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TAYLORISMO

Hector Armando Soto Agosto 2018


El concepto de taylorismo procede de los postulados del estadounidense Frederick
Winslow Taylor, un economista e ingeniero nacido en 1856 y fallecido en 1915. Taylor
ideó un método para organizar la actividad laboral que se basa en la
especialización de los trabajadores, el control del tiempo destinado a cada
actividad y la división de tareas.
El taylorismo, por lo tanto, refiere a la organización de las actividades que se llevan a
cabo en el entorno laboral con la intención de maximizar la productividad. Se lo suele
definir como un sistema de organización científica o racional de las tareas laborales, que
apuesta por la mecanización para incrementar la eficiencia.

Lo que hace el taylorismo es dividir el trabajo en diferentes secuencias y registrar el


tiempo que lleva cada una. Cada obrero trabaja en una secuencia: es decir, no se
encarga de los diferentes pasos implicados en el trabajo. Así se especializa en una única
etapa del proceso productivo
Características del Taylorismo o Administración científica del trabajo

Enfoque de taller

Taylor, por su formación en ingeniería y por su trabajo como responsable de áreas de


producción, desarrolla su planteamiento exclusivamente en el departamento de
producción, que, considerando los aspectos que definen la situación del entorno en ese
momento, como ya se ha descrito, considera que la parte más importante de la
organización era el área de producción y en ella centra sus aplicaciones, en los talleres
donde se producen los bienes

Concepción mecanicista de la mano de obra

Considera que el factor humano de la empresa es una parte más del proceso, por lo
que asimila su funcionamiento al de una máquina más, por lo que debe buscar la forma
de que ésta actúe de esa manera, desarrollando los procesos de simplificación de las
tareas generando movimientos repetitivos en el trabajador que faciliten su
comportamiento mecánico.
Desarrollo de las técnicas de métodos y tiempos

La necesaria simplificación del puesto precisa de técnicas que permitan definir múltiples
puestos de trabajo a partir de las labores complejas que realiza un operario cualificado de
manera que se deben analizar las diferentes partes de trabajo que conlleva la realización de
un producto, con la intención de hacer particiones de los procesos y poder asignarlo a
operarios diferentes. pero, además de los métodos para descomponer el trabajo en partes
más sencillas, debe analizar cómo llevar a cabo cada una de estas partes de trabajo para
que los movimientos resulten lo más ergonómicos posible, con la intención de evitar fatigas o
posturas poco eficientes, facilitando la producción de un mayor número de piezas. además de
descomponer el trabajo en partes más sencillas y determinar cómo hacerlo de la mejor
manera posible, introduce la cronometración, con la intención de marcar un ritmo de trabajo y
la estimación de la capacidad productiva de cada puesto de trabajo. este estudio de tiempos
aplicado a cada trabajador garantiza la productividad interna y la obligación del trabajador
de la consecución de un determinado número de piezas para la obtención de un salario
suficiente y el mantenimiento de su puesto de trabajo.
División y especialización de la mano de obra

La aplicación de los sistemas de métodos y tiempos da lugar a un proceso de división de los


trabajos en partes del mismo y la generación de especialización de la mano de obra sobre una
tarea concreta del proceso productivo, dando lugar a estructuras organizativas más verticales, ya
que, a medida que los trabajos se van dividiendo y especializando, se va generando la necesidad
de introducir puestos de control para la supervisión de los trabajos simplificados, produciéndose
una delimitación clara de autoridad y responsabilidad como consecuencia de la jerarquía que se
va produciendo con este proceso.

Estructura formal
Los procesos anteriores precisan el desarrollo de una estructura organizativa exenta de
eventualidades e improvisación, por lo que se conforma un organigrama de funcionamiento que
delimita las responsabilidades y las dependencias entre los diferentes niveles organizativos.
Motivación extrínseca de la mano de obra

La necesidad de obtener constantemente mejoras de productividad obliga a introducir


incentivos cuantitativos, es decir, la superación del número “normal” de piezas establecido
para el puesto de trabajo supone un incremento salarial, ya sea por el número de piezas
generadas de más como por el incremento porcentual de la productividad del puesto. Esta
motivación supone una transformación de los sistemas salariales, pasando de salarios fijos a
salarios variables en función de la producción o la productividad, de manera que cuánto
mayor es la parte variable del salario mayor será la productividad de la mano de obra.

Separación entre planificación y ejecución

Los apartados anteriores evidencian la existencia de una dirección, que es la que planifica qué es
lo que se debe hacer y establece niveles organizativos inferiores orientados a la consecución de
los objetivos mediante la ejecución de las órdenes derivadas de la planificación. A pesar de esta
separación y con el fin de obtener cada vez mejoras en la eficiencia, se precisa de cooperación
entre niveles, con la intención de generar conocimiento que genere más eficiencia interna,
además de procesos de aprendizaje y entrenamiento del obrero para obtener sus máximas
potencialidades.
Vigencia de la teoría

La consideración de esta teoría como algo del pasado no es del todo cierta. Las técnicas de
métodos y tiempos siguen teniendo su vigencia actualmente, como instrumento necesario para
poder evaluar la cantidad de trabajo que se debe hacer para que un puesto de trabajo reporte
valor añadido al producto o servicio que presta la empresa en la que trabaja. Las técnicas de
métodos se aplican para la mejora de la ergonomía actualmente, como técnica orientada a
velar por la salud y la higiene en el trabajo. El planteamiento taylorista sigue vigente parcialmente
en múltiples sectores de actividad, no sólo de economías del tercer mundo, sino también del
primero, en aquellas actividades intensivas de mano de obra para la elaboración de productos o
servicios no diferenciados.