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Disciplina positiva: técnicas para una educación firme

pero amable.
Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, sin embargo, a veces no
disponemos del conocimiento necesario para actuar debidamente. Y es que educar no es
una tarea fácil. Por ese motivo, es indispensable tener a nuestro alcance recursos que
nos ayuden a actuar des de la comprensión y amabilidad. La disciplina positiva es esa
herramienta que nos acerca técnicas para educar a los niños des de la cooperación y el
respeto mutuo entre padres e hijos.
¿Qué es la disciplina positiva?

La disciplina positiva fue desarrollada por el psicoterapeuta Alfred Alder y


por su aprendiz, psiquiatra y educador Rudolf Dreikurs. Más tarde, Jane
Nelsen y Lynn Lott (fundadoras de la asociación americana de disciplina
positiva) regularon sus principios y técnicas para su aplicación.
Muchas veces, al escuchar la palabra “disciplina” la asociamos con
factores negativos, pero el verdadero significado de esta palabra es
“discípulo”. Podríamos ver a nuestros hijos como discípulos que
necesitan nuestra ayuda durante su desarrollo, para en un futuro ser
seres libres, felices e independientes.

Firm & Kind


Son varios los estudios que han demostrado que los niños tienen la necesidad de
crear vínculos con las personas más cercanas a ellos; como sus padres, amigos o
profesores. Los niños que mantienen esos vínculos fuertes, son niños que por lo
general, se comportan mejor. La disciplina positiva se basa en la premisa “Firm &
Kind” (firme pero amable) y se encarga de reforzar esos vínculos mediante el
respeto, la compresión, autoestima y la comunicación.
Principios básicos de la disciplina positiva
 Comunicación y comprensión
 Respeto mutuo entre padres e hijos
 Amabilidad y firmeza
 Fortalecer vínculos afectivos
 Participación activa de los niños
 Desarrollo emocional y de autonomía

Disciplina positiva y porqué se portan mal los niños


Como bien dice la palabra, los niños, niños son y a veces pueden llegar
desesperarnos cuando no hacen lo que esperamos. Quizás ahí está el primer
error: “esperar algo de ellos”. En primer lugar, no debemos esperar que su
comportamiento sea de una manera u otra. Hay que entender que su manera de
comunicarse no es como la de un adulto y que detrás de su comportamiento, hay
un mensaje que debemos descifrar para llegar a la raíz del asunto.
Rudolf Dreikurs, mencionó: “cuando los niños no se portan bien, nos intentan decir
algo de una forma diferente a la que se comunicaría un adulto y por lo tanto, la
percibimos como la manera errónea, sin pararnos a pensar que quizás es la única
manera en la que pueden/saben expresarse”. Los motivos pueden ser varios;
reclamar nuestra atención, aburrimiento, hambre, sueño… Aquí entraría en juego
empatizar con nuestros hijos para saber el porqué de sus comportamientos.

Disciplina positiva no es igual a ser permisivo


Disciplina positiva no significa ausencia de esta y por lo tanto exceso de
permisividad. Tampoco se parece a la disciplina punitiva (basada en el castigo), ya
que esta hace que los niños aprendan a base de sentirse mal y des del
sentimiento de miedo. Con la disciplina positiva, lo que buscamos son resultados a
largo plazo. El objetivo, es que los niños entiendan porque están mal ciertas cosas
y porque no deben hacerlas. No imponemos castigos sin saber si los niños han
comprendido realmente el porque no deben actuar de ciertas maneras.
23 técnicas para implementar la disciplina positiva
1. Autocontrol
Muchos padres pierden mucha energía tratando de controlar a sus hijos, pero la
única conducta que realmente podemos controlar es la nuestra. Está en nuestras
manos adoptar una actitud que beneficie nuestra salud mental y no dejar que nos
abrumen las situaciones difíciles. Podemos reorientar la conducta de nuestros
hijos y/o indicarles lo que si pueden hacer, en vez de enfocar nuestra atención en
lo que no deben hacer. Transmitir seguridad y calma beneficiará la relación con
nuestros pequeño.
2. Comunicación
Es la base de toda relación. Debemos procurar buscar momentos en los conectar
con los niños. Por ejemplo, ir a merendar después del colegio, desayunar juntos
cada día antes de ir al colegio o incluso celebrar reuniones familiares.
Mantenernos comunicados con nuestros hijos y al día sobre posibles problemas
que puedan tener en la escuela, actividades extra escolares, etc., nos ayudará a
comprender mejor su comportamiento.
3. Mostrar interés
Preguntar por los intereses de nuestros hijos, aficiones y preferencias. Hacer que
los niños se sientan valorados refuerza su autoestima y bienestar. Evitar hacer
preguntas del tipo: “¿Has hecho los deberes?”. Si ya sabes que no los ha hecho.
Podemos sustituirlo por frases como: “Me doy cuenta que no has hecho los
deberes”. De ese modo evitaremos que los niños se sientan atrapados por
nuestras preguntas.
4. Escuchar
Por muy pequeños que sean, tienen sus propios sentimientos y emociones,
escuchar lo que nos dicen ayudará a comprender sus comportamientos. A través
de ellos tenemos la oportunidad de volver el mundo de una manera nueva y
sorprendente, como cuando éramos niños.
5. Comprensión
Intentar comprender que hay detrás de un mal comportamiento; puede ser
cansancio debido a la escuela, las actividades extra escolares, que estén
hambrientos, que hayan tenido un mal día o que les incomode algo en particular.
Averiguar que les sucede realmente nos ayudará a adoptar soluciones eficaces.
6. Firm & Kind
Ser firme en las decisiones pero amable a la misma vez. Mostrar comprensión
hacia ellos pero sin ceder débilmente. Por ejemplo, el niño/a quiere jugar a la
videoconsola al llegar a casa pero tiene deberes que hacer. Una actitud “Firm &
Kind” sería: “Sé que quieres jugar a la videoconsola, pero antes deberás hacer los
deberes y podrás jugar solo al finalizarlos”.
7. Ser un ejemplo
Los niños tienen muchas maneras de aprender, una de las más conocidas es por
imitación. Si intentamos que nuestros hijos no se comporten de ciertas maneras,
debemos ser un ejemplo para ellos y hacer que nuestras palabras coincidan con
nuestras acciones. Es decir, no sería conveniente decirle al niño/a que no se
utiliza el móvil mientras nos sentamos a comer y que nosotros si lo hagamos.
Porque ser un ejemplo es fundamental para que desarrollen principios y unos
valores positivos, por eso también es importante preguntarse
constantemente ¿qué fallos estoy cometiendo? e intentar mejorar cada día.

8. Prestar atención al esfuerzo más que al éxito


Es muy común centrarse en el éxito en vez de hacerlo en los esfuerzos realizados.
Todos queremos que nuestros hijos sean los mejores en la escuela y en otras
actividades, pero esto requiere tiempo y esfuerzo que hay que valorar si cabe más
que el éxito. Supongamos que nuestra hijo/a suspende un examen. Tras identificar
los problemas que le han llevado a suspender e intentar rectificarlos, en el próximo
examen saca un 5. Estamos de acuerdo en que no es una nota muy alta, pero hay
que tener en cuenta que el niño/a ha progresado, enfocando nuestra atención en
esa mejora.
9. Buscar soluciones que involucren a los niños
Imaginemos que nuestro hijo/a está jugando en la habitación. Cuando vamos a
llamarle para que se siente en la mesa a cenar, nos damos cuenta de que ha
pintado la pared con lápices de colores. Una solución que involucre al niño/a, sería
decirle que él/ella limpie la pared, o si es muy pequeño/a, limpiarla juntos.
10. Responsabilizarse
Enseñarles a responsabilizarse de sus propias acciones. De esta manera
aprenden a relacionar acciones con consecuencias. Podemos probar con frases
como: “Debido a que no estudiaste lo suficiente has suspendido” o “Como ya has
hecho todos los deberes ahora podemos ir al parque”.
11. Redirigir
Redirigir las acciones que no son apropiadas de una forma amable y sutil.
Imaginemos que está en el parque y lleva mucho tiempo columpiándose y otros
niños quieren subir al columpio. Podemos invitarle amablemente a dejar el
columpio y llevarlo al tobogán.
12. Límites
Los límites son necesarios para proteger a nuestros hijos de peligros y así
ayudarles a que se adapten al mundo que nos rodea. Es importante que los niños
participen en el establecimiento de estos si son mayores de 4 años.La decisión no
debe ser unilateral, ya que de ese modo fomentamos el poder y este a veces
puede resultar en rebeldía. Por ejemplo, decidir juntos la hora de irse a dormir o la
hora de regreso a casa cuando son mayores.
13. Consecuencias naturales
Son aquellas que se dan sin la intervención de un adulto. Por ejemplo, el niño no
se quiere comer la comida y si no se la come más tarde tendrá hambre
(consecuencia natural). Se trata de que los niños las aprendan por sí
mismos. Evitar frases como “Te lo dije” o “Mira que te avisé”. Este tipo de frases
pueden hacer que el niño se sienta humillado. No hay que olvidar, que el objetivo
principal es que los niños aprendan y no repitan los mismos errores, no que se
den cuenta que los adultos lo sabemos todo.
14. Consecuencias lógicas
Las consecuencias lógicas requieren el seguimiento de los adultos. Por ejemplo:
“Si te acuestas tarde no tendré tiempo leerte el cuento”. Por lo tanto, decidimos
una consecuencia para sus acciones directamente relacionada con la conducta no
deseada.
15. Seguimiento
Cuando apliquemos consecuencias lógicas, debemos de mantenerlas si los niños
no han actuado debidamente. Si lo consideramos oportuno, podemos darles una
nueva oportunidad para cumplirlas más adelante.
16. Evitar los premios y castigos
Los premios y castigos son arbitrarios. La consecuencia no está directamente
relacionada con la causa y promueven la autoridad y el poder, sin tener en cuenta
el respeto mutuo. Tratar de sustituirlos aplicando consecuencias lógicas, ya que
están basadas en la elección y comprensión.
17. Error = oportunidad
La palabra crisis en chino está compuesta por dos caracteres, el primero significa
peligro y el segundo oportunidad. Un error es una oportunidad para aprender.
Podemos dejar que los niños se equivoquen y aprendan por ellos mismos. Cuando
se equivoquen no les daremos la solución inmediatamente. Podemos hacer un
“Brainstorming” (lluvia de ideas) y debatir juntos los pros y los contras.

18. No utilizar violencia física


No es recomendable utilizar violencia física cuando los niños se portan mal, ya
que eso les enseña que la violencia está bien. Cuando estemos muy enfadados,
podemos tratar de buscar un momento para calmarnos y después adoptar
consecuencias lógicas des de la serenidad. Debemos recordar que nadie es
perfecto y que todos hemos cometido errores.
19. Tiempo
Dedicar tiempo exclusivo a nuestros hijos es fundamental. Eso ayudará a evitar
rabietas, que se centren demasiado en aparatos electrónicos o incluso
despertares nocturnos en busca de nuestra atención. Es recomendable invertir
tiempo en ellos de manera exclusiva para jugar con ellos, leerles un cuento antes
de ir a dormir o aprovechar las comidas y cenas para pasar tiempo de calidad con
ellos.

20. Tono de voz


Es beneficioso dirigirse a ellos con un tono amistoso y cariñoso, eso facilitara que
presten atención y realmente escuchen lo que queremos decirles. Percibir el “el
tono de sermón” hará que quieran desconectar y no prestar atención a nuestras
palabras. Es importante educar sin gritar.

21. Palabras
La elección de las palabras adecuadas acompañadas del tono de voz correcto es
esencial para que la comunicación entre padres e hijos refleje respeto y cariño.
22. Autonomía
Aunque a veces nos salga el instinto de sobre protegerlos, no es aconsejable
hacerlo si queremos que crezcan con seguridad e independencia. Hay que permitir
que los niños experimenten consecuencias basadas en sus propias acciones y/o
decisiones (por supuesto, aplicando el sentido común). No deberíamos hacer
cosas que ya pueden hacer por ellos mismos, así les ayudaremos a ser seres más
autónomos.
23. Paciencia
El cansancio acumulado, el estrés o la auto exigencia pueden hacer que
perdamos la paciencia fácilmente. Somos humanos y es normal que a veces nos
sintamos desbordados y perdamos la paciencia con nuestros hijos. No hay que
culpabilizarse por ello, podemos buscar actividades que nos hagan desconectar
como el deporte o simplemente, dedicarnos tiempo a nosotros mismos.

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