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Guía: tipos de discursos públicos

I. Lee y reconoce a qué tipo de discurso público pertenecen.


II. Identifica al menos dos recursos discursivos vistos en clases.
En nombre de Dios y de todos los fieles de nuestra Congregación religiosa, saludamos a
todos los presentes, y, especialmente a las autoridades del Seminario, y a los hermanos que se
adhieren a la Institución; asimismo, nuestro reconocimiento a las autoridades políticas,
educativas y culturales de la provincia.

La Provincia de Paiján inaugura, su primera sede del Seminario EL TEMPLO DEL SABER.
Considerando una gran necesidad la unión de la confesión religiosa con el conocimiento.
Habida cuenta, que desde la insurgencia de Martín Lutero en Alemania, hace más de 500 años,
“mucho agua ha pasado bajo los puentes”.

Aún más, en una región donde la naturaleza, el arte, la tradición y amor a la belleza y el espíritu
se unen. Lo que obliga a una profundización del conocimiento.
Religión, ciencia y cultura no están reñidas, como por mucho tiempo nos han hecho creer.

Ciertamente, desde la aparición del hombre, no podemos soslayar al creador, como tampoco a
la ciencia, pues forman una unidad.

A un mayor conocimiento científico, nuestra espiritualidad religiosa se elevar. Porque todo


parte de un mismo tronco.

Lutero sostenía que la justicia forma parte de la lucha del hombre aquí en la tierra. Por eso
hizo la primera reforma agraria campesina, y se enfrentó, con todos sus fieles, al Vaticano.
Porque tenemos derecho a una familia digna, de cara al Sol y a Dios. EL TEMPLO DEL
SABER se encamina a generar la fe y la ciencia, y la esperanza de forjar el paraíso en la tierra.

Damos la bienvenida a los nuevos hermanos que se suman esta tarde, a fortalecer nuestra
institución, que ha nacido para servir a la comunidad no sólo creyente. Con mayor razón a los
no creyentes.

Porque preguntamos: ¿Cuál es el mérito si sólo servimos a los que creen en Dios y no a los que
no creen? Justamente, aquí radica la divinidad de nuestra palabra: en el respeto a la mayoría de
hombres que tienen su propio credo, su propio camino, aún con ellos sembraremos el paraíso.
Dios no siembra miedo, no estigmatiza. Sólo bendice. ¡He, ahí! la grandeza de nuestro
Seminario.

Oremos en nombre de Dios y de nuestra institución para que a todos los peruanos
especialmente, al hombre de Paiján, le vaya bien toda la vida. Nuestra lucha es larga y fecunda,
grande y pequeña. Oremos siempre con la humildad de los débiles, porque ellos son sostenes
del nuevo universo social y celestial.
Vayan con nuestro amor, vaya con Dios, que a partir de hoy gozarán de una vida nueva.
Amigas y amigos:

Voy a ser la Presidenta de todos los chilenos y chilenas: de quienes me dieron su apoyo, de
quienes no votaron por mí y de quienes no fueron a votar.

Tenemos un proyecto de país que requiere de todas las miradas, sin excluir a nadie. Cada uno
de nosotros puede hacer la diferencia entre excluir e incluir, entre dialogar e imponer, entre
creer y desconfiar, entre sumarse y restarse. Sólo juntos podemos reconstruir la confianza en
la participación y en las instituciones.

Sólo juntos podemos dar poder a lo local, dar voz a las diferentes necesidades de nuestra gente,
dignificar el trabajo y la democracia.

¡Chile tiene un solo gran adversario, y eso se llama desigualdad! Y sólo juntos podremos
enfrentarla.

Comenzaremos ahora. El tiempo es escaso, pero vamos a aprovecharlo al máximo. Iniciaremos


en los primeros 100 días aquellas tareas que ya no pueden esperar. Representamos la urgencia
que tienen millones, millones de chilenos y chilenas.
Y porque tenemos urgencia, debemos comenzar ahora, pero construir este camino paso a paso.
Porque tenemos urgencia, no podemos apresurarnos, y sabemos que hay tareas que van a ir
más allá del mandato presidencial.

Porque tenemos urgencia, debemos trabajar con unidad, con generosidad y con compromiso,
no por los intereses propios, sino por el bien común.

¡Juntos hemos llegado hasta aquí! Son ustedes los que me han traído nuevamente a La Moneda.
Empecemos ahora mismo nuestra tarea.
¡Muchas gracias y Viva Chile!”
Con profunda emoción, múltiples recuerdos y sensaciones vengo esta tarde a rendir homenaje
a la memoria de mi padre. Evidentemente, no me es fácil referirme a una persona que iluminó
mi hogar y mi vida, y que hasta el día de hoy recibe el cariño y reconocimiento del pueblo de
Chile.

Hablar de Eduardo Frei Montalva es hablar de una generación de hombres excepcionales, que
se planteó la necesidad de construir una sociedad que dignificara al hombre, proyecto que
constituyó una esperanza y luego una realidad para millones de chilenos que soñaban con una
vida mejor.

Lo hicieron forjando un ideario político sólido que ha iluminado la vida de Chile en los últimos
cincuenta años. ¿Cuál es la razón de este hecho sin precedentes? El hecho profundo es que se
logró conjugar una visión nueva de Chile cimentada en el Evangelio, la filosofía moderna, la
política, la economía y la cultura.

Para ellos el servicio público era una tarea de civilización que definieron como "una de las
formas más altas de caridad", en la cual los problemas políticos son los que arrancan del anhelo
de construir un verdadero espíritu humano como motor del desarrollo.
Sobre la base de esos principios, Eduardo Frei reflexionó y debatió acerca de las inquietudes a
las que debía dar respuesta un político cristiano. De ahí surgió su perspectiva humanista
cristiana ante la vida que le permitió enfrentar los desafíos concretos de cada situación.

Una vida marcada por la coherencia creatividad y consecuencia fueron las cualidades que lo
acompañaron a lo largo de su existencia.

Creatividad porque fue el precursor de un estilo de hacer política que muchos creyeron una
utopía y que él demostró que era posible de llevar a cabo: compatibilizar el ejercicio del poder
con valores éticos y morales superiores.

Consecuencia porque por sobre las penurias, amenazas y hostilidades, y también por encima
de las profundas transformaciones que tuvieron lugar en su época, su acción política al servicio
de Chile fue un ejemplo de coherencia entre lo que pensaba, lo que escribía y como actuaba.

Su mensaje así lo confirma. Ahí está su testimonio de más de cincuenta años. Desde su primera
intervención en la Revista de los Estudiantes Católicos en el año 1930, hasta su último libro
"El Mensaje Humanista", publicado en 1981, su pensamiento se nos presenta siempre en una
sola dirección.

No le fue fácil ser fiel a sus convicciones. Precisó de valentía, perseverancia y mucha pasión
por sus ideas. Junto a sus camaradas falangistas supo lo que era esperar durante años para que
su sueño de una comunidad de hombres libres se convirtiera en una fuerza política de gran
arraigo popular.

La fortaleza de estas convicciones lejos de ser una retórica artificiosa constituyeron la piedra
angular de su acción política. Fue la promoción popular, gracias a la cual miles de jóvenes,
campesinos, obreros, pobladores y mujeres marcharon con él, así como también lo
acompañaron el día de su funeral, a pesar del miedo y de las amenazas. Era el testimonio de un
pueblo que se puso de pie para agradecer a un hombre que les hizo sentir seres dignos y con
derechos, dejando atrás años de sufrimiento y postergaciones.

A diecinueve años de su muerte su obra sigue vigente. La necesidad de buscar un mundo nuevo
y más humano es un trabajo que no se detiene y que los humanistas tenemos el deber de
continuar. La mejor forma de honrar su memoria es perseverar en esta tarea y asumir su legado,
aquel que nos habla de ser exigentes, consecuentes, creativos, profundos y apasionados.

Desde este lugar, la Plaza de la Constitución, Eduardo Frei Montalva nos mira y nos acompaña
ante los desafíos que nos demanda la hora actual, mientras su recuerdo permanece imborrable
en todos los chilenos que amamos la democracia, la libertad y la justicia.
Muchas gracias.
Queridas Amigas y Amigos:
Este es un buen momento para convocar a todos los castellanos y leoneses para sacar adelante
nuestro difícil presente, y para ganar un mejor futuro para todos. Para amar a nuestra tierra con
pasión y con orgullo, pero también con sentido práctico, realista y constructivo.
Yo hoy más que nunca creo en Castilla y León, y en sus posibilidades. Estoy convencido de
que, como siempre, va a saber superar cuantos retos encuentre en su camino. Y creo también
que la inmensa mayoría de los castellanos y los leoneses piensan lo mismo que yo, porque
todos necesitamos algo por lo que luchar, y así alimentar la esperanza de un futuro mejor.

La nuestra es una Comunidad de historia y de cultura. Una tierra vieja y sabia, cuyo espíritu es
vivo y joven. Tenemos la obligación de poner en marcha todas sus capacidades. Tenemos el
deber de aprovechar todas sus fortalezas. Tenemos la necesidad imperiosa de confiar en
nosotros mismos. Tenemos que conseguir que Castilla y León sea cada vez más una tierra de
mejores realidades y de mayores oportunidades. Tenemos por supuesto que defender y
reclamar lo que nos corresponde. Pero tenemos también que ejercer con plenitud y
responsabilidad nuestra propia autonomía.
Para todos, feliz 23 de abril. Feliz Día de Castilla y León. Muchas Gracias.

Me siento muy honrada de formar parte de la representación guatemalteca en Atenas, donde


llegamos con el propósito de poner en alto el nombre de la patria y de afianzar el espíritu de
paz y solidaridad que debe existir entre las naciones.

Estos Juegos Olímpico encarnan la esperanza, la ilusión y los sueños de la humanidad. Estas
olimpiadas, que sin duda ocuparán un lugar especial en la historia, sirven también para
mantener el optimismo frente a un futuro incierto y para cultivar el interés por conocer y
aprender de otras culturas.

Quienes asistimos a esta fiesta deportiva la hacemos con las valijas llenas de ilusiones. El
anhelo de ganas una medalla y el deseo de estrechar vínculos con otras naciones nos motiva a
estar aquí, para decirle al mundo que pueden hacer lazos visibles e invisibles que nos acercan
más y más y que hay metas comunes. Según las estadísticas ha habido, a lo largo de la historia,
unos 180 actos violentos relacionados con las olimpiadas. Deploro ese récord, y desde esta
tribuna, les insto a no permitir que nada, nada, empañe el desarrollo de esta celebración
deportiva de paz y amistad. Grecia, el país que en esta ocasión nos abre generosamente sus
puertas, ha hecho un magnífico trabajo en la organización de estos Juegos Olímpicos, labor
que merece un final positivo. Aprovecho esta oportunidad para expresar mi agradecimiento por
estar aquí presente y mi felicitación por la impecable organización de esta fiesta olímpica.

Para poner punto final a esta intervención, deseo que estos Juegos Olímpicos de Atenas sean
un canto de vida, una fiesta deportiva y la prueba contundente de que el deporte puede unir al
mundo entero, por encima de las diferencias.
Les reitero mi mensaje de paz y bien.