Está en la página 1de 9

https://www.psicomemorias.

com/terapias-tercera-generacion-exactamente/

Terapias de tercera generación: ¿qué son exactamente?

por Jose Antonio Jiménez · 15/04/2017 · 11905 visitas

Las terapias de tercera generación han llegado para quedarse. Primero fueron las terapias basadas
en el estudio de la conducta (externa), luego llegaron las inspiradas en las teorías cognitivas, ¿y
ahora? Ahora ha llegado la era del contexto. Pasen y admiren el heterogéneo mundo de la tercera
ola.

Qué es conducta

Para entender las terapias de tercera generación necesitamos aclarar antes qué es una conducta.
Una conducta es una acción que, primero, tiene una topografía (frecuencia, intensidad y duración)
como, por ejemplo, llamar por teléfono; y, segundo, una función, como puede ser hacernos sentir
bien distrayéndonos un domingo por la tarde. Esta idea será clave para entender la tercera ola de
terapias, estando muchas basadas en el estudio del lenguaje y su función, es decir, para qué se
dice algo más que el qué se dice.

Las conductas pueden ser tanto públicas como privadas, y esto es muchas veces desconocido,
pues solemos pensar que cualquier conducta sólo puede ser pública, es decir, «visible desde
fuera». Pensar «qué coñazo» es una conducta también, solo que privada, por suerte, como cuando
no queremos que el jefe se dé cuenta de lo que pensamos de él.

La función de la conducta, así como el estudio de conductas privadas o más complejas (pensar X o
decir Y), son el eje en el que se basa la tercera generación de terapias.

Las dos primeras generaciones de terapias

Allá por los años 50 del siglo pasado aparecieron un conjunto de técnicas, basadas en el
condicionamiento clásico y operante, que se terminaron por conocer como Terapia de Conducta o
primera ola de terapias. Basadas en los resultados de ciencia básica de principios de siglo,
mostraron efectos estables para el tratamiento de fobias, conductas relacionadas con trastornos
del desarrollo y, en general, conductas que eran fácilmente explicadas por las teorías del
conductismo.

Allá por entonces la mayoría de la investigación se centró en condicionamientos que tenían como
objeto de estudio o tratamiento conductas externas, ya fuera por desconocimiento o porque los
investigadores del momento no veían interesante centrarse en las conductas privadas o verbales.
Qué le vamos a hacer.

Con la aparición de la informática y los primeros ordenadores, allá por esas fechas también,
empezó a fraguarse la idea de que la mente podía también ser estudiada y dejar de ser algo
prohibido o imposible de estudiar, algo acientífico. Basados en la idea de que la mente es un
procesador de información con límites y una forma de trabajar determinada, aparecieron las
primeras teorías cognitivas y constructos mentales (por ejemplo, suponer que tenemos un
«almacén» limitado para la memoria). Estas teorías se basan precisamente en eso, en que la
mente existe y es un procesador de información, pero en este caso esa información son
pensamientos, percepciones y todos los datos que los seres humanos recibimos.

Apoyándose en estos estudios, aparecieron en los 60-70 las terapias de segunda generación, que
se centraban en los pensamientos y emociones indeseadas como, por ejemplo, tener ideas
repetitivas e irracionales de miedo a morirse en cualquier momento. Algunas de ellas tenían como
idea central que los pensamientos determinan las emociones y la conducta y, por tanto, merecían
ser los objetos principales del tratamiento. La Terapia Cognitiva de Beck (TC) es probablemente el
ejemplo más sonado. Es una terapia enfocada en el tratamiento de la depresión, considerando
que en el origen de la misma hay un problema en el procesamiento cognitivo de las personas que
padecen tal trastorno.

En este punto de la historia teníamos ya tratamientos más complejos, cuyos objetivos eran tratar
trastornos como la depresión o problemas de ansiedad más difusos (por ejemplo, ansiedad
generalizada). La razón o causa del problema era, o parecía ser al menos, menos directa de lo que
parecía al aplicar Terapia de Conducta. No se trataba ya de una fobia condicionada a los perros,
sino de un conjunto de pensamientos, emociones y conductas que contribuían, por ejemplo, al
mantenimiento de una depresión.

En ciencia el conocimiento es acumulativo. Cada ola de terapia ha ahondado más en la


complejidad del ser humano y acercado más a ser libre de sí mismo.

Las terapias de tercera generación: una idea general

Parecía que ya lo teníamos todo: mente y cuerpo, al rico dualismo. Sin embargo, temas más
complejos y difusos como personas con vacíos existenciales, recaídas en depresiones profundas o
estilos de vida no parecían tener cabida en las terapias de Psicología. Esto, sumado a que para
determinados tratamientos cognitivos los efectos no estaban del todo claros, dio lugar a la
aparición de una tercera ola de terapias a finales de los 80, principios de los 90, denominadas
terapias de tercera generación.

Este conjunto de terapias pueden caracterizarse por ser:

1. Conductistas (de origen). Muchas de ellas son conductismo radical (centrados más en la función
de la conducta que en la topografía) llevado a procesos más complejos o respaldados por nuevas
teorías. Como ejemplo, la Terapia de Aceptación y Compromiso, avalada por la Teoría de los
Marcos Relacionales.

2. Heterogénea. Es un batiburrillo de técnicas, métodos y teorías, normalmente con un trasfondo


común, pero sin una teoría sólida y común que les respalde. ¿Quieres un ejemplo? ACT, FAP, BA,
MBCT, DBT, MT… Ni flores, ¿verdad? Tranquilo, más adelante te explicamos (algunas).

3. Aún no han mostrado completamente su eficacia. La mayoría de terapias están aún en proceso
de reafirmarse, aunque los primeros estudios empíricos parecen apuntar en la buena dirección.
4. Abarcan a esos pacientes antiguamente excluidos y complejos. Terapias dirigidas a trastornos
tan complejos como el Trastorno Límite de la Personalidad, o a parar las periódicas recaídas en
depresión, son algunos ejemplos.

El sentido de la vida, los valores o la moralidad, son conceptos que no es raro que aparezcan
durante las sesiones de estas nuevas terapias. Estos conceptos están relacionados con la idea
común de estas terapias de centrarse en el contexto. El contexto sería lo que dotaría de sentido a
una conducta. Un ejemplo claro: no es lo mismo cuando decimos «te quiero» a nuestra pareja que
cuando se lo decimos a nuestros padres. La conducta es la misma, pero su función es distinta.

Las nuevas terapias se atreven con trastornos históricamente complejos como el trastorno límite
de personalidad, trastorno bipolar, … ¿Cómo? ¿Quieres saber más sobre ellos? Nuestro
compañero Javier escribió hace años sobre ellos.

Una cosa que hay que dejar clara es que en ciencia el conocimiento es acumulativo. Esto quiere
decir que las dos primeras generaciones de estas terapias siguen siendo válidas, no van a
desaparecer, pues han demostrado su eficacia y aún queda mucho por saber de ellas. La tercera
ola ha venido para expandir los límites de la Psicología en terapia y complementar o potenciar las
dos primeras, no para sustituirlas.

ACT, FAP, MBCT, BA, … Cuando uno quiere adentrarse en el mundo de las terapias de tercera
generación puede sentirse mareado con tanta sigla y batiburrillo. Así que, ¿cuáles son,
exactamente, las terapias de tercera generación? ¿Cuáles son, al menos, las más conocidas?

La Terapia de Aceptación y Compromiso

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés), iniciada por Steven Hayes
hace tres décadas, se basa en, primero, el contextualismo-funcional y en, segundo, la Teoría de los
Marcos Relacionales. Parte de la idea de que el foco de los problemas humanos viene dado por:

1. La fusión cognitiva. Pensar que los pensamientos son una realidad o estamos sujetos a ellos.

2. La evitación experiencial. Un ejemplo de esto sería evitar dar una charla en un congreso de
nuestra disciplina por miedo a hablar en público, alejándonos de nuestros objetivos vitales.

3. Estar sujetos a un pasado y sí mismo verbalizados. En otras palabras, la idea que tenemos de
nosotros mismos y nuestro pasado está mediado por el lenguaje… y como pasa con todo lo que
pasa por filtros, el resultado final no es fiel a la realidad.

4. Ausencia de metas y valores. Ya sea por desconocimiento o confusión.

5. Ausencia de conductas dirigidas a esas metas. Si no sabemos qué queremos en la vida o qué es
importante para nosotros, ¿cómo podemos ir por el buen camino?

El tratamiento generalmente está basado en la educación sobre estas ideas, ejercicios de


mindfulness y la defusión cognitiva (sí, a los psicólogos nos encantan las palabras nuevas…). Se
discuten con el paciente sus valores y objetivos y se le apoya y refuerza de cara a que modifique su
repertorio conductual con la intención de cumplir sus metas vitales en consonancia con sus
valores, en lugar de meramente llevar a cabo conductas emocionalmente gratificantes o evitar
experiencias desagradables. En otras palabras, que realice actividades que den un sentido a su
vida más que simplemente pasar un buen rato.

Mindfulness, explicado más adelante, ayuda en ACT a la defusión cognitiva, haciendo al paciente
consciente del aquí y ahora y del torrente automático de pensamientos que aparecen en su
cabeza. El paciente aprende así a desvincularse de los pensamientos, dándose cuenta de que no
son mandatos que ha de cumplir ni verdades absolutas. Son, simple y llanamente, pensamientos
que no reflejan lo que somos. Pensar que eres un desastre no significa que lo seas.

En resumen, consiste en aceptar el flujo de pensamientos, desvinculandose de ellos, y


comprometerse a los valores y objetivos propios, dejando a un lado la evitación experiencial. Un
ejemplo podría ser querer participar en un proyecto nuevo de la empresa, y por miedo a adquirir
nuevas responsabilidades, nos negamos, alejándonos de nuestro objetivo que es ascender y crecer
profesionalmente.

La Psicoterapia Analítica Funcional

La Psicoterapia Analítica Funcional (FAP, por sus siglas en inglés) es otra gran conocida dentro de la
tercera ola. Su idea principal es hacer lo inespecífico, específico. La relación paciente-terapeuta,
que históricamente ha contribuido al efecto inespecífico de todas las terapias, es aquí objeto de
estudio y herramienta central de la terapia.

Esta terapia considera que la interacción entre terapeuta y cliente, es la base del cambio
terapéutico. Y no porque haya transferencias y contratransferencias como defiende el
psicoanálisis, sino porque es una interacción en la cual el cliente puede ver reforzadas o no las
conductas con las que se relaciona en su vida en general. En este caso, el terapeuta funciona como
un agente de reforzamiento y extinción de conductas. De esta forma, va moldeando la conducta
del cliente hasta llegar a una conducta adaptada y funcional.

Robert Kohlenberg y Mavis Tsai, hace tres décadas, crearon las bases para esta terapia. El
terapeuta, sujeto al proceso terapéutico tanto como su paciente, debe centrarse en tres tipos de
conductas en sesión:

1. Las Conductas Clínicamente Relevantes de Tipo 1 (CCR1). Conductas problema que se han de
minimizar en sesión. Por ejemplo, una persona con problemas para hablar sobre sus emociones
evade una pregunta personal.

2. Las Conductas Clínicamente Relevantes de Tipo 2 (CCR2). Conductas deseadas que indican
mejoría y el terapeuta ha de intentar potenciar. Por ejemplo, usando como ejemplo el caso
anterior, si esa persona habla de sus emociones.

3. Las Conductas Clínicamente Relevantes de Tipo 3 (CCR3). Interpretaciones del paciente para
contextualizarse. Ayudan a transmitir y crear equivalencias entre la terapia y el mundo exterior. El
terapeuta puede ayudar al paciente a construirlas.

En la gran serie «Los Soprano«, Tony Soprano, estresado mafioso, visita a una psiquiatra para
recibir terapia. Uno de sus problemas es su incapacidad para expresar sus sentimientos.
Durante la primera sesión, a la que acude por un desmayo consecuencia de un ataque de pánico,
en los primeros minutos, encontramos esta charla:

Tony: «Es imposible que hable con una psiquiatra» (CCR1)

Psiquiatra – «¿Alguna idea de por qué te desmayaste?» (Ignora y disminuye CCR1; fomenta CCR3,
interpretaciones)

T: «No sé, puede que estrés» (CCR2 y CCR3)

P: «¿Por qué?» (Fomenta CCR2 y CCR3)

La idea general es que, disminuyendo las CCR1, aumentando las CCR2 y creando equivalencias
terapia-mundo exterior claras (CCR3), el paciente extenderá su comportamiento fuera de terapia.
Una persona que se abre emocionalmente en sesión y cree que su problema viene dado por ideas
injustificadas («va a pensar que soy imbécil«, «no quiero parecer débil«) terminará, idealmente,
generalizando sus CCR2 (abrirse emocionalmente) fuera de las sesiones.

La Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness

La Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT, por sus siglas en inglés), usa el mindfulness
como elemento clave para hacer consciente al paciente de que está experimentando
pensamientos y emociones que pueden ser, o no, reflejo de la realidad externa. En términos de la
ACT, podríamos compararlo con la defusión cognitiva.

El mindfulness, como técnica en sí, viene inspirada por las técnicas de respiración y prácticas del
Este Asiático, solo que despegada de posibles ideas místicas o religiones. Kabat-Zinn, autor de esta
técnica, inspirado en las prácticas ancestrales de meditación, las ha engranado en un programa de
intervención y las ha puesto al foco del análisis científico. Y ha visto que pueden ser útiles.

Cualquier persona, incluido tú, puede practicar mindfulness. ¿Cómo? Sentándote cómodamente y
en un sitio tranquilo y, por partes, siendo consciente de tus piernas, tronco y brazos. Respira
pausada y profundamente, y practica (porque necesitarás practicar) no combatir tus pensamientos
y sólo observarlos, uno tras otro.

«En nuestra sección de Radio nuestra compañera Mercedes ya explicó qué era la Mindfulness.
¿Interesado? Puedes escucharlo aquí.»

El objetivo principal de la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness es eliminar las recaídas en


depresión. Parte de la idea de que cuanto más recae una persona, más se vulnerable se hace. Ante
un estado de tristeza, las antiguas conductas y pensamientos como «no valgo para nada«, «¿por
qué todo siempre me pasa a mí?«, etc., volverán y facilitarán la recaída en la espiral depresiva.

Sin embargo, si enseñamos a las personas a que esos pensamientos sobre uno mismo son sólo
eso, pensamientos, y que puede observar cómo van y vienen sin tomar ninguna decisión por ellos,
podemos evitar que la persona vuelva a incurrir en conductas depresivas.

La terapia se ha mostrado efectiva para pacientes con más de dos casos de recaídas, algo
probablemente en sintonía con la idea de que, cuanto más recae una persona, más vulnerable es.
Por lo tanto, parece que la aplicación de mindfulness como técnica para desvincular a los
pacientes de los pensamientos negativos y evitar que recaigan se ha mostrado eficaz.

La Terapia de Activación Conductual

También enfocada en el tratamiento de la depresión, pero con una base totalmente diferente a la
MBCT. La activación conductual (BA, de sus siglas en inglés), históricamente, era un componente
de la tradicional Terapia Cognitiva de Beck.

La activación conductual, como componente, puede resumirse en la realización de actividades que


conlleven placer (guiño, guiño). Dentro de la Terapia de Activación Conductual, se lleva un control
riguroso de las actividades realizadas y su análisis así como su programación en la rutina del
paciente.

Aquí te dejamos una lista de actividades potencialmente reforzantes, sacadas de TherapistAid (en
inglés).

La activación conductual, a lo largo del tiempo, parece haber demostrado tanta eficacia en el
tratamiento de la depresión como el conjunto de la Terapia Cognitiva (TC) en sí, lo cual desató
polémica porque si es así, en qué puesto deja los conceptos y técnicas cognitivas de la TC. La
polémica ha sido incluso mayor, llegando algunos investigadores a defender que determinados
componentes cognitivos del tratamiento tradicional podían ser, incluso, perjudiciales para el
efecto global de la terapia.

Ya se hizo un estudio en el 2006 con más de 200 personas donde es analizaron los efectos
diferenciales de fármacos, placebo, la Terapia de Activación Conductual y la Terapia Cognitiva
clásica. Los resultados indican que los fármacos se mostraron efectivos, en general, tanto como la
Terapia de Activación Conductual y que, esta última, se ha demostrado superior a la Terapia
Cognitiva clásica. Los autores mismos comentan el resultado y admiten sentirse sorprendidos,
pues otros estudios han encontrado que la Terapia Cognitiva y la Terapia de Activación Conductual
tenían efectos similares.

En las últimas décadas la Terapia de Activación Conductual se centra más en el fomento de


conductas relacionadas con los objetivos y metas personales (como recomienda la ACT), más que
en realizar conductas que conlleven placer porque sí (así que atiborrarse a sexo y comer, aunque
no desaconsejable, no es lo que esta terapia recomienda). Aquí podemos ver cómo muchas
terapias de tercera generación tienen límites difusos entre ellas y a veces se complementan y
potencian unas a otras.

Entonces… ¿qué son las terapias de tercera generación?

Un batiburrillo heterogéneo de terapias, técnicas y teorías que se centran en el individuo a un


nivel experiencial y holístico, tratando de cambiar el contexto personal más que sus conductas
problema (e.g. aprender a ser paciente en lugar de aprender a no morderse las uñas). Aunque aún
no hay una base sólida de estudios que prueben su eficacia, los resultados actuales son
prometedores y la investigación, que continúa, es rica, activa y variada.
Las terapias de tercera generación aspiran a expandir los límites de las dos olas anteriores y
englobar, finalmente, a todo tipo de pacientes y problemas, independientemente de su
complejidad y vaguedad.

Bibliografía

1. Dimidjian, S., Dobson, K. S., Kohlenberg, R. J., Gallop, R., Markley, D. K., Atkins, D. C., Hollon, S.
D., Schmaling, K. B., Addis, M. E., McGlinchey, J. B., Gollan, J. K., Dunner, D. L., y Jacobson, N. S.
(2006). Randomized Trial of Behavioral Activation, Cognitive Therapy, and Antidepressant
Medication in the Acute Treatment of Adults With Major Depression. Journal of Consulting and
Clinical Psychology, Vol. 74(4), 658 – 670.

2. Kahl, K.G., Winter, L. y Schweiger, U. (2012). The third wave of cognitive behavioural therapies:
what is new and what is effective? Current Opinion in Psychiatry, Vol 25(6).

https://luapsicologia.com/las-terapias-de-tercera-generacion/

16/11/2017 POR LUA PSICOLOGÍA

Las Terapias de Tercera Generación

Las terapias de tercera generación son un tipo de terapia psicológica dentro de las llamadas
Terapias Conductuales.

Este tipo de terapias, además de trabajar los síntomas en base a las conductas y las cogniciones, lo
hace prestando atención al sufrimiento emocional y a la relación que mantiene la persona con el
problema y con el ambiente que le rodea. Es decir, hay un enfoque más global y mas centrado en
la persona.

Este tipo de terapias se han creado para cubrir las deficiencias o limitaciones que tenían sus
antecesoras.

Diferencias entre las Tres Terapias Conductuales

Existen las terapias de primera generación (Terapia de Conducta), las de segunda generación
(Terapia Cognitivo-Conductual) y las de tercera generación. En la siguiente tabla aparecen las
diferencias:
Características de las Terapias de Tercera Generación

Este tipo de terapias tienen las siguientes características:

Aparecen alrededor de los años 90.

Se le conoce como Contextualismo Funcional.

El contexto es fundamental para entender al paciente (persona, relación terapéutica y ambiente).

Así como la función moduladora que tiene el lenguaje, tanto propio como ajeno.

La interacción entre las personas y su entorno en sintonía con su historia y sus circunstancias
actuales.

Se aconseja al paciente que deje de luchar contra los síntomas y trate de reorientar su vida en
consonancia con sus valores y como él quiera y poder así, generar cambios significativos y
permanentes.

La aceptación cumple un papel fundamental. Las cosas son como son en el momento presente. Es
diferente de resignarse.
La relación terapéutica es muy importante en estas terapias. La diferencia con el resto de terapias,
es que aquí la propio relación produce cambios y no un mero medio que proporciona estrategias a
los pacientes.

El objetivo por tanto, no es eliminar los síntomas, sino la reorientación de la vida de la persona.

Tipos de Terapias de Tercera Generación

Existen diferentes tipos que se diferencian entre ellas en las dinámicas y modalidades de
intervención.

Terapia de Aceptación y compromiso (ACT)

Terapia Analítico-Funcional

Terapia Conductual Dialéctica

Terapia Conductual Integrada de Pareja.

Terapia de Activación Conductual.

Mindfulness.