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El clima en Gondwana

La explosión cámbrica

Hace unos 540 Ma la evolución de la vida se aceleró en los océanos. Casi abruptamente se multiplicó el
número de especies y se modificaron los tamaños y las formas corporales de los animales marinos.

Eras y periodos en que se divide el eón Fanerozoico (del griego faneros "lo que aparece" y zoe "vida". La abundancia de fósiles
permite construir una escala geológica detallada de los últimos 544 millones de años. A la derecha, evolución estimada de la
temperatura media superficial. En la zona rosa la temperatura ha sido superior a la actual (15ºC) y en la zona azul ha sido menor.
Solamente hubo glaciaciones al final del período Ordovícico, al final del Carbonífero y durante el reciente período Cuaternario.
A diferencia de los cadáveres de los animales anteriores, pequeños y de cuerpos blandos —rápidamente descompuestos por las
bacterias y desaparecidos sin dejar rastro— las nuevas especies desarrollaron caparazones y esqueletos calcáreos, duros, que han
permitido en muchas partes su conservación fosilizada, al quedar insertos en los estratos de rocas sedimentarias. La abundancia de
estos fósiles aporta muchas claves sobre los cambios ocurridos desde entonces en la geología y en el clima. Por eso al último eón,
que comienza entonces, se le ha dado el nombre de Fanerozoico, del griego “phanero” (visible o evidente) y “zoe” (vida).
Las razones de este estallido de vida oceánica, la “explosión cámbrica”, recogida en unos pocos
yacimientos ricos en fósiles, como el de Burgess Shale, en Canadá, permanecen aún oscuras. Algunos
paleontólogos creen que esta aceleración evolutiva de la vida terrestre fue provocada por fuertes y
rápidos cambios en la geografía de mares y continentes, lo que motivó variaciones drásticas en las
corrientes oceánicas y en la temperatura y salinidad de las aguas (Kirschvink, 1977). Los cambios
medioambientales marinos –quizás un aumento de los nutrientes por un aumento del upwelling–
podrían haberse añadido a la mutación de algún gen (un “hox” gen) en algún ser multicelular primitivo,
lo que podría haber iniciado un extenso cambio morfológico en la vida animal (von Bloh, 2003).

También se especula con la idea de que, debido a cambios tectónicos que afectan a los ritmos de
erosión y a la salida de aguas termales internas portadoras de elementos químicos en solución, se
registrase por aquel entonces una modificación de la ratio magnesio/calcio en el agua marina. Según
esta teoría, a comienzos del Cámbrico esta ratio disminuyó y el agua marina llegó a tener una
concentración de calcio suficientemente grande para facilitar la eclosión de los animales calcáreos
(Dickson, 2002).

Otros investigadores creen que la aparición entonces de seres vivos más grandes y celularmente
más complejos, se debió a que pudieron aprovecharse de un volumen adecuado de oxígeno,
comparable al de la atmósfera contemporánea (Lenton & Watson, 2004). Este aumento del oxígeno se
habría producido al final del Precámbrico, en el período Ediacariense, y quizás fuese debido a un
aumento del enterramiento de carbono orgánico, propiciado a su vez por suelos más arcillosos —que
adhieren el carbono— que los que había antes. Este incremento de las arcillas en detrimento de las
arenas y otros elementos más gruesos sería el resultante de la aparición de los hongos del suelo y de
su actividad descomponedora. De nuevo la vida favorecería así el incremento de oxígeno del aire
(Kennedy, 2006).

Yacimiento paleontológico de Burgess Shale, en Canadá

http://www.burgess-shale.bc.ca/
El clima en el Cámbrico y Ordovícico

Hace unos 500 Ma, a pricipios del Paleozoico, casi todos las tierras emergidas se situaban en el
hemisferio austral, mientras que el hemisferio septentrional, a diferencia de lo que ocurre hoy día, era
esencialmente oceánico (más allá de los 30°N todo era agua).

De entre los continentes emergidos el más importante era el gran supercontinente de


Gondwana, con una extensión mucho mayor que la de todos los demás. Gondwana se extendía desde el
Ecuador hasta el Polo Sur. Abarcaba en una única masa de tierra emergida a los cratones de
Sudámerica, Africa (incluídas algunas partes del sur de Europa, como la Península ibérica), Arabia, la
Antártida, Australia y la India (Gondwana recibe su nombre por una antigua tribu de la India, los
gondos, y significa "país de los gondos"). Entre los otros continentes, mucho más pequeños, el más
extenso era Laurentia, que se correspondía esencialmente con el cratón canadiense (su nombre
proviene de los Montes Laurentinos, en Quebec, al norte del San Lorenzo). Se situaba entonces en la
franja tropical, al igual que el continente de Siberia. Más al sur se localizaba Báltica, que estaba
formado por el cratón finoescandinavo.

La Tierra en el período Cámbrico, hace unos 500 millones de años. Aparecen en los mares los primeros animales grandes (la "explosión
cámbrica"). Las tierras emergidas se sitúan casi todas en el hemisferio sur. Un continente domina en extensión a todos los demás: Gondwana, que
reúne tierras de Sudamérica, África, Arabia, India, Antártida y Australia.

Del clima general de la primera parte del Paleozoico —de los primeros cien millones de años: el
Cámbrico y casi todo el Ordovícico— poco se puede decir. Todavía la vida vegetal y animal terrestre no
había evolucionado lo suficiente para dejarnos una buena información en el registro fósil continental. Se
sabe que las tierras emergidas estaban pobladas por cianobacterias y algas, pero todavía no por
plantas. Lo que parece más seguro es que, con unos mares más extensos que los actuales, el clima
general debió ser más oceánico y templado, con menos oscilaciones estacionales. Existían amplios
mares que se adentraban en el interior de los continentes y que favorecieron un rápido desarrollo de la
diversidad animal, pues sus aguas someras, ricas en nutrientes, creaban unas condiciones biotópicas
ideales para la proliferación de la vida.
Glaciación del Ordovícico

Pero a finales del Ordovícico y principios del Silúrico, entre hace unos 450 Ma y 430 Ma tuvo
lugar una glaciación en las latitudes australes de Gondwana, y la diversidad animal oceánica
(equinodermos, trilobites, nautiloideos, etc) se vio muy afectada. Se produjo entonces la primera gran
extinción biológica del Fanerozoico.

Huellas de esta glaciación del Ordovícico son visibles hoy en la superficie del Sáhara. Hay
constancia geológica de que el desierto estuvo cubierto entonces por un espeso manto de hielo de más
de 8 millones de km2 de superficie. En terrenos ordovícicos, desde el macizo de Hoggar hasta las costas
atlánticas de Mauritania, aparecen aún hoy huellas de largos surcos y ranuras como las que dejan los
glaciares al avanzar y erosionar el lecho rocoso. Se encuentran también al pie del macizo de Hoggar
típicos valles glaciares en forma de U, rocas pulimentadas y drumlins —colinas bajas de formas
alargadas—que son características de un relieve formado por una antigua erosión glacial.
Rocas modeladas por glaciares de época ordovícica en el Sahara

http://www.geo.vu.nl/~smit/sahara/transsahara.htm

Debió ocurrir que el movimiento de las placas colocó durante unos cientos de millones de años a lo que
es hoy la Amazonia y el norte de Africa —que formaban parte de Gondwana y eran entonces tierras
adyacentes— en las cercanías del Polo Sur geográfico, en condiciones climáticas favorables para la
acumulación de hielo. Aparte de la baja insolación, el mar no quedaba lejos, por lo que no faltaba el
suministro oceánico de humedad necesario para que las precipitaciones invernales de nieve fuesen
intensas. La mayor paradoja de esta glaciación del Ordovícico es que la concentración de CO2 durante
aquel período era muy superior a la actual, hasta 16 veces mayor según algunos análisis inferidos del
carbono 13 contenido en algunas rocas. Por eso parece que son los factores geográficos, y no la
composición química del aire, los que debieron tener más importancia en su desencadenamiento.

referencias:

Dickson J. 2002, Fossil echinoderms as monitor of the Mg/Ca ratio of Phanerozoic oceans, Science, 298, 1222-1224
Hallam A. & Wignall P.B. 1997, Mass extinctions and their aftermath, Oxford University Press
Kennedy M. et al., 2006, Late precambrian oxygenation; inception of the clay mineral factory, Science, 311, 1446-1449
Kirschvink J. et al. 1977, Evidence for a Large-Scale Reorganization of Early Cambrian Continental Masses by Inertial
Interchange True Polar Wander, Science, 277, 541
Lenton T. & A. Watson, 2004, Biotic enhancement of weathering, atmospheric oxygen and carbon dioxide in the Neoproterozoic,
Geophysical Research Letters, vol 31, L05202, doi:10.1029/2003GL018802,2004
Von Bloh et al., 2003, Cambrian explosion triggered by geosphere-biosphere feedbacks, Geophysical Research Letters, 30, 18,
CLM6-1/6-5

Antón Uriarte Cantolla

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