta de
papel de las manos y la coloca sobre la mesa, agarrándome las manos
y apoyándolas justo encima de sus tetas.
—Esto va a ser muy divertido —me dice con una gran sonrisa
mientras se pone de puntillas y me pasa la lengua a lo largo del labio
superior, dándome escalofríos, como siempre.
Quito una mano de una de sus tetas y la coloco debajo de su
culo, alzándola para que pueda envolver las piernas alrededor de mi
cintura. Nos giro y presiono su espalda contra la pared, deslizando la
mano por la parte delantera de su cuerpo y luego la coloco bajo su
camiseta, rozando su suave y cálida piel.
Jenny aleja los labios de los míos e inclina la cabeza hacia un
lado, para poder hacer un camino de besos por su cuello hasta la
clavícula. Chupo y mordisqueo la piel, mientras que la mano bajo su
camiseta tira de la copa de su sostén debajo de su pecho para poder
tocar el suave montículo y pasar el pulgar sobre el pezón.
—Esto es tan travieso y sucio. Me encanta —dice mientras empujo
las caderas hacia delante y muelo mi erección revestida de vaqueros
entre sus piernas.
Junta los tobillos justo encima de mi culo y utiliza los músculos de
sus muslos para tirarme con más fuerza contra sí.
Alejo los labios de su cuello y mi mano detiene su movimiento en
su pecho.
—Lo olvidé por completo. Tengo algo para ti —le digo mientras
dejo tranquilo su culo y me inclino hacia atrás por mi bolso en la mesa
sin romper nuestra conexión o sin mover la mano de su teta desnuda.
Alcanzo el bolso y cavo en el interior en busca de la caja blanca,
sacándola e inclinando el cuerpo contra el suyo. Sostengo la caja entre
nuestros cuerpos y cuando la ve, sus ojos se iluminan.
—¡Ohhhhh, Drew! —dice con entusiasmo mientras coge la caja.
Le pongo la mano en el culo y vuelvo a masajearle la teta por debajo
de la blusa con la otra mano mientras abre la tapa.
Mira dentro y hay confusión en su rostro por un momento, y se lo
explico.
—Bueno, me imaginé que no estarías de ánimo para caramelos
por un tiempo después de la tarde de “Sexo Oral con Sabor a Frutas”,
así que decidí cambiar las cosas.
Jenny coloca la mano dentro de la caja y saca un puñado de
piruletas Dum-Dum de uva y cereza.
—Me quedé con el tema púrpura y rojo, pero esta vez tienen
palitos en ellos para facilitar su retiro —le digo con un guiño y un meneo
de cejas.
—¡Te amo tanto, Drew Parritt! —me dice mientras deja caer la
caja al suelo y envuelve los brazos alrededor de mis hombros, con la
mano sin soltar las piruletas.
—¡Yo también te amo, Jenny Parritt, mi dulce y condenadamente
caliente esposa!
Oigo el crujido de una envoltura detrás de mi cabeza y Jenny
mueve un brazo delante de mí, ofreciéndome una lamida a la piruleta
de cereza. Envuelvo los labios alrededor del dulce y chupo mientras
Jenny hace girar el palo, haciendo que la piruleta gire alrededor de mi
boca.
Coloco y envuelvo la mano alrededor de suya, sacándome la
piruleta de la boca con un pop, y juntos movemos el caramelo a sus
labios. Jenny pasa la lengua por todo el exterior del dulce así como lo
hace con mi polla, y gimo mientras observo su lengua y labios disfrutar
de la piruleta.
Diez minutos más tarde, tenemos un pequeño problema que
implica a mi vello púbico y a una piruleta de uva.
—Solo déjame arrancarla, como una tirita —suplica Jenny,
mirando frenéticamente hacia la puerta de la habitación—. Ellos van a
llegar en cualquier momento, y no creo que sea bueno que te pases
toda la hora con la mano bajo los pantalones.
Echo un vistazo al reloj y luego a Jenny.
—Bueno, nunca olvidarían su primera clase, eso es seguro.
Después de nuestro viaje a la sala de emergencias hacía dos
meses, nos habíamos puesto en contacto con uno de los médicos y nos
preguntó si consideraríamos hacer un seminario de sexo para parejas
casadas una vez al mes en la universidad local. Podríamos hablar de lo
que quisiéramos y usar cualquier ayuda visual que necesitáramos. Solo
teníamos que enseñar a las parejas cómo tener una vida sexual más
activa y poner una chispa de algo nuevo en su matrimonio.
—No voy a arrancarme esta cosa. ¿Tienes alguna idea de lo
mucho que dolería, maldita sea? —le pregunto.
Me mira fijamente y se pone las manos en las caderas.
—Oh, sí, lo siento. Olvidé todo el asunto de la depilación brasileña.
¿He mencionado lo mucho que me encanta, por cierto? —le digo,
tratando de adularla lo mejor que puedo—. Quizá deberías chuparme
un poco —le suplico.
—¡Estamos en un salón de clases! No me voy a poner de rodillas y
colar el rostro en tu entrepierna cinco minutos antes de que aparezcan
veinte parejas. —Se queja.
—¡Acabas de poner la mano en mis pantalones con una piruleta
húmeda en un salón de clases cinco minutos antes de que aparezcan
veinte parejas! ¡¿Cuál diablos es la diferencia?!
Jenny pisotea y mira hacia atrás, al reloj, con frustración.
—¡Oh, Dios mío, no tenemos tiempo! ¡Al menos saca la maldita
mano de los pantalones! —me grita.
—¡Tengo miedo! Si la dejo ir quién sabe lo que pasará allí abajo. Al
menos, por ahora, trato de contenerlo.
Jenny retuerce las manos delante de ella y voltea la cabeza
cuando escuchamos una voz.
—Disculpe, ¿estamos en el lugar correcto? ¿Es este el curso de
cómo poner la chispa de nuevo en su matrimonio”? —pregunta un
hombre desde la puerta, con la mano apoyada sobre una mujer de pie
a su lado.
Sí, soy muy consciente de la ironía de esta situación. No hacía
mucho tiempo, prácticamente aceché a un médico debido a su CD de
autoayuda de mierda con el mismo título. Sin embargo, pretendí ser
agradable y les envié a su esposa y a él una invitación de nuestra
primera clase. Lamentablemente, debido a la orden de restricción, no
pueden asistir.
Jenny se da la vuelta y encaja su cuerpo contra el mío,
bloqueándome de la vista de la pareja.
—¡SÍ! ¡Sí, bienvenidos! Sigan adelante y tomen asiento. Discutimos
algunos cambios de lección de último minuto —les dice antes de
volverse hacia mí.
—¡Saca esa jodida cosa, ahora mismo! —susurra con enojo.
—¡NO! ¡Va a llevarse una capa de piel con ella! No tienes ni idea
de lo enredada que se halla ahora —le susurro de vuelta.
Miro por encima del hombro de Jenny y veo dos parejas más
entrar en el salón de clases y tomar asientos, hablando entre sí.
Mientras me encuentro ocupado mirando y antes de darme
cuenta de lo que hace, Jenny mete la mano debajo de mis pantalones,
la envuelve alrededor de la mía y da un tirón tan fuerte como puede.
—¡MADRE DEL PENE DE JUSTIN TIMBERLAKE EN UNA CAJA! —grito
con todo el aire de mis pulmones.
Jenny y yo nos quedamos allí parados mirándonos el uno al otro
con ojos sorprendidos, la piruleta de uva cubierta de vello púbico
sostenida en nuestras manos entre nosotros. Mis labios tiemblan y puedo
sentir las lágrimas formándose en mis ojos.
¡El dolor! ¡Oh, Dios mío, el dolor! ¡Es como ningún otro que haya
sentido antes!
Jenny rápidamente se da la vuelta para hacer frente a la clase,
que ahora se encuentra llena y todos los ojos nos miran de manera
inquisitiva.
Arrojo la piruleta peluda en el cubo de la basura debajo de la
mesa y me trago las lágrimas, cojeando hacia delante para poder estar
de pie hombro con hombro con Jenny.
—¡Bienvenidos a la clase, amigos! Eso fue solo una muestra de lo
que vamos a hablar por primera vez esta noche. ¡Las formas de gritar de
placer sin ser aburrido! ¡¿Quién quiere ir primero?! —pregunta Jenny.
Toma unos pocos minutos, pero muy pronto la clase está
realmente llegando a la cuestión y divirtiéndose, gritando sus
sugerencias. Jenny y yo nos miramos a la cara mientras la clase ríe y
grita.
Parte de la piel de mi pene se encuentra pegada a una piruleta
debajo de la mesa. La gente de la sala de emergencias ya nos llama
por nuestros nombres. Hemos sido restringidos de la mayor parte de las
principales tiendas de electrodomésticos y granjas locales y, sin
embargo, no cambiaría la forma en que nuestra vida ha resultado ser ni
por todas las prostitutas y la cocaína del mundo.
—¡¿Tienes que estar bromeando?!
Rompemos nuestro contacto visual y nos giramos hacia la puerta
del aula. Nuestras miradas de sorpresa y confusión se reflejan en las de
las dos parejas que se ciernen en la puerta.
—Amigo, ¡¿Ustedes son los maestros?! —pregunta Carter con una
sonrisa mientras empuja a Claire para que entre en la habitación—.
¡Esto va a ser divertido!
El resto de la clase se ha calmado y observa nuestro intercambio
con interés.
—Esto va a ser un espectáculo de horror, eso es lo que va a ser —
dice Liz mientras ella y Jim siguen a Carter y a Claire por el pasillo y
encuentran sus asientos—. Díganme que no van a usarse ustedes
mismos como ayuda visual.
Jenny baja la mano hasta la mesa y levanta un par de pinzas y
una botella de miel.
—Nop, tenemos un montón de ayuda visual —le dice con una
sonrisa.
—Drew, quita el puntero láser de mis tetas —dice Claire con
irritación.
Jenny gira la cabeza y me ve de pie a su lado jugando con el
puntero láser que recogí en la gasolinera de camino a aquí.
—Bueno, Claire, técnicamente esto es parte de la lección de esta
noche. Zonas erróneas y cómo pueden hacer que el sexo sea más
caliente —explica Jenny mientras coge el puntero de mi mano y lo
coloca sobre la mesa.
—¿Alguien más se encuentra extrañado por el hecho de que
Drew y Jenny sean los profesores? —Escuchamos a Jim preguntarle al
resto de nuestros amigos.
—Si estuvieran enseñándoles a niños, sí. Pero seamos honestos,
este es el mejor tema que pueden enseñar —responde Liz con una
sonrisa en nuestra dirección.
—Solo díganme que no vamos a ver ninguna de sus películas
caseras —suplica Claire.
—No lo sé. Me gustaría un poco ver eso —dice Carter,
encogiéndose de hombros.
—Oh, ya hemos visto su película casera. Es una de las finalistas en
los “Premios a la Mejor Película Casera del Año” de YouPorn —dice uno
de los chicos en el lado opuesto de la habitación—. Lo busqué en
Google cuando nos inscribimos para la clase. Usar la calabaza y la bola
de helado fue genial, por cierto.
Mi sonrisa es más grande que nunca después de escuchar esas
palabras.
—¡Cariño, nos pueden buscar en Google! —le digo a Jenny,
inclinándome para besar la parte superior de su cabeza.
—Está bien, de acuerdo. Nosotros también los buscamos en
Google —admite Liz.
—Sí, igual que nosotros —añade Claire.
—Y aparte de tener que ver el culo peludo de Drew, fue bastante
caliente —enuncia Jim.
—Fue inquietantemente caliente y me sentí un poco sucio
después de verla, y no estoy seguro de si alguna vez los podré mirar de
nuevo a los ojos. Pero sí, fue bastante caliente —admite Carter.
—¡Muy bien, vamos a llevar esta clase al orden! —grita Jenny,
emocionada—. En primer lugar, vamos a discutir los artículos que nunca
se deben colocar en una vagina a menos que se lleven puestas gafas
de protección y tengan un par de pinzas a mano.
Envuelvo el brazo alrededor de sus hombros mientras comienza la
primera parte de la lección, sosteniendo artículos uno a la vez y dando
explicaciones sobre dónde se pueden insertar de forma segura sin el uso
de asistencia médica o antibióticos.
Mientras habla, echo un vistazo a nuestros amigos que decidieron
inscribirse en nuestra clase, a pesar de no saber que la impartíamos. No
importa cuán perfecto pienses que es el matrimonio de otra persona;
esto solo sirve para demostrar que todos podemos necesitar un poco
de chispa y un poco de diversión en el dormitorio para hacer la vida
más interesante. No podría hacerme más feliz que nuestros mejores
amigos estuvieran aquí con nosotros esta noche. Simplemente hacía
que me diera cuenta de cuán grandiosa es mi vida realmente.
Veronica y Billy son felices y sanos, y nuestros mejores amigos son
las personas más geniales de la historia. Estoy más que contento de que
hayamos sido amigos y hayamos formado familias juntos. Ah, y no
puedo olvidar a nuestro nuevo mejor amigo, Jackson, a quien metimos
en nuestro círculo de confianza. Mis temores de que tratara de robarme
a mi esposa se quedaron atrás desde el día en que trajo a su pareja a
nuestra casa para la cena. Dave es dos años mayor que Jackson y vive
a una calle de nosotros. Mi única preocupación ahora es que Jackson y
Dave me quieran para hacer un trío. Sería un honor y una mierda
porque, vamos a ver, soy jodidamente caliente y por supuesto que me
gustaría, pero más de un pene en una cama es demasiado, y tendría
que, tristemente, declinar. Por suerte, no me lo han preguntado todavía,
así que no tengo que preocuparme por la incomodidad.
Nunca habría pensado que esa noche de hacía siete años,
cuando Carter y yo fuimos a cenar a la casa de nuestro nuevo amigo,
Jim, que conocería a mi alma gemela en un plato de lasaña y un
debate sobre vibradores. Jenny y yo... bueno, nunca tuvimos ninguna
duda de que estábamos destinados a estar juntos. Es mi mejor amiga y
la mejor esposa y madre que hay. El matrimonio no es perfecto, pero el
nuestro se encuentra malditamente cerca de serlo. Y a pesar de que
hemos tenido algunas dificultades, arreglarlas ha sido más dulce que
cualquier caramelo que haya comido.
Bueno, excepto por los caramelos de vagina. Los caramelos de
vagina son deliciosos.
Seis meses después
Traducido por ElyCasdel
Corregido por Victoria

—Soy Matt con las noticias del canal tres, llegando a ti en vivo
desde la tienda que comenzó todo, Seduction and Snaks. Seduction
and Snaks ha crecido más allá del pequeño negocio de la esquina que
dos mejores amigas decidieron abrir juntas hace casi ocho años. Con la
combinación de deliciosos chocolates, galletas, y juguetes sexuales,
Seduction and Snaks es la tienda perfecta para que las mujeres
satisfagan su dulce diente o sus anhelos en la habitación. Estamos aquí
hoy para hablar con las mujeres que surgieron con la idea, también con
sus amigos y familia, quiénes las apoyaron todo el tiempo. ¡Bienvenidos,
todos!
Sentados en línea recta, se encuentran las tres parejas. Carter y
Claire, Liz y Jim, y Drew y Jenny. Sentados en el suelo a sus pies, están los
hijos de cada pareja respectivamente: Gavin y Sophia, Charlotte, Molly,
Ava, y Veronica y Billy.
—Claire, ¿alguna vez pensaste que la tienda que siempre soñaste
con poseer se convertiría en una marca de renombre y que tendrías
sucursales en todo el país?
Claire se ríe y niega con incredulidad mientras Carter se estira y
cubre la mano descansando en su muslo con la propia.
—Esto es mucho más de lo que soñaba y esperaba. Abrir
solo esta tienda misma por sí sola, era algo que nunca pensé que
pasaría. ¿Y luego verla despegar y como lo hizo y ser capaz de tener
franquicias? Aún no puedo creerlo —declara Claire.
—Sé que has hecho muchas entrevistas sobre cómo se
conocieron tú y tu esposo, y cada vez que escucho la historia, aún me
hace sonreír. ¿Cómo manejan ustedes dos el éxito junto con formar una
familia?
Carter se lleva la mano de Claire a los labios y le da un suave
beso en los dedos. Claire lo mira felizmente a los ojos antes de
finalmente girarse a la cámara.
—Lo manejamos juntos, un día a la vez. Tener el apoyo de tan
maravillosos amigos y familia hace las cosas mucho más fáciles —
declara Claire.
—Y realmente somos muy maravillosos —chilla su amigo Drew
desde el final de la fila—. Bueno, excepto por el mocoso sentado ahí
abajo rodeado de niñitas.
Se ríe y señala a Gavin de diez años, quién le da una mirada
descontenta.
—Cállate o heriré a tu madre —le dice Gavin.
—¡No hables de Eileen Parrit! ¡Eileen Parrit es una santa! —
argumenta Drew.
—Entonces, Liz, ¿alguna vez pensaste en que habría tan alta
demanda para una tienda que vende juguetes sexuales?
Jim se inclina y pone un beso en la mejilla de Liz, y ésta sonríe a la
cámara.
—Mientras haya gente teniendo sexo, siempre habrá necesidad
de juguetes sexuales —nos dice Liz.
—¿Qué es “tener sexo”? —pregunta Ava, la niña de cinco años
de Liz y Jim.
—Es asqueroso. Y la gente grita como si doliera. Creo que tiene
que ver algo con matarse en uno al otro —le dice Gavin.
—Oooooh, es aterrador. Nunca voy a tener sexo —responde Ava
mientras regresa a jugar con uno de los juguetes que sus padres le
compraron.
—¿Por qué solo ponen atención cuando hablamos de algo que
no deben oír? —le susurra Jim a Liz.
—Porque los niños son idiotas —susurra Drew en respuesta.
—Escuché eso —responde Gavin sin siquiera voltearse.
—Bien, ¡porque eres el más idiota! —susurra Drew más fuerte.
—¡¿Dejarías de llamar idiota a mi hijo?! —regaña Claire a Drew.
Drew inmediatamente baja la cabeza con arrepentimiento
cuando Claire le da una mirada descontenta.
—Ooooooh, acabas de ser reprendido por mami —se mofa Gavin
con una risa.
Carter rápidamente se inclina hacia adelante y estampa la mano
sobre la boca de Gavin mientras Drew le enseña la lengua y obtiene un
golpe en el brazo por parte de su esposa.
—Jenny, tienes el crédito por poner Seduction and Snaks en el
mapa con todas tus habilidades de mercado y promoción. ¿Puedes
decirnos un poco sobre eso?
Drew se recarga en la silla y lanza el brazo detrás de Jenny y
juega con una hebra de su cabello.
—Eh, bueno, no creo que yo fuera quién lo puso en el mapa. Estoy
muy segura de que tiene algo que ver con el estado de Ohio y donde
construyeron el edificio. Pero podría equivocarme. Le envié un volante a
nuestro alcalde así que tal vez eso hizo que lo añadiera en el mapa. No
estoy segura —dice con un encogimiento de hombros.
—Ustedes chicos, han permanecido juntos como amigos y
pasado por un montón juntos en los últimos años. ¿Dónde se ven en diez
años a partir de ahora?
Las parejas se miran unas a otras, y hay algunas sonrisas y risas se
intercambian.
—En diez años, seguiremos siendo amigos. Seguiremos hablando
de sexo todo el tiempo y haciendo cosas inapropiadas en público —
dice Jim con una risa.
—En diez años, espero vivir al lado de mi mejor amiga, para poder
caminar por allí si la necesito. Incluso si ya no tenemos Seduction and
Snaks, al menos, la seguiré teniendo. Y los juguetes sexuales —dice Liz
con una sonrisa.
—Awwww, ¡vas a hacerme llorar! —le dice Claire a Liz.
—Y a mí vomitar. ¡Basta! —les grita Drew.
—En diez años, espero seguir despertando cada día a lado de mi
alma gemela —admite Carter con una sonrisa en dirección a Claire.
—¿Qué es esto, Estilos de Vida de Gays y Sensibleros? ¡Vamos! —
se queja Drew.
—En diez años, espero tengan un removedor de caramelos y yo
pueda seguir poniendo el pie detrás de mi cabeza en una hamaca —le
dice Jenny a todos.
—En diez años espero haber olvidado parte de esa oración —
declara Jim.
—En diez años, seguiré haciéndoselo a mi caliente esposa. Ojalá
que para entonces hayan inventado miel que no sea tan pegajosa y
tallos de maíz que no irriten demasiado cuando los ates a tu pene —
declara Drew.
—En diez años, espero que Drew deje de hablar de su pene y las
cosas raras que hace con él —dice Claire rodando los ojos—. Pero
definitivamente seguiremos siendo amigos. Todos tendremos
adolescentes para entonces y necesitaremos toda la ayuda que
podamos conseguir —ríe.
—En diez años, tendré veinte. Seré capaz de portar una pistola y
derrotar a Drew —dice Gavin.
—¡No puedes portar una pistola a los veinte! Y de todas formas,
seguiré siendo más grande que tú en diez años, niño —discute Drew.
—Sí, pero serás viejo. Y probablemente necesitaras un andador y
alguien para cambiarte el pañal con caca —contraataca Gavin.
—¿Cómo diablos, siquiera, sabes lo que es una pistola? —
pregunta Claire conmocionada.
—PlayStation. Dah —responde Gavin
—Yo no voy a tener pañales con caca. TÚ ERES quién va a tener
pañales con caca—le dice Drew a Gavin.
—¡Ni siquiera puedes deletrear caca! —responde Gavin con voz
aburrida mientras su hermana Sophia sube a su regazo y se pone
cómoda.
—¡Yo puedo deletrear caca! —anuncia Sophia.
—¡Se dice Spoppy! —anuncia orgullosamente Veronica, la hija de
Jenny y Drew.
—¡SPOOP! —grita Billy desde su lugar en el suelo entre las hijas de
Jim.
Todos miran a Billy con sorpresa.
—¿Acaba de decir spoop? —susurra Liz.
—¿Qué demonios es spoop? —pregunta Carter.
—¡¿Oh, por Dios, la primera palabra de nuestro hijo es spoop?! —
dice entre dientes Jenny mientras golpea el hombro de Drew.
—NO es mi culpa. ¡Es culpa de Jackson! —argumenta Drew.
—¿En serio tengo que poner eso en su libro de bebé? NO PUEDO
escribir la palabra “spoop” —dice Jenny.
—Yo puedo. Sé cómo deletrear spoop —le dice Gavin.
—Entonces, ¿alguno de ustedes tiene planes de tener más hijos?
Las tres parejas gritan a la vez y sin duda.
—¡OH, DEMONIOS, NO!
Mientras cerramos nuestra entrevista con las mujeres que
comenzaron Seduction and Snaks y sus adorables familias, creo que es
claro para todos que este grupo seguirá siendo amigos por mucho
tiempo. Continuarán siguiendo sus sueños y viendo su negocio crecer en
algo que ninguno de ellos veía venir. También compartirán sus gozos y
mirarán a sus hijos crecer juntos y formar su propia amistad cercana y
quién sabe, tal vez uno de ellos tendrá una historia propia para
contarnos en el camino. ¡Tengo la sensación de que no hemos
escuchado lo último de la pandilla en Seduction and Snaks!
Agradecimientos
A mi editora, Maxann Dobson, te amo como una hermana y me
alegra tanto que des este loco viaje conmigo. Gracias por no
apuñalarme la espalda por el uso del tiempo futuro.
Gracias a Madison Seidler por ser la mejor beta reader de la vida
y por “abusar de mí”. Eres una amiga maravillosa y estoy tan contenta
de conocerte.
Gracias a Catherine por el salmón J.
Gracias a Stephanie por enseñarme todas las cosas que nunca
quise saber sobre la depilación con cera.
Un gran y enorme gracias a mi maravilloso Equipo de la Calle.
Gracias por amar esos libros y no tener miedo de decirles sobre ellos al
vagabundo y a la prostituta de la esquina.
Por último, pero no menos importante, muchas gracias a todos los
blogs que han reseñado, recomendado y apoyado estos libros. Sus
mensajes en Facebook, las entradas en sus blogs, tuits y todo lo que
hacen es maravilloso y gracias, desde el fondo de mi corazón, por todo
lo que han hecho por mí.
Sobre el Autor
Tara Sivec es autora mejor vendida del USA
Today, esposa, madre, chofer, criada,
cocinera de órdenes rápidas, niñera y experta
en sarcasmo. Vive en Ohio con su esposo y sus
dos niñas. Sueña con el día en que esos tres se
conviertan en adultos y se muden.
Luego de trabajar en un negocio de corretaje
durante catorce años, Tara decidió tomar un
lapicero y escribir, en vez de enterrárselo en el
ojo del aburrimiento. Es la autora de las series
Playing with Fire, Chocolate Lovers,
Chocoholics, Fool Me Once y Watch Over Me. Su novella Seduction and
Snacks ganó el primer lugar en el Reader’s Choice Awards 2013
Convención de Romance Indie por Mejor Primer Libro Indie.
En su tiempo libre, Tara adora soñar sobre todo lo que horneará y las
siestas que tomará cuando tenga tiempo libre. Si quisieras contactarla,
visita su página web: www.tarasivec.com

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