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El español clásico

Prof. Mag. Miguel Afonso Linhares


Sumario
Lo clásico en la lengua española
El español clásico El occitanismo y catalanismo
La diglosia medieval El lusismo
La situación lingüística del El Siglo de Oro
siglo XVI
Exponentes del Siglo de Oro
La codificación
Casticismo × barbarismo
La elaboración estilística
El latinismo
Las principales obras de la
codificación del castellano El galicismo

La conversión del castellano El italianismo


Lo clásico
El adjetivo clásico viene de classĭcus, que deriva del sustantivo
classis. Las classēs eran exactamente las clases en las que se
dividía la sociedad romana según la riqueza. El adjetivo refería,
por tanto, a alguien o algo de la primera clase, opuesto a
prōlētārĭus. Después el sentido se extendió a cualquier división.
En las Noctēs Attĭcae de Aulo Gelio (segunda mitad del siglo II) se
encuentra la atestación más antigua de la acepción de
‘ejemplar’.
Por fin, a partir del significado general de ‘división’ se especificó
la acepción de ‘grupo de alumnos’, que pasó a las lenguas
románicas por medio de diferentes metonimias.
En definitiva, desde la Edad Media se entiende lo clásico tanto
por ser ejemplar como también por estudiarse en la clase.
El español clásico
El mundo griego en los siglos V y IV a. C. y el mundo romano del
siglo I a. C. al II d. C. produjeron tal abundancia de grandes
talentos que sus obras se hicieron ejemplares para las
generaciones posteriores hasta hoy. Son los clásicos de la
civilización occidental.
De modo similar, en las literaturas vernáculas hubo autores
ejemplares que sirvieron de base a la estandarización de la
lengua. En otras palabras, así como el griego y latín clásicos, hay
un español o portugués clásicos.
El español clásico es, pues, la lengua de los autores cuyas obras
fueron elegidas por la Real Academia Española (RAE) para fijar la
norma estándar, por tanto un concepto literario (lo ejemplar de
su género), pero también lingüístico, por su función en la historia
de la lengua.
La diglosia medieval
La individuación del romance instauró una convivencia de dos
códigos en una sola sociedad:
el latín era la lengua de la escuela, universidad, iglesia y diplomacia,
uniendo a la cristiandad occidental en una “comunidad de
interpretación”;
el romance era la lengua vernácula, del gobierno y la literatura
profana.
Esta situación, que en la sociolingüística se conoce como
diglosia, podría haberse estabilizado, como sucedió en el mundo
árabe, donde el árabe literario convive con diversos vernáculos,
pero la concurrencia del romance con el latín fue progresiva.
Estandarizar una lengua es dotarla de todo lo necesario a su
pleno uso. En el siglo XVI, esto implicaba en dotar los romances
que se habían estatizado de los recursos que poseía el latín.
La situación lingüística del
siglo XVI
En fines del siglo XV, el paisaje sociolingüístico europeo había
cambiado sensiblemente: en algunos vernáculos se había
acumulado un copioso patrimonio literario, y la mayor parte de
estos se habían convertido en lenguas de príncipes soberanos,
que ahora detenían un poder mucho más efectivo sobre los
territorios bajo sus soberanías, o, en otras palabras, territorios
que transitaban de monarquías feudales a monarquías
autoritarias. Esto generó nuevas comunidades de interpretación
en estas lenguas, porque la jurisdicción de cada estandarización
fue extendiéndose al territorio bajo la soberanía del príncipe.
Era, pues, necesario promover el vernáculo en dos sentidos:
Contra la lengua cuyos espacios iban disminuyendo, pero cuyo
prestigio seguía incólume: el latín;
contra los vernáculos existentes dentro de la jurisdicción de la
estandarización en desarrollo.
El testimonio de Antonio de Nebrija
sobre la historia de la lengua
Lo que diximos dela lengua ebraica griega i latina: podemos mui mas clara mente
mostrar en la castellana: que tuvo su niñez enel tiempo delos juezes i Reies de castilla i
de leon: i començo a mostrar sus fuerças en tiempos del mui esclarecido i digno de
toda la eternidad el Rei don Alonso el sabio. Por cuio mandado se escrivieron las siete
partidas. la general historia. i fueron trasladados muchos libros del latin i aravigo en
nuestra lengua castellana. La cual se estendio despues hasta aragon i navarra i de alli
a italia siguiendo la compañia de los infantes que embiamos a imperar en aquellos
Reinos. I assi crecio hasta la monarchia i paz de que gozamos primera mente por la
bondad i prouidencia diuina: despues por la industria trabajo i diligencia de vuestra
real majestad. Enla fortuna i buena dicha dela cual los miembros i pedaços de España
que estauan por muchas partes derramados: se reduxeron i aiuntaron en un cuerpo i
unidad de reino. La forma i travazon del cual assi esta ordenada que muchos siglos
iniuria i tiempos no la podran romper ni desatar.
La codificación
La estandarización de una lengua empieza por la extensión de su uso a
la escritura.
El uso de la lengua en la escritura suele andar junto con su cultivo
literario.
El conjunto de las obras literarias suele ser precisamente el material
sobre el cual se lleva a cabo la codificación.
La codificación es el establecimiento de una ortografía, morfosintaxis y
léxico estándares, y se compone de los subprocesos siguientes:
Grafización;
selección morfosintáctica;
selección del léxico.
Efectivamente, cuando se inició la codificación del castellano, este
contaba más de tres siglos de cultivo literario, por el cual se habían
seleccionado variantes gráficas, fonéticas, morfosintácticas y léxicas.
La codificación:
la grafización
La grafización es el establecimiento de una ortografía, es decir, una
escritura estándar.
En rigor, la ortografía plena solo se logró en el siglo XIX, cuando las
prescripciones de la RAE fueron universalmente aceptadas.
Aun así, la codificación desde el siglo XVI seleccionó los dígrafos y diacríticos
que se impusieron como las soluciones definitivas para escribir sonidos
inexistentes en latín: <ç>, <ch>, <gue,i>, <j>, <ll>, <ñ>, <que,i>, <rr>, <x>.
La ortografía enlaza el pasado con el presente: la distinción entre hoya y
olla es hoy artificial en la generalidad de los dialectos del español, pero
este artificio cohesiona la lengua moderna con la antigua, en la que sí
se distinguían /'hoja/ y /'oʎa/, y con el latín: hoya de fouĕa y olla de
olla.
La ortografía también debe tolerar cierta variación de realizaciones
fonéticas, de modo que la comunidad pueda, a pesar de su complexión
plural, identificarse como tal. Por ello, además de su función inmediata,
la ortografía lleva una fuerte carga simbólica.
La codificación:
la selección morfosintáctica
La selección morfosintáctica es el establecimiento de una
morfosintaxis estándar.
En comparación con la grafización, es menos permeable a
la variación, de modo que suele restringirse a la elección
de las variantes más usadas en la norma literaria, a veces
en detrimento de las variantes mayoritarias
contemporáneas.
Por ejemplo, en el español coloquial el pretérito perfecto simple
del verbo andar se hizo regular: andé. Pero en la norma estándar,
siguiendo la estela de la tradición literaria, se exige la forma
irregular anduve, arcaizante en la sincronía actual.
La selección morfosintáctica es el aspecto más difícil de la
estandarización, porque no es tan fácil abstraer alómorfos
como lo es abstraer alófonos. Por ello, es el aspecto por el
que se puede mejor graduar el policentrismo del estándar.
La selección y modernización
del léxico
La selección del léxico es el establecimiento de un léxico
estándar y la modernización es su crecimiento para
expresar las innovaciones en todos los ámbitos de la vida:
estética, religión, filosofía, ciencia, tecnología etc.
Por ejemplo, el proceso por el que se estableció que la variante
estándar es mejor, no mijor, configura la selección del léxico.
Por otro lado, el proceso por el que se derivaron de mejor otras
palabras, como mejora, mejoramiento y mejoría, cada una apta a
cierta necesidad expresiva, configura la modernización del léxico.
La selección y modernización del léxico actúan como un
contrapeso a la intolerancia contra la variación en la
selección morfosintáctica, porque el léxico es la dimensión
de la lengua que permanece abierta mientras se la use.
La elaboración estilística
Cuando la codificación gana la aceptación y legitimación
de la comunidad, usándose de modo normal y general, la
estandarización alcanza su último estadio, que consiste en
la modernización del léxico, de la cual ya se ha tratado, y la
elaboración estilística, que es el desarrollo de normas
sintácticas apropiadas a cada género textual.
Para tanto es necesario que los profesionales que trabajan
con la lengua, como los escritores, periodistas, profesores
e investigadores, la usen efectivamente, de modo que
surjan estilos propios, no necesariamente formales.
Un ejemplo de este proceso es el estilo latinizante que se
cultivaba en las lenguas románicas durante el período de
la codificación. Fue la extensión del uso que fue fraguando
una estilística de cada lengua independientemente de la
latina.
Las principales obras de la codificación
del castellano
La codificación de los vernáculos europeos occidentales fue una verdadera revolución
tecnológica: a lo largo de cien años se escribieron no solo las primeras gramáticas del francés
(1409), italiano (1440), castellano (1492), checo (1533), alemán (1534), portugués (1536),
húngaro (1539), polaco (1568), holandés (1584) e inglés (1586), sino también tratados que
alababan las excelencias del castellano (1535), portugués (1540), italiano (1540), francés
(1549), holandés (1582), polaco (1589) e inglés (1605).
En el caso del castellano, estas obras fueron la Gramática de Antonio de Nebrija y el Diálogo
de la lengua de Juan de Valdés. Este trabajo inicial lo completó la Real Academia Española,
fundada por el rey Felipe V en 1713, cuyos instrumentos normativos han seguido
actualizándose hasta hoy:
Ortografía española (primera edición en 1741; última en 2010, titulada Ortografía de la lengua española);
Gramática de la lengua castellana (primera edición en 1771; última en 2009-2011, titulada Nueva
gramática de la lengua española);
Diccionario de la lengua castellana (primera edición en 1780; última en 2014, titulada Diccionario de la
lengua española).
El testimonio de Antonio de Nebrija
sobre la codificación del castellano
I por que mi pensamiento i gana siempre fue engrandecer las cosas de nuestra nacion: i dar a los
ombres de mi lengua obras en que mejor puedan emplear su ocio: que agora lo gastan leiendo novelas
o istorias embueltas en mil mentiras i errores: acorde ante todas las otras cosas reduzir en artificio este
nuestro lenguaje castellano: para que lo que agora i de aqui adelante enel se escriviere pueda quedar
en un tenor: i estender se en toda la duracion delos tiempos que están por venir. Como vemos que se a
hecho enla lengua griega i latina: las cuales por aver estado debaxo de arte: aun que sobre ellas an
passado muchos siglos: toda via quedan en una uniformidad.
[…]
I seguir se a otro no menor provecho que aqueste alos ombres de nuestra lengua: que querran estudiar
la gramatica del latin. Por que despues que sintieren bien el arte del castellano: lo cual no sera mui
dificile por que es sobre la lengua que ia ellos sienten: cuando passaren al latin no avra cosa tan escura:
que no se les haga mui ligera: maior mente entrevenido aquel arte dela gramatica que me mandó
hazer vuestra alteza contraponiendo linea por linea el romance al latin. Por la cual forma de enseñar no
seria maravilla saber la gramatica latina no digo io en pocos meses: mas aun en pocos dias. i mucho
mejor que hasta aqui se deprendia en muchos años.
La conversión del castellano en la lengua
española
Es ilustrativo que uno de los apologistas del castellano en el siglo XVI haya sido un valenciano:
Martí de Viciana, autor del Libro de las alabanzas de las lenguas hebrea, griega, latina,
castellana y valenciana.
Es más ilustrativo que en este siglo no se haya publicado ninguna gramática del catalán, una
lengua en que se había acumulado tanta literatura como en castellano o portugués y que se
empleaba en la cancillería real de Aragón.
Desde que Carlos I tomó la herencia de sus abuelos, Isabel I de Castilla y Fernando II de
Aragón, el vernáculo cardenal, real y curial de la monarquía unificada ha sido el castellano,
como explica el mismo Martí de Viciana: “Pues entremos en Castilla, que es un reino muy
grande, compuesto y ayuntado de muchos reinos, donde el Rey y su corte siempre reside, y
tantos grandes señores y caballeros, y hay ciudades muy grandes y populosas, donde se habla
la perfecta lengua castellana, muy galana, cortesana y graciosa, y muy esmerada y estimada
por todos los reinos y provincias del mundo”.
Así, si el monarca era el rey de España, es natural que se llamase española a su lengua.
Moneda de 2 reales de
Felipe II: Philippus
Dei Gratia Hispaniarum
et Indiarum Rex, 1587.
El testimonio de Antonio de Nebrija sobre la
conversión del castellano en la lengua española
Cuando bien comigo pienso mui esclarecida Reina: i pongo delante los ojos el antiguedad de
todas las cosas: que para nuestra recordacion i memoria quedaron escriptas: una cosa hállo i
sáco por conclusion mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio: i de tal
manera lo siguió: que junta mente començaron. crecieron. i florecieron. i despues junta fue la
caida de entrambos.
[…]
El tercero provecho deste mi trabajo puede ser aquel: que cuando en Salamanca di la muestra
de aquesta obra a vuestra real majestad: i me pregunto que para que podia aprovechar: el
mui reverendo padre obispo de avila me arrebató la respuesta: i respondiendo por mi dixo.
Que despues que vuestra alteza metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos barbaros i
naciones de peregrinas lenguas: i con el vencimiento a quellos ternian necessidad de recebir
las leies: quel vencedor pone al vencido i con ellas nuestra lengua: entonces por esta mi arte
podrian venir enel conocimiento della como agora nos otros deprendemos el arte dela
gramatica latina para deprender el latin.
El testimonio de Cristòfor Despuig (1557) sobre la
conversión del castellano en la lengua española
Açò passa ab veritat així com ho dic, i d’aquí “Esto pasa con verdad así como lo digo, y de
ve l’escàndol que jo prenc en veure que per aquí viene el escándalo que yo tomo en ver
avui tan absolutament s’abraça la llengua que por hoy tan absolutamente se abraza la
castellana, fins a dins Barcelona, per los lengua castellana, aun dentro de Barcelona,
principals senyors i altres cavallers de por los principales señores y otros caballeros
Catalunya, recordant-me que en altre temps de Cataluña, recordándome que en otro
no donaven lloc a aquest abús los tiempo no daban lugar a este abuso los
magnànims reis d’Aragó. I no dic que la magnánimos reyes de Aragón. Y no digo que
castellana no sia gentil llengua i per tal la castellana no sea gentil lengua y por tal
tinguda, i també confesse que és necessari tenida, y también confieso que es necesario
saber-la les persones principals, perquè és saberla las personas principales, porque es la
l’espanyola que en tota Europa se coneix, española que en toda Europa se conoce,
però condemne i reprove lo ordinàriament pero condeno y repruebo lo ordinariamente
parlar-la entre nosaltres, perquè d’açò se pot hablarla entre nosotros, porque de esto se
seguir que poc a poc se lleve de rael la de la puede seguir que poco a poco se quite de
pàtria i així pareixeria ser per los castellans raíz la de la patria i así parecería ser por los
conquistada. castellanos conquistada.”
El occitanismo y catalanismo
Hasta la Era de las Exploraciones, las novedades del mundo llegaban a España a través
de los dominios musulmanes al sur y a través de Cataluña y la región francesa de
Occitania. Aquel movimiento está testimoniado en la lengua española por numerosos
arabismos; este, por voces transmitidas por las dos lenguas románicas del noreste
ibérico y mediodía francés: el catalán y occitano, que son tan semejantes que a veces
no es posible determinar si cierta palabra viene de una lengua o la otra, como
bosc/bòsc > bosque, bordell/bordèl > burdel, manjar > manjar.
Occitanismos: ambaissada > embajada, balada > balada, balar > bailar, bola > bola, bosson
> buzón, entòrcha > antorcha, erètge > hereje, esmalt > esmalte, estrutz > avestruz, estug >
estuche, flauta > flauta, fraire > fraile, gergon > jerga, gris > gris, jornada > jornada, laurièr
> laurel, monge > monje, pati > patio, refranh > refrán, rima > rima.
Catalanismos: buc > buque, caixa > caja, coet > cohete, enyorança > añoranza, faena >
faena, fang > fango, galera > galera, grua > grúa, guant > guante, metall > metal, morratxa
> borracha, nivell > nivel, orgull > orgullo, paper > papel, pinzell > pincel, pólvora > pólvora,
premsa > prensa, rellotge > reloj, sastre > sastre, tros > trozo.
El lusismo
En la Era de las Exploraciones, lo novedoso pasó a
llegar a España por el Atlántico, lo cual está
testimoniado en español por varios lusismos, ya que a
Portugal le tocó la conquista, navegación y comercio
en África y Asia. Así, al lado de lusismos “genuinos”,
como bandeja > bandeja, barulho > barullo, bicho >
bicho, brincar > brincar, búzio > buzo, caramelo >
caramelo, crioulo > criollo, esteira > estela, ostra >
ostra, traje > traje, el portugués transmitió voces
traídas desde el Lejano Oriente, como bambu >
bambú, banana > banana, biombo > biombo,
carambola > carambola, catre > catre, coco > coco,
charão > charol, lancha > lancha, manga > mango,
monção > monzón.
El Siglo de Oro
El año de 1492 es un momento fundamental de la historia hispánica:
En enero, los Reyes Católicos tomaron Granada, el postrer estado musulmán de la península Ibérica,
poniendo fin a la llamada Reconquista;
en marzo, los mismos expulsaron a los judíos de sus dominios, causando la diáspora sefardí;
en agosto, el cardenal valenciano Rodrigo de Borja fue elegido papa con el nombre de Alejandro VI;
también en agosto, Antonio de Nebrija publicó su Gramática, la primera del castellano y primera
impresa de una lengua románica;
en octubre, Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo y empezó su conquista.
Por todo esto, se considera que en 1492 se inició el Siglo de Oro español, cuyo fin
suele situarse en la muerte del escritor Pedro Calderón de la Barca, en 1681. Por
tanto, no es exactamente un período de cien años, y su calificativo está inspirado en
el mito griego de las edades del hombre: áurea, argéntea, énea, heroica y férrea.
La rendición de Granada (Francisco Padilla, 1882)
Exponentes del Siglo de Oro: los
humanistas
Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517): Fue arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia de Roma,
inquisidor general de Castilla, presidente del Consejo de Regencia en 1506 y 1507 tras la muerte de Isabel I y
gobernador del reino en 1516 y 1517 tras la muerte de Fernando II. Reformó la iglesia española, fundó la
Universidad de Alcalá y preparó la edición de la Biblia Políglota Complutense.
Joan Lluís Vives (1462-1540): Se estableció en Flandes, donde fue profesor de la Universidad de Lovaina y
entabló una estrecha relación con Erasmo de Rotterdam. También mantuvo amistad con Tomás Moro,
gracias a quien fue docente en Oxford. Al igual que Moro, se opuso al divorcio de Enrique VIII, motivo por el
que fue arrestado y hubo de regresar a Flandes. Vives fue un hombre ecléctico y universalista, que avanzó
ideas innovadoras en múltiples materias filosóficas, científicas, teológicas, pedagógicas y políticas, y propuso
acciones en favor de la paz internacional, unidad de Europa y atención a los pobres.
Francisco de Vitoria (1492-1546): Enseñó en París, Valladolid y Salamanca, donde sustituyó el hasta entonces
texto oficial, las Sentencias de Pedro Lombardo, por la Suma teológica de Tomás de Aquino. Inspiró la
Escuela de Salamanca, una variante muy influyente de la escolástica. Según Vitoria, el orden natural se basa
en la libertad de circulación de personas, bienes e ideas. Hasta el presente ha llegado la influencia de su
teoría del precio justo, basada en la escasez del bien e influida por la oferta y demanda, separándose
claramente de la teoría del precio según el coste de producción. Fue un teórico de la “guerra justa”, que
respaldaba el uso de la fuerza en la conquista de América.
Exponentes del Siglo de Oro: la literatura
renacentista
Fernando de Rojas (c. 1470-1541): En posesión del título de bachiller en leyes, comenzó a
ejercer como abogado en Talavera de la Reina, de donde llegó a ser alcalde. Se cree, casi con
certeza, que escribió un solo libro, pero de una importancia fundamental en la historia de la
literatura: Tragicomedia de Calisto y Melibea o La Celestina, una obra extensa, escrita como
una pieza de teatro, dividida en 21 actos.
Garcilaso de la Vega (entre 1498 y 1503-1536): Participó en numerosas batallas militares y
políticas. En 1530 se desplazó con Carlos I a Bolonia. Estuvo desterrado en una isla del
Danubio y después se instaló en Nápoles. Fue herido de muerte en combate durante el asalto
de una fortaleza en Provenza. La escasa obra suya conservada, escrita entre 1526 y 1535, se
publicó póstumamente en Barcelona, junto a la de Boscán, bajo el título de Las obras de
Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega (1543), libro que inauguró el Renacimiento.
Jorge de Montemor (c. 1520-c. 1561): Fue cantor de la capilla de la infanta María, hermana
de Felipe II, y criado de los príncipes de Portugal. Es autor de la Epístola a Sá de Miranda
(1552-1554) y de una obra poética recogida en el Cancionero, o Las obras de George
Montemayor, repartidas en dos libros, la mayoría de ellas amorosas. Debe su fama a Los siete
libros de la Diana, la primera novela pastoril castellana (1558 o 1559).
Exponentes del Siglo de Oro: los ascetas
San Ignacio de Loyola (1491-1556): Siguió la carrera militar, pero al resultar herido en la
defensa de Pamplona contra los franceses, su vida cambió. Se retiró a hacer penitencia y
oración en Montserrat y Manresa, donde empezó a elaborar el método ascético de los
Ejercicios espirituales (1522). Sus primeras actividades difundiendo este método le hicieron
sospechoso de heterodoxia (asimilado a los “alumbrados” o los seguidores de Erasmo). Fue
procesado y se le prohibió predicar en Castilla. En París logró, con Francisco Javier y otros
amigos, crear el germen de la Compañía de Jesús, cuyos estatutos aprobó el papa Pablo III.
Fray Luis de León (1527/1528-1591): Estudió en Alcalá de Henares y Salamanca, donde
obtuvo dos cátedras. Fue detenido por la Inquisición y encarcelado durante casi cuatro años
por su Comentario al Cantar de los Cantares (1561), traducción del hebreo al castellano del
texto bíblico, práctica por entonces prohibida. Destacó ante todo como prosista con las obras
La perfecta casada (1583), sobre las virtudes de la mujer cristiana, y De los nombres de Cristo
(1574-1575), que constituye su obra más lograda estilísticamente. Pero su fama literaria se
debe a sus composiciones en verso, 23 poemas que fueron publicados póstumamente por
Quevedo en 1637.
Exponentes del Siglo de Oro: los místicos
Santa Teresa de Jesús (1515-1582): Su vida y evolución espiritual se pueden seguir a través de
sus obras autobiográficas: La vida (1562-1565), las Relaciones espirituales, el Libro de las
fundaciones (iniciado en 1573 y publicado en 1610) y sus casi quinientas Cartas. Fundó las
carmelitas descalzas y también fue la gran reformadora de la orden, con Juan de la Cruz. Para
ayudar a sus religiosas a la realización de la vida espiritual compuso Camino de perfección
(1562-1564) y Las moradas o Castillo interior (1578). La reacción de los miembros de la
antigua observancia carmelita llegó a su punto culminante en 1575, cuando denunciaron a
los descalzos a la Inquisición. Fue canonizada en 1614 y proclamada Doctora de la Iglesia en
1970.
San Juan de Cruz (1542-1591): Comenzó sus estudios en la Universidad de Salamanca, donde
conoció a Teresa de Jesús. Entre ellos surgiría una amistad espiritual fundamental en la vida y
obra de ambos. En 1577 prosperaron las intrigas de los carmelitas calzados en su contra y fue
encarcelado en un convento, donde escribió las primeras 31 estrofas de los Cánticos. Tras
fugarse, pasó el resto de su vida en Andalucía, donde llegó a ser vicario provincial. En 1591
volvió a caer en desgracia y fue depuesto de todos sus cargos religiosos. Fue canonizado en
1726 y proclamado Doctor de la Iglesia en 1926.
Exponentes del Siglo de Oro: la literatura
colonial
Fray Bartolomé de las Casas (1474 o 1484-1566): Marchó a las Indias en 1502. Fue capellán
en la expedición que conquistó Cuba. A pesar de sus críticas, participó activamente en la
colonización de América. Carlos I fue permeable a sus argumentos y le encargó un plan de
colonización en Tierra Firme, que fracasó por la oposición de los indígenas. Entre 1537 y 1538
dirigió otra empresa de colonización en Guatemala, esta vez con más éxito: obtuvo el control
del territorio por medios pacíficos y desterró de allí la práctica de la encomienda.
Alonso de Ercilla (1533-1594): Partió hacia Chile, donde se habían sublevado los araucanos.
Empezó a escribir su poema épico en 37 cantos, donde narra los hechos de la expedición.
Tras unas campañas en Lima y Panamá, regresó a España y publicó la primera parte de su
obra. Instalado en Madrid, vivió una existencia feliz y exenta de preocupaciones materiales, lo
que le permitió terminar las partes segunda y tercera de su poema.
Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616): Era hijo del gobernador de Cuzco y una princesa
incaica. En 1561 viajó a Castilla y no volvió al Perú. Sus obras constituyen valiosas crónicas de
la vida indígena y hacen del autor una de las figuras delanteras de la literatura historiográfica
en lengua castellana.
Exponentes del Siglo de Oro: el
Renacimiento en otras artes
Juan del Encina (1468-1529): Sirvió al Duque de Alba como dramaturgo y músico. Fue nombrado
arcediano de la Catedral de Málaga. En 1519 se ordenó presbítero y celebró su primera misa en
Jerusalén. Obtuvo de León X el priorato de la Catedral de León, donde falleció. Alcanzó gran altura lírica
en sus glosas y villancicos.
Juan de Herrera (1530-1597): Realizó sus primeros trabajos de arquitectura con Juan Bautista de
Toledo. Se hizo cargo de las obras del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en 1567. A él se le
atribuye el diseño de la fachada. Asimismo, modificó y amplió los planos primitivos e intervino en la
ornamentación interior de la iglesia. Para ese mismo edificio realizó el templete de los Evangelistas
(1590). La fachada principal del palacio de Carlos V en Granada, la fachada meridional del Alcázar de
Toledo y el ayuntamiento de la misma ciudad son también obras suyas. En 1582 se le encargó el
Archivo de Indias, en Sevilla, y en 1585 proyecta la Catedral de Valladolid, una de sus mejores obras.
El Greco (Domínikos Theotokópoulos; 1541-1614): Hasta los 26 años vivió en su Creta natal, donde fue
un apreciado maestro de iconos. Residió diez años en Italia, donde se transformó en un pintor
renacentista, asumiendo plenamente el estilo de Tiziano, después en contacto con el manierismo de
Miguel Ángel. En 1577 se estableció en Toledo, donde vivió el resto de su vida. Su arte sufrió entonces
una profunda evolución. En una primera etapa, se mantuvo fiel a sus fuentes italianas. Pero hacia
1600, se intensificaron los elementos artificiales e irreales, fundamentalmente antinaturalistas y
neoplatónicas.
El entierro del señor
de Orgaz (1588)
Exponentes del Siglo de Oro: la prosa
barroca
Miguel de Cervantes (1547-1616): Una vida de penurias no le impidió ser el castellano
más universal y leído de todos los tiempos por su novela El ingenioso hidalgo Don
Quijote de la Mancha. Como soldado del tercio, participó en numerosas campañas y
fue herido en la batalla de Lepanto. Sufrió cautiverio en Argel y prisión en Sevilla y
Valladolid. Acuciado por las deudas y falta de reconocimiento, ingresó en los Esclavos
del Espíritu Santo y la Tercera Orden de San Francisco. Murió antes de ver publicada
su obra predilecta: Los trabajos de Persiles y Segismunda.
Baltasar Gracián (1601-1658): Fue confesor del virrey de Aragón, a quien acompañó a
Madrid, ciudad donde trabó amistad con el poeta Hurtado de Mendoza. Por sus
enemistades entre los jesuitas, lo enviaron a sofocar la revuelta catalana. Fue
brevemente secretario de Felipe IV. Su salud se quebrantó tras un largo castigo a pan
y agua impuesto por Jacinto Piquer, el provincial de Aragón. La influencia de su obra,
elegante y pesimista, ha llegado hasta la postmodernidad.
Exponentes del Siglo de Oro: la poesía
barroca
Luis de Góngora (1561-1627): En 1580 apareció su primer poema impreso. En 1585 recibió el
elogio de Cervantes en Canto de Calíope. 1613 fue su año milagroso: publicó el Polifemo y
divulgó en la corte de Valladolid su poema Soledades, que desató una gran polémica por su
oscuridad y artificio y le creó una legión de seguidores y enemigos, entre ellos Quevedo. En
1617, se instaló en Madrid y se ordenó sacerdote. Sirvió como capellán del rey gracias al
Duque de Lerma. Salvo dos comedias que no triunfaron, la obra de Góngora se ciñe al verso.
Su influjo en la poesía castellana afectó hasta al gran Lope de Vega, y sustituiría al de
Garcilaso hasta entrado el siglo XVIII.
Francisco de Quevedo (1580-1645): Una estancia en Valladolid inició la interminable
enemistad con Góngora, atizada por celos profesionales entre dos de las mentes más agudas
de la época. En sus años mozos mantuvo correspondencia con el famoso humanista Justo
Lipsio y desarrolló su afición a Séneca y los estoicos. En diversos testimonios de la época se
encuentran referencias a su ingenio, defecto visual y cojera. Poco hay, en cambio, sobre su
vida amorosa. Sí se hallan más detalles de sus actividades al servicio del duque de Osuna, que
empezaron en 1613 y le llevarían a desempeñar delicadas misiones diplomáticas y también a
prisión.
Exponentes del Siglo de Oro: el teatro
barroco
Lope de Vega (1562-1635): Considerado un cronista de su vida, que plasmó en una
obra casi autobiográfica. Fue proscrito de Castilla por cuestión de amores
despechados. Sus venturas y desventuras están ligadas a su irrefrenable gusto por las
mujeres y la literatura. En 1609 revolucionó el teatro español con Arte nuevo de hacer
comedias. Rimas sacras (1614) es una de las cumbres de la poesía lírica castellana y
universal. Su producción se cifra en más de 400 comedias.
Tirso de Molina (1579-1648): En su obra dramática se mantuvo fiel a Lope de Vega,
del que solo se diferencia por el análisis más profundo de la psicología de los
protagonistas, en especial los tipos femeninos. Se le atribuyen dos obras de contenido
filosófico de gran importancia: El burlador de Sevilla, que introdujo al libertino don
Juan Tenorio en la literatura universal, y El condenado por desconfiado, en la que trató
la arrogancia del hombre frente a la gracia divina e importancia del libre albedrío.
Defendió la comedia como un espectáculo total y la función del comediógrafo de
entretener y divertir.
Exponentes del Siglo de Oro: el teatro
barroco
Juan Ruiz de Alarcón (1580/1581-1639): Nacido en México, se estableció en Madrid. Pronto
fue conocido en el círculo literario de la ciudad, aunque nunca tuvo vínculos profundos con
ninguno de sus integrantes. Amigo y colaborador de Tirso de Molina, sin embargo no
mantuvo buena relación con Lope de Vega, Vélez de Guevara, Luis de Góngora, o Francisco
de Quevedo, entre otros. Bajo Felipe IV, su teatro gozó del favor cortesano.
Pedro Calderón de la Barca (1600-1681): Fue militar y sacerdote, poeta filosófico y
dramaturgo. Vio cómo Europa pasaba por el pacifismo, la Guerra de los Treinta Años y el
cambio de hegemonía hacia el Norte burgués. En España, presenció la pérdida de Flandes y
las rebeliones de Cataluña, Portugal, Aragón y Andalucía. La variedad de registros de su obra
es espejo y manifestación de la crisis de la modernidad. Depuró la Comedia Nueva,
despojándola de escenas superfluas y personajes secundarios. Hizo protagonista al individuo
y sus conflictos. En su dramaturgia, enalteció la escenografía, a la que llamaba “memoria de
las apariencias”. La vida es sueño es su obra más universal.
Exponentes del Siglo de Oro: la pintura
barroca
Francisco de Zurbarán (1598-1664): Destacó en la pintura religiosa, en la que su arte revela una gran
fuerza visual y un profundo misticismo. Fue un artista representativo de la Contrarreforma. Su estilo
fue evolucionando para aproximarse a los maestros manieristas italianos. Sus representaciones se
alejan del realismo de Velázquez. Sus composiciones se caracterizan por un modelado claroscuro.
Diego Velázquez (1599-1660): A los 24 años se trasladó a Madrid, donde fue nombrado pintor de Felipe
IV. Fue ascendido a pintor de cámara, labor a la que dedicó el resto de su vida. Evolucionó del
“tenebrismo”, influido por Caravaggio, a un estilo de gran luminosidad, con pinceladas rápidas y
sueltas. En su última década se hizo más esquemático, con extraordinario dominio de la luz. A este
período pertenece el Retrato del Papa Inocencio X y sus dos últimas obras maestras: Las Meninas y Las
hilanderas. Su catálogo consta de más de 120 obras.
Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682): Su obra supone la última fase del Barroco español y fue, en su
mayor parte, de tema religioso. También pintó delicadas escenas de niños, adolescentes y retratos. Su
pintura se adaptó al gusto y la devoción españolas, llegando a ser un artista de gran popularidad. La
influencia de Murillo en la pintura española se extendió hasta el siglo XIX, fundamentalmente en
Sevilla. Actualmente está considerado como uno de los grandes maestros y sus cuadros se reparten en
todos los grandes museos del mundo.
La familia de Felipe IV
o Las meninas (1656)
Casticismo × barbarismo
Las lenguas son uno de varios elementos que configuran cierta identidad colectiva.
La presencia de una cantidad considerable de extranjerismos perceptibles en una lengua
puede generar una reacción negativa en algunas clases de su sociedad, rechazándolos
considerarlos una invasión foránea que ha de desfigurar la identidad propia.
Así, algunas comunidades lingüísticas han valorado los elementos lexicales propios contra los
ajenos, a pesar de sus orígenes “nobles”, como el griego y el latín en Occidente. Otras
comunidades optaron, al contrario, tanto por la exploración de elementos propios como por
el acogimiento de elementos foráneos. El nombre de la Organización de las Naciones Unidas
para la Alimentación y la Agricultura en tres lenguas germánicas lo ilustra bien:
Inglés: Food and Agriculture Organization;
alemán: Ernährungs- und Landwirtschaftsorganisation;
Islandés: Matvæla- og landbúnaðarstofnun.
Obsérvese que en inglés hay dos galicismos/latinismos (agriculture y organization), en
alemán uno (Organisation) y en islandés ninguno, pero ‘organización’ podría ser *stemming
en inglés y *Stammung en alemán, y ‘agricultura’, *landcare en inglés.
El latinismo
En la selección y modernización del léxico románico sobresale el
influjo cíclico del latín, que fundamenta la idea de que ha sido un
adstrato permanente: por lo general, siempre que las
comunidades de lenguas románicas han necesitado expresar
conceptos abstractos, han recurrido al léxico latino.
De nuevo, tómese el nombre de la FAO: food tiene tres
traducciones al español: ‘comida’, ‘alimento’ y ‘alimentación’. En
este caso, la comunidad anglohablante eligió una voz patrimonial
para expresar tanto lo concreto como lo abstracto.
En cambio, para los hispanohablantes el latinismo alimento es
más abstracto que la voz patrimonial comida, y alimentación, un
latinismo morfológico (vocablo formado según la morfología del
latín, pero no atestado en esta lengua), llega a ser más abstracto
que alimento. Lo mismo se aplica a labranza × agricultura.
Latinismos medievales
Los latinismos aparecen desde los primeros textos íntegramente romances y su introducción
siguió en aumento a medida que avanzaba el cultivo literario. El ápice se dio en el siglo XV.
Hasta 1492, se pueden citar latinismos como āctus > acto, articŭlus > artículo, aspectus >
aspecto, augmentum > aumento, auctor,auctōris > autor, capāx,capācis > capaz, cāsus >
caso, scientĭa > ciencia, commissĭō,commissiōnis > comisión, conditĭō,conditiōnis > condición,
quaestĭō,quaestiōnis > cuestión, doctor,doctōris > doctor, effectus > efecto, exemplum >
ejemplo, specĭēs > especie, studĭum > estudio, ēuītāre > evitar, experientĭa > experiencia,
familĭa > familia, fauor,fauōris > favor, figūra > figura, gestus > gesto, gustus > gusto,
hūmānus > humano, imāgō,imāgĭnis > imagen, industrĭa > industria, interesse > interés,
medĭcus > médico, mīlitāris > militar, modus > modo, mōrālis > moral, necessitās,necessitātis
> necesidad, nota > nota, numĕrus > número, occāsĭō,occāsiōnis > ocasión, opīnĭō,opīniōnis >
opinión, persōna > persona, praemĭum > premio, prōprĭus > propio, prōuincĭa > provincia,
pūblĭcus > público, respectus > respeto, sēcrētus > secreto, silentĭum > silencio,
sufficĭēns,sufficientis > suficiente, termĭnus > término, triumphus > triunfo, ultĭmus > último,
uarĭus > vario, uoluntās,uoluntātis > voluntad.
Latinismos modernos
El discernimiento de latinismos medievales y modernos es meramente didáctico, porque del
siglo XV al XVI hubo plena continuidad en el flujo de términos cultos, tomados del latín, como
accēdĕre > acceder, actitūdō,actitūdĭnis > actitud, affectus > afecto, alimentum > alimento,
alumnus > alumno, ambĭēns,ambientis > ambiente, assessor,assessōris > asesor, calcŭlus >
cálculo, celĕber > célebre, classis > clase, collēctĭō,collēctiōnis > colección, combustibĭlis >
combustible, commercĭum > comercio, comitĭa > comicios, complexus > complejo, congressus
> congreso, cōnstruĕre > construir, dēcīdĕre > decidir, districtus > distrito, ēditĭō,ēditiōnis >
edición, exigĕre > exigir, existĕre > existir, exĭtus > éxito, frequēns,frequentis > frecuente,
fūnctĭō,fūnctiōnis > función, genĭus > genio, horror,horrōris > horror, illūsĭō,illūsiōnis > ilusión,
index,indĭcis > índice, indŏlēs > índole, īnspectĭō,īnspectiōnis > inspección,
intellĭgēns,intelligentis > inteligente, lūxus > lujo, nōtĭō,nōtiōnis > noción, nōrma > norma,
orīgō,orīgĭnis > origen, pensĭō,pensiōnis > pensión, praecīsus > preciso, pressĭō,pressiōnis >
presión, prōgressus > progreso, prōportĭō,prōportiōnis > proporción, rārus > raro, reālis > real,
regressus > regreso, rēpēns,rēpentis > repente, rēspūblĭca > república, resultāre > resultar,
satelles,satellĭtis > satélite, serĭēs > serie, sērĭus > serio.
El galicismo
Como se ha estudiado, la individuación del romance y su uso por escrito empezaron en
Francia, que fue el estado hegemónico en Occidente desde el Imperio Carolingio hasta la
revolución industrial. Por esto, Francia fue la cuna de muchas innovaciones en las relaciones
sociales, artes y ciencias y la lengua francesa exportó muchos términos a las demás lenguas
europeas, especialmente las románicas.
Del francés antiguo vienen voces como abandoner > abandonar, artillerie > artillería,
avantage > ventaja, baie > bahía, coart > cobarde, cheminee > chimenea, dame > dama,
empleiier > emplear, fleche > flecha, flote > flota, frenge > franja, gale > gala, grange >
granja, jaole > jaula, joie > joya, legier > ligero, paveillon > pabellón, pelote > pelota, rechacier
> rechazar, violette > violeta.
Del francés moderno otro tanto, como assemblée > asamblea, bouteille > botella, brèche >
brecha, brigade > brigada, butin > botín, calibre > calibre, crème > crema, déroute > derrota,
fusil > fusil, gabinet > gabinete, garantie > garantía, graver > grabar, installer > instalar, jardin
> jardín, paquet > paquete, parc > parque, pays > país, plaque > placa, sofa > sofá, troupe >
tropa.
El italianismo
Durante la Edad Moderna, Italia no ejerció ninguna hegemonía política, porque no
había siquiera un estado italiano unificado, pero ahí surgieron vanguardias filosóficas
y artísticas que influyeron fuertemente en todo Occidente, como el Renacimiento
mismo.
Además, los reinos de Cerdeña, las Dos Sicilias y el Milanesado integraron la
monarquía hispánica hasta el inicio del siglo XVIII.
Todo esto aportó varias palabras del italiano al español, como agguantare > aguantar,
allerta > alerta, attaccare > atacar, balcone > balcón, banco > banco, brillare > brillar,
bronzo > bronce, campione > campeón, cantina > cantina, capriccio > capricho,
carnevale > carnaval, cascata > cascada, ciarlare > charlar, colonnello > coronel,
collina > colina, corvatta > corbata, cupola > cúpula, fracassare > fracasar, fregata >
fragata, gazzetta > gaceta, gruppo > grupo, medaglia > medalla, nicchio > nicho,
pantano > pantano, piloto > piloto, porcellana > porcelana, recinto > recinto,
scoppietta > escopeta, scorta > escolta, zero > cero.
Lecturas complementarias
Echenique Elizondo y Martínez Alcalde (2005): 1.7 El español preclásico y el español
clásico de los Siglos de Oro.
Lapesa (2008): 70. Los albores del Humanismo (1, 4, 5, 8); 71. El español preclásico
(1); 73. El castellano, objeto de atención y estudio. De Villena a Nebrija; 74. España y
su lengua en Europa; 75. El español, lengua universal; 76. El castellano, lengua
española; 77. Contienda con el latín e ilustración del romance; 82. Cervantes y sus
compañeros de generación; 98. Vocabulario; 99. Estudios sobre el idioma en los siglos
XVI y XVII.
Quilis (2003): 11.1 Introducción histórica; 11.2 Panorama lingüístico; 11.5 Estudios
sobre la lengua española: Antonio de Nebrija; 11.6 Otros hechos culturales de la
época; 12.1 Aspecto histórico; 12.3 El español lengua universal; 13.1 Tendencias
lingüísticas; 13.3 Los estudios sobre el lenguaje; 14.1 Rasgos generales del lenguaje;
14.3 Los estudios sobre el lenguaje; 14.4 La expansión del español; 15.1
Características generales; 15.4 Vocabulario.