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CapituLo 9 La UNIVERSIDAD ENTRE LA POLITIZACION, LA MASIFICACION Y LAS DICTADURAS La REVOLUCION ARGENTINA La intervencién de 1966 cerré la etapa de renovacién universitaria iniciada en 1955. De esta forma terminé uno de los ciclos mas dindmicos e innovadores de la historia de la Universidad argen- tina. La polftica universitaria del nuevo gobierno afecté, particu- larmente, a aquellas instituciones en las que los proyectos renova- dores tenfan mayor peso. Como sefialamos, un niimero relevante de docentes ¢ investigadores abandoné la actividad académica y muchos de ellos partieron hacia un exilio que, en ciertos casos, fue definitivo. De todos modos, la reaccién frente a la nueva co- yuntura no fue uniforme entre los miembros mas destacados de la comunidad universitaria, como se subrayé en el capitulo anterior. En algunas casas de estudios, como la de La Plata e incluso en las facultades més profesionalistas de la Universidad de Buenos Aires, nticleos relevantes de docentes ¢ investigadores permanecieron en sus cargos. En algunos casos hubo una adapracién “pasiva” al nuevo estado de cosas existente en las universidades. En otros se trataba de resistir a la situacién “desde adentro”. Pero es indu- dable que varios de los mas calificados equipos de investigacién fueron desmantelados. La pérdida de investigadores impacté sobre todo en aquellas reas donde el reemplazo de los grupos era més dificil ya que representaban el trabajo colectivo de muchos afios. Particularmente graves fueron las consecuencias en las areas mas vinculadas con la investigacion cientifica independiente, como en 191 hae \ ne ae Ciencias Exactas y Filosofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Muchos de los renunciantes adoptaron esta medida como sefial de protesta y actitud ética y procurando también Hlevar una sefal al conjunto de la sociedad. Quienes pensaban que la decisién podia provocar el cese de la intervencién y la modificaci6n de la politica universitaria se vieron rapidamente decepcionados. la dictadura presidida por el general Juan Carlos Onganfa impuso sobre los claustros universitarios su sello autoritario. Procuré sujetar las universidades al poder politico, constriné la libertad académica y limité Ja autonomia. No obstante, era evidente hacia finales de la década, y hasta reconocido por los ‘mismos funcionarios, que la intervencién de! 66 no habfa logrado alcanzar ninguno de sus principales objetivos. El régimen fracasé cen su intento de reconfigurar la Universidad y llevar a cabo un proceso de normalizacién. En 1967 se promulgé una nueva ley para las casas de estudios, la 17.245. A través de ella se traté de construir un régimen universitario basado en el gobierno de los profesores. Pero, a pesar de que el gobierno militar proclamaba insistentemente la necesidad de normalizar las instituciones, los avances en ese sentido fueron escasos. Las autoridades trataron de cooptar a un sector del profesorado y construir una base genuiina de apoyo en las casas de estudios, pero no tuvieron éxito. En Buenos Aires, el rector designado por el Poder Bjecutivo, Rail Devoto, mantuvo un conflicto permanente con los decanos de las facultades. Por otro lado, los concursos que trataron de imple- mentar y que debfan permitir el proceso de normalizacién fueron fuertemente cuestionados. Ademis, el régimen de Ongania no logré limitar la poli- tizacién creciente de la vida académica. Este constitu‘a uno de sus objetivos centrales y habia motivado la intervencién de julio de 1966, Desde ese entonces las fuerzas policiales se instalaron en las facultades, sobre todo en Buenos Aires. Pero la resistencia de los estudiantes fue aumentando progresivamente y se inicié con el mismo rechazo a las intervenciones. Los estudiantes se movilizaban cuestionando las nuevas leyes y estatutos que las autoridades de la llamada Revolucién Argentina pretendian im- Ponet. Protestaban contra la presencia policial en las casas de estudios ¢ impugnaban las medidas limitacionistas que, a través 192 Me de nuevas condiciones de regularidad 0 mecanismos de ingreso, se pretendian imponer. El aumento en los costos de los comedo- res universitarios impulsé las movilizaciones de 1967 y 1968 en universidades del interior, como las de Cérdoba y del Nordeste. Los enfrentamientos entre la Policia y los estudiantes adquirieron ribetes cada vez mds violentos durante toda la segunda mitad de la década de 1960. Las manifestaciones terminaban con disturbios cen los que numerosos grupos de estudiantes eran detenidos y cencarcelados. En septiembre de 1966, durante una manifestacién en Cérdoba, Santiago Pampillén, estudiante de Ingenieria Aero- rdutica, fue herido en un enfrentamiento con la Policia y fallecié dias més tarde. El 15 de mayo de 1969 murié en Corrientes el estudiante de medicina Juan José Cabral en el transcurso de una protesta contra el aumento de los aranceles del comedor. Como consecuencia de este hecho una ola de protestas se extendid por las principales ciudades universitarias de la Argentina y en Rosario se produjeron nuevos incidentes con estudiantes que culminaron con el asesinato de un adolescente por parte de la Policia. Dias después los estudiantes participaron activamente en los aconteci- mientos conocidos como el Cordobazo que provocé. tiempo mas tarde, la calda de Onganfa. A fines de 1971, en el transcurso de una asamblea cstudiantil, fue muerta Silvia Filler, estudiante de arquitectura de la Universidad Provincial de Mar del Plata. En junio de 1972, como consecuencia de un golpe provocado por tuna granada, murié el estudiante saltefio Victor Villalba en la ciudad de Tucumdn. Casos de estas caracteristicas eran habituales durante todos aquellos afios y revelaban la instalaci6n de un clima de creciente violencia politica en la Argentina, circunstancia que se expresaba también en la vida universitaria. Las organizaciones gremiales estudiantiles se fortalecie: cen un marco de creciente politizacién. Los universitarios partici- paron en forma entusiasta en los movimientos que propiciaban cambios profundos en las estructuras de poder de la Argentina y que cobraron inusitado vigor a finales de los sesenta y principios de los setenta. El compromiso politico y la militancia se convir- tieron en elementos distintivos de las generaciones que accedian a la ensefianza superior durante aquellos afios. Una parte rele- vante de los jévenes universitarios también compartfa la idea de 193 que el cambio debfa construirse sobre Ia via revolucionaria. La comunidad estudiantil identificé ast rpidamente a sus adversa- rios politicos. Eran las fuerzas del Estado, la Policia, el Ejército yr sobre todo, el imperialismo. El orden universitario era ahora cuestionado no sdlo ai tanto por sus falencias académicas sino por no ser el adecuado en funcién de las caracterfsticas del pafs y las necesidades de sus clases populares. La institucién era acu- sada de ser funcional a los sectores dominantes y por esa razén cera necesario transformarla de manera radical. De este modo, las casas de estudios se convirtieron, a finales de los afios sesenta, en el escenario para la elaboracién de un nuevo proyecto de pais y de ensefianza superior congruente con el primero. Incluso para sectores provenientes del humanismo de rafz catdlica, la Univer- sidad constitufa una “institucién del régimen” que promovia “una mentalidad acorde com los intereses de las clases dominantes”. De acuerdo con estos criterios era necesatio que las casas de estudios dejasen de proporcionar ideslogos y técnicos a un sistema-que legalizaba la exploracién del hombre por el hombre. En la reconstruccién de este clima de creciente insatisfaccién ‘en relacién con el papel de las universidades y de hostilidad hacia el sistema politico oficial, en términos generales, hay también ele- mentos de la propia vida universitaria que deben ser observados. En primer término, una vez més, los derivados de las propias consecuencias de la masificaci6n de la enseftanza superior. Entre 1960 y 1972 la macricula universitaria nacional pasé de ciento cincuenta y nueve mil a trescientos treinta y tres mil estudiantes. Las instituciones tuvieron notables dificultades para absorber este crecimiento ya que no aumentaron en proporcién similar Sus recursos presupuestarios. Esto se tradujo en un deteriora importante de las condiciones materiales en las que se llevaban a cabo los estudios. La reivindicacién por mayor presupuesto, en este contexto, siguié siendo un factor central de la movilizacién estudiantl de los sesenta, Paralelamence comenzé una devaluacién de los tieulos universitarios. Estos dejaron, en muchos casos, de garantizar un acceso exitoso al mercado de trabajo y de asegurat bn sipido ascenso social, poniendo en cuestién nociones pro- lundamense arragadas en el imaginatio popular argentino. El aumento en el ndmero de universitarios y, sobre todo, las recu- 194 srentes crisis econémicas en las que se sumié el pals desde fines de los cuarenta, llevaron a una nueva evaluacién de la situacién universitaria, Para muchos miembros de la comunidad académica, revertir esta situaciGn exigia una vez més modificar sustancialmen- te las condiciones estructurales, tanto econémicas como sociales, que la hacian posible. Las opciones de gran parte de los universitarios, de un sector de los docentes y, sobre todo, de los estudiantes fueron, en este contexto fuertemente radicalizado, diversas, pero privilegiaban nuevamente el compromiso revolucionario. La situacién univer- sitaria dependfa, en dltima instancia, de la estructura social y los males del pais radicaban en su situacién dependiente. Revertir la situacién universitatia requeria previamente la transformacién de esa edtructura dependiente de una manera sustancial y de rafz El proceso de politizacién incidia as{ en las formas de entender la relacién entre a Universidad y la realidad social y politica. La Universidad debia incegrarse en el proceso de liberacién y recons- ‘truccién nacional y la autonomia de la institucién debia fundarse en.Ja auronomia cultural del pueblo. El panorama gremial y politico estudiantil se fue volviendo, durante estos meses, mis complejo ¢ incorpors nuevos actores. La politizacién del estudiantado se acentud, pero el movimiento estudiantil adquirié nuevas tonalidades politicas. Un sector mino- ritario opté por el marxismo tradicional. Por otro lado, prolon- gando una tendencia que venia de finales de los afios cincuenta, el peso de los grupos de raigambre catdlica se fue fortaleciendo, sobre todo en las universidades del interior. Desde mediados de los sésenta el movimiento estudiantil reformista ven{a cediendo posiciones. ante agrupaciones catélicas y nacionalistas de diferente signo. Durante aquellos afios los universitatios catdlicos eran ya hegeménicos en Cérdoba, en Santa Fe y en la Universidad Na- cional del Nordeste. Ya en 1962 los reformistas habian perdido la mayoria absolutaen la Asamblea Universitaria de Buenos Aires. Esto. posibilité la eleccién ese mismo afio del economista Julio Olivera y, en 1965, del ingeniero, vinculado con el movimiento humanista, Hilario Fernindez Long, como rectores de la Univer- sidad de Buenos Aires. Un grupo importante de los universitarios, particularmente 195 cen el interior del pais, se fue inscribiendo as{ en las diferentes ‘expresiones de los movimientos cristianos. Surgieron en las pro- vincias ateneos universitarios de clara raigambre catélica que ex- perimentaron cl impacto de la prédica y los cambios provocados en la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II y las conferencias de Medellin y Puebla. Los grupos juveniles catélicos insistfan en la necesidad de fortalecer el compromiso social de los universitarios y su opcién por los pobres. Muchos de ellos realizaban, simulcé- neamente con sus estudios, areas de asistencia social en regiones 0 barrios marginales de las grandes urbes. En las universidades del interior, y sobre todo en las ciudades en las que residian gran- des contingentes de estudiantes, como Cérdoba o La Plata, Ia militancia social y politica era favorecida por la existencia de un conjunto de Ambitos de sociabilidad especificamente estudiantil como los comedores o las residencias universitarias. Estas casas, muchas de ellas pertenecientes a la Iglesia 0 a 6rdenes religiosas, se administraban de acuerdo con una estructura democritica y participativa. En ellas debfa proporcionarse también formacién cristiana a los estudiantes y se organizaban charlas y cursos. Estas residencias fueron afectadas por el proceso de radicalizacién de sectores de la propia Iglesia catdlica y, fundamentalmente, por el desarrollo del Movimiento de los Sacerdotes por el Tercer Mundo. En este contexto se fortalecié en Cérdoba el llamado movimiento integralista, que expresaba a un sector importante del estudian- tado catélico y que se diferenciaba ademas del catolicismo més conservador. Las agrupaciones de filiacién catélica jugaron un rol central en los acontecimientos que culminaron con la muerte de Santiago Pampillén y también en los sucesos del Cordobazo, Estos iimos brindaron una muestra muy clara de los politicos que era capaz de provocar la articulacién del ac ‘obrero con el estudiantil. Por otro lado, entre gran parte de la intelectualidad argentina tuvo lugar en aquellos afios una revisién del papel del movimiento liderado por Juan Domingo Petén. Muchos miembros del movi- siento integralista se sumaron tiempo més tarde al peronismo ¢ incluso aportaron algunos de sus cuadros a las organizaciones armadas de ese signo politico. A fines de los seenta ya aparecie- ron en la mayoria de las universidades agrupaciones politicas de 196 ee estudiantes y profesores que se reconocfan y definfan abiertamente como peronistas. De esta forma los acontecimientos de 1966 en las universidades nacionales pasaron a convertitse en el comienzo, cn realidad, de un proceso en el que la hegemonia de las antiguas tradiciones reformistas fue reemplazada por otra vinculada direc tamente con el peronismo. En este contexto aparecieron, sobre todo en el Ambito de la Universidad de Buenos Aires, las llamadas ctedras nacionales, que Ilevaban a cabo fuertes cuestionamientos ala forma en la que se habjan desarrollado las ciencias sociales en el periodo reformista abierto en 1955. Fueron sobre todo docentes de la carrera de Sociologfa, designados por el mismo rector de la Universidad de Buenos Aires, los que organizaron dichas citedras. Las cétedras nacionales reconocen asi su origen en la decisién de reemplazar a los docentes cientificistas renunciantes en 1966 con j6venes socidlogos, muchos de ellos vinculados con el peronismo © con vertientes conservadoras del catolicismo. Este movimiento alcanzé su auge entre 1967 y 1970. Se trataba de incorporar ruevos principios al sistema de erisefanza entonces vigente. Se ciiestionaba desde aqui el discurso cientificista de la sociologia de principios de los sesenta y se procuraba crear nuevos enunciados y categorfas tedricas que permitiesen generar propuestas no s6lo para comprender sino, sobre todo, para transformar la realidad nacional. Estas cétedras se constituyeron asf a partir de una visién critica de las ciencias sociales desarrollada durante los primeros se~ senta, pero también a partir de una polémica con las otientaciones mas cercanas al marxismo europeo cuestionadas por subestimar la importancia de las identidades culturales y tradiciones nacionales. Estos socidlogos situaban, ademés, en primer plano, su vincula- cién con el movimiento nacional. El conocimiento social debla promover una mejor comprensién de la realidad local y debla in- settarse en el proyecto de liberacién nacional. Las nuevas ciencias sociales tenfan que caracterizarse por su grado de compromiso con los problemas nacionales pero también era necesario que se comprometiesen sus cultorcs en los procesos de transformacién social que se avecinaban en la Argentina. Los responsables de estas cétedras buscaron fundamentar tebricamente sus ideas en el and- lisis de a historia latinoamericana, Contribuyeron, finalmente, 197 también de manera decisva al proceso de ransformacién polttico- ideolbgico de los afios sesenta y a la construccién de una nueva ‘cultura académica signada por su compromiso con el movimiento lantidietatorial primero y con el peronismo después. Tas agrupaciones estudiandiles dejaron de definirse por en- ronces en funcién de su adhesién a los principios de la Reforma 0 a partir de una identidad que remitfa a principios generales ‘como el humanismo, para hacerlo en funcién de su vinculo con tuna definida agrupacién politica. Los iiltimos afios de la década del sesenta asistieron a un proceso de consolidacién y de forcale- ccimiento de las agrupaciones juveniles y estudiantiles que remitfan dizectamente ala relacién con los partidos politicos. Entre gran parte de la juventud de origen catélico, como ya sefialamos, el ‘compromiso con los desposeidos se articulé estrechamente con la adhesin a los principios politicos enarbolados por el peronismo. En el dmbito de los estudiantes secundarios experimentaron un notable crecimiento la Unién de Estudiantes Secundarios (UES), vinculada a la agrupacién Montoneros, la Juventud Radical Revo Jucionaria y la Tendencia Estudiantil Socialista Revolucionaria. La Juventud Universitaria Peronista, la agrupacién Franja Morada, vinculada directamente con la Unién Civica Ra |, y las distin- tas vertientes universitarias de los partidos de izquierda pasaron a dominar el panorama politico del movimiento estudiantil. Finalmente, la violencia aparecié como una opcién més en el contexto de finales de los sesenta. Se Megs entonces a legitiman su ¢jercicio como forma de resolucién de los confflictos politicos, La fascinacién por la violencia constituyé un elemento central de la cultura politica de muchos grupos juveniles en la América latina de los afios sesenta. El ejemplo cubano, la falta de canales institucionales de participacién en la Argentina provocada por los golpes militares, los ejemplos de las rebeliones estudiantiles en Eu- ropay Estados Unidos, acentuaron a radializacin de gran pare fc los universitarios. Las organizaciones guerrlleras contaron con nutridos contingentes de estudiantes y profesionales entre sus niltances y algunas facultades conformaron también émbitos de zeclucamiento para dichas agrupaciones. Como ya sefalamos, para lo itn, la Universidad debia consi uo de los babar Proceso de transformacién politica y social que se avecinabe, 198 Mee ‘tee Las universidades, para gran parte de la dirigencia politica que asumirfa el poder con el peronismo en 1973, debian conformar el centro de una auténtica revolucién cultural. La movilizacién de los universitarios se acentué al comenzar a década del setenta. Los grupos vinculados con la izquierda pero- nista, de gran peso entre cierto sector del profesorado y sobre todo enire los estiidiantes, impusieron entonces los temas de la agenda académica. A partir del cuestionamiento al orden universitario se conformaron cursos y cétedras paralelas alas oficiales y se presion6 para lograr la remocién de profesores y autoridades. Los estudian- tes se opusieron con fuerza a las précticas limitacionistas que