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Carlos García

Arte y literatura en Mallorca


(1920-1928)

Cuadernos de Hamburgo, 1
Albert editor, Madrid 2017
texto
© Carlos García (Hamburg)
cubierta
Ilustración de portada: Norah Borges: “Catedral” (Ta-
bleros 4, Madrid, 28 de febrero de 1922)
primera edición
Septiembre de 2017
cuidado editorial
Albert editor
juan.juancarlos@gmail.com
depósito legal
M-24002-2017
ISBN
978-84-940775-9-3
impresión
7Sietecolores Spirox
c/ Azuela, 42, Polígono Industrial P-29,
28400 Collado Villalba, (Madrid)
aviso editorial
Se necesita el permiso previo de la editorial
y del autor para reproducir cualquier parte de esta
publicación con fines comerciales
Índice del libro

p. 5 Liminar
p. 7 I. Borges y la crítica de arte en Mallorca (1920-1921)
p. 34 II. Semblanza de Jacobo Sureda. Con un texto de
Sureda sobre Borges (1925)
p. 60 III. Sureda y Xenius (1920-1926)
p. 70 IV. Mallorca en Buenos Aires (1928). La Misión de
Arte en Argentina
p. 110 Procedencia de los textos
p. 111 Libros de Carlos García
Liminar

Desde hace mucho tiempo venía acariciando la idea de ir pu-


blicando de manera irregular cuadernillos organizados más o
menos ceñidamente alrededor de algún tema o de algún autor
de los cuales me he ocupado en mi quehacer como investiga-
dor.
Ahora, gracias a que Albert editor ha dado buena acogida a ese
plan, comienzo la serie con este primer cuaderno, que contiene
trabajos relacionados de una manera u otra con Mallorca, isla
en la que viví un invierno a fines de 1977 y comienzos de
1978, que visité a menudo entre 1994 y 1998, y de la que guar-
do muchos gratos recuerdos.
Los trabajos aquí recopilados se ocupan de aspectos de la ju-
ventud de Borges o del arte de vanguardia en Mallorca; están
unidos entre sí por la figura de un amigo de Borges: el poeta y
pintor Jacobo Sureda.

Hamburg, 15 de julio de 2017

5
I
Borges y la crítica de arte en Mallorca (1920-1921)

Introducción

Estas notas se ocupan de un capítulo sui generis de la inserción


de Borges en el vanguardismo español, el mallorquín con-
cretamente, del cual el argentino fuera uno de los principales
cabecillas.
Algunas de las noticias aquí contenidas provienen de un trabajo
previo, uno de los primeros que escribí, publicado original-
mente bajo el título “Borges y las artes plásticas. En torno a un
texto casi desconocido: Contra crítica” en Variaciones Borges
2, Aarhus, junio de 1996, 188-191 (con pequeñas erratas y
omisiones). Una versión más breve, sin las glosas intermedias,
apareció en Letras de Buenos Aires 34, julio de 1996, 19-21
(“Contra crítica. Un texto desconocido de Borges”).
Ese trabajo, que fue publicado antes de la aparición de Textos
recobrados, 1919-1929 (1997), hacía hincapié en el texto de
Borges, que no era conocido en Argentina hasta ese momento,
salvo, quizás, por algún que otro especialista.
El presente artículo persigue otro fin: situar el texto de Borges
en un marco más amplio: el de la crítica de arte en la Mallorca
de 1920-1921.
(Ello ha sido posible gracias al personal de la Biblioteca
Pública de Palma, en especial a la Directora, María de Lluch
Alemany Mir, y al investigador Francesc Alzamora Bauzá.)

7
[1]
Son escasos los trabajos en que Borges se ocupara expresa-
mente de las artes plásticas, campo en que descollara su
hermana Norah.
Una excepción a esa norma fue la reseña (dada a conocer por
Carlos Meneses en 1987) que Borges publicara a comienzos de
1921 en Palma de Mallorca, donde residió entre junio de 1920
y comienzos de marzo de 1921.
Comentando la exposición del pintor leonés Manuel Fernández
Peña, Borges ensalzaba al artista en estos términos (“El arte de
Fernández Peña”: La Última Hora 9233, Palma de Mallorca, 5-
I-1921; Textos recobrados, 1997, 78):
Si en sus primeros cuadros le vemos preocupado aún con las facetas
meramente técnicas de su arte, en los últimos –los mejores– en “El
Nocturno”, en “Los Huérfanos”, en “Plenilunio”, en “Ante el mis-
terio”, la ecuación pictural se resuelve eficaz y sobriamente; desa-
parece todo alarde cromático y la emoción viviente, y temblorosa, late
en el fondo como una lámpara sepulta. La sensación humana del
paisaje como estado del alma –que dijo Stendhal–, es tal vez lo que
mejor sugiere este artista. Las montañas agobiadas bajo desnudos
cielos de inviernos, el molino de Valldemosa divinizado por el
plenilunio que la aureola de guirnaldas marchita, la estepa que tan
maravillosamente rima con los dos huérfanos, llegando a ser algo así
como una prolongación de su alma doliente, subrayan mi aserción
anterior.

Borges no fue el único en escribir sobre Fernández Peña:


también lo hicieron otros críticos palmesanos. Conviene echar
una mirada a la recepción que en la isla se hizo de la obra del
pintor castellano, para ubicar en su contexto el criterio de
Borges.

8
Reproduzco los textos en orden cronológico de publicación;
corrijo erratas menores sin señalarlo (conservo, sin embargo, el
recurrente empleo de la “j” en vez de la “g”, porque es inten-
cional de parte del autor).

[2]
Poco después de la reseña de Borges apareció una, menos
favorable, de José Vives: “Notas de arte: Exposición Fernández
Peña”: La Última Hora 9235, Palma, 10-I-1921.
Adviértase que esta crítica aparece en el mismo periódico que
el comentario de Borges, con la obvia intención de corregir su
juicio, aunque no se lo menciona expresamente.

Notas de arte
Exposición Fernández Peña
Desde el día 1° del actual, se hallan expuestos en “La Veda” unos
cuadros del joven pintor Manuel Fernández Peña, del cual ya
conocimos algo de su arte en la Exposición regional, últimamente
celebrada. Efectivamente, expuso un interior de la Cartuja de
Valldemosa, titulándolo “Nocturno”, y del cual, en aquel entonces,
decíamos que era una impresión que pecaba de demasiado verdosa.
Si examinamos las obras expuestas, aquel comentario que hicimos,
pudiéramos extenderlo ahora a la generalidad de las obras que forman
la exposición que hay en “La Veda”. La tonalidad general se mueve
entre el verde y el azul, y en algunas ocasiones el morado, dando a los
cuadros un sello que induce a pensar que su autor tiene una visión
muy particular de los paisajes mallorquines que observa.
Frente a los cuadros del Sr. Fernández Peña nos encontramos ante un
pintor que cultiva el arte impresionista; pero no impresionista en el
sentido de trasladar al lienzo una mancha, una acotación del paisaje
real, sino que refleja el paisaje según su modo de sentirlo, pero sin

9
entrar en detalles. Diríamos, si pudiera expresarse, que sus telas son
momentos de emociones de su alma, que por lo visto debe ser un alma
que vaga por las regiones ideales, de las del ensueño.
Claro está que este arte no es el más a propósito para que se adapte a
la generalidad de los espíritus; los momentos sentimentales que ha
enfocado su retina y que ha trasladado al lienzo, no son de los más
agradables. Por ejemplo, el cuadro titulado “Hacia el misterio”
(número 14), además de ser de un asunto poco simpático, no está todo
lo acabado para que fuera dispensado de la ingratitud que su vista
ofrece; y lo mismo podemos decir de “Misticismo de madre” (número
16) y de “Huérfanos” (número 10), añadiendo que este último no
alcanza tampoco el calificativo de obra acabada.
De los paisajes, juzgados desde el punto de vista en que se ha
colocado el autor, sobresale, en nuestro concepto, el titulado “Pico
Tomé” (número 13) una enérgica visión del monte pollensín, y el
“Claro de luna” (número 15) de difícil ejecución y al cual ha impri-
mido un momento de emotividad que deja comunicarse al observador.
Pero, el señor Fernández Peña, además de sus cuadros impresionistas,
en los que lucha con los colores que más arriba hemos citado, presenta
otros en los que se aparta de aquella escuela. Nos referimos al notable
desnudo de mujer, titulado “Zuzy” (n° 7). En esta obra, preséntase
como un verdadero conocedor de dibujo, y ha sabido trasladar al
lienzo con una delicadeza extremada, la carne de aquella mujer
hundida sobre un diván. Esto, en cuanto a figura. Respecto al paisaje,
también ofrece un ejemplo de que sabe ver otra visión, que no la del
extremado impresionismo. Véase el cuadrito que titula “Fuente arriba”
(n° 4), que es una nota de color muy bien hecha y muy agradable,
mucho más agradable que otras producciones del mismo autor que
figuran en la comentada exposición.
José Vives

[3]
También la siguiente crítica demostró poca sensibilidad para
con la obra elogiada por Borges: Pedro Barceló: “De Arte:

10
Exposición Fernández Peña”: El Correo de Mallorca. Diario
Católico, Palma, 12-I-1921:
De Arte
Exposición Fernández Peña
En el salón de “La Veda” tiene una exposición de sus obras pictóricas
el señor Fernández Peña, artista castellano, que desde hace cerca de un
año reside en Valldemosa, país de ensueño, luz y optimismo. A pesar
del ambiente que le ha rodeado, el artista nos ofrece una serie de obras
completamente opuetas a la que dicho ambiente le pudiera inspirar.
Sin duda, tenía de antemano su temperamento definido, y su estancia
en Mallorca no ha sido suficiente para cambiárselo.
Técnicamente, su pintura no puede resistir un análisis favorable. El
señor Peña no ha luchado como pintor para resolver problemas de
dibujo, luz y color, sino que, voluntariamente, quizá buscando no-
vedad, ha incurrido en los mayores desdibujos y errores de perspectiva
y proporción con el fin de subordinar todos los elementos a la fuerza
expresiva, que, sin duda, constituye la idea fundamental y casi única
de sus producciones.
El expresivismo seguramente será la bandera estética del artista que
nos ocupa, es decir, el predominio del sentimiento. Probablemente
habrá experimentado emociones al pensar y formar su obras, pero no
basta que el creador de obras de arte sienta, sino que necesita comu-
nicar este sentimiento a sus espectadores, y las obras del señor
Fernández Peña están tan escasas de poder comunicativo, para ex-
presar el espíritu de los asuntos, descuida tanto la parte objetiva, que
le será muy difícil encontrar un público que quiera comprenderle.
El cuadro que consideramos mejor es el “Nocturno”, que ya habíamos
visto en la Exposición Regional. En él supo sorprender el encanto
misterioso de una noche de luna en la Cartuja de Valldemosa y logró
transmirtir al lienzo su emoción. Probablemente, si hubiera seguido
por el camino iniciado en él, su exposición sería otra cosa.
Las obras que presenta de su primera época son de escaso interés.
“Paisaje de invierno”, aunque falto de construcción, tiene aciertos de
color y “Pico Tomé” es de los más entonados.

11
“Hacia el misterio”, “Misticismo de madre” y “Huérfanos” 1 son las
obras más características del arte de Fernández Peña y a ellas nos
referíamos al principio de esta crónica. Nosotros, que consideramos el
estudio del natural, en el sentido más amplio, como base del arte
pictórica, no podemos aplaudirle.
Perdone este amigo, a quien deseamos los mayores éxitos, pero
creemos que anda muy equivocado. El disimular las dificultades fal-
seando voluntariamente los verdaderos fundamentos del arte pictórico
podrá causar novedad, pero el arte que en ello se apoye no podrá
sostenerse seguramente.
Pedro Barceló

Pedro José Barceló Oliver (1884-1969) era, además de crítico


de arte, pintor. Había estudiado en la Escuela de Pintura de
Madrid, donde obtuvo el título de profesor. “En 1908 formó
parte en la Exposición Franco-Española de Zaragoza, obte-
niendo una medalla de plata.” Trabajó en Madrid un tiempo
como profesor de dibujo, y a partir de 1920 “renunció a toda
otra ocupación para consagrarse únicamente a su arte” (NN:
“El pintor Pedro Barceló”: Baleares 166, Palma, 15-X-1922).
Véase también Ripoll / Perelló 1981, 91-92.

[4]
Tres días más tarde, José Luis Moll (compañero de filas ul-
traístas de Borges y Sureda bajo el seudónimo “Fortunio Bona-
Bonanova”) publicó un comentario elogioso (obviamente se
trata de una especie de batalla entre bandos opuestos, que
pugnan por imponer su criterio): “El arte de Fernández Peña”:
Baleares 129, Palma, 15-I-1921.

1 “Misticismo de madre” y “Huérfanos” fueron reproducidos en Baleares 129,


Palma, 15-I-1921.

12
Arte
El arte de Fernández Peña
Una tarde de domingo lamentable, muy lamentable. Por la calle nos
cruzamos con unas gentes anodinas que gozan la sacrosanta libertad
del día festivo. Ni una cara bonita en nuestro camino. Solamente
soldados, criadas zafiotas que huelen siempre a ajo, algún pollastre en-
gomado, perros, unos guardias...
Henos ya en el salón de “La Veda”. Una sorpresa agradable nos
aguardaba. Fernández Peña expone allí sus obras al público de Palma.
A primera vista el visitante queda un poco desconcertado. Ya luego,
va haciéndose cargo.
¿Qué tiene de notable esta exposición? Lo primero, la trayectoria
enorme que describe la personalidad artística de Peña desde sus
trabajos académicos hasta hoy en que el artista tiró el manteo de la
estética encasillada y se desenvuelve personalísimo y libre en su obra.
Lo segundo, la firmeza de su arte incorruptible, libre de influencias, de
contagios. Peña presenta gran parte de su labor teñida de un velo de
tristeza, de gravedad, predominando el morado de su “Nocturno”, de
su “Paisaje de invierno”, de sus “Huérfanos”. Y todo esto está hecho
en Mallorca, en Valldemosa, tierra de luz, sol y optimismo. No le ha
cegado a Peña el optimismo de Mallorca y ha sorprendido los
instantes violeta de nuestra tierra al inspirarse en ella.
Es, más que otra cosa, un poeta en el sentido macho de la palabra. Y
va a la descripción de parajes, sensaciones y gestos con sencillez, sin
fanfarronería colorinesca ni detalles adicionales. Así le vemos pre-
sentar sus dos huérfanos en un cuadro completamente liso. Las figuras
lo dicen todo: la trágica conformación de la cenicienta que sostiene en
brazos al muñeco triste, y ese algo inquietante que hay en la mirada de
este niño a quien la esfinge ha puesto en la cruel perspectiva del
arroyo. Hay mucha desolación en este cuadro.
Interesante en extremo también la calofriante [sic] alusión al mancebo
exangüe, “Hacia el misterio”.
Fernández Peña es un artista joven con talento, cuya sensibilidad
pasea desde la galantería todo pompa de seda y carne de mujer en el
desnudo “Zuzy” hasta la religiosidad serena y mística del “Nocturno”,

13
aquella galería que sintió nuestros pasos este verano en Valldemosa,
cerca de la Cartuja...2
Yo espero, un día, poder trincar con este bravo artista unos vasos de
buen vino en un bar de París, después de una vernissage en que la
gloria le ofrezca sus sonrisas.
José Luis Moll
En Mallorca y en “La Veda”

En el mismo número de la revista, se reproducen, en la por-


tadilla y en la página donde aparece el texto de Moll, dos obras
de Fernández Peña ya mencionadas en las críticas previas:
“Huérfanos”.- Uno de los cuadros que figuran en la Exposición de “La
Veda” y en el que el Sr. Fernández Peña muestra su escuela, que está
llamando la atención de la crítica y del público en general.
“Misticismo de madre”.- Otra de las telas del señor Fernández Peña
que ha concentrado la atención de cuantos han visitado la Exposición,
elogiando la tendencia impresionista del joven pintor.

[5]
La crítica de Barceló (N° 3) indujo a Borges a responder con el
trabajo resumido a continuación, que exhumé en 1996 durante
un viaje de investigación a la isla, gracias a la ayuda de María
de Lluch Alemany Mir (amable y eficiente Directora de la
Biblioteca Pública de Palma) y de Damià Pons i Pons.3

2 Recuérdese que allí vivía Jacobo Sureda con su familia. Véase Jorge Luis
Borges: Cartas del fervor. Correspondencia con Maurice Abramowicz y Jaco-
bo Sureda (1919-1928). Prólogo: Joaquín Marco. Datación, notas, semblanzas
y bibliografía: Carlos García. Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de
Lectores / Emecé, 1999.
3 Damià Pons i Pons es el autor de una tesis titulada Avantguardisme literari a
Mallorca, 1920-1936, presentada en 1975 a la Universidad de Barcelona. Junto

14
Se trata de una polémica “Contra crítica”, aparecida en el pe-
riódico palmesano La Última Hora 9246, Palma de Mallorca,
20-I-1921, en la columna “Nuestros colaboradores” (ahora en
Textos recobrados, 1997, 79-80). Borges comienza estable-
ciendo los límites de la cuestión:
En el Correo de Mallorca, el señor Barceló ha publicado un artículo
exegético del arte de Fernández Peña. Sin detenerme a subrayar el
antagonismo que existe entre nuestras actitudes frente a la obra del
pintor, creo deber rebatir ciertas premisas básicas de su crítica que, a
mi juicio, la invalidan totalmente.
Borges no discute, pues, el gusto de Barceló, sino el sustrato
teórico que lo antecede e invalida. A continuación, alude iró-
nicamente a la visión que ya por esos años tendía a idealizar la
isla y su luminosidad:
El señor Barceló comienza por revelarnos que Fernández Peña vive
desde hace un año en Valldemosa, “país de ensueño, luz y optimismo”.
Y –tras ese alarde literario que huele a Baedecker o a cartel de
cinema– escribe: “A pesar del ambiente que le ha rodeado, nos ofrece
una serie de obras completamente opuestas a las que dicho ambiente
le pudiera inspirar.” ¡Le pudiera inspirar!
Mucho después, Borges dirá: “Hay ocasiones de repetir que
son originales”. Aquí se vale de una repetición del lenguaje de
Barceló para desenmascarar la ideología subyacente, que es el
verdadero objeto de su crítica:

con Francisco Díaz de Castro, Pons i Pons publicó también un estudio impor-
tante sobre los comienzos del ultraísmo en Mallorca: “Jacob Sureda i el movi-
ment ultraista a Mallorca”: Mayurqa 19 (Filología), Facultad de Filosofía y
Letras, Universidad de Palma de Mallorca, Palma, enero-diciembre de 1979-
1980, 143-161 (y separata, con reproducción de textos originales). Ninguno de
esos trabajos alcanzó la difusión merecida, quizás por estar escritos en catalán.

15
Por lo visto, según la frase citada, basta el conocimiento del medio
que rodea al artista para que la crítica determine la obra que éste ha de
producir, y –absurdo aún más maravilloso– si, como en el caso
presente, la obra no corrobora las afirmaciones hechas a priori por
ésta, la culpa es del artista. Dicho sea con otras palabras: el señor
Barceló cree que es posible dictar a los artistas el arte que estos han de
producir ante determinado espectáculo. Pero, subordinado todo así al
medio, qué deja nuestro crítico a la idiosincracia individual de cada
uno? ¿Cree acaso que en los lienzos del Greco, por ejemplo, todo está
determinado por el tipo único de los personajes y por la contextura de
los paisajes de Castilla, y nada por el genio del pintor?...

Si bien hay constancia de que a fin de marzo de 1920 Borges


visitó con su hermana una exposición del Greco en Madrid,
nada permite suponer que gustara de su obra. Tanto aquí como
en el manifiesto publicado con Sureda y otros amigos poco
después,4 Borges alude al Greco como mera cifra de sor-
prendente modernidad en un pintor antiguo, como signo de
libertad artística. Con gesto acaparador, dirá Borges: “El
Greco, con respecto a sus demás coetáneos, resultó también
ultraísta”.
Por cierto:
Que el medio ambiente influye en la obra era ya un lugar común en
tiempos de Taine; pero que esta influencia sea fatal en su deter-
minismo es una insospechada Atlántida en los dominios del crítico
palmesano.
El cual escribe luego: “Sin duda, Peña tenía de antemano su tempe-
ramento definido, y su estancia en Mallorca no ha sido suficiente para
cambiárselo.”

4 “Manifiesto del Ultra” (firmado por Jacobo Sureda, Fortunio Bonanova


[seudónimo de José Luis Moll], Juan Alomar, Jorge Luis Borges): Baleares
131, Palma, 15-II-1921; Textos recobrados, 1997, 86-87.

16
La estolidez de Barceló enerva aquí a Borges, quien aparenta
no saber cómo calificar al oponente:
Aquí, sobran los comentarios. Pues es difícil encontrar el adjetivo
definidor de la natalidad 5 de un crítico para quien resulta un defecto
tener temperamento, y cuyo ideal de la personalidad, es que sea una
cosa endeble y pasiva, maleable por los medios que atraviesa. Como si
lo importante fuese el tema tratado y no el ángulo de visión desde
donde el artista –redimido y demiúrgico– atalaya la vida.-

El final del breve texto denota que a Borges le interesaba


menos rehabilitar a Peña que recalcar el papel de los creadores,
entre los cuales aspiraba a ser contado. El artista como de-
miurgo es un motivo recurrente en sus trabajos de comienzos
de los años 20, y denota su recepción de Vicente Huidobro.6

[6]
En una carta a su amigo ginebrino Maurice Abramowicz,
Borges relata, aludiendo a su texto (Cartas del fervor, 1999,
134-135):
Un amigo, un pintor castellano, Fernández Peña, ha hecho una expo-
sición de cuadros en Palma. Entre ellos, un “Desnudo”. ¡Qué escán-
dalo, amigo mío, en esta ciudad levítica e idiota! Incluso vinieron
curas en dobles filas apretadas para verlo, para verla, más bien.
Nadie se ha atrevido a comprarle ni una sola tela. Todos los diarios lo
han atacado – indirectamente. Solo yo he publicado un artículo elo-
giándolo. Hoy publico otro, atacando a un crítico local que se apoya
en las teorías de Taine para darle un golpe bajo. Es muy divertido.
Esta gloria vana de “joven que ha estado en Madrid”, me da cierta
minúscula autoridad entre los isleños.

5 ¿Errata por “mentalidad”?


6 Al respecto, cf. mi trabajo “Borges y Huidobro (1922). Un pequeño enigma
descifrado”, en [www.academia.edu].

17
Como hemos visto, no es cierto, a pesar de las pretensiones de
Borges, que todos los periódicos atacaran a Fernández Peña, y
que ya otros críticos de arte elogiaron el desnudo “Zuzy”, entre
ellos, alguno de los academicistas.

[7]
Barceló, por su parte, publicaría poco después una “Réplica” a
la nota de Borges (El Correo de Mallorca. Diario Católico,
Palma, 25-I-1921):
Réplica
El señor Borges publicó en La Última Hora un artículo titulado
“Contra crítica”, pretendiendo rechazar los conceptos expuestos en mi
crítica sobre la exposición Fernández Peña.
Después de leer mi artículo, se saca la impresión de que dicha
Exposición era mala. Después de leer la contracrítica del señor Borges
se sigue creyendo lo mismo.
No encontrando en el arte del señor Fernández Peña materia para la
defensa intenta demostrar que yo soy un mal crítico, sin duda pen-
sando que de esta manera su patrocinado quedará en la posición
cómoda para los fracasados, de “genio no comprendido”.
Para ello coje dos conceptos de mi crítica que, por lo conocidos y
hasta elementales en estética, nadie los considerará como un descu-
brimiento mío, los interpreta a su manera, los exagera a su con-
veniencia, divaga sobre el concepto de que el ambiente influye e
“inspira” al artista y, después de querer refutar unas consecuencias
caprichosas, hace la misma afirmación que yo hice. Por esta parte no
consigue deshcerme. Luego se alarma porque yo dije que un tem-
peramento puede transformarse. Se necesita ignorar lo que significa la
palabra temperamento para dudar de este concepto. Falsea también la
interpretación, y tampoco logra lo que se propuso.
Y conste que no pienso contestar a más réplicas.
Pedro Barceló

18
Tampoco Borges, hasta donde alcanzo a ver, retomó la cuestión.

[8]
Solo otra mención hallo de Fernández Peña por parte de Borges,
en la carta que éste envió a Jacobo Sureda desde Buenos Aires
a Valldemosa el 22 de junio de 1921, poco después de su
retorno a la Argentina (Cartas del fervor, 1999, 200):
Mis saludos a los tuyos, y a Peña, y a Juan Alomar y a Sven
[Westman] si aún no se ha exportado a Escandinavia.
Westman abandonaría Mallorca y la hospitalidad de los Sureda
en 1929, sin despedirse, según surge de papeles inéditos de
Sureda.
Antes de dar un salto al año 1924, consigno que Fernández
Peña exponía a veces en Barcelona (La Publicidad, 15-IV-
1921) y en Madrid, donde Francisco Alcántara le dedicó un
breve ensayo en dos entregas, aparecidas el 23 y el 26 de
marzo de 1923 en El Sol.

[9]
Años más tarde, también Juan Alomar publicaría una crítica
sobre el común amigo, cuando el pintor leonés ya había pasado
a engrosar las filas del burdo realismo: “Sugestiones pictóricas.
Fernández Peña”: El Día, Palma, 31-I-1924:

Sugestiones pictóricas.
Fernández Peña
Asombrado quedé al visitar –en ocasión de la apertura– la Exposición
que de sus obras tiene abierta al público en “La Veda” el pintor

19
Fernández Peña. Los cuadros que presenta ahora no se parecen en
nada a los que figuraban en su Exposición del año pasado en el mismo
local. En esta apreciación están contestes todos los que recuerdan sus
obras de antaño y han visitado la Exposición actual.
¿En qué sentido ha evolucionado Fernández Peña?
La contestación a esta pregunta no registraría una igualdad de criterio
si se sometiese a un plebiscito. Indudablemente, la calurosa afir-
mación de unos de que la evolución es en sentido progresivo se vería
contrastada por la apreciación contraria, sustentada con igual porfía. Y
ello tiene su lógica explicación en la radical mutación de criterio y de
técnica que pone al descubierto la ejecutoria pictórica del pintor que
hoy reclama nuestra atención.
Los que hoy obsequian con el más efusivo beneplácito a Fernández
Peña son los que ayer exteriorizaron una dura intransigencia con su
pintura de vanguardia, que convenció totalmente a los que cierta
opinión llama en tono despectivo “iniciados”, sumió en la perplejidad
a la mayoría y se vio francamente rechazada por la sensatez profe-
sional y el burguesismo crítico.
Yo he de confesar con toda sinceridad que recuerdo con complacencia
las antiguas rebeldías de Fernández Peña, muy acordes con mi espíritu
y que por satisfacer mi predileccion las echo hoy de menos ante la
nueva modalidad del ex-pintor ultraico.
Los antiguos cofrades de Fernández Peña –con su antiguo y simpático
fanatismo– no le perdonarán su deserción; le anatematisarán y lla-
marán apóstata, viéndose obligado a buscar refugio en las descoloridas
e impersonales filas de retaguardia.
Cierto que sus telas de antaño no pueden considerarse como meta ni
como ejemplo de personalidad clara y definida. Pero no es menos
cierta su capacidad para suscitar discusiones e irritar al filisteísmo. En
esto radica su más considerable valía y encanto.
¡Cuánto más atrayentes las impresiones y desdibujos de los cuadros
antiguos de Fernández Peña que la exactitud y nimiedad de los que
exhibe actualmente!
Lo sujestivo y lo curioso trocado en nimiedad inexpresiva y tecni-
cismo.
Fernández Peña ya no es un rebelde; es ahora un adaptado.

20
¡Qué lamentable retroceso!
Quizá le hubiese convenido desliteraturizarse un poco y hacerse más
humano, más sencillo, más sincero. Y puede que hasta haya sido esta
su intención y lo que le ha impulsado a tan completo abandono de sus
primitivas extrañas concepciones y desigualdades técnicas. Pero al
desprenderse de toda influencia literaria lo que ha hecho es “meca-
nizarse”, sofocando todo impulso subjetivo y entregándose a una
técnica fría y anacrónica que hace un siglo ya era demodé.
Antes era demasiado literario; ahora es demasiado pintor.
Perdonemos y lamentemos el error en que ha caído Fernández Peña.
Porque tenemos fe en su talento esperamos una bella “nueva salida”
del pintor amigo dispuesto a afrontar todos los peligros de la impo-
pularidad y de la censura.
Juan Alomar

Huelga mencionar que Barceló y Vives elogian la última evo-


lución de Fernández Peña desde El Correo de Mallorca y La
Última Hora, respectivamente.
La exposición había sido brevemente anunciada desde las
páginas de La Vanguardia, Barcelona, el 18 de enero de 1924
(día de la inauguración).
Acerca de la temprana muerte de Fernández Peña con 28 o 29
años informa también La Vanguardia, en la edición del 8 de
diciembre de 1926 (“De provincias”):
Ha fallecido en Pollensa el joven pintor don Manuel Fernández Peña,
que desde hace algunos años vivía en Mallorca, habiendo expuesto sus
cuadros.

La brevedad de su vida artística debe haber contribuido a que


su existencia apenas se mencione en la historia del arte. (No lo
nombran Ripoll / Perelló en su monografía de 1981.)

21
[10]
Haciendo un recuento de los comentarios arriba recopilados, se
percibe la concentración de todos los comentaristas en unas
pocas obras, que son parejamente elogiadas o censuradas según
la tendencia del crítico.
Aunque Fernández Peña presentó 16 obras, cuando menos, en
la Exposición de 1921, todos los comentarios versan apenas
sobre las siguientes diez:
“El Nocturno” (Borges, Barceló, Moll)
“Los Huérfanos” (Borges, Vives, Barceló, Moll)
“Plenilunio” (Borges)
“Ante el misterio” (Borges; Vives, Barceló y Moll como “Hacia el
misterio”)
“Misticismo de madre” (Vives, Barceló)
“Pico Tomé” (Vives, Barceló)
“Claro de luna” (Vives)
“Zuzy” (Vives, Moll; Borges en carta).
“Fuente arriba” (Vives)
“Paisaje de invierno” (Moll, Barceló)

Si por otra parte se presta atención al idioma de las críticas


arriba reproducidas, se aprecia el entramado de contenido y de
juicio, por ejemplo entre Vives y Barceló, pero también las
alusiones irónicas de Moll y Alomar a Barceló.
Nada de ello asombra si se recuerda que la crítica de arte pal-
mesana estaba en manos de grupos antagónicos: por un lado,
los conservadores, representados precisamente por Vives,
Barceló, José María Tous y Juan Bauzá, y por otro los van-

22
guardistas, representados por Juan Alomar, José Luis Moll,
Miguel Ángel Colomar y Ernesto M. Dethorey.
Para comprender el contexto cultural, en especial en relación
con las artes plásticas, es imprescindible el temprano trabajo de
Damià Ferrà-Ponç: “Avantguardisme plàstic a Mallorca”, apa-
recido en cuatro entregas de la revista mallorquina Lluc, Palma
de Mallorca, entre junio y diciembre de 1973.
De allí se desprende que precisamente a comienzos de la
década del 20 en la apacible ciudad se libraba una sorda lucha
por la hegemonía crítica. Los órganos hemerográficos estaban
en manos de diferentes facciones no solo artísticas, sino tam-
bién políticas, si bien en este caso, puede hablarse de tres
grupos diferentes.
Simplificando gravemente, hallamos, por un lado, los conser-
vadores, en general católicos y tradicionalistas; en segundo
lugar, los afectos al Noucentisme, que había sido la primera ola
de conciencia regional y autonomista, una especie de van-
guardia de comienzos de siglo, de signo moderadamente liberal
en lo político y cultural, pero más bien conservador en lo artís-
tico; y finalmente los partidarios de lo nuevo, que podemos
asociar a lo vanguardístico, que surge lentamente después de la
primera Guerra Mundial. La juventud palmesana con la que el
joven Borges trabó conocimiento estaba imbuida de los ideales
del noucentista Gabriel Alomar, representante de la izquierda
catalana, pero curiosa hacia lo más moderno.
El campo cultural estaba claramente acotado y ello se reflejaba
en el panorama hemerográfico:
El periódico El Día (1921-1939) representaba por un lado el
regionalismo crítico y las ideas liberales (aquí publicaban regu-

23
larmente Juan Alomar, Miguel Ángel Colomar y más tarde lo
haría Jacobo Sureda).
La revista Baleares (1917-1925), de Enrique Vives Verger,
cobijó en sus páginas dibujos de Norah Borges y textos de
Jorge Luis Borges y de Guillermo de Torre, pero su director
artístico fue el academicista Pedro Barceló, de quien ya vimos
arriba dos textos (N° 3 y 7).
José María Vives Verger (1873-1943), por su parte, estaba a
cargo normalmente de las reseñas de arte en la sensacionalista
La Última Hora.
La Nostra Terra perseguía un programa noucentista, pero
permitía las críticas de arte modernas de Ernesto M. Dethorey,
amigo de los ya citados Alomar y Colomar.
La Almudaina era conservadora, pero no tan clerical y dere-
chista como El Correo de Mallorca, donde también publicaba
Barceló. (Ambos periódicos se fusionarían muchos años des-
pués.)
Es en ese espinoso marco en el cual se inserta Borges, quizás
sin saberlo, al publicar su reseña de la Exposición Fernández
Peña.

[11]
¿Sin saberlo? Hay motivos para dudarlo.
El asunto tuvo un capítulo previo, ya asomado levemente en las
menciones que dos de los comentaristas hacen acerca de la
participación de Fernández Peña en la Exposición regional (N°
2 y 3, de Vives y Barceló).

24
La alusión es a una muestra pictórica que tuvo lugar en
Mallorca en junio de 1920 – es decir, precisamente en el mes
en el cual la familia Borges llega a la isla. En relación con ese
evento encontraremos varios nombres conocidos.
En la Exposición participaron Erwin Hubert, Joan Fuster, Tito
Cittadini, Joaquín Tudela, Eugenio Mossgraber y Hermen
Anglada Camarasa.
También Fernández Peña, Sven Westman y Pilar Montaner
Sureda expusieron en ese certamen. Mejor dicho: primero
aportaron sus cuadros y luego intentaron retirarlos, por no estar
de acuerdo con la tendencia representada por Anglada, pintor y
a la vez uno de los jueces.
Para lo que sigue, abrevo en un trabajo de María del Carme
Bosch titulado “Guerra de pintors” (1995):
En ese curioso episodio, el moderno Westman se alía en la
crítica con el noucentista Bartolomé Ferrá, mientras que el
marido de Pilar y padre de Jacobo, don Juan Sureda Bimet,
publica cartas abiertas en los periódicos de la época, a favor de
su esposa.
El drama duró aproximadamente un mes. El 12 de junio se
había inaugurado la muestra. Los infaltables Vives y Barceló
comentaron escépticamente los cuadros expuestos desde las
páginas de La Última Hora y El Correo de Mallorca. El crítico
de La Almudaina, José María Tous, se excusó de opinar,
porque lo habían nombrado juez de la exposición.
El jurado presidido por Anglada expidió su juicio el 17 de
junio, premiando en primer lugar al pintor argentino Tito
Cittadini (angladista), además de a Gabriel Villalonga Olivar,

25
Emilio Pou González-Moro, Joaquín Tudela, Antonio Brusotto,
Miquel Arcas y Cristóforo Pizà. Para Pilar Montaner Sureda,
Fernández Peña y algunos otros solo hubo menciones de honor.
Al día siguiente, el 18 de junio, Sven Westman y Fernández
Peña publicaron una carta abierta en El Correo de Mallorca,
criticando el dictamen del jurado, mientras que La Última Hora
publicó una carta de Pilar Montaner Sureda a Anglada, soli-
citando que se retiraran sus obras de la muestra, porque se
sintió engañada al ver que Anglada es el único pintor en el
jurado (se había previsto originalmente la participación de
otros).
Paralelamente, el esposo de Pilar publica un texto titulado “Al
margen de la Exposición” en La Almudaina, que suscita a su
vez una réplica airada de Fernando Pou, miembro de la
comisión organizadora, en La Última Hora.
Casi todos los artistas disconformes con el juicio publican
paralelamente en tres periódicos una carta abierta (entre ellos
Pilar Montaner y Fernández Peña).
Juan Sureda Bimet responde a Pou en La Última Hora del 21
de junio. Entre otros textos surgidos en la polémica, sobresale
el ataque de Cittadini a Juan Sureda Bimet en La Almudaina.
También José Agustín Palmer (“Pin”) tercia en la discusión
pública. (Borges y sus amigos mantendrían más tarde, en
febrero de 1921, una polémica con él.)
Sven Westman publica el 25 de junio de 1920 una carta abierta
titulada “Exposición regional de pintura” en La Última Hora y
en La Almudaina. Allí asegura que ha sido engañado y que
retira sus obras de la muestra.

26
El 1 y 2 de julio, Juan Sureda Bimet responde a Cittadini en un
artículo en dos partes publicado en La Almudaina. Cittadini
contesta destempladamente el 8 de julio desde el mismo
periódico. A ello responde Sureda Bimet el 11, cerrando la
discusión. El mismo día se clausuró la muestra, con entrada
gratuita…
Como se ve, el asunto fue muy sonado en su tiempo.
Por estas fechas, Borges ya tenía trato con algunas de las
personas nombradas.
La primera mención que Borges hace de Westman tiene lugar
en carta a Maurice Abramowicz de comienzos de julio de 1920
(Cartas del fervor, 90-91), es decir, precisamente en el mo-
mento más álgido de la cuestión.
El 26 de julio, Borges ya conoce a Jacobo Sureda y a su familia
desde hace algún tiempo; ese día le remite la primera carta
conservada, en la cual menciona a Westman (Cartas del fervor,
1999, 161).
Es muy plausible, por todo ello, que Borges sí estuviera al
tanto de los entretelones de la crítica artística palmesana y de
las facciones en ella envueltas.
De hecho, puede postularse que las tres polémicas mallor-
quinas en las que intervino el joven Borges (con Elviro Sanz en
octubre de 1920, con Barceló en enero de 1921 y con Palmer
en febrero de 1921) fueron desatadas a conciencia, para llamar
la atención. Épater les bourgeois era la consigna de todo
vanguardismo, por eso se alegra Borges en carta a Sureda, al
enterarse de que Sanz ha criticado a los ultraístas: “Nos hace el
juego de una manera admirable.”

27
Otra diatriba ocuparía pronto al belicoso joven que Borges era
en esa época, esta vez con el periodista José Agustín Palmer
(“Pin”). Pero ese es ya otro capítulo, sobre el que quizás vuelva
en otra ocasión.
(Hamburg, 30-IV-2013)

Bibliografía
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quines de Manuel Fernández Peña en el salón de Arte
Moderno (I-II)”: El Sol, Madrid, 23 y 26-III-23.
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Día, Palma de Mallorca, 31-I-1924.
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Peña”: El Correo de Mallorca. Diario Católico, Palma de
Mallorca, 12-I-1921.
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Diario Católico, Palma de Mallorca, 25-I-1921.
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Meneses 1987; Textos recobrados, 1997, 78.
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con Maurice Abramowicz y Jacobo Sureda (1919-1928).

28
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bibliografía: Carlos García. Barcelona: Galaxia Gutenberg /
Círculo de Lectores / Emecé, 1999.
Bosch, María del Carme: “Guerra de pintors”: Miramar 22,
enero-marzo de 1995, LV-LX (número dedicado a Vallde-
mosa).
Castillo, Alberto del: “¡No hay criterio indiscutible!” (sobre la
Exposición Regional): La Almudaina, Palma de Mallorca,
1-VII-1920, 1.
Cittadini, Tito: “De la Exposición Regional”: La Almudaina,
Palma de Mallorca, 22-VI-1920, 1.
Cittadini, Tito: “Del charco a Beocia”: La Almudaina, Palma
de Mallorca, 8-VII-1920, 1.
Degas, Roberto: “Exposición Regional de Arte”: Baleares 116,
Palma de Mallorca, 30-VI-1920, 3-4 (cf. NN, en el mismo
número).
Degas, Roberto: “La Exposición Regional de Arte”: Baleares
117, Palma de Mallorca, 15-VII-1920, 3 (comienza con un
comentario sobre un cuadro de Pilar Montaner Sureda).
Dethorey, Ernesto M.: “Entrevistas pictóricas. Sven R. West-
man”: El Día, Palma de Mallorca, 26-IX-26: Meneses 1995,
22-23.
Díaz de Castro, Francisco J. / Pons i Pons, Damià: “Jacob
Sureda i el moviment ultraista a Mallorca”: Mayurqa 19
(Filología), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
Palma de Mallorca, Palma de Mallorca, enero-diciembre de
1979-1980, 143-161 (y separata, con reproducción de textos
originales).

29
Domenech, Joaquín: “La escuela mallorquina de pintura”: La
Última Hora, Palma de Mallorca, 26-VI-1920.
Ferrá, Bartolomé: “La Exposición de arte, II”: El Correo de
Mallorca, Palma de Mallorca, 26-VI-1920.
Ferrà-Ponç, Damià: “Avantguardisme plàstic a Mallorca”:
Lluc, Palma de Mallorca, cuatro entregas entre junio y di-
ciembre de 1973.
Fuster y Valiente, Juan Antonio: “De la Exposición Regional”:
La Almudaina, Palma de Mallorca, 26-VI-1920, 1.
García, Carlos (1996a): “Borges y las artes plásticas. En torno
a un texto casi desconocido: Contra crítica” en Variaciones
Borges 2, Aarhus (Dinamarca), junio de 1996, 188-191,
reproducido en [www.borges.pitt.edu / sites / default / files
/ 0214.pdf].
García, Carlos (1996b): “Contra crítica. Un texto desconocido
de Borges”: Letras de Buenos Aires 34, julio de 1996, 1921.
Lladó Pol, Francisca (2001): Artistas argentinos en Mallorca a
través de la prensa. Palma de Mallorca: Fundación Cátedra
Iberoamericana, 2001.
Lladó Pol, Francisca (2006): Pintores argentinos en Mallorca
(1900-1936). Palma de Mallorca: Lleonard Muntaner editor,
2006.
Llop, J. C.: “Borges i Valldemossa”: Miramar 22, Palma de
Mallorca, enero-marzo de 1995, LI-LII (número dedicado a
Valldemosa).
Meneses, Carlos: “El Borges que vivió en Mallorca, con tres
cartas inéditas, un artículo y el poema ‘Mallorca’ del propio

30
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diciembre de 1987, 31-40.
Meneses, Carlos: Amor a la llibertat. Ernest M. Dethorey,
1901-1992. Palma de Mallorca: Institut dEstudis Baleàrics,
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Palma de Mallorca, 15-I-1921.
NN: “Exposición Regional de Arte”: La Almudaina, Palma de
Mallorca, 9-VI-1920, 1.
NN: “Ante la Exposición Regional”: La Almudaina, Palma de
Mallorca, 20-VI-1920, 1.
NN: “La Exposición Regional de Arte”: La Almudaina, Palma
de Mallorca, 20-VI-1920.
NN: “La Exposición Regional de Arte”: La Almudaina, Palma
de Mallorca, 25-VI-1920, 1.
NN: “Exposición Regional de Arte”: Baleares 116, Palma de
Mallorca, 30-VI-1920, 12-21. Comentarios sin firma, fotos
sobre la muestra, los organizadores y algunas de las obras
expuestas. Sobre Westman: “presenta un bodegón bien
estudiado y un paisaje que no nos convence”. Sobre
Fernández Peña: “tiene en la exposición un bonito efecto de
luna en el claustro de Ca'n Sureda (Valldemosa)”. Sobre
Pilar Montaner: “Molinos, de Pilar Muntaner de Sureda, es
un cuadro de una gran delicadeza, así en lo que se refiere al
asunto, como a la técnica; es el mejor de los que expone.”

31
NN: “Exposición Regional de Arte”: La Almudaina, Palma de
Mallorca, 2-VII-1920.
NN: [Necrológica de Fernández Peña]: La Vanguardia, Barce-
lona, 8-XII-26 (“De provincias”).
Pons i Pons, Damià: Avantguardisme literari a Mallorca, 1920
-1936. Tesis presentada en 1975 a la Universidad de Barce-
lona.
Pou y González-Moro, Emilio: “Cosas de pintores” (sobre la
Exposición Regional de Arte): La Almudaina, Palma de
Mallorca, 2-VII-1920, 1.
Riquer, Eliseo de: “La Exposición Regional de Arte”: La
Almudaina, Palma de Mallorca, 23-VI-1920, 1.
Ripoll, Luis / Perelló Paradelo, Rafael: Las Baleares y sus
pintores, 1836-1936. Ensayo de identificación y acerca-
miento. Palma de Mallorca: Luis Ripoll, 1981.
Sureda, Jacobo / Bonanova, Fortunio (i.e. José Luis Moll) /
Alomar, Juan / Borges, Jorge Luis: “Manifiesto del Ultra”:
Baleares 131, Palma de Mallorca, 15-II-1921; Textos
recobrados, 1997, 86-87.
Sureda Bimet, Juan: “De la Exposición Regional”: La Almu-
daina, Palma de Mallorca, 1 y 2-VII-1920.
Sureda Bimet, Juan: “Contra las dictaduras en arte” (sobre la
Exposición Regional de Arte): La Almudaina, Palma de
Mallorca, 11-VII-1920, 1.
Tous y Maroto, J. M.: “Exposición Regional”: La Almudaina,
Palma de Mallorca, 12-VI-1920, 1.

32
Tudela, Joaquín: “Un gesto del artista”: La Última Hora,
Palma de Mallorca, 1-VII-1920.
Vives, José: “Notas de arte: Exposición Fernández Peña”: La
Última Hora 9235, Palma de Mallorca, 10-I-1921.
Westman, Sven R.: “Exposición regional de pintura”: La
Última Hora y La Almudaina, Palma de Mallorca, 25-VI-
1920.
.....

33
II

Semblanza de Jacobo Sureda


Con un texto de Sureda sobre Borges (1925)7

Si bien no es su único mérito, la figura del poeta y pintor


mallorquín Jacobo Sureda (1901-1935) nos permite vislumbrar
por reflejo la personalidad del joven Borges, de quien fuera
uno de los más entrañables amigos de juventud.
Los Sureda eran una familia acomodada y de excelente repu-
tación en la isla de Mallorca. El padre de Jacobo, don Juan
Sureda Bimet (1873-1947), despilfarró ya antes de 1917 una
gran fortuna haciendo de mecenas a escritores y artistas.
Acogió en su Palacio del Rey Sancho (Valldemosa, contiguo a
la Cartuja que albergara a Chopin y George Sand en el siglo
XIX) a políticos, escritores, pintores y músicos – entre ellos a
Lord Chamberlain, Thibaud, Wanda Landowska, Sargent,
Anglada-Camarassa, Santiago Rusiñol, Joaquim Sorolla,
Maurice Barrès, Joaquim Mir, Antonio Maura, Azorín, Rubén

7 Esta semblanza del amigo juvenil de Jorge Luis Borges no hubiese sido
posible sin los trabajos de algunos predecesores. La mayor parte de los datos
sobre la familia Sureda procede de publicaciones de Francisco J. Díaz Castro /
Damiá Pons i Pons y de María del Carmen Bosch Juan, estudiosos baleares, así
como de Carlos Meneses, escritor y periodista peruano radicado en Palma de
Mallorca. También las charlas con algunos de ellos fueron amenas e interesan-
tes. Por fin, agradezco a Pilar Sureda Sackett el haberme permitido ver y
estudiar el importante archivo de su padre.

34
Darío (dos veces), Unamuno (en 1916; Pilar Montaner hizo de
él un retrato al óleo), Eugenio d'Ors (“Xenius”), Jorge Guillén
(1921) y a muchos otros “grandes” locales o extranjeros, no
siempre para beneplácito de la familia. Se ocupó, como casi
todo mallorquino culto, de la obra del místico Ramón Lull,
héroe local que también interesaría, más tarde, a Borges.
Escribió una Noticia histórica sobre la obra y la vida de Rubén
Darío y llevó un Diario (inédito, hasta donde alcanzo a ver),
con noticias interesantes sobre las sonadas estadías de Rubén
Darío en su casa.
Rubén, a su vez, retrató favorablemente a Sureda padre bajo el
nombre “Luis Arosa” en El Oro de Mallorca (novela incon-
clusa publicada por entregas en La Nación de Buenos Aires,
entre 1913-1914), a quien consideró un “gentil homme y pro-
fundo lulista”.8
Unamuno lo menciona repetidas veces en Andanzas y visiones
españolas; Azorín, en Verano en Mallorca; Mario Verdaguer,
en La ciudad desvanecida (la traducción catalana, La ciutat
esvaïda, incluye foto de los padres de Jacobo); Jorge Guillén,
que lo había visitado con su esposa, lo recuerda brevemente en
su correspondencia con Pedro Salinas. La biografía de don
Sureda, sin embargo, está por hacer.
La madre de Jacobo, Pilar Montaner Maturana (1876-1961), fue
a su vez una notable pintora de paisajes de estilo modernista. El
poeta Adriano del Valle (1895-1957), colaborador de Grecia y
amigo de Borges, la cita en su “Epístola al poeta Rogelio Buen-
día” (Gran Guignol 1, Sevilla, 10-II-1920, 4; Borges colaboró

8 Autobiografía, LXV, “Posdata, en España” [1915]. Madrid: Mondadori,


1990, 129.

35
también en esa revista). Conjeturo que del Valle había pere-
grinado a Valldemosa, siguiendo las huellas de Rubén Darío,
como tantos otros poetas españoles e hispanomericanos antes
que él. Darío había mencionado a Pilar Montaner en su poema
“Los olivos” (dedicado a su esposo), y en el citado texto de la
Autobiografía confirma: “pinta admirablemente y le ha arran-
cado a los olivos su ademán de muertos deseosos de clamar al
cielo sus misterios y enigmas”. Aparece en El Oro de Mallorca
bajo la figura de “María”, “artista gentil y madre infatigable”.
Esta última clase de epítetos se convertirían en lugar común al
hablar de ella. Borges mismo recurre al tópico, en carta inédita
de junio de 1920: “charlo con un pintor sueco [Sven Westman]
y un muchacho tuberculoso Sureda (hijo de la pintora de quien
José Francés dijo: ‘fecunda como madre y como artista’ = tiene
una docena de vástagos y una enormidad de paisajes de
Valldemosa)”.9
En efecto, aparte de Jacobo, los Sureda tuvieron 12 hijos, entre
ellos Pazzis (1907-1938, escultora y dibujante, que también
escribió algunos poemas),10 Pedro (1909-1983, paisajista y ca-
ricaturista, miembro del “Grupo de los Siete”) y Elvira (1903-
1922), que parece haber sido de una gran sensibilidad.
El hogar de los Sureda endulzó las opresiones de la tradición y
de un ceñido catolicismo, y más tarde las de la casi pobreza, con

9 José Francés (1883-1964): Periodista, crítico de arte, conferenciante, cuen-


tista, autor de teatro y traductor madrileño. Seudónimo: “Silvio Lago”. Escribió
novelas de crudo naturalismo, mezclado con rasgos decadentistas o elementos
fantásticos, que pueden haber influido en el joven Borges.
10 Dos aparecieron en la revista Brisas, Palma de Mallorca, en noviembre de
1935.

36
una muelle vena artística, que permitió a los niños crecer en
compañía de escritores y pintores famosos en esa época, que no
siempre dieron buen ejemplo (Darío, que tenía graves pro-
blemas con el alcohol, es la mejor muestra de ello).
Al joven Jacobo lo emocionaba, según se desprende de apuntes
guardados en el archivo familiar conservado por su hija, Pilar
Sureda Sackett, pensar en las celebridades que habían pasado
por su casa. Esa actitud dejaría paso, al correr del tiempo, a
cierta amargura, según sugiere su correspondencia con los
padres. El precio pagado por el mecenazgo fue una necesidad
material no siempre balanceada por el agradecimiento de los
beneficiarios. Tal el caso, por ejemplo, del pintor sueco Sven
R. Westman, quien asistió por años regularmente a comidas en
la casa de los Sureda, y desapareció de Mallorca, sin despe-
dirse, hacia 1929.
A fines del siglo XIX, aproximadamente, renace entre los
catalanes el nacionalismo, que también alcanzó a los mallor-
quines. El uso del idioma nativo se convirtió en uno de los
símbolos preponderantes de ese resurgimiento (“Renaixença”),
que se extendió a la arquitectura y a las demás artes. Los
Sureda no se adhirieron a ese movimiento, y permanecieron
hispanoparlantes. Emilia, una de las tías de Jacobo, sin em-
bargo, compuso al filo del siglo y, según se cuenta, a instancias
de una amiga, poemas en catalán, que serían publicados pós-
tumamente en forma de libro, para “vergüenza” de la familia.11

11 Emília Sureda Bimet (1865-1904): Poesies mallorquines [1905]. Pròleg de


Margalida Pons. Palma de Mallorca: Moll, 1992 (Les Illes d’Or, 151). Sus pri-
meros poemas habían sido en castellano.

37
Algunos de ellos aparecieron en la moderada revista Baleares,
la misma en que haría su debut palmesano Jorge Luis Borges
en 1920, precedido por su hermana Norah en 1919. Jacobo, por
su parte, llegó a dominar el catalán, según demuestran algunas
cartas de mediados de los años 20, entre otros a Lorenzo
Villalonga (uno de los pocos autores mallorquines que alcan-
zaron cierta difusión en el mercado hispanoparlante), pero no
lo utilizó en sus trabajos literarios.
De hecho, sufrió bajo lo que llamaba su “policefalismo”, según
surge de su Diario inédito: bajo la fecha 1-X-1931 , Sureda se
ocupa de “La cuestión del idioma” (26-27):
Para mi no cabe escoger. He sufrido no ya de bicefalismo sino de poli-
cefalismo. Siento no haber nacido dentro de unos años cuando el cata-
lán será tan lengua madre como literaria. Es ya literaria para muchos
que se educaron en ella, que la adoptaron de chicos, que se han for-
mado en ella. No es que quiera hacer literatura, pero se trata de expre-
sarme y para este objeto es natural que use el instrumento en el que
más me he ejercitado. Mejor hubiera sido, quién lo duda, concentrar-
me más en el ejercicio de un idioma y no sentirme dividido, bipartido,
resquebrajado entre el catalán y el castellano primero, el francés ale-
mán italiano e inglés sucesivamente después. Pero todo eso es dema-
siado personal. Quiero solamente hacer hincapié en la tragedia, la gran
tragedia, de hablar un idioma que no se lee ni se escribe y viceversa.

Nacido en 1901, Jacobo Sureda había emprendido estudios de


ingeniería naval en Madrid, que debió abandonar hacia 1917 de-
debido a la enfermedad pulmonar que terminaría matándolo.
De una carta que Borges le enviara en julio de 1921 (Cartas del
fervor, N° 28) se puede deducir que Jacobo lamentaba no haber
tenido una formación más amplia, de tendencia humanística.
Debido a su dolencia, y por consejo de médicos que no nece-
sariamente sabían cómo aliviarla, Jacobo pasó varias tempo-

38
radas fuera de la casa familiar. Varias en el extranjero (Sankt
Blasien, Selva Negra, Alemania), alguna en la sierra de Gua-
darrama, otra en la isla Cabrera, cercana a Mallorca, y al menos
una vez, en el verano de 1920, en una casucha que el clan
poseía en el Teix, monte cercano a Valldemosa.
Por allí había pasado años antes el adusto Unamuno, quien,
según cuenta la leyenda, ante la seguramente bulliciosa prole
de los Sureda, abrió su ánimo y divirtió a los niños haciendo
pajaritas de papel. También Eugenio d'Ors pasaría más tarde
por el Teix, para verse anonadado por poemas ultraístas que
le recitara Jacobo. En el archivo familiar hay misivas de
ambos.12
Quien gozaba de la mayor confianza de Jacobo dentro del nú-
cleo familiar parece haber sido su hermana Elvira, enferma del
corazón y los pulmones, que compartió los intereses literarios y
artísticos de su hermano, sin descollar en alguno de esos cam-
pos. Tan estrecho era su vínculo, que la familia no se atrevió a
comunicarle a Jacobo su temprana muerte (ocurrida el 11-X-
1922), que éste debió adivinar de a poco.13 Con los demás
miembros de la familia, la relación de Jacobo parece haber sido
más tensa o menos entrañable. Subsisten algunas notas manus-

12 Véase mi breve trabajo “Sureda y Xenius (1920-1926)”: Carlos Meneses,


ed.: Jacobo Sureda, cien años. Palma de Mallorca: Calima / Ajuntament de
Palma, 2001, 63-68, y en este volumen, capítulo III.
13 Casi año y medio antes, Borges había dedicado a Elvira un poema: “Distan-
cia (A Elvira Sureda Montaner)”: Ultra 9, Madrid, 30-IV-1921. Quizás haya
estado enamorado de ella; cf. su prosa poética “Mallorca”: El Día, Palma de
Mallorca, 21-XI-1926; Textos recobrados, 1919-1929. Buenos Aires: Emecé,
1997, 272. El texto es seguramente muy anterior a su publicación.

39
critas, que lo muestran cáustico y punzante, quizás como efecto
de los dolores que padeciera. Alguna carta a su madre, fechable
hacia 1922, trasluce su propósito de colaborar en la prensa
palmesana, intención que no encontró la aprobación inmediata
de doña Pilar, pero que fue de todos modos puesta en práctica.
Antes de ello, a comienzos de la década, el introvertido auto-
didacta pasó una época sin mayores sobresaltos literarios, hasta
que conoció a Borges. A instancias de éste, por entonces un
inquieto y aguerrido temperamento, Sureda escribió a la
redacción de la revista Grecia, donde ya habían aparecido
algunos textos de Borges. El director, Isaac del Vando-Villar,
le respondió con carta del 18-VII-1920, conservada en el
archivo familiar. Gracias a ella podemos colegir que Sureda
envió algunos versos e hizo valer la intimidad que su familia
había tenido con Rubén Darío, héroe de toda una generación de
poetas, tanto en España como en América.
En alguna carta, Borges alude con orgullo a Jacobo Sureda,
como a un prosélito que ha ganado en Mallorca para la causa
del “Ultra”. Ese proselitismo se repetirá con “Maurice Claude”
(seudónimo de Maurice Abramowicz, su amigo ginebrino),14 y
con Clotilde Luisi, una poeta uruguaya con quien Borges trabó
amistad en 1921, en el vapor que lo transportara a Buenos
Aires.
Juntos, y apoyados por Juan Alomar (hijo del influyente pen-
sador y político mallorquín Gabriel Alomar) y el cantante de
ópera y crítico José Luis Moll (que usaba el seudónimo “Fortu-

14 Véase mi trabajo “Borges y Maurice Claude / Abramowicz. Dos traduccio-


nes desconocidas”: Variaciones Borges 6, Aarhus, julio de 1998, 221-226, y en
[www.academia.edu].

40
nio Bonanova”), así como por otros menos descollantes, los
jóvenes poetas ultraístas despabilarían la amodorrada vida
cultural de la isla.
La Palma de aquella época era una ciudad recoleta y con-
servadora. Primaba, pues, la incomprensión para esta clase de
“excesos”, pero eso no hacía más que confirmar y acicatear a
los exaltados muchachos, que sólo buscaban tener motivos para
publicar revolucionarios poemas y duras diatribas en los
periódicos que se atrevían a publicarlas. Al comienzo, las
relaciones entre los popes culturales de Palma y el ultraísmo
habían sido relativamente corteses; hubo incluso reseñas más o
menos amistosas (si bien poco comprensivas) de trabajos de
Norah Borges, la musa y la principal artista plástica del primer
movimiento Ultraísta. Pero esa calma no podía prosperar, ya
que el nuevo arte precisaba, cuando menos en opinión de
Borges, contrincantes para alcanzar difusión.
Poco después de la publicación de dos manifiestos, de algunas
diatribas públicas con críticos literarios o artísticos, de algunos
poemas y de ensayos, Borges debe marchar con su familia a
Buenos Aires, vía Barcelona. El último día en Valldemosa, a
fines de febrero de 1921, lo pasaron Jacobo y él declamando
poesías, tanto propias como de Adriano del Valle, el ya citado
ultraísta sevillano.
Ya en Argentina, Borges aludirá a esa despedida de Jacobo con
mal cifrada emoción, en su artículo “La nadería de la perso-
nalidad”: Proa 1, Buenos Aires, agosto de 1922 (reproducido,
con variantes, en Inquisiciones, 1925). En el mismo año 1921,
Borges comenzó a publicar textos de Sureda en sus revistas

41
porteñas, a partir de Prisma; la correspondencia entre ambos
versa a menudo sobre ello.15
Sureda fue también uno de los amigos españoles a quienes
Borges remitiera su primer poemario, Fervor de Buenos Aires
(1923), con una dedicatoria sorprendentemente sobria: “Frater-
nalmente, a Jacobo Sureda. Jorge Luis.” (Antonio Fernández
Molina: “Borges, en Mallorca”: Arbor 328, Madrid, abril de
1973, 110).16
A Sureda parece no haberle gustado mucho Fervor. Una carta
que Borges le enviara desde Ginebra hacia septiembre-octubre
de 1923 (Cartas del fervor, N° 40), sugiere que Jacobo lo había
criticado en misiva a Abramowicz.17
Sureda, de los dos el más escéptico o el menos propenso al en-
tusiasmo, había comenzado a separarse ya en 1921 de los su-
puestos del ultraísmo, y terminaría por abjurar de la poesía en
general, para dedicarse a la pintura. Borges no había sido ni era
ortodoxo (el contenido de Fervor lo confirma), y por eso coin-

15 Acerca de Prisma, véase mi trabajo “Prisma (1921-1922): Entretelones” en


[www.academia.edu] y en [www.ahira.com.ar].
16 Más elaborada es la dedicatoria que inaugura Luna de Enfrente: “al gran
amigo e igual poeta Pitín Sureda mando esta luna / que, como la otra que está
en los cielos, irá desde la / pampa a las montañas, de mi patio criollo a sus
olivares – Jorge Luis”. Se sabe, igualmente, que Borges le remitió Inquisicio-
nes; el ejemplar fue prestado por Sureda a un amigo de nombre Aguiló, que no
parece haberlo devuelto (tal permiten entrever unas notas inéditas de Sureda,
del año 1926.) De todos modos, Sureda alcanzó a escribir un comentario sobre
el libro de Borges, abajo reproducido.
17 Sureda había visitado a Abramowicz en Ginebra hacia 1922. Volverá a
encontrarse con él en 1932 (Bosch Juan 2001, 45).

42
cidieron, por esta época, en algunos aspectos de la crítica,
aunque no en las conclusiones a sacar de ella. Por desgracia, no
podemos seguir ese debate seguramente apasionante e instruc-
tivo, ya que faltan todas las misivas de Sureda a Borges y a
Abramowicz, y varias de las que Borges remitiera a ambos. Por
lo que se puede apreciar a través de las cartas de Sureda a otros
corresponsales que han sobrevivido, Jacobo escribía más largo
que Borges, y sin temor de decir sus opiniones francamente. Es
de lamentar que sus misivas no sean accesibles.
Por lo demás, también Sureda se vio obligado a abandonar la
isla, por cuestiones de salud. Hacia 1921 se trasladó a un sana-
torio en Leysin, cerca del Lago Leman (Suiza). Desde allí, así
como a partir de febrero o marzo de 1922 desde St. Blasien
(Selva Negra, Alemania), envió varias colaboraciones a perió-
dicos palmesanos. A partir de 1924, remitió al periódico El Día
(Palma) una veintena de crónicas desde Alemania e Italia (entre
ellas, en 1925, una poco difundida reseña de Inquisiciones, de
Borges).
En febrero de 1926 organizó, en la Asociación para la Cultura
de Mallorca (Palma), una lectura de sus poemas. En ella habló
de Borges, a quien calificó de “buhonero de imágenes”. Los
poemas que leyó fueron plausiblemente algunos de los que
aparecerían en octubre de 1926 en su único libro: El presti-
digitador de los cinco sentidos, en 300 ejemplares compuestos
por él mismo en los talleres de Joseph Weissenberger (St.
Blasien; se conserva una abundante correspondencia en alemán
entre Sureda y Weissenberger, que planeo dar a luz alguna
vez). Fue reeditado por Carlos Meneses en 1985.

43
Notablemente, Sureda no incluyó en su libro los poemas apare-
cidos en Grecia; por lo demás, la suma de versos era bastante
dispar, y no respondía del todo al ideario ultraísta ni a algún
otro específico.
Ignoro por qué el libro no se puso a la venta inmediatamente,
sino recién dos años más tarde(1928),enlalibreríaTousde Palma.
La impresión del libro parece haber marcado un límite: a partir
de 1926, Sureda ya no publicará poesía. Llama la atención, por
eso, el que al presentarse a la galerista Johanna Ey en Düssel-
dorf (Alemania) a fines de 1926, le alcance una orgullosa tar-
jeta que rezaba: “Jacobo Sureda – poeta”.
Paralelamente a su trabajo como columnista, se dedicó con espe-
cial ahínco a las artes plásticas, que venía practicando desde años
atrás.
15 de sus xilografías inéditas hasta ese momento, fueron pu-
blicadas en 1971 por su hija Pilar; en el 2011 se hizo una expo-
sición con sus obras en Madrid, Centro de Arte Moderno.
En cuanto a la vida posterior de Sureda, consigno apenas algu-
nos datos muy superficiales:
En 1927 se casa, en París, con la pintora norteamericana Elea-
nor Sackett. La pareja se radica en Mallorca. Jacobo recibe la
visita de la galerista alemana Johanna Ey (1864-1947), con quien
recorre la isla (cf. el diario de ésta, publicado en Ulrich Krempel,
Herausgeber: Am Anfang: Das Junge Rheinland. Zur Kunst und
Zeitgeschichte einer Region, 1918-1945. Düsseldorf: Claassen,
1985, que contiene también, en página 340, una breve semblanza
de Jacobo escrita por su hija Pilar. Allí aparecen algunas fotos de
Jacobo –entre ellas una de los años 20 en Schwarzwald (Selva

44
Negra)– y varios dibujos o postales, así como, en página 88, un
retrato de Ey y Sureda aparecido en Der Querschnitt 12, Berlín,
en diciembre de 1928. Otras cartas de Sureda a “Mutter Ey” han
sido publicadas por Anette Baumeister).
Hay aún mucho material inédito en su archivo: varios cua-
dernos, que contienen entradas diarísticas, pero también poe-
mas, varios de ellos inéditos, cuando no variaciones de los pu-
blicados. Uno de esos cuadernos contiene encantadores dibujos
dedicados a su hijita. Se conserva asimismo alguna corres-
pondencia con amigos, cuya edición, por mí planeada, se frus-
tró por motivos ajenos a mi voluntad.
En 1928, sus cuadros “La verdadera luz” y “Paisaje emocio-
nado” son elegidos, con los de otros artistas, para la Misión de
Arte en Argentina, muestra colectiva de pintores mallorquines
o residentes en la isla, organizada por Juan Alomar y Miguel
Ángel Colomar, que habían pertenecido, a comienzos de la
década, al círculo de amigos mallorquines de Borges. Uno de
esos cuadros fue adquirido en mil pesetas el primer día de la
exposición por Ramiro de Maeztu, en esa época flamante em-
bajador español en Buenos Aires, simpatizante de la dictadura
que asolaba a su país.
Según quiere la leyenda, Maeztu habría adquirido “La verda-
dera luz” (véase una reproducción de ese cuadro en Alberto
Ghiraldo: “Los pintores de Mallorca”: Nuevo Mundo, Madrid,
6-VII-1928), pero ello no es tan claro:
Una postal inédita que Ernest Dethorey remitió a Sureda el 27-
VIII-1928, quien a la sazón se encontraba en New York, dice:
“He sabut que a l'Exposició de B.A. hovías venut un quadre

45
dels tus adquirit per En Maeztu. Te felicit!” (“Me enteré de que
en la Exposición de Buenos Aires habías vendido un cuadro de
los tuyos adquirido por Maeztu. Te felicito!”)
Joan Torrendell, periodista mallorquín radicado en Buenos
Aires, asegura sin embargo que el cuadro adquirido por Maeztu
habría sido “Paisaje emocionado” (cf. su reseña “Pintura de
Mallorca”: El Día, Palma, 4-IX-1928; Lladó 2006, 228):
Ramiro de Maeztu quiso asegurar, antes de retirarse, el cuadro de sus
preferencias. Se puso el primer “Adquirido” junto al marco del “Pai-
saje emocionado”, de Jacobo Sureda.
La “Exposición de pintura de Mallorca” tuvo lugar en los salo-
nes del Retiro de Buenos Aires. Sobre todo el tema véanse en
este mismo volumen mis trabajos “Mallorca en Buenos Aires
(1928). La Misión de Arte en Argentina” y, menos relevante en
relación con este tema, “Borges y la crítica de arte en Mallorca
(1920-1921)”.
En 1931 Sureda sufre una nueva intensificación de la enfer-
medad. Debe interrumpir sus actividades artísticas, y reposar en
el sanatorio del Montseny. En octubre de 1931 pasa a Locarno.
A comienzos de 1932 se organiza una exposición de su obra
gráfica en las Galerías Costa (Palma, fundada en 1928). Ese
mismo año viaja a los Estados Unidos con su esposa, donde la
galería de Marie Sterner (New York) expone su obra.
(De esa época debe de ser su prosa “Lo que me pasó en Nueva
York”: El prestidigitador..., ²1985, 97-103, aunque la leyenda
familiar cuenta que el texto fue escrito antes del viaje).
Una carta de Borges al poeta Adriano del Valle (sin fecha, pero
plausiblemente del 21 de febrero de 1921; el manuscrito se
conserva en Madrid), sugiere que la última vez que se vieron

46
Jacobo y él, ambos estaban tan embriagados de poesía, que
recitaron a voz en cuello por las sierras de Valldemosa:
Te escribo a vísperas de abandonar Mallorca. Como presintiendo mi
fuga, todo se vuelve desdibujado y lejano: las calles son recuerdos
borrosos de las calles, las chicas en los paseos son como antiguas
novias olvidadas y hasta el sol parece un garabato tatuado en el azul.
Ayer estuve en Valldemosa: ante tus olivares y tus montes y el
estandarte de tu Mediterráneo allá lejos, leímos Sureda y yo el
“Novilunio de Amor” 18 y “El Salomón Magnífico” 19 y lo de la “Piel
de Tigre clavada en las Estrellas” 20 y nos alcoholizamos de imágenes
y de sonoridad...

En una versión pública de esa despedida de 1921, Borges es


algo más circunspecto (“La nadería de la personalidad”: Proa
1, Buenos Aires, agosto de 1922, 1-2; difiere del texto publi-
cado 1925 en Inquisiciones):
El yo no existe.21 Allende toda posibilidad de sentenciosa tahurería, he

18 “Novilunio de amor (A Norah Borges, dominadora Vésper divina que


imprime la huella de su sandalia sobre el Mediterráneo que hay en mi co-
razón...) [Alba lluviosa. Cantos del Hiperionida. Atardecer de lluvia. Lluvia y
sol. Angustia. Reloj de cuco. Interrogación a los pinos]”: Grecia 37, Sevilla,
31-XII-1919, 7-8.
19 “El Salomón magnífico” (parte de “Tarde en el litoral (A Jorge Luis Bor-
ges...)”: Grecia 38, Sevilla, 20-I-1920; véase qué poesía entusiasmaba a Borges
por estas fechas: “La Sulamita tiene el sexo dormido / junto a los pebeteros / y
el Salomón magnífico / encierra en una estancia seis luceros. / Se derrama la
miel de las estrellas... // Se enciende el candelabro del Cantar. / Y el Salomón
magnífico / duerme sobre las sedas de Bagdad...”.
20 “Trofeo sideral” (parte de “Tarde en el litoral (A Jorge Luis Borges...”):
Grecia 38, Sevilla, 20-I-1920: “Hay una piel de tigre / clavada en las estrellas //
¡Sirio, Proción, Antares, Aldebarán, Capella! / Hay una piel de tigre / clavada
en las estrellas!”.
21 El yo no existe. 1ª; No hay tal yo de conjunto. 2ª

47
tocado con mi emoción ese desengaño en22 trance de separarme de un
compañero. Retornaba yo a Buenos Aires y dejábale a él en Mallorca.
Entrambos comprendimos que salvo en esa cercanía mentirosa o
distinta que hay en las cartas, no nos encontraríamos más. Aconteció
lo que acontece en tales momentos: Sabíamos que aquel adiós iba a
sobresalir en la memoria, y hasta hubo etapa en que intentamos
adobarlo, con vehemente despliego de opiniones para las añoranzas
venideras. Lo actual iba alcanzando así todo el prestigio y toda la
indeterminación del pasado...
Pero encima de cualquier alarde egoísta, voceaba en mi pecho la
voluntad de mostrar por entero mi alma al amigo. Hubiera querido
desnudarme de ella y dejarla allí palpitante. Seguimos conversando y
discutiendo, al borde del adiós, hasta que de golpe, con una insospe-
chada firmeza de incertidumbre, entendí ser nada esa personalidad que
solemos tasar con tan incompatible exorbitancia. Ocurrióseme que
nunca justificaría mi vida un instante pleno, absoluto, contenedor de
todos los demás, que todos ellos serían etapas provisorias, aniqui-
ladoras del pasado y encaradas al porvernir, y que fuera de lo epi-
sódico, de lo presente, de lo circunstancial, no éramos nadie. Y abo-
miné de todo misteriosismo.

Aunque tuve acceso, en su momento, al archivo póstumo de


Jacobo Sureda, no hallé en él ningún documento que me per-
mitiera desentrañar una alusión de Borges, contenida en “La
metáfora” (Cosmópolis 35, Madrid, noviembre de 1921; Textos
recobrados, 1997, 117). Borges cita allí dos versos de Sureda
(“Era la rebelión de una mañana / y cantaba la luz como un cla
rín”) que no figuran en ninguno de sus trabajos publicados, ni se
hallan en el archivo póstumo del malogrado poeta llegado a mi
conocimiento.

22 1ª trae aquí, por errata, una línea que corresponde unos renglones más abajo,
donde vuelve a aparecer (“mente despliego de opiniones para las”). Completo
la frase que presumo original según Inquisiciones, desde aquí hasta “compañe-
ro”.

48
Si bien la correspondencia entre ambos duró, al menos, hasta
fines de 1926, los amigos no parecen haberse visto luego de la
separación a fines de febrero 1921, a pesar de que Borges
volvió a Europa de julio de 1923 a julio de 1924.
Hubo, al parecer, una acción convenida entre ellos a larga
distancia, de la que no hallo noticias privadas, pero sí una
pública: en el periódico La Voz, Madrid, 30-I-1922, 3, se
encuentra una larga nota bajo este título: “Contra la inmo-
ralidad y el matonismo. Homenaje a Luis Araquistain. El
banquete del sábado en el Palace Hotel”. Entre quienes envían
su adhesión al homenaje encontramos los nombres de varios
ultraístas (el homenaje fue organizado por las redacciones de
las revistas Ultra y Tableros, pero también figuran los nombres
de colaboradores de la revista argentina Prisma): 23
Participantes: Isaac del Vando-Villar, Francisco Vighi, José Rivas
Panedas, Humberto Rivas (caracterizado como “director de Ultra”),
Tomás Luque, M. A. Bedoya y muchos otros. Adherentes: Guillermo
de Torre, Pedro Garfias, Eugenio Montes, Joaquín de la Escosura,
Jacobo Sureda, Guillermo Juan [Borges], Salvador Reyes, Jorge
Luis Borges, señoritas Norah Borges y Carmen Barradas, Rafael
Lasso de la Vega, Sr. González Ruano, señorita Lucía Sánchez
Saornil, Rogelio Buendía, Luis Mosquera, Antonio M. Cubero,
Ramón Prieto, Jaime Ibarra, Antonio de Ignacios, Raúl Carrancá y
Trujillo y muchos otros.

Sorprende la mención de las “señoritas”, ya que estas normal-


mente no participaban en esta clase de acciones...
En enero de 1935, poco antes de su muerte, Arturo Benet cali-
fica a Sureda desde Barcelona de esta manera, en una glosa que

23 Véase mi trabajo “Prisma (1921-1922): Entretelones” en [www.acade-


mia.edu].

49
se ocupa de autores catalanes (El Sol, Madrid, 26-I-1935, 2,
rúbrica “Las letras regionales vistas desde la región” en la
columna “Los Libros”):
Sureda es el desocupado que llama chirimbolo al arte, galope a la
rima, y afirma muy seriamente que “el crepúsculo aulla colores
detonantes cuando le pisan la cola”. Con su ultraísmo desenfadado,
con sus desquiciados versos y su humor, sería un exponente poco
presentable de la seriedad fenicia.

El 7-VI-1935, Jacobo, apodado “Pitín” por su familia y sus


amigos, murió de tuberculosis pulmonar. Cupo a Lorenzo
Villalonga escribir la necrológica, publicada el 11-VI-1935 en
El Día de Palma de Mallorca (Prestidigitador…, 1985, 111-
113), que comienza: “Jacobo Sureda ha muerto sin realizarse”.
Según Villalonga, Sureda mostró temple y humor en sus últi-
mas horas. Villalonga diría aún, años más tarde en un catálogo
de exposición (Galería Costa, Palma de Mallorca, 1970):
Lo curioseó todo; dejó más orientaciones que obras realizadas. Se
anticipó a su época, amoldó su vida a las premuras del tiempo. Era
ante todo un pintor lleno de poesía, un grande, un interesantísimo
pintor, cotizado en Alemania y en Norteamérica. Nos ha dejado versos
llenos de ingenio, que él no valoraba. Su agilidad era sorprendente.

En Madrid hizo la necrológica de Sureda, con cierto retraso, el


periódico La Voz (30-VII-1935, 2, sin firma, columna “Las
letras”):
Ha fallecido en Palma de Mallorca un artista: Jacobo Sureda, poeta de
vanguardia, pintor de avanzada. Hijo de Pilar Muntaner, la pintora
exquisita de las calas baleares. Jacobo Sureda nació y vivió en un
ambiente de poesía y austeridad; en la cartuja de Valldemosa. Rubén
Darío lo tuvo sobre sus rodillas. Aprendió los primeros versos de los
labios de su madre; el miedo al demonio, de las inquietudes de Rubén,
y el amor a los libros, de su padre, Juan Sureda, el bibliófilo. La

50
cartuja le dio la nostalgia que ha aparecido en todas sus obras pic-
tóricas y literarias. Una hermana suya murió tuberculosa. Desde su
lecho se veía el altivo campanario de Valldemosa. Una tarde subieron
unos amigos al campanario. Desde allí veíase a la enferma recluida en
su celda y con los ojos fijos en la torre enhiesta. "¿Nos ve usted?" "Di-
vi-na-men-te...", exclamó. Y sobre esta palabra, que quedó colgada en
el espacio, D'Ors hizo un poco de literatura en alguna parte.24 Jacobo
ha muerto de lo mismo que su pobre hermana.
El poeta había dejado en las páginas de El prestidigitador de los cinco
sentidos, libro de versos, editado en la Selva Negra, estas imágenes
originales:
ABRAZO
Mi testa reclinada
sobre la primavera de tu pecho,
mi frente refrescada
bajo la pura fuente de tus besos,
tanta blandor penétrame, que siento
desvanecerme todo como arroyo helado
que suavemente el amoroso sol desata.
Tus caricias recorren el teclado
de mi blanco corazón sonoro,
y allí donde tu mano en mí se posa
a flor de piel asoma
como una flor
el alma.
Hazme florecer de arriba abajo,
vísteme todo, todo, de caricias!

.....
Por mi parte, prefiero concluir su semblanza con el que parece
haber sido su último poema (El Día, Palma, 16-VI-1935):

24 Acerca de la visita de D’Ors véase Bosch Juan 2001, 31-34.

51
Este velar sin ver más que el vacío
Y el gran desierto del vivir sin causa
que justifique tanto afán! Y el brío
Del corazón que late sin dar pausa
A su ritmo tenaz y entrecortado
Me llena de horror de estar con vida,
Me cansa, me repele, me enloquece,
Y busco inútilmente la salida.
No hay ninguna visión. Todo aparece
Duro, concreto, fuerte y perfilado.

Enfermo entre “sanos”, mallorquín entre españoles o catalanes,


español entre alemanes y franceses, pintor entre poetas, poeta
entre pintores...
Quizás sea “marginalidad” la palabra que mejor defina la vida
y la obra de Jacobo Sureda.

Coda: Sureda sobre Borges (1925)


Poco conocido es que Sureda dedicó al primer libro en prosa de
Borges una temprana reseña, aparecida escasamente dos meses
tras la publicación del volumen.
El libro de Borges salió de la imprenta a fines de abril de 1925;
el comentario de Sureda fue publicado el 30 de junio de 1925,
en las páginas del periódico palmesano El Día (número 1270).
Reproduzco a continuación ese texto. (Gracias a Pilar Sureda
Sackett, accedí también a una versión manuscrita, previa e
inconclusa, de este artículo, que ostenta numerosas diferencias.
Sólo consigno que allí Sureda nombra a Borges George y no
Jorge.)

52
Jacobo Sureda
En los vericuetos de un libro

Trasponiendo el Atlántico se ha posado aliabierto en mis manos un


libro: Inquisiciones. Su autor, Jorge Luis Borges, con el que me
empalma una amistad eficacísima desde hace varias eternidades,
andivagó en Mallorca, buhonero de pirotecnias que disparamos, junto
con un subversivo Ultraísmo, ante las indesquiciables constelaciones.
Algo de esto trascendió entonces efímeramente en la fenecida revista
Baleares y se empantanó luego en la placidez de Mallorca.
Borges trashumó a la Argentina donde siguió ejerciendo su sacerdocio
literario y urgando los espíritus con sus teorías nuevas.
Este libro nos reconforta como fruta jugosa, caldeada largamente en la
hornacina cerebral de su autor, en donde han tomado forma y se han
precisado aquellas informes inquietudes de entonces, y sin embargo
quiero sacudirme las observaciones y sugerencias que provocan estas
páginas para que no me embaracen estos sedimentos.
Prevengo además que su lectura no puede ser nunca definitivamente
valedera pues, siendo un libro autogénico y con más vidas que un
gato, da amplio margen a divagaciones, diversas y verdaderas todas
ellas.
No pretendo pues que sean estas las únicas posibles; su forma, barroca
y descoyuntada en Inquisiciones, es un sempiterno aguijón y aliciente
de ulteriores perquisiciones y otros ensayos.
La característica de Borges es retallar, del montón informe de sensa-
ciones, pensamientos y toda la inconsistente gusanera que puebla
nuestro espíritu, como de una cantera de nubarrones, las ideas o
matices de ideas, con palabras que riñan el concepto de tal modo que
no haya endebleces de expresión ni escape de vaguedades.
En el ejercicio matemáticamente precisivo de aislar, distinguir y
remachar conceptos a golpes de palabras, adquirió ya tanta destreza,
que se requiere agilidad mental indescansable en el lector que se
apreste a acompañarle por los meandros en que la ardua prosecución
de la idea se retuerce.

53
Y no hay idea que no se le rinda ni sensación que no enjaule y
aprisione al vivo, de tal modo que son sus páginas colecciones de
falenas clavadas en el mismísimo papel, aleteando con el tremor de
una vitalidad indestructible.
Jorge Borges usufructa un léxico personalísimo, de adquisición
idiotea, botín aportado de sus incursiones en la clásica literatura
hispana.
Para él no existen voces anticuadas ni caducas; insufla vida a los
ímbeles y flácidos pellejos verbales que cuelgan a lo largo de los dic-
cionarios de la Academia, restaura los que arrinconados o malgastados
por el uso arrastran una existencia precaria y recaba para sí los que
fluctúan en las fronteras de la desaparición, pues Borges no ignora con
Unamuno que la riqueza de la lengua se atesora en sus desvanes y
porchadas y no circula en la menuda cotidiana calderilla de la con-
versación.
El conocimiento de diversos idiomas con los que contrasta forzo-
samente el hispano, le acucia a la conquista de vocablos para arropar
con ellos los conceptos que en aquellas lenguas gozan del uso
privativo de una palabra.
(Aquí nos enzarzaríamos al descuido en el puntiagudo y viejo debate
de si el verbo es anterior o posterior al concepto).
Pero sigamos analizando los materiales y procedimientos que Borges
emplea para elaborar sus comprimidos literarios. ¿Literarios? Tiene
esta palabra y sus congéneres una facha demasiado histriónica, con
trasuntos sospechosos de trampa y cartón y no me apropincuo a ella
sin recelo.
Se achaca a la literatura la misma premeditada artificiosidad que
difamó a la palabra retórica.
En la de literatura van vinculadas unas sospechas de farmacopea
sentimental y filtros sabia y ladinamente combinados, y cuyo trata-
miento es sometido el lector, mal que le pese.
Ya, con Borges, creímos posible el hallazgo de una serie de fórmulas
mediante las que podríase, por combinación de ingredientes literarios
y a base de metáforas, fabricar poemas en número arbitrario.

54
Consistiría la literatura en una Alquimia exacta cuyas transposiciones
y transustanciaciones se operarían en la retorta y alambique de la
sensibilidad del poeta.
En fe de esas teorías elaboramos entonces varios poemas según sus
recetas correspondientes.25
Resabios de ese racionalismo científico aplicado al arte quedan
ciertamente todavía en el libro Inquisiciones, donde Borges inicia una
muy curiosa clasificación de metáforas,26 pero con todo, rebulle en sus
páginas un espumoso entusiasmo no falsificado, una incontinencia del
espíritu al que no satisfacen prestidigitaciones verbales, hueras y
refulgentes como en la prosa de Guillermo de Torre, transfija y tra-
queada por esdrújulos innúmeros.27
Si la prosa de Borges es vedijuda y enmarañada, es esto achacable al
apretujón reconcentrado con que salen las palabras de repente, como
cuando habla de la “chusma brumosa de las chimeneas atareadas” de
Buenos Aires,28 de modo que al enrastrar los vocablos desusadamente,
da nacimiento a un lenguaje nuevo y propio.
Él mismo lo estrena e inaugura y se recrea en su novedad pero si se
adoptara por todos, entonces conjeturo que Borges hablaría de otra
manera.
¿Cómo? Prestando realce y botando, sobre el parche de la lengua,
imágenes y metáforas. Estas se deslizan en su prosa como múltiples
peces de colores. Como con irisadas cuentas ejecuta Borges con ellas
sus juegos malabares.

25 En su correspondencia con Sureda (Cartas del fervor), Borges habla a


menudo de “fabricar” poemas.
26 Véase mi trabajo “Borges: ‘Examen de metáforas’ (Ms). Edición crítica y
comentada”: [www.academia.edu].
27 Acerca de la malograda relación véase mi trabajo “Sureda, Torre – y Borges
(1925-1926)”: Arrabal (revista de la Asociación Española de Estudios Litera-
rios Hispanoamericanos) 2/3, Lérida, septiembre 2000, 51-56, y en [www.aca-
demia.edu].
28 La cita procede de “Buenos Aires” (Inquisiciones , 1925, 80; allí sin "las").

55
Sería empero éste un juego baladí de vistosas agilidades funambu-
lescas si la pirueta no fuera una travesura incidental al paso de una
función perfectamente seria con la cual Borges se halla atareado; la
función de pensar, sentir y burlarse al hilo del sentimiento. (Notemos
al paso que sentir no es verbo activo sino impersonal, no sentimos
nosotros sino que se siente en nosotros tal o cual cosa, y es el senti-
miento tan advenedizo como un chaparrón que se nos abalanza o un
viento merodeador que nos asalta de improviso). Y recios vendavales
sacuden los picachos del corazón de Borges desbaratando el pastoreo
de metáforas en sus laderas.
Dígalo si no el ensayo intitulado “Nadería de la personalidad” en
donde queda demostrado que el yo es un trampantojo y que no somos
nadie, con tan clarividentes razones que se nos apoca el aliento y nos
sobrecoje la tragedia de esta negación que nos entierra vivos.
Este ensayo metafísico con el intitulado “La encrucijada de Berkeley”
son dos zancorrones del esqueleto del libro que se transparenta en el
resto de sus páginas.29
Que los escritos de Borges no son meras arlequinadas o zalagardas
ideológicas, como dice él, lo atestiguan esos numerosos entusiasmos
de buena fe por uno y otro autor con quienes tropezó en sus lecturas y
las aplastantes desamortizaciones con que finiquita obras y tendencias
que no le avienen.
Todo eso constituye un caudal de sugestiones que fluyen de este
librito inagotable.-
.....
(Hamburg, 1999-2016)

29 Los ensayos mencionados por Sureda son los que surgieron, según declara
Borges al final de su libro, “a la vera de claras discusiones con Macedonio
Fernández”. El tema tendrá sus ramificaciones en la correspondencia entre los
amigos (cf. Cartas del fervor).

56
Bibliografía
Baumeister, Anette: Treffpunkt "Neue Kunst": Erinnerungen
der Johanna Ey. Düsseldorf: Droste, 1998 (reproducción de
varias cartas de Jacobo Sureda a Johanna Ey, en alemán).
Borges, Jorge Luis: Cartas del fervor. Correspondencia con
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grafía: Carlos García. Barcelona: Galaxia Gutenberg /
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Meneses, ed.: Jacobo Sureda, cien años. Palma de
Mallorca: Calima / Ajuntament de Palma, 2001, 29-52.
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enero-diciembre de 1979-1980, 143-161 y Separata (Textos
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Meine spanische Reise, 1927“): Ulrich Krempel [Ed.]: Am
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Region, 1918-1945. Düsseldorf: Claassen, 1985, 84-94.
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1926”: Revista Interamericana de Bibliografía / Inter-Ame-

57
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García, Carlos (2000b): Macedonio-Borges. Correspondencia
1922-1939. Crónica de una amistad. Macedonio Fernández
/ Jorge Luis Borges. Correspondencia 1922-1939. Crónica
de una amistad. Edición y notas: Carlos García. Buenos
Aires: Corregidor, 2000.
García, Carlos (2000/09): “Sureda, Torre – y Borges (1925-
1926)”: Arrabal (revista de la Asociación Española de Estu-
dios Literarios Hispanoamericanos) 2/3, Lérida, septiembre
de 2000, 51-56; y en [www.academia.edu].
García, Carlos (2001): “Sureda y Xenius (1920-1926)”: Carlos
Meneses, ed.: Jacobo Sureda, cien años. Palma de Mallorca:
Calima / Ajuntament de Palma, 2001, 63-68; y en este
volumen, capítulo III.
García, Carlos (2004/06): “Periferias: Sureda y Ortelli (Borges
y Silva Valdés), 1925-1926”: Hermes Criollo III. 7, Monte-
video, marzo-junio de 2004, 92-100; y en [www.acade-
mia.edu].
García, Carlos (2016): “Borges y la crítica de arte en Mallorca
(1920-1921)”: Huarte de San Juan 13, Zaragoza, 2013, 21-
35; y en este volumen, capítulo II.
Lladó Pol, Francisca: Pintores argentinos en Mallorca (1900-
1936). Palma de Mallorca: Lleonard Muntaner, editor,
2006.

58
Sureda, Jacobo (1925): “En los vericuetos de un libro” [Reseña
de J.L. Borges: Inquisiciones]: El Día, V 1270, 30-VI-
1925; Díaz de Castro / Pons i Pons 1980 (en el archivo
familiar se conserva también un manuscrito de este texto,
con numerosas variantes).
Sureda, Jacobo (1926): El prestidigitador de los cinco sentidos.
St. Blasien: Joseph Weissenberg, 1926.
Sureda, Jacobo (1985): El prestidigitador de los cinco sentidos.
Palma de Mallorca: Edicions Arxipèlag, Universitas
Baliarica, 21985. Contiene: El prestidigitador... “El jardín
en la urbe”. “Lo que me pasó en Nueva York”. “Último
poema”. Necrológica de Lorenzo Villalonga (1935). Basilio
Baltasar: Epílogo sobre la correspondencia entre Jorge Luis
Borges y Jacobo Sureda. Prólogo y notas: Carlos Meneses.
…..

59
III
Sureda y Xenius (1920-1926)

La correspondencia que Jorge Luis Borges mantuvo entre 1920


y 1926 con Jacobo Sureda es, entre tanto, suficientemente
conocida, gracias a los numerosos trabajos de Carlos Meneses
(en especial, 1987-1998), al aporte de María del Carmen Bosch
Juan (1991) y al mío (en particular 1999, con 46 misivas).
Sin embargo, el hecho de que ese epistolario haya sido leido,
por lo general, apenas en función de Borges, ha obliterado un
tanto la figura, la obra y la vida de Sureda. Ignorado hasta hoy
es, por ejemplo, que Jacobo mantuvo correspondencia con va-
rias personalidades del ámbito literario español e hispano-
americano, intercambio del cual pueden extraerse interesantes
informaciones sobre la escena literaria de los años veinte a
ambos lados del Océano.
La pintora Pilar Sureda Sackett ha tenido la gentileza de
permitirme acceder al material póstumo de su padre, y de
confiarme la edición del que sea relevante para la historia
literaria. Como anticipo de un trabajo de mayor envergadura,
que aspira a ofrecer el completo legado literario de Jacobo
Sureda, presento aquí una breve antología, que se sirve de
algunos materiales inéditos (cf. otras selecciones en C. García
2000b y 2004).
A lo largo del año 1920, el escritor catalanista Eugenio D'Ors y
Rovira (1882-1954), conocido bajo su seudónimo “Xenius”,
acuñador del concepto de “noucentisme”, vio frustradas sus
ambiciones políticas, de tendencia autoritaria, cuando la barce-

60
lonesa Lliga Regionalista rompió tratos con él. Una retahíla de
destituciones y renuncias lo desposeyó de sus cargos y de sus
medios usuales de expresión (La Veu de Catalunya, por
ejemplo, donde había venido publicando su famoso Glosari).
Desde ese dramático telón de fondo pasó Xenius a Mallorca, en
la segunda mitad de 1920. Su visita fue anunciada en la portada
de La Almudaina del 2-IX-1920, según la cual D'Ors “se halla
pasando una temporada a Palma”.
Como a muchas otras personas de la vida literaria, don Juan
Sureda Bimet, padre de Jacobo, invitó a Xenius a Valldemosa.
Según Bosch Juan (2001, 31), D’Ors visitó a Jacobo Sureda el
21 de agosto en la casucha que este tenía en el monte Teix, a
donde se había retirado. Xenius subió a lomo de mula hasta
allí. Una vez frente a frente, el catalán recitó su poema “El
viento en Castilla”, mientras que Jacobo le espetó un verso
ultraísta, “desquiciado y enredado”.
Sureda debe haber sentido la necesidad de explicarse ante
Xenius, porque planea escribirle. En cartas a su hermana Elvira
del 21 y 28 de octubre de 1920, Jacobo dirá como disculpándose
que no ha escrito aún a Xenius (Bosch Juan 2001, 32-33).
Poco después, tras algunos retrasos, Sureda publica en La
Almudaina (n° 18.892, domingo 31-X-1920, 1) su poema “Noc-
turno”, firmado en “Valldemosa, Otoño-1920”, y dedicado “Al
pastor Xenius”. Dada la predicación política de Xenius, podría
entenderse que el término “pastor” alude al papel de líder de
las juventudes nacionalistas al cual aspiraba D'Ors, si es que no
se trataba de una pulla.
(El poema apareció en el periódico con algunas graves erratas:
léase en la penúltima línea “rotas” en vez de “robas”, y agré-

61
guese en la última “de amor” tras “palabras”, según el texto pu-
blicado por Sureda –notabene: sin la dedicatoria– en El pres-
tidigitador de los cinco sentidos, 11926; 21985, 70).
Xenius se entera “casi por casualidad” de esa publicación, y le
remite el 9 de noviembre una postal, de Córdoba a Valldemosa
(motivo: “Córdoba. – Interior de la Catedral / Costado iz-
quierdo de la sillería del coro”), con unas líneas de agrade-
cimiento:
Sr. D. Jacobo Sureda
Cartuja de Valldemosa
Mallorca
Córdoba 9 noviembre 1920
Querido amigo: Casi por casualidad me he enterado de que usted
había tenido la gentileza de dedicarme en La Almudaina los versos
que tanto me gustaron el último día de mi estancia en Valldemosa.
Pude antes de salir de Barcelona saborear de nuevo la miel de aquellas
palabras y agradecer vivamente el recuerdo. Sé que [una o dos breves
palabras ilegibles; luego, al margen, en sentido trasversal:] V. algo
mejor. Esto es bueno.
Mis recuerdos a todos
un abrazo Xenius

Ignoro si Sureda respondió a ese envío. Como fuere, parece


haber seguido de cerca las publicaciones de Xenius, ya que en
carta N° 13 (13-XI-1920; Cartas del fervor 179) le dirá Borges:
Me dices que Xenius se mete con los griegos. ¿Alude directamente a
nuestra augusta Grecia? En ese caso me parece estupenda la noticia.

El texto en el cual D'Ors “se mete con los griegos” debe formar
parte de su extenso y en parte aún disperso Glosari, y puede
haber sido un comentario crítico sobre Grecia, revista cuyo

62
último número acababa de aparecer en Madrid, si bien aún se
ignoraba que no saldrían otros. (Xenius, de actitud ambigua
ante la vanguardia, elogiaría poco después otra publicación
ultraísta en "Ultra tenía razón": La Libertad, Madrid, 14-V-
1921, reproducido en Nuevo Glosario. Poussin y el Greco,
1922).
Otra carta de Borges a Sureda (N° 16, fines de noviembre de
1920; Cartas del fervor 183) sugiere que éste propuso a aquél,
durante la estadía de D'Ors en Palma, la lectura de La Ben
Plantada, una novela filosófica de Xenius que había suscitado
algunas polémicas en Barcelona, cuando salió por entregas en
1911, y cuya traducción castellana, a cargo de Rafael Marquina,
acababa de aparecer en la Colección Universal de Editorial
Calpe (1920):
Acabo de terminar la Bien Plantada de Xenius. Está muy bien, pero es
un libro antipático.
¿Además, que me importa una cosa fantástica como la Raza?

Borges remitirá, poco antes de marcharse a Buenos Aires, ese


volumen a su amigo ginebrino, Maurice Abramowicz (N° 21,
20-I-1921; Cartas del fervor 134, en francés; trad.: CG):
Mi biblioteca se fragmenta. Algunas muestras han sido lanzadas hacia
tu morada esta mañana. [...]
La Bien Plantada, aunque sea una niña bien muy catalana, agradará
quizás a tu sentido clásico...

Tras la lectura, Borges acepta el juicio crítico que le comunica


Abramowicz, y recurre al testimonio de Sureda para reforzarlo
(N° 22, c. 10-II-1921; Cartas del fervor 139, en francés; trad.
CG):

63
Siempre he compartido la opinión que me enuncias acerca del senyor
d'Ors. Jacobo Sureda, quien le ha conocido personalmente, también le
considera un imbécil. Pero está dentro del límite de lo posible que
para expresar bien la esencia de una cosa artificial y absurda como el
catalanismo neoclásico de guante blanco (opuesto así al catalanismo
bolchevique e hispanófobo de camisa azul) lo mejor sea ser un señor
ridículo. La vacuidad del autor rima así perfectamente con la vacuidad
del medio que evoca. En este sentido, la Bien Plantada de Xenius es
una obra maestra.
Subsiste un breve y cáustico testimonio de Sureda acerca de su
encuentro con Xenius, que habrá relatado a Borges. En una
carta a su familia, del 4-VII-1923, Jacobo dirá (Bosch Juan
1991, 216):
No ignoro que Xenius me tiene por un botarate o por lo menos títere
en la cuerda floja de la poesía y del arte. Ya recordarás que le conocí
en la montaña en donde, a sus instancias, le recité un verso ultraísta,
desquiciado y enredado como unas verjas bombardeadas. Eso le
produjo la impresión consiguiente.

El poema en cuestión no parece haber sido “Nocturno”, de


factura tradicional y sencilla, anticipatoria de ciertas vertientes
de la Generación del 27. Debe haberse tratado de “Yo” o de
“Poema”, primeros (y casi únicos) versos “ultraístas” publi-
cados por Jacobo, gracias a la mediación de Borges, en la
revista Grecia, números 47 y 50 (subsisten variantes manus-
critas de esos poemas; Borges publicaría el segundo de ellos
dos veces en Buenos Aires, bajo el título “Angustia”.) La ironía
de la dedicatoria a Xenius de “Nocturno” se vuelve así más
transparente.
A partir del exabrupto arriba citado, no encuentro en los
materiales a mi alcance otros datos relevantes hasta 1926. En
su carta N° 46 (c. septiembre de 1926; Cartas del fervor 238),

64
la última conservada de ese epistolario, Borges inquiere a
Jacobo retóricamente:
En España ¿quién no es discípulo de Ortega o de Ramón o de
Unamuno o de Cansinos o de Xenius o de Juan Ramón o de Machado,
Antonio o de Alomar o de Valle-Inclán?

No parece aventurado suponer que esa mención le recordara a


Sureda el antiguo conocido; indicio de ello es que, en un
cuaderno inédito, llamado por Jacobo “Libro verde” (anterior a
octubre de 1926) recogerá una versión manuscrita de
“Nocturno” (p. 116). De allí se desprende que el poema quedó
trunco: tras el texto publicado en Prestidigitador (1985, 70),
sigue en el cuaderno la línea: “y allí halla consuelo”.
Por la misma época, y de una lista contenida en una libreta
inédita y sin fecha (de hacia 1926, con agregados de 1927),
titulada “Prestidigitadores a expedir” (p. 23), surge que Sureda
remitió sendos ejemplares de su libro a Xenius, Borges, Juan
Alomar, Colomar, Tomeu Ferrá, Guillem Colom y otros. Si
bien la lista consigna más apellidos (Unamuno, Joan Estelrich,
Guillermo de Torre, Enrique Díez Canedo, la recitadora
argentina Berta Singerman, el crítico Elviro Sans...), éstos
carecen de una cruz, indicio de que Jacobo no les envió el
libro...
Como creo haber mostrado, la publicación de la correspon-
dencia y los cuadernos póstumos de Jacobo Sureda permitiría
profundizar nuestro conocimiento de su época y, no menos
importante, hacer algo de justicia al artista y al autor cuyo
mayor demérito fue morir demasiado joven.
(Hamburg, marzo de 2001-febrero de 2016)

65
Bibliografía
Bosch Juan, María del Carmen (1991): “Un ‘cable escriptural’
sobre el Atlántico (Cartas de Jorge Luis Borges a Jacobo
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descubrimiento hasta el Siglo XX. Palma de Mallorca:
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seguida de un epistolario inédito. Madrid: Quaderns Crema
/ Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 1997 (La
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(Filología), Facultad de Filosofía y Letras, Univ. de Palma
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García, Carlos (1997): “Borges y Sureda. Una carta inédita”:
Letras de Buenos Aires 38, Buenos Aires, noviembre de
1997, 11-15.
García, Carlos (1998): “Borges y Maurice Claude / Abra-
mowicz. Dos traducciones desconocidas”: Variaciones

66
Borges 6, Aarhus, julio de 1998, 221-226, y en [www.aca-
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Correspondencia con Maurice Abramowicz y Jacobo
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/ Círculo de Lectores / Emecé, 1999.
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Maurice Abramowicz y Jacobo Sureda (1919-1928),
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spot.com], Lima, 13-IX-2012 (en ambas publicaciones sin
el texto de Sureda), y en este volumen, capítulo II.
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1926)”: Arrabal 2/3, Revista de la Asociación Española de
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Lleida, 2000, 51-56.
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Meneses, Carlos (1987a): Jorge Luis Borges: Cartas de
juventud (1921-1922) [recte 1920-1923]. [12 cartas a
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Madrid: Tratados de testimonio, Orígenes, 1987.

67
Meneses, Carlos (1987b): “El Borges que vivió en Mallorca,
con tres cartas inéditas [27, 29, 33], un artículo y el poema
‘Mallorca’ del propio Borges”: Hora de Poesía 53-54,
Barcelona, septiembre-diciembre de 1987, 31-40 (facsímil
del poema “Atardecer”, de “Mallorca y de “El arte de
Fernández Peña”).
Meneses, Carlos (1987c): “Siete cartas inéditas” [a Sureda]:
Diario 16, Madrid, 7-XI-1987.
Meneses, Carlos (1987d): “Jorge Luis Borges en Mallorca.
Tres cartas al poeta Jacobo Sureda”: Con Dados de Niebla.
Literatura. Revista Semestral, 5, Huelva, octubre de 1987,
59-62 (con tres facsímiles).
Meneses, Carlos (1995): “Jorge Luis Borges, Jacobo Sureda y
el ultraísmo español” y “[4] Cartas de un joven poeta”:
Diario 16, Culturas, Barcelona, sábado 8-IV-1995, 3-5.
Meneses, Carlos (1996a): Borges en Mallorca (1919-1921).
Alicante: Aitana, 1996.
Meneses, Carlos (1996b): “Borges en Mallorca. Seis cartas de
juventud”: Lateral 16, Barcelona, abril de 1996, 10-11.
Meneses, Carlos (1998): “Una carta juvenil de Jorge Luis
Borges” (a Sureda, del 24-XI-1921): Cuadernos Hispano-
americanos 575, Madrid, mayo de 1998, 89-92.
Sureda, Jacobo (1926): El prestidigitador de los cinco sentidos.
St. Blasien: Joseph Weissenberg, 1926.
Sureda, Jacobo (1985). El prestidigitador de los cinco sentidos.
Palma de Mallorca: Edicions Arxipèlag, Universitas
Baliarica, 21985. Contiene: El prestidigitador... “El jardín

68
en la urbe”. “Lo que me pasó en Nueva York”. “Último
poema”. Necrológica por Lorenzo Villalonga. Basilio
Baltasar: Epílogo sobre la correspondencia entre Jorge Luis
Borges y Jacobo Sureda. Prólogo y notas: Carlos Meneses.
.....

69
IV

Mallorca en Buenos Aires (1928).


La Misión de Arte en Argentina

A Pilar y Toni
Introducción
Concluí la redacción primigenia del presente trabajo en julio de
1998, poco después de trabar conocimiento, mediante Pilar
Sureda Sackett, con el pintor mallorquín Antonio Sabater
Martorell (1928-2002), integrante del “Grupo de los Siete”,30
liderado por William Edwards Cook (1879-1959), al cual
también perteneciera Pedro Sureda Montaner (1909-1983), un
hermano de Jacobo Sureda, padre, a su vez, de Pilar.31
El trabajo quedó, como tantos otros, inédito, hasta que en
febrero de 2013 entablé contacto mediante correo electrónico
con Francisca Lladó Pol, profesora en la “Universitat de les
Illes Balears”. En el marco de ese trato, surgido en relación con
la obra de Norah Borges y que ya ha dado algún otro fruto,32
tomé nota de varias publicaciones de Lladó relacionadas con ar-

30 Véase el catálogo “Exposición rememorativa. Grupo de los Siete (1948-


1949), del 16 de diciembre [de 1991] al 18 de enero de 1992. Palma de Mallor-
ca: Fundación Barceló, 1991 (contiene un breve texto de Miguel Ángel Colo-
mar y otro de Robert Graves, ambos de 1948).
31 Cf. mi “Semblanza de Jacobo Sureda (1901-1935). Con un texto de Sureda
sobre Borges (1925)”, en este volumen, capítulo II.
32 Cf. mi trabajo “Norah Borges en México (1924)”, en [academia.edu].

70
artistas argentinos que habían vivido o trabajado en Mallorca a
comienzos del siglo XX.
Entre esas publicaciones, merece especial mención un ensayo
titulado “La Misión de Arte en Argentina”, impreso por Lladó
primero en Artistas argentinos en Mallorca a través de la pren-
sa. Palma de Mallorca: Fundación Cátedra Iberoamericana,
2001, y luego en Pintores argentinos en Mallorca (1900-1936).
Palma de Mallorca: Lleonard Muntaner editor, 2006, 87-98
(con abundante bibliografía anexa; todas las citas por esta
última edición, que reproduce varios documentos hemero-
gráficos de época).
El ensayo de Lladó, de calidad monográfica, es exhaustivo. Sin
embargo, creo poder aportar al estudio del tema algunos detalles
nuevos, y por eso publico ahora las notas que siguen, que son,
en principio, las de 1998, pero a las cuales agrego algunas infor-
maciones procedentes del citado trabajo de Lladó, para poner
las mías en contexto.
Quiero creer que, si bien concebidos de manera independiente,
ambos trabajos se compenetran y completan mutuamente.

La “Misión de Arte en Argentina”


En algún momento entre fines de 1927 y febrero de 1928, el
escritor mallorquín Lorenzo Villalonga (1897-1980) 33 escribió
al escritor y editor Mario Verdaguer la siguiente carta, desde

33 Cf. Damià Ferrà-Ponç: Escrits sobre Llorenç Villalonga. Barcelona: Publi-


cacions de l’Abadía de Monserrat, 1997. Allí se habla a menudo de su amistad
con Juan Alomar, aunque ambos pertenecían a bandos diferentes en lo político.

71
de Palma de Mallorca a Barcelona (Ms N° 3139 Biblioteca de
Catalunya, Barcelona; Villalonga 1998, 68; cf. también 14):
Mi querido amigo: Te escribo para que me digas –con toda since-
ridad– si tendrías inconveniente en publicar la adjunta información.
Por ella verás de lo que se trata. La campaña promete ser muy
brillante. En América, donde es tan querido el nombre de [Gabriel]
Alomar,34 ha encontrado Juan [Alomar] toda clase de facilidades.
Falta que la prensa española apoye un poco la idea.
Como sé que [Juan] Alomar piensa pedirte algún trabajo para el
catálogo, he creído que mandándote la adjunta información para
Mundo Ibérico te preparaba una ocasión para corresponder a la sim-
patía que aquí sentimos por tu obra. Repito que sentiría compro-
meterte; conmigo siempre quedas bien. Tú harás lo que te parezca.

Villalonga aludía en su misiva a la exposición que por esas


fechas estaban organizando sus colegas, los escritores y perio-
distas palmesanos Juan Alomar Cifre (1895-1969) y Miguel
Ángel Colomar Moyá (1903-1970).

Sobre el vanguardismo de Villalonga y su giro clasicista hacia esta época,


véase también Bou (1982). Villalonga fue también muy amigo del poeta y
pintor Jacobo Sureda, con quien mantuvo correspondencia y de quien escribió
la nota necrológica en 1935.
34 Tanto Mario Verdaguer (Maó, Ibiza, 1885-Barcelona, 1963, autor de La
ciudad desvanecida, 1953) como Gabriel Alomar (1873-1941) fueron influyen-
tes representantes del Noucentisme balear, aunque pasaron gran parte de su
vida en Barcelona. Alomar fue escritor y poeta modernista, político y diplomá-
tico de gran reputación en los círculos intelectuales moderadamente progresis-
tas de Palma. Pero en la Argentina, la revista Nosotros, por citar el ejemplo de
un órgano en cierto modo afín a Gabriel Alomar en lo político, trajo solamente
una contribución suya: “¿Lengua castellana o lengua española?” (Nosotros
158, Buenos Aires, julio de 1922, 411-413) – tema debatido en España, que
también interesaría a los intelectuales porteños por el resto de la década.

72
Se trataba de una muestra colectiva de artistas mallorquines y
de extranjeros residentes en la isla, titulada “Misión de Arte en
Argentina”, que finalmente tuvo lugar, tras algunos cambios de
planes, entre el 19 de julio y el 3 de agosto de 1928 en la
ciudad de Buenos Aires (véase el cartel hecho por Gregorio
López Naguil en El Día, Palma de Mallorca, 2-IX-1928).
Otras exposiciones que, al parecer, no fueron idénticas, se
hicieron poco después también en La Plata (capital de la
provincia de Buenos Aires) entre el 12 y el 19 de agosto y en
Rosario (importante puerto fluvial de la provincia argentina de
Santa Fé) entre el 5 y el 18 de septiembre de 1928.
Al parecer, en septiembre hubo también una exposición en
Santa Fé, capital de la provincia del mismo nombre (cf. NN:
“Exposición de pintura de Mallorca en las salas del Museo
Provincial de Bellas Artes ‘Rosa Galisteo de Rodríguez’”: El
Orden, Santa Fé, jueves 13-IX-1928).
Verdaguer no pudo publicar en su revista la nota que le remi-
tiera Villalonga, porque su revista Mundo Ibérico dejó de
aparecer tras el número de enero de 1928.35
(En ese número, curiosamente, se publicó un poema de Miguel
Ángel Colomar titulado “Soller” y, bajo la rúbrica “Los pin-
tores de las Baleares”, breves textos sobre Max Pretzfelder y
Juan Fuster, con reproducción de obras de los mismos.)

35 Con Pilar García-Sedas (Barcelona) preparo una monografía sobre Verda-


guer y su revista, donde aparecieron, entre otros, textos de Rafael Cansinos
Assens y Ramón Gómez de la Serna. No está de más mencionar que Villalonga
publicó por estas fechas un artículo titulado “Divagaciones. Un libro de Verda-
guer”: El Día, Palma de Mallorca, 22-I-1928.

73
El Catálogo de la Exposición del cual se hablará abajo en
detalle, no incluye texto alguno de Verdaguer, aunque su obra
es promocionada en los anuncios de las páginas finales. Como
se verá, el Catálogo fue impreso por Editorial Lux, la misma
que publicaba las obras de Verdaguer; quizás fuera ésta su
ayuda al proyecto.
En cuanto a Villalonga, publicó unas breves notas sobre el
tema en La Última Hora, Palma de Mallorca, 6-III-1928, bajo
su seudónimo “Dhey”.
La idea de esa “Misión de Arte en Argentina”, lanzada origi-
nalmente a fines de 1927 por Alomar (amigo del joven Borges)
y Colomar, a la sazón redactores del diario liberal El Día, de
Palma de Mallorca, fue retomada con entusiasmo por Eusebio
Guasp, presidente del “Centro Balear” de Buenos Aires, quien
a partir de enero de 1928 la apoyó mediante una campaña publi-
citaria y organizativa, que incluyó la reproducción en Mallorca
de artículos publicados en la revista El Balear de Buenos Aires.
(Imagino que Eusebio Guasp perteneció a la misma familia que
poseyó hasta 1921 la más antigua imprenta de Palma de
Mallorca, fundada en 1579 por Gabriel Guasp. En ella publicó
a su cargo el padre de Borges, Jorge Guillermo, su novela El
Caudillo en 1921.)
Tal como temía Villalonga, la prensa de Palma reaccionó en
menor medida a la esperada por los organizadores. Así, por
ejemplo, el importante periódico palmesano La Almudaina, de
tendencia conservadora, sólo hizo tardíamente comentarios (en
agosto y septiembre, en notas sin firma), aunque en otros marcos
sí se ocupaba a menudo de la obra de los pintores en cuestión.

74
En el resto de España, el asunto no parece haber despertado
mayor interés (véase, sin embargo, la nota del argentino Alberto
Ghiraldo publicada en Madrid, aquí reproducida en el Apén-
dice 1).
Buena acogida tuvo la idea especialmente desde las páginas de
algunos periódicos de Palma de Mallorca: El Día, La Última
Hora y La Nostra Terra, que informaron regularmente a sus
lectores.36
Las informaciones acerca de la Misión son a menudo contra-
dictorias, tanto en relación con las fechas como con la cantidad
y los nombres de los artistas participantes. La razón principal
de esas flluctuaciones radica en el hecho de que se iban dando
noticias a medida que cambiaban los planes. Así, por ejemplo,
se había planeado originalmente que la muestra tuviera lugar a
partir del 15 de julio.
Creo poder afirmar que en la exposición participaron 29 artistas
españoles, argentinos, alemanes, austríacos, ingleses y suecos,
entre los cuales figuraban el ya mencionado amigo juvenil de
Borges, Jacobo Sureda, su madre Pilar Montaner Sureda,37
Hermen Anglada Camarasa (autor de un retrato de Adelina del
Carril de Güiraldes, conservado en Palma de Mallorca), Fran-

36 La mayoría de estos periódicos son conocidos hoy, fuera de Mallorca, si


acaso, gracias a las menciones en la correspondencia entre Jorge Luis Borges y
Jacobo Sureda (cf. mi edición en Cartas del fervor, 1999). Hago comentarios
acerca de la escena periodística de la isla en mi trabajo “Borges y la crítica de
arte en Mallorca (1920-1921)”, en este volumen, capítulo I.
37 Borges había hecho un temprano intento de promocionar la pintura de Pilar
Montaner tras regresar de Mallorca a Buenos Aires. Tal se desprende de su car-

75
cisco Bernareggi, Atilio Boveri, Tito Cittadini, Luis Cordi-
viola, Erwin Hubert, Joaquín Mir, Roberto Montenegro y otros.
Colomar debió desistir a último momento de viajar, “por razo-
nes ajenas a su voluntad”, mientras que Alomar partió rumbo a
Buenos Aires el 31 de mayo. Pasó de noche a Barcelona; de
allí zarpó en el “Reina Victoria Eugenia” el 5 de junio. Arribó
a al capital argentina el 27 de junio de 1928 y residió en la
ciudad hasta 1930. En Buenos Aires, actuó como crítico de arte
y como marchand, organizando la venta de pintura procedente
de Mallorca.
Los giros de dinero que Alomar hiciera en este contexto a
Colomar mediante un testaferro servirían a la dictadura fran-
quista, tras la Guerra Civil, para incriminar a éste de masón a
sueldo del extranjero.

ta del 22 de junio de 1921 a Jacobo Sureda: “En lo referente a los proyectos de


Exposición de tu madre lamento verdaderamente tener que daros malas noti-
cias: Hablé sobre eso con un señor Manuel Rojas Silveyra, amigo de Zubiau-
rre, y que se ocupa de organizar aquí sus exposiciones y me dijo que –no
tratándose de firmas universalmente conocidas– era inútil esperar ventaja
alguna pecuniaria de una Exposición en B.A., que aquí primaban una incom-
prensión y una indiferencia desconsoladoras por todo lo que es arte, que toda
esta chusma millonaria que rige ahora la República antes quiere ostentar su
riqueza gastando en automóviles y en trajes que no en cuadros o en libros.”
(Borges: Cartas del fervor, 1999, 199.) El marchand y crítico de arte Rojas
Silveyra se ocupó de la muestra de que aquí se trata en un artículo de El Bale-
ar, Buenos Aires, agosto de 1928. En cuanto al joven Borges, conjeturo que su
texto “Mallorca”: El Día, Palma de Mallorca, 21-XI-1926, apareció original-
mente hacia 1922-1924 en El Balear, pero no he logrado acceder a esos núme-
ros de la revista (me dijeron en el Centro Balear de Buenos Aires, a mediados
de los 90, que los números de esa época se perdieron en un incendio. Tampoco
se conservan en Montevideo).

76
Tanto Alomar (que en 1930 dirigió el semanario republicano
Ciudadanía)38 como Colomar (quien fuera Secretario particular
del último alcalde republicano de Palma) serán encarcelados
por el régimen fascista en 1936-1942; coincidieron en el campo
de concentración Can Farineta, de Mallorca (Colomar 1986,
19; Bonet 1995, s.v.).39
Una copia de un catálogo de la exposición fue puesta a mi
disposición por el ya mencionado pintor Antonio Sabater
Martorell, a quien rindo aquí un póstumo homenaje de agra-
decimiento.
Del catálogo de la Exposición hay dos versiones. Al parecer,
ninguna de ellas coincide con lo que realmente se expuso
(Lladó 2006, 89, n. 245-246):
-Pintura Mallorquina, editorial Lux (sin fecha ni lugar de publi-
cación).
-Pintura Mallorquina. Catálogo de la exposición de Pintura de
Mallorca. Pabellón Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires,
Barcelona, 1928.

38 Véase al respecto La Voz, Madrid, 6-IX-1930, y La Libertad del mismo día.


Se trataba del órgano oficial del Partido Republicano Federal mallorquín.
Apareció el 9-IX-1930 y estaba redactado en castellano y mallorquín (La Voz,
9-IX-1930).
39 Sobre las consecuencias de la Guerra Civil en la isla balear informa Josep
Massot i Muntaner: Cultura i vida a Mallorca entre la guerra i la posguerra
(1930-1950). Barcelona: Publicacions de l’Abadía de Montserrat, 1978. En pp.
131-132 se habla concretamente de los destinos de Alomar y Colomar. Véase
también, del mismo autor: Els escriptors i la Guerra Civil a les Illes Baleares.
Barcelona: Publicacions de l’Abadía de Montserrat, 1990.

77
Reproduzco a continuación el contenido indexado de este
segundo catálogo (si es que se trata del mismo, ya que Lladó
no menciona que es también de editorial Lux), que sólo se
refiere a la planeada exposición en Buenos Aires.
Si bien el catálogo no parece reflejar correctamente el material
finalmente expuesto, sino un estadio previo de la planificación,
vale la pena reproducir su contenido, a mi entender, porque es
poco conocido y porque brinda ocasión para hacer aquí y allá
algunas notas interesantes para la historia literaria o artística.

1. Cubierta: Pintura mallorquina [Dibujo].


2. Portada:
PINTURA MALLORQUINA
CATÁLOGO
DE LA
EXPOSICIÓN
DE
PINTURA DE MALLORCA
----------
PABELLÓN NACIONAL
DE
BELLAS ARTES
DE
BUENOS AIRES
1928

78
-----x-----
PUBLICADO A EXPENSAS
DE LA
EDITORIAL LUX
BARCELONA
.....
3. [Retrato de] Juan Alomar / Organizador de la Expo-
sición de Pintura Mallorquina [por M. A. Colomar] (2).
4. [Retrato de] M. Ángel Colomar40 / Organizador de la
Exposición de Pintura Mallorquina [Autorretrato] (3).
5. Alomar, Gabriel: “Mallorca - La isla de oro” (4-12; con
retrato de G. Alomar al final, firma ilegible).
6. Alomar, Gabriel: “Sebastián Junyer” (13-14; con retrato
final de S. Junyer, sin firma).
7. Nogueras Oller: “Juan Junyer” (15, con autorretrato
final de J. Junyer, sin firma. Atribución: Ripoll / Perello
174).
8. Baeza, Ricardo: “Hermen Anglada Camarasa” (16, con
retrato final de H. Anglada Camarasa, sin firma).
9. Colomar, M. Ángel: “Luis Derqui” (17, con autorretrato
de L. Derqui al comienzo, firmado).
10. Alomar, Juan: “Ermin [Erwin] Hubert” (18, con retrato
de E. Hubert al comienzo, sin firma).

40 Aquí y en varias apariciones del nombre se comete el error “N.” en vez de


“M”, que corrijo de aquí en más.

79
11. Colomar, M. Ángel: “Helmi Sjöstrand” 41 (19, con retrato
de H. Sjöstrand al final, sin firma).
12. Alomar, Juan: “Miguel Llinás” (20, con retrato de M.
Llinás al comienzo, sin firma).
13. Warshawsky, Abel G.: “Francisco Bernareggi” (21, con
retrato de F. Bernareggi al comienzo, sin firma).
14. Alomar, Juan: “Mariano Montesinos” (22, con retrato
de M. Montesinos por [Herman] Bruck).
15. Morro, Clément: “Gabriel Villalonja [Villalonga] Olivar”
(23, con retrato de G. Villalonga Olivar, firma ilegible).
16. Alomar, Juan: “Pedro [J.] Barceló” (24, con retrato de
P. J. Barceló al comienzo, firmailegible).
17. Colomar, M. Ángel: “Haberkorn” (25, con autorretrato
de Haberkorn al comienzo, sin firma).
18. Darío, Rubén: “Pilar Montaner de Sureda (Envío a Juan
Sureda Bimet)” 42 (26, con autorretrato de Pilar Mon-
taner Sureda al comienzo, sin firma).
19. Peñiera, I. de la: “Manuel Ramírez” (27, con retrato de
M. Ramírez al final, sin firma).
20. Dethorey, Ernesto M[arí]a:43 “Antonio Ribas” (28, con
retrato de A. Ribas al comienzo, sin firma).
41 El catálogo trae siempre "Sjostrand"; corrijo según la grafía correcta del
apellido.
42 El original trae, por errata, “Bisuet”, que corrijo de aquí en más.
43 Según Francisco Sanllorente [Barragán]: La masonería en las islas Baleares
1800-1940. Palma de Mallorca: M. Font Editor, 1999, Juan Alomar, Colomar,
Dethorey y otros habrían formado parte de una logia masónica. Véase ahora,
del mismo: “La causa militar 1305 / 936 contra la Masonería mallorquina”:

80
21. Colomar, M. Ángel: “Jacobo Sureda” (29, con auto-
rretrato de J. Sureda, sin firma, fumando una pipa). El
texto de Colomar sobre Sureda reza:
“Paisajes de alucinación. Verdes y sienas de esmalte, que hacen recor-
dar la cerámica con esas armonías imposibles, metálicas, de Talavera.
Cielos crinados de amenaza sobre pueblos tímidos y acurrucados que
parecen esperar –¡inútilmente!– un milagro de liberación. Hasta en las
sombras hay esa luz extraña en que parecía arder, como una lámpara,
el cerebro de Domenico.44 Turbiedad acuosa, llena de claridades
difusas, de paisaje submarino. Pintura que se siente adentrar por todos
los poros, avivando el rescoldo de una eterna inquietud espiritual: un
miedo bíblico, original, sin principio ni fin, tan antiguo como nosotros
mismos, y con francisanismo pesimista, morboso, en el que hay tanto
de piedad como de renunciación.”).
22. Colomar, M. Ángel: “Acke Sjöstrand” (30, con retrato
de A. Sjöstrand al comienzo, sin firma).45
23. Alomar, Gabriel: “[Tito] Cittadini” (31, con retrato de
T. Cittadini al comienzo, firma ilegible).
24. Alomar, Juan: “Clotilde P. Fibla” (32, con autorretrato
de C. P. Fibla al comienzo, sin firma).
25. Alomar, Juan: “Herman Bruck” (33, con autorretrato de
H. Bruck al final).
26. Alomar, Juan: “Bartolomé Seguí” (34, con retrato de B.
Seguí al comienzo, sin firma).

Memòries de la reial acadèmia mallorquina d’estudis genealògics, heràldics i


històrics 21, Palma de Mallorca, 2011, 139-158.
44 Entiéndase: “El Greco”.
45 Juan Alomar había comentado elogiosamente la obra de Acke Sjöstrand en
El Día, Palma, 30-XI-1923.

81
27. Alomar, Juan: “Bartolomé Mas” (35, con retrato de B.
Más al final, sin firma).
28. Alomar, Juan: “Juan Antonio Fuster [Valiente]” (36,
con retrato de J. A. Fuster Valiente al final, sin firma).
29. Dethorey, Ernesto M[arí]a: “Felipe Bellini” (37-38, con
retrato de F. Bellini al final, sin firma, por Haberkorn.
Atribución: Ripoll / Perello 170).
30. Colomar, M. Ángel / Alomar, Juan: “Palabras finales”
(39-40). Reproduzco el texto de los organizadores:
Palabras finales
Primeramente: luchar contra lo que podríamos llamar “tópicos de
Mallorca”. Nuestro paisaje –tan vario y fecundo para toda sensi-
bilidad– iba camino de encasillarse. Se llegó a hablar de “escuela
mallorquina” como de “escuela valenciana” –hermanándolas casi–
como se da por existente una “escuela vasca”, representada por los
Zubiaurre y una catalana que Xavier Nogués –quizá– llegó a concretar
más que nadie. Y, sin embargo, esto de la “escuela mallorquina” no
sabemos qué es.46 A lo sumo podría tener un sentido tradicional,
refiriéndose a Ribas y Ankermann. En otro orden de cosas –tiende a
mostrar nuestra Exposición– ya no puede ser aceptada. Mallorca –
fuente inagotable de sugestiones– habla a cada espíritu con una voz
desconocida y sorprendente. Cada nueva planta que pisa su suelo es
una sorpresa para unas pupilas que creían haberla previsto. Siempre
manoseada y siempre inédita. De aquí la multiplicidad de inter-
pretaciones de Mallorca que integran la Exposición. Nuestro criterio
de selección ha prescindido de las tendencias para ir –únicamente– a

46 Joaquín Domenech había publicado años antes un artículo titulado “La


escuela mallorquina de pintura”: La Última Hora, Palma, 26-VI-20. Allí,
Hermen Anglada Camarasa habla de las grandes posibilidades de los pintores
de Mallorca y supone que pueda haber una escuela de la luz y el color que
podrá codearse con la de otros centros artísticos de Europa.

82
las personalidades: no se ha excluido obra alguna por su orientación,
sino –acaso– por su realización. Así están “toda la gama y toda la lira”
[Rubén Darío].
Otro de los propósitos que nuestro fervor alimenta es puramente sen-
timental: renovar la emoción de Mallorca en el corazón del expatriado.
¡A todos los que nos ofecen su simpatía, salud y cordialidad!
M. Ángel Colomar Juan Alomar

31. Anuncios a lo largo del catálogo, de: José Francés: El


año artístico, 1925-1926. Editorial Lux (41). Mario
Verdaguer: La isla de oro. Editorial Lux (42). Mario
Verdaguer: Piedras y viento y El marido, la mujer y la
sombra (Novela), ambos de Editorial Lux (43). Lista de
las últimas novedades de Editorial Lux (44-45). Álbum
Bécquer. Dibujos de Valeriano. Comentarios de Gustavo
Adolfo. Editorial Lux (46). Gran Hotel (“Espléndido
comedor decorado con grandes telas de los eximios
pintores Mir y Catalá”) y Hotel Villa Victoria (47).
Manufactura de Goma y Amianto Medina Hermanos
(48).
32. Contratapa: Editorial Lux (con Xilografía sin firma y sin
título; motivo: libro abierto, jarrón y flor).
Los mismos textos, ahora ordenados alfabéticamente según el
apellido de los 10 autores de los textos; detrás del nombre del
autor, entre paréntesis, la cantidad de contribuciones de cada
uno; detrás de los títulos, la paginación correspondiente en el
catálogo:

Alomar, Gabriel (3): “Mallorca - La isla de oro” (4-12).


“Sebastián Junyer” (13-14). “[Tito] Cittadini” (31).

83
Alomar, Juan (9): “Ermin [Erwin] Hubert” (18). “Miguel
Llinás” (20). “Mariano Montesinos” (22). “Pedro [J.]
Barceló” (24). “Clotilde P. Fibla” (32). “Herman Bruck”
(33). “Bartolomé Seguí” (34). “Bartolomé Mas” (35).
“Juan Antonio Fuster [Valiente]” (36). Cf. Colomar /
Alomar.
Baeza, Ricardo (1): “Hermen Anglada Camarasa” (16).
Colomar, M. Ángel (5): “Luis Derqui” (17). “Helmi Sjöstrand”
(19). “Haberkorn” (25). “Jacobo Sureda” (29). “Acke
Sjöstrand” (30). Cf. Colomar / Alomar.
Colomar, M. Ángel / Alomar, Juan (1): “Palabras finales” (39-
40).
Darío, Rubén (1): “Pilar Montaner de Sureda, Envío a Juan
Sureda Bimet” (26).
Dethorey, Ernesto M[arí]a (2): “Antonio Ribas” (28). “Felipe
Bellini” (37-38).
Morro, Clément (1): “Gabriel Villalonja [Villalonga] Olivar”
(23).
Nogueras Oller (1): “Juan Junyer” (15).
Peñiera, I. de la (1): “Manuel Ramírez” (27).
Warshawsky, Abel G. (1): “Francisco Bernareggi” (21).

Los mismos artículos, ordenados esta vez según el apellido de


los 24 artistas presentados en el catálogo (agrego al final de
cada asiento el número de página).
Se echan de menos algunas presentaciones, ya que la cantidad
de artistas expuestos fue 29.

84
Señalo con asterisco (*) los nombres mencionados por el
crítico de arte Roberto Cugini en su comentario reproducido en
Apéndice 2; los datos tras el asterisco proceden de ese artículo:

Anglada Camarasa, Hermen: Ricardo Baeza (16). (*) “La


Higuera”, “Caserío de Son March”.
Barceló, Pedro [J.]: Juan Alomar (24).
Bellini, Felipe: Ernesto María Dethorey (37-38).
Bernareggi, Francisco: Abel G. Warshawsky (21). (*) “Torrent
de Pareys”, “Bonanza”, “Barcas”.
Bruck, Herman: Juan Alomar (33).
Cittadini, Tito: Gabriel Alomar (31). (*)
Derqui, Luis: Miguel Ángel Colomar (17).
Fibla, Clotilde P.: Juan Alomar (32).
Fuster [Valiente], Juan Antonio: Juan Alomar (36)
Haberkorn: Miguel Ángel Colomar (25).
Hubert, Erwin: Juan Alomar (18). (*) “Puesta del sol”,
“Mañana de Abril”, “Cala de Deyá”.
Junyer, Juan: Nogueras Oller (15).
Junyer, Sebastián: Gabriel Alomar (13-14).
Llinás, Miguel: Juan Alomar (20).
Mas, Bartolomé: Juan Alomar (35).
Montaner de Sureda, Pilar: Rubén Darío (26).
Montesinos, Mariano: Juan Alomar (22).
Ramírez, Manuel: I. de la Peñiera (27).
Ribas, Antonio: Ernesto María Dethorey (28).

85
Seguí, Bartolomé: Juan Alomar (34).
Sjöstrand, Acke: Miguel Ángel Colomar (30).
Sjöstrand, Helmi: Miguel Ángel Colomar (19).
Sureda, Jacobo: Miguel Ángel Colomar (29).
Villalonja [Villalonga] Olivar, Gabriel: Clément Morro (23).

No presentados:
Boveri, Atilio (*) “Castell del Rey”, “Paisaje”.
Cordiviola, Luis (*) “Paisaje”.
Mir, Joaquín (*) “Jardín”.
Montenegro, Roberto
NN

La lista de nombres difiere de la Exposición presentada en


Rosario según el listado que ofrece Lladó (2006, 91-93); faltan
Gregorio López Naguil, Rodolfo Franco, F. Vechioli y Sven
Westman. A cambio, figura aquí Helmi Sjöstrand.
Debe hacerse notar que Westman no figura en la reseña que de
la Exposición hizo Mario L. Sureda (El Argentino, Buenos Aires,
28-VII-1928); allí se menciona, en cambio, a otro pintor alemán,
que a su vez no figura en otras listas: W. A. Dorgerloh.47
En cuanto a Westman, se trata de Sven Reinhold Westman
(1887-1962), pintor sueco, amigo de Sureda y de Borges, y uno

47 Sobre Dorgerloh véase la crítica de J. Bauçá en La Almudaina, 24-X-1925 y


la defensa a cargo de Juan Alomar y de Ernesto M. Dethorey en El Día (25-X-
1925 y 2-XI-1925 respectivamente).

86
de los “maestros” de Norah Borges, quien lo menciona en un
artículo publicado en 1927, sin firma, en Buenos Aires.48
Westman hizo un retrato de Borges, que éste remitió a Maurice
Abramowicz hacia junio de 1920 (véase la reproducción en
Cartas del fervor, 1999, ilustración 11).49
El texto de Westman, titulado “Exposición regional de pin-
tura”, apareció en La Última Hora el 25-VI-1920.
Resulta curioso, en este contexto, que la “Misión” reuniera los
nombres de Anglada Camarasa, Pilar Montaner de Sureda, Er-
win Hubert y Sven Westman, porque esos y otros artistas
habían participado a mediados de 1920 en una grave polémica
pública entre sí. Véase al respecto el trabajo de María del Carme
Bosch: “Guerra de pintors”: Miramar 22, Palma de Mallorca,
enero-marzo de 1995, LV-LX (número dedicado a Valldemosa;
en el mismo, un artículo de J. C. Llop: “Borges i Valldemossa”,
LI-LII, corto de novedades). En aquella polémica participó tam-
bién Manuel Fernández Peña, pintor a favor del cual escribió
Borges uno de sus escasos textos relacionados con el arte. Había
sido un texto de Pedro Barceló (otro de los expositores de la
“Misión”) el que suscitara la airada respuesta de Borges.50

48 Véase [Norah Borges]: “Un cuadro sinóptico de la pintura”: Martín Fierro


39, Buenos Aires, 28-III-1927; reproducido en Patricia Artundo: Norah Bor-
ges. Obra gráfica 1920-1930. Buenos Aires: Edición de la autora, 1994, 155-
156; y ahora en la reedición digital del periódico, con introducción de Martín
Greco, en [www.ahira.com.ar].
49 Ernesto M. Dethorey había publicado una nota sobre Westman en El Día,
26-X-1926.
50 Me ocupé del tema en mi trabajo “Borges y la crítica de Arte en Mallorca
(1920-1921)”, ahora en este volumen, capítulo I.

87
Para comprender el contexto de la polémica es útil el trabajo
precursor de Damià Ferrà-Ponç: “Avantguardisme plàstic a
Mallorca” en cuatro entregas de la revista mallorquina Lluc,
aparecidas entre junio y diciembre de 1973, que se ocupan de
trazar el historial de la vanguardia pictórica desde sus comien-
zos hasta su éxito y su posterior disolución.
Desde la perspectiva actual puede verse en esa reunión de
fuerzas otrora antagónicas puesta en práctica por Alomar y
Colomar tanto un retorno al orden (según paralelamente venía
teniendo lugar en Europa) como una alianza meramente tác-
tica, a fin de aumentar el radio de acción y por ello mismo la
posibilidad de venta de pinturas en el extranjero y aumento del
turismo a la isla.
La inclusión en el proyecto del crítico Barceló, de tendencia
ultraconservadora, es sintomática, ya que pocos años antes,
Alomar y Colomar, de tendencia más moderna, disentían
comúnmente con él, desde sus respectivos periódicos, acerca
de la valoración de las obras presentadas en las exposiciones
locales. Pero ahora se trataba de cohesionar fuerzas para darle
ribetes más amplios y exitosos al proyecto, uno de cuyos fines
era aumentar el atractivo turístico de la isla.
Dado que la Exposición en Buenos Aires fue organizada por
amigos o conocidos suyos, y que participaron en ella buenos
amigos o antiguos contrayentes, extraña que no se conozcan
opiniones de Borges al respecto.
(Es la época en que Borges publica en Madrid: “El idioma de
los argentinos”: La Gaceta Literaria 38, domingo 15-VII-1928.
En el mismo mes aparece en Buenos Aires, No toda es vigilia
la de los ojos abiertos, de Macedonio Fernández.)

88
Llama la atención, igualmente, que Guillermo de Torre, ya
radicado en Buenos Aires desde septiembre de 1927, no
comente la muestra que tiene lugar en la capital argentina,
seguramente por disensiones estéticas.

Separata gráfica
Una separata del catálogo, copia de la cual obtuve también del
pintor Antonio Sabater Martorell, contiene reproducciones
sueltas, en blanco y negro, de 16 cuadros.
Puesto que el orden original no se deja reconstruir, ordeno los
títulos por el apellido de los 14 artistas de los cuales se repro-
ducen obras. Agrego un signo (+) cuando el mismo cuadro
aparece en las láminas adosadas al final del libro de Ripoll /
Perello; los datos que se agregan a partir del signo (+) proceden
de ese volumen.
Agrego además “[Rosario]” cuando alguno de los cuadros fue
presentado en Rosario, en la exposición que tuvo lugar entre el
5 y el 15 de septiembre de 1928, de acuerdo con el programa
reproducido por Lladó.
Finalmente agrego “[LN]” cuando los cuadros aquí menciona-
dos son comentados expresamente en la reseña de La Nación,
Buenos Aires, 23-VII-1928, 4; sección “Bellas Artes”, bajo el
título “Exposición de Pintura de Mallorca”; se la puede leer
ahora en Lladó 2006, 228-231:
Anglada Camarasa, Hermen: “Oliveras”. (+) [Olivos de
Pollença (1928) Lámina XXXIII. Paradero desconocido.]
[¿Igual a “Olivos de Son March”, presentado en Buenos
Aires y en Rosario?]

89
Barceló, Pedro [J.]: “Deyá”.
Bellini, Felipe: “Deyá”. (+) [(1928) Lámina XXXVII. Paradero
desconocido.]
Bernareggi, Francisco: “Torrent de Careys” [léase: Pareys]
(Tríptico). [Rosario] [LN]
Cittadini, Tito: “Picacho”. (+) [(1928) Lámina XXXVIII. Para-
dero desconocido.] [Rosario] [LN]
Cittadini, Tito: Sin título.
Fibla, Clotilde P.: “Bodegón”. (+) [(1928) Lámina XXX.
Paradero desconocido.]
Fuster [Valiente], Juan Antonio: “La Pedrisa”. (+) [La Pedrissa
(1928) Lámina XXXI. Paradero desconocido.]
Junyer, Juan: “Ball Mallorquí” [Baile mallorquín] (Boleros,
fragmento).
Junyer, Juan: “Llauradó” [Labrador]. (+) [(1928) Lámina
XXXIX. Paradero desconocido.] [Rosario] [LN]
Junyer, Sebastián: “Abril”. [Rosario]
Llinás, Miguel: “Pinos de Formentor”.
Montaner Sureda, Pilar: “Dolor humano”.
Montesinos, Mariano: “Pinos”. [Rosario]
Sureda, Jacobo: “La verdadera luz”. (+) [(1928) Lámina LI.
Paradero desconocido] [Rosario] [LN]
Sureda expuso también “Paisaje emocionado”; ambos cua-
dros fueron mencionados elogiosamente en La Nación del
23 de julio, si bien sólo de pasada. Según algunas ver-
siones, “La verdadera luz” fue adquirido por el escritor
Ramiro de Maeztu, a la sazón embajador de la dictadura

90
española en Buenos Aires, el primer día de la exposición,
por el monto de 1.000 pesetas. Ignoro su destino tras el
fusilamiento de Maeztu en la época de la Guerra Civil.
Según Joan Torrendell, mallorquín radicado en Buenos
Aires, el cuadro adquirido por Maeztu habría sido “Paisaje
emocionado” (“Pintura de Mallorca”: El Día, Palma, 4-
IX-1928; Lladó 2006, 225-228).51 De un modo u otro,
ambos cuadros se mostraron en Rosario, a pesar de que
uno de ellos habría sido vendido el primer día de la Expo-
sición en Buenos Aires...
Villalonja [Villalonga] Olivar, Gabriel: “Paisaje”.
Como se podrá apreciar, el valor del presente trabajo, si alguno
tiene, consiste en ser una mera herramienta de trabajo para los
estudiosos interesados. Para ahondar en ello, reproduzco a
continuación algunos textos de la época.

Apéndice 1
El trabajo del argentino Alberto Ghiraldo (1875-1946), anar-
quista y cultor de Rubén Darío, aporta algunos datos suma-
mente curiosos: por un lado, que Buenos Aires debía ser la
primera capital sudamericana a visitar por la “Misión”, pero no
la única; por otro, en su lista de pintores faltan algunos nom-
bres, pero aporta otros – incluido el de un pintor chino...
No es ocioso mencionar que Ghiraldo era autor de Editorial
Lux, lo cual quizás explique su reseña. En página 44 del catá-

51 Sobre Torrendell, véase Pons i Pons (1981).

91
logo arriba descrito se menciona su obra Humano ardor
(novela argentina).52 Sin embargo, no queda en claro quién es
la fuente de algunos de los nombres mencionados por Ghiraldo.
Corrijo los errores de imprenta en los apellidos y agrego el
signo [x] cuando la persona mencionada no participó en la
muestra.

Alberto Ghiraldo
Los pintores de Mallorca
[Nuevo Mundo 1798, Madrid, 6 de julio de 1928, s.n]
[Reproducción de tres obras en blanco y negro: I. Fragmento
del tríptico ‘Torrent de Pareys’, de Francisco Bernareggi.- II.
‘Paisaje’ de Hermen Anglada Camarasa.- III. ‘La verdadera
luz’, óleo de Jacobo Sureda.]
Mallorca, isla del ensueño, tierra de prodigio, región maravi-
llosa, cantada y pintada en todos los tonos por los magos de la
palabra, músicos del idioma, y los brujos del pincel, músicos
del color, ha inspirado el alma de dos de sus hijos, dos juven-
tudes esforzadas, sugiriéndoles el proyecto de difundir por el
mundo la riqueza espiritual de la cuna encantada en que
nacieron.
La fama de la belleza natural de Mallorca data de ayer, en que
dos admirables paisajistas catalanes, los pintores Joaquín Mir y
Santiago Rusiñol, iniciaron su labor divulgadora en cuadros que

52 Sobre ese libro, véase Dieter Reichardt: “Humano ardor, por Alberto
Ghiraldo, la novela autobiográfica de un anarquista argentino”: Iberoameri-
cana 17. Jahrgang, 1993, 2 (50) , 79-88.

92
que han quedado como concreción de una nueva modalidad
artística, llena de matices y sugerencias estéticas.
La vegetación lujuriante de Mallorca; las transparencias y el
colorido singular de sus mares y sus cielos, así como el aspecto
adusto, aunque jugoso, de su montaña, son los elementos fun-
damentales que imprimen carácter y personalidad a la mayoría
de sus intérpretes pictóricos, constituyendo, aquéllos, la fuente
inspiradora de esa serie de artistas extranjeros que hoy pueblan
la isla maravillosa después de aclimatarse en su seno, donde
encontraron el tesoro de luz buscado, inútilmente, en otras
latitudes por sus espíritus ávidos de arte.
Y es, precisamente, una Exposición de los cuadros producidos
por los pintores de Mallorca –nativos y aclimatados– la base de
esta “Misión de arte”, como la denominan sus iniciadores, la
encaminada a llevar, de ciudad en ciudad de América, la
belleza de la región privilegiada, esa “isla de oro”, como la
llamó un poeta, para quien fuera cumbre de elogio la equi-
paración con el metal único y codiciado.
Es de justicia dejar aquí asentados los nombres de Juan Alomar
y Miguel Ángel Colomar, los dos cruzados de esta “misión”,
espíritus emprendedores, llenos de fe en el arte, por el que han
librado bravas y gloriosas batallas, que hoy quieren coronar
con esta empresa, digna de todos los estímulos y apoyos.
Hacia Buenos Aires, la gran ciudad de sur de América, dirigirá
primeramente sus pasos la “misión de arte” que hoy nos ocupa,
y en verdad que nadie con más méritos para recibir la visita
inicial de estos argonautas, que también llevan oro de ensueño
en sus naves, puesto que es la Argentina el país de América

93
que más ha contribuido con el esfuerzo de varios de sus hijos
pintores al engrandecimiento del tesoro artístico de Mallorca,
como se verá por la lista completa de expositores que es del
caso consignar aquí:
Pintores argentinos: Francisco Bernareggi, Tito Cittadini, Ló-
pez Naguil, Mariano Montesinos, Felipe Bellini y Roberto
Ramangé [x].
Catalanes: Hermen Anglada Camarasa, Sebastián Luvier
[Junyer], Clotilde P. Tibla [Fibla], Juan Suñer [Junyer],
Joaquín Mir y Santiago Rusiñol.
Mallorquines: Pilar Montaner, Villalonga Olivar, Pedro Bar-
celó, Jacobo Sureda, Bartolomé Seguí, Fuster Valiente, Cris-
tóbal Pirá [x], Miguel Llirías [Llinás] y Emilio Pou [x].
Otros: Haberkorn (alemán), Acke Sjöstrand (sueco), Luis
Dergui [Derqui] (español), Herman Bruck (alemán), Herwin
[Erwin] Hubert (austríaco) y Kong-Sing (chino).
Debo advertir a mis lectores que la “misión de arte” no habrá
de limitarse a la simple exposición de cuadros. Sus organi-
zadores aspiran a completarla con otras manifestaciones tan
importantes como un ciclo de conferencias con recitación de
poemas de los grandes poeta mallorquines –Alcover, [Gabriel]
Alomar, Costa y Llobera– y varias audiciones de música típica
regional de autores tan característicos como Noguera y
Samper, con lo que darán una idea bastante aproximada de las
fuerzas espirituales de Mallorca.53

53 Según Lladó, los planes fueron estos (2006, 88-89): “Juan Alomar se com-
prometió a impartir una conferencia sobre ‘Estética pletórica y pintura medite-

94
Realidades como ésta son las que necesitan los pueblos para
conocerse y amarse, y nunca el apoyo de particulares, entida-
des sociales, así como los estímulos de los Estados, encontra-
rán mejor aplicación. Es de esperar, pues, que todos secunden y
ayuden a esta “misión de arte” para hacerle más viable el
camino merecido del triunfo.
Alberto GHIRALDO
.....

Apéndice 2
El segundo texto aquí recopilado proviene de la pluma del crí-
tico de arte argentino Roberto Cugini (1898-1953). Cugini fue
también autor, entre otros títulos, de Diálogos estéticos (1924),
Yrigoyen y el silencio (1928), Alma y vuelo (1932), El sendero
(1932). En 1925, prologó el poemario La garganta del sapo, de
José S. Tallón. Poco antes había abandonado la redacción de la
revista de vanguardia Inicial para pasar a Proa, pero sólo una
contribución suya apareció en ese órgano, en el primer número

diterránea’ y Miguel Ángel Colomar sobre ‘Tres mallorquines ilustres: Gabriel


Alomar, Mossen Costa i Llobera y Joan Alcover’. Igualmente, estaría repre-
sentada la música mallorquina a través de piezas de Antoni Noguera y Baltasar
Semper. Todas estas actividades se efectuarían en el Pabellón Nacional, deco-
rado con muebles, tapices y vidrio de factura popular. / Esta iniciativa se halla
unida a otro proyecto como es la realización de la película Mallorca, bajo
iniciativa de José María Verger y gracias a una subvención de 5000 pesetas
otorgadas por la Diputación Provincial. Dicha película tenía como función la
difusión del turismo y gozaba de un valor añadido como el acompañamiento
musical de la suite Aires y Danzas de Mallorca de Baltasar Semper”.

95
(Proa 1, Buenos Aires, agosto de 1924). Entre 1936 y 1937
Cugini fue el director y autor casi exclusivo de una revista
titulada Carácter. Arte, Filosofía, Literatura, que llegó a sacar
16 números.
Para comprender su actitud ante las artes plásticas, véase el apar-
tado “Roberto Cugini y la crítica artística entendida como en-
sayo” en el artículo de Patricia Artundo titulado “Las artes plás-
ticas y la conformación del campo artístico porteño a través de
Inicial”: Buenos Aires: en prensa; cf. asimismo Wechsler 1997.
Lladó también reproduce el texto de Cugini (2006, 234-235).

Roberto Cugini
Exposición de pintura de Mallorca
[Nosotros LXI 230, Buenos Aires, julio de 1928, 124]

Numerosa es la exposición de pinturas de Mallorca, que en los


salones del Retiro reúne producción de veintinueve artistas.
Descuella “La Higuera”, de Herman [léase: Hermen] Anglada
Camarasa. Notable por diversas razones, este lienzo destaca
finezas cromáticas de melódica e intensa penetración.
“Caserío de Son March” es lo mejor de Anglada Camarasa, que
en el conjunto que nos ocupa se nos ofrece. Este óleo es, indis-
cutiblemente, alta pieza de gran museo. Tema difícil, complejo,
está resuelto sin vacilación en gamas suaves que evidencian
finísima, sutil visión. Ciencia del color y del dibujo contiene
esta obra maestra del célebre pintor español.
Francisco Bernareggi, que en los salones anuales argentinos, ya
ha expuesto algunas veces, obsequia “Torrent de Pareys”, cua-

96
dro vivo, de armonías abundantes de tonalidades rosas y ver-
mejas, resueltas en esa técnica peculiar del artista, especie de
bordado o bajorrelieve primoroso. Bernareggi vuelca en sus
telas gran pasión, jaspeando las tonalidades aún menores con
cariño lumínico por conquistar la fluidez melodiosa de las trans-
parencias. “Bonanza”, nota gris en preanuncio de luz cálida,
compromete el más digno aplauso. No así “Barcas”, paisaje
discreto, pero a pesar de ello poco valioso.
Atilio Boveri trasunta una Mallorca visionaria, ensoñada, mís-
tica, con aspiración de infinito. El gusto decorativo y el aspecto
real fúndelos Boveri en sus dos notas exquisitamente. “Castell
del Rey” y “Paisaje”, sus dos cuadros, lo recomiendan a los
espíritus deliciosamente imaginativos. En los lienzos de Boveri
la objetividad no impide la posibilidad de un mundo ficticio. Y
es porque la intimidad de la luz de cierta hora ha envuelto a
estos paisajes de Mallorca con velo suavísimo de conmovida
aristocracia visionaria. El alma musicaliza esos asuntos, y el
suceso pictórico, por virtud de mérito singular, cede a la
metáfora la soberanía oportuna, que hace posible el admirativo
éxtasis del análisis...
Tito Cittadini tiene en nuestro Museo de Bellas Artes un óleo
magistral de Mallorca, de común conocimiento y aprobación.
En esta exposición del Retiro nos muestra dos obras que no
pueden ser confrontadas con la referida.
Luis Cordiviola, el gran pintor animalista, en “Paisaje” no
vuela a sus merecimientos conocidos. Su colorido en esta opor-
tunidad es pobre. Pero debemos señalar la razón de época que
intercede a favor de Cordiviola, por el transcurso de “Paisaje”

97
hasta sus cuadros últimos, analizados a su tiempo en mérito.
Pertenece el cuadro de Mallorca al año 1914...
Erwin Hubert sobresale en “Puesta del sol”, acuarela digní-
sima, limpia, sentida y decorosa.
Otra sólida acuarela del mismo autor es la intitulada “Mañana
de Abril”. La nota decorativa “Cala de Deyá” es prudente, agra-
dable.
Joaquín Mir, el pintor catalán, entre nosotros sumamente cono-
cido, en “Jardín” resuelve coloraciones vibrantes. La mesa, la
naturaleza muerta y el paisaje que le sirve de fondo, ofrecen
trazos valientes, gamas frescas, todo ello encarado con gusto
decorativo discretamente plausible.
No hablaremos de los otros pintores que contribuyen a hacer
numeroso el conjunto del Retiro.
Quizá se nos escape alguna nota que obligue al encomio, mas
creemos lógico dejar en reposo del hilo que las sostiene las
obras que en este comentario no mentamos...
Roberto CUGINI.
.....
Apéndice 3
Exposición de pinturas de Mallorca
[Sin firma, La Nación, Buenos Aires, 19-VII-1928 (jueves),
6ª sección, col. 5]
Organizada por el crítico de arte D. Juan Alomar, se inaugurará
hoy a las 15 en Retiro una exposicion de “pintores de Mallorca”.
El calificativo comprende pintores de distinta proveniencia:

98
españoles, alemanes, escandinavos, ingleses y argentinos. Con
él se alude, pues, a quienes atraídos por los aspectos naturales
de la ISLA DE ORO, la ilustraron en alguno de sus múltiples
aspectos. 9 argentinos figuran en ella, y puede anticiparse que
su aporte lo es de verdadera calidad. Asistirá al acto inaugural
el Embajador de España, D. Ramiro de MAEZTU.
.....
Apéndice 4
El primer magistrado asistió a la inauguración
de la exposición de pintura de Mallorca
[Sin firma, La Nación, Buenos Aires,
20-VII-1928 (viernes), 13]
Con fotografía de Marcelo T. de Alvear (presidente) y otras
personalidades no especificadas.
Según las informaciones recopiladas por Francisca Lladó (2006,
90), las personas que acudieron a la inauguración fueron, ade-
más del presidente argentino, el Embajador español Ramiro de
Maeztu, el Cónsul general, Sr. Bohigas de Dalmau, el Ministro
de Instrucción Pública, Dr. Sagarra, el Intendente Municipal,
Dr. Casco, y el presidente del Centro Balear, Sr. Eusebio Guasp
(La Última Hora, Palma de Mallorca, 28-VIII-1928).
.....
Balance
Teniendo a la vista el material que presentó Francisca Lladó y
el que aquí se recopila, puede decirse que la “Misión de Arte
en Argentina” llegó al país en mal momento. Dejando de lado

99
la indiscutible calidad técnica de algunos de los expositores, la
escasa y no muy elogiosa recepción en Buenos Aires puede
muy bien deberse a que el panorama pictórico de la época iba
por otros rumbos. Si bien Europa estaba en 1928 en pleno
retour a l’ordre, en Buenos Aires recién se descubrían algunos
movimientos de vanguardia de los años anteriores, como el
futurismo y el cubismo.
El mismo Juan Alomar dice, con cierto desencanto, en un artí-
culo publicado en catalán bajo el título “Mallorca i la pintura”
(La Nostra Terra 12, Palma, diciembre de 1928, 486-487;
traducción: CG):
Cuando propuse ir a América a hacer una Exposición de pintura de
Mallorca sabía que encontraría una reacción contra la pintura que iba a
presentar. No porque sintieran los sudamericanos antipatía por
nuestras cosas, sino porque el carácter de la pintura de Mallorca cabe
plenamente dentro de la proscripción lanzada por el snobismo contra
el arte mediterráneo.
[...]
La Argentina es un país joven, adolescente, con una gran curiosidad y
un gran afán de saber y, por lo tanto, campo abonado para producir
toda clase de modas. De la ignorancia se suele pasar al snobismo. No
corresponde, sin embargo, criticar al snob. Lo he creído siempre una
injusticia. Se le deben más cosas buenas que dolorosas.
Lo curioso es que en cierto sentido él mismo había previsto el
desgaste de lo “típicamente mallorquín” en un artículo previo:
“Sugestiones pictóricas. La exposición Cittadini”: El Día,
Palma de Mallorca, 13 de marzo de 1927 (Lladó 2006, 205-
207; cita de 206):
Mallorca no es ya para los pintores la tierra codiciada de otros
tiempos. [...] Con el “antiimpresionismo” fatalmente debía brotar el
“antimallorquismo”. [...]

100
La historia del arte –como la de la política y la de toda actividad
humana– es una sucesión de reacciones y contrarreacciones.

A todo esto, cabe destacar que en 1928, paralelamente a la


“Misión de arte” mallorquina, hubo en Buenos Aires expo-
siciones individuales dedicadas a la obra de algunos pintores
españoles, así como muestras colectivas como la “Exposición
de pintura española” organizada en mayo de 1928 por Justo
Boa en Galerías Witcomb, o la que en julio de 1928 organizó
bajo el título “Exposición de arte español contemporáneo”
Alejandro Pardiñas en la misma galería (cf. Ana María
Fernández García 1997a, 200). Es decir, y como bien muestra
el catálogo compilado por Fernández García (1997b), no es que
hubiese un rechazo hacia el arte español en general, sino que
faltaba el público para algunos de los integrantes de esta
muestra en concreto, con la honrosa excepción de Anglada.
Mayor aceptación encontraron, naturalmente, los artistas argen-
tinos, como de manera ejemplar muestra la reseña de Cugini.
Por lo demás, la muestra no parece haber sido expuesta en
otros países de Hispanoamérica, aunque se lo había planeado
originalmente.
(Hamburg, julio de 1998 / 25-III-2013 / 14-II-2016)

101
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agradece el envío de un catálogo.]

106
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Almudaina, Palma de Mallorca, 9-IX-1928. Con foto de
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100 anys Última Hora (1893-1993). Palma de Mallorca,
1993.
Pons i Pons, Damià: “Aproximació a Joan Torrendell (1869-
1937)”: Affar 1, Mallorca, Facultat de Filosofia i Lletres,
1981, 104-118.
Ramis Togores, R. (De El Sol): “El arte mallorquín en la
Argentina”. El Día, Palma de Mallorca, 20-V-1928.

107
[Ramis Togores publicaba regularmente en El Sol la
columna “De Baleares”. Este trabajo apareció en El Sol
del 12-V-1928, firmado “Palma, 8 mayo 1928”.]
Ripoll, Luis / Perelló Paradelo, R.: Las Baleares y sus pintores,
1836-1936. Ensayo de identificación y acercamiento.
Palma de Mallorca: Luis Ripoll, 1981.
Rojas Silveyra, Manuel: “Exposición de pintura de Mallorca”:
El Balear, Buenos Aires, agosto de 1928, 10-11.
Sanllorente [Barragán], Francisco: La masonería en las islas
Baleares 1800-1940. Palma de Mallorca: M. Font Editor,
1999.
Sanllorente [Barragán], Francisco: “La causa militar 1305 / 936
contra la Masonería mallorquina”: Memòries de la reial
acadèmia mallorquina d’estudis genealògics, heràldics i
històrics 21, Palma de Mallorca, 2011, 139-158
Serra, Antoni: “Recordant En Miquel Ángel Colomar”: Lluc,
Palma de Mallorca, mayo-julio de 1979.
Sureda, Mario L.: “Mallorca vista a través de la expresión
pictórica argentina. Una exposición en la metrópoli”: El
Argentino, Buenos Aires, 28-VII-1928, 4; Lladó 2006,
235-237.
Torrendell, Juan: “Misión de arte”: El Día, Palma de Mallorca,
5-VIII-1928, 1.
Torrendell, Juan: “Pintura de Mallorca”: El Día, Palma de
Mallorca, 4-IX-1928, 1; Lladó 2006, 225-228.
Villalonga, Lorenzo (1928/01): “Divagaciones. Un libro de
Verdaguer”: El Día, Palma de Mallorca, 22-I-1928.

108
Villalonga, Lorenzo (1928/03) [Firma: DHEY]: “Alomar-
Colomar. Misión de arte a la Argentina”: La Última Hora,
Palma de Mallorca, 6-III-1928, 1.
Villalonga, Llorenç (1998): Cartes i Articles. Temps de pre-
guerra, 1914-1936. Ed. Jaume Pomar. Palma de Mallorca:
Moll, 1998.
Vives Verger, Enrique: “Notas de Arte”: La Última Hora,
Palma de Mallorca, 21-V-1928, 1. [Vives Verger fue el
Director-Propietario de la revista Baleares, donde publi-
caron los hermanos Borges y Guillermo de Torre.]
Wechsler, Diana B. (1997): “Nosotros (1920-30): Crítica de
arte en la primera experiencia de periodismo cultural”:
Estudios e Investigaciones de Teoría del Arte del Instituto
Julio Payró 7, Buenos Aires, 1997, 59-76.
Wechsler, Diana B. (1998): “Nuevas miradas, nuevas estrate-
gias, nuevas contraseñas”: Diana B. Wechsler, coordi-
nadora: Desde la otra vereda. Momentos en el debate por
un arte moderno en la Argentina (1880-1960). Buenos
Aires: Ediciones del Jilguero, 1998, 119-155.
Westman, Sven R.: “Exposición regional de pintura”: La
Última Hora, Palma de Mallorca, 25-VI-1920.
.....

109
Procedencia de los textos

I
“Borges y la crítica de arte en Mallorca (1920-1921)”: Huarte
de San Juan, Filología y Didáctica de la Lengua 13, Zaragoza,
2013, 21-35.

II
“Semblanza de Jacobo Sureda. Con un texto de Sureda sobre
Borges (1925)”: Versiones previas de este trabajo aparecieron
en Jorge Luis Borges: Cartas del fervor. Correspondencia con
Maurice Abramowicz y Jacobo Sureda (1919-1928), Barce-
lona, 1999, 155-160, y en [www.alvarosarco.blogspot.com],
Lima, 13-IX-2012, ambas sin el texto de Sureda. En febrero de
2016 apareció una versión apenas diferente en [www.aca-
demia.edu], donde se agregaba la reseña del mallorquín.

III
“Sureda y Xenius (1920-1926)”: Carlos Meneses, Ed.: Jacobo
Sureda, cien años. Palma de Mallorca: Calima / Ajuntament de
Palma, 2001, 63-68.

IV
“Mallorca en Buenos Aires. La Misión de Arte en Argentina
(1928)”: [www.academia.edu], 14-II-2016 (GarciaHamburg).

Todos los textos han sido revisados, actualizados y / o ampliados


para esta edición.

110
Libros de Carlos García

1. Jorge Luis Borges: Cartas del fervor. Correspondencia


con Maurice Abramowicz y Jacobo Sureda (1919-1928).
Prólogo: Joaquín Marco. Datación, Notas, Semblanzas,
Bibliografía: Carlos García. Barcelona: Galaxia Guten-
berg / Círculo de Lectores / Emecé, 1999.

2. El joven Borges, poeta (1919-1930). Buenos Aires: Corre-


gidor, 2000.

3. Macedonio-Borges. Correspondencia 1922-1939. Crónica


de una amistad. Macedonio Fernández / Jorge Luis Borges.
Correspondencia 1922-1939. Crónica de una amistad.
Edición y notas: Carlos García. Buenos Aires: Corregidor,
2000.

4. García, Carlos, Reichardt, Dieter: Bibliografía y antología


crítica de las vanguardias literarias. Argentina, Uruguay
y Paraguay. Frankfurt am Main / Madrid: Vervuert / Ibe-
roamericana, 2004.

5. Correspondencia Rafael Cansinos Assens / Guillermo de


Torre, 1916-1955. Madrid / Frankfurt am Main: Ibero-
americana / Vervuert, 2004.

6. Las letras y la amistad. Correspondencia Alfonso Reyes /


Guillermo de Torre, 1920-1958. Valencia: Pre-Textos,
2005.

111
7. Correspondencia Alfonso Reyes / Vicente Huidobro,
1914-1928. México: El Colegio Nacional, 2005.

8. Correspondencia Juan Ramón Jiménez / Guillermo de


Torre, 1920-1956. Madrid / Frankfurt am Main: Ibero-
americana / Vervuert, 2006.

9. García, Carlos, Greco, Martín: Escribidores y náufragos.


Correspondencia Ramón Gómez de la Serna / Guillermo
de Torre, 1916-1963. Madrid / Frankfurt am Main:
Iberoamericana / Vervuert, 2007.

10. Alberto Hidalgo: España no existe. Madrid / Frankfurt am


Main: Iberoamericana / Vervuert, 2007. Edición de Carlos
García, con varios ensayos.

11. Morelli, Gabriele, ed. (con la colaboración de Carlos


García):Vicente Huidobro: Epistolario con Gerardo Diego,
Juan Larrea y Guillermo de Torre, 1918-1947. Madrid:
Residencia de Estudiantes, 2008 (Epístola, 7).

12. Federico García Lorca / Guillermo de Torre. Correspon-


dencia y amistad. Madrid / Frankfurt am Main: Ibero-
americana / Vervuert, 2009 (octubre).

13. Discreta efusión. Alfonso Reyes / Jorge Luis Borges.


Epistolario (1923-1959) y crónica de una amistad.
Madrid / Frankfurt am Main: Iberoamericana / Vervuert,
2010.

112
14. Carlos García, María Paz Sanz Álvarez, eds.: Gacetas y
meridianos. Correspondencia Ernesto Giménez Caballero
/ Guillermo de Torre (1925-1968). Madrid / Frankfurt am
Main: Iberoamericana / Vervuert, 2012.

15. Carlos García, Pilar García Sedas: Julio J. Casal (1889-


1954). Alfarero y poeta entre dos orillas. Montevideo:
Biblioteca Nacional, 2013.

16. Antologías y meridianos. Guillermo de Torre y Evar


Méndez (1925-1929). Madrid: Del Centro Editores, 2013.

17. Carlos García, Pilar García-Sedas: Julio J. Casal (1889-


1954): Correspondencia con Ramón Gomez de la Serna y
Guillermo de Torre (1921-1954). Madrid: Del Centro
Editores, 2015.

18. El joven Borges y el expresionismo literario alemán.


Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, 2015.

19. Carlos García, Pilar García-Sedas: José Rivas Panedas,


poeta ultraísta, poeta exiliado. Madrid / Frankfurt am
Main: Iberoamericana / Vervuert, 2015 (El fuego nuevo,
12).

20. Arte y literatura en Mallorca (1920-1928). Madrid: Albert


editor, 2017 (Cuadernos de Hamburgo, 1)

113
Arte y literatura en Mallorca (1920-1928)
El presente Cuaderno de Hamburgo,
primero de una serie que se prevé de aparición irregular,
se terminó de imprimir en Madrid
el día 4 de septiembre de 2017

Ejemplar N° ......... de una tirada de 50


5

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