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ry \ Mca Newel) Cela eee eng) PIRAMIDE Definicién y tipologia de la agresién y la violencia RODUCCION Organizacién Mundial de la Salud (OMS) to-de manifiesto que la violencia supone wunte problema global de salud piiblica p;principalmente, al impacto que ocasiona wictimas (Krug y cols, 2002), Las repercu- fon enormes, con grave perjuicio para la imental, fisica y social de 1as victimas. Los hatos debidos la violencia representan la in del iceberg». Muchos de los actos violen- producen dafios severos, por lo que no se sian, si bien, generalmente, las victimas ne- iencion médica y psicoldgica. del alio impacto personal que produce victimas hay que resaltar que la violencia no fer considerada como un asunto privado, como un problema social a escala mundial ples repercusiones en Ia coonomia y el de~ 9 delos paises. La violencia supone para los psunelevado coste anual en atencién sanita- esos legales y pérdida de la productividad, do a alcarzar en algunos paises cl 5 par 100 0 interior bruto, Asi, la incidencia de la ena sociedad es tan alta que requiere la gaciin de los cientificos en su estudio. Peto, jpacden los cientificos contribuir a aminorar problema mundial? Una posibilidad consiste 4 cabo investigaciones para comprender ertamiento humano, con el objetivo fi- MANUELA MARTINEZ GRELZ CONCEPCION BLASCO ROS LUIS MOYA ALBIOL apropiadas. Mis especificamente, los cientificos implicados en el estudio de las bases biol6gicas de la violencia pueden contribuir determinando qué ‘ipos de violencia tienen correlatos biolégicos y en ‘qué medida éstos pueden ser controlados o modi ficados. En este sentido, el objetivo de este capitulo ‘es delimitar el concepto de violencia y establecer las principales tipologias que lo conferman, Para ello, se ofrece una definicién general de la violei- cia y otros términos relacionados y se explican los principales tipos de violencia humana, Tras ello, se comentan algunos de los instrumentos de evalua: cién mas empleados para medifla y se introduc tematica de los tipos de agresores y los marcadores biolégicos que los caracterizan, Para finalizar el capitulo, se dan algunas pinceladas sobre las litni- taciones de los modelos animales empleadas en el estudio de la violencia. 2. DEFINICION DE LA VIOLENCIA Y TERMINOS RELACIONADOS Cualquier discusién sobre la violencia comien- za necesariamente con una defiticién. Ello es una tarea dificil, ya que esta conducta es heterogenen en sus manifestaciones, lo que hace que sea muy complicado cubrir cl amplio espectro en una tini- ca definicién. Una de las primeras definiciones es la siguiente: «cualquier conducta que se leva. a cabo con la intencién de causar dafio a otro indi- viduow (Geen, 1990; Berkowitz, 1993), Ademis, el 80 / Neurocriminaiagia individuo que lleva a cabo el acto violento tiene que creer que la conducta causara daiio a otro individuo, que intemtara evitar esta conducta, En sta definicion, mientras que la intencién de da- flar es un rasgo necesario y pucde ser entendida como un objetivo inmediato, no se hace referencia a cuales son los principales. Una definicién mas amplia del término ha sido propuesta por la OMS. (Krug y cols, 2002), segin la cual la violencia se- ria el uso intencional de la fuerza fisica o el po- der, tanto si cs real como una amenaza, contra uno mismo, otro individuo o contra un grupo comunidad, que resulta o tiene una alta probabi- lidad de acabar en Iesiones, muerte, daiio psicolo- gico, alteraciones en ¢l desarrollo o deprivacién». Esta definicién asocia la intencionalidad con la comisién del acto violento, independientemente del resultado que éste produzca. El uso del poder también puede ser utilizado para incurrir en negli- gencia o en conductas de omisidn (tales como no proporcionar la alimentacién necesaria, la medi- cacién en caso de enfermedad, etc-), ademas de la perpetracién de los actos violentos mas comunes. Cuando la agresién-violencia es exagerada, pe sistente o expresada fuera de contexto, de acuere a las normas aceptadas generalmente por una s ciedad y/o cultura determinadas, puede ser con derada como patolégica (Nelson y Trainor, 200 Pesc a la gran cantidad de literatura existente al continuo esfuerzo mostrado por los investigad res dedicados al estudio cientifico de la agresién la violencia, existe, todavia, un marcada desacue do sabre su preciso significado y sus causas. Le) de ser un término tinico ¢ inequivoco, la agresic es frecuentemente definida de forma inadecuada usada con ambigiedad y con un exceso de signi cados. Esta multitud de diferentes conceptualiz ciones es uno de los problemas principales en literatura cientifica sobre la agresién (Ramirez Andreu, 2006), Por otra parte, es importante sei Jar que existen algunos términos que guardan ut estrecha relacién con la violencia, que seran util zados a lo largo del presente libro, En este sentid con el fin de clarificar la terminologia sobre esi tematica, la tabla 1.1 recoge estos conceptos y | caracteristicas principales de cada uno de ellos. TABLA 1.1 Caracteristicas principales del concepta de agresién y violencia y conceptos relacionados Comcepto. (Caracteristicas Agresion-violencia — Intencionalidad. ‘Términos equiparables en seres humanos, Referente: definicidn de la OMS. Agresivisdad-hostilidad Actitud 0 inclinacién a realizar actos vialentos. — No siempre da lugar a actos violentos. Ira-célera — Activaciéa del sistema nervioso auténomo, ‘Umbral para la agresién disminuido, Diferenciacién estado-rasgo. Impulsividad — Tendencia a actuar répidamente y sin reQexién. Na lleva necesariamente a la violencia. ‘Conducta antisocial — Menor control de impulsos y mayor predisposicién a In violencia, Falta de adecuacién a las normas sociales ~ No se respetan los derechos de los otros. ‘Delincuencia — Término juridivo, Puede llevar al castigo o condena legal © Bidiciones Pika lu diferenciacion entre agresis fea seres humanos es muy compleja y ha y discutida, a lo largo de este libro ambos serin considerados como sindnimos. jos conceptos relacionados eon Ia violen- lde «agresividad u hostilidadn, que 2a actitud o inclinacion que siente na o-un colective humano a realizar icluiria las tendencias reflejan en actos tos», por lo que - aunque no siempr 3 Estos términos también han sido deti ,como «cana evalu ativa de las per- ntemente acompaiiada por 0», siendo considera: por ello como una actitud negativa que va pafiada de sentimientos de indignacion, cio y resentimiento hacia los otros y Th o en ocasiones a dar lugar a actos violentos 1, 2006), Acjaria un estado de acti- én que implica patrones particulares del sis~ nervioso auténiomo (SNA) y del tono mus- ¢, que darian lugar a una disminucién en el ral para la agresion. Se ha diferenciado entre Jaci cstadon y la «ira rasgon. La primera ha fido definida como una experiencia subjetiva que, a través del tiempo y de las situaciones. ge peraimente hace referencia a un estado emocio~ fal gue incluye malestar y consiste en sentimien- fos subjetivos que varian en intensidad, desde la imitscién moderada o enfado hasta la Furia in fensa o furor. La sira rasgo» puede ser ada como wn temperamente general com un bajo umbral para Ia reactividad, en el que los s ‘ientos de enfado son vividos en respuesta a amplia variedad de provocaciones relat inocuas, o como un patron de reactividad restrin tio a clases espocilicas de estimulas para el indi Nidvo, como la competiciot, el rechazo o Ta per- cepeisn de injusticia (Van Goorzen y cols., 1994) La «impulsividad» es un concepto multidi- mensional que implica la tendencia a actuar rapi- damente y sin reflexion, y esta relacionado con la qutocontencidn de Ia propia conducta, el manejo de las emociones, el rapido procesamiento de la jnformacidn, la busqueda de novedad y la habili- ién y tipotogia dela agrestdin y ia violencia J S41 gratific ¢ porqué llevar a la viole yudar a que ésta se produzea ol de impulses ionades dad para demorar ia impulsividad no ia, si bien puede debido a la disminucion del com Por ultimo, entre Jos términas rela con Ia violencia dentro del ambito juridie contrarian el de «conducta antisocial», o conjun to de comportamientos que reflcjan un fracaso del individuo para adecuar su conduct pectativas de las figuras de autoridad, de las mas so los derechos de otras personas, Velde adelincuencia», rmino juridico que haria encia a la conducta antisocial que puede Ik var a no cumplit es y ser objeto de castigo | nifioslas y adolescentes con conductas antisoct En principio. se en- ies padecen un alto riesgo de jamientos desadaptados en I come conductas criminales, aisha desempleo y trastornas psiquidtrieas que inclu yen depresion, ansiedad y abuso de sustancias ‘Ademas, todo ello supone un grave problema de salud pablica, ya que los menores con conductas rntisociales suponen para Ia sociedad un coste veoes mayor qué los menores con wn dest rrollo adecuado (Scott y cols., 2001). edad adutta, tales nto social, 3. TIPOS DE VIOLENCIA Es necesario establecer una tipologia qt Herice, de forma cualitativa, las diferentes cl ses de violencia, asi como las rela llas. Hasta la actualidad, la investiga fica ha dado lugar a pocas tipologias generales, habiéndose centrado la mayoria d una parte del fendmeno, camo, par ejemplo, en el tipo Fe acto violento, el tipo de victima o en combins res especificas, En cualquier caso, una tipolo- gia integradora tendria que estar basada rentes eriterios que cubran simultineamente el espectro co s posibilidades, algunas de Las & n es é] individue violento: 82 / Nowesiminotegi ©} La motivacion que guia al individuo a realizar ¢| acto violento, y @) Las caracteristicas de la vietima. Aunque se pueden llevar a cabo combinaciones dé los diferentes eriterios, no todas ellas son posibles. Sin embargo, cuanto més especifica es la clasi- ficacién, mayor es la posibilidad de hacer un diagnéstico miis preciso: de cada uno de los tipos de violencia: @) En funcién de las caracteristicas del acto violento se puede diferenciar entre violen- Gia fisica, sexual, psicolégica y negligen- cia-omisién. Esta clasificacién es bastante objetiva, y In informacion sobre cada sub- tipo de violencia puede ser completada con la frecuencia, la intensidad y la dura cién con que se lleva a cabo. La negligen- ‘cia-omisién ha sido recientemente incor- Pporada y se caracteriza por no Mevar a cabo conductas necesarias para el bienes- tar de otro individuo, Dependienda de quién comete el acto vio- lento, la violencia puede ser clasificada en: 1) violencia dirigida hacia uno mismo, cn la cual ef individuo Heva a cabo actos que atentan contra si mismo, como, por ejemplo, las autolesiones o la conducta snicida; 2) violencia interpersonal, en la que el acto violento ¢s infligido por otro individu o por un grupo redueide de in- dividuos, como en el caso del abuso infan- til, el maltrato de la pareja o la violacién, ¥ 3) violencia colectiva, que, generale te, ¢s llevada a cabo por grapos mAs gran- des como los estados, grupos con una or- ganizacién politica u organizaciones no institucionalizadas, como, por ejemplo, las guerras o el terrorismo, Por otro lado, también se puede utilizar como criterio la edad 0 el género del perpetrador de la vio- lencia. En funcién de Ia edad, se differen- Gia entre violencia infantil, juvenil y adule ta, mientras que en funcién del género se e puede distinguir entre violencia masculina 0 femenina, Centrindose en el objetivo principal y el control constiente de la conducta que lle yaa cabo el perpetrador del acta violenta, una clasificacion, propuesta por Barral (1991), diferencia entre: 1) violencia im- pulsiva (también denominada emocional, reactiva, hostil 0 afectiva); 2) violencia premeditada (también denominada ine trumental, proactiva 0 depredadota), y 3) violencia relacionada con alteraciones médicas, lo que implica una patologia, En la actualidad, la dicotomia entre vio- Jencia impulsiva y premeditada se conside- ra como el constructo mas itil, si bien se han planteado algunas controversias (Bus ‘man y Anderson, 2001), La diferencia en re estos dos subtipos de violencia estd ba- sada en tres aspectos fundamentales: 1) el objetivo principal; 2) la presencia de irae hostilidad, y 3) el grado de planificacién implicado. La violencia impulsiva es lleva da a cabo con el deseo de dafar a otro im dividuo, siendo considerada como reactiva, ¥ caracterizindose por ir acompatiada de un estado de animo agitado o irritado y una pétdida del control sobre la. propia -conducta, Este tipo de violencia est deter minada por altos niveles de activacién del SNA y por una respuesta ante la provoc- sién que va asociada a emociones negat- vas como la ita o el miedo (Blair, 2004; Meloy, 2006). Ante la presencia de una amenaza de peligro inminente, este tipo de violencia puede ser considerada como una respuesta defensiva, que forma parte del repertorio adaptativo de la conducta hu- mana, Por el contrario, esta violencia s convierte en patologica cuando las respue- tas agresivas son exageradas en relacién al estimulo que ha provocado la reaccién ‘emocional. Sin embargo, los limites entre a agresin patoldgica y otras formas «cor males» de agresién no son claros en mo- chas ocasiones, par lo que individuos con © Retciane Pinte resin patologica pueden vivir o raciona- lizar su agresion dentro de los limites nor- males de Ia agresiOn defensiva o protectora (Siever, 2008). Por otra parte, la violencia premeditada esta motivada por abjetives que van mas all de hacer daio a otto in dividuo (coma, por ejemplo, conseguir di: ero), no esti relacionada con un estado de agitacién ni va precedida por una potente reaccidn afectiva, siendo levada a cabo con una baja activacion del SNA y un alto gta do de consciencia y planificacién. Repre- seata una conducta planificada que, gene- ralmente, no va asociada a la frustracion 0 una respuesta inmediata a ln amenaza Recientemente, debido @ que la dicoto- mia entre violencia impulsiva y premedita éa no puede englobar todos los casos de violencia, ha surgide un tercer tipo, deno- minado violencia reactiva-proactiva, ca- niclerizada porque si bien tiene como ob- jetivo dafar a otro individuo, como ocurre en la violencia impulsiva, es levada a cabo, sin embargo, con un alto grado de cons- ciencia y planificacion, que es una caracte- stica de la violencia premeditada Los trastornos mentales, como el tras- torno explosive intermitente, el rasiorno por estrés postraumiatico, la agresion irri- lable y Ia depresidm relacionada con la agresiOn, estén asociades a una activacion incrementada del SNA que puede contri- buir a una violencia de tipo impulsive, Por el contrario, los individuos diagno: i cados de trastorno de conducta 0 de iras- torno de personalidad antisocial muestran baja responsividad del SNA (Viding y cols, 2007), que puede Hevar a una vio- lencia premeditada, incrementada a través de una amortiguacién de las respuestas emocionales habituales (Raine, 2002), de tal manera que las respuestas agresivas exageradas pueden aparecer tanto en est dos de alta como de baja activacion, ¥ tar influidas por diferentes sistemas bi quimicos y anatémicos © Echoes Pride Definicidin y tipologia de la agresién y ia vitencia J 38 Por ultimo, la violencia relacionada con las alleraciones migdicas se caracteriza por ser un sintoma secundario a una con dicién médica, que incluye alteraciones psiquidtricas (Lrastorno de personalidad antisocial, psicopatia, ete.), ¥ neurolégicas (lesidn cerebral, tu mores, elc,), entre otras. Ademas, sc pueden producit algunas combinaciones de esas tres categorias, ya que, cominmente, la violencia impulsiva se asocia a los trastornas de personalidad, mientras que la violencia premeditada ha sido asociada a la psicopatia (Woodworth y Porter, 2002) Finalmente, basindase en las caracteristi cas de la victima, se pueden utilizar dos criterios: 1) cuando la victima guarda al- guna relacién con el perpetrador, ¥ 2) cuanda la victima sc clasifica en ft de algunas caracteristicas propias como la edad o el género. En el primer caso, 80 puede diferenciar entte: 1) violencia leva- daa cabo por uno mismo; 2) por un fami liar (maltrato infantil o de la pareja), y 3) por alguien de la comunidad que no per tenece al entorno familiar (sea alguien co- nocido @ un extrafio). Considerando edad de la victima, se puede diferenciar entre: 1) nifios; 2) javenes; 3) adultos, y 4) mayores 4, IDENTIFICACION DE LOS DIFERENTES TIPOS DE VIOLENCIA Para la identificacién de los diferentes tipos de violencia son necesarios instrumentos que sean Jo mas objetivos posible. Ello no supane uit pro- blema en el caso de los criterios @, # y d anterior- menie sefialados, ya que la informacion que se requiere para evaluarlos puede ser obtenida me- diante preguntas muy objetivas, como ocurre, por cjemplo, con «The Conflict Tactic Scale» (Straus y cols, 1996: Straus y Douglas, 2004) No obstante, la dificultad es mayor cuando s¢ irata del critetio c, es decit, la motivacion que 34 1 Neuroerminoiogia guia al perpetrador a realizar el acto violento. Para este ultimo criterio se han desarrollado di. ferentes instrumentos de medida, que incluyen ‘entrevistas estructuradas y semiestructuradas, y Se centran, principalmenté, en la distincién entre violencia impulsiva y premeditada: escalas de agresién impulsiva/premeditada (Stanford y cols., 2003), escala de impulsividad de Barratt (Patton ¥ cols, 1995), entrevista de historial de conduc- ‘as impulsivas (Schmidt y cols, 2004) y medicio- nes de laboratorio y psicométricas de impulsivi- dad (Cherek y cols, 1997). Otros programas, como el Cuestionario de agresion de Buss-Perry (Buss y Perry, 1992) y el Inventario de ira estado, TASgO y expresién de ira (Spielberger, 1988 y 1996; Miguel-Tobal y cols, 2001), evaliian la view Jencia de un modo mucho mas general. Ademas, les sobre la agresién (Lagerspetz y Wesmman, 1980) y el Cuestionario de ira estado (Van Gor, zen y cols, 1994). 5. TIPOS DE AGRESORES Los cientificos que investigan las bases biol}- gicas subyacentes a los diferentes tipos de vio. lencia estan mas interesados cn el individuo ‘como un todo que en actos especificos de violen- sia. Este conocimiento es necesario para poder diagnosticar cualquier alteracién biolégica que Puicda inerementar la probabilidad de que un in. dividuo Heve « cabo conductas violentas. En este sentido, se hace necesario ocuparse de tipos de agtesores en lugar de tipos de violencia, Sin em. le pasar de la conceptualizacién ise mueve un individuo que comete actos violen” tos siempre por el mismo tipo de motivacin? (Barratt y Felthous, 2003). Si fuese asf, los agro- Sates que cometen actos de violencia impulsiva deherian ser diferenciados de aquellas que come. ten actos de violencia premeditada. Ademiis, s¢ hace necesario determinar si esta clasifieacion podria ser aplicada en todas las edades en 4ue un individuo puede comportarse de Violenta (Dodge y cols, 1997; Vitiello y 1997), tanto en hombres como en mujeres ( nor y cols., 2003), en todos los tipos de violentos (por ejemplo, fisicos, psicolégican sexuales), y en telacién a todos los tipos de timas, como, por ejemplo, la pareja (Chase cols, 2001). Otro aspecto importante a con far es siesta tipologia puede ser aplicads tam individuos sin alteraciones médicas como aquellos cuya violencia es un sintoma socu rio a una alteracién médica. Si bicn las investigaciones sabre los dif tipos de agresores han sido bastante escasay la actualidad se estan levando a cabo estx Para encontrar pruebas diagnésticas que tan identificar sus diferentes tipos. Por ello, realmente itil encontrar marcadores biol ue hiciesen posible identificar los diferentes as de individuos violentos, Por ejemplo, jes sible identificar los distintos tipos de agresores funeién de diferencias moleculares tales comal el funcionamiento neuroquimice del cerebro o el polimorfismo genética? Ello contribuiria nota blemente al desarrollo de estrategias para la pee diecién temprana, la prevencién y el diseiio de intervenciones especificas 6. MARCADORES BIOLOGICOS Hasta la actualidad, eran parte de los estudios tealizados sobre marcadores biolégicos de los di. ferentes tipos de individuos violentos s¢ han cen. ‘trado en los agresores impulsivos, abarcando des. dc aspectos genéticos hasta aquellos relacionados con el funcionamiento dei cerebro. Sin embateo, seria importante establecer si estos marcadores Permiten diferenciar entre agresores impulsivos y Premeditados y, en consecuencia, ayudar a prede- sir la eficacia de tratamientos especificos, tanto desde el enfoque bioldgico como del psicoldgico © social. AA este respecto, uno de los hallazgos ‘cjor establecidos en las investigaciones neurop- sicofarmacoldgicas es la relacion e: jento de la seratonina (5-HT) cere violencia impulsiva, de tal manera que actividad de este neurotransmisor puede msiderada como un marcador y predictor aca impulsiva en individuos tanto sanos patologias médicas (Lee y Coccaro, demas, cl desarrollo de las técnicas de nha contribuido a localizar el funcio- to anormal de La S-HT en el cerebro de individuos caracterizados por una vio- impulsiva, Sin embargo, seria necesario si este marcador biolégico es una ca- inicamente de los individuos violen- na crénica o si también lo es de aque- llevan a cabo actos de violencia de episédica en un periodo especifico de sus Jado, los marcadores genéticos pueden a predeciry prevenir de forma temprana la Gn de la conducta violenta. Aunque seria ante realizar estudios en individuos carac- por ser predominantemente impulsivos ominantemente premeditados en su con- ta, las investigaciones llevadas a cabo actualidad son escasas, Los estudios exis- se han centrado en la identificacion de dotes genéticos especificos de la impulsivi- ‘ncluicia la violencia impulsiva. Cabe se- modo de cjemplo, que los genotipos TPH ‘han sido relacionados con la violencia siva, pero s6lo en el caso de pacientes im- ws ¥ no cn el de individues controles sanos y cols, 2002), Otros genes candidatos a facionados con ta violencia impulsiv: serotoninérgico en el caso de los do el alclo 452 TYR del receptor 5-HT2A, inicio de la viokencia (Mik y cols, 2007), y mos del gen del transportador de la para la agresion en general (Davidge y cols, demas de los marcadores neuroquimicos y ticos, también se estén llevando 2 ca fios con marcadores hormonales, inmunolé odel SNA que pucden ser indicativos de erfil determinado de persona violenta. A o de ejemplo, cabe mencionar que algunos Petrie Definicidn y tipologie de le egresién yla violencia / 35 déficits cognitives y ncurobiclégicos, tales como menor cociente intelectual, pobres habilidades verbales, menor amplitud del P300, discapacidad de la funcidn prefrental y menores niveles de dci- do 5-HIAA en liquido cefalorraquideo, han sido repetidamente asociados con el violento impulsi- vo. Por el contrario, el violento. premeditado muestra patrones ncuropsicolégicos y psicofisio- lgicos normales, con un sistema de control de impulsos intacto y un cociente intelectual en la media de la poblacion, un funcionamiento pre- frontal adecuado y una amplitud de la onda P300 en la normalidad (Ramirez y Andreu, 2006). A lo largo de este libro se analizarin en profundidad los diferentes marcadores bioldgi- cos que se conocen hasta la actualidad, En con- clusion, la identificacion de los diferentes tipos de agresores y de sus marcadores bioldgicos es- pecificos puede incrementar la probabilidad de establecer tratamientos psicofarmacoldgicos y psicosaciales efectivos para cada caso. A este respecto, se considera que ¢l tratamiento psico- farmacolégica es efectivo para reducir la violen- cia impulsiva, pero no la premeditada, en indivi- duos encarcelades (Barratt y cols., 1997a), asi como en nifios y en jovenes (Malone y cols., 1998; Steiner y cols, 2003). Sin embargo, dado que la conducta de cada individuo es el resulta- do de interacciones especificas entre variables bioldgicas, psicoldgicas y sociales, no se espera encontrar un iinica marcador para identificar cada tipe de individuo violento. Por ello, la in- formacién obtenida con log estudios biolégicos debe incorporarse a aquella que procede de otras disciplinas, coma la Psicologia y la Sociologia, con el fin de construir un cuadro completo de cada tipo especifico de agresores (Barratt y cols, 1997b; Dolan y cols, 2002; Stanford y cols., 2003). Por ultimo, cabe seffalar que es necesario informar a los profesionales, a los politicos y a la poblacién en general del progreso obtenido a partir de la investigacién en relaci6n a la clasifi cacién de los agresores y sus caracteristicas bio- logicas, psicologicas y sociales especificas, con el fin de desarrollar estrategias cfeclivas para tratar esta problematica (36 / Neurceriminologie: 7. MODELOS ANIMALES DE AGRESION Y SUS LIMITACIONES La agresién animal, igual que la humana, no es un concepta unitario, existiendo varias clasifi- caciones. La primera fue llevada a cabo por Ken- neth Moyer en 1968, utilizando como criterios los estimulos que provocaban la agresidn, la fina- lidad de la misma y los patrones de respuesta ob- servables (andlisis etoldgico de la conducta), dis- tinguiendo los siguientes tipos de agresién: depredadora, entre machos, inducida por el mie- do, irritable, territorial, maternal, instrumental y relacionada con el sexo (Moyer, 1987). Esta clasi- ficacién fue ampliada por Brain (Brain y Benton, 1981) con los siguientes tipos: infanticidio, pater- ‘nal y social femenina, quien, ademds, agrupé los diferentes tipos de agresién cn; depredadora, conflicto social, parental, autodefensiva ¢ infu ‘ticidio, Mas recientemente, Archer establecié di- ferencias inicamente entre la competicin por los recursos y la defensa ante el peligro (Archer, 1988), Por otro lado, los investigadores que estu- dian las bases bioldgicas de la agresién animal diferencian, en general, entre ofensa, defensa y depredacién. La conducta agresiva en animales ha sido ana- lizada tanto en estudios de campo como de labo- ratorio, Los primeros se realizan en el conterto natural, sin la manipulacién de variables, con la finalidad de definir la conducta en el contexto social y elaborar el etograma conductual de cada especie, Por otra lado, los estudios de laboratorio se han llevado a cabo, en la mayoria de los casos, ‘con roedores machog, siendo el principal objetivo determinar los procesos basicos de Ia conducta agresiva que sirvan de complemento a los estu- dios Hevados a cabo en seres humanos. En general, a la hora de estudiar cualquier con- ducta, los modelos animales presentan multitud de ‘yentajas en comparacién con los estudios llevados a cabo en seres humanos, ya que, entre otras, per- miten una mayor manipulacién y control de varia- ‘bles, se caracterizan por una mayor objetividad y posibilitan el estudio del desarrollo de la conducts ‘agresiva mediante estudios longitudinales. Aungue todas estas caracteristicas son muy ventajosas, & tos modelos también presentan inconvenientes entre los que eabe destacar las limitaciones debi das a la extrapolacién de los resultados obienidos al ser humano, asi como el hecho de que algunos procesos psicolégicos, como la comunicacion no verbal, la memoria simbélica y el pensamiento abstracto, no pueden ser estudiados de forma ade- cuada, Pese a las limitaciones, Ia. investigacién ani. mal ha permitide obtener mucha informacién so- bre los mecanismos conductuales, neurobiolégioas y moleculares de Ia agresién. En conclusién, si bien hay aspectos biolégicas communes a la agresién cn animales y en seres bu manos, tales como neurotransmisores, hormonay estructuras cerebrales y genes implicados, tam- bién existen otras aspectos que son especifices para cada especie. Por todo ello, los datos proce dentes de la investigacion animal tienen que st tomadas como procesos basicos de los mecanis} mos subyacentes en seres humanos, siendo nece| sario llevar a cabo, conjuntamente, una investipe cidn en seres humanos que permita analizar b violencia y disefiar programas de intervenci pata su control y tratamiento. A lo largo de diversos capitulos que conforman este libro iran ofreciendo datos obtenidos en ¢studios dos a eabo en animales, aunque él grueso de investigacién que se presenta est focalizado trabajos realizados en seres humanos. © Balcones Dafinicién y tipologia de ta agresiGn y la violencia / 37 J (1988). The behavioural biology of ageres- E.§, (1991). Measuring and predicting ag- within the context of a personality theory. Jour! of Neuropsyehiatry and Clinical Neu- ces 3(2), $35-9. E'S. y Felthous, A. R. (2003). Impulsive ver- tated. aggression: Implications for mens cisions Behavioral Sciences & the Law, 21(5), 3, E.S. 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(2002), In cold blood: Characteristics of criminal homicides as a function of psychopathy: Journal af Abnormal Psychology, LIQ), 436-45, DUCCION finales de los afios setenta del pasado ppensiba que las tinicas hormonas implica- laconducta agresiva que producian un in- de ésta eran las gonadales, especialmen- rogenos, Ademas, al establecerse una unidireccional, la mayoria de ls estudias tales se centraban en los efectos de la ién de testosterona sobre la agresién gonadectomizados. Sin embargo, en la se acepta una conceptualizacién inte- gue comprende un metodo mucho mas jo, en el que participan varios sistemas teraccién entre ellos y can otros fac- establecen una relacion bidireocional 0 con la conducta agresiva, Por otra sbién se ha producido un cambio de en- a bora de estudiar los sustratos neurales ‘en la base de la agresion y Ia violencia, Primeros estudios establecian una rela- entre algunas estructuras cerebrales y a, mientras que en la actualidad se modelos neurales complejas formados intas reas que actian entre si. Con el fin el campo de estudio y ofrecer infor- actualizada, se realizard una breve intro- cdo de Revista de Newrofogia, vol, 38, aiea_ 11 is Moya. Albiol, Bases neuronales de la violencis 1067-075, com el permisa de Viguera Editares El cerebro violento* af LUIS MOYA ALBIOL ANGEL ROMERO MARTINEZ, duccién en la que se citardn las principales estruc- turas cerebrales relacionadas con la agresion animal, para pasar posteriormente a tratar cl as pecto central de este capitulo, que es cl sustrato neuroanatémico de la agresién humana. 1.1. Estructuras cerebrales en animales Existe un sustrato neuroanatémico que con- ‘rola la expresién de la agresién animal que esta formado por distintas estructuras neurales y sus interconexiones. Sin embargo, hay que considerar diversas variables a la hora de analizar las bases neuroanatémicas dela conducta agresiva. Entre cllas, cabe destacar, por un lado, la especie estu- diada, ya que, aunque hay bastante similitud en mamiferos, hay aspectos mas concretas de las vias neurales reguladoras de esta conducta que son especificos para cada especie (Nelson y Cl vegatto, 2001), y, por otro, el tipo de agresién (Siegel y cols, 1999), ya que, aunque hay meca- nismos neurales comunes, también hay diteas ce- rebrales que presentan mayor especificidad. Res- pecto a este segundo aspecto sc ha establecide una extensa tipologia de la agresién animal, pero, ‘con el fin de ofrecer una perspectiva integradora, se diferenciaré entre las categorias conductuales de ofensa, defensa y predacién. La investigacién sobre las estructurales cere- brales implicadas en la agresién animal tiene sus origenes hacia 1920, El enfoque inicial se basaba 40 | Neuroes inaiogia en el estudio del valor funcional de nicleos cere- brales concretos, mediante el uso de téenicas es- tercotiixicas que permitian la realizacion de lesio- nes y estimulaciones eléctricas, Sin embargo, estas técnicas tradicionales fueron duramente eri- ticadas ¥ pareialmente invalidadas, ya que no se puede establecer una relacion directa entre una conducta determinada y la funeidn de la zona dafada (al lesionarla se suprimen @ alteran fre- cuentemente otras zonas adyacentes). Investiga- ciones posteriores que utilizaton técnicas histo- quimicas y de degeneracién neural permiticron identificar circuitos ncurales mas extensos, Por todo ello, la concepeién mas localizacionista del estudio de la agresién centrada en nucleos con- cretos ha dejado paso a otra mas globalizada que abarcaria eircuitos neurales mas complejas, y en la que se produciria una actuacién interrelacio- nada de las estructuras (Martin-Ramirez, 2000). Aunque en un principio se persaba que el sus- trato neural de la agresiGn era el sistema limbico, actualmente se considera que esta conducta es controlada por diversos sistemas arganizados de forma jerdrquica (Siegel, 1997), que incluyen cl mesencéfalo, el hipotalamo, la amigdala y el sis tema limbico, otras estructuras subcorticales {como ef hipocampo, el tlamo y el septum) y la corteza cerebral, A continuacién s¢ ofrecen las principales conclusiones extraidas de multitud de estudios que han analizada cada una de las es- tructuras mencionadas. El proposito de este apartado no ¢s realizar una revision exhaustiva, sino aglutinar, de forma breve y sencilla, los prin- cipales estudios sobre estructuras neurales y agre- sion en animales, todo ello para realizar una in- troduccién a las bases neurales de la violencia humana que, ademas, posibilite establecer us comparacién filogendtica En cuanto al mesencéfalo, los estudias de le- sién o de estimulacién cerebral (cléctrica yfo qui mica) en gatos y roedores han puesto de mani- fiesto que el area tegmental ventral regula la conducta ofensiva mientras que las neuronas dorsales de la sustancia gris periacueductal con- trolan la conducta defensiva y las ventrales la predatoria, El hipotalamo desempefia un papel funda: mental en el control de In condueta agresiva, y contiene tanto sistemas facilitadores como inhi bidores de la misma, Ademas, hay que destac la relevancia de sus conexiones con diversas 6 tructuras telencefilicas y con el mesenceéfalo, ya que las lesiones que desconectan el hipotalamo del meseneéfalo climinan Ia conducta agresiva provocada por el hipotilamo, aunque cuando lesién se produce en la propia estructura pue cambiar la intensidad o probabilidad de ceurren: cia de la conducta y ésta no desaparece (Halasz y cols., 2002). Para Kruk y Haller (2001), et hipo: talame es un nodo crucial en el circuito neural de fa agresidn, ya que es el nico lugar en el que puede evocar la agresion de forma consistente ea diferentes especies. Resumiendo gran cantidad de estudios Hevados a cabo en las iiltimas décadss (Gomer-Jarabo, 1999; Sewards y Sewards, 2002) se puede afirmar que la estimulacién cerebral del hipotilamo medial provoca la conducta ofensiva Ia del dorsal desencadena patrones conductuales de defensa y la del hipotalamo lateral facitita conducta predatoria La amigdala es otra de las estructuras ¢erebr- les que desempefia un papel central en la regula cién de la agresion animal. Grosso mado, amigdala basolateral (formada por los micleos lateral, basolateral y basal) estimula el ataque de- fensivo, pero no afecta a la predacién, mientras que la amigdala corticomedial (formada por li niicleos central y media) facilita el ataque defer sivo ¢ inhibe la predacién. Las principales pro- yecciones de la amigdala han sido relacionadas con la agresion cn roedores. De esta forma, li proyeccién de la amigdala corticomedial tiene wa doble efecto inhibitorio, ya que inhibe la partic pacién activante del hipotilamo y es activame del septum (estructura que desempefia un papel inhibitorio sobre la agresién). La proyeccidn é Ia amigdala basolateral lleva a cabo, sin embargo, un doble efecto excitatorio, ya que activa a bi estructuras primarias de integracion mesencelile a y al hipotilamo (Niehoff, 2000) ‘Otras cstructuras limbicas también ejercen un papel inhibitorio (Siegel y Edinger, 1983; Siege! y lesion del «i itativa en gatos y pe: menta la agresion i lndel sept incrementa la conducta defen y la de la estria terminal ratas, Ademas, la ic inferior @ ventral del hipocampo de pea un papel activador en el ataque preda: tos, mien superficie sup Otras estructuras cerebrales relacionadas con conducta agresiva en animales son el télamo, el », el Grgano vomeronasal y la cor- 1983: rez, 2000). Div ye gue al y paraventricular del télamo provoca agre ja lesion del tilamo ventral La agresion entre ido a la reduceién de los lores Asimismo, los estudios con hembras s fio la importancia del organo vomeronasal para ha agresién durante Ia lactancia. El cdrtex hal controla la conducta agresiva tanto a los sistemas sensomotores neeesarios p: apresién como mediante su funcién inhibidora. Sn embargo, algunos estudios en ratas han mos- as la decortificacién completa se con mayor parte de los elementos cond jacionados con la locomocién, el cuidado ia alimentacién y la agresidn. pitulo. consiste en resumida, informa Gin proveniente de muy diversas fuentes sobre el ato incia humana, Para ello, se describirin desde las primeras aprox io de esta temd- tia hasta los estudios mas actuales sobre neuro- imagen y agresién. Posteriormente, se abordari el papel del Sistema Nervioso Autonome (SNA) so- breesta conducta y se enunciarin algunos ivos actuales que intentan « alizacién amplia que dé es sobre cerebra y agresi las bases neurales de la vio iones al e EI cerebro viaento F 44 PRIMERAS APROXIMACIONES: AL ESTUDIO DE LA AGRESION Y LA VIOLENCIA n cerebral indica- rales Facilita- Los ext on que las principales a doras de la agresion son la amigdala, cl hipo pa y diver tegmentales, m que las supresoras son el septum, la zona ¥ medial de los Iobulos frontales y el & de los lobulos temporales (M incipales resultados de es cerebrales coinciden n parte de los hallazgos basados en la Psicocirugia, que la conducta bajos sabre investig: obtenidos esta pretende supti de individuos ext reducir o contre su utilizacion, ya que pre conductwales se em restringidas, que las funciones de un area cerebral y el problema del paciente, y que, come consecuencia de una intervencién, no se producira ningun otro dato importante (Bridgeman, 1991 nigdala, centradas Fundam en el nucleo basolateral (Lopez-Muioz 00), parecen tener mayor efectivid a agresion y menares ef nque pueden ser graves). Es la lesién mi utilizada para disminuir o inhibir Ix conducta reatiaxicas de efectos no: estudios, Ademis, tanto la amigdak la hipocampectomia disminuyen la agresi pacientes epilépticos de gravedlad 1992), La cingulectomia reduce duracion de los at dad y produce mento de la docilidad, t to en primat Janos como en seres huma- nas. Las lesiones en el hipotdlamo disminuyen la a intensidad y 42. / Nourecriminatogia agresién en personas con conductas violentas in- corregibles, aunque esta intervencidn es peligrosa ¥ poco recomendable por Ia implicacién de esta estructura en Ia regulacion de funciones basicas, En linea con estos resultados, investigaciones Posteriores han puesto de manifieste que en pas Cientes con un bajo Cl, dafio cerebral severo, con- Sumo de drogas, violencia refractaria y/o compor. tamientos de automutilacion, la estimulacién bilateral mediante microelectrodos de la region Posterior de! hipotilamo reduce la frecuencia de las agresiones tras la intervencién y durante los meses posteriores a ésta (Cordella y cols, 2010; Franzini y cols. 2005; 2013; Hernando y cols., 2008; Kuhn y cols, 2008) Estudios ya clasices también describieron re- sultados positivos en personas altamente agresi- ‘Yas tras lesionar los micleos intralaminares y dor somediales del télamo (Spiegel y cols, 1953). La lobotomia temporal bilateral (con extirpacién de la amigdala) produce el sindrome de Klaver y Bucy, caracterizado por disminucién de la agresi- vidad, hipersexualidad, bulimia, amnesia, falta de emocionalidad, alteracién de ia personalidad, deteriora de la conducta social y ceguera psiqui- ca». Lesiones en el edrtex orbitofrontal y las re- giones prefrontales adyacentes producen altera- Giones caracterizadas por impulsividad y agresion (Davidson y cols., 2000), EI sindrome del idbula frontal consiste en un patrén de cambios conduc- tuales que incluye falta de conciencia de las con- secuencias de la propia conducta, péndida de ha- bilidades sociales, impulsividad, distractibilidad, Irivolidad, indiferencia emocional, incremento de la hostilidad y agresividad y falta de control de impulsos (Leskauskas y cols, 2010), Los datos procedenies del andlisis de pacientes con tumores cerebrales han indicada que aque- llos que van acompafiados de comportamientos agresivos y de incrementos de la irritabilidad y la hostilidad se localizan principalmente en los 16 bules temporal y frontal, en la circunvoluci cingular y en el hipotdlamo. Ademds, un estu en pacientes con dafio cerebral localizado en Ia amigdala y en las conexiones occipito-limbicas {ras accidentes cerebrovasculares en las arterias cerebrales posteriores describié un Increment la expresién de Ia ira y la irritabilidad en ua quello porcentaje de casos. Los sistomas ron una duracion aproximada de 2 se remitieron transcurrido este breve periodes tiempa (Botez y cols., 20007), Diversos estudios indicaron que alrededor 50 por 100 de los sujetos detenidos por violentos y de 10s homicidas encarcelados taban electroencefalogramas (EEG) andi Las anomalias no legaban a representar, ge mente, una franja epiléptica, afectaban con, ‘da frecuencia al l6bulo temporal y consistian uun enlentecimiento del EEG (el nivel de viol correlacionaba positivamente con la actividad 4s ondas lentas delta, y negativamente con l tividad alfa). Se han atribuido diversas causas a este enlentecimiento, coma son un so en la maduracién, daiios cerebrales o una tivacion disminuida (Wong, 2001). Segin (1993), Ios patrones irregulares de suefio ser habituales en criminales, y afectarian not mente a las ondas clectroencefalograficas. A Que esta posibilidad ha sido poco analizada los estudios sobre agresién (Michael, 2001), Gientemente se ha descrito mayor mimero de: Pertares y un suefio menos eficiente en suje antisociales con trastorno de Personalidad dderline (Lindberg y cols., 2003), En 1970, Mark y Ervin sugirieron, en su pole mico libro Violence and the Brain, que algunas formas de violencia humana intensa tienen Origen en trastornos derivados de ataques epilép| ticos del Idbulo temporal. Sefialaron que un ee inales agresivos mostre ban EEG andmalos indicativos de un daito end Isbulo temporal, que podia provocar un trastor no que denominaron «sindrome de desconted episédicon, Este consistia en la presentacion de episodios paroxisticos de conducta violenta dif. sa, dirigida contra personas u abjetos del entor no, que duran desde minutos hasta horas, que aparecen de forma impredecible y que van seguir dos de fatiga y somnclencia junio a estados am aésicos, Se sugirié que existe una base orginica que explica dicho trastorno, ya que en un estudio © Biisones Pixie exploracién neuropsicolégics de cerca de 300 108 (Elliot, 1982) se observaron anomalias en Tomografia Axial Computerizada (TAC) como as de los ventriculos laterales o zonas de rofia cortical. En los iiltimos aiios se ha indica- que pacientes con sindrome de descontrol epi- dico presentan una ¢jecucién similar cn diver- tests de evaluacién del funcionamicnto del frontal que pacientes con lesiones en el tex prefrontal orbital-medial (Besi y cols., 2), y se han sefialado diversos factores que dulan la relacién entre epilepsia y violencia Marsh y Krauss, 20000). mas enfermedades infecciosas cursan con eremenio de la agresion (Simon, 1983). Por plo, cl virus de la rabia provoca lesiones en el us limbico, fundamentalmente en los 16 3, generando comportamientos ‘que se caracterizan par irritabilidad extrema, nentos de la conducta agresiva, hipersexua- dy atagues irracionales. La encefalitis virica Fodnomo consistié en una epidemia mun- en 1924 con origen infeccioso que producia en la region anterior del hipotalamo y en a gris periacueductal que cursaba con re control de impulsos y explosiones de via- La Encefalitis Letargica, o enfermedad del fo, es una infeccion generalizada del cerebro g produce conducta desinhibida, labilidad emo- gal, reduccién del sentido moral, conducta gata o impulsiva y automutilacion. Elincremento de actos violentos puede acom- ‘a otras alteraciones, como diversos trastor- aiquiditricos, como la esquizofrenia, algunos os de demencias seniles, traumatismos cerebra- Sindrome de Korsakol? y sindrome de Lesch- um, entre otras. Respecto a este ultimo, algu- finvestigaciones cn ratas han puesto de nifiesto que cf antagonista del receptor DI de opamina bloquea el comportamiento de au- in inducido por la L-Dopa, per lo que ha ‘propuesto como terapia potencial en pacien- ectados por este sindrome (Breese y cols., ‘Ademas, el abuso del alcohol y atras sus- as psicoactivas también guarda estrecha re- én con la hostilidad y cl comportamiento Primate Elcerebro violento / 43 agresivo, En un estudio reciente, se ha indicado que los hombres con alta grado de hostilidad mostraron un incremento mayor de Ia agresion tras el abuso del alcohol, por lo que se ha enfati- zado el papel de las diferencias individuales {Giancola, 2002), 3. NEUROIMAGEN, LATERALIZACION CEREBRAL Y AGRESION El desarrollo de las técnicas de neuroimagen ha hecho posible obtener informacién adicional sobre la relacion entre el cerebro y la conducta, agresiva, ya que permiten medir directamente las alteraciones funcionales y estructurales que pue- den estar relacionadas con la violencia (Das y cols., 2002) y con la psicopatia (Dolan, 2002; Blair, 2003). A grandes rasos, los estudios de ca- sos con Resonancia Magnética (RM), TAC. To- ‘mografia por Emisién de Positrones (TEP) y To- mografia Computerizada por Emision de Fotones Simples (TCEFS), junto con los datos obtenidos mediante EEG y pruebas neuropsicolégicas, han puesto de manifiesta la exisiencia de anomalias estructurales y funcionales en los lobulos tempo- rales y frontales de diversas muestras de sujetos violentos (Bassarath, 2001; Das y cols, 2002; Do- lan, 2002; Wong, 2001; Wood, 2003), 3.1, Estudios con TAG Aproximadamente la mitad de los estudios con TAC no hallaron diferencias en estructuras cerebrales entre los grupos controles y experi- mentales tras utilizar distintas muestras de suje- tos, como pedafilos, atracadores de la propiedad, asesinos, individuos que han cometido incesto, asaltantes, pacientes con sindrome de descontrol episédico y exhibicionistas. Sin embargo, cuando se han encontrado diferencias, apuntan hacia al- teraciones temporales en los agresores sexuales, especialmente en pedofilos y asaltantes sexuales violentos, pero no en individuos agresivos y asal- tantes no sexuales y en asesinos, A grandes ras- 44! Neurecnminciogta 0, estos estudios no han mostrado anormalida- des cn cl ldbulo frontal de agresores sexuales, aunque en otro estudio se observaron areas me: nhores en los lébulos frontales y temporales de pedéfilos (Wright y cols, 1990) tra investigacién Nevada a cabo en esquizo- frénicos (como muestra de sujetos no criminales) puso de manifiesto la existencia de un agranda- miento de la cisura de Silvio al compatar sujetas violentos con no violentos, 1e que indicaria una alteracién de la regién frontotemporal cn esqui- zofténicos vielentos (Convit y cols,, 1996). En esta misma linea, se ha deserito un incremento de cambios elgctrieos (medides mediante EEG) y estructurales (datos aportados por la TAC) en ios lobulos temporales de pacientes psiquiitricos que puntuaron alto en violencia, en compara cién con aquellos de puntuaciones medias 0 ba- Jas (Wong, 1994). 3.2, Estudios con RM En el primer estudio que incluyé la RM (Tonkonogy, 1991) se seleccion6, mediante TAC, RM y EEG, a pacientes psiguiditricos (hombres mujeres) afectados por alteracién mental orginica debida al abuso del alcohol, accidentes cerebro- vasculates © traumatismo craneoencefilico. Se encontré un mayor indice de lesiones en el lbbulo temporal anterior inferior del subgrupo de sujetos que presentaban episodios frecuentes de conducta violenta, estando la mayor parte de las ocasiones (cuatro de cada cinca) localizadas en el hemisterio izquierdo. Los autores concluyeron que la violen- cia puede ser el resultado de pérdida unilateral de tejido en la region amigdalo-hipocampal del lébu- lo temporal, Aunque este estudio fue valido par ser el primero en emplear RM para evaluar datos cerebrales en personas violentas, tenia algunas mitaciones, como el hecho de que la muestra esta- ba formada por sujetos con alteraciones mentales severas, por lo que los resultados tienen que ser tomados como preliminares, al poder estar los dé- ficits mas relacionados con la enfermedad que con la violencia en si misma. Chesterman y cols (1994) hallaron que en de los diez pacientes psiquiatricos violentos a diados (scis esquizofrénicos y cuatro con tras de personalidad, todas hombres) aparecia atrofia temporal medial, y en otros dos estudio ha descrito alteraciones cerebrales morfolo en las areas frontotemporales de asesinos (Sabi y cals, 1998) y de agresores sexuales violenid (Aigner y cols.” 2000), En el aiio 2000 se reulia primer estudio utilizando la RM para evaluarl déficits ccrebrales en grupos antisociales, con tamente varones con trastorno de personal antisocial que ne estaban institucionalizados (Ri nie y cols, 2000). En este estudio, la confidend dad de los sujetos fue mantenida de forma que se pudiesen emprender acciones legales conta ellos, ya que muchos reconocieron haber cometié ctinienes. Estos individuos eran. propensos # i agresion impulsiva, y mostraron una reducci del LI por 100 del volumen total de sustancia prefrontal en comparacién con os controles (sup {08 Sanios sin alteracién), del 13,9 por 1000en ea paracién con el grupo de drogodependientes (J alcohol © qué abusan de sustancias como sedap 'es, hipnéticas, ansioliticns, opiiceos, cocaina, alo} ‘cindgenos, etc), y del 14 por 100 en comparaci ‘con el grupo de pacientes psiquidtricos (formadi por esquizofiénicos, pacientes con trastornos del estado de sinimo, con trastornas de ansiedad y cx ‘atros trastomnos de personalidad), Estos resulta dos apoyan la existencia de un deficit estructural en el trastorno de personalidad antisocial, aunga hay que tener en cuenta que el estudio se lleva cabo tinicamente en varones y que los resultados informan de que hay un patron correlacional entre déficits prefrontales y el trastorno de personalid antisocial, pero no relaciones causales. Por otro lado, se ha deserito una asociacion er ire la reduecién de la sustancia gris neocortical frontal y la agresion emocional en pacientes con pilepsia del Jabulo temporal (Woermann y cols, 2000). En este sentido, los pacientes con epilepsia en el lobule temporal y episodios de agresividad mostraron una disminucion de la sustancia rs que fue mas marcada en el lébulo frontal inquierdo que los pacientes con el mismo trastorno pero agresivos. Sin embargo, no se han obser- eacias en | volumen de la amigdala y al comparar pacientes con epilepsia jo temporal con o sin episodios de agresi- eflo, se ha argumentado que las funcio- hemisferio dominante parecen desempeiiar el mas importante en el desarrollo del sin- ide descontrol episédico, ya que pacientes dos por este trastorno presentan menores: lidades focales derechas y mayores anor- bilaterales 0 izquierdas que los pacientes ia del I6bulo temporal pero sin trastor- mitente explosive (Van Elst y cols., 2000). Ja mayor agresividad también se ha rela- ‘con un tipo poco frecuente de epilepsia, la fo cingulado, aunque el riesgo de violencia El cerebro wolento | 45 yfu otros comportamientos desajustados remiten tras la cingulectomia (Alkawadri y cols., 2011). Hasta el afio 2001 no habia evidencia empirica silida sobre déficits estructurales en psicépatas. Laakso y cols. (2001) estudiaron @ 18 agresores violentos con trastorno de la personalidad anti- social y alcoholismo. Se encontrd una correlacion positiva entre puntuaciones altas en la escala de psicopatia y tamafo reducido de ambos hipo- campos. Los autores interpretaron el hallazgo en el sentido de que la falta de temor o pavor ante el peligro de estas sujetos podria ser el correlato cli- nico del mismo, Sin embargo, no utilizaron grupo control y la muestra era de tamasio reducide. La tabla 2,1 presenta, de forma resumida, los primeres estudios que emplearon la RM para TABLA 2.1 Primeros estudios sobre RM y agresién en kumanos Meestra | ginica (hombres y mujeres. Pacientes priquiatricos con alteracion or- Resultados Mayor lesidn lobulo temporal anterior-infe- en violentos (mayor en hemist quierdo). yols (1994) | Pacientes psig ‘bees esquizofrénicos 0 « personalidad), yeok. (1998) | Asesinos (hombres), er ycals (2000), rigos vielentos (hom trastorno de ‘Agresores scxuales violentos (hombres), Atrofia temporal medial, ‘Aligraciones morfoldgicas en areas fronto- temporales Alteraciones morfoligicas en areas fronto- temporales cols. (2000) ‘Trastorno de personalidad antisocial (hombres con agresién impulsiva) Reduecidn de volumen total dela sustancia gris | prefsonal (respocto # controtes sin alteracién drogodependienics y pacientes psiquistrices). Sindrome de descontrol episiidico (hom- bres agresivos y no agresivos). 18 y cols, (2000) ‘CorrelaciOn positiva entre la reduccién de la sustancia gris neocortical frontal y la agresidn emocional (mayor en hemisferio izquierdo). episédico (hom- bres y mujeres agresivos y no agresivos), tz van Elst y cols, | Sindrome de descont ‘Atrofia de la amidgala © lesiones periamigda- Ioides (mayor bilateral o izquierda en agresi- vos itnpulsivo5). cols, (2001) | Psicdpatas (hombres). a entre alto grado en psi- hipacampal reducid, 46 1 Nowrocriminologia evaluar el cerebro de personas violentas, Destle el aio 2000 se han realizado multitud de estu- dios que han profundizado en la tematica, tanto ‘en sujetos sanos como en sujetos que presentan alguna psicopatologia. A continuacién, se des- criben, « modo de ejemplo, algunos de los traba- Jos mas actuales que han abordado esta proble- inatica, Con el fin de analizar si la variacién en el pro- eso emocional puede contribuir a la conducta agresiva y desafiante, se han evaluado estas con- ductas en una amplia muestra de nifios y adoles- centes sanos en relacién al volumen (mediante RM estructural) de dos regiones corticales con ‘importante implicacién en el procesamienta emo- sional: el cértex cingulado anterior (CCA) y el sértex prefrontal ventromedial (Boes y cals., 2008). Los resultados del estudio mostraron que Jos sujetos con mayores niveles de agresin y desa- fio presentaron un menor volumen del CCA dere- cho, pero tinicamente en el easo de los chicos y no en el de las chicas Este hallazgo sugiere que una variacién anatomica en el CCA podria reflejar-v riaciones funcionales que se manifiestan como di ferencias de comportamiento, hipotesis que se ve respaldada por diversas investigaciones que han ‘mplicado a esta estructura cerebral en la conduc- ta social y en la violencia (Devinsky y cols, 1995). En este sentido, se ha descrito una actividad dis- minuida en la parte caudal derecha del CCA al visualizar cstimulos con significado emocional ne- gativo en chicos con trastornos de conducta en relacion con un grupo control (Sterzer y cals. 2005; Stadler y cols., 2007), También se ha obser. vado wna disminucién en la densidad de transpor- tadores de serotonina en el CCA en relacién con la agresion impulsiva (Frankle y cols, 2005). Ade- ‘més, un conocido factor de riesgo genético para este tipo de agresién ha sido asociado a una dis- minucién del volumen global del eértex cingulado (Meyer-Lindenberg y cols, 2006). El estudio mediante RM estructural ha puesto de manifiesto que los rasgos psicopiticos en ado- lescentes. de ambos géneros sc relacionan con ma- yor volumen cerebral en el puiamen, el asa pe- ‘duncular y el cértex frontal inferior del hemisferio iaquierdo, y el cértex prefrontal superiomedis, orbitofrontal y las regiones temporales media del hemisferio derecho (Cummings, 2015; y cols, 2013). No obstante, los rasgos ‘cos se relacionan con un menor volumen o ‘en el cértex frontal medial derecho y en los Id los parictales superior ¢ inferior izquierdos anomalias estructurales en las regiones front ¥y temporales han sido asociadas a la pobre de decisiones y a la baja regulacién emo hallada en los psicdpatas. Por otra parte, last las regiones estriatales se han relacionade con busqueda de sensaciones y los comportamientn dirigidos a la recompensa en las personas ci asgos psicopaticos (Cummings, 2015; Glens cols, 2013), Diverses estudios longitudinales han sefialad que las alteraciones estructurales que presenta las personas con trastorno antisocial podrian tar presentes desde la infancia, eontribuyenda desarrollo de la personalidad durante la etap adulta (Glenn y cols, 2013), Ademis, las dif cias de género en dicho trastorno setian explic das por diferencias estructurales en el edriex pre} frontal, especificamente en ¢] volumen de materia gtis del cortex prefrontal orbitofrontal y medial) ‘que es menor en hombres que en mujeres (Raine y cols, 2011). Mas coneretamente, dichas ano malias serian el incremento del volumen de mate rial gris en el \ébulo parietal inferior y de materia blanea en el precineo, Otras investigaciones han analizado las estructuras cerebrales mediante imagenes de RM con tensor de difusién, que per mite cuantificar el grado de anisotropia de los Protones de agua en los tejidos, es decir, la dens dad de dichas partes del cerebro que conileva una determinada restriccién del movimiento del agua Asi, se deseribié-anisotropia en jévenes, especial. mente hombres, en el giro lingual izquicrdo, en el Preciineo bilateral, en el giro frontal superior de- recho y en el temporal-medial derecho, por lo que estas estructuras cerebrales eran mis densas ¥ se produjo mayor restriccién en el movimiento del agua (Dolan, 2010; Jiang y cols, 2015). En otro trabajo llevado a cabo en sujctos sa- ‘nos se ha observado que la exposicin repetida a pwecepreepeaegare (© Bdclooes Pirie ° a en los medios produce una respuesta . tanta en la corteza orbitofrontal la- derecha como en las vias de conexién de estructura con la amigdala (Kelly y cols. |, Una funcidn reducida en esta red neuronal jo asociada. con una disminucion del control amplia variedad de comportamientas, in- da la agresion reactiva. En este sentido, los hallaron la respuesta reducida en aque- sujetos con mayor agresién reactiva, analizar sujetos con psicopatologia se ha slo de manifiesto que las personas con esqui- historia de violencia muestran una im- dad clevada, pero puntuaciones semejantes ‘apacidad de asumir riesgos y en la empatia ontroles sanos (Kumari y cols, 2009). Ade- se hallé una correlacién negativa entre la idad y el volumen de la materia gris or- pirontal en ambos grupos de sujetos y entre la aera y cl volumen del hipecampo cn el grupo pacientes. Estos resultados sugieren que la im- svidad disiuncional, pero no la funcional, es made on los pacientes con esquizofrenia que sentan una propensién a repetir actos violen- bs yesl0, a SU Vez, parece estar asocindo con un lumen reducido tamto de la materia gris del x orbitofrontal como del hipocampo. Por o, la prediccién del riesgo de violencia y las grtegias de manejo de la esquizofrenia pueden ficiarse de la inclusién de medidas especifi- pera el rasgo de impulsividad disfuncional Porotra parte, una revision de la literatura so- Jos trabajos con RM funcional indica que en g lendencias psicopaticas, caracterizadas por un elevado, tanto para la agresién reactiva mmo para la instrumental, se produce una alte- ‘acién del funcionamiento de In amigdala en el prendizaje de estimulo-refuerzo y del eortex fiontal ventromedial en la representacién de las ativas del refuerzo (Crowe y Blair, 2008), ¢fiencias que interfieren en la moral, la socia- nacién y 1a toma de decisiones, Tambien presen- tacan una hipersensibilidad del estriado ante es- fimulos que no generan recompensa, asi como ahereciones en el funcionamicnto del cdrtex pre- frontal ventromedial, El funcionamiento anor- 0 Elsie ice El ceretva violento / 47 mal de estas estructuras afectaria a su habilidad para responder de forma flexible y consecuente al ambiente, disminuyendo la capacidad para con- trolar su comportamiento ¢ incrementando la, probabilidad de presemtar conductas antisociales Ademas, los deficits en la empatia cognitiva y emocional vendrian parcialmente explicadas por alteraciones en el cortex prefrontal ventromedial, el sistema de las neuronas espeja y el cértex cin- gulado, Por ultimo, el empabrecimiento emocio- nal se relacionaria con un funcionamiente inade- cuado de la amigdala, los lobulos temporales, el giro fusiforme y el fasciculo uncinado (Cum- mings, 2015). En las dltimas décadas se ha incrementado considerablemente el nmero de investigaciones sobre la neuroanatomia y neurofisiologia de la psicopatia, De este moda, ha sido asociada a la reduceién de la actividad en regiones limbicas y paralimbicas como la amigdala, el hipocampo, el giro parahipocampal, los eértex cingulado ante- rior y posterior, el estriado ventral y la insula Ademis, también se ha destacado el hipofuncio- namicnto de las reas de asociacion entre los cor- tex temporal y frontal, asi camo en las areas sen- soriales del cortex visual posterior, e] cértex somatosensorial parietal y estructuras motoras como el cerebelo y el cartex motor primario, No obstante, estos resultados no san undnimes, pues- to que tambien sé ha descrito una mayor activi- dad cerebral en determinadas estructuras que habian mostrado un hipofuncionamiento en res- puesta a tareas de lahoratorio (Cummings, 2015 Koenings y cols, 2011), En cualquier caso, la psi copatia se caracteriza por una alteracion del fun- cionamiento en los cuatro lebulos cerebrales, asi como en diversas estructuras subcorticales. En resumen, los estudios con RM estan empe- zando a encontrar diferencias morfolégicas en diferentes tipos de agresores, Muchos de los ha- llazgos recientes no han sido todavia replicados, y aunque hay grandes diferencias anatomicas, las vias de conexién concretas o los mecanismos neurobiolégicos subyacentes no han side comple tamente esclarecidos, A pesar de ello, diversas estructuras cerebrales, como la amigdala, cf cOr- 48 / Nourocrminoiogia tex cingulado, el Jobula temporal y el cortex pre- frontal aparecen, vinculadas de forma reiterativa 4 Una mayor predisp: ala violencia, tanto ‘en sujetos sanos como en aquellos afectades pot diversas psicopatologias. 3.3. Investigaciones con TEP y TCEFS ‘Otros datos proceden de téenicas mis actuales de neuroimagen, como son la TEP y la TCEFS, Mientras que no se han encontrado diferencias localizadas en ef metabolismo de la glucosa en ofensores sexuales, se ha descrito una disminu- cién del flujo sanguineo cerebral regional (FSCr} en el I6bulo frontal de pacientes violentos, pa- ientes con el sindrome de descontrol episédico y nifias «molestoness, y en el 16bulo temporal iz~ quierdo de los dos primeros, Para Laurence Tan- credi, ex director del «Health Law Program» de la Universidad de Texas, este tipo de estudios ha puesto de manifiesto que un gran mimero de de- Eneuentes violentos reincidentes muestran menor metabolismo en el cértex temporal izquierdo, y que cuando los delincuentes muestran poca cul- pabilidad, arrepentimiento a comprensién del significado de sus actos hay también menor acti- vidad en el cértex frontal izquierdo, Ademds, la alteracién en el l6bulo frontal facilita la conducta violenta debido a que causa una incapacidad de la comprensién de conceptos como «bueno» @ «malo» o de entender las conseeuencias de los propios actos, mientras que la alteracién tempo- ral produce brotes aleatorios de rabia y violencia junto con un bajo control de impulsas, pero no impide que se retenga el input cortical para en- tender el significado social del comportamiento. Goyer y cols. (1994 y 1996) han encontrado una cortelacién negativa entre la ratio metabélica de la glucosa cerebral regional (RMGCr) y el FPSCr a nivel prefrontal y la conducta agresiva en 17 pacientes psiquidtricos con alteraciones de la Personalidad, lo que apoya la idea de alteracién prefrontal y violencia. Estos estudios sugieren que las regiones orbitofrontal, prefrontal superior y temporo-parietal insular izquierda pueden estar implicadas en la regulacidn de la conducta ‘va. En este sentido, Soloff y cols. (2000) han servado mayor actividad serotoninérgica en el ‘ex prefrontal orbital y medial de sujetos cont que en pacientes con personalidad borderline, Tras comparar 40 pacientes psiquidtricos historia de agresion con 40 pacientes no agre mediante TCEFS, los primeros mostraron disminucién de la actividad en el cortex pref tal, un incremento en Ins lobules frontales ganglios basales izquierdos estudio levado a cabo en varones. (Intrator j cols, 1997) se mostrd que los sujetos psicd necesitaton mayor FSCr para las tareas relacio, nadas con el procesamienta emocional de las pa labras que los controles. Las vias implicadas end Procesamiento léxico incluyeron regiones frante-| temporales, mediales frontales y subcortical (coma el tilamo y el fasciculo arcuato). Raine (1994) compard el cerebro de 22 ase nos en serie (20 hombres y das mujeres) y 22 a jetos no violentos mientras realizaban wna tarea atencional que consistia en pulsar un botén para registrar la aparicion del digito 0 de entre un con- junto de nimeros y letras. Se abservé que los ase sinos se caracterizaban por una alteracion pre- frontal, ya que la utilizacién de glucosa en d cortex prefrontal y el cértex orbitofrontal era no- tablemente menor durante él test, No se encon- traron alteraciones en otras regiones del cerebro (areas prefrontales mas profundas, como el rea frontal medial a nivel de los ventriculos laterales, zonas frontales posteriores a la prefrontal y las Fegiones temporal y parietal), lo que indica una alteracion especifica del rea prefrontal. En otro estudio sc encontré una hipoactiva- cidn de la region cerebral prefrontal (zonas late- rales y medias) y una hiperactivacién de la amige dala derecha, peto no de ta izquierda, de 41 asesinos al compararlos con un grupo control (Raine y Buschbaum, 1997). Al reanalizar los da- tos (Raine y cols, 1998), los asesinos fueron cla- sificados en dos grupos: aquellos que habian rea- Jizado una planificacidn del asesinato y aquellos SORTRGOREDB OF (© Ediciones Frimige atesinaton de forma impulsiva y emocional comparacion con los controles, inicamente assinos impulsives mostraren disminuciones metabolisino del cértex prefrontal lateral demas, mostraron mayor ratio metabdlica en el ampo, la amigdala, el tilamo y el cerebro ndio del hemisferio derecho que los asesinos fe lo habian planificado y que los. sujetos con- {Davidson y cols, 2000) Aunque en cstudios previos los déficits pre- atales también se han obscrvado en esquizo- frioos, los asesinos se diferencian de éstos en la in de la alteracion (Raine y Buschbaum, M), De este modo, mientras que los esquizo- os muesiran wna reduccién del metabolis- g dc la glucosa a nivel frontal y a nivel tempo- y parietal derechos durante ia realizacién de g tarea atencional (Buschbaum y cols., 1990), asesinos muestran déficits especificos en el friex prefrontal, pero no en las regiones tempo: bles y parietales. Las investigaciones cientificas punian a que las anomalias en los lobules fron- ‘ytemporal subyacen al comportamiento agre- en las personas con esquizofrenia. De hecho, esiudios con TCEFS han indicado que los la idad en los cdrtex prefrontal orbito- patal y temporal del hemisferio derecho incre- a la probabilidad de violencia (Soyka, 2011) ‘Los resultados de los estudios de Raine y cols. ntean una teoria prefrontal de la violencia, en que los asesinos s¢ caracterizarian por una al- acion prefrontal selectiva. Ademas, los datos otto estudio (Raine y cols,, 1994) también han ca 8, postrado una disminucion significativa del meta- as jismo de la glucosa en el cuerpe calloso de los “wesinos, lo que refuerza la teoria de una altera- fn de la lateralizacion cerebral en agresores Vio- Fentos. ai e ie 41 1) 34. Integracién de los resultados obtenidos ol mediante técnicas de neuroimagen Segin la hipdtesis de Raine y Buschbaum 11986), los datos obtenidos podrian ser indicati- nos de que alteraciones en diferentes dreas ccre- Fa Fi corebre violento | 49 brales pueden predisponet a distintos tipos de delitos, ya que hay una tend encontrar uita relacién entre las alteraciones frontales y los ofensores y violadores violentos, y entre las alte~ raciones temporales y los agresores sexuales me~ nos violentos, como pedafilos € individuos que camelen incesto. Esta hipdtesis, sin embargo, no explica la totalidad de los datos, ya que hay estu- dios que han detectado alteraciones tempo en violadores sexuales vialentos. Por ello, se po- dria plantear la existencia de un continuo en cl que las alteraciones frontales y la violencia «no sexual» estarian en un polo del mismo, y las alte raciones temporales y las ofensas sexuales en. el ato, La zona intermedia del mismo estaria 0 pada por diferentes grados de ambas alteraciones (temsporales y frontales) y una mezcla de ambas conductas (sexual y violenta). La psicopatia se encontraria, ademas, en el polo de las alteracio- nes frontales y la violencia. Una revision bibliogrifica llevada a cabo por Raine y Yang (2006) resume los principales ha- lazgos de la investigacion de imagenes cerebrales: tanto en la conducta antisocial como eft ¢] razo~ namiento moral, ¢ integra estos hallazgos en un modelo neural de la moral y de la conducta anti- al. En resumen, s¢ argumenta lo siguiente: 0% 1. Las Areas clave que se encuentran funcio- nal o estructuralmente afectadas en La po: blacién antisocial incluyen las regiones dorsal y ventral del cortex prefrontal, la amigdala, el hipocampo, el giro angular, el ‘vortex cingulade anterior y el cortex tem poral Las regiones mas cominmente activadas en las {areas de juicio moral son el ebrtex prefrontal medial y ventral, la amigdala, el giro angular y el cingulo posterior 3. Las arcas cerebrales asociadas tanto con el razonamiento moral como con la con: ducta antisocial se superponen significati- vamente, 4, Laruptura de normas y Ia conducta inmo- ral de personas antisociales y de psicépa- puede deberse en parte a deficienci 50 / Neurocriminologia en estas regiones cerebrales que subyacen la cognicion y a la emorién moral 5, Mientras que ta deficiencia en el sistema emocional de la moral puede ser primor- dial en antisociales, también ¢s posible ‘una perturbacidn de la cognicin moral y de los sistemas cognitivo-emocionales. Sin embargo, los estudios que han utilizado téenicas de neuroimagen no estén libres de pro- blemas metodologicos. Por una parte, la muestra, utilizada, ya que, en acasiones, hay poca coope- racién por parte de los sujetos, en otras se ha tra- ‘bajade con muestras de reducido tamafio o de amplia heterogeneidad y, ademés, sc han emple: do grupos de control no similares a los experi mentales, Otro aspecto importante ¢s la técnica empleada, ya qué hay una disociacion entre las téenicas estructurales y las funcionales y un uso combinado de éstas poco frecuente, También. hay ‘Que tener en cuenta el tipo de disefio experimen- tal utilizade, ya que muchos son estudios de ca~ 30s y hay pocos estudios experimentales (siendo Ja mayoria de ellos correlacionales). Ademas, hay que considerar otros aspectos a In hora de elabo- rar conclusiones: en primer lugar, los diversos ti- pos de agresién, ya que los resultados apuntan hacia diferentes freas cerebrales en funcidn de la premeditacién o emocionalidad de la agresién in- fligida; cn segundo lugar, la aparicin o no del sentimiento de culpabilidad y del arrepentimien~ to, ¥, por tiltima, sefialar que todos los datos de que se dispone en el caso de psicopatas y axesinos provienen de sujetos que en muchas ocasiones no han logrado sus objetivos, ya que han side dete- nidos (Raine, 2002). 35, Lateralizaci6n cerebral y agresién ‘Segim la teoria tradicional de la lateralizacién, Ja violencia esta en parte determinada por dafios cercbrales en el hemisferio izquierdo, concreta- mente por una alteracion fronto-temporal-timbi- ca localizada en los cértex temporal y frontal anterior y en In amigdala ¢ hipocampo (Yeudall, 1982). Una teoria més reciente propone que lot individuos violentos estan menos lateralizedot para los procesos verbales, ya que s€ ha observa: Go una disminucién del metabolismo de la gluco sa en el cuerpo calloso de asesinos (Raine y Be chsbaum, 1996). Los estudios de escucha dicétit han puesto de manifiesto una menor lateralize cién de las funciones linguifsticas en psicopates ya que se encontrd una asimetria auditiva y ve sual redueida para el material lingiistico, donde Jos psiedpatas no presentaban Ia esperada venta del oldo y ojo derecho sobre el izquierdo (Harey ‘McPherson, 1984; Raine y cols, 19903). Ademis tal y camo se ha sefialado anteriormente, al cont] parar entre asesinos impulsivos y los que actue ban con premeditacion o sujetos controle, la primeros mostraron mayor ratio metabélica at distintas regiones cerebrales del hemisferio dere cho (Davidson y cols., 2000). Segin la teoria de Geschwind y Galaburds (1987), la exposiciOn prenatal a altos niveles deT puede llevar a que el crecimiento neural del be misferio Izquierdo. sea mas lento, produciend tuna dominancia del hemisferio derecho y au tando de esta forma la probabilidad. de zurder La teoria de Ia menor lateralizacion presupods In existencia de un mayor niimero de Zurdos, ot una representacién bilateral del lenguaje, eai delincuentes y criminales que en la poblacién gs eral. En uno de estos estudios (Grace, 1987); describié una asociaciOn entre el grado de ray la severidad del trastorno de conduct. y Ames (1989) encontraron mayor nimera Zurdos en grupos de delincuentes, pero otroH tudios no han ratificado esta relacién. Entrees iiltimos, Hare y Forth (1985) describieron inch un exceso de individuos con fuerte domi del hemisferio derecho entre individuos ag mientras que Feehan y cols. (1990) encont tun alto poreentaje de individuos ambidiestros tre delincuentes. Recapitulando, hay que indicar que los 1 tados no han sido undnimes, aunque s¢ han & crite algunos problemas metodoldgicos mats ‘dos por diferencias en la conceptualizacion dl agresién, de Ia preferencia lateral, y en los gr © Facicns ol utilizados. En un estudio mis reciente 1998) se ha sugerido la posibilidad de or incidencia de conducta antisocial en- sétesis se ha eva- p la conducta antisocial de 694 hombres en Ja superior mediante siete indicadores de ia: luchas, detenciones, suspensos, vio- de la prohibicion de fumar, amigos con problemas con los profesores y faltas nies a las clases. Los resultados de su estu- dican que los zurdos cran mas propensos a if esas conductas, lo que interpretaron evidencia empirica indirecta de los efectos les de Ia testosterona. En linea con es iados, un estudio posterior con aprox: mente 8.000 hombres puso de manifiesto la ia de una mayor ratio de zutdera tanto en os con un historia! previo de criminalidad en.un subgrupo de agresores sexuales, espe- mente pedofilos, en comparacion con la po- giin general (Bogaert, 2001). or otra parte, el volumen de la materia gris corteza orbitofrontal izquierda predijo el 34 100 de la varianza en los niveles de agresion pinformada en poblacién de riesgo psiquidtri- Cuando a impulsividad no fue controlads, sélo el 26 por 100 de la de la agresién, mientras que la corteza frontal derecha no predijo en. grado alguno. lucta violenta (Gansler y cols., 2009), Aun- Jos modelos actuales no tienen en cuenta la in, se deberia prestar mayor atencién: aspecto en la regulacién de la conducta so- nal por parte del cdrtex orbitofrontal. ga regulacién inadccuada del hemisferio iz- do podria ayudar a explicar cl comporta- nin agresive que aparece en la poblacién psi- PAPEL DEL SISTEMA NERVIOSO AUTONOMO Desde 1940 se ha realizado un gran nimero de dios sobre las variables psicofisioldgicas rela~ as.con la conducta antisocial, delincuente, Bacon Primate Elcerebro violento / 51 criminal, psicopitica y violenta. A modo de ejemplo, se deseribirdn las principales. hallazgos obtenidos en las actividades electrodétmica y car- diaca, ya que han sido las medidas del SNA mas empleadas para estudiar su relacian con la con- ducta violenta en seres humanos. A grandes ras- gos, se padria indicar que un amplio nimero de estudios Hevados a cabo tanto en nifios como en adultos han mostrado la existencia de una rela- entre la conducta antisocial y los bajos nive- Jes o Ia baja respuesta ante las situaciones estre- santes, taitto en frecuencia cardiaca (FC) como, en actividad electrodérmica (AED) (Ortiz y Rai- ne, 2004; Posthumus y cols., 2009). Dicho poarousal caracterizaria Unicamente a las perso- nas que infligen especificamente violencia proactiva, mientras que las que infligen violencia feactiva mostrarian el perfil contrario, un hiper rousal caracterizade por alta FC y AED (Gott- man y cols, 1995; Searpa y Raine, 1997, 2000; Scarpa y cols,, 2008), Estos resultados llevaron a la creacion de dos categorias: los agresores tipo I (hipoarousal-violencia proactiva) y los tipo I (hiperarousal-violencia reactiva). Sin embargo, cabe destacar que hay individuos en los que pue- den coexistir ambos tipos de violencia, 0 incluso llegar a manifestat un tipo distinto de violencia en funcién del contexto en el que se encuentren. De este moda, no habris que considerar estas calegorias de forma rigida y mutuamente exclu- yentes. 44. Actividad electrodérmica Muchos de los estudios sobre AED se han centrado especificamente en psicopatas violentos, Los principales hallazgos apuntan hacia una AED tonica reducida y una falta de respuestas mnespecificas, y hacia una respuesta de orienta- cién reducida ante la estimulacién en algunas muestras de sujetos, como psicépatas, criminales e individuos antisociales y esquizofrénicos, En agresores sexuales se ha deserito una menor res- puesta de la AED ante distintos estresores de la- boratorio en comparacién con hombres no vio- 52 / Neurocriminoiogia lentos (Peterson y cols, 2014). A modo de ejemplo, cabe setialar el estudio levado a cabo por Damasio y cols (1990), en ef que los psicdpa tas con lesiones frontales mostraron una menor amplitud de respuesta electrodérmica ante los es- timulos socialmente significativos (dibujos sobre mutilaciones, desastres sociales © desnudos). En sujetos no violentos también se ha descrito un incremento de la activacion simpatica (tanto en AED como en FC) tras la presentacian de videos en los que aparecian escenas violentas (Palomba y cols, 2000; Porges y cols, 2015). Ademis, se ha descrito una respuesta reducida en paradigmas de condicionamiento, pucs se ha observado un condicionamiento mas pobre en individuos anti- sociales (psicopatas, eriminales, delincuentes ¢ individuos antisociales en general) que en contro- les. Por otra parte, también hay mayor tiempo de recuperaciOn ante estimulos aversivos, por lo que se ha sugerido que esta medida refleja una di- mensién de la apertura al ambiente externo, don- de un tiempo de recuperacién media lento indica- ria estar cerrado a los estimulos ambientales y obviar las cualidades aversivas de los castigos (Venables, 1987; Raine, 1996). Por otro lado, los estudios con menores y adul- tos enmareados en la categoria tipe I indican la existencia de un hiperarousal, por una predomi- nancia del sistema nervioso simpatica (SNS) so- bre el parasimpatica (SNP) (Hubbard y cols. 2002; Lochman y cols., 2000; Zillman, 1983), En inca con estos resultados, la mayor impulsividad se asocié con un mayor incremento de la AED: t6nica en hambres penados por violencia contra la mujer en las relaciones de pareja, antes de que apareciera el estresor, Ademiis, presentaron mayor niimero de respuestas inespecificas durante el pe- riodo de recuperacién tras cesar el mismo que los controles sin antecedentes de violencia (Romero- Martinez y cols., 2013). Estas respuestas han sido definidas como un correlato del habla interna, por lo que el mayor nimero durante la recupera- cidn podria signifiear que estas personas pasan mis ticmpo claborande la informacidn, lo que re- trasa la recuperacién de los niveles de activacién basal. Por tanto, al igual que las personas adscri- tas al tipo 1, las de tipo I requieren mayor tien de recuperacién, lo que podria set un indic de la predominancia simpaitica sobre la paras patica, 4.2. Frecuencia cardiaca La mayoria de estudios con grupos antisoc Jes estan mas centrados en la FC basal que en ls Tespuestas cardiacas a estimulos neutros o avert} vos, Mientras que no se han encontrado efecto significativos en psicapatas criminales institucie| nalizados, los estudias con hombres y mujer jévenes no institucionalizados han observady una menor FC basal en individuos agresivos, cr minales y antisociales, De hecho, parece que li baja FC en reposo es un indicador robusto de ls rasgas psicopiticos en nifios de ambos géneros (Raine y cols,, 2014), asi come de Ia violencia de tipo proactive y reactive (Raine y cols., 2014; Xu y cols, 2014). Estos resultados pueden ser intee pretados de diversas formas: como un reflejo de falta de miedo condicionado a estresores medics © moderados; como un reflejo dé una baja acti vacion o de predominancia parasimpatica; como una respuesta de afrontamiento vagal pasiva ante la evaluacién, ylo como un reflejo del agranda miento de los ventriculos laterales del cerebro y la lesion de estructuras paraventriculares. Esta ult: ma hipdtesis necesita mayor apoyo empirico 4 través de estudios con RM, va que los realizados con TAC han mostrado resultados contradicto- as (Canvit y cols, 1996) Respecto 4 la respuesta cardiaca, en los este dios ya clisicos (Hare y Craigen, 1974; Hare y cols., 1978) se describié una mayor accleracién cardiaca anticipatoria ante estimulos aversivos dt alta intensidad cn psicopatas, lo que se interpret ‘somo un mecanismo muy eficiente de afronta mienta active en estos sujetos que les lleva a adesentonar» en los acontecimientos aversives Sin embargo, estos hallazgos no han sido replica- dos en atros trabajos, y se ha criticado el metads empleado, A modo de ejemplo, cabe indicar que se ha deserito una menor respuesta cardiaca a © EuicionesPiride ade hablar en pablico en chicos de entre afios con trastorne disruptive de conduc ‘en sujetos control (Popma y cals., 2006), fo dria ser relacionado con menor miedo y ja respuesta a las sefiales sociales como la ao el castigo. Otros estudios han pues- Tanifiesto qué una respuesta de orienta- ida en FC a los 15 aiios padria prede- comisién de un crimen a los 24 affos (Raine 19905), mientras que un nivel basal bajo alos 3 afios predispondria a la agresién a dde 11 aiios (Raine y cols, 1997), En cuan- os trabajos realizados cn poblacion general, que un metaanilisis que ineluye 729 en los que se analiza cémo la responsi- dal estrés agudo puede verse modificada en de diversas variables psicosociales, ha trado que la hostilidad, Ia agresién y el pa- de personalidad tipo A se relacionan con un mento de la reactividad cardiovascular, tan- FC como en presién arterial (Chida y Ha- 2008), y como succdia con los indicadores de ED, las medidas cardiovasculares han mostra- ‘que las personas violentas de ambos géneras, podrian enmarcarse en el tipo II, preseata- una predominancia del SNS o una hiperac- de éste (Lochman y cols, 2000; Murray- y Rellini, 2012: Scarpa y Raine, 1997; 2000; busch y cols., 2002; Zillman, 1983), lo que llevaria una reduccidn de la variabilidad car- ea (Scarpa y cols, 2010). Ademds, un grupo hombres penados por violencia contra la mu- eren las relaciones de pareja tipo IT presentaron or frecuencia entre los periodos preeyeocion PEP) cardiovascular (que es un indicador del S)en respuesta a un estresar de laboratorio en. omparacién con un grupo de hombres no vio- Esta hiperactivacion del SNS también se efljaria en la peor capacidad para recuperarse, tal y como sucede con los indicadores electrodér- ‘nicos, En linea con esta hipotesis, esta poblacién ‘prsenté mayor FC y menor activacién vagal du- mantel periodo de recuperacién wna vez finalizd ‘lestresor de laboratorio al que fueron sometidos (Romero Martinez y cols, 2014). (0 Fiiomes Pisin Et.corabvo violenta | 53 4.3. Estudios con EEG La mayoria de los estudies con EEG han su- gerido que las personas violentas presentan alte- raciones a nivel del Sistema Nervioso Central. De ‘hecho, un estudio de revision establecié que entre ‘el 25-50 por 100 de los criminales violentos, prin- cipalmente reincidentes, mostrarian anomalias en el EEG (Mednick y col, 1981), Posteriormente se afirmé que dicho porcentaje estaria en torno al 85 por 100 (Evans y Park, 1997). Por otra parte, se ha deserito un exceso de ac- tividad beta en las regiones fronto-temporo-lim- bicas de ambos hemisferios y en las parietotem- porales del hemisferio izquierdo en hombres violentos encarcelados que cumplieron los crite- rios de psicopatia en comparacién con aquellos sin rasgos psicopiiticos. También mostraron ma- yor actividad bilateral en regiones occipitales y un descenso de la actividad alfa en regiones cen- trotemporales y parietocentrales del hemisferio izquierdo (Calzada-Reyes y cols,, 2013). Ademés, las hombres encarcelados con rasgos antisociales mostraron un ritmo alfa atenuado pero un incre- mento de la actividad theta y delta en el I6bulo frontal (Reyes y Amador, 2009), El andlisis del EEG en un grupo de hombres altamente violentos (en los que no se evaluaron los rasgos antisociales de personalidad o la psicopa- tia) puso de manifiesto una mayor actividad delta y menor actividad alfa en regiones temporales y parietooccipitales del hemisferio izquierdo en comparacion con el derecho (Convit y cols, 1991). ‘Sin embargo, en otra investigacién se registro un aumento de la actividad delta en los lébulos tem- en una poblacién similar (Gatzke-Kopp y cols, 2001). ‘En linea con estos resultados, un estudio pos- terior revelé que los hombres altamente violentos presentan una mayor actividad alfa en el hemis- ferio derecho que en el izquierdo, siendo ésta ex- tremadamente pequefia en regiones anteriores en un pequefio porcentaje de ellos. De hecho, la agresividad rasgo se asocié con la mayor activi- dad alfa de regiones frontales del hemisferio de- recho (Keune y cols, 2012). Por tanto, no existi- 54 J Neurcerminatagia ra un patron homogéneo de actividad EEG, sino Que cl tipo de actividad dependeria de las regio- nes cerebrales estudiadas, 4.4, Interpretacién tedrica de los resultados ‘obtenidos. Los resultados obtenidos en AED y FC han sido integrados desde dos conceptualizaciones teéricas, En primer lugar, se ha considerado que los bajos niveles de activacion en violentos llevan a la busqueda de estimulacién compensatoria, Por lo que sc enfrentarian frecuentemente a si- tuaciones de amenaza y habituarian sus respues- tas a esa clase de estimulos. A su vez, la baja ac- tivacién y Ia falta de respuesta anticipatoria de miedo ante estimulos aversivos podria dar cuenta de la pobre condicionabilidad, porque los estimu- tos incondicionados pueden ser percibides coma menos amenazantes. Otra conceptualizacién par- te de la idea de que Ia alteracion frontal puede Subyacer a la respuesta electrodérmica de orien tacién y a la conducta violenta y criminal. En este sentido, se ha obtenido una correlacién posi- tiva entre el ntimero de respuestas de orientacion y el area del cértex prefrontal (evaluada mediante RM) en sujetos no agresivos (Raine y cols, 1991) Y entre una respuesta de orientacién reducida en AED y una baja actividad frontal (metabolismo de la glucosa, evaluada mediante TEP) en esqui zofrénicos (Hazlett y cals., 1993). Ademis, la baja activacién también earacterizatia a nifos con temperamento desinhibido, que les predis- Pondria a la delincuencia juvenil y a la conducta agresiva adulta (Raine, 1996), En otro estudio, se observé que los sujetos con trastorno de personalidad antisocial mostra- ban una disminucién de FC y AED en compara- cién con cantroles sanos, sujeios dragodepen- dientes (que abusaban del alcohol o sustancias) y sujetos con trastorno psiguititrico, durante Ia realizacién de una tarca de hablar en piblico consistente en la preparacién y exposicion gra bada de un discurso en el que los sujetos habl ban sobre sus propios defectos, crrores y ftaca- sos (Raine y cols., 2000), El estresor psicos ‘ho caus6 Ia respuesta auténoma que es ob da normalmente en Is poblacian general, log indica el desequilibrio especifico emocional é estos individuos. Ademas, tras dividir a los sue tos con trastotno de personalidad antisocial dos grupos en funcién de la mediana del voiu} men de sustancia gris prefrontal, los sujctos co menor volumen niostraron menor AED dura el estresar psicosacial, pero no se encontraray diferencias para la FC. Segiin los autores, ll mecanismos ¥ proceses que explicarian que dé Sits prefrontales y autonémicas pueden predis poner al trastorno de personalidad antisocial son los siguientes a) El cértex prefrontal es parte de un circu to neural que desempefia un papel central en el miedo condicionado y en la respor- sividad al estrés, El cértex prefrontal esta implicado en lt regulacidn de la activacién, cuyos défieiy en personas antisogiales han sido entende dos como facilitadores de la busqueda de estimulacién, Los pacientes con dafo prefromtal no pee sentan respuestas autonémicas anticipa torias ante la eleceidn de opciones arrice gadas, y realizan elecciones inadecuadas incluso cuando son conscientes de la op cién mas ventajosa, lo que contribuye ale impulsividad, a fa ruptura con las normas y las reglas y a la conducta imprudentee irresponsable, 5. MODELOS EXPLICATIVOS Para finalizar este trabajo se describirin bre- vemente dos de los modelos explicativos de las bases biclégicas de Ia violencia humana, que in- (entan ofrecer una visién global e integradora de tos distintos factores que pueden contribuir al de- satrollo de la misma El primero de ellos es el modelo de Raine y Buchsbaum (1996), segin el cual existen diferen- © iesones Pride s por las cuales Ia alteracion prefrontal eontribuir a la violencia, Cuanto mayor es eracién prefrontal, mayor es la probabilidad varias de esas vias estén activadas, y cuan- vias se encuentren activadas, mayor ser’ go de infligir actos violentos, Se trata de un o heuristico en el que la alteracién prefron- repereutir en un mayor indice de actos a través de su influencia a diversos nive~ anivel neurofisiolégico, puesto que conlleva ida de la inhibicién del cortex prefrontal ‘estructuras filogenéticamente anteriores; a neuroconductual, ya que puede producir conductuales, como comportamientos 0, explosiones emocionales y agresivas, ¥ ductas polémicas y controvertidas; a nivel de nalidad, pues produce impulsividad, pér- del autocontrol, inmadurez y un juicio 30- pabre; a nivel social, debido a que produce \deterioro de las habilidades sociales necesarias am formular soluciones no agresivas al conflic~ ya nivel cognitivo, porque puede llevar a de- ‘un pensamiento divergente y un razona- nto pobre. ‘Otro modelo explicativo propone que el cireui- neural compuesto de varias tegiones del cortex eftontal, la amigdala, el hipecampe, el hipota~ mo, ¢| cértex cingulado anterior y otras estruc- interconectadas estd implicada en Ia regu- de Ia emocién. Segiin los autores, las ciones funcionales o estructurales en una 0. de esas regiones o en las interconexiones en- cllas, junto a las alteraciones de diversos neu- ores y neuromoduladores y diversos genéticos y hormonales, pueden incre- a susceptibilidad a la agresion impulsive ala violencia, pero no a la agresién premedita- deo instrumental (Davidson y cols., 2000). Por tltimo, cabe sefialar que, tal y como s¢ ha Reve ee as cado en la introduccién de este libro, el mo- n= delo propuesto por Moya Albiol es holistice de e integrador, en el que varias estructuras neu- le ronales en interaccién entre si y con otros facto- 408 psicobioldgicos establecerian una relacion ‘idireccional y en constante cambio con la vio- Jencia, Elcerebro viotanta / SS 6. CONCLUSIONES La conceptualizacién actual de la agresiGn y la violencia se basa en la interaccién de mvdltiples factores que establecen una relacién bidireccional con esta conducta. Entre ellos, se encontrarian diversas hormonas, factores ambientales y gené- ticas, distintos neurotransmisores y otras sustan- clas, y un complejo sistema neural. Los estudios en animales han aportado mucha informacién sebre las principales estructuras neu- toanatémicas implicadas en la agresion, entre las que se encuentran el mesencéfalo, el hipotilamo, la amigdala y el sistema limbico, otras estructuras subcorticales y la corteza cerebral. Sin embargo, hay que considerar que las areas implicadas pue- den variar en funcién de diversas variables, como la especie estudiada y el tipo de agresion. Las primeras aproximaciones al estudio de Ia agresién y la violencia en seres humanos, han es- tablecide que, en general, hay coincidencia con la investigacion animal, A lo largo de varias déca- das se han obtenido miltiples datos provenientes de los estudios de estimulacin y lesion ccrebral, de pacientes con tumeres cercbrales y/o con clee- troencefalograma anémalo, de las consecuencias de diversas enfermedades infecciosas y de otras alteraciones. El desarrollo de las téenicas de neuroimagen ha supuesto un importante avance en el estudio de la agresién y la violencia humana, ya que ha permitido evaluar de forma directa diversas alte- faciones estructuras y funcionales relacionadas, Recapitulando la informacion proveniente de es- que han utilizado RM, TAC, TEP y TCE- FS, junto a los datos obtenidos mediante EEG y tests neuropsicolégicos, se puede afirmar que se han encontrado diversas anomalias estructurales y funcionales en los 1dbulas temporales y fronta- ies de distintas muestras de sujetos violentos. Ademas, se ha planteado la posibilidad de que diversns tipas de agresién se relacionarian con distintas estructuras cerebrales, estando mas vin- culada la violencia uno sexualy y la psicopatia a las alteraciones frontales, y la agresién sexual a Jas temporales. Por otra parte, se ha sugerido que 56 / Neurocriminologts podria haber mayor incidencia de conducta an Social entre individuos zurdos y que los indiv duos violentos podrian estar menos lateralizados para los procesos verbales Las variables psicofisioldgicas mas estudiadas para medir los niveles y/o la respuesta del SNA. en distintas muestras de sujetos agresivos han sido la AED y la FC. Desde 1940 se ha llevado a cabo un gran nimero de estudios, que han indi- ‘eado, en el easo de la. AED; la cxistencia de unos niveles ténicos reducidos, una falta de respuestas inespecificas y una respuesta reducida ante la e3- Himulacién. Enel caso de la FC, se ha descrito un menor nivel basal en individuos agresivos, ctimi: ales y antisociales no institucionalizados, y una respuesta cardiaca reducida ante diversos estimu- los en las investigaciones mas actuales. No obs- tante, este tipo de hipoarousal caracterizaria a las Personas que presemtan una violencia proactiva, mientras que la hiperreactividad caracterizaria los individuos mas impulsivos o con una violen- cla de tipo reactive, aunque un mismo individuo ‘puede presentar ambos tipos de violencia a lo go de su vida, Por tanto, no hay que conside las mutuamente excluyentes, Se han propuesto diversos modelos ted que tratarian de explicar la violencia hut Entre ellos, cabe destacar el de Raine y B chbaum (1996), scgin el cual Ia alteracidn fr es la base de la agresion y la violencia, que i sobre estas conductas a través de diferentes vi Cuanto mayor niimeto de vias se encuentren tivadas, mayor serd la probabilidad de llevar cabo acciones violentas, Otro modelo es el sentado por Davidson y cols, (2000), que est ce que las alteraciones funcionales o estructu ‘en diversas reas cerebrales o en sus initerconexil nes, junto a otros factores de diversa. indole, di minuirian el umbral para la agresién impulsin| Pero no para la premeditada, Por dtimo, el mel delo que aqui se propone tiene como base conceptualizacién integradora y holistica a hora de entender In relacién bidireccional que‘ sstablece entre el individuo y Ia violencia, REFERENCIAS Aigner, M., Eher, R., Fruchwald, §., Frottier, P, Gu: tiérrez-Lobos, K. y Dywes, $M. 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En este ido, aquellos menores que fueron maltratados enturon un actividad electrodérmica (AED) of a nivel basal (o en ausencia de estimula- }, de mado que el ricsgo de ser violentos du- su ctapa adulta es més elevado que en aque- (que presentaron una mayor AED basal. Por una AED basal clevada podria ser conside- ‘un factor de resiliencia (Gordis y cols, No obstante, a pesar de que a nivel basal sonas violentas presentan una menor AED, westa a un estresor tienden a manifestar stactivarse antes de que incluso haya apareci- dlestresor (Gordis y cols., 2010). En conso- ‘cin estos resultados, los hombres penados violencia contra la mujer en las relaciones de ja, a pesar de que no difieran a nivel basal, si presentan una hiperreactividad anticipatoria & Ademds, una vez finalizado el estresor, den a presentar mayor actividad AED, por lo quando deben relajarse 0 recobrar el eq\ muestran mayor actividad, 1o que podria es- jaado con el «habla interna» (Romero- tier y cols., 2013c). nivel cardiovascular se han empleado otros gadores para demostrar si la predominancia. odel SNP en las medidas cardiovascula- a ser también un factor mediador en cl Jn intergoneraciona’ de a wolencia contra ta mujer en fas relaciones de pareja: factres neurabioisaicas / 87 ciclo de la violencia. De hecho, cuanto menor era la activacién del SNP en nifias maltratados, ma- yor era el riesgo de ser violento durante la etapa adulta (Gordis y cols, 2010). Por tanto, estos me- nores presentarian una predominancia del SNS. En relaciét con estos resultados, los hombres pe- nados por violencia contra la mujer en las rela- ciones de pareja tambien presentaron una predo- minancia del SNS, puesto que su frecuencia cardiaca fue mayor respecia a la de los hombres na violentos una vez que habia finalizado el es- tresor estandarizade de laboratorio. Ademés, 8 lo largo de toda la situacion estresante el tiempo transcurrido entre los latidas cardiacos de los hombres penados por violencia contra Ix mujer cn las relaciones de parejas fue menor que el de Jos hombres no violentos, es decir, que los hom- bres violentos presentarin una mayor activacién, cardiovascular o una mayor predominancia del SNS (Roticto-Martinez y cols, 2014b), Por tan- to, los hombres violentes presentarian una mayor activacién del SNS, por lo que tendrian proble- mas para recobrar la homeéstasis © vietoria y las ea Jentas. Las relacis odrian ser mis ct resién, Otvas hort alia, tampoco se ha descrito una correla- las mujeres disminuyen con la edad del mismo estrégenos, tam sonsstentc entre el nivel de andrdgenos y la mode que la violencia, asi eomo la fuerza muscu. a relacién entre ta agresiva. Las resultados dependendela lar (Soldino y cols, en prensa), ais de las dife ide medit agresion y/o dominancta y de las En li actualidad son escasos los estudios sobre sales, se ha su iS toinadas en cada estudio agresion en mujeres, dado que el interés se ha sales en agresiéi fr una investigacion eon pacientes de una cli- centrado en la competicidn o en la dominancia adas con diferen scurolégica, se hallaran mayores niveles de Fillo puede ser debido a la falta de consistencia de T durante el per las diferencias T citcundante Ws especificos q Lejido no son ta ‘ugerido varias senladisponibili \ activos de T en 1a, disminucion Ide receptores, & iedades del re vafinidad de Io Imus Agresivas en comparaciGn con aque- os resultados obtenidos en los diversos estudios, Jmenos agresivas (Ehlers y cols, 1980). Las ya que, la violencia como problema social es lle- jopiusicas que reciben terapia de vada a cabo fundatientalmente por hombres plazamiento de estrégenos y T notan un ine mito de la libido, pero no muestran un au- se su conducta agresiva. Ademis, las mu- §. CONCLUSIONES con alteraciones endocrinas que presentan niveles de T (hasta un 200 por 100 mas a relacién entre hormonas y agresion es re- ts varones normales) tiencn mas vello y una efproca y bidirescional (Archer, 2006), dado que mis grave, Pero no musstran incrementos — undeterminado nivel hormonal puede repercut m dela agresividad y conducts agresiva ma- nla conducta agresiva, y, a la inversa, el incre a (Albert ¥ cols, 1993) mento de la agresién puede provocar cambios en © Bicone on Finate 170 J Neurceriminatogia los niveles hormonales. En este sentida, las hor- ‘monas pueden ser consideradas causas, efectos 0 cdiadoras de la agresién. A modo de ejemplo, cabe indicar que las experiencias conductuales y el contexto socioeultural pueden evar a cam- bios endocrinas que, a su vez, influyen en la agresién (Andreu y cols., 2001), Ademas, la mag. nitud de la respuesta hormonal parece que es dependiente de la intensidad de la agresion (al menos, en machos), lo que sugiere que los niveles altos de andrdgenos son consecuencia de la inte: accion agresiva y no la causa de la agresién (Ross y cols., 2004). La T (principal androgeno masculino) es 1a hormona mas estudiada en relacién con la agre sién en adolescentes ¥ adultos, pero los resulta dos obtenidos en los diversos estudios quedan lejos de ser conclusivos y consistentes, En defini al es el papel de la T en Ia agresion y la a en los diferentes tipos de agresién, en tas de riesgo y en la violencia sexual? Los estudios en animales han arrojado una am- plia evidencia empirica sobre la existencia de una relacin bidireccional entre la Ty la agresiGn, se- gun la cual la T facilita Ta agresi6n y ésta, al igual que otras conductas sociales, influye en los nive- les de T. Sin embargo, los estudios que han ana- lizado esta relacidén en seres humanos muestran resultados inconsistentes (Rubinow y Schmidt, 96; Archer, 2006), Ademis, las diferencias en- tre géneros son fundarhentales a la hora de inter- pretar la agresién y su relaci6n con la T, a lo que habria que aitadir el efecto que variables tales como e! tipo de agresion, la experiencia previa y las diferencias individuales, entre otras, pueden ‘sjercer sobre esta relacion. La relacién entre T y agresidn es una tematica que ha generado mucha confusion, dado que los estudios que la analizan son miiltiples y van en la linea de afirmar que la T es un factor fundamen- tal para Ia agresién, aunque no todos los estudios Jo confirman (Wingfield, 2005). En este sentido, €5 posible que el andlisis de los cambios o res. Puesta de la T y no de los niveles para predecir la agresin pueda ser una via para obtener una con- clusién fable. Asi, se ha indicado que otra de las posibles razones de la inconsistencia sea el bi de que tradicionalmente se han m Gireulantes de T (en sangre o saliva) y no sus cursores (dehidroepiandrostenediona 9 DHEM sus efectos @ nivel central (por ejemplo, a ain la amigdala). En este sentido, ex necesario en cuenta la aromatizacin de [a T a nivel bral (en el bipocampo y amigdala fundamen mente), que la transforma et: estradiol (Nels Trainor, 2007), lo cual hace més compleja laa cidn entre la T y la agresién Por otra parte, aunque se ha sedialado la vancia de la T como marcador bialégico de agresién en chicos en edad preescolar (Siac Martin y cols, 2000), otra investigacién indi que estaria mas asoviada al éxito social que agresidn fisica (Schaal y o lo que caria que los niveles de T podrian ser utiliza en mejor medida como cial en un contexto determinado que como: indieador de desajuste social. Por ello, se ha Fido que la identificacién de marcadotes gicos de laborator ‘63 Una estrategia d eamente util, debido a la complejidad de conducta agresiva (Schulz y cols,, 1997). Deg modo, las hormonas gonadales podrian ser deradas como un factor mas que, junto a m ‘ures, podria contribuir al desarrollo de cond tas agresivas en adolescentes (Yiu y Shi, 2009), LaT podria desempefiar un rol importante las conductas sexualmente dimérficas en geod y en la expresién de la agresién, ya que haste edad de 10 afios, aproximadamente, tanto lost ios como las nifias solucionan los conflictos presando la agresién de forma directa, pero cua Usgada de la pubertad, las estrategias se ha mas caracteristieas de cada géneco. Las chit en sustituir la agresién fisica directa pork agresién emocional indirecta, mientras que k chicos suelen ser mas impacientes ¢ irritable tienden a emprender vanductas de riesgo. Con maduracién s¢ produce un incremento- del empl de la agresion indirecta , en el periodo adult agresién se hace mais sutil, camo lo muestra qa suela denominarse «agresion social». Por to «illo, se podria afirmar que ambos sexos son igual > icone Pra veles de agresiGn y la conducta d tudios han utilizade wi elo experimen alizar el papel de la int cos ¥ ambientales ¢ ducta Asi, muck stigaciones sobre agresi s de las huranos se ha rado en diversas condiciones individuales, asu- ente que los ales s a lo largo del dia, no considerando los son estat s de des respuestas biolégicas y conductua los.a nas son dependiente binow y Schmidt, 1996; Book 1 y Shirtcliff, 2003), Ade del conten: y cols, 2001; Sus As, otra sister as a las rentes edades de las muestras estudiadas, a la nciacién entre tip os y al fluido cory abo las delerminaciones horn 1 resp (Rot nueva perspectiv que ini Joplasen este punt Lo: prenatal a hora de planteai en la T con la viol # no pueden caer en las mist ciones que m res psicobii z y cl interés de las invest F del progreso en inve en los tiltimas afios, ecesita auin de mise en el papel de los faci mente a nivel cerebral a cor nie inf posible que los ¢ nocimiento y may » eficaz para la REFERENCIAS y Jonik, R. 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A pesar de que la ratio T/C basal ‘no seria diferente entre esta poblacién y los hom- bres no violentos, estaria asoeiada con la mayor propensién a la expresién de la ira, siendo esta, relacién mediada por el abuso de alcohol (Rome- ro-Martinez y cols, 2015). Finalmente, una investigacién en poblacién no clinica (adolescentes dé ambos géneros) ha refor- zado la hipowesis de que Ia ratio TIC basal podria ser un indicador wilido per se. Esta conclusion se basd.en que dicha ratio predijo la propensién a La violencia, mientras que las muestras basales de ambas hormonas no lo hicieron (Platje y cols., 2015), Por tanto, la ratio TIC podria ser un indica: dor valido de la propensién a la violencia tanto en poblacién violenta como en no violenta. En resumen, padriamos decir que los altos ni- veles de T y los bajos niveles de C han sido aso- ciados con Ia agresién social en diversas especies, pero os en los individuos que combinan ambos en los que hay una mayor violencia. En este sentido, recientemente, se ha propuesto la ratio T:C como uun posible marcador de las tendencias agresivas criminales (Terburg y cols, 2008). 6. CONCLUSIONES En animales de laboratorio, se ha establecido uuna relacién entre la agresién, por un lado, y las bajas concentraciones y Ia baja variabilidad de la corticosterona, por otro (Haller y cols, 2000; Ha lier y cols, 2004), Adentas, se ha puesio de mani« fiesto que el efecto de los glucocorticoides sabre la agresién puede estar mediado por la accién del sistema serotoninérgico, ya que existe una rela- ‘i6n bidirecsional ¢ interactiva entre este s y la actividad del eje HELA. En primates no humanos, los niveles de Ca muayorés en subordinados crénicos que en nantes. Al analizar estos Ultimos, el factor cit que rige el nivel de glucocarticoides noes d tatus social, sino la seguridad, ya que aqua babuinos que se sienten seguros de si i resentan niveles en reposa mas bajos que los Seguros Por otra parte, los niveles de C nop cen estar relacionadas con el contacto geaitl bonobos o la agresién relacionada con lao ducta matemal en monos marmoset. En humanos, los bajos niveles de C basal sido consistentemente relacionados con laso ductas agresivas y antisociales, en adh (Woodman y cols, 1978; Virkkunen, 1985; y cols, 1994; Montoya y cols., 2012) y en ni y adolescentes (Van Bokhoven y cols., 2 Popma y cols, 2007; Platie y ols, 2015). Sing bargo, en el tltimo caso también se ha desi la falta de relaciones significativas (Scere Kolko, 1994; Schulz y cals,, 1997; KlimesD uugan y cols, 2001; Azar y cols, 2004), ¢ ind tuna asociacién inversa (McBurnett y cols, Pajer y ¢ols., 2001; Shoal y cols, 2003; Shiri y cols, 2008). A modo de conclusion, se argumentar que hay una relacién inversa en Jos niveles y Ja respuesta ante el esinés del Cy! trastornos de conducta agresiva (Van Googe cols., 2007). No obstante, esta asociacién esm compleja y matizable, ya que los resultados th servados en Ia literatura cientifica no han si uundinimes y se han visto modulados por dive vatiables, como el tipo dé muestra empleada, la horarios 0 forma en que se ha medido el G edad, el género, Ia patologia y los estilos afrontamiento de los sujetos y los contextosee Jos que se ha evaluado. Al analizar los tipast agresién, se pone de manifiesto que la agresi reactiva guarda una relaci6n mas estrecha con actividad del eje HHA que la proactiva (Lape Durin y cols.. 2009). Grosso modo, se pod afirmar que una baja actividad del eje HHA caracteristiea de las conductas agresiva sociales crénicas, que tienen una aparici nes gendticas im nto delestrés _violenta y antis, enética. Elles los fac de algunos pma y Rainy los que im ¢ conecen la MAO-A) y | SEKACLOs por los que los enét @ dé manifiesto qu as. Prob cntome Mednick conta Levante) ncividtiom npr et) 2 violently lenci rene dee dei embtie mayor ea estat $d icron en ef en los tilts un espectalgii -ontribueitas 2 agresiviy interaceigimy mibientales to actual anisms, néticos contii™ cnte, Los aie ie vales y los que, a su vem cualquicr iam ic estos Dati al para MejGe < agresiva Yi) soos mie REFERENCIAS NES Y CUESTIONES oe « esponsic fa miss Ader: Beha « famunol alos | pen cont pued func en ACRONIMOS PCR: Th REFERENCIAS CONCLUSIONES